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jueves, 11 de julio de 2013

Recursos que ofrecía el desierto de Atacama: Eco-antropología para caminantes y viajeros del pasado.

Un desierto que nos depara no pocas sorpresas.

Parecería que el desierto de Atacama nada puede ofrecer a la vida humana a causa de su  aparente total esterilidad  y  falta absoluta de lluvias. El capítulo con fotografías que aquí ofrecemos a nuestros asiduos lectores, creemos  que viene a probar justamente  lo contrario: un desierto es una fuente  notable de muchos elementos que pueden favorecer la vida o, al menos, facilitar  el tránsito hacia ecosistemas más ricos en vegetación o recursos. Porque el desierto -o mejor dicho, los desiertos- están rodeados de  lugares donde la vida - a  veces efímera o transitoria- pudo desarrollarse pujante y vigorosa en alguna época no lejana. Tal ocurrió en el Sahara y en Namidia, y también, en nuestro desierto de Atacama.

En este capítulo pretendemos mostrar de qué modo el desierto también es fuente inagotable de algunos bienes básicos, muy útiles al hombre para el desarrollo de  su cultura,  y que éste supo muy bien sacar partido del mismo, utilizándolo como "cantera" de recursos, al menos  durante sus  frecuentes e interminables travesías. La ingeniosidad  humana  es inagotable  y supo enfrentarse con habilidad  a la falta de agua en el desierto más árido de la tierra..


Fig. 1.  Vida y muerte en el desierto en el piso seco de la quebrada de Quipisca. Se observa en la foto  un  ejemplar adulto, ya seco, del árbol llamado aquí molle o  pimiento (Schinus molle). En primer plano,  en el suelo arenoso,  ejemplares nuevos, muy pequeños, de la misma especie, testigos fidedignos de la reciente bajada de agua  de aluvión (Febrero-Marzo 2012) que permitió el desarrollo de semillas allí depositadas. ¿Cuanto tiempo podrán  sobrevivir estos árboles a las periódicas sequías que asolan la pampa del Tamarugal?. El tiempo lo dirá. Muy probablemente, no  alcanzarán  el tamaño del ejemplar seco aquí mostrado,  porque la frecuencia de los aluviones ha ido declinando (Foto H. Larrain, Julio 2012).   

El desierto de Atacama:  Vida y actividad en el desierto más árido del planeta. Reflexiones de un eco-antropólogo.

En el año 1975 el géografo alemán Wolfgang Weischet publicó un notable artículo  que quiso titular  como: "Las condiciones  climáticas  del desierto de Atacama como desierto extremo de la tierra". El artículo fue  publicado en la revista  "Norte Grande", del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile,  Santiago de Chile (Vol. 1, Nº 3-4, Diciembre 1975:  363-373).  El artículo brotó de una conferencia específica dictada por el Dr. Weischet en dicho Instituto,  a mediados del año 1975. En ese trabajo, Weischet  nos enseñó,   con pruebas irrefutables, que  nuestro desierto de Atacama, particularmente en el núcleo interior de la región de Antofagasta  (IIª Región de Chile)  es el desierto más extremo de la tierra, más extremo y más árido que el Sahara, Gobi u otro desierto cualquiera de Africa o Asia. En otras palabras,  el desierto de Atacama en el Norte de Chile presenta condiciones de aridez extrema en virtud de dos variables que son fundamentales para medirlo y poder compararlo con otros desiertos del mundo: a) la penuria y escasez de precipitaciones (lluvias)  y b) la magnitud de la oscilación diaria de la temperatura. En ambas variables, que configuran básicamente a un desierto, el desierto de Atacama  ostenta los índices  más significativos y elocuentes superando ampliamente, en consecuencia, a los desiertos del  Sahara (el Sahel), el Sudán y el Fessan, considerados como los más temibles del Viejo Mundo.

¿Posee este desierto de Atacama algunos elementos que permiten hacer presencia y actividad humana?.

A pesar de su extrema sequedad, la mayor del planeta, sequedad y esterilidad  que los gráficos comparativos del trabajo de Weischet dejan en total evidencia, nuestro desierto presenta, sin embargo, elementos de gran valor e interés para  la cultura y desarrollo humano, hasta el punto de que el hombre puede hallar y ha hallado en él  elementos básicos o útiles para su subsistencia y para la  creación y gestación de vida y cultura  en tal ambiente. Esto parece, a primera vista,  un contrasentido. ¿Cómo podría generarse vida y actividad humana (cultura) en un ambiente   absolutamente árido y falto de agua?. ¿Existen evidencias de vida y actividad en pleno desierto de Atacama?

Recorriendo kilómetros a pie por pleno desierto.

En los últimos cuatro años  (2010-2013) , nos ha tocado recorrer extensas secciones del desierto, al interior de la región de Tarapacá, sea para el estudio de tramos del  Camino del Inca o Qhapaqñan, sea para  el examen y prospección de componentes vegetacionales eventuales, que aparecen en el desierto como resultado de la presencia cíclica de aluviones destructivos, procedentes de las quebradas que caen a la Pampa del Tamarugal.  Si bien el núcleo interior de este desierto es totalmente carente de agua, sus márgenes tanto occidentales (cadena de cerros de la llamada Cordillera de la Costa,  junto al litoral del Pacífico,  con cimas hasta los 1.500 m de altitud),  como orientales  (macizo andino con cumbres sobre los 6.000 m de altitud), son fuentes de agua (lluvias)  o humedad, (camanchaca)  y, por tanto, creadoras de vida y ocupación humana en el pasado y aún en tiempos relativamente recientes

Aquí no llueve prácticamente nunca.

En este desierto absoluto,  en el área que denominamos depresión intermedia, ocupada por la Pampa del Tamarugal,   llueve un promedio anual (medido en una secuencia de 35 años consecutivos) que no supera los  0.3- 0.4 mm de agua caída.  Y este promedio  es tan "elevado" (!) gracias a fuertes lluvias extemporáneas y rarísimas, que pueden presentarse en la pampa misma, cada  15 ó 20 años.  Pero puede darse el caso - y se ha dado- en que  durante  diez años consecutivos  el promedio de agua caída es sólo de 0.1 mm o incluso menos. Es decir, aquí prácticamente no llueve nunca. ¿Cómo puede vivir, entonces, la vegetación  en estos parajes?. Y, ¿cómo pudo el hombre en el pasado  vivir aquí  constituyendo pueblos o asentándose  por medio de viviendas y corrales para animales por largos períodos de tiempo?.

Las lluvias eventuales cuyos cauces alcanzan la pampa.

Si bien en la Pampa  prácticamente no llueve  nunca o muy rara vez, sí llueve en el macizo andino, con intensidad variable, durante los  tres meses  del "invierno altiplánico" (fines de Diciembre a bien entrado Marzo). Y desde aquí, durante ese período, se descuelgan las avenidas de agua o aluviones (huaycos, en lengua quechua) inundando, de tanto en tanto, extensos sectores de  la pampa.
El geógrafo peruano Guillermo Billinghurst, en su obra "La Geografía de  Tarapacá (1884), reseña  las fechas de los más potentes  aluviones que provocaron intensas inundaciones en cinco o seis eventos en la pampa del Tamarugal durante el siglo XIX. El reciente aluvión de Febrero-Marzo 2012, cuyos devastadores efectos pudimos apreciar personalmente en terreno,  tanto en la quebrada de Quisma como en Quipisca, es el último episodio de este género que hemos vivido en el desierto.

Los antiguos aprovecharon estas avenidas de agua con diversos fines.

