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miércoles, 24 de agosto de 2016

Noticias adicionales sobre el modo de vida y la cultura de los changos, pescadores-recolectores de las costas de Atacama: demografía, movilidad y ecología.


Fig. 1.  Portada de la obra original de Philippi, publicada en Halle, Sajonia, en el año 1860.

En nuestro capítulo precedente, hemos  analizado con lupa  la información que nos entrega el sabio naturalista alemán Rodolfo Amando Philippi en su obra Viage al desierto de Atacama (Halle, Sajonia, 1860) sobre  el ecosistema  marino bañado por la neblinas costeras o camanchacas y  el hábito de la pesca de los changos pescadores de la costa.  En este capítulo entregaremos el resto de la información que nos suministra el investigador alemán sobre estos indígenas en diferentes páginas de su obra. Téngase presente, pues,  que el presente capítulo constituye con el anterior una unidad  indisoluble. 


Fig. 2. Parte del plano de la zona recorrida por la expedición Philippi  en 1853-54. Fue confeccionado por Guillermo Döll,  ingeniero geomensor,  infatigable compañero de viaje y faenas del sabio Philippi y alemán como él.  El plano muestra  el camino recorrido desde  Paposo, en la costa, cruzando el desierto hacia el Este,  pasando por Cachinal de la Sierra, Agua del Profeta, Varas, Punta Negra, Imilac,  Tilopozo, Peine, Toconao,  y finalmente el pueblo de Atacama.  De aquí la ruta se desviaba hacia el poniente para alcanzar Calama, y de aquí, siguiendo el curso del río Loa, las posadas de Calate,  Guacate, Miscante y Colupo, para desembocar finalmente en la costa,  junto a Gatico  (y Cobija).

Nos servimos aquí para nuestro análisis, de la reciente reedición  (2008)  hecha a la obra del sabio alemán  y editada por los Sres. Augusto Bruna y Andrea Larroucau para la  "Biblioteca Fundamentos de la Construcción  de Chile". (auspiciada por la Cámara Chilena de la Construcción,  Pontificia Universidad Católica de chile y  Biblioteca Nacional de Chile).

Los párrafos que siguen,  y que reproducimos aquí a la letra, nos completan  el cuadro de la ecología cultural que rodea la vida de esta etnia de pescadores, habilísima explotadora del medio ambiente marino de las costas desérticas del norte de Chile. En efecto, la vida de estas rústicas familias, sometidas a las exigencias de una suma escasez de agua y recursos vegetales,  nos demuestra una sorprendente adaptación al medio, del que dependen  a cada instante y que, a la vez, plasma y configura sus hábitos y su vida familiar, social  y económica.

El texto original (los párrafos entre paréntesis en negrita así como las notas numeradas, son nuestras):

(Importancia del lobo marino para los changos).

"Antes había en toda la costa muchos lobos marinos (1), que son de suma importancia para los habitantes, dándole sus botes, techo para sus ranchos, etc. (2), pero han  disminuido de repente  hace unos veinte años. Me contaron que entonces una peste, una especie de hidrofobia, atacó a todos los animales (3), no solo a perros y zorros, sino también  al ganado vacuno, caballar, ovejas y cabras; los pescadores creen que las misma enfermedad eliminó a los lobos, porque encontraron en esa época un gran número de lobos muertos en las playas (4), gordos y sin heridas. En el camino de Paposo a El Cobre, uno de mis mozos mató de un peñascazo a un lobo  nuevecito que dormía en un escollo de la playa;  era la Otaria porcina (Sem.) de Gay. (5).

(Presencia de la ballena en la costa).

"Se dice que aún el número de las aves ha disminuido mucho (6).  Hasta el año 1812 se extraía un gran número de plumas de alcatraz o pelícano de toda la costa, principalmente de Chañaral, que servían en general para escribir en vez de las plumas de ganso (7) y de acero que se usan actualmente. He dicho que la playa está cubierta de huesos de ballena; sin embargo, no he oído hablar de que haya encallado recientemente alguno de estos animales monstruosos ni que haya sido el aceite y barba de ballena  un producto de aquella costa" (8) .

(Vida social, lengua,  familia y trabajo).

"Los habitantes de la costa, desde Huasco hasta Bolivia (9), se llaman changos (10); es una tribu india que tiene actualmente la sangre muy mezclada (11). Su idioma ha sido el chileno o araucano, según me han dicho (12), pero actualmente lo han olvidado del todo y hablan solo el castellano.  El número de los que viven en el litoral del desierto será de 500 más o menos (13).  Hombres y mujeres viven separados la mayor parte del año, dedicados los primeros a la pesca o al trabajo de mina y ocupadas las otras en apacentar sus cabras, moviéndose continuamente de un lugar a otro según encuentran pasto y agua (14). En invierno, cuando el mar embravecido no permite la pesca, los hombres cazan guanacos (15).  No hay matrimonios verdaderos entre esta gente y, aunque tuviesen la mejor voluntad del mundo,  no podrían obtener la bendición de la Iglesia,  en razón de que no hay más que un solo cura en el departamento, en la ciudad de Copiapó (16).  Los hijos quedan con las madres, hasta que los varones tienen la edad suficiente para asociarse a los trabajos de los hombres"(17).

(Características de sus embarcaciones).

. "Las embarcaciones en que estos changos se abandonan a la mar se llaman balsas (18) y son muy particulares. Se componen de dos odres de cuero de lobo (19) hinchados de aire  (20), que terminan en cada extremo en una punta algo relevada (21). Tienen como diez pies de largo (22) y son un poco más anchos en la parte posterior  (23) . Están unidos encima por medio de un techo de palitos, en el cual los pescadores se sientan (24). Esta clase botes, por su ligereza y elasticidad, son muy aptos para esta costa peñascosa, donde botes de madera no pueden atracar sin exponer a romperse (25). Se tiñen de rojo con ocre (26)". (Philippi, reedición 2008: 46-47).


Fig. 3.   Balsa de pescadore changos dibujada por  Philippi en Caleta El Cobre,  al norte de Paposo. Aquí, fue disuadido Philippi por sus guías de continuar su viaje por tierra, a través de la costa hasta La Chimba (actual Antofagasta).  Observe la posición de los remeros y sus remos de doble paleta.

(Nuestro  estudio de  este  elocuente texto, se ofrece aquí en forma de "Notas"). 

Notas

(1)  La relativa escasez de la población de lobos marinos (Otaria flavescens)   que  anota Philippi en su texto, bien podría deberse a un fenómeno transitorio  y natural de mortandad animal por falta de alimento suficiente. Esto suele ocurrir en nuestras costas cuando ha sobrevenido un potente fenómeno de "El Niño" que elimina y da muerte en grandes cantidades a la anchoveta (Engraulis ringens), la presa más recurrente del lobo marino.

(2)  La importancia del lobo marino para  el pescador costero de la antigüedad en nuestra zona norte ha sido bien destacada por numerosos autores. Al parecer, el primero de ellos que nos relata, con lujo de detalles, el sistema constructivo de la balsa, utilizando para ello dos odres hechos con la piel del lobo  marino, es el cronista español Gerónimo de Bibar. Bibar, en efecto destina un capítulo entero de su obra, publicada en Sevilla, España en 1557,  a la descripción  del sistema constructivo de las balsas. (Crónica y Relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile..., edición 1966,  Edición Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, Santiago de Chile,  cap, V, págs.  10-12).  En materia de descripciones de estas balsas y del lugar de observación de las mismas, , no existe mejor trabajo de recopilación bibliográfica que el que nos ofrece don Gualterio Looser  en sus dos artículos:  "Las balsas de cuero de lobos de la costa de Chile", (Revista Chilena de Historia Natural, Año XLII (1938) 232-266 y "Las balsas de cueros de lobos inflados de la costa de Chile", Revista Universitaria, Universidad Católica de Chile,  Años XLIV y XLV, (1960), N° 23,  247-273.  Looser, aunque botánico de profesión, se interesó especialmente durante su vida por los temas arqueológicos y etnográficos, sobre los cuales nos dejó notables trabajos.
Del lobo marino, el pescador chango  obtenía múltiples elementos necesarios para su vida marítima:   carne, grasa (de la que obtenía el aceite), sangre, huesos (de donde obtenía el famoso "chope" o instrumento para mariscar), cuero (tanto para la confección de balsas, como para  techumbre de sus viviendas), vejigas (para el transporte de agua dulce) y hasta pelos. (Sobre este tema, puede consultarse  nuestra propia tesis de maestría en Antropología, titulada: " Análisis demográfico  de las comunidades de pescadores changos del norte de Chile en el siglo XVI", Stony Brook, L. I., (U.S.A.),  Mayo 1978, passim).

