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sábado, 13 de diciembre de 2014

Potrerillos: triste abandono y muerte lenta de una ciudad minera: ¿Es justo?, ¿es ético?, ¿es aceptable?.

En este capítulo de nuestro Blog, pretendemos analizar  un tema relacionado con la presencia y actividad de grandes minas en nuestro país. ¿Qué ocurre cuando el mineral se agota  o baja considerablemente su ley?. ¿Qué ocurre hoy y qué debería ocurrir en el futuro?.  ¿Qué pasa con sus ciudades-campamentos abandonados?.  O mejor dicho,  ¿qué debería pasar?.

El caso del mineral de Potrerillos.

Potrerillos, ciudad minera enclavada en la precordillera de Copiapó, a casi 2.900 m de altitud. Coordenadas geográficas:  26º 26´03´´ S   y   69º 29´00´´ W.


Fig. 0.  Esta ciudad minera pertenece a  la División Salvador de  CODELCO, Chile. La   vista satelítica que aquí se ofrece,  proviene de  Google Earth. Observe Ud,  las gigantescas dimensiones de la torta de relaves, conocida como El Arenal",  (en color blanquecino, claro), situada directamente  al sur de la ciudad, fuente cierta de contaminación.  Por comodidad y proximidad a la fundición  este botadero de ripios  fue ubicado muy próximo al campamento, como fue habitual en todas las explotaciones mineras de la misma época. Al parecer, había un  total desconocimiento por parte de la población de la toxicidad de estas "arenas", aparentemente  inocuas. La pequeña ciudad, trazada en  manzanas perfectamente rectas, se halla inmediatamente al norte y noreste de la  "torta" de ripios. Como los vientos reinantes  en la zona  soplan predominantemente desde el  sur, es fácil imaginar   cómo el ambiente  debió estar  con frecuencia saturado de polvo en suspensión, polvo sucio, contaminado, por efecto directo de los procesos industriales  que  utilizaban el ácido sulfúrico. La torta de ripios y arenas aquí visible,  presenta una superficie equivalente casi al doble de la pequeña ciudad y su mina adyacente ( situada al Este de la misma).

Un problema  no resuelto en Chile.

Tocamos aquí un  problema candente, quemante, desgraciadamente muy actual en nuestro país: el destino futuro de  los grandes campamentos mineros en Chile. ¿Qué hacer con ellos cuando  terminan su vida útil y se decide su término?. ¿Simplemente  abandonarlos  y dejarlos a  su suerte, tragados por  el paso del tiempo?; ¿Trasladarlos?;  ¿Transformarlos, tal vez,  en un "Museo de la Memoria"?;   ¿Demolerlos desde sus cimientos?; ¿Regalar a sus antiguos habitadores lo  que queda  en pie, para que ellos se  lleven lo que puedan aprovechar   (calaminas, madera, latón, sanitarios, puertas y ventanas, etc.)?.

¿A cuál de estas alternativas ha recurrido hoy  la Empresa? Aparentemente, al menos  por las señales dadas hasta ahora, a la primera alternativa: abandonar la pequeña ciudad a su  triste suerte. ¿Qué podemos pensar  de esta solución?.  Este es  el tema de nuestra meditación de hoy. 

La vida y el  cierre de Potrerillos.

William Braden, compró los derechos de esta mina en el año  1913. Con anterioridad, operaba con el primitivo sistema de pirquines.  Inició sus actividades bajo el nuevo dueño entre  1918-1920.  Operó desde sus inicios con el nombre de la "Andes Copper Mining".  La mina cesó sus actividades  en el año  1959. Solo se mantuvo en operación la fundición que todavía  hoy día opera  con lo extraído del mineral del Salvador, no lejos de aquí. Está  ubicada a los casi 2.900 m de altitud,  en  la precordillera de Atacama,  IIIª Región de Chile. Al cierre, su población se dispersó, emigró a los pueblos y ciudades más cercanas   y solo ha quedado  en actividad  su fundición mantenida por un escaso personal que llega hoy  en buses a sus faenas.  Hoy puede ser visitado por extraños- como en el caso nuestro- , pero con ciertas restricciones  y con permiso especial otorgado por Gerencia. 

En este capítulo, que acompañamos de  recientes fotografías nuestras tomadas in situ,  examinamos el hecho de su desamparo desde el punto de vista de la historia  crítica, de  la eco-antropología, o si se prefiere,  de una ética de base antropológica.   

La pregunta que nos hacemos es la siguiente:

 ¿Es lícito, es legitimo,  dejar en total abandono una ciudad por parte de una empresa minera, una vez que no resulta rentable seguir produciendo el mineral?. ¿Tiene justificación  el destruir -o abandonar a su suerte que es lo mismo- -  sus instalaciones, sus viviendas, sus plazas,  sus  estadios, sus hospitales o teatros, sus escuelas  o liceos, sus iglesias o  su cementerio.?  

¿Son tan solo  campamentos de tránsito?.

¿Son simples "campamentos", esto es, "lugares de paso", como lo afirma  la Empresa  (hoy CODELCO-Chile) y, por tanto desmantelables y desarmables en cualquier momento?.  ¿ O son auténticas ciudades pequeñas que han acumulado mucha  historia humana, actividad  y vida propia  y que, por tanto, merecen sobrevivir?.  El tema  es complejo  y merece un análisis más fino. En otras palabras, ¿las familias que aquí vivieron por al menos dos y hasta tres generaciones,  ¿no tienen derecho alguno a exigir que este lugar se respete y se conserve a perpetuidad?. ¿Su opinión, ¿no cuenta para nada?. Los que aquí murieron y yacen en el camposanto de Potrerillos, ¿no merecen, acaso,  nuestro profundo  respeto y que se conserve su memoria?. Es la gran pregunta  para la cual el Estado chileno de hoy aún no tiene respuesta. Al menos, jurídica y legalmente, ninguna. El tema forma parte del debate.

Delito, hoy por hoy no; irresponsabilidad e inmoralidad, sí.

La empresa que abandona  sus campamentos (tal como ocurriera  antaño con las antiguas Oficinas Salitreras del Norte Grande) no incurre estrictamente en  delito. Porque la Ley nada establece al respecto. El tema no es, por tanto, legal, sino más bien ético, social y moral. Para nosotros, es un tema que ciertamente  atañe a la "responsabilidad social" de la Empresa. A una auténtica responsabilidad social. No a una responsabilidad social que solo contemple (como ocurre hoy) a sus obreros y empleados.  Porque  se trata aquí de   una responsabilidad  (¿o irresponsabilidad?)  frente a la sociedad toda   y, en particular, frente a la sociedad humana de la Región de Atacama donde se inserta el Mineral. El Estado de Chile entregó, para su explotación,(¡no para su destrucción in aeternum!)  un trozo virgen de su territorio patrio. Tiene por tanto pleno derecho a que este trozo de territorio  suyo quede, luego de su explotación, lo más limpio y decente que sea posible; ojalá, inmaculado. Y si la empresa construyó aquí para sus fines  de explotación una  auténtica ciudad,   que ésta preste a futuro alguna utilidad como patrimonio regional y quede - de alguna manera- al servicio de la Región y no se convierta en un horrible lastre, en un estorbo.

