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jueves, 16 de abril de 2020

La sandalia del pescador; hallazgo de una ojota intacta de un antiguo poblador prehistórico en un depósito de guano, al sur de Iquique, en diciembre del año 1993.

 
Fig. 1.  Reproducción exacta de la ojota de pescador hallada en un entierro en la antigua guanera de Palo Buque, al sur de Iquique. Dibujo tomado del natural por H. Larrain en su "Diario de Campo" Nº 49, 1993: 49.  Sus medidas  se indican en la misma imagen.  

Fig. 2. Página 46 de nuestro Diario de Campo  Nº  47.  Descripción del hallazgo de la ojota de cuero. (H. Larrain,  1983:46).

Fig. 3. Página 45 del Diario de H. Larrain (1993:45)

Importancia del hallazgo.

Es muy poco común hallar ojotas o sandalias en entierros arqueológicos de la costa desértica. No recuerdo haber leído referencias de este tipo en la literatura arqueológica costera. Por esta causa, nos ha parecido importante dar cuenta detallada de este hallazgo en el contexto de un fardo funerario depositado en una guanera al sur de Iquique. La superficie del sitio había sido ya alterada y no había indicio alguno de conchal en su derredor. Nos fijamos especialmente en ello. Manos piadosas lo depositaron allí y prepararon ex professo una sencilla cama de huiros para su inhumación. Cuando supimos del hecho, el guanero, su descubridor,  ya había revisado todo y  apartado a un lado los huesos. Por tanto, lo que vimos y aquí describimos, es un caso típico de "entierro secundario". Por la confianza que ya teníamos con estos guaneros, creemos fundadamente que su relato fue  bastante  fidedigno. Nuestra tarea, en este caso, fue proceder a realizar una "arqueología  de  rescate o salvamento" (salvage or rescue archaeology), es decir, proceder de inmediato  a rescatar toda la información posible acerca del entierro, antes de que los guaneros prosiguieran su tarea destructiva del sitio en busca del preciado  y abundante  guano fósil.

 (Nota: entre corchetes, adiciones mías como encabezamiento de párrafo  para facilitar la lectura; Las Notas insertas en el texto que van entre paréntesis redondos, son de  mi autoría). 

Circunstancias del hallazgo según  mi Diario de Campo. Transcripción ad literam.

[Mis amigos guaneros].

 "19-12-1993. Domingo. Por descansar la mente y el espíritu, acudo nuevamente a donde mis amigos "guaneros" que están trabajando la guanera de "Palo Buque"... (se omite aquí un pequeño párrafo). Allí encuentro al grupo de amigos guaneros. Están allí Antonio Ruiz M,  el español, Gustavo Arias (el que halló el fardo funerario envuelto en pieles de aves -¿pelícano?)- un tal Wilfredo (Willy) Venegas y el joven Juan  (?), de Huasco. Apenas han encontrado algo que en seguida me [lo] muestran: ya que están "atacando"  un frente de la guanera [de] donde ya se extrajo el relleno arqueológico".(1). 

[Objetos encontrados por ellos al sacar el guano fósil].

"Me traen varias cositas halladas por ellos. Me las tienen preparadas (2). Yo llego de "Viejo Pascuero". Les llevo cervezas, "berlines", pan y naranjas. Me lo agradecen mucho.  Converso largo con ellos. Hace aún harto calor y pica aquí el sol. Se han construido ya el "comedor". Veo que han pintado todo el campamento que ahora se compone de cuatro espacios. El "comedor" está abierto hacia el mar. Sentados allí a la mesa (pues me invitan a tomar un rico té Ceylán: el único que toman)... la vista la mar es preciosa. Estamos sobre una suave ladera. Todo debajo [de la construcción]  es guano rojo fósil. Ellos lo saben. Han cateado por todo el contorno. Me dicen que hay aquí reservas para muchos años de trabajo al ritmo de trabajo de cinco obreros (el actual). 

[Los hallazgos].

"Veo los objetos que han hallado hallado (3): hilos de lana, fibras vegetales y pelo humano; un trozo de madera con hoyo y con un hilo atado (¿implemento de pesca?), trozos de cestería (base de cesto en espiral, hecho de una especie de totora delgada), muy fina. No parece junco; caracoles (Oliva sp.), etc. Son curiosos. Llevo conmigo a fin de  mostrarles el modo como dispongo yo en bolsitas plásticas  y etiquetadas, todos los  materiales que llevo conmigo. Ahora se maravillan viendo objetos arqueológicos de México, puntas de proyectil y otros implementos en piedra de todo Chile. Al poco rato, iremos a excavar otra sección (SE) del basural arqueólógico (3).  Pregunto por el resto del esqueleto del pescador, de cráneo deformado. Retiro [de allí] varios huesos largos, de la mano y del pie, así como la pelvis completa, para  verificar su edad, sexo y estatura. Había yo llevado [en viaje anterior del día 9-12- 93] solo el cráneo. Veré a quien pido este estudio. Será interesante conocer su estatura y edad exacta. Para mí es un varón (o) de algo más de 50 años de edad (¿o 60?) El cráneo tan fuerte está delatando al sexo masculino. También acudo al lugar [cercano] donde se encontró el fardo funerario (4). Voy solo. Recojo muestras del alga (con flotadores) que tenía, como cama, el entierro.  Creo se trata del huiro Macrocystis pyrifera, tan común en las costas del centro de Chile (5). Para mi gran  sorpresa, los guaneros me dicen que esta alga hoy no se observa aquí, en estos roqueríos.  Nunca la han visto por aquí. (No sé si ellos la conocían de otros lugares de más al sur). De pronto, levantando los trozos de algas compactas, encuentro una ojota típica, de cuero grueso. (Ver Fig. 1, arriba) (6).  Está intacta, con sus correas aún perfectamente adheridas y anudadas. Tiene su desgaste natural en la base (suela),  en dos sectores. El cuero es bien  grueso (la suela) de aproximadamente 6 mm. de espesor. Ellos  [i.e. los guaneros] creen que puede ser de cuero de llamo.  Verifico [sin embargo] que las correas atadas a la suela son claramente de cuero de lobo marino: aún conserva, adheridos, los pelos ralos del lobo marino. En cambio, no se ve pelos en la suela misma, al parecer demasiado gruesa para ser de lobo marino. Buscamos infructuosamente la otra ojota, que supongo debió existir. No la hallamos. Tal vez nunca estuvo en su lugar (!). Es curioso que el día 9/12/93, en nuestra primera visita al lugar con Marta no la hubiéramos visto, a pesar de la revisión que hicimos de todo el fardo funerario. Seguramente quedó oculta bajo el fardo, o entre los manojos de algas pardas". 

"Como se puede apreciar en el dibujo, la suela presenta 2 áreas de rotura (desgaste) Las correas se conservan bien, salvo una que está cortada (lado izquierdo)" .  (Ver Fig. 1, 1993: 48)

En el lugar, muy cerca del hallazgo del cuerpo humano, hallé una lasca de andesita, intencionalmente cortada para hacer un cuchillo. Tiene buen filo.  Si no perteneció  al entierro mismo, es obvio que ese instrumento estuvo en uso (7).(Ver Fig. 4).

"Con Antonio Ruiz Mazo, Gustavo Arias y el joven de Vallenar  seguimos excavando el basural arqueológico (8) que aún presenta un máximo de  50 cm de profundidad, aparecieron trozos de hilos, redes, trozos de madera. fibras gruesas de totora, otras fibras vegetales y muchos trozos de mandíbulas de pejeperros (9) , pez que - según me dicen ellos que saben de pesca-   nunca se pesca en orilla y requiere de embarcación (10). Lo que probaría época tardía (11) y uso probable de balsas de cueros de lobos marino para salir a alta mar a pescar. Hay trozos de peces, con sus escamas, restos de alimentos vegetales. Un sinnúmero de elementos. No hemos hallado aquí -ni ellos tampoco- lascas que puedan revelar factura de implementos de silex, hechos in situ. Aquí no estaba el taller lítico. ¿Dónde estuvo?. Es difícil saberlo. Porque en estas terrazas costeras no he visto nunca bloques de sílex (12). Solo rocas del lugar, inútiles para la confección de implementos" (13). Mientras buscábamos en el basural, ví abajo unas piedras (cantos rodados) evidentemente del basural y que habían sido llevadas allí ex professo. Bajé a la zona de explotación del guano fósil blando, [y] encontré allí un bolón de playa, totalmente cubierto de ocre rojo. Ya sabemos que los indigenas teñían de rojo objetos, balsas, esqueletos o cráneos. También sus redes de pesca, sus lienzas. Con esta piedra como percutor, molieron el ocre (óxido de Fe) que traian quien sabe de dónde (14). El ocre adherido al canto rodado tiñe aún  bien de rojo los dedos (15). Lo guardé con cuidado. Llamó mucho la atención de los guaneros el cuidado mío con una, para ellos, vulgar piedra.