(3)  No hemos hallado ninguna  referencia que confirme tal suposición. El contagio de una peste de animales terrestres a los marinos, cuyo alimento y habitat es tan diferente, no parece muy probable.

(4)  Hemos ya señalado en nuestra Nota 1 que la mortandad de lobos marinos se explica más fácilmente por la falta de alimento de esta especie causada por la llegada del "Fenómeno de El Niño" a nuestras costas. Esta mortalidad ataca principalmente a los ejemplares juveniles, incapaces de nadar mar adentro a cazar otras especies marinas.

(5)  Los changos solían cazar estos ejemplares jóvenes cuya carne es más tierna. Según el relato de un guanero español de apellido Ruiz a quien conocimos en "La Pescadora", al sur de Pabellón de Pica, él había cazado un par de veces, estos pequeños lobeznos que llaman poppies, espiándolos en los roqueríos  y  que su carne  era muy buena, sabiéndola  condimentar. (com. pers.  agosto  1998).

(6)   Con ocasión del arribo a nuestras costas del Fenómeno  de "El Niño", de aguas superficiales más calientes, como lo hemos señalado más arriba,  toda la fauna marina carnívora sufre de hambre, también las aves y se produce enorme mortandad. Incluso las algas perecen en gran número, inundando las playas con sus talos ya desprendidos de su pie.  La diferencia de  1 a 2 grados centígrados en la temperatura media  del mar  es más que suficiente para dasatar esta verdadera catástrofe.

(7)  Se usaron antiguamente las plumas de ganso (Anser anser), prefiriendo las plumas grandes de las alas o remeras, las que eran cortadas en su base, en un ángulo especial. Empezaron a usarse en el siglo VI D.C.  hasta el siglo XIX, cuando aparecen las primeras plumas metálicas.

(8) Existen numerosas referencias a varazones de ballenas moribundas en nuestras costas.Tal mortandad obedece, por lo general, a causas puramente naturales, de origen climático. Con la caza indiscriminada  efectuada por enormes  barcos-factorías japoneses y chinos, sin embargo,   su número se ha visto considerablemente disminuido y algunas de sus especies se encuentran expuestas a su extinción definitiva.  La ballena ha sido muy perseguida en  los dos siglos precedentes paras obtener su aceite y sus barbas; estas últimas fueron muy  usadas  en corsetería y otros fines  en el siglo XIX e inicios del XX.

(9) El habitat costero asignado por Philippi  en su época a estos pescadores changos va desde la desembocadura del río Huasco (28° 27´ S)  hasta  el entonces reconocido  límite norte de la república de Bolivia, o sea el río Loa (22° 00 ´S). Philippi no visita ni estudia la región costera situada inmediatamente al norte del río Loa. Por tanto, la zona costera de Tarapacá y  Arica  le  es totalmente desconocida.  Sólo se limita  el sabio a  dar referencias  de la zona que él llega a conocer y recorrer personalmente, Por otra parte, no sabemos qué argumentos tuvo a la mano Philippi para asignar el río Huasco como el límite meridional de estos pescadores changos. Seguramente, tal afirmación es eco de lo que sus informantes  en Paposo pudieron referirle al respecto  y/o de lo que los marinos de la corbeta "Abtao" pudieron proporcionarle. Su referencia  a los límites extremos de su habitat, por lo tanto, han de considerarse solo estimativos.

(10) Sabemos  por otras fuentes (v. gr. Malaspina y su expedición en 1790) que también eran llamados "changos"  los pescadores  de la región costera del norte Chico situados desde el área de Pichidangui (32° 06´ S )  hacia el  norte,  hasta la desembocadura del río Copiapó.  Ya hemos señalado en otra parte que la denominación "changos" no es la más antigua. "Camanchacas" fueron denominados muy  tempranamente,  a fines del año 1579,  por   el corsario inglés  Francis Drake, que los avista y visita  en Morro Jorge  (Morro Moreno)   y en Pisagua, donde intercambia objetos por pescado fresco. (Cfr. trabajo de Bente Bittmann, "Notas sobre poblaciones de la costa del Norte Grande Chileno").

(11)  El mestizaje que según Philippi se presentaba entre los pescadores recolectores changos de la costa norte chilena era algo totalmente  esperable, dado  su escaso número y su frecuente contacto con las poblaciones alteñas del Salar de Atacama y del altiplano de Lípes, muy superiores en número. Si el mestizaje y contacto entre comunidades humanas  vecinas  ha sido una realidad constante desde el inicio de la historia en todo el globo, con mayor razón en el caso presente, cuando ambas comunidades (changos y atacameños o lickan antai) se necesitaban mutuamente para poder sobrevivir. Ya Lozano Machuca tempranamente, en el año 1581, anotaba que  los pescadores costeros "uros" -como él los denomina- "no pagan tributo pero dan pescado a los caciques de Atacama en señal de reconocimiento"  ( en la "Carta del Factor de Potosí Pedro Lozano Machuca al Virey  (sic!) del Perú", en donde se describe la Provincia de Los Lipes", Relaciones Geográficas de Indias, Perú, Ministerio de Fomento, II, Apéndice III-xxv, Madrid  1885).

Un poco más al Norte,  el contacto asiduo y el incesante intercambio económico entre los changos de la desembocadura del río Loa y los caciques de Pica era tan importante que cuando don Pedro de Valdivia constituye en 1540 una segunda encomienda en la zona, después de la de Tarapacá,  llevará ésta significativamente  el nombre "encomienda de Pica y Loa" y  se levantará en el Loa una capilla para la evangelización de sus pobladores indígenas. Lo que, curiosamente, no ocurre en el caso de la Encomienda de Tarapacá  donde no se cita  Ique-ique  o la  isla homónima  como parte constitutiva del nombre de  la encomienda. Lo que se explicaría perfectamente bien por la presencia de una mucho mayor población changa en la desembocadura de  río Loa que en la isla y contornos de  Ique-ique.