Imaginemos cien ciudades abandonadas.

Llevemos, ahora, para aquilatar su fuerza, este argumento nuestro ad absurdum. Este juego mental nuestro nos  ayudará  a comprender las graves dimensiones del problema.  Imaginemos que no hay un campamento-ciudad  (como en el caso presente), sino cien (100) esparcidos en toda la Región. Cien enormes minas. Imaginemos por un instante a estos cien campamentos-ciudades en total abandono y  destrucción, víctimas de un sórdido vandalismo y  brutal  pillaje.¿Qué ocurriría entonces?.  El turismo regional, de inmediato,  "pondría el grito en el cielo" por tal acto de  barbarie: ¡qué duda cabe!.  Ya que cien paisajes geográficos de su Región han quedado no solo afeados y afectados,  sino destruidos para siempre; peor aún, entregados  al vandalismo y al saqueo. Los expertos en patrimonio "pondrían, a no dudarlo,  el grito en el cielo".

Concluyendo de este argumento:

De esta hipotética consideración nuestra (el argumento llevado ad absurdum) brota   clara y evidente, una clarísima  responsabilidad de dichas Empresas mineras, ante la Región y sus habitantes, ante  el futuro de esa región. Pensar lo contrario, significaría que  el único destino probable de  esa región sería llegar a convertirse un día en una gigantesca superficie tapizada de hoyos   y  de   tortas de ripio,  rodeada  de ciudades muertas y desmanteladas.  Ahora bien:  ¿han pensado estas poderosas Empresas  en el futuro de la Región en que se han insertado?   ¿El futuro predecible  de esta región será solo  convertirse en un   basural o vertedero de ciudades desmanteladas, ingentes tortas de ripio, tranques colmatados  y campamentos abandonados?.  ¿Destrucción, desolación y muerte por doquier?.  ¿Así queremos  imaginar  el futuro de Atacama en los siglos  XXII ó XXIII?.  ¿Sería esto coincidente con  el sueño de Atacama para el mañana?. Ciertamente, no lo creemos.

Las fotos son elocuentes.

Las fotos  aquí expuestas son todas nuestras, salvo que se señale expresamente lo contrario. Disponíamos tan solo de poco más de media hora para nuestra visita la  que, en realidad, resultó  ser, muy a pesar nuestro,  " a vuelo de pájaro".  Un día completo habría sido insuficiente para  tomar nota cuidadosa de todo. Por tanto, las reflexiones y tomas fotográficas  aquí ofrecidas, son el fruto de un vistazo rápido, hecho a la carrera.

Contemplemos las fotografías y luego  reflexionemos.

Fig. 1.  El ingreso a la antigua ciudad que en su período de auge  llegó a albergar más de  7.000 personas. Una barrera  impide el paso normal al recinto. Un letrero anuncia  que estamos en  el "Ex Campamento de Potrerillos". La usina aún muestra actividad  (su chimenea humea todavía), pero la ciudad misma, (el "campamento")  está ya muerta y en  decadencia, como veremos.

Fig.  2.  Camiones de alto tonelaje  traen todavía combustible (petróleo) para la fundición  del mineral.


Fig. 3.   Desde el marco de una ventana, captamos rápidamente  esta imagen de una calle.

Fig. 4.  Casas de antiguos funcionarios, en plena decadencia. Ya nadie repara los daños en la verja. Casas amplias y cómodas, de varias habitaciones.

Fig. 4.  Aquí habitó, seguramente,   algún ingeniero de la empresa.

Fig. 5.  Esta casa pudo pertenecer a alguno de los altos jefes del Mineral. Hermosos  pinos (Pinus macrocarpa)  la rodeaban, ofreciendo sombra y grata  presencia.

Fig. 6. Una de las mansiones de mayor tamaño y belleza. Desde el interior al l pórtico de entrada.

Fig. 7. Un ejemplar del  pino macrocarpa, otrora majestuoso,  que aquí vivió por unos  50-60 años a lo menos  y yace hoy seco y  muerto, por falta de riego. Se alzaba a un costado  de la escala de ingreso a esta propiedad, tal vez  la más importante del mineral (¿era tal vez la casa del gerente general?).  Aún se yergue altivo como estampa de un pasado glorioso.

Fig. 8. Cierre perimetral  en torno a otra mansión del mineral. Hacia el costado izquierdo, tronco y ramaje de un pino ya caido por efecto de algún ventarrón.

Fig. 9.  La misma mansión vista desde su frente, esto es desde el poniente. Observe  los muros bajos, construidos de bloquetas hechas de escorias del mineral prensadas. Artificio notable que permitió acceder a un excelente material constructivo. Fue de amplio uso en este mineral.
                                             .
Fig. 10.  Una pequeña plaza, mirador espléndido hacia el poniente, esto es hacia el valle  por donde hemos ascendido. Se sitúa a pocos metros de la mansión recién descrita. La vista es espléndida.  De los numerosos pinos que  la sombreaban, solo uno,  moribundo, da aún escasas señales de vida. Los demás, son ya solo esqueletos que el viento pronto  derribará.

Fig. 12.  El único sobreviviente aquí: un Pinus macrocarpa que ha perdido su forma enhiesta y erguida, original.

 Fig. 13. Vista desde esta plazuela directamente hacia el Sur, hacia el llamado "Arenal", gigantesco cerro blanco  formado por las depositación  de escorias y ripios  a lo largo de muchos decenios. El lugar  era frecuentado como sitio preferido de juegos por los niños de los mineros, ignorantes de su alta toxicidad   (información dada en el lugar por una de nuestros acompañantes, una antigua pobladora de Potrerillos).

Fig. 14.  Una plaza de juegos para niños  de la  "alta sociedad"  minera, es decir  para hijos de  los jefes, todos norteamericanos en sus  orígenes.  A ésta, no tenían acceso los hijos de los obreros.

 Fig. 14.  Junto a una casa, aún  resiste  un árbol de molle   (Schinus molle) que se niega a morir.


Fig. 15.   Un  árbol , una variedad de aromo, rebosa de flores amarillas. Tal vez una mano amiga  le echa aún agua de tanto en tanto.

Fig. 16.   Otra vivienda.

Fig. 17.  Oficinas administrativas. El enlucido de los muros empieza ya a descascararse y caer.

Fig. 18.  La fundición aún en plena actividad. Es el único signo de  vida que muestra el mineral, ya abandonado. ¿Por cuánto tiempo aún?. No lo sabemos.

Fig. 19.  El campamento americano.

Fig. 20.  La fundición del mineral.

Fig. 22. La iglesia católica.  Ya no se escuchan sus campanas  ni  sus fieles a acuden a la misa dominical.

Fig.  23.   El  grupo de visitantes posa ante la cámara del recuerdo... ¿De cuántos matrimonios, bautizos o primeras comuniones habrá  sido testigo este hermoso  templo, hoy desierto y cerrado para siempre?. ¡Cómo desearían tener este templo en sus plazas  tantos pueblos del desierto!.


