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martes, 23 de enero de 2018

Incierto destino del bosque actual del Tamarugal: ¿muerte lenta o posible recuperación?. El futuro del Tamarugal de Tarapacá.

Retomamos, tras cinco meses de inactividad,  nuestro blog de eco-antropología. Nuestro traslado definitivo a la Región Metropolitana y sus efectos, ha sido la causa de este largo silencio.  Pedimos disculpa a nuestros lectores por esta dilación.

En este capítulo, nos corresponde meditar sobre el destino futuro del bosque del Tamarugal, plantado por CORFO en la década del 60 del pasado siglo. Desde la época de la Colonia, este bosque ha jugado un importante papel en la economía de Tarapacá, desde la época de las primeras explotaciones mineras por obra de los ,primeros encomenderos, especialmente en el mineral de Huantajaya, próximo a la ciudad de Iquique. Nos preguntamos hoy: ¿está muriendo el tamarugal de Tarapacá?  ¿Qué esta pasando?. Las desesperadas medidas actuales que se está tomando, ¿contribuirán a mejorar la vitalidad del bosque, o, al revés, acelerarán su muerte?. Es lo que pretendemos  examinar en este capítulo.

                                  
Fig. 1.  Así lucen hoy semi secos -o totalmente secos- muchos árboles en el bosque del Tamarugal,  a la orilla de la carretera Panamericana norte-sur, entre los km.  1780-1785, al sur de la localidad de Pozo Almonte. Plantados alrededor de los años  1965-1969,  no alcanzaron a adquirir su tamaño máximo  y sucumbieron fatalmente por falta de agua. En este texto se explica en detalle  las causas de su triste destino. (Foto H. Larrain, agosto 18, 2017).

La creciente mortandad de los tamarugos.

Para nadie es un misterio en Tarapacá que el famoso bosque del Tamarugal se encuentra en un acelerado proceso de degradación y muerte. Esto al menos en su  porción central, situada al sur de la localidad de Pozo Almonte, justamente en la zona correspondiente a la Reserva Nacional Pampa  del Tamarugal. Para el viajero que cruza velozmente esta pampa  de Norte a sur,   pasando Pozo Almonte con rumbo sur, rumbo a Oficina Victoria, pronto se presenta a la vista la enorme plantación de tamarugos hecha por la CORFO (Corporación Nacional Forestal) entre los años  60 y 70 del pasado siglo. Hoy día, tal como lo podremos apreciar claramente en las fotografías que siguen (Fotos 1 a  10),  esta sección de Tamarugal parece estar claramente amenazada de muerte. Así lo estaría demostrando el  lamentable estado actual de la arboleda en decenas de hectáreas. Miles de árboles muertos y muchísimos en deplorable estado, prácticamente moribundos. ¿Qué ha ocurrido en estos últimos decenios?. ¿Por qué  están muriendo en  amplios sectores?. ¿Se conoce su causa?. ¿Hay algún posible remedio a este desastre ad portas?.

Intentos de explicación.

 La razón de esta crítica situación del bosque se debería, a juicio de los científicos que han estudiado el área, a la creciente disminución y agotamiento del agua anteriormente presente en los niveles freáticos más altos, o sea, al agotamiento de los acuíferos de las napas superiores. es decir aquellos que pueden alcanzar normalmente  las raíces de los árboles ( de 0 a 30 m. de profundidad, como máximo). Y esta situación ¿a qué atribuirla?. En gran parte, tal como lo han señalado inequívocamente los hidrogeólogos,  a la permanente succión y extracción masiva del agua freática subterránea (subsuperficial) de tipo fósil), tanto por parte de la arboleda como por parte del hombre, para subvenir a sus necesidades  agrícolas, industriales o citadinas, y desgraciadamente a la vez, a la falta de recarga o reposición natural de las napas subterráneas. Decenas de miles de tamarugos y algarrobos fueron plantados, bajo el falso supuesto de que siempre dispondrían de suficiente agua subterránea, considerada hipotéticamente (y erróneamente) como  una fuente hídrica inagotable. Como resultado de esta implacable succión permanente, ha brotado, por efecto de la capilaridad, la sal agolpándose en la superficie, dejando hoy a la vista vastas superficies de terreno blanquecino, fuertemente salinizado. Sal prácticamente pura (NaCl). Tales sectores salinizados,  no solo no permiten hoy el crecimiento de  algún tipo de sotobosque  (arbustos pequeños o hierbas pequeñas, sino  que  dejan el terreno fuertemente alcalino (rico en el ión sodio) y, en consecuencia,  totalmente inepto para cualquier tipo de cultivo o aprovechamiento agrícola futuro.

¿Por qué no hay reposición o recarga de los acuíferos subterráneos?.

Es bien sabido en la historia geológica reciente (últimos 20.000 años)  que han ocurrido distintos procesos a partir del término del último período glacial o glaciación, llamado la glaciación Wisconsin ( o glaciación Würm en alemán) entre los años 110.000 a 15.000  A.C..  Después de esta glaciación que cubrió inmensos sectores de toda la tierra con enormes capas de hielo, se sucedieron diversos períodos, con un lento retiro de los hielos y el aumento gradual de la temperatura, lo que permitió el desplazamiento y desarrollo paulatino de la vegetación que fue ocupando, poco a poco,  los terrenos otrora cubiertos por los hielos. Entre los 50.000 y 30.000  A.C. se desarrolló el llamado "Período pluvial"  (del latín pluvia = lluvia) que se caracterizó por una elevación de la temperatura y la presencia de gran cantidad de lluvias. Es en este período en el que la pampa de Tamarugal  fue cubierta periódicamente por gigantescos aluviones de agua y barro arrastrados por las más de 20 quebradas que bajan del macizo cordillerano de los Andes, aportando enormes cantidades de agua al subsuelo y alimentando así las napas o estratos subterráneos.  Hacia los 10.000 A.C. se inicia el período llamado del Holoceno con elevación de la temperatura y  disminución paulatina  de las precipitaciones.  Entre los años 6.000 y 2.500 A.C.  tiene lugar el llamado "Optimum climaticum", con temperaturas suaves y abundantes lluvias que permitirán en América el desarrollo de las civilizaciones humanas más tempranas, entre ellas Caral (4.000 A.C.)  o Chavín de Huántar (2.500 A.C.), ambas  en el Perú.  Aluviones sucesivos cubren enormes superficies de la pampa y parte importante  de su agua (la que no se evapora) se infiltra y se conserva intacta en las capas o estratos  subterráneos formadas por arenas, ripios y arcillas, creando las condiciones aptas para la formación de las napas freáticas o estratos subterráneos, saturados de agua.

Esfuerzos de recuperación.

Recientemente y desde hace aproximadamente un par de años, la CONAF (Corporación Nacional Forestal) desde  el fundo "Refresco" donde tiene sus instalaciones, ha tratado de remediar esta situación mediante  una enérgica poda de parte de los ejemplares presentes, en una franja de unos 100 metros de ancho  a ambos lados de la carretera, aproximadamente entre los km 1770 y 1760 de la Panamericana. Las imágenes que siguen son ilustrativas  sobre el sistema   de poda seguido  y sus efectos inmediatos. 

Fig. 2.  Este ejemplar de tamarugo (Prosopis tamarugo Phil)  alcanzó una edad aproximada a los 35 años antes de morir.  ¿Por qué -nos preguntamos-  pereció a tan joven edad?.

