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miércoles, 14 de marzo de 2018

Un documento prácticamente desconocido sobre la provincia de Atacama: Descripción de don Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y Abet (1801).

El breve documento que aquí presentamos a nuestros lectores en su versión original,  fue publicado en "El Telégrafo Mercantil"  (Buenos Aires),   tomo 2, 1801, Nº 32:  253-255 y es una de las últimas publicaciones o descripciones que conocemos de la región de Atacama en las postrimerías de la época colonial.  La independencia americana estaba ad portas, pues los países latinoamericanos declararán, de hecho,  su  independencia entre los años  1809 y 1821 (en su inmensa mayoría). La prisión del legítimo rey español Fernando VII por obra de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte en España,  acelerará el proceso independentista.  La presente entrega de esta rara fuente, creemos puede ser de especial interés para antropólogos, sociólogos, historiadores y geógrafos, tanto chilenos como bolivianos y peruanos, por cuanto aporta  algunos antecedentes  sobre esa región, en una época de la que tenemos escasos testimonios. 

No hemos podido hallar hasta ahora antecedentes fidedignos sobre su autor, don Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y Abet, por lo que no sabemos  cuál era, exactamente,  el grado de conocimiento que poseía de la zona que describe.  El buscador Google,  hoy fuente casi inagotable de conocimientos en la red, nada nos informa sobre este personaje.  La descripción misma, tampoco aporta mayores indicios al respecto. Parece, sin embargo, probable que se tratara de alguna autoridad administrativa  española puesta por la Corona en dicha zona marginal de América. 

Nosotros mismos nos  hemos referido a este documento hace ya años, con ocasión del Primer Simposio sobre patrimonio Cultural de El Loa (3-5 Octubre 1986) en un trabajo intitulado: "La Provincia de Atacama según  don Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y Abet", pero  las posibilidades técnicas de aquel entonces no nos permitían dar a conocer el documento original. Lo que con gusto hacemos hoy, en beneficio de nuestros lectores. (Cfr. Horacio Larrain y Eric Ross, Primer Simposio sobre Patrimonio Cultural de El Loa,  Calama, 1986).  Este trabajo fue publicado en la revista Hombre y Desierto, una Perspectiva Cultural, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad de Antofagasta, Antofagasta Nº 1: 99-108.  

Daremos pues a conocer hoy el texto original, en fotocopia perfectamente legible introduciendo,  en lápiz grafito, algunos notas  nuestras al texto, que no figuran  por cierto en el original. Estas notas nos permitirán profundizar, desde un ángulo eco-antropológico,  en varios de los temas tratados por su autor.

Texto del artículo:

 Fig. 1. Página 253 del artículo.

 
Fig. 2.    Página  253 del artículo.

Fig. 3,  Página 255, y final del artículo original.



Nuestras Notas (indicadas en el texto en lápiz grafito)  y Comentario  eco-antropológico:

(1).  Breve y pobrísima referencia a la escasez de población  en la región atacameña.  En el año 1791,  apenas 10 años antes,  don Pedro Vicente Cañete  y Domínguez,  Gobernador interino de la Villa de Potosí,  había publicado un extensa y riquísima descripción de la Provincia de Atacama en su obra:  Guía Histórica, Física, Política, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de Potosí, (Talleres de la Editorial "Potosí", Potosí, Bolivia).  Allí  señala, para la zona de San Pedro de Atacama    ("Atacama la Alta") una población de 2.936 personas ("de la casta de indios de todo sexo y edades").
En nuestra presentación del texto completo dedicado a la descripción del  Partido de Atacama, del citado autor don Pedro Vicente Cañete y Domínguez, publicado en la revista "Norte Grande", (Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, Vol. 1, Nº 2, 1974:  243-251),   hemos agregado (en Nota Nº 10), una  indicación nuestra en la que  estimamos, para esas fechas, una población total de  3.657 habitantes indígenas, incluyendo la población del Curato de Atacama la Baja (Chiuchíu y pueblos situados al Norte del río Loa).

(2)  El autor señala la existencia de dos Curatos de Indios:  el de Atacama [hoy San Pedro de Atacama]  y Chiuchíu,  y numerosos pueblecitos  en los que hay  capillas  (que denomina "Anexos)", con  "tales cuales  anexos  o poblacioncitas".  No señala sus nombres, los  que conocemos bien  por documentos anteriores.  La población vive en su mayor parte dispersa en  los ayllos agrícolas, diseminados por la campiña, al pie  de  los arroyos.

(3)  Materia obligada en la gran mayoría de las descripciones coloniales es la presencia de metales  y/o piedras preciosas o diamantes.  También Cañete y Domínguez (en su obra de 1791) se refiere a este rubro de la economía regional, a la que se atribuía enorme importancia en la  época. Se alude aquí a la existencia de ricos veneros de jaspe [¿mármoles?] hermosamente coloreados, de los que se fabricaron  piedras de ara para los altares de iglesias. Cañete alude, igualmente,  a estas aras presentes por entonces en  altares de iglesias coloniales.

(4)  Ambos,  Ortiz de Escobar y Abet y Vicente Cañete y Domínguez se  refieren a la presencia de diamantes en la zona, repitiendo el aserto del gran experto  metalúrgico colonial, Alonso Barba, la máxima autoridad de la época en la materia.  Esta repetición de venerables opiniones ajenas, es muy propia de la época del  "magister dixit",  dictamen indiscutido basado no en la experiencia directa o experimentación,  sino en la autoridad de un  personaje. Alvaro Alonso Barba era en la época colonial en metalurgia y materias afines, lo que Aristóteles o Platón eran para Filosofía. Fue autor de la célebre obra:  Arte de los metales en que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata por azogue...., compuesto por el Licenciado Alvaro Alonso Barba, cura en la [ciudad] imperial de Potosí, 1637. Obra reimpresa  por el Real Tribunal de Minería, Lima, 1817. Ahora bien,  jamás se ha constatado la presencia de diamantes en Chile.

(5)  Alcaparrosa. También llamado "caparrosa",  según el Diccionario de la Real Academia Española,  designa a las diversas formas en que se presentan los sulfatos de cobre, hierro o zinc, y muestra hermosas  coloraciones desde amarillo a verdoso. Este elemento fue muy utilizado durante la Colonia en tintorería,  para teñir telas de colores diversos.  El término viene del francés (caperouse)  pero se desconoce su procedencia  anterior.

(6)  Reflexión muy interesante sobre el idioma de los pobladores de Atacama. Es descrito como "muy distinto de  los demás del Perú".  Bien conocidos eran en el Perú el Quechua y el Aymara, lenguas dominantes entonces en el mundo indígena. Como es sabido, esta lengua propia de Atacama se encuentra  hoy extinguida por completo, conservándose solo algunas escasas voces o expresiones. en el habla actual de la zona. Afortunadamente, nos alcanzó a dejar valiosas noticias de ella el cura párroco francés de San Pedro de Atacama don Emilio Vaïsse, en su notable obra:  "Glosario de la Lengua Atacameña",  publicada por primera vez en los Anales de la Universidad (de Chile), tomo XCI, 1895 (Julio a Diciembre), Imprenta Cervantes, Santiago de Chile. Hay un par de ediciones posteriores. Esta lengua, según los lingüistas actuales, no tendría parentesco alguno con sus vecinas  geográficas (el quechua, aymara, chipaya o uru), y  ha sido adscrita a una familia lingüística totalmente diferente, de raíces, al parecer, muy primitivas. También la antropóloga austríaca Grete Mostny, en su valioso estudio sobre los atacameños titulado: Peine un pueblo atacameño  trae un valioso acápite sobre la lengua kunsa, lengua extraña que escucha hablar en el poblado atacameño de Peine en su visita del año  1948  y que reconoce como diferente del quechua y del aymara (Cfr. G. Mostny, Peine, un pueblo atacameño, Publicación Nº 4 del Instituto de Geografía, Facultad de Filosofía, Universidad de Chile, Santiago, 1954, 170 p.). Numerosos aportes sobre la lengua kunsa de los atacameños se deben a la pluma del profesor Roberto Lehnert Santander, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta, recientemente fallecido (13-03-2018).
(7)  La latitud exacta del puerto de Cobija es  22º 28´ 00´´ S  y  70º 16´ 00´´ W.  Desde antiguo, Cobija era un surgidero de naves  en esta  la franja marítima desértica de la república del Perú, y como lo señala el mismo texto, era un posible aunque difícil  lugar de ingreso al Perú. No se habla aquí todavía de Bolivia (que a la fecha no existía), sino del Perú. Posteriormente, por deseo expreso del mariscal Bolívar  y su lugarteniente  el mariscal Sucre, el marino Francis O´Connor, sugirió crear aquí el  único  puerto para la naciente república de Bolivia en el Pacífico. Este puerto, con el nombre de Lamar, estuvo en la práctica en poder de Bolivia hasta la Guerra del Pacífico (1879) cuando las tropas chilenas lo tomaron, junto con la naciente ciudad de Antofagasta, en febrero de ese  mismo año.  Por el tenor de esta cita y muchas otras de viajeros tempranos, sabemos que el lugar era ya muy frecuentado desde antiguo por los barcos veleros pues desde allí partía, siguiendo el sinuoso trazado del río Loa,  un accidentado camino de carretas hacia Calama y el altiplano de Bolivia (Lipes).  Por aquí, pues, se desembarcaba hacia e interior toda clase de mercaderías y provisiones en un durísimo viaje por tierra  de varios días de duración.

