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jueves, 29 de octubre de 2015

Presencia y actividad humana en el "desierto florido" al sur de Iquique: utilización del ecosistema de lomas por el hombre antiguo.

Fig. 1.  Área del antiguo campamento o paradero de paso hacia el interior, situada a los 200-210 m sobre el nivel del mar.  Intensamente traficada hoy por visitantes y turistas;  aquí se ubicaba un lugar de campamento indígena. Hemos hallado sus fogones, sus basuras,  sus instrumentos y  su cerámica en este lugar.  De esta historia antigua  de hace más de 500 años,  queremos hablar hoy. ¿Quiénes poblaron esta área?. ¿Cómo lograron subsistir aquí?, ¿Qué huellas hemos encontrado de su paso por este lugar?.   

                     
 Fig. 2.   Vista desde  la zona del campamento indígena  con presencia de cerámica abundante, hacia  la costa. Aquí estamos en la cota de los 230-240 m.  s.n.m.    La vegetación dominante muestra  Nolana jaffueli,   Cristaria molinae y otra Cristaria, de flor  blanca  grande, casi con certeza Cristaria dissecta.  Esta formación vegetal efímera  (no dura más de 3  meses en este lugar), ha sido denominada de "Lomas", por la bibliografía geográfica y arqueológica del Perú. Allí, estas lomas son mucho más potentes y persistentes y han sido en el pasado muy utilizadas por el hombre no solo como un valioso recurso alimenticio, sino también como lugar de pastoreo  para sus hatos de llamas. (Cfr.  los trabajos del arqueólogo  francés  Fréderic Engel  para la costa sur del Perú).

Los  efectos del Fenómeno de "El Niño".

En un capítulo anterior  de este Blog (de fecha  6 de Octubre 2015), hemos presentado numerosas imágenes de  plantas del desierto costero del Norte de Chile. Éstas   surgieron de improviso, en el sector costero entre Palo Buque  y Playa Lobito, a 22 km al sur de la ciudad de Iquique,  con motivo de las copiosas lluvias que cayeron en la costa norte chilena entre los días  8 y 9 de agosto del presente año 2015.  Ya hemos explicado allí  que este fenómeno se debe a la presencia y actividad de un potente Fenómeno de "El Niño", evento climático singular  que suele presentarse en las costas de América del Sur   con cierta periodicidad,  al modificarse repentinamente la posición del Centro de Altas Presiones  que impide y frena normalmente  la llegada de las precipitaciones a la zona.   Este  tipo de  eventos  esporádico,   modifica substancialmente la tendencia climática seca preponderante,  trayendo consigo consecuencias insospechadas para la existencia humana en la zona.

Una lluvia   totalmente inusual.

De un promedio histórico de lluvias de apenas 0.7 mm de agua caída al año, hemos pasado, en este año, a 50 mm.  en apenas dos días. Esta descomunal lluvia provocó no solo  la formación de verdaderos torrentes en los cerros cordilleranos de la costa,con cambios notorios en la geomorfología de la zona,  sino también,  una  nunca vista germinación y floración   de todas las especies  vegetales que   subsistían, ocultas,  en el subsuelo arenoso. De un paisaje totalmente árido y seco, se pasó, en  pocas semanas a un verdor nunca visto en estos parajes. Al menos no, en los últimos 40 ó 50 años. Es lo que dicen los pobladores cercanos.  Sospechamos que  mucho más. 

¿Ha sobrevivido aquí algo de la cultura primitiva?.

Estos sitios fueron intensamente recorridos en el pasado. Hemos encontrado las pruebas fehacientes de su paso. Pruebas numerosas y contundentes. Nos corresponde ahora mostrar a los lectores  qué elementos  de la cultura humana prehistórica, han logrado sobrevivir hasta hoy, como muestra de su actividad  de antaño en estos lugares.  ¿Podemos  de alguna manera columbrar qué hacían en estos parajes, o de qué se alimentaban?. ¿Podemos tener una idea clara de la forma de su instrumental  de trabajo?. ¿Queda algo  todavía in situ, intocado, a pesar de los siglos transcurridos?. Y esto ¿a pesar de la alteración sufrida por este paisaje por la intensa actividad humana   reciente?. Estos instrumentos, por  toscos y primitivos que nos parezcan, ¿nos pueden dar  una cierta idea de sus  actividades  y de su economía básica de subsistencia?. Lo veremos a continuación. (Las fotos   aquí publicadas, son nuestras).

Conchales y paraderos  o campamentos de paso.