Fig. 3.  Desde hace un par de años, los ingenieros agrónomos de  la CONAF  (Corporación Nacional Forestal) de Chile han iniciado un ensayo de enérgica poda de los ejemplares aún vivos   para estudiar sus posibilidades de regeneración, eliminando para ello todo el ramaje seco. Así los troncos primitivos que en número de 5-8 solían  brotar, a corta distancia de suelo, dando lugar a un ejemplar frondoso, han terminado su vida en un tronco único, como se puede observar en la imagen.   El ramaje seco ha sido acumulado en sectores donde será  eventualmente quemado.
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Fig 4.   A mediados del año 2017 observamos dos lugares próximos al Fundo "Refresco",  de la Reserva Pampa del Tamarugal, donde se ha hecho una explotación  de los troncos producto de la poda, mediante la elaboración de carbón de leña in situ.  En esta imagen podemos observar una concentración de  carbón desmenuzado el que será seleccionado y ensacado, para proveer el mercado local. El sistema de quema del carbón es -según hemos podido observarlo personalmente- sumamente primitivo. Se  entierran los troncos a poca profundidad, siguiendo una línea dada, y se le enciende  por ambos extremos.  Se deja así dos extremos  al aire, por donde pueda circular el aire, impulsado por el viento de la tarde, que se encarga del lento proceso de la quema bajo tierra y de la formación de carbón. Este lento proceso de  quema, según sea  la cantidad de troncos enterrados, puede durar semanas.

 Fig. 5.  Dos camiones  cargados de sacos de carbón recién elaborado. Está poniéndose el sol y son más de las  20.00 hrs.  Desde la carretera, pudimos captar esta imagen (Foto H. Larrain,  Agosto, 2017).

Fig. 6.    Este  enorme camión que debe cargar más de 1.000 sacos de carbón de tamarugo, está pronto para partir. Su destino según nos informamos, es la ciudad de Santiago.  (Foto H. Larrain,   Agosto 2017.

¿Quiénes fueron los ejecutores de la poda?.

Según nuestra sospecha, habrían sido los propios carboneros quienes efectuaron la feroz poda, dejando un único tronco sobreviviente por cada ejemplar de árbol. Siendo así, nos asalta la duda de si el carbonero ha  pensado en la mejor forma de supervivencia para los ejemplares tratados, dejando en pie los troncos más robustos y sanos, o, por el contrario, eligió para  ser convertidos  en carbón, los troncos más  saludables y  fuertes.  Al parecer,   no habría habido aquí una cuidadosa selección previa  de las ramas o troncos a cortar  por parte de un  especialista forestal.  Tal tarea, al parecer,  habría sido confiada a los propios  explotadores del carbón. 

Fig.  7.    En esta imagen se puede ver  el humo que aún se desprende  de  los lugares de explotación de carbón. Los carboneros viven durante semanas en rústicas cabañas de madera, junto  a los "hornos" de quema y un vehículo les surte semanalmente de agua y alimentos. En nuestra visita del día  10 de agosto 2017, hallamos a dos jóvenes aymaras procedentes de la ciudad de  Oruro, en Bolivia, encargados de la faena. Eran los responsables de la quema, y luego del envasado del carbón en sacos de fibra plástica color blanco, de unos   20-25 kg cada uno. Nos dijeron que el destino de la carga del camión, era la ciudad de Santiago. Allí se vuelve a empacar en  envases pequeños, de papel grueso, con la etiqueta correspondiente: "carbón de tamarugo".

Fig. 8.  El destino del ramaje, producto de la poda, es alimentar las panaderías locales  o la quema in situ.    Inmensa cantidad de valiosa materia orgánica  (y celulosa)  de este modo se pierde para siempre por falta de una política  de  aprovechamiento local adecuado (v.gr. para la confección de abono vegetal).

Fig. 9.  Los árboles,  una vez fuertemente podados, al poco tiempo empiezan a brotar en su base. Ramas nuevas aparecen, en gran número, alrededor del tronco. Hoy casi no hay, como en decenios anteriores, (1970-1980) manadas de cabras y ovejas que  puedan consumir  ávidamente las ramas tiernas. Sin embargo, en un par de ocasiones, hemos observado allí  pequeños hatos de cabras,  guiados por pastores  bolivianos sumamente pobres y desaseados (año 2013). Suponemos que cuentan con el permiso de la CONAF para pastar allí.  
Fig. 10  Camión cargando ramas y troncos secos, rumbo a las panaderías de Pozo Almonte   (10 de agosto 2017, foto H. Larrain).


Fig. 11. Observe la forma y aspecto natural  del tamarugo en la pampa. Presenta normalmente  de 3 a 7 troncos que se separan desde el suelo mismo, conformando un excelente espacio de sombra. La feroz poda inflingida recientemente  a estos árboles, ha dejado tan solo un tronco visible en cada árbol. Nos preguntamos qué ocurrirá con la repentina disminución significativa del área sombrada en esta pampa. Sin duda, aumentará notablemente la  insolación del terreno  y  la tasa de evaporación in situ. ¿Con qué consecuencias para el futuro del bosque?-. No lo sabemos a ciencia cierta.

Fig. 12.  Originalmente, los tamarugos fueron plantados  en hileras,  a muy corta distancia uno de otro. En algunos sectores hemos comprobado que  una planta distaba de otra, al momento de ser plantada,  apenas  tres metros, o menos aún. ¿Para qué?  Tal vez para un máximo aprovechamiento del agua, por parte de los árboles, durante el corto período en que fueron regados, luego de ser plantados. Tal vez, para lograr  amplios sectores de sombra, que favorecieran  el descanso y alivio de los animales que, desde un principio,  se pensó en criar en gran escala en este tamarugal. Experiencia  que, por desgracia,  a la postre resultó ser negativa. Decenas de trabajos de agrónomos, fueron publicados entre los años  1960 y 1990, publicitando la introducción de razas especiales de ganado caprino o lanar, experiencias que  finalmente no tuvieron éxito y fueron abandonadas. (Consulte al respecto los trabajos del agrónomo  Italo Lanino  y otros; ver infra).   

El Tamarugal en el pasado histórico.

En su famosa "Descripción del Valle y Partido de Tarapacá", el  Teniente de Gobernador español don Antonio O´Brien  (1765) pronosticaba ya que si no se ponía atajo en esta pampa a la corta de árboles, para leña y carbón, muy pronto nada quedaría del legendario bosque. Corta que tenía por objeto inmediato alimentar las explotaciones de plata. Con mirada certera, previó el sagaz sevillano que era preciso detener y controlar la tala del bosque, so pena de  acabar con la especie.  No sabemos exactamente qué tipo de medidas tomó para ello, pero  lo cierto es que, al parecer,   nadie le hizo caso en su época:  los poderosos mineros piqueños y tarapaqueños  siguieron  impasibles cortando árboles en torno a los antiguos puquios o pozos, produciendo el codiciado carbón de leña y cortando  troncos, elementos indispensables  para la explotación de la plata en la azoguería de Tilibilca, junto al pueblo de Tarapacá y en buitrones próximos a la Tirana. Menos aún se preocuparon del problema durante el ciclo salitrero (1830-1930) cuando sus gruesos troncos alimentaban incesantemente los fuegos en  las primitivas  "Salitreras de Paradas"   y sus enormes calderos de hierro, acarreados en carretas tiradas por 6 a 8 mulares.  

La vegetación antigua en la pampa del Tamarugal.

Fig. 13.  Fotografía  tomada  al Plano de la Pampa de Yluga", de  Antonio O´Brien que muestra bien las áreas forestadas antaño. (publicada en la revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. 1, Nº   1,  1974, frente pág. 22).