"Así, cuando volví a Iquique con la bolsa de lapas que mis amigos Willy Venegas y Antonio Ruiz habían colectado para mí (16), llevaba conmigo huesos largos del entierro (fardo funerario), que ellos habían encontrado y cuyo cráneo yo me había llevado [días antes] a casa: fémur, tibia, peroné, húmero y radio-cúbito, además de la pelvis completa (17). También, diversos elementos que habíamos hoy rescatado del basural durante una hora". 

"Tomé un breve baño  [de mar] para liberarme del exceso de polvo, producido por el arneo de toda la tierra y arena (18), de los restos donde yacia el fardo funerario del entierro. En este "arneo", solo apareció la piedra cuchillo, en andesita, que sospecho formó parte del entierro. Hélo aquí en dibujo" (Diario de Campo  Nº 47: 1993: 47):

Dibujo nuestro del cuchillo de andesita: 

Fig. 4.  Dibujo y medidas del cuchillo o tajador, tallado en andesita, hallado junto al enterramiento del pescador, en la guanera de Palo Buque,  sur de Iquique, diciembre  1993. (tomado de mi "Diario de Campo" Nº 49, 1993:47).

(Texto ad litteram tomado de nuestro "Diario de Campo" Nº  49: 1993:40-49).

Notas y comentario eco-antropológico.

(1) Mi contacto con los guaneros del sur de Iquique se produjo  muy tempranamente. Llegado yo en enero del año 1993 a esta ciudad, para hacerme cargo de la nueva carrera de Pedagogía Intercultural Bilingüe en la Universidad Arturo Prat,  muy pronto, acompañado de Marta mi compañera, empecé  a visitar  puntos de la costa donde sospechaba podrían hallarse rastros de los antiguos pobladores  y sus asentamientos. Su estudio me había intrigado desde mis lejanos comienzos en los años 1963-64 al norte de la ciudad de Antofagasta.  Empezando por Pabellón de Pica y Río Seco y sus proximidades, tomé pronto contacto e hice amistad con los guaneros  que en muy  pequeños grupos recogían y ensacaban el guano por cuenta de algunos  comerciantes de Iquique. Esta gran familiaridad con estos hombres sencillos  me permitió  explicarles el porqué de mi interés por rescatar restos antiguos de indígenas con los que ellos, en su faena,  frecuentemente topaban. Es éste el origen de este descubrimiento.

(2)  Yo ya los había aleccionado sobre el tipo de cosas que podían aparecer en sus cateos en busca del guano y había que conservar: textiles, cuerpos humanos enterrados, cerámica, instrumentos en piedra, objetos en cuero o hueso. Les insistí en que todo era de gran interés para la ciencia, hasta las piedras.

(3)   Resulta evidente que el entierro aquí descrito fue algo casual y ocasional. No aparecieron más restos humanos en muchos metros alrededor. Lo sabemos porque los guaneros tenían como objetivo primario explotar todo ese yacimiento de guano fósil. El pescador murió aquí y sus familiares lo enterraron sin más trámite siguiendo el modo para ellos tradicional: envolverlo en un fardo hecho de plumas de aves marinas y, como cama, algas. 
Sobre el  origen y fechamiento del guano de las guaneras de la costa norte de Chile, aconsejamos consultar la excelente obra del geólogo alemán Johannes Brüggen (Ver bibliografía).

(4)  No sabemos hoy qué aspecto o forma  tenía lo que yo he llamado en mi Diario un "fardo funerario". pues el guanero ya lo había desarmado por completo, sin duda tratando de ver qué  contenía en su interior.  Lo que yo vi solo fue un montón informe de  plumas adosadas a cuero de aves marinas. Los huesos humanos ya habían sido dejados a un lado. No recuerdo hoy (año 2020) haber indagado más sobre la forma del "fardo", su tamaño y si tenía o no, amarras y de  qué tipo. Mi texto del "Diario de Campo", aquí reproducido, no lo especifica, por desgracia. A lo que sospecho hoy, releyendo el texto de mi relato, es que, probablemente, el cuerpo habría sido puesto en cuclillas y no estaba extendido. Pero no me consta.

(5)  El alga Macrocystes pyrifera, de acuerdo a Castilla, Santelices y Becerra (1976): "se conoce de Valparaíso al sur llegando hasta las islas subantárticas  estando presente  también en Perú central y en la costa de Baja California" (Castilla et al, 1976: 82). Coincidiría, por tanto, esta difusión actual de la especie con lo que los guaneros nos refirieron acerca de su aparente total ausencia actual en las costas de Iquique. Pero es evidente que también estuvo presente en estas costas en tiempos de la inhumación del cuerpo del pescador, hace ya varios siglos.  Sabemos hoy que  la elevación de la temperatura del mar, causada por el Fenómeno de "El Niño", provoca en nuestras costas la desaparición y muerte de esta alga, situación que puede prolongarse por varios años.
 A mí me fue bastante fácil identificar esta alga por la presencia de  sus flotadores típicos, dispuestos a lo largo del largo talo. Recuerdo bien que en mi niñez, pasando vacaciones en el balneario de Las Cruces, Quinta Región de Chile (años 1936-43), íbamos con frecuencia con nuestro abuelo Alfredo Barros Errázuriz a la playa arenosa de Las Salinas, donde gustábamos de encender fogatas con este huiro. Los niños gozábamos haciendo explotar, cual cohetes, sus flotadores. Nuestro abuelo nos miraba con simpatía y alentaba nuestros juegos, arrebozado en su chal,  al borde de la playa. ¡Tierna escena familiar que  ha permanecido intacta hasta hoy en mi memoria!.

(6) La palabra ojota, como es sabido, es castellanización y proviene de la voz  quechua usut´a y se incorporó muy tempranamente al habla nacional de Chile junto con numerosos otros términos, máxime del entorno familiar. La ojota hallada correspondería, a lo que creo, al pie derecho.  Lo deduzco de su forma.

(7)   La "andesita" es una roca muy común en  nuestras playas en forma de cantos rodados y fue muy  utilizada por nuestros pescadores antiguos para  elaborar sus raspadores, raederas o percutores y aún sus  morteros in situ. (Fig. 4).

(8)    Debió tratarse de un muy pequeño asentamiento. No había indicios de un conchal ni tampoco se veían conchas en superficie. Gran parte de éste ya había sido removida por los guaneros, para extraer el guano fósil.

(9)   El pejeperro (Semicossyphus darwini) es un pez  de cabeza muy voluminosa y grandes y filudos dientes que habita entre grietas y caletones en la zona submareal, especialmente donde abunda el huiro. Ejemplares grandes pueden  llegar a pesar  hasta 12 kg.  y alcanzar un tamaño de 80 cm. Es muy común verlo aparecer en yacimientos arqueológicos costeros. Sospecho que haya sido fácil de capturar desde el roquerío, también por las mujeres, mediante una lienza y anzuelo.

(10) De acuerdo a lo que sabemos, los Changos  pescadores disponían de balsas confeccionadas de cueros de lobos marinos, al menos  desde el siglo X d.C. (y probablemente desde mucho antes). Con ellas podían bogar mar adentro para pescar y recorrían enormes distancias a lo largo de la costa, en procura de buenos sitios de pesca o marisqueo. Sin embargo, yerran ciertamente  nuestros guaneros al darnos este dato, pues  el pejeperro ciertamente no es un pez de alta mar, sino vive por el contrario entre las grietas y cavernas del litoral, a cierta profundidad, entre masas de huiros, donde se protege bien de sus posibles depredadores.

(11) No estamos en condiciones de determinar la posible fecha del  enterramiento.  No parece ciertamente muy temprano,  pues ya posee textiles de lana. Tal vez pueda datarse entre los siglos XI - XIII de nuestra era cristiana.

(12)  El sílex y la calcedonia para la fabricación de puntas de  proyectil, o  arpones lo obtenían de tierra adentro, sea por intercambio con los grupos agricultores del interior, sea  por propia  cosecha en lugares  por ellos conocidos hacia el interior. Sabemos históricamente de sus frecuentes viajes hacia el interior para intercambiar sus productos marinos por   tejidos,  maíz , frijoles o  coca.  Tal  asiduo intercambio con el interior debió  ser un proceso de data muy antigua.

(13)   Esta afirmación debe ser matizada, pues tal como hemos ya señalado,  algunos de sus implementos eran elaborados de andesita, como los percutores, raspadores, raederas o cuchillos más toscos.  Pero no así  sus puntas de proyectil y dardos. Los guaneros informantes son expertos en guano, pero no son pescadores. Por lo que algunas de sus afirmaciones seobre la pesca pueden ser  discutibles o del todo erróneas, como en este caso. (Vea Fig. 4).