(12)   La lengua hablada por estos grupos costeros changos ha sido motivo de debate entre los especialistas. Unos afirman que tuvieron una lengua especial y propia sin señalar cuál sería ésta; otros, que era la lengua de los uros del lago Titicaca; otros, que ya habían olvidado enteramente su antiguo idioma; otros, por fin,  que éste era el araucano o mapudungun, idioma de los mapuches. Philippi se inclina por esta última hipótesis,  pero no investiga más sobre este tema. El viajero francés Brésson en el año 1870  recogió  algunas voces de los pescadores de Paposo y concluyó que su idioma fue el araucano  pero estaba en vías de desaparecer. André Marcel D´Ans, lingüista y etnólogo belga, escribió un artículo específicamente sobre este tema analizando el trabajo de Brésson: "Chilueno o Arauco, idioma  de los changos del norte de Chile, dialecto mapuche septentrional", (en la revista Estudios Atacameños, 1976:  113-118).
Nuestra sospecha -también señalada por otros investigadores-  es que la presencia de algunos pescadores de lengua mapuche en Paposo podría atribuirse, no tanto a la supervivencia de grupos étnicos mapuches, arraigados de larga data en la zona, sino al  reciente traslado forzoso operado por españoles, de algunas poblaciones costeras del centro de Chile hasta esa localidad.  Se sabe hoy  con certeza, en efecto, que  Francisco de Aguirre, quien poseía una  encomienda en la zona central de Chile, tenía otra, y muy extensa, desde la zona de la Serena hasta cerro Moreno y Mejillones en Antofagasta. Así, sabemos que efectuó traslados masivos de  familias de la etnia picunche, de lengua y cultura mapuche,  hacia el Norte.  En otras palabras, la presencia de mapuche-hablantes en la caleta del Paposo  no sería, pues, en modo alguno una situación original, sino una masiva relocalización provocada por el conquistador en el siglo XVI. Los informantes de Brésson, en consecuencia, tal vez habrían sido descendientes de aquellos transplantados forzados, al estilo de los  mitmaqkuna, tan comunes en los tiempos del Inca.
Tenemos la sospecha que los changos nunca poseyeron una lengua propia en la costa chilena actual, sino que hablaron la misma lengua de sus vecinos de tierra adentro, con los cuales tenían asiduo contacto. En las costas de Arica y Tarapacá, era la lengua puquina y en Antofagasta la lengua lickan antai de los atacameños. Creemos que su número era demasiado pequeño (y siempre lo fue así), como para tener lengua propia. Esto, al menos desde los tiempos próximos a la llegada del Inca. Si sus lejanos predecesores, los Chinchorro, entre el séptimo y el cuarto milenario A.C., poseyeron o no una lengua propia, diferente de la de sus vecinos, es otra cuestión distinta, sobre la que no existe la menor información fidedigna.

(13)   Calcula Philippi una población total de  unos 300 changos, viviendo entre el río  Huasco y el río Loa, esto es, unas 60 familias, si suponemos una ratio poblacional  1 a 5. ¿Cómo llega  el naturalista alemán a esta cifra tentativa?.  Sin duda,  fue gracias a los datos de sus fieles guías y baquianos, Diego de Almeida y José Antonio Moreno más otros informes dispersos recibidos entre Paposo y Caleta el Cobre.

(14)   Son numerosos los testigos de la  extrema movilidad  y nomadismo de los changos a lo largo de la costa, en busca de recursos alimenticios. Entre éstos, destaca la interesante observación de Pedro Vicente Cañete y Domínguez, Gobernador Interino de Potosí en  el año 1787:  "De esto proviene que el puerto (de Cobija) jamás se ha poblado sino de los infelices pescadores, que viven de solo pescado desde que aprenden a comer....Frezier Fol. 130 testifica de 50 casas, pero éstas son  unas veces más y otras menos, porque como todos son pescadores, se llevan en las canoas los cueros de que forman sus cabañas sobre costillas de ballena, y entonces se minora el número, y crece cuando se juntan en el puerto...."  (Cañete y Domínguez, "Noticia del puerto de la Magdalena de Cobija...",   cit, en Larraín, Revista Norte Grande, vol.  I, N° 1, 1974:  83 y 87). Pocas citas hay tan explícitas y elocuentes como ésta para explicar y entender la notable movilidad costera de estos indígenas que hasta portaban  consigo  sus precarias  chozas en sus balsas, al partir de pesca a caletas más alejadas.

(15)  La caza del guanaco por parte de los changos en invierno (esto es entre mayo y octubre), en la épocas de las camanchacas,  fue una realidad para las comunidades costeras. La vegetación costera en los oasis de niebla (y Paposo era uno de los más notables)  permitió pacer aquí  por unos meses a pequeñas tropillas de guanacos que ramoneaban la vegetación de  Gramíneas, Nolanáceas,  Cristarias y otras especies comestibles que crecen en dichas épocas del año.  Nosotros hemos hallado, en efecto, en oasis de niebla de la costa sur de Iquique  desde Alto de Junín (Pisagua) hasta  altos de Chipana (junto al río Loa), infinitos senderos de guanacos, con sus característicos  bosteaderos y revolcaderos, en todos las laderas más altas de la cordillera costera. Y junto a ellos, algunos talleres líticos indígenas con  herramientas y utensilios (confeccionados en sílex y basalto), enteros o fragmentados, prueba inequívoca de su estadía en el lugar con fines de  caza.

(16)  La visita de algún sacerdote al Paposo y caletas vecinas  fue algo  muy esporádico y poco frecuente tanto por la escasez de clero en Copiapó (la ciudad habitada más próxima)  como  por la extrema cortedad de su habitantes, los que frecuentemente se ausentaban de sus campamentos-base. Era un azar encontrarlos a todos reunidos en el lugar. Así lo indica claramente Cañete y Domínguez. Probablemente recibían  el auxilio religioso del sacerdote  una o dos veces al año, con suerte, tal vez para la visita con motivo de la celebración del  Santo Patrono de la localidad. En Paposo debió existir sin duda  una capilla -de la que no hay indicios hoy- al igual que la que hubo en la desembocadura del río Loa y  aún en la isla de Ique-ique, para la atención espiritual de los indios pescadores. Revise Ud. a este propósito el interesante artículo del presbítero Joaquín Matte Varas, titulado "Misión en el Paposo",  en que se relata con interesantes pormenores  su visita eclesiástica a la zona, por orden del obispo Rafael Valdivieso en el año 1841. (Cfr- Joaquín Matte V., Revista Teología y Vida, Vol. 22.
N° 1  (1981),  51-64).  Sobre el oasis de Paposo, su vegetación, recursos  y tipo de  habitat, consulte en este mismo blog  con fecha 27/04/2014, nuestro trabajo: "Paposo: un oasis recóndito de extraña vegetación y antiquísimo poblamiento".

(17)  Los padres y sus hijos ya crecidos salían a perseguir la pesca a caletas vecinas o a pescar en alta mar.  Estos viajes solían durar varios días. Para ello, llevaban agua de reserva en odres o pellejos de lobo marino. Su alimento dependía de su  propia  habilidad para la pesca o el marisqueo de orilla.

(18)  Desde su más temprano registro, el nombre dado a estas embarcaciones es el de "balsas". No consta en ninguna parte su posible nombre indígena, más antiguo. "Balsa" es un término español  y fue dado a varios tipos y formas de embarcaciones  de la zona costera de Chile y Perú.

(19)  "Odres de cuero de lobo". Se trata del lobo marino, Otaria flavescens,  especie de cuyos cuerpos se componía una balsa.  Su alargado cuerpo y forma se prestaba muy bien para la fabricación de los dos odres que la conformaban.   El complejo procedimiento de preparación y confección de una balsa ha sido explicado de manera magistral por el cronista Gerónimo de Bibar en su Crónica del Reyno de Chile, publicada en Sevilla  en el año  1560  (capítulo V).

