Esta página plantea una mejor forma de enfocar las investigaciones antropológicas y arqueológicas. Se enfatiza así el estudio de la relación íntima entre la geografía (paisajes) y las formas culturales que los ocupan. Revaloriza el escenario geográfico, los recursos y las características del medio-ambiente natural en que se insertan. Se contrapone a análisis demasiado centrados en la excavación o en la mera entrevista, dando a la "morada" física del grupo humano un énfasis muy particular.
Fig. 2. Segunda y última parte del artículo citado.
Las dos páginas de este breve artículo nuestro, ya amarillentas y ajadas por el correr del tiempo, fueron publicadas por el suscrito en el diario ariqueño "La Concordia", en día 23 de Abril del año 1972 . Tal vez su único mérito es expresar con claridad, en tan tempranos años, nuestra preocupación por el enfoque ecológico en las investigaciones arqueológicas, aspecto que nos sedujo desde nuestros primeros pasos en la senda de la Arqueología.
La seducción del enfoque ecológico en la Antropología.
Nos hemos propuesto en nuestro Blog , desde sus inicios, demostrar la necesidad de señalar la importancia vital que tienen el medio ambiente y los ecosistemas y su estudio minucioso, en los estudios antropológicos. Es lo que hemos llamado una eco-antropología. Sobre este tema, nos hemos extendido frecuentemente en este Blog en los últimos años, haciendo ver su valor e importancia para la sobrevivencia de nuestras culturas. Toda cultura humana, en cualquier parte del planeta, se construye, necesariamente, en un ambiente ecológico y climático determinado. El ambiente (ecosistema) donde se desarrolla una cultura humana, es algo inescapable. Sus características e inpronta van a quedar impresas en múltiples aspectos de su expresión tangible ("cultura material"). Pero, a la vez, toda cultura si quiere sobrevivir, debe ser especialmente cuidadosa con su ambiente. Ojo: que no nos ocurra lo que al parecer pasó en Centroamérica con las culturas mayas, cuya agricultura terminó por agotar sus tierras y provocar a la postre la hambruna, la migración masiva y el abandono de sus ciudades..
Cómo influye el ambiente sobre la cultura humana.
Lo que no quiere decir, en todo caso, que el ambiente determine absolutamente el tipo, grado y características de la cultura resultante. El ambiente, influye, a veces muy poderosamente, per no determina. Ciertamente que no. Nuestros indígenas canoeros: Yaganes, Chonos y Alacalufes en el extremo sur de Chile vivieron en un ambiente insular, físico y ecológico, prácticamente idéntico. Sin embargo sus culturas, lengua, mitología y religión, fueron muy diferentes. Por tanto, estamos bien lejos de un "determinismo ambiental", como algunos le han achacado al gran geógrafo alemán Friedrich Ratzel, a nuestro juicio en forma injusta e indebida.
Es algo totalmente normal que los geógrafos -sobre todo los geógrafos físicos- y biogeógrafos aprecien y examinen con lupa el impacto ambiental y sus consecuencias inmediatas en la culturas humanas. No hacerlo, significaría que la comunidad humana vive y actúa en su ambiente determinado, casi sin rozarlo, casi casi como un ser visitante de otro planeta que "se asoma" a nuestra Tierra trayendo consigo todo su bagaje cultural.
Pues bien, uno de los primeros trabajos que hemos escrito a nuestro regreso a Chile tras dar cima a los estudios de Antropología Cultural en los Estados Unidos (1971) se refiere a este tópico medioambiental. Este es el fruto de nuestro marcado y creciente interés por los aspectos ecológicos de la cultura, influenciado fuertemente por entonces por autores como Alfred Kroeber o Julian Steward, autores que han marcado tempranamente nuestro pensamiento en esta materia. Mucho antes aún, estando el suscrito estudiando Teología en Austria (entre 1957 y 1960), los cursos seguidos sobre glaciología, botánica y zoología alpinas ya habían enmarcado mi futuro derrotero cultural de antropólogo.
Como este trabajo, publicado en el diario ariqueño "La Concordia", (Año 12, Número 3877, del 23 de Abril del año 1972, es enteramente desconocido en nuestro medio nacional, por haber quedado "oculto" o casi "desterrado" en un ignoto diario de la Provincia, y, al parecer , puede ser considerado uno de los primeros ensayos antropológicos que se han escrito en Chile sobre este aspecto concreto - salvo meliori iuditio- , nos ha parecido de interés publicarlo en nuestro Blog como modo de darlo a conocer.
Este trabajo sigue la línea ecológica desarrollada en nuestra Tesis de titulación en arqueología, que lleva por título: "Las Culturas arqueológicas en Chile: Ensayo de una zonificación ecológico-cultural", Escuela Nacional de Arqueología e Historia, Universidad Autónoma de México, Enero 1970.
De la ecología cultural a la eco-antropología.
El desarrollo posterior de esta idea-fuerza, nos ha llevado a hablar ya confiadamente , a partir del año 2006, de una "eco-antropología" como una nueva visión o enfoque de la Antropología Social y/ o de la Arqueología de Campo, enfasis no suficientemente recalcado por la Academia tradicional. A nuestro entender, este enfoque nuevo , la eco-antropología, debería quedar plasmado en un nuevo y más abierto curriculum universitario, en el cual se diese énfasis particular a los estudios de la geografía en cada una de sus sub-disciplinas, además, por cierto, de la Antropología propiamente tal. Un eco-antropólogo, en nuestra opinión, debe ser un sujeto muy versado en las disciplinas geográficas y ambientales y por consecuencia, muy consciente de los problemas ambientales que la ocupación del espacio por el hombre depara hoy día a los ecosistemas.
Hacia un nuevo modelo de desarrollo.
Un eco-antropólogo, pasa así a ser necesariamente y por definición, un defensor de la Madre Tierra y de los ecosistemas (terrestres y marinos) ante los intentos de no pocas técnicas extractivas modernas por destruírla, modificarla o envilecerla, sin la más mínima preocupación por las funestas consecuencias a futuro. Un eco-antropólogo, por tanto, necesariamente se convierte en un defensor del agua, la tierra, y el aire que respiramos y su calidad química, ante los embates de tecnologías, presuntamente desarrollistas pero en realidad fuertemente destructivas del medio ambiente o muy poco amigables con él. Un eco-antropólogo aboga y lucha por un nuevo concepto de "desarrollo", congruente con la sustentabilidad en el tiempo de toda la actividad humana y con una nueva actitud filosófica y ética ante el consumismo despiadado que hoy nos agobia y al que nos han llevado fatalmente diversos modelos de desarrolloeconómico, heredados del neo-liberalismo.
Un nuevo tipo de antropólogo: atento y cuidadoso del medio ambiente.
Este nuevo tipo de "antropólogo" en ciernes, que hemos querido llamar eco-antropólogo, estará, en consecuencia, muy atento y alerta ante todas las amenazas que los ecosistemas puedan sufrir a manos de la explotación irracional y suicida de los bosques, praderas, ríos, lagos o los paisajes de infinita belleza. Algunos de éstos constituyen rarezas y piezas únicas en el planeta. Hoy se pretende aplicar un modelo de desarrollo en nuestra Patagonia austral al querer a toda costa y contra la resistencia de todo un país, construir numerosas mega-represas en el único lugar todavía prístimo e intocado del planeta Tierra: el área de los archipiélagos del extremo Sur. Este "nuevo antropólogo" debe constituirse en el apoyo y el sostén de las comunidades humanas supuestamente afectadas o afectables por determinados Mega-Proyectos que nuestra débil y precaria legalidad ambiental chilena ciertamente no sabrá defender, como no lo ha sabido hacer en el pasado reciente.
El auténtico eco-antropólogo debe ser capaz de prever, de alertar, de sopesar las tendencias del desarrollo humano y sus posibles yerros.
Estamos seguros que este nuevo enfoque, atraerá a muchos cultores de la Antropología y Arqueología, los que encontrarán en él la plena justificación a su legítima preocupación por el destino final de nuestro Planeta, el que todavía -lo esperamos- sea hogar nuestro por muchas generaciones en el porvenir. A través de este enfoque, la Antropología se convierte en una herramienta poderosa no sólo para entender y profundizar en el origen y evolución de las culturas humanas, sino también en su futuro.y en su destino. Muchos especialistas de otras disciplinas (es el caso de la Arquitectura y las Ingenierías, principalmente) encaminadas directamente a transformar y modificar el paisaje, no advierten fàcilmente la profundidad y alcance del problema ecológico planetario, tan absortos están en el brillo de sus técnicas y tecnologías aplicadas a la transformación de la materia. La Biogeografía, la Ecología o la Etica ambiental no son materias propias de su curriculum académico, lamentablemente.
¿Dónde brilla más la belleza, la grandiosidad?.
Mucho más brillo, pomposidad y "creatividad" adquiere para el vulgo el edificio más alto de la tierra, o la represa más grande del mundo, o el crucero transatlántico más gigantesco que surca los mares, que un paisaje de bosques vírgenes o un rosario de lagos paradisíacos color verde esmeralda interconectados en un paisaje boscoso, fruto del potente deshielo ocurrido a inicios del Holoceno. Retazo de naturaleza virgen, no conculcada aún por el pie humano.
Aunque parezca un absurdo, mucho más se valora y aquilata hoy las creaciones del hombre, del Homo faber, que la Creación divina, manifestada en soberbios paisajes naturales sorprendentes e irrepetibles. Mucho más interesa hoy al hombre las nuevas formas de la "Torre de Babel" que el Parque natural del Yellowstone o las Cataratas del Iguazú o del Niágara. . A eso hemos llegado!.
Para eso, se nos ha formado (o deformado).!
(Esta reflexión de tipo ético-cultural ha sido escrita en vísperas de la Navidad del año 2010).
Presentamos hoy a nuestros lectores un artículo actual nuestro, dedicado a la memoria de Gustavo Le Paige, arqueólogo y religioso jesuíta, fundador del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama. Recientemente publicado, no será de fácil acceso, por lo que hemos optado por darlo a conocer en nuestro Blog. Se agrega esta nota a varios otros segmentos de nuestro Blog, dedicados a su memoria. Para verlos, puede Ud. buscar en etiquetas como "Gustavo le Paige", "Atacameños", "Museo de San Pedro de Atacama" o "Cultura atacameña".
