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jueves, 4 de agosto de 2016

La población en torno al Salar de Atacama hacia 1885: testimonio expreso del ingeniero Francisco José San Román, testigo ocular.

Esfuerzos de San Román por estudiar la lengua cunza de los atacameños.

En un  capítulo precedente,  en este mismo blog, hemos  traído a colación con citas ad hoc,   el aporte de este ingeniero copiapino al conocimiento y estudio de la lengua cunza de los indígenas atacameños o lickan antai, pobladores de los contornos del Salar de Atacama, en la actual Región de Antofagasta (Chile). En efecto, Francisco José San Román tuvo el privilegio, hacia 1885-86,  de contactar y entrevistar en varios pueblos atacameños a algunos pocos ancianos que hablaban aún esta lengua residual, cuando ésta estaba a punto de extinguirse.  Mérito personal suyo que le hace acreedor a toda nuestra gratitud como antropólogos, por cuanto supo utilizar valiosas horas de su escaso tiempo como ingeniero topógrafo, para dedicarse a una causa eminentemente cultural:  el registro y salvamento de una lengua en extinción.

Fig.1.  Aspecto que ofrece  el oasis de Tilomonte hoy.    Llegar a contemplar este paisaje verde-amarillento, viniendo en caravana desde el  espantoso desierto  del sur, era en verdad  llegar a la gloria. (Foto Jennyfer Rojas; todas las imágenes que ilustran este capítulo, las debo a esta fotógrafa de Calama, favor que mucho agradecemos).

Los estudiosos de la lengua cunza a través del tiempo.

Sabemos que los últimos hablantes de este enigmático idioma, hoy totalmente extinto, fueron entrevistados  en el año 1948 por la arqueóloga austríaca Grete Mostny Glaser, en su visita de estudio al poblado de Peine. (Cf. Mostny,  Peine un pueblo atacameño, Instituto de Geografía, Universidad de Chile, 1954). Hoy sólo sabemos de esta lengua lo que los investigadores  -casi todos ellos extranjeros-,  nos han transmitido de la misma, entre ellos, Rodulfo A. Philippi,  Johann Jakob Von Tschudi, Thomas Moore, Rodolfo R. Schüller, Emilio Vaïsse, C. Maglio, Aníbal Echeverría y Reyes, Félix Segundo Hoyos, y Grete Mostny, entre otros. A estos nombre preclaros, debemos agregar ahora el nombre de este ingeniero chileno, hijo de padres argentinos radicados en Copiapó.

Referencias a la población.  

En el presente acápite, queremos referirnos a los antecedentes de tipo demográfico que nos ofrecen los apuntes de San Román. Aunque fragmentarios y dispersos a lo largo de muchas páginas de su texto,   nos ofrecen éstos, sin embargo,  una clara idea de la escasa y difusa población  atacameña, sita en distintos pueblecitos, oasis y lugarejos, algunos de ellos ya completamente deshabitados hoy, como Tilomonte y Sóncor. Hemos espigado pacientemente esta información demográfica, tratando de visualizar su número y densidad, para poder apreciar  su peso poblacional, en una época en que aún no se producía el  éxodo de su población hacia las grandes ciudades, como Antofagasta  y Calama  (a partir de los años 1920-30).  En su época (1885), Calama era todavía una pequeña aldea, seguramente de una escasa población, menor que Chiuchíu, por entonces el único  bastión septentrional de relación y contacto comercial con el altiplano de Lipes,  en Bolivia.

Fig. 2.  Vivienda  de Tilomonte parcialmente arruinada hoy  (falta la paja de la techumbre).  Bien pudo ser el refugio para una parte de la expedición San Román en el año 1886. (Foto Jennyfer Rojas V.).


Fig.3.  Parte posterior de la misma vivienda.  Llama la atención la excelente y cuidada factura  de las esquinas, con piedras muy bien canteadas así como la presencia del nicho que se observa  cerca del suelo. Observe el contraste con  el muro más bajo que continúa  hacia la derecha de la imagen, de factura posterior y mucho menos cuidada. ¿Será, tal vez, de época incaica?. (Foto Jennyfer Rojas V.).


Siguiendo el relato de San Román: un tramo del Camino del Inca.


Analizaremos  el relato de San Román de sur a norte,  Él parte de Taltal primero en tren hasta Refresco, para seguir desde allí a lomo de  mula, hasta el lugar denominado Río Frío, donde se reúne la expedición exploradora del desierto y donde se hace campamento general. Aquí en Río Frío, San Román  anota, de paso,  la presencia de un antiguo camino, el Camino del Inca   del que  señala:

"Entre los caracteres interesantes de aquella localidad  (se refiere a Río Frío),  figura el camino del Inca, que hasta allí ha llegado sin interrupción con su línea recta al N 26° E, partiendo desde el mismo Copiapó"  (San Román, 2014: 130; subrayado nuestro).

De este camino incaico anota San Román cuatro peculiaridades que le llaman poderosamente su atención como ingeniero topógrafo: a) que es, de acuerdo a la tradición local, de factura Inca, b) que la vía se presenta notablemente rectilínea en su trazado;  c) que mantiene un constante rumbo norte con una pequeña desviación de  26 grados hacia el Este;  y por último, d) que la huella es continua por esos parajes, sin hallarse interrumpida en ningún momento por accidentes del terreno, cárcavas  o aluviones. Los viajeros, en consecuencia,  pudieron seguir cómodamente exactamente su trazado rumbo al norte, durante buena parte de su viaje. Nos preguntamos: ¿cómo supo San Román que se trataba del camino del Inca y no de otra huella cualquiera?. Seguramente, fue por indicaciones concretas de sus baqueanos y arrieros, los atacameños. La tradición local había sabido conservar incólume el nombre de sus constructores, después de  casi cinco siglos.