 Muy recientemente, el historiador chileno Pablo Lacoste (2015)  ha planteado  la sorprendente y novedosa tesis de que, de acuerdo al utipossidetis iuris del año 1810, ni Bolivia  ni Chile, tenían propiamente derechos a territorios colindantes con el océano Pacífico en la comarca de Atacama. Jurídicamente, señala este autor, dichos territorios hasta el poblado del Paposo, pertenecían claramente al Perú. El argumento basado en  variada cartografía  de la época y los límites que ésta fija y establece, no resultaría aquí válido, pues los cartógrafos no pueden oponerse ni contradecir perentorias ordenanzas reales vigentes.  Queda allí expresado por el respectivo cartógrafo tan solo su propio criterio, no el de la autoridad real. Esto es especialmente válido para los famosos planos de Andrés Baleato (1793) o Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1775), invocados por las partes hoy en conflicto (Bolivia o Chile). Por tanto, tanto Bolivia como después Chile, aparecen como usurpadores y ocupantes de territorio ajeno (peruano). No fue, pues,  el derecho, sino la voluntad explícita de los padres de la patria, los mariscales  Bolívar y Sucre, la  que exigió y forzó la  apertura de la república de Bolivia hacia el Pacífico, a través del puerto de Cobija, la que, jurídicamente, no tenía asidero alguno. Extrañamente, el Perú -que sepamos- nunca se opuso, ni entonces ni después,  ni planteó este argumento  jurídico en una zona que aparecía a los ojos de  los tratadistas  comodesierta, inútil  y sin recursos. Estos próceres, Bolívar y Sucre,  deseosos de  otorgar una ágil apertura comercial en el Pacífico a la naciente Bolivia, en consecuencia, habrían actuado  en los inicios de la rebelión general contra España, contra la voluntad  del rey, expresada claramente en el uti possidetis iuris de 1810. (Cfr. artículo titulado: "El enclaustramiento de Bolivia y visión del otro: nueva mirada  a la guerra del Pacífico"Revista Cuadernos de Historia (Santiago), Nº 43, diciembre 2015.  No es de nuestra incumbencia  profundizar más aquí sobre el actual problema de límites entre Chile y Bolivia y sus reclamaciones de acceso al mar con soberanía. Dejamos el tema en manos de los expertos.

(8)  Describe  la población de Cobija  en dicha época como compuesta " de tales quales ranchos de indios", es decir  unos pocos ranchos de indígenas changos, junto a la playa.  Sabemos bien cómo eran dichos ranchos: construidos sobre costillas de lobos marinos y cubiertos por pieles de estos mismos mamíferos.  También sabemos, por el testimonio explícito de don Vicente Cañete y Domínguez, (obra citada más arriba)  que esta población era muy variable. esto es, crecía o disminuía según  se diera la presencia de los pescadores, los que con frecuencia desaparecían con sus familias  por días o semanas para dedicarse a la pesca en la costa aledaña. Cañete y Domínguez describe así, en nota a su texto,  este curioso tipo de transhumancia costera o movilidad  local: "Fresier (Folio 130) testifica de cincuenta casas,  pero estas son unas veces más y otras menos,  porque como todos son pescadores se llevan en las canoas los cueros de que forman sus cabañas sobre costillas de ballena,  y entonces se minora el número, y crece cundo se juntan en el puerto. No hay más casas formales que las del Corregidor, Cura, Gobernador indio, dos bodegas y dos casas de españoles" (cit. en  nuestro trabajo sobre  la descripción del puerto de Santa Magdalena de Cobija  por Vicente Cañete y Domínguez, Revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol, Nº 1, :87).  Al llevarse consigo en sus balsas la techumbre de sus ranchos (los cueros de lobos marinos), solo quedaría a la vista  la base de piedras en círculo y la armazón de costillas de ballena, sobre las que se asentaba el techo de sus rústicas y precarias habitaciones. Al regresar  con su pesca, reimplantaban los cueros  en sus bases primitivas.  Seguramente, se respetaba por los demás pescadores  el sitio de la vivienda de cada familia, durante su ausencia.

(9) La distancia medida en leguas españolas, es muy imprecisa.   Por motivos prácticos, hemos  optado por asignar  la medida de  6 km por legua.  Pero las leguas medían más o menos, según fuera la estructura  (escarpada, llana, empedrada o  sinuosa )  del camino recorrido. El autor señala  para la zona altiplánica (la cordillera frígida), la presencia de algunas estancias de pastoreo de auquénidos domésticos, conocidos entonces como "carneros de la tierra". No se distingue en esta denominación, las llamas de las alpacas, especies diferentes, aunque emparentadas genéticamente.

(10).  El dato aquí aportado es interesante, pues  señala la  extensión geográfica  de la zona de pesca por parte de los pescadores conocidos como "changos". No se les nombra  aquí, sin embargo, por este nombre. Según el autor, se realizaba esta faena de pesca y secado de pescado entre Cobija (este puerto) y  las inmediaciones de Copiapó  [Caldera], incluyendo la hacienda del Paposo. Se indica que esta última zona es la más despoblada de la costa. En efecto, esta extensa zona costera entre Paposo y Copiapó [Caldera], esto es, aproximadamente unos 200 km. de costa,  carecía prácticamente de población autóctona estable en ese tiempo. No se nombra en este texto la especies marinas cazadas para fabricar el "charquecillo",  o charqui seco de pescado, pero sabemos por numerosas fuentes  que se trataba prioritariamente del congrio (género Genypterus spp.), pez del que existían (y existen aún)  tres especies. Sabemos por otras fuentes que  había dos tipos de charquecillo;  el seco y el ahumado. Tenía la particularidad este charqui seco, rico en proteínas y vitaminas,  que podía mantenerse por meses sin descomponerse ni alterarse. Por lo cual constituía un alimento ("mantenimiento") duradero, particularmente solicitado sobre todo en las regiones altiplánicas.

(11)  El charquecillo ( descrito aquí  como mejor alimento y más sabroso que el bacalao europeo)  era  llevado en mulas o carretas a muchas ciudades del interior de Bolivia. Se nombra aquí específicamente los centros poblados de  Potosí (gran centro minero de  producción de plata), ciudad de La Plata [Chuquisaca]  y Cochabamba.

