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viernes, 25 de noviembre de 2016

Primeras observaciones arqueológicas en el oasis de niebla de Alto Patache, a 75 km al sur de la ciudad de Iquique: Abril de 1997.


El descubrimiento  del oasis de niebla de Alto Patache  (1997).

He creído necesario estampar aquí y recordar las primeras impresiones que experimenté al llegar, por vez primera, el 11 de Abril del año l997 (hace ya casi 20 años) al oasis de niebla de Alto Patache, a 75 km al sur de la ciudad de Iquique. Afortunadamente, conservo  mis notas del Diario de Campo de esas fechas, lo que me permite recrear, con gran detalle,  ese momento para mí histórico y crucial. Porque aquel lugar notable de captación de agua de la niebla, fue para nosotros un  inagotable y multiforme laboratorio de investigación, a donde seguiríamos subiendo a realizar observaciones de todo tipo, por espacio de  casi 20 años. La profusión de artefactos arqueológicos, atrajo de inmediato, ya en nuestra primera visita,  nuestra atención preferente.

Fig. 1.   Grato recuerdo de nuestra primera visita al oasis de niebla de Alto Patache el 11/04/1997. Pablo Osses, geógrafo, adelante; atrás,  Pilar Cereceda.  Sector de la planicie elevada  que denominamos  "la pampa del taller lítico". Ambos geógrafos observan el suelo  lleno de lascas de sílex y basalto, conchas marinas y  fragmentos de hueso animal, testimonios evidentes de una intensa ocupación humana. El área blanquecina  del terreno se caracteriza por presentar infinidad de conchas vacías del pequeño caracol terrestre Bostrix derelictus broderipi.  Aquí ambos geógrafos Pilar y Pablo, del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile, recorren, maravillados, la superficie del taller lítico. (Foto H. Larraín   11/04/1997).

 Fig.1.   Esta imagen nos  muestra  el estado exacto, intocado,  en que fue encontrado el primer revolcadero de guanacos observado en el contorno del oasis de niebla. Dista escasos metros de la huella que  sirve a la mantención de las líneas eléctricas de alta tensión. Al centro, donde se alcanza a ver  la escala métrica de  un metro, se puede distinguir  la depresión del  revolcadero donde hallamos ese día varios instrumentos líticos rotos y muchas lascas de sílex a su derredor. La depresión mide exactamente 2,40 m de diámetro y es prácticamente circular  (escala: 1 metro).  Su profundidad máxima bordea los  15-18 cm. El relato de nuestro Diario de Campo  (Vol. 58, pág. 80-81)  señala que en su contorno inmediato hallamos 48 lascas de sílex y 3 de cristal de roca transparente; ninguna de basalto. En esta foto, aparecen Johanna Chaparro y José Bustamante, por entonces  alumnos míos de la carrera de Sociología de la Universidad Arturo Prat de Iquique.  Por el costado Este del revolcadero, pasa  un bien marcado sendero de guanacos que  viene desde el borde del acantilado y se pierde en la lejanía, hacia el Norte, en dirección a caleta Cáñamo.  (Foto H. Larrain en nuestra segunda visita al oasis de niebla el 17 de Mayo 1997).


Fig. 2.   Tomando un ligero refrigerio  en la zona del taller lítico. De  izquierda a derecha, Horacio Larrain, Marta Peña y Johanna Chaparro.  Aquí el acantilado y  el  borde costero quedan exactamente hacia  la izquierda de la imagen (Foto  José Bustamante, 17/05/1997).

Nuestro Diario de Campo apunta que ese día se realizó con ambos estudiantes, una prospección rápida del taller lítico, midiéndolo mediante pasos   (1 paso = 0.80 m.) . Se constató una extensión  E-W de unos 56 m. y una extensión  N-S de  65,5 m.   Superficie total así calculada: 3.668 m2.  Se consideró solamente la zona de mayor concentración de lascas y conchas marinas, pues estos materiales también  se encuentran dispersos, aunque en mucho  menor número,  en una superficie mucho mayor y en distintos lugares del oasis de niebla. El área de máxima concentración de elementos culturales lascas y objetos arqueológicos coincide bastante bien con el área de dispersión de las conchas vacías del gastrópodo terrestre  Bostrix derelictus (Diario H. Larrain, vol. 58: 80-81).

Interés  por estudiar los oasis de niebla.

Se observa hoy un interés creciente por parte de geógrafos,  biólogos, ecólogos y arqueólogos por conocer más a fondo estos ecosistemas que en el pasado, fueron de vital importancia para los primitivos pobladores de la costa árida del extremo norte de Chile. Porque sus recursos -máxime en años del "Fenómeno de El Niño"-  constituyeron en el pasado un aporte fundamental a la dieta de los cazadores-recolectores marinos. En efecto, los oasis de niebla, alimentados por las densas camanchacas,  han suministrado en el pasado  a las poblaciones costeras  abundante alimento  tanto en proteínas  y grasas (carne animal) como en hidratos de carbono (vegetales). La presencia de vegetación nativa en esta costa desértica, transforma el desierto absoluto, en determinados períodos de tiempo, en vergeles de vegetación que atraían irresistiblemente a  pequeñas  manadas de guanacos, las que merodeaban, por algunos meses en la zona. Los trabajos arqueológicos realizados  en la costa cercana, han dejado en evidencia la presencia de restos de vegetales, semillas y bulbos, procedentes de estos oasis de niebla.  (Cfr. Sanhueza et al,  Olmos et al.,  Moragas et al.).

Ecosistema  casi desconocido para los arqueólogos.

En las décadas pasadas,  rara vez los arqueólogos se dieron cuenta cabal de la importancia crucial que tenían estos ecosistemas, para la supervivencia de los grupos seminómades de la costa norte chilena. Más bien los consideraron casi siempre como lugares de recursos "eventuales", cuyas trazas descubrían en sus yacimientos costeros  (bulbos). La razón es obvia: no se había realizado, por entonces estudios biogeográficos  y bioclimáticos serios de estos ecosistemas costeros,  cuya real importancia por entonces  se desconocía.  Fuera del caso peculiar de Fray Jorge en la IV Región de Chile, (Coordenadas geográficas 30º 40´ 00´´ Sur y 71º 40´00´´ W  en la provincia del Limarí), donde se había practicado mediciones  sistemáticas con un instrumento Grunow ya en las décadas del 50 y del 60 del pasado siglo, no existían estudios de la potencialidad de la niebla para producir  agua in situ  y para alimentar numerosas especies vegetales, varias de ellas comestibles para el hombre.   Tal vez la única persona que  se refirió con cierta mayor profundidad a este tema, dándole un particular énfasis, fue la arqueóloga danesa Bente Bittmann,  en sus estudios sobre el poblamiento humano de Cobija, en la II  Región de Chile. En los cerros altos que miran a Cobija, de hecho, se verifica, igualmente, el fenómeno de la condensación del agua de la niebla, formándose in situ un pequeño oasis  de niebla.  Algunas referencias históricas apuntaban ya claramente a la utilización de estos sistemas de "lomas" (como se las denomina en el Perú) por parte de animales  tanto silvestres como domésticos ( burros, mulas).   Es el caso particular de la descripción  de Cobija y su entorno hecha por el marino irlandés  Francis O´Connor en 1825,  comisionado por el mariscal Sucre, lugarteniente de Bolívar, para buscar y habilitar, en el litoral desértico,  un puerto apropiado para la naciente república de  Bolivia. (Cfr.  Francis Burdett O´Connor, "Reconocimiento del litoral de Atacama en 1826",  Revista Chilena de Historia y Geografía,  Santiago de Chile, Año  LVIII (62):   267-285).

Imágenes  de sitios arqueológicos en el seno del oasis.

Nos proponemos en este capítulo del blog mostrar algunas imágenes de los sitios que nos parecieron, primo visu, de mayor relevancia científica, tal como aparecieron, a primera vista, en nuestras primeras visitas al lugar.  Iniciamos esta revisión con el sector alto, situado entre los  750 y los 850 m s.n.m,  área que hemos denominado "Alto Patache" por encontrarse este oasis de nubes exactamente en los cerros altos de la "Punta Patache", según la denominación usual de la cartografía del Instituto Geográfico Militar de Chile.


