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domingo, 30 de octubre de 2016

Recordando a Heinrich Froehlich Ludowieg, el genio creador de la viña "Canchones", cerca de La Huayca (Tarapacá), a los 50 años de su partida.


                           
 Fig. 1.   Heinrich Froehlich  de edad de  unos 30 años, época de la llegada de su esposa Martha  desde Alemania (hacia 1932).

El 8 de octubre de  1966, esto es hace exactamente hace 50 años, moría en Santiago de Chile víctima de una insuficiencia cardíaca  el  notable  genio creador de la primera viña plantada en la Pampa del Tamarugal en el año  1929.  Heinrich  Froehlich Ludowieg (llamado familiarmente  “Don Enrique” por sus operarios)  había nacido en la ciudad alemana de Eisenach  en    1902, y   poco después del término de la primera guerra Mundial,  en  1922,  partía al lejano Chile  dejando atrás un país asolado  y destruido por el fragor de la contienda. Soltero audaz y con algunos conocimientos de química y agricultura, huía del desconcierto, del dolor de tantas familias cercanas a él y del caos producido por la postguerra, buscando nuevos horizontes donde instaurar una nueva vida y formar una familia. Llega directamente a Iquique. Alguien  le ha aconsejado venir a  asentarse en Tarapacá,  tierra de promisión,  la tierra del salitre y del guano. Seguramente,  Heinrich había oído hablar en Alemania de este notable abono natural (el nitrato de sodio o NaNO3) que por decenios inundó profusamente de propaganda  los mercados alemanes y europeos. Chile era allá mucho más conocido por su nitrato ( Chile Salpeter en alemán) que por otras bondades como su agradable clima, sus lagos o sus impenetrables bosques sureños.

Una vez en Iquique, traba relación de negocios y amistad con otro alemán, Peter Müffeler quien por entonces  regentaba una casa comercial dedicada a la importación de automóviles y repuestos. Estamos en el año 1923.  Müffeler viaja en su flamante automóvil con alguna frecuencia  a Pica, donde conocerá pronto  a su futura  esposa, Nora,  la hija del único médico del pueblo el Dr. Juan Márquez. A su paso obligado por la zona de la Huayca, por caminos de tierra que hoy consideraríamos intransitables, ambos toman conocimiento  directo del sistema agrícola de los  “canchones”,  que por entonces florecían a orilla de carretera y producían  verduras, forraje y  frutos como sandías y melones. Aquí, sin duda alguna, es cuando Froehlich vislumbra la posibilidad de instalarse e iniciar experiencias agrícolas.  Según el escritor Domingo Santa María que lo entrevista allí a mediados  del año 1953,  su interés primerizo en esta zona fue  criar gallinas, aprovechando la posibilidad de  cultivar  pasto  (alfalfa) y otras semillas a muy bajo costo, utilizando el alto nivel freático del agua subterránea que por entonces se hallaba a  muy escasa profundidad. 

Las “chacras sin riego”  de la pampa, venían siendo conocidas desde tempranos tiempos  españoles –y tal vez desde  mucho antes -, pues los indígenas de costa peruana las  conocían con el nombre de  “mahamaes”.  Estas “chacras” lucían a su paso como  verdaderos vergeles en medio de las ardientes y sedientas arenas del Tamarugal. Si las viñas se daban tan bien en la cercana localidad de Pica, desde tempranos  tiempos coloniales, ¿por qué no podrían también darse  con éxito  en un clima  de temperaturas más  cambiantes entre el día y la noche, con elevadas temperaturas  diurnas?.  Había que probar.  Y Froehlich – no me queda duda alguna- convence a Müffeler para formar una sociedad en la que él (Froehlich) pondría su trabajo y su tenacidad y Müffeler, el comerciante,   el dinero para comprar la primeras cuatro hectáreas en el sitio llamado “Los Puquios”, donde  ya existían pozos  y plantíos de  vegetales  en “canchones”.

¿A quién compraron?. No nos consta. ¿Cuánto les costó?, tampoco sabemos.  Pero a los pocos años, tras  exitosas experiencias con gallinas, gansos  y chiqueros de cerdos,  deciden plantar las primeras vides.  Las cepas –según Eleonor Froehlich, hija única de Heinrich, consultada por nosotros al efecto en 1995,  habrían sido traídas desde la zona de La Serena.  En los inicios del año 1929 –cuando el que esto escribe hacía sus primeros balbuceos-,   Froehlich empieza  a plantar su viña la  que  bautizará  significativamente como   “Froehliches Weinberg”, expresión  que  en  lengua alemana significa a la vez   “Viña Feliz”  y “Viña Froehlich”.

La tapa del álbum fotográfico que muestra  el desarrollo de sus experiencias agrícolas, a partir de febrero 1929  dice textualmente:  “El nacimiento y desarrollo de la Viña Froehlich a partir de febrero 1929”.   F y M  son iniciales por Froehlich y Müffeler.

Siguen años de intensa y frenética actividad agrícola sobre la  cual Domingo Santa María, testigo presencial, comenta: “Bajo el cuidado cariñoso de este hombre, se ven todos los cultivos debidamente controlados, con experimentación de abonos y enmiendas. Se extienden allí las canchas variadas: alfalfa, algodón, tomates, cebollas, lechugas, trigo,  viña, palmas datileras y tantas otras”. (Cf. El Diario “El Tarapacá” de Iquique, domingo 5 de julio de 1953).

Froehlich no solo planta en forma entusiasta, también experimenta y  lleva controles meteorológicos estrictos, registros  de fechas de siembra,  de tipos de abonos y semillas, sobre todo cuando la CORFO, hacia el año 1946, observando sus notables éxitos, le contratará  en  su predio de Canchones, al frente de Los Puquios,  para hacerse cargo de una “Estación Experimental Agrícola”. Esta será  una de las cinco que esta institución estatal  abrirá  con éxito  a partir del año 1943 para la investigación agrícola en diversos sectores de la pampa del Tamarugal. La CORFO, en esas décadas,  estudia y analiza  las potencialidades  agrícolas de la pampa,  tarea lamentablemente dejada de lado hoy, justo cuando ciudades como Iquique, Alto Hospicio, Pozo Almonte  y Huara   alcanzan una población conjunta cercana ya   a los  400.000 habitantes, constituyendo un poder comprador  enorme que hoy tiene que abastecerse desde la lejana  Arica o La Serena.
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Hacia  1930,  Froehlich considera que  su situación económica se ha consolidado lo suficiente y piensa seriamente en  contraer matrimonio.  Ya no es tan joven. Cuando su futura esposa,  Martha Bohm, llega por fin por la vía del Cabo de Hornos desde Golzow, Alemania,  en 1932 para constituir  una familia, Heinrich ya tiene  30 años bien cumplidos. ¡Extrañamente, solo se habían conocido previamente  por correspondencia!.  Una  única hija, Eleonor  alegrará este matrimonio  al llegar al hogar pampino  de Los Puquios en el año  1935. Ella  disfrutará, en plena pampa reseca,  de  los graznidos de gansos, gallinas o patos, o  del rebuznar de burros y  mulas de carga.  Junto a los fieles peones  de la Estación Experimental,  y a su fiel burrito regalón, recorrerá muchas veces  las callejuelas angostas de La Huayca, musitando sus canciones en alemán, enseñadas por su madre.  Primero en casa  aprenderá solo el alemán;  más tarde, ya niña, será  el castellano, que le enseñará su propia madre, diccionario en mano. Hasta hoy, la pampa ejerce sobre ella una fascinación indescriptible, unida a sus más lejanos recuerdos de niñez.
                     
                      
Fig. 3. La familia Froehlich-Bohm en  el  predio de Los Puquios  hacia el año  1950.