En su bien conocido "Plano del valle y pampa de Yluga", el Teniente de Gobernador nos presenta con notable precisión,  hacia el año 1765, el estado  de la cubierta vegetacional en la pampa de su época. En efecto, dibuja y distingue cuidadosamente la presencia de zonas pobladas de árboles de tamarugos de  otras zonas cubiertas de un matorral bajo de "pillallas", nombre con que designa a los arbustos del género Atriplex (Atriplex atacamensis), tan abundantes en la zona hasta el día de hoy. También señala las áreas desprovistas de bosque natural o matorral. La pillalla, aunque crece naturalmente en forma de enormes cúmulos de tipo semi-circular, que pueden alcanzar hasta  4-5 metros de altura,  produce solo ramaje muy delgado, totalmente insuficiente para los requerimientos de la minería de la época, la que necesitaba de elevadas temperaturas para la fusión del mineral. Por este motivo, se dio preferencia a la tala de ejemplares corpulentos de tamarugos, especie arbórea casi única en este bosque.  Aún hoy podemos observar en los alrededores de las localidades de La Tirana y Pozo Almonte,  árboles aislados de tamarugo, que presentan a sus pies una típica formación de cerrillo o cono truncado, producto de la incesante acumulación de follaje seco que se ha acumulado con el tiempo  en torno a su base, incrementado  de continuo con el arribo de arenas finas acarreadas por la acción de los vientos. Basta escarbar un poco en este material, cerca de la base del árbol, para tropezar con grandes cantidades de astillas de madera, residuo y testigo inconfundible de la corta y tala  continua del árbol, efectuada en distintos períodos anteriores. Como no llueve casi nunca en la pampa, este material vegetal se mantiene casi intacto, sin descomponerse, bajo una tenue capa de arena fina.  

Cita ad litteram del texto de O´Brien   (1765):

Nos parece de interés en este capítulo del Blog,  citar ad litteram  y comentar la magnífica y detallada descripción que nos dejó el sevillano don Antonio O´Brien  en el año  1765. En el capítulo VII de su Descripción que titula: "Descripcion del valle o Pampa de Yluga y de el Tamarugal", señala con el número 76, textualmente:

"Es un territorio  que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y que lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue. Se ven en este territorio muchas y dilatadas chacras, en las que permanecen  los rastrojos del trigo y maíz que produjeron.  Asimismo, hay en él gran cantidad de árboles que llaman tamarugos, algarrobos y molles, muchas y crecidas retamas con un espeso e intrincado bosque de monte bajo, que en parte lo hacen impenetrable, por esta parte frente del pueblo de Pica. Y es bastante húmedo y muy abundante de agua subterránea; hay en este sitio en el camino que se sigue desde el dicho pueblo [de Pica] para el cerro de San Augustín de Guantajaya, dos pozos que llaman Puquios, el más profundo es de catorce varas, y por lo regular tiene tres [varas] de agua y solo sirven para dar de beber a los que transitan por este camino porque hasta ahora no ha habido quien hubiere hecho una noria u otra máquina para regar algunas tierras. Es en algunos parajes salitrosa,  por la parte que sigue a la costa, pero a más de no ser mucho el salitre, es superficial, criando una costra de  cuatro a seis dedos de grueso, y el terreno debajo de esta costra es gredoso y dulce, y todo el resto de la Pampa es especial tierra para trigo y maíz. La última cosecha que se cogió seis años ha, llegó a dar ciento treinta y dos fanegas de trigo por  una, y desde entonces no ha vuelto a sembrar en ella por falta de agua".  (Transcripción nuestra tomada directamente de una fotocopia del original del Archivo de Indias, 1765,  Nº 76;  cfr. Archivo de Indias, Legajo Charcas, 490, Nº 76).  Solo se modernizó la grafía, ortografía y sintaxis al español actual,  para facilitar su lectura, sin cambiar ni una sola palabra del texto).

Comentarios a este texto:

1. Se indica aquí la constitución de la cubierta vegetacional del bosque antiguo del Tamarugal hacia mediados del siglo XVII. Señala O´Brien la presencia de solo tres especies de árboles en esta Pampa: a saber, tamarugos   (Prosopis tamarugo Phil), algarrobos  (Prosopis alba Griseb.) y  molles (Schinus molle L.). Entre los arbustos, distingue  por lo menos dos especies de arbustos que constituyen un "monte bajo": son las  "retamas", hoy llamadas también retamas o retamillas en la zona de Tarapacá (Caesalpinia aphila  Phil) y las pillallas  (Atriplex atacamensis Phil). Esta última, no aparece con este nombre en la "Descripción", pero  es específicamente nombrada en cambio, en  la leyenda de su "Plano de la Pampa y Valle de Yluga".  El "monte espeso e intrincado" es  con certeza,  el formado por las plantas de pillallas, y otras especies pequeñas como sorona (Tessaria absynthioides),  tal como aún hoy podemos observarlo, en gran densidad,  al ESE del poblado de Huara, hasta donde suelen llegar los derrames de aguas provenientes de las quebradas de Aroma y Tarapacá, en época de intensos aluviones estivales.

Consulte a este respecto nuestros capítulos previos en este blog:  "Flora endémica de la Pampa del Tamarugal y oasis aledaños: su uso en el pasado y en la actualidad"  (fechado 17 /01/2009)",  "La vegetación presente en la Pampa del Tamarugal a mediados del siglo XVIII:  un testimonio veraz del cartógrafo Antonio O´Brien" (fechado el 30/01/2016), o finalmente: "Observaciones recientes sobre Prosopis  spp. en la Región  de Tarapacá: curiosidades de un neófito" publicado  con fecha  03/02/2016.

2.  El texto hace alusión  a los extensos cultivos en tiempos antiguos aprovechando el agua de aluvión,  cuyas melgas, con sus respectivos rastrojos,  han quedado visibles en superficie hasta el presente. Estos campos de cultivo abandonados desde antiguo, se hallan  en las porciones terminales de las quebradas de Aroma y Tarapacá, y cubren centenares de hectáreas que  otrora, en tiempos de la bajada de  aluviones fuertes, fueron cultivados por los pobladores de las quebradas aledañas.  Estos descendían desde los pueblos precordilleranos,  por semanas o meses, a cultivar en el suelo de la pampa y allí se hacían sus  rústicas cabañas de cañas.

3.  Es ésta, a lo que creemos, la primera  y clarísima mención histórica sobre la existencia de chacras antiguas, de carácter arqueológico, abandonadas desde hacía mucho tiempo, en el piso de la Pampa del Tamarugal, estudio que posteriormente atraerá la atención del arquitecto iquiqueño Patricio Advis, del arqueólogo Lautaro Núñez  y de los geógrafos del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile (1971-75). El Teniente de Gobernador de  Tarapacá don  Antonio O´Brien observó en ellas rastrojos de antiguos plantíos de trigo y maíz y señaló la gran feracidad de esas tierras cuando eran  regadas.

Fig. 14.  Derrames del agua provenientes de las  quebradas de Tarapacá y Aroma, forman aquí un verdadero río. La planta que muestra notable desarrollo es la pillalla (Atriplex atacamensis Phil). Foto tomada en las cercanías del pueblo de Huara,  en Marzo del año ----  (Foto H. Larrain).

 La plantación del Tamarugal actual.