Fig. 24.   Vista hacia el costado poniente del templo.

Fig. 25.  El torreón del templo. Sus campanas ya no repiquetean para anunciar algún duelo...


Fig. 26.  Vista del costado oriente del mismo.  Impresionan las  dimensiones  de esta iglesia, con capacidad para centenares de fieles. Indicio  innegable  del tamaño de la población  a la que servía antaño.

Fig. 27. Vista general al antiguo campamento minero de Potrerillos.  Hoy solo camiones  y camionetas  se ven circular por sus calles desiertas. Los obreros, sus familias  ya no  habitan el lugar  y sus niños ya  no corretean por sus calles y plazas.

Bibliografía recomendada:  

Sobre la historia temprana de este Mineral consulte el interesante trabajo de Angela Vergara Marshall    en  la revista Historia  (Santiago), Pontificia Universidad Católica de Chile,  vol .34,  Año 2001 con el título de ""Norteamericanos en el Mineral de Potrerillos".  versión On-line ISSN 0717-7194  http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942001003400007 .


El trabajo está basado en un valioso documento de la época (1918), conservado en Montana USA.

Reflexiones eco-antropológicas.


1.  Por la calidad  de la construcción  y  el  número y diversidad de las viviendas, oficinas y edificios, parece evidente que sus constructores pensaron en una larga existencia, no en un mero campamento de tránsito, de breve duración.

2.  Todos los servicios básicos: educación, comercio, salud, vida religiosa  y  muerte,  fueron contemplados aquí. Es decir,  éste fue un lugar de vida para todos sus habitantes, no un mero "campamento" de paso.

3.  Tres generaciones de  mineros laboraron aquí.  Una de las señoras que nos acompañaban el día de la visita me decía que su abuelo y su padre  aquí trabajaron durante toda su vida. Su existencia transcurrió aquí y  sus ojos se llenaban de lágrimas  recordando el pasado  y viendo el abandono presente. Las primeras labores se iniciaron aquí el año 1919. Es decir hace casi un siglo y muy pocos años después del inicio de actividad del mineral de cobre de Chuquicamata. (IIª Región de Chile), el más grande del país.

4.  Cabe preguntarse  sobre  la legitimidad de un abandono total y definitivo por parte de la Empresa.  ¿Es justo, es ético, es moral  hacerlo?.  El argumento que se suele esgrimir de que esta Región, al igual que la de Antofagasta es  una región  "de vocación minera" y que, por tanto,  todo en ellas es transitorio, perecible,  de corto tiempo, o desarmable,  tal como puede serlo cualquier vivienda de madera, es un argumento a nuestro juicio equívoco y falaz.

5.  ¿Por qué ?.  Porque esta actividad minera  involucra la participación directa de muchas vidas humanas, familias humanas  que aquí crearon historia  patria e historia familiar. Es decir, no se trata tan solo de un problema meramente económico: "se cierra la mina por no ser ahora ya rentable". La ocupación de este espacio, por casi cien años, fue creando insensiblemente  "historia". No solo se transformó una superficie del territorio patrio, dejando hoyos y perforaciones por todas partes, sino atrajo numerosa población humana  a la que se le ofreció aquí  una  vida más digna. Y la gente llegó, de todos lados. Y se asentó aquí,  creándose lazos indelebles con este paisaje, con este lugar, con este entorno desértico. Y se creó historia familiar e historia regional. En una palabra, cambió  aquí radicalmente, en unos pocos años,  el destino futuro  de este trozo de territorio patrio.  De ser un cerro  aislado y solitario rico en mineral de cobre, ha pasado a ser un lugar histórico de primera importancia para esta Región de Atacama.

6.  Aquí hay historia, mucha historia. No sólo una historia referida a nombres de  gerentes o ingenieros que aquí laboraron; no solo historia de cifras de producción de cobre, plata  y oro; no sólo  una historia de cifras de ganancias; tampoco solo una  historia de accidentes o catástrofes; no solo historia de logros y hallazgos o invenciones. También aquí se hilvanó  una riquísima  "historia" de numerosas historias humanas. Los historiadores nos hablan mucho hoy de la importancia de las historias locales, indispensables para poder construir, con más exactitud  en el futuro, una historia general de la Región o del país.  Pues bien, aquí, en Potrerillos se creó una potente historia local de casi cien años, sobre la base de centenares de pequeñas historia de vida. Y esa historia local de Potrerillos, tejida de múltiples vidas,  no debe morir.

7. Por eso abogamos  aquí porque las grandes Compañías Mineras  apliquen, en estos casos,   un verdadero  y más amplio  concepto de "responsabilidad social de la Empresa", y lo pongan en  práctica  frente a toda la sociedad de la Región donde  trabajan; frente a a la sociedad  de Atacama de hoy  y  del mañana. Porque la Región de Atacama   tiene pleno derecho a soñar en un futuro mejor.  No un futuro lleno de hoyos y de  botaderos de basura  y ripios tóxicos. Tenemos la sensación de que no existe aún  en la clase empresarial minera una conciencia formada  al respecto. Al menos no se observa esta actitud  en sus decisiones,  en sus Informativos, Circulares  y Propaganda. ¡Ojalá nos equivoquemos!.

8. Por todo lo dicho,  adquiere pleno sentido  la preservación de estos lugares como  portadores de historia  patria  (no solo de riqueza transitoria). Por ello  la Minera "El Teniente" (en  Sewell,   VIª Región de Chile en la cordillera  de Rancagua)  ha preservado y mantenido intacto su campamento, el que es visitado por turistas y antiguos pobladores y sus familias. Hoy ese antiguo campamento es un lugar turístico de enorme importancia para su Región.  ¿Por qué?. Porque  tiene una poderosa historia.

9.Exactamente lo mismo ha ocurrido en el Mineral de cobre de Chuquicamata (IIª Región de Chile), cuyo centro cívico e histórico y su cementerio local han sido  conservados y mantenidos intactos por exigencia de su población minera que así lo ha querido. Este ejemplo ha sido elocuente  y, a la vez, aleccionador para nosotros. El traslado de toda la población  obrera de Chuquicamata a Calama efectuado a partir del año 2004 no significó, afortunadamente,  la destrucción total  y definitiva de la ciudad de Chuquicamata. Se cometió errores, a nuestro juicio, como la  penosa  y dolorosa sepultación del antiguo hospital, orgullo de la región, bajo  una montaña de ripios. Pero la sensatez y la consulta  hecha a especialistas  arquitectos y antropólogos, sugirió la conservación para la posteridad  de parte significativa del centro histórico del Mineral, así como de  partes representativas de la antigua población. Hoy se muestra esta sección de Chuquicamata a todos los visitantes que,  al conocerla, se pueden formar una idea cabal  y exacta de cómo operó este mineral y  cómo eran sus instalaciones.