Los investigadores intentan vanamente subir el volcán Llullaillaco, pero careciendo de los elementos indispensables para tal ascensión, se contentan con ascender el monte Chuculai, de menor altura, cumbre cercana al Llullaillaco, en cuya cima instalan con dificultad el teodolito para efectuar las triangulaciones y hallan algunos elementos arqueológicos que les llaman mucho la atención.

Hallazgo arqueológico en la cima del cerro Chuculai.

"Larga y penosa fue la ascensión y, una vez más, al llegar a la cumbre,  tuve ocasión de comprobar lo antes dicho de lo frecuente que es encontrar signos de la presencia del hombre indígena aún en las más inesperadas alturas,  siendo, en esta ocasión, un cuchillo de cobre el objeto encontrado". (San Román en Muñoz, 2014: 134)

El ingeniero San Román  se asombra de hallar elementos  de la cultura indígena  en dicha cima, elegida por ellos como punto de triangulación topográfica.  No atina a  hallar una respuesta  clara sobre las razones exactas de tal presencia. Hoy sabemos bien que se trata de recintos o construcciones que tenían por objeto ofrecer sacrificios de jóvenes de la nobleza Inca para propiciar a los divinidades de las alturas y/o para establecer  una forma de dominio ceremonial sobre una determinada comarca recién conquistada. Ciertamente no se subía entonces a las cimas por deporte, como hoy, sino para invocar y propiciar a las deidades tutelares de los pueblos o regiones. Se trata  aquí  -esto lo sabemos hoy- del rito de la capacocha o qhapaq ucha,  ceremonial Inca repetido en numerosas alturas, luego de la conquista Inca de las comarcas.  En Chile, tenemos varios casos,  bien conocidos y estudiados. En la costa de  Iquique, en el cerro Esmeralda (Cfr. Jorge Checura, "Funebria incaica en el cerro Esmeralda, Iquique I° Región", Estudios Atacameños N° 5, 1977,  127-144) y  frente a la ciudad de Santiago en el cerro El Plomo, descubrimiento estudiado por Grete Mostny  y otros en 1957  (La momia del Cerro El Plomo,  Boletín del Museo Nacional de Historia Natural, Santiago, tomo XXVII, 1957-59,  1-107).

Prosigue el viaje.

De las Zorras al oasis de Tilomonte el trayecto de varias jornadas de camino se les hace muy escabroso y difícil  por la falta de agua y forraje y porque -como señalan-  ya está "entrado el helado invierno que ya comenzaba  con rigor en la primera quincena de mayo (1885).  Por fin avistan, a la distancia,  el agreste paisaje verde pálido del oasis de Tilomonte, su tabla de salvación en este penosísimo y agotador  viaje:

"La Nueva jornada sería hasta Tilomonte, lugarejo donde moraban algunos indígenas y donde podía contarse con algunos auxilios".  (San Román en Muñoz, 2014: 134).

¿Cuántos  residentes atacameños vivían entonces en Tilomonte?. Un vago  cálculo, "algunos", es la respuesta del ingeniero a nuestra curiosidad demográfica. Tal vez una o dos familias; tal vez no más de 6-8 personas, incluyendo niños.  Es decir, en Tilomonte  hay una escasa presencia humana  en una fecha en que ya ha pasado la época de la cosecha del maíz (marzo) y no se empieza a sembrar todavía. Comienza el  invierno. Pero al menos hallaron, tal vez,  algunos recursos ocultos en los trojes o collcas de los residentes indígenas, además de alfalfa, en sus potreros,  para sus extenuados animales.

Una descripción digna de antología.

El espectáculo de las montañas que  aquí se abre al visitante era de singular belleza. No podemos evitar trascribir, ad litteram, las frases líricas que a San Román se le vienen a la cabeza, en su notable descripción de este paisaje:

"El espectáculo de esta real cadena de alturas es incomparablemente bello y grandioso  mirándola desde allí recta al norte,  hasta el piramidal Licancabur, que la termina por aquel rumbo. Un ejército de gigantes con pies de granito, cuerpo de escorias y vientre de fuego:  nevadas y humeantes las cabezas, enfilados en interminable línea de batalla sobre el ancho zócalo del continente que contemplan a sus plantas,  destacados en toda su corpulencia y contornos esos cíclopes y envuelto todo el colosal y sublime espectáculo en el baño azul de la transparente atmósfera a lo lejos,  es un cuadro de indefinible grandeza y hermosura que pocos hombres habrán contemplado igual,  y quizá no otro lugar de la tierra lo ofrece semejante". ( San Román, 2014: 135).

El ingeniero cede aquí el paso al improvisado literato; ¡qué duda cabe!.  Trozo literario bellísimo que bien merecería figurar en una antología de la lengua castellana escrita para el norte de Chile.

¿Qué era Tilomonte y cómo lo ve San Román  agotado tras la  terrible travesía?

El autor señala:

"Era  Tilomonte un bosque de corpulentos algarrobos y chañares y un pequeño prado alfombrado del fresco verde de la brea en contraste con el glauco plateado del cachiyuyo; un  arroyuelo, una vega pastosa, potreros alfalfados, algunos árboles frutales y unas cuantas chozas y ramadones que nos parecieron pasables moradas, nos sirvieron de cómodo sitio  para descansar unos días...; la mulada había sido más que diezmada por la última terrible jornada..." (San Román, 2014: 136; subrayado nuestro).

 Para ellos, la llegada a este lugar fue un verdadero paraíso, tras la última y agotadora jornada en la que habían perdido  buena parte de sus mulas, debiendo  algunos de ellos caminar a pie.

