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jueves, 19 de mayo de 2016

Un médico norteamericano visita Coquimbo y la Serena en el año 1832: descripción de las balsas de los changos y otros aspectos de la sociedad de la época.


Presentamos en este capítulo una sección escogida  (capítulo) de  la obra del médico naval norteamericano William Samuel Waithman Ruschemberger  atingente al tema de estudio de los changos, pescadores autóctonos de las costas desérticas de Chile  y  Perú.  Sus páginas  nos presentan informaciones de primera mano, obtenidas in situ por este testigo presencial. La referencia corresponde al mes de septiembre del  año  1832.  Aquí presentaremos, primero  las referencias obtenidas en el puerto de Coquimbo (La Herradura) y un análisis de las mismas desde el ángulo eco-antropológico. También se hace hincapié aquí sobre otros aspectos sociales, económicos y aún botánicos de la región que al autor llaman particularmente la atención en su visita.

En un próximo capítulo, nos referiremos a la descripción del puerto de Cobija, en la costa de Antofagasta, por entonces perteneciente a Bolivia. Esta última descripción, minuciosa  y pormenorizada, ocupa todo un capítulo  correspondiente a las "Noticias de Bolivia" del autor.

Fig. 1. Reproducción de la portada de la obra original de William Ruschemberger, publicada en Londres en 1835. (ejemplar donado por Mrs. Lillian Quinn en East Setauket, USA).

Fig. 2. Publicación castellana de la misma obra, traducida por  Eduardo Hillman Haviland. En esta edición -como se señala más abajo- falta el capítulo dedicado a la recalada en el puerto boliviano de Cobija, hoy  perteneciente a  Chile. Aquí, en Cobija, el médico  hace nuevamente referencia a las balsas de cueros de lobos marinos de los pescadores changos que ya había descrito en el puerto de Coquimbo.

Cómo llegué a conocer el original de esta obra.

En el año 1970, recién llegado a los Estados Unidos a iniciar  mis estudios de doctorado en Antropología en la State University of New York, en Stony Brook,  conocí  accidentalmente esta obra. Era parte de la biblioteca de Lillian Quinn, una antigua profesora básica norteamericana que en sus años mozos, hacia 1910-1915, había vivido en la ciudad de La Serena, (Chile) donde su hermana había  sido nombrada Directora de la recién creada  Escuela Normal.  A su arribo a Valparaíso, Lillian compró esta obra, publicada en Londres en el año 1835,   en la librería "Cosmopolita" de ese puerto para informarse más en detalle de la región en la que iba a vivir por unos años. Lillian residía, ya muy anciana, en el pueblo de East Setauket, cuando yo llegué con mi familia  a comienzos del año 1970. Deseosa de practicar la lengua castellana que aprendiera cuando niña,  me pidió la visitara regularmente, para practicar este idioma que conservaba aún, con la típica pronunciación chilena. 

Hurgando entre sus libros.

Entre nuestras amenas conversaciones, mitad en inglés y mitad en castellano, ella me mostró los libros que conservaba, como joyas, de esa su ya tan lejana época de juventud en Chile. La obra me interesó vivamente, al descubrir que su autor, médico de la marina  estadounidense, había descrito magistralmente parajes de la costa del norte de Chile que me eran familiares; entre ellos, Coquimbo y Cobija.  Y en aquellos parajes, había observado con detención el trabajo de pescadores autóctonos y sus extrañas embarcaciones hechas de cueros de lobos marinos.  Éstos, conocidos en la literatura etnográfica chilena y peruana como "changos",  construían y utilizaban  las "balsas"  tanto en la pesca costanera como en el carguío de mercaderías a los barcos surtos en los puertos.  El ojo perspicaz del autor del libro, el médico y marino William Ruschemberger, los describió con muy certeros rasgos, dejándonos precioso testimonio de su  existencia y actividad  como cargadores de puerto y avezados navegantes.

Observaciones de tipo geográfico,  ecológico y etnográfico.

Las páginas de la obra de este marino que  aquí presentamos en idioma inglés en su edición original de 1835, rebozan de observaciones de gran interés  eco-antropológico, razón por la cual  intentaremos extraer de su texto datos e informes, a veces pequeños, a veces, más completos,  que nos arrojan potente luz sobre los pobladores de la costa y el  ecosistema de la época, tal cual nos llegan a través de la vívida descripción del viajero. La obra fue parcialmente publicada  en Chile por  la  Editorial del Pacífico, S.A., en su Colección "Viajeros de antaño",  con el título: "Noticias de Chile (1831- 1832)", en el año  1956; 120 p. Digo parcialmente, pues  el editor chileno, de siglas H. M.,   no reparó que  en su sección dedicada a  las "Noticias de  Bolivia", el autor inglés  incluía también preciosas referencias a su recalada en el puerto de Cobija, en la costa de Antofagasta, por entonces (1835) en posesión de Bolivia.  Su visita de varios días a la zona de Cobija y Gatico, le permite acopiar referencias de gran interés para nosotros, por tratarse de un médico, testigo  de excelente formación científica,   que llegó a ocupar altos puestos  en la Academia de Ciencias de Filadelfia. 

¿Quién era William  S.W. Ruschemberger?. 

Extractamos las escasas noticias que  la citada obra de la Editorial del Pacífico publicó en  1956 sobre su autor. Hemos hallado otras referencias sobre este interesante personaje en Internet.  Su vida transcurre entre  el 4 de septiembre de 1807, (nace en Bridgeton,  New Jersey, Estados Unidos) y el 24 de Marzo de 1895 (fallece en Filadelfia, Estados Unidos). Visitó Chile por vez primera  en el año 1827 ó 1828, a bordo del barco Brandywine, como ayudante del cirujano a bordo. Las observaciones que aquí presentaremos, corresponden a un segundo viaje suyo, a bordo esta vez del Falmouth, velero también norteamericano. William se recibió de médico en la Universidad de Pennsylvania  (Perelman School of Medicine) en el año 1830 y fue nombrado Cirujano de la Marina, el año 1831.  Por tanto, al inicio de  este viaje a las costas de Chile, Bolivia y Perú, era sumamente joven,  apenas de 24 años, y estaba recién recibido de médico.  Tanto más mérito tiene  su obra, por su notable interés en  registrar detenidamente todo lo que observa, pregunta o lee sobre las costumbres, historia, demografía o economía  de las zonas que visita.  Ruschemberger conoce las obras de varios de los navegantes que le precedieron;  así, cita a Frézier, a Miers, a Porter, a Basil Hall, a Miller; pero también conoce  y cita los escritos de  españoles como Unanue, Jorge Juan y Antonio de Ulloa. También  ha leído las ediciones del famoso periódico "El Mercurio Peruano". Llama la atención su particular interés por averiguar informes sobre  el movimiento de navíos en la costa, características defensivas de los puertos,  así como su capacidad de descripción de las costumbres y hábitos de los pueblos y ciudades que visita.  Mayor información sobre  este personaje, sus viajes y sus obras,  se puede obtener  a través de  Internet en
 https://es.wikipedia.org/wiki/William_Samuel_Waithman_Ruschenberger.