Alto y Bajo Patache:  un mismo territorio social.

 En los sectores bajos, correspondientes a la terraza marina, entre los  40 y 120 m de altitud s.n.m., se halla  el área de "Bajo Patache", denominación que hemos dado a otro conjunto de sitios,  de residencia o alimentación,  ocupados durante milenios por las mismas bandas de cazadores-recolectores costeros, antecesores de los changos históricos. Sobre "Bajo Patache" y sus sitios arqueológicos, presentaremos otro capítulo de este Blog en las semanas que vienen.  Aunque reciban denominaciones distintas (AP y BP, respectivamente),  no puede dudarse de que forman parte de un mismo sistema tanto ecológico como socio-cultural y ocupacional. En otras palabras, las mismas bandas u hordas humanas utilizaban, simultáneamente, ambos lugares geográficos que conforman así una única unidad  social y económica.  Ambos sectores  (Alto y Bajo) son, pues,  parte integrante de un mismo territorio étnico y de un mismo grupo humano: los cazadores-recolectores costeros antiguos. Solo por razones didácticas y de espacio, hemos preferido aquí separar y aislar ambos sistemas, pero tenemos plena conciencia de  que constituyen una unidad cultural indisoluble de estudio.

Signo claros de la presencia y actividad humana prehistórica e histórica.

En términos generales, diremos primeramente que todo el sector alto situado sobre "Punta Patache", bañado por las nubes,  muestra diversos signos inequívocos de la  presencia y actividad humana prehistórica e histórica. Estos "signos" se manifiestan  en: a) acumulamientos intencionales de piedras grandes, que sirvieron  como "parapetos de caza" para la cacería del guanaco  in situ; b)  la presencia de talleres líticos, donde se fabricó instrumentos de caza terrestre y marina; c) la presencia de un lugar de muy alta concentración cerámica (fragmentada), correspondiente a  grandes contenedores de agua, lugar que hemos interpretado desde los inicios como un sitio específico de captación de agua  de la niebla, por la presencia de enormes rocas con caras expuestas al oeste. Lo explicaremos  más adelante en detalle al mostrar la imagen respectiva; d) la presencia de fogones y de sitios de destasamiento de animales (profusión de fragmentos de huesos intencionalmente quebrados);  e) la existencia de senderos de comunicación entre la parte alta y  el sector bajo de los campamentos de base  (entre los  40 y 100 m  de altitud snm.); f) la existencia de ciertos acumulamientos de piedras, aparentemente señalizadores de alguna "presencia", los que interpretamos tentativamente como posibles tumbas humanas  (enterramientos simples) y, por fin, g)  el hallazgo, en distintos lugares del oasis, de numerosos artefactos líticos  (enteros o fragmentados), claramente orientados hacia la caza animal (terrestre o marina) y su aprovechamiento. Estos artefactos hallados son tanto puntas de proyectil, como raspadores,  cuchillos, percutores, buriles o lascas  cortantes. Objetos todos claramente orientados hacia la caza animal y su utilización in situ.

Pruebas de la presencia de animales de caza.

Otra prueba tangible de la  frecuente práctica de la  caza animal  in situ, ha sido el hallazgo nuestro de numerosos defecaderos o bosteaderos de guanacos, de sus  revolcaderos y de un sinnúmero de senderos que cruzan en todas direcciones y que  bajan en forma visible hasta  los 100 m de altitud s.n.m.  Somos de opinión - tal como lo pudimos observar  personalmente en las alturas del macizo de Cerro Moreno (Antofagasta) en agosto de 1964- de que los guanacos, en pequeñas manadas, venían aquí a ramonear la cubierta vegetacional creada por el influjo de la camanchaca o neblina costera, entre los meses de mayo y diciembre, meses en que la neblina arrecia en el lugar  y produce el crecimiento y desarrollo de la vegetación autóctona.

Transhumancia  de cazadores-recolectores.

 Por consiguiente, opinamos que  no habría habido aquí una presencia continua de este animal en el área costera, sino  que solo aparecería por algunos meses, mientras hallaba allí el alimento fresco que le ofrecía el oasis verde. En otras palabras, su presencia era solo transhumante, viniendo las manadas desde las quebradas del interior, atravesando la pampa del Tamarugal  donde podían hallar también agua y alimento. Creemos, por consiguiente, que el guanaco no tuvo aquí un habitat continuo, sino solamente temporal. Al menos no en los últimos  5.000-6.000 años. Diferente pudo ser el caso durante el período pluvial más antiguo  (8.000-10.000 A.P.), cuando  el paisaje  se habría teñido de verde  todo el año. Pero no tenemos aún  pruebas claras de ello.  Hoy el guanaco ya no visita estos oasis de niebla como antaño, refugiándose en su habitat situado entre los   3.000 y 4.000 m de altitud, aprovechando las lluvias  de verano que crean un manto vegetacional. Tenemos la sospecha que las últimas visitas  de este animal a nuestro oasis, en pequeñas manadas o tropillas de 3-5 animales, debió ocurrir  hacia la década del 30-40  del pasado siglo, cuando las carreteras asfaltadas no ponían aún un obstáculo insalvable a su cruce  hacia  y desde el litoral.

 Imágenes de sitios particulares del oasis de niebla de  Alto Patache.


Los  parapetos de caza.

Fig. 3.  Sitio AP-1.   Sector sur del oasis, cerca de la  Estación Meteorológica.  Altitud s.n.m:    850 m,  Coordenadas UTM:  380429 / 7696783.  Claramente, este amontonamiento artificial  supuso la tarea de acarrear  piedras de la vecindad para formar este paradero de caza, escondite de los cazadores que aquí espiaban a sus presas.  Se halla justamente en el entrecruce de senderos de guanacos. (Foto H. Larrain,  12/112/2016).  

Fig. 4.  Sitio AP-1. (Alto Patache-2).  El mismo paradero,  en la cima del cordón de cerros,  bajo los efectos de la niebla rasante.  Está formado por  rocas del lugar, pero acumuladas aquí ex professo.  (Foto H. Larrain  12/11/2016).
Fig. 5.   Sitio AP-2 (Alto Patache-2).  Se encuentra en el sector NE de la Concesión  de Bienes Nacionales hecha a la Universidad Católica de Chile. Se ven dos o tres grandes rocas a las que se ha agregado otras menores. No se ha observado aquí  elementos culturales in situ. Paso obligado de un sendero de guanacos. Coordenadas UTM: 379976 /  7697369. Altitud snm.:  843 m.  (Foto H. Larrain  12/11/2016). 

Fig. 6.  El mismo sitio anterior.  Se halla en la cima de un cordón N-S. Al fondo, arriba,  se divisan en medio de la niebla los dos atrapanieblas que hoy alimentan  la Nueva Estación de Campo. (Foto H. Larrain  12/11/2016).


Fig. 7.   Sitio AP-3 (Alto Patache-3).  Sector que hemos llamado "Aguada". Enormes rocas expuestas directamente al Weste, literalmente cubiertas de líquenes. En su base y  su contorno inmediato, se halló el año 1997 una enorme concentración de fragmentos de cerámica común (ollas y platos), muchas de ellas correspondientes a  grandes vasijas para contener agua.  Es el lugar  de máxima concentración de cerámica en todo el oasis.  Nuestra hipótesis actual es que aquí los antiguos residentes  obtuvieron de la niebla rasante agua de beber. Creemos que aquí extendieron y fijaron mediante cuerdas  a la roca,  grandes cueros (de guanaco o de lobo marino), cuyo pelambre habría actuado como captador  y condensador de la humedad  de la neblina.  Coordenadas UTM: 379570 / 7696655. Altitud s.n.m.: 748 m. (Foto Nicolás Zanetta,  12/11/2016).



Fig. 8. Sitio  AP-3. La misma superficie de la roca, cubierta hoy  de líquenes. Alcanza un alto de unos 3.80 m. sobre el suelo. En su base, se alcanza a distinguir un pequeño ruedo de piedras, en círculo, que, aparentemente, permitía acomodar allí las vasijas grandes para recibir el agua que destilaba por los cueros peludos. Es dable imaginar  que la parte inferior del cuero tuvo un doblez que fungía como canaleta inclinada para  hacer deslizar  las gotas de agua al recipiente. No de otra manera nos explicamos hoy la enorme concentración de cerámica  junto a estas enormes rocas verticales, de superficie  plana.  En este lugar  se instaló durante meses un pequeño atrapanieblas de prueba, de  1 m2 de superficie de malla raschel, el que  cosechó una media de  5 litros/m2 de agua condensada. (Foto Nicolás Zanetta,  12/11/2016).