(12) Se indica con precisión el número de "jornadas" (días de caminata)  entre San Pedro de Atacama, nombrado "Atacama", y Copiapó. Y de esta ciudad se dice que ya pertenece al Reino de Chile.  Son 18 jornadas de camino, es decir 18 días de penoso viaje por tierra, en cabalgadura, sin detenerse. La distancia entre dos paradas en el camino era en extremo variable, y dependía absolutamente de la existencia de  postas o tambos (entre 4 y 20 leguas) y, en lo posible, de lugares provistos de   agua. La ruta seguida  desde San Pedro de Atacama al sur -aunque aquí no se diga- era con certeza  el  antiguo Camino del Inca cuyos tambos,  por esas fechas, probablemente aún eran atendidos y cuidados por los pueblos cercanos, conforme al mandato antiguo del Inca y las ordenanzas recientes de los gobernadores españoles. Los tambos y postas  presentes en este camino incaico  fueron reportados, estudiados y dibujados con precisión por la expedición del arqueólogo e ingeniero Hans Niemeyer Fernández y sus compañeros de ruta, hecha en la década del 80 del pasado siglo (Cfr. Hans Niemeyer y Mario Rivera: "El camino del  Inca en el Despoblado de Atacama",  Boletín de Prehistoria de Chile, Nº 9,  1983, Universidad de Chile,Santiago). 

(12) El trayecto por el despoblado hacia el sur, desde el pueblo de Atacama, se señala como aquí particularmente duro, "por la falta de agua". Efectivamente,  salvo  en  contados lugares donde  los viajeros hallan minúsculos riachuelos o pozos (puquios),  este trayecto entre Atacama y Copiapó coincide con la "zona de desierto absoluto", la comarca más árida del desierto de Atacama  (y la más árida del mundo según el geógrafo alemán Wolfgang Weischet). El viaje se realiza muy cerca de las estribaciones occidentales más bajas de la cordillera de los Andes, al pie de grandes volcanes (Llullaillaco), desde donde escurren  hacia el weste algunos escasos cursos de agua, a altitudes por sobre los  2.500 m de altura. Una de las mejores y más completas y detalladas descripciones de este terrible trayecto, es la que nos ofrece el cronista español Gerónimo de Bibar, en su Crónica y relación copiosa  de los Reinos de Chile, publicada en Sevilla en el año 1558, en los capítulos  10 a  12 de su obra. (Cfr.  Gerónimo de Bibar: Crónica y relación copiosa  y verdadera de los Reinos de Chile (1558), en  Biblioteca Ibero-Americana,  Edición de Leopoldo Sáez-Godoy,  Colloquium Verlag, Berlin,  1979: 23-28).

(13). Se indica que todo este trayecto, con excepción de algunos escasos  ranchos de indios,  es despoblado. Los escasos ranchos que topan, se hallan, precisamente, "en algunas aguadas".  Se aclara lo dicho  insistiendo en que algunas aguadas ni siquiera presentan presencia humana ("no en todas las aguadas...").

(4)  Termina la Descripción con el aserto general que "en la cordillera hay muchas vicuñas y guanacos".  Sabemos por otras fuentes, como el sacerdote Reginaldo de Lizárraga, que los indígenas, al transitar por este arduo camino entre Atacama y Copiapó, solían traer consigo  perros adiestrados para dar caza a los guanacos que topaban eventualmente en su trayecto Estos perros calzaban botines especiales, hechos de cuero, para proteger sus extremidades  de las piedras  del camino. Guanacos pueden ser avistados hasta hoy en la comarca aledaña al camino del Inca. No así vicuñas, cuyo habitat normal se encuentra por sobre los  3.000-3.500 m de altitud.

Observación final.

Aunque breve y sucinta, esta relación tardía de Atacama, de los inicios del siglo XIX, contiene información valiosa que el eco-antropólogo, interesado en la relación íntima entre cultura humana y medio ambiente, puede extraer y utilizar con mucho provecho. Es lo que hemos intentado hacer en estas notas  aclaratorias al texto original.

Con especial afecto al pueblo atacameño de hoy, los modernos Licanantay, herederos y amantes de la cultura tradicional, hemos querido dedicar este capítulo de nuestro blog,  al haber cumplido en estos días los 89 años de nuestra vida. Confiamos en que los atacameños de hoy, más ilustrados que sus antecesores, sabrán conjugar sabiamente su progreso con la conservación y protección de su rico y milenario acervo cultural. Es nuestro más íntimo anhelo.





jueves, 19 de mayo de 2016

Un médico norteamericano visita Coquimbo y la Serena en el año 1832: descripción de las balsas de los changos y otros aspectos de la sociedad de la época.


Presentamos en este capítulo una sección escogida  (capítulo) de  la obra del médico naval norteamericano William Samuel Waithman Ruschemberger  atingente al tema de estudio de los changos, pescadores autóctonos de las costas desérticas de Chile  y  Perú.  Sus páginas  nos presentan informaciones de primera mano, obtenidas in situ por este testigo presencial. La referencia corresponde al mes de septiembre del  año  1832.  Aquí presentaremos, primero  las referencias obtenidas en el puerto de Coquimbo (La Herradura) y un análisis de las mismas desde el ángulo eco-antropológico. También se hace hincapié aquí sobre otros aspectos sociales, económicos y aún botánicos de la región que al autor llaman particularmente la atención en su visita.

En un próximo capítulo, nos referiremos a la descripción del puerto de Cobija, en la costa de Antofagasta, por entonces perteneciente a Bolivia. Esta última descripción, minuciosa  y pormenorizada, ocupa todo un capítulo  correspondiente a las "Noticias de Bolivia" del autor.

Fig. 1. Reproducción de la portada de la obra original de William Ruschemberger, publicada en Londres en 1835. (ejemplar donado por Mrs. Lillian Quinn en East Setauket, USA).

Fig. 2. Publicación castellana de la misma obra, traducida por  Eduardo Hillman Haviland. En esta edición -como se señala más abajo- falta el capítulo dedicado a la recalada en el puerto boliviano de Cobija, hoy  perteneciente a  Chile. Aquí, en Cobija, el médico  hace nuevamente referencia a las balsas de cueros de lobos marinos de los pescadores changos que ya había descrito en el puerto de Coquimbo.

Cómo llegué a conocer el original de esta obra.

En el año 1970, recién llegado a los Estados Unidos a iniciar  mis estudios de doctorado en Antropología en la State University of New York, en Stony Brook,  conocí  accidentalmente esta obra. Era parte de la biblioteca de Lillian Quinn, una antigua profesora básica norteamericana que en sus años mozos, hacia 1910-1915, había vivido en la ciudad de La Serena, (Chile) donde su hermana había  sido nombrada Directora de la recién creada  Escuela Normal.  A su arribo a Valparaíso, Lillian compró esta obra, publicada en Londres en el año 1835,   en la librería "Cosmopolita" de ese puerto para informarse más en detalle de la región en la que iba a vivir por unos años. Lillian residía, ya muy anciana, en el pueblo de East Setauket, cuando yo llegué con mi familia  a comienzos del año 1970. Deseosa de practicar la lengua castellana que aprendiera cuando niña,  me pidió la visitara regularmente, para practicar este idioma que conservaba aún, con la típica pronunciación chilena. 

Hurgando entre sus libros.

Entre nuestras amenas conversaciones, mitad en inglés y mitad en castellano, ella me mostró los libros que conservaba, como joyas, de esa su ya tan lejana época de juventud en Chile. La obra me interesó vivamente, al descubrir que su autor, médico de la marina  estadounidense, había descrito magistralmente parajes de la costa del norte de Chile que me eran familiares; entre ellos, Coquimbo y Cobija.  Y en aquellos parajes, había observado con detención el trabajo de pescadores autóctonos y sus extrañas embarcaciones hechas de cueros de lobos marinos.  Éstos, conocidos en la literatura etnográfica chilena y peruana como "changos",  construían y utilizaban  las "balsas"  tanto en la pesca costanera como en el carguío de mercaderías a los barcos surtos en los puertos.  El ojo perspicaz del autor del libro, el médico y marino William Ruschemberger, los describió con muy certeros rasgos, dejándonos precioso testimonio de su  existencia y actividad  como cargadores de puerto y avezados navegantes.

Observaciones de tipo geográfico,  ecológico y etnográfico.