Obras del médico naval.

 Entre  1870 y 1882, Ruschemberger fue  Presidente de la Academia de Ciencias de Filadelfia y, desde 1879 hasta 1883, presidente de la  Facultad de Medicina de la misma ciudad.  Fue autor de varias obras, además de la presente, como:  A Voyage around the World (1835),  Elements of Natural History (1850) y otras. En 1854  aparecieron sus  "Notes and Commentaries During Voyages to Brazil and China". Una de sus más divulgadas obras fue  su "First Books on Natural History", una serie de ocho volúmenes  que llegó a ser muy popular en su tiempo. En su manera de relatar, este médico se manifiesta como un naturalista nato, con un particular interés por la botánica, la geografía y la biogeografía. La obra que presentamos, en consecuencia, aun siendo obra de su juventud,  no por eso está  desprovista de un creciente interés para un antropólogo cultural y un ecólogo.

Las páginas del texto,  Capítulo VII. Visita  a Coquimbo y la Serena.

Fig. 3.   Llegada a Coquimbo. Fuertes vientos (alisios)  del sur. Descripción de la ensenada o bahía de Coquimbo (La Herradura).

Fig. 4.   Carga de agua potable en los navíos. El puerto de Coquimbo fue un antiguo surgidero de barcos balleneros que ya no acuden a este lugar. Variedad de pescados y mariscos, algunos de especies diferentes a las que se encuentra en  la zona de Valparaíso.

Fig. 5. Referencia a la falta de municiones del fuerte que lo protege. Describe detalladamente  las balsas de cueros de lobos marinos  que en gran número acuden a los costados del velero americano para ayudar en las faenas de descarga. Explica en qué consiste una "balsa" y cómo está construida. Utilidad  de estas balsas en estas costas. 

Fig. 6.  Disputas entre  tripulantes de balsas.  Descripción del puerto: su población consiste en  una docena de ranchos, otras tantas ramadas, y un edificio  de dos pisos: la capitanía de puerto. Cómo se hace una ramada.  El muelle.  La Aduana. Llegada de barcos  norteamericanos a cargar cobre.  Su capacidad de carga hasta  800 quintales españoles. Valor del quintal de cobre.

Fig. 7. Envío de 70 a 80 marcos de plata en forma de "plata piña" a Inglaterra por barcos ingleses. Contrabando de oro. Descripción del camino del puerto a la ciudad. Puente hecho  de  costillas de ballena.  Cóndores y  multitud de  jotes  devoran un animal muerto. Modo local de cazar los cóndores.

Fig.  8.   Entrada a La Serena.  Aspecto de las calles y edificios  en torno a la plaza principal. Casa del gobernador, el hospital público y seis o siete iglesias. El tipo de viviendas, casi todas de un solo piso. Su población no supera los 10.000 habitantes. Las frutas que se producen aquí: lúcumas, chirimoyas, naranjas, limones, manzanas. Diferencias de gusto respecto a otros lugares de América.  Los jardines y plantas que adornan las casas. La ciudad está algo alejada del mar, separada de Coquimbo por una extensa planicie de arenas.

Fig. 9.  Chacras que rodean la ciudad.  La  región experimenta una aguda sequía que ya dura tres años (1828-1831) y ha provocado serios problemas. Falta total de pastos; falta de agua para la extracción de minerales. Grave amenaza  de ruina total en la zona  por la falta total de lluvias. Un silencio sobrecogedor  ronda la ciudad,  solo interrumpido por el cascabeleo  de las tropas de mulas que traen el cargamento de mineral. Una tropilla de mulares deposita mil quintales de carga.  Vigorosos operarios descargan sacos de hasta doscientas libras  sin aparente cansancio; su vestimenta de trabajo. Carencia de  vida social  y recreación en la ciudad. Ocupación de las mujeres.

Fig. 10.  Entretenciones de los hombres: el billar, el juego de cartas, y el fumar. Abundancia de minas en la provincia de Coquimbo. Se produce cobre, plata, oro y hierro.  Este último mineral no se trabaja por falta de combustible. No existe carbón aquí. La madera que se utiliza es la  de los espinos, y de una especie de acacia que se llama algarrobilla; cualidades de sus frutos. Dificultad para obtener muestras de minerales y su precio.  Descubrimiento  de una mina que arrojó  "papas" de plata (plata nativa). El comercio local se  abastece de elementos domésticos mediante viajes a Santiago o Valparaíso una o dos veces al año. El correo a Santiago tarda de 7 a 8 días, pero las mulas cargadas  tardan a lo menos 20 días.

Este capítulo cierra, en su página  289,  la sección del libro denominada "Noticias de Chile".

Referencias  eco-antropológicas.