Sabemos que los habitantes costeros eran preferentemente pescadores y mariscadores de orilla de playa.   Sus "conchales"  o acumulaciones de conchas, cercanas al mar, delatan sus preferencias alimenticias.  Sin embargo,  cuando podían tener acceso a  otros recursos alimenticios   (carne animal, vegetales, caracoles terrestres, insectos, etc.),  recurrían a  ellos, mediante la caza animal o la recolección  terrestre. Y, por cierto, en  los años lluviosos del Fenómeno de "El Niño",  surgían posibilidades  de nuevas fuentes de alimento, distintas de las que les ofrecía  normalmente el bioma marino.  En tales años,  utilizaban ciertos parajes como campamentos de paso o paraderos (como en el caso que aquí estudiamos), dejando huellas de su alimentación y actividad. Estos campamentos o "paraderos" de tránsito, nos muestran una ocupación humana de muy escasa profundidad y no se deben confundir con los "conchales" propiamente tales,   donde la acumulación de conchas y restos de cocina puede llegar a varios metros de profundidad,   con una cronología  de ocupación de varios miles de años. Nos queda claro que no es este el caso aquí.

Posibilidades  ciertas de caza animal   y recolección vegetal.

Podemos sin dificultad imaginar el gozo y alegría de  los indígenas  costeros al ver que  los cerros grises o pardos se teñían repentinamente de verde,   ofreciendo un espectáculo que para ellos debió ser tan sorprendente como para nosotros hoy día.  Estos kilómetros de praderas verdeantes atraían  por semanas a guanacos y ciervos, cuya  cacería  era altamente codiciada por ellos.  Algunas de sus plantas,  sus flores, sus raíces o cebollines  (bulbos)    fueron un buen alimento para ellos, sin duda alguna.

Fig. 3.  Espectáculo que ofrecían las laderas próximas al cerrillo de los Parapentes,  frente a Palo Buque,  a fines de septiembre 2015  desde la altitud de  los  130 metros hacia arriba (Foto H. Larrain).

Fig. 4. Praderas  cubiertas de infinitas Nolanas  (Nolana jaffueli) y Cristarias. Llegamos a contar, en algunos casos,  hasta   20 plantas por  m2., algunas minúsculas, pero, a pesar de su  tamaño enano, igualmente en flor.

¿Qué instrumentos poseían y nos han dejado aquí de recuerdo?. El instrumental de los antiguos  pescadores-recolectores marinos.

Fig.5. (Cara anterior) Este  canto rodado de playa, fue hallado en  uno de estos  paraderos  o campamentos ocasionales,  en medio del verdor, donde había  muchas conchas consumidas y restos cerámicos y óseos. (Vea Fig. 1). A pesar de su apariencia, no es, pues ésta,  una piedra cualquiera, corriente. Fue acarreada desde la playa  con fines claramente utilitarios. Es una auténtica "herramienta" o instrumento indígena, y fue usado como tal.  Esta herramienta tiene dos caras: la que mostramos aquí, presenta signos evidentes  de golpes en toda su superficie y en sus bordes, siendo así una especie de  "martillo"  o percutor  de ocasión;  la faz opuesta, perfectamente lisa, en cambio, denota su probable uso como  mano de moler o moleta, y era usada para moler, triturar semillas o machacar vegetales y aún moluscos, como el loco (Concholepas concholepas).

Fig. 6.   Cara posterior del mismo instrumento. Está perfectamente pulimentada y desgastada por el uso continuo como mano de  moler o moleta. Es decir, este instrumento  tuvo un doble empleo: como percutor o martillo,y como mano para la molienda  en un metate   o batán.  Este último debió ser, en la zona costera, solamente una piedra   bien plana, de las que frecuentemente hemos hallado en yacimientos costeros, no pocas veces teñidas de ocre rojo. 


Fig. 7. He aquí otro instrumento, hallado en la huella antigua.    Es un clásico raspador elaborado a partir de  un núcleo de sílex.  Presenta sus bordes cortantes en todo su derredor. Fue hallado en el sendero  antiguo de ascenso, hacia los 180-190 m de altitud s.n.m. Sirvió tanto para cortar, como para raspar, frotar y alisar  cueros o huesos, o para fabricar instrumentos en hueso o madera.

                           













Fig. 8.  A un costado del camino antiguo que ascendía en forma diagonal hacia el SSE, remontando   el acantilado costero,  el paso de visitantes y curiosos, que venían a contemplar este grandioso florecer del desierto, dejó casualmente al descubierto un antiguo fogón de tiempos prehispánicos. Removiendo un poco la arena oscurecida por las cenizas, aparecieron numerosas vértebras de peces, conchas quemadas, huesos calcinados, carbón vegetal, signos  todos  de una merienda in situ, tal como se puede ver en la imagen siguiente. 

                      
Fig. 9. Trozos de carbón de origen vegetal hallados en el fogón.  Las plantas que pudieron dar origen a este carbón, fueron, presumiblemente,  arbustos leñosos que antaño prosperaron en las partes más altas del acantilado costero. Con gran probabilidad, se trata de tronquitos o ramas de Licyum  leiostemum, Ephedra breana  u Ophryosporus sp.,  especies botánicas existentes aún hoy  en los  oasis de niebla al sur de Iquique.  Los  materiales iniciales usados para el encendido (llesca) fueron, seguramente, las raicillas secas presentes  aquí por  todas partes, a escasa profundidad o los restos ya secos de plantas muertas.    