Desde el año 1965, aproximadamente, antropólogos, geógrafos y arqueólogos han hecho frecuente alusión a la existencia de un Plano confeccionado en  1765 por don Antonio O´Brien, Teniente de Gobernador  de Tarapacá, cuyo título reza:  "Plano de la Pampa Yluga...". En esta famoso Plano, rico en información vial, demográfica y toponímica, se señalan explícitamente, bien dibujadas,  las "chacras que cultivaban los antiguos" en el seno de la pampa. Se registra su ubicación y se dibuja, mediante un característico reticulado fino, su superficie aproximada. La información contenida en este Plano  así como la propia de otro Plano del mismo autor, dedicado a pintar y describir la quebrada de Tarapacá, ha sido objeto de  numerosos estudios, comentarios y  citas por parte de investigadores de la historia y arqueología de la región   (Cfr. Horacio Larrain, en revista Norte Grande Vol. I,  Nº 1 (Marzo 1974) y Vol I. Nº 2-3 (1975);  Oscar Bermúdez,  en varias de sus obras, en especial en su obra  "Estudios de Antonio O´Brien sobre Tarapacá, 1763-1771", Ediciones Universitarias, Universidad  del  Norte, Antofagasta, 1975. Vea también sobre este mismo tema Jorge Hidalgo, en  su "Historia Andina de Chile", Editorial Universitaria, 2004 (Capítulo XVI).

Recursos que nos ofrece el desierto.

El hombre antiguo que surcó infinitas veces el desierto dejando allí estampadas  sus imperecederas huellas, lo hizo con finalidades bastante diversas. Unos, desde sus pueblos situados  en  quebradas de la montaña de los Andes,  lo hicieron para acceder a la costa del Pacífico, para  intercambiar allí con los pescadores sus producciones (maíz, papas, textiles, cerámica, adornos, etc.) por productos del mar (pescado fresco, mariscos, charquecillo de jurel, algas secas, caracoles, etc.). Otros lo hicieron con finalidades mineras o metalúrgicas: para explotar yacimientos de cobre o plata situados cerca del mar   (Huantajaya, Santa Rosa, Chanabaya). Otros, por fin,   lo hicieron para  obtener  de  las covaderas o depósitos de guano fósil  el abono de origen orgánico necesario para sus campos (en Pisagua, Isla de Iquique, Patache, Pabellón de Pica, Chipana, etc.).

Las caravanas que surcaban en desierto.

 Así, sabemos con certeza por las crónicas  españolas e historiadores tempranos que  desde  Suca, Camiña, Tarapacá, Quipisca  Pica o Guatacondo, regularmente bajaban los aldeanos en sus recuas de llamas (o más tarde, en mulas, durante el período colonial)  para  obtener, por medio del trueque, el abono del codiciado guano  (wanu, en quechua)  de aves marinas como el guanay, el piquero, el alcatraz, la gaviota  y otras especies de aves del litoral. De esta suerte,  se labraron, con el correr del tiempo, numerosos caminos o huellas que la severa sequedad del desierto tarapaqueño ha respetado y dejado casi intactos hasta hoy. Uno de los planos confeccionados por don Antonio o Brien, en 1765, el "Plano de la Pampa de Yluga" nos ilustra maravillosamente bien acerca de esta confusa malla de caminos y huellas, destacando aquellas rutas que conducían, en sus palabras,  a las "pesquerías de la costa".

Huellas infinitas en la pampa.

De este modo, el desierto tarapaqueño, su  terrible soledad y esterilidad que desafiara al hombre más valiente,  era surcado continuamente -casi siempre de noche- por numerosas caravanas de animales cargados y por caminantes a pie  cuyas huellas se han conservado incólumes hasta hoy gracias a la falta total de lluvias. Si el Plano de O´Brien nos muestra las principales rutas que atravesaban osadamente el Tamarugal,  a mediados del siglo XVIII,  el estudio actual de terreno nos ha permitido mostrar  la enorme cantidad de huellas  y senderos, pequeños o potentes, que surcaron esta inmensidad, uniendo temeraria y eficazmente aldeas  y caseríos de las distintas quebradas entre sí y con la costa pacífica.

Las nuevas huellas de carretas en época de la explotación del  salitre.

Durante la época de la explotación de las Oficinas Salitreras, ubicadas todas ellas  en la margen occidental de la Pampa,  entre  los años  1830 y 1950,  surgieron nuevas huellas, desde todos  los poblados del interior, hacia estos establecimientos salitreros, a donde  accedían llevando consigo sus producciones hortícolas o agrícolas para su rápida venta y comercialización.  Esta frenética actividad de obtención del bórax primero y luego del salitre sódico y potásico a partir del caliche nativo, y que concentró a  muchos miles de operarios en las Oficinas,  dispersas por todo el confín de la pampa, vino a  ser una continuación natural de las actividades mineras de la época colonial  que  movilizaran a hombres y animales  hacia las faenas mineras desde los tempranos tiempos de los primeros encomenderos Pedro Pizarro, Lucas Martínez Begaso o Andrés Jiménez. Ya a partir de 1545, hay constancia cierta de tales desplazamientos de provisiones, minerales  y animales, conducidos por hombres blancos, negros o indígenas, desde los poblados indígenas situados al Este del Tamarugal hacia la franja costera  (el mineral de Huantajaya) , para la explotación de las vetas de metal (cobre y plata).

¿Podía el desierto suministrar algunos recursos útiles al hombre antiguo?.

La pregunta que hoy naturalmente nos surge, al atravesar nuevamente estas inmensidades totalmente estériles,  en cómodos vehículos todo terreno, es  si el desierto  fue capaz de ofrecer al caminante  en el pasado algunos elementos útiles para la vida, algunos "recursos"  de importancia.  Porque si tal fue el caso, el cruce del desierto no solo fue un paso obligado para acceder a  recursos lejanos, situados en otros ecosistemas, sino también una cantera para acceder a  otros "recursos"  , en parte al menos  diferentes a los que podían hallar  en  sus pueblos de origen.

Un desierto que ofrece  recursos.

De esto trata esta nota: es decir, de lo que el desierto mismo, en el seno de su propia  esterilidad,  era capaz de ofrecer al viajero o caminante. En este capítulo, por ahora,  nos referiremos únicamente al uso de la piedra y del barro de aluvión, dos elementos esenciales tanto para la construcción de viviendas como  para la fabricación de herramientas, armas, adornos corporales  e instrumentos de variada índole.

Los caminantes a pie.

Recordemos que, a diferencia de lo que nos  ocurre hoy,  en época indígena, antes de la conquista,  se caminaba enormes distancias solamente a pie; no se cabalgaba  pues no existían en América cabalgaduras: ni mulas, ni caballos, ni burros. Su único implemento protector de los pies  eran las "ojotas" de cuero de llamo o de lobo marino  (ujuta, en lengua quechua).   Estas caminatas interminables, de días y días, eran medidas en "jornadas", o sea lo que un caminante podía andar a pie en un día. Las llamas -recordémoslo bien- fueron solo bestias de carga, nunca cabalgaduras,  simplemente por el hecho de no ser capaces de soportar el peso de un hombre. Su carga máxima no solía superar los 35 kg.  Con la llegada del español a estas tierras, llegarán recién las cabalgaduras: los caballos, mulas y burros. Este hecho, tan obvio de por sí,  establece desde ya una diferencia en la estructura, rumbo y  conformación de las rutas antiguas: éstas fueron hechas para marchar a pie, arreando llamas de carga en pos del hombre caminante. Pero también este viajero, cercano al suelo que iba pisando, era capaz de  hallar a su paso elementos pequeños que le llamaban la atención y que podían convertirse en sus diestras manos artesanas, en herramientas, utensilios,  armas o  adornos. Lo veremos  aquí.

Elementos útiles al hombre del pasado.

1. el uso multiforme de la piedra.

La siguiente secuencia fotográfica pretende mostrar cómo  la Pampa del Tamarugal y sus inmediaciones - escenario de un desierto seco e  implacable,  encerraba y aún hoy encierra,  gran cantidad de elementos bióticos y abióticos, de utilidad fundamental para el ser humano en la antigüedad. Empezaremos por los elementos abióticos, es decir, carentes de vida. La variedad de rocas y piedras, producto de un activo volcanismo  antiguo y  el acarreo fluvial por el fondo de las quebradas,  aportaba  elementos básicos tanto para la construcción de la cultura local y sus variadas expresiones, como para la confección de armas, herramientas, elementos de molienda o de adorno personal.

