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viernes, 16 de diciembre de 2016
Lecciones de un pozo de sondeo en el taller lítico del oasis de niebla de Alto Patache: significado de sus materiales culturales.
El oasis de niebla de Alto Patache, situado a 65 km al sur de la ciudad de Iquique (Norte de Chile), nos ha deparado sorpresas varias. En este mismo Blog nos hemos referido más de una vez a la importancia de este oasis desde el punto de vista de su producción de agua atmosférica, extraída de la niebla. En una costa totalmente desértica, como es el extremo norte de Chile, carente de agua potable, la posibilidad ya comprobada de obtenerla de la nube, constituye un tesoro de incalculable valor.
En este capítulo haremos referencia a una interesante experiencia casual hecha en el centro del taller lítico del oasis. Por "taller lítico", entendemos aquí un área amplia donde los antiguos ocupantes. cazadores-recolectores de la costa, habían venido a colectar plantas silvestres y a cazar guanacos y dejaron abandonados in situ instrumentos y restos de su actividad de talla lítica (lascas o esquirlas) y de sus comidas. La niebla o camanchaca costera, baña normalmente estas secciones altas de la cordillera de la costa, produciendo allí el desarrollo de una notable vegetación de "Lomas" cuya presencia atrajo, desde hace milenios, a una fauna de tropillas de guanacos (Lama guanicoe). Al hacer la excavación en esta cuadrícula de 1m x 1m, pretendíamos escudriñar qué rastros de su presencia podríamos hallar aún hoy. La excavación alcanzó una profundidad total de 60 cm. El terreno de la planicie está constituido por numerosas capas de arena muy fina, fruto evidente de arrastre eólico (del viento).
Fig.1. Superficie del sector de pampa interior que denominamos del "taller lítico", por la presencia de innumerables lascas o esquirlas de sílex y basalto, conchas marinas y fragmentos de huesos de guanaco con evidentes señas de quema (tizne). (Foto H. Larrain en nuestra primera visita al lugar, Mayo 1997).
Un pequeño pozo de sondeo.
La curiosidad por saber si en el subsuelo del taller lítico, habría evidencias de antiguas semillas o bulbos de Liliáceas y restos arqueológicos, nos llevó a excavar, el día 4 de febrero del año 2006, en el lugar de máxima concentración de evidencias culturales in situ. ¿Qué tipo de evidencias hallamos?. Hallamos - tal como veremos- varios tipos de evidencia eco-cultural: lascas o esquirlas de sílex y basalto, producto de la producción in situ de artefactos líticos (cuchillos, raspadores o puntas de proyectil), fragmentos de huesos de guanaco, conchas marinas y restos de peces, además de bulbos secos de Liliáceas (Fortunatia sp. y/o Leucoryne sp.). Daremos aquí (en nuestra Tabla, expuesta más abajo) los detalles del Informe que aparecen en nuestro Diario de Campo, Volumen 76, 112-116.
Coordenadas UTM del sitio exacto de exploración de la cuadrícula de 1m x 1m.: 0379639 / 76696938. Altitud s.n.m: 770 m.
Técnica utilizada:
1. Se trazó la cuadrícula orientándola exactamente N-S, y fijando estacas en sus 4 ángulos, poniendo una cuerda tirante entre ellos para establecer con precisión la superficie de un m2 exacto para la excavación.
2. Para cribar el material, se usó un harnero fino, de aproximadamente 1,5 mm de abertura de malla. Los materiales eco-culturales que aparecían en las distintas capas o estratos artificiales de 15 cm, fueron recogidos en bolsitas plásticas bien cerradas, separadas según su tipo (lascas, conchas, restos vegetales, etc.).
3. Se consideró "material de superficie", lo que era visible a simple vista, material que fue recogido cuidadosamente con brocha. A continuación, se continuó excavando por capas artificiales de 15 cm.
Figuras.
Fig. 2. Lascas o esquirlas de sílex, de distinta coloración y tamaño. Aparecieron en la Capa 1 del Pozo de sondeo. El diferente tamaño de las lascas sugiere las distintas etapas de la construcción de una pieza lítica (raspador, cuchillo o punta de proyectil). En la porción inferior de la fotografía, al centro y muy brillante, se muestra la única lasca hallada obtenida del cristal de roca, enteramente translúcido, material muy escaso en los yacimientos costeros). (Foto H. Larrain, diciembre 2016).
Fig. 3. Las lascas o esquirlas de basalto son de un color negro dotadas de algo de brillo. Son el resultado del desbaste del material original, para la confección de instrumental lítico in situ. (Foto H. Larrain, diciembre 2016).
Fig. 5. Los huesos de coloración negruzca que se muestra aquí, en la parte inferior de la foto, corresponden a fragmentos que evidentemente han sido expuestos al fuego en un fogón. Razón por la cual muestran una coloración mucho más oscura (por efecto del tizne). Este hallazgo confirma plenamente nuestra hipótesis de que los antiguos cazadores-recolectores faenaron y cocinaron aquí mismo, in situ, sus presas animales (guanacos). (Foto H. Larrain, diciembre 2016).
Tabla que muestra contenido de las capas o estratos artificiales de este pozo.
Fig.6. Foto de la Tabla que muestra el contenido, por capas, de la excavación de un pozo de sondeo en el oasis de niebla de Alto Patache, en febrero del año 2006.
Breve análisis de esta tabla.
1. Contra lo que esperábamos, se halló muy escasos bulbos secos de Liliáceas en esta excavación. En cambio, se verificó la presencia de numerosas raicillas, hasta una profundidad de unos 45-50 cm. Raicillas y pelos radicales que deben corresponder, probablemente, a ejemplares de Nolana spp y Cristaria sp., especies vegetales que aparecen de vez en cuando en este lugar con motivo de las lluvias eventuales, producidas por efecto del fenómeno de "El Niño" (ENSO), como lo hemos verificado en más de una ocasión en estos 17 años de frecuentes visitas al lugar.
2. El mayor número de lascas corresponde a la roca del tipo sílex (silicatos), mucho más abundante aquí que el basalto. Se debe destacar que el material de sílex no se encuentra aquí, en la franja costera, en tamaño utilizable, razón por la cual los antiguos debieron traerlo cargando, desde lejos, seguramente en forma de núcleos fácilmente transportables (1-3 kg de peso).
3. El enorme número de caracoles terrestres detectados en nuestra excavación, corresponde, sin excepción, a la especie del gastrópodo terrestre Bostrix derelictus broderipi, cuyos restos dispersos y fragmentados contribuyen a emblanquecer la superficie actual de taller lítico. Muchos de los ejemplares hallados eran muy pequeños, juveniles, de escasos milímetros, en etapa de crecimiento. Su muerte se debió sin duda a la escasez o penuria de alimento vegetal, al fenecer el manto vegetacional ocasional. Hoy día esta especie está prácticamente extincta en el lugar. Durante nuestros 17 años de visita frecuente a este sitio, tan solo hemos visto un ejemplar vivo en el año 2015.
$, Los moluscos marinos detectados, a través de sus conchas abandonadas, corresponden en su mayoría a las especies loco (Concholepas concholepas), lapas (varias especies de Fissurella sp.) y apretadores o chitones (Chiton spp.), especies que eran parte de su alimentación habitual en el litoral ( aquí, presentes en forma de cocaví de viaje). Muchísimo más escaso, aunque no ausente del todo en este registro es el erizo de mar (Loxechimus albus), el choro zapato (Choromytilus chorus) o la cholga (Aulacomya ater).
Algunas notables referencias históricas sobre la presencia de manadas de guanacos en esta región costera.
Hay no pocas referencias históricas sobre la presencia del guanaco en estos ecosistemas costeros del Norte árido chileno. Citemos solamente un par de ellas. El capitán de marina chileno Federico Delfín T. en un estudio de los recursos que ofrecía a la fecha la costa desértica norte chilena, en la zona conquistada en la reciente guerra del Pacífico, anotaba al respecto:
"Rumiantes. La costa de Tarapacá i Antofagasta tiene también un representante de esta órden en el guanaco (Auchenia guanaco Phil). A este animal se le ve en grupos de seis a ocho (individuos) recorrer las escarpas de los cerros, aún los de la costa, pues las crestas de los cerros, visitadas casi constantemente por nubes, presentan presentan alguna vejetación de que se alimentan, i las aguadas naturales que hai desde el Loa a Antofagasta, les ofrecen el agua necesaria, aunque algunos niegan la necesidad que de ella tienen. Los loberos y cazadores de nutrias que hacen campamento en el Morro Moreno se alimentan de su carne, la que no es ni flaca ni de mala calidad, según pudimos comprobar (1888: 702).
El zoólogo chileno Guillermo Mann, señala explícitamente su presencia en pequeñas manadas en la costa del desierto chileno en su artículo escrito en 1953: "Colonias de guanacos -Lama guanicoe- en el desierto septentrional de Chile", Investigaciones Zoológicas Chilenas, Vol. 1 (10), Santiago.
Comentario eco-antropológico.
1. Tanto las referencias históricas (cfr. supra) como la evidencia arqueológica recogida por nosotros en el contorno del oasis, nos confirman, con certeza absoluta, que el antiguo cazador-recolector costero subió a los cerros cubiertos por la camanchaca a cazar el guanaco y a alimentarse de su carne. Ya hemos indicado en otro capítulo de este mismo blog que hemos hallado, en el contorno del oasis, numerosos defecaderos o bosteaderos, revolcaderos e infinito número de senderos bien marcados, hechos por estas tropillas de guanacos al descender hacia la costa.
2. Los fragmentos de huesos analizados por un zoólogo experto y la forma como éstos fueron astillados y rotos, seguramente para recuperar la médula ósea, así como la presencia de numerosos fogones, comprueba nuestro aserto.
3. La evidencia de fabricación in situ de puntas de proyectil- de las que se halló en la amplia superficie del mismo taller lítico más de 30 piezas- nos reafirma nuestra hipótesis inicial de que este oasis, al igual que otros en la costa de Tarapacá, fue un escenario normal de caza por parte de los primitivos habitantes de la costa. La enorme cantidad de lascas halladas, asociada a puntas rotas abandonadas in situ, constituye una prueba perentoria de lo dicho.
4. En consecuencia, estos habitantes costeros, antecesores de los changos históricos, fueron a la vez pescadores, mariscadores, cazadores de guanacos y recolectores de vegetación nativa en los oasis de niebla. En otras palabras, no solo pescadores, como a veces se señala erróneamente en algunos textos escolares.