Cuando la CORFO le confía la  dirección de la Estación Experimental de Canchones, Froehlich acumula ya una experiencia de más de 20 años en la zona. Ha probado todo. Conoce como nadie las veleidades del clima pampino  y de los vientos repentinos que levantan nubes de polvo salino. Su rica experiencia induce a la CORFO a  proponerle  en  el año  1956,  partir  a Antofagasta, a transformar esta vez  los  áridos suelos arenosos de “La Chimba”,  lugar donde  crea, al poco tiempo, con el apoyo de ingenieros agrícolas especializados,  un vergel  que riega con novísimos sistemas de riego por aspersión.  ¡Aquí no hay aguas subterráneas a escasa profundidad, como en Canchones!.  En el invierno del año 1963, tuve yo mismo la gran  suerte de conocer esta experiencia en la zona de “La Chimba”,  en mis recorridos por los sitios arqueológicos vecinos a la ciudad. La quebrada de “La Chimba” era uno de ellos. Aquí probará nuevas variedades de claveles y experimentará con el aprovechamiento de la basura como abono: ¡todo un  innovador tecnológico!. Aquí, igualmente, ejercitará gustoso sus cualidades de músico al integrar como violinista la orquesta sinfónica de la ciudad.
                                       
                                          
Fig. 4.  Froehlich  acariciando su burrita preferida, la cabalgadura de su hija Eleonor, en Los Puquios, hacia  1937-38.

De las experiencias agrícolas de Froehlich  no quedan hoy  sino los Informes presentados puntualmente a CORFO, firmados por él y  un par de álbumes de fotografías de sus cultivos tanto en “Los Puquios” (Tarapacá)  como en “La Chimba” (Antofagasta). Éstos, más otros documentos relativos a sus experiencias agrícolas, podrán examinarse y estudiarse, por fortuna, en el Archivo Regional de Tarapacá de la DIBAM, en las dependencias de la biblioteca de la Universidad Arturo Prat de Iquique,  donde han  sido recientemente entregados por expresa voluntad de su hija Eleonor.

                  
Fig. 5.  Etiqueta original de los vinos “Canchones” de Froehlich y Müffeler.


Heinrich Froehlich, el genio creador de viñas pampinas,  fallece el 8 de octubre del año 1966 en Santiago, donde fue llevado de urgencia desde Antofagasta. Fue demasiado tarde. Nunca se preocupó de su salud, ya resentida por su afición desmedida al cigarrillo, tanto fue el amor  que prodigó a manos llenas a  su nuevo terruño: el desierto chileno que siempre consideró como su nueva patria.  El gobierno de Chile le concedió, por sus grandes méritos, la Orden al Mérito en  1939  y, posteriormente,  la ciudadanía chilena  por gracia y por sus notables méritos   estando ya en los campos de “La Chimba”,  en Antofagasta.

La desaparición de este gigante, ocurrió hace exactamente cincuenta años.  En estos mismos días, sin saberlo, la Universidad  Arturo Prat en Canchones  celebra y festeja  la séptima vendimia de las parras,  hijas y nietas de las mismas cepas plantadas por Froehlich entre  1929 y 1930.  Pero la figura de su genial autor, el creador, el soñador, lamentablemente,  parecería estar  ausente.

 Al parecer, nadie aquí en Tarapacá se ha  percatado de este aniversario, el  que ha  transcurrido en un sepulcral  y  casi religioso silencio. En el predio universitario de Canchones  -su campo experimental por tantos años-  tampoco resonaron las campanas del recuerdo. Los alumnos de agricultura del desierto, no lo supieron ni lloraron por él… Tampoco  en Iquique, su ciudad adoptiva, ha tenido lugar alguna especial recordación en su homenaje.  Es el destino de los grandes: “crear  con su  tenacidad e ingenio grandeza, para luego desaparecer calladamente, dejando sin embargo una tenue estela visible”.

A la postre  -lo sabemos- “la verdad termina por triunfar”. La historia,  fiel  y respetuosa de las acciones del pasado, se encargará de ello algún día. Es en parte el motivo y la justificación de esta nota de recuerdo que entregamos con satisfacción hoy a nuestra olvidadiza y desmemoriada Región de Tarapacá.  Creemos que esta Región no puede ni debe olvidar a sus próceres, a  aquellos escogidos que la hicieron grande. Éste fue -qué duda cabe-  uno de ellos.  Y uno de los grandes, Heinrich  Froehlich  merecería tener, a juicio de los expertos,  un monumento  digno  e imponente,  en el sitio mismo de sus audaces y exitosas experiencias: en el corazón de la pampa del Tamarugal, en Canchones. Para recuerdo perpetuo y ejemplo de las futuras generaciones. Tal vez esto ocurrirá  algún día… ¡Ojalá!.

Apéndice fotográfico.

Fig.  6. los padres de Heinrich en Eisenach, en  imagen captada en 1919, según consta al  reverso de esta fotografía.


                                           
Fig. 7.   En su casa de Los Puquios, levantada por  el esfuerzo de Froehlich hacia  1932. Aquí Eleonor, su hija,  tiene unos  seis años. Fecha probable de la fotografía  1940 o 1941.

                            
         Fig. 8.   Pequeño recordatorio levantado en el fundo Canchones, propiedad actual de la Universidad Arturo Prat, en julio del año 2008.  La lápida fue traída  por su hija desde Santiago.                                   

Fig 9.  El entorno  del pequeño monumento en el predio agrícola de Canchones, que  hoy casi pasa totalmente desapercibido al visitante. Aquí mismo, junto a las antiguas construcciones de la CORFO, aún en pie, debería alzarse un digno monumento futuro a  las figuras de estos dos alemanes por su titánica obra de crear una viña  en el Tamarugal y un vino de  sin igual calidad.


Epílogo.

Nos parece obra de elemental justicia  destacar con un monumento digno las figuras de H. Froehlich y P. Müffeler quienes comprobaron experimentalmente las potencialidades agrícolas de esta pampa, otrora solo poblada de tamarugos y retamillas. 


(Nota:   más antecedentes personales  e imágenes de H. Froehlich y su obra en el Tamarugal, podrá encontrarse en este blog http:/eco-antropologia.blogspot.com bajo las etiquetas o rótulos:  Heinrich Froehlich, Martha Bohm, Los Puquios, Vitivinicultura, Pampa del Tamarugal). 

jueves, 16 de junio de 2011

Los Puquios: los primeros años de la familia Froehlich-Bohm y los orígenes del Predio de Canchones.

Fig. 6. Madre e hija frente a la casa de Los Puquios (Foto álbum familiar hacia 1952-54).

Fig.5. Madre e hija en el frontis de su casa en Los Puquios con sus burritas preferidas en las que solían ir montadas a visitar a amigos y empleados en la localidad de La Huayca. Era su gran paseo por aquellos años. Por lo demás, en aquellos años no era el caballo sino el burro o la mula la cabalgadura más frecuentemente empleada en este desierto. Eleonor tiene aquí unos 17 años (Foto álbum familiar, hacia 1952-54).

Fig. 4. Jardín cuidado con esmero por Martha en el predio Los Puquios. A la derecha, el frontis de la casa construida hacia 1929 por Heinrich Froehlich, por entonces de sólo 27 años de edad.
(Foto álbum familiar).

Fig. 3. La casa familiar recién terminada hacia fines del año 1929. Martha llegará de Alemania varios años después, en 1934. Obsérvese aquí el claro del bosque de tamarugos elegido para construir la nueva casa. (Foto álbum familiar).

Fig. 2. Martha Bohm, esposa de Heinrich Froehlich junto a su casa en Los Puquios hacia 1935-36. Al parecer, se la ve aquí junto a los primeros gallineros que fueron construidos al lado de la casa ya a fines del año 1929 (Foto álbum familiar).