Sabemos que  la plantación del actual bosque del Tamarugal  fue fruto del trabajo de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) que entre los años  1960 y 1972 plantó decenas de miles de ejemplares de tamarugos, que preparaba y cultivaba en su predio  del  "Fundo Refresco", hasta hoy en posesión de la CONAF (Corporación Nacional Forestal).  La valiosa experiencia previa del español don  Emilio Junoy en la década de los años  30 del pasado siglo,  quien lograra reproducir  y cultivar vástagos de tamarugos en el fundo "El Carmelo" fue el acicate y modelo de esta actividad para repoblar  de árboles la pampa. En la actualidad  (año 2017),   la superficie  plantada de tamarugos por la CORFO alcanza las  16.130 hás.,  y se halla hoy al cuidado de la CONAF.  Los árboles, de un tamaño de aproximadamente 1 metro de alto fueron plantados en hoyos profundos, practicados bajo la cubierta salina del salar, desprendiendo primeramente  la dura costra salina superficial, y fueron regados artificialmente tan solo por espacio de un año, período durante el cual se suponía que las raíces de las  plantas  buscarían  por sí mismas el líquido elemento, penetrando profundamente en el subsuelo.

El bosque  actual del Tamarugal  comprende  tres sectores bien definidas : a) la zona norte, frente a Zapiga y Dolores,  (a pocos kilómetros al norte de la localidad de Huara), de más reciente origen, con árboles más jóvenes, y que registra,  en general, un excelente estado de vigor;  b)  la zona de los salares antiguos de Bellavista y Pintados,  al sur de la localidad de Pozo Almonte, donde  se observa hoy  la mayor degradación y mortandad del bosque  (zona de las imágenes aquí presentadas) ; y c), por fin,  un bosque ralo,  disperso, en gran parte  preexistente, en las proximidades de la localidad de La Tirana, donde aprovecha altos niveles freáticos del agua subterránea.

Octavio Castillo y sus estudios hidrogeológicos.

Como es sabido, los tamarugos, a diferencia de otros árboles,  poseen una potente raíz pivotante capaz de penetrar hasta los 25-30 m. de profundidad, en busca del agua subterránea.  Hasta hace un siglo y aún menos,  el nivel freático de agua subterránea, presente bajo los suelos  salinos de la pampa, era bastante más elevado que el actual. Particularmente en la zona de La Huayca y Canchones, el agua subterránea se hallaba todavía,  hacia 1955-60, apenas a  1-2 de profundidad, lo que permitió, por varios siglos, el cultivo intensivo en dicha zona de variedad de hortalizas, en los llamados "canchones", "mahamaes" o "chacras sin riego". Los trabajos de investigación del hidrogeólogo chileno Octavio Castillo Urrutia, en la década del sesenta del pasado siglo, (Cf. su  obra "El agua subterránea en el Norte de la Pampa del Tamarugal", Instituto de Investigaciones Geológicas, Santiago,1960), demostraron fehacientemente que las nuevas plantaciones de la CORFO, iniciadas muy poco antes, estaban contribuyendo fuertemente a hacer descender y bajar los niveles freáticos del agua, absorbida ahora por las decenas de miles de árboles recién plantados, ávidos de agua.  Castillo, ya en esa obra del año  1960 advertía acerca del peligro futuro de esta explotación que algún día podría tornarse severa. Y no se equivocó, ciertamente.  En efecto, el agua absorbida ávidamente por la nuevas plantaciones, desgraciadamente no era compensada por lluvias actuales sino era de carácter "fósil", es decir,  había sido antaño producto de copiosas lluvias altiplánicas, acaecidas en el período del Holoceno, esto es hace unos 8.000-10.000 años atrás, y no presentaba hoy recarga suficiente a través de los escasos y esporádicos períodos de aluviones estivales. La extracción incesante de agua subterránea por acción antrópica (esto es,  por la actividad humana)  a través de los miles de tamarugos plantados en la pampa, sumada a la succión creciente de aguas por obra de pozos y puquios labrados para la alimentación humana en las Oficinas Salitreras y, posteriormente, para la agricultura en las granjas agrícolas de la pampa, terminarían un día por "secar" las fuentes freáticas, carentes ahora casi del todo,  de recarga superficial. Es lo que desgraciadamente ha sucedido. 

 La potente poda reciente.

Hemos presentado más arriba  imágenes de la forma como la CONAF y sus ingenieros forestales están  atacando hoy el problema de la creciente degradación  del bosque. El tamarugo   tiene como forma natural el  emitir varios troncos aéreos, (hasta 7-8 o aún más)  que nacen prácticamente desde la base y terminan por conformar un follaje frondoso y tupido. En lugares donde encuentra suficiente agua subterránea, a poca profundidad, se desarrolla en forma espléndida pudiendo alcanzar  con facilidad  hasta los  15-18 m de altura máxima.

Fig. 15.   Ejemplares robustos de tamarugo, a orilla de la carretera Panamericana N-S. hacia  el km  1780. Aquí fueron plantados en filas orientadas  N-S, y  a una distancia uno de otro,  de  no más de 3-4 m. Cada fila  quedó separada de la siguiente por un amplio espacio  vacío, de unos 20-30 m   o más. nos llama la atención  la gran proximidad  (3-4  m) en que fueron plantados. Seguramente, con la idea de que formarían un  campo de sombra,  que permitiría disminuir y frenar  la altísima evaporación propia del desierto.  Como desde un principio se pensó, además,  en traer rebaños de cabras y ovejas,  que se alimentarían de sus brotes tiernos y de sus frutos, este sistema  entregaría suficiente sombra a los animales, durante su alimentación.  De hecho, se hizo, en un comienzo,  experiencias de adaptación y aclimatación de razas ovinas  y caprinas especialmente adaptadas al calor   (Cf. Italo Lanino y Mario Meza Mascayano: "Comparación de tres razas ovinas alimentadas con tamarugo (Prosopis tamarugo Phil), Pampa del Tamarugal",  Tesis, Universidad de Chile, Facultad de Agronomía, Santiago, 1966).
Fig.  16.   Así escurre el agua de color chocolate,  cuando bajan los aluviones desde las vecinas quebradas situadas al Este. (Foto H. Larrain,  Marzo del año  2004 ).
Fig. 17. Un solitario árbol de molle o pimiento (Schinus molle) en medio de la pampa, recibe el influjo benéfico de las aguas de aluvión.  (Foto H. Larrain,  Marzo del año 2004).

Fig. 18. Las aguas suelen cubrir extensas zonas de la pampa , donde se desarrollará, con gran fuerza,  especialmente  la especie aquí denominada  pillalla  (Atriplex atacamensis Phil).

Fig. 19.    La enorme cantidad de agua que se acumula por meses, tras un aluvión,  suele cortar las carreteras e impide el paso de vehículos. En algunos sectores, se forman pozas o lagunillas que sobreviven durante varios meses  antes de secarse por completo (Foto H. Larrain, marzo del año 2004).

Comentario eco-antropológico final.


1.  La poda actual, de la cual hemos entregado aquí unos pocos testimonios fotográficos, realizada recientemente en el Tamarugal a manera de prueba, nos parece una medida desesperada por recuperar la gigantesca plantación hecha por la CORFO entre  1960 y 1970.


2.  Tememos que  la vitalidad que se observa hoy en los renuevos, que han crecido con fuerza cerca de la base de los troncos recién cortados,  podría  ser  sólo una reacción  momentánea, una última defensa de la planta antes de  morir. Un postrer "canto del cisme".  En realidad, no lo sabemos. El tiempo nos lo dirá. 

3. Dudamos que  este tan drástico sistema de poda sea una solución definitiva al problema del bosque que a todas luces está muriendo,  aunque temporalmente, esta medida frenará sin duda  y mitigará en alguna medida la propagación de las pestes que aportan los insectos,  máxime las numerosas especies de polillas (Noctuidae) que se ceban en  el follaje verde.