5. La presencia de numerosos cuchillos y raspadores, hechos de sílex o basalto, es otra prueba adicional - y muy poderosa- de la práctica habitual del descueramiento de pieles de animales in situ para aprovechar su carne.
6. Este oasis de niebla y sus vecinos (Punta Gruesa, Chipana, Punta de Lobos, Los Verdes ) fueron antaño un excelente lugar de cacería, entre los meses de mayo y diciembre, temporadas en que surge y se desarrolla en lo alto de los cerros la vegetación costera por efecto de las neblinas rasantes o camanchacas. Los restos de sus comidas halladas aquí, sus fogones, y la confección de instrumental de caza y pesca in situ, cuyas esquirlas o lascas yacen por miles, lo atestiguan sin discusión.
7. Se desprende de este breve análisis que el "territorio" perteneciente a esta etnia costera no debe restringirse arbitrariamente -como a veces parecería desprenderse de ciertos libros de geografía- a la terraza litoral y a su mar adyacente, donde ejercitaban la pesca, sino debe incluirse, necesariamente, la cadena de cerros inmediatos a la costa de donde también obtenían variados recursos tanto animales como vegetales.
8. Estamos seguros que excavaciones metódicas, conducidas en sitios de presencia de alta concentración de cerámica o lítica, deberían entregar una valiosa información adicional sobre el modus vivendi y la economía de subsistencia de estas bandas semi-nómadas de cazadores-recolectores marinos.
9. El análisis de la forma de las herramientas halladas, máxime las grandes puntas hechas en basalto, (¿dardos?) parecen sugerir una alta antigüedad del yacimiento. Así nos lo han confirmado, años atrás, in situ dos arqueólogos del Museo de San Pedro de Atacama, familiarizados con este período arcaico. Lo confirmaría, por lo demás, el hallazgo, en la sección baja de la terraza litoral adyacente, hacia los 40 m de altitud s.n.m. de un entierro de tipo chinchorroide, sin duda adjudicable al Arcaico temprano. Este último hallazgo quedó depositado en la bodegas del Museo Regional de Iquique, y fue publicado por nosotros en la revista POLIS de la Universidad Bolivariana, vol. 3, Nº 7, año 2004, páginas 361-396, con el título de "Un yacimiento de cazadores recolectores marinos en la terraza de bajo Patache, sur de Iquique. Estudio arqueológico-geográfico".
En este trabajo nuestro, se detalla la excavación practicada en el verano del año 2004 y el hallazgo de restos de varios cuerpos humanos en el lugar que denominamos entonces como BP-2 (Bajo Patache-2).
miércoles, 7 de octubre de 2015
Reconocimiento de la Quebrada Las Conchas (Norte de Antofagasta) en septiembre del año 1990: Hallazgos arqueológicos y reflexiones.
Revisando páginas antiguas de mi Diario de Campo (Vol. 39: 141-147), he hallado esta descripción de un hallazgo hecho por nosotros hace 25 años, que estimo puede ser de interés para arqueólogos, botánicos y aún zoólogos. Los especímenes arqueológicos hallados entonces, se suman a los ya existentes en la región de Antofagasta que se exhiben en el Museo Regional de la ciudad. Por respeto al conocimiento científico, he pensado que debo darlos a conocer, sobre todo por su valor testimonial y su contenido estrictamente arqueológico, en referencia a un tema muy debatido hace dos décadas.
Hallazgo casual de litos geométricos "tipo Huentelauquén" en la quebrada de Las Conchas, Antofagasta, septiembre de 1990.
Recordando un viejo hallazgo.
Un día 21 de Septiembre del año 1990, estando yo residiendo en Antofagasta por segunda vez, partí a explorar los cerros al sector norte de la ciudad, como era mi costumbre. Me atraía el recuerdo de descubrimientos arqueológicos hechos en esa zona, 27 años antes, cuando era yo un joven e inexperto profesor en la Universidad del Norte. Afortunadamente, en mi Diario de Campo de esas fechas (1990), estampé cuidadosamente mis observaciones. Mi interés, desde los años de mi tesis de arqueología en México (1969-1970), era buscar la relación íntima entre el ecosistema natural y el modo de vida de los pobladores costeros primitivos del Norte de Chile. Esta preocupación por el estudio de la influencia del medio ambiente natural en la cultura humana, influenciado por investigadores como Kent Flannery, arqueólogo o Albert Demangeon, geógrafo, plasmó posteriormente mi enfoque antropológico el que finalmente ha culminado y germinado en el concepto de una "eco-antropología", es decir, una antropología que tanto en su metodología como en sus resultados concretos (investigaciones de campo), trata de descubrir, analizar y enfatizar el nexo íntimo entre ambiente natural y expresión cultural. Este interés me llevó a estudiar cursos de postgrado en geografía, interesándome especialmente por la geomorfología y la biogeografía, disciplinas que nos permiten escrutar y profundizar en el ambiente donde se desarrolla la vida humana. en una palabra "entender" mejor el escenario de la vida humana.
El objetivo inicial de esta excursión era visitar la quebrada de La Chimba en aquella primavera y observar el desarrollo de la vegetación natural, pero el destino me condujo a la quebrada de Las Conchas,. más cercana y de más fácil acceso. Fue sin duda providencial.
Descripción del hallazgo y sus circunstancias.
En la descripción que sigue, tomada de las páginas de mi Diario de Campo, queda bien registrada la impresión que el paisaje geomorfológico, la flora y fauna del desierto ejercieron en mí en ese momento. Igualmente, cómo se insertaba el descubrimiento arqueológico en ese paisaje natural, tan estéril y deprimente.
Fig. 1. Se describe la llegada al montículo de arenas que cae a la pequeña quebrada de "Las Conchas", sitio donde el arqueólogo antofagastino Agustín Llagostera Martínez había realizado excavaciones en los años 1977 y 78.
Fig. 2. Nótese el interés nuestro por reseñar las especies de las escasas plantas presentes en esa área, en una época alejada del influjo húmedo del Fenómeno de "El Niño" (ENSO) y, en consecuencia, en un período extremadamente seco.
Fig. 3. Se destaca la aparición, en superficie, de varias extrañas piedras, de aspecto claramente circular(en forma de discos), bien pulidas por los bordes y obviamente trabajadas por el hombre antiguo, habitante del lugar. El arqueólogo Agustín Llagostera ya lo había reseñado en un ya famoso trabajo publicado en la revista científica norteamericana American Antiquity, Volume 44 (2), 1979 con el título de. "9,700 Years of Maritime Subsistence on the Pacific: Analysis by means of bioindicators in the North of Chile". Allí y en otros trabajos posteriores, Llagostera estudia el sitio y sus hallazgos líticos, y lo relaciona estilísticamente con la antiquísima cultura del Arcaico conocida como "cultura de Huentelauquén" (primeramente encontrada en las márgenes del río Limarí, (IV Región de Chile), cuya presencia y difusión por la costa del Pacífico desafiaba por entonces a los arqueólogos tanto nacionales, como extranjeros.
No solo usaban la arenisca consolidada...
No solo usaban la arenisca consolidada...
En esta misma imagen, podemos ver (abajo) otro lito geométrico, redondo, tallado no en arenisca, sino en piedra granítica, de coloración verduzca. ¿Qué función práctica (¿o tal vez ritual?) pudieron tener estos curiosos litos?. Es aún hoy un enigma no del todo resuelto a pesar de la gran cantidad de estudios realizados sobre el mismo tema. La enorme antigüedad que se les asigna (unos 8.000-9.000 años atrás), incrementa el interés por estos artefactos que las culturas posteriores ya no usarán. ¿Cuál era exactamente su finalidad?.
Los primeros litos geométricos de Antofagasta.
Estos litos geométricos, en forma de discos redondos, confeccionados en arenisca, no me eran del todo desconocidos. Recordaba ahora que, mucho tiempo antes, hacia el año 1964, esto es 26 años antes, recorriendo a pie una zona próxima a la desembocadura de la quebrada con el sacerdote Enrique Alvarez Castro, jesuíta, profesor de la Universidad del Norte y muy aficionado a la arqueología, habíamos encontrado un par de ellos, igualmente circulares. Pero por entonces, no supimos a qué atribuirlos, ni le dimos la debida importancia. Solo teníamos claro que eran de indudable origen indígena. Ni siquiera recuerdo si los recogimos o los dejamos in situ.
Los primeros litos geométricos de Antofagasta.
Estos litos geométricos, en forma de discos redondos, confeccionados en arenisca, no me eran del todo desconocidos. Recordaba ahora que, mucho tiempo antes, hacia el año 1964, esto es 26 años antes, recorriendo a pie una zona próxima a la desembocadura de la quebrada con el sacerdote Enrique Alvarez Castro, jesuíta, profesor de la Universidad del Norte y muy aficionado a la arqueología, habíamos encontrado un par de ellos, igualmente circulares. Pero por entonces, no supimos a qué atribuirlos, ni le dimos la debida importancia. Solo teníamos claro que eran de indudable origen indígena. Ni siquiera recuerdo si los recogimos o los dejamos in situ.
Fig. 4. En el mismo material esto es, arenisca consolidada (sandstone, en inglés), hallamos en 1990 otro instrumento, semejando una mano de mortero o metate, bien tallado por sus bordes y sin duda destinado a pulir o refregar algo, tal vez algún adorno o un posible instrumento (como anzuelos) hecho en concha. Esta arenisca usada aquí como materia prima, se halla en estratos muy potentes, de varios metros de espesor, en la misma terraza marina cercana y se puede (o se podía entonces) obtener en pequeñas cárcavas del sector donde ha quedado a la vista como producto de la erosión.
Fig. 5. El hallazgo hecho allí mismo de un percutor o martillo, hecho en un canto rodado de roca basáltica, de color negro, no tuvo en sí nada de sorprendente. Se les halla por decenas en todos los conchales arqueológicos, siendo tal vez la herramienta o instrumento más común utilizado para golpear, cortar, o confeccionar, mediante golpes precisos, puntas de proyectil, cuchillos o raspadores en sílex. Es una especie de "martillo multiuso", que posee múltiples aplicaciones prácticas.
Fig. 6. El texto nuestro señala que, en su inmensa mayoría, la especie de fauna marina observable en la superficie de este conchal - y, por ende, consumida preferentemente por los antiguos residentes-, corresponde al loco (Concholepas concholepas), siendo raras las valvas de machas (Mesodesma donacium) y totalmente ausentes las almejas y los choros, al menos en superficie.