                               
Fig. 10. Conchas ennegrecidas de lapas (Fissurella spp., señoritas  (Scurria sp., Collisella sp, o locos (Concholepas concholepas) y restos de peces aparecen en los estratos del fogón, indicándonos de inmediato su preferencias alimenticias. Los mariscos eran puestos directamente al fuego (sancochados). Por lo que pudimos observar, todos los mariscos que  aquí encontramos eran gastrópodos marinos,  es decir, "mariscos" que viven aferrados a las rocas azotadas por el mar. Proceden de los roqueríos vecinos y suelen quedar expuestos en las bajas mareas, de donde  eran extraídos seguramente por las mujeres y los niños. No hallamos, en cambio, aquí bivalvos tales como cholgas, almejas, tacas o  machas, las que son propias de habitats provistos de extensas  playas arenosas.

La cerámica presente  en estos yacimientos.

Fig. 11. Fragmentos de cerámica de cocina (o "culinaria"), como gustan de decir los arqueólogos.  Son trozos de ollas de diversos tamaños.

 Fig. 12.  Fragmentos de  ollas.  En el costado derecho  arriba, se puede ver   un pequeño fragmento prominente, provisto de un mamelón   destinado al agarre de la vasija.

Fig. 13.   Trozos de hueso animal.  El de la derecha, muestra una coloración cinérea que delata su exposición evidente al fuego.  La carne del animal  era puesta directamente al fuego, al igual que los mariscos.  Ahorraban al máximo el agua de beber, por su extrema escasez en estos parajes costeros donde las vertientes eran raras y  generalmente salobres.

Fig. 14. Planta de la liliácea Fortunatia biflora, mostrando su  tallo y pequeño bulbo. Estos bulbitos son comestibles  y, de acuerdo a nuestra experiencia personal  en el  campo,   con algo de sal, hasta nos parecieron sabrosos.  En nuestra reciente expedición del día   9/10/2015 al lugar la hallamos en relativa abundancia entre los 300 y 380 m de altitud s.n.m.  Fácilmente los antiguos pobladores habrían podido -en caso de proponérselo- colectar unos 30-50 bulbitos en pocos minutos  para una frugal comida de emergencia, o tal vez, para llevar consigo, como cocaví de viaje. Se consumen crudos, como la cebolla.  

 Fig. 15. Huesos  de mamífero, tal vez de guanacos,  que se hallan dispersos y en gran abundancia  en los sitios de acampada o descanso.

 Fig.  16.  Lascas o esquirlas,  fruto del desbaste de nódulos o núcleos de sílex.  Su hallazgo denota  y comprueba, sin lugar a dudas, el frecuente trabajo de talla de artefactos líticos,  realizado in situ, por parte de los antiguos moradores. La esquirla color negro es de  roca basáltica.

Fig. 17.  Punta de arpón rota,   provista de  pedúnculo para   el agarre y sostén en un astil de madera.   El material usado es sílex blanco muy puro  y está  muy finamente terminada.  Fue hallada en el antiguo sendero de subida, por el costado norte del cerrillo de los Parapentes. (Vea la descripción del hallazgo, en detalle, en el Diario H. Larrain, Vol. 95: 42-43; descubierta por María Isabel Fuentes).

                              
Fig.  18.  Porción media de una punta de  arpón al que le falta la base y la punta.  Fue hallada a unos    20-30 m de la punta anterior, siendo, a lo que sospechamos, parte de un mismo núcleo original de sílex. Los dos materiales, en efecto, son idénticos en su aspecto.

Fig.  19. Una pequeña explanada, junto al extremo este del cerrillo de los Parapentes fue un excelente paradero o campamento para el descanso y ejercicio de actividades tecnológicas (fabricación de instrumentos). Aquí se acumula hoy la evidencia de antigua presencia humana en forma de conchas, lascas, litos, cerámica y huesos quebrados en forma evidentemente intencional.
  
Fig.  20. El raspador, en ampliación fotográfica.  Junto al percutor  o martillo, este instrumento les era  indispensable e infaltable  en su  equipo de caza.

                              
Fig.  21.   Un raspador  en forma de aleta, roto. Está tallado en forma burda, por ambas caras.

Fig. 22. Conchas  vacías, muy antiguas,   del caracol terrestre  Bostrix derelictus broderipi   (Fam. Gastropoda) que antaño debió proliferar  y colonizar en inmenso número  estas praderas de Nolanas y Cristarias y hoy  se encuentra, al parecer, totalmente extinto en el lugar. El proceso de  calentamiento climático y la falta de continuidad en la humedad y lluvias, ha sido, probablemente, la causa de su total desaparición o extinción en este ecosistema. Ya no se las encuentra vivas en este ecosistema. Al menos, nosotros no las hemos podido hallar.

 Fig. 23.  Fragmentos de huesos consumidos por los antiguos pobladores. Uno de ellos, bien pudo ser un instrumento útil,   hoy ya irreconocible  por la erosión experimentada. 
 Fig. 21. Otros fragmentos de hueso  al parecer quebrados en forma intencional.