1. Las balsas de cueros de lobos de los changos.

Haremos aquí un breve recuento y comentario a  las observaciones  que nos aporta la descripción de Ruschemberger.

a)  Se nos señala  que a la fecha ( septiembre 1832)   su barco, el  velero  Falmouth, fue visitado por numerosas "balsas" de la bahía. Este dato nos da a entender que  todo el  carguío y descarga de los navíos, se hacía mediante este tipo de embarcaciones aún en puertos de aguas  tranquilas como éste. En cambio, en su descripción del puerto de Valparaíso, el autor no las nombra en ningún  momento, sino habla de lanchas o chalupas (launches, p. 139). Lo que nos sugiere claramente que, por entonces, en el puerto de Valparaíso ya no existían balsas, o, al menos,  que éstas ya no eran usadas en estas faenas portuarias   (p. 278).

b)  Explica  con cierta prolijidad el sistema de construcción de las "balsas".  Están formadas éstas por dos cueros de foca (seal-skins). Estos cueros son cosidos formando bolsas (bags)  que se inflan con aire y son  amarradas una al lado de la otra en una punta,   quedando las otras separadas,  semejando la abertura de un compás  (they expand like a pair of compasses). La confusión entre un lobo marino y una foca, por parte de nuestro autor,  es muy comprensible, toda vez que en el hemisferio norte, en el océano Ártico, solo existen focas (Fam. Phocidae). Los lobos marinos  (Otaria spp.; fam. Otaridae), son propios  de los océanos Pacífico sur  y Atlántico sur. Son muy abundantes en la costa sudamericana bañada por  la Corriente de Humboldt donde forman, en roqueríos costeros,  enormes loberas o loberías. Ambas especies, foca y lobo marino,  se asemejan  físicamente bastante (p. 278).

c) Indica con precisión la posición del remero en su balsa. Este se sitúa  en la parte frontal de la balsa o proa (lugar donde se unen las dos puntas de los odres que la forman)  y va sentado a horcajadas, con los pies en el agua (p. 279).

d) Señala acertadamente la forma del remo y de bogar del remero. Este es un remo de doble pala, en cuyos extremos se observa la forma de paleta o pala, instrumento  que el remero ágilmente  mueve de un lado al otro de la embarcación,  para hacerla avanzar (p. 279).

e) Se indica  su modo de empleo y utilidad en estos puertos: llevan mensajes, pescan peces y también llevan de contrabando  en una pequeña bolsa de cuero  que ocultan bajo su asiento, trozos de mineral de oro o plata (p. 279).

f) Los tripulantes de estas balsas son famosos por su honestidad  pues se les confía eventualmente el transporte de verdaderas fortunas, sin que jamás hayan  robado un solo penique (p. 279).

g) con motivo de  rencillas entre ellos, se esfuerzan por perforar el cuero de la balsa del contrario, haciéndoles  así perder aire. No raras veces las embarcaciones de ambos contrincantes  quedan de esta suerte destrozadas y se hunden . Sus ocupantes deben salvarse a nado (p. 280).

h) Echamos aquí de menos información acerca de la longitud del remo, y/o el tipo de madera con que los construyen  así como acerca  del detalle  cómo cosen los cueros para dar forma al odre  o, por fin, cómo confeccionan y disponen  la lengüeta  con la que inflan los odres, sea en tierra, sea en el mar. Sobre estos aspectos, por fortuna, tenemos  información fidedigna entregada por los cronistas (como Bibar) o viajeros (como Frézier o Feuillée y otros posteriores).


Detalles  respecto a la geografía, botánica o zoología de la zona visitada.

a)  De gran interés para la historia económica y la geografía física  es la referencia a la terrible sequía que azotó la región entre  1828 y 1831 con mucha mortandad de ganado y fuerte pérdida de producción agrícola:   "la provincia  está reseca" (p. 286).

b)  Las referencias al tráfico de mulas cargadas de mineral que llegan a la ciudad de La Serena, a sus cargadores  y sus características físicas y su  vestuario son sin duda  de interés para la sociología  y la antropología cultural. "Los peones  que acompañaban las mulas son notablemente musculosos y bien proporcionados y  maniobran sacos de doscientas libras son mayor esfuerzo". (p. 287).

c)  De importancia para la etnobotánica regional es la indicación de que la planta llamada algarrobilla  era muy usada como combustible y su fruto tomado en infusión, posee  la virtud  de restaurar la  paternidad y/o maternidad  perdida. Tema que linda ya con las creencias y  la  mitología  popular.(p. 288).

d)  De gran interés nos parece  la página dedicada a  referir   el modo que tienen los cóndores de devorar  sus presas.  Rumbo a la ciudad de La Serena, topa casualmente con  el cuerpo de una mula muerta, que en ese momento era consumida simultáneamente por siete cóndores y numerosos jotes. Los cóndores son nombrados con su propio nombre castellano  (condors), mientras que los jotes son referidos como  buzzards.   Aprovecha el autor de indicarnos aquí el modo exacto como en el campo chileno (in the country) son habitualmente cazados, dejando una presa muerta  rodeada de una estrecha empalizada. Los cóndores, hartos de comida, no pueden volar sin correr previamente un trecho, momento que aprovechan los peones ocultos a la distancia,  precipitándose sobre ellos y protegiéndose de sus picotazos, los acaban a palos. La presencia de la alta  empalizada, les impide alcanzar a tomar vuelo. El relato sugiere claramente que el autor ha sido advertido por sus guías chilenos  acerca de cómo se les cazaba en su época en el medio rural. Hasta hace unos cien años, era frecuente ver cóndores en las costas de Chile, aún en las playas. Tal hecho es hoy imposible o extremadamente raro, habiéndose retirado la especie, rehuyendo la presencia del hombre, a los lugares inhabitados de la cordillera. Su número ha  mermado considerablemente  (p. 283-284)..

e) Por fin, hacia el final del capítulo,  aparece una interesante  referencia  mineralógica  indicando el hallazgo eventual  de valiosas "papas" de plata, o  sea, de grandes trozos de plata nativa, cuyos ejemplares alcanzan altísimos precios (p. 289).  Este dato apunta al oculto interés del marino por adquirir muestras  de minerales de la región, para llevar a los Museos de Europa.

f) El interés, demostrado durante toda la obra por señalar la existencia y explotación de minas de oro, plata, cobre y  hierro,  se hace patente a lo largo de todo el relato. Era éste un aspecto en el que los comerciantes ingleses de la época se interesaban  especialmente, pues constituía el rubro más importante de comercio  con  los países de América.


martes, 9 de diciembre de 2014

Una mirada eco-antropológica a un viaje: de Diego de Almagro al antiguo mineral de Potrerillos.

Un viaje para el recuerdo:  reflexiones eco-antropológicas al pasar.


Fig. 1.  Cartel de recepción a la entrada del "Parque temático": Anuncia nuestro VIIº Encuentro de Historia local. Las fotos del recuerdo del "Pueblo Hundido" de antaño: "sangre, sudor y lágrimas...".