Aquí en Tilomonte, San Román obtiene las primeras noticias y voces de la lengua cunza de los antiguos atacameños, tema que ya hemos  tratado in extenso en un  capítulo precedente  de este blog.


Fig.4.  Un algarrobo pluricentenario, famoso por  el grabado de una leyenda colonial  en la parte delsu tronco desprovista de corteza donde se ha trazado una cruz.  Es ésta una impresionante dedicatoria a la Virgen  María, concebida sin pecado original.


Fig.5.  El árbol  está  vivo aún y debe tener una edad muy superior a los 500 años.  La inscripción  tallada en el tronco,  sobre la cruz, porta  la fecha AD 1671  (Anno Domini  o "En el Año del Señor" de  1671).


La llegada a Peine.

"El día 12 de mayo levantábamos tiendas de Tilomonte, tomando los unos por la orilla del salar y el jefe por el camino del Inca que sigue por la falda de la cordillera, designándose como próximo punto de reunión general el pueblo de Toconao".... En Peine  obtuve noticias  de las antiguas minas de Lankir, situadas a cierta distancia al interior y abandonadas por entonces...  (San Román en Muñoz, 2014: 138; subrayado nuestro).

La población de Peine.

Se asombra San Román de  escuchar, al llegar a Peine, el coro de las voces juveniles de  los niños  de la escuela del lugar.  "Fue el primer ruido que llegó a nuestros oídos al penetrar en lo más denso del pequeño caserío de Peine...Hombres y niños, pobres lugareños de pura sangre indígena, deletreando el silabario de Sarmiento y trazando palotes y hasta elegantes planas de caligrafía en el más puro tipo de letra inglesa, nos pareció portento y maravilla en aquellas alturas. Y aquella escuela no era fiscal, ni recibía su preceptor más remuneración y más elementos que lo procedente de la suscripción de un pueblo que no contaba sino de 60 habitantes, entre niños, mujeres y viejos".  (San Román en Muñoz, 2014: 139; subrayado nuestro).

San Román  se interesa por  consultar sobre la población y su número. Tal vez el dato provenga del propio profesor de la escuela, con quien seguramente conversó sobre el poblado y sus habitantes, aunque  esto  no se diga expresamente. Dicho número sugiere  la presencia de unas 11-12 familias, a lo más.

Peine y Socaire.

El paso por estos pueblos  merece las siguientes observaciones de parte de San Román:

"Adelante de Peine, viene Socaire, lugar de recursos también para el viajero, pero de menor significación que Peine; luego Cámar,  lugarejo igualmente útil por algunos pequeños cultivos y en situación agradable y pintoresca. Siguiendo la misma ruta a la vista de la serie de cumbres volcánicas, el Meñiques, el Léjia, el Lackar, etc.,  se cruza el camino real de  Atacama a Salta  y se cae por sobre densos médanos y cordones de dunas al zanjón de Sóncor, que también mantiene en su arenoso fondo algunos cultivos".  (San Román en Muñoz, 2014: 139).

El pueblo de Toconao y su entorno geográfico.

...Y se llega por fin sin salir de médanos  (1), al pintoresco Toconao, el jardín de la puna atacameña occidental,  situado a inmediaciones del esbelto Licancabur...Verdadero  objeto de juguetería en que todo está reducido a lo más pequeño: el pueblo, las casas, las proporciones del paisaje y hasta la subdivisión territorial: diez cuadras de bosque secular, de cultivos, arboledas frutales, de jardines y potreros alfalfados, lagos y cataratas para trescientos habitantes (2)!. La irregularidad y el desconcierto es la nota dominante en este curioso pueblecillo de propietarios urbanos y rurales.
Donde se inicia el diminuto remedo de valle se aglomeran las casitas o cuartuchos de piedra traquítica  (3) regularmente canteada, sin orden ni disposición alguna mirando los unos al poniente mientras los otros, al lado o al frente, miran a todos los rumbos;  y desde allí abajo siguiendo la pendiente a saltos, en una sucesión de rápidos y caídas verticales, se anda un intrincado laberinto de sendas y se tropieza a cada cinco pasos con algún cercado que debemos salvar por alto, una zanja que es preciso saltar al vuelo una ladera resbaladiza que requiere precauciones; y así hemos recorrido en media hora Las heredades de muchas familias que poseen una o más áreas (4) de terreno, pero que proveen a su subsistencia por el lujoso privilegio de darse allí buena la uva y excelentes otras frutas tan apetecibles como duraznos, peras, higos, etc. (5), que encuentran lucrativo mercado en Atacama  (6), Caracoles (7) y Calama  (8). (San Román en Muñoz, 2014: 139-140).

Notas nuestras a este  hermoso texto:

(1)  "Médanos", se denominaba en esa época  a los conjuntos de dunas movedizas. Equivale a "campo de dunas". La voz "médanos"  ya dejó de usarse en Chile, pero  fue de empleo muy común entre los autores del siglo XIX  y se la encuentra en las descripciones  de muchos autores.

(2)   Se anota la población total aproximada de Toconao, el pueblecito más importante después de san pedro.  Trescientos habitantes equivaldría, aproximadamente, a  unas  60-62 familias. Era la segunda población en importancia, después de San Pedro de Atacama, o Atacama la Alta, como se la llamaba en el período colonial.

(3)   La roca usada en la construcción del pueblo de Toconao es la piedra liparita volcánica de color blanquizco, y procede de unas canteras situadas al Este del poblado, explotadas desde antiguos tiempos para la construcción de las viviendas.