Veamos algunos ejemplos concretos, tomados de nuestra experiencia:

Fig. 2.   Sencillos hitos o pilas de piedras demarcando  el rumbo del Camino del Inca. Empleo de la piedra como elemento señalizador (forma de señalética antigua); (Foto H. Larrain, Junio 2013).


Fig.3. Pequeño recinto de descanso de caminantes o paskana, ya arruinado por el paso del tiempo. Ofrecía  una protección precaria contra el viento. Allí arrimaban parte de su  vestimenta, peleros o sacos para defenderse del  gélido frío nocturno (Foto H. Larrain, Junio 2013).

Fig. 4. Fragmentos de sílex, denominados "lascas" por los arqueólogos. Son el producto de descarte  del trabajo humano al confeccionar sus herramientas, instrumentos, o armas. Cuando estos fragmentos se hallan juntos, en gran número, botados en un solo lugar,  los especialistas hablan de un "taller lítico", es decir, de un sitio destinado al desbaste del material para confeccionar sus instrumentos o sus armas (Foto H. Larrain, Junio  2013).

Fig. 5. Pequeña punta de proyectil  hecha en sílex  probablemente para la caza del guanaco y del zorro del desierto; fue hallada por nuestro equipo en las huellas del  "Camino del Inca" (Foto H. Larrain, Junio 2013).


Fig. 6.  Punta de proyectil en sílex blanco, muy puro. Seguramente destinada a la caza del guanaco. Hallado por nosotros  en las proximidades del "Camino del Inca" que viene desde el Sur (Foto H. Larrain,  Julio 2013).


Fig. 7. Canto rodado de andesita  que muestra las señas inequívocas de numerosos golpes, en todas sus caras. Se trata de un martillo primitivo o "percutor", de uso múltiple. Hallado en el "Camino del Inca",  en un área de pequeños recintos o chasquihuasis, al costado mismo de  la huella (Foto H. Larrain, Junio 2013).

Fig. 8.  Característicos hitos o pilas de piedras,  que señalizan claramente el rumbo de la huella, la  que aquí enfila directamente al Norte. Colocados generalmente en pares  y a poca distancia uno de otro,  indican con claridad al viajero que viaja de noche el sitio exacto de la  huella a seguir. (Foto H. Larrain,  Junio, 2013).


Fig. 9. . Al fondo, en lontananza, se divisan los dos hitos de la huella. Observe los profundos surcos dejados por el tránsito animal y humano desde tiempos inmemoriales. Este ramillete de huellas, paralelas, puede llegar a tener un ancho de más de cien metros, en sitios planos y carentes de obstáculos naturales o pedregales.  (Foto H. Larrain  Junio 2013).



Fig. 10. Núcleo de basalto del cual se ha obtenido, sin ninguna duda,   lascas filosas para la producción de diversas herramientas: cuchillos, raspadores,  raederas, perforadores o  punzones.  El basalto suele encontrarse con frecuencia en bloques o bolones en la superficie de este desierto, por efecto del acarreo fluvial en tiempos muy antiguos  (fines del Pleistoceno o inicios del Holoceno). No es infrecuente hallar bloques basálticos rodeados de multitud de lascas, del mismo material, testigos indesmentibles del intenso aprovechamiento de este recurso por parte del antiguo viajero o caminante (Foto H. Larrain,  Noviembre 2011; escala gráfica  de 10 cm).

 Fig. 11.  Tres instrumentos típicos, hechos en  basalto.  Arriba, dos raspadores de distinto diseño. Abajo un sencillo percutor. Hallados por nosotros en  la quebrada de Guatacondo, Sector  Ramaditas, diseminados profusamente entre antiquísimos campos  de cultivo, apenas perceptibles,  que datan de  unos 2.000 años atrás. Hallados por nosotros con ocasión de la visita de la familia Lira Larrain  (Foto H. Larrain,  10 de  Julio 2013).

 Fig. 12. Los mismos instrumentos por el reverso. Arriba, a la derecha, un raspador hecho sobre una  lasca de basalto perfectamente retocada. (Foto H. Larrain, 10 Julio 2013).

 Fig. 13.  Percutor o martillo primitivo. Presenta éste infinidad de golpes  alrededor de su borde. Su forma y peso se adaptan perfectamente a la mano del hombre. (Foto H. Larrain, 10 Julio 2013).



Fig. 14.  Estos dos percutores  o martillos primitivos  con señas evidentes de uso en sus extremos, fueron hallados  en la huella misma del Qhapaqñan  el día  2 de julio pasado, con motivo de un estudio de esta senda de comunicación  inca. Sin duda alguna, sus portadores  fueron los caminantes antiguos que transitaban por esta huella desde hacía siglos (Foto H. Larrain, 2/06/2013: escala de 10 cm).

Fig. 15. Raspador simple, confeccionado en una lasca de sílex, abandonado en el piso de la ruta incaica al Norte de "Cuevitas" . El material de origen (nódulo de sílex)  fue hallado a no dudarlo allí mismo o en sus inmediaciones, por el antiguo caminante. Instrumentos, lascas y  objetos varios  se hallan  hoy  diseminados en el trayecto antiguo, como prueba de un antiguo y potente tráfico por esta ruta  orientada  casi matemáticamente N-S y que atravesaba toda la región de Tarapacá rumbo al Cuzco. (foto H. Larrain,  27 de Julio 2013).. 



Fig. 16.  Gran lasca de basalto usada como cuchillo y raspador  por los caminantes;  fue hallada en medio de la senda  cubierta de huellas del Qhapaqñan, en el mismo lugar  anterior . (Foto H. Larrain, 2/06/2013).



Fig. 17.  Hermoso trozo rectangular, de carácter natural  de roca andesítica, perfectamente plano por ambas caras. Este tipo de elemento natural servía perfectamente a los viajeros para  confeccionar sus  piedras de moler o morteros y metates. Agreguemos mentalmente a éste una pequeña "mano de moler", igualmente de superficie plana, y tenemos listo el aparato para la molienda de semillas (maíz, quínoa, o frutos del algarrobo). Fue hallado por nosotros  en el piso mismo del trayecto del Qhapaqñan  (Foto H. Larrain 2/06/2013; escala gráfica de  10 cm).

Fig. 18. Trozo de malaquita. Hallado  en un torrente seco en el sector del cruce de la senda inca o Qhapaqñan. Turquesa y malaquita (tipos de roca que contienen cobre en estado natural) fueron la materia prima favorita para la elaboración de sus adornos corporales: pectorales, orejeras o cuentas de collar  (Foto H. Larrain, 2/06/20213).  


 Fig. 19.  Bolones de origen volcánico y acarreo fluvial empleados en la confección de un pequeño corral de animales,  próximo a un  chasquihuasi  del Qhapaqñan (Foto  C. Riffo. Julio 2012).

 Fig. 20.  Las piedras, perfectamente alineadas a ambos costados del Camino del Inca que cruza  el cauce seco de una quebrada, hoy totalmente seca.  La senda incaica mide  aquí  aproximadamente  3 metros de ancho medio  y luce hoy  tapizada de arena  fina, fruto del  arrastre y depositación eólica. (Foto H. Larrain,  Septiembre 2012).

 Fig. 21.  Hito característico señalizador de ruta,   formado por  unas  15-20 cantos rodados de origen volcánico, dispuestos en una pila,  a la vera del Qhapaqñan. En su base se halló cerámica indígena y colonial española. Vista del Weste al Este (Foto H. Larrain, Septiembre, 2012).


Fig. 22. Esta hermoso  tramo del Camino del Inca o Qhapaqñan, perfectamente  observable desde la ceja sur de una quebrada, fue descubierto por nosotros a fines del año 2012 con motivo de una investigación antropológica orientada  a historiar los antecedentes poblacionales de los actuales habitantes de la quebrada de Quipisca. Atraviesa aquí, en forma perfectamente rectilínea y con rumbo Norte,  la quebrada seca conservándose varios tramos en excelente estado de conservación  tal como se puede observar en la Foto 24. El camino se halla aquí clara e intencionalmente bordeado de  enormes bolones de río, apilados con cuidado a sus costados,  y presenta un ancho medio de  algo más de 3 metros. Considere el lector que fue construido hace por lo menos unos 600 años y aún se mantiene transitable. Vista de Sur a Norte (Foto H. Larrain, Noviembre 2011).