Las páginas de la obra de este marino que  aquí presentamos en idioma inglés en su edición original de 1835, rebozan de observaciones de gran interés  eco-antropológico, razón por la cual  intentaremos extraer de su texto datos e informes, a veces pequeños, a veces, más completos,  que nos arrojan potente luz sobre los pobladores de la costa y el  ecosistema de la época, tal cual nos llegan a través de la vívida descripción del viajero. La obra fue parcialmente publicada  en Chile por  la  Editorial del Pacífico, S.A., en su Colección "Viajeros de antaño",  con el título: "Noticias de Chile (1831- 1832)", en el año  1956; 120 p. Digo parcialmente, pues  el editor chileno, de siglas H. M.,   no reparó que  en su sección dedicada a  las "Noticias de  Bolivia", el autor inglés  incluía también preciosas referencias a su recalada en el puerto de Cobija, en la costa de Antofagasta, por entonces (1835) en posesión de Bolivia.  Su visita de varios días a la zona de Cobija y Gatico, le permite acopiar referencias de gran interés para nosotros, por tratarse de un médico, testigo  de excelente formación científica,   que llegó a ocupar altos puestos  en la Academia de Ciencias de Filadelfia. 

¿Quién era William  S.W. Ruschemberger?. 

Extractamos las escasas noticias que  la citada obra de la Editorial del Pacífico publicó en  1956 sobre su autor. Hemos hallado otras referencias sobre este interesante personaje en Internet.  Su vida transcurre entre  el 4 de septiembre de 1807, (nace en Bridgeton,  New Jersey, Estados Unidos) y el 24 de Marzo de 1895 (fallece en Filadelfia, Estados Unidos). Visitó Chile por vez primera  en el año 1827 ó 1828, a bordo del barco Brandywine, como ayudante del cirujano a bordo. Las observaciones que aquí presentaremos, corresponden a un segundo viaje suyo, a bordo esta vez del Falmouth, velero también norteamericano. William se recibió de médico en la Universidad de Pennsylvania  (Perelman School of Medicine) en el año 1830 y fue nombrado Cirujano de la Marina, el año 1831.  Por tanto, al inicio de  este viaje a las costas de Chile, Bolivia y Perú, era sumamente joven,  apenas de 24 años, y estaba recién recibido de médico.  Tanto más mérito tiene  su obra, por su notable interés en  registrar detenidamente todo lo que observa, pregunta o lee sobre las costumbres, historia, demografía o economía  de las zonas que visita.  Ruschemberger conoce las obras de varios de los navegantes que le precedieron;  así, cita a Frézier, a Miers, a Porter, a Basil Hall, a Miller; pero también conoce  y cita los escritos de  españoles como Unanue, Jorge Juan y Antonio de Ulloa. También  ha leído las ediciones del famoso periódico "El Mercurio Peruano". Llama la atención su particular interés por averiguar informes sobre  el movimiento de navíos en la costa, características defensivas de los puertos,  así como su capacidad de descripción de las costumbres y hábitos de los pueblos y ciudades que visita.  Mayor información sobre  este personaje, sus viajes y sus obras,  se puede obtener  a través de  Internet en
 https://es.wikipedia.org/wiki/William_Samuel_Waithman_Ruschenberger.

Obras del médico naval.

 Entre  1870 y 1882, Ruschemberger fue  Presidente de la Academia de Ciencias de Filadelfia y, desde 1879 hasta 1883, presidente de la  Facultad de Medicina de la misma ciudad.  Fue autor de varias obras, además de la presente, como:  A Voyage around the World (1835),  Elements of Natural History (1850) y otras. En 1854  aparecieron sus  "Notes and Commentaries During Voyages to Brazil and China". Una de sus más divulgadas obras fue  su "First Books on Natural History", una serie de ocho volúmenes  que llegó a ser muy popular en su tiempo. En su manera de relatar, este médico se manifiesta como un naturalista nato, con un particular interés por la botánica, la geografía y la biogeografía. La obra que presentamos, en consecuencia, aun siendo obra de su juventud,  no por eso está  desprovista de un creciente interés para un antropólogo cultural y un ecólogo.

Las páginas del texto,  Capítulo VII. Visita  a Coquimbo y la Serena.

Fig. 3.   Llegada a Coquimbo. Fuertes vientos (alisios)  del sur. Descripción de la ensenada o bahía de Coquimbo (La Herradura).

Fig. 4.   Carga de agua potable en los navíos. El puerto de Coquimbo fue un antiguo surgidero de barcos balleneros que ya no acuden a este lugar. Variedad de pescados y mariscos, algunos de especies diferentes a las que se encuentra en  la zona de Valparaíso.

Fig. 5. Referencia a la falta de municiones del fuerte que lo protege. Describe detalladamente  las balsas de cueros de lobos marinos  que en gran número acuden a los costados del velero americano para ayudar en las faenas de descarga. Explica en qué consiste una "balsa" y cómo está construida. Utilidad  de estas balsas en estas costas. 

Fig. 6.  Disputas entre  tripulantes de balsas.  Descripción del puerto: su población consiste en  una docena de ranchos, otras tantas ramadas, y un edificio  de dos pisos: la capitanía de puerto. Cómo se hace una ramada.  El muelle.  La Aduana. Llegada de barcos  norteamericanos a cargar cobre.  Su capacidad de carga hasta  800 quintales españoles. Valor del quintal de cobre.

Fig. 7. Envío de 70 a 80 marcos de plata en forma de "plata piña" a Inglaterra por barcos ingleses. Contrabando de oro. Descripción del camino del puerto a la ciudad. Puente hecho  de  costillas de ballena.  Cóndores y  multitud de  jotes  devoran un animal muerto. Modo local de cazar los cóndores.

Fig.  8.   Entrada a La Serena.  Aspecto de las calles y edificios  en torno a la plaza principal. Casa del gobernador, el hospital público y seis o siete iglesias. El tipo de viviendas, casi todas de un solo piso. Su población no supera los 10.000 habitantes. Las frutas que se producen aquí: lúcumas, chirimoyas, naranjas, limones, manzanas. Diferencias de gusto respecto a otros lugares de América.  Los jardines y plantas que adornan las casas. La ciudad está algo alejada del mar, separada de Coquimbo por una extensa planicie de arenas.

Fig. 9.  Chacras que rodean la ciudad.  La  región experimenta una aguda sequía que ya dura tres años (1828-1831) y ha provocado serios problemas. Falta total de pastos; falta de agua para la extracción de minerales. Grave amenaza  de ruina total en la zona  por la falta total de lluvias. Un silencio sobrecogedor  ronda la ciudad,  solo interrumpido por el cascabeleo  de las tropas de mulas que traen el cargamento de mineral. Una tropilla de mulares deposita mil quintales de carga.  Vigorosos operarios descargan sacos de hasta doscientas libras  sin aparente cansancio; su vestimenta de trabajo. Carencia de  vida social  y recreación en la ciudad. Ocupación de las mujeres.

Fig. 10.  Entretenciones de los hombres: el billar, el juego de cartas, y el fumar. Abundancia de minas en la provincia de Coquimbo. Se produce cobre, plata, oro y hierro.  Este último mineral no se trabaja por falta de combustible. No existe carbón aquí. La madera que se utiliza es la  de los espinos, y de una especie de acacia que se llama algarrobilla; cualidades de sus frutos. Dificultad para obtener muestras de minerales y su precio.  Descubrimiento  de una mina que arrojó  "papas" de plata (plata nativa). El comercio local se  abastece de elementos domésticos mediante viajes a Santiago o Valparaíso una o dos veces al año. El correo a Santiago tarda de 7 a 8 días, pero las mulas cargadas  tardan a lo menos 20 días.

Este capítulo cierra, en su página  289,  la sección del libro denominada "Noticias de Chile".

Referencias  eco-antropológicas.