10. Estas soluciones, inteligentes, son fruto maduro de un auténtico respeto por  la historia local, de respeto a la tradición de una determinada Región. Es lo que esperamos ocurra  también en Potrerillos, hoy a punto de sucumbir ante  los estragos del clima y del  vandalismo que ya han dejado sus huellas.  Ojalá que la empresa, dueña actual del mineral (CODELCO),  que pertenece al Estado de Chile ( y, por lo tanto,  a todos los chilenos) , entienda la importancia que posee este lugar para trazar la historia de esta IIIª Región de Chile y  convierta a esta ciudadela  en un hermoso lugar  turístico para esta Región del país. Ojalá así ocurra. Tal destino debe ser definido y acordado por el Estado de Chile y sus instituciones culturales antes de que la creciente destrucción lo haga más difícil o imposible. Para nosotros, tal proceder  sería  fruto obvio de una "responsabilidad social  empresarial" inteligente y bien entendida.

11. En el año  2012, CODELCO invirtió U.S. $155.000.000  en  mejorar las instalaciones de su fundición. ¿Ha pensado CODELCO en invertir algo siquiera  en  mejorar su  bastante deteriorada imagen ante la sociedad actual y ante  la historia?. ¿En  invertir unas migajas en  mantener  la cultura  regional y  local  en el caso histórico de Potrerillos, pensando en el futuro?.  ¿Es mucho pedir?.

12.  Copio de Wikipedia  (Internet), a la letra, en su referencia  a "Potrerillos":

 "Actualmente Potrerillos, sin tener la suerte de restauración como sucede en otros campamentos mineros tales como Sewell y el casco histórico de Chuquicamata, se encuentra a la deriva y al abandono. Esta situación hace recordar a lo que sucede con las antiguas salitreras del Norte Grande de Chile que se encuentran a merced del olvido, la propia sequedad del desierto y a la destrucción y saqueo".  

Coincidimos  plenamente  con la apreciación  del  redactor del artículo de  Wikipedia. 

              Potrerillos, Región Atacama (Chile)
Fig. 28. Excelente foto tomada de Internet (W.Griem,  1990). Perspectiva tomada de Sur a Norte desde  la gigantesca torta de ripios.

¿Por qué esta mirada nuestra es propia de  una  auténtica  eco-antropología?.

La eco-antropología,  en nuestra perspectiva,  enfoca el quehacer y actividad humanas  en su relación íntima con su ambiente natural (el oikos del hombre) .  Y esto en cualquier época de la historia: pasada, presente y futura. Porque en nuestra perspectiva ecológica,  este enfoque no solo debe mirar hacia el pasado arqueológico: también pone sus ojos en el futuro de una determinada región, pueblo, o ciudad. La arqueología -lo sabemos bien- estudia el pasado y sus culturas, a través de los restos dejados por el hombre. Mientras que   las culturas humanas del presente son analizadas por la antropología social o cultural o por la sociología,  desde perspectivas algo diferentes.

¿Mero futurizar o  más bien prever el futuro?. El dilema que enfrentamos.

Pero el impacto que  el medio  ambiente  crea en las culturas humanas, o los impactos que el hombre, depredador por excelencia del medio que habita,  opera sobre la naturaleza que le rodea, su "territorio", son estudiados a nuestro entender por la eco-antropología. Por tanto, la eco-antropología tanto  puede mirar hacia el pasado, como hacia el presente o aún hacia el futuro.Y, en este caso, el artículo que aquí presentamos se inserta en esta tercera perspectiva: una mirada crítica hacia un probable futuro próximo. ¿Qué podría pasar en este caso?. Nos preguntamos. Y creemos tener pleno derecho a ponernos en esta perspectiva, si queremos  lo mejor para esta Región de Atacama. Esto no es  "futurizar"  como una forma cómoda y entretenida  de hacer ciencia-ficción;  no,  es ponernos ante una inminente y dolorosa realidad que por desgracia ya golpea nuestras puertas. Creemos que esta actitud nuestra es propia de una responsabilidad  geográfica, de  una verdadera "ética geográfica",  disciplina que está aún por nacer, o quizá ya esté en pañales...






























jueves, 27 de mayo de 2010

¿Qué se entiende por "patrimonio cultural", ¿En qué consiste? y , ¿de qué nos puede servir?

Fig. 6. Iglesia de Matilla, Región de Tarapacá. Construida sobre los cimientos de otra anterior, a mediados del siglo XVIII con los aportes del rico minero tarapaqueño Basilio de la Fuente, propietario de estacas mineras en Huantajaya y San Rosa, es una de las joyas arquitectónicas de la región. Ha sufrido los embates de varios terremotos, el último de los cuales ocurrido en Junio del año 2005 , derribó gran parte de la techumbre y la fachada de la iglesia, así como una parte de la torre. Fue reconstruida con los aportes pecuniarios de una compañía minera de la región. (Foto H. Larrain, Abril 2010).

Fig. 5. Casa de la familia Morales, en la localidad de Pica. Esta casa -verdadera reliquia del pasado peruano en este lugar- perteneció al que fuera Presidente del Perú Remigio Morales Bermúdez (1890-1894), tarapaqueño. Fue muy dañada en el reciente terremoto de Junio del año 2005. La familia, que mantiene vìnculos estrechos con tarapaqueños peruanos que viven en el Puerto del Callao, lamentablemente no ha llegado aún a un acuerdo con la Municipalidad de de Pica para su urgente restauración y futura habilitación para fines turísticos.

Fig. 4. Lagar de Matilla. Monumento Nacional. Aqui se verificó en el año 1929, la última pisa de la uva proveniente de la viñas de la quebrada de Quisma. Este lagar, hoy semiderruido tras el terremoto de Junio del año 2005, no ha sido reconstruido aun. Es el testimonio viviente de una época de prosperidad para los cultivadores de la vid (Vitis vinifera), tanto en Pica como en Matilla. Hub aquí, en efecto, durante los siglos XVII al XIX centenares de chacras o predios dedicados a este cultivo preferente. Aquí se puede ver hoy as grandes tinajas del siglo XVIII donde se guardaba el vino hasta su fermentación. Estas muestran los nombres propios de las chacras de origen, todas con sugestivas denominaciones de santos de la lglesia: Santa Lucia, San Pedro, San Francisco, San Agustin, o advocaciones diversas de la Virgen María. Son testigos fieles de una época de profunda religiosidad. El lugar es un valioso hito patrimonial de visita obligada para el viajero que hoy llega a Matilla a husmear los "recuerdos del pasado". (Foto H. Larrain, Abril 2010).


NegritaFig.3. Foto del Salar del Huasco. Lugar de existencia de un notable santuario de la naturaleza, de carácter patrimonial . En este salar, al costado weste del mismo, se alzan las ruinas de un antiguo pukara inca, parcialmente ocupado por pastores aymaras en la actualidad. Este valioso sitio debiera ser estudiado por avezados arqueólogos, expertos en vialidad incaica, antes de que sea enteramente destruido por la intervención humana. (Foto H. Larrain, Marzo 1982).