(14)   El ocre (óxido de Fe o hematita: Fe2 O3)  no era escaso en la misma costa. En efecto,  un poco al sur de la localidad de  Los Verdes  y muy cerca de Palo Buque hay un montículo que casi llega al mar,  donde éste se encuentra en gran cantidad.  Muestra indicios de haber sido excavado y explotado con esta misma finalidad. Su coloración es amarilla tendiendo al rojo. Suele hallársele  mezclado con arcilla. Su uso fue muy frecuente en la antigüedad para la pintura corporal y el teñido de diversos implementos.

(15)   Me llamó la atención la facilidad con que  el canto rodado impregnado de ocre teñía inmediatamente mis  manos de un amarillo rojizo después de siglos de estar enterrado.

(16)   Hay varias especies de lapas en este litoral del desierto. Predominan aquí tres especies: Fisurella latemarginata, Fissurella crassa y Fissurella maxima. Los guaneros las cogían frecuentemente de los roqueríos expuestos, aprovechando las bajas mareas, para su alimento. También las secaban y mantenían por semanas como preciada reserva alimenticia.

(17)  Los huesos largos (fémur, tibia y peroné) permiten calcular con bastante precisión la estatura del individuo. La pelvis y el cráneo permiten definir con certeza el sexo.

(18)   La faena del guanero es muy sacrificada y muy sucia. Al ir colando en un harnero grande el material de guano previamente seleccionado, se levanta una enorme  cantidad de polvo finísimo  que impregna la vestimenta y el cuerpo entero del guanero. Por eso cada día,  al término de la faena, se bañaban en el mar para sacarlo. Este polvo finísmo se va depositando en los pulmones, tapando los alvéolos y  en no pocos casos, tras años de practicar esta actividad, el guanero puede sufrir  y morir de afección pulmonar o tuberculosis. En efecto, nos tocó  visitar y asistir en el lecho de muerte al guanero español Antonio Ruiz Mazo  (arriba citado), pocos años después en Iquique, quien sucumbió con sus pulmones destrozados. Sus últimos días fueron  de gran dolor y angustia, al no poder casi respirar. Demás está decir que durante la faena no usan mascarillas de ningún  tipo y si el patrón a veces se las suministra (como es su obligación hacerlo),  prefieren  ellos no usarlas por la  gran incomodidad que trae consigo su uso durante el trabajo.

Colofón.

Como comentario final, cabe señalar que todos los materiales culturales aquí descritos provenientes de este entierro, etiquetados y dispuestos en bolsitas plásticas, quedaron depositados, en el año 2016, en la "Colección Larrain" del Museo Regional de Antofagasta donde hoy se encuentran.

Bibliografía recomendada.

Brüggen, Johannes, 1939. Geología de las Guaneras de Chile, Imprenta Universitaria,  Santiago de Chile.

Castilla, Juan Carlos, Bernabé Santelices y Raúl Becerra, 1976. "Guía para la observación e identificación de mariscos y algas comerciales de Chile", Fasciculos de la revista "Expedición a Chile", Manual de Terreno, Editora Nacional Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 116 p.


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viernes, 27 de mayo de 2016

Un testigo peruano de la existencia y empleo de las balsas de cueros de lobos marinos en la costa del Pacífico sur. Testimonio del marino Aurelio García y García en 1862.

Releyendo antiguos trabajos de investigación del historiador chileno Oscar Bermúdez Miral,  he tropezado con esta referencia que, en beneficio de nuestros lectores y de los jóvenes estudiantes, me permito presentar aquí, con nuestras reflexiones de tipo eco-antropológico. La referencia genérica  a esta obra del marino peruano Aurelio García y García, aparece en un artículo del citado historiador titulado: "Empleo de las balsas de cueros de lobos marinos en el embarque del salitre", Revista de la Universidad del Norte, Antofagasta, Abril 1968, Vol. II, N° 1.  

Fig. 1.  El capitán Aurelio García y García, autor de la obra "Derrotero de las Costas del Perú", Lima  1863.  (imagen tomada de wikipedia:  https://es.wikipedia.org/wiki/Aurelio_García_y_García).

                       
 Fig. 2. Dibujo de una balsa tripulada en la rada de Arica hecho  por el dibujante Felipe Bauzá, miembro de la expedición de Alejandro  Malaspina  a las costas del Pacífico Sur. (año de  1790). Esta imagen  pertenece a la obra:   "La expedición Malaspina en la frontera austral del imperio español",   Rafael Sagredo y José Ignacio González, editores, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Editorial Universitaria, Santiago de Chile,  2004, pág. 718).

¿Quién era don Aurelio García y García?.

Presentamos a continuación en imágenes  la portada  y  algunas páginas de la obra original  del oficial de la marina peruana, publicada en Lima en el año 1863 que, a nuestro juicio,  ofrecen un especial interés por su contenido antropológico. El Teniente Primero de la Armada del Perú don Aurelio García y García (1836-1888) nos ofrece en este libro, entre  otras muchas descripciones y datos geográficos y económicos, una pormenorizada descripción de las embarcaciones típicas de los changos o camanchacas, famosos pescadores de la costa árida del Perú y Chile. Por esas fechas, los pescadores costeros ya se habían habituado a trabajar en los puertos y a utilizar sus balsas  como  excelentes lanchas de aproximación a los veleros, surtos  algo más lejos de la playa,  tanto para la carga  como la descarga de los más variados elementos, así como para  el trasbordo de  pasajeros  y sus equipajes. Más aún, estos pescadores eran reconocidos en toda la costa  como diestros navegantes y hombres honorables, a los cuales se podía confiar sin temor sus equipajes personales y sus bienes más preciados. 

Mérito de esta descripción.

El texto del Teniente Aurelio García posee en nuestra opinión un valor muy particular. En efecto, tiene el gran mérito -a diferencia de otras descripciones de viajeros extranjeros que también hemos analizado en este mismo blog- de ser fruto de su propia experiencia de varios años de navegación en estas costas y del conocimiento  exacto de las condiciones geográficas de cada bahía, caleta, surgidero o puerto del Pacífico sur.  No pocos viajeros franceses, ingleses y holandeses  habían descrito y hasta dibujado, ya a partir del siglo XVII, estas raras embarcaciones, al topar ocasionalmente con ellas  en los puertos de atraque de sus navíos. Pero estos avistamientos de balsas eran fruto tan solo de  visitas ocasionales y/o  fortuitas. El marino peruano, en cambio, las ha observado numerosas veces en sus recorridos por la costa, y movido por su innata curiosidad intelectual,  apunta datos que otros observadores extranjeros omiten,  o a veces tergiversan involuntariamente.

Objetivo de esta obra.

El objetivo primario de este oficial peruano  en su obra es  dar cuenta  muy detallada de las características náuticas y facilidades o dificultades  que ofrecían a los navegantes  en barcos a vela los lugares de recalada en la costa del Pacífico sur. Igualmente, los recursos con  que se podía contar  en ellos, máxime el agua para la bebida. Por aquellas fechas, no se contaba aún en estas costas  con "vapores", o sea con barcos movidos  a propulsión a  vapor,  mediante la quema de carbón de piedra. Es decir, el viento era  el "motor" de dichas embarcaciones, por lo cual  las referencias a la presencia de vientos, su origen  y su intensidad relativa, en los distintos parajes, era un dato  esencial para el piloto de entonces. La segunda premisa básica era el conocer lo más exactamente posible los arrecifes costeros y la presencia de rocas sumergidas que hicieran peligrar  la aproximación de las naves a la costa. Afortunadamente para nosotros, el piloto peruano se extiende en ocasiones  en  la descripción o referencia a otros temas, demográficos o económicos,  que le sugiere un determinado punto de la costa. Es lo que ocurre en el caso presente, cuando nos describe  con gran detalle el puerto de Iquique  y sus contornos.

Fig. 3.  Portada de la obra.


Fig 4.   La misma portada anterior, que incluye  el importante dato de su  lugar de impresión: Lima 1863 y el establecimiento gráfico donde fue impreso: "Establecimiento tipográfico de  Aurelio Alfaro". 


Fig.  5. Descripción del puerto de Iquique. Datos sobre su población  a la fecha (1863), falta  total de vegetación y  de agua. Modo local de obtención del agua potable mediante máquinas  de condensación. El "señor Smith" aquí citado, es nada menos que el magnate salitrero inglés  George Smith,  dueño de la salitrera "La Noria",  que concibió el audaz  plan de unir por ferrocarril Iquique con su salitrera situada en plena pampa, plan que por desgracia no llegó a ejecutarse.  Fue  el mismo Smith quien acogió al destacado biólogo inglés  Charles Darwin, su compatriota,   en su  visita a la pampa salitrera  realizada en julio del año 1835.

Fig. 6.  Referencia a la reciente explotación del bórax en el territorio salitrero en el hinterland de Iquique  y a la decadencia casi total de las explotaciones de plata en el mineral de Huantajaya. Estos se hallan, a la fecha, "casi abandonados". También se alude a la futura construcción del ferrocarril a la salitrera "La Noria",  obra que nunca llegaría a realizarse. En esta página, en las últimas líneas,  se inicia la notable descripción de las balsas de cueros de lobos marinos, tema de este capítulo. (pág.  28).