 Fig. 23.  Otro tramo  del Camino del Inca que cruza la quebrada seca  a unos 1.350 m de altitud s. nm. Vista de  Norte a  Sur. (Foto H. Larrain, Noviembre  2011).

 Fig. 24. Inicio del cruce  de una quebrada por el Qhapaqñan. Vista de Sur a Norte. La regla  en el suelo mide 1 metro de largo. La senda incaica aquí tiene, en consecuencia algo más de 3  m de ancho y se muestra en un tramo ininterrumpido de unos  120-130 m de extensión. Vista de S  a N.  Observe el temible pedregal a ambos costados, casi imposible de transitar. Por eso los Incas despejaron la ruta de piedras en los tramos más complicados por los aluviones, arrimándolas con esmero a sus dos lados para facilitar el rápido desplazamiento de hombres y animales cargados, máxime durante la noche. Aquí la quebrada pedregosa presenta unos 650-700 m de ancho medio (Foto Fernando Rosales,  Febrero 2012)..

 Fig. 25. Rocas de caras planas  permiten trazar y levantar perfectamente los muros de una habitación doble, posiblemente un chasquihuasi de un ramal del Camino. Interior de la  quebrada de Quipisca,  en la proximidad del antiguo sitio de cultivos denominado "La Cruz". (Foto Pedro Lázaro, Enero 2012).


Fig. 26.  Estos bolones de origen volcánico y que tapizan la pampa  fueron elegidos  como material de construcción de los muros para levantar  sus recintos,  paskanas o chasquihuasis, junto a sus senderos o huellas. Aquí, un pequeño chasquihuasi del Qhapaqñan, hoy totalmente arruinado por los sismos. La profusión de fragmentos cerámicos en su entorno inmediato, testimonia claramente acerca de su intenso uso por los caravaneros de antaño. Entre los fragmentos hallados  in situ  destacan los pertenecientes a una vasija  del tipo aribaloide, de evidente origen incaico  (Foto H. Larrain, Noviembre 2011).

Fig. 27.  La antigua huella inca,   lamentablemente traficada  hoy eventualmente por vehículos en la pampa abierta. Observe, al fondo,  la pareja de hitos señalizadores de la ruta cuando ésta cambia bruscamente de dirección. Vista de Sur a Norte (Foto H. Larrain, Noviembre 2011).

Fig. 28. Estos característicos hitos de piedras apiladas, a la orilla de  sus huellas y senderos, servían de guía y  señal segura del trayecto a seguir. No son apachetas, sino tan solo hitos o pilas.  Recordemos que, para evitar el calor del día, las caravanas y recuas de animales  partían de noche desde las aldeas  situadas en las quebradas  para atravesar, a la luz de la luna,  el desierto en su  largo viaje hacia la costa. En el tiempo en que aparecen las primeras instalaciones de las Oficinas Salitreras  (Oficinas "de Paradas") en el piso de la pampa,  a partir de los años 1840-1845,  los lugareños se dirigirán preferentemente a éstas para venderles su producción agrícola (cereales, verduras)  y forrajera (alfalfa), ambas producciones  muy  apetecidas. Era el tiempo, recordemos, cuando  miles de mulas surcaban sudorosas la pampa, tirando las carretas cargadas con bórax,  caliche o salitre rumbo a las Oficinas y/o a los puertos de embarque en el Pacífico. (Foto H. Larrain, Julio 2012).


2. El uso del barro arcilloso arrastrado por el aluvión.

Un elemento básico en la construcción de viviendas era  el barro, utilizado  -como veremos-  como excelente argamasa o mortero para unir  las piedras elegidas para conformar los muros de viviendas y recintos.  Algunas construcciones simples,  como los corrales o recintos precarios para protegerse del frío nocturno (paskanas de refugio; vea  nuestra Fig. 3) ), no necesitan de este elemento o pegamento aglutinante. Simplemente se apila los bolones o cantos rodados, y se les ordena rápidamente hasta alcanzar la altura deseada, acomodándolos ingeniosamente. De seguro, no superaban  los 1.20-1,30  m de altura. Muchas veces tienen la forma de una  C  acostada, para ofrecer oportuna protección contra el viento reinante.  El material pétreo es casi siempre muy abundante en su entorno. Pero las viviendas de habitación permanente o semi-permanente, destinadas a atender los campos de cultivo vecinos, necesitan de una técnica superior, con presencia de  muros bien construidos, más elevados  (hasta 1.80- 2.0 m de altura ) que permitan no solamente sostener firmemente una techumbre y un sencillo envigado donde poder sostener  la trama de  ramas que conforman el techo, sino también  tapar muy bien todos los resquicios por donde se cuela el viento. Había que conformar muros auténticos, perfectamente capaces de ofrecer un buen abrigo. Pero, ¿de dónde podían obtener un barro arcilloso, apto  como aglutinante  para  su argamasa?. La  arena, de cierto,  no sirve para este efecto. La solución era simple: y estaba a su alcance en los bordes del cauce mismo de los arroyos eventuales, labrados por  los aluviones. Porque las aguas de origen altiplánico, al bajar impetuosas hacia la pampa,  arrastraron consigo,  en su primer impulso e impacto ("ola de choque")  gran cantidad de arcilla desde las alturas. Las fotos que siguen (Fotos 21 a 23 ) demuestran  claramente el origen de estos barros arcillosos que hoy lucen compactados y  tan fuertemente endurecidos comos si se tratase de cemento.

Fig. 29.  El cauce profundo de la quebrada de Huatacondo, a la altura del poblado prehispánico de Ramaditas.  La capa superior, de un tono café más oscuro (a la derecha de la foto),  es el producto del aluvión desencadenado en Febrero-Marzo 2012, el más potente registrado en los últimos 50 años, al decir de los lugareños.  Observe en la pared sur del cauce, la rica estratigrafía  que ostenta  las capas de los sucesivos aluviones y coladas de barro. Un solitario molle o pimiento (Schinus molle) ha logrado desarrollarse.  Perspectiva tomada de Weste a Este.  (Foto H. Larrain  5 de Julio 2013).

Fig. 30. Observamos  incrédulos  la potente colada de barro arcilloso, ya totalmente endurecido, que alcanzó en su impetuosa arremetida del mes de Febrero del año 2012 hasta la parte superior de la quebrada. Más de 12 metros separan hoy esta superficie resquebrajada y endurecida de barro arcilloso del fondo del arroyo seco aquí visible. Los colores oscuros, delatan la presencia de la arcilla ya endurecida casi como un cemento;  el color muy  claro  del fondo del arroyo seco, en cambio, la presencia de limos finos, del todo inservibles como aglutinante o mortero. ((Foto H. Larrain, 10 de Junio 2013).

Fig. 31. Oleada ya solidificada de las coladas de barro que en forma de una verdadera marea oscura sobrevino repentinamente hasta el lugar situado al sur y al  frente del sitio arqueológico de Ramaditas.  De esta misma  quebrada, pero mucho más al Este, los antiguos habitantes  de Ramaditas obtuvieron, mediante bocatomas y extensos canales,  el agua para regar sus extensos campos de cultivos. Este mismo barro, fuertemente arcilloso, fue el material elegido por los antiguos constructores como excelente argamasa y aglutinante para formar los muros de sus viviendas. (Foto H. Larrain  10 de julio 2013).



Fig. 32.  Muros de las habitaciones de la antigua aldea prehispánica de Ramaditas, hechos de cantos rodados y gran cantidad de  barro de aluvión que obtuvieron de la vecina quebrada (Fotos 22 y 23).  Estos recintos han sido parcialmente excavados por arqueólogos en los años  precedentes, bajo la dirección del arqueólogo Mario Rivera.  (Foto H. Larrain, Junio 2013).


Fig. 33. Observe la excelente combinación de cantos rodados y barro arcilloso de aluvión. Los materiales constructivos quedan a la vista. No hay interés alguno por enlucir o revocar la superficie externa de los muros. Éstos, miden aproximadamente unos 50-60 cm de ancho. La escala de la regla  marca  1 metro de longitud. (Foto H. Larrain, Junio 2013).