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Nuestro reciente artículo dedicado a Gustavo Le Paige, sabio y religioso jesuíta.
Las cuatro páginas que anteceden, corresponden a un reciente artículo nuestro dedicado a la memoria del sacerdote-arqueólogo y jesuíta, Gustavo Le Paige S.J. Este año 2010, en Mayo pasado, se cumplieron exactamente 30 años de su fallecimiento en Santiago, luego de una ardua labor científica desempeñada durante 25 años en el entonces ignorado y recóndito poblado atacameño de San Pedro de Atacama.
El artículo, aparecido en la revista "Mensaje" de los jesuítas chilenos, corresponde al Nº 595 de esta publicación mensual y ha sido recién publicado en la edición del mes de diciembre 2010. Fuera de San Pedro de Atacama, pueblo que fue testigo de su labor sacerdotal y científica por 25 años (1955-1980), lugar donde se le rindió especial tributo de recuerdo con motivo de su natalicio (24 de Noviembre 2010), nadie más parece haberse acordado del aniversario de este hombre notable, cuyo legado científico aún está por ser develado y debidamente aquilatado. por los historiadores de la ciencia. En los ámbitos científicos de su especialidad (la Arqueología) este aniversario ha pasado, al parecer, en un insólito silencio.
¿Por qué este "silencio" académico en torno a la figura de Le Paige?
Salvo honrosas excepciones como Mario Orellana y Agustín Llagostera, cuyas elogiosas expresiones en torno a la figura de Le Paige y su obra ya hemos vertido en otro capítulo de este Blog, parecería observarse un cierto "silencio acusador" en el ámbito académico en torno a su legado, porque Le Paige rompió los cánones normales en el modo de hacer ciencia en nuestro país. No pocos de los que lo miran aún hoy con recelo, ni siquiera conocieron de cerca su obra y su figura. Por eso, nos hemos propuesto escribir el artículo que antecede, en la prestigiosa revista "Mensaje" de la Compañía de Jesús en Chile, fundada nada menos que por San Alberto Hurtado, su amigo y confidente en Lovaina. Sirva este modesto artículo como una contribución al conocimiento más cabal de su legado, a nuestro juicio aún inconcluso e insuficientemente analizado. . Una valiosa obra reciente sobre el desarrollo cultural de San Pedro de Atacama que porta el nombre de "Vida y Cultura en el oasis de San Pedro de Atacama", del arqueólogo piqueño Lautaro Núñez Atencio (Editorial Universitaria, Santiago, 2007) nos "deja sabor a poco" en lo que respecta a Le Paige y su legado cultural . De su vida y de su gigantesca obra social y cultural durante un cuarto de siglo, nada se dice allí. Si bien el aporte de Le Paige a la cultura en San Pedro sólo aborda el período 1955-1980 (etapa de su vida en el Salar de Atacama), tenemos la convicción de que la vida y obra de Le Paige constituye, para San Pedro y toda la comarca atacameña un formidable hito histórico, demarcatorio de una nueva época. Creemos que histórica y culturalmente, se debe hablar claramente de un "antes de Le Paige" y de un "después de Le Paige".
Si mentalmente abstraemos y sacamos a Le Paige de la zona atacameña,- como algunos han pretendido- queda un profundo y evidente vacío cultural. San Pedro actual y toda su increíble actividad científica y turística presente no tendría explicación alguna. No se entiende el "hoy" en San Pedro y sus realidades culturales: el magnífico Museo Arqueológico, la prestigiada Revista "Estudios Atacameños", el actual sistema de educación ecológica y antropológica que se ofrece hoy en el Museo a la juventud de San Pedro y sus pueblos vecinos, nada de esto habría ciertamente existido sin la presencia activa y enérgicamente impulsora, por espacio de 25 largos años, de este sacerdote católico belga, agraciado por el gobierno chileno con la medalla al mérito y la ciudadania chilena "ad honorem".
El artículo que hoy presentamos en nuestro Blog sólo quiere hacer plena justicia a su nombre, su misión y su legado científico ante la historia, ante la comunidad atacameña. y ante el país entero. Si rememoramos lo que Le Paige afirmaba una y otra vez cuando se le preguntaba acerca del por qué de su obra, "que su misión había sido dar a conocer a San Pedro", podemos decir hoy que ciertamente lo logró y con creces. Más aún, que lo logró como ningún otro gran científico o arqueólogo lo haya logrado jamás en Chile. Ni un Max Uhle, ni un Aureliano Oyarzún, Grete Mostny, Ricardo Latcham o un Hans Niemeyer o un Lautaro Núñez. Ninguno de ellos unió su destino y su obra, de por vida, a un pueblo determinado, como fue el caso de Le Paige.
En este sentido, no creemos estar errados al afirmar que su legado y su misión no tiene parangón alguno en la historia arqueológica científica en Chile.
Con humildad y profunda gratitud hacia su memoria, presentamos hoy aquí este trabajo sobre el "legado inconcluso de Le Paige". Inconcluso, porque creemos fundadamente que todavía hay mucho que hurgar, revisar e investigar en torno a su vida religiosa, su misión social, su vida mística,su actividad arqueológica y su legado cultural como incansable arqueólogo de campo. Esos 350.000 ó 400.000 objetos recolectados por él, en innumerables salidas a terreno con sus fieles ayudantes atacameños, esperan no sólo una digna catalogación y registro (queda aún mucho por hacer en este aspecto!), sino sobre todo un análisis cultural más profundo, en función de su propias hipótesis de trabajo.
Fig. 6. Iglesia de Matilla, Región de Tarapacá. Construida sobre los cimientos de otra anterior, a mediados del siglo XVIII con los aportes del rico minero tarapaqueño Basilio de la Fuente, propietario de estacas mineras en Huantajaya y San Rosa, es una de las joyas arquitectónicas de la región. Ha sufrido los embates de varios terremotos, el último de los cuales ocurrido en Junio del año 2005 , derribó gran parte de la techumbre y la fachada de la iglesia, así como una parte de la torre. Fue reconstruida con los aportes pecuniarios de una compañía minera de la región. (Foto H. Larrain, Abril 2010).
Fig. 5. Casa de la familia Morales, en la localidad de Pica. Esta casa -verdadera reliquia del pasado peruano en este lugar- perteneció al que fuera Presidente del Perú Remigio Morales Bermúdez (1890-1894), tarapaqueño. Fue muy dañada en el reciente terremoto de Junio del año 2005. La familia, que mantiene vìnculos estrechos con tarapaqueños peruanos que viven en el Puerto del Callao, lamentablemente no ha llegado aún a un acuerdo con la Municipalidad de de Pica para su urgente restauración y futura habilitación para fines turísticos.
Fig. 4. Lagar de Matilla. Monumento Nacional. Aqui se verificó en el año 1929, la última pisa de la uva proveniente de la viñas de la quebrada de Quisma. Este lagar, hoy semiderruido tras el terremoto de Junio del año 2005, no ha sido reconstruido aun. Es el testimonio viviente de una época de prosperidad para los cultivadores de la vid (Vitis vinifera), tanto en Pica como en Matilla. Hub aquí, en efecto, durante los siglos XVII al XIX centenares de chacras o predios dedicados a este cultivo preferente. Aquí se puede ver hoy as grandes tinajas del siglo XVIII donde se guardaba el vino hasta su fermentación. Estas muestran los nombres propios de las chacras de origen, todas con sugestivas denominaciones de santos de la lglesia: Santa Lucia, San Pedro, San Francisco, San Agustin, o advocaciones diversas de la Virgen María. Son testigos fieles de una época de profunda religiosidad. El lugar es un valioso hito patrimonial de visita obligada para el viajero que hoy llega a Matilla a husmear los "recuerdos del pasado". (Foto H. Larrain, Abril 2010).
Fig.3. Foto del Salar del Huasco. Lugar de existencia de un notable santuario de la naturaleza, de carácter patrimonial . En este salar, al costado weste del mismo, se alzan las ruinas de un antiguo pukara inca, parcialmente ocupado por pastores aymaras en la actualidad. Este valioso sitio debiera ser estudiado por avezados arqueólogos, expertos en vialidad incaica, antes de que sea enteramente destruido por la intervención humana. (Foto H. Larrain, Marzo 1982).
Fig.2. Ruinas de la antigua fundición colonial de plata en el sitio Tilibilca, Quebrada de Tarapacá, a corta distancia al weste del pueblo de Tarapacá. Hasta esta fundición eran traidos en carretas los minerales de plata del Mineral de Huantajaya para su refinación, por existir aqui manantiales de aguaa abundante y de excelente calidad (Foto H. Larrain, 2008).
Fig. 1. Petroglifos de la Quebrada de Aroma. Genial obra de arte de nuestros antepasados. Una pequeñísima muestra de los centenares de grabados rupestres presentes en dicho sitio, uno de los mayores monumentos patrimoniales de nuestra Región. Hoy, lamentablemente, casi olvidados y descuidados, exigen un protección real y efectiva por parte de las autoritades turísticas de la región. Hasta letreros alusivos al sitio han sido arrancados por vándalos. Alguien debe velar efectivamente por su cuidado. Este hecho es una muestra del escaso sentido patrimonial que tenemos en la Región. No basta con "celebrar"el "día del Patrimonio": hay que actuar en consecuencia. (Foto H. Larrain, Marzo 2009).
Con estas fotografias como telón de fondo, nos abocaremos aquí a analizar el concepto de "patrimonio" y de "patrimonio cultural", tratando de desentrañar su profundo y enigmático significado para la identidad local y regional.