Fig. 25. Hallazgo notable y fortuito de  dos torteras  (o fusaiolas), descartadas y abandonadas en el campamento,  hechas en fragmentos de cerámica planos y  en proceso de elaboración. Estas piezas son parte esencial del equipo técnico  de un tejedor.  La pieza de arriba,  posee  un perfecto agujero central por donde se pasaba y fijaba el huso de hilar. La pieza inferior, rota,  fue obviamente descartada por efecto de un mal cálculo  al perforar  el trozo cerámico.  Fueron halladas a un par de metros de distancia una de la otra, en un lugar del mismo campamento, hacia los  235 m de altitud. s.n.m.  El hallazgo de estos elementos denotaría la práctica del tejido in situ por parte de los  habitantes de esta costa, o tal vez,  de sus visitantes  procedentes  de las comunidades indígenas del interior. Es un rasgo, en todo caso, cronológicamente  tardío.

  Fig. 26.  La tortera  fallada, descartada in situ.  Fue encontrada, en dos fragmentos que se unen perfectamente, a pocos pasos de la tortera anterior.
                               
 Fig. 27.  Obsérvese  el detalle de la superficie del  fragmento original de cerámica que fue recortado  para elaborar  la tortera  para el huso.

 Fig. 28.  Lascas o esquirlas de  sílex,  de diversos colores, producto del desbaste de trozos  de material seleccionado para obtener  instrumentos terminados  (puntas de proyectil, raspadores u otros). A mayor abundancia de estos elementos, mayor certeza  nos asiste  acerca del uso dado a un determinado lugar.

Fig. 29. Fragmentos de huesos, en su mayor parte claramente  fracturados y rotos ex professo para extraer la tan codiciada médula ósea,  también están siempre presentes en los fogones o en sus cercanías.  ¿Qué animales  fueron cazados por estos  pescadores-recolectores marinos?  A no dudarlo, en tierra,  seguramente solo guanacos y alguna especie de cérvido; en  el mar,  lobos marinos y chungungos.  También por cierto, aves marinas.  La presencia de arpones en este lugar, nos habla, sin género de duda, de la práctica asidua de la caza marina en las caletas vecinas. 

La presencia de cerámica en el lugar.

En una ladera  de poca inclinación, en parte protegida por el cerrillo de los Parapentes, y situada hacia los  220-230 m sobre el nivel del mar, debió existir un extenso campamento de paso   (Vea Fig. 1.). Allí  se halla aún hoy  gran cantidad de cerámica rota, fragmentos líticos  (desechos de talla) y lascas o esquirlas.   Mostramos aquí algunas evidencias de esta actividad humana en el lugar.

Fig. 30. Fragmentos diagnósticos de ollas de  cuello  restringido y panza  abultada.

Fig. 31. Examinando en detalle los fragmentos reconocibles de la cerámica, podemos concluir que casi todos las vasijas utilizadas por estos moradores de las playas eran ollas de cuello pronunciado y panza abultada, destinadas al traslado de agua y  alimentos semilíquidos o algas comestibles.

Caracterización provisoria de su cerámica culinaria.

Carece casi siempre de asas y muestra, en cambio, la presencia de pequeños mamelones para facilitar su agarre.  Otra característica que nos sorprende es  que su pasta muestra por lo general  un grado de cocción bastante  bajo  (cocida, además,  en atmósfera de poco oxígeno), reconocible por el color oscuro o negro. No disponían  aquí de dispositivos u hornos para lograr elevadas temperaturas. Lo que nos induce a sospechar que estas vasijas  fueron, en su inmensa mayoría, producidas en la misma costa por los propios pobladores. El hallazgo de cerámica muy bien cocida (a elevada temperatura, sobre los 850-900 º C), es raro en la costa y,  si ésta aparece, denota casi seguramente influencia foránea ocasional (v.gr. estilos de las Culturas de Arica o Inca).

Comentario eco-antropológico.

1.  Creemos que la traza, disposición y orientación de esta huella antigua  y su destino final   fue,  al menos en parte,  predeterminado por la presencia eventual de  praderas verdes,  producidas por efecto del Fenómeno de "El Niño", en ciertos años.   También sospechamos fundadamente que  estos eventos húmedos fueron  más frecuentes en el pasado que hoy, a juzgar por la presencia y relativa abundancia de caracoles terrestres  (Bostrix derelictus) , hoy al parecer totalmente  extintos  en el lugar.

2. El lugar de campamento, detectado por nosotros,  queda  facilitado por la geomorfología del lugar que presenta  una explanada casi plana, aptísima para el descanso, a unos 210 m de altitud, tras una larga caminata de descenso.

3. La cerámica y los restos de basuras  de cocina se agrupan a su alrededor en áreas bien específicas, lo mismo que los fogones.

4. No se observan aquí en parte alguna restos de posibles chozas o reparos, los cuales, seguramente, se hallaban más abajo,  cerca del mar pero a cierta altitud, en sitios rocosos, bien protegidos del viento y de las marejadas.