Fig. 9. Concentración de fragmentos de cerámica común de tipo culinario  en el sitio AP-3, dispersos en enorme número en torno a las rocas de la "Aguada". (Foto Nicolás Zanetta,  12/11/2016).


Fig. 10.  Sitio AP-3 o sitio "Aguada". Base de gran ceramio para contener agua. Hallado a pocos metros de la roca vertical citada en Figs. 7 y 8 de este capítulo. (Foto Nicolás Zanetta,  12/11/2016).

Sitio AP-4.  Área pequeña de  aparente sepultación o enterramiento  humano.


Fig.  11.  Sitio AP-4.  Nos llamó mucho la atención este lugar, donde  claramente se intentó aislar y distinguir el sitio de la profusa y desordenada concentración de pedruzcos y clastos angulosos de la ladera,  fruto tal vez de una antigua erupción volcánica local. Se nota de inmediato la presencia de pequeños agrupamientos de piedras (cada uno provisto de no más de 10-15 piedras en total) y separados unos de otros  por   2-3 m lineales  de espacio vacío. Hay cerámica y bastantes restos de conchas  de moluscos marinos en torno a estos "señalamientos". Las conchas parecen ser muy antiguas y se hallan muy erosionadas. Coordenadas UTM:  379502 / 7696887. Altitud s.n.m.:  767 m.   (Foto H. Larrain, 12/11/2016).

 Fiug. 12.  Sitio AP-4.   Unos conjuntos de piedras,  separadas del resto. Resulta obvio que por alguna razón particular se quiso aquí distinguir y separar  estos "señalamientos" del resto informe del terreno circundante, literalmente  cubierto de clastos. Tenemos la vehemente sospecha de que se trata de entierros humanos individuales. En el futuro, habrá que excavar aquí para confirmar o  desechar esta hipótesis. El señalar entierros con pequeños acumulamientos de piedras, sea en forma de "montículos"  o agrupamientos de piedra,  o de pequeños "pavimentos" de trozos de roca planos,  fue una práctica funeraria común en nuestra costa desértica.  Con este antecedente,  acudimos hoy  a esta hipótesis provisoria,  que habrá que probar algún día. En todo caso,  aún cuando no se tratara de entierros, queda vivo  el interrogante acerca de por qué se dejó aquí tanto cerámica como  restos de comida  en forma de conchas marinas  ((¿comida ritual fúnebre, tal vez?).  (Foto H. Larrain, 12/11/2016).

 Fig. 12.  Obsérvese la diferencia notoria entre estas concentraciones  de rocas pequeñas (donde dejamos la escala)  y el resto  de la enorme cubierta  continua de clastos angulosos que se puede ver hacia  la derecha (arriba) de la foto. (Foto H. Larrain, 12/11/2016).


Fig. 13.  Nuestro compañero  Pedro Lázaro Boeri,  tomando en el GPS la referencia topográfica exacta del sitio que hemos denominado AP-4, de probables enterratorios humanos. Coordenadas UTM: 379502 / 7686887 con una  altitud s.n.m. de 767 m. (Foto H. Larrain,  12/11/2016).


Fig. 14.   Nuestro sitio AP-5 corresponde al área del extenso taller lítico descrito más arriba. Es un área de alta concentración de lascas, instrumentos líticos fragmentados , conchas marinas y huesos animales  que alcanza una superficie total aproximada de  3.668 m2, considerando el área de mayor concentración de elementos culturales  y eco-culturales. (Foto H. Larrain  12/11/2016).


Fig. 15. Sitio del taller lítico o sitio AP-5  en la primera visita al lugar, efectuada en abril del año 1997.  Coordenadas UTM:  379668 / 7696910,  altitud s.n.m:  771 m.  (Foto H. Larrain, 11/04/1997).

 Fig. 16.    Vista desde  el borde del acantilado hacia  la terraza litoral y el mar.  La carretera panamericana N-S atraviesa la terraza marina, en un gran trazo rectilíneo. Hacia la derecha, arriba, se distingue nítidamente el morro costero llamado "Pabellón de Pica",  por su forma de carpa o toldo ("pabellón" para los españoles), donde se explotó el guano fósil de aves marinas. Llamado así porque eran los indígenas de Pica los que preferentemente, durante el período colonial,  venían a cargar guano fósil para abonar sus chacras. (Foto H. Larrain, 11/04/1997).


Fig. 17.  Un pequeño atrapanieblas  de  1 m2 de superficie de malla raschel, usado como instrumento de medición comparativo. Nuestro colega Pedro Lázaro examina el dispositivo de captación automático que permite medir la cantidad de agua producida por el instrumento. (Foto H. Larrain, 11/04/1997).


Fig. 18.   Captadores de agua atmosférica instalados en la proximidad  que abastecen hoy de agua potable  la moderna estación de campo en el oasis de Alto Patache  (Foto H. Larrain, 11/04/2016).


 Nuestros trabajos en este oasis a partir de 1997.

Los trabajos en la zona, con geógrafos del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a partir del año 1997,  fueron orientados  a  estudiar  y aquilatar la potencialidad de la nube rasante estrato-cúmulo, portadora de humedad, para producir agua potable, como también  a examinar y registrar el bioma tanto vegetal como animal presente en dicho nicho ecológico. En nuestra primera expedición, por lo tanto, estuvimos acompañados por  los geógrafos Pilar Cereceda  y Pablo Osses, ambos del citado Instituto. Buscábamos un sitio cercano a Iquique donde poder proseguir nuestras experiencias con el agua extraída de la niebla, tal como lo habíamos hecho exitosamente,  entre l980 y 1984, en el sitio  "El Tofo",  en los cerros del cordón Sarcos, en la costa de la  IV Región de Chile,  donde se había podido constatar la presencia casi permanente de la niebla, con cuya agua se logró abastecer abundantemente, por espacio de cuatro años, la caleta de pescadores de Chungungo.

Cómo llegamos a explorar este oasis.

Deseábamos saber si lo mismo se podría lograr en el oasis de niebla de Alto Patache, varios grados geográficos al N de El Tofo.  El inicio mismo de esta experiencia fue por demás bastante  anecdótico. Porque  casualmente el biólogo Walter Sielfeld, de la Universidad Arturo Prat,  nos había aportado gentilmente  la referencia de que en dicho lugar sería posible  hallar especies  nuevas y desconocidas de insectos. Como  uno de nosotros (Horacio Larrain)  era, además de antropólogo, un novel y entusiasta entomólogo,  esta visita a Alto Patache coincidía bien con los estudios climáticos que el Instituto de Geografía de la Universidad Católica estaba proyectando realizar  en la Pampa del Tamarugal.  Llegábamos, además, al lugar, sin darnos cuenta de ello, en el inicio mismo de un potente "Fenómeno de El Niño", el  que se descargó con potentes lluvias a partir del mes de agosto de dicho año 1997.

La primera llegada este lugar de camanchaca costera: orígenes de nuestro  trabajo in situ.

Copio aquí,  ad litteram, párrafos de mi Cuaderno de Campo escrito en aquellos días, inmediatamente después de la primera visita efectuada en abril del año  1997 (Volumen 58, página 20 y siguientes). Nos parece de interés reseñar y destacar aquí  qué elementos arqueológicos y ecológicos llamaron entonces poderosamente nuestra atención al echar el primer vistazo al lugar. Para su mejor comprensión, agregaremos, entre paréntesis, notas aclaratorias mías actuales.