Fig. 1. La única hija del matrimonio Froehlich-Bohm, Eleonor en Los Puquios, de sólo seis meses de edad, según lo testifica de puño y letra su madre, Martha, al reverso de la fotografía. Fecha aproximada: Marzo 1936.

Las actividades de una diligente dueña de casa.

En las biografías de los grandes personajes del pasado es muy común ensalzar la obra del padre, el que se lleva casi todas las loas. La madre frecuentemente pasa a un segundo plano, casi siempre, desapercibida. Su labor doméstica, tediosa y aburrida, no suele encantar al escritor que anda a la caza de los "grandes logros". En el caso que nos ocupa, esto no es la excepción. Y, sin embargo, sin el apoyo psicológico y moral de la mujer, el hombre solo no suele tener la energía necesaria para cumplir la misión que Dios o el Destino le han encomendado. Froehlich fue, a no dudarlo, un hombre entregado cien por ciento a su misión: hacer del desierto más árido del planeta un lugar de vida: un sitio de vida exhuberante y multiforme. Y allí fue un trabajador incansable. La lectura atenta de sus escritos -tema al que dedicaremos el último capítulo de esta saga en el desierto- nos convence del entusiasmo y generosidad con que se entregó a su tarea, con el enorme mérito de no haber estado mayormente preparado para esta tarea titánica.

Otros extranjeros ilustres, como Ignacio Domeyko, químico polaco o Rodulfo Amando Philippi, naturalista y botánico alemán, llegaron a nuestra patria de mucho mayor edad, premunidos de un acervo de conocimientos y experiencias adquiridas en aulas universitarias de renombre. Froehlich, en cambio, llega a Chile a muy temprana edad (20 años) y sólo pertrechado de su entusiasmo juvenil, su inquebrantable tesón germano y una asombrosa capacidad de observación, propia de los creadores..

Una dueña de casa en pleno desierto.

No nos es difícil imaginar -a falta de testimonios directos- a Martha en esos años en Los Puquios, cuando su hija era aún pequeña, dando de comer a las gallinas y gansos, recogiendo muy de mañana sus huevos de los ponederos, llevando alfalfa a los numerosos conejos o a la burrita "Candela" y a su cria, o cargando baldes de agua para abrevar a los perros y gatos, como cualquier dueña de casa lo hace a diario en el campo. ¿Ya lo habría hecho antes en Golzow, en su tierra alemana?. No lo sabemos bien. Por algunos atisbos, al parecer, ella provenía de una familia de comerciantes, no precisamente aldeanos o agricultores. Al llegar a esta tierra remota y extraña, estudió Martha con especial empeño la lengua castellana, para lo cual leía mucho. Su hija lo recuerda nitidamente. Las aficiones musicales y las inquietudes formativas en temas como Antropología o Folklore, vendrán más tarde, cuando la familia ya esté viviendo en Iquique, en la cómoda casa situada en la primera cuadra de la calle Bulnes, allí mismo donde funcionara por años la Deutsche Schule (Colegio Alemán).

El traslado de la familia a Iquique: el interés por la Antropología chilena.

Su hija Eleonor entrará a la 6ª Preparatoria al Liceo de Niñas en la ciudad de Iquique en el año 1946, fecha en que se trasladan madre e hija a vivir a Iquique mientras el padre permanece ocupado en Los Puquios atendiendo ambos predios, el propio y el de CORFO que regenta como administrador desde el año 1944. Hacia esta época Martha se suscribe a la revista norteamericana National Geographic Magazine que lee con avidez. Los temas etnográficos y antropológicos parecen haber sido de su predilección. Allí la veremos en esos años siguiendo con particular empeño cursos formativos de verano, impartidos por la Universidad de Chile tanto en Iquique como después en Antofagasta. Folklore chileno y Antropología son cursos que sigue con especial predilección. El conocido antropólogo Bernardo Berdichewsky será uno de los profesores visitantes.

Mientras tanto, con este potente y decisivo apoyo familiar, Heinrich Froehlich puede dedicarse en cuerpo y alma a su objetivo: el hacer fructificar el desierto.

Heinrich Froehlich reconocido por CORFO como el fundador de la Estación Experimental de Canchones.

Según un certificado expedido por CORFO en Noviembre de 1958, que tenemos a la vista, firmado por Francisco Javier Domínguez, Jefe del Departamento de Obras Civiles de la instituciçon, Heinrich Froehlich "trabajó desde 1944 como administrador, fundador y constructor de la Estación Experimental de Canchones dirigiendo hasta el año 1952, que dependió de mí, todos los trabajos científicos y prácticos tanto agrícolas como técnicos en general..." (Docto. Nº 38).

Este documento comprobaría que Froehlich empezó a trabajar con la CORFO en su Estación Experimental de Canchones a partir del año 1944. Por otra parte, otro documento copiado por el propio Froehlich y dirigido a la Corporación de Fomento de la Producción, fechado el 24 de Marzo de 1965, señala explicitamente que empezó a trabajar en esta Corporación el 15 de Marzo del año 1944. (Dcto. Nº 45).

¿Cuándo empieza trabajar Froehlich para la CORFO, en la Pampa del Tamarugal?.

Los datos recogidos por nosotros nos permiten asegurar con certeza plena que la fundación del predio agricola de Canchones por CORFO dataría de Marzo del año 1944; al parecer, no antes de esta fecha.

Para entonces, Froehlich ya llevaba trabajando al menos 15 años en la misma zona, en el predio de "Los Puquios", que comparte con su socio Peter Mueffeler. Ya hemos indicado antes, en otro capitulo de este Blog, que su socio y amigo Mueffeler aportó inicialmente el dinero para la compra del predio y, seguramente, también los dineros para las construcciones primerizas del pozo, estanque y bodegas y el acondicionamiento y abono de los suelos. Suponemos, en cambio, que la casa de "Los Puquios", donde vivió la familia Froehlich-Bohm hasta aproximadamente el año 1961 y cuya detallada construcción durante los meses de Noviembre y Diciembre del año 1929 nos revela gráficamente el álbum fotográfico de Froehlich que tenemos entre manos, fue financiada íntegramente y construida por manos de Froehlich para ser su hogar familiar.

Amplia experiencia en agricultura del desierto.

Cuando se inicia, pues, la experiencia agrícola en Canchones por parte de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) en los inicios del año 1944 o muy poco antes, Froehlich ya ha adquirido una amplia experiencia agrícola en la zona inmediata de "Los Puquios", razón por la cual entendemos muy bien que la CORFO le distinga y acredite como "administrador, fundador y constructor de la Estación". Si es "el fundador y constructor de la Estación", no puede dudarse de que estuviese ya contratado por CORFO desde el comienzo mismo de sus actividades. La enorme ventaja de Froehlich respecto de otros posibles candidatos al cargo de jefe y administrador de la naciente Estación, fue conocer perfectamente el área, las características de sus suelos y aguas, las especies vegetales que se daban bien en ese clima y suelo y, lo que fue muy importante, a los trabajadores y sus familias de La Huayca, los que continuarán estando ahora bajo sus órdenes, bajo la tutela de la CORFO. Aquí le ayudarán decididamente, entre otros más, algunos miembros varones de las familias Soto y Jiménez .

"Los Puquios": obra orientadora de las futuras Estaciones de la CORFO en el Tamarugal.

