viernes, 26 de mayo de 2023

La Fauna observada por el gobernador de Tarapacà don Antonio O´ Brien en el área de Huantajaya en el año 1765.

1. Tórtola grande o cuculí, Zenaida meloda en Pica, Noviembre 2008. (Foto H. Larrain)

2. La misma especie (Zenaida meloda) , macho y hembra en Pica, Noviembre 2008 (Foto H. Larrain).

3. La especie más pequeña o quihuahua en Pica (Columbina cruziana). (Foto H. Larrain).

4. Zenaida meloda o tórtola cuculí en Pica, Noviembre 2008 (Foto H. Larrain).

5. Tórtola peruana o Zenaida auriculata Des Murs, en Iquique, Noviembre 2008. Nos inclinamos a creer que sea ésta y no otra, la especie de que nos habla O´Brien en su "Descripción" de Tarapacá como presente en las Minas de Huantajaya . Ostenta un área atornasolada en zona del cuello. Observe las grandes pintas negras en sus alas a las que claramente alude O´Brien (Foto H. Larrain).


Hemos indicado ya cuál es la flora que Antonio de O´Brien observa en los alrededores de las Minas de plata de Huantajaya hacia 1765. Nos hemos sorprendido de que haya sido capaz de tomar noticia y describir con tanta prolijidad los líquenes y las formaciones de tillandsias (Tillandsia landbecki) , que el denomina por entonces "pajonales". Con tal grado de exactitud, nos está revelando tanto su carácter de testigo presencial y frecuente visitante de la zona, como también su fidelidad descriptiva. Lo que infunde a toda su "Descripción" un carácter de credibilidad notable.

Nos toca hoy referirnos a su percepción y observaciones en torno a la fauna presente en los cerros costeros donde está el asiento minero de Huantajaya.

He aquí el párrafo pertinente:

"No se cría en estos parages sabandija alguna, mas que ratones. Las Moscas y Pulgas son plagas mui molestosas e insufribles. Se crían unos Pajaritos pequeños de color de tierra con pintas negras, que solo se mantienen de comer moscas, a estos llaman pichinchos". [Nota 39]

Detengámonos un momento a examinar este fragmento del texto. Nos parece enteramente normal que las "plagas" nombradas: ratones, moscas y pulgas, hayan proliferado en un ambiente donde la higiene no fue precisamente la norma. La extrema escasez de agua, por una parte, y la depositación de la basura junto a los campamentos hechos de precarias habitaciones de muros de costrones, tenían que fomentar en alto grado el desarrollo de estas plagas.

De los ratones nada sabemos en concreto. Tal vez se trató del pequeño roedor costero, presente en todos los oasis de niebla. En tal caso podría ser la especie Phyllotis darwini rupestris, de la Familia Sigmodontidae. Lo que no sería nada de raro, pues el oasis de niebla de Huantaca, donde hasta hoy hay algo de vegetación y fauna nativa, se halla sumamente cerca de Huantajaya. Pero no sería tampoco nada de improbable que pudiese haberse desarrollado, en estos campamentos donde pululaban centenares de obreros y sus familias y gigantescos basurales, ratones grandes, de las especies europeas Rattus rattus o R. norvegicus, que habrían fácilmente podido llegar con las cargas y fardos al campamento, procedentes de los navíos que anclaban en Ique-ique. Porque hasta el día de hoy prosperan en Iquique y en casi todas las caletas costeras.

Desde el punto de vista ornitológico, mucho más interesante para nosotros es el dato referente a los "pajaritos pequeños color de tierra". En primer lugar, porque se trata obviamente en este relato de aves endémicas (nativas) y no traídas o atraídas de alguna manera por la presencia humana. Creemos que estos "pajaritos" podrían ser reconocidos con un buen grado de certeza por nosotros hasta el nivel de especie. Porque las únicas dos especies que podrían calzar perfectamente en esta categoría descriptiva, es decir, "pequeñas color de tierra y con pintas negras en las alas)", son dos especies de tórtolas o Columbidae las que hasta hoy existen en la zona de Iquique y alrededores. Las fotos que ilustran este segmento del Blog, son ilustrativas de las tres especies aquí nombradas.

En nuestra opinión sólo caben dos posibilidades de identificación, de entre las especies "color de tierra", esto es grises, que presentan nítidas pintas negras en su plumaje: o se trata de la especie conocida como tórtola peruana Zenaida auriculata Des Murs, o de la especie bastante más pequeña, Columbina cruziana Prévost, llamada comúnmente quihuahua, provista de varias manchas pequeñas de color negro en su plumaje y de pico amarillo. Porque de la llamada cuculí (Zenaida meloda Tschudi), tórtola de tamaño apreciablemente mayor, no podría tratarse aquí ya que carece de las típicas "pintas negras" que le son propias, según la descripción explícita de O´Brien. La especie Zenaida auriculata tiene entre 5 y 6 manchas grandes, negras en cada ala , sobre el plumaje gris claro, muy notorias, en el área de las plumas denominadas rémiges o "remeras".

En Iquique esta especie hoy día es muy numerosa, mucho más que su congènero Zenaida meloda llamada corrientemente "cuculí". Nosotros nos inclinamos claramente por la especie Zenaida auriculata o tórtola peruana, por ser de mayor tamaño, con pintas de tamaño muy visible y también de mucho mayor abundancia actualmente en la zona.

Presentamos aquí arriba fotos de las tres especies de tórtolas que hoy existen en Iquique (ciudad) . Extrañamente, la especie Zenaida auriculata o tórtola peruana, siendo muy abundante en la costa (Iquique), no llega al oasis de Pica y Matilla, por razones que desconocemos.

Por fin, resulta de gran interés el dato que nos da O´Brien respecto al nombre dado localmente a esta avecita: pichincho, nombre de claro ancestro indìgena (pichinchu) . O´Brien también nos ofrece otros nombres locales de aves o insectos , en su valiosa Descripción. Este nombre no parece haber sobrevivido y sería desconocido hoy en la zona de Iquique. Estos "pichinchos" se han alimentado seguramente en los extensos basurales de las Minas de Huantajaya, pues hoy también comen toda suerte de desperdicios en Iquique, además de granos y semillas, que es su alimento más propio.