"Tomamos la huella que sigue  (el) trazado de las antenas (1). Llegamos a una caseta con paneles solares y antena (2). Seguimos... 12.10 hrs., 800 m de altitud.  Muy cerca,  hacia el SW divisamos una hoyada u hondonada que protege en su borde W de los vientos del SW. estamos en un enorme taller lítico, con gran profusión de lascas de sílex de los más variados colores y algo de basalto (un 5% o menos de total) (3). Esta hoyada tiene algunas escasas conchas de locos y lapas  (4). No presenta grandes piedras,  solo cerámica que la Marta recoge cuidadosamente  (5). Muchas lascas. Coordenadas: 20º 49´23´´   y  70º 09´ 22´´ Altitud (snm.) 770-780 m.

No se observa cerámica decorada. pero sí aparecen trozos de bordes de vasijas (6). Se recogen. Parece observarse una depresión (¿revolcadero de guanacos?) (7). Esta hoyada presenta miles y miles de conchas vacías de un caracolito terrestre pequeño: Bulimulus sp? (8). Jamás me había tocado ver tal abundancia. Se podría recoger 5.000 (conchas) en poco rato. Estamos a pocos metros del acantilado (costero) (9). Estamos en un portezuelo  (10). Es su borde. Sobre el acantilado, vegetación arbustiva aparentemente seca (11). Mucho líquen en las rocas expuestas, en el borde del Acantilado. Aquí, a 800 m de altitud en el borde del Acantilado  recogí dos fragmentos de puntas de proyectil entre infinitas lascas, (y) un pequeño percutor en andesita de playa  (12). En el borde del Acantilado, se ve Pingo-pingo (Ephedra breana) y otras especies muy deterioradas  (13). ¿Están muertas o viven sus troncos y raíces? (14). El Portezuelo mira  directamente al SW. Ahora  (hay) aquí viento débil:  2m /seg. (15)Se dibuja aquí, en el cuaderno de Diario,  los dos trozos de puntas halladas (Ver Fig. 19).

Objetos hallados:

Fig.  19.  Los tres primeros instrumentos  líticos hallados en el sector  del acantilado, al W. del taller lítico principal, en nuestra primera visita del  4 de abril del año 1997.  (Tomado de una página del Diario de Campo de H. Larrain,. Vol. 58, pág. 22)

Prosigue el relato.

Dispusimos de solo unos 15-18 m(inutos) para la inspección ocular. Vimos varias (pocas) lascas de basalto  (15). Pero el 95%  es de sílex. Pensamos con la Marta volver con los alumnos ayudantes, para hacer una visita exhaustiva del taller lítico y vecindades, y colectar todo el material de instrumentos  (16). Observé la flora, junto a los roqueríos del Acantilado y en rocas en descenso. Entre las oquedades de las rocas, prosperan algunas plantas arbustivas vivas, pero agónicas. Esperan la humedad de la Primavera..." (17)(siguen 13 líneas, omitidas aquí, de descripción de especies de Tenebriónidos (Insecta, Coleoptera) observados in situ, bajo piedras, pg. 23).

Rastros de guanacos.

Se observó arriba, en torno al Acantilado y cerros vecinos huellas de paso (senderos) de guanacos  (18). No hallamos guano (19). Las huellas bastante borradas, se ven antiguas  (20). Las hay junto al acantilado mismo y descendiendo paralelamente a éste, sin duda  buscando la vegetación de Ephedra, Nolana y otras especies secas (21).  Regresamos por la huella  de las torres de alta tensión. Empalmamos con la carretera que va a la mina de sal de Patillos..." (Diario de Campo de  H. Larrain, vol.  58 :20-23).

Notas nuestras actuales al texto de nuestro relato del "Diario de Campo" del año 1997.

(1)   Se trata del camino construido por la empresa  para asistir y mantener  la línea de torres de alta tensión que conducen la electricidad desde el puerto de Patillos (donde es producida por una central eléctrica a carbón, la Central ENDESA) hasta la Mine de cobre de Collahuasi. Esta huella fue construida en  1996, y fue habilitada pocos meses antes de nuestra primera visita. Sin esta huella, nos hubiera sido prácticamente imposible visitar el lugar de referencia y realizar las experiencias de captación de agua.

(2)   Es una instalación de control meteorológico perteneciente a la Cia Minera Collahuasi, que hoy se encuentra  en casi total abandono.

(3)   Las "lascas"   (en inglés flakes, en alemán  Steinsplitter) son  un producto  (como las virutas)  de desecho, fruto del trabajo de talla de los artefactos de piedra. En el caso presente, se trata de las  esquirlas o virutas de sílex, tipo de roca especialmente apta para la confección de instrumentos cortantes por parte del hombre antiguo.  Tanto el sílex como el basalto, se dejan tallar con cierta facilidad, mediante certeros golpes (por percusión con otra piedra dura)  hasta dar la forma deseada (cuchillo, raspador, punta de proyectil,  arpón, etc.).La presencia de infinidad de lascas o esquirlas en un determinado lugar, nos está indicando, sin duda alguna posible, la gran actividad de talla desarrollada aquí por los antiguos cazadores-recolectores marinos  que subían a este lugar  desde la playa  vecina. En este taller lítico, situado a los  770 m s.n.m., la gran mayoría del material de descarte, fruto del trabajo de confección de instrumentos,  procede de un tipo de roca llamada  sílex, que presenta los más variados colores, desde el blanco casi transparente,  hasta el café oscuro o pardo, casi negro. Su superficie es siempre brillante, brillo que no desaparece  a pesar del tiempo transcurrido desde el corte.  

(4)   Una observación posterior más cuidadosa permitió hallar  diferentes especies de  productos del mar, de los que se alimentó aquí, a manera de  cocaví, el hombre del pasado. Así, hemos hallado, además de locos y lapas, chitones o apretadores, bivalvos de varias especies, señoritas,  choros zapatos, choritos y hasta  erizos  y  pulpos secos.

(5)   Con excepción del sitio que hemos denominado "la Aguada", donde  se halló - y aún se halla- un enorme número de fragmentos de cerámica  -sitio al que nos referiremos después en detalle-,  había en general escasa cerámica en la parte alta del oasis (que hemos llamado Alto Patache), si la comparamos con otras evidencias de ocupación humana primitiva (objetos líticos).  La explicación no nos parece difícil: éste era un sitio de caza y de recolección eventual de vegetales y bulbos, y no un sitio de vivienda permanente. Aquí no hubo propiamente viviendas, las que aparecen, en cambio, en los sectores bajos, que hemos denominado "Bajo Patache",  en la terraza marina entre los  50-100 de altitud o  cercanos de ésta.

(6)  Por la observación atenta del tipo de borde de los fragmentos cerámicos hallados, deducimos fácilmente que se trataba, por lo general, de ollas para contener agua o productos semi líquidos. No se ha hecho todavía un estudio del variado material cerámico hallado in situ en este oasis de niebla.  En la "Colección Larrain" que recientemente  (mediados de 2016) ha quedado depositada en el Museo Regional de Antofagasta, hay numerosas piezas fragmentadas de cerámica, para su estudio futuro, con indicación precisa de su lugar de hallazgo.  Y, en el terreno mismo, máxime en el sector de "La Aguada", hay centenares, tal vez miles, de  fragmentos cerámicos del tipo señalado (ollas y platos extendidos). Muy excepcionalmente, se halló, en este mismo lugar, algunos escasos trozos de cerámica decorada del tipo de "Las Culturas de Arica" (al parecer, Pocoma y San Miguel).

(7)  En el contorno del oasis de niebla, en los sectores altos, se detectó la presencia de varios revolcaderos de guanacos. Son depresiones  de forma aproximadamente circular, de poca profundidad  (máxime  20-25 cm en su parte media), hoy  rellenas de arenas muy finas da arrastre eólico posterior, donde el animal gustaba revolcarse. Es ésta una innata costumbre suya,  sea para liberarse de parásitos, sea por otras razones ecológicas que no entendemos bien aún. Los sitios aptos para  esta función se hallan en lugares blandos, en arena o chusca fina, donde  el peso mismo del animal al agitarse y revolcarse, va acentuando la depresión de tipo circular. Invariablemente, estos revolcaderos (Wollowing places, en inglés)  se hallan contiguos a senderos por donde transitan siempre.  También sus defecaderos (también llamados bosteaderos o guaneras),  se ubican en los mismos parajes, siempre al lado de sus senderos. Todos los camélidos americanos  (llamas. guanacos y vicuñas), al desplazarse,  tienen la costumbre de  utilizar siempre los mismos senderos y los mismos bosteaderos, razón por la cual éstos se han conservado bastante bien, a pesar del tiempo transcurrido.