Fig.2. Ruinas de la antigua fundición colonial de plata en el sitio Tilibilca, Quebrada de Tarapacá, a corta distancia al weste del pueblo de Tarapacá. Hasta esta fundición eran traidos en carretas los minerales de plata del Mineral de Huantajaya para su refinación, por existir aqui manantiales de aguaa abundante y de excelente calidad (Foto H. Larrain, 2008).

Fig. 1. Petroglifos de la Quebrada de Aroma. Genial obra de arte de nuestros antepasados. Una pequeñísima muestra de los centenares de grabados rupestres presentes en dicho sitio, uno de los mayores monumentos patrimoniales de nuestra Región. Hoy, lamentablemente, casi olvidados y descuidados, exigen un protección real y efectiva por parte de las autoritades turísticas de la región. Hasta letreros alusivos al sitio han sido arrancados por vándalos. Alguien debe velar efectivamente por su cuidado. Este hecho es una muestra del escaso sentido patrimonial que tenemos en la Región. No basta con "celebrar"el "día del Patrimonio": hay que actuar en consecuencia. (Foto H. Larrain, Marzo 2009).

Con estas fotografias como telón de fondo, nos abocaremos aquí a analizar el concepto de "patrimonio" y de "patrimonio cultural", tratando de desentrañar su profundo y enigmático significado para la identidad local y regional.

REFLEXIONES EN TORNO AL CONCEPTO DE PATRIMONIO CULTURAL


1. Origen y Motivación de esta reflexión nuestra.


Surgió esta reflexión sobre el concepto de "patrimonio" a comienzos del año 2001 ante la necesidad sentida por la División Chuquicamata de CODELCO-Chile de estructurar prontamente un Plan de Acción para la conservación o preservación de lo que se ha llamado “Barrio Histórico” de la antigua ciudad de Chuquicamata. En efecto, había sido anunciado por la Empresa cuprífera el inminente y fatal traslado del "Campamento antiguo" a la ciudad de Calama, integrándose a ésta con el nombre de “Nueva Calama”.

Encontradas eran las opiniones de diversos actores (Empresa, Sindicatos, Terceros) respecto a la conveniencia o inconveniencia de la conservación de elementos del patrimonio cultural inmueble y mueble acumulado en Chuquicamata con el correr del tiempo, desde su instauración como campamento minero en el año 1914. El Campamento minero inicial, muy pronto se constituyó en ciudad, dotada de todos los elementos propios de la vida citadina.

De suerte que a pocos años de su fundación (1917), ya señalaba el obispo de Antofagasta Monseñor Silva Lezaeta que su población sobrepasaría luego ampliamente la de su vecina, Calama, requiriendo imperiosamente el establecimiento, por parte de la Iglesia Católica, de una Parroquia. Lo que efectivamente se realizó muy pronto.

Existen algunas opiniones que señalan que nada en Chuquicamata merecía el calificativo de “patrimonial”, por tratarse de edificios y estructuras ligadas esencialmente a la extracción y procesamiento de minerales, sin que jamás existiese la intención de crear allí vida ciudadana, capaz de constituir memoria colectiva e historia local. Por lo cual el Campamento podría ser destruido por decisión de la Empresa, sin que nadie pudiera oponerse a ello, por ser tanto sus terrenos como sus edificaciones, propiedad de la misma Empresa.

Ya su nombre de “Campamento”, señalan algunos, alude a esta inestabilidad propia del lugar, el que en cualquier momento podría ser desmantelado y abandonado, al igual que cualquier campamento minero y tal como ya ha ocurrido en muchas empresas mineras en el Norte de Chile (v.gr. caso de las Salitreras). Otros piensan, por el contrario, que Chuquicamata, con la anuencia explícita y apoyo logístico de la Empresa Minera Chile Exploration Co., no solo se fue constituyendo en ciudad y centro importante de poblamiento en el Norte de Chile, sino que quiso, además, constituir un “modelo” típico de poblamiento humano en el medio desértico, siendo para ello dotado de todos los servicios básicos, cívicos y religiosos, de una excelente calidad constructiva, contrastando, su bien programada y cuidada factura, con el por entonces atrasado estado arquitectónico y organizacional de la vecina ciudad de Calama.

Detectar cuáles serían los factores que inducen a sostener la existencia de un auténtico “patrimonio histórico-cultural” , creado con el correr del tiempo, en esta ciudad-campamento, señalar cuáles serían las características de éste de acuerdo a la opinión de la población residente, y qué motivaciones científicas serias podrían aducirse para su protección y conservación, son parte importante de nuestra reflexión.


Para poder emitir una opinión fundada al respecto (o sea , si verdaderamente existe o existió en Chuquicamata un “patrimonio cultural” digno de preservarse), nos parece imprescindible profundizar en el concepto de “patrimonio” y, más explícitamente, en el de “patrimonio cultural”. Nos serviremos de ejemplos representativos presentes en nuestra Región de Tarapacá, de los que somos testigos directos.


2. Origen del término patrimonio.


“Patrimonio” viene de la voz latina patrimonium, el que, según el Diccionario Latino-Castellano de Valbuena (edición 1880), significa: “el conjunto de los bienes heredados de los padres”. Para el Diccionario de la Real Academia Española, edición 1992, tomo II, es la “hacienda que una persona ha heredado de sus ascendientes” .


Así, pues, dos conceptos aparecen en estas definiciones como fundamentales: el concepto de “bien” y el concepto de “herencia” . Puede haber bienes que no constituyan normalmente herencia, como por ejemplo, ciertos bienes muebles que se desgastan con el uso y no perduran. Los conceptos de “bien” y de “bien heredable” tienen que confluir necesariamente para constituir “patrimonio” . Patrimonio, en consecuencia, son cierto tipo de bienes heredados de los ascendientes. Los que se poseen para ser heredables, esto es, perdurables. Estos bienes heredables son los que se especifican en un Testamento; no otros tipos de bienes que no merecen testarse, sea por su insignificancia misma, sea por su escasa valoración, sea por que no son en sí mismos perdurables. Se testa en un testamento lo que se valora por parte del testador por considerarse valioso y perdurable en el tiempo. Nadie testa lo que se va a destruir en corto tiempo; nadie testa lo que no tiene importancia ( o valor) para nadie. Eso simplemente ni se nombra.


3. Reflexiones sobre patrimonio cultural


Si aplicamos ahora estas ideas al concepto de “patrimonio cultural”, nos estamos refiriendo a “bienes de la cultura” que son producto de una herencia. No a cualquier tipo de bienes. Si intentamos hacer un análisis más fino de este concepto de “patrimonio cultural”, veremos que surgen los siguientes elementos de juicio:


3.1 se deja en herencia “bienes” esto es especies, elementos u objetos valorables, que poseen un valor en sí. Este valor puede ser real (en términos económicos objetivos, o de mercado) o solamente sentimental (subjetivos). Este “valor” puede surgir de la antigüedad misma o del carácter histórico del bien (v.gr. un objeto arqueológico), del carácter sentimental (v.gr. una medalla de latón obtenida en una competencia deportiva), o del valor intrínseco del objeto (v. gr.una medalla de oro macizo). En consecuencia, todo lo que de alguna manera resulta valorable para el testador, puede ser objeto de herencia por parte de éste.


