Un jesuita nos describe la zona atacameña en septiembre de 1989 nueve años despues de la muerte del padre Gustavo le Paige, S.J.
El artículo que hoy re-editamos, fue publicado originalmente en el diario "El Mercurio" de Santiago de Chile, el 10 de septiembre del año 1989, hace casi exactamente 36 años (1) . Nos ha sido enviado por nuestro amigo Branko Marinov desde la República Argentina donde hoy reside. Envío que agradecemos vivamente, pues nos permite profundizar en la visión que los jesuitas y la Compañía de Jesús, que por entonces regentaba la Universidad del Norte (Antofagasta), tenían sobre la obra del padre le Paige en San Pedro. Exactamente en la misma época, nosotros realizábamos investigaciones de tipo etnográfico y folklórico entre los diferentes poblados atacameños, a partir de la Universidad de Antofagasta.
En ese tiempo, su autor, Guillermo Marshall Silva, jesuita, era el Rector del colegio San Luis de Antofagasta y solía visitar San Pedro y sus pueblos con alumnos del colegio para apoyar la obra apostólica del padre Le Paige en su extensa parroquia (1).
A nuestro juicio, examinando el presente artículo de periódico, es posible escudriñar y descubrir el modo de pensar de la Compañía de Jesús sobre la obra de le Paige en aquellos años, antes de que se iniciara una abierta oposición a la actividad del sacerdote, tildado de "profanador de las tumbas de los antepasados". Y mucho antes de que se exigiera, por parte de algunos atacameños, el retiro definitivo de los cuerpos momificados expuestos en las vitrinas del Museo (2).
Texto original del artículo.
Fig. 1. Primera parte.
Fig. 2. Segunda parte del artículo.
Frases del artículo reveladoras de su pensamiento.
El texto ut iacet, está redactado en un estilo sumamente conciso y parco, a veces casi telegráfico, y busca ilustrar al lector acerca del tema, pronunciándose abiertamente en favor de la obra científica del jesuita arqueólogo. Hay algunas frases alusivas que nos permiten escudriñar su pensamiento. He aquí un par de muestras:
1. "El museo exhibe en forma muy didáctica la historia de la cultura atacameña, pueblo de cazadores que vivió 10.000 A.C en esos lugares. Después fueron agricultores y pastores. Sufrieron los influjos de la cultura de Tiwanaku y de los aimaraes, comerciaron con los hombres de la costa. Tuvieron hermosas artesanias y objetos con cobre, plata y bronce....".
Tal como se puede observar, no hay aquí atisbo alguno a críticas de tipo museológico. En ese tiempo, ¿no habían surgido aún?. Así nos parece.
2. Después de referirse, escuetamente a sus principales fiestas religiosas y su significado para los atacameños (Epifanía, La Candelaria, San Pedro y San Pablo), agrega:
"Los sanpedrinos consideran al cura como parte de su existencia. Durante 39 años tuvieron de cura a don Domingo Atienza, quien iba en burro a Toconao (30 km) y a Socaire. El padre le Paige fue párroco durante 25 años. De modo que casi todos sus habitantes han sido casados y bautizados por uno de esos dos sacerdotes. Sendas calles llevan los nombres de estos eclesiásticos". (énfasis nuestro).
Como se puede deducir de estas frases, no hay aún asomo alguno de crítica a su pastor. Muy por el contrario, hay admiración y respeto.
3. Visión del futuro de San Pedro.
He aquí sus palabras:
"El futuro de san Pedro es sombrio. Lugar de cita de los turistss internacionales, sobre todo por su bien organizado Museo, con valiosos testimonios de la cultura atacameña, corre peligro de perder su identidad.... La mitad de los que terminan el octavo básico, van a un liceo de concentración en Calama donde están internos, pero donde los adolescentes ya pierden las costumbres campesinas de dar a comer a los chanchos y los conejos, de ir a cortar alfalfa para el burro, o arriar la vaca para lecharla. Cuando vuelven a San Pedro, son ciudadanos vestidos con la onda thrasher, escuchando música heavy rock..." (3) (énfasis nuestro).