Las recomendaciones del Ministro de Agricultura del Presidente Aguirre Cerda, don Arturo Olavarria Bravo quien visitara en el año 1938 ó 1939 el predio de "Los Puquios" trabajado por Froehlich y se expresara tan positivamente de sus logros en la Pampa, sin duda alguna influyeron en su futura contratación por la CORFO y, seguramente también , en la elección del futuro sitio para crear la primera Estación Experimental de la CORFO en la Pampa del Tamarugal. Bastante más tarde, en la década del 50 del pasado siglo, le seguirán otras: Baquedano, Pintados y Esmeralda, esta última cercana a Pica. El éxito agrícola y vitivinícola conseguido por Froehlich en "Los Puquios", fruto de su tesón y esforzado trabajo, qué duda cabe, sentó un precedente fundamental para llevar adelante, con pasos seguros, las otras Estaciones Experimentales Agrícolas en la Pampa. "Los Puquios", pues, sería el "espejo" donde se mirarían todas las Estaciones siguientes creadas por CORFO.

(Nuestro próximo y último capítulo dedicado a la saga agropecuaria de Froehlich tratará de examinar con lupa su experiencia agrícola tanto en Los Puquios (Tarapacá) como en La Chimba (Antofagasta), lugar donde le sorprenderá una súbita e intempestiva muerte en el mes de octubre del año 1966).

(Capítulo terminado el 20/08/2011).

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domingo, 22 de mayo de 2011

Pioneros alemanes en la Pampa del Tamarugal: los inicios heroicos.

Fig. Plano de la Provincia de Tarapacá tomado de la obra de don Enrique Espinoza (1903) "Jeografía Descriptiva de la República de Chile", (Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona, Santiago de Chile. En este Plano se puede observar los caminos y huellas existentes a comienzos del siglo XX que recorrían la Provincia, uniendo los Cantones y pueblos salitreros con el Puerto de Iquique y algunos pueblos del interior, entre ellos Tirana, Pica, Cumiñalla. Curiosamente, el Plano no registra el poblado de La Huayca. Estas mismas huellas con pequeñas variantes, son las mismas que seguiría Froehlich unos cuantos años después.


Fig. Heinrich Froehlich aquí de edad de unos 32 años aproximadamente en la época exacta en que llega de Alemania la que será pronto su esposa, Martha Bohm Mueller. Heinrich le ha preparado una cómoda residencia que ha construido con sus propias manos en "Los Puquios" y que ha adaptado para su llegada.


Fig. Este Plano de la ciudad de Iquique, si bien data del año 1903, tomado de la obra de Enrique Espinoza, arriba citada, no debe ser muy diferente al Iquique que conocerá Froehlich a su llegada en el año 1922. Hacia 1903, Iquique registra una población total de 35.000 habitantes. En un momento que aún no hemos detectado, pero que debió ser en la época en que la joven Eleonor asiste regularmente al liceo en la ciudad, Froehlich con sus ingresos comprará en Iquique una cómoda residencia en la calle Bulnes Nº 165, casa que aún existe y que ha sido recientemente restaurada.

Fig. Heinrich con la burrita preferida de su hija Eleonor en el predio de "Los Puquios", hacia el año 1947.

Los coterráneos opinan sobre la obra de Froehlich.

En un segmento anterior (28/04/2011) hemos indicado, a grandes rasgos, y con el apoyo de testimonios históricos, con qué ojos vieron sus coterráneos chilenos el trabajo del técnico alemán Heinrich Froehlich en el sector de Canchones, Pampa del Tamarugal. Los testimonios de Arturo Olavarría Bravo, que fuera Ministro de Agricultura del presidente Aguirre Cerda (1938) y el recuerdo vívido de un físico visitante, Gerardo Melcher (1951), ya nos dan los primeros atisbos de la audacia de su gesta, en medio del desierto. Pero nos intriga saber algo acerca de los inicios de esta saga que dio tanto que hablar a sus contemporáneos.

¿Con qué materiales contamos para reconstruir la historia familiar?.

Tratemos de investigar ahora cómo se desenvolvieron los hechos desde sus inicios. No es tarea fácil por el tiempo transcurrido. Por fortuna para ello contamos con ricos y variados testimonios: cartas, recuerdos familiares, fotografías de época, documentos oficiales, certificados, entrevistas, recortes de diarios. Por fortuna, Eleonor, su hija, ha guardado celosamente y nos ha suministrado amablemente esos materiales que nos permiten hoy reconstruir, en alguna medida, cómo se desarrollaron los acontecimientos. Asombra la hazaña realizada, y asombra también el temple y el espíritu de este joven audaz y emprendedor que con apenas 20 años (en 1922) se lanza a su aventura en la América indómita, en pleno desierto de Atacama, sin más armas que su juventud, su curiosidad científica y sus ansias de surgir.

¿Quién era Heinrich (Enrique) Froehlich ?. ¿Qué sabemos de sus padres?.

Según copia autorizada del certificado de nacimiento original que tenemos entre manos ("Geburstsurkunde"), expedido en Eisenach (Thüringen, Alemania) el 7 de Mayo de 1954, Heinrich August Wilhelm Julius Fröhlich vio la luz en la ciudad alemana de Eisenach (Thüringen)) un 21 de octubre del año 1902. Es decir, el próximo año (2012), en octubre, se cumplirán 110 años de su nacimiento, fecha que ojalá podamos poder commemorar dignamente. Sus padres, según el mismo documento, redactado en alemán, fueron Karl Otto Fröhlich, profesor de Real Gimnasio y residente en Eisenach. Su madre fue Karoline Friederike Marie Ludwig, también residente en Eisenach. Eran, pues, miembros de la clase media alemana culta, pues no cualquiera llegaba a ser por entonces profesor de un Real Gimnasio. ¿Qué estudios alcanzó a cursar Heinrich en Alemania?. Según su hija Eleonor, habría seguido algunos cursos en Agricultura. A tan temprana edad, difícilmente pudo haber dado cima a una carrera profesional.

Los primeros recuerdos de Heinrich Froehlich.

A diferencia de su futura esposa, Martha Bohm Mueller, de quien tenemos algunas valiosas referencias de juventud, casi nada sabemos del joven Froehlich y sus andanzas antes de su llegada a Chile. Al estallar la primera guerra mundial en 1914, Heinrich tenía apenas doce años. El inicio de las hostilidades le sorprende seguramente en su propio pueblo natal, Eisenach. ¿Qué dificultades experimentó su familia durante la guerra? ¿Hubo miembros de su familia enrolados como soldados del ejército del Kaiser Guillermo II (1859-1941)?. Muy probablemente, pero no lo sabemos a ciencia cierta. Por fortuna para él, Heinrich era aún muy niño para ser enrolado en las filas del ejército. ¿Dónde hizo sus estudios superiores?. Nos imaginamos fundadamente que en el Realgymnasium de la ciudad de Eisenach donde su padre fue profesor por muchos años.

¿Cuáles fueron sus preferencias sus hobbies?.

¿Qué preferencias manifestó desde niño en su estudios?. Entre los escasos libros pertenecientes a su padre que su hija ha logrado rescatar, solo conocemos dos, uno sobre Química (Chemie des Alltags) y el otro, mucho más tardío, sobre apreciación musical Gespräche über Musik, (del autor Wilhelm Furtwängler, Zürich, 1949). Nada más sabemos, salvo de sus manifiestas aficiones musicales. Eleonor, su hija, nos ha referido en estos días el doloroso y terrible recuerdo que su padre tenía de su patria destruída y asolada, a la que nunca más quiso regresar y de la que muy raramente hablaba. Para él, el capítulo de su vida en Alemania quedó cerrado, a tal punto que muy pronto aspirará a obtener la ciudadana chilena, la que le será otorgada en el año 1943.

Eisenach, su patria chica: la tierra del músico Johann Sebastian Bach.