(8)  Este caracol  terrestre  es Bostrix derelictus broderipi. Hemos enviado especímenes en el pasado al especialista, el  Dr. Claudio Valdovinos  de la Universidad de Concepción, quien tuvo la gentileza de  clasificarlos para nosotros.  Nunca pudimos hallar en los 17 años de nuestro continuo ascender al oasis, algún ejemplar vivo  de esta especie; solo sus conchas vacías. Sin embargo,  muy recientemente, en  el mes de Agosto 2016, el  actual encargado del predio de Alto Patache, el geógrafo Nicolás Zanetta, tuvo la gran fortuna de hallar y fotografiar un caracol vivo de esta especie. Su concha es totalmente blanca, sin diseños coloreados visibles, y alcanza un tamaño máximo de 2,2-2,3 cm de longitud.  Existe una segunda especie de caracol terrestre en el oasis, que generalmente se halla en el sector del acantilado rocoso y que se denomina científicamente  Plectostylus broderipi. Es más voluminoso  y corpulento, pero  de concha más frágil, (de menor espesor de paredes),  y presenta un hermoso  diseño en diversos tonos de café claro, inconfundible.

(9)  El acantilado presenta un talud que cae abruptamente hacia  la costa, con inclinaciones  fuertes de 30º-35º y a veces más. Presenta aquí algunos potentes sectores rocosos, provistos de enormes rocas. Otros sectores se caracterizan por ser derrubios,   constituidos por materiales rocosos (clastos),  muy fragmentados, que han caído ladera abajo. También hay sectores francamente arenosos y aún arcillosos, de colores rojizos,  que tiñen de variados colores el paraje  observable en los cerros, desde la línea de costa.

(10)  La parte más alta del acantilado, en el contorno de este oasis de niebla, presenta algunas cumbres de cerros,  alcanzando un máximo de  850-860 m de altitud s.n.m. Sus alturas fluctúan, por tanto, entre los 770 m  y los 860 m snm. Entremedio de estas cumbres,  se abren amplios "portezuelos" con vista al mar,  de los que hay varios en el transcurso N-S de este  oasis de niebla. Estos "portezuelos" los hemos bautizado como pequeñas "pampas". Los "portezuelos" desempeñan un rol importante en la  captación de la niebla, pues se ha demostrado que el flujo del viento, al transitar por ellos es mayor  y adquiere, además,  mayor velocidad que en otros sectores del acantilado donde encuentra más obstáculos en su carrera tierra adentro.

(11)  En efecto, observaciones posteriores han detectado que gran parte de los arbustos perennes aquí presentes, constituidos casi únicamente por Lycium leiostemum y Ephedra breana  están hoy muertos. Escasos ejemplares de  la cactácea  columnar  Eulychnia iquiquensis  sobreviven a duras penas. No se registran, en todo este oasis, en un extenso trayecto N-S de unos 7-8 km,  más de 5 ó 6 ejemplares sobrevivientes. La  persistente labor extractiva del hombre costero, tanto antiguo como reciente, que lo recogía como útil combustible, ha sido  -a lo que creemos nosotros- la principal causa de su  quasi extinción total in situ.  Tenemos claros testimonios de su extracción masiva por pescadores de la zona de Chanabaya  en las décadas 1940-60 del pasado siglo. (Agustina Guacante, com. pers. 2006).  Esta labor extractiva viene de muy antigua data, como lo comprueba la aparición de trozos de la cactácea Eulychnia sp, en tumbas de la costa, como lo hemos comprobado personalmente.

(12)   Vea Figura 1.   Todos los artefactos hallados en el contexto de este oasis de niebla (Alto y Bajo Patache) se encuentran hoy depositados en la "Colección Larrain", en el Museo Regional de Antofagasta.

(13)   Alguno que otro espécimen  del arbusto Ophryosporus sobrevive aún en el oasis, al igual que  muy escasos y raros  líquenes del género Notholaena (Notholaena mollis).

(14)  Nos ha tocado personalmente en tres ocasiones  (años 1997, 2002 y 2015, años de presencia del "Fenómeno de "El Niño") con lluvias locales de importancia, ver  crecer, desarrollarse y florecer abundantemente los pocos ejemplares sobrevivientes de los géneros Lycium, Ephedra, Ophryosporus y Eulychnia,  en los bordes superiores del acantilado costero.   

(15)   Ni el sílex ni el basalto, existen, que sepamos nosotros,  en el sector costero próximo, razón por la cual los antiguos indígenas  tenían que ir a buscarlo,  muy lejos,   al interior.  Muy cerca de Pica hay potentes  depósitos de basalto, de origen volcánico, pero también hemos hallado este material  en enorme abundancia, en fragmentos o nódulos grandes,  poco al N de quebrada Juan de Morales. Desde allí, sin duda, traían consigo los habitantes de la costa, cargándolos en sus morrales,  los nódulos elegidos de sílex, calcedonia  y/o basalto. Sin lugar a dudas, aprovecharon,  a su paso,  de surtirse abundantemente de nutritivas semillas de algarrobo y chañar en los antiguos bosques de la pampa del Tamarugal. Por tal razón, aparecen sus semillas  y frutos en los entierros de la costa.

(16)  Efectivamente, a partir de esa fecha,  subimos muchas veces con nuestros ayudantes de campo, alumnos por entonces de Sociología o de Antropología, de las Universidades de Iquique. Mis Cuadernos de Campo, entre los años  1997 y  2012 son testigos fieles de estos viajes y  de las múltiples actividades realizadas in situ, en el contorno del oasis de niebla. En las visitas subsiguientes, hallamos numerosos artefactos arqueológicos  que fueron cuidadosamente etiquetados con sus exactas coordenadas UTM  gracias al GPS que portábamos en terreno. Nos pareció de todo punto necesario recoger estas evidencias líticas, a modo de salvamento arqueológico, por cuanto se iba a realizar aquí una labor de campo durante años.  El peligro que estas evidencias cayeran en manos ineptas era  muy grande.

(17)   Jamás imaginamos, cuando escribíamos esta nota de campo, que muy poco después,  un 18 agosto del mismo año 1997, iba a ocurrir un fuerte aguacero  con lluvias intensas en la zona del oasis de niebla de Patache. Aunque por desgracia no se pudo medir entonces con exactitud el volumen de agua caída en el lugar, al no contar aún con un pluviómetro instalado, la intensa floración posterior fue  una prueba inequívoca  de su volumen.  Pudimos apreciar personalmente  la potencia de este aguacero, cuando, dos días después, abrimos en la zona del taller lítico ( en zona arenosa plana)  una pequeña calicata que detectó humedad muy intensa hasta los 35 cm de profundidad.

(18)   En esta primera visita  que no alcanzó a los 20 minutos, pudimos ya darnos perfectamente cuenta de la inmensa cantidad de huellas y senderos hechos por pequeñas tropillas de guanacos visitantes, a lo largo de muchos siglos.  Tema que  años después servirá a uno de mis discípulos, Luis Pérez Reyes, para hacer tu Tesis de graduación en Arqueología en la Universidad Bolivariana, Sede Iquique, sobre las estrategias de caza del guanaco en un oasis de niebla. (Cfr. "Parapetos en la camanchaca: estrategias precolombinas  de caza del guanaco en un oasis de niebla, área de Alto Patache, Región de Tarapacá, Chile",   Universidad Bolivariana, Iquique, Marzo, 2012,  297 p.).

(19)  En esa breve visita,  no alcanzamos a ver bosteaderos o defecaderos; pero a los pocos meses después descubrimos varios lugares donde  depositaron sistemáticamente  sus heces, siempre en pequeños cúmulos, en los mismos lugares.  Por el grado de descomposición de las fecas, sospechamos que tales lugares o defecaderos  no habían sido nuevamente visitados por guanacos. en los últimos  60-80 años, a lo menos. En la base de datos que elaboramos  hacia el año 2012, ya se dejó constancia de al menos  8 bosteaderos observados en el contorno del oasis.