5.  Su destino final  en el litoral debió ser, casi con certeza,  el sector actual de Playa Lobito,  que presenta  un lugar bien protegido del viento y de las marejadas ocasionales.  Por allí cerca, deben estar ocultas aún los restos de sus viviendas, sus tumbas y enterramientos.

6.  Todos los moluscos  observados  en sus fogones son moluscos gastrópodos, habitantes de los roqueríos, faltando  casi del todo los bivalvos.  Sin la menor duda, proceden de la zona de roqueríos expuestos en torno a Playa Lobito y Palo Buque,  a corta distancia de allí.

7. Hace falta hacer aquí, en estos campamentos  un trabajo arqueológico más prolijo para la  revisión de materiales,  usando para ello   harneros o cedazos  de malla muy fina.  Al cernir con cuidado el material, afloran  elementos  muy pequeños, que nos pueden arrojar luces sobre  el comportamiento y/o actividad de los grupos humanos  que por aquí transitaron; de este modo se puede recuperar  semillas, fragmentos minúsculos de la talla de instrumentos (v.gr. anzuelos de concha o de metal) u otros elementos  que nos pueden aportar información sobre aspectos varios de su cultura.

8. Por último,  pensamos que   el interés arqueológico de este lugar, como sitio de llegada de los caminantes que venían del desierto interior, en procura de la costa y sus recursos, debería  ser un argumento para intentar proteger el sitio de una manera más efectiva. Ningún letrero o aviso advierte acerca de la existencia de un sitio arqueológico en este trayecto,  y los visitantes  pisotean toda el área sin respeto alguno, trepando por todas partes y destruyendo evidencias.  El aviso puesto allí por la Municipalidad, de por sí valioso e instructivo,  tan solo advierte acerca  de la presencia de  las tres especies de plantas  más típicas de esta formación vegetal, efímera  y de corta duración.  No dice una palabra del contexto arqueológico allí presente. 

Bibliografía recomendada sobre  las formaciones de lomas en el Pacífico sur:

CIZA, ONERN & SENAMHI. 1989. Aprovechamiento de nieblas costeras en las zonas áridas de la costa, Lomas de Atiquipa (Prov. Caravelí, Dpto. Arequipa). CONCYTEC. Lima-Perú.

Engel, F. 1981. Prehistoric Andean Ecology Man, Settlement and Environment in the Andes. The Deep South. University of New York. USA.

Muñoz-Schick, Mélica, Raque Pinto, Aldo Mesa y Andrés Moreira,  2001, "Oasis de neblina en los cerros costeros del  sur de Iquique, región de Tarapacá, Chile durante  el evento el Niño  1997-1998".  Revista Chilena de Historia Natural, Vol. 74, Nº 2,  Junio 2001,  en Internet:    http://dx.doi.org/10.4067/S0716-078X2001000200014 

Ono, M. 1986. Definition, classification and taxonomic significance of the Lomas vegetation. En: M. Ono (ed.). Taxonomic and Ecological Studies on the Lomas Vegetation in the Pacific Coast of Peru. 5 – 14. Makino Herbarium, Tokyo Metropolitan Univesity. Tokyo-Japan. 

Péfaur, J. 1978. Composition and structure of communities in the Lomas of southern Perú. PhD Dissertation. The University of Kansas. 215 pp.

 Péfaur, J. 1982. Dynamics of plant communities in the Lomas of southern Perú. Vegetatio 49:163-171.

(Consulte para poder entender mejor el fenómeno de  las "Lomas":   www.sacha.org/envir/deserts/intro_sp.htm)

viernes, 18 de septiembre de 2015

Insólita floración en la quebrada de La Chimba, Antofagasta: "desierto florido" en el trópico de Capricornio.

                        
Fig. 1.  Un desierto irreconocible. Antes de las lluvias caídas en Junio y  Agosto 2015, aquí no se veía planta alguna, solo rocas y arenas. Era desierto absoluto.

Si Ud.  vive o ha vivido  en la zona costera de Antofagasta,  se sorprenderá por las vistas que le presentamos aquí, porque parecen tomadas en otra región del país y no en este implacable desierto costero.

                   
Fig. 2.   Ladera  en la quebrada de La Chimba, Antofagasta. Soberbio espectáculo que ofrecía  esta reserva natural  luego de las intensas lluvias del 8 y 9 de Agosto, recién pasado. La especie aquí representada es una variedad de Nolana sp. Las lluvias precedentes en la misma comarca   (caídas en Abril  2015)  permitieron el espléndido desarrollo de millones de plantas (como es observable aquí),  las que a su vez, dejaron tras de sí innúmeras semillas, las  que ahora volvieron a brotar en forma impresionante (imágenes tomada hacia el 2 de junio  2015  por Mauricio González).

"Desierto florido"  en la costa del desierto más árido del planeta.

De tanto en tanto, nuestro desierto costero  nortino se viste de flores y aromas. El espectáculo es simplemente soberbio.  En medio de rocas  y arenas  casi siempre yermas y estériles, donde apenas  persisten dificultosamente  los líquenes, surge repentinamente, vibrante e impetuosa, la vida vegetal, cubriendo con un  frágil manto extensas superficies. ¿Cómo se explica este cambio repentino?.   Cuál es su causa, su origen?.  Es lo que pretendemos  mostrar aquí  a través de  textos e imágenes.