Eisenach no es un pueblo rural cualquiera, ignorado o escondido. Fue nada menos que la patria del gran músico barroco alemán Johann Sebastian Bach. Y allí se recuerda con veneración su hogar y los primeros pasos de aquel talentoso joven que queda huérfano a los 9 años de edad. Casi de cierto debió Heinrich visitar alguna vez en Eisenach la casa que se suponía habría sido la cuna de Bach y que se alzaba en la calle Frauenplan 21, y debió encaramarse , curioso, en algún momento, al cerro vecino donde se alza todavía la famosa abadía de Wartburg donde Lutero tradujo la Biblia al idioma alemán. Eisenach, por tanto tuvo y sigue teniendo una intensa resonancia cultural y musical, pues varios miembros de la familia Bach fueron connotados músicos de la época. ¿Influyó este bien conocido hecho histórico en la futura pasión del joven Froehlich por la música y por la práctica del violín?. Es bastante probable. En efecto, estando ya radicado en Antofagasta, llegó a dominar el violín con tal perfección, que fue llamado a formar parte de la Orquesta Filarmónica de esta ciudad en la década de los 60 y allí llegó a escribir y tocar sus propias obras musicales de carácter romántico (Lieder).

La llegada a Iquique en 1922.

Heinrich, joven de apenas 20 años, llega, pues, a Iquique directamente por barco en el año 1922. Aquí toma pronto contacto con Peter Müffeler, joven alemán oriundo de la ciudad de Colonia (Köln), casi de su misma edad, del cual, aparentemente, nada sabía con anterioridad. El encuentro en Iquique debió ser probablemente casual. Suponemos que Müffeler, quien ya tiene en Iquique una holgada situación económica, donde posee una Casa Importadora de autos, le recibe como compatriota y le acoge. Se hacen amigos y ahí tomará su inicio esta gesta notable de agricultura y vitivinicultura audazmente realizada en plena pampa, a unos 21 km al oeste de la localidad de Pica y a escasos kilómetros al oriente de La Huayca.

De Golzow (Prusia) al corazón del Tamarugal.

Mientras Heinrich Froehlich, un joven espigado y de elevada estatura, vagaba pensativo por las calles de Eisenach, tarareando tal vez alguna Cantata o Concierto de Bach, en la lejana Prusia en la aldea de Golzow, una joven de mediana estatura recibía en la iglesia de su pueblo el sacramento de la Confirmación luterana un día 28 de Marzo de 1915, en plena guerra mundial. El documento alusivo, la "Konfirmationsschein", así nos lo certifica. La joven de ojos tristes y de un tono café grisáceo (según su pasaporte alemán) se llamaba Martha Bohm Mueller y había nacido allí mismo, en Golzow (Prusia), un día 5 de Abril de 1901. Golzow se hallaba bastante lejos de Eisenach, a una distancia aproximada de unos 260 km. en línea recta hacia el N.E., en el corazón de Prusia occidental, semi oculta entre frondosos bosques y no lejos de la ciudad de Postdam. Eran sus padres Gustav Bohm y Marie Mueller, radicados en Golzow. Poco o nada sabemos de ellos. ¿Eran agricultores o comerciantes? . No lo sabemos. Pertenecían, en todo caso, a la clase media alemana de gran esfuerzo y espíritu de lucha por surgir.

Su juventud en Golzow y el viaje a Chile.

Martha fue bautizada el día 9 de junio del mismo año 1901, probablemente en la hermosa iglesia medieval conocida allí como la "Oktogonale Kirche", aún hoy orgullo del pueblo. Ambos jóvenes, extrañamente, se conocerán no en Alemania, sino mucho más tarde en América, cuando el joven Heinrich ya está radicado en Chile y ha iniciado con tesón sus trabajos agrícolas en "Los Puquios", en plena Pampa del Tamarugal. Desde aquí, Froehlich mantiene una copiosa corrspondencia con Martha, a la que va dando a conocer aspectos de su nuevo trabajo y su nueva tierra. Cuando por fin Martha Bohm llega a Chile, un 14 de Mayo del año 1934, llamada por quien sería muy pronto su flamante marido, es aún soltera pero tiene ya 33 años, siendo un año mayor que su prometido. Edad en la que ya no era tan fácil contraer matrimonio. La joven Martha Bohm resueltamente "da un gran salto al vacío", deja su patria natal, a su numerosa parentela ( tuvo ella 6 hermanos) y sus amados bosques de pinos en la lejana Prusia, y se aventura a radicarse en el desierto, en plena pampa, en la finca de "Los Puquios". Aquí la espera su futuro marido quien ya tiene construida una cómoda casa desde fines del año 1929.

Un insólito pololeo a la distancia.

Varios años de un curioso e intenso pololeo por carta, sin conocerse personalmente, que terminan en un súbito noviazgo, el aburrido y fatigoso viaje por mar, cruzando el Estrecho de Magallanes, hasta desembarcar directamente en Iquique y, por fin, el matrimonio en un mísero e insignificante pueblecito. Porque eso era Pica por entonces, cobijada entre mangos y naranjos, en el corazón del nuevo país que la acoge. Los lazos con Alemania se cortan bruscamente y para siempre. A Alemania, su patria, volverá solo una vez, a acompañar a su hija que se encuentra estudiando su especialidad de Educación Física en Colonia (Köln), en el año 1966. En este único momento, visitarán juntas Golzow, su tierra natal, y conocerá a varios de sus tíos, tías y primos, de la parentela de su madre. En Eisenach, no conoció prácticamente a nadie. Según ella relata, no se sintió mayormente acogida por su parentela alemana. Su contacto, pues, con la familia de sus padres fue sólo esporádico y más bien efímero: no nació de un afecto profundo por su tronco familiar en Alemania. Para entonces, sus abuelos paternos y maternos, aquellos que le mandaban regalos y hermosas muñecas, habían ya fallecido.

1934. El año del matrimonio en la localidad de Pica.

Llega Martha a la zona interior y desértica de Iquique a fines del mes de Mayo de 1934. Nos podemos imaginar su creciente sorpresa al atravesar los extensos campos de dunas y salares, rumbo a Pica, en aquellos años en que los caminos no eran tales sino huellas infernales, llenas de baches, de chusca y de polvo infinito. De pronto la encontramos contrayendo matrimonio civil con Heinrich Froehlich un 1º de junio de 1934, en la localidad de Pica, según consta por el certificado expedido por el Registro Civil e Identificación de esa localidad. O sea, todo ha sido metódica y cuidadosamente preparado con antelación por Froehlich en Pica para esta ceremonia, en la que actuarán como testigos dos coterráneos alemanes: uno, el querido cura párroco católico del pueblo, el Presbítero Luis Friedrich Schallmayr y el otro, un residente llamado Juan Kruse Kauffmann del que nada sabemos aún. Resulta muy interesante este casi fortuito encuentro entre el párroco católico Luis Friedrich, muy venerado por su grey piqueña y el joven inmigrante luterano. La lejana patria común, Alemania, unirá a no dudarlo estrechamente a ambos en una larga amistad y aprecio, en especial durante el difícil período de la IIª Guerra Mundial (1939-1944) en Chile, cuando los alemanes eran considerados espías potenciales.

Nace la única hija, Eleonor.

De este matrimonio, nacerá la única hija, Eleonor, que llega al mundo el 24 de Octubre de 1935. La niña, rubia y juguetona, ocupará el tiempo de su madre, rodeada de muñecas y regalos que le envían desde Alemania sus abuelos. La niñez de Eleonor transcurrirá entre gatos, gallinas, conejos, cabritas y su burrita regalona (Vea Fig. arriba), en la que pronto saldrá a dar paseos que la conducirán hasta La Huayca, la única localidad cercana habitada por antiguos canchoneros y carboneros, dedicados a la explotación del carbón de tamarugo. Aquí hará sus grandes amistades, apenas puede entender y balbucear el castellano. Porque su primera lengua y su primera educación, según ella lo recuerda, sólo fue en idioma alemán. Para los vecinos de La Huayca, con los que pronto traba sólida amistad, ella será simplemente "Lola" o "Lolita". Para sus padres y familiares más íntimos, Lorchen". Nombre este último con el que ella no gusta ser llamada por sus amistades chilenas.