(20). Aquí no se explica el procedimiento de inflado de la balsa. Sabemos que  el pescador  dejaba   una especie de tubo o canilla hueca por donde echarle aire, soplando con fuerza a su interior. Terminada su faena, lo enrollaba y anudaba.  La faena se hacía siempre en tierra antes de embarcarse, pero  las balsas  podían  también ser infladas en el mar, cuando empezaban a desinflarse por efecto de alguna rotura o perforación. El arqueólogo Hans Niemeyer, en su trabajo del año 1965 titulado; "Una balsa de cueros de lobos  de la caleta Chañaral  de Aceitunas (Provincia de Atacama, Chile)",   publicado en la Revista Universitaria (Universidad Católica de Chile), Año L-LI, Fasc. II, 1965-66: 257-269), retuvo, para fortuna nuestra,  el nombre que dio  el pescador fabricante de la balsa, Roberto Alvarez, en la caleta Chañaral de Aceituno a esta boquilla: "copuna",  que vendría a ser una metátasis por  "pucuna".   Voz que viene ciertamente de  "phukuna", voz quechua que debe pronunciarse con una  -p- aspirada, y que significa precisamente "fuelle para inflar".  ¿Por qué, nos preguntamos, retiene y conservó este implemento su nombre quechua?. ¿Era éste un término también usado en lengua puquina?.  ¿Habrán hablado tal vez, el quechua o el puquina algunos grupos de los changos primitivos?. ¿O tal vez ambas lenguas?.  ¿Es posible que en el extremo sur del Perú hubiesen subsistido también otros términos quechuas, aplicables a la balsa de cueros de lobos?. Un misterio más por resolver sobre este grupo étnico, tan enigmático.  Aquí, una vez más, la opinión de los lingüistas se hace  indispensable.

(21) En ambos extremos, proa y popa, los pellejos de cuero de lobos marinos de la balsa quedan algo levantados, lejos del agua. Este detalle lo confirman todos los diseños y dibujos que existen de estas balsas.

(22)  Diez pies de largo  equivalen a  3.50 metros.  Esta longitud era variable, pues sabemos que existían, a fines del siglo XIX y comienzos del XX balsas algo más largas y grandes, usadas para el transporte especial de carga con sacos de salitre para conducir a los barcos.

(23)  En efecto, los dos pellejos de cueros que sirven de proa van muy cerca una del otro, prácticamente pegados, mientras que  las parte posteriores se distancian. Este diseño  permite que  la estructura  del tablado  que hace de piso de la balsa  tenga una mayor superficie de carga. Esta disposición favorece ciertamente la velocidad de deslizamiento de la embarcación en el agua.

(24)  La posición de los remeros sobre el piso de la  balsa  podía ser doble: o a horcajadas, sentados sobre sus talones y/o con las piernas cruzadas, o también  sentados con los pies en el agua. Los dibujos conocidos nos ofrecen ambas posiciones. El dibujo que nos presenta la obra del ingeniero francés  A. F. Frézier, del año 1716, nos ofrece  un ejemplo del primer caso.   Pero  el remero, cuando es uno solo,  va  instalado en la sección de proa, dejando todo el espacio posterior, más amplio,  para la carga (sacos,  baúles, etc.).  Cuando había dos remeros, uno va a cada lado,  estando instalado uno más adelante y el otro, más atrás. Reman, en este caso simultáneamente y  en forma  acompasada  para impulsar el navío eficazmente hacia adelante.  El remo, para el caso del tripulante único,  era  muy largo y de doble paleta, bogando alternadamente  de un lado y del otro.

(25)  La balsa no posee quilla alguna,  como el catamarán moderno.  Lo que le permite  varar en la orilla arenosa o aún pedregosa, sin sufrir daño alguno aún cuando haya  algo de oleaje. Los botes de madera, en cambio, poseen  quilla  la que se daña fácilmente.

(26)   Le llamó especialmente la atención al sabio Philippi el hecho que  pintaran la balsa chango con ocre rojo. Lamentablemente, el naturalista  no se extiende sobre este tema. ¿Qué era exactamente este ocre rojo?. Casi con certeza, era tierra rojiza rica en hematita  (óxido férrico)  o almagre. ¿ Y cuál fue la función práctica de este ocre?. ¿Por qué pintaban de este color sus embarcaciones?. Por largo tiempo, este fue un enigma para nosotros. La respuesta creemos haberla hallado en un precioso texto del cirujano y botánico francés René Primevére Lésson, quien en la  corbeta La Coquille,  visita  el puerto de Cobija en los años  1823-24  y describe sus habitantes y sus  balsas depositadas en la orilla. La fecha de observación resulta de enorme interés cultural, pues es anterior a la creación del Puerto Lamar (Cobija)  por parte de la república de Bolivia y, en consecuencia, sus habitantes changos tenían todavía escaso y muy esporádico contacto con los blancos.  Según la prolija  descripción de Lésson, quien tal vez fue testigo presencial del hecho, una vez terminada la balsa, "...se les aplica exteriormente una especie de compuesto hecho  con el aceite (de ballena)  y una tierra rojiza; este ingrediente  adquiere  dureza  y  se convierte en una especie de corteza  que sirve para proteger estas pieles contra  el roce con  las arenas cuando la balsa alcanza hasta la playa". (P. A. Lésson, "Voyage autour du monde entrepris par ordre du gouvernement sur la corvette la Coquille", Paris, 1838, 2 Vols. Tome I, pp. 508-510, cit. en Gualterio Looser, "Las balsas de cueros de lobos inflados de las costas de Chile", Revista Chilena de Historia Natural, Año XLIII (1938) 232-266; traducción nuestra del francés).    

Nota final:    Hemos  observado que  en la obra de Philippi, aquí y allá, se puede todavía rastrear  y colectar precisas observaciones de índole  eco-antropológico, incluso entre las descripciones latinas de la flora y fauna recogida en su paso por el desierto. Trataremos de espigar, en un próximo capítulo, en ese universo tan poco conocido de este autor, debido a su empleo de la lengua latina, hoy desconocida para la inmensa mayoría de los científicos nacionales.






jueves, 4 de agosto de 2016

La población en torno al Salar de Atacama hacia 1885: testimonio expreso del ingeniero Francisco José San Román, testigo ocular.

Esfuerzos de San Román por estudiar la lengua cunza de los atacameños.

En un  capítulo precedente,  en este mismo blog, hemos  traído a colación con citas ad hoc,   el aporte de este ingeniero copiapino al conocimiento y estudio de la lengua cunza de los indígenas atacameños o lickan antai, pobladores de los contornos del Salar de Atacama, en la actual Región de Antofagasta (Chile). En efecto, Francisco José San Román tuvo el privilegio, hacia 1885-86,  de contactar y entrevistar en varios pueblos atacameños a algunos pocos ancianos que hablaban aún esta lengua residual, cuando ésta estaba a punto de extinguirse.  Mérito personal suyo que le hace acreedor a toda nuestra gratitud como antropólogos, por cuanto supo utilizar valiosas horas de su escaso tiempo como ingeniero topógrafo, para dedicarse a una causa eminentemente cultural:  el registro y salvamento de una lengua en extinción.

Fig.1.  Aspecto que ofrece  el oasis de Tilomonte hoy.    Llegar a contemplar este paisaje verde-amarillento, viniendo en caravana desde el  espantoso desierto  del sur, era en verdad  llegar a la gloria. (Foto Jennyfer Rojas; todas las imágenes que ilustran este capítulo, las debo a esta fotógrafa de Calama, favor que mucho agradecemos).

Los estudiosos de la lengua cunza a través del tiempo.

Sabemos que los últimos hablantes de este enigmático idioma, hoy totalmente extinto, fueron entrevistados  en el año 1948 por la arqueóloga austríaca Grete Mostny Glaser, en su visita de estudio al poblado de Peine. (Cf. Mostny,  Peine un pueblo atacameño, Instituto de Geografía, Universidad de Chile, 1954). Hoy sólo sabemos de esta lengua lo que los investigadores  -casi todos ellos extranjeros-,  nos han transmitido de la misma, entre ellos, Rodulfo A. Philippi,  Johann Jakob Von Tschudi, Thomas Moore, Rodolfo R. Schüller, Emilio Vaïsse, C. Maglio, Aníbal Echeverría y Reyes, Félix Segundo Hoyos, y Grete Mostny, entre otros. A estos nombre preclaros, debemos agregar ahora el nombre de este ingeniero chileno, hijo de padres argentinos radicados en Copiapó.

Referencias a la población.  