Fig. 34. Observe el cuidado puesto por los constructores al disponer los cantos rodados  en perfecta fila, mostrando su cara más  plana hacia el exterior. El nicho que aquí mostramos  mide  25 cm de ancho con una profundidad de aproximadamente 30 cm. Estos  pequeños nichos u hornacinas, visibles sólo en la parte interior de la vivienda, estaban destinados probablemente a  poner algún ícono o representacion en piedra o en greda cocida de sus deidades tutelares, tal como fue usual entre los Incas en todas sus casas. No estaban , por lo tanto, destinados a la iluminación de algún tipo. Estas viviendas carecían de  ventanas, y, al parecer, también eran parcialmente subterráneas. Tampoco tenían puertas, tal como las conocemos hoy. A falta de puertas, colgaban del muro, en el acceso a la vivienda, lienzos o paños de un tejido tupido como protector contra la intemperie. Los muros de las habitaciones seguramente  alcanzaron algo menos de 2 metros de alto total  y su techumbre estaba formada por algunas vigas de  tamarugo o algarrobo entreveradas de  ramas,  provista de  una cubierta  de barro encima, del mismo material de los muros. La regla  de medir tiene un metro de largo. (Foto H., Larrain, Junio 2013).


Fig. 35. Las rocas planas del  borde  Sur  de la quebrada de Aroma constituyen  el mejor  espacio para que los antiguos viajeros desplegaran sus habilidades artísticas. Esta potente pared rocosa, originada por coladas volcánicas de antigua data,  han sido el escenario ideal para que los antiguos artistas desplegaran sus habilidades  de dibujantes. Afortunadamente, este bloque y los vecinos se alzan  a bastante altura sobre el fondo del valle, impidiendo así a audaces grafiteros modernos consumar sus usuales fechorías, estampando sin el menor pudor o vergüenza su nombre y  fecha, al lado  mismo de estas venerables inscripciones que datan de muchos siglos. (Foto H. Larrain,  Enero de 2004).


 Fig.  36. Curioso canto rodado  que presenta grabadas e incisas,  varias figuras de círculos, alrededor de 13  en total . Fue descubierto por  el arqueólogo piqueño don Luis Briones Morales, hace algunos años,  en un tramo del Qhapaqñan  cerca de  la quebrada de Chacarilla, y al pie de una antigua apacheta marcadora de ruta donde aparentemente se habrían celebrado rituales  de viaje.  ¿Grabar  la imagen solar, mediante  el trazado de un círculo, era una manera de venerarlo o pedirle favores?. Así nos parece.  ¿Qué favores, expresamente?  No tenemos la respuesta  (Foto H. Larrain, Julio 2013).  

3. La presencia esporádica de agua en el desierto.

Sólo muy de paso nos referimos aquí a la presencia eventual de agua en plena pampa, cuando bajan, arrolladores e impetuosos,  los aluviones. Sobre este tema específico hemos escrito otros capítulos en este mismo Blog, señalando la variedad de especies de plantas que suelen presentarse  con la bajada del huayco o aluvión. (Vea nuestros capítulos  de los días   29/06/ 2012  y  31/08/2012, dedicados  precisamente a examinar y estudiar  la flora que produjo el aluvión en las quebradas de Quisma y de Quipisca, en recientes eventos destructores). 


 Fig. 37.  El agua  era  un recurso vital para los viajeros. Aquí el cauce de un  río esporádico  trae agua tras 14 años de total sequía. Este pequeño cauce  de agua corre a menos de 80 m de los dos chasquihuasis del costado  de la quebrada (Foto H. Larrain, Julio 2012).

Fig. 38.  Planta de retamilla,  en flor (Caesalpinia aphila). Una de las escasísimas especies vegetales que es posible hallar en el desierto, en el fondo de los cauces secos, con motivo de la bajada de torrentes de aluvión en los meses de Febrero y Marzo, cada cierto número de años. Este vegetal es casi el único combustible  que un eventual caminante  puede hallar, aún hoy día,  en este desierto. Su supervivencia  por decenios testimonia, a nuestro entender, la existencia de agua subterránea  en estos parajes,que se halla  a poca profundidad. Creemos firmemente que los antiguos, conocedores de esta realidad, fueron capaces de labrar pozos poco profundos para abastecerse aquí de agua.  De hecho, algunos relatos de cronistas señalan que los Incas, antes de la travesía, hacían labrar y limpiar los pozos para contar con agua fresca a su paso. Pozos que, evidentemente, hoy  han desaparecido por completo por el arribo esporádico de los aluviones y que fue preciso mantener, por obra de los mismos chasquis,  siempre activos. Esta tarea, sin duda, debió sin duda ser parte de  las actividades normales de estos guardadores y custodios de los tambos y tambillos, construidos a la vera del "Qhapaqñan" o "Camino del Inca".  (Foto Luis Pérez,  Agosto 2012). 


Reflexiones y conclusiones.

1. Contra lo que podría esperarse de un desierto, el más árido del planeta,  el viajero puede encontrar aún hoy numerosos elementos que le facilitan la existencia. Fuertes lluvias eventuales, propias del invierno altiplánico, en ocasiones  arrastran gran cantidad de agua, arcilla, barros,  arenas y  y sedimentos hasta casi el extremo Weste de la pampa del Tamarugal, anegando extensas áreas. Si bien aquí mismo no llueve casi nunca, el agua del aluvión baja impetuosa por  las quebradas, procedente del Este, arrasando campos de cultivo y  recintos habitacionales y llenando de lodo y limos extensos sectores de  la superficie. de la pampa. Con ímpetu se interna en  ésta, formando, en ocasiones, verdaderos lagos interiores,  cuya agua somera dura  por muchos meses hasta evaporarse por completo. Hemos sido testigos varias veces de esta situación en distintos años tanto en la quebrada de Tarapacá, como en la de Quipisca, Aroma y  Huatacondo.  

2. Junto con el agua,  el torrente  de aluvión arrastra consigo  toda clase de rocas, algunas de ellas utilísimas al hombre como el basalto y el sílex, el cuarzo o la dacita, la malaquita o la turquesa,  materias primas básicas para la elaboración de puntas de proyectil, cuchillos, raspadores, percutores o morteros y numerosos objetos de adorno personal (collares, pectorales, etc.)

3. Pero también el aluvión arrastró en la antigüedad  enormes árboles enteros, cuyos troncos y ramas quedaron sepultados en la pampa y  fueron descubiertos y explotados más tarde como "leña fósil",  por los cateadores  de la época del salitre.

4. Tales aluviones, con mucho menor potencia y energía que en el pasado, aún son capaces de  arrastrar plantas, cañaverales,  ramas y pequeños troncos que quedan allí  diseminados en el piso de la quebrada como excelente combustible para  la fogata que encendía,  para librarse del frío nocturno, el viajero ocasional o frecuente del pasado. 

5. El paso frecuente de caravanas o caminantes por este desierto y sus huellas ha quedado testimoniado en forma indeleble por la presencia de su cerámica rota, allí abandonada por inútil,  sus  instrumentos, herramientas y objetos desechados o perdidos, desde los tiempos del período de Desarrollo Regional indígena por lo menos.  Hemos hallado cerámica indígena fragmentada, de distintos estilos y épocas,   en numerosos sitios por donde transita el antiguo "Camino del Inca", restos  que se remontan al menos hasta  el Período de Desarrollo Regional (950 DC hasta  la llegada del Inca: 1470  D.C). 

6- Una de estas rutas de comunicación entre los poblados distantes, llamada hoy el "Camino del Inca",  o Qhapaqñan  seguramente  aprovechó, en varios de sus ramales, huellas mucho más antiguas, muy anteriores al  Incario  y permitió un rápido desplazamiento N-S,   tal vez desde los tiempos  del antiguo Tiahuanaco (siglos VII y VIII D.C). Pero no tenemos  aún  pruebas fehacientes de este último aserto. En todo caso, resulta evidente que los Incas trataron de establecer  comunicaciones  muy rápidas y expeditas, entre distancias largas,  y para ello  prefirieron  utilizar aquellos tramos orientados  francamente  con un marcado  rumbo  N-S, sorteando infinita quebradas  secas y  poderosos pedregales. 












sábado, 1 de enero de 2011

El "cerro rico de Huantajaya", visto por el Gobernador Interino de Potosi Vicente Cañete y Domínguez en 1787.