(20)   Durante  los casi 20 años de investigación en este oasis (1997-2016) jamás  vimos guanacos merodeando en sus contornos.  El grado de descomposición de las fecas en los bosteaderos, nos sugiere que  su última presencia en la zona debió ocurrir probablemente hacia la década del  1940-1950.

(21)   El año 2015 fue un  año extremadamente lluvioso en la zona, detectándose una lluvia de  55 mm en apenas  6 horas en el sector del oasis de Alto Patache. Este fenómeno produjo una floración descomunal en los meses siguientes, descendiendo la abundante vegetación de Nolanas, Cristarias y Fortunatias  hasta los casi 100 m de altitud s,n.m,. cubriendo la parte arenosa más  alta de la terraza marina. Nunca vimos cosa igual en los 18 años anteriores. Hicimos varios viajes de prospección entre los meses de septiembre y diciembre del mismo año,  estudiando la flora y fauna presente.  Hemos expuesto,  en varios capítulos de este blog,  los efectos concretos de esta floración extemporánea que nos da una buena idea de lo que pudo suceder en tiempos antiguos  con presencia más frecuente de lluvias semejantes o mayores.  Solo así es dable imaginar  el desarrollo que  alcanzó un día la vegetación de bosquetes de Eulychnia y  Lycium que se sabe alcanzaron sectores bajos del acantilado  (bajo los 500 m), donde han quedado hasta hoy,  como testigos, sus troncos y ramas  secas.



jueves, 29 de octubre de 2015

Presencia y actividad humana en el "desierto florido" al sur de Iquique: utilización del ecosistema de lomas por el hombre antiguo.

Fig. 1.  Área del antiguo campamento o paradero de paso hacia el interior, situada a los 200-210 m sobre el nivel del mar.  Intensamente traficada hoy por visitantes y turistas;  aquí se ubicaba un lugar de campamento indígena. Hemos hallado sus fogones, sus basuras,  sus instrumentos y  su cerámica en este lugar.  De esta historia antigua  de hace más de 500 años,  queremos hablar hoy. ¿Quiénes poblaron esta área?. ¿Cómo lograron subsistir aquí?, ¿Qué huellas hemos encontrado de su paso por este lugar?.   

                     
 Fig. 2.   Vista desde  la zona del campamento indígena  con presencia de cerámica abundante, hacia  la costa. Aquí estamos en la cota de los 230-240 m.  s.n.m.    La vegetación dominante muestra  Nolana jaffueli,   Cristaria molinae y otra Cristaria, de flor  blanca  grande, casi con certeza Cristaria dissecta.  Esta formación vegetal efímera  (no dura más de 3  meses en este lugar), ha sido denominada de "Lomas", por la bibliografía geográfica y arqueológica del Perú. Allí, estas lomas son mucho más potentes y persistentes y han sido en el pasado muy utilizadas por el hombre no solo como un valioso recurso alimenticio, sino también como lugar de pastoreo  para sus hatos de llamas. (Cfr.  los trabajos del arqueólogo  francés  Fréderic Engel  para la costa sur del Perú).

Los  efectos del Fenómeno de "El Niño".

En un capítulo anterior  de este Blog (de fecha  6 de Octubre 2015), hemos presentado numerosas imágenes de  plantas del desierto costero del Norte de Chile. Éstas   surgieron de improviso, en el sector costero entre Palo Buque  y Playa Lobito, a 22 km al sur de la ciudad de Iquique,  con motivo de las copiosas lluvias que cayeron en la costa norte chilena entre los días  8 y 9 de agosto del presente año 2015.  Ya hemos explicado allí  que este fenómeno se debe a la presencia y actividad de un potente Fenómeno de "El Niño", evento climático singular  que suele presentarse en las costas de América del Sur   con cierta periodicidad,  al modificarse repentinamente la posición del Centro de Altas Presiones  que impide y frena normalmente  la llegada de las precipitaciones a la zona.   Este  tipo de  eventos  esporádico,   modifica substancialmente la tendencia climática seca preponderante,  trayendo consigo consecuencias insospechadas para la existencia humana en la zona.

Una lluvia   totalmente inusual.

De un promedio histórico de lluvias de apenas 0.7 mm de agua caída al año, hemos pasado, en este año, a 50 mm.  en apenas dos días. Esta descomunal lluvia provocó no solo  la formación de verdaderos torrentes en los cerros cordilleranos de la costa,con cambios notorios en la geomorfología de la zona,  sino también,  una  nunca vista germinación y floración   de todas las especies  vegetales que   subsistían, ocultas,  en el subsuelo arenoso. De un paisaje totalmente árido y seco, se pasó, en  pocas semanas a un verdor nunca visto en estos parajes. Al menos no, en los últimos 40 ó 50 años. Es lo que dicen los pobladores cercanos.  Sospechamos que  mucho más. 

¿Ha sobrevivido aquí algo de la cultura primitiva?.

Estos sitios fueron intensamente recorridos en el pasado. Hemos encontrado las pruebas fehacientes de su paso. Pruebas numerosas y contundentes. Nos corresponde ahora mostrar a los lectores  qué elementos  de la cultura humana prehistórica, han logrado sobrevivir hasta hoy, como muestra de su actividad  de antaño en estos lugares.  ¿Podemos  de alguna manera columbrar qué hacían en estos parajes, o de qué se alimentaban?. ¿Podemos tener una idea clara de la forma de su instrumental  de trabajo?. ¿Queda algo  todavía in situ, intocado, a pesar de los siglos transcurridos?. Y esto ¿a pesar de la alteración sufrida por este paisaje por la intensa actividad humana   reciente?. Estos instrumentos, por  toscos y primitivos que nos parezcan, ¿nos pueden dar  una cierta idea de sus  actividades  y de su economía básica de subsistencia?. Lo veremos a continuación. (Las fotos   aquí publicadas, son nuestras).

Conchales y paraderos  o campamentos de paso.

Sabemos que los habitantes costeros eran preferentemente pescadores y mariscadores de orilla de playa.   Sus "conchales"  o acumulaciones de conchas, cercanas al mar, delatan sus preferencias alimenticias.  Sin embargo,  cuando podían tener acceso a  otros recursos alimenticios   (carne animal, vegetales, caracoles terrestres, insectos, etc.),  recurrían a  ellos, mediante la caza animal o la recolección  terrestre. Y, por cierto, en  los años lluviosos del Fenómeno de "El Niño",  surgían posibilidades  de nuevas fuentes de alimento, distintas de las que les ofrecía  normalmente el bioma marino.  En tales años,  utilizaban ciertos parajes como campamentos de paso o paraderos (como en el caso que aquí estudiamos), dejando huellas de su alimentación y actividad. Estos campamentos o "paraderos" de tránsito, nos muestran una ocupación humana de muy escasa profundidad y no se deben confundir con los "conchales" propiamente tales,   donde la acumulación de conchas y restos de cocina puede llegar a varios metros de profundidad,   con una cronología  de ocupación de varios miles de años. Nos queda claro que no es este el caso aquí.

Posibilidades  ciertas de caza animal   y recolección vegetal.

Podemos sin dificultad imaginar el gozo y alegría de  los indígenas  costeros al ver que  los cerros grises o pardos se teñían repentinamente de verde,   ofreciendo un espectáculo que para ellos debió ser tan sorprendente como para nosotros hoy día.  Estos kilómetros de praderas verdeantes atraían  por semanas a guanacos y ciervos, cuya  cacería  era altamente codiciada por ellos.  Algunas de sus plantas,  sus flores, sus raíces o cebollines  (bulbos)    fueron un buen alimento para ellos, sin duda alguna.

Fig. 3.  Espectáculo que ofrecían las laderas próximas al cerrillo de los Parapentes,  frente a Palo Buque,  a fines de septiembre 2015  desde la altitud de  los  130 metros hacia arriba (Foto H. Larrain).

Fig. 4. Praderas  cubiertas de infinitas Nolanas  (Nolana jaffueli) y Cristarias. Llegamos a contar, en algunos casos,  hasta   20 plantas por  m2., algunas minúsculas, pero, a pesar de su  tamaño enano, igualmente en flor.

¿Qué instrumentos poseían y nos han dejado aquí de recuerdo?. El instrumental de los antiguos  pescadores-recolectores marinos.