En el presente acápite, queremos referirnos a los antecedentes de tipo demográfico que nos ofrecen los apuntes de San Román. Aunque fragmentarios y dispersos a lo largo de muchas páginas de su texto,   nos ofrecen éstos, sin embargo,  una clara idea de la escasa y difusa población  atacameña, sita en distintos pueblecitos, oasis y lugarejos, algunos de ellos ya completamente deshabitados hoy, como Tilomonte y Sóncor. Hemos espigado pacientemente esta información demográfica, tratando de visualizar su número y densidad, para poder apreciar  su peso poblacional, en una época en que aún no se producía el  éxodo de su población hacia las grandes ciudades, como Antofagasta  y Calama  (a partir de los años 1920-30).  En su época (1885), Calama era todavía una pequeña aldea, seguramente de una escasa población, menor que Chiuchíu, por entonces el único  bastión septentrional de relación y contacto comercial con el altiplano de Lipes,  en Bolivia.

Fig. 2.  Vivienda  de Tilomonte parcialmente arruinada hoy  (falta la paja de la techumbre).  Bien pudo ser el refugio para una parte de la expedición San Román en el año 1886. (Foto Jennyfer Rojas V.).


Fig.3.  Parte posterior de la misma vivienda.  Llama la atención la excelente y cuidada factura  de las esquinas, con piedras muy bien canteadas así como la presencia del nicho que se observa  cerca del suelo. Observe el contraste con  el muro más bajo que continúa  hacia la derecha de la imagen, de factura posterior y mucho menos cuidada. ¿Será, tal vez, de época incaica?. (Foto Jennyfer Rojas V.).


Siguiendo el relato de San Román: un tramo del Camino del Inca.


Analizaremos  el relato de San Román de sur a norte,  Él parte de Taltal primero en tren hasta Refresco, para seguir desde allí a lomo de  mula, hasta el lugar denominado Río Frío, donde se reúne la expedición exploradora del desierto y donde se hace campamento general. Aquí en Río Frío, San Román  anota, de paso,  la presencia de un antiguo camino, el Camino del Inca   del que  señala:

"Entre los caracteres interesantes de aquella localidad  (se refiere a Río Frío),  figura el camino del Inca, que hasta allí ha llegado sin interrupción con su línea recta al N 26° E, partiendo desde el mismo Copiapó"  (San Román, 2014: 130; subrayado nuestro).

De este camino incaico anota San Román cuatro peculiaridades que le llaman poderosamente su atención como ingeniero topógrafo: a) que es, de acuerdo a la tradición local, de factura Inca, b) que la vía se presenta notablemente rectilínea en su trazado;  c) que mantiene un constante rumbo norte con una pequeña desviación de  26 grados hacia el Este;  y por último, d) que la huella es continua por esos parajes, sin hallarse interrumpida en ningún momento por accidentes del terreno, cárcavas  o aluviones. Los viajeros, en consecuencia,  pudieron seguir cómodamente exactamente su trazado rumbo al norte, durante buena parte de su viaje. Nos preguntamos: ¿cómo supo San Román que se trataba del camino del Inca y no de otra huella cualquiera?. Seguramente, fue por indicaciones concretas de sus baqueanos y arrieros, los atacameños. La tradición local había sabido conservar incólume el nombre de sus constructores, después de  casi cinco siglos.

Los investigadores intentan vanamente subir el volcán Llullaillaco, pero careciendo de los elementos indispensables para tal ascensión, se contentan con ascender el monte Chuculai, de menor altura, cumbre cercana al Llullaillaco, en cuya cima instalan con dificultad el teodolito para efectuar las triangulaciones y hallan algunos elementos arqueológicos que les llaman mucho la atención.

Hallazgo arqueológico en la cima del cerro Chuculai.

"Larga y penosa fue la ascensión y, una vez más, al llegar a la cumbre,  tuve ocasión de comprobar lo antes dicho de lo frecuente que es encontrar signos de la presencia del hombre indígena aún en las más inesperadas alturas,  siendo, en esta ocasión, un cuchillo de cobre el objeto encontrado". (San Román en Muñoz, 2014: 134)

El ingeniero San Román  se asombra de hallar elementos  de la cultura indígena  en dicha cima, elegida por ellos como punto de triangulación topográfica.  No atina a  hallar una respuesta  clara sobre las razones exactas de tal presencia. Hoy sabemos bien que se trata de recintos o construcciones que tenían por objeto ofrecer sacrificios de jóvenes de la nobleza Inca para propiciar a los divinidades de las alturas y/o para establecer  una forma de dominio ceremonial sobre una determinada comarca recién conquistada. Ciertamente no se subía entonces a las cimas por deporte, como hoy, sino para invocar y propiciar a las deidades tutelares de los pueblos o regiones. Se trata  aquí  -esto lo sabemos hoy- del rito de la capacocha o qhapaq ucha,  ceremonial Inca repetido en numerosas alturas, luego de la conquista Inca de las comarcas.  En Chile, tenemos varios casos,  bien conocidos y estudiados. En la costa de  Iquique, en el cerro Esmeralda (Cfr. Jorge Checura, "Funebria incaica en el cerro Esmeralda, Iquique I° Región", Estudios Atacameños N° 5, 1977,  127-144) y  frente a la ciudad de Santiago en el cerro El Plomo, descubrimiento estudiado por Grete Mostny  y otros en 1957  (La momia del Cerro El Plomo,  Boletín del Museo Nacional de Historia Natural, Santiago, tomo XXVII, 1957-59,  1-107).

Prosigue el viaje.

De las Zorras al oasis de Tilomonte el trayecto de varias jornadas de camino se les hace muy escabroso y difícil  por la falta de agua y forraje y porque -como señalan-  ya está "entrado el helado invierno que ya comenzaba  con rigor en la primera quincena de mayo (1885).  Por fin avistan, a la distancia,  el agreste paisaje verde pálido del oasis de Tilomonte, su tabla de salvación en este penosísimo y agotador  viaje:

"La Nueva jornada sería hasta Tilomonte, lugarejo donde moraban algunos indígenas y donde podía contarse con algunos auxilios".  (San Román en Muñoz, 2014: 134).

¿Cuántos  residentes atacameños vivían entonces en Tilomonte?. Un vago  cálculo, "algunos", es la respuesta del ingeniero a nuestra curiosidad demográfica. Tal vez una o dos familias; tal vez no más de 6-8 personas, incluyendo niños.  Es decir, en Tilomonte  hay una escasa presencia humana  en una fecha en que ya ha pasado la época de la cosecha del maíz (marzo) y no se empieza a sembrar todavía. Comienza el  invierno. Pero al menos hallaron, tal vez,  algunos recursos ocultos en los trojes o collcas de los residentes indígenas, además de alfalfa, en sus potreros,  para sus extenuados animales.

Una descripción digna de antología.

El espectáculo de las montañas que  aquí se abre al visitante era de singular belleza. No podemos evitar trascribir, ad litteram, las frases líricas que a San Román se le vienen a la cabeza, en su notable descripción de este paisaje:

"El espectáculo de esta real cadena de alturas es incomparablemente bello y grandioso  mirándola desde allí recta al norte,  hasta el piramidal Licancabur, que la termina por aquel rumbo. Un ejército de gigantes con pies de granito, cuerpo de escorias y vientre de fuego:  nevadas y humeantes las cabezas, enfilados en interminable línea de batalla sobre el ancho zócalo del continente que contemplan a sus plantas,  destacados en toda su corpulencia y contornos esos cíclopes y envuelto todo el colosal y sublime espectáculo en el baño azul de la transparente atmósfera a lo lejos,  es un cuadro de indefinible grandeza y hermosura que pocos hombres habrán contemplado igual,  y quizá no otro lugar de la tierra lo ofrece semejante". ( San Román, 2014: 135).

El ingeniero cede aquí el paso al improvisado literato; ¡qué duda cabe!.  Trozo literario bellísimo que bien merecería figurar en una antología de la lengua castellana escrita para el norte de Chile.