(4) El "área" es una medida de superficie  que  mide  1.000 m2. Casi nadie usa hoy entre nosotros esta medida arcaica, pero sí su múltiplo, la "hectárea", que  mide  10.000 m2. En nuestro país,  la voz "área"  se emplea  simplemente como equivalente exacto a  "superficie".

(5)  Toconao  es el único pueblo de Atacama donde se da una gran  variedad de frutales, gracias  a la peculiar disposición geográfica de sus huertos, ocultos al fondo de una quebrada profunda, y protegidos  de las  fuertes  heladas  e igualmente, gracias a la excelente calidad de sus aguas dulces.


(6)  Nótese que este poblado es nombrado simplemente "Atacama" y no como hoy se dice: "San Pedro de Atacama". "Atacama" según el Glosario de la Lengua Atacameña de Emilio Vaïsse y otros (1875) podría tener un origen quechua o cunza. En lengua cunza,  -tecama- significa  "tengo frío" y es una acepción que a los autores del Glosario les parece bastante aceptable. En efecto, en San Pedro hace frío y en pleno invierno las temperaturas pueden bajar algunos grados bajo  0° C.  Sin embargo, cuando San Román preguntaba a sus entrevistados atacameños sobre el significado exacto de la voz "Atacama", no  existía claridad ni uniformidad en la respuesta. Creemos que con toda probabilidad que aquí se trata de una voz cunza, ya que  a la llegada a esta zona de los incas, portadores de la lengua quechua,  es sumamente tardía, y ocurre  al parecer  hacia el primer tercio del siglo XV.  El pueblo de Atacama ya existía desde mucho antes del arribo de los conquistadores incas   Cfr. Vaïsse y otros, Glosario de la Lengua Atacameña,  1895: 533-544) .

(7)  Caracoles  fue un afamado mineral de plata  situado al Oeste del Salar de Atacama y comunicado por una huella con  el pueblo de Toconao situado hacia el Este y Sierra Gorda, hacia el Oeste. Fue descubierto por el explorador y minero chileno  José Díaz Gana   en el año 1870 y se encuentra a una altitud de 3.100 m. sobre el nivel del mar.  Debe su nombre de "Caracoles" a la presencia de  gran abundancia en sus inmediaciones de fósiles marinos,  especialmente de cefalópodos (género Ammonites).  Pertenecen a  las épocas geológicas conocidas como el Jurásico Medio y Jurásico Superior,  con  fechas que entre los 180 y 150 millones de años atrás. No presentaba vetas fijas, propiamente tales, sino era un campo sembrado de trozos de  mineral de plata de distinta ley.  De enorme riqueza, según las crónicas de la época, durante su explotación produjo un total de  más de 855 toneladas de plata pura. (Ver Internet). Su auge fue de breve duración pero atrajo a un sinnúmero de  operarios chilenos ávidos de suerte,  los que poblaron el área, por entonces en posesión  de Bolivia.

(8)  San Román tilda a Calama como "de caserío insignificante", dando por ello a entender que  su población por entonces era muy escasa, seguramente muy inferior en número a la Atacama de entonces, pero bastante más concentrada que ésta. En efecto, Atacama estaba poblada  por familias residentes en sus numerosos aillos agrícolas,  que se esparcían cual islas en torno a las tierras agrícolas irrigadas por los ríos Vilama y San Pedro.     

El pueblo de Atacama tal como lo vio San Román.

En las frases que siguen, nos describe nuestro  ingeniero geógrafo el poblado principal del Salar de Atacama: San Pedro de Atacama en 1886:

"Llegar, en nuestro estado y condiciones a un pueblo edificado con plazas y calles, con tiendas y almacenes de comestibles, con autoridades administrativas y judiciales, eclesiásticas y militares, con oficina de correos y telégrafos, iglesia y escuelas, era realmente llegar a un pueblo civilizado, de recursos y reparación, aun cuando todavía estuviéramos en plena región de  punas y cordilleras..." (San Román en Muñoz, 2014: 140).

Aquí San Román, contra su costumbre, nada nos dice sobre su población. Nos promete hacerlo en otra parte de su exposición.   En todo caso, para entonces San Pedro  era un verdadero emporio de víveres y recursos para la región interior de  Antofagasta. La cita  indicada más arriba, nos habla de una población  bullente de actividad, gracias  sin duda  a la existencia de  la mina de Caracoles no lejos de allí y dependiente de éste económica y jurídicamente .

Calama en los ojos de San Román.

"Calama, puerto interior de tránsito para el comercio con Bolivia, lugar que poco antes tuvo el privilegio de ser el primer campo de batalla con que se inició las campaña,del Pacífico, era ya, en los días de nuestra visita (Abril de 1886)) estación del ferrocarril de Antofagasta a Pulacayo y Oruro.  De caserío insignificante, esparcido en un mar de vegas saladas y pantanos insalubres, iba pasando a pueblo donde humeaban las chimeneas de fábricas, rodaban carretas y se levantaban edificios para negocios y escuelas.... El verde prado de las vegas y potreros de Calama sigue ofreciendo al ojo del viajero su agradable vista hasta la confluencia del río Loa con el Salado, cuyas aguas de origen termal y altamente mineral, dañan por completo la buena calidad de las del primero..."  (San Román en Muñoz, 2014:  183-184).

 Por desgracia,  San Román no nos ofrece  aquí una estimación siquiera aproximada de su población  tal como lo hará, en cambio, para la cercana Chiuchíu.

Aspecto del poblado de Chiuchíu: excursiones arqueológicas.