3.2. La herencia es “para los descendientes”. Porque constituyen objetos de valor también para éstos, o porque el testador estima que el descendiente tiene que llegar a descubrir el valor inherente (real o meramente subjetivo) al objeto o bien testado. Puede verificarse aquí todo un trabajo pedagógico de búsqueda por parte del heredero del sentido profundo del bien testado, el que tal vez no surge a primera vista y requiera de estudio y análisis. Pero tal valor (presente o futuro) está en la intención del testador.


Ejemplo de esto es cuando un científico, sabio o literato lega un bien precioso para él, v.gr. un libro preciado, a un nieto aún niño: llegará el momento en que éste entenderá el valor del legado recibido. Si es un bien heredado especialmente para los descendientes, es porque éstos tienen que recibirlo y valorarlo o llegar a valorarlo tal como la valoró el antiguo dueño. Lo que involucra todo un esfuerzo de apreciación (darle precio) y estima por parte del receptor.

Por parte de una comunidad, se dará, tal vez, un verdadero aprendizaje acerca del valor, lo que ocurre, por ejemplo, cuando se crea un Museo en y para una comunidad: la comunidad tiene que llegar a “aprender” a apreciar” lo que se muestra. Hay bienes que tienen un valor fácilmente perceptible, que surge de su mera presencia : v.gr. una hermosa escultura, una bella pintura. Hay otros que tienen que ser “enseñados” , por ejemplo , el valor de una fotografía antigua o de un objeto antiguo cuyo uso ignoramos. Apreciar la Venus de Milo, es fácil; pero llegar a apreciar las llamadas “Venus paleolíticas” de las cavernas del Hombre del Magdaleniense o Musteriense, es muchísimo más difícil y requiere asiduo aprendizaje. Aquí puede apreciarse, dicho sea de paso, la importancia pedagógica e instructiva de los buenos Museos, que deben ser capaces de mostrar en profundidad y al alcance de todos, incluso de los niños,el valor inherente a todo aquello que en ellos se exhibe.


3.3. La herencia propia de un “patrimonio cultural”, constituye, además, un todo indisoluble. Estamos ante la presencia de una “hacienda cultural”, esto es, de un numeroso conjunto de bienes heredados para ser apreciados, especialmente cuando constituyen “conjuntos” valorables. En el caso de un patrimonio físico o reducible a dinero sin perder su valor (v.gr. una casa, o un conjunto de maquinarias), éste es repartible entre varios herederos y puede ser fragmentado, dividido o vendido sin pérdida alguna del valor de las partes. No ocurre así, por desgracia, con el patrimonio cultural espiritual. El valor de este patrimonio consiste, precisamente, en su conjunto, en su totalidad, en el hecho de constituir un todo indivisible. El valor de una biblioteca especializada, por ejemplo, o de un barrio típico, o de una valiosa colección de insectos de un país o región, o de un pueblo en ruinas (v.gr. un pueblo de las misiones jesuíticas del Paraguay o de Bolivia o el pueblo arqueológico de Ramaditas o Guatacondo), o aún de una ciudad típica (v.gr. Nápoles) , no está en el número de ejemplares, o en el número de edificios, sino en su globalidad, en su carácter de un todo orgánico, de una riqueza organizada.


Repartir entre muchos los libros de una importante biblioteca especializada, es destruirla; separar o distinguir entre edificios de una ciudad típica, es no entender el contexto y el conjunto (“los árboles no dejan ver el bosque”). Una suma de dinero se puede repartir; una cantidad de vehículos o máquinas se puede vender uno a uno; pero no se puede actuar con este criterio en el caso de una calle típica, o de un pueblo típico, donde todos y cada uno de los elementos arquitectónicos tiene su valor tanto en sí, como en cuanto parte de un conjunto. Aquí el todo es mucho mayor que la suma de las partes. Aquí cada edificio tiene una función determinada. Una ciudad típica, pues, no es una simple sumatoria de edificios, es un todo indivisible, es un todo orgánico en el que cada edificio tiene o ha tenido en el pasado, una función y un rol específico: es un organismo vivo con múltiples funciones.


Una colección valiosa de una zona, en la que se incluye todos los seres vivos de un grupo, (v.gr. insectos del Amazonas) incluye especies conocidas y comunes, pero también especies típicas y únicas, de modo que, en este caso, se mostrará el conjunto (todas las especies) y su espectacular belleza, y las que son verdaderamente raras, escasísimas o únicas, de extraordinario interés para el entomólogo o el ecólogo. Todas tienen una función específica en el biome local y dan cuenta de la multiplicidad de interacciones entre el mundo vivo y su sustrato inerte. Lo mismo, mutatis mutandis, se puede decir de otros “conjuntos” que llegan a constituir “patrimonio”.


3.4. Cuando el “patrimonio cultural” se refiere a un pueblo o a una ciudad, estamos hablando de una totalidad que es mucho más que la suma del patrimonio cultural de determinadas personas, de muchas personas, aunque sean las más notables. Cuando hablamos de “patrimonio cultural “ de un pueblo, hablamos de un conjunto superior a la suma de los bienes culturales personales de sus habitantes. Este tipo de “patrimonio”, además, por ser la herencia de todo un pueblo, es algo múltiple y multifacético, es decir, se expresa en todas las esferas de la cultura. Porque el “patrimonio”, esto es el conjunto de bienes heredables, interesa a todo un pueblo, en cada una de las esferas del comportamiento humano social: desde lo arquitectónico, escultórico o pictórico, hasta lo literario, folklórico, o musical o gastronómico.

Es decir, ese “patrimonio” o herencia cultural resulta particularmente valioso para todos los miembros de ese pueblo, porque encuentra eco en cada una de las actividades en que éstos se desenvuelven. Los bienes personales, a lo más, resultan valiosos para una familia y sus miembros. Los “bienes” de todo un pueblo, en cambio, interesan a todos sus miembros.


3.5. Para que sean de valor o interés para todo un pueblo, tienen que poseer, intrínsecamente, una especial significación para todos. ¿Qué es lo que podría interesar a todos?. ¿Qué une a los miembros de toda una comunidad o pueblo? ¿Qué cosas defendería todo un pueblo contra un usurpador o un adversario?. Lo que todo un pueblo defendería como propio, eso precisamente constituye su “patrimonio”. ¿Y qué cosas son éstas?. Lo que preocupa e interesa a todos, lo que es común a todos y propio de cada uno. ¿Y qué cosas son ? La historia común, la lengua común, la religión, el arte, las costumbres, las ceremonias y ritos, las celebraciones; los lugares y edificios de uso común o de reunión, de celebración, de fiesta común. Y si nos fijamos bien, todos estos elementos son de un carácter espiritual, no meramente materiales o físicos. Todos estos elementos tienen una resonancia, un eco, en el corazón, en el espíritu de sus habitantes. Son elementos que no se transan fácilmente, no se cambian. Pertenecen, a lo que parecería, a la esencia de la propia identidad. No son los elementos físicos, de por sí, los que arraigan al espíritu humano a determinados lugares o escenarios: son las vivencias, los recuerdos, las emociones allí vividas o, mejor dicho, compartidas con otros. Es decir, el ser humano hace vivibles los lugares, los humaniza con su actuación, con el compartir, con el “sentido de comunidad” que les impregna, con el vivir con y para los demás. Los hace “habitables” y los hace, también, memorables o “recordables”. Les agrega historia y vivencia. Les agrega “recuerdos”.