Esta denominación: "pichincho", tiene cierta resonancia local en nombres como camanchaca, Pichalo, Cavancha, Chomachi y otros más, que podrían tener una similitud con denominaciones propias de la lengua puquina, que al parecer, habría sido la común en esta zona y que, en todo caso, no encuentran una clara significación a través de las lengua quechua o aymara.

Es curioso, por fin, que no se haga referencia alguna a dos tipos de buitres hoy día omnipresentes en toda la costa norte chilena: el gallinazo o jote de cabeza roja (Cathartes aura) y el jote de cabeza negra, (Coragyps atratus). Tal vez estas especies eran mucho menos frecuentes que hoy, ya que no llaman la atención de O´Brien.

Nota: (Este articulo mío estaba en borrador y fue escrito en febrero del año 2010 y por su interés, lo editamos hoy, trece años después...). .

martes, 23 de mayo de 2023

Descripción del carneo de un llamo para la festividad de San Santiago: Observaciones hechas en la estancia pastoril de Mosquito de Oro en Julio 1973.

 Antecedentes.

En  nuestro capítulo anterior, hemos  relatado las conversaciones sostenidas con la señora Vicenta Ticuna, pastora aymara, en la estancia pastoril de Mosquito de Oro  (altiplano de Tarapacá) en el mes de julio de 1973. De ella hemos aprendido muchísimo sobre el cuidado del ganado andino de llamas y alpacas, sobre la obtención de su lana así como sobre los resguardos que ellos toman para asegurar su propagación y defensa contra sus enemigos naturales.

                       

Fig. 1.  Hato de llamos en un paisaje altiplánico con presencia de ichu o paja brava  (Stipa ichu).  (foto tomada de Internet). 

Hoy nos ocuparemos, siguiendo fielmente el texto de nuestro Diario de Campo 6-A (pp. 17-22), de la descripción del sacrificio de un llamo, ofrendado por Eleuterio Vilca por  la salud de uno de sus hijos, con ocasión de la fiesta de San Santiago, en la localidad de Cultane, santuario religioso de esta comunidad. Estamos en la pequeña estancia pastoril  de Mosquito de Oro. Queda situada a una altitud de  unos 3.680 m sobre el nvel del mar. Tuve la gran oportunidad de tomar nota exacta del procedimiento  que transcribí en mi Diario de Campo y que reproducimos aquí después de cincuenta años.

 (Las notas entre paréntesis son nuestras; las que van en cursiva como parte del texto, son las propias del original; el estilo de redacción es casi telegráfico:  pues son notas de campo).

Fig. 2.  Llamos y alpacas  pastando en un bofedal andino (Foto tomada de Internet).  

El texto de nuestro relato ad litteram:


“Se arrearon unos cien llamos hasta junto a la casa, para elegir a la víctima…(Se prepara el) carneo de la llama color blanco y con cabecita color café claro. Se lacea, se le agarra por las dos orejas y se le amarra con lazo por las patas traseras y patas delanteras. Quedó echada e imposibilitada de moverse y le taparon los ojos con una tela.

Se agarró a otro (laceado de una pata) de color negro para hacerle remedio contra el mal de orina. Mientras Enrique lo sostiene agarrado de las dos orejas, la señora Vicenta le ponía en el ano grasa de camión como remedio (1).

Una pareja de llamos blancos están haciendo el coito. La hembra está echada, hincada y el macho encima. El macho es el reproductor del rebaño.

Colorido del rebaño.

Aproximadamente el 80% es de color blanco. Algunos tienen partes de otro color, (café). 10 % café, 10% negro. (Esto) se debe a que el macho reproductor es (enteramente) blanco. Me dice Enrique que la víctima elegida es macho. No matan la hembra, a no ser que tenga más de doce años (cuando ya no pueden tener crías).

Carneo.

Se acerca el llamo que tiene 18 meses a la casa. Eleuterio trae una piedra plana. La señora Vicenta trae una fuente cuadrada de lata. Corta Enrique directamente detrás de las mandíbulas: por abajo, entierra (el) cuchillo y sigue cortando bastante. Se pone la fuente debajo, y la sangre, en chorritos, va cayendo a la fuente. De esta sangre hacen prietas y sopaipillas. (El animal) echó un par de corcovos antes de morir.

Marcas (del ganado lanar).

Enrique marca con dos medialunas, una a cada lado del lado derecho. Otros (como) Fernando Ticuna, primo de Enrique, marca igual en la oreja derecha, más una marca en la punta de la oreja izquierda (2). Este llamo sacrificado (hoy)  era de Fernando, quien  lo aporta para la fiesta. Se ofreció para ser alférez de esta fiesta de San Santiago (3).  Hizo esta ofrenda al señor San Santiago por sus hijos, ya que se le morían.  Ahora la hija que le nació está en buena salud.

Sacado del cuero. 

(Este ejemplar pesa 40-45 kg.; uno grande, pesa entre 60-80 kg).  (La) primera incisión  (se hace) entre las manos y se sigue cortando hasta el ano. Este (animal) es capón (4); crían así los machos para que den más grasa y gordura, grasa que usan para hacer pan, sopaipillas, etc. (La) segunda incisión, se hace del pecho a la mano izquierda; (en) la tercera, Eleuterio empieza en (la) pata izquierda desde unos 20 cm de la pezuña (hacia ) arriba, hasta poco arriba del ano.  Enrique va desprendiendo (el) cuero de la mano izquierda, y sigue desprendiendo hacia atrás, por el lado izquierdo mientras Eleuterio ayuda por la parte izquierda del mismo lado izquierdo. Acumulan más grasa entre las manos, en (la) panza y en (la) base de las manos. (Las) llamas grandes, llegan a tener 3-4 cm de grasa entre las manos (parte baja del cuello). Los compradores tantean ahí para apreciar la cantidad de grasa que tiene (el animal). No se saca el cuero de la parte baja de las patas.

La vichuña (5) sale del hueso de las extremidades inferiores (patas).  Se sigue descuerando por el lado derecho… Antes, cuando no había camión, usaban los llamos machos para carga: soportan hasta 30 arrobas (6).

La coca es cara hoy: llega de Bolivia (7); es buena para la puna (8), resfríos, fiebre”.