4. Somos de la opinión de que solamente  una firme  y sostenida política futura de extracción de agua  de mar, previamente, desalinizada y traída en tubería desde el mar, permitiría la recuperación  y regeneración del Tamarugal; más aún, permitiría ampliar considerablemente tanto la plantación como la agricultura  en  los infinitos espacios  abiertos de la pampa, hoy casi carentes de vegetación. Miles de hectáreas podrían así ser utilizadas para beneficio de futuras comunidades de agricultores en la pampa.  ¿Es este solo un sueño, o una realidad ad portas para la Región  de Tarapacá?.

5.  Se cumpliría así el sueño profético del Teniente de Gobernador de Tarapacá el visionario  sevillano Antonio O´Brien  en 1765, expresado  en su famosa "Descripción de Tarapacá", a la que hemos aquí hecho referencia.  Escribía O´Brien  en esos años: "Es un territorio que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue" (sic!).

6. Veremos en los  años venideros si la  potente poda que se ha realizado recientemente, a manera de prueba, en una franja a ambos costados de la carretera panamericana,  surte algún efecto positivo  en el desarrollo futuro de la especie tamarugo  in situ. Ojalá ésta resultara beneficiosa para el bosque y la Reserva. Pero dadas las actuales condiciones de sequedad, más el imparable incremento global de la temperatura por obra del calentamiento global  -tal como nos lo señalan algunos lectores-,  dudamos sinceramente de ello.  Ojalá nos equivoquemos.

7. Este acelerado proceso actual de cambio en el Tamarugal debería ser seguido con especial cuidado por los especialistas ecólogos, biólogos,  botánicos o ingenieros forestales ( y no solo por la CONAF local),  para evitar que  a la postre "el remedio sea peor que la enfermedad". 

8. El bosque del Tamarugal no solo es valiosísimo por las especies endémicas (vegetales y animales) que  en sí encierra,  sino por su importancia como regulador del clima en esa región.










jueves, 18 de febrero de 2016

Un ecosistema de aluvión: remanentes vegetales del aluvión de Marzo del año 2012 en la pampa del Tamarugal.

El objeto de esta nota es mostrar  con imágenes lo que queda hoy en este pequeño oasis, después de cuatro años del gran aluvión  de febrero del año 2012, en las proximidades del oasis de Matilla (junto a Pica), Primera Región de Chile. Con anterioridad a este aluvión, aquí no había planta alguna viva, aunque eran visibles en su superficie algunos  troncos y ramas de árboles secos, de diversa talla, testigos mudos  de avenidas producidas tal vez en decenios  anteriores. El lugar se encuentra en las coordenadas 454197 E y 7732273 S. a 1.112 m sobre el nivel del mar.

 Fig. 0.   El aspecto general que ofrecía este pequeño oasis  en nuestra visita del día 15  de Enero 2016. En medio de la imponente inmensidad de la planicie arenosa, carente de vida, de pronto aparece este manchón verde, rebosante de vida vegetal y animal.

Fig.1.   Vista parcial  al ecosistema vegetal formado en la Pampa del Tamarugal, en el área de la desembocadura de la quebrada de Quisma, por efecto directo del gran aluvión de Febrero 2012.   Vista tomada desde el sureste hacia el norweste.  Por espacio de casi 2 km se extiende hacia el poniente esta formación vegetal, como  continuidad natural de la quebrada de Quisma.

Una  observación hecha cuatro años después.

Acabamos de realizar, el día 15/02/2016,   una observación de terreno  (un survey, en inglés) de las especies vegetales y animales  que se puede encontrar vivas hoy, al cumplirse   exactamente  cuatro años del  potente aluvión ocurrido los días 11 y 12 de febrero del año 2012.  Aquel año,  corrió una enorme cantidad de agua por la quebrada de Quisma, junto al oasis de Pica, destruyendo o sepultando gran cantidad de  chacras,  pozos de agua  y plantaciones sitas en el lecho de la quebrada. El aluvión con su enorme fuerza expansiva inicial, no perdonó nada:  unos sesenta pozos, construidos pacientemente por los parceleros (en su mayoría aymaras) y todas sus chacras, fueron "barridas" en pocas horas.  Casi todo lo existente en el fondo de la  quebrada -normalmente seca- fue literalmente destruido y arrastrado aguas abajo (árboles,  palos, plantas, herramientas,  ramas y semillas),  por este fenómeno atmosférico  fruto del llamado "invierno altiplánico"  o "invierno boliviano".

Un vergel visto a la distancia.

En nuestros viajes semanales a Pica, a nuestra parcela,   tuvimos la oportunidad de observar hacia el Norte, a la distancia de   un kilómetro aproximadamente,  desde el trazado de la carretera que une Matilla con  Pintados, un notable y extenso verdor que cubría una porción de la pampa, allí donde viene a morir la quebrada de Quisma, cuando baja el agua de aluvión y se expande hacia el oeste en la interminable llanada de la Pampa del Tamarugal. Mi curiosidad era  grande: ¿qué especies  habrían logrado sobrevivir durante este lapso de tiempo  de  cuatro años?;  ¿habrían logrado implantarse algunas  especies arbóreas (es decir, árboles) entre ellas?; ¿ de qué especies?; ¿En qué estado se encuentra hoy esa vegetación?. Y, por fin, ¿habría todavía algunas especies animales viviendo en este ecosistema aparentemente  efímero, de corta duración?. Con estas dudas  in mente, nos aventuramos en el lugar a pie, tras dejar el jeep a unos  800 m de distancia, en la carretera.

Una experiencia previa en la misma zona.

Por fortuna, disponíamos de un valiosísimo dato comparativo a nuestro favor.  El año 2012, seis  meses después del evento del aluvión  (Agosto 2012), nosotros habíamos  hecho un catastro detallado de todas las especies presentes, logrando  un interesante registro fotográfico que presentamos como capítulo de nuestro Blog  el día 29 de Junio del  año 2012 con el título de:  "Una nueva visita a la pampa anegada por el aluvión de Marzo 2012:  floración tardía y vida animal".  Puede Ud. consultar  dicho documento en este mismo Blog.
             

Fig. 2.   Panorama de la misma área en agosto del año 2012,  seis meses después del aluvión.

Fig. 3.   El lecho  excavado en la superficie de la pampa arenosa por el torrente de aluvión, en febrero de 2012. Arriba, plantas en flor de la especie Cistanthe amaranthoides   (Foto H. Larrain  Agosto 2012).   Toda la vegetación observada in situ  es de origen reciente. Abundaban las plantas anuales y aparecían por todas partes los cañaverales.

Fig. 4.  Imagen actual. Vegetación surgida  con posterioridad al l aluvión del año 2012.  Un tamarugo y ejemplares crecidos de Atriplex atacamensis  (pillalla).  (Foto H. Larrain,  Enero 2016).

Fig. 5.  Vista de Weste a Este. A la izquierda, sección vegetada terminal de la quebrada de Quisma, como resultado del potente aluvión del año 2012. Del centro hacia la derecha, se distingue, a lo lejos,   el vergel de Matilla y sus  chacras, distantes unos  3-4 km.   Este pequeño oasis se presenta como una solución de continuidad con  la quebrada vegetada de Quisma, de la que la separan, sin embargo,  varios kilómetros de   desierto absoluto.

La vegetación detectada.

En las imágenes que  siguen a continuación,  mostramos las especies vegetales que detectamos en esta visita a este oasis, con  un pequeño comentario nuestro acerca de su  estado de conservación. Las últimas aguas corrieron por aquí en el mes de Marzo 2012. A pesar del tiempo transcurrido (4 años), nos ha impresionado la vitalidad  y pujanza de las especies vegetales presentes. Nos preguntamos a qué se debe tal persistencia. Intentaremos ofrecer  alguna respuesta a este enigma.