REFLEXIONES EN TORNO AL CONCEPTO DE PATRIMONIO CULTURAL
1. Origen y Motivación de esta reflexión nuestra.
Surgió esta reflexión sobre el concepto de "patrimonio" a comienzos del año 2001 ante la necesidad sentida por la División Chuquicamata de CODELCO-Chile de estructurar prontamente un Plan de Acción para la conservación o preservación de lo que se ha llamado “Barrio Histórico” de la antigua ciudad de Chuquicamata. En efecto, había sido anunciado por la Empresa cuprífera el inminente y fatal traslado del "Campamento antiguo" a la ciudad de Calama, integrándose a ésta con el nombre de “Nueva Calama”.
Encontradas eran las opiniones de diversos actores (Empresa, Sindicatos, Terceros) respecto a la conveniencia o inconveniencia de la conservación de elementos del patrimonio cultural inmueble y mueble acumulado en Chuquicamata con el correr del tiempo, desde su instauración como campamento minero en el año 1914. El Campamento minero inicial, muy pronto se constituyó en ciudad, dotada de todos los elementos propios de la vida citadina.
De suerte que a pocos años de su fundación (1917), ya señalaba el obispo de Antofagasta Monseñor Silva Lezaeta que su población sobrepasaría luego ampliamente la de su vecina, Calama, requiriendo imperiosamente el establecimiento, por parte de la Iglesia Católica, de una Parroquia. Lo que efectivamente se realizó muy pronto.
Existen algunas opiniones que señalan que nada en Chuquicamata merecía el calificativo de “patrimonial”, por tratarse de edificios y estructuras ligadas esencialmente a la extracción y procesamiento de minerales, sin que jamás existiese la intención de crear allí vida ciudadana, capaz de constituir memoria colectiva e historia local. Por lo cual el Campamento podría ser destruido por decisión de la Empresa, sin que nadie pudiera oponerse a ello, por ser tanto sus terrenos como sus edificaciones, propiedad de la misma Empresa.
Ya su nombre de “Campamento”, señalan algunos, alude a esta inestabilidad propia del lugar, el que en cualquier momento podría ser desmantelado y abandonado, al igual que cualquier campamento minero y tal como ya ha ocurrido en muchas empresas mineras en el Norte de Chile (v.gr. caso de las Salitreras). Otros piensan, por el contrario, que Chuquicamata, con la anuencia explícita y apoyo logístico de la Empresa Minera Chile Exploration Co., no solo se fue constituyendo en ciudad y centro importante de poblamiento en el Norte de Chile, sino que quiso, además, constituir un “modelo” típico de poblamiento humano en el medio desértico, siendo para ello dotado de todos los servicios básicos, cívicos y religiosos, de una excelente calidad constructiva, contrastando, su bien programada y cuidada factura, con el por entonces atrasado estado arquitectónico y organizacional de la vecina ciudad de Calama.
Detectar cuáles serían los factores que inducen a sostener la existencia de un auténtico “patrimonio histórico-cultural” , creado con el correr del tiempo, en esta ciudad-campamento, señalar cuáles serían las características de éste de acuerdo a la opinión de la población residente, y qué motivaciones científicas serias podrían aducirse para su protección y conservación, son parte importante de nuestra reflexión.
Para poder emitir una opinión fundada al respecto (o sea , si verdaderamente existe o existió en Chuquicamata un “patrimonio cultural” digno de preservarse), nos parece imprescindible profundizar en el concepto de “patrimonio” y, más explícitamente, en el de “patrimonio cultural”. Nos serviremos de ejemplos representativos presentes en nuestra Región de Tarapacá, de los que somos testigos directos.
2. Origen del término patrimonio.
“Patrimonio” viene de la voz latina patrimonium, el que, según el Diccionario Latino-Castellano de Valbuena (edición 1880), significa: “el conjunto de los bienes heredados de los padres”. Para el Diccionario de la Real Academia Española, edición 1992, tomo II, es la “hacienda que una persona ha heredado de sus ascendientes” .
Así, pues, dos conceptos aparecen en estas definiciones como fundamentales: el concepto de “bien” y el concepto de “herencia” . Puede haber bienes que no constituyan normalmente herencia, como por ejemplo, ciertos bienes muebles que se desgastan con el uso y no perduran. Los conceptos de “bien” y de “bien heredable” tienen que confluir necesariamente para constituir “patrimonio” . Patrimonio, en consecuencia, son cierto tipo de bienes heredados de los ascendientes. Los que se poseen para ser heredables, esto es, perdurables. Estos bienes heredables son los que se especifican en un Testamento; no otros tipos de bienes que no merecen testarse, sea por su insignificancia misma, sea por su escasa valoración, sea por que no son en sí mismos perdurables. Se testa en un testamento lo que se valora por parte del testador por considerarse valioso y perdurable en el tiempo. Nadie testa lo que se va a destruir en corto tiempo; nadie testa lo que no tiene importancia ( o valor) para nadie. Eso simplemente ni se nombra.
3. Reflexiones sobre patrimonio cultural
Si aplicamos ahora estas ideas al concepto de “patrimonio cultural”, nos estamos refiriendo a “bienes de la cultura” que son producto de una herencia. No a cualquier tipo de bienes. Si intentamos hacer un análisis más fino de este concepto de “patrimonio cultural”, veremos que surgen los siguientes elementos de juicio:
3.1se deja en herencia “bienes” esto es especies, elementos u objetos valorables, que poseen un valor en sí. Este valor puede ser real (en términos económicos objetivos, o de mercado) o solamente sentimental (subjetivos). Este “valor” puede surgir de la antigüedad misma o del carácter histórico del bien (v.gr. un objeto arqueológico), del carácter sentimental (v.gr. una medalla de latón obtenida en una competencia deportiva), o del valor intrínseco del objeto (v. gr.una medalla de oro macizo). En consecuencia, todo lo que de alguna manera resulta valorable para el testador, puede ser objeto de herencia por parte de éste.
3.2. La herencia es “para los descendientes”. Porque constituyen objetos de valor también para éstos, o porque el testador estima que el descendiente tiene que llegar a descubrir el valor inherente (real o meramente subjetivo) al objeto o bien testado. Puede verificarse aquí todo un trabajo pedagógico de búsqueda por parte del heredero del sentido profundo del bien testado, el que tal vez no surge a primera vista y requiera de estudio y análisis. Pero tal valor (presente o futuro) está en la intención del testador.
Ejemplo de esto es cuando un científico, sabio o literato lega un bien precioso para él, v.gr. un libro preciado, a un nieto aún niño: llegará el momento en que éste entenderá el valor del legado recibido. Si es un bien heredado especialmente para los descendientes, es porque éstos tienen que recibirlo y valorarlo o llegar a valorarlo tal como la valoró el antiguo dueño. Lo que involucra todo un esfuerzo de apreciación (darle precio) y estima por parte del receptor.
Por parte de una comunidad, se dará, tal vez, un verdadero aprendizaje acerca del valor, lo que ocurre, por ejemplo, cuando se crea un Museo en y para una comunidad: la comunidad tiene que llegar a “aprender” a apreciar” lo que se muestra. Hay bienes que tienen un valor fácilmente perceptible, que surge de su mera presencia : v.gr. una hermosa escultura, una bella pintura. Hay otros que tienen que ser “enseñados” , por ejemplo , el valor de una fotografía antigua o de un objeto antiguo cuyo uso ignoramos. Apreciar la Venus de Milo, es fácil; pero llegar a apreciar las llamadas “Venus paleolíticas” de las cavernas del Hombre del Magdaleniense o Musteriense, es muchísimo más difícil y requiere asiduo aprendizaje. Aquí puede apreciarse, dicho sea de paso, la importancia pedagógica e instructiva de los buenos Museos, que deben ser capaces de mostrar en profundidad y al alcance de todos, incluso de los niños,el valor inherente a todo aquello que en ellos se exhibe.
3.3. La herencia propia de un “patrimonio cultural”, constituye, además, un todo indisoluble. Estamos ante la presencia de una “hacienda cultural”, esto es, de un numeroso conjunto de bienes heredados para ser apreciados, especialmente cuando constituyen “conjuntos” valorables. En el caso de un patrimonio físico o reducible a dinero sin perder su valor (v.gr. una casa, o un conjunto de maquinarias), éste es repartible entre varios herederos y puede ser fragmentado, dividido o vendido sin pérdida alguna del valor de las partes. No ocurre así, por desgracia, con el patrimonio cultural espiritual. El valor de este patrimonio consiste, precisamente, en su conjunto, en su totalidad, en el hecho de constituir un todo indivisible. El valor de una biblioteca especializada, por ejemplo, o de un barrio típico, o de una valiosa colección de insectos de un país o región, o de un pueblo en ruinas (v.gr. un pueblo de las misiones jesuíticas del Paraguay o de Bolivia o el pueblo arqueológico de Ramaditas o Guatacondo), o aún de una ciudad típica (v.gr. Nápoles) , no está en el número de ejemplares, o en el número de edificios, sino en su globalidad, en su carácter de un todo orgánico, de una riqueza organizada.
Repartir entre muchos los libros de una importante biblioteca especializada, es destruirla; separar o distinguir entre edificios de una ciudad típica, es no entender el contexto y el conjunto (“los árboles no dejan ver el bosque”). Una suma de dinero se puede repartir; una cantidad de vehículos o máquinas se puede vender uno a uno; pero no se puede actuar con este criterio en el caso de una calle típica, o de un pueblo típico, donde todos y cada uno de los elementos arquitectónicos tiene su valor tanto en sí, como en cuanto parte de un conjunto. Aquí el todo es mucho mayor que la suma de las partes. Aquí cada edificio tiene una función determinada. Una ciudad típica, pues, no es una simple sumatoria de edificios, es un todo indivisible, es un todo orgánico en el que cada edificio tiene o ha tenido en el pasado, una función y un rol específico: es un organismo vivo con múltiples funciones.
Una colección valiosa de una zona, en la que se incluye todos los seres vivos de un grupo, (v.gr. insectos del Amazonas) incluye especies conocidas y comunes, pero también especies típicas y únicas, de modo que, en este caso, se mostrará el conjunto (todas las especies) y su espectacular belleza, y las que son verdaderamente raras, escasísimas o únicas, de extraordinario interés para el entomólogo o el ecólogo. Todas tienen una función específica en el biome local y dan cuenta de la multiplicidad de interacciones entre el mundo vivo y su sustrato inerte. Lo mismo, mutatis mutandis, se puede decir de otros “conjuntos” que llegan a constituir “patrimonio”.