(Sigue el relato del carneo del llamo):


“Antes de descuerar la parte superior y cuello, le abren a panza por el costado derecho, haciendo una incisión de unos 15 cm por donde se sacan las “tripas”. Estas, en parte, van pegadas a la grasa.  A las tripas se les saca el contenido (caca), y se aprovecha para fritos y se  hace guiso con cebollas, grasa, guatitas, etc. Entre las tripas, también sale grasa útil. La parte inferior de las patas, de las que no se ha sacado el cuero, se pone al fuego quemándose la lanita, y se come la carne así asada, sacando el cuerito.

El animal victimado conservaba una “flor (“aretes”) en la oreja. Las flores son las chicas; los aretes son varias flores unidas en sarta (9). El cuero después de sacada la lana, se ocupa para (hacer) bombo y para hacer amarras para las casas (cañas y viguetas del techo).

Se abrió (el animal) por las costillas, dejando los pulmones (bofes) al descubierto. Se separó la panza, el contenido de la panza se vacía. Lo de dentro, se aprovecha a veces para dejarlo cerca de las trampas de los zorros, para atraerlos.

Se comen bofes, hígado, corazón y tripas (sacando con cuidado a estas últimas su contenido).

Sacados la panza y órganos interiores, se junta el residuo de sangre que se recoge con el cuenco de las dos manos, en un puco grande de plástico (10). Corta Enrique un pedazo de cuero con lana, y con él, a manera de trapo, limpia el interior de la sangre.

Han ido sacando, por partes, la carne: costillar derecho y pata derecha; costillar izquierdo y  para (mano) izquierda. Ocho kg. calcula Enrique para cada pieza (medio costillar y una mano).

Por (la) zona del ano, corta longitudinalmente para separar las patas traseras (mientras tanto, los perros lamen la sangre que cae al piso de la terracita, ante la casa). Separó la pata derecha (de unos siete kg). Sacó la vejiga de orina, unida a (las) tripas y se pone con los testículos (”chinchulines”(11). Este conjunto se llama achura (12). Se separa el lomo (8 kg). Se abre el cuero del cuello hasta la parte de la cabeza, ya parcialmente cortada, para separar el “cogote. (Los) llamos grandes, botan hasta 12 kg de grasa.  Este (ejemplar) tenía muy poco…El cogote se lleva junto con la cabeza”. (Hasta aquí el texto nuestro, 1973:  4-22).

Fig. 3.  Habitantes del pueblo aymara de Cultane celebrando la fiesta de La Candelaria (foto tomada de Internet). 

Notas.


(1). El mal de orina aquí citado probablemente corresponde a algún tipo de cistitis. Esta enfermedad era bien conocida por los aymaras.  En efecto, ya  Ludovico Bertonio en su Vocabulario trae, refiriéndose a la enfermedad:  “mal de vrina: Yacca ttacca vssu” (Bertonio, 1984 (1612): 304).

(2)  Muchas culturas agrícolas tienen la costumbre de marcar  a sus animales, como expresión de propiedad. En la zona central de Chile, desde tiempos coloniales, ha existido la costumbre de marcar el ganado (caballar o vacuno) mediante la aplicación  en las ancas  de  un instrumento de hierro, calentado al rojo. Este utensilio porta, en su extremo, las iniciales del nombre  del propietario, en negativo. Al aplicarlo al rojo vivo  en el anca del animal, quedan grabadas para siempre.  Me tocó ver en varias ocasiones, siendo yo niño, esta cruel operación, en los "Corrales de Piedra", en el fundo "La Leonera" (cordillera de Graneros) entre  1941 y 1944. Ahí, al  reunir el ganado  después de bajarlo (por arreo) de la cordillera donde estuvo pastando por meses, el dueño podía comprobar exactamente el número y estado de sus animales. En el ganado lanar (ovejas, cabras,  llamas o alpacas) no es posible usar este método debido al denso pelaje, y por eso se recurre a hacer pequeños cortes en las orejas,  creando distintas figuras.

(3). En la época colonial, y hasta hoy en las comunidades andinas tradicionales el alférez era el patrono o encargado por la comunidad para la realización de la fiesta. Este tenía que preocuparse de todos sus detalles y asumir de su bolsillo los gastos, de comida y bebida durante todo el desarrollo de la fiesta. Si la comunidad era numerosa, esto podía suponer ingentes gastos.  El día final de la fiesta, se buscaba de viva voz a la persona (hombre o mujer) que asumiera este compromiso para el año siguiente. Este compromiso era considerado algo sagrado. En la mentalidad andina se verifica aquí una cierta forma de transacción o contrato con la divinidad: una especie de “ do ut des”, (“yo doy para que tú me des”)  es decir, el alférez asume la fiesta  en el bien entendido de que Dios o el santo patrono respectivo escucharán su petición. Sobre este cargo su importancia social  y alcances en el mundo colonial,  véase Alberto Díaz et al, 2014, en bibligrafía final (infra).

(4). “Capón” en lengua castellana es equivalente a “capado”, esto es, castrado. Viene del latín: capo-caponis (castrado). Sobre las indudables ventajas de la carne de llamo por sobre otro tipo de carnes, véase Mamani-Linares, Lindon W. et al.,  2014 (en bibliografía,  infra),

(5) Vichuña. La vichuña es una especie de punzón confeccionado en hueso,  herramienta indispensable para el trabajo del artesano textil indígena, tanto quechua como aymara.  Se trata de un instrumento destinado a apretar la trama del tejido en construcción  en el telar (también es  llamado "apretador de trama"). Se elabora, tal como se describe en el texto, a partir de un hueso de la pata de llamo o alpaca. A falta de vichuña, el artesano usa sus propios dedos. Ludovico Bertonio, en su afamado Vocabulario de la Lengua Aymara  (1612)  trae los siguientes términos al respecto: "Vicchutha: apretar bien los hilos de la trama cuando texen las indias" y poco después: "Vicchuña. el instrumento con que esto hazen que es un hueso de la pierna del carnero". Vicchucata: una vara del telar que suelen meterla entre el urdiembre para apretar mejor los hilos". (Bertonio, 1984 (1612): 384-385; énfasis nuestro). 

(6)  Arroba: antigua medida española de peso, equivalente a 11,5 kg. Esta voz proviene del árabe y significa “la cuarta parte”. Este término se conserva vivo hasta hoy en comunidades humanas aisladas. Ha quedado hoy  en desuso en las ciudades, al menos en Chile. 