¿Qué paisaje logra crear Froehlich en "Los Puquios"?.

No sabemos con exactitud el año en que se compra al fisco (hoy Oficina de Bienes Nacionales), por parte del socio Müffeler, el predio de "Los Puquios". Tampoco sabemos cuanto costó. Comprendía al parecer un área total de unas 4 ó 5 hectáreas, espacio suficiente para tener animales, y variadas siembras, así como para la instalación de las primeras viñas, tarea que emprende Froehlich afanosamente a fines del año 1929. Lo sabemos por un prolijo álbum fotográfico que ha llegado a nuestras manos, con detalles finos de la construcción de la casa-habitación, la instalación del pozo y bodegas y la preparación lenta de los suelos, mediante extracción paciente de los costrones de sal que cubrían la superficie del antiquísimo salar pleistocénico. Junto con ello, empieza a plantar filas de eucaliptus en los contornos de la propiedad con el objeto de formar barreras naturales contra el viento, y controlar así el acceso de las arenas finas por arrastre eólico, peligro siempre mortal para cualquier siembra.

La aplicación del sistema prehispánico de "canchones".

En sectores de la propiedad se había practicado, desde decenios anteriores, la agricultura de "canchones". sistema de recuperación de tierras cultivables que consistía en extraer la capa superior salina, hasta una profundidad de unos 40-50 cm. para llegar a un suelo más arenoso y menos salino el que era irrigado en forma natural por ascenso por capilaridad del agua freática que se hallaba a escasa profundidad en el subsuelo . El sistema no era ninguna novedad. Era conocido en la región desde unos 100 años antes a lo menos, y era practicado por los llamados "canchoneros".

¿Qué eran los "canchones"?.

El "canchón"no era sino una "era" o "melga" de unos 3-5 metros de ancho por un largo considerable. A medida que se utilizaba en la siembra el canchón cada año, habia que volver a limpiarlo de la costra que se formaba en la parte superior y este material salino era re-depositado en los bordes del canchón, de suerte que éste iba profundizándose año a año. "Chacras sin riego", habìan sido denominadas desde la época de la Colonia española o "mahamaes", en la costa peruana donde también el sistema era practicado desde tiempos indígenas. En la zona de Trujillo, en el Perú, desde época mochica, se les denominaba "huachaques" y se les emplea hasta el día de hoy.

Alta productividad de los canchones.

Eran melgas altamente productivas de verduras, zapallos, melones, sandías o maíz, y provistas de riego continuo, solo requerían de la adición del guano animal o guano fósil de aves marinas, como fertilizante, elemento que antiguamente era traído a lomo de llama o mula desde las guaneras de la costa. "Canchones" y "canchoneros" hubo centenares en esta zona, desde La Tirana hasta "Lios Puquios".
Sabemos con certeza que se había practicado también el sistema de los "canchones" , o "chacras sin riego" en el predio "Los Puquios", porque aún hoy se encuentra sus rastros evidentes en dicha propiedad, ocupados ahora por vetustos algarrobos o tamarugos que allí crecieron merced a la alta concentración de agua freática. La gracia y habilidad de Froehlich fue atreverse a plantar vides y lograr obtener un vino generoso semejante al oporto, en un difícil ecosistema de pampa, cosa que nadie había intentado antes en esos parajes de muy bajas emperaturas invernales.

Tal como lo hemos prometido, seguiremos ofreciendo variados materiales documentales y fotográficos sobre el proceso de plantación de las vides por parte de Froehlich y entregando antecedentes de la manera como esta familia extranjera se integra al sistema administrativo y juridico nacional que pronto culminará en la obtención de la ciudadanía chilena por gracia, en razón de su meritoria trayectoria como agricultores del desierto.

El técnico agrícola de mayor experiencia en Iquique.

Pronto, en la zona de Iquique, Froehlich se convertirá en el gran experto en agricultura del desierto, expertise que consigue no tanto por sus estudios previos sino por su dedicación y su experiencia diaria con especies vegetales y tipos de abonos. Froehlich, además, aprende mucho de los canchoneros y agricultores de La Huayca, con varias de cuyas familias entabla duradera amistad. Ahí conoce a los Jiménez, Benavides, Caipa, Soto y Solís, uno de los cuales, como el caso del fiel Genaro Soto, será por largos años su capataz de campo. En la década del 50, ya con mucha experiencia a cuestas, se atreverá a escribir sendos artículos de corte científico basados en sus observaciones de terreno. De todo esto iremos hablando en sucesivos aportes en este nuestro Blog.




jueves, 28 de abril de 2011

Heinrich Froehlich: un intrépido y desconocido pionero agricola en la Pampa del Tamarugal.

Foto 1. Placa commemorativa instalada al ingreso del predio agrícola de Canchones, en la Pampa del Tamarugal, donde trabajara Enrique Froehlich por cerca de 20 años, a partir de los años 1941-42. Fue financiada por su hija Eleonor Froehlich quien asistió a su descubrimiento junto a autoridades de la Universidad Arturo Prat el año 2002. El discurso de rigor estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Italo Lanino Rozas. El texto de la Placa recuerda a las nuevas generaciones de alumnos las exitosas actividades agrícolas realizadas por Froehlich en esa zona desértica, a partir de los años 1927-28 en aquellos difíciles años de las décadas del 20 y del 30 del pasado siglo, exactamente en la época de la gran crisis del año 1929.

Foto 2. Lugar actual de emplazamiento de la placa recordatoria, a la entrada del predio agrícola de Canchones, actualmente administrado por la Universidad Arturo Prat de Iquique. Aquí desarrollan sus prácticas agricolas los alumnos de la Carrera de "Agricultura del Desierto" de la misma Universidad.

Foto 3. Heinrich Gustav Froehlich Ludwig de unos 30 años de edad, hacia el año 1932-1933. Para entonces, el predio de "Los Puquios", bajo su supervisión directa, ha conocido una frenética actividad impulsada por este notable técnico agrícola alemán, nacido en Eisenach el 21 de octubre de 1902 y llegado a Chile en el año 1922. El predio de "Canchones" aparecerá en escena pocos años más tarde, al parecer en los años 1941-42. Foto 4. La familia completa, con su esposa e hija, junto a su casa construida por ellos mismos en el predio de "Los Puquios", situado exactamente al frente del predio agrícola de Canchones. La esposa, Martha Bohm Müller, era originaria de Küstrin/Golzow (Prusia) y llega desde Alemania a acompañar a su flamante esposo el 14 de Mayo de 1934. Ella tenía por entonces 33 años de edad. En la fotografía, la única hija nacida del matrimonio, Eleonor, tiene al parecer unos cinco años de edad. La foto correspondería, por tanto, aproximadamente a los años 1941-42, época de los inicios de la Estación Agrícola Experimental de la CORFO, institución que muy pronto contratará a Froehlich como su Administrador y Técnico agrícola.
Foto 5. La familia Froehlich Bohm en el predio de Canchones. Se observa a los frutales en pleno desarrollo (perales?). La hija, Eleonor, tiene aquí unos 15 años por lo que deducimos que esta fotografía correspondería aproximadamente al año 1951. De ser así, sería la fecha exacta en que el físico chileno-alemán Gerardo Melcher les visita en su expedición al Norte, acompañando al zoólogo Dr. Guillermo Mann, tal como lo relata con sabrosos detalles y simpáticas anécdotas en su obra: El Norte de Chile su gente, desiertos y volcanes (Editorial Universitaria, Santiago, 2004, páginas 78-80).

¿Escuchó Ud. el nombre de Heinrich (Enrique) Froehlich?.