En palabras de nuestro ingeniero geógrafo:

"En Chíuchiu, lugarejo de unos 500 habitantes, situado en las inmediaciones de la confluencia de los ríos Loa y Salado, se presentó la ocasión de interesantes visitas a los cementerios indígenas, consiguiendo obtener cuatro momias completas, en buen estado de conservación y adornadas con sus pintados ropajes: diversos objetos de adorno y utensilios, a todo lo cual ha dado colocación el Dr. Philippi en la correspondiente sección del Museo Nacional."  (San Román en Muñoz,  2014: 184;  se refiere el autor al Dr. Rodulfo Amando Philippi, sabio naturalista alemán afincado en Chile)

Como era habitual entre los viajeros científicos de la época,  el interés arqueológico se concentraba en  buscar tumbas aún intactas y remover sus cuerpos momificados y su ajuar mortuorio para su traslado posterior al Museo de Santiago. Probablemente, el cementerio indígena aquí aludido es el que estaba al lado del antiguo pukará indígena.  Debe ser probablemente el mismo  en el que  Grete Mostny encontró, hacia  1940,  una momia con su ajuar completo, el que describe prolijamente - a diferencia de los antiguos viajeros-  en un extenso artículo  (Cfr. Mostny, "Una tumba de Chiuchíu con un Apéndice: Protocolo de un cráneo de Chiuchíu", Boletín del Museo Nacional de Historia Natural, tomo XXVI, N° 1,  

Pasando el paso de Guaitiquina hacia el oriente, la comitiva científica de San Román  llega  a las vegas de Catua, lugar  hoy en territorio del Noroeste argentino. Para San Román:

" ...desde allí se dominan los valles pastosos de Catua, nombre que deriva del lugarejo así llamado y que se levanta sobre risueño prado verde. Una docena de casas de adobe, esparcidas al azar, desmanteladas y sin más halagos que el abrigo de su techo y sus cuatro paredes, valen relativamente, por todo un pueblo con sus atractivos y seducciones, en aquellas soledades de la puna. Cómoda estación fue ésta por algunos días para el campamento de la comisión  lográndose  relacionar toda la extensión de esta parte de la puna, por medio de no interrumpidas triangulación, con las cumbres de la cordillera real del licancabur al Llullaillaco..." (San Román en Muñoz, 2014: 194).

El nombre del lugarejo "Catua"  es de origen cunza.  Proviene del cunza -ckatu- que significa según el Glosario de la Lengua Atacameña   roca, peña.  (Cf. Vaïsse y otros,  1895: 538). Según esta misma fuente, al pie de una enorme roca que allí existía, se alzaban las viviendas de una familia residente. Que esta familia hablaba la lengua atacameña o cunza se desprende claramente  del párrafo de San Román en el que nos indica que tuvieron que recurrir a un intérprete propio para entenderse con la familia allí establecida. Lo cual significaría, evidentemente, que entre los arrieros y baquianos que llevaba la comisión investigadora, iban ciertamente atacameños conocedores de la lenguas cunza, o, al menos, de frases usuales y vocablos de esta lengua  (Cf. San Román en Muñoz, 2014: 199).

En esta parte del relato de San Román aparecen también en esta comarca algunos topónimos de inconfundible apariencia cunza, como Cauchari, Tocomar (río) o  Tuzler (volcán). La región, en efecto, hasta Antofagasta de la Sierra, fue poblada por los atacameños  y pertenecía también a la jurisdicción de la parroquia de San Pedro de Atacama, siendo atendida  por sus párrocos con ocasión de sus fiestas patronales como sabemos por otras fuentes (San Román en Muñoz, 2014: 198-204).

Síntesis poblacional.

Exceptuando la región trasandina  del Noroeste argentino, de cuyos pueblos o poblaciones  San Román no nos entrega  dato alguno numérico  concreto   (v.gr. Catua, Pastos Grandes, Antofagasta de la Sierra o Susques (poblado que no se halla citado), podemos intentar reconstruir el siguiente recuento poblacional tentativo que nos arroja al menos  alguna luz sobre  el poblamiento atacameño desde Chiuchíu por el norte, hasta Tilomonte, por el sur. Señalemos que nuestro autor no hace ninguna referencia el autor a los pueblos atacameños situados al  extremo norte y noreste de la región de Antofagasta, como  Río Grande, Caspana, Ayquina, Turi, Toconce, Machuca, a los que no nombra. Es obvio que  se ha puesto como meta investigar tan sólo  la zona geográfica comprendida entre el río Loa y el extremo sur del Salar de Atacama.

Cálculo demográfico  general tentativo.

Leyendo  entre líneas  e interpretando  las expresiones vagas  del ingeniero San Román cuando señala "algunos pobladores",  y apoyándonos en las comparaciones que el mismo establece entre los pueblos (v. gr. entre Peine y Socaire, o entre Calama y Chiuchíu)  llegamos al número tentativo de unos  1.350 habitantes,  otorgando a Calama una población tentativa de  300 habitantes y a San Pedro de Atacama (núcleo central)  una población estimada de unos 400 habitantes. Se exceptúa  la población residente en los aillos sanpedrinos más alejados del centro cívico donde estaba la iglesia y la plaza. Nuestro cálculo es tan solo estimativo y se sugiere compararlo y complementarlo con los Censos  más tempranos de estas localidades, antes que se produjera el éxodo hacia las ciudades costeras de Tocopilla o Antofagasta que inician su poblamiento hacia 1870 o  muy poco antes. Tarea específica para un demógrafo de profesión.