(7)  La coca (Erythroxylum coca) es un arbusto que se produce naturalmente en las tierras yungas cálidas de Bolivia, entre los 1.000 y 2.000 metros de altitud, y cuyas hojas son seleccionadas y secadas, Se usa desde tiempo inmemerial  en la medicina tradicional andina para combatir el soroche  o “puna”, y también se usa  llevarla por horas  en la boca ("acullico"),  mascando sus hojas para exprimir el zumo, lo que les permite recorrer largas distancias, sin cansarse. Su efecto es inhibir el cansancio además de otorgar energías adicionales.

(8)  Puna.  Es equivalente a soroche y designa el súbito agotamiento que sobreviene en las alturas, por efecto de la escasez de oxígeno (hipoxia). 

(9)  "Aretes". No hemos hallado ninguna voz aymara (o quechua) correspondiente. O tal vez no hemos sabido buscarlas. en los diccionarios correspondientes. Por ahora, no sabemos  si este término  existió alguna vez, o si la costumbre del floreo  (o enfloramiento) del ganado  sea más bien (como parece) de origen tardío, colonial hispánico. Tema a investigar más  a fondo. Si alguno de mis lectores nos aporta información confiable al respecto, será  ciertamente bienvenida. 

(10)  Puco: Bertonio trae en su Vocabulario: “phuku una escudilla en que comen locros o algún regalo semejante” (Bertonio, 1984 (1612: 270). Con esta palabra (phuku, castellanizado en puco) se designa a un tipo de escudilla abierta, extendida, hecha de arcilla cocida. Es una forma cerámica común a diversas culturas peruanas y chilenas (inca, aymara, diaguita). 

(11)  "Chinchulines".  la palara deriva ciertamente del quechua, no del aymara. En efecto, aparece en el "Arte y Vocabulario de la Lengua General del Perú llamada Quichua" de autor Anónimo  (1586). (Cfr. Cerrón-Palomino, ed, 2014: 90).  Aquí aparece como "Chunchulli (Ch´unchulli), tripas".  

(12). Achura:   No encuentro esta voz  en el  riquísimo “Vocabulario” de Bertonio (1612) que yo estimé por error sería de origen aymara.  Esta voz, en cambio,  pertenece de la lengua quechua. Por eso aparece en el Arte y Vocabulario en la lengua general del Perú llamada Quichua, y en la lengua española (Anónimo, Lima, 1586), bajo la voz:  achurani: dar porciones de carne (cf. Aguilar Páez, 1970: 141  y Cerrón-Palomino, 2014, editor, p. 46). En efecto, achuray en quechua es compartir. De modo que, como en otros casos constatados por nosotros, se trataría aquí de un probable préstamo de la lengua quechua al aymara hablado en el sector altiplánico de Tarapacá. 

Dato reciente, complementario.

De paso, queremos dejar constancia  de que hoy se sabe con certeza que  la obra citada como "Arte y Vocabulario en la lengua general del Perú llamada quichua", fue obra del jesuita mestizo peruano Blas Valera, como lo prueba el linguista peruano Cerrón-Palomino en su erudito Prólogo (Ver infra, en la bibliografía). Fue redactado por dicho jesuita a petición expresa del III Concilio Limense  (1563-1591). Durante mucho tiempo, fue presentado, en calidad de presunto autor, el piamontés Antonio Ricardo, quien, en realidad, actuó solamente como editor e impresor de un documento de autor anónimo.  

  

Un comentario nuestro.


¿Cómo explicar el uso de no pocos vocablos de origen quechua por parte de los aymaras chilenos en tiempos recientes?.  Posibles hipótesis: 

a) por el asiduo contacto anterior a la conquista española con comunidades de habla quechua en Tarapacá, encargadas del cuidado del  Qapaq`ñan o Camino del Inca que cruza de  N a S a través del desierto tarapaqueño (Pampa de Tamarugal). 

b) Por el comercio de larga distancia con comunidades de habla quechua del altiplano en  Bolivia actual; 

y c)  mediante el posible contacto con grupos de habla  puquina (como los Callaguayas o médicos ambulantes andinos), conocedores del quechua y del aymara, además del puquina. Les herbolarios Callaguayas de la provincia Bautista Saavedra del Departamento de La Paz (Bolivia),  recorrían invariablemente extensas  zonas entre el altiplano boliviano y la costa chilena, llevando a las comunidades indígenas toda una completa farmacia de sus medicinas caseras, además de charqui y productos  agrícolas altoandinos. 

Esta última hipótesis no es tan peregrina como parecería a primera vista, pues sabemos que en esta misma zona se habló el puquina, tal como lo atestigua la toponimia. Lamentablemente, no podemos consultar hoy el Diccionario de esta lengua, atribuido al jesuita Alonso de Bárcena (1531-1597). Por fuentes coloniales, tenemos noticia de que éste existió ciertamente, pero aún no ha sido hallado.  


Comentario final.  


En la nomenclatura que aparece en esta descripción, hecha por aymaras, del carneo de un llamo -tema de este artículo-, finalmente observamos una mescolanza curiosa de términos quechuas y aymaras, en amigable consorcio. Son términos de origen quechua las voces: achura, chinchulines; mientras que las voces puco, vichuña,  son aymaras. En el rubro textil, (tal como lo hemos visto en otro capitulo reciente de este blog) el huso es denomindo pushka (quechua) y la tortera, en cambio, es aimara (piraro).  Podríamos entonces concluir que, al menos en el lenguaje pastoril de nuestra región, se mezclan indistintamente términos de origen quechua y aymara. Lenguas de dos pueblos vecinos geográficamente que se influenciaron mutuamente en la práctica debido al incesante  intercambio de productos, ideas y, seguramente, creencias religiosas.

Bibliografía básica de referencia.


Aguilar Páez, Rafael, 1970, Gramática Quechua y Vocabularios. Adaptación de la primera edición de la obra de Antonio Ricardo (1586): Arte y Vocabulario en la Lengua General del Perú, llamada Quichua y en la Lengua Española, Lima., 238 p.