Un diluvio en Antofagasta.

Entre los días  8 y 9 de Agosto de este año 2015, llovió intensamente  en toda  la costa norte chilena, desde  La Serena hasta Arica.  Solo en  el área de Antofagasta, cayó durante estos dos días de Agosto, un total de 20 mm de agua de lluvia. Si tenemos en cuenta que la precipitación media para la zona de Antofagasta, según datos de la Dirección Meteorológica de Chile, es de alrededor de 0.7 mm  al año, bien se puede imaginar  lo que representa este verdadero "diluvio" en  "el desierto más árido de la tierra" (Weischet, 1966). Según testigos presenciales,  a ratos "llovió a cántaros", en Antofagasta, como en el sur (Mauricio González,  informe personal  Septiembre 2015).

"Llovía a cántaros".

Las lluvias en la costa de nuestro desierto, máxime cuando se trata de episodios provocados por el fenómeno de "El Niño" (ENSO, en inglés), generalmente son copiosas,  repentinas y suelen provocar  aluviones  muy destructivos al alcanzar la línea de base  y los conos de  deyección  de las quebradas  de la Cordillera de la Costa. Esto ocurre tanto en Chile como en el Perú.   Justamente, allí, en la terraza litoral,  es donde se asientan hoy  casi todas las ciudades costeras del Norte de Chile, en ese estrecho segmento de territorio situado entre el mar y los cerros costeros. el peligro de  aluviones es evidente.

Un recuerdo del pasado reciente: el aluvión de Junio 1991.

Este fenómeno no es una novedad.  Ha ocurrido de tanto en tanto y, generalmente con motivo de la presencia   (y descarga)  del fenómeno climático de "El Niño" en nuestras costas. En efecto, fuimos personalmente testigos, en el sector de la COVIEFI de Antofagasta, de las lluvias de los días 17 y 18 de Junio del año 1991, cuando cayeron sobre la ciudad  42 mm. de agua  en menos de  48 horas. Las seis o siete quebradas que confluyen directamente desde los cerros hacia la ciudad, recogieron el agua de las pequeñas cuencas de las estribaciones de la cordillera de la costa, desde alturas cercanas a los 900 m., y se precipitaron en forma de avalancha sobre la ciudad. Muy cerca de nuestra casa, situada en la calle Santa Marta,  bajaba la quebrada llamada de "Carrizo" o "La Negra". Aquel día, en la madrugada, un impetuoso torrente de aguas turbias se precipitó  por su cauce,  habitualmente seco, destruyendo y arrastrando impetuosamente todo a su paso.  Fueron más de tres horas de lluvia ininterrumpida, desde la una  hasta las cuatro o cinco de la madrugada. Se calcula que cayó entonces sobre la ciudad misma, alrededor de un millón de metros cúbicos de agua, a lo que se debe agregar otro tanto, por lo menos,  de  aguas caídas y arrastradas por las laderas de los cerros vecinos que van a dar directamente a la  periferia de la ciudad.

Las causas y características de este evento y otros anteriores ocurridos en la misma zona, pueden ser estudiadas en el artículo de los investigadores  Gabriel Vargas, Luc Ortlieb y José Rutland  titulado: "Aluviones históricos en Antofagasta y su relación con eventos El Niño/oscilación del Sur",   Revista Geológica de Chile, Año 2000, vol. 27, 157-176 ( accesible en Internet).

Imágenes elocuentes.

Las imágenes que a continuación  gustosos mostramos  a nuestros  lectores, fueron tomadas  por miembros de  la agrupación "Caminantes del Desierto", entidad  de carácter ecológico de exploradores  nortinos,  con base en la ciudad de Antofagasta que,   en los últimos años, ha realizado una encomiable labor de estudio, colecta y difusión de los especímenes de la flora y fauna regional. Agradecemos en particular a su director, Mauricio González, la autorización que nos ha dado para publicar estas fotos tomadas por su equipo  con motivo de las recientes lluvias.  Puede Ud. consultar, además, y  con mucho provecho su página web:  www.caminantesdeldesierto.cl. donde podrá admirar  imágenes semejantes o mejores.   Se la recomendamos vivamente.

"Los Caminantes del desierto".

Esta notable organización  ecológica,  publicó en abril del año 2012 una obra con imágenes a todo color que se titula:   "Atlas  de la Flora y Fauna de la Cordillera Costera de la Región de Antofagasta".  Su mayor mérito consiste en que sus  miembros  no son  -como uno pudiera imaginar-  avezados biólogos, (botánicos o zoólogos) sino personas comunes  que se interesan   por estudiar y difundir  el conocimiento, el aprecio  y el respeto hacia las formas de la naturaleza que nos rodean. Es ese "afán insaciable de saber"  su  guía y su norte  en sus expediciones y  salidas a terreno, en las que juntos, en simpática camaradería, van compartiendo sus conocimientos.  En este momento, están preparando el Atlas de la zona costera de Tocopilla,  publicación que nos traerá muchas sorpresas.