Con estas expresiones, Marshall deja entrever su gran preocupación por la creciente pérdida de la identidad campesina de los habitantes de Atacama que atribuye, en buena parte, a la instalación de la escuela de concentración fronteriza. ¿Se equivoca aquí el padre Marshall, o apunta claramente a un pavoroso problema de su tiempo y del futuro de la educación en estas regiones? .....Que lo juzgue el propio lector (4) .
Notas.
(1) Tal como me llegó, este artículo está lamentablemente incompleto. A lo que creemos, presentaba una tercera parte que hoy nos falta.
(2) Conocí personalmente y traté mucho con el padre Guillermo Marshall. Habíamos sido amigos y compañeros de Noviciado en la Compañía de Jesús a partir del año 1944, fecha de nuestro ingreso a la Orden. Guillermo era uno o dos años mayor que yo. Era ex alumno del Liceo Alemán de los padres del Verbo Divino (Societatis Verbi Divini o SVD), mientras yo lo era del colegio San Ignacio, de los padres jesuítas. Más tarde, en el año 1987, cuando fui contratado por la universidad de Antofagasta como profesor e investigador, lo vi y traté muy a menudo en el colegio San Luis, de los jesuitas, donde estudiaba por entonces mi hijo Carlos. Con mi familia, solíamos asistir a la misa dominical en el colegio, oficiada casi siempre por Guillermo. Gustaba mucho su predicación: breve, directa y precisa: sin elegancias ni adornos. Aquí, solíamos topar semanalmente con el poeta antofagastino Andrés Sabella y su esposa, ambos feligreses infaltables al culto católico del día domingo. Con Sabella, habíamos sido colegas en la Universidad del Norte, entre 1963 y 1965. Andrés, poeta insigne, era un distinguido y destacado ex alumno del colegio San Luis, fundado por los sacerdotes Florián Blümel y Albino Seeger en el año 1916.
(3) La crítica al sistema de la "escuela de concentración fronteriza" es aquí evidente y bien fundada. En efecto, los hijos de los campesinos indígenas de los pueblos más apartados eran forzados a reunirse en este tipo de escuela única, de talante casi militar, en las ciudades o pueblos mayores. En Atacama, las hubo en Caspana y Calama. Fueron establecidas durante el gobierno militar del general Pinochet en el año 1979 mediante el Decreto 1.673. En el extremo Norte, las hubo en los pueblos de Tarapacá y Cariquima y, posteriormente, en Ticnamar, Colchane y Visviri. So pretexto de concentrar a toda la población estudiantil en pocos lugares, bien abastecidos (en lugar de la proliferación de diminutas escuelas unidocentes, sitas en los numerosos pueblos apartados), se separaba y aislaba así a los niños, por largos períodos de tiempo, del influjo cultural directo de sus padres, sea en lo referido a la práctica de su vida agraria, como en lo relativo al uso de su lengua materna, el aimara. Su mayor crítica radicó en la consiguiente e inescapable desafección y alejamiento de los jóvenes del modo de vida pueblerino de sus padres y la adopción de costumbres urbanas, muchas veces reñidas con su ethos campesino tradicional.
En el mundo aymara y atacameño, los niños han sido desde siempre una apoyo inapreciable del trabajo de los adultos, sea en la chacra, sea en el cuidado del rebaño. La imagen de que los niños no deben ser forzados a trabajar es un concepto muy citadino y choca violentamente con la concepción indígena tradicional de que los niños deben estar familiarizados, desde pequeños, con todos los trabajos del adulto, sea en el campo o la chacra, sea en el telar y/o el cuidado del ganado o la casa, aprendiendo a realizar, de acuerdo a su edad y sus fuerzas, todas las actividades propias del campesino adulto o del pastor. Así, el niño o la niña aprenderá, en forma experimental, los gajes del oficio de sus padres, y será capaz de replicarlos y reproducirlos en el futuro en su propia vida adulta ("Experientia docet").