Bertonio, Ludovico,  1984 (1612).  Vocabulario de la Lengua Aymara, Reimpresión. CERES, Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social, IFEA, Instituto Francés de Estudios, Ediciones Gráficos “El Buitre”, Cochabamba, Bolivia, 398 pp.

Cerrón-Palomino, Rodolfo (ed.) 2014. Arte y vocabulario en la lengua general del Perú / Anónimo; edición interpretada y normalizada de Rodolfo Cerrón-Palomino, con la colaboración de Raúl Bendezú Araujo y Jorge Acurio Palma. 1ª ed.  Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Instituto Riva-Agüero, 445 p.

Díaz Alberto, A., Martínez S., P., & Ponce, C. (2014). Cofradías de Arica y Tarapacá en los siglos XVIII y XIX. Indígenas andinos, sistema de cargos religiosos y festividades. Revista de Indias74 (260), 101–128. (https://doi.org/10.3989/revindias.2014.004).

Mamani-Linares, Lindon W., Cayo, Faustina, Gallo, Carmen, 2014,  "Características de canal, calidad de carne y composición química de carne de llama: una revisión", Revista de Investigaciones Veterinarias del Perú, vol. 25, Nº 2, Lima.


viernes, 12 de mayo de 2023

Mosquito de oro: un asentamiento pastoril aymara en la cordillera de Tarapacá: conviviendo con los llamos y sus pastores en el mes de julio de 1973.

Antecedentes.

En las páginas de mi Diario de Campo Nº 6-A (1973 pp. 3-22) encuentro unas valiosas observaciones que hiciera con ocasión de mi estadía en la pequeña estancia pastoril de  Mosquito de Oro, entre los días 22 y 27 de julio del año l973, en la cordillera de Tarapacá. De esto hace hoy casi cincuenta años. Consideramos que estas notas aportan datos de interés para el rescate de una etnografía de los pueblos aymaras del N orte de Chile.

Fig. 1  Llamos pastando en un bofedal de altura. Las llamas (Lama glama L.) y alpacas (Vicugna pacos L.)  presentan varias coloraciones en su pelaje. Los artesanos textiles aymaras, quechuas o lickan antay (atacameños)   distinguen alrededor de doce tonos diferentes de color que utilizan hábilmente mezclándolos en sus tejidos. (Foto tomada de Internet). 

Mi estancia en Mosquito de Oro.

La ocasión para esta visita, fue la celebración de la fiesta patronal del pueblo aymara de Cultane. El patrono católico de este pueblo de Cultane  es  "San Santiago" (1). Su fiesta se celebra cada año el día 25 de julio. A esta fiesta patronal  nos había invitado especialmente el padre Juan van Kessel, sacerdote y sociólogo, párroco del pueblo de Tarapacá y miembros de la familia Vilca.  Recuerdo que, apretujados en la parte posterior de un camión, entre sacos y enseres de los aymaras, viajamos con el geógrafo Hugo Bodini y miembros de la familia Vilca, invitados a la fiesta, desde el pueblo de Tarapacá. Al llegar a Mosquito de Oro, desde donde se suponía debíamos seguir cabalgando en burro hasta la cercana localidad de Cultane (2), me  sobrevino un fuerte "mal de altura",  con intenso dolor de cabeza (3) que me impidió seguir hacia Cultane.

 Mientras mis compañeros cabalgaban hacias el pueblo de la fiesta, yo me vi obligado a permanecer  3  ó  4 días en la estancia de Mosquito de Oro, atendido muy amablemente por la señora Vicenta Ticuna, esposa del dueño de casa don Marcelino Vilca.  Al principio, como producto del incesante zamarreo del camión que nos transportara me sentí pésimo: fuerte dolor de cabeza, baja súbita de presión y malestar general. Poco a poco, tras dormir unas horas y gracias a la bebida de infusiones del té de coca, preparado gentilmente por la señora Vicenta, me fui recuperando. Hacía mucho frío en aquellos días, y había  manchones de nieve por todas partes alrededor, como efecto del invierno altiplánico ya plenamente declarado.

  Después de un día me sentí mejor, y empecé a observar los alrededores y a hacer preguntas a la señora Vicenta quien me atendía. De esta suerte, la casi totalidad de las  indicaciones preservadas en este Diario de Campo, se deben, por tanto,  a  ella. Ella fue aquí mi informante principal, pues el resto de las personas de la familia al igual que mis compañeros, había partido ya a Cultane para tomar parte en la fiesta. Lamentablemente, yo me perdí la celebración y sus episodios, pero en cambio tuve la gran oportunidad de  describir en detalle la estancia y sus construcciones y recabar preciosas informaciones sobre el sistema de pastoreo en esta zona, de parte de mi amable informante.  Precisamente, sobre estos aspectos de la vida pastoril local,  versan las siguientes notas, muy escuetas,  de mi Diario de Campo. 

Transcribo a continuación, ad litteram, mi texto comentado de estas conversaciones, agregando ahora, entre paréntesis, alguna que otra palabra para completar el sentido correcto de la frase. Las palabras o frases subrayadas pertenecen al documento  original. 

El texto del relato.

"Cóndores: aparecen en la época de cría de los llamos: octubre-febrero. Aquí hay que cuidar el ganado desde las 6 de la mañana hasta  las 6 de la tarde. El rebaño se cuida entre dos (personas). En este momento,  julio 23,  hay en Mosquito de Oro unas 100 cabezas (llamos y alpacas). Son del tío Florencio (Ticuna), jefe de la Comunidad que está trabajando en Iquique. 

Los cóndores aprovechan el alejamiento de la llama madre a 15-20 m.  y cuando el llamito nuevo está echado, durmiendo, se lanza, lo mata y se juntan de a varios, hasta diez, y las llamas adultas ya no pueden hacer nada. 

Vichuña (4): (para elaborarlo),  se usa el hueso de (la) pata de llama. Se le saca la carne cruda;  se trabaja (pule) con machete o con cuchillo si está muy blando. Se le saca punta.  Después, se hace hervir, y finalmente se pone a un metro y medio sobre el fuego y se va calentando (adquiere un color rojizo).  Así, se endurece más y queda más firme. Se preparan vichuñas para tejidos finos (de punta  más fina) y para tejidos más gruesos (chuces), de punta más gruesa. Es (este) el único instrumento que fabrican para (hacer)  los tejidos.