1. Las balsas de cueros de lobos de los changos.

Haremos aquí un breve recuento y comentario a  las observaciones  que nos aporta la descripción de Ruschemberger.

a)  Se nos señala  que a la fecha ( septiembre 1832)   su barco, el  velero  Falmouth, fue visitado por numerosas "balsas" de la bahía. Este dato nos da a entender que  todo el  carguío y descarga de los navíos, se hacía mediante este tipo de embarcaciones aún en puertos de aguas  tranquilas como éste. En cambio, en su descripción del puerto de Valparaíso, el autor no las nombra en ningún  momento, sino habla de lanchas o chalupas (launches, p. 139). Lo que nos sugiere claramente que, por entonces, en el puerto de Valparaíso ya no existían balsas, o, al menos,  que éstas ya no eran usadas en estas faenas portuarias   (p. 278).

b)  Explica  con cierta prolijidad el sistema de construcción de las "balsas".  Están formadas éstas por dos cueros de foca (seal-skins). Estos cueros son cosidos formando bolsas (bags)  que se inflan con aire y son  amarradas una al lado de la otra en una punta,   quedando las otras separadas,  semejando la abertura de un compás  (they expand like a pair of compasses). La confusión entre un lobo marino y una foca, por parte de nuestro autor,  es muy comprensible, toda vez que en el hemisferio norte, en el océano Ártico, solo existen focas (Fam. Phocidae). Los lobos marinos  (Otaria spp.; fam. Otaridae), son propios  de los océanos Pacífico sur  y Atlántico sur. Son muy abundantes en la costa sudamericana bañada por  la Corriente de Humboldt donde forman, en roqueríos costeros,  enormes loberas o loberías. Ambas especies, foca y lobo marino,  se asemejan  físicamente bastante (p. 278).

c) Indica con precisión la posición del remero en su balsa. Este se sitúa  en la parte frontal de la balsa o proa (lugar donde se unen las dos puntas de los odres que la forman)  y va sentado a horcajadas, con los pies en el agua (p. 279).

d) Señala acertadamente la forma del remo y de bogar del remero. Este es un remo de doble pala, en cuyos extremos se observa la forma de paleta o pala, instrumento  que el remero ágilmente  mueve de un lado al otro de la embarcación,  para hacerla avanzar (p. 279).

e) Se indica  su modo de empleo y utilidad en estos puertos: llevan mensajes, pescan peces y también llevan de contrabando  en una pequeña bolsa de cuero  que ocultan bajo su asiento, trozos de mineral de oro o plata (p. 279).

f) Los tripulantes de estas balsas son famosos por su honestidad  pues se les confía eventualmente el transporte de verdaderas fortunas, sin que jamás hayan  robado un solo penique (p. 279).

g) con motivo de  rencillas entre ellos, se esfuerzan por perforar el cuero de la balsa del contrario, haciéndoles  así perder aire. No raras veces las embarcaciones de ambos contrincantes  quedan de esta suerte destrozadas y se hunden . Sus ocupantes deben salvarse a nado (p. 280).

h) Echamos aquí de menos información acerca de la longitud del remo, y/o el tipo de madera con que los construyen  así como acerca  del detalle  cómo cosen los cueros para dar forma al odre  o, por fin, cómo confeccionan y disponen  la lengüeta  con la que inflan los odres, sea en tierra, sea en el mar. Sobre estos aspectos, por fortuna, tenemos  información fidedigna entregada por los cronistas (como Bibar) o viajeros (como Frézier o Feuillée y otros posteriores).


Detalles  respecto a la geografía, botánica o zoología de la zona visitada.

a)  De gran interés para la historia económica y la geografía física  es la referencia a la terrible sequía que azotó la región entre  1828 y 1831 con mucha mortandad de ganado y fuerte pérdida de producción agrícola:   "la provincia  está reseca" (p. 286).

b)  Las referencias al tráfico de mulas cargadas de mineral que llegan a la ciudad de La Serena, a sus cargadores  y sus características físicas y su  vestuario son sin duda  de interés para la sociología  y la antropología cultural. "Los peones  que acompañaban las mulas son notablemente musculosos y bien proporcionados y  maniobran sacos de doscientas libras son mayor esfuerzo". (p. 287).

c)  De importancia para la etnobotánica regional es la indicación de que la planta llamada algarrobilla  era muy usada como combustible y su fruto tomado en infusión, posee  la virtud  de restaurar la  paternidad y/o maternidad  perdida. Tema que linda ya con las creencias y  la  mitología  popular.(p. 288).

d)  De gran interés nos parece  la página dedicada a  referir   el modo que tienen los cóndores de devorar  sus presas.  Rumbo a la ciudad de La Serena, topa casualmente con  el cuerpo de una mula muerta, que en ese momento era consumida simultáneamente por siete cóndores y numerosos jotes. Los cóndores son nombrados con su propio nombre castellano  (condors), mientras que los jotes son referidos como  buzzards.   Aprovecha el autor de indicarnos aquí el modo exacto como en el campo chileno (in the country) son habitualmente cazados, dejando una presa muerta  rodeada de una estrecha empalizada. Los cóndores, hartos de comida, no pueden volar sin correr previamente un trecho, momento que aprovechan los peones ocultos a la distancia,  precipitándose sobre ellos y protegiéndose de sus picotazos, los acaban a palos. La presencia de la alta  empalizada, les impide alcanzar a tomar vuelo. El relato sugiere claramente que el autor ha sido advertido por sus guías chilenos  acerca de cómo se les cazaba en su época en el medio rural. Hasta hace unos cien años, era frecuente ver cóndores en las costas de Chile, aún en las playas. Tal hecho es hoy imposible o extremadamente raro, habiéndose retirado la especie, rehuyendo la presencia del hombre, a los lugares inhabitados de la cordillera. Su número ha  mermado considerablemente  (p. 283-284)..

e) Por fin, hacia el final del capítulo,  aparece una interesante  referencia  mineralógica  indicando el hallazgo eventual  de valiosas "papas" de plata, o  sea, de grandes trozos de plata nativa, cuyos ejemplares alcanzan altísimos precios (p. 289).  Este dato apunta al oculto interés del marino por adquirir muestras  de minerales de la región, para llevar a los Museos de Europa.

f) El interés, demostrado durante toda la obra por señalar la existencia y explotación de minas de oro, plata, cobre y  hierro,  se hace patente a lo largo de todo el relato. Era éste un aspecto en el que los comerciantes ingleses de la época se interesaban  especialmente, pues constituía el rubro más importante de comercio  con  los países de América.


viernes, 14 de enero de 2011

Un talento ariqueño de fines del siglo XVIII: don Pedro de Ureta y Peralta

Sobre el autor de esta "Descripción".

¿Ha escuchado Ud. alguna vez el nombre de don Pedro de Ureta y Peralta, investigador ariqueño y su "Descripción de la ciudad de Arica" ?. ¿Alguna vez supo de su existencia a través de los textos de historia referidos a Arica y su región?. ¿Alguna vez oyó Ud.nombrar el periódico "El Mercurio Peruano", editado en Lima entre los años 1791 y 1795 por un entusiasta grupo de jóvenes escritores, que quieren dar un aire nuevo al periodismo, escribiendo no ya sobre Aristóteles, Platón o Cicerón, sino sobre su propia región y sus propias necesidades o riquezas?. Jóvenes que se inspiran en "La Ilustración" y leen ávidamente a Buffon, al jesuíta Joseph de Acosta o el Diccionario Geográfico de Antonio de Alcedo y Herrera.

Lamentablemente, nos topamos aquí con una de las vacíos más lacerantes en nuestra educación regional, tan notoriamente teñida de centralismo: nuestra supina ignorancia acerca del pasado colonial en nuestra propia región. ¿Será porque no interesa a nadie saber qué ocurrió aquí, o cómo se vivía aqui durante la época de la Colonia española?. ¿Será que nuestro espíritu independentista aún perdura frente a la Madre Patria, España?. ¿Será porque queremos, tal vez inconscientemente, desterrar el recuerdo de "lo peruano" aún vigente en la historia y tradiciones?. Chauvinismo imperdonable a estas alturas del tercer milenio, cuando las naciones americanas intentan escribir su "nueva historia", sobre la base de lo que nos une, y no sobre la base de lo que nos divide; no centrada en héroes guerreros sino en próceres de la paz, compartida y buscada en la integración y el respeto mutuo entre pueblos vecinos, herederos de una misma tradición tanto incaica como española.

Desenterremos, pues, del olvido las páginas admirables escritas sobre el antiguo Corregimiento de Arica al que perteneciera Tarapacá hasta el año 1768, cuando el Virrey don Manuel de Amat y Junient (1704-1782) puso en práctica la división de la Provincia antigua de Arica, erigiendo el Partido de Tarapacá en gobierno propio, cuando nombró su primer Gobernador en la persona del sevillano Antonio O´Brien.