Fig. 7.   Prosigue la descripción prolija de la balsa de pellejos de lobos marinos. 

Nuestro comentario eco-antropológico.

1.  En la páginas 17 y 18  de esta interesante obra se  señala, para  el puerto de Loa, la presencia de una capilla desamparada.  Se dice allí textualmente: "delante de la quebrada es la playa arenosa y baja, y forma una pequeña caleta que se denomina del Loa....El desembarcadero más seguro es por la parte del S., barando  (sic!) en la playa, a poca distancia se ven unos ranchos que habitan pescadores y una iglesia abandonada. Lugar falto de todo recurso". (subrayado nuestro).

 Esta capilla católica dependió, durante toda la época colonial, de la encomienda española de Pica y Loa, con  sede en la localidad de Pica. Sabemos por numerosas fuentes que en la zona de la desembocadura del río Loa existía una numerosa colonia de changos, pescadores-recolectores marinos que vivían de la pesca del congrio y otros peces que salaban para conducirlos  en calidad de "charquecillo" a las zonas pobladas del altiplano boliviano donde era muy apetecido.  No sabemos con certeza  donde estaba situada dicha capilla, ni conocemos detalles de su equipamiento (ornamentación religiosa). Sospechamos que se alzaba  allí mismo donde hoy se levantan los edificios de  la aduana  que controla  el paso de la I° a la II° Región de Chile, es decir en el margen norte del río Loa,  a unos 500-600 metros  de las ruinas de viviendas del período arcaico estudiadas por el arqueólogo chileno Lautaro Núñez en el año 1975 (Cfr. Núñez, "Caleta Huelén-42: una aldea temprana en el norte de Chile",  Revista Hombre y Cultura", Centro de Investigaciones antropológicas, Universidad de Panamá, |tomo II, N°  5, 67-103).

2.  No existen -que sepamos- antecedentes históricos sobre la localización exacta  de las ruinas de esta capilla, ni tampoco  sobre la fecha de su abandono definitivo. Debió tratarse de una muy pequeña capilla dotada de una habitación anexa para el cura visitante, hecha  probablemente de adobes y toscamente techada con ramas de chilcas (Baccharis sp.) y soronas (Tessaria absynthioides), especies vegetales   muy abundantes hasta hoy  en la zona de la desembocadura del río Loa. ¿Por qué fue abandonada?. No es difícil imaginarlo.  Su desamparo  seguramente ocurrió cuando la comunidad de los changos que  normalmente  vivía allí desapareció del lugar y emigró,  o tal vez  fue exterminada por alguna peste, tal como ocurriera algo  más tarde en el puerto de Cobija.

3.  En tiempos bastante más tempranos, hacia el año  1652, el Censo colonial señalaba la presencia de 15 tributarios pescadores en la zona del Loa, equivalente a una población aproximada de  unas  70-75 personas en total   (Cfr. José Luis Martínez. en  "Pueblos del chañar y el algarrobo. Los Atacamas en el siglo XVII",  Ediciones de la Biblioteca de Archivos y Museos, Santiago, 1998, pág.  82). Creemos que mientras existió la Encomienda española de Pica y Loa,  sus encomenderos  tuvieron particular cuidado de proteger esa comunidad de pescadores que les surtía, en calidad de tributo,   de pescado  seco y salado durante todo el año. La sola denominación de la encomienda como "de Pica y Loa", hace referencia  indudable a una  población importante de pescadores en la desembocadura del río Loa. Esta desaparece,  creemos, a fines del siglo XIX, por razones que  habría que investigar más a fondo.

4.  ¿En qué lugares observa el marino peruano estas balsas  (el autor escribe "balzas")?.  Nos responde que existen "en el puerto de Iquique y en casi todas las caletas de esta costa".  O sea,  dondequiera  hubiera pescadores changos establecidos; por tanto,  a fortiori  nos atrevemos a afirmar  que también las había en el Loa.  Es decir,  este tipo de balsa era de uso  frecuente en  todos los puertos  y caletas,  aún en las más pequeñas, caletas  que el autor va describiendo una a una en la zona entre el Loa e Islay,  área costera en la que  el autor observa la presencia de esta embarcación. Tan solo entre el río Loa y el puerto de  Iquique, el autor  distingue por sus nombres vernáculos,  16 caletas,  casi todas ellas deshabitadas, con excepción de caleta  El Loa y Pabellón de Pica, donde registra presencia de algunos pescadores.

5.   Se señala explícitamente que en su tiempo  (mediados del siglo XIX), el límite norte hasta donde solían alcanzar  normalmente las balsas de cueros de lobos en sus desplazamientos por la costa, era el puerto peruano de  Islay.  Tal vez este dato nos pueda ser útil para determinar la extensión de la franja costera donde se observaba la  presencia y  actividad de estas curiosas balsas en esa época, en  la porción meridional del Perú de entonces.

6. Lo que no significa, necesariamente, que estas embarcaciones fueran construidas en todas partes. Es más probable suponer que  había ciertos lugares donde se las confeccionaba de preferencia, por existir allí mayor  población masculina,  más recursos y tal vez,  maestros especializados,  más hábiles.   Paposo, Cobija,  el Loa, y Pisagua, parecen haber sido los sitios  preferidos para su confección,  en el segmento actual chileno de esta costa. Además, allí había mayor concentración de población camanchaca.  En tales sitios, había agua, aunque casi siempre de mala calidad, y madera (leña),  lo que permitía, igualmente,  una permanencia más duradera de las comunidades pescadoras  (semi-sedentarismo). Eran también , por esta misma razón, los sitios obligados de recalada regular para los veleros que surcaban esta sección del océano Pacífico. Allí, podían surtirse de pescado  fresco,  seco, mariscos, sal  y  agua potable. Algunos de estos puntos, como Cobija, caleta Loa,  Iquique y Pisagua, eran igualmente, lugares donde existía una frecuente comunicación terrestre hacia  las quebradas interiores, tanto en la región de Tarapacá  (Ver en Planos de don Antonio O´Brien en 1765) , como en Antofagasta  (vía el río Loa y Calama), para el intercambio de productos marinos por agrícolas, y viceversa entre las etnias del hinterland y los pescadores-recolectores costeros .

6. Análisis de la descripción de las balsas de cueros de lobos marinos.

La descripción que aquí  nos da  el oficial García y García de las balsas de cueros de lobos marinos, aunque sucinta es muy completa  y en extremo interesante. Analicemos con cierto detalle  su  contenido.

6.1.  La balsas  se utilizan tanto para el embarque  del salitre  hacia los navíos, como para la pesca artesanal.  Es decir, los antiguos pescadores se han transformado ya en fleteros, pero sin abandonar del todo la pesca, básica para su subsistencia como grupo.

6.2.  La balsa  se compone de dos elementos (dos pellejos), cada uno de ellos, a su vez, está formado por dos  segmentos  del cuero del lobo, muy bien cosidas  entre sí, lo que permite obtener  un flotador  mucho más largo y resistente al peso..

6.3.  Ambos extremos terminan en punta  (proa y poa). Lo que facilita grandemente  el deslizamiento de la embarcación en el agua.

6.4.  Los odres o pellejos se inflan haciendo uso de  una tripa  cuyo tapón o boquilla es confeccionada en  hueso. No se consigna su nombre.

6.5.  Las dos  pellejos o o secciones de la balsa se unen y amarran fuertemente con sogas de cuero, instalándose  en la parte superior una plataforma  hecha de tablas,  donde  va  bien amarrada  la carga.

6.6.  En dicha plataforma va igualmente,  arrodillado, el balsero  o remero, provisto de un remo  en forma de canalete doble ( es decir de doble pala)  con el que impulsa la embarcación.

6.7.  Con este tipo de embarcación realizan largos viajes  desde las caletas del sur (al menos desde el río Loa donde los ha observado el marino García) hasta los puertos más norteños de de Arica e Islay.

6.8. Para estos viajes más largos, instalan a bordo de la balsa  un pequeño mástil provisto de  una vela de género (tocuyo).

7.  El puerto peruano de Islay (Matarani) queda en las coordenadas  geográficas  17° 00´ 00´´ S. Iquique,  en 20°  13´ 00´´ S. Arica, en los  18° 28´ 30´´ S.  Si consideramos que  la distancia entre un grado geográfico y otro es de  110 km lineales,  quiero esto decir que un viaje en balsa entre Iquique e Islay, suponía cubrir una distancia de  no menos de  350 km en línea recta, distancia considerable para una balsa que requirió para ello,  sin duda, de  muchos días de viaje.  Sólo razones económicas de mucho peso podrían haber  justificado tan largas travesías por mar.  Es cierto que los  remeros pudieron  atracar en alguna playa intermedia y  bajar  a tierra en cualquier parte, bien  conocida para ellos, para descansar en el trayecto y cargar agua en sus odres de cuero.



sábado, 7 de noviembre de 2015

Vida animal en el desierto florido del sector de Palo Buque, sur de Iquique: eclosión de vida y movimiento.