Nuestro particular interés ha sido ordenar y detectar la información difusa dada por  San Román,  a sabiendas que  el tema demográfico  no estaba explícitamente  comprendido   en el Decreto Supremo fechado el 17 de abril de 1883, firmado  por el presidente  de la república don Domingo Santa María y su Ministro, José Manuel Balmaceda. Este estipulaba, entre otras cosas  (Artic.2°),   que se debía levantar "la carta topográfica del desierto con los detalles de su orografía e hidrografía, demarcación de las aguadas naturales y de los puntos donde éstas pueden ser abiertas". (San Román en Muñoz, 2014: 30-31).  Además:  se señalaba en él  que "se tomarán, en general, todos los datos que el estudio mismo del desierto ofrezca al interés de la industria y a la posibilidad de plantearla con ventaja para las empresas particulares" (Artic. 6°; subrayado nuestro).

 Y, en este contexto,  es obvio  que  el poblamiento del área recorrida era un dato muy importante para los futuros viajeros  que concurrieran  esta región.

(En proceso falta agregar fotografías de los pueblos aludidos aquí).



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jueves, 26 de diciembre de 2013

Grete Mostny Glaser: Homenaje a una gran investigadora del mundo atacameño. Calama, 05-10-1986.



Fig. 1.   Fotografía de la arqueóloga Grete  Mostny  hacia el año  1975  (?).  Tomada de  la obra de Mario Orellana Rodríguez  titulada : Historia de la Arqueología en Chile, Colección Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Bravo y Allende Editores,  (1996: 208)

Fig. 2.  Asistentes al Congreso Internacional de  Arqueología de San Pedro de Atacama, organizado por el jesuíta  P. Gustavo le Paige   S.J., Director del Museo de San Pedro.  Enero 1963.   De  derecha a izquierda, Grete es la tercera persona  de la fila.  El jesuíta Le Paige, de sotana gris, es el cuarto de izquierda a derecha.  (foto en la obra  citada de Mario Orellana,  1996: 208) .


El cinco de Octubre de 1986,  hace más de 27 años, con ocasión del  "Simposio sobre Patrimonio Cultural de El Loa", en el salón de honor de la Municipalidad  de Calama,  se rindió un sentido homenaje a la gran investigadora  de la etnia atacameña, Dra. Grete Mostny. Glaser.  Como invitada especial, la vimos ese día  asistir, ya anciana y cansada,   con reprimida emoción,  al Acto de reconocimiento a su eximia labor. Los organizadores del Simposio, nos solicitaron entregarle el saludo correspondiente, en nombre del grupo de investigadores asistentes. En ese tiempo, me desempeñaba yo como investigador en el Instituto de Estudios Antropológicos de la Universidad de Antofagasta. Agradecí el honor y pronuncié en esa ocasión el discurso en su homenaje, cuyo texto incluimos aquí.

Breve biografía.

Nacida en Linz, Austria el 14 de Septiembre del año 1914, llegó a Chile el año 1939. De origen judío, se vio obligada a huir del régimen nazi con su marido,  y  llegó a nuestro país donde   fue acogida por Ricardo Latcham, Director por entonces del Museo de Historia Natural, quien al poco tiempo la nombró  "Encargada de la sección de Arqueología". Llegó a ser  Directora  del mismo Museo entre los años  1964 -1982, fecha de su retiro. Obtuvo la ciudadanía chilena y casó en segundas nupcias con  Juan Gómez Millas, ex Rector de la Universidad de Chile.  Falleció en Santiago el 15 de Diciembre  de 1991. Pocos días después, el Senado chileno le rindió un sentido homenaje. Se lo merecía con creces.

Cuando se realizó el  Acto de Homenaje en  su honor en la ciudad de  Calama , al que aquí se alude, Grete tenía 72 años bien cumplidos. 

Un Acto del que nadie se acuerda.

No quisiéramos que este Acto (del que ya nadie se acuerda) y  este homenaje pase desapercibido para la futura historia de Calama y de los pueblos atacameños. Por eso hemos decidido estampar aquí el texto completo del discurso pronunciado aquel día,  texto seguramente largo tiempo olvidado y, tal vez,  ya desaparecido de los anaqueles del otrora  vigoroso "Centro Cultural de Calama".  A través de sus párrafos,  podremos seguir los diferentes capítulos de la incansable vida de investigación de esta notable arqueóloga  extranjera, avecindada en nuestro país y nacionalizada chilena.


Texto del  discurso.

" A  GRETE  MOSTNY,  CON  ADMIRACIÓN  PROFUNDA.

"Chile la ve llegar en 1939, cuando nuestra arqueología estaba aún en pañales. Si bien brillantes pioneros como Max Uhle, Ricardo Latcham,  Aureliano Oyarzún y Augusto Capdeville y otros más, habían ya hecho señalada obra en la presentación de algunos hitos fundamentales  en la arqueología nacional, particularmente en nuestra zona atacameña, Grete se dedicó con pasión y entusiasmo  a profundizar  y ampliar el campo de estudio.

"A través del Museo Nacional de Historia Natural de Santiago que la cobijó durante casi toda su fructífera labor antropológica y arqueológica, Grete nos fue entregando más de 100 trabajos científicos, en su mayoría de tipo arqueológico, enriqueciendo con ellos considerablemente nuestro conocimiento de la  1ª y 2ª Región.

"Su sólida formación humanista y su doctorado en Bélgica en Filología e Historia  de Oriente, le otorgan la seriedad y la metodología profunda para enfrentar el examen de nuestras antiguas culturas . Y la egiptóloga en ciernes, se convierte, por un increíble azar político, geográfico y cultural, en la gran experta en la cultura atacameña, maestra y ejemplo de las actuales generaciones de arqueólogos chilenos.

"Si bien publicó valiosas contribuciones sobre la  zona de Arica, la Serena y la zona central de Chile, e incursionó con gran vitalidad en la antropología y etnografía de los grupos fueguinos,  su pasión máxima fueron estos pueblos desérticos, sus oasis, sus hombres y paisajes en esta 2ª Región.