En este capítulo de nuestro Blog pretendemos hacer especial referencia a un valioso documento de fines del siglo XVIII que hace mención específica a la mina de plata de Huantajaya, en las proximidades de Iquique. La sección de la obra correspondiente a Huantajaya y sus minas, fue nuevamente publicada con notas por el suscrito en diciembre del año 1974, en la revista "Norte Grande", (Vol. I. Nº 2) del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile (1974: 233-242).

Su data original es de 1791 y apareció en una notable obra del autor intitulada: Guía Histórica, Física, Política, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de la Provincia del Potosí. Su autor fue el Intendente interino de Potosí don Vicente Cañete y Domínguez (1756- 1816). Hombre muy activo y capaz, se dedicó a estudiar con rigor los problemas de su jurisdicción, "desenterrando viejas noticias de la provincia para hacer de ellas una colección para el gobierno de los empleados de esta Villa [de Potosi]" - como el mismo expresamente lo señala.

Potosí por esos años (1776) habia sido incorporado al recientemente fundado Virreinato de Buenos Aires o del Río de la Plata. La enorme distancia de Buenos Aires y el litoral atlántico de Lima, la capital virreinal, de quien hasta entonces dependía, hizo necesaria la creación de este Virreinato por el Rey Carlos III de España como modo concreto de contrarrestar el apetito de franceses, ingleses y holandeses por asentarse en esos territorios atlánticos débilmente defendidos. El recién creado Virreinato ya tenía salida al Pacífico a través de la Provincia de Atacama con acceso por los puertos o caletas de Cobija y Tocopilla. Cañete y Domínguez intenta convencer a las autoridades españolas de la "conveniencia de agregar a éste Virreinato el Partido de Tarapaca, tirando la línea de demarcación [con el de Lima] por la quebrada de Camarones (19º 10´Sur).

El Intendente Cañete cree descubrir poderosos argumentos que favorecerían dicha modificación de fronteras, en forma especial para el fomento de la minería local, concretamente en Huantajaya, y para la explotación agrícola de la Pampa del Tamarugal. La íntima relación económica preexistente, desde muy antiguos tiempos, entre Lipes y Tarapacá, y entre Tarapacá y Atacama (anexionado este último ya al Virreinato de Buenos Aires) favorecerían enormemente este Proyecto.

El proyecto lo titula:

"Proyecto previo en que se demuestra la conveniencia que debe esperarse a beneficio del rey y del Estado, si se agrega al Virreinato de Buenos Aires el Partido de Tarapacá, con el cerro rico de Guantajaia y su territorio, trando la línea de demarcación por la quebrada de Camarones".

Tal Proyecto nunca fue acogido por la autoridad española, pero su texto constituye para nosotros un hito histórico notable para el conocimiento de la importancia del yacimiento de plata de Huantajaya, tal como era visto por las autoridades españolas desde Potosí. Recordemos que el mineral de Potosí fue en su época el máximo exponente de la minería hispana en América, y no pocos autores vieron en Huantajaya un "segundo Potosí". Potosí , en efecto, ostentaba una reconocida experiencia minera pionera en América, y la experiencia de sus logros técnicos podía ser transferida fácilmente a los nuevos yacimientos de Tarapacá. La proximidad geográfica entre Potosí y Tarapacá, aconsejaba, además, el poder transportar elementos básicos, como pólvora, alimentos, expertos mineros y aún pobladores al casi despoblado Tarapacá por entonces, a través de antiguas vías transversales, ampliamente conocidas desde tiempos indígenas. El dominio de la lengua aymara (o quechua) por otra parte, les era común en esas fechas, y favorecia indudablemente tales contactos.

Analizaremos el Documento tratando de comprender la importancia que vio Cañete y Domínguez en esta iniciativa suya, que hoy parece tan lógica y natural.

1. Los indígenas de Pica y Tarapacá se pasan comúnmente a Atacama para intercambiar su s productos "y también para el rescate de oro y plata".




miércoles, 19 de mayo de 2010

Un prisma para mirar el desierto: El "Centro del Desierto de Atacama" de la Universidad Católica.

Fig. 1. Portada del artículo. Presentación del "Centro del Desierto de Atacama", de la Universidad Católica de Chile. Antecedentes históricos de trabajos de investigación de sus académicos universitarios en la Región de Tarapacá.

Fig. 2. Página dos del artículo.Escenas reales de investigaciones in situ realizadas en los oasis de niebla de Alto Patache y Cerro Guanaco (2006-2008). Se valora el trabajo en terreno realizado en un equipo multidisciplinario.

Un artículo que compendia los objetivos de este nuevo Centro de la Universidad Católica.

Presentamos hoy este pequeño artículo nuestro referido a la reciente fundación del "Centro del Desierto de Atacama", de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue publicado en una pequeña revista turística regional de Iquique, titulada Puerto Mayor, y apareció en el mes de agosto 2008 (Año 2, número 16:13-14).

¿ Su objetivo?

Explicar el porqué de este Centro y su nacimiento como fruto maduro de largos años de investigaciones de geógrafos, geólogos, historiadores y antropólogos vinculados a la Universidad Católica.

¿Sus metas?

a) dar cabida a varios investigadores, pertenecientes a diversos departamentos o decanatos de la Universidad Católica que desde antiguo venían realizando tareas de investigación en el Norte Grande de Chile, con escasa vinculación y contacto entre ellos;

b) formar equipos mixtos de investigación, tanto de las ciencias humanas como de las ciencias fìsicas, geográficas , con el objeto de obtener una visión mas holística y completa para enfrentar los complejos problemas regionales;

c) optimizar los recursos para la investigación;

d) apoyar los esfuerzos de comunidades y pueblos en pos de su desarrollo, siempre teniendo en la mira la propia identidad regional;

e) atraer e invitar a investigadores de los Institutos y/o Universidades locales a proyectos conjuntos, con el ánimo de favorecer el encuentro entre loscien tíficos y académicos de la Región;

f) Obtener una visión más completa de las problemáticas locales, sobre la base de un conocimiento más profundo de su escenario geográfico-físico, mediante un manejo más cabal y más expedito de la cartografía regional . Se valora el aporte de la geografía a la investigación regional.

g) Cimentar las bases de una educación ambiental consciente de las problemáticas regionales

Sus desafíos:


a) Identificar los principales problemas tanto físicos como humanos que determinan el futuro del desarrollo de las Regiones que conforman el Norte desértico;

b) Lograr un acercamiento constructivo y de colaboración mutua con los Centros de Estudio regionales ya preexistentes;

c) Obtener para esta Región de Chile el aporte académico y científico de connotadas universidades extranjeras, interesadas en el conocimiento y estudio del desierto;

d) Conseguir el apoyo ciudadano, en especial de las poblaciones más marginadas como son las caletas costeras y las comunidades indígenas del interior, lugares donde menos llega hoy la ayuda estatal, mediante la detección de sus problemas básicos y el análisis y estudio de los mismos.

Continuadores de la obra pionera de la revista "Norte Grande".

Con estas premisas in mente, el Centro quiere poner por obra lo que la Revista "Norte Grande," su primera creación en el tiempo, afirmara en su editorial del mes de Marzo del año 1974, hace exactamente 36 años: "contribuir a la profundización de los estudios regionales que el Norte de Chile requiere tal vez con mayor intensidad que otras zonas geográficas del país; analizar y difundir materiales de estudio que sirvan para interpretar y comprender la vida de las comunidades antiguas y modernas, para así ofrecer a las entidades estatales una base documental seria para sus proyectos de desarrollo".