Fig.  6.  Planta de pillalla (Atriplex atacamensis).   Esta especie, tan típica de la pampa del Tamarugal, ostenta aquí una altura aproximada a los  1,50 m. y ha producido ya flores y semillas. Sus brotes tiernos  fueron comidos ávidamente por  cabras,  burros y llamas, en la antigüedad. Sus ramas  y hojas secas fueron un excelente combustible para el viajero. 

Fig. 7.  Ejemplares de pillallas.

Fig. 8.  Aproximación  hecha a una rama de pillalla con semillas de la misma planta.

Fig. 9.  Ejemplares de Chilcas  (Baccharis chilca). Al lado izquierdo, atrás,  grupos de Tiquilia  tapizan el piso del lecho.

Fig. 10.  Hermoso y vigoroso ejemplar de chilca  (Baccharis chilca) que se alza  a unos dos metros del suelo.  Sus semillas,  han dado lugar a  ejemplares juveniles que brotan del suelo.

Fig. 11.  Floración de la chilca  que suele atraer a  especies de dípteros e himenópteros. Sus pequeñas semillas son comidas aquí por pajarillos  como el chincol (Zonotrichia capensis),  en cuyo follaje divisamos un par de ejemplares en nuestra última visita.

Fig. 12. Inflorescencia  de Baccharis chilca, de un color lila suave.  Hojas  gruesas y dentadas. Las hojas y ramillas producen una especie de goma  pegajosa. Sus ramas fueron antiguamente muy utilizadas como material para la construcción de  muros o de techumbre de  chozas de  emergencia en las chacras.


Fig. 12.  Diversos momentos de la inflorescencia de Baccharis. Sus flores compuestas expiden un suave aroma.

Fig. 13.  Plantas  nuevas de la  asterácea  Baccharis chilca. No deben tener más de un año.   Han crecido en medio de ejemplares de Tiquilia grandiflora, que tapizan  el lecho del antiguo cauce.
Fig. 14.  Hermoso y bien desarrollado ejemplar de la  planta perenne Tiquilia grandiflora, de la familia botánica de  las Boragináceas  de la que en el desierto chileno se reconocen varias especies, de flores  muy pequeñas.

Fig. 15.  Llamativas flores de Tiquilia grandiflora  (Phil) Richardson.  Sus pequeñísimas hojas, que miden menos de un centímetro de largo y sus  ramillas  son todas muy velludas (con gran densidad de pelitos blancos), muy  aptos para captar  y condensar la humedad del rocío  matutino. Tiene esta planta tan pequeña una enorme resistencia a la sequía y es la única planta perenne que hemos visto prosperar y desarrollarse en   arenales muy secos, donde no subsiste ninguna otra planta. 

Fig. 16. Hemos observado que los innumerables pelillos de hojas y ramillas   atrapan  numerosas partículas de arena (cuarzo), las que, suponemos , tienen algún tipo de  injerencia en su forma de captar el agua en las madrugadas. No de otro modo  nos podríamos explicar su sobrevivencia en un medio tan árido, donde el agua  subterránea  queda a muchos metros de profundidad, totalmente fuera del alcance de sus raíces. Sospechamos fundadamente que el rocío de las madrugadas constituye su principal fuente de  agua. No conocemos estudios científicos sobre su fuente de abastecimiento de agua en estos desiertos.

Fig. 17. Nos sorprendió mucho hallar esta especie arbórea.  No es ni algarrobo ni tamarugo, como podría sospecharse a primera vista.  Se trata, sin embargo, de una especie aparentemente introducida, asilvestrada, que hemos visto en abundancia en el lecho de la quebrada de Quisma, donde forma pequeños bosquetes casi impenetrables, por sus gruesas  y poderosas espinas. Creemos se trata de una especie de Acacia, de origen australiano,  introducida tal vez, durante la época  republicana  (?), como árbol leñoso, especial para  hacer cercos de propiedades, a causa de  las aguzadas espinas que impiden el paso.

Fig. 18.  Observe Ud. sus potentes espinas que bien pudieron ser usadas antaño como firmes clavos. Pueden llegar a medir hasta   8 cm de longitud. Hojas compuestas  de 22-26 folíolos  imparipinados.

Fig. 19.  Glomérulo de flores  de tipo esférico, muy característico de los aromos del  género Acacia. 

Fig. 20.  Vainas de esta especie de aromo (Acacia sp.).   Longitud entre 9 y 12 cm. La vaina madura, a diferencia  del algarrobo,  presenta un color pardo o morado débil  y tiene cierta semejanza con el fruto del algarrobo del Mediterráneo (Ceratonia siliqua).

Fig. 21.  Zoom  hecho a las vainas de esta misma especie.

Fig. 22.  Plantas nuevas de Disticlis spicata o "grama salada",  (Fam. Poaceae), especie muy común antaño en la Pampa del Tamarugal cuando el nivel freático era mucho más elevado que en la actualidad. Era comida en caso de necesidad por  asnos, cabras y aún ovejas.  Se la encuentra en toda América, desde el Canadá hasta la República Argentina. Sus hojas filosas terminan en una aguda punta, capaz de causar escozor al tocarla accidentalmente.

Fig. 23.    Estratigrafía observable  a los costados del arroyo hoy seco, que muestra  antiguos estratos  acumulados por sucesivos aluviones en el pasado. La diferente coloración alude a su diferente  constitución, más o menos arenosa o limosa.

 Fig. 24.  Ejemplar de tamarugo (Prosopis tamarugo).  Observe  su tendencia a producir un follaje de ramas bajas las que son comidas por guanacos, llamas, cabras y  ovejas.
Fig. 26.  Perspectiva general  del área vegetada que corresponde al cauce del aluvión de un ancho aproximado a los  20 metros. Los puntos más blanquecinos corresponden a limos finos en suspensión arrastrados por   el torrente. Los árboles ocupan, a ambos costados,  los bordes del arroyo, mientras que  la parte central está  cubierta por  grandes ejemplares de Tiquilia grandiflora, formando manchones.
                           
Fig. 27.  Ubicación geográfica del mini-oasis respecto de Matilla y la carretera asfaltada a Pintados.


Comentario ecológico cultural.

1.  Pudimos constatar in situ la presencia de un total de  siete especies vegetales, todas perennes. No se vio ninguna planta  anual durante nuestro breve recorrido. Todas son nativas de la zona, con la sola excepción de Acacia sp., asilvestrada aquí. Las plantas anuales que hubo aquí, fenecieron hace tiempo. El sitio se halla a un kilómetro al SW de las últimas parcelas agrícolas de  Matilla, y separado de éstas por un trecho de tierra totalmente seco y estéril.  El cauce seco de aluvión se extiende por varios kilómetros hacia el poniente,  hasta rematar en  la plantación artificial (hecha por CORFO  entre  1960 y 1970) de tamarugos en la pampa. La vegetación que presenta, a lo largo de varios kilómetros,  en dicha dirección, esperamos inspeccionarla pronto. Nos interesa especialmente  constatar qué especies vegetales  logran avanzar, vivas,  hacia el poniente, en plena pampa reseca.

2.  Las plantas se están abasteciendo de aguas subterráneas que, seguramente, siguen afluyendo bajo tierra, siguiendo el curso mismo de la antigua quebrada y, en parte, de pequeños flujos de aguas subterráneas provenientes del riego de  las parcelas.  Aromos y tamarugos estarían así,  probablemente, captando agua del subsuelo a profundidades no mayores a  5-8 m. 