"Reseñemos ahora algunas de sus obras cumbres, con el temor de enfatizar, con cierta parcialidad, aquellos trabajos en los que marcó nuevos rumbos y senderos  a la investigación nacional.  En 1948,  publica  su extenso artículo "Ciudades Atacameñas", fruto de una incansable  labor de terreno y cartografía de las principales ruinas de los antiguos pueblos del área. Tal esfuerzo, hasta hoy, no ha sido superado.

"En 1954 presenta uno de sus mayores y más profundos trabajos: Peine un pueblo atacameño, a la vez antropología, etnografía, lingüística  y biogeografía del pueblo más meridional del Salar de Atacama. La investigación data de 1949. Grete frisaba apenas en los 34 años.  Aquí supo utilizar, sagazmente su predilección por la lingüística, rescatando nuevos antecedentes para el estudio de la lengua atacameña o kunza.  Grete me confiaba  hace pocas horas: "cuando llegué a Peine visité una familia donde había un niño enfermo, me habían pedido que lo llevara a Calama. Ahí oí conversar en una lengua extraña, que no era el castellano. Me confesaron, tras alguna vacilación, que  era un "dialecto" y que lo llamaban  "kunza".
Su contribución al estudio de una lengua, ya por entonces casi del todo extinguida, fue crucial. En efecto, había ya por entonces muy escasos parlantes de dicho extraño idioma, que hasta hoy ha resistido todos los intentos de afiliación lingüística.

"Pero "Peine, un pueblo atacameño", fue también un extraordinario trabajo etnográfico y análisis profundo de costumbres, descripción detalladísima y acuciosa de todos los aspectos de la vida diaria: ajuar doméstico, vestimenta, vivienda, asentamientos, sistemas agrícolas y ganaderos, fiestas y ritual religioso de los habitantes atacameños de la zona. Nada escapa a su ojo avizor,  ni siquiera la flora o fauna, la toponimia o la composición química de sus aguadas o pozos.

"Grete comprende, siguiendo una tradición  de las mejores etnografías extranjeras, que una comunidad humana solo puede ser entendida en su integridad. Antes  de la aplicación de la "teoría de sistemas",  Grete ha comprendido que el pueblo o comunidad es un "todo" un "sistema" el que,  por tanto, exige análisis integral de todos sus componentes. Cuando por entonces apenas hablábamos de  ecología, su análisis no ha sido superado ni lo será por mucho tiempo. Más aún, me atrevería  audazmente a afirmar que esta obra magna es la única etnografía realmente completa escrita hasta hoy en Chile.

"Me confiaba su autora hace algunos instantes aquí en Calama: "ojalá se hiciera, después de transcurridos casi 40 años un nuevo estudio de Peine, para  detectar sus cambios, su  transculturación". Tarea ímproba que habría que emprender un día, sin duda, tras las huellas frescas de Grete y con su misma tenacidad  [y agregaría yo hoy,  2013,  con su idéntica metodología de análisis].

"Sorprende recorrer  las apretadas páginas de este riquísimo estudio. Parece increíble que tal obra haya sido hecha  por solo tres personas (un  geógrafo, un antropólogo físico y una antropóloga: la misma Grete) en el espacio de solo tres semanas de arduo trabajo  en terreno. ¡Ejemplo y lección para nosotros, sus seguidores, que podemos llegar hoy a las comunidades con tanta facilidad, rapidez, y  comodidad!.

"El influjo e impacto inca, en la zona central del país,  muy poco estudiado  hasta entonces, recibió un inusitado impulso. con la publicación de dos trabajos claves: "Un cementerio  incásico en Chile Central (La Reina,  Santiago)", en  1947 y "La momia del Cerro El Plomo" (1957) que reseña el descubrimiento de un sacrificio humano de una niña lupaca  a las divinidades de las aguas y de los montes. Trabajos ambos que arrojaron nueva luz sobre el poblamiento de colonos y colonias incaicas  hasta la zona del río Maipo.

"Junto con el Dr. Alejandro  Lipschutz viaja al extremo sur (Punta Arenas e isla Navarino)  a estudiar aspectos de la biología y antropología cultural de los últimos descendientes de los yámanas o yaganes. La historia y cultura de los grupos étnicos en vías de extinción ha sido,  también, una obsesión de Grete.

"Su amplio conocimiento de la  arqueología chilena le permitió escribir, en apretada síntesis, su obra de divulgación: "Prehistoria de Chile", que ha conocido innumerables ediciones y que ha sido el vademecum  obligado de la arqueología de los grupos indígenas chilenos para todo el estudiantado nacional.  Sin esta obra de Grete habría carecido el joven chileno del trabajo básico que le  le abría el acceso al conocimiento científico de nuestras raíces prehispánicas.

"Variados otros aspectos de la antigua cultura atacameña ha  quedado  en evidencia en los estudios de Grete: sus ideas religiosas, su arte rupestre singular y bellísimo, su  artesanía, su vestimenta y adornos, aspectos que otros investigadores en esta misma oportunidad  [i.e. en este mismo Simposio]  han seguido profundizando.


[Síntesis de su legado].