En busca de Diego de Almagro.

En días pasados, hemos viajado a una ignota y  casi desapercibida localidad de la IIIª Región de Chile: el pueblito de Diego de Almagro. Semioculto entre cerros  color amarillento o  gris parduzco, el pueblo -antiguamente llamado "Pueblo Hundido", por  esconderse al fondo de una antigua cuenca- nos sorprende  y embelesa. Aquí vive una laboriosa comunidad  de raigambre minera,  formada por antiguos pirquineros y cateadores de minas y sus descendientes. Su población apenas se alza sobre los  8.500 habitantes.  A pesar de su extrema pequeñez  y enorme alejamiento de las ciudades cercanas (Copiapó dista unos  165 km.; Chañaral, otros tantos), el pueblo -antigua estación de ferrocarril del "Longino" que alcanzaba hasta Iquique.-   muestra hoy una vitalidad  y  un amor por  la cultura que nos toma por sorpresa. Albergaba  esos días  a un grupo de investigadores, venidos de diversos rincones del norte chileno, a presentar sus trabajos sobre historia, arqueología,  geografía, fotografía histórica o iconografía.  ¿Aquí, en medio de un paisaje estéril  y desolado, donde ni siquiera se asoman a husmear los guanacos o zorros del desierto,  interesan vivamente la Historia, la Cultura ?.  Sí, así es, y  tal  novedad nos intriga,  nos  cautiva y nos deja en realidad boquiabiertos.

Una cita con la historia local.

Diego de Almagro, sus amas de casa, sus estudiantes, sus  hombres de manos callosas  y cabellera gris,   escucharán en respetuoso silencio  versadas exposiciones de doctos investigadores. Los visita nada menos que el Premio Nacional de Historia  2014, el sociólogo e historiador de la pampa salitrera Sergio González Miranda para animarles a reescribir la historia regional y local,  aquella que no figura en los Manuales de Historia o de Geografía  ni menos en  las Actas oficiales del Congreso Nacional. Parece un contrasentido, un absurdo: ¿discutir sobre historia o geografía aquí, "en medio de la nada"?. Pues sí,  aquí  en este extremo norte del Chile anterior  a la Guerra del Pacífico, un grupo de soñadores decidió construir un paraíso para la cultura y la investigación. ¿Por qué?  Resulta un hondo misterio para nosotros,  afuerinos, venidos de la costa  y de la  gran ciudad. ¿Cómo y por qué  se decidió construir aquí un "templo" a la cultura y a la investigación donde apenas existen un par de escuelas y un minúsculo Liceo?,  Pues así es, ni más ni menos. Un enigma más  de los muchos que nos plantea este desierto nuestro, ávido de respuestas, mezquino de soluciones.

 
 Fig. 2.  Una colorida  feria en el pueblo. Hoy es día Sábado. No falta el simpático "viejito pascuero". Se acerca la Navidad, ¡qué duda cabe!. La gente se vuelca  a  mirar y elegir los regalos navideños.



Fig. 3.  Concurrida feria  a un costado del Parque Temático: variada  oferta  navideña. El paseo obligado de las mamás con sus hijos pequeños, al parecer, única entretención en este simpático pueblo, alejado del mundo político, el bullicio citadino,  sus afanes y sus intrigas.

El  "Parque Temático" de Diego de Almagro.

Aquí, junto al "Parque temático" de  novedosa y espléndida arquitectura en madera y latón, orgullo de la Región, obra de un dieguino de cepa, don Sergio Miranda, comienza nuestro viaje. Nos dirigimos a Potrerillos, mineral de cobre explotado  desde el año  1920 o poco antes. Hoy yace desierto y semi abandonado. Estamos en una  región esencialmente minera, donde todo nos habla de  minas, pirquines, escorias, cobre o plata; donde  los paisajes multicolores de los cerros   invitan  al fotógrafo o al artista  a buscar una nueva y genuina  inspiración. Aquí, donde el agua es un milagro escaso y la vegetación, un tesoro casi inaccesible; esquivo y receloso.  Excepto cuando tímidos aguaceros  visitan muy de tanto en tanto estas tierras sedientas,  y sus  quebradas hoy  desnudas se cubren de coloridas  flores  y raros insectos caminantes. Esto ocurre cuando el "desierto florido" los visita,  generoso y espléndido.

El álbum de fotos de nuestro viaje.

Las fotos que siguen, tomadas desde el bus que nos transporta,  son testigos de lo afirmado aquí. Subiremos paso a paso  por tortuosas vías, llenas de recovecos y curvas,  hasta casi los  3.000 m de altitud.


 Fig. 4.  El paisaje que circunda el pueblo: en múltiples tonos del café,  el pardo y el gris en amena conjunción. Los  alrededores de  Diego de Almagro lucen así: cerros, rocas, arenas  y mucho, muchísimo  sol.

 Fig.  5.  En el "Parque Temático": la novedosa arquitectura que combina elegantemente maderas y latón. Obra del arquitecto dieguino Sergio Miranda.

 Fig. 6.  Un costado del Parque: entre el verde  y el  variado color de la madera.

 Fig. 7.  Acceso al Salón de Conferencias. Madera y latón alternan  en forma hermanada. Ingeniosa conjunción de materiales salitreros de antiguo cuño.


Fig. 8.  El frontis  y  acceso (Este) del Parque.


Fig. 9.  La roca usada hábilmente como elemento decorativo.


Fig. 10.  Vivo contraste entre rocas, verde (pasto), maderas  y latón café oscuro.  Se logra luminosidad, colorido y  reposada  majestuosidad.

 Fig. 11.   El salón de conferencias con capacidad para unos  80 a 100  espectadores..

 Fig. 12. En viaje hacia  Potrerillos: pampas, cerros desnudos  y diseños labrados por el viento.

Fig. 13.  Estrías del escurrimiento superficial en laderas: rillwash paralelo  producido por lluvias ocasionales.

Fig. 14.   La evolución geológica de estos cerros  delata la actividad de procesos orogénicos  (es decir de formación de las montañas)  de variada índole y hermosa textura. 

Fig. 15. Esta foto corresponde  al lugar llamado Inca de Oro. Aquí existe hoy una planta de energía eléctrica  de paneles fotovoltaicos. Por fortuna, se ha incorporado el árbol (eucaliptus y  palmas) como  adorno en este adusto y enjuto paisaje  minero.