Quena (5).  No se hacen en esta zona. Pero se hacen también de la misma caña con que techan  (las viviendas), y se da en Poroma, Coscaya, etc. 

Remedios. 

Chacarguaya: buena para la puna (6)  igual que la poposa (7)  (que crece en las alturas de  cerros de Mosquito de Oro).

Minas de cuarzo aurífero (hay cateos). Se ve cobre (calcopirita y calcocina),  y galena.

Torno:  llaman al dispositivo para aprovechar la fuerza hidráulica (con paletas) para mover sus pushkas (8),  (dos a la vez).  más ràpidamente. 

Perros. Los crían para atacar a los zorros y  a los cóndores.  Cazan también vizcachas. Con uno o dos perros, se meten entre las rocas. El perro las huele, persigue,  y cuando se mete en la cueva, se las saca con (un)  alambre.  Abunda la vizcacha aquí en Mosquito de Oro  A los perros se les amaestra contra el zorro y cóndor, acostumbrándolos a reconocer al enemigo, al que lo azuzan.

Vizcacha (9).   la comen y encuentran muy sabrosa, sobretodo cuando es tierna. 

Perdices de la cordillera (10). Acaban de llegar al vallecito...Estaban por decenas junto al arroyo. Son de color arena, opaco.  

Aguilucho (11): de panza color vicuña... parte superior gris-plomizo suave.

Llamos y alpacas. Conservan en su parte superior, orejas y sobre el lomo, las "flores" o "aretes" de lana color rojo,  con que han sido adornadas en el floreo (Domingo antes de Carnaval, cada dos años). (Próximo floreo): para febrero 1974.  (Ponen dos (aretes) en las orejas y dos en ambos lados del medio lomo.

Lugares de deposición de guano.  Deponen generalmente en lugares especiales. A veces, en sitios cercanos al principal (12). Vi realizar la deposición a una llama, y, por curiosidad,  conté las bolitas de guano compactas: 125 de una sola vez.

Chal comprado:  Eº  2.800. Cantidad (de lana ) que se ocupa:  1,1/4 kg de lana. Se mezcla por mitades (¿ de llama y alpaca?).

Hilado:  por separado se hilan saya de llama y trama de alpaca. Otras veces se hila en sentido contrario: 1 de llama y 1 de alpaca... igual (se hace) en la illagua.
Para un hilado, se necesita unos 15 días, (de) 1 persona. Para el tejido: una persona en dos días.
Colores: lleva blanco, café claro (parecido a vicuña), dos tonos de gris (uno claro y otro oscuro). (Diario de Campo N º 6-A, pp. 5-8).

(A continuación, en pg. 9 de mi Diario  6-A,  se especifica en detalle  el número de personas de cada una de las dos viviendas ocupadas en  Mosquito de Oro: a) la de don Marcelino  Vilca (9 personas contando sus hijos),  y b)  la de doña Vicenta Ticuna (3 personas).

Nota. En las pp. 10-14 del mismo Diario de 1973, se muestra dibujos míos a mano alzada del asentamiento pastoril de Mosquito de Oro y sus viviendas y corrales. Este aspecto merecerá pronto otro capítulo especial de mi Blog, dada su gran extensión. A partir de la página 15,  el texto retoma la descripción  del lugar, apuntando a  otros aspectos relativos al ganado y al tejido  y,  especialmente, al sacrificio de un llamo en la ceremonia conocida como  wilancha.

Prosigue el texto (pg. 15, abajo):

"Encontré pocos fragmentos de cerámica bien cocida y con engobe rojo, en las proximidades del asentamiento Nº 5. Casi no hay, en cambio, en el asentamiento Nº 1 (casa actual de don Marcelino Vilca) (13). 

Conchas de Pecten (14)  para el tejido. Este se usaba "para entrar el hilo" y se llamaba "lloje". La madre de la señora Vicenta las usaba. Ella usa solo los dedos. En Bolivia se usaba mucho y todavía se usa. Hoy por acá ya no se usa..."

"El padre de la señora Vicenta, don Florencio Ticuna (muerto en 1958), confeccionaba ollas, platos, fuentes y vasijas (hasta para 15 y 20 lts.) para uso casero y para llevar a vender a Mamiña.  Me dice la señora Vicenta que su padre (los)  fabricaba aquí en Mosquito de Oro  (hay buena greda) y en Lirima. Don  Antonio Cáceres, de Macaya, hace hasta hoy vasijas de barro".

"Don Florencio Ticuna aprendió de un señor de Guatacondo a hacer sombreros de lana, cada uno de un color (café, blancos, plomos), y tenía máquinas especiales que ya se han perdido o destruído. Hacía sombreros como chupallas (pocos) de cortadera (que)  hay aquí (15). Otros hacían con otra paja que hay en Lirima que se llama "huailla"  (16), pero no (las hacía)  don Florencio.   

El lazo con que lacearon la llama (para el sacrificio de la wilancha )  es de lana y hecho por ellos mismos. Se aprovecha (la) lana de llamos de seis meses para arriba. Se arrearon unos 100 llamos hasta junto a la casa, para elegir a la víctima (del sacrificio de la wilancha)".

(Nota. Sigue en el texto a partir de la pg 17 de mi Diario  6-A , la descripción pormenorizada del sacrificio del llamito macho, elegido para la ceremonia de la wilancha, en el pueblo de  Cultane). (pp. 17-22). La descripción detallada de este proceso se debe al pastor aymara Enrique Ticuna, por entonces de 24 años.  Esta descripción será parte de un nuevo capítulo de nuestro blog. 

Notas:

(1) Se trata de Santiago el Mayor, uno de los apóstoles de Jesucristo, uno de los hijos del Zebedeo según el Evangelio; de él se conserva una hermosa carta dirigida a la diáspora judía, donde se habla por vez primera del sacramento cristiano de la unción de los enfermos (cf. Epístola de Santiago,  5, 3-18).  Era uno de los  pescadores en el mar de Galilea y  hermano mayor de Juan, el  evangelista.

(2)  La estancia de Cultane se halla en las coordenadas aproximadas  19º 51`` S  y  69º 02`` W, en el altiplano de la  Región  de Tarapacá, en las nacientes de la quebrada de Coscaya.