Descubrimiento de especies raras.

Gracias a ellos, a su espíritu de observación  y  sus hallazgos,  ha sido posible a especialistas universitarios describir especies que no estaban registradas en los manuales especializados de botánicos o zoólogos. Así, han hallado en los últimos años especies nuevas para la ciencia, o  han contribuido de manera muy importante  a  ampliar considerablemente el rango de distribución de  especies vegetales y animales ya conocidos para otras zonas del país. Mérito, en realidad, indiscutible.  Ojalá en todas las ciudades de nuestro país surgieran iniciativas parecidas, cuyo objeto sea dar a conocer  y estudiar la Naturaleza que nos rodea, enseñar a protegerla y cuidarla  y,  a la vez, alertar sobre posibles amenazas  que se ciernen sobre determinados espacios naturales, invadidos por el hombre.            

La quebrada de La Chimba, al Norte de Antofagasta.

Esta pequeña quebrada,de una extensión total de aproximadamente unos  8-10  km  de longitud,  nace en las alturas de la cordillera de la costa y toma rumbo  WSW  hasta rematar en la terraza marina  a unos  250 m sobre el nivel del mar.




Fig. 3.  La desembocadura de la quebrada de La Chimba en la zona próxima  a la  terraza  litoral.  Casi no hay espacio que no esté ocupado por una planta. La gran cantidad de agua caída en pocas horas, ha favorecido el crecimiento  vertiginoso y el enorme tamaño alcanzado por estos especímenes.  Su vida, lamentablemente, es   muy breve.  Cuatro meses después, solo se podrá ver cadáveres  de plantas  resecas, tristes resabios de esta riquísima  floración.

Fig. 4. Se alcanza aquí a divisar algunos ejemplares  de la cactácea Eulychnia iquiquensis  entre  el potente desarrollo de las Nolanáceas y Cristarias que cubren literalmente toda el área.

Fig. 5.  Al contemplar este espectáculo  deslumbrante de flores,  de al menos dos especies de Nolana sp., uno logra  comprender perfectamente bien cómo  se pudo, en un pasado no remoto (entre los años  30 y 40 del pasado siglo),  traer a este sitio y por temporadas, ganado de cabras y ovejas a pastar  por algunas semanas, antes de ser sacrificadas (testimonio explícito de Gerardo Claps Gallo al autor, hacia el año  1963-64).  En los años secos normales (alejados  de la influencia de los años  húmedos de "El  Niño", resultaría incomprensible o absurda tal aseveración, tal es la sequedad y esterilidad que normalmente reina en el lugar.

Fig. 6. En años extraordinariamente lluviosos, como ha sido en la zona de Antofagasta este año 2015, es cuando suelen presentarse a la vista  especies de plantas  raras  o muy escasas, por cuanto todas las semillas  existentes en el suelo brotan, se desarrollan y vuelven a semillar. Ante un imponente espectáculo vegetacional como éste,  se comprende bien, además,  cómo pudo en tiempos antiguos, llegar  aquí a pastar el guanaco (Lama guanicoe) en pequeñas manadas, manteniéndose en el área por varias semanas y tal vez, meses. Y era en estas ocasiones cuando los grupos de pescadores-recolectores  marinos  que conocemos con el nombre genérico de "changos",  acudían al lugar para acecharlo y darle caza.

Pescadores y cazadores.

Ahora, a la vista de este paisaje, podemos también entender por qué nosotros mismos  hallamos varias veces, en los años 1963-64, recorriendo infatigablemente estos cerros costeros, puntas de proyectil, cuchillos  y raspadores hechos de sílex, abandonados in situ como producto de la caza terrestre realizada por estos antiguos habitantes de la costa.  Si no se ha contemplado nunca antes este paisaje floral bellísimo y sobrecogedor, es casi imposible para un arqueólogo comprender a cabalidad el género de vida mixto de los antiguos cazadores-recolectores de la costa, que combinaban sabiamente la caza marina con la cacería terrestre y la asidua recolección de especies vegetales (hojas, tallos, bulbos) para su alimentación y empleo medicinal.  "Pescadores costeros" les ha llamado siempre  la literatura  especializada, pero,  dada la ocasión de  acceder a productos vegetales  por efecto de eventuales lluvias torrenciales, obviamente ellos se transformaban en recolectores terrestres y  aún en avezados cazadores de guanacos y ciervos  (tarucas).  

Algunas especies  raras, típicas de la quebrada de La Chimba.

Debo a los "Caminantes del desierto" de la ciudad de Antofagasta y, concretamente  a su director don Mauricio González, las imágenes de plantas muy raras y escasas, que Ud. podrá disfrutar a  continuación. Aparecieron   con las lluvias caidas en el mes de  junio 2015 y  nunca antes  fueron  detectadas.