El actual "Centro del Desierto de Atacama", creado por iniciativa del Rector de la Universidad Católica don Pablo Rosso R. en el año 2007, pretende seguir siendo fiel a estas premisas, trazadas al calor y al fragor de las experiencias de campo de sus pioneros en la Pampa del Tamarugal y Quebrada de Tarapacá.

Estas premisas calzan perfectamente bien con el enfoque eco-cultural de raíz tanto geográfica como antropológica que le han señalado sus primeros iniciadores y, en este sentido, se insertan en una visión eco-antropológica de las culturas humanas pobladoras de los territorios del desierto más árido de la tierra.

El "Centro del Desierto de Atacama", radica hoy en las dependencias del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y su Directora es la geógrafa Pilar Cereceda Troncoso, autora de numerosas obras en el campo de la Geografía de Chile y de la Educación Ambiental. Posee una filial enla zona de Iquique, donde se encuentra la Coordinación Regional y la Casa-Estación del Oasis de Niebla de Alto Patache.

(mayores antecedentes en www.ceda.uc.cl y el blog http://eco-antropologia.blogspot.com)

miércoles, 22 de octubre de 2008

El legado del jesuíta Gustavo Le Paige S.J.: Noviembre 1979


En octubre 1979, Gustavo Le Paige, el sacerdote-arqueólogo jesuíta, fue obligado por sus superiores a viajar a Santiago, para cuidar de su salud e internarse en el hospital. Tenía ya 76 años cumplidos. Lo hizo a regañadientes, pues presentía que ya no volvería a su querido San Pedro. Supe que estaba muy enfermo y decidí ir a visitarlo. Yo había sido su confidente y amigo en aquellos ya lejanos años 1963-64, en San Pedro de Atacama. Por entonces, siendo también yo miembro de la orden jesuíta, se suponía que sería el sucesor obligado de Le Paige en el Museo de San Pedro. Mi gusto por la arqueología asi lo hacía presentir. Cuando iba, pues, a San Pedro, alojaba en la humilde casa parroquial de piso de barro y llena de polvo, y departía con Le Paige como un hermano. Las circunstancias siguientes me hicieron variar de derrotero, y abandonando la orden de la Compañía de Jesús a comienzos del año 1965, viajé a México y me matriculé en la Universidad Autónoma de México, en la carrera de Arqueología.

El germen que sembrara Le Paige durante esas asiduas visitas a San Pedro (1963-65), en que de sobremesa, cada noche, nos sumíamos en hondas cavilaciones sobre la importancia y antigüedad de la cultura atacameña, hizo fructificar en mí una vocación de arqueólogo que me ha acompañado toda mi vida, hasta el día de hoy. A menudo el punto focal de nuestras conversaciones versaba sobre las teorías antropológicas del también jesuíta, Pierre Teilhard de Chardin (Orcines, [Francia], 1881 - Nueva York [USA], 1955), genial paleontólogo y eximio teólogo, mirado con reticencia por entonces en la Iglesia Católica por sus ideas evolucionistas. Teilhard era muy admirado por Le Paige a quien leía con especial fruición. Le Phénomène humain, obra crucial de Teihard (editada secretamente en 1948 y publicada solo luego de su muerte en 1955, en Nueva York), era uno de sus libros de cabecera. Pronto llegó también a ser el mío.

Redacté estas líneas en mi Diario de Campo a pocas horas de haber efectuado la entrevista adjunta. Durante muchos años, he guardado celosamente este documento. Aunque pudiera alguien pensar que no es oportuno referirse a situaciones tan personales, a reflexiones hechas en la intimidad de una conversación privada, estimo, pasado ya tanto tiempo, que este escrito permitirá revelar la grandeza de alma de Le Paige, su espíritu de cristiano ejemplar y de científico profundo. Estoy cierto que esta entrevista arrojará nueva luz sobre facetas del pensamiento de este sacerdote-arqueólogo, las que nos permitirán conocer más a fondo su rica personalidad y sus ideales más caros. Copio textualmente de mi Diario de Campo (Vol. XII (1979), 104-111) el detalle de la entrevista que le hiciera en ese momento:

"2/XI/1979. Visito al P. Gustavo Le Paige S.J., recluído en una pieza del Colegio San Ignacio [Residencia de los Jesuítas, en calle Alonso Ovalle, esquina San Ignacio]. Son las 11.30 A.M. Está [siendo cuidado por] un muchacho de Antofagasta, que le sirve de enfermero. Llevo la grabadora oculta dentro del portadocumentos. La grabación, es apenas audible. Está feliz de verme. No nos veíamos desde Enero del año 1965, a pesar de habernos escrito varias veces [entretanto]. Está hace como tres semanas en Santiago. Problemas del riñón, [como] consecuencia de una operación a la próstata, por haber dejado de tomar un remedio que se le recomendara.[En efecto,] se escapó del hospital de Chuquicamata [sin terminar su tratamiento]. Habla muy quedo. Apenas lo escucho. Comenzamos [la conversación] en castellano; luego, insensiblemente, nos pasamos al francés. No oculta su gran alegría al verme nuevamente. En la grabación [que acabo de escuchar] mi voz es muy clara [así como] mis preguntas. Esta me guiará en est reproducción [hecha de memoria] de la entrevista. Entre corchetes, las palabras que agrego para una mejor intelección del texto de la entrevista.

Le digo que lo veo muy bien de aspecto físico. Pero le cuesta harto caminar y sentarse. [El enfermero acompañante lo ayuda a acomodarse en la silla]. Lo felicito por el libro sobre la Cultura Atacameña que acaba de publicar con Bente Bittmann y Lautaro Núñez ["Cultura Atacameña", Serie El Patrimonio Cultural Chileno, Colección Culturas Aborigenes, Ministerio de Educación, Departamento de Extensión cultural, Octubre 1978, 64 p.]. Se muestra orgulloso de èl. lo hace traer [por el enfermero]. Me muestra sus fotos. Me dice: "ahora podemos decir que se publica bien en Chile...Es un orgullo para nosotros".. Me muestra la hoja [de la obra] donde se reproduce una punta [lítica] de 20.5 cm. de largo. Me dice que fue suya la idea de publicar estos volúmenes: "fue mi propia idea". Pero [observo] que no se dice eso en la obra.

Le cuento de nuestro Proyecto para hacer una "Etnografía de Chile" desde la llegada del español. Me contesta: "hay que ver de dónde vienen [los ancestros] y para eso se necesitan dataciones de C 14". Le explico que partimos con la llegada del español, y solo de paso nos referiremos a los antecedentes arqueológicos. Insiste en que deberíamos referirnos al aspecto biológico de los grupos (estudio de los grupos sanguíneos de cada comunidad étnica) ; [lo que hoy se hace mediante el estudio del ADN de los pueblos]. De tener esos datos [me dice] habría una maravillosa confirmación acerca de su origen.

Le pregunto quién sigue con [la revista] Estudios Atacameños, [ de la que fuera fundador]. Me dice que el Centro formado en el propio Museo de San Pedro. Lo embromo [diciéndole] "me ofrezco para ir personalmente a San Pedro,... ¿me recibe allá?" . "Por cierto", me contesta sin dudar

Le pregunto si tiene [disponible para mí] un ejemplar de su obra "Culturas Atacameñas". [Hace un gesto al enfermero para que me reserve uno].

Le pregunto [a continuación, en francés]: "Est-ce-que vous vous rappelez quand nous sommes allés visiter Tambillo et la decouverte que nous avons fait ensemble là?". Se ríe, recordando aquel mes de Noviembre 1974. "Sous la pierre il-y-avait un cràne". "No recuerdo bien las fechas", me dice. Le digo que todo ello debe estar escrito en su Diario. "Por cierto", me dice. "Hay que publicarlo", le digo. "Lo vamos a publicar", me dice. Le observo: " [mais] votre Journal est plein des signes inintelligibles, qu´il faudrait traduire". Me dice que al comienzo [de su Diario] hay un glosario de los signos (abreviaciones) que usa.