3.4. Cuando el “patrimonio cultural” se refiere a un pueblo o a una ciudad, estamos hablando de una totalidad que es mucho más que la suma del patrimonio cultural de determinadas personas, de muchas personas, aunque sean las más notables. Cuando hablamos de “patrimonio cultural “ de un pueblo, hablamos de un conjunto superior a la suma de los bienes culturales personales de sus habitantes. Este tipo de “patrimonio”, además, por ser la herencia de todo un pueblo, es algo múltiple y multifacético, es decir, se expresa en todas las esferas de la cultura. Porque el “patrimonio”, esto es el conjunto de bienes heredables, interesa a todo un pueblo, en cada una de las esferas del comportamiento humano social: desde lo arquitectónico, escultórico o pictórico, hasta lo literario, folklórico, o musical o gastronómico.
Es decir, ese “patrimonio” o herencia cultural resulta particularmente valioso para todos los miembros de ese pueblo, porque encuentra eco en cada una de las actividades en que éstos se desenvuelven. Los bienes personales, a lo más, resultan valiosos para una familia y sus miembros. Los “bienes” de todo un pueblo, en cambio, interesan a todos sus miembros.
3.5. Para que sean de valor o interés para todo un pueblo, tienen que poseer, intrínsecamente, una especial significación para todos. ¿Qué es lo que podría interesar a todos?. ¿Qué une a los miembros de toda una comunidad o pueblo? ¿Qué cosas defendería todo un pueblo contra un usurpador o un adversario?. Lo que todo un pueblo defendería como propio, eso precisamente constituye su “patrimonio”. ¿Y qué cosas son éstas?. Lo que preocupa e interesa a todos, lo que es común a todos y propio de cada uno. ¿Y qué cosas son ? La historia común, la lengua común, la religión, el arte, las costumbres, las ceremonias y ritos, las celebraciones; los lugares y edificios de uso común o de reunión, de celebración, de fiesta común. Y si nos fijamos bien, todos estos elementos son de un carácter espiritual, no meramente materiales o físicos. Todos estos elementos tienen una resonancia, un eco, en el corazón, en el espíritu de sus habitantes. Son elementos que no se transan fácilmente, no se cambian. Pertenecen, a lo que parecería, a la esencia de la propia identidad. No son los elementos físicos, de por sí, los que arraigan al espíritu humano a determinados lugares o escenarios: son las vivencias, los recuerdos, las emociones allí vividas o, mejor dicho, compartidas con otros. Es decir, el ser humano hace vivibles los lugares, los humaniza con su actuación, con el compartir, con el “sentido de comunidad” que les impregna, con el vivir con y para los demás. Los hace “habitables” y los hace, también, memorables o “recordables”. Les agrega historia y vivencia. Les agrega “recuerdos”.
Visitar la casa de Neruda en Isla Negra, es ya retrotraer el pasado al presente; leer y recitar a Neruda en su propia casa de Isla Negra, tiene aún más fuerza y vigor; su figura y su aliento vuelve, en alguna manera, a la existencia en cada ángulo de la casa; estudiar a Neruda o seguir un Curso sobre su obra, allí mismo, es sin duda, replicar experiencias que tal vez el propio Neruda tuvo allí, en contacto vital con la naturaleza que el compartía y gozaba día a día, hora a hora. Cuando se visita dichos lugares, con conocimiento de causa de lo que en ellos se vivió, gestó u ocurrió, se experimenta una emoción única, irrepetible; la historia, en cierto sentido, vuelve a recrearse, produciendo en el espíritu humano ilustrado sobre el sentido profundo de lo que ve o toca, un sentimiento de propiedad que enriquece al visitante. Es lo que se ha denominado “el peso de la historia”, el “legado del ayer”. Aquí, concretamente, uno llega a comprender el concepto de “legado cultural” y su influencia benéfica sobre el ser humano: lo vuelve “más hombre”, en la medida en que siente y vibra, de modo diferente, con las emociones o vivencias del “otro”.
3.6. Hemos llegado aquí a la conclusión provisional de que el auténtico “patrimonio cultural” - o sea, ese cúmulo de elementos que son objeto de herencia social- es un conjunto amplio y significante de valores adquiridos por un pueblo a lo largo de su historia. No es la sola lengua, ni el solo arte, ni la sola religión, ni la sola historia. Es la suma de todas estas cosas y muchas más; pues Lengua e Historia, son parte de un proceso de siglos o milenios; como Arte y Religión, o Lengua y Costumbres, o Lengua y Arte, o Religión y Costumbre. Aquí empezamos a vislumbrar que todos estos elementos, por separado, no valen lo que valen todos juntos, integrados, como partes significativas de un todo vital. Tal como se dan en la realidad social de un grupo humano. Jamás aisladas; siempre integradas, siempre mutuamente compenetradas, mutuamente auto-influenciadas.
3.7. Podríamos preguntarnos: ¿cuándo algo puede llegar a constituir “patrimonio cultural”.? ¿En qué condiciones y forma?. Creemos que esto ocurre cuando un conjunto de bienes, creados por personas individuales (albañiles, arquitectos, músicos, escultores, escritores, poetas, historiadores o técnicos), sobrepasa el estrecho mundo de lo privado e invade el mundo de lo público. Lo que se hace público, se hace propiedad del pueblo. Y al hacerse bien público, ya no puede ser reclamado como algo privado o particular. Cuando un Mecenas crea, con sus bienes personales, un Museo y lo lega a la comunidad o a una ciudad, lo hace inmediatamente público. Y por ese mismo hecho, deja ya de tener derecho sobre ese bien. Pasa a tener el mismo derecho que los demás, integrantes de ese pueblo. Fue por un tiempo privado, pero traspasó las fronteras de lo individual y se hizo bien colectivo, comunitario. De este modo y no de otro, han nacido los Museos y los Centros Culturales Comunitarios o las Casas de la Cultura, fruto de las donaciones de particulares insignes. Se ha sobrepasado el ámbito de lo individual y se pasa a pertenecer al ámbito de lo colectivo o social. La riqueza individual, pasa a ser riqueza y bien colectivo, bien de todo un pueblo, pasa a ser un bien “compartido”.
3.8. Pero podríamos preguntarnos ahora, ¿por qué llegan esos bienes a constituirse un día en patrimonio local, regional, nacional o internacional?. La respuesta a esta pregunta nos introduce bruscamente en el mundo de lo que constituye o forma la esencia de la cultura: el compartir valores. La clave, a nuestro juicio, de la importancia vital del “patrimonio cultural” es la capacidad de crear bienes que puedan ser compartidos, es decir, valorados corporativamente por muchas generaciones. Crear instancias de fomento y estímulo de patrimonio cultural es , pues, además de una gran responsabilidad en sí, una ocasión única para enriquecer culturalmente a nuestros semejantes, miembros de una misma comunidad o pueblo, de elevarlos culturalmente, de hacerlos más personas, más hombres. Hay, pues, cosas que son valorables a nivel local; otras a nivel regional o nacional. La ciudad de Valparaíso, por ejemplo, ha pasado a constituir un bien universal, patrimonio de la humanidad; Las salitreras Humberstone y Santa Laura, en las cercanías de Iquique, un patrimonio regional, valiosa expresión de un sistema de vida y explotación regional, con una arquitectura propia y representativa. Chuquicamata, por tanto, bien podría llegar a pertenecer a este tipo de patrimonio, si se cumplen adecuadamente las condiciones para ello.
3.9. ¿Cualquiera puede llegar a crear “patrimonio? La pregunta no es ociosa, y nos lleva a buscar quién es creador o artífice de “patrimonio”. Creemos que no cualquiera ciertamente. Creemos que son aquellos, muy pocos, que logran éxito social en sus creaciones, es decir, aquellos que son , de alguna manera “genios” en sus propias comunidades y logran crear estructuras de pensamiento y de acción traducidas en legado visible, perceptible, que logran pasar a la posteridad y evitar la muerte, por haber sido “aceptados”, “acogidos” y “reconocidos” como valiosos. Por eso es que logran sobrevivir, porque se convierten en un bien comunitario. Estos artífices – en el caso de ser conocidos- pasan a ser, en cierta medida, “héroes culturales” de los pueblos o comunidades. Estos pueden ser poetas, historiadores, arquitectos, artesanos o músicos que lograron exteriorizar, en su propio lenguaje artístico, lo propio o peculiar de su pueblo, o han querido plasmarlo en formas y figuras representativas del “alma popular”, o si preferimos, de la “conciencia popular”. Tal vez muchos podrán producir “bienes culturales” de variada especie, pero serán muy pocos aquellos que lleguen a diseñar productos culturales perdurables, apetecibles por la mayoría, degustables por todos o casi todos, y, más aún, a lo largo del tiempo. Estos son, creemos, verdaderos ”héroes culturales” capaces de crear y/o enriquecer el patrimonio cultural de un pueblo. Son, de hecho, los transmisores natos de la herencia cultural de los pueblos.
3.10. Concluimos con esto que, para que ciertos bienes culturales logren alcanzar el atributo de “patrimonio” de una comunidad, (y, por tanto, merezcan perpetuarse) necesitan imperiosamente cumplir con ciertos requisitos que consideramos fundamentales: es decir que:
a) que esos “bienes” hayan surgido del seno mismo o en el seno mismo de la comunidad, sea porque hayan sido producidos por ellos (en caso de invención propia), sea porque hayan sido aceptados y acogidos por ellos como propios (en el caso de integración o asimilación de elementos o estilos ajenos);
b) que tales “bienes” sean compartidos por todos o la mayor parte de la población;
c) que dichos “bienes”, por tanto, tengan especial significación para la mayoría de la población;
d) que dichos “bienes”, compartidos y significantes, sean altamente valorados por parte importante de la comunidad;
e) que esos “bienes”, por tanto, se convierten así en elementos irrepetibles, únicos en el mundo y, por fin,
f) y, Por que sean merecedores, por tanto, de perpetuarse en el tiempo.