Fig. 16.  Una pequeña planta minera de lixiviación de minerales de cobre.

Fig. 17.  Grandes  conos de deyección  de aspecto triangular caen sobre la  planicie, como  fruto de escurrimientos  antiguos, hoy  ya  relictos.

Fig. 18.   Cerros "dibujados"  por la acción del agua, tal vez hace cientos o miles de años.

Fig. 19. El colorido amarillo-verdoso de la superficie del piso de la quebrada   delata en forma indesmentible  la presencia  antigua  de  lixiviación de minerales hecha mediante el uso del ácido sulfúrico (H2SO4).

Fig. 20. Una pequeña planta lixiviadora de cobre. Hoy ya de para. Observe  el color amarillo-verdoso, fruto del procesamiento de minerales de cobre.

Fig. 21.  Aquí casi no llueve. Muy rara vez  cae algo de agua y  generalmente muy poco...Pero el día que llegue a  llover aquí copiosamente, arrastrará estos  tierras mineralizadas y acidificadas hasta la costa misma de Chañaral. Pero como esto ocurre con suerte una vez cada   50,  80 o 100  años, a nadie parece importarle, menos a estos mineros que se instalan en el fondo de la quebrada, con el riesgo consiguiente.

Fig. 22.  El variado color de la montaña, donde ya  se observa tonos tenues de un verde claro: una de las tantas sales de cobre.
Fig. 23. Una planta de lixiviación  de cobre todavía en actividad ( pequeña minería).

Fig. 24.   Vista fugaz de la planta, al pasar en el bus.

Fig. 25. Las piscinas de lixiviación con uso de ácido sulfúrico. ¿Qué pasaría en caso de una  eventual lluvia copiosa con potente arrastre de cantos rodados y ripios desde las montaña ?.  No se observa la presencia de  defensas de ninguna clase.
Fig. 26. Disfrute  Ud.  el hermoso aspecto variopinto de los cerros:  desde el blanco sucio hasta el negro. Toda una paleta de colores dispuesta aquí por el Creador para nuestro goce estético!.

Fig. 27.  Otras tonalidades de colores.

Fig. 28.  Naturaleza desnuda donde  ni siquiera se observa un arbusto seco.No crece aquí ni una brizna de vegetación, tal es la falta casi absoluta de lluvias en la región.

Fig. 29.  Ripios de arrastre antiguo acumulados  en la base de la quebrada seca, por donde trepa  fatigosamente  el ferrocarril.

Fig. 30. Por fin divisamos al ferrocarril que baja, echando bocanadas de humo,   el mineral en barras desde el mineral de Potrerillos hasta el puerto de Barquito, para su posterior embarque al exterior. Éste baja un par de veces al día,  cargando unos  doce vagones.

Fig. 31.  Por fin vemos un leve y sinuoso curso de agua, que desciende por el medio de la quebrada. Muestra, sin embargo, sendas costras blancas de salinización a sus costados, prueba evidente de la fuerte mineralización de estos terrenos por obra de la minería reciente y el uso desmedido del ácido sulfúrico. Aunque aparentemente fresca y apetitosa, esta agua no es, obviamente, potable. No es recomendable ni siquiera para  lavarse la cara!.

Fig. 32.   Como mi asiento en el bus que nos transportaba  quedaba al lado derecho, esto es, mirando al Norte, todas estas fotos nuestras muestran  aspectos de interés recogidos a lo largo de la pared norte de la quebrada.


Fig. 33.  Los cambios de tonalidad de la superficie de los cerros  nos impresiona fuertemente. Este viaje a Potrerillos es una continua exposición de paisajes  a cuál más sorprendente y bello. Un pintor o un  fotógrafo, aquí podría volverse loco!.

Fig. 34.   Tras casi una hora de recorrido desde Diego, quebrada arriba, por fin divisamos una tímida mancha verde: ¡vegetación, por fin!.  Aparecen aquí las primeras plantas. No las distinguimos todavía bien...Estamos  a unos 1.800 m sobre el nivel del mar y  aparecen tímidamente las pequeñas vertientes naturales.

(Capítulo en construcción; falta  señalar  la aparición de la vegetación algo más arriba  y su descripción....)


Comentario eco-antropológico:

1.   Estamos en el desierto absoluto. Aquí, según se nos informó, cayó este año 2014 solo una pequeña lluvia, incapaz de producir una vegetación significativa.  Este sector corresponde a la parte terminal del gran "Despoblado de Atacama" del que nos hablan los Cronistas con terror al pensar en su cruce.
2. Estamos a unos 80 km  al  Sur  del lugar llamado  Finca de Chañaral, un hermoso oasis del extremo sur del desierto de Atacama, donde se sabe que los Incas tenían  recintos de control del paso de caravanas. En el lugar hay agua de buena calidad, y   arboledas de chañares  y otros arbustos. Un auténtico oasis.
3.  La insuperable belleza escénica de los cerros  que recorremos rumbo a Potrerillos  que hemos mostrado aquí, contrasta lamentablemente con  la contaminación  de los cursos de agua, por obra de la pequeña y gran minería extractiva. El arroyo de agua que hemos visto  circular por el piso de  la quebrada por varios kilómetros, se halla  mineralizado por  efecto directo de la lixiviación de los minerales de cobre, proceso que viene desarrollándose, sin control ni forma de  mitigación  alguna,  durante casi cien años  en esta región.
4. El área que potencialmente podría  de por sí constituir un recurso  turístico importante, por la variedad de los paisajes que ofrece el desierto en su colorido y forma,   se ve hoy  fuertemente alterada por  una minería en  bruto y su impacto visible en el medioambiente, cuyos efectos negativos se observan a cada paso.
5. Creemos, sin embargo, que una  sana política de  recuperación del paisaje natural  y  sus cauces de agua es aún posible para dotar a esta región de  un turismo enfocado hacia  la puesta en valor  de  la naturaleza  y sus rincones más atractivos desde el punto de vista escénico  y fotográfico.
6. En otras palabras, creemos en la posibilidad de establecer, en un futuro no lejano, una coexistencia hermanable entre una minería mucho más respetuosa del medio ambiente y un turismo regional  que sepa valorar  la diversidad cromática  de sus cerros y montañas  y su geología  y estratigrafía multisecular.  Es esto parte de una "dignificación" o -si se prefiere, de una "re-interpretación" del desierto y sus atractivos naturales.  Éstos, son tanto o más importantes que las riquezas mineralógicas en ellos presentes. Porque éstas, se agotarán un día: no lejano; aquéllas, en cambio, son perdurables en el tiempo, en cierto modo, eternas.  

martes, 24 de diciembre de 2013

Nuestra primera experiencia de captación de agua de la niebla: Caleta Temblador en Mayo del año 1980.