El nombre del ciudadano alemán Heinrich Froehlich seguramente no le resulta a Ud. para nada familiar. Casi nadie lo conoce, ni siquiera en esta región nortina de Tarapacá, salvo unos poquísimos iquiqueños que aún recuerdan, abismados, su noble gesta en el desierto. Lamentablemente, su nombre y su hazaña no ha quedado registrada en los manuales de Historia Económica, Agricultura o Geografía del Desierto de Atacama. Le fue concedida, sin embargo, la Condecoración al Mérito Bernardo O´Higgins en 1939 por sus notables logros agrícolas en la Pampa del Tamarugal. La labor desarrollada por Froehlich durante más de 35 años en el antiguo predio de "Los Puquios" , en el sector de Canchones, no sólo es digna de admirar y destacar. Es digna de ser imitada aún hoy. Porque aún hoy el desierto tiene muchos secretos que enseñar. Sacar del casi total anonimato a este notable pionero de la agricultura en el desierto de Atacama, destacar su increíble y tesonera labor y hacer conocer y admirar su obra por las generaciones jóvenes de la Región, es el objeto de este segmento de nuestro Blog y de otros más que lo seguirán próximamente.

Un viajero lo encuentra, agazapado entre las arenas del desierto, cerca de la Huayca.

Para comenzar nuestra historia, vamos a introducir una cita de alguien que tuvo la fortuna de conocerlo, visitarlo y tratarlo de cerca en su casa, en medio del Tamarugal, en el verano del año 1951, en el sector de "Los Puquios". Quien lo retrata es Gerardo Melcher, un fisico chileno de origen alemán. Melcher viajaba acompañando una expedición al Norte emprendida por el conocido zoólogo Guillermo Mann, del Instituto de Zoología de la Universidad de Chile. En su obra: El Norte de Chile su gente, desierto y volcanes, publicada por la Editorial Universitaria en el año 2004, Melcher reseña sus recuerdos del encuentro con Froehlich y su familia, en el año 1951, ya totalmente asentados en el Tamarugal.

He aquí el relato:

"Pasamos por Pozo Almonte [viniendo de la quebrada de Camarones] y seguimos a Canchones hasta una granja agrícola bien instalada por un señor Fröhlich, un personaje muy emprendedor que anteriormente habia trabajado en Iquique en negocios de importación. En áreas considerables de su terreno salobre, aplicó una antigua tradición indígena, haciendo remover la costra salina de unos veinte centímetros de espesor, despejando así canchones para cultivos. Agua para riego, ligeramente salobre, la bombeaba desde varios metros de profundidad. A lo largo de todo el año cosechaba zapallos, melones, pepinos, verduras de hoja y plantas de forraje. Además, una viña daba grandes uvas azules. Con ella elaboraba un mosto muy especial, el vino Canchones, muy apreciado por conocedores. La granja comprendía, ademas, canchones experimentales fomentados oficialmente por la Corfo [Corporacion de Fomento de la Producción]. Muros y casas aquí se construyen de sal. Los bloques removidos de los canchones se trabajan con hacha dándoles forma de ladrillos.. No se precisa mortero alguno, basta echar agua al muro de "ladrillos salinos" y quedan soldados con cristales de sal. Con esta técnica Froehlich construyó una atractiva casa en estilo español, con arcos y galerías, revocadas con sal interiormente y por fuera. Sólo el techo estaba formado por maderos de tamarugos dispuestos horizontalmente y trenzados con fibras tupidas para obtener buena sombra, una techumbre suficiente, ya que aquí no hay precipitaciones". (Melcher, 2004: 78 - 79).

La obra titánica de Froehlich y Mueffeler en Canchones y Los Puquios.

¿Quién era este personaje que llega a sepultarse solo en la Pampa del Tamarugal bastante antes de 1930, donde establece después una familia y lleva una vida casi de ermitaño, dedicado afanosamente a hacer producir el desierto? ¿Qué lo indujo a asentarse en este lugar tan árido y tan yermo? Y, finalmente, ¿por qué su figura y su estampa es digna de admiración para las generaciones actuales de agricultores de la Pampa?. ¿¿Qué herencia nos deja a los chilenos de hoy, los que pasamos a diario por estos inhóspitos parajes rumbo a Pica y sus baños termales?

¿Qué pensaron de él sus coetáneos?.

Escuchemos ahora el relato, bastante anterior (1938?), de un importante político de la época, Arturo Olavarría Bravo Ministro de Agricultura del Presidente Aguirre Cerda , quien en su obra: Chile entre dos Alessandri, editada en 1962 por Editorial Nascimento, señala textualmente:

"La Pampa del Tamarugal.

"Durante mi visita al norte con el objetivo de estudiar en el terreno todo lo relacionado con la producción de guano de covaderas aproveché la oportunidad para conocer de cerca la Pampa del Tamarugal, aquella inmensa planicie estéril que sólo habìa visto antes a la distancia.
Atravesando la pampa en dirección a Pica, en donde visité los hermosos huertos frutales de que vive esa población, me encontré con dos oasis cuya vista me pareció al principio que eran fenómenos de espejismo, porque no podía dar crédito a un espectáculo tan maravilloso como eran esos dos vergeles enclavados en medio del árido desierto.
El primero de ellos era Canchones con su inverosímil viña del mismo nombre, rodeada por álamos chilenos. Sus propietarios dos alemanes, los señores Froehlich y Peter Mueffeler me contaron que a la raíz de la guerra europea de 1914, se encontraron impedidos de continuar con los empleos que desempeñaban en Iquique y, entonces, sin tener otro rumbo que seguir, resolvieron subir a la pampa con el objeto de acometer la aventurada empresa que desde hacía algún tiempo habían concebido. Luego de trazar los entornos del futuro viñedo y de captar el agua subterránea pra su regadío, comenzaron la increìble tarea de arrancar, por sì solos, la costra salitrosa del suelo, la que pacientemente fueron llevando, a medida que avanzaba, en carretilla de mano hasta los límites del terreno, en donde de este modo fue convirtiéndose en muros vecinales. Terminada esta titánica tarea, plantaron las vides que habían encargado al sur del país y esperaron los resultados de su audacia, de su constancia, sus sacrificios y su fe. Obtuvieron un brillante resultado.

La cosecha de uva fue convertida en vino, en un exquisito vino generoso que luego después empezó a venderse con gran aceptación en Santiago y las principales ciudades del país. Huelga decir que a mi regreso a la capital, obtuve que el gobierno condecorara con la Orden al Mérito "Bernardo O´Higgins" a esos dos esforzados extranjeros que, junto con realizar tamaña empresa, habían dado un ejemplo que era toda una lección objetiva para los chilenos".(Olavarria Bravo, 1962).

Dificil imaginar el tremendo esfuerzo desplegado por el joven técnico agrícola alemán en tierra extraña.

No nos consta la fecha exacta de la visita de Olavarría Bravo al sector de Canchones. Debió ser probablemente hacia 1938 ó 1939, cuando era Ministro de Agricultura y de Fomento en el gobierno del Presidente don Pedro Aguirre Cerda. Por entonces, Froehlich está dedicado cien por ciento a hacer producir ese desierto árido y ha formado allí una corta familia. Para los que conocemos bien el lugar por haberlo visitado en repetidas ocasiones, hoy eso ya casi no nos sorprende. Pero podemos sin gran trabajo imaginar lo que eran esas superficies infinitas de costrales salinos, poblados por uno que otro algarrobo o tamarugo, tal como todavía hoy pueden observarse en sus alrededores. Un paisaje desolado, rugoso, de costras y mogotes salinos, restos de un antiquísimo lago pleistocénico desecado, cuyas sales y arenas salinas habían quedado en superficie mostrando un paisaje casi de tipo lunar.

Restos blanquacinos de un antiguo salar.