¿Qué era Tilomonte y cómo lo ve San Román  agotado tras la  terrible travesía?

El autor señala:

"Era  Tilomonte un bosque de corpulentos algarrobos y chañares y un pequeño prado alfombrado del fresco verde de la brea en contraste con el glauco plateado del cachiyuyo; un  arroyuelo, una vega pastosa, potreros alfalfados, algunos árboles frutales y unas cuantas chozas y ramadones que nos parecieron pasables moradas, nos sirvieron de cómodo sitio  para descansar unos días...; la mulada había sido más que diezmada por la última terrible jornada..." (San Román, 2014: 136; subrayado nuestro).

 Para ellos, la llegada a este lugar fue un verdadero paraíso, tras la última y agotadora jornada en la que habían perdido  buena parte de sus mulas, debiendo  algunos de ellos caminar a pie.

Aquí en Tilomonte, San Román obtiene las primeras noticias y voces de la lengua cunza de los antiguos atacameños, tema que ya hemos  tratado in extenso en un  capítulo precedente  de este blog.


Fig.4.  Un algarrobo pluricentenario, famoso por  el grabado de una leyenda colonial  en la parte delsu tronco desprovista de corteza donde se ha trazado una cruz.  Es ésta una impresionante dedicatoria a la Virgen  María, concebida sin pecado original.


Fig.5.  El árbol  está  vivo aún y debe tener una edad muy superior a los 500 años.  La inscripción  tallada en el tronco,  sobre la cruz, porta  la fecha AD 1671  (Anno Domini  o "En el Año del Señor" de  1671).


La llegada a Peine.

"El día 12 de mayo levantábamos tiendas de Tilomonte, tomando los unos por la orilla del salar y el jefe por el camino del Inca que sigue por la falda de la cordillera, designándose como próximo punto de reunión general el pueblo de Toconao".... En Peine  obtuve noticias  de las antiguas minas de Lankir, situadas a cierta distancia al interior y abandonadas por entonces...  (San Román en Muñoz, 2014: 138; subrayado nuestro).

La población de Peine.

Se asombra San Román de  escuchar, al llegar a Peine, el coro de las voces juveniles de  los niños  de la escuela del lugar.  "Fue el primer ruido que llegó a nuestros oídos al penetrar en lo más denso del pequeño caserío de Peine...Hombres y niños, pobres lugareños de pura sangre indígena, deletreando el silabario de Sarmiento y trazando palotes y hasta elegantes planas de caligrafía en el más puro tipo de letra inglesa, nos pareció portento y maravilla en aquellas alturas. Y aquella escuela no era fiscal, ni recibía su preceptor más remuneración y más elementos que lo procedente de la suscripción de un pueblo que no contaba sino de 60 habitantes, entre niños, mujeres y viejos".  (San Román en Muñoz, 2014: 139; subrayado nuestro).

San Román  se interesa por  consultar sobre la población y su número. Tal vez el dato provenga del propio profesor de la escuela, con quien seguramente conversó sobre el poblado y sus habitantes, aunque  esto  no se diga expresamente. Dicho número sugiere  la presencia de unas 11-12 familias, a lo más.

Peine y Socaire.

El paso por estos pueblos  merece las siguientes observaciones de parte de San Román:

"Adelante de Peine, viene Socaire, lugar de recursos también para el viajero, pero de menor significación que Peine; luego Cámar,  lugarejo igualmente útil por algunos pequeños cultivos y en situación agradable y pintoresca. Siguiendo la misma ruta a la vista de la serie de cumbres volcánicas, el Meñiques, el Léjia, el Lackar, etc.,  se cruza el camino real de  Atacama a Salta  y se cae por sobre densos médanos y cordones de dunas al zanjón de Sóncor, que también mantiene en su arenoso fondo algunos cultivos".  (San Román en Muñoz, 2014: 139).

El pueblo de Toconao y su entorno geográfico.

...Y se llega por fin sin salir de médanos  (1), al pintoresco Toconao, el jardín de la puna atacameña occidental,  situado a inmediaciones del esbelto Licancabur...Verdadero  objeto de juguetería en que todo está reducido a lo más pequeño: el pueblo, las casas, las proporciones del paisaje y hasta la subdivisión territorial: diez cuadras de bosque secular, de cultivos, arboledas frutales, de jardines y potreros alfalfados, lagos y cataratas para trescientos habitantes (2)!. La irregularidad y el desconcierto es la nota dominante en este curioso pueblecillo de propietarios urbanos y rurales.
Donde se inicia el diminuto remedo de valle se aglomeran las casitas o cuartuchos de piedra traquítica  (3) regularmente canteada, sin orden ni disposición alguna mirando los unos al poniente mientras los otros, al lado o al frente, miran a todos los rumbos;  y desde allí abajo siguiendo la pendiente a saltos, en una sucesión de rápidos y caídas verticales, se anda un intrincado laberinto de sendas y se tropieza a cada cinco pasos con algún cercado que debemos salvar por alto, una zanja que es preciso saltar al vuelo una ladera resbaladiza que requiere precauciones; y así hemos recorrido en media hora Las heredades de muchas familias que poseen una o más áreas (4) de terreno, pero que proveen a su subsistencia por el lujoso privilegio de darse allí buena la uva y excelentes otras frutas tan apetecibles como duraznos, peras, higos, etc. (5), que encuentran lucrativo mercado en Atacama  (6), Caracoles (7) y Calama  (8). (San Román en Muñoz, 2014: 139-140).

Notas nuestras a este  hermoso texto:

(1)  "Médanos", se denominaba en esa época  a los conjuntos de dunas movedizas. Equivale a "campo de dunas". La voz "médanos"  ya dejó de usarse en Chile, pero  fue de empleo muy común entre los autores del siglo XIX  y se la encuentra en las descripciones  de muchos autores.

(2)   Se anota la población total aproximada de Toconao, el pueblecito más importante después de san pedro.  Trescientos habitantes equivaldría, aproximadamente, a  unas  60-62 familias. Era la segunda población en importancia, después de San Pedro de Atacama, o Atacama la Alta, como se la llamaba en el período colonial.

(3)   La roca usada en la construcción del pueblo de Toconao es la piedra liparita volcánica de color blanquizco, y procede de unas canteras situadas al Este del poblado, explotadas desde antiguos tiempos para la construcción de las viviendas.

(4) El "área" es una medida de superficie  que  mide  1.000 m2. Casi nadie usa hoy entre nosotros esta medida arcaica, pero sí su múltiplo, la "hectárea", que  mide  10.000 m2. En nuestro país,  la voz "área"  se emplea  simplemente como equivalente exacto a  "superficie".

(5)  Toconao  es el único pueblo de Atacama donde se da una gran  variedad de frutales, gracias  a la peculiar disposición geográfica de sus huertos, ocultos al fondo de una quebrada profunda, y protegidos  de las  fuertes  heladas  e igualmente, gracias a la excelente calidad de sus aguas dulces.


(6)  Nótese que este poblado es nombrado simplemente "Atacama" y no como hoy se dice: "San Pedro de Atacama". "Atacama" según el Glosario de la Lengua Atacameña de Emilio Vaïsse y otros (1875) podría tener un origen quechua o cunza. En lengua cunza,  -tecama- significa  "tengo frío" y es una acepción que a los autores del Glosario les parece bastante aceptable. En efecto, en San Pedro hace frío y en pleno invierno las temperaturas pueden bajar algunos grados bajo  0° C.  Sin embargo, cuando San Román preguntaba a sus entrevistados atacameños sobre el significado exacto de la voz "Atacama", no  existía claridad ni uniformidad en la respuesta. Creemos que con toda probabilidad que aquí se trata de una voz cunza, ya que  a la llegada a esta zona de los incas, portadores de la lengua quechua,  es sumamente tardía, y ocurre  al parecer  hacia el primer tercio del siglo XV.  El pueblo de Atacama ya existía desde mucho antes del arribo de los conquistadores incas   Cfr. Vaïsse y otros, Glosario de la Lengua Atacameña,  1895: 533-544) .