El  área de Caleta o Playa Temblador, lugar de la experiencia piloto del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.  



Fig. 1.   Caleta Temblador en los  primeros días de  Mayo del año 1980. En los cerros del fondo, cubiertos de neblina, se instaló el primer captador experimental del tipo Grunow, según modelo recomendado por Carlos Espinosa, el  1° de Mayo del año 1980. La foto fue tomada desde el extremo Weste de la playa Temblador hacia el NNE.  (Foto Nazareno Carvajal). 

Nuestro objetivo: Caleta Temblador en Mayo de 1980.

En dos de los últimos capítulos de mi Blog me he referido in extenso  a esta localidad del Norte chico chileno y a las experiencias allí vividas a comienzos del año 1980. En esta oportunidad, quisiera destacar y recalcar   la investigación geográfica  pionera realizada  en esas fechas por el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile bajo la dirección de la geógrafa Pilar Cereceda Troncoso. La meta:  comprobar  en terreno la posibilidad de captar agua de la camanchaca o niebla costera en los cerros, frente al mar. Así comenzó nuestra investigación de la niebla, la que  aún prosigue en la actualidad (2013). Pero no fuimos nosotros,  ciertamente, los pioneros en este esfuerzo: solo fuimos los continuadores de una epopeya  nacida en el año 1957, en Antofagasta. Su gran propulsor e innovador en este campo, físico de profesión,  se llama Carlos Espinosa Arancibia. La Universidad Católica del Norte, en Antofagasta,  le ha concedido recientemente (con fecha 28 de Mayo de 2013)  el título honorífico de "Doctor Honoris Causa" por su brillante trayectoria en el  estudio de  los métodos para captación del agua de la niebla o camanchaca.     .
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Humildes comienzos.

Muy poco se conoce y se ha divulgado acerca  de los humildes inicios  de esta investigación en Chile sobre este notable recurso hídrico encerrado en la nubes rasantes de la costa desértica chilena. Se  ha escrito y aún se escribe hoy mucho acerca de la importancia de la captación del recurso agua contenido en las nieblas costeras o camanchacas. Pero muy poco se sabe o se nos informa acerca de los inicios.  De sus éxitos y de sus fracasos.  Menos aún, acerca de sus primeros héroes anónimos o casi desconocidos.  Este capítulo viene a  llenar tan solo en parte esta vacío y mostrar, con algunas fotos de la época,   qué pudimos hacer  a partir del año 1980,  con los humildes medios con que entonces se contaba.

Los inicios del estudio de la niebla y su captación en  Chile.

Los inicios en nuestro país se conectan con las primeras investigaciones  realizadas por el investigador y físico de la Universidad del Norte, Carlos Espinosa Arancibia.  A partir del año  1957, en el departamento de Física y Matemáticas de la Universidad del Norte en Antofagasta, se inicia esta gesta  memorable. Fueron sus iniciadores  el propio don Carlos, su sobrino  Raúl  Muñoz,  y el  sismólogo jesuita, padre Germán  Saa   S.J. Les acompañan al principio  un matemático, un ingeniero (Lanfranco)  y  otros jóvenes ayudantes. Pronto se les agregará el físico Ricardo ("El Rucio")  Zuleta.  En forma  muy humilde, casi sin medios, y utilizando alambres y luego hilos muy finos de perlón (nylon), construye Carlos Espinosa los primeros captaneblinas que el padre Saa denominará   "hemiclémetros", voz que no llegó a prosperar. Espinosa inventa una estructura captadora de  humedad  atmosférica que denomina " estructura macrodiamante" y que patenta en beneficio de la Universidad.

Los primeros artículos de investigación sobre la niebla en Antofagasta.

De estos casi incógnitos inicios y sus primeros resultados, nos habla el pionero artículo de  Carlos Espinosa: "Captación de agua atmosférica en Mina Portezuelo, desierto de Atacama, entre el 6 de Noviembre de  1959 y el 8 de Marzo de 1961",  publicado en el Boletín de la Universidad del Norte, Antofagasta, en 1961. Unos años después,  Raúl Muñoz E., de la misma Universidad, escribe: "Captación  de agua en la Provincia de Antofagasta", publicado en la Revista de la Universidad del Norte, Antofagasta,  N° 2, Abril 1967:  65-74. Varias publicaciones posteriores de los físicos  Espinosa, Zuleta y Alcayaga, entre los años 1965 y 1978,  dan cuenta  de los avances y ensayos del grupo de Antofagasta  que  por más de quince años prosiguió incansablemente sus investigaciones, instalando captadores en numerosos lugares de la costa de la provincia de Antofagasta..  El tema interesaba por entonces  a las autoridades por  la terrible necesidad de agua   para las poblaciones costeras,  situadas en el desierto más árido de la tierra.

La labor tesonera de Carlos Espinosa.

El aporte de Carlos Espinosa y su equipo de la Universidad del Norte queda  bien descrito y reseñado  por el hidrogeólogo Christiaan Gischler, en su  excelente obra de síntesis: "The missing link in the production chain:  vertical obstacles to catch camanchaca" (UNESCO- ROSTLAC, Montevideo,  1991, 197 p.; ver especialmente páginas  25-28). La obra  destaca, con lujo de detalles,   todos los estudios y trabajos realizados entre los investigadores de  Chile y Perú  para coordinar esfuerzos tendientes a   realizar acciones comunes  en pro del fomento de esta tecnología de vanguardia en la costa del Pacífico.  La obra de Gischler es absolutamente fundamental para todos aquellos que quieran introducirse en el estudio de este tema, tanto en Chile como en el Perú.

Mi propia experiencia.