(3) El "mal de altura" es denominado "puna" o "soroche" en el altiplano tarapaqueño, y consiste en  la falta de adaptación del organismo humano a la hipoxia (falta de oxígeno). Se sabe que a medida que se asciende en altura, disminuye paulatinamente  la cantidad de oxígeno  en el aire. Sus síntomas más evidentes son un dolor intenso de cabeza, y la súbita baja de la presión. La voz "soroche" es de origen quechua (suruqch`i). El verbo "apunarse" se emplea entre nosotros en Chile para graficar este malestar. 

(4)  La vichuña  es una especie de punzón confeccionado en hueso,  indispensable en el trabajo del artesano textil indígena, tanto quechua como aymara.  Es un instrumento destinado a apretar la trama del tejido en en construcción  en el telar (también llamado "apretador de trama"). Se elabora, tal como se describe en el texto, con un hueso de la pata de llamo o alpaca. A falta de vichuña, el artesano usa sus propios dedos.  
Ludovico Bertonio, en su afamado Vocabulario de la Lengua Aymara  (1612)  trae los siguentes términos al respecto: "Vicchutha: apretar bien los hilos de la trama cuando texen las indias" y poco después: "Vicchuña. el instrumento con que esto hazen que es un hueso de la pierna del carnero". Vicchucata: una vara del telar que suelen meterla entre  el urdiembre para apretar mejor los hilos". (Bertonio, 1612: 384-385; énfasis nuestro).  

(5) La quena, una especie de flauta andina,  es uno de los instrumentos musicales tradicionales más antiguos de la música aymara y/o quechua. Se elabora a partir de una caña de bambú o más raramente,  tambien en  hueso. Consta su existencia desde la civilización Caral, en el Perú. al menos desde unos 5.000 A.C. La voz quena, ya aparece en el Diccionario aymara del  jesuíta Ludovico Bertonio, en el año 1612.

(6) No hemos podido identificar aún la planta aquí llamada Chacarguaya. La terminaión "guaya" nos huele fuertemente a puquina. 

(7) Corresponde a la especie botánica Werneria poposa Phil  de la familia Asteraceae,  muy usada entre los aymaras en la medicina popular como remedio para la hipertensión y el mal de altura (soroche).

(8)  "Pushka"  es voz  quechua para designar el huso empleado  para hilar  la lana de llamos y alpacas. Este es, sin embargo, el término que emplean nuestros aymaras cordilleranos.  La voz "huso" en lengua aymara es algo completamente diferente. En efecto, según el Vocabulario de Bertonio : "Huso con que hilan: kapu lahua, y  huso con hilo: kapu aya"  (en Bertono, 1612: 271).   ¿Se trataría aquí de un préstamo de la lengua quechua a la aymara en esta zona?.  Es lo que sospechamos.
El huso presenta inserta, en su parte inferior una rodela, conocida como "tortera", "volante" o "malacate",  que al hilar sirve de contrapeso. la cual puede ser confeccionada  de madera, de greda cocida o de piedra.  En España, la tortera se conoce como  fusaiola o fusayola. El término usado en lengua aymara para la tortera es "piraro".  Yo constaté su uso entre los aymaras en Mosquito de Oro, al anotar, en una fotografía, su nombre (in Diario H. Larrain  6-A: p.1; allí anoté:  "foto  5: Sra. Vicenta Ticuna mostrando la pushka y piraro"). En efecto, Ludovico Bertonio trae  en su Vocabulario de la Lengua Aymara lo siguiente: "Pirari: el redondo del topo de las indias" (Bertonio, (1984 (1612): p. 166) .  Extrañamente, Bertonio lo aplica a la rodela del tupu: (alfiler de metal con que atan su vestimenta o  aksu) y no al huso o  instrumento para tejer.  No deja de ser esto una pequeña curiosidad etnográfica y lingüstica: un termino mixto, quechua-aymara.

Fig.  2.   Pushka con su correspondiente piraro: el  instrumento tìpico  para el hilado de la lana. (Foto tomada de Internet).  


(9)  El nombre científico de la vizcacha es  Lagidium viscacia Mol, así bautizada por un naturalista chileno, el abate  Juan Ignacio Molina,  en el año 1782. Pertenece a la familia Chinchillidae y es pariente cercano de la chinchilla  (Chinchilla lanigera Mol). Su primera descripción fue igualmente hecha por el abate Molina, en su famosa  obra : "Saggio sulla Storia Naturale del Chile", impresa en Bolonia, Italia,  en 1782.

(10). La perdiz de la cordillera aquí referida corresponde probablemente a la especie zoológica Nothoprocta ornata, de la familia Tinamidae.

(11) Se trata de la especie Geranoaetus polyosoma polyosoma que se encuentra desde Arica a Tierra del Fuego. Se alimenta de ratones, pequeños reptiles o aves.

(12)  Sus deposiciones se realizan siempre exactamente en los mismos lugares, donde llegan a formar  cúmulos, a un costado de sus senderos de tránsito. Tuvimos la fortuna de hallar decenas de estos defecaderos de guanacos (Lama guanicoe) en el sitio arqueológico de Alto Patache (Sur de Iquique), durante nuestras experiencias de captación de agua de niebla entre  los años 1997 y 2015. Guanacos, llamas y alpacas comparten esta misma costumbres. Guanacos y vicuñas representan  las especies silvestres de la familia de camélidos americanos. Llamas y alpacas, en cambio,  son animales domesticados por el hombre  desde hace varios milenios,  y no existen hoy en  estado salvaje.

(13)  En mi búsqueda, puse especial atención a la posibilidad de hallar cerámicas arqueológicas en la zona.  No detecté ningún fragmento propiamente arqueológico. Pero  sí cerámicas históricas con un engobe rojizo, de tiestos usados en la cocina indígena.  Antiguamente  fueron elaborados en alguno de los pueblos andinos vecinos, como Macaya.  Pero el relato que me hace la señora Vicenta también nos confirma la elaboración de cerámicas caseras aquí mismo,  en Mosquito de Oro, por su padre don Florencio Ticuna. (pg. 16 de mi Diario de Campo 6-A).