Téngase presente, además, que este artículo fue publicado cuando aún el general Augusto Pinochet estaba en el poder. Su sucesor, Patricio Aylwin Azócar asumirá en el mes de marzo del año siguiente, 1990. No se gozaba aún, por lo tanto, de libertad de expresión. Lo que otorga especial mérito a la crítica esbozada por el padre Marshall al sistema educacional de las "Escuelas de Concentración Fronteriza"
(4) El jesuíta padre Le Paige y su Museo arqueológico han sido muy criticados por ciertos círculos académicos seguidores de tendencias indigenistas o anti-colonialistas a partir aproximadamente del año 2000 o poco antes. Hasta el año 1989 -fecha de este documento- su obra era, en cambio, generalmente admirada y reconocida como gigantesca, titánica, y digna de todo elogio y admiración por el enorme despliegue y riqueza de objetos museológicos obtenidos en sus excavaciones por más de 25 años. Tanto la Universidad Católica del Norte como los investigadores que han estudiado en profundidad la historia de este período han sabido reconocer los aportes insustituibles de Gustavo le Paige a la arqueología atacameña entre los años 1957 y 1979. Los testimonios de ilustres visitantes nacionales e internacionales, como de académicos estudiosos de este período (especialmente los arqueólogos Mario Orellana y Agustín Llagostera), son irrecusables e indesmentibles.
La acerba crítica actual en algunos círculos al trabajo arqueológico de le Paige, basada en su postura frente a la exposición de los restos momificados y cráneos de antiquísimos pobladores de Atacama, ha sido expresamente discutida y analizada por nosotros en el siguiente artículo de nuestro blog https://eco-antropologia.blogspot.com: "¿Puede existir un trabajo arqueológico serio sin el rescate y estudio de restos humanos momificados o esqueléticos del pasado reciente o remoto?. Antecedentes útiles o necesarios para una discusión", (editado el 20 de julio, 2024). Este tema ha sido ampliamente discutido en la zona de San Pedro por profesionales del Museo Arqueológico P. le Paige. Como botón de muestra, véase el documento titulado: "Retiro de cuerpos humanos de exhibición en el Museo Arqueológio de San Pedro de Atacama". Autores: Tomás Sepúlveda, Patricia Ayala y Carlos Aguilar, DIBAM, 2008.
Agradecimientos.
A Branko Marinov Martinic por el envío del presente documento. Y a la señorita Magdalena Ugarte Silva, por su inapreciable ayuda técnica con el computador.
Con fecha de hoy 17/02/2025 recibo de un colega arqueólogo el siguiente reportaje sobre el estado actual de total abandono del antiguo museo arqueológico de San Pedro de Atacama, creado por el padre Gustavo le Paige y sus jóvenes ayudantes atacameños en los años 1962-63. El reportaje de "Calama al día", con fotos actualizadas, deja al desnudo el terrible error cometido al desmantelar y destruir el venerable antiguo museo, antes de tener la certeza absoluta de uno nuevo, más espacioso y moderno.Véase el siguiente enlace:
Nadie, al parecer, quiere reconocer hoy su triste y fatal error y tanto la Municipalidad de san Pedro como la Universidad Católica del Norte de Antofagasta se culpan mutuamente de los errores cometidos. Es ya hora de que, superado este impasse, se haga una auditoría seria y profunda -caiga quien caiga- en busca de los responsables de este despojo que tanto daño ha inferido a la continuidad de las investigaciones arqueológicas en la zona atacameña y a la causa atacameña como tal. Gustavo le Paige, por desgracia, ha pasado a ser "el chivo expiatorio" en este asunto cuyos verdaderos cerebros (responsables) se esconden hoy en las sombras. A lo que vemos, ni la actual comunidad atacameña en San Pedro, sus líderes o altavoces, parecen darse cuenta cabal del terrible daño así inferido a la futura investigación histórica, arqueológica, etnológica y antropológica física de la zona. Tras algunos decenios de reflexión profunda sobre este delicado tema, creo sinceramente y espero que se logrará llegar a algún tipo de acuerdo entre investigadores y pobladores, sensato y bien fundado en el respeto al pasado y sus tradiciones, que permita nuevamente investigar a fondo sobre los orígenes y desarrollo cultural de los habitantes de Atacama con métodos más sofisticados y menos invasivos y controvertidos. Es nuestra apuesta.
¡Por ahora al menos, ha muerto toda investigación profunda en varios campos del saber en la zona atacameña! (R.I.P.).