"Yo me atrevería  audazmente a sintetizar el legado de Grete Mostny en lo siguientes aspectos:

a)   es absolutamente necesario hacer las investigaciones sobre las culturas  y los pueblos  en el terreno mismo, no desde el solo gabinete;
b)   es preciso aplicar la más avanzada tecnología de estudio que sea posible adquirir. No hay que ir a "ensayar" con las comunidades;
c)   es preciso trabajar en equipo. Una comunidad es un todo sistémico que debe ser enfocado en su globalidad;
d)   si es siempre necesario comenzar con numerosos análisis de detalle, se ha de procurar, sin embargo, llegar  síntesis generales con el objeto de hacer avanzar la ciencia antropológica;
e)  es indispensable perseguir temáticas relacionadas entre sí, en zonas próximas, a fin de llegar a conclusiones válidas; hay que evitar a toda costa la dispersión tanto temática, como geográfica;
f)    hacer ciencia antropológica  es la suma de tesón, observación,  método, análisis sistemático y control repetido. La ciencia no se  hace en conversaciones de pasillo, ni en las charlas; ni siquiera en los Congresos. Se realiza en el estudio profundo y silencioso, tesonero e incansable;
g)   para hacer ciencia hay que tener avidez por aumentar el conocimiento para el provecho de toda la nación, no sólo para el solaz intelectual de unos pocos "iniciados" o entendidos.


"La figura de Grete se agiganta hoy junto al recuerdo de un Max Uhle, Ricardo Latcham o Gustavo Le Paige, antecesores heroicos del conocimiento de  la cultura atacameña: la del pasado y la del presente.

"Estamos  profundamente convencidos de que el conocimiento vívido, profundo y sistemático del pasado de nuestra Región [Antofagasta]  es y será siempre el único modo de entender las reacciones y vivencias del poblador autóctono. de nuestros pueblos actuales. No hay acción social o cultural, de cualquier tipo que sea,  que pueda darse el lujo de  ignorar la historia, y el desarrollo evolutivo de la vida de los pueblos.

"Grete, quien supo  aunar el estudio arqueológico y el etnográfico actual de los habitantes del ecúmene atacameño,  nos ha dado la gran lección. Ojalá  sigamos  decididamente sus huellas.

"Verla hoy aquí, erguida y pálida, pero ansiosa y soñadora, junto a nosotros, para dar juntos cima al primer "Simposio sobre el Patrimonio Cultural de El Loa", es para nosotros médicos, arquitectos, antropólogos, historiadores y arqueólogos interesados en esta comarca,  ocasión de estímulo y tremendo desafío.  Y para el pueblo y autoridades de Calama,  es ella el símbolo  viviente  de un renacimiento y vivencia de los grandes valores culturales del pasado".

He dicho.

Recuerdo personal de esos días.

El día anterior,  4 de Octubre de 1986,  todos los asistentes al Simposio habíamos subido en bus  a visitar el alejado pueblito de Caspana. Fue este viaje respuesta a un deseo explícito de Grete. Recuerdo bien la lenta repechada del grupo caminando entre las piedras  por los tortuosos senderos del pueblo, observando con atención  las viviendas,  sus habitantes y sus hábitos. Éstos, curiosos, no  podían imaginar siquiera  quién era su ilustre visitante. Acompañé a Grete durante todo ese trayecto  y percibí, en sus ojos y en su mirada penetrante -tan característica suya-  el interés y la emoción  que le producía visitar Caspana,  después de tantos años. Ese fulgor de su cariñosa mirada  que,  transcurridos tantos años, aún conservo fresco y vivo en mi memoria.

Un día, Dios mediante,  daremos a conocer la conversación que sostuve durante todo aquel viaje a Caspana, con Grete,  sobre variados temas atacameños. Esa grabación que conservo hasta hoy  y nunca ha sido transcrita,  nos va a dar  tal vez  más de alguna sorpresa, al transmitirnos retazos de su legado antropológico, como producto directo de esa visita. Visita inolvidable que  no podré olvidar,. Fue la última vez que ví  yo  y traté a  Grete, quien  partiría de este mundo solo cinco años después.

 Fue su postrer adiós al mundo atacameño.


Epílogo.

Muy poco material nos ofrece hoy la web sobre esta eximia investigadora de nuestra arqueología nacional. Ni siquiera buenas fotografías suyas. La pequeña biografía que le dedica  Wikipedia es por desgracia, débil, incompleta e insuficiente. No reseña su riquísima  bibliografía sobre los temas atacameños,  o sobre  los descubrimientos de las cultura inca.  No nos demuestra  su importancia como consumada  arqueóloga y etnógrafa.  Mucho nos sorprende esta carencia que quisiéramos de algún modo remediar en este capítulo. Tampoco ahonda mayormente en su  magnífico legado la obra de Mario Orellana,  dedicada a la  historia arqueológica  de Chile (Bravo y Allende Editores, 1996).

Ojalá un  día  -tal como se hizo con el investigador Hans Niemeyer-  algún arqueólogo con dotes de escritor emprenda la nada fácil tarea de trazar una rica biografía de esta notable investigadora que pasó casi toda su vida  investigando realidades culturales de nuestra patria y en nuestra patria, a la que dedicó sus mejores energías. El año próximo celebraremos el centenario de su nacimiento en Linz, Austria.  Sería el momento exacto para presentar una buena biografía de Grete. El Museo Nacional de Historia Natural  de Santiago debe guardar, sin duda, un rico acervo fotográfico y documental sobre su quehacer arqueológico y etnográfico. Alguien debe explorarlo y explotarlo, en beneficio de las futuras generaciones de investigadores. El legado de Grete queda, mientras tanto, esperando la aparición de un buen biógrafo.  Pero éste  deberá estar familiarizado con el idioma alemán,  lengua que ella aprendió desde la cuna y que usó en muchos de sus apuntes.  La gran duda: ¿llevó Grete un "Diario de Vida" o de terreno?.  Es muy probable. ¿Alguien lo sabe?.


Esa biografía es  una deuda pendiente de nuestro país para con ella. ¿Quién recogerá  el guante?.