(14). El "pecten"  aquí citado corresponde a la especie conocida en la costa chilena como "ostión"  (Argopecten purpuratus Lamarck, 1819) de la familia Pectinidae; es una especie de molusco bivalvo muy apreciada en la gastronomía chilena y peruana, razón por la cual  su número  ha disminuido de tal forma en las costas de Chile,  que ha sido preciso establecer una veda total a su captura. Se le encuentra en la costa pacífica entre Payta (Perú) hasta  Coquimbo (Chile).   En 1997, se creó en Chile  la reserva marina "La Rinconada", al N.  de Antofagasta, para favorecer su protección y repoblamiento.  Durante mi estadía en dicha ciudad entre 1985 y  1994, tuve la ocasión de obsevar en una ocasión allí mismo  una enorme varazón de decenas de miles de ejemplares de pequeña talla de esta misma especie. Se dice que  esta especie prolifera especialmente en períodos de dominio de la corriente oceánica de "El Niño".
Como dato anecdótico, quisiera aportar  aquí nuestro  descubrimiento  de un esqueleto extendido, que portaba como única ofrenda  una gran concha de ostión puesta a la altura del esternón. Sus bordes se veían muy desgastados, de donde podríamos tal vez lucubrar que se trató del entierro de una tejedora. Fecha aproximada del hallazgo: agosto 1964, frente a la isla de la Chimba, al N. de la ciudad de Antofagasta. 
En el "Vocabulario de la Lengua Aymara" de Ludovico Bertonio   (1612) hallamos:  Llokhe: concha del mejillón. Llokho cchulo: carne del mejillón.  Lloque piñala concha de mexillón que cuelgan a los niños como nosotros colgamos una cruz o medalla" (Bertonio, 1612: 105).

Fig.  3.  Concha de  ostión  (Argopecten purpuratus). (Foto tomada de Internet). La denominación "purpuratus" le fue puesta porque la  mayoría de los ejemplares de esta especie presentan un color rojo púrpura.

(15)  La "cortadera", también conocida en el norte de Chile como "cola de zorro" o "carrizo",  corresponde a la especie botánica Cortaderia araucana, de la familia  Poaceae. Produce como tallo floral unos vistosos penachos, muy usados como adorno en las viviendas.

Fig. 4.  "Cola de zorro"  o cortadera,  Se le encuentra en lugares húmedos o a la orilla de los ríos o esteros cordilleranos. Es muy apreciada para hacer con sus penachos vistosos arreglos florales.  (Foto tomada de Internet). 

(16)  "Huailla" es un término usado tanto en la  lengua aymara cmo en el quechua  para designar a la planta altiplánica  llamada  "coirón" también denominado ichu  o paja brava, y se utiliza para techar las casas y como forraje de las llamas y alpacas que solo comen sus extremos más blandos. Es muy abundante y crece en cojines (Vea Fig. 5). Su nombre científico botánico  es Stipa ichu  (Ruiz y Pavón), Kuntz 1829.  El jesuíta Ludovico Bertonio, en su "Vocabuario de la Lengua Aymara" (1612)  anota  para  la voz huaylla:  "hicho (por ichu)  largo y blando con que cubren las casas" (1612: 156).  En lengua quechua, la encontramos en el "Arte y Vocabulario de la lengua general del Perú",  editado por Ricardo en el año  1586, como  "huailla <waylla> prado, floresta; huaylla pampa <waylla pampa> prado"  (cf. re- edición de Cerrón Palomino, 2014: 109).

Fig. 5. Cojines de Stipa ichu (huaylla) mecidos por el viento de altura. Se le encuentra por encima de los 3.500 m de altitud en la cordillera de Tarapacá. Muy abundante en todo el altiplano chileno-boliviano. El ganado de llamos  ramonea los brotes tiernos de la planta a falta de mejor pastura. (foto tomada de Internet).  

Nota final:

Durante mi corta estancia en Mosquito de Oro, tomé  numerosas fotografías, según consta en mi Diario de Campo. 6-A : 1. Todos mis álbumes con antiguas fotografías quedaron en custodia en el MNHN de Santiago a partir de noviembre 2022 junto a centenares de documentos,  artículos y cassettes de audio personales. Tal vez un día será posible  escanear dicho material gráfico que bien pudo haber ilustrado este capítulo  con bellas imágenes propias de la época.  

Comentario eco-antropológico.

1.  Las referencias al empleo de las plantas andinas por parte de la comunidad aymara y su ganado de auquénidos, creemos que son un importante aporte al conocimiento de la etno-botánica  y la  etno-zoología del sector. 

2.  Las denominaciones aymaras de plantas y animales y aún de tipos de suelos o rocas,  se podrían provechosamente cotejar con las empleadas actualmente en Bolivia.

3. Durante mi breve estancia en el lugar, nunca escuché conversaciones o frases en lengua aymara.  A lo que creo,  los miembros de esta comunidad, a pesar de sus apellidos claramente indígenas  (Vilca, Ticuna...) ,  han perdido al parecer ya totalmente el uso de la lengua de sus antepasados. Le escuela rural chilena y sus maestros,  y el activo comercio con las ciudades chilenas de la costa así como el cierre hermético de las fronteras, han sido en gran parte responsables de esta pérdida, desgraciadamente hoy  ya irreparable. Como recuerdo, han quedado las denominaciones aymaras de plantas, animales y objetos de los que se sirven para diferentes propósitos, tal como las usa la señora Vicenta Ticuna, nuestra informante.

4.   Somos de opinión de que una larga estadía entre ellos, por meses, y participando activamente en todas sus labores pastoriles, debería arrojar un catálogo de nombres vernáculos de gran interés lingüistico, ya que la zona correspondería -por lo que se sabe-  a un área en la que las antiguas comunidades aymaras, puquinas y aún quechuas se relacionaban geográfica y culturalmente. Este tema nos parece de enorme interés, pero presupone la estrecha colaboración de lingüistas avezados y antropólogos (etnógrafos) sobre el terreno mismo. La falta total o casi total de apoyo lingüístico en la inmensa mayoría de los trabajos etnográficos y arqueológicos en la cordillera del Norte Grande, aún los más recientes, es una deficiencia  que hemos venido notando hace años, situación que creemos urge revertir en el futuro próximo. Sobre este tema hemos conversado y comentado latamente con el distinguido lingüista peruano  Rodolfo Cerrón Palomino. En nuestra opinión,  en este tema, "aún hay mucha tela que cortar".