Fig.5. (Cara anterior) Este  canto rodado de playa, fue hallado en  uno de estos  paraderos  o campamentos ocasionales,  en medio del verdor, donde había  muchas conchas consumidas y restos cerámicos y óseos. (Vea Fig. 1). A pesar de su apariencia, no es, pues ésta,  una piedra cualquiera, corriente. Fue acarreada desde la playa  con fines claramente utilitarios. Es una auténtica "herramienta" o instrumento indígena, y fue usado como tal.  Esta herramienta tiene dos caras: la que mostramos aquí, presenta signos evidentes  de golpes en toda su superficie y en sus bordes, siendo así una especie de  "martillo"  o percutor  de ocasión;  la faz opuesta, perfectamente lisa, en cambio, denota su probable uso como  mano de moler o moleta, y era usada para moler, triturar semillas o machacar vegetales y aún moluscos, como el loco (Concholepas concholepas).

Fig. 6.   Cara posterior del mismo instrumento. Está perfectamente pulimentada y desgastada por el uso continuo como mano de  moler o moleta. Es decir, este instrumento  tuvo un doble empleo: como percutor o martillo,y como mano para la molienda  en un metate   o batán.  Este último debió ser, en la zona costera, solamente una piedra   bien plana, de las que frecuentemente hemos hallado en yacimientos costeros, no pocas veces teñidas de ocre rojo. 


Fig. 7. He aquí otro instrumento, hallado en la huella antigua.    Es un clásico raspador elaborado a partir de  un núcleo de sílex.  Presenta sus bordes cortantes en todo su derredor. Fue hallado en el sendero  antiguo de ascenso, hacia los 180-190 m de altitud s.n.m. Sirvió tanto para cortar, como para raspar, frotar y alisar  cueros o huesos, o para fabricar instrumentos en hueso o madera.

                           













Fig. 8.  A un costado del camino antiguo que ascendía en forma diagonal hacia el SSE, remontando   el acantilado costero,  el paso de visitantes y curiosos, que venían a contemplar este grandioso florecer del desierto, dejó casualmente al descubierto un antiguo fogón de tiempos prehispánicos. Removiendo un poco la arena oscurecida por las cenizas, aparecieron numerosas vértebras de peces, conchas quemadas, huesos calcinados, carbón vegetal, signos  todos  de una merienda in situ, tal como se puede ver en la imagen siguiente. 

                      
Fig. 9. Trozos de carbón de origen vegetal hallados en el fogón.  Las plantas que pudieron dar origen a este carbón, fueron, presumiblemente,  arbustos leñosos que antaño prosperaron en las partes más altas del acantilado costero. Con gran probabilidad, se trata de tronquitos o ramas de Licyum  leiostemum, Ephedra breana  u Ophryosporus sp.,  especies botánicas existentes aún hoy  en los  oasis de niebla al sur de Iquique.  Los  materiales iniciales usados para el encendido (llesca) fueron, seguramente, las raicillas secas presentes  aquí por  todas partes, a escasa profundidad o los restos ya secos de plantas muertas.    

                               
Fig. 10. Conchas ennegrecidas de lapas (Fissurella spp., señoritas  (Scurria sp., Collisella sp, o locos (Concholepas concholepas) y restos de peces aparecen en los estratos del fogón, indicándonos de inmediato su preferencias alimenticias. Los mariscos eran puestos directamente al fuego (sancochados). Por lo que pudimos observar, todos los mariscos que  aquí encontramos eran gastrópodos marinos,  es decir, "mariscos" que viven aferrados a las rocas azotadas por el mar. Proceden de los roqueríos vecinos y suelen quedar expuestos en las bajas mareas, de donde  eran extraídos seguramente por las mujeres y los niños. No hallamos, en cambio, aquí bivalvos tales como cholgas, almejas, tacas o  machas, las que son propias de habitats provistos de extensas  playas arenosas.

La cerámica presente  en estos yacimientos.

Fig. 11. Fragmentos de cerámica de cocina (o "culinaria"), como gustan de decir los arqueólogos.  Son trozos de ollas de diversos tamaños.

 Fig. 12.  Fragmentos de  ollas.  En el costado derecho  arriba, se puede ver   un pequeño fragmento prominente, provisto de un mamelón   destinado al agarre de la vasija.

Fig. 13.   Trozos de hueso animal.  El de la derecha, muestra una coloración cinérea que delata su exposición evidente al fuego.  La carne del animal  era puesta directamente al fuego, al igual que los mariscos.  Ahorraban al máximo el agua de beber, por su extrema escasez en estos parajes costeros donde las vertientes eran raras y  generalmente salobres.

Fig. 14. Planta de la liliácea Fortunatia biflora, mostrando su  tallo y pequeño bulbo. Estos bulbitos son comestibles  y, de acuerdo a nuestra experiencia personal  en el  campo,   con algo de sal, hasta nos parecieron sabrosos.  En nuestra reciente expedición del día   9/10/2015 al lugar la hallamos en relativa abundancia entre los 300 y 380 m de altitud s.n.m.  Fácilmente los antiguos pobladores habrían podido -en caso de proponérselo- colectar unos 30-50 bulbitos en pocos minutos  para una frugal comida de emergencia, o tal vez, para llevar consigo, como cocaví de viaje. Se consumen crudos, como la cebolla.  

 Fig. 15. Huesos  de mamífero, tal vez de guanacos,  que se hallan dispersos y en gran abundancia  en los sitios de acampada o descanso.

 Fig.  16.  Lascas o esquirlas,  fruto del desbaste de nódulos o núcleos de sílex.  Su hallazgo denota  y comprueba, sin lugar a dudas, el frecuente trabajo de talla de artefactos líticos,  realizado in situ, por parte de los antiguos moradores. La esquirla color negro es de  roca basáltica.

Fig. 17.  Punta de arpón rota,   provista de  pedúnculo para   el agarre y sostén en un astil de madera.   El material usado es sílex blanco muy puro  y está  muy finamente terminada.  Fue hallada en el antiguo sendero de subida, por el costado norte del cerrillo de los Parapentes. (Vea la descripción del hallazgo, en detalle, en el Diario H. Larrain, Vol. 95: 42-43; descubierta por María Isabel Fuentes).

                              
Fig.  18.  Porción media de una punta de  arpón al que le falta la base y la punta.  Fue hallada a unos    20-30 m de la punta anterior, siendo, a lo que sospechamos, parte de un mismo núcleo original de sílex. Los dos materiales, en efecto, son idénticos en su aspecto.

Fig.  19. Una pequeña explanada, junto al extremo este del cerrillo de los Parapentes fue un excelente paradero o campamento para el descanso y ejercicio de actividades tecnológicas (fabricación de instrumentos). Aquí se acumula hoy la evidencia de antigua presencia humana en forma de conchas, lascas, litos, cerámica y huesos quebrados en forma evidentemente intencional.
  
Fig.  20. El raspador, en ampliación fotográfica.  Junto al percutor  o martillo, este instrumento les era  indispensable e infaltable  en su  equipo de caza.

                              
Fig.  21.   Un raspador  en forma de aleta, roto. Está tallado en forma burda, por ambas caras.

Fig. 22. Conchas  vacías, muy antiguas,   del caracol terrestre  Bostrix derelictus broderipi   (Fam. Gastropoda) que antaño debió proliferar  y colonizar en inmenso número  estas praderas de Nolanas y Cristarias y hoy  se encuentra, al parecer, totalmente extinto en el lugar. El proceso de  calentamiento climático y la falta de continuidad en la humedad y lluvias, ha sido, probablemente, la causa de su total desaparición o extinción en este ecosistema. Ya no se las encuentra vivas en este ecosistema. Al menos, nosotros no las hemos podido hallar.

 Fig. 23.  Fragmentos de huesos consumidos por los antiguos pobladores. Uno de ellos, bien pudo ser un instrumento útil,   hoy ya irreconocible  por la erosión experimentada. 
 Fig. 21. Otros fragmentos de hueso  al parecer quebrados en forma intencional.