                   
Fig.  1.  Hermosísimo ejemplar de una "polilla" o mariposa  nocturna, vista y fotografiada por nosotros en  la floración del sector de Palo Buque, a 22 km al sur de Iquique y a  unos 250 m de altitud s.n.m.  Tamaño real: 0.9 - 1.0  cm.

 Una floración inusitada  en la costa norte chilena.

En dos capítulos anteriores, hemos mostrado   la espléndida floración  en cerros al sur de Iquique, en el sector  llamado Palo Buque.  Igualmente,  hemos detectado, en ese ambiente, la presencia de  elementos culturales dejados por las poblaciones indígenas costeras, en su tránsito hacia y desde el interior.  De este modo, creemos haber encontrado pleno sentido a este trazado del sendero, - que no nos parecía  casual- al atravesar diagonalmente  el área  que este año 2015 hemos visto florida  en un grado al parecer nunca visto, al menos  en los últimos 40 o 50 años.   No hay recuerdo humano en esta  zona costera de una floración tan  intensa. 

                       
Fig. 2. Laderas  con una inclinación de  15º a 25º  de arena sumamente fina,  que forman parte del piedemonte de la Cordillera de la Costa en este sector de Palo Buque. Esta formación vegetal está compuesta mayoritariamente por Nolana jaffueli (aquí a la vista en la imagen),   y en pequeño número, de  dos especies de Cristaria,  Tiquilia sp. y  Fortunatia biflora ( Fam. Liliaceae).

¿Qué tipo de vida animal puebla esta formación vegetal tan  llamativa?.

Es nuestro interés  ahora mostrar  los signos de vida animal que hemos podido captar en las cuatro visitas efectuadas al lugar en los meses de septiembre y octubre recientes.  Como era de esperar,  la eclosión de vida vegetal va acompañada del despertar de una notable vida animal que estaba  latente,  bajo tierra, esperando el momento preciso señalado por los  índices de humedad  para eclosionar  y  animar  con su belleza este escenario  geográfico.  ¿Qué especies pueblan este ecosistema tan efímero?.  ¿Cómo explicar  su repentina aparición allí donde sólo habíamos visto montañas de  arenas inertes  o rocas desnudas?. ¿Cómo aparecieron allí de repente, como por arte de magia?.  ¿De dónde llegaron?. Son preguntas que se hace el lego en la materia, al contemplar este milagro de la vida. La respuesta no es tan sencilla como podría suponerse.

Las especies detectadas por nosotros.

Veamos primero qué especies hemos podido detectar  en nuestras recientes expediciones al lugar.  En general, podemos decir que  hemos visto en este ecosistema  muy pocas especies representadas: y éstas solo de la clase Insecta (Insectos), al menos  por ahora.  No hemos visto  aquí aves o pajarillos, a pesar de que se sabe que,  a mayor altura, en los oasis de niebla,  vive el pajarillo denominado vulgarmente chirigüe (Sicalis olivascens) de manera normal. Tampoco divisamos rastros o pisadas del escurridizo zorro chilla (Pseudalopex griseus domeykonanus), que rehuye la presencia humana y cuyos rastros inconfundibles hemos visto muchas veces  más arriba, en los oasis de niebla.

Presencia de mariposas  diurnas o crepusculares  (Lepidoptera).

Tan solo hemos detectado tres especies; las mismas que hallamos normalmente en los oasis de niebla. Estas son Hyles annei (Fam. Sphingidae), Vanessa carye (Fam. Nymphalidae) y  Pyrgus bocchoris (Fam Hesperiidae).  Las tres las hemos visto en las praderas de Nolanas y de Cristarias, siendo Vanessa la más común. No nos consta la preferencia de Hyles  sp. o de Pyrgus sp.  por alguna especie de planta particular. Seguramente tal preferencia existe y hay que tratar de detectarla.

Fig. 3. La mariposa  Hyles annei  (Guér.) de la familia de las  Sphingidae, es una mariposa  crepuscular y nocturna,   (vulgarmente llamada polilla en español  o moth, in inglés), muy común en el desierto florido del norte de Chile. Vive no solo en Chile,  sino también en Argentina, Bolivia y  Sur del Perú. Sus plantas huéspedes más probables son las distintas especies de Nolanas (Fam. Nolanaceae)  y Cristarias  (Fam Malvaceae) que compartimos con los países limítrofes.  En nuestro recorrido reciente, la pudimos observar varias veces revoloteando al atardecer, acercándose, curiosa, a nuestros cuerpos  e incluso posándose en ellos. La vimos en el sector de  Palo Buque -que describimos ahora- pero también la hemos visto recientemente en el oasis de niebla de Alto Patache, (65 km al sur de Iquique) donde cayó en cierto número en trampas puestas para la captura entomológica. Es muy frecuente y abundante en  las zonas donde se presenta  el bien conocido "desierto florido"  en Chile,  desde Coquimbo  a Caldera y Chañaral por el norte.  Por su abundancia actual, parecería no tener enemigos naturales entre las aves  que habitan la costa. Es un especie muy andariega y la hemos encontrado con cierta frecuencia en pleno desierto absoluto,  en ocasiones  a decenas de kilómetros de sitios vegetados.
                         
                      
Fig. 4. Vanessa carye. (Fam. Nymphalidae).  Divisamos muchísimas parejas de ejemplares de esta mariposa diurna  tan común rondando las plantas de Nolana jaffueli. En esta ocasión, no nos fue posible fotografiarlas in situ, pero aportamos aquí una imagen nuestra tomada   el día 8 de junio del  año 2008, en el oasis de niebla de Alto Patache, al sur de Iquique, libando el néctar de las flores de otras Nolana, Nolana intonsa.

Fig. 5.  Esta larva que circulaba profusamente  en las laderas floridas de  la zona de  Palo Buque  durante nuestras cuatro visitas al sector, sospechamos fundadamente sea la larva de la mariposa diurna arriba citada,  Vanessa carye (Fam Nymphalidae),  muy abundante durante nuestra visita. En efecto, vimos numeroso ejemplares, en pares, de esta mariposa, seguramente machos y hembras, persiguiéndose en un evidente intento nupcial.  No observamos, por lo demás,  ninguna otro tipo de  larva en el sector, razón por la que  creemos pertenezcan a Vanessa. Esperamos el veredicto de los   entomólogos. La vimos aquí en tamaños desde muy diminutas,  de menos de  1/2 centímetro, hasta   muy desarrolladas, alcanzando un tamaño máximo de  3,5-3,7  cm de longitud.  Su abundancia era extraordinaria. Vimos decenas de ellas  corriendo apresuradamente  en busca  de alguna planta de  Nolana donde poder alimentarse.  También las vimos, ya muertas,  en zonas donde  Nolana ya había fenecido  por completo.

Fig. 6. Esta  fotografía ha sido ampliada ex professo, pues el ejemplar en la naturaleza mide escasamente  1,0 cm de longitud total. Se trataría de una especie de la superfamilia de lepidópteros llamada Pyraloidea, según nos informa  el investigador Francisco Urra, del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) de Santiago, Chile. Vuela en  trechos cortos durante el día con evidente torpeza (pues es nocturna) y se posa siempre en tierra tal cual muestra la imagen. Ciertamente depende de alguna planta  de este ecosistema efímero  que le sirve de huésped y, en este caso, creemos podría tratarse muy probablemente de Nolana jaffueli   (Fam Nolanaceae),    que  es el vegetal de lejos más abundante en esta formación.

Fig.  7.  Dos ejemplares de la misma larva en distinto estadio de desarrollo.  La de mayor tamaño, ha alcanzado ya  los  3.6. cm de largo y está a punta de pupar.  Al moverse, esta larva deja una huella característica en la arena, que resulta inconfundible.

Fig. 8. La larva  semiescondida entre le follaje en pena  decadencia de su planta huésped Nolana jaffueli.

Fig. 9.  La larva  presenta una coloración negra, uniforme y  colores más claros  en su  parte  ventral.

                           
Fig. 10. La larva que sospechamos sea  de la mariposa Vanessa carye, comiendo ávidamente las hojas aún tiernas de Nolana jaffueli

Fig. 11.  La tercera mariposa diurna  que se ve volar en relativa abundancia en este ecosistema es  Pyrgus bocchoris (Fam. Hesperiidae).   Igualmente,  la vimos, al atardecer, cuando declinaba el viento,   en etapa de apareamiento  en  esta misma pradera. No sabríamos  decir cuál sea  su planta huésped preferida  (puede ser Cristaria o Nolana; tal vez ambas).