Fig. 7. Aquí se trae a colación una minuciosa observación ornitológica de interés, obtenida en la aquebrada. La extrema escasez y penuria de vegetación costera, propia del lugar, no fue óbice para la presencia de una especie de pajarillo, robusto, que creemos fundadamente se trate del "minero" o "caminante" (Geositta cunicularia deserticolor Hellmayr), de hábitos insectívoros pero también frugívoros. Otra ave que suele poblar estos ambientes costeros es la dormilona (Muscisaxicola sp.), pero el aspecto delicado y grácil de esta última avecita, resulta inconfundible. La descripción adjunta tomada de nuestro Diario, apunta sin lugar a dudas al género zoológico Geositta, bien representado en nuestra costa árida desértica.
Pocos días después de esta expedición, decidí visitar nuevamente el lugar del conchal en la quebrada de "Las Conchas", luego de una ceremonia religiosa realizada en el "Campus Eucarístico", (lugar cercano donde había estado el Papa Juan Pablo II en 1987). Sentía gran curiosidad por descubrir nuevos litos geométricos a la vez que trataba de vislumbrar y comprender su forma de empleo (finalidad). La descripción se encuentra en el mismo Vol. 39, páginas 152 a 157 de mi Diario de Campo. Incluyo a continuación copia de estas páginas (Figs. 8, 9 y 10).
Bibliografía complementaria de los estudiosos del sitio "Las Conchas".
Pocos días después de esta expedición, decidí visitar nuevamente el lugar del conchal en la quebrada de "Las Conchas", luego de una ceremonia religiosa realizada en el "Campus Eucarístico", (lugar cercano donde había estado el Papa Juan Pablo II en 1987). Sentía gran curiosidad por descubrir nuevos litos geométricos a la vez que trataba de vislumbrar y comprender su forma de empleo (finalidad). La descripción se encuentra en el mismo Vol. 39, páginas 152 a 157 de mi Diario de Campo. Incluyo a continuación copia de estas páginas (Figs. 8, 9 y 10).
Bibliografía complementaria de los estudiosos del sitio "Las Conchas".
- Llagostera, A. 1979a. "9,700 Years of Maritime Subsistence on the Pacific: An Analysis by Means of Bioindicators in the North of Chile". American Antiquity. 44(2): 309-324.
- Llagostera, A. 1979b. "Ocupación humana en la costa norte de Chile asociada a peces local-extintos y a litos geométricos: 9860 +- 160 A.P." Actas del VI Congreso Nacional de Arqueología Chilena, 1: 93-113.
- Llagostera, A., I. Kong, P. Iratchet. 1997 (1999). "Análisis Ictioarqueológico del sitio La Chimba 13 (II Región, Chile)". Revista Chungara, Arica Vol. 29 (2): 163-179.
- Llagostera, A., R. Weisner, G. Castillo, M. Cervellino y M. Costa. 2000. "El Complejo Huentelauquén bajo una perspectiva macroespacial y multidisciplinaria". Actas del XIV Congreso Nacional de Arqueología Chilena, Contribución Arqueológica 5 (I): 461-481
Comentario eco-antropológico.
1. Si contrastamos y comparamos esta descripción nuestra de la escasa y escuálida flora existente en la primavera del año 1990 (año de nuestra visita), con el capítulo que hemos ofrecido recientemente en nuestro Blog sobre la vecina quebrada de "La Chimba", fruto de la floración producida como efecto de las lluvias caídas en Agosto 2015, tendríamos las "dos caras de una misma medalla". La quebrada de "Las Conchas" dista menos de 2 km al sur de La Chimba, y ambas forman parte de un mismo sistema ecológico costero. Son dos ecosistemas geográficamente muy próximos , y se hallan a la misma altitud sobre el nivel del mar.
2. Podemos pues, con buenos argumentos, comparar dos períodos de tiempo: uno, sujeto a intensas lluvias provocadas por el fenómeno de El Niño" con una floración exuberante y ubérrima y otro, el que ocurre durante "La Niña", período opuesto al anterior, seco y árido, totalmente carente de lluvias y con muy escasa vegetación visible. Es, pues, probable que en un pasado remoto, en la Quebrada de "Las Conchas" y durante un intenso período "El Niño" (semejante a éste del 2015), el cuadro vegetacional y faunístico presente haya sido de alguna manera similar al de "La Chimba" actual. Si tal haya sido el caso, -como sospechamos- se explicaría bastante bien un poblamiento, aunque fuera ocasional de dicha área, por bandas de cazadores-recolectores marinos durante un período de tiempo especialmente favorable a la presencia humana. ¿Cuánto tiempo duró este poblamiento allí?. No está muy claro.
3. No recordamos en este momento el tipo de utillaje de caza terrestre que ha sido constatado en la quebrada de "Las Conchas" por el equipo de investigadores. Si éste existe, debemos pensar que la caza del guanaco (y seguramente de alguna especie de ciervo), fue también, un poderoso aliciente para permitir y fomentar el poblamiento del sector, en un período francamente más húmedo que el actual.
4. Parece aconsejable cotejar estas breves reflexiones nuestras con lo que hoy piensen los arqueólogos que participaron en el estudio de la quebrada de "Las Conchas y escuchar sus planteamientos.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Hallazgo de un curioso cráneo de lobo marino: observe Ud. cómo los antiguos cortaban el cuero del animal para obtener su carne.
En este capítulo, relatamos el descubrimiento, hace algunos años atrás, de un cráneo de lobo marino cuyas características nos permiten afirmar su alta antigüedad y su empleo en la alimentación humana en la costa pacífica. Todas las fotos que aquí se muestran, son nuestras.
Fig. 1. Detalle del cráneo de lobo marino (Otaria flavescens) tal cual fue hallado por nosotros. Lo interesante en él es el corte practicado antiguamente en la piel de la cabeza del animal, en forma muy precisa, y seguramente, con un primitivo instrumental de piedra, para desollar el animal y aprovechar íntegramente su carne. La piel y hasta los pelos del animal se han preservado maravillosamente bien. Cráneo conservado hoy en la "Colección arqueológica Horacio Larrain" y que muy pronto irá a integrar el Museo Regional de Antofagasta .(Escala gráfica de 10 cm.; foto H. Larrain.).
Circunstancias del hallazgo.
Hace más de 20 años, un día 12 de Marzo del año 1994, a un año escaso de nuestra llegada a Iquique, hicimos con Marta, mi señora, una excursión de dos días en carpa a la zona de Patillos. El objetivo era tomarnos un bien merecido descanso y recorrer ese sector de la costa que no habíamos visitado antes, en busca de posibles asentamientos antiguos de pescadores-recolectores. Nos incitaba a ello el recordar que Ancker Nielsen, el dueño de la farmacia "La Danesa" de la plaza de Iquique, había recorrido muchas veces estas playas en la década del 40 del pasado siglo, y había descubierto numerosos entierros., algunos de gran antigüedad. Su Colección - ya lo sabía yo- estaba guardada en el Museo Regional de Iquique. Era, sin embargo, un enigma para mí el tratar de descifrar y descubrir qué signos externos veía Nielsen sobre el terreno para allí excavar. No pretendíamos imitarlo, ciertamente, sino entender su estrategia prospectiva. ¿En qué elementos se fijaba?. ¿Qué atraía su atención?. Porque sin duda alguna en el paisaje debió ver Nielsen signos claros de sepulturas o entierros precolombinos. Nuestra intención, en ningún momento, fue hacer una excavación o pozo de sondeo por entonces; solo reconocer elementos culturales presentes en superficie y plantearnos algunas hipótesis.
Ese día, tal como queda descrito en las páginas de nuestro Diario de Campo que aquí reproducimos, (Vol. 49. pp 117-124), la suerte nos acompañó, pues el hallazgo hecho, bien justificaba el esfuerzo. El encuentro casual de una singular cabeza de lobo marino, en notable estado de conservación, coronó el primer día de excursión. Ciertamente, no era un cráneo cualquiera, como veremos. Enseguida, indicaremos los detalles inéditos de este hallazgo poco común, el cual nos permite sacar varias conclusiones sobre el empleo del lobo marino por parte de las poblaciones costeras primitivas.
El lugar del hallazgo.
El lugar del hallazgo.
Fig. 2. El sector aproximado del hallazgo. El lugar del conchal (señalado por una línea blanca que forma un óvalo) donde se halló este cráneo, queda a unos 120 m en línea recta del mar y a unos 900 metros de distancia de la carretera Norte-Sur, la que alcanza a aparecer en el extremo derecho de la figura (arriba). Como lo muestra la figura Nº 2, el extenso conchal arqueológico (de aproximadamente unos 5.000 m2 de superficie total), dista hoy (diciembre 2014) escasamente unos 200 metros, por su extremo norte, del área ya fuertemente perturbada por extensas faenas mineras en la zona. En efecto, se percibe hoy un intenso tráfico para la depositación de sal, actividad que ha ido en fuerte incremento en los últimos años, a medida que aumentaba la producción de sal de la Empresa "Sal de Lobos" allí instalada. Es decir, la sobrevivencia futura de este conchal arqueológico del período Arcaico, peligra hoy día notoriamente en su integridad, ante el avance incontenible de los cerros de sal que van cubriendo todo (observe en la foto 2 el área cubierta por el colorido blanco de la sal). Somos, por tanto, de opinión de que este conchal debería se objeto de un detenido estudio arqueológico a la brevedad para alcanzar a salvar sus evidencias culturales. En unos años más, tal vez ya sería demasiado tarde.
Fig. 3. Acampando a pocos metros al Weste del conchal arqueológico. Vista aproximada desde el Norte al Sur. (Foto H. Larrain, 12/03/1994).
Fig.4. Vista desde el conchal hacia el WNW. El conchal se halla a unos 120 m de distancia del borde marino (Foto H. Larrain 12/03/1994)
Fig. 5. El cráneo mide exactamente 27,8 cm de largo y 14,8 cm de ancho en la sección más ancha cubierta por la piel. Observe la presencia de las fosas nasales y los párpados, visibles. Los largos pelos de la nariz se han conservado intactos. La dentadura se conserva igualmente intacta. Las direcciones precisas del corte efectuado, denotan muy claramente la intención de extraer, para consumo humano, la totalidad de la carne adherida a los huesos del cráneo.
Fig. 6. Detalle de las fauces y fosas nasales.