3.11. ¿Qué ¿Por qué cuando hablamos de “patrimonio”, surge inevitablemente la idea inmediata de defensa o protección? ¿Por qué todo patrimonio es per se algo que debe ser protegido?. ¿Por qué dicho patrimonio resulta muchísimas veces vulnerable?. ¿Qué es lo que se defiende o protege en estos casos? ¿Contra quién, o contra quiénes, se defiende o protege?. Preguntas todas que apuntan hacia un aspecto de la dinámica cultural que es efecto del “progreso material”: la facilidad con que el ser humano olvida el pasado, o lo destruye, so pretexto de construir algo que cree ser mejor.
Se trata aquí de la conciencia anclada en un pueblo de que hay elementos que no deben destruirse, por su valor intrínseco, lleva, inevitablemente, a defender y proteger lo valioso para él que puede ser destruido o modificado; todo lo que puede sufrir daños. Y sobre todo, lo llevará a defender lo que es único e irrepetible, lo que no puede ser nuevamente producido o elaborado. Si concordamos con el pensamiento de que el hombre, a través de la historia, ha ido acumulando no solo conocimientos sino también “obras”, parece lógico pensar que aquellas consideradas “obras maestras”, fruto maduro de su invención, permanezcan en el tiempo para enseñanza de las futuras generaciones humanas. Para que queden como mudo testimonio de la manera como el hombre supo conquistar y domeñar la naturaleza, creando formas específicas y bellas de habitar, poblar y disfrutar, aún en los ambientes más difíciles y hoscos.
3.12. Por todo lo dicho hasta aquí, no nos ha de sorprender el que las mejores y más comprehensivas definiciones de “cultura”, encierran siempre la idea de “tradición“, de “traspaso” de riquezas acumuladas por el hombre, de “legado” transmitido de generación en generación. Porque la cultura es algo acumulativo, algo que se va creando, se va sumando a lo largo del tiempo, con el aporte de muchos individuos o grupos humanos. La cultura, además, es algo esencialmente “aprendido”, esto es, no es algo innato en el ser humano. Se aprende lo que sirve para mejor desempeñarse en el habitat. Lo que no nos sirve, simplemente lo desechamos y botamos a la basura. Pero desde el momento en que en todas las culturas existe el concepto de “patrimonio” como algo heredable y perpetuable, quiere decir que es algo esencial al ser humano, y por tanto, parte de su identidad misma.
C Cuando hablamos de “patrimonio cultural”, estamos hablando de un conjunto de conocimientos, vivencias, o expresiones creadas por el hombre para adaptarse al lugar físico donde le toca vivir, experiencias que son traspasadas, “heredadas” a los descendientes para su mejor desempeño en el medio físico donde debe vivir. El “patrimonio”, pues, es una herencia útil para los descendientes, es decir, representa un conjunto de elementos que le permiten “vivir mejor”, gracias a la experiencia probada, acumulada, del pasado.
3.13. Por fin, creemos que el concepto de “patrimonio cultural” es algo inseparable del concepto de identidad (local, regional, nacional). Ya lo hemos de alguna manera insinuado antes. Es decir, la identidad propia (como pueblo, como ciudad, como país), se va construyendo con el aporte de lo que es propio y constitutivo nuestro y nos diferencia de los demás. ¿Qué es lo que nos diferencia de los demás?. Creemos que es, precisamente, el conjunto de aquellos rasgos de la cultura que hemos heredado de nuestros antepasados, y que nos ha parecido especialmente valioso conservar, proteger y defender. Aquello que consideramos “nuestro” por antonomasia. Aquello que nos diferencia explícitamente de otros (pueblos, ciudades, regiones, países.
3.14. Al final de nuestra reflexión antropológica, hemos llegado a la idea-fuerza de que el patrimonio cultural propio es de tal valor y significancia, por constituir en sí mismo el pilar fundamental de la identidad propia. En otras palabras, no hay identidad posible, sin patrimonio cultural propio. Seríamos simplemente “copias” exactas de otras culturas o grupos humanos, simples “clones” de terceros. De donde se deduce con meridiana claridad que la única forma de constituir y afianzar la propia identidad, es afianzar, proteger y defender el propio patrimonio cultural. Sin la existencia, protección y fomento del propio patrimonio cultural, los pueblos simplemente verían su pronta desaparición como pueblos, se extinguirían para dar paso a una masa global idéntica, donde la creación individual ha sucumbido ante la masificación y una globalización mal entendida. Dicho de otra manera más expresiva: la mejor manera de destruir la identidad de un pueblo o país, es negar o destruir el propio patrimonio cultural. ¿Es esto lo que queremos para nuestras ciudades, pueblos o regiones?. Negar o destruir el propio patrimonio cultural, acumulado tras siglos de esfuerzo y creación compartida por las mentes más privilegiadas, es cavar la tumba del propio país donde se insertan tales pueblos, ciudades o regiones.
Conclusión. Patrimonio y Progreso: ¿contradicción, coincidencia o necesaria complementación?
Por eso sostenemos que el verdadero Progreso y Desarrollo de un pueblo o país radica, precisamente, en la preservación de la propia identidad mediante el respeto compartido por el propio patrimonio cultural. En síntesis, nos atrevemos a decir, con los más connotados antropólogos, que no solo la identidad propia se construye sobre la base del patrimonio cultural propio, conocido y profundizado, sino que es la base del auténtico progreso de los pueblos. Porque el término “progreso” (como lo indica su raíz latina pro-gressus) solo significa dar “un paso adelante” y no incluye para nada la idea de destrucción, olvido o negación del pasado. Las naciones europeas, en este sentido, nos dan ejemplo a diario del valor intrínseco que otorgan a su patrimonio cultural heredado de las culturas pasadas, sin perjuicio de buscar, por todos los medios, alianzas estratégicas y económicas que les conduzcan a un mejor estándar de vida. Y ellas nos han demostrado que ambas acciones no son contradictorias. En ninguna parte como en Europa se ha desarrollado una tan vívida conciencia del valor patrimonial del pasado como verdadera “escuela” para construir, mediante el verdadero respeto por su legado, el futuro de una nación que se precie de su historia y sus tradiciones.
(retocado del original de Marzo 2001, el día 27 de Mayo 2010).
Fig. 8. Matrimonios aymaras vestidos a la usanza tradicional. Las mujeres, de aksu (vestido largo) yllijlla ( vistoso paño de variados colores que se ponen en los hombros y les sirve para cargar toda clase objetos, incluyendo sus wawas) y el típico sombrero de paja. Las mujeres aymaras han preservado su atuendo tradicional con mucho mayor tenacidad que los hombres. Al centro, Gumercindo Mamani, originario del pueblo de Cancosa, porta la bandera indígena multicolor, denominada wiphala, símbolo de su pertenencia indigena; a su derecha, su esposa. Al extremo derecho, su hermano Maximiliano Mamani, excelente tejedor y músico. La familia Mamani ha dado varios líderes de nota al movimiento aymara tarapaqueño. (Foto Beatriz García, 1994).
Fig. 7. Nuestra amiga antropóloga Beatriz García Traba, de grueso abrigo de piel, observa a una tejedora aymara en su telar al suelo en una remota estancia ganadera. Aquí se tejen las hermosas llijllas, provistas de numerosas franjas o listas multicolores. Las lanas (de llamo y alpaca) hoy en día son teñidas con substancias químicas industriales; pero antaño las teñían con yerbas naturales recogidas cuidadosamente de su entorno natural. (Foto Beatriz García, 1994).
Fig.16. Con su carita de niña y vestida a la usanza de una campesina aymara (salvo el sombrero moderno) , nuestra amiga Beatriz García luce la llijlla (manto) propia de esta etnia en la pequeña estancia de pastoreo de Chijo. Obsérvese el sistema local de carga a la espalda propio de la mujer andina, tanto para el transporte de las creaturas (wawas) como de vegetales, leña o diversos productos del campo, incluso el guano. (Foto invierno 1994).
Fig.5. Una "mesa ceremonial" aymara en el pueblo aymara de Cariquima, Invierno 1994. (Foto Beatriz García).
Fig.4. Cornelio Chipana, líder aymara ariqueño, dictando una charla sobre los alcances de la nueva Ley Indígena 19.253 en la localidad de Pica, hoy Provincia del Tamarugal, invierno 1994. En Pica y Matilla, pueblos de añeja estirpe española y mestiza, se han asentado, en los últimos 25-30 años, numerosas familias aymaras originarias de los pueblos fronterizos de Bolivia (zona de Llica) buscando mejores expectativas de trabajo. Suman hoy varios centenares y viven en condiciones de vida muy precarias. El gobierno chileno les ha entregado subsidios para vivienda y tienen hoy pleno acceso a la salud y educación. Estos grupos aymaras bolivianos, recién arribados a la zona, conservan su lengua aymara tradicional y son muy mal vistos por la antiguo población mestiza local que los tilda de "paisanos". Sin embargo, son muy apreciados por los agricultores locales por su laboriosidad y espíritu de trabajo. (Foto Beatriz García, 1994).
Fig. 3. Charla sobre la nueva Ley Indígena en la Municipalidad de Pozo Almonte, 1994 (Foto Breatriz García).
Fig.2. Personajes asistentes a la charla sobre la nueva Ley Indígena en la escuela agrícola de Kusayapu en la localidad de Pachica, Quebrada de Tarapacá, 1994 (Foto Beatriz García).
Fig.1. Un funcionario de la OCAC explica los alcances de un Proyecto de regadío para una comunidad aymara. 1994. (Foto Beatriz García).
Antecedentes para su Tesis de Doctorado en Antropología.
Las fotos que anteceden, nos ha sido remitidas en estos días por la antropóloga española Beatriz García Traba y pertenecen a la época en que ella reunía antecedentes para la presentación de su Tesis de Doctorado ante la Universidad Complutense (Madrid, España). Forman parte, por tanto, de la historia local de ese período inicial de la puesta en marcha de la nueva Ley Indígena chilena (1993).