Fig. 12.  El  carábido depredador carnívoro  Calosoma rufipennis,  (Coleoptera, Fam. Carabidae)  que vimos por decenas caminando ágilmente en el mismo sector  de las larvas. Éstas, a no dudarlo, deben ser su bocado preferido.
   
Fig. 13.  (extremo derecho de imagen).  Vimos repetidamente esta especie pequeña de mosca, que nos pareció  ser algo diferente de la típica  mosca de la ciudad (Musca domestica). Al parecer, se trataría de otro asiduo visitante de este ecosistema.

Comentario eco-antropológico.

1.    Bien poco o nada sabemos, en realidad, sobre los hábitos alimenticios de los antiguos moradores de la costa, en relación a este ecosistema  efímero de las "lomas" costaneras del extremo norte chileno.  De todas las especies de insectos, aquí reseñadas, habitantes de este sistema natural,  es altamente probable que los indígenas hayan aprovechado  algunas. ¿Cuáles?  y, ¿cómo saberlo?.  No nos parece descabellado pensar que hayan podido alimentarse, a su paso, de algunas de estas carnosas larvas de lepidópteros.  ¿Por qué no?.   En otras culturas numerosos insectos, incluso hormigas o saltamontes,  son fuente de alimento normal de las poblaciones  autóctonas.

2.  Sospechamos que durante la noche,  aparecen  en estos ambientes otras especies que no hemos reseñado aquí, sobre todo del grupo de las mariposas nocturnas o Noctuidae o  Geometridae.  Es un interesante tema de estudio para el futuro.

3.   Por fin,   creemos que el establecer campamentos  y fogones a media altura,  (230 m y 275 m s.n.m.)  tan cerca de la costa,  debió tener una obvia explicación ecológica: la alimentación y el descanso, luego de una larga y fatigosa caminata desde el interior.

4.    El estudio eco-antropológico de estas huellas o  vías de comunicación antiguas  que unían la costa con el interior desértico,  en nuestro país está  aún  en pañales. Muy poco o casi nada se sabe  acerca de su trazado, y menos aún, acerca de las razones para establecer uno u otro recorrido preferencial. Y muy poco, o casi anda, de las paradas que hacían en determinados sitios de descanso o reaprovisionamiento de agua. El acceso a las escasísimas fuentes de agua (vertientes), sin duda, fue un argumento poderoso; pero probablemente haya habido otros -como en este caso la existencia de  recursos vegetales y combustibles  utilizables-  durante los pocos meses  en que  las "lomas" permanecen florecidas gracias al fenómeno de "El Niño".

5. Aquí, como en otros campos de la actividad humana prehistórica   (v. gr. la ritual, lúdica, ceremonial o la  funeraria)  hay todavía un amplio campo de estudio para las futuras generaciones de geógrafos humanos, antropólogos culturales y arqueólogos. En efecto, ¿qué sabemos hoy acerca de  los sitios donde preferían enterrar a sus muertos?.  O, ¿en qué momento de la historia humana de estas regiones empiezan a depositar sus difuntos en  cementerios propiamente tales? Es otro  de los muchos enigmas sobre  los cual poco o nada sabemos aún.  Ojalá nuestro pequeño esfuerzo  a través de estos capítulos dedicados al "desierto florido" en la costa desértica,  constituya una suerte de  aliciente para futuros investigadores jóvenes en este sentido.





jueves, 29 de octubre de 2015

Presencia y actividad humana en el "desierto florido" al sur de Iquique: utilización del ecosistema de lomas por el hombre antiguo.

Fig. 1.  Área del antiguo campamento o paradero de paso hacia el interior, situada a los 200-210 m sobre el nivel del mar.  Intensamente traficada hoy por visitantes y turistas;  aquí se ubicaba un lugar de campamento indígena. Hemos hallado sus fogones, sus basuras,  sus instrumentos y  su cerámica en este lugar.  De esta historia antigua  de hace más de 500 años,  queremos hablar hoy. ¿Quiénes poblaron esta área?. ¿Cómo lograron subsistir aquí?, ¿Qué huellas hemos encontrado de su paso por este lugar?.   

                     
 Fig. 2.   Vista desde  la zona del campamento indígena  con presencia de cerámica abundante, hacia  la costa. Aquí estamos en la cota de los 230-240 m.  s.n.m.    La vegetación dominante muestra  Nolana jaffueli,   Cristaria molinae y otra Cristaria, de flor  blanca  grande, casi con certeza Cristaria dissecta.  Esta formación vegetal efímera  (no dura más de 3  meses en este lugar), ha sido denominada de "Lomas", por la bibliografía geográfica y arqueológica del Perú. Allí, estas lomas son mucho más potentes y persistentes y han sido en el pasado muy utilizadas por el hombre no solo como un valioso recurso alimenticio, sino también como lugar de pastoreo  para sus hatos de llamas. (Cfr.  los trabajos del arqueólogo  francés  Fréderic Engel  para la costa sur del Perú).

Los  efectos del Fenómeno de "El Niño".

En un capítulo anterior  de este Blog (de fecha  6 de Octubre 2015), hemos presentado numerosas imágenes de  plantas del desierto costero del Norte de Chile. Éstas   surgieron de improviso, en el sector costero entre Palo Buque  y Playa Lobito, a 22 km al sur de la ciudad de Iquique,  con motivo de las copiosas lluvias que cayeron en la costa norte chilena entre los días  8 y 9 de agosto del presente año 2015.  Ya hemos explicado allí  que este fenómeno se debe a la presencia y actividad de un potente Fenómeno de "El Niño", evento climático singular  que suele presentarse en las costas de América del Sur   con cierta periodicidad,  al modificarse repentinamente la posición del Centro de Altas Presiones  que impide y frena normalmente  la llegada de las precipitaciones a la zona.   Este  tipo de  eventos  esporádico,   modifica substancialmente la tendencia climática seca preponderante,  trayendo consigo consecuencias insospechadas para la existencia humana en la zona.

Una lluvia   totalmente inusual.

De un promedio histórico de lluvias de apenas 0.7 mm de agua caída al año, hemos pasado, en este año, a 50 mm.  en apenas dos días. Esta descomunal lluvia provocó no solo  la formación de verdaderos torrentes en los cerros cordilleranos de la costa,con cambios notorios en la geomorfología de la zona,  sino también,  una  nunca vista germinación y floración   de todas las especies  vegetales que   subsistían, ocultas,  en el subsuelo arenoso. De un paisaje totalmente árido y seco, se pasó, en  pocas semanas a un verdor nunca visto en estos parajes. Al menos no, en los últimos 40 ó 50 años. Es lo que dicen los pobladores cercanos.  Sospechamos que  mucho más. 

¿Ha sobrevivido aquí algo de la cultura primitiva?.

Estos sitios fueron intensamente recorridos en el pasado. Hemos encontrado las pruebas fehacientes de su paso. Pruebas numerosas y contundentes. Nos corresponde ahora mostrar a los lectores  qué elementos  de la cultura humana prehistórica, han logrado sobrevivir hasta hoy, como muestra de su actividad  de antaño en estos lugares.  ¿Podemos  de alguna manera columbrar qué hacían en estos parajes, o de qué se alimentaban?. ¿Podemos tener una idea clara de la forma de su instrumental  de trabajo?. ¿Queda algo  todavía in situ, intocado, a pesar de los siglos transcurridos?. Y esto ¿a pesar de la alteración sufrida por este paisaje por la intensa actividad humana   reciente?. Estos instrumentos, por  toscos y primitivos que nos parezcan, ¿nos pueden dar  una cierta idea de sus  actividades  y de su economía básica de subsistencia?. Lo veremos a continuación. (Las fotos   aquí publicadas, son nuestras).

Conchales y paraderos  o campamentos de paso.

Sabemos que los habitantes costeros eran preferentemente pescadores y mariscadores de orilla de playa.   Sus "conchales"  o acumulaciones de conchas, cercanas al mar, delatan sus preferencias alimenticias.  Sin embargo,  cuando podían tener acceso a  otros recursos alimenticios   (carne animal, vegetales, caracoles terrestres, insectos, etc.),  recurrían a  ellos, mediante la caza animal o la recolección  terrestre. Y, por cierto, en  los años lluviosos del Fenómeno de "El Niño",  surgían posibilidades  de nuevas fuentes de alimento, distintas de las que les ofrecía  normalmente el bioma marino.  En tales años,  utilizaban ciertos parajes como campamentos de paso o paraderos (como en el caso que aquí estudiamos), dejando huellas de su alimentación y actividad. Estos campamentos o "paraderos" de tránsito, nos muestran una ocupación humana de muy escasa profundidad y no se deben confundir con los "conchales" propiamente tales,   donde la acumulación de conchas y restos de cocina puede llegar a varios metros de profundidad,   con una cronología  de ocupación de varios miles de años. Nos queda claro que no es este el caso aquí.