Visitar la casa de Neruda en Isla Negra, es ya retrotraer el pasado al presente; leer y recitar a Neruda en su propia casa de Isla Negra, tiene aún más fuerza y vigor; su figura y su aliento vuelve, en alguna manera, a la existencia en cada ángulo de la casa; estudiar a Neruda o seguir un Curso sobre su obra, allí mismo, es sin duda, replicar experiencias que tal vez el propio Neruda tuvo allí, en contacto vital con la naturaleza que el compartía y gozaba día a día, hora a hora. Cuando se visita dichos lugares, con conocimiento de causa de lo que en ellos se vivió, gestó u ocurrió, se experimenta una emoción única, irrepetible; la historia, en cierto sentido, vuelve a recrearse, produciendo en el espíritu humano ilustrado sobre el sentido profundo de lo que ve o toca, un sentimiento de propiedad que enriquece al visitante. Es lo que se ha denominado “el peso de la historia”, el “legado del ayer”. Aquí, concretamente, uno llega a comprender el concepto de “legado cultural” y su influencia benéfica sobre el ser humano: lo vuelve “más hombre”, en la medida en que siente y vibra, de modo diferente, con las emociones o vivencias del “otro”.


3.6. Hemos llegado aquí a la conclusión provisional de que el auténtico “patrimonio cultural” - o sea, ese cúmulo de elementos que son objeto de herencia social- es un conjunto amplio y significante de valores adquiridos por un pueblo a lo largo de su historia. No es la sola lengua, ni el solo arte, ni la sola religión, ni la sola historia. Es la suma de todas estas cosas y muchas más; pues Lengua e Historia, son parte de un proceso de siglos o milenios; como Arte y Religión, o Lengua y Costumbres, o Lengua y Arte, o Religión y Costumbre. Aquí empezamos a vislumbrar que todos estos elementos, por separado, no valen lo que valen todos juntos, integrados, como partes significativas de un todo vital. Tal como se dan en la realidad social de un grupo humano. Jamás aisladas; siempre integradas, siempre mutuamente compenetradas, mutuamente auto-influenciadas.


3.7. Podríamos preguntarnos: ¿cuándo algo puede llegar a constituir “patrimonio cultural”.? ¿En qué condiciones y forma?. Creemos que esto ocurre cuando un conjunto de bienes, creados por personas individuales (albañiles, arquitectos, músicos, escultores, escritores, poetas, historiadores o técnicos), sobrepasa el estrecho mundo de lo privado e invade el mundo de lo público. Lo que se hace público, se hace propiedad del pueblo. Y al hacerse bien público, ya no puede ser reclamado como algo privado o particular. Cuando un Mecenas crea, con sus bienes personales, un Museo y lo lega a la comunidad o a una ciudad, lo hace inmediatamente público. Y por ese mismo hecho, deja ya de tener derecho sobre ese bien. Pasa a tener el mismo derecho que los demás, integrantes de ese pueblo. Fue por un tiempo privado, pero traspasó las fronteras de lo individual y se hizo bien colectivo, comunitario. De este modo y no de otro, han nacido los Museos y los Centros Culturales Comunitarios o las Casas de la Cultura, fruto de las donaciones de particulares insignes. Se ha sobrepasado el ámbito de lo individual y se pasa a pertenecer al ámbito de lo colectivo o social. La riqueza individual, pasa a ser riqueza y bien colectivo, bien de todo un pueblo, pasa a ser un bien “compartido”.


3.8. Pero podríamos preguntarnos ahora, ¿por qué llegan esos bienes a constituirse un día en patrimonio local, regional, nacional o internacional?. La respuesta a esta pregunta nos introduce bruscamente en el mundo de lo que constituye o forma la esencia de la cultura: el compartir valores. La clave, a nuestro juicio, de la importancia vital del “patrimonio cultural” es la capacidad de crear bienes que puedan ser compartidos, es decir, valorados corporativamente por muchas generaciones. Crear instancias de fomento y estímulo de patrimonio cultural es , pues, además de una gran responsabilidad en sí, una ocasión única para enriquecer culturalmente a nuestros semejantes, miembros de una misma comunidad o pueblo, de elevarlos culturalmente, de hacerlos más personas, más hombres. Hay, pues, cosas que son valorables a nivel local; otras a nivel regional o nacional. La ciudad de Valparaíso, por ejemplo, ha pasado a constituir un bien universal, patrimonio de la humanidad; Las salitreras Humberstone y Santa Laura, en las cercanías de Iquique, un patrimonio regional, valiosa expresión de un sistema de vida y explotación regional, con una arquitectura propia y representativa. Chuquicamata, por tanto, bien podría llegar a pertenecer a este tipo de patrimonio, si se cumplen adecuadamente las condiciones para ello.


3.9. ¿Cualquiera puede llegar a crear “patrimonio? La pregunta no es ociosa, y nos lleva a buscar quién es creador o artífice de “patrimonio”. Creemos que no cualquiera ciertamente. Creemos que son aquellos, muy pocos, que logran éxito social en sus creaciones, es decir, aquellos que son , de alguna manera “genios” en sus propias comunidades y logran crear estructuras de pensamiento y de acción traducidas en legado visible, perceptible, que logran pasar a la posteridad y evitar la muerte, por haber sido “aceptados”, “acogidos” y “reconocidos” como valiosos. Por eso es que logran sobrevivir, porque se convierten en un bien comunitario. Estos artífices – en el caso de ser conocidos- pasan a ser, en cierta medida, “héroes culturales” de los pueblos o comunidades. Estos pueden ser poetas, historiadores, arquitectos, artesanos o músicos que lograron exteriorizar, en su propio lenguaje artístico, lo propio o peculiar de su pueblo, o han querido plasmarlo en formas y figuras representativas del “alma popular”, o si preferimos, de la “conciencia popular”. Tal vez muchos podrán producir “bienes culturales” de variada especie, pero serán muy pocos aquellos que lleguen a diseñar productos culturales perdurables, apetecibles por la mayoría, degustables por todos o casi todos, y, más aún, a lo largo del tiempo. Estos son, creemos, verdaderos ”héroes culturales” capaces de crear y/o enriquecer el patrimonio cultural de un pueblo. Son, de hecho, los transmisores natos de la herencia cultural de los pueblos.