Fig. 7. Vista por el lado opuesto. La parte del cráneo que se ve deteriorada, se hallaba parcialmente expuesta, lo que nos permitió ubicar con cierta facilidad esta pieza osteológica en la superficie del conchal.
Fig. 8. Vista superior. Observe la gran precisión del corte y la forma del mismo hecha, al parecer, por sucesivos golpes de un instrumento filudo. No es un corte continuo, como lo haría hoy un buen cuchillo de metal bien afilado. De aquí se puede conjeturar que el instrumento usado fue un cuchillo lítico que fue cortando mediante golpes repetidos.
Fig. 10. Pág. 118 de nuestro Diario, Vol.. 49 (1994)
Fig. 11. Pág. 119 del citado Diario de Campo.
Fig. 12. Pág, 120 del citado Diario de campo
Fig. 13. Pág. 121.
Fig. 14. Pág. 122
Fig. 15. Pág. 123. Omitimos, de esta página, aspectos menos relevantes del descubrimiento. Al dar cuenta del número de lascas halladas en la superficie del conchal, se hace notar que se observa muy escasas lascas de basalto y no existe obsidiana. Solo está representado el sílex (flint en inglés), en una variadísima gama de colores. Desde el primer momento del hallazgo de este cráneo de lobo marino, nos pudimos percatar de la importancia y significado del corte efectuado en su piel, con claros fines de alimentación humana. Pero solo hoy, en vísperas del traslado de nuestra Colección al Museo Regional de Antofagasta, hemos creído necesario narrar la historia completa, sin omitir detalle alguno. Así, este descubrimiento y este cráneo, forman parte de un contexto cultural más amplio: un antiquísimo conchal precerámico, al parecer formado por los hombres de la cultura de Chinchorro, sus ocupantes primerizos y sus fuentes primarias de alimentación.
Fig. 3. Acampando a pocos metros al Weste del conchal arqueológico. Vista aproximada desde el Norte al Sur. (Foto H. Larrain, 12/03/1994).
Fig.4. Vista desde el conchal hacia el WNW. El conchal se halla a unos 120 m de distancia del borde marino (Foto H. Larrain 12/03/1994)
Fig. 5. El cráneo mide exactamente 27,8 cm de largo y 14,8 cm de ancho en la sección más ancha cubierta por la piel. Observe la presencia de las fosas nasales y los párpados, visibles. Los largos pelos de la nariz se han conservado intactos. La dentadura se conserva igualmente intacta. Las direcciones precisas del corte efectuado, denotan muy claramente la intención de extraer, para consumo humano, la totalidad de la carne adherida a los huesos del cráneo.
Fig. 6. Detalle de las fauces y fosas nasales.
Fig. 7. Vista por el lado opuesto. La parte del cráneo que se ve deteriorada, se hallaba parcialmente expuesta, lo que nos permitió ubicar con cierta facilidad esta pieza osteológica en la superficie del conchal.
Fig. 8. Vista superior. Observe la gran precisión del corte y la forma del mismo hecha, al parecer, por sucesivos golpes de un instrumento filudo. No es un corte continuo, como lo haría hoy un buen cuchillo de metal bien afilado. De aquí se puede conjeturar que el instrumento usado fue un cuchillo lítico que fue cortando mediante golpes repetidos.
Fig. 9. Vista posterior que muestra las partes faltantes del hueso posterior por efecto de la exposición al aire.
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De qué época podría ser este conchal?.
No tenemos fechados ciertos. Pues nunca se ha hecho aquí mismo un estudio que arroje cronologías absolutas por el método del C14. Pero hay varias evidencias, a nuestro juicio contundentes, que sugieren su gran antigüedad y que aquí discutiremos en detalle:
a) no existe evidencias de cerámica en este extenso conchal. No se halló ni siquiera un fragmento. La hemos buscado expresamente. Es decir, no hay evidencias de una ocupación hecha en la época tardía, luego de la aparición de la cerámica en esta costa desértica, la que ocurre después de los 1.500 A.C y, en ningún caso, antes. Tenemos ya, por lo tanto, una fecha relativa "ante quem"; esto es, se trataría de un sitio poblado por el pescador antiguo mucho antes de la aparición de la cerámica a esta zona. En nuestras costas, lo más frecuente es encontrar, en un mismo sitio, una superposición de culturas y la presencia de ocupaciones diversas, a lo largo del tiempo. En otras palabras, en muchos conchales de origen precerámico (es decir, muy antiguos), se suele hallar fragmentos cerámicos en superficie, delatando así una continuidad de ocupación en el tiempo, a lo largo de varios milenios. Pero creemos fundadamente que no es éste el caso.
b) Tampoco descubrimos, en los cinco o seis pequeños hoyos o sondeos exploratorios (obra de posibles huaqueros ocasionales) que observamos con detención, el menor signo de presencia de cultígenos (es decir, de plantas cultivadas), propios de un período agrario: tales como restos de maíz, chalas, corontas, porotos, ají, calabazas, etc., elementos que sugieren de inmediato una alimentación de productos provenientes de las quebradas del interior. Tal cosa hubiese probado, con certeza, un tráfico y trueque con los pueblos agrarios del hinterland costero. Tal evidencia sí se encuentra, en cambio, en muchos otros conchales de esta costa, máxime en la zona de desembocadura de ríos (Camarones, Vítor, Pisagua, Loa, etc.) . Pero aquí, en Patillos, faltaba por completo.
c) ¿Por qué no fue ocupado este conchal en períodos posteriores, con presencia de cerámica?. Buena pregunta a la que, a la verdad, no tenemos respuesta certera. Tal vez, porque el lugar estaba muy alejado de las fuentes de agua (aguadas o vertientes). A la verdad, sinceramente no lo sabemos.
c) Absolutamente toda la alimentación de los ocupantes indígenas de este período era obtenida del mar y de la costa adyacente. En efecto, esto es lo que pudimos colegir de la atenta observación de la estratigrafía dejada al descubierto por los hoyos preexistentes. Se observa allí gran profusión de huesos y plumas de aves marinas, cráneos de aves y muchos restos de algas y de peces. También, conchas marinas en abundancia, especialmente choros zapatos (Choromytilus chorus). Pero, de lejos lo más abundante -cosa que nos sorprendió bastante-, fue la sobreabundancia de aves marinas. Obviamente no se trataba aquí de una mortandad accidental de aves costeras, por la mezcla de elementos hallados, esto es, mezcla de huesos, plumas, conchas y elementos de factura humana: herramientas de piedra. Daba la impresión de que las aves habrían constituido, al menos en ciertos períodos, el alimento principal de aquel grupo humano.
¿Qué hace este cráneo de lobo marino aquí?.
¿Cómo explicarlo?. Entremedio de los elementos alimentarios, profusamente mezclados, estaba esta cabeza de lobo marino. También pudimos observar y rescatar por ahí muy cerca, un cráneo de chungungo (Lontra felina Mol, Fam. Mustelidae), mamífero endémico de los roqueríos costeros que se alimenta de animales pequeños del borde costero. Es una nutria que vive del mar. ¿Pero, por qué tantas aves en la alimentación del grupo?. Lo insinuamos en el texto de nuestro Diario de campo (ver abajo), texto escrito en el terreno mismo: tal vez por la presencia de varios islotes donde hasta hoy se posan muchísimas aves marinas, especialmente pelícanos (Pelecanus thagus) y la existencia de guaneras en la vecindad inmediata, formadas por la gran abundancia da aves que aquí defecaron a lo largo de los siglos. La presencia del lobo marino, obviamente, debía explicarse por la existencia de loberías o "loberas" en las proximidades.
d) La presencia de conchales arqueológicos donde se ha localizado enterramientos de tipo Chinchorro o chinchorroide en las cercanías inmediatas (v. gr. en Cáñamo, o Patillos), tal como lo han demostrado Lautaro Núñez, Olaff Olmos y Cora Moragas, hace sospechar que se trataría con bastante probabilidad, de un poblamiento de estas mismas fechas, prácticamente contemporáneo y, casi con certeza, anterior a los 3.000 A.C..
e) De hecho, en este mismo Blog, (Vea etiqueta Patillos-1 o Cultura Chinchorro) hemos descrito el hallazgo hecho por Marta, mi señora, en Febrero de 1995 de un entierro chinchorroide, el que estudiamos in situ, y que se hallaba a muy poca distancia, tierra adentro, de este conchal (a menos de 200 m.). En esa oportunidad, en Febrero del año 1995, regresamos a este mismo lugar para investigar más este sitio que nos parecía tan promisorio, como en efecto lo fue. El cuerpo extendido, forrado enteramente de esteras muy bien tejidas, con total ausencia de ajuar funerario, era sin duda alguna un entierro Chinchorro o chinchorroide (es decir, semejante a Chinchorro) Vea etiqueta Patillos-1 o Cultura Chinchorro en este mismo Blog .
f) La gran proximidad del citado entierro al conchal que aquí describimos hoy, nos hace pensar que ambos fueran tal vez contemporáneos. Si es así (lo que solo estudios finos con realización de pozos de sondeo en el conchal y mediciones de C14 pueden establecer con más seguridad), querría decir que el estudio prolijo de este conchal nos podría enseñar mucho sobre la alimentación y modo de vida del hombre de la cultura Chinchorro que habitó en estas costas a partir del sexto o séptimo milenio antes de Cristo.
De donde podemos concluir que el hombre portador de la cultura Chinchorro probablemente fue uno de los primeros ocupantes de este conchal:; ya hemos expuesto las evidencias en tal sentido.
Este capítulo del Blog, necesariamente, debe ser complementado con lo ya dicho por nosotros en este mismo Blog el 10 de Febrero del 2010, cuando analizamos el descubrimiento Chinchorro al que aquí hacemos referencia. En nuestra opinión, se trataría, con bastante probabilidad, de la misma época y cultura. En dicho capítulo, y con el nombre de: "Un hallazgo fortuito de la cultura Chinchorro: un entierro en Patillos", Febrero 1995". se presenta varias fotografías del ambiente costero y del enterramiento hallado, en la misma área donde hallamos este enigmático cráneo de lobo marino.
Texto de nuestro Diario de Campo con la descripción de este hallazgo.
En 1994 narramos, en nuestro Diario de Campo (Vol. 49, 117-124; ver infra) con lujo de detalles, el contexto cronológico y geográfico en el que descubrimos este conchal. Allí aparecen ya las primeras reflexiones nuestras, sobre la importancia de este hallazgo, a primera vista inconspicuo e irrelevante. No se trataba de un cráneo común, como tantos que se halla en estos contextos, lo que apareció sugerente a nuestra vista: había un aspecto cultural de especial interés que nos ha parecido deber poner de relieve en este momento. Reproducimos el texto de nuestro relato hecho en esa fecha en nuestro Diario de campo. Ya entonces vislumbrábamos la importancia de este hallazgo.