                         
Fig. 7. Esta especie se denomina Ciclospermum laciniatum (DC), Constance.y fue hallada el día 13 de septiembre de este año,  hacia los 600 m de altitud s.n.m.

                          
Fig. 8.  Planta  muy rara y hermosísima, perteneciente a la familia botánica de las Papilionáceas:  Astragalus  dodtii,  que ha sido detectada  en La Chimba  en estas últimas lluvias caídas en el mes de agosto 2015.

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Fig. 9.  Extraña planta que al parecer  conjuga  rasgos de  dos géneros: Cistanthe y  Nolana y  que está en vías de clasificación. por los expertos. 
              
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Fig. 10.  Esta especie, la misma de la imagen anterior,  posee una robusta raíz  en forma de tubérculo,  como la zanahoria, la que le permite sobrevivir por años, bajo tierra al secarse la porción aérea de la planta.

Comentario eco-antropológico.

1.  En la actualidad, se ha detectado la presencia de   alrededor de 85 especies de plantas en esta reserva natural de la quebrada de La Chimba, y hay aún algunas especies en estudio.

2.  Dada la cantidad  de especies y  el extraordinario número  en que han aparecido en esta ocasión,   podemos fundadamente suponer que  sus semillas poseen cutículas muy duras y resistentes a la pérdida de humedad. Es probable que algunas de ellas solo broten tan solo cuando se presenta una cantidad importante de agua. De algunas especies se sospecha que pueden  esperar hasta  30-40 años, sin brotar, hasta que llega el ansiado chaparrón. 

3. Nadie sabe con total certeza, en realidad,  cuantos años pueden esperar  las semillas de las diversas especies  bajo tierra  hasta encontrar  el momento propicio para eclosionar y brotar. Pero sospechamos que diversas especies tienen  muy diversa capacidad de resistir una prolongada sequía. Aparentemente, las Nolanas poseen una corteza (cutícula) sumamente dura que les permitiría  soportar  prolongados períodos sin lluvia.  No conocemos estudios sobre este interesante tema en nuestro desierto.

4.  Es muy probable que los antiguos habitantes costeros se hayan alimentado de varias de estas especies  (hojas,  raíces, flores), tal  como  se sabe ocurrió con las especies de  Liliáceas o Amarilidáceas  provistas de  bulbo como Zephyra, Leucocoryne o  Fortunatia,  cuyos bulbos secos han sido encontrados en sus yacimientos costeros.

5. Dada  la increíble capacidad de sus semillas   para permanecer en latencia,  a la espera de la lluvia,  no sería nada de raro que  en el futuro siguieran  apareciendo especies "nuevas" para la ciencia, en lugares rara vez  visitados por los científicos o especialistas  o en lugares donde  caen de improviso, grandes cantidades de lluvia, muy  fuera de lo normal.  Por eso es de alabar  la actividad investigativa de grupos ecológicos o de amantes de la naturaleza que, conscientes de su deber de proteger  y cuidar los ambientes naturales,  toman nota cuidadosa y   fotografían estas especies, dándolas a conocer al mundo científico.  Uno de estos grupos, los "Caminantes del desierto" de la ciudad de Antofagasta,  ha sabido mezclar  el afán de conocer y estudiar el mundo natural, con el entusiasmo por explorar  y recorrer los rincones más recónditos de su región.  Revise Ud. estimado lector, su amena e instructiva página  web  www.caminantesdeldesierto.cl y se sorprenderá. 
 Este benemérito grupo ecológico ya ha  editado un manual de la flora autóctona de la región de Antofagasta y tiene actualmente en preparación otro, dedicado a la flora de Tocopilla. El grupo cuenta con asesoría científica  de expertos botánicos de primer nivel.

6. El primer estudio  serio y acucioso de la flora de La Chimba fue realizado  en la Universidad  de Chile, sede de  Antofagasta, como tesis de grado  de biología,  por la profesora Mabel Salgado, en el año 1966.  El trabajo  se denomina. "Estudio preliminar de la flórula de las Quebrada de la Chimba (Provincia de Antofagasta)",  181 páginas.

7.  Esta maravilla de la naturaleza estuvo hace muchos años  bajo una efectiva  protección de la CONAF. Hoy este lugar,  a pesar de haber sido declarado "Reserva  Natural"  en el año 1988, por decreto del Ministerio de Agricultura,  por desgracia,  se encuentra totalmente desprotegido,  más aún, gravemente amenazado por  la existencia muy cercana de  vertederos clandestinos  y de extensos sitios de extracción de ripios y arenas. Aunque está legalmente, en principio, al cuidado de CONAF,  no existe allí  ni guardaparques ni estructura alguna  que  regule y controle  su ingreso.  Pudiendo convertirse en un sitio de gran atracción científica, necesita urgentemente de la preocupación de las autoridades de la CONAF y municipales para evitar su colapso total.  Tampoco ha encontrado un efectivo reconocimiento oficial como "parque natural"   de flora y fauna del desierto costero, con la salvaguarda y  protección pertinente.  Urge salvarlo de la total destrucción. ¡La comunidad antofagastina tiene aquí la palabra! .