Me ofrezco para ayudarlo en la publicación de sus manuscritos (Journal). Le recuerdo cuando le dibujé para un número de Anales de la Universidad del Norte, tabletas de rapé y tubos de hueso con decoración [propia] de Tiahunaco. Me dice que está por publicar un libro sobre las 125 tabletas de rapé que existen en [el Museo de ] San Pedro. Tiene la sospecha de que el Tiahuanaco de San Pedro podría ser un antecedente del Tiahuanaco Clásico del Lago Titicaca. No están aún seguros, pero sospechan que el Tiahuanaco Clásico sea posterior a lo [hallado en] San Pedro. Pero no tienen las pruebas.

"Creo que Ud. nos acompañará aún por muchos años", le observo. Se ríe y reimos juntos alegremente. Le pregunto: ¿se enviará a otro jesuíta para hacerse cargo del Museo, o no?. Le expreso mi temor de que la obra científica de la Iglesia se vea abandonada allá. Me dice que es muy dura la vida allá, que no se vé quién pudiera ir. No teme por la obra de la Iglesia, pues la Compañía de Jesús tiene tanta parte en la obra (Museo) como la Universidad del Norte.. Insiste en que él es el Director del Museo. Pero, le digo: "¿et aprés Vous?... "¿après moi le Déluge"?. Se ríe. No ve el peligro (que yo estoy convencido existe y grave) . Cree que la Compañía de Jesús y sus Provinciales tienen [clara] conciencia del problema [que se generará luego de su muerte].

Le pregunto qué relación tiene con el P. [Giorgio] Serracino, que estuvo con él en San Pedro. Me dice que lo ordenaron de sacerdote "sin suficiente información", me insiste. "Desde el punto de vista científico, le digo, ¿no cree Ud. que sería el candidato ideal para ocupar su puesto en San Pedro?. "No", me contesta. "Tiene un carácter infernal". Expresa sus dudas sobre [la solidez de] su formación arqueológica en U.S.A. [G. Serracino estuvo un semestre siguiendo cursos de arqueología en Cornell University hace pocos años atrás]. [Le Paige] no parece confiar mucho en ella.

"¿Cuál cree Ud. - le pregunto- el aporte más importante hecho por Ud. a la arqueología chilena e internacional?. "Revelar San Pedro", me dice sin la menor vacilación. Antes de él, casi nada se sabía sobre San Pedro [de Atacama]. Se conocía la iglesia del pueblo, el pukará... Muy poco más. Me muestra [en su libro reciente] una foto de una piedra laja tallada [procedente] de Tulán. Me dice que es la cultura tal vez más interesante de la zona de San Pedro. Le digo que no he visitado San Pedro desde 1964. Se ríe suavemente. "Vaya a verlo - me dice- "el Museo está muy lindo". Le pregunto qué piensa hoy acerca de los antiguos niveles del lago. Acepta que hubo niveles mucho más altos del lago [ que hoy]. Cree que hubo mayores aportes de agua y que luego hubo mucha evaporación y empezó a descender el nivel de las aguas. Le pregunto: "¿por qué cree Ud. que hubo desarrollo cultural tan importante en San Pedro de Atacama?. "Es la presencia del oasis" - me dice sin dudar. ¿Cree Ud, que sus habitantes se refugiaron (huyendo) desde otras regiones?. "No, la evolución cultural se produjo allí mismo", me dice enfáticamente. ¿Cree Ud, que la población de San Pedro, digamos hacia los 500 D.C., fue más numerosa que hoy? "Poco más importante que hoy, pero no mucho más" - me dice.

"!Cuántos recuerdos!", me dice. ¿Cuál es su impresión general acerca de su presencia en San Pedro durante tantos años (20-21 años)?, ¿Le gustó vivir allí, verdad?. "Oh sí", me dice, con entusiasmo, "fue mi vida... viví feliz allí". Le pregunto: ¿Sintió Ud. alguna vez una discordancia [discrepancia] entre sus creencia religiosa y espíritu apostólico y su vocación arqueológica?. "De ningún modo", me dice. "Dios es también el Dios de la Ciencia. Siempre dije a los pobladores de San Pedro que yo me debía a la Humanidad antes a que a ellos. Jamás me negué a ellos. Ellos lo entendieron, pero no todos. Ni podía pretender que lo entendieran todos. Nunca tuve el menor escrúpulo [respecto] de mi actividad arqueológica en San Pedro".

Le pregunto: ¿Cómo lo consideraron [ a Ud.] los científicos visitantes?, ¿como religioso o como científico? " Ambas cosas siempre", me dice. "Me respetaron en mi doble calidad de científico y de religioso". Le digo: y los obispos, ¿cómo lo comprendieron?.... ¿ y Monseñor Valenzuela? Se sonríe. "Algunos más, otros menos; pero todos respetaron mi obra". ¿Y los Provinciales jesuítas ?. "Plena comprensión y apoyo total" , me dice. "Ellos eran conscientss de la gran obra científica que se estaba haciendo. Jamás tuve un problema con ellos", me dice.

Me ofrezco para ayudarlo en sus publicaciones. Me dice: "que tiene todavía algunos MSS [manuscritos] que desearía publicar. Que ahora, con la paz del retiro de Santiago, ha escrito algunas ideas. Que ha reflexionado mucho y recibido muchas luces sobre Dios, la Trinidad, la Eucaristía y la vida espiritual, el alma... , con gran claridad." Le pedí que escribiera todo eso...Me dijo que quisiera confiarme algunos manuscritos para que yo me encargara de su publicación. Le dije que le prometía hacerlo, y lo haría en la Revista Norte Grande [revista que yo por entonces publicaba en el Instituto de Geografía de la Universidad Católica] . Me lo agradeció mucho. Se emocionó mucho cuando me lo dijo. Presentí que estos documentos - y tal vez también su "Journal" [Diario de Campo], me los confiaría. Me sentiría ciertamente muy honrado de poder hacerlo, pues creo que ayudar en esa obra, sería un honor para mí.

Me pidió que volviera a verlo. Que teníamos [aún] mucho que hablar. Estaba muy emocionado y ambos derramamos lágrimas juntos. Le aseguré que volvería y le llevaría el último número de Norte Grande. Me levanté, me hinqué y le pedí su bendición. Me la dió, emocionado, en castellano. "Horacio, siempre confié en Ud. "No estoy triste de que Ud. haya abandonado la Conpañía de Jesús. Son los caminos de Dios. Y Ud. siguió el camino de la Ciencia. Sea fiel".

Me despido diciéndole: "no me olvide en sus oraciones". Me acompaña con su mirada viva y emocionada hasta la puerta. Dice a su enfermero: "si viene el señor Larrain, hágalo entrar de inmediato". Son las 13.20 hrs." (fin de la entrevista). (Extracto ad litteram del mi Diario de Campo, Vol. 12, pp. 104-11, con adición de explicaciones entre corchetes).

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Hoy. a casi treinta años de aquella entrevista, aún me emociono al recordar su bondadosa acogida y su franca y espontánea conversación sobre temas religiosos y arqueológicos, sobre los que tanto departimos, rodeados de sus fieles perros, en muchas noches heladas, en la parroquia de San Pedro de Atacama. Sin la menor duda, debo mi vocación científica a aquellos recorridos por los polvorientos caminos de Atacama acompañando y preguntando mil cosas al Padre Le Paige. Y he procurado serle fiel, tal como él me lo pidiera.

Y una vez más, me convenzo que la intrincada cadena de la transmisión científica del conocimiento de generación en generación, pasa por el diálogo franco y abierto entre maestros y discípulos. Los primeros, tratando de dar lo mejor de sí, su visión de las cosas y su experiencia, y, los segundos, viendo todo lo rico y positivo que se encierra en ese mensaje de vida; luego vendrán los pasos siguientes, en ansiosa búsqueda personal de la verdad huidiza y lejana, siempre esforzándonos más y más hacia el conocimiento total. Pero sabiendo que por mucho que escrutemos e indaguemos, la verdad total nos será esquiva y, a lo más, alcanzaremos algunos tímidos atisbos de ella, sin lograr aprehenderla en su plenitud total. Esta solo la posee Dios, sumo hacedor y conocedor de todas las cosas: "las visibles y las invisibles" (visibilia et invisibilia).