Pero veamos nuestro relato del año 1994:
Fig. 11. Pág. 119 del citado Diario de Campo.
Fig. 12. Pág, 120 del citado Diario de campo
Fig. 13. Pág. 121.
Fig. 14. Pág. 122
Fig. 16. Pág, 124 y última. Se comenta en esta página la total ausencia tanto de vegetación natural como de vertientes o aguadas en las proximidades del conchal, al menos en la actualidad.
Epílogo y reflexiones finales.
1. El examen de un simple cráneo nos permite obtener algunas importantes conclusiones de tipo eco-cultural o eco-antropológico.
2. La frecuencia de lobos marinos en nuestras costas, que forman extensas colonias llamadas localmente "loberas", es una realidad propia no solo del pasado, sino también del presente. En efecto, aún hoy existen dos loberas en las proximidades de este sitio arqueológico, frecuentadas por este mamífero esencialmente gregario.
3. El empleo del lobo marino en edad juvenil para la alimentación humana, queda registrado claramente aquí para este período temprano de la historia de la ocupación de la costa desértica; pero por los relatos obtenidos por nosotros de "guaneros" de la zona, tal costumbre ha sobrevivido también hasta el día de hoy.
4. Como puede verse, sin necesidad de hacer excavación alguna, hemos logrado hilvanar algunas reflexiones de corte ecológico que nos permiten vislumbrar bastante bien aspectos de la alimentación humana en esta época temprana.
6. El conchal ha sido preservado casi intacto hasta hoy, libre de maremotos o salidas de mar, por hallarse a unos 37 m de altitud sobre el nivel del mar, y bastante protegido, por el Weste, por una hilera de pequeños roqueríos que lo aislan del borde costero. (Vea el croquis nuestro, Vol. 49, página 119 del Diario de Campo.).
7. Se descarta que este ejemplar de lobo haya sido desollado para confeccionar un odre para formar una típica balsa de lobos marinos. Para tal efecto, como lo sabemos por los relatos históricos, se utilizaba ejemplares de lobos de gran tamaño, lo que no es del caso aquí.
8. Queremos destacar expresamente aquí, cómo una observación acuciosa y atenta del medio geográfico circundante y de los recursos locales, puede permitirnos obtener inferencias valiosas sobre el comportamiento cultural del hombre del pasado, prácticamente sin hacer excavación alguna. Y así, resulta este capítulo del Blog, a nuestro modo de ver, una aplicación concreta y práctica de nuestro enfoque eco-antropológico.
9. Respecto a la presencia de la cultura Chinchorro en los alrededores, en esta costa desértica al sur de Iquique, téngase también presente el hallazgo nuestro hecho el 29-11-2003 en el sector de Bajo Patache, exactamente abajo del oasis de niebla conocido como "Alto Patache". Fue publicado en la revista POLIS, de la Universidad Bolivariana de Santiago (Vol. III, Nº 7, 361-396). El articulo fue titulado: "Un yacimiento de cazadores recolectores marinos en la terraza litoral de Bajo Patache, Sur de Iquique. Estudio arqueológico-geográfico".
10. Aquí, en la terraza marina al pie de un promontorio rocoso, situado a unos 45 m de altitud sobre el nivel del mar, hallamos un cuerpo enturbantado provisto de un pequeño cesto hecho de juncos, que cubría la cabeza, como único ajuar mortuorio. Sospechamos se trate también de un entierro tipo Chinchorro o chinchorroide, pues aparecieron aquí huesos, muy desordenados, perturbados por razones naturales, con excepción de un cráneo intacto. Estos huesos corresponderían a tres individuos que habrían sido sepultados a muy escasa profundidad, debido a la presencia a menos de 40 cm., de una durísima capa de arenisca compactada, tipo "coquina", casi imposible de perforar. Entonces, creemos que el enterramiento se habría producido por simple recubrimiento con arenas del lugar (especie de túmulo) y ulterior depositación de piedras como señalamiento en su superficie. Este descubrimiento nuestro dista del conchal de Patillos-2, objeto de este capítulo, exactamente 9.4 km hacia el Sur, en línea recta.
viernes, 8 de noviembre de 2013
Una excavación fortuita: hallazgo de un entierro humano en Playa Temblador en Mayo del año 1980.

Fig. 1. Extremo sur de Caleta Temblador, en Mayo del año 1980 (Foto Nazareno Carvajal).
Pretendemos mostrar aquí, con datos de primera mano obtenidos por nosotros en el mes de Mayo del año 1980, los resultados de una exploración nuestra en un conchal prehispánico en la terraza marina superior (Te-3) de la Playa o Caleta Temblador, situada en el extremo Norte de la IV Región de Chile, a unos 75 km al Norte de la ciudad de La Serena.
Nota: En nuestra explicación, T (T-1, T-2) designa la numeración de la terraza marina correspondiente. Te (Te-1, Te-2) designa, en una sigla, el área Temblador y el número respectivo de sitio arqueológico.
Nota: En nuestra explicación, T (T-1, T-2) designa la numeración de la terraza marina correspondiente. Te (Te-1, Te-2) designa, en una sigla, el área Temblador y el número respectivo de sitio arqueológico.
Hace treinta y tres años.
Hojeando viejos Diarios de Campo míos (Volúmenes XIV, XV, XVI y CA-1) de los años 1980 y 1981 en los que se incluye referencias a mis primeras investigaciones y trabajos sobre la niebla o camanchaca costera en esa zona, me encuentro súbitamente con datos preciosos, ya casi olvidados, relativos a un hallazgo arqueológico casual hecho por nosotros. En efecto, en mi Diario de Campo Volumen XV, del año 1980, incluí una referencia explícita con fotografías, al entierro humano prehistórico hallado casualmente en Caleta Temblador, en la terraza marina sur, muy cerca de la playa, a unos 15 m. sobre el nivel actual del mar.
El científico debe dejar testimonio escrito de sus hallazgos.
El científico debe dejar testimonio escrito de sus hallazgos.
Como no quisiera que esta información desaparezca y se pierdan para siempre sus referencias, -como ocurre casi siempre en estos hallazgos ocasionales- he decidido reeditar en este capítulo del Blog todo lo escrito por entonces en mis Diarios privados, más mis recuerdos personales de esas fechas, escaneando al efecto viejos textos y fotografías, y rastreando en las ya ajadas páginas de varios de mis viejos Diarios de Campo. Considero que, aunque se trató de un hallazgo absolutamente casual -pues el objetivo era diferente- debe quedar registro del mismo para la ciencia antropológica del futuro. Tal vez los arqueólogos y los antropólogos físicos del futuro nos lo agradecerán. Si por largos años no quise dar cuenta detallada de este hallazgo, es porque no había,- como hoy- procedimientos sencillos de edición de material fotográfico, como son hoy los Blogs, herramienta heurística maravillosa para el científico moderno que sepa sacar partido de ella.
Fig. 2. Caleta o Playa Temblador según imagen obtenida del Google Earth, en el extremo Norte de la IV Región de Chile y a unos 75 km al N. de la ciudad de La Serena. (Coordenadas UTM: 276.097 E y 6.736.791 N). Se muestra, mediante la flecha color amarillo, la ubicación exacta del lugar del hallazgo del entierro prehispánico en el extremo sur de la terraza marina superior (Te-3) situada al extremo sur de la playa.
Llegamos tarde aquel 1º de Enero de 1980 a Temblador. Apenas pude encontrar, en la creciente obscuridad, un sitio apto para instalar nuestro camper Volkswagen color azul, en que viajábamos mi mujer y mis dos hijos pequeños, María Cristina y Carlos Larrain Mardorf. Alejándome del mar y sus posibles marejadas, nos instalamos en el extremo sur de la playa en una terraza marina elevada unos 10-12 m por sobre el nivel del mar.
Al día siguiente, muy temprano, me levanté para recorrer los alrededores. No había dado diez pasos, cuando en el suelo ví un fragmento de cerámica indígena. Alrededor, infinidad de conchas, fragmentos de piedras trabajadas y lascas de sílex, delataban la presencia de un antiguo asentamiento indígena ¡Era exactamente la pista que necesitaba!. Nos hallábamos, sin haberlo pretendido, al borde mismo de un gran conchal arqueológico. En los días en que aquí pasamos, gozando del agua tibia y del suave oleaje, recorrimos con mis hijos toda el área. El conchal arqueológico no nos llamó al principio particularmente la atención, pues éstos se encuentran prácticamente en todas las playas y caletas del Norte chileno, doquiera los antiguos changos y sus ancestros lejanos los pescadores del Arcaico, habían merodeado en busca de sustento.
Entusiasmando a los colegas geógrafos en Santiago.
Al volver a Santiago, planteé a mis colegas del Instituto de Geografía de la Universidad Católica, al que pertenecía desde el año 1973, la posibilidad de estudiar la niebla en esta zona que me parecía muy promisoria. Mis visitas durante esos días al bosque de eucaliptus (Eucaliptus globulus) , situado en la cima del Cordón (donde había existido una mina de hierro ya abandonada, El Tofo) me convencieron muy pronto de la enorme potencialidad hídrica del lugar. En efecto, allí se depositaban, en pleno verano, todos los días, las densas nubes saturadas de agua, las que producían a través del follaje de pinos y eucaliptus, una verdadera lluvia menuda todas las tardes. ¡Era el milagro del agua en el desierto!.
Así, se planificó una pequeña expedición de reconocimiento para el siguiente mes de Mayo al mismo lugar, con Pilar Cereceda, geógrafa y climatóloga y un grupo de sus alumnos de la carrera de Geografía. Surgió el audaz plan -que consta en mi Diario de Campo tomo XIV en varias de sus páginas- de intentar captar la niebla y "ordeñar" las nubes rasantes. Fue el comienzo de una gesta memorable.
Nuestro contacto con la Universidad del Norte y sus expertos.
Para ello, nos pusimos prontamente en contacto con el físico Carlos Espinosa Arancibia, que había sido mi colega en la Universidad del Norte, Antofagasta, (entre 1963-65) y que era reconocido como el gran experto en este tipo de investigaciones. Don Carlos nos prestó una generosa ayuda, enviándonos copias de todos sus trabajos sobre captación de niebla. Fue el momento en que nuestro alumno geógrafo, recién egresado, Nazareno Carvajal, se decidió, bajo la experta guía de don Carlos, a construir un atrapanieblas en forma de cilindro, de 1 m de alto y provisto de centenares de hilos muy finos de polietileno, el que probaríamos en nuestra expedición del siguiente mes de Mayo 1980.