Fig. 25. Hallazgo notable y fortuito de  dos torteras  (o fusaiolas), descartadas y abandonadas en el campamento,  hechas en fragmentos de cerámica planos y  en proceso de elaboración. Estas piezas son parte esencial del equipo técnico  de un tejedor.  La pieza de arriba,  posee  un perfecto agujero central por donde se pasaba y fijaba el huso de hilar. La pieza inferior, rota,  fue obviamente descartada por efecto de un mal cálculo  al perforar  el trozo cerámico.  Fueron halladas a un par de metros de distancia una de la otra, en un lugar del mismo campamento, hacia los  235 m de altitud. s.n.m.  El hallazgo de estos elementos denotaría la práctica del tejido in situ por parte de los  habitantes de esta costa, o tal vez,  de sus visitantes  procedentes  de las comunidades indígenas del interior. Es un rasgo, en todo caso, cronológicamente  tardío.

  Fig. 26.  La tortera  fallada, descartada in situ.  Fue encontrada, en dos fragmentos que se unen perfectamente, a pocos pasos de la tortera anterior.
                               
 Fig. 27.  Obsérvese  el detalle de la superficie del  fragmento original de cerámica que fue recortado  para elaborar  la tortera  para el huso.

 Fig. 28.  Lascas o esquirlas de  sílex,  de diversos colores, producto del desbaste de trozos  de material seleccionado para obtener  instrumentos terminados  (puntas de proyectil, raspadores u otros). A mayor abundancia de estos elementos, mayor certeza  nos asiste  acerca del uso dado a un determinado lugar.

Fig. 29. Fragmentos de huesos, en su mayor parte claramente  fracturados y rotos ex professo para extraer la tan codiciada médula ósea,  también están siempre presentes en los fogones o en sus cercanías.  ¿Qué animales  fueron cazados por estos  pescadores-recolectores marinos?  A no dudarlo, en tierra,  seguramente solo guanacos y alguna especie de cérvido; en  el mar,  lobos marinos y chungungos.  También por cierto, aves marinas.  La presencia de arpones en este lugar, nos habla, sin género de duda, de la práctica asidua de la caza marina en las caletas vecinas. 

La presencia de cerámica en el lugar.

En una ladera  de poca inclinación, en parte protegida por el cerrillo de los Parapentes, y situada hacia los  220-230 m sobre el nivel del mar, debió existir un extenso campamento de paso   (Vea Fig. 1.). Allí  se halla aún hoy  gran cantidad de cerámica rota, fragmentos líticos  (desechos de talla) y lascas o esquirlas.   Mostramos aquí algunas evidencias de esta actividad humana en el lugar.

Fig. 30. Fragmentos diagnósticos de ollas de  cuello  restringido y panza  abultada.

Fig. 31. Examinando en detalle los fragmentos reconocibles de la cerámica, podemos concluir que casi todos las vasijas utilizadas por estos moradores de las playas eran ollas de cuello pronunciado y panza abultada, destinadas al traslado de agua y  alimentos semilíquidos o algas comestibles.

Caracterización provisoria de su cerámica culinaria.

Carece casi siempre de asas y muestra, en cambio, la presencia de pequeños mamelones para facilitar su agarre.  Otra característica que nos sorprende es  que su pasta muestra por lo general  un grado de cocción bastante  bajo  (cocida, además,  en atmósfera de poco oxígeno), reconocible por el color oscuro o negro. No disponían  aquí de dispositivos u hornos para lograr elevadas temperaturas. Lo que nos induce a sospechar que estas vasijas  fueron, en su inmensa mayoría, producidas en la misma costa por los propios pobladores. El hallazgo de cerámica muy bien cocida (a elevada temperatura, sobre los 850-900 º C), es raro en la costa y,  si ésta aparece, denota casi seguramente influencia foránea ocasional (v.gr. estilos de las Culturas de Arica o Inca).

Comentario eco-antropológico.

1.  Creemos que la traza, disposición y orientación de esta huella antigua  y su destino final   fue,  al menos en parte,  predeterminado por la presencia eventual de  praderas verdes,  producidas por efecto del Fenómeno de "El Niño", en ciertos años.   También sospechamos fundadamente que  estos eventos húmedos fueron  más frecuentes en el pasado que hoy, a juzgar por la presencia y relativa abundancia de caracoles terrestres  (Bostrix derelictus) , hoy al parecer totalmente  extintos  en el lugar.

2. El lugar de campamento, detectado por nosotros,  queda  facilitado por la geomorfología del lugar que presenta  una explanada casi plana, aptísima para el descanso, a unos 210 m de altitud, tras una larga caminata de descenso.

3. La cerámica y los restos de basuras  de cocina se agrupan a su alrededor en áreas bien específicas, lo mismo que los fogones.

4. No se observan aquí en parte alguna restos de posibles chozas o reparos, los cuales, seguramente, se hallaban más abajo,  cerca del mar pero a cierta altitud, en sitios rocosos, bien protegidos del viento y de las marejadas.

5.  Su destino final  en el litoral debió ser, casi con certeza,  el sector actual de Playa Lobito,  que presenta  un lugar bien protegido del viento y de las marejadas ocasionales.  Por allí cerca, deben estar ocultas aún los restos de sus viviendas, sus tumbas y enterramientos.

6.  Todos los moluscos  observados  en sus fogones son moluscos gastrópodos, habitantes de los roqueríos, faltando  casi del todo los bivalvos.  Sin la menor duda, proceden de la zona de roqueríos expuestos en torno a Playa Lobito y Palo Buque,  a corta distancia de allí.

7. Hace falta hacer aquí, en estos campamentos  un trabajo arqueológico más prolijo para la  revisión de materiales,  usando para ello   harneros o cedazos  de malla muy fina.  Al cernir con cuidado el material, afloran  elementos  muy pequeños, que nos pueden arrojar luces sobre  el comportamiento y/o actividad de los grupos humanos  que por aquí transitaron; de este modo se puede recuperar  semillas, fragmentos minúsculos de la talla de instrumentos (v.gr. anzuelos de concha o de metal) u otros elementos  que nos pueden aportar información sobre aspectos varios de su cultura.

8. Por último,  pensamos que   el interés arqueológico de este lugar, como sitio de llegada de los caminantes que venían del desierto interior, en procura de la costa y sus recursos, debería  ser un argumento para intentar proteger el sitio de una manera más efectiva. Ningún letrero o aviso advierte acerca de la existencia de un sitio arqueológico en este trayecto,  y los visitantes  pisotean toda el área sin respeto alguno, trepando por todas partes y destruyendo evidencias.  El aviso puesto allí por la Municipalidad, de por sí valioso e instructivo,  tan solo advierte acerca  de la presencia de  las tres especies de plantas  más típicas de esta formación vegetal, efímera  y de corta duración.  No dice una palabra del contexto arqueológico allí presente. 

Bibliografía recomendada sobre  las formaciones de lomas en el Pacífico sur:

CIZA, ONERN & SENAMHI. 1989. Aprovechamiento de nieblas costeras en las zonas áridas de la costa, Lomas de Atiquipa (Prov. Caravelí, Dpto. Arequipa). CONCYTEC. Lima-Perú.

Engel, F. 1981. Prehistoric Andean Ecology Man, Settlement and Environment in the Andes. The Deep South. University of New York. USA.

Muñoz-Schick, Mélica, Raque Pinto, Aldo Mesa y Andrés Moreira,  2001, "Oasis de neblina en los cerros costeros del  sur de Iquique, región de Tarapacá, Chile durante  el evento el Niño  1997-1998".  Revista Chilena de Historia Natural, Vol. 74, Nº 2,  Junio 2001,  en Internet:    http://dx.doi.org/10.4067/S0716-078X2001000200014 

Ono, M. 1986. Definition, classification and taxonomic significance of the Lomas vegetation. En: M. Ono (ed.). Taxonomic and Ecological Studies on the Lomas Vegetation in the Pacific Coast of Peru. 5 – 14. Makino Herbarium, Tokyo Metropolitan Univesity. Tokyo-Japan. 

Péfaur, J. 1978. Composition and structure of communities in the Lomas of southern Perú. PhD Dissertation. The University of Kansas. 215 pp.

 Péfaur, J. 1982. Dynamics of plant communities in the Lomas of southern Perú. Vegetatio 49:163-171.

(Consulte para poder entender mejor el fenómeno de  las "Lomas":   www.sacha.org/envir/deserts/intro_sp.htm)