(7)  Caracoles  fue un afamado mineral de plata  situado al Oeste del Salar de Atacama y comunicado por una huella con  el pueblo de Toconao situado hacia el Este y Sierra Gorda, hacia el Oeste. Fue descubierto por el explorador y minero chileno  José Díaz Gana   en el año 1870 y se encuentra a una altitud de 3.100 m. sobre el nivel del mar.  Debe su nombre de "Caracoles" a la presencia de  gran abundancia en sus inmediaciones de fósiles marinos,  especialmente de cefalópodos (género Ammonites).  Pertenecen a  las épocas geológicas conocidas como el Jurásico Medio y Jurásico Superior,  con  fechas que entre los 180 y 150 millones de años atrás. No presentaba vetas fijas, propiamente tales, sino era un campo sembrado de trozos de  mineral de plata de distinta ley.  De enorme riqueza, según las crónicas de la época, durante su explotación produjo un total de  más de 855 toneladas de plata pura. (Ver Internet). Su auge fue de breve duración pero atrajo a un sinnúmero de  operarios chilenos ávidos de suerte,  los que poblaron el área, por entonces en posesión  de Bolivia.

(8)  San Román tilda a Calama como "de caserío insignificante", dando por ello a entender que  su población por entonces era muy escasa, seguramente muy inferior en número a la Atacama de entonces, pero bastante más concentrada que ésta. En efecto, Atacama estaba poblada  por familias residentes en sus numerosos aillos agrícolas,  que se esparcían cual islas en torno a las tierras agrícolas irrigadas por los ríos Vilama y San Pedro.     

El pueblo de Atacama tal como lo vio San Román.

En las frases que siguen, nos describe nuestro  ingeniero geógrafo el poblado principal del Salar de Atacama: San Pedro de Atacama en 1886:

"Llegar, en nuestro estado y condiciones a un pueblo edificado con plazas y calles, con tiendas y almacenes de comestibles, con autoridades administrativas y judiciales, eclesiásticas y militares, con oficina de correos y telégrafos, iglesia y escuelas, era realmente llegar a un pueblo civilizado, de recursos y reparación, aun cuando todavía estuviéramos en plena región de  punas y cordilleras..." (San Román en Muñoz, 2014: 140).

Aquí San Román, contra su costumbre, nada nos dice sobre su población. Nos promete hacerlo en otra parte de su exposición.   En todo caso, para entonces San Pedro  era un verdadero emporio de víveres y recursos para la región interior de  Antofagasta. La cita  indicada más arriba, nos habla de una población  bullente de actividad, gracias  sin duda  a la existencia de  la mina de Caracoles no lejos de allí y dependiente de éste económica y jurídicamente .

Calama en los ojos de San Román.

"Calama, puerto interior de tránsito para el comercio con Bolivia, lugar que poco antes tuvo el privilegio de ser el primer campo de batalla con que se inició las campaña,del Pacífico, era ya, en los días de nuestra visita (Abril de 1886)) estación del ferrocarril de Antofagasta a Pulacayo y Oruro.  De caserío insignificante, esparcido en un mar de vegas saladas y pantanos insalubres, iba pasando a pueblo donde humeaban las chimeneas de fábricas, rodaban carretas y se levantaban edificios para negocios y escuelas.... El verde prado de las vegas y potreros de Calama sigue ofreciendo al ojo del viajero su agradable vista hasta la confluencia del río Loa con el Salado, cuyas aguas de origen termal y altamente mineral, dañan por completo la buena calidad de las del primero..."  (San Román en Muñoz, 2014:  183-184).

 Por desgracia,  San Román no nos ofrece  aquí una estimación siquiera aproximada de su población  tal como lo hará, en cambio, para la cercana Chiuchíu.

Aspecto del poblado de Chiuchíu: excursiones arqueológicas.

En palabras de nuestro ingeniero geógrafo:

"En Chíuchiu, lugarejo de unos 500 habitantes, situado en las inmediaciones de la confluencia de los ríos Loa y Salado, se presentó la ocasión de interesantes visitas a los cementerios indígenas, consiguiendo obtener cuatro momias completas, en buen estado de conservación y adornadas con sus pintados ropajes: diversos objetos de adorno y utensilios, a todo lo cual ha dado colocación el Dr. Philippi en la correspondiente sección del Museo Nacional."  (San Román en Muñoz,  2014: 184;  se refiere el autor al Dr. Rodulfo Amando Philippi, sabio naturalista alemán afincado en Chile)

Como era habitual entre los viajeros científicos de la época,  el interés arqueológico se concentraba en  buscar tumbas aún intactas y remover sus cuerpos momificados y su ajuar mortuorio para su traslado posterior al Museo de Santiago. Probablemente, el cementerio indígena aquí aludido es el que estaba al lado del antiguo pukará indígena.  Debe ser probablemente el mismo  en el que  Grete Mostny encontró, hacia  1940,  una momia con su ajuar completo, el que describe prolijamente - a diferencia de los antiguos viajeros-  en un extenso artículo  (Cfr. Mostny, "Una tumba de Chiuchíu con un Apéndice: Protocolo de un cráneo de Chiuchíu", Boletín del Museo Nacional de Historia Natural, tomo XXVI, N° 1,  

Pasando el paso de Guaitiquina hacia el oriente, la comitiva científica de San Román  llega  a las vegas de Catua, lugar  hoy en territorio del Noroeste argentino. Para San Román:

" ...desde allí se dominan los valles pastosos de Catua, nombre que deriva del lugarejo así llamado y que se levanta sobre risueño prado verde. Una docena de casas de adobe, esparcidas al azar, desmanteladas y sin más halagos que el abrigo de su techo y sus cuatro paredes, valen relativamente, por todo un pueblo con sus atractivos y seducciones, en aquellas soledades de la puna. Cómoda estación fue ésta por algunos días para el campamento de la comisión  lográndose  relacionar toda la extensión de esta parte de la puna, por medio de no interrumpidas triangulación, con las cumbres de la cordillera real del licancabur al Llullaillaco..." (San Román en Muñoz, 2014: 194).

El nombre del lugarejo "Catua"  es de origen cunza.  Proviene del cunza -ckatu- que significa según el Glosario de la Lengua Atacameña   roca, peña.  (Cf. Vaïsse y otros,  1895: 538). Según esta misma fuente, al pie de una enorme roca que allí existía, se alzaban las viviendas de una familia residente. Que esta familia hablaba la lengua atacameña o cunza se desprende claramente  del párrafo de San Román en el que nos indica que tuvieron que recurrir a un intérprete propio para entenderse con la familia allí establecida. Lo cual significaría, evidentemente, que entre los arrieros y baquianos que llevaba la comisión investigadora, iban ciertamente atacameños conocedores de la lenguas cunza, o, al menos, de frases usuales y vocablos de esta lengua  (Cf. San Román en Muñoz, 2014: 199).

En esta parte del relato de San Román aparecen también en esta comarca algunos topónimos de inconfundible apariencia cunza, como Cauchari, Tocomar (río) o  Tuzler (volcán). La región, en efecto, hasta Antofagasta de la Sierra, fue poblada por los atacameños  y pertenecía también a la jurisdicción de la parroquia de San Pedro de Atacama, siendo atendida  por sus párrocos con ocasión de sus fiestas patronales como sabemos por otras fuentes (San Román en Muñoz, 2014: 198-204).

Síntesis poblacional.