Pedro de Ureta y Peralta, prácticamente desconocido en nuestra zona norte, es quien tal vez mejor describe la región de Arica, incluyendo la región de Tarapacá de entonces, en su "Descripción" del año 1792 . ¿Por qué nadie habla de él, salvo alguno que otro erudito historiador, respetuoso de pasado?. Muy poco hemos podido averiguar hasta ahora sobre este interesante y muy versado personaje, que nos trae tanta información histórica sobre la evolución de la ciudad de Arica, sus relaciones comerciales con el mineral de plata de Potosí , la explotación del guano de la costa [el dice siempre huano] , su proverbial insalubridad para la vida humana, su durísima experiencia en terremotos, y su acabado conocimiento de su jurisdicción política y eclesiástica. No hemos encontrado noticias sobre este personaje en el Diccionario Histórico-Biográfico, Peruanos Ilustres, de Camila Estremadoyro (Lima, 1990). Tampoco lo hemos encontrado escudriñando en Internet.

Leyendo con cuidado sus amenas páginas en el "Mercurio Peruano" , notable periódico bisemanal que fuera publicado entre los años 1791 y 1795 en Lima en sus Números 188 a 201, aparecen gran número de referencias geográficas, económicas, demográficas e históricas, riquísimas para el estudio del rol jugado por la región de Arica, máxime en el siglo XVIII, en el extremo sur del Virreinato del Perú.

Su autor, don Pedro de Ureta y Peralta era, como el mismo nos lo dice en el Nº 191 de este periódico (editado el 1/11/1792), fue hijo de don José de Ureta, Corregidor de Arica por los años de 1734. Don José fue de destacada actuación en el rechazo de barcos holandeses que intentaron sobornarlo en Arica, "ofreciéndole cincuenta mil pesos de obsequio" para que les permitiera realizar sus transacciones comerciales en el puerto. Según refiere su hijo, "no sólo resistió la propuesta, sino que , a su costa, armó gente pra impedir la clandestinidad" (Cf. N' 191 del citado Periódico, pag. 145). Por sus méritos, al decir de su hijo, don Josè Ureta fue Corregidor por espacio de veinte años. Posición que ciertamente usufructuó su familia.

Esta "Descripción de Arica" posee el enorme mérito de haber sido escrita por un lugareño, es decir, un ariqueño que vivió al parecer toda su vida en el puerto y que, por sus contactos familiares, su participación en empresas del lugar y su esmerada educación, tuvo acceso a mucha información privilegiada. No se trata, entonces, de un simple viajero ocasional de visita en Arica, como fueron algo después los ingleses Samuel Haigh, (1825) o John Blake (1843). En este sentido, su credibilidad es ciertamente superior, fruto de su amplia experiencia en la zona. Ureta y Peralta descendía de aquellas familias nobles provincianas que al decir de Alfredo Wormald , "hacian ostentación de un lujo en el vestir que más de una vez sorprendió a los viajeros que visitaban Arica y Tacna..." (en su obra Frontera Norte, Editorial Orbe, Santiago, 1968: 52).

El autor señala explícitamente el especial cuidado que ha tenido en su trabajo, evitando la erudición vana o el estruendoso brillo del lenguaje por sobre la exactitud y precisión
de lo informado. Por eso nos dice: "Con esta consideración, he procurado estampar aquellos pasages que fabrica la precisión...manifestando la fertilidad del territorio de esta provincia.... y finalmente, advirtiendo las preciosidades y riquezas de su territorio en los dos Reynos, vegetal y mineral..." (Número 191 del "Mercurio Peruano", Tomo IV, Lima, 1792: pág. 143; subrayado nuestro).

¿Sobre que nos informa Ureta y Peralta? .

Véamoslo en detalle. Quedaremos sorprendidos de su versatilidad temática y su erudición e los problemas de su época.

1. Del clima de Arica nos dice que"poco sano y propenso a tercianas y fiebres pútridas" (p. 117);
Trata Ureta de entender el porqué de este clima malsano y cree encontrarlo en dos hechos observados por él: a) "de que al abrigo de la mucha piedra suelta de todos tamaños de que abunda el desembarcadero, se acopia mucho sargazo, que corrompido con el calor del sol que hiere sobre él con viveza, en los tiempos de baja mar arroja unos vapores dañosos e irresistibles."

y b)... que teniendo este puerto el comercio de huano con el de Iquique, y depositándose este polvo en la playa para su expendio, se ve el material combatido por el viento Sur que recibe por la cabeza del morro y comunicándose a la ciudad origina los graves males que tengo expuestos".

Es decir, la descomposición de las algas marinas, ["sargazo"] botadas a la orilla de playa y la presencia del guano traído de la isla de Iquique serían los causantes de "las tercianas y otras incomodidades" de que sufre Arica. Para subsanar este mal, propone soluciones pràcticas.

2. Explica en nota cuál es el origen del guano: "es la estercolación d e unos páxaros nombrados Huanaes [sic por "Guanayes": o Phalacrocorax bougainvillei] que hacen su residencia fixa en el puerto de Iquique, el que se recoge para sembrarlo al pie de las plantas para fortalecxer las tierras y fertilizar sus frutos".

3. El Puerto de Arica - nos dice- "es uno de los más principales de la mar del Sur" por ser puerta de comunicación con las provincias interiores, mediante un activo comercio de "agí, aceyte, algodón, vinos, aguardiente, pesaco seco y otras especies peculiares".

4. Toda la población de la Provincia sube a la cantidad de 28.500 personas de ambos sexos, "con inclusión de todas sus castas", esto es, considerando, además de los blancos, a los mestizos, mulatos, y zambos.

5. Respecto de las mujeres señala: "las madamas de Tacna y Locumba son hermosas por lo general de mucha vivacidad de espíritu, de proporcionada robustez, y de un color fino y delicado...". Por lo visto, no escapa a su ojo sagaz la belleza femenina, lo que le reprochará un crìtico.

6. Esta ciudad de Arica logró en tiempos antiguos - dice- mucho vecindario, de alta jeraquía: pero los terremotos han producido una gran desolación. Enumera entre los varios terremotos sufridos, como el más devastador de todos, el sufrido en el año 1605. Lo atribuye al desconocimiento de sistemas de construcción más aptos, y a la porfía en construir de adobe. "En los últimos tiempos -dice- la ciudad trabaja sus habitaciones de unos sencillos telares". [¿se referirá esto a la construcción de muros de tabiques ligeros, hechos de caña y ramas, prácticamente indestructibles? ; es probable].

7. Sitúa geográficamente (en su Nota 8, pag. 124 del Número 189 del Periódico) bastante acertadamente diversos lugares de esta costa, indicando, por ejemplo, que Arica queda en los 18º 26´, [lat. real: 18º 28´20´´ Sur], Iquique, en los 23º 30´Sur;. [lat. real: 20º 12¨27 ´´Sur] ; [desembocadura del río] Loa: 21º 30´ [lat. real: 21º 25´ 28´´ Sur;] Ilo: 17º 35´[lat. real: 17º 38´ 49´´ Sur]. Si nos fijamos bien, hay gran exactitud en los datos, con excepción del caso de Iquique que incomprensiblemente fue ubicado en plena costa de Antofagasta, a los 23º 30´, exactamente donde hoy queda el extremo sur de la península de Mejillones (Punta Tetas). Debe tratarse de un lapsus de imprenta, involuntario.

8. Se esfuerza por encontrar en la documentación histórica a su alcance, "la Partida de Bautismo" de la ciudad de Arica, esto es la fecha exacta cuando fue declarada "ciudad". No la encuentra, pero es de alabar su evidente empeño en escrutar las fuentes históricas. Parte de la base de que ya en 1605, fecha de la visita del cronista Simon de Torres, era ya nombrada como tal y considerada como "ciudad".

9. Nos refiere detalladamente acerca del número de iglesias, monasterios y hospitales , asi como detalles de la constitución de su Cabildo.