Presentación de la Tesis: "El Discurso político de las organizaciones aymaras en el Norte de Chile" Madrid, 1997).
Carátula de la Tesis de Doctorado en Antropología de Beatriz García Traba, dirigida por el antropólogo español Carlos M. Caravantes G. Esta Tesis se presenta aquí por primera vez al público chileno y puede ser descargada aquí, para su estudio y análisis.
Querido maestro, después de muchos años tras la realización de la investigación y gracias a tu tesón, ve la luz mi tesis. El objetivo de que esté públicamente colgada en tu blog es hacerla accesible a todos aquellos investigadores que en el futuro se interesen por el estudio y evolución de la aplicación de la Ley Indígena 19.253. Sería muy interesante realizar un estudio sobre cómo ha evolucionado en estos largos años y cómo ven los mismos dirigentes que participaron y lucharon en tiempos muy difíciles por sacarla adelante la aplicación y beneficios (o nó)de la Ley. Ojalá que su difusión alcance a la mayor cantidad posible de estudiantes y estudiosos del proceso indígena y que les estimule a mejorar el estudio aquí presentado. Un abrazo en la distancia.
BeatrizGarcía Traba Dr. en Antropología
Publicado por Beatriz para Eco-antropología a las 10 de mayo de 2010 03:34
Mis padres, Horacio e Inés, inspiradores de mi vida académica.
De mis padres he recibido este don gratuito de amor a la naturaleza, bebido desde niño en Ranquilhue, Chimbarongo, La Leonera, y Santo Domingo.
Acercándonos al pueblo de Suca en la región de Tarapacá
La huella inca muestra aquí un arrreglo especial y un ancho aproximado a los 3,50 m.
En la ruta del Inca. Con los arqueólogos José Berenguer y Carlos González
Reafirmando la presencia Inca en la depresión intermedia de Tarapacá. Noviembre 2014.
En busca de la ruta del Inca. A unos 25 km al Norte de Quillagua
Grupo expedicionario. Junio 2014. El hombre de barba, al medio, es el profesor Luis Briones.
Con el Rector de la U.C. Dr. Ignacio Sánchez y Pilar Cereceda en el oasis de Alto Patache
Enero 2014. Homenaje de la Universidad como premio a nuestra investigación de campo durante 15 años en este oasis de niebla..
Descansando un instante en un mojón señalizador de la ruta inca, Julio 2013.
En la soledad infinita, siguiendo por kilómetros la senda antigua que tomaran Huayna Cápac, Diego de Almagro y Pedro de Valdivia a través de los desiertos sin agua ni vegetación de Tarapacá.
Mis nietos: Pablito y Benjamín Huebra Larrain hace algunos años.
En la gran explanada frente a la catedral de La Plata, Argentina. Envían un saludo a su Tata de Iquique. (3 Agosto 2013)..
Lugar de descenso de la ruta incaica para atravesar una pequeña quebrada seca.
Parte del recorrido de ocho kilómetros siguiendo la ruta del Inca, 17 de julio 2013.
Almorzando en el lecho de la quebrada de Cahuiza. (27 de julio 2013).
A nuestros pies, el reciente tapizado de barro durísimo, producto del reciente aluvión de Febrero-Marzo 2012. Nos acompañan Luis Briones, María José Capetillo y Carolina Rodríguez, miembros de la expedición de estudio de la Ruta del Inca en Tarapacá.
Tomando aliento tras atravesar kilómetros de pampa abierta, infinita.
En un pequeño hito de piedras, al costado del Qhapaqñan al sur de Cuevitas 27 de julio 2013.
Un atardecer luminoso en plena pampa.
El autor de este Blog en una paskana, en las cercanías de la quebrada Juan de Morales en busca del Camino del Inca. Julio 2013 (Foto L. Briones)
Mini-atrapanieblas instalado en sector Pampa Bugueño. Oasis de niebla de Alto Patache.
Con mi ex alumno de arqueología Luis Pérez Reyes, hoy flamante arqueólogo, Julio del 2005.
Entrego a mi ex alumno Daniel Moscoso Mamani su título profesional. Noviembre 2012.
Daniel, de humilde pastor aymara de llamos y ovejas a Antropólogo Social.
A la vera del Camino del Inca o Qhapaqñan. Quebrada de Quipisca, vista hacia el Norte.
Prospección arqueológica quebrada de Quipisca, 23 de Febrero 2012.
Con mi ex alumno Cristian Riffo en el Salar del Huasco. Hito de exploración de aguas subterráneas.
Visita al entorno del Salar con Pedro Lucas, Noviembre 2010 (Foto de Pedro Lucas).
Devorando un rico plato de carne de llamo con Pedro Lucas Ticona, miembro de la comunidad de Alca.
Con Pedro Lucas, en el Salar del Huasco, expedición de Noviembre 2010.
En la humilde vivienda aymara de doña Demetria Ticona: Noviembre 2010.
En trabajo de campo en el Salar del Huasco con ex alumno Cristian Riffo.
El autor con Renan Huatalcho, piqueño, incansable defensor de los Salares andinos. .
Frente a su vivienda en Pica el 18-12-2012. Foto Paz Errázuriz Körner
1947: la familia Barros conmemora el centenario del nacimiento de la abuelita Ludmila Errázuriz
El tata Alfredo y la tía Teresa mamá de los Dominguez Barros y otros tíos y tías.
Descendencia directa de mi bisabuela Ludmila Errázuriz de Barros, madre de mi abuelo.
En calle Sazié, un día del año 1936. Horacio es el niño de 7 años, detrás de mi abuelo Alfredo, algo a la derecha.
Después de la penosa ascensión al cerro Wata-watana, quebrada de Quipisca. ¡Ya pesan los años!.
En una pequeña chasquihuasi o tambillo, cercano al sitio La Cruz quebrada de Quipisca.
Mi hija María Cristina Larrain M. y mi nieto Benjamín en su parcela de Malloco, Marzo 2010.
Con un beso a mi inolvidable hija, estudiosa y fiel seguidora de mi Blog.
Bienvenidos al Blog de Eco-antropología
El autor y su esposa, Marta Peña G. frente a su casa en Iquique, Julio 2008
En la ciudad de La Plata, Argentina, Abril 2012.
Paulo, mi yerno, mi hija Titi, Pablito y Benjamín
Mi nieta mayor, Josefina Larrain Rocamora, que espero quiera seguir los pasos de su Tata
Josefina lee ávidamente los escritos de su abuelo Horacio. Ojalá siga un día mis pasos en la Antropología!.
Mi hijo Carlos, Greta su señora y mi nieto Joaquín en nuestra parcela de Matilla,
Título de Arqueólogo y M. A. (Magister) en Arqueología, Universidad Nacional Autónoma de México. Tesis de Maestría titulada: "Las Culturas arqueológicas en Chile: Ensayo de una zonificación ecológico-cultural" (1970), dirigida por el catedrático catalán don Pedro Bosch Gimpera. M.A. en Antropología Social y Ph.D. en Antropología Cultural en la State University of New York, (SUNY), USA.; Tesis doctoral: "Historical Demography in Northern Highland Ecuador in the 16th Century" (1984).Estudios avanzados en Geografía, Universidad de Chile, Santiago (1975-1976); Estudios de Biología, Universidad Católica de Valparaíso(1955-56; Estudios de Glaciología y Flora alpina, Innsbrucker Universität, Austria (1958-1959), Licenciatura en Filosofía, Universidad del Salvador, Buenos Aires, Argentina (1952-1955; Licenciatura en Teología, Innsbrucker Universität, Austria (1956-1960); Hoy Coordinador Regional (Iquique) del Centro del Desierto de Atacama, Pontificia Universidad Católica de Chile; responsable del "Oasis de Niebla de Alto Patache"; Investigador en Antropología Social y Arqueología, Universidad Bolivariana, Iquique y Encargado de tesistas.
Nuestro ayudante y hoy flamante arqueólogo, Víctor Bugueño García en la chacra experimental
Junto a un árbol de olivo (Olea europaea) creciendo en forma excepcional en estos terrenos aparentemente áridos.
Luis Pérez Reyes, iquiqueño
Arqueólogo titulado de la Universidad Bolivariana (Iquique), ayudante de campo y leal colaborador e inspirador de este Blog
Cristian Riffo Torres, mi ex-alumno, antropólogo social y fiel acompañante en terreno.
Al atardecer, en la quebrada de Quipisca. A la vera del Camino del Inca, rememorando el paso del Despoblado por Diego de Almagro en 1536.
Estudiando un hito antiguo en una ruta caravanera, en la quebrada de Quipisca.
Mi ex alumno y constante colaborador en terreno. Nicolás Prado Bley.
Centro del Desierto de Atacama (Atacama Desert Center)
Centro de Investigación y Desarrollo de Ecosistemas del Desierto
¿Qué entendemos por eco-antropología?
¿Por qué nos hemos decidido a publicar este Blog?. Hemos sentido una imperiosa necesidad de entregar a nuestros ex alumnos, jóvenes estudiantes y público culto en general, reflexiones y pensamientos que creemos pueden ser un aporte novedoso en el campo de la Antropología Cultural. Esta ciencia más y más ha ido asumiendo roles más amplios y se ha ido perfilando como una instancia tanto de reflexión e investigación, como de comentario y denuncia ante la aparente incuria de muchas instituciones sociales que han dejado de lado su preocupación por el medio ambiente, olvidando el mandato de nuestra Constitución que exige velar por el derecho ciudadano a vivir en un ambiente sano y libre de contaminación.
La excesiva dispersión de dinero y esfuerzos, en innumerables Ministerios, Secretarías, Reparticiones y Oficinas públicas, hace cada vez más difícil coordinar esfuerzos en pro de un real mejoramiento de la calidad de vida y, a la vez, de un mejor cuidado y protección de nuestro deteriorado medio ambiente.