El escenario de los hechos: localización geográfica.
La caleta Temblador se abre algo al Norte de la Caleta Totoralillo y es una playa que muestra escaso oleaje en su sector extremo sur, bien protegido por un promontorio rocoso que lo defiende bastante bien de los vientos de sur. Tiene un acceso por tierra a través de una mala huella que por el ángulo extremo derecho de la fotografía, (Fig. 2) va a unirse con la Panamericana Norte, antes de remontar el Cordón Sarcos (Cuesta de Buenos Aires). Otra huella de tierra comunica, por el Norte, Caleta Temblador con la vecina Caleta Chungungo, pueblo pescador de unos 300 habitantes en esa época, y que tuviera el privilegio de ser el primer poblado que se surtió de agua de niebla en Chile, gracias al empleo de captadores llamados "atrapanieblas". Nuestras experiencias de captación de agua atmosférica de la camanchaca en esta zona se iniciaron, precisamente, gracias a la aventura aquí descrita, ocurrida en las vacaciones de verano del año 1980.
Un lugar ideal para investigar la niebla.
Aquel año "descubrimos", en los altos de los cerros de El Tofo, a unos 900 m de altitud s. nm un lugar ideal para la captación de la niebla o camanchaca costera: los corpulentos eucaliptus de El Tofo, destilaban agua, en forma de llovizna suave, en pleno verano, como efecto directo de la condensación de la neblina!. Fuimos testigos directos del hecho, que pasamos a relatar apoyados con lo escrito en mis Diarios de Campo de esas fechas. De esta experiencia vital para nosotros, brotó la investigación sobre la niebla en el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Santiago (Chile). Muy pronto, a poco de llegar a esa zona, se desató en mí la curiosidad por visitar y recorrer esas cumbres arboladas que la niebla casi me impedía ver. A poco andar, esta curiosidad sería el motor para iniciar una aventura que duraría muchos años de mi vida: el estudio de la neblina costera. La idea de cosechar la niebla y dar agua con ella a las caletas de pescadores costeros, nació precisamente aquí, justamente en estos días. Aventura que juntos recorrimos con Pilar Cereceda y sus alumnos de Geografía de la Pontificia Universidad Católica y que, increíblemente, aún perdura.
Circunstancias del hallazgo.
Caleta Temblador es una pequeña playa de suaves y exquisitas arenas, situada inmediatamente al sur de la antigua dársena de El Tofo, desde donde se exportaba el mineral de hierro extraido de las alturas de los cerros de "El Tofo". (Vea Figura 1, tomada de Google Earth). El geógrafo Luis Riso Patrón la describe así en su Diccionario Jeográfico de Chile, (Imprenta Universitaria, Santiago 1924, página 873): "Es pequeña, desabrigada, ofrece mal desembarcadero i se abre al N. del puerto de Totoralillo", y señala sus coordenadas geográficas como: 29º 28´ S y 71º 20´ W. Se encuentra en el extremo Norte de la IV Región al pie del Cordón Sarcos y en el rumbo Weste de la actual Comuna de La Higuera, bastante apartada del trazo de la actual carretera Panamericana. Para encontrarla, es preciso tomar una mala huella que, desde el pie sur de la "Cuesta de Buenos Aires", enfila directamente hacia el poniente, esto es hacia la costa. Pronto se llega a Totoralillo, playa pedregosa, antiguo lugar de embarque del mineral de hierro y, algo más al Norte, aparecen algunas pequeñas aguadas de agua dulce, dotadas de algunos viejos perales a cuyos márgenes se ven aún ruinas de viviendas y recintos. Aquí vivieron pastores y pequeños agricultores. Así apareció a nuestra vista, aquel 1º de Enero, Playa o Caleta Temblador.
Descubrimiento de Playa "Templador".
Conocimos Caleta Temblador durante los días 1 al 4 de Enero del año 1980, por una muy extraña y casual circunstancia. Habíamos disfrutado con mi familia y mis dos pequeños hijos María Cristina de diez años y Carlos Horacio, de siete, de unos días de descanso en carpa en "Puerto Viejo", deliciosa playa situada al sur de la desembocadura del río Copiapó. Al tercer día de estadía, una feroz marejada barrió con las frágiles cabañas de pescadores y mariscadores y con algunos vehículos de veraneantes allí apostados como nosotros. Nuestro Camper Volkswagen de color azul, estuvo a punto de ser tragado por el mar. Nos salvó milagrosamente el hecho de habernos instalados en una duna, a una mayor altura y algo lejos del mar. Otros vehículos tuvieron peor suerte. Alarmados y temerosos, abandonamos al día siguiente muy temprano el lugar para buscar alguna otra playa tranquila donde poder reponernos del susto pasado y proseguir nuestras vacaciones.
Unas vacaciones inolvidables.
Alguien- no recuerdo quien- nos sugirió una playita llamada "Temblador", situada al pie de los cerros de El Tofo. Con cierta dificultad dimos con el lugar y acampamos allí en una terraza marina algo alejada del borde del mar. La playita estaba enteramente solitaria y sus blancas arenas invitaban a un delicioso descanso. Mi propósito fue, de inmediato, salir a recorrer los alrededores y ver si había moradores por ahí cerca a los cuales pedir información sobre el lugar y, eventualmente, conseguir de ellos mariscos y/o pescado. Una sencilla cabaña de pescadores, no lejos de la playa, nos hizo llegar a sus moradores de apellido Rivera, unos jóvenes motejados en la zona como los "Hermanos Coraje". Vivían con su padre y eran mariscadores y pescadores; tenían, además, un pequeño hato de cabras como único medio de sustento. Pronto serían nuestros expertos guías en el área. De ellos y de su padre aprendimos mucho en aquellos pocos días, acerca de la ecología, botánica y forma de pastoralismo de ovinos y burros en la región.
Unas vacaciones inolvidables.
Alguien- no recuerdo quien- nos sugirió una playita llamada "Temblador", situada al pie de los cerros de El Tofo. Con cierta dificultad dimos con el lugar y acampamos allí en una terraza marina algo alejada del borde del mar. La playita estaba enteramente solitaria y sus blancas arenas invitaban a un delicioso descanso. Mi propósito fue, de inmediato, salir a recorrer los alrededores y ver si había moradores por ahí cerca a los cuales pedir información sobre el lugar y, eventualmente, conseguir de ellos mariscos y/o pescado. Una sencilla cabaña de pescadores, no lejos de la playa, nos hizo llegar a sus moradores de apellido Rivera, unos jóvenes motejados en la zona como los "Hermanos Coraje". Vivían con su padre y eran mariscadores y pescadores; tenían, además, un pequeño hato de cabras como único medio de sustento. Pronto serían nuestros expertos guías en el área. De ellos y de su padre aprendimos mucho en aquellos pocos días, acerca de la ecología, botánica y forma de pastoralismo de ovinos y burros en la región.
Los croquis y fotos que siguen, fueron hechos en terreno unos meses más tarde, en Caleta Temblador, en nuestro viaje de exploración geográfica del 1 al 4 de Mayo de 1980. En enero de ese año, habíamos "descubierto" el sitio de Temblador; ahora íbamos a hacer dos descubrimientos simultáneos: el conchal arqueológico con su entierro y, además, la certidumbre de que esos cerros vecinos podían producir agua, por efecto de la condensación de la camanchaca costera. En este capítulo, nos referimos tan solo al descubrimiento arqueológico de una mariscadora indígena, de hace unos 5.000 años atrás, que fuera enterrada en uno de los dos conchales descubiertos. En un próximo capítulo, narraremos la epopeya de la instalación del primer "atrapanieblas" : un gigantesco cilindro provisto de centenares de hilos de polietileno. Arqueología y geografía se daban por fin la mano, en un objetivo común que, con el correr de los años, se convertiría en un ambicioso Proyecto.
Las terrazas marinas. Página de mi Diario de Campo, tomo XIV p. 5 (1-4- Mayo 1980).
Cerámica decorada hallad in situ.
Fig. 5. Fragmento de cerámica diaguita clásico hallado en la superficie. (de aproximadamente 4 x 4 cm). Presenta diseños geométricos color rojo y negro sobre pintura blanca. Este tipo de diseños y los colores usados, son característicos del estilo diaguita clásico, que tiene un área de distribución desde Copiapó hasta el rio Choapa, aproximadamente. Su suma escasez (único fragmento hallado, revela claramente que la ocupación diaguita fue aquí tan solo casual o esporádica.
Fig. 6. Reverso de los tiestos cerámicos. El tiesto de color blanco, corresponde a la Fig. 4 (reverso). Los otros fragmentos corresponden, probablemente, a ollas comunes, sin decoración.
Fig. 7. Ampliación de tamaño del tiesto que aparece en la Fig. 5. Muestra muy bien la gruesa capa de pintura blanca aplicada directamente a la superficie del ceramio, al parecer sin aplicación de engobe previo.
Descripción del conchal Nº 1 según mi Diario de Campo.
Fig. 8. Página 4 de mi Diario de Campo, tomo XIV, pp 2-7 (1-4-Mayo 1980). Descripción detallada del conchal arqueológico estudiado (Tomo XIV, 1980: 7).
Fig. 9. Página original de mi Diario de Campo (Tomo XV: 40-41). Fotos del lugar y del proceso de excavación tomadas en Mayo de 1980. Se muestra, arriba, una vista de la playa pedregosa de Totoralillo, con sus dos característicos islotes. Vista desde el NE. Abajo, foto tomada a Horacio Larrain en la faena de excavación el día 2 de Mayo del año 1980, con motivo del descubrimiento casual del entierro humano en el conchal arqueológico de la terraza sur de Temblador. (Fotos Nazareno Carvajal).
Fig. 10. La terraza marina sur de Playa Temblador y el conchal arqueológico de la terraza superior o más alta (T-1) donde fue hallado el entierro humano aquí descrito. Vista desde un promontorio más elevado, al Oeste del yacimiento. Al fondo, arriba, las nubes bajas de de la camanchaca inundan ya los cerros de el Tofo, desde aproximadamente los 350-400 m de altitud. (Foto Nazareno Carvajal, Julio 1981).