Cuando me incorporé en Junio del  año 1963 a la Universidad del Norte (Antofagasta) como joven docente, tuve la suerte de acompañar a Germán Saa y Carlos Espinosa a conocer  los ensayos de captación de agua de la niebla  que se efectuaban por entonces en la Mina Andrómeda. Pude ver vivo y frondoso al famoso ciprés  (Cupresus sp)  que fue plantado por los investigadores en el lugar y que era alimentado con  un captador de niebla.  Muchos años más tarde,  en 1985, volví a visitar a pie el lugar donde aún se podía ver los restos secos  del mentado ciprés que sobrevivió varios años solo alimentado solamente  por la camanchaca costera.

Los comienzos humildes de nuestro proyecto  en Caleta Temblador.    

Alentado por lo que yo  había  visto personalmente   en las alturas de El Tofo, a unos 900 m de altitud s.nm. en el verano del año 1980,  (según ya lo he relatado en el capítulo:  "Una excavación fortuita:  hallazgo de un entierro humano en Mayo del año 1980", de Noviembre 2013 en este mismo Blog), pude entusiasmar a varios geógrafos de la Universidad Católica de Chile en Santiago. De esta suerte,  con Pilar Cereceda T., y el  hideogeólogo Joaquín Sánchez,   decidimos   retomar estos estudios, pero ahora no en Antofagasta sino en la zona de Caleta Temblador y Caleta Chungungo. Aquí  creía yo haber localizado  un excelente sitio de producción de agua de niebla, en las alturas de El Tofo (Cordón Sarcos), exactamente en el lugar donde se alzaban las casas de los altos ejecutivos de la mina y su hospital. A inicios del año 1980, la Compañía de Aceros del Pacífico (CAP) había cesado pocos años antes la explotación de esta mina,  al bajar  considerablemente  el precio del hierro a nivel mundial.  El campamento minero, ubicado en las alturas de El Tofo,  estaba en franco proceso de desmantelamiento. Centenares de casas de obreros y altos empleados eran demolidas sin piedad ante nuestros ojos. El magnífico hospital, orgullo de la zona, sucumbía ante la picota  de  fornidos operarios. Pocas construcciones se erguían aún  en pie en lo alto de los cerros. Pero permanecían intactos los antiguos estanques y piscinas de acumulación de agua, no pocas cañerías y ductos y  algunas elevadas  antenas.

La humedad captada por el follaje de los árboles.

En esos días cálidos  de Enero de 1980, cuando recorría yo con mi hijo Carlos, de tan solo siete años, incrédulo y maravillado, estos hermosos sitios poblados por decenas de  enormes y frondosos eucaliptus y algunos pinos (Pinus insignis), fuimos testigos del milagro. Observamos, en efecto,   cómo éstos destilaban el agua que la neblina había depositado en su follaje, en forma de minúsculas gotitas, mojando completamente el suelo. El hallazgo de  ejemplares nuevos de eucaliptus, nacidos al amparo de la humedad y la presencia de  musgos y líquenes, en pleno mes de Enero, nos convenció muy pronto de que  esta área parecía prestarse de maravilla para reproducir aquí las experiencias del grupo de Carlos Espinosa en Antofagasta. ¿Por qué no?.  Al fin y  al cabo,  los geógrafos físicos del Instituto de Geografía al que yo pertenecía desde el año 1973,  podrían interesarse  en el recurso agua y, también, en el análisis del comportamiento de las nieblas costeras.

Se organiza la primera expedición a los cerros de El Tofo en Mayo del año 1980.

Así fue como, habiendo planteado esta posibilidad en el Instituto de Geografía de la Universidad Católica,  y habiendo mostrado muchas fotografías tomadas en el lugar, la idea prendió de tal manera, que ya para el siguiente mes de  Mayo pudimos organizar la primera expedición para sondear el terreno. ¿Sería El Tofo y sus alturas vecinas un lugar adecuado para la captación de  agua de niebla, como lo eran las alturas de Antofagasta?.  ¿Era su altitud la más adecuada?. El vigor de esos viejos eucaliptus que habían dejado de regarse  por cerca de una década, ¿era un indicio suficientemente claro de la presencia de abundante niebla   y humedad?. ¿Cuál podría ser la mejor altitud para instalar aparatos?.  ¿Cómo saberlo?.  La respuesta  a estos nuestros interrogantes era obvia: había que ensayar y probar. Y fue precisamente  lo que hicimos. "Ensayo y error"  (trial and error)  fue desde la más remota antiguedad, el método seguro para la fabricación de utensitios y herramientas  por parte del hombre del período arcaico. Había  que hacer ahora exactamente lo mismo.  ¡Y lo hicimos!.

Contactos con don Carlos Espinosa.

Apenas iniciamos en Marzo siguiente  el año universitario en la carrera de Geografía, tomamos contacto con don Carlos Espinosa, profesor entonces en  el departamento de Física de la Universidad del Norte en Antofagasta. Le explicamos nuestro propósito. De inmediato nos secundó y prestó pleno apoyo, enviándonos copias de todos  sus trabajos  sobre el tema. Se ofreció, además, a resolver todas nuestras dudas y nos animó a proseguir en esta senda que, por entonces   (1980), ya casi nadie  seguía en su propia Alma  Mater, la Universidad del Norte.  Nos consideró desde el primer momento, como sus continuadores, sus discípulos. Y en realidad, lo fuimos. . Su espaldarazo resultó vital  para nosotros y para  conseguir el apoyo del Instituto de Geografía  de la U.C.

Nunca dejaremos de agradecer suficientemente a don Carlos Espinosa  el traspaso generoso de toda su rica experiencia  tanto en materiales como en estructuras  captadoras. Nada mejor que evitar errores ya conocidos a través de la experiencia de terceros, y avanzar así resueltamente a la búsqueda de mejores soluciones técnicas y de mejores sitios posibles de captación. La experiencia en terreno de los geógrafos físicos y su dominio de la cartografía y fotografía aérea, era  un evidente  plus en este etapa de nuestra investigación.

El instrumento captador usado en esta ocasión.

Don Carlos Espinosa nos recomendó usar este  tipo  (Vea Fig. 2), bien  conocido como el "tipo Grunow" por su inventor, ya  que con este mismo aparato se habían realizado, por parte del climatólogo alemán   Jochem  Kummerov,  en los cerros de Fray Jorge  (IV Región de Chile) , las primeras mediciones de niebla en Chile.  Kummerow se había desempeñado a mediados de los años 50, como profesor de física en la Universidad de Chile.  Su experiencia en el  estudio  de la física de nubes, eran mundialmente reconocida. 