Creemos firmemente que una visión antropológica, mucho más ligada a la Ecología y anclada en una geografía percibida y amada como el "paisaje humano" en el que nos ha tocado vivir y donde hemos hecho "morada" permanente, se abre paso hoy con fuerza, ante la inminencia de situaciones límite a las que nos ha conducido un manejo descontrolado, irracional y a veces suicida, de nuestros recursos, sobre todo los hidrocarburos.
Esta nueva visión es la que hemos rotulado como la Eco-antropología.
Pero antes se hace necesario hacer una breve "Declaración de Principios".
¿En qué creemos nosotros?. ¿Cuáles son los principios rectores de nuestro pensamiento?. ¿Por qué levantamos hoy nuestra voz de alerta?. ¿Qué defectos o fallas percibimos en la manera de entregar hoy, a través de la educación, los conocimientos científicos?. ¿Por qué existe tal abrumadora distancia entre la ciencia de los científicos y su entrega concreta mediante la Educación?. ¿Qué provoca tan fuerte distanciamiento, a veces sideral? Y por fin, ¿cómo podemos contribuir a un diálogo más intenso y cordial entre Ciencia, Educación y Conducta concreta?.
Iniciamos este Blog con unas citas para nosotros muy iluminadoras, acerca del rol del científico educador en el mundo de hoy. En ellas hemos visto reflejado nuestro propio pensamiento. La primera, pertenece al gran escritor vasco Miguel de Unamuno. Ella retrata bien nuestro afán por dar a conocer a otros lo que la experiencia y la ciencia nos han enseñado:
"ES DETESTABLE ESA AVARICIA ESPIRITUAL QUE TIENEN LOS QUE, SABIENDO ALGO, NO PROCURAN LA TRANSMISIÓN DE ESOS CONOCIMIENTOS". (Unamuno).
Explícita queda en esta cita una reconvención a los cientìficos puros que no intentan enseñar, con lenguaje sencillo, lo que ellos han llegado a conocer y saber. El conocimiento debe ser transmitido a través de la educación. Y si no, ¿para què sirve?.
La segunda, nos la entrega un venerable escritor francés, Francois Rabelais, quien apuntaba respecto a la responsabilidad que a nosotros nos cabe como científicos:
"SCIENCE SANS CONSCIENCE N´EST QUE RUINE DE L´AME" ["La ciencia sin conciencia, no es más que ruina del alma"]; ( cit. en Jean Brun, L´Estoicisme, P.U.F. 1958).
Rabelaís apunta sagazmente aquí a algo de mucha actualidad hoy: la responsabilidad ética del científico. No se puede experimentar con cualquier cosa o de cualquier manera, inventar cualquier cosa, aplicar cualquier cosa, sin medir las consecuencias ambientales, sociales y morales de su accionar.
El científico no es un Robinson Crusoe aislado y solitario en una isla recóndita: vive en y para el servicio de la comunidad. Por eso debe tener conciencia social.
Las dos citas anteriores nos hablan de la necesidad de transmitir los conocimientos alcanzados, y de la responsabilidad ética propia del científico ("conciencia"). Ambas son pilares fundamentales del actuar del científico en el mundo en cualquier tiempo de la historia hoy màs que nunca..
Pero estos dos elementos no bastan. El genio alemán Johann Wolfgang von Goethe nos indica que algo muy importante estaría faltando aún:
ES IST NICHT GENUG ZU WISSEN, MAN MUSS AUCH ANWENDEN; ES IST NICHT GENUG ZU WOLLEN, MAN MUSS AUCH TUN". ["No basta saber, también se debe aplicar; no basta querer, también es preciso actuar (hacer)"].
Goethe apunta con toda razón a la necesidad de actuar, de obraren forma consecuente con nuestra ideas. Y aquí viene, a nuestro juicio, la gran falla de nuestro sistema educativo: la brecha entre lo que se sabe y lo que se hace, entre el grupo que detenta el conocimiento científico y el grupo que pone por obra la labor educativa (profesorado) y las políticas concretas (políticos).
Creemos que los pensamientos de estos tres autores nos señalan, en forme precisa y clara, el camino a seguir.
Un auténtico científico educador, pues, debe ser fiel a esas tres premisas básicas:
1). saber entregar una gama de conocimientos, considerados como ciertos ("científicos"), para que queden al alcance de la mayoría, mediante el uso de uin lenguaje accesible y fácil, a todos aquellos que tenemos el deber de formar, y a tantos otros que nos quieran escuchar, como nos enseña Unamuno;
2). saber ser plenamente responsables tanto ante la sociedad ("responsabilidad social") como ante la Naturaleza de la que formamos íntimamente parte ("responsabilidad ecológica"), como nos exige Rabelais.
3). saber actuar en consecuencia, llevando a los hechos mismos, es decir a la práctica ( y no solo en teoría) lo sabido y proclamado como verdadero, tal como nos propone Goethe.
Quisiéramos, a través de este Blog, ser fieles a estos tres postulados educativos básicos. Ellos serán nuestro norte. Ojalá lo logremos en alguna medida.
Con estos principios rectores in mente, abordaremos nuestra concepción de la Antropología y Arqueología hoy, en su actuar concreto en una sociedad que, aparentemente, se encamina hacia un colapso, si no cambia radicalmente su mentalidad frente al paisaje y a las miríadas de seres que en ellos han hecho su morada, como fruto de una evolución inteligente.
Necesidad de replantear los estudios en Antropología (Arqueología).
Nuestra objetivo en este Blog esderechamente replantear los estudios antropológicos de campo, en arqueología y/o antropología social, mediante un escrutinio y análisis previo, más profundo, de los recursos y elementos que ofrece el respectivo ambiente natural. Sostenemos que no pocas investigaciones de campo pecan por desconocimiento o examen superficial de los aspectos medioambientales significantes que deben considerarse a la hora de estudiar todas las manifestaciones de una determinada cultura. Porque el grupo humano crea cultura en un ambiente y territorio dado, el cual plasma al hombre así como el hombre, a su vez, lo va transformando con su presencia y con todas sus actividades de sobrevivencia.
Cómo entender el "territorio" ocupado por un grupo humano.
Este "territorio" es mucho más extenso que su mero lugar de residencia habitual o campamento base; es también toda el área que recorre buscando su alimento, persiguiendo a su caza, o recogiendo estacionalmente los frutos de la tierra, el agua de sus escasas vertientes o los elementos que necesitará para confeccionar su arsenal de caza o las cimas de cerros donde realizará su actividad cúltica o sagrada, o donde depositará a sus muertos. Para los, romanos (Varronio) "territorium" es todo el "distrito cercano a la población", de donde el grupo humano obtiene lo necesario para vivir y en donde realiza todas sus actividades culturales, sociales y económicas. Ese espacio, que el grupo considera como suyo y en el cual ejerce un dominio efectivo preferente, es "su territorio", en oposición al área de ocupación o influencia de otros grupos.
Espacios de acción que comporta un "territorio".
Así, todo grupo humano en el pasado poseyó y explotó diversos tipos de espacios: el de caza, el de recolección, el de pesca o marisqueo, el de culto o adoración, el de cantera o explotación mineral, el de ritos de pasaje o, finalmente, el de muerte y sepultura. Pero todos estos "espacios" no tienen por qué ser contiguos o colindantes entre sí y muchas veces , pueden encontrarse muy distantes unos de otros. Y la sumatoria de todos ellos, constituyen una unidad tanto mental como física para su "dueño". A medida que los grupos humanos van ocupando la tierra, se producen roces y luchas por el acceso al territorio. Hasta que se fijan, de alguna manera, por el peso de la costumbre, sus linderos.
El criterio de "sitio tipo" `para los arqueólogos: esbozo de crítica.
Siendo un territorio, por lo aquí señalado un conjunto de espacios de los que el grupo social se sirve para sus necesidades, el criterio del "sitio-tipo" de los arqueólogos del pasado parecería distorsionar gravemente esta rica diversidad tanto paisajística como ecológica o productiva, fruto de su permanente actividad en movimiento. Amenazaría con minimizar la presencia y acción de la vida cultural del hombre, máxime en el pasado remoto, anterior al sedentarismo, cuando el hombre para sobrevivir se vió urgido a visitar y explotar muy diversos nichos de vida o recursos básicos, de acuerdo a las necesidades sentidas en el momento.
Mientras más antiguo es el poblamiento, más amplio parecería ser su radio de acción, su movilidad y su capacidad migratoria, sobre todo en un habitat de recursos escasos (desierto), como es el caso del Norte de Chile, patria de etnias altamente móviles que transitaban incesantemente a través de espacios enormes.
La técnica actual de las prospecciones arqueológicas: su talón de Aquiles.
Por lo tanto, la técnica de la mera "prospección" por parte de los arqueólogos de una determinada porción de territorio contiguo (costero, de pampa interior o de altiplano), bien poco nos puede decir acerca de la real magnitud, superficie real y/o área de control de su actividad creadora de cultura, la que teóricamente puede extenderse por cientos de kilómetros en una transecta este-oeste (a través de valles o montañas) o, igualmente, en una extensa dimensión norte-sur. El concepto antiguo de "territorio" de las etnias, poco o nada tiene que ver con el actual, sujeto a fronteras estrechas y a límites arbitrarios definidos por los mapas.
La "morada" del grupo humano ancestral y el "control de diversos pisos ecológicos.
Un excelente ejemplo de lo que venimos afirmando, nos es dado por la cartografía histórica colonial y lo tenemos explicitado y confirmado en el "control de diversos pisos ecológicos" estudiado y propuesto como teoría de poblamiento, por el arqueólogo norteamericano John Murra. Esta forma de "territorio insular" o "archipiélago vertical" -como lo ha llamado el propio Murra- queda corroborado explícitamente por una copiosa documentaciòn etnohistórica de lo siglos XVI y XVII en el sur peruano (Chucuito) y Norte chileno.(Chiuchíu, San Pedro de Atacama o Tarapacá).
Necesidad de una relectura ecológica de antiguos documentos.
Se hace urgente, por lo tanto, una "relectura y reflexión arqueológica" atenta de estos testimonios antiguos de desplazamientos étnicos, que nos arrojan las "Visitas" coloniales o los certificados de Bautismo, Matrimonio o Defunción, de las antiguas parroquias católicas de los siglos XVII y XVIII.