Hace unos 15.000 ó 20,000 años atrás esta zona era parte de un extenso paisaje lagunar y constituía las riberas de un inmenso lago que el geólogo alemán Juan Brüggen bautizara como "Lago Soledad". Canchones y la Huayca están asentados hoy directamento sobre estas antiguas formaciones lagunares, ahora yermas y resecas. La salinidad de esos costrones que pululan hasta hoy en dicha zona entre dispersos algarrobos y tamarugos, ha sido fruto de la evaporación de sales arrastradas por las lluvias torrenciales del período pluvial hacia la pampa desde las alturas de la cordillera. Poco a poco, con el correr de los milenios, el clima se ha ido secando más y más y es cada vez menos el agua que alcanza hasta el Tamarugal desde sus vecinas quebradas. Hacia 1963, personalmente pudimos ver aún pozos activos en casas de la Huayca desde donde se podía obtener el agua fresca apenas a unos 50 cm. de profundidad, o aún menos. Hoy allí mismo hay que cavar muchos metros para alcanzarla.

¿De dónde les surge la idea a estos dos alemanes de realizar cultivos varios en la pampa?

Según el relato de Arturo Olavarría Bravo, recogido de labios de los dos pioneros hacia 1938, a poco de llegar a Iquique el año 1922, el joven Froehlich, que acaba de cumplir 20 años, viene huyendo de las dificultades y penurias de la postguerra de 1914, conoce a otro alemán, casi de su misma edad, Peter Mueffeler Lehnen, originario de Hamburgo, ya radicado en Iquique y que trabajaba en una importadora de vehículos. Se hacen amigos y ambos visitan el interior de la provincia, llegando hasta Pica. Por entonces, Pica aún ostentaba y cosechaba sus conocidos viñedos, muy apreciados desde la época de la Colonia. La "pisa de la uva" en los lagares de Pica y Matilla fue realizada con fiestas especiales hasta el año 1929, fecha en que por razones que no profundizaremos aquí, cesan repentinamente las plantaciones de vides, éstas son arrancadas y se inicia en el oasis un cambio total de rumbo, con la plantación masiva de cítricos y mangos. Por estos mismos años (1928-1929), Froehlich inicia el camino exactamente inverso: planta en "Los Puquios" sus primeras vides experimentales.

¿Por qué instalarse en plena pampa del Tamarugal?

Sospechamos, pues, que tanto la observación de los florecientes viñedos existentes a la fecha en Pica, Matilla y el valle de Quisma, por entonces intensamente cultivado, como la experiencia de los centenares de "canchoneros" que en la zona de La Huayca y Los Puquios cultivaban en sus "chacras sin riego", verduras, hortalizas, melones y sandías, inducen a los dos entusiastas jóvenes alemanes a asociarse para comprar un predio y experimentar. Es lo que anhela hacer el joven Froehlich. Peter Mueffeler, que ya dispone de una buena situación económica, financia su compra. Este predio será llamado "Los Puquios". Hasta hoy es posible observar en él los viejos "canchones" del todo abandonados por el descenso significativo de las napas freáticas. Pero hacia 1925, fecha en que imaginamos a la dupla de alemanes buscando un lugar apto para realizar sus experiencias agricolas, el área estaba todavía llena de "canchones" y "canchoneros" que venían utilizando este viejo método de producción agrícola sin necesidad de regadío, sólo por ascenso capilar, desde mediados del siglo XIX, por lo menos.

Nuestra gratitud a Eleonor Froehlich.

El presente relato y los que esperamos le sigan, no habrían sido posibles sin el aporte insustituible de valiosos materiales documentales y fotográficos por parte de nuestra buena amiga Eleonor Froehlich, hija única del intrépido pionero alemán creador del predio agrícola de "Canchones" y su afamada viña. De esta gesta, llena de matices únicos y sorprendentes, plena de iniciativas a cuál más valerosa y audaz, iremos aprendiendo en sucesivos capítulos de nuestro Blog. Nuestra particular gratitud, pues, a Eleonor por haber puesto a nuestra disposición, con tanta generosidad y desprendimiento, este valioso material que ahora ve la luz por vez primera.

Una "historia" verídica para aprender de ella, no sólo para admirarla de lejos.

En las próximas semanas, si Dios quiere, iremos haciendo otras entregas, capítulo tras capítulo sobre este notable pionero de la agricultura en plena Pampa. El material que hemos recopilado es enorme. Para nosotros, es imperioso que esta gesta tan ignorada hoy sea conocida, valorada y, sobre todo, imitada por otros. Se ha señalado que la historia es "magistra vitae", es decir, "maestra de la vida". De esta historia singular, en consecuencia, de sus éxitos y fracasos, debemos ávidamenter aprender, porque es mucho lo que nos puede enseñar aún hoy. Los beneficiarios serán los jóvenes científicos y agrónomos que estén dispuestos "a dejar sus huesos" en esta noble tarea de hacer producir esta tierra, tal como lo hicieron ya los indígenas, hace siglos y milenios atrás, aprovechando las avenidas eventuales de las quebradas tarapaqueñas. Tal como lo hizo Froehlich quien muriera empuñando el azadón en las jóvenes huertas de "La Chimba", en Antofagasta.


Una sugerencia que nos parece afortunada.

Es nuestra más profunda conviccción que Heinrich Froehlich merece mucho más que la pequeña placa recordatoria (Vea foto 1, arriba) obsequiada por su hija, que por su escaso realce muy pocos advierten al pasar por allí. Nos atrevemos a sugerir que el predio mismo de Canchones, regentado hoy por el Departamento de Agricultura del Desierto de la Universidad Arturo Prat, debería llevar hoy dignamente su nombre: "Estación Experimental Agrícola Heinrich Froehlich Ludwig". El lo eligió, él lo trabajó, descostró, y plantó con sus propias manos, palmo a palmo, metro a metro. Si bien, como veremos en capítulos siguientes, Peter Mueffeler, su socio en la empresa, le prestó siempre su generoso apoyo económico, quien realmente merece ser destacado como el gran artífice, fue ciertamente Froehlich. Así lo reconocieron todos sus coetáneos. Sin él y su constante empuje arrollador, nada existiría hoy día en esos lugares: serían tan sólo hectáreas inertes del desierto, cubiertos de costrones salinos y de arenas calcinadas, tal como lo podemos ver aún hoy a escasos metros fuera de sus linderos actuales teñidos de verde.

Froehlich, el "hombre verde".

Heinrich Froehlich, el "hombre verde", como lo llamó con indiscutido gracejo el gran poeta nortino Andrés Sabella, ha resuscitado allí mismo en el reciente mes de Abril (año 2011), cuando estudiantes de la carrera de Agronomía de la Universidad Arturo Prat efectuaron, exactamente en ese mismo sitio de Canchones, la séptima vendimia de las podas de las mismísimas parras plantadas por Froehlich a partir de Enero del año 1929. Gracias a la asidua dedicación de ingenieros agrónomos del predio actual, en el año 2007 se obtuvieron los primeros 200 litros de vino tinto y blanco. Tuvieron que transcurrir muchas decenas de fatigosos años para que el milagro se diera nuevamente. Y la "Froehliche Weinberg", como la llamara Heinrich en 1929 con evidente orgullo familiar en sus documentos privados, revive nuevamente hoy lozana y vigorosa, al amparo vigilante de los ingenieros agrónomos de la Universidad Arturo Prat, señores Marcelo Lanino y su esposa Ingrid Poblete, agrónoma como él. La reciente vendimia de este año 2011 arrojó ya la suma de 600 litros de un excelente mosto. Todo hace augurar un nuevo éxito a una empresa iniciada en "Los Puquios", junto a Canchones, con increíble tesón y notable visión de futuro, hace exactamente 82 años ( 1929).


(revisada el 19/05 /2011)