3.  Sospechamos que  la planta rastrera  del género Tiquilia  sp. es capaz de  condensar y absorber el agua  del rocío matutino, intenso en algunos meses del año. No sabríamos mediante qué mecanismos. Pero  su  abundante vellosidad así lo estaría sugiriendo.  Asombra su capacidad para resistir la sequedad ambiental. Hemos observado que tiende  a formar nebkas, esto es,  montículos de arena  que el viento arrastra  y  la planta atrapa, creciendo en forma de cúmulos semicirculares que la plantas corona. Por lo cual,  nos parece que esta planta podría ser una  excelente fijadora de dunas viajeras. 

4.  La fauna observada fue la siguiente: una pareja de pajarillos (¿chincoles?),   buscando semillas en los arbustos de  Baccharis  chilca;  una pequeña avispa en flores de Tiquilia sp., un ejemplar de la mariposa Hyles annei (Fam. Sphingidae). La observación  no pretendió, obviamente, ser exhaustiva  y no incluyó, por el momento,  inspeccionar el follaje seco bajo los árboles y arbustos.

5. Escribíamos en agosto del año 2012: "Por cuánto tiempo más van a sobrevivir esas plantas?. ¿Dejarán descendencia? . ¿Cuándo volverá a bajar el aluvión, trayendo la vida?. Es un enigma que nos asombra y nos maravilla. Es esto, precisamente, una de las cosas que nos atrae tan poderosamente en este desierto: el aferrarse de la vida "con dientes y uñas" en los parajes más insólitos y áridos del planeta". 

6.  Hoy, escribiendo  en Febrero de 2016, podemos afirmar, en base a la experiencia de terreno, que el milagro de la vida  prosigue allí intacto y que, a pesar de la falta de agua,  y al hecho de que el aluvión no ha vuelto a presentarse nuevamente desde aquella fecha, las plantas han logrado vivir y crecen, demostrando  su enorme capacidad de  sobrevivencia, con un mínimo de agua, hecho  que a la vez  nos asombra y embelesa. Una vez más, el "misterio de la  expansión  y difusión de la vida"  nos presenta sus enigmas los que,  solo en pequeña parte,  podemos vislumbrar a través del conocimiento científico actual. 












martes, 9 de diciembre de 2014

Una mirada eco-antropológica a un viaje: de Diego de Almagro al antiguo mineral de Potrerillos.

Un viaje para el recuerdo:  reflexiones eco-antropológicas al pasar.


Fig. 1.  Cartel de recepción a la entrada del "Parque temático": Anuncia nuestro VIIº Encuentro de Historia local. Las fotos del recuerdo del "Pueblo Hundido" de antaño: "sangre, sudor y lágrimas...".

En busca de Diego de Almagro.

En días pasados, hemos viajado a una ignota y  casi desapercibida localidad de la IIIª Región de Chile: el pueblito de Diego de Almagro. Semioculto entre cerros  color amarillento o  gris parduzco, el pueblo -antiguamente llamado "Pueblo Hundido", por  esconderse al fondo de una antigua cuenca- nos sorprende  y embelesa. Aquí vive una laboriosa comunidad  de raigambre minera,  formada por antiguos pirquineros y cateadores de minas y sus descendientes. Su población apenas se alza sobre los  8.500 habitantes.  A pesar de su extrema pequeñez  y enorme alejamiento de las ciudades cercanas (Copiapó dista unos  165 km.; Chañaral, otros tantos), el pueblo -antigua estación de ferrocarril del "Longino" que alcanzaba hasta Iquique.-   muestra hoy una vitalidad  y  un amor por  la cultura que nos toma por sorpresa. Albergaba  esos días  a un grupo de investigadores, venidos de diversos rincones del norte chileno, a presentar sus trabajos sobre historia, arqueología,  geografía, fotografía histórica o iconografía.  ¿Aquí, en medio de un paisaje estéril  y desolado, donde ni siquiera se asoman a husmear los guanacos o zorros del desierto,  interesan vivamente la Historia, la Cultura ?.  Sí, así es, y  tal  novedad nos intriga,  nos  cautiva y nos deja en realidad boquiabiertos.

Una cita con la historia local.

Diego de Almagro, sus amas de casa, sus estudiantes, sus  hombres de manos callosas  y cabellera gris,   escucharán en respetuoso silencio  versadas exposiciones de doctos investigadores. Los visita nada menos que el Premio Nacional de Historia  2014, el sociólogo e historiador de la pampa salitrera Sergio González Miranda para animarles a reescribir la historia regional y local,  aquella que no figura en los Manuales de Historia o de Geografía  ni menos en  las Actas oficiales del Congreso Nacional. Parece un contrasentido, un absurdo: ¿discutir sobre historia o geografía aquí, "en medio de la nada"?. Pues sí,  aquí  en este extremo norte del Chile anterior  a la Guerra del Pacífico, un grupo de soñadores decidió construir un paraíso para la cultura y la investigación. ¿Por qué?  Resulta un hondo misterio para nosotros,  afuerinos, venidos de la costa  y de la  gran ciudad. ¿Cómo y por qué  se decidió construir aquí un "templo" a la cultura y a la investigación donde apenas existen un par de escuelas y un minúsculo Liceo?,  Pues así es, ni más ni menos. Un enigma más  de los muchos que nos plantea este desierto nuestro, ávido de respuestas, mezquino de soluciones.

 
 Fig. 2.  Una colorida  feria en el pueblo. Hoy es día Sábado. No falta el simpático "viejito pascuero". Se acerca la Navidad, ¡qué duda cabe!. La gente se vuelca  a  mirar y elegir los regalos navideños.



Fig. 3.  Concurrida feria  a un costado del Parque Temático: variada  oferta  navideña. El paseo obligado de las mamás con sus hijos pequeños, al parecer, única entretención en este simpático pueblo, alejado del mundo político, el bullicio citadino,  sus afanes y sus intrigas.

El  "Parque Temático" de Diego de Almagro.

Aquí, junto al "Parque temático" de  novedosa y espléndida arquitectura en madera y latón, orgullo de la Región, obra de un dieguino de cepa, don Sergio Miranda, comienza nuestro viaje. Nos dirigimos a Potrerillos, mineral de cobre explotado  desde el año  1920 o poco antes. Hoy yace desierto y semi abandonado. Estamos en una  región esencialmente minera, donde todo nos habla de  minas, pirquines, escorias, cobre o plata; donde  los paisajes multicolores de los cerros   invitan  al fotógrafo o al artista  a buscar una nueva y genuina  inspiración. Aquí, donde el agua es un milagro escaso y la vegetación, un tesoro casi inaccesible; esquivo y receloso.  Excepto cuando tímidos aguaceros  visitan muy de tanto en tanto estas tierras sedientas,  y sus  quebradas hoy  desnudas se cubren de coloridas  flores  y raros insectos caminantes. Esto ocurre cuando el "desierto florido" los visita,  generoso y espléndido.

El álbum de fotos de nuestro viaje.

Las fotos que siguen, tomadas desde el bus que nos transporta,  son testigos de lo afirmado aquí. Subiremos paso a paso  por tortuosas vías, llenas de recovecos y curvas,  hasta casi los  3.000 m de altitud.


 Fig. 4.  El paisaje que circunda el pueblo: en múltiples tonos del café,  el pardo y el gris en amena conjunción. Los  alrededores de  Diego de Almagro lucen así: cerros, rocas, arenas  y mucho, muchísimo  sol.

 Fig.  5.  En el "Parque Temático": la novedosa arquitectura que combina elegantemente maderas y latón. Obra del arquitecto dieguino Sergio Miranda.

 Fig. 6.  Un costado del Parque: entre el verde  y el  variado color de la madera.

 Fig. 7.  Acceso al Salón de Conferencias. Madera y latón alternan  en forma hermanada. Ingeniosa conjunción de materiales salitreros de antiguo cuño.


Fig. 8.  El frontis  y  acceso (Este) del Parque.