10. Nos aporta la interesante referencia de que las Cajas Reales (único lugar donde se podía pagar el impuesto del quinto real por la plata o metal extraído en la explotación de las minas) han sido trasladadas a Tacna, "pues Tacna goza de un clima feliz que atrae al pasagero".

11. Señala la existencia de los puertos costeros, entre los cuales - en territorio chileno actual - señala los de Arica, Iquique, Víctor [sic por Vítor], Camarones, Pizagua y Loa. Pero agrega una nota muy interesante respecto al tráfico comercial en y por ellos ellos: "de los quales son comerciables y frequentados, los tres primeros", esto es Arica, Iquique y Pacocha. Ahora bien, ¿a qué se debe este tráfico asiduo por Iquique?. No es por la presencia de tráfico hacia el mineral de Potosí, lo que sabemos se hacía por Arica, sino por la existencia de los minerales de de plata de Huantajaya, Santa Rosa y Chanabaya, en intensa explotación en esos años.

12. Trae una intersante referencia a las incursiones de los piratas, entre los cuales señala a Bartholomew Sharp [escrito Bartolomé de Charpes] y a "Juan Guarlen" (?) y cómo fueron rechazados con fuertes pérdidas de vidas en Arica por su Alférez Real don Gaspar de Oviedo.

13. Apunta el trágico destino del cacique de Codpa [escrito Cotpa, grafía más exacta], don Feliper Cañipa, al no querer sumarse a la sublevación general proclamada por Tupac Amaru en 1780.

14. Nos aporta una interesante referencia biogeográfica y ecológica a la camanchaca costera y a la formación de "lomas" con vegetación: "los intermedios de ellas [es decir, de las dos cordilleras] aunque buenos y fecundos, carecen de agua, y sólo son útiles desde el mes de Mayo hasta Octubre, inclusive, en que humedecidos con la corta lluvia que llaman garúa, florecen sus lomas y las aprovechan en la mantención de sus ganados mayor y menor de Castilla, que introducen de la Sierra sus interesados, y los conservan todo el tiempo que duran los pasto, en cuyo período los regresan a los lugares de su extracción" (1792, Tomo VI: pág. 126; subrayado nuestro).

15. De enorme interés geográfico y climatológico es su intento de explicación de la sequedad del ambiente y su falta de lluvias en esta zona. Expone dos teorías "de los Filósofos" de su tiempo, una de las cuales sostiene, en palabras del autor: "los unos declarando que esta temperatura [uniforme] la ocasiona el viento Sudueste que dominando todo el año estas costas [los vientos Alisios], levanta los vapores ántes de que puedan elevarse lo preciso para unirse y formar lluvias copiosas como en las montañas, a donde van a reposar aquellas exhalaciones...". Reflexión muy valiosa para nosotros para entender la presencia de la "capa de inversión térmica", la que, obviamente, no era conocida entonces.

16. Aborda audazmente el tema de la escasez de agua y la presencia de ríos más bien escasos
de agua como el Lluta, el Sama y el Locumba, y se refiere especialmente al proyecto colonial para traer las aguas del río Maure. "distante 30 leguas de Tacna" conl as que se podría dar gran fertilidad a estas tierras.

17. Nos muestra un interesante cuadro estadístico con las producciones de la época (algodón, vino, ají, aceite y maíz), expresadas en arrobas [para entenderlo mejor, 1 arroba= 25 libras; 1 libra=0.46 kg]. Y señala que sus vinos se comercian en "botijas", envases hechos en arcilla cocida, cada una de las cuales hace 57 libras, esto es, 26,22 kg, o litros].

18. Hace exacta referencia al enorme desarrollo de la arriería, y dice que 5.000 mulas van y vienen a Potosí, en continuo trajín; nos habla de la presencia de esclavos negros en las haciendas y del trabajo de los indios que deben suplir el corto número de esclavos.

19. Nos señala nombres de celebridades en el campo del saber, nacidas en estos lugares, los centros de educación y colegios de la zona y autoridades religiosas, así como la forma de administración religiosa del Correjimiento en 3 Vicarías: Arica, Tacna y Tarapacá. Con esta noticia concluye el Número 190 del "Mercurio Peruano".

El Número 191 de la revista "Mercurio Peruano"· (1º de Noviembre de 1792) , está dedicado al análisis de las Cajas Reales y su renta en los ramos de tabacos, tributos y diezmos, de los que aporta una tabla con el detalle de sus ingresos. Y es en este Número de la revista donde su autor hace una extensa referencia a la Mina de Huantajaya, sus vetas, su modo de producción, sus operarios, y las dificultades propias de la falta de agua en el lugar. Casi tres páginas de este número de la revista son dedicados a la minería de la plata en Huantajaya.

Es tanta y tan valiosa la información que nos ofrece Ureta y Peralta sobre este mineral de plata, que hemos decidido hacer, con este único tema, un capítulo propio de nuestro Blog , el que llevará por título: "El mineral de plata de Huantajaya visto por un docto ariqueño en 1792".

En síntesis, la "Descripción de Arica" hecha en 1792 por don Pedro Ureta y Pweralta es un venero de información de toda índole: geográfica, histórica, económica, antropológica, demográfica y aún ecológica. Esperamos que este artículo nuestro contribuya a un mayor conocimiento de aquellos personajes, casi del todo sepultados en el olvido, que, mucho antes que nosotros, se preocuparon por mostrar las riquezas del "mundo mineral y vegetal", de la zona ariqueña.

Sobrada razón habría, a nuestro entender, para que alguna de las plazas de Arica, o alguna de sus nuevas avenidas, fueran bautizada con el nombre de este ilustre e ilustrado ariqueño de fines del siglo XVIII. Sería este gesto, comenzar a reescribir, con gestos generosos, la historia de nuestra relación tanto con la Madre Patria, España, como con nuestros vecinos peruanos. Estoy casi seguro que muy pocos personajes que hoy ilustran con sus nombres sus plazas y avenidas, merece tanto esta distinción como don Pedro de Ureta y Peralta, por desgracia, un ilustre desconocido para el ariqueño común, pero un verdadero genio de fines del siglo XVIII en nuestras tierras nortinas. Ojalá que estas páginas contribuyan de alguna manera para que un día su nombre y su gesta se perpetúe dignamente en algun libro de historia del Norte de Chile. Ojalá!.

martes, 7 de diciembre de 2010

¿Conoce Ud. a los antiguos "Exploradores" del desierto de Atacama. en el siglo XIX?. Sus logros, sus hazañas, sus fracasos?


Damos a conocer gustosamente, en esta oportunidad, un trabajo casi desconocido del historiador nortino Oscar Bermúdez Miral, aparecido en la revista "En Viaje", en el mes de Septiembre del año 1960.

Bermúdez es reconocido como el gran investigador de la historia del salitre. Pero, además, hizo varios estudios cortos, defíciles de encontrar, sobre temas relacionados con el Norte y su desierto, en particular sobre figuras de personajes que actuaron en su historia y sobre los indios changos, pobladores del litoral desértico. Publicar este material oculto en revistas antiguas de poca circulación y que no son del ámbito científico, es, pues, una tarea que sabemos será de gran utilidad para muchos investigadores y estudiantes de la Historia, Geografía y aún de la Economía del Desierto de Atacama.

Este breve artículo pero sustancioso de apenas cuatro páginas, contiene valiosa información sobre viajeros del desierto, algunos de ellos rara vez citados en las fuentes .

Bermúdez demostró un enorme interés por la geografía y la descripción de los paisajes del desierto de Atacama. Y, justamente, es en estos viajeros tempranos, los primeros "exploradores del desierto", donde uno encuentra un material descriptivo muy valioso de los escenarios de la época, no poco modificados hoy por el paso del tiempo.

Hubo ciertamente viajeros anteriores, como Johann Jakob von Tschudi, austríaco, Rodulfo Armando Philippi, alemán, o William Bollaert, inglés, quienes a mediados del siglo XIX hicieron largos trayectos atravesando sectores del desierto de Atacama, consignando en sus relatos y artículos especializados (publicados generalmente en alemán o inglés) gran cantidad de elementos valiosos para la Geografía, Antropología, lArqueologìa y Demografía del desierto.