Posibilidades  ciertas de caza animal   y recolección vegetal.

Podemos sin dificultad imaginar el gozo y alegría de  los indígenas  costeros al ver que  los cerros grises o pardos se teñían repentinamente de verde,   ofreciendo un espectáculo que para ellos debió ser tan sorprendente como para nosotros hoy día.  Estos kilómetros de praderas verdeantes atraían  por semanas a guanacos y ciervos, cuya  cacería  era altamente codiciada por ellos.  Algunas de sus plantas,  sus flores, sus raíces o cebollines  (bulbos)    fueron un buen alimento para ellos, sin duda alguna.

Fig. 3.  Espectáculo que ofrecían las laderas próximas al cerrillo de los Parapentes,  frente a Palo Buque,  a fines de septiembre 2015  desde la altitud de  los  130 metros hacia arriba (Foto H. Larrain).

Fig. 4. Praderas  cubiertas de infinitas Nolanas  (Nolana jaffueli) y Cristarias. Llegamos a contar, en algunos casos,  hasta   20 plantas por  m2., algunas minúsculas, pero, a pesar de su  tamaño enano, igualmente en flor.

¿Qué instrumentos poseían y nos han dejado aquí de recuerdo?. El instrumental de los antiguos  pescadores-recolectores marinos.

Fig.5. (Cara anterior) Este  canto rodado de playa, fue hallado en  uno de estos  paraderos  o campamentos ocasionales,  en medio del verdor, donde había  muchas conchas consumidas y restos cerámicos y óseos. (Vea Fig. 1). A pesar de su apariencia, no es, pues ésta,  una piedra cualquiera, corriente. Fue acarreada desde la playa  con fines claramente utilitarios. Es una auténtica "herramienta" o instrumento indígena, y fue usado como tal.  Esta herramienta tiene dos caras: la que mostramos aquí, presenta signos evidentes  de golpes en toda su superficie y en sus bordes, siendo así una especie de  "martillo"  o percutor  de ocasión;  la faz opuesta, perfectamente lisa, en cambio, denota su probable uso como  mano de moler o moleta, y era usada para moler, triturar semillas o machacar vegetales y aún moluscos, como el loco (Concholepas concholepas).

Fig. 6.   Cara posterior del mismo instrumento. Está perfectamente pulimentada y desgastada por el uso continuo como mano de  moler o moleta. Es decir, este instrumento  tuvo un doble empleo: como percutor o martillo,y como mano para la molienda  en un metate   o batán.  Este último debió ser, en la zona costera, solamente una piedra   bien plana, de las que frecuentemente hemos hallado en yacimientos costeros, no pocas veces teñidas de ocre rojo. 


Fig. 7. He aquí otro instrumento, hallado en la huella antigua.    Es un clásico raspador elaborado a partir de  un núcleo de sílex.  Presenta sus bordes cortantes en todo su derredor. Fue hallado en el sendero  antiguo de ascenso, hacia los 180-190 m de altitud s.n.m. Sirvió tanto para cortar, como para raspar, frotar y alisar  cueros o huesos, o para fabricar instrumentos en hueso o madera.

                           













Fig. 8.  A un costado del camino antiguo que ascendía en forma diagonal hacia el SSE, remontando   el acantilado costero,  el paso de visitantes y curiosos, que venían a contemplar este grandioso florecer del desierto, dejó casualmente al descubierto un antiguo fogón de tiempos prehispánicos. Removiendo un poco la arena oscurecida por las cenizas, aparecieron numerosas vértebras de peces, conchas quemadas, huesos calcinados, carbón vegetal, signos  todos  de una merienda in situ, tal como se puede ver en la imagen siguiente. 

                      
Fig. 9. Trozos de carbón de origen vegetal hallados en el fogón.  Las plantas que pudieron dar origen a este carbón, fueron, presumiblemente,  arbustos leñosos que antaño prosperaron en las partes más altas del acantilado costero. Con gran probabilidad, se trata de tronquitos o ramas de Licyum  leiostemum, Ephedra breana  u Ophryosporus sp.,  especies botánicas existentes aún hoy  en los  oasis de niebla al sur de Iquique.  Los  materiales iniciales usados para el encendido (llesca) fueron, seguramente, las raicillas secas presentes  aquí por  todas partes, a escasa profundidad o los restos ya secos de plantas muertas.    

                               
Fig. 10. Conchas ennegrecidas de lapas (Fissurella spp., señoritas  (Scurria sp., Collisella sp, o locos (Concholepas concholepas) y restos de peces aparecen en los estratos del fogón, indicándonos de inmediato su preferencias alimenticias. Los mariscos eran puestos directamente al fuego (sancochados). Por lo que pudimos observar, todos los mariscos que  aquí encontramos eran gastrópodos marinos,  es decir, "mariscos" que viven aferrados a las rocas azotadas por el mar. Proceden de los roqueríos vecinos y suelen quedar expuestos en las bajas mareas, de donde  eran extraídos seguramente por las mujeres y los niños. No hallamos, en cambio, aquí bivalvos tales como cholgas, almejas, tacas o  machas, las que son propias de habitats provistos de extensas  playas arenosas.

La cerámica presente  en estos yacimientos.

Fig. 11. Fragmentos de cerámica de cocina (o "culinaria"), como gustan de decir los arqueólogos.  Son trozos de ollas de diversos tamaños.

 Fig. 12.  Fragmentos de  ollas.  En el costado derecho  arriba, se puede ver   un pequeño fragmento prominente, provisto de un mamelón   destinado al agarre de la vasija.

Fig. 13.   Trozos de hueso animal.  El de la derecha, muestra una coloración cinérea que delata su exposición evidente al fuego.  La carne del animal  era puesta directamente al fuego, al igual que los mariscos.  Ahorraban al máximo el agua de beber, por su extrema escasez en estos parajes costeros donde las vertientes eran raras y  generalmente salobres.

Fig. 14. Planta de la liliácea Fortunatia biflora, mostrando su  tallo y pequeño bulbo. Estos bulbitos son comestibles  y, de acuerdo a nuestra experiencia personal  en el  campo,   con algo de sal, hasta nos parecieron sabrosos.  En nuestra reciente expedición del día   9/10/2015 al lugar la hallamos en relativa abundancia entre los 300 y 380 m de altitud s.n.m.  Fácilmente los antiguos pobladores habrían podido -en caso de proponérselo- colectar unos 30-50 bulbitos en pocos minutos  para una frugal comida de emergencia, o tal vez, para llevar consigo, como cocaví de viaje. Se consumen crudos, como la cebolla.  

 Fig. 15. Huesos  de mamífero, tal vez de guanacos,  que se hallan dispersos y en gran abundancia  en los sitios de acampada o descanso.

 Fig.  16.  Lascas o esquirlas,  fruto del desbaste de nódulos o núcleos de sílex.  Su hallazgo denota  y comprueba, sin lugar a dudas, el frecuente trabajo de talla de artefactos líticos,  realizado in situ, por parte de los antiguos moradores. La esquirla color negro es de  roca basáltica.

Fig. 17.  Punta de arpón rota,   provista de  pedúnculo para   el agarre y sostén en un astil de madera.   El material usado es sílex blanco muy puro  y está  muy finamente terminada.  Fue hallada en el antiguo sendero de subida, por el costado norte del cerrillo de los Parapentes. (Vea la descripción del hallazgo, en detalle, en el Diario H. Larrain, Vol. 95: 42-43; descubierta por María Isabel Fuentes).

                              
Fig.  18.  Porción media de una punta de  arpón al que le falta la base y la punta.  Fue hallada a unos    20-30 m de la punta anterior, siendo, a lo que sospechamos, parte de un mismo núcleo original de sílex. Los dos materiales, en efecto, son idénticos en su aspecto.

Fig.  19. Una pequeña explanada, junto al extremo este del cerrillo de los Parapentes fue un excelente paradero o campamento para el descanso y ejercicio de actividades tecnológicas (fabricación de instrumentos). Aquí se acumula hoy la evidencia de antigua presencia humana en forma de conchas, lascas, litos, cerámica y huesos quebrados en forma evidentemente intencional.
  
Fig.  20. El raspador, en ampliación fotográfica.  Junto al percutor  o martillo, este instrumento les era  indispensable e infaltable  en su  equipo de caza.

                              
Fig.  21.   Un raspador  en forma de aleta, roto. Está tallado en forma burda, por ambas caras.

Fig. 22. Conchas  vacías, muy antiguas,   del caracol terrestre  Bostrix derelictus broderipi   (Fam. Gastropoda) que antaño debió proliferar  y colonizar en inmenso número  estas praderas de Nolanas y Cristarias y hoy  se encuentra, al parecer, totalmente extinto en el lugar. El proceso de  calentamiento climático y la falta de continuidad en la humedad y lluvias, ha sido, probablemente, la causa de su total desaparición o extinción en este ecosistema. Ya no se las encuentra vivas en este ecosistema. Al menos, nosotros no las hemos podido hallar.