Análisis de suelo practicado e el pozo de sondeo.
Estudiando el espesor y densidad de los conchales.
No fue por esas ya lejanas fechas nuestra primera intención hacer un trabajo arqueológico propiamente tal, sino, más bien, estudiar desde un punto de vista geomorfológico y biogeográfico, los asentamientos humanos que conocemos en Chile como "conchales" (en México se les llama "concheros"). Me intrigaba su localización y el examen y detección de los recursos que podían tener a la mano sus moradores. Es decir, me interesaba -como todavía hoy me interesa muy especialmente- contribuir a hacer una "eco-antropología" del poblamiento costero primitivo, cuando se dependía únicamente de vertientes o pequeñas aguadas costaneras. De ésta y semejantes observaciones costeras, brotará, muy poco después, un artículo nuestro que fue publicado en una casi desconocida revista bajo el título de “Variables hídricas y geomorfológicas que condicionan el asentamiento humano en la zona litoral del Cordón Sarcos, IV Región, Chile”, Revista CODECI (“Corporación para el Desarrollo de la Ciencia”), Nº 2, Fascículo 1, Enero-Marzo 1982, Santiago, pp. 3-35.
No fue por esas ya lejanas fechas nuestra primera intención hacer un trabajo arqueológico propiamente tal, sino, más bien, estudiar desde un punto de vista geomorfológico y biogeográfico, los asentamientos humanos que conocemos en Chile como "conchales" (en México se les llama "concheros"). Me intrigaba su localización y el examen y detección de los recursos que podían tener a la mano sus moradores. Es decir, me interesaba -como todavía hoy me interesa muy especialmente- contribuir a hacer una "eco-antropología" del poblamiento costero primitivo, cuando se dependía únicamente de vertientes o pequeñas aguadas costaneras. De ésta y semejantes observaciones costeras, brotará, muy poco después, un artículo nuestro que fue publicado en una casi desconocida revista bajo el título de “Variables hídricas y geomorfológicas que condicionan el asentamiento humano en la zona litoral del Cordón Sarcos, IV Región, Chile”, Revista CODECI (“Corporación para el Desarrollo de la Ciencia”), Nº 2, Fascículo 1, Enero-Marzo 1982, Santiago, pp. 3-35.
En los párrafos que siguen, y sirviéndonos como apoyo de las fotos de la época, presentaremos detalles de la excavación practicada en el conchal de la terraza superior (Te-1) de Playa o Caleta Temblador, a unos 11-12 m. sobre el nivel delo mar. Copiamos el texto original de mis Diarios de Campo:
Vol. XIV: 1-7 (6-05-1980. Escribí así:
"Inicio este Diario mirando retrospectivamente a nuestra expedición a caleta Temblador, del 1º al 4 de Mayo 1980. Perdí, por desgracia, el Cuaderno de Campo anterior, tal vez en Chungungo o Temblador. Por lo que no me fue posible anotar todo en terreno. Con todo, redacté, en base a notas de terreno, una detallada relación de las observaciones recogidas y de la excavación arqueológica. En la "bolsa" , en estas páginas, se contiene el relato de 13 paginas de esta descripción detallada. Se anexan los croquis de los dos Conchales Te-1 y Te-2, que corresponden a la descripción aquí incluida". (Nota mía hoy: Este relato de 13 páginas no se halló en nuestro tomo correspondiente Nº XIV, y no lo he encontrado hasta ahora. Ojalá aparezca en algún momento. Escribo esto el 27/11/2013 al transcribir fielmente este Diario y preparar para su publicación esta sección del Blog.
"Descripción del conchal Nº 1.
"Ocupa toda la terraza superior (15-17 m de altitud?) en el sector Sur de la Playa Temblador, con un largo total de aprox. 150 m., con un ancho variable. (Vea Figura señalada como "Croquis 1" en nuestra Figura 3, más arriba). En el sector medio presenta una lengüeta de prolongación, siguiendo un leve plano inclinado de ascenso, de la misma terraza. Esta prolongación está casi interrumpida en "X" (Ver Fig. 3), donde grandes afloramientos rocosos impiden el asentamiento; pero la continuidad del conchal hacia arriba, es evidente. Aproximadamente a unos 120-140 m. del acantilado y en dirección del punto indicado por la flecha ( aquí aparece signo de flecha), se halla un abrigo rocoso de regular tamaño, que presenta cavernas y túneles interiores y que pudo albergar a muchas familias. El piso del abrigo, tras breve inspección, reveló la existencia de elementos culturales. Valdría la pena hacer aquí una excavación en regla. Hay indicios de ocupación esporádica reciente por parte de mariscadores o pescadores locales.
El sitio (marcado con un cuadradito negro en Fig 3 con el rótulo de "entierro"), elegido para el Pozo 1, fue el que pareció de mayor profundidad de los estratos.
En B (Sector W) los trozos de rocas son muy grandes, elevándose a 4-5 m de altura y ofreciendo una excelente vista sobre el conchal (Vea Fig. 3, arriba).
El conchal Te-1 está muy bien protegido de los vientos del S y SW."
Descripción del Conchal Nº 2 (Te-2)
"El Te-2 (Conchal Nº 2) sigue a continuación del Te-1 hacia el NE, adosándose estrechamente a la terraza superior de los 15-17 m. (?). Llega con sus elementos culturales hasta el borde mismo del acantilado que baja hasta la T-2 (2ª terraza). Muchos elementos culturales se han desplazado, por erosión natural, por las laderas abruptas, hacia abajo.
Sobre la superficie (en buena parte limpiada por la Municipalidad de la Higuera para establecer el camping moderno), hay escasa cerámica culinaria muy fragmentada. No se halló cerámica decorada aquí.
En Te-2 (2ª terraza marina) está el camping, donde hoy existen unas cuantas cabañitas, muy pequeñas ( de colores), y 4-5 duchas instaladas dependiendo de un gran tanque o depósito de agua que llenan los camiones cisternas de la municipalidad de La Higuera en los meses veraniegos de Enero y Febrero.
No excavé aquí, pero presumo que este conchal sea, también, precerámico como Te-1.
Su superficie total podría calcularse en unos 1.608 m2 tomando en cuenta que cada cuadradito de matemáticas de este cuaderno es aprox., 7 x 7 m (= 49 m2) Preferí tomar una escala de 1 cm.= 10 m..
Entre el Te-1 y el Te-2 (mucho más pequeño) hay un tramo sin ocupación (zona de tránsito intenso por estrecharse aquí mucho la terraza (T1) de aprox. unos 30-40 m (no lo calculé en el terreno y es solo aproximado por el recuerdo" (Tomo XIV, pp. 6-7).
El pozo de sondeo inicial de 20 cm x 20 cm que tenía por objetivo -como se ha señalado- buscar la profundidad del conchal, fue hecho el día 2 de Mayo del año 1880. El hallazgo del cuerpo humano se produjo al día siguiente. Por desgracia, el relato detallado, de 13 páginas de extensión, que hice en esta oportunidad, al parecer está perdido. Por otros antecedentes y por datos del Catálogo de la Colección H. Larrain (Tomo 1-B, Catálogo, p. 22-23) pudimos rescatar otros detalles de importancia que se presentan a continuación. Así sabemos que, tras el rescate del cuerpo, se profundizó el pozo hasta los 60 cm., llegándose a una zona de piedras grandes (estrato estéril), sobre las cuales habría sido extendido el cuerpo.
El pozo inicial de 20 x 20 cm. dio, a poca profundidad (a los 45 cm) , con la primera sección visible del esqueleto (fémures). Hubo que ampliar la excavación primeramente hasta 1 m2 hacia el Sur, para rescatar el cuerpo completo y como esto no fue suficiente, se volvió a ampliar en la misma dirección hasta que apareció el cráneo, quedando todo el cuerpo completo a la vista. Se usó, como es de rigor, estacas y cuerdas. El esqueleto humano se encontraba enteramente extendido, orientado de Weste a Este (cráneo mirando al Norte), en posición decúbito dorsal, y con el cráneo levemente levantado, mirando hacia adelante, como se aprecia en la Fig. 10. A medida que se hacía la excavación con ayuda de una pequeña palita y brochas, y antes de dar con el entierro, aparecieron en el pozo inicial de testigo de 20 x 20 cm., una punta de proyectil triangular, en forma de triángulo isósceles, alargada, en sílex blanquizco sucio (opaco) muy bien trabajada por ambas caras (mide 4.8 cm de largo, por 2,1 cm de ancho máximo. Base recta). Aparecieron, en este primer sondeo, otras dos puntas de proyectil rotas, dos de ellas de base recta, de las mismas características de la primera y otra, más pequeña. Al parecer, no formaban parte del ajuar funerario. (Foto Nazareno Carvajal, en H. Larrain, Cuaderno de Campo, Tomo XV: 40-41)
El entierro y su ajuar funerario.
Conservo afortunadamente un relato mío que, con el nombre de "Observaciones complementarias" fue agregado en hoja aparte al Diario de Campo. Estas Observaciones explicitan una aparente ofrenda funeraria depositada a 5 cm sobre el cráneo del difunto, en la forma de un paquete o conjunto moluscos bivalvos, llamados localmente "machas" (Mesodesma donacium), todas de muy pequeña talla. Se trataba de numerosas valvas que totalizaban 42 machas, la mayor de las cuales solo medía 5,5 cm de largo.Todas, a juzgar por su coloración ocre, habrían sido previamente sancochadas o cocidas al fuego, como alimento para el viaje al más allá. Parece obvio que se trató aquí de una ofrenda simbólica. En el interior de la boca, que estaba entreabierta un par de centímetros, se halló, igualmente, ejemplares de machas pequeñas y choritos (Perumytilus purpuratus). Sobre el pecho, (Vea Fig. 10) se le había depositado una gran concha solitaria del gastrópodo que en nuestro país conocemos como "loco" (Concholepas concholepas), molusco que hasta hoy es consumido y es muy apreciado en Chile.
Hallazgo de un pectoral hecho en concha.
A un lado del cuerpo, junto al brazo derecho, se halló como única ofrenda un pendiente o pectoral pequeño, elaborado en concha. De este hallazgo quedó constancia:
Fig. 11. Dibujo y tamaño exacto del pectoral o pendiente confeccionado en concha del molusco llamado "choro zapato" (Choromytilus chorus). El agujero es muy pequeño (menos de 3 mm) pero permite pasar una fina cuerda para colgárselo al pecho, como probablemente se usó.
Detalles del hallazgo del pectoral o pendiente.