Los "exploradores" que hoy nos presenta Bermúdez más bien recorren este desierto, no tanto con el objeto de describirlo desde un ángulo geográfico o para reunir información de valor sobre su flora y fauna y población, sino para destacar y señalar con precisión la existencia de minas, aguadas y recursos varios, de posible interés económico para el Estado chileno, en parajes muy poco conocidos con anterioridad o solo surcados en travesías de pocos meses, siguiendo las rutas conocidas de los pueblos atacameños o aymaras. El objetivo de estos "exploradores" es muy diferente y los resultados obtenidos, igualmente distintos.

El artículo dedicado a los "exploradores del desierto".

Entre los numerosos escritos dispersos de Bermúdez, entregados a periódicos o revistas de divulgación no científicas, figura el valioso artículo que aquí arriba hemos presentado a nuestros lectores. Casi totalmente desconocido, fue publicado en la revista "En Viaje", año XXVII, enúmero 323, correspondiente al Número Extraordinario publicado con motivo del Sesquicentenario de la República de Chile, en Septiembre de 1960. Es decir, hace exactamente cincuenta años. Su título: "Los exploradores del Desierto de Atacama" (pp. 45-48). Este tomo de homenaje al Sesquicentenario de la Nación Chilena trae numerosos artículos dedicados al análisis de temáticas distintas, representativas todas de la cultura nacional, escritos por distinguidos personajes de la época, constituyendo, por tanto, una pequeña joya bibliográfica. Uno de ellos, es el de nuestro amigo Oscar Bermúdez Miral. Por entonces, Bermúdez tenía ya 56 años y se encontraba ya totalmente enfocado al estudio de la historia nortina.


He aquí, in extenso, en cuatro páginas, el artículo titulado: "Los Exploradores del desierto de Atacama". (Revista "En Viaje", Año XXVII, Nº 323, Septiembre 1960):


Página 1.

Página 2
Página 3

Página 4.

Aquí abajo, mostramos al lector las portadas originales de su obra principal, en dos tomos, dedicada a la historia del salitre chileno en el Desierto de Atacama.

Portada de la edición de la obra de Oscar Bermúdez Miral , "Historia del Salitre", Tomo I, 1963.

Portada del Tomo II de la "Historia del Salitre" de Oscar Bermúdez Miral, 1984.

Obras de Bermúdez relativas al salitre.

El gran historiador del Norte don Oscar Bermúdez Miral (La Noria, 1904- Antofagasta, 1983) nos ha dejado estupendas obras sobre el Norte Chileno, especialmente sobre Tarapacá y Antofagasta. Sin lugar a dudas, Bermúdez ha sido el más alto exponente de la historia del N0rte Grande de Chile. Su obra cumbre fue dedicada a historiar la génesis y el desarrollo de la industria salitrera. El primer tomo: Historia del Salitre desde sus Orígenes hasta la Guerra del Pacífico" se publicó en 1963, en las Ediciones de la Universidad de Chile. Dedicó años de intenso trabajo a esta su pasión: dar a conocer el Norte desértico en múltiples facetas. El segundo tomo de su obra: "Historia del Salitre desde la Guerra del Pacífico hasta la Revolución de 1871" , quedó terminada a su muerte, ocurrida en 1983, pero sin editar . Fue publicada, en forma póstuma, por su hijo Rabindranath Bermúdez, en las Ediciones Pampa Desnuda en 1984, exactamente un año después de su muerte.

La rica personalidad del historiador de origen pampino.

Llama la atención cómo este notable historiador nortino que nunca estudió Historia en las aulas universitarias y fue por tanto un perfecto autodidacta, llega a dominar en forma admirable el "arte de hacer historia", manejando a la perfección las fuentes documentales y logrando la hazaña de hacer la primera gran síntesis del desarrollo y evolución de la explotación del salitre en el norte chileno, como lo ha reconocido el gran historiador Harold Blakemore. Literato y novelista primero, poeta después, amante de la teosofía, finalmente, la figura de Bermúdez alcanzó la estatura de un gigante por su capacidad de enhebrar sabiamente toda la enorme y confusa literatura, dispersa en mil documentos y archivos, sobre el salitre y las pampas salitreras.

Escritor prolífico.

Pero además de sus obras mejor conocidas, y difundidas , como la "Historia del Salitre", "Pica y su Nexos regionales," o "Antonio O´Brien y sus labores administrativas", Bermúdez nos ha entregado en artículos cortos y en revistas prácticamente desconocidas, otros estudios fruto de su curiosidad sin medida. Así, se interesó por examinar diversos temas atingentes al modo de vida pampino o indígena, las exploraciones del desierto de Atacama, o las balsas de cueros de lobos marinos y su uso en época republicana en puertos salitreros del Norte.

Nuestras primeros contactos con el historiador Bermúdez.

Poseía una tremenda curiosidad científica la que le impulsaba a profundizar sobre temas siempre ligados a la historia, la arqueología y la geografía del Norte Grande. Permítaseme traer aquí a colación algunas experiencias personales de aquellos años. Conocí a Bermúdez a mediados del año 1963 en la ciudad de Antofagasta. Había yo llegado como joven profesor a la Universidad, del Norte, fundada por los jesuítas pocos años antes. Dado mi creciente interés por la arqueología, de inmediato me vinculé con el Museo Regional y con las personas que allí laboraban por entonces: el joven y dinámico Bernardo Tolosa Cataldo y la investigadora en etnografía y folklore, la alemana Ingeborg Lindberg.

Pues bien, una de las personas que invariablemente, casi semana a semana, solía visitarnos en el Museo, era don Oscar Bermúdez, siempre curioso de saber más sobre los changos, uno de sus temas predilectos. Sabía que estábamos haciendo algunas investigaciones sobre el poblamiento chango en la franja costera, al Norte de Antofagasta. Y que nos interesaba el tema de las pictografías rupestres. En cada visita nos preguntaba con gran interés qué novedades teníamos para mostrarle, fruto de nuestros recientes descubrimientos. Todo lo quería ver y examinar con especial cuidado. Nos acompañaba un buen rato en el Museo, haciendo mil preguntas y tratando de ese modo de penetrar en el género de vida de los antiguos cazadores-recolectores costeros que le fascinaban en extremo. Era un hombre muy inquisitivo y extraordinariamente receptivo. A la vez, un hombre muy discreto y sumamente respetuoso de las opiniones ajenas.

Nuestras relaciones académicas.

Recuerdo perfectamente su estampa delgada y frágil, su delicadeza en el trato y finura de modales, su seriedad y la forma respetuosa de interrogarnos. Era, a lo que sabíamos, un hombre muy solitario y de pocos amigos. Hicimos por entonces una buena amistad que perduró por años, hasta el punto de que, de regreso de los Estados Unidos con mi grado de Magister en Arqueología (fines de 1971) otorgado por la State University of New York, lo invité a trasladarse a Iquique, su tierra, a formar parte de un naciente "Instituto de Investigaciones Históricas y Antropológicas" que se encontraba en germen por entonces en la Sede de Iquique de la Universidad del Norte. Incluso llegó a tener nombramiento universitario para integrar nuestro equipo de Iquique en 1972.

Pero su delicado estado de salud por entonces, fue la excusa para no decidirse a acompañarnos. La idea de un cambio tan radical, lo inquietaba. y así nos lo hizo saber por carta. Nuestra idea era formar un potente equipo de investigación con sede en Iquique con las mejores personas disponibles en la Región, máxime con aquellos que ya pertenecían a la Universidad del Norte, como era el caso de Bermúdez.

Sirva hoy la presentación de este artículo suyo como un merecido reconocimiento a su valioso aporte al conocimiento de la historia del desierto de Atacama, y, a la vez un sentido homenaje a su memoria, transcurridos ya 27 años de su alejamiento. Quisiéramos, mediante este sentido testimonio, animar a las generaciones de investigadores jóvenes a seguir su ejemplo.

Pocos historiadores han demostrado tanto interés como él por la antropología y la geografía, ciencias que consideró de vital importancia para la perfecta comprensión del acontecer humano. Y por eso, con toda razón, le consideramos aquí un representante genuino de la eco-antropología, enfoque propio de este nuestro Blog.