3.10. Concluimos con esto que, para que ciertos bienes culturales logren alcanzar el atributo de “patrimonio” de una comunidad, (y, por tanto, merezcan perpetuarse) necesitan imperiosamente cumplir con ciertos requisitos que consideramos fundamentales: es decir que:

a) que esos “bienes” hayan surgido del seno mismo o en el seno mismo de la comunidad, sea porque hayan sido producidos por ellos (en caso de invención propia), sea porque hayan sido aceptados y acogidos por ellos como propios (en el caso de integración o asimilación de elementos o estilos ajenos);


b) que tales “bienes” sean compartidos por todos o la mayor parte de la población;

c) que dichos “bienes”, por tanto, tengan especial significación para la mayoría de la población;

d) que dichos “bienes”, compartidos y significantes, sean altamente valorados por parte importante de la comunidad;


e) que esos “bienes”, por tanto, se convierten así en elementos irrepetibles, únicos en el mundo y, por fin,


f) y, Por que sean merecedores, por tanto, de perpetuarse en el tiempo.


3.11. ¿Qué ¿Por qué cuando hablamos de “patrimonio”, surge inevitablemente la idea inmediata de defensa o protección? ¿Por qué todo patrimonio es per se algo que debe ser protegido?. ¿Por qué dicho patrimonio resulta muchísimas veces vulnerable?. ¿Qué es lo que se defiende o protege en estos casos? ¿Contra quién, o contra quiénes, se defiende o protege?. Preguntas todas que apuntan hacia un aspecto de la dinámica cultural que es efecto del “progreso material”: la facilidad con que el ser humano olvida el pasado, o lo destruye, so pretexto de construir algo que cree ser mejor.


Se trata aquí de la conciencia anclada en un pueblo de que hay elementos que no deben destruirse, por su valor intrínseco, lleva, inevitablemente, a defender y proteger lo valioso para él que puede ser destruido o modificado; todo lo que puede sufrir daños. Y sobre todo, lo llevará a defender lo que es único e irrepetible, lo que no puede ser nuevamente producido o elaborado. Si concordamos con el pensamiento de que el hombre, a través de la historia, ha ido acumulando no solo conocimientos sino también “obras”, parece lógico pensar que aquellas consideradas “obras maestras”, fruto maduro de su invención, permanezcan en el tiempo para enseñanza de las futuras generaciones humanas. Para que queden como mudo testimonio de la manera como el hombre supo conquistar y domeñar la naturaleza, creando formas específicas y bellas de habitar, poblar y disfrutar, aún en los ambientes más difíciles y hoscos.


3.12. Por todo lo dicho hasta aquí, no nos ha de sorprender el que las mejores y más comprehensivas definiciones de “cultura”, encierran siempre la idea de “tradición“, de “traspaso” de riquezas acumuladas por el hombre, de “legado” transmitido de generación en generación. Porque la cultura es algo acumulativo, algo que se va creando, se va sumando a lo largo del tiempo, con el aporte de muchos individuos o grupos humanos. La cultura, además, es algo esencialmente “aprendido”, esto es, no es algo innato en el ser humano. Se aprende lo que sirve para mejor desempeñarse en el habitat. Lo que no nos sirve, simplemente lo desechamos y botamos a la basura. Pero desde el momento en que en todas las culturas existe el concepto de “patrimonio” como algo heredable y perpetuable, quiere decir que es algo esencial al ser humano, y por tanto, parte de su identidad misma.


C Cuando hablamos de “patrimonio cultural”, estamos hablando de un conjunto de conocimientos, vivencias, o expresiones creadas por el hombre para adaptarse al lugar físico donde le toca vivir, experiencias que son traspasadas, “heredadas” a los descendientes para su mejor desempeño en el medio físico donde debe vivir. El “patrimonio”, pues, es una herencia útil para los descendientes, es decir, representa un conjunto de elementos que le permiten “vivir mejor”, gracias a la experiencia probada, acumulada, del pasado.


3.13. Por fin, creemos que el concepto de “patrimonio cultural” es algo inseparable del concepto de identidad (local, regional, nacional). Ya lo hemos de alguna manera insinuado antes. Es decir, la identidad propia (como pueblo, como ciudad, como país), se va construyendo con el aporte de lo que es propio y constitutivo nuestro y nos diferencia de los demás. ¿Qué es lo que nos diferencia de los demás?. Creemos que es, precisamente, el conjunto de aquellos rasgos de la cultura que hemos heredado de nuestros antepasados, y que nos ha parecido especialmente valioso conservar, proteger y defender. Aquello que consideramos “nuestro” por antonomasia. Aquello que nos diferencia explícitamente de otros (pueblos, ciudades, regiones, países.


3.14. Al final de nuestra reflexión antropológica, hemos llegado a la idea-fuerza de que el patrimonio cultural propio es de tal valor y significancia, por constituir en sí mismo el pilar fundamental de la identidad propia. En otras palabras, no hay identidad posible, sin patrimonio cultural propio. Seríamos simplemente “copias” exactas de otras culturas o grupos humanos, simples “clones” de terceros. De donde se deduce con meridiana claridad que la única forma de constituir y afianzar la propia identidad, es afianzar, proteger y defender el propio patrimonio cultural. Sin la existencia, protección y fomento del propio patrimonio cultural, los pueblos simplemente verían su pronta desaparición como pueblos, se extinguirían para dar paso a una masa global idéntica, donde la creación individual ha sucumbido ante la masificación y una globalización mal entendida. Dicho de otra manera más expresiva: la mejor manera de destruir la identidad de un pueblo o país, es negar o destruir el propio patrimonio cultural. ¿Es esto lo que queremos para nuestras ciudades, pueblos o regiones?. Negar o destruir el propio patrimonio cultural, acumulado tras siglos de esfuerzo y creación compartida por las mentes más privilegiadas, es cavar la tumba del propio país donde se insertan tales pueblos, ciudades o regiones.


Conclusión. Patrimonio y Progreso: ¿contradicción, coincidencia o necesaria complementación?


Por eso sostenemos que el verdadero Progreso y Desarrollo de un pueblo o país radica, precisamente, en la preservación de la propia identidad mediante el respeto compartido por el propio patrimonio cultural. En síntesis, nos atrevemos a decir, con los más connotados antropólogos, que no solo la identidad propia se construye sobre la base del patrimonio cultural propio, conocido y profundizado, sino que es la base del auténtico progreso de los pueblos. Porque el término “progreso” (como lo indica su raíz latina pro-gressus) solo significa dar “un paso adelante” y no incluye para nada la idea de destrucción, olvido o negación del pasado. Las naciones europeas, en este sentido, nos dan ejemplo a diario del valor intrínseco que otorgan a su patrimonio cultural heredado de las culturas pasadas, sin perjuicio de buscar, por todos los medios, alianzas estratégicas y económicas que les conduzcan a un mejor estándar de vida. Y ellas nos han demostrado que ambas acciones no son contradictorias. En ninguna parte como en Europa se ha desarrollado una tan vívida conciencia del valor patrimonial del pasado como verdadera “escuela” para construir, mediante el verdadero respeto por su legado, el futuro de una nación que se precie de su historia y sus tradiciones.


(retocado del original de Marzo 2001, el día 27 de Mayo 2010).