Fig. 9.  La roca usada hábilmente como elemento decorativo.


Fig. 10.  Vivo contraste entre rocas, verde (pasto), maderas  y latón café oscuro.  Se logra luminosidad, colorido y  reposada  majestuosidad.

 Fig. 11.   El salón de conferencias con capacidad para unos  80 a 100  espectadores..

 Fig. 12. En viaje hacia  Potrerillos: pampas, cerros desnudos  y diseños labrados por el viento.

Fig. 13.  Estrías del escurrimiento superficial en laderas: rillwash paralelo  producido por lluvias ocasionales.

Fig. 14.   La evolución geológica de estos cerros  delata la actividad de procesos orogénicos  (es decir de formación de las montañas)  de variada índole y hermosa textura. 

Fig. 15. Esta foto corresponde  al lugar llamado Inca de Oro. Aquí existe hoy una planta de energía eléctrica  de paneles fotovoltaicos. Por fortuna, se ha incorporado el árbol (eucaliptus y  palmas) como  adorno en este adusto y enjuto paisaje  minero.

Fig. 16.  Una pequeña planta minera de lixiviación de minerales de cobre.

Fig. 17.  Grandes  conos de deyección  de aspecto triangular caen sobre la  planicie, como  fruto de escurrimientos  antiguos, hoy  ya  relictos.

Fig. 18.   Cerros "dibujados"  por la acción del agua, tal vez hace cientos o miles de años.

Fig. 19. El colorido amarillo-verdoso de la superficie del piso de la quebrada   delata en forma indesmentible  la presencia  antigua  de  lixiviación de minerales hecha mediante el uso del ácido sulfúrico (H2SO4).

Fig. 20. Una pequeña planta lixiviadora de cobre. Hoy ya de para. Observe  el color amarillo-verdoso, fruto del procesamiento de minerales de cobre.

Fig. 21.  Aquí casi no llueve. Muy rara vez  cae algo de agua y  generalmente muy poco...Pero el día que llegue a  llover aquí copiosamente, arrastrará estos  tierras mineralizadas y acidificadas hasta la costa misma de Chañaral. Pero como esto ocurre con suerte una vez cada   50,  80 o 100  años, a nadie parece importarle, menos a estos mineros que se instalan en el fondo de la quebrada, con el riesgo consiguiente.

Fig. 22.  El variado color de la montaña, donde ya  se observa tonos tenues de un verde claro: una de las tantas sales de cobre.
Fig. 23. Una planta de lixiviación  de cobre todavía en actividad ( pequeña minería).

Fig. 24.   Vista fugaz de la planta, al pasar en el bus.

Fig. 25. Las piscinas de lixiviación con uso de ácido sulfúrico. ¿Qué pasaría en caso de una  eventual lluvia copiosa con potente arrastre de cantos rodados y ripios desde las montaña ?.  No se observa la presencia de  defensas de ninguna clase.
Fig. 26. Disfrute  Ud.  el hermoso aspecto variopinto de los cerros:  desde el blanco sucio hasta el negro. Toda una paleta de colores dispuesta aquí por el Creador para nuestro goce estético!.

Fig. 27.  Otras tonalidades de colores.

Fig. 28.  Naturaleza desnuda donde  ni siquiera se observa un arbusto seco.No crece aquí ni una brizna de vegetación, tal es la falta casi absoluta de lluvias en la región.

Fig. 29.  Ripios de arrastre antiguo acumulados  en la base de la quebrada seca, por donde trepa  fatigosamente  el ferrocarril.

Fig. 30. Por fin divisamos al ferrocarril que baja, echando bocanadas de humo,   el mineral en barras desde el mineral de Potrerillos hasta el puerto de Barquito, para su posterior embarque al exterior. Éste baja un par de veces al día,  cargando unos  doce vagones.

Fig. 31.  Por fin vemos un leve y sinuoso curso de agua, que desciende por el medio de la quebrada. Muestra, sin embargo, sendas costras blancas de salinización a sus costados, prueba evidente de la fuerte mineralización de estos terrenos por obra de la minería reciente y el uso desmedido del ácido sulfúrico. Aunque aparentemente fresca y apetitosa, esta agua no es, obviamente, potable. No es recomendable ni siquiera para  lavarse la cara!.

Fig. 32.   Como mi asiento en el bus que nos transportaba  quedaba al lado derecho, esto es, mirando al Norte, todas estas fotos nuestras muestran  aspectos de interés recogidos a lo largo de la pared norte de la quebrada.


Fig. 33.  Los cambios de tonalidad de la superficie de los cerros  nos impresiona fuertemente. Este viaje a Potrerillos es una continua exposición de paisajes  a cuál más sorprendente y bello. Un pintor o un  fotógrafo, aquí podría volverse loco!.

Fig. 34.   Tras casi una hora de recorrido desde Diego, quebrada arriba, por fin divisamos una tímida mancha verde: ¡vegetación, por fin!.  Aparecen aquí las primeras plantas. No las distinguimos todavía bien...Estamos  a unos 1.800 m sobre el nivel del mar y  aparecen tímidamente las pequeñas vertientes naturales.

(Capítulo en construcción; falta  señalar  la aparición de la vegetación algo más arriba  y su descripción....)


Comentario eco-antropológico:

1.   Estamos en el desierto absoluto. Aquí, según se nos informó, cayó este año 2014 solo una pequeña lluvia, incapaz de producir una vegetación significativa.  Este sector corresponde a la parte terminal del gran "Despoblado de Atacama" del que nos hablan los Cronistas con terror al pensar en su cruce.
2. Estamos a unos 80 km  al  Sur  del lugar llamado  Finca de Chañaral, un hermoso oasis del extremo sur del desierto de Atacama, donde se sabe que los Incas tenían  recintos de control del paso de caravanas. En el lugar hay agua de buena calidad, y   arboledas de chañares  y otros arbustos. Un auténtico oasis.
3.  La insuperable belleza escénica de los cerros  que recorremos rumbo a Potrerillos  que hemos mostrado aquí, contrasta lamentablemente con  la contaminación  de los cursos de agua, por obra de la pequeña y gran minería extractiva. El arroyo de agua que hemos visto  circular por el piso de  la quebrada por varios kilómetros, se halla  mineralizado por  efecto directo de la lixiviación de los minerales de cobre, proceso que viene desarrollándose, sin control ni forma de  mitigación  alguna,  durante casi cien años  en esta región.
4. El área que potencialmente podría  de por sí constituir un recurso  turístico importante, por la variedad de los paisajes que ofrece el desierto en su colorido y forma,   se ve hoy  fuertemente alterada por  una minería en  bruto y su impacto visible en el medioambiente, cuyos efectos negativos se observan a cada paso.
5. Creemos, sin embargo, que una  sana política de  recuperación del paisaje natural  y  sus cauces de agua es aún posible para dotar a esta región de  un turismo enfocado hacia  la puesta en valor  de  la naturaleza  y sus rincones más atractivos desde el punto de vista escénico  y fotográfico.
6. En otras palabras, creemos en la posibilidad de establecer, en un futuro no lejano, una coexistencia hermanable entre una minería mucho más respetuosa del medio ambiente y un turismo regional  que sepa valorar  la diversidad cromática  de sus cerros y montañas  y su geología  y estratigrafía multisecular.  Es esto parte de una "dignificación" o -si se prefiere, de una "re-interpretación" del desierto y sus atractivos naturales.  Éstos, son tanto o más importantes que las riquezas mineralógicas en ellos presentes. Porque éstas, se agotarán un día: no lejano; aquéllas, en cambio, son perdurables en el tiempo, en cierto modo, eternas.