Fig. 2.  El cilindro  de 2 metros de alto y un diámetro  de  70 cm.  tejido pacientemente  con  1.380 hilos finísimos de perlón (cada uno de 1/2 mm de grosor), destinado a  hacer condensar  la niebla en diminutas gotitas de  agua  las que, al aumentar de tamaño,  se deslizan hacia el depósito de la parte inferior  (capacidad de 150 L).  Este fue el aparato, construido en Santiago por Nazareno Carvajal, alumno recién titulado en Geografía,  de acuerdo al modelo de Grunow sugerido al equipo por el físico don Carlos Espinosa Arancibia.   A la izquierda, Nazareno Carvajal, constructor del instrumento.  Esta fotografía como la de la parte superior de este capítulo formaron parte de un pequeño artículo, redactado por el propio Nazareno Carvajal en una pequeña revista  de los alumnos del Instituto de Geografía de la U.CV. llamada "Geohabitat"  (Número 3,  Año 1980).   Allí se dejó constancia de esta experiencia piloto que pasó a ser  el inicio de una larga serie de investigaciones sobre la niebla costera del Norte de Chile, por parte de la geógrafa Pilar Cereceda y su equipo de ayudantes geógrafos.  ( Foto tomada en Playa Temblador el  2 de Mayo 1980). 
La primera captación:  4,25 lts. en 24 horas.

Nazareno Carvajal, el hábil constructor de aparato, fue el encargado de subir  a cuestas, ayudado por otras dos personas,  el delicado instrumento  por las laderas del cerro. La  espesura de la vegetación de este jaral costero, constituido por numerosos arbustos  y  plantas anuales, dificultó muchísimo el ascenso de los   esforzados jóvenes geógrafos. Por fin, pudo ser instalado la tarde del día 2 de Mayo del año 1980,  a los 500 m. de altitud sobre el nivel del mar.  La tupida vegetación de estos cerros, impidió ponerlo más alto. como era la intención  primera del equipo.  Ansiosos dormimos - a medias- esa noche en nuestras carpas, porque  todos anhelábamos saber el resultado ¿Captaría algo de agua nuestro instrumento? ¿Cuánto?.   ¿Era este monto algo significativo?. ¿Había valido la pena el esfuerzo desplegado durante semanas de preparación?.

Tras 24 horas, acudimos todos a ver el resultado. Recuerdo haber acompañado a Nazareno y a Pilar, esquivando arbustos y espinas, cerro arriba  porque todos estábamos ansiosos de saber cómo había funcionado el aparato de Grunow.  La medición del contenido del tambor que servía de base al instrumento, nos arrojó la cantidad de 4,25 lts. en 24 horas. Años después, y tras múltiples experiencias en terreno,   aprendimos que el mes de Mayo no era un un mes  particularmente apto, y que la altitud de 500 metros  era todavía muy insuficiente.  Pero saltamos de gozo con el resultado: ¡habíamos captado varios litros de agua atmosférica pura!.  Era el premio al esfuerzo desplegado.

El entusiasmo del equipo.

La rica experiencia de cuatro días en terreno enriquecido con un descubrimiento arqueológico en el conchal de la Terraza-2  y con la constatación  fehaciente de una excelente captación de agua,  fue el mejor premio a esta expedición.   Nuestro "eureka" se escuchó sonoro y vigoroso  por la zona y retumbó en los cerros vecinos. Habíamos triunfado.  El agua atmosférica, contenida en la niebla,  podía ser captada por este tipo de aparatos y, además, el agua recogida resultó ser de excelente calidad. Por cierto todas la probamos. Teníamos la  sospecha que podría tener algún gustito salino. No fue así,  sin embargo para nuestra satisfacción..

Epílogo.

Hemos querido reseñar cómo fueron nuestros humildes comienzos, en base a nuestros escritos y fotografías de la época y nuestros recuerdos,  ya un tanto difusos. Así  nació  el estudio de la camanchaca  en la Universidad Católica en 1980. Humildemente, como todos  los comienzos de las cosas grandes. Los hechos ocurridos y sus detalles,  a veces nimios,  son importantes para el día en que alguien  escriba esta verdadera historia: la historia de los humildes comienzos del la investigación de la neblina en Chile y sus promisorios augurios  para el futuro de las zonas desérticas. Porque esa "historia" deberá ser escrita  "tal y como sucedieron los  hechos",  como nos enseñara el gran historiador Léopold  Ranke.

 Un merecido premio.

El que fuera nuestro gran propulsor  y  apoyo en todo momento, desde nuestros  inseguros comienzos, el físico antofagastino  Carlos Espinosa Arancibia, recibió por fin,  hace solo  unos pocos meses  atrás (Mayo 2013),  a sus ochenta y  seis  años de vida, un merecido homenaje de su  Alma Mater, la Universidad del Norte. Ya era tiempo. En estricta justicia,  sin embargo, debió haberlo recibido muchos años antes.  Pero, como reza el  conocido proverbio: "más vale tarde que nunca...".

Es éste un terrible sino que nos persigue como país: olvidamos muy fácilmente  a los  "pioneros", aquellos que "se  quemaron los ojos y las pestañas" estudiando o trabajando en terreno en pos de un ideal, hasta conseguirlo. Hoy  nos parece tan obvio este  resultado; pero ¡qué difícil  fue alcanzar esta etapa!. ¡Cuántas expediciones, cuántos fracasos!; ¡Cuántas ilusiones y esperanzas!. La perseverancia con que Carlos Espinosa  emprendió esta ruta, sin  desfallecer, sin desanimarse, nos alienta hoy a seguir sus pasos.



A raíz del reciente Acto de concesión del doctorado Honoris Causa por su Alma Mater, la Universidad Católica del Norte de Antofagasta  en Mayo 2013 bautizó el nuevo Auditorio de la Universidad con el nombre de nuestro querido amigo y maestro Carlos Espinosa.  De sobra merecido.  Al medio de la fotografía, Don Carlos,  acompañado de su esposa Cristina y  rodeado de directivos de su Universidad.