Prospecciones y conclusiones sobre el poblamiento humano.
Esta suma de antecedentes nos harán ser sumamente cautos al momento de querer sacar conclusiones precipitadas sobre la base de "prospecciones" de segmentos predeterminados de territorio actual (costa, pampa o precordillera). Tales "prospecciones" aceleradas, de espacios físicos previamente establecidos en laboratorio, solo nos pueden arrojar fotos muy parciales y fácilmente sesgadas de una realidad que, sobre todo en el período arcaico temprano, se caracterizó por una extrema movilidad de los grupos humanos, a causa de la escasez alimentaria, la deficiente tecnología de caza o recolección, o los imperativose del climas local o regional.
Enfoque eco-antropológico y "territorio etnico".
Este enfoque eco-antropológico que aquí propiciamos, supone, de necesidad, el conocimiento íntimo y la valorización de todos los elementos que componen los diferentes paisajes geográficos o ecosistemas, parte integrante de un mismo "territorio étnico", en sus vertientes climática, geomorfológica, biogeográfica, biológica y ecológica. Tal "territorio" pasa a ser, por esencia, por así decirlo, pluri-dimensional, pluri-espacial. Y ciertamente sobrepasa lsos exiguos límites de una yacimiento determinado.
Multiplicidad de parámetros que comporta la "morada" humana.
En síntesis, examinando trabajos arqueológicos actuales, nos queda la sospecha de que algunos antropólogos no conocen o no valoran suficientemente, la multiforme diversidad de parámetros geográficos que hacen a una cultura ancestral auto-sustentable en un amplio y dilatado escenario físico natural. Por eso el firme y decidido acento en lo "ecológico" y en lo "geográfico" propio de este enfoque. Si no logramos penetrar en la geografía y biogeografía del hombre del pasado, reflejada en "mapas" de su actividad y movilidad muy diferentes a los actuales que nos ha impuesto el forzado sedentarismo urbano o pueblerino, nunca llegaremos a entender las formas de ocupación del espacio antiguo por el hombre.
Estrecha relación entre ecosistema y comunidad humana.
Además del concepto totalmente distinto de "territorio" como "morada" del hombre del pasado, que debemos aprender a manejar, la relación entre ecosistema, flora, fauna y comunidad humana es mucho más íntima de lo que se suele destacar comúnmente. En este sentido, cada brizna de informacion ambiental, cada retazo de información dada por pobladores de sitios similares (en el pasado remoto o cercano), contribuye poderosamente a enriquecer el cuadro del comportamiento humano en dicho ecosistema, arrojando un nuevo haz de luz sobre el mismo. Y, viceversa, cada aspecto ambiental que se desconoce, se omite o se conoce insuficientemente, automáticamente pasa a ser una rémora y obstáculo para la "reconstrucción" de la totalidad del medio ambiente real en que vivieron los antiguos, tal como deben realizarlo los antropólogos.
Perspectiva eco-antropológica de los grandes maestros del pasado.
Por esta misma razón, hemos intentado rescatar en este Blog el legado de antiguos maestros: geógrafos, etnólogos, antropólogos, arqueólogos o naturalistas , con o sin título universitario, del pasado reciente o más antiguos, que en sus escritos nos han mostrado en detalle el medio ambiente de su época: suelos, clima, flora, fauna en su íntima relación con el poblador humano. Ellos "han tenido ojos y oídos" para la Naturaleza y, a través de sus escritos, nos han enseñado a entenderla y "leerla" en su integridad. Ellos nos han transmitido que el hombre construye cultura sobre la base de "todo" el ambiente natural circundante, insertándose en él, utilizándolo y haciendo simbiosis con éste.
Los antiguos relatos: fotografía momentánea de la actividad humana en su paisaje geográfico.
Muy especialmente valiosos en este sentido, son los relatos de viajeros o etnógrafos del pasado que fueron testigos de la actividad creadora de cultura de los grupos altamente móviles o nómadas de su época, cuando aún seguían sus patrones antiguos de desplazamiento territorial, a través de distancias no pocas veces enormes. Cuando estos relatos nos aportan fotografías costumbristas tomadas in situ, como es el caso del geógrafo Isaiah Bowman, o pinceladas pictóricas, como nos trae Léon Pallière o Rodulfo Amando Philippi para el caso del desierto de Atacama, o el propio William Bollaert para la provincia de Iquique, el testimonio se enriquece de modo considerable, abriéndonos a panoramas culturales insospechados. Él sacerdote Martín Gusinde S.V. D., (su vida:1886-1969), en su obra Die Feuerland Indianer (1931-1939), o el misionero anglicano Lucas Bridges ( su vida: 1874-1949), en su sabroso relato: Uttermost Part of the Earth (1950) son una muestra de la capacidad descriptiva, apoyada por la fotografía en terreno, reveladoras, en ambos casos, de su amor por los indios y su percepción el paisaje circundante.
Etnología y perspectiva arqueológica: el caso de los Tehuelches.
En el caso, concreto por ejemplo, de los tehuelches o de los indios pampas de la Patagonia argentina o sur chilena, cuya extrema movilidad nos abisma hoy su increíble capacidad de desplazamiento por extensos territorios, lo que era parte normal de su vivir nomádico. ¡Cuánto tenemos que aprender todavía de la etnografía y etnología comparada nosotros los arqueólogos!. En tales grupos tenemos un pálido espejo de lo pudo ocurrir varios milenios antes, en el dilatado desierto interior o en la extensa costa árida norte chilena, cuando la vida humana trataba de sostenerse en un medio escaso en agua y en alimentos.
Geógrafos de antaño: revalorizando antiguos cronistas.
También hemos querido, en este Blog, analizar con el mismo prisma eco-cultural ciertas obras, descripciones o mapas de brillantes personajes del pasado, como es el caso de don Antonio de O´Brien, cartógrafo español del siglo XVIII. Obras que nos deslumbran hoy con su perspicacia para hacernos entrever la amplitud del paisaje cultural de su época, perceptible a través de las vías de comunicación, su geografía y su flora nativa, descritos prolijamente en sus notables "Planos", o en sus acuciosas "Descripciones".
Perspectivas históricas a-geográficas y a-ecológicas. Crítica a una historia que no es verdadera "historia".
Hemos sido acostumbrados por la mayoría de los historiadores a ver en tales "Descripciones" espejos de una realidad de época, trasunto de un modo de vida dado "aquí y ahora" (hic et nunc), resabio de una realidad política o social dada.
Es nuestra firme convicción que debemos dar un paso adicional e incorporar audazmente y sin miedos la visión del geógrafo, del biogeógrafo, del etnohistoriador, del biólogo, del antropólogo de campo. Esta es mucho más rica y cautivadora de lo que nos transmiten muchos historiadores, generalmente ávidos de mostrar "lo que realmente sucedió" y " tal como sucedió" en su momento, o, tal vez, por qué sucedió. Falta a nuestro juicio agregar el cómo sucedió, dónde sucedió y en qué circunstancias geográficas, climáticas, ambientales y ecológicas. Esto es, precisamente, lo que los historiadores casi nunca nos ofrecen. Y por ello su visión, no pocas veces, peca de manca y coja.
En suma, hace falta escudriñar, en todos sus aspectos, la pluridimensionalidad de la "morada" humana.
Falta, en consecuencia, conocer más a fondo la "morada" antigua total del poblador, su amplio y dilatado "territorio", ojalá aproximándonos, en cuanto nos sea posible, a su "percepción" de "su territorio". Tarea titánica pero no del todo imposible si aplicamos a este análisis la conjunción de variadas ciencias del hombre y del espacio. Y esta percepción que se abre a otras Ciencias, incorporando su rica visión particular y propia, suele escapar al ojo del historiador común. Que nos perdonen los historiadores, pero ésta es la percepción nuestra, venida desde otras disciplinas del conocimiento del vivir y del actuar del hombre como grupo social en el Planeta Tierra. Y estamos seguros que este proceder nos acerca mucho más al verdadero "historein", en el sentido profundo de los griegos.
Re-descubriendo antiguos observadores de la "morada" del hombre.
Por tales razones nos parece descubrir en algunos eminentes personajes del pasado (géografos, biólogos o antropólogos o simples descriptores de época o "naturalistas") un tratamiento especial que reconocemos aquí como eco-antropológico. Por ello a ellos les hemos querido dar - y creemos con sobrada razón - el rótulo de Pioneros de una Eco-antropología.
(retocado el 07/08/2008 y el 08/08 2008; última revisión entre el o7 /o2/2009 y el 14/02/2009).
Luis E. Peña Guzmán: entomólogo, sabio educador de juventudes
Lucho en su estudio en Colina
Bente Bittmann von Helleufer (1929-1997)
Hacia 1980, en sus años dorados de Cobija
Aqui estan todo lo que hemos Posteado, Archivos, Entradas
El autor junto a un mini-captador de agua de niebla
A los 1170 m de altitud, en el extremo Weste del tillandsial de Cº Guanaco
Con mi amigo Raúl Maytas y su esposa, frente a su casita en Huarasiña, 15/07/2009
Un rato de descanso
Valle de Tarapacá, sitio batalla en Guerra del Pacífico, 15 Julio 2009
Con mi ayudante antropólogo Cristian Riffo en el Salar del Huasco.
Observando un posible hito minero dentro de la propiedad de la familia aymara de apellido Lucas. Visita del mes de noviembre 2010.
Casa-Estación, Alto Patache
A partir de 1999, Centro de Operaciones de las investigaciones sobre neblinas costeras
Seguidores
Visita de personeros de la CONAMA regional, 2009.
Junto a la casa-estacion de Alto Patache.
Mi amigo antropólogo, inspirador de este Blog
Gonzalo Garcés, inspirado defensor de los derechos indígenas fue el primero que nos indujo a construir el Blog para la difusión de nuestros escritos y reflexiones en 2006. Siempre estarás presente en nuestro recuerdo. Hoy impávido defensor de la tierra mapuche.