 Fig. 23.  Fragmentos de huesos consumidos por los antiguos pobladores. Uno de ellos, bien pudo ser un instrumento útil,   hoy ya irreconocible  por la erosión experimentada. 
 Fig. 21. Otros fragmentos de hueso  al parecer quebrados en forma intencional.

Fig. 25. Hallazgo notable y fortuito de  dos torteras  (o fusaiolas), descartadas y abandonadas en el campamento,  hechas en fragmentos de cerámica planos y  en proceso de elaboración. Estas piezas son parte esencial del equipo técnico  de un tejedor.  La pieza de arriba,  posee  un perfecto agujero central por donde se pasaba y fijaba el huso de hilar. La pieza inferior, rota,  fue obviamente descartada por efecto de un mal cálculo  al perforar  el trozo cerámico.  Fueron halladas a un par de metros de distancia una de la otra, en un lugar del mismo campamento, hacia los  235 m de altitud. s.n.m.  El hallazgo de estos elementos denotaría la práctica del tejido in situ por parte de los  habitantes de esta costa, o tal vez,  de sus visitantes  procedentes  de las comunidades indígenas del interior. Es un rasgo, en todo caso, cronológicamente  tardío.

  Fig. 26.  La tortera  fallada, descartada in situ.  Fue encontrada, en dos fragmentos que se unen perfectamente, a pocos pasos de la tortera anterior.
                               
 Fig. 27.  Obsérvese  el detalle de la superficie del  fragmento original de cerámica que fue recortado  para elaborar  la tortera  para el huso.

 Fig. 28.  Lascas o esquirlas de  sílex,  de diversos colores, producto del desbaste de trozos  de material seleccionado para obtener  instrumentos terminados  (puntas de proyectil, raspadores u otros). A mayor abundancia de estos elementos, mayor certeza  nos asiste  acerca del uso dado a un determinado lugar.

Fig. 29. Fragmentos de huesos, en su mayor parte claramente  fracturados y rotos ex professo para extraer la tan codiciada médula ósea,  también están siempre presentes en los fogones o en sus cercanías.  ¿Qué animales  fueron cazados por estos  pescadores-recolectores marinos?  A no dudarlo, en tierra,  seguramente solo guanacos y alguna especie de cérvido; en  el mar,  lobos marinos y chungungos.  También por cierto, aves marinas.  La presencia de arpones en este lugar, nos habla, sin género de duda, de la práctica asidua de la caza marina en las caletas vecinas. 

La presencia de cerámica en el lugar.

En una ladera  de poca inclinación, en parte protegida por el cerrillo de los Parapentes, y situada hacia los  220-230 m sobre el nivel del mar, debió existir un extenso campamento de paso   (Vea Fig. 1.). Allí  se halla aún hoy  gran cantidad de cerámica rota, fragmentos líticos  (desechos de talla) y lascas o esquirlas.   Mostramos aquí algunas evidencias de esta actividad humana en el lugar.

Fig. 30. Fragmentos diagnósticos de ollas de  cuello  restringido y panza  abultada.

Fig. 31. Examinando en detalle los fragmentos reconocibles de la cerámica, podemos concluir que casi todos las vasijas utilizadas por estos moradores de las playas eran ollas de cuello pronunciado y panza abultada, destinadas al traslado de agua y  alimentos semilíquidos o algas comestibles.

Caracterización provisoria de su cerámica culinaria.

Carece casi siempre de asas y muestra, en cambio, la presencia de pequeños mamelones para facilitar su agarre.  Otra característica que nos sorprende es  que su pasta muestra por lo general  un grado de cocción bastante  bajo  (cocida, además,  en atmósfera de poco oxígeno), reconocible por el color oscuro o negro. No disponían  aquí de dispositivos u hornos para lograr elevadas temperaturas. Lo que nos induce a sospechar que estas vasijas  fueron, en su inmensa mayoría, producidas en la misma costa por los propios pobladores. El hallazgo de cerámica muy bien cocida (a elevada temperatura, sobre los 850-900 º C), es raro en la costa y,  si ésta aparece, denota casi seguramente influencia foránea ocasional (v.gr. estilos de las Culturas de Arica o Inca).

Comentario eco-antropológico.

1.  Creemos que la traza, disposición y orientación de esta huella antigua  y su destino final   fue,  al menos en parte,  predeterminado por la presencia eventual de  praderas verdes,  producidas por efecto del Fenómeno de "El Niño", en ciertos años.   También sospechamos fundadamente que  estos eventos húmedos fueron  más frecuentes en el pasado que hoy, a juzgar por la presencia y relativa abundancia de caracoles terrestres  (Bostrix derelictus) , hoy al parecer totalmente  extintos  en el lugar.

2. El lugar de campamento, detectado por nosotros,  queda  facilitado por la geomorfología del lugar que presenta  una explanada casi plana, aptísima para el descanso, a unos 210 m de altitud, tras una larga caminata de descenso.

3. La cerámica y los restos de basuras  de cocina se agrupan a su alrededor en áreas bien específicas, lo mismo que los fogones.

4. No se observan aquí en parte alguna restos de posibles chozas o reparos, los cuales, seguramente, se hallaban más abajo,  cerca del mar pero a cierta altitud, en sitios rocosos, bien protegidos del viento y de las marejadas.

5.  Su destino final  en el litoral debió ser, casi con certeza,  el sector actual de Playa Lobito,  que presenta  un lugar bien protegido del viento y de las marejadas ocasionales.  Por allí cerca, deben estar ocultas aún los restos de sus viviendas, sus tumbas y enterramientos.

6.  Todos los moluscos  observados  en sus fogones son moluscos gastrópodos, habitantes de los roqueríos, faltando  casi del todo los bivalvos.  Sin la menor duda, proceden de la zona de roqueríos expuestos en torno a Playa Lobito y Palo Buque,  a corta distancia de allí.

7. Hace falta hacer aquí, en estos campamentos  un trabajo arqueológico más prolijo para la  revisión de materiales,  usando para ello   harneros o cedazos  de malla muy fina.  Al cernir con cuidado el material, afloran  elementos  muy pequeños, que nos pueden arrojar luces sobre  el comportamiento y/o actividad de los grupos humanos  que por aquí transitaron; de este modo se puede recuperar  semillas, fragmentos minúsculos de la talla de instrumentos (v.gr. anzuelos de concha o de metal) u otros elementos  que nos pueden aportar información sobre aspectos varios de su cultura.

8. Por último,  pensamos que   el interés arqueológico de este lugar, como sitio de llegada de los caminantes que venían del desierto interior, en procura de la costa y sus recursos, debería  ser un argumento para intentar proteger el sitio de una manera más efectiva. Ningún letrero o aviso advierte acerca de la existencia de un sitio arqueológico en este trayecto,  y los visitantes  pisotean toda el área sin respeto alguno, trepando por todas partes y destruyendo evidencias.  El aviso puesto allí por la Municipalidad, de por sí valioso e instructivo,  tan solo advierte acerca  de la presencia de  las tres especies de plantas  más típicas de esta formación vegetal, efímera  y de corta duración.  No dice una palabra del contexto arqueológico allí presente. 

Bibliografía recomendada sobre  las formaciones de lomas en el Pacífico sur:

CIZA, ONERN & SENAMHI. 1989. Aprovechamiento de nieblas costeras en las zonas áridas de la costa, Lomas de Atiquipa (Prov. Caravelí, Dpto. Arequipa). CONCYTEC. Lima-Perú.

Engel, F. 1981. Prehistoric Andean Ecology Man, Settlement and Environment in the Andes. The Deep South. University of New York. USA.

Muñoz-Schick, Mélica, Raque Pinto, Aldo Mesa y Andrés Moreira,  2001, "Oasis de neblina en los cerros costeros del  sur de Iquique, región de Tarapacá, Chile durante  el evento el Niño  1997-1998".  Revista Chilena de Historia Natural, Vol. 74, Nº 2,  Junio 2001,  en Internet:    http://dx.doi.org/10.4067/S0716-078X2001000200014 

Ono, M. 1986. Definition, classification and taxonomic significance of the Lomas vegetation. En: M. Ono (ed.). Taxonomic and Ecological Studies on the Lomas Vegetation in the Pacific Coast of Peru. 5 – 14. Makino Herbarium, Tokyo Metropolitan Univesity. Tokyo-Japan. 

Péfaur, J. 1978. Composition and structure of communities in the Lomas of southern Perú. PhD Dissertation. The University of Kansas. 215 pp.

 Péfaur, J. 1982. Dynamics of plant communities in the Lomas of southern Perú. Vegetatio 49:163-171.

(Consulte para poder entender mejor el fenómeno de  las "Lomas":   www.sacha.org/envir/deserts/intro_sp.htm)