El pectoral o pequeño pendiente, cuyas forma y tamaño exacto reproducimos aquí (Fig. 11), fue hallado en contacto directo con el cuerpo, entre las costillas y la mano derecha del difunto. Este adorno , el único del esqueleto, fue confeccionado en concha de choro zapato (Choromytilus chorus) y corresponde a la parte media superior de una concha de esta misma especie. En efecto, las estrías que muestra este pendiente en su superficie, corresponden con gran exactitud a un ejemplar actual de la misma especie, hallado por nosotros en Caleta Temblador. No hemos podido encontrar aún esta pieza de adorno en nuestra Colección, pero, afortunadamente, en el Catálogo de piezas de las Colección figuraba su diseño y medidas exactas. (Fig. 1).
¿Quién pudo ser el difunto?.
El esqueleto fue entregado al Museo Nacional de Historia Natural en manos de Silvia Quevedo, curadora de la sección de Antropología Física. El cráneo, en buen estado de conservación, presentaba ciertas partes faltantes (en el hueso temporal y parietal) y fue reparado y reconstituido por ella con resinas especiales. Ella nos entregó un protocolo en el que señalaba que se trataba de un esqueleto femenino, de una edad calculada entre los 27 y 28 años. El cráneo se encuentra aún en nuestro poder (año 2013) pero debemos restituirlo al Museo Nacional de Historia Natural, donde quedó el resto completo del esqueleto en el año 1980.
A juzgar por las ofrendas, se trataba de una mujer mariscadora a la que se le deja como ofrenda aquellos moluscos que ella seguramente solía colectar en la bajamar. Machas y locos se colectan, respectivamente ,en fondos arenosos y entre las peñas, a muy poca profundidad. Sabemos que las mujeres de los pescadores eran excelentes mariscadoras y aún buzos, por cotejo con los relatos de tipo etnográfico que se conservan de los indígenas canoeros Kaweshsqar o Yaganes (Yamana), de los canales magallánicos. Tal vez murió por un accidente en el mar, golpeándose en la cabeza, en alguna de estas operaciones de búsqueda de alimento.
Fig. 12. En Caleta Temblador, en el mes de Julio de 1981, un año después de nuestro descubrimiento del sitio arqueológico. A mi derecha, el Dr. Christiaan Gischler, hidrogeólogo holandés, experto de UNESCO en Montevideo, de paso hacia el Perú con ocasión de la realización de un Encuentro de investigadores de la neblina. En esta ocasión, el grupo expedicionario al Perú formado por chilenos y peruanos, entre los cuales se contaba el profesor Carlos Espinosa y otros expertos de Santiago, pasó a ver y conocer la zona de Temblador y El Tofo con el objeto de ver la posibilidad de iniciar allí un gran proyecto de investigación de la niebla. Este Proyecto se concretaría unos años más tarde (1984) con la instalación de un grupo de captaneblinas o atrapanieblas para surtir con agua de la niebla la caleta de pescadores de Chungungo, al Norte de Caleta Temblador. (Foto Nazareno Carvajal).
Epígrafe.
Nuestra intención ha sido no tanto rememorar ese hecho de nuestra vida e historia científica, sino más bien, entregar a los estudiosos del poblamiento costero un nuevo antecedente. Nos pareció de gran interés el tipo de ofrenda funeraria (pectoral y paquete de moluscos) ofrendado a la difunta mariscadora de unos 28 años de edad. Agregaré unas fotografías del cráneo restaurado que obra en mi poder y que pueden ser de interés para los antropólogos físicos. No se tomó en la ocasión muestras para su análisis por el método del C 14. Pero por la similitud con otros hallazgos, que ostentan una disposición semejante de los cuerpos, realizados en la costa (Punta Teatinos) por el ingeniero arqueólogo Hans Niemeyer Fernández, unos años antes, se podría pensar en fechas del orden de los 4.000-4.500 A.C. En tal caso, el hallazgo correspondería al período Arcaico, y por tanto, precerámico. La cerámica en estos lugares -como se sabe- viene a aparecer al menos un par de milenios después. En el entierro estudiado, no se observó la presencia de trozos de redes o tejidos de fibras vegetales, porque tal vez éstas se descompusieron con el paso del tiempo. Porque el pectoral, seguramente, colgaba del cuello de la difunta, mediante algún tipo de cuerda vegetal, como se puede deducir de la presencia del perfecto agujero de algo menos de 3 mm practicado en el objeto.
Fig. 10.
El entierro y su ajuar funerario.
Conservo afortunadamente un relato mío que, con el nombre de "Observaciones complementarias" fue agregado en hoja aparte al Diario de Campo. Estas Observaciones explicitan una aparente ofrenda funeraria depositada a 5 cm sobre el cráneo del difunto, en la forma de un paquete o conjunto moluscos bivalvos, llamados localmente "machas" (Mesodesma donacium), todas de muy pequeña talla. Se trataba de numerosas valvas que totalizaban 42 machas, la mayor de las cuales solo medía 5,5 cm de largo.Todas, a juzgar por su coloración ocre, habrían sido previamente sancochadas o cocidas al fuego, como alimento para el viaje al más allá. Parece obvio que se trató aquí de una ofrenda simbólica. En el interior de la boca, que estaba entreabierta un par de centímetros, se halló, igualmente, ejemplares de machas pequeñas y choritos (Perumytilus purpuratus). Sobre el pecho, (Vea Fig. 10) se le había depositado una gran concha solitaria del gastrópodo que en nuestro país conocemos como "loco" (Concholepas concholepas), molusco que hasta hoy es consumido y es muy apreciado en Chile.
Hallazgo de un pectoral hecho en concha.
A un lado del cuerpo, junto al brazo derecho, se halló como única ofrenda un pendiente o pectoral pequeño, elaborado en concha. De este hallazgo quedó constancia:
Fig. 11. Dibujo y tamaño exacto del pectoral o pendiente confeccionado en concha del molusco llamado "choro zapato" (Choromytilus chorus). El agujero es muy pequeño (menos de 3 mm) pero permite pasar una fina cuerda para colgárselo al pecho, como probablemente se usó.
Detalles del hallazgo del pectoral o pendiente.
El pectoral o pequeño pendiente, cuyas forma y tamaño exacto reproducimos aquí (Fig. 11), fue hallado en contacto directo con el cuerpo, entre las costillas y la mano derecha del difunto. Este adorno , el único del esqueleto, fue confeccionado en concha de choro zapato (Choromytilus chorus) y corresponde a la parte media superior de una concha de esta misma especie. En efecto, las estrías que muestra este pendiente en su superficie, corresponden con gran exactitud a un ejemplar actual de la misma especie, hallado por nosotros en Caleta Temblador. No hemos podido encontrar aún esta pieza de adorno en nuestra Colección, pero, afortunadamente, en el Catálogo de piezas de las Colección figuraba su diseño y medidas exactas. (Fig. 1).
¿Quién pudo ser el difunto?.
El esqueleto fue entregado al Museo Nacional de Historia Natural en manos de Silvia Quevedo, curadora de la sección de Antropología Física. El cráneo, en buen estado de conservación, presentaba ciertas partes faltantes (en el hueso temporal y parietal) y fue reparado y reconstituido por ella con resinas especiales. Ella nos entregó un protocolo en el que señalaba que se trataba de un esqueleto femenino, de una edad calculada entre los 27 y 28 años. El cráneo se encuentra aún en nuestro poder (año 2013) pero debemos restituirlo al Museo Nacional de Historia Natural, donde quedó el resto completo del esqueleto en el año 1980.
A juzgar por las ofrendas, se trataba de una mujer mariscadora a la que se le deja como ofrenda aquellos moluscos que ella seguramente solía colectar en la bajamar. Machas y locos se colectan, respectivamente ,en fondos arenosos y entre las peñas, a muy poca profundidad. Sabemos que las mujeres de los pescadores eran excelentes mariscadoras y aún buzos, por cotejo con los relatos de tipo etnográfico que se conservan de los indígenas canoeros Kaweshsqar o Yaganes (Yamana), de los canales magallánicos. Tal vez murió por un accidente en el mar, golpeándose en la cabeza, en alguna de estas operaciones de búsqueda de alimento.
Fig. 12. En Caleta Temblador, en el mes de Julio de 1981, un año después de nuestro descubrimiento del sitio arqueológico. A mi derecha, el Dr. Christiaan Gischler, hidrogeólogo holandés, experto de UNESCO en Montevideo, de paso hacia el Perú con ocasión de la realización de un Encuentro de investigadores de la neblina. En esta ocasión, el grupo expedicionario al Perú formado por chilenos y peruanos, entre los cuales se contaba el profesor Carlos Espinosa y otros expertos de Santiago, pasó a ver y conocer la zona de Temblador y El Tofo con el objeto de ver la posibilidad de iniciar allí un gran proyecto de investigación de la niebla. Este Proyecto se concretaría unos años más tarde (1984) con la instalación de un grupo de captaneblinas o atrapanieblas para surtir con agua de la niebla la caleta de pescadores de Chungungo, al Norte de Caleta Temblador. (Foto Nazareno Carvajal).
Epígrafe.
Nuestra intención ha sido no tanto rememorar ese hecho de nuestra vida e historia científica, sino más bien, entregar a los estudiosos del poblamiento costero un nuevo antecedente. Nos pareció de gran interés el tipo de ofrenda funeraria (pectoral y paquete de moluscos) ofrendado a la difunta mariscadora de unos 28 años de edad. Agregaré unas fotografías del cráneo restaurado que obra en mi poder y que pueden ser de interés para los antropólogos físicos. No se tomó en la ocasión muestras para su análisis por el método del C 14. Pero por la similitud con otros hallazgos, que ostentan una disposición semejante de los cuerpos, realizados en la costa (Punta Teatinos) por el ingeniero arqueólogo Hans Niemeyer Fernández, unos años antes, se podría pensar en fechas del orden de los 4.000-4.500 A.C. En tal caso, el hallazgo correspondería al período Arcaico, y por tanto, precerámico. La cerámica en estos lugares -como se sabe- viene a aparecer al menos un par de milenios después. En el entierro estudiado, no se observó la presencia de trozos de redes o tejidos de fibras vegetales, porque tal vez éstas se descompusieron con el paso del tiempo. Porque el pectoral, seguramente, colgaba del cuello de la difunta, mediante algún tipo de cuerda vegetal, como se puede deducir de la presencia del perfecto agujero de algo menos de 3 mm practicado en el objeto.
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