Exceptuando la región trasandina  del Noroeste argentino, de cuyos pueblos o poblaciones  San Román no nos entrega  dato alguno numérico  concreto   (v.gr. Catua, Pastos Grandes, Antofagasta de la Sierra o Susques (poblado que no se halla citado), podemos intentar reconstruir el siguiente recuento poblacional tentativo que nos arroja al menos  alguna luz sobre  el poblamiento atacameño desde Chiuchíu por el norte, hasta Tilomonte, por el sur. Señalemos que nuestro autor no hace ninguna referencia el autor a los pueblos atacameños situados al  extremo norte y noreste de la región de Antofagasta, como  Río Grande, Caspana, Ayquina, Turi, Toconce, Machuca, a los que no nombra. Es obvio que  se ha puesto como meta investigar tan sólo  la zona geográfica comprendida entre el río Loa y el extremo sur del Salar de Atacama.

Cálculo demográfico  general tentativo.

Leyendo  entre líneas  e interpretando  las expresiones vagas  del ingeniero San Román cuando señala "algunos pobladores",  y apoyándonos en las comparaciones que el mismo establece entre los pueblos (v. gr. entre Peine y Socaire, o entre Calama y Chiuchíu)  llegamos al número tentativo de unos  1.350 habitantes,  otorgando a Calama una población tentativa de  300 habitantes y a San Pedro de Atacama (núcleo central)  una población estimada de unos 400 habitantes. Se exceptúa  la población residente en los aillos sanpedrinos más alejados del centro cívico donde estaba la iglesia y la plaza. Nuestro cálculo es tan solo estimativo y se sugiere compararlo y complementarlo con los Censos  más tempranos de estas localidades, antes que se produjera el éxodo hacia las ciudades costeras de Tocopilla o Antofagasta que inician su poblamiento hacia 1870 o  muy poco antes. Tarea específica para un demógrafo de profesión.

Nuestro particular interés ha sido ordenar y detectar la información difusa dada por  San Román,  a sabiendas que  el tema demográfico  no estaba explícitamente  comprendido   en el Decreto Supremo fechado el 17 de abril de 1883, firmado  por el presidente  de la república don Domingo Santa María y su Ministro, José Manuel Balmaceda. Este estipulaba, entre otras cosas  (Artic.2°),   que se debía levantar "la carta topográfica del desierto con los detalles de su orografía e hidrografía, demarcación de las aguadas naturales y de los puntos donde éstas pueden ser abiertas". (San Román en Muñoz, 2014: 30-31).  Además:  se señalaba en él  que "se tomarán, en general, todos los datos que el estudio mismo del desierto ofrezca al interés de la industria y a la posibilidad de plantearla con ventaja para las empresas particulares" (Artic. 6°; subrayado nuestro).

 Y, en este contexto,  es obvio  que  el poblamiento del área recorrida era un dato muy importante para los futuros viajeros  que concurrieran  esta región.

(En proceso falta agregar fotografías de los pueblos aludidos aquí).



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viernes, 4 de enero de 2013

Balsas de cuero de lobos marinos en la rada de Arica: visita del comerciante Samuel Haigh en 1825




Portada de la obra  de Samuel Haigh  publicada  en  1831  (foto tomada de  Internet)  de la cual analizamos un capítulo dedicado al desembarco en el puerto de Arica   en 1825.



La obra del comerciante inglés  Samuel Haigh.

Hemos ofrecido, en un capítulo anterior,  entregar el texto del relato del comerciante inglés Samuel Haigh en su visita de seis días al puerto de Arica  en el año 1825. Éste consta en su obra:  Sketches  of Buenos Ayres, Chile and Peru, (Publisher Effingham Wilson, Royal Exchange, London, 1831). Como de costumbre, añadiremos "Notas" explicativas  nuestras, de carácter eco-antropológico, para ilustrarlo y  enriquecerlo en beneficio de nuestros lectores jóvenes. De este modo, una vez más queremos cumplir con el deber imperioso que nos hemos impuesto de dar a conocer textos  poco conocidos, y rara vez comentados,  pero que consideramos de  gran relevancia cultural y antropológica. En el caso presente,  el centro de interés será aportar más informaciones para  el estudio de la cultura y evolución cultural de los changos, pescadores-recolectores de las costas del Norte de Chile, justo en la época en que su modo de vida empieza a ser fuertemente modificado por el desarrollo portuario de Arica y las nuevas exigencias del comercio internacional.

Ediciones de su obra y traducción.

Esta obra conoció una  primera edición denominada: Voyage to Peru and Chile, publicada en Londres en 1829. Tuvo tal éxito, que su autor decidió ampliarla y enriquecerla en una segunda edición que apareció  en 1831.  El texto inglés original nos ha sido por fin accesible gracias a los buenos oficios de nuestro estimado ex alumno, el antropólogo  José Müller, quien nos ha indicado gentilmente la página web donde Google  reproduce, ad litteram,  estos textos antiguos.  La traducción que nos muestra la edición hecha por Alberto Tauro, no es muy  confiable, a veces emplea frases francamente confusas y omite, de vez en cuando, datos preciosos. Lo hemos constatado hoy. Por ello, en la parte en que se hace referencia a las balsas de cuero de lobos marinos, decidí intentar mi propia traducción  (Compare con  el texto contenido en obra de  Alberto Tauro,  "Viajeros  en el Perú Republicano",  Universidad Mayor de San Marcos, Lima, Perú, 1967, párrafo dedicado a Samuel Haigh en  páginas 14-16.). 

Circunstancias de su recalada en Arica.

 A Samuel Haigh,  comerciante inglés, nacido en 1795 (?),  le tocó participar muy activamente en diversos episodios de la Guerra de la Independencia y conocer personalmente a muchos de sus héroes, a los que describe. En su último viaje, realizado  entre  1824  y 1827,  ya totalmente consolidada la independencia de Chile y Perú, puede por vez primera intentar, con fines abiertamente comerciales,  visitar  los puertos peruanos,  país, dice:  "recientemente muy interesante para muchos comerciantes tenedores de fondos públicos y mineros de la Gran Bretaña". En  este viaje pasa por Arica, ciudad que describe  en detalle.


Texto del relato del desembarco y visita de Arica (según versión usada  por Alberto Tauro,  1967):


(Dividiré el relato en sub-títulos míos, entre paréntesis cuadrados, para mejor comprensión de  su contenido).



TEXTO.

[El viaje a Arica].

"Zarpé de Valparaíso el 26 de Mayo [de 1825]  en un bergantín llegado de Londres a mi consignación  [1]  y lo dirigí a la parte de la costa peruana llamada Puertos intermedios,  [2]  que entonces ofrecía perspectivas comerciales excelentes. Teníamos dos pasajeros ingleses, los señores Andrews y Kendall, el primero agente de la Compañía de minas Peruano-Chilena, quien iba al Perú a  asegurar  las célebres minas de Guantajaya [3] . El viaje fue largo, pero dominaban las calmas que estuvimos diez y seis días en recorrer  una distancia que generalmente se hace en seis.  Nos mantuvimos cerca de la costa, áspera y estéril [4].

[Descripción de los alrededores de la ciudad].

El 10 de junio con tiempo en calma y caluroso, entramos lentamente  en la bahía de Arica [5]. La entrada no es desagradable  y la ciudad, de lejos, tiene aspecto  que de más cerca  no responde [6]: hay cuatro  iglesias y unas seiscientas casas  [7]Una tirita verde contornea  la playa más de dos millas y es el único signo de vegetación [8];  el país atrás tiene  un aspecto muy desolado y triste. Todos los cerros, son de arena e irregularmente desparramados como cuevas de topos, de color obscuro. Hay un morro en el extremo SO que es blanco [9]  y contrasta completamente con los alrededores.  Con la calma, fuimos a tierra en el bote. Aunque Arica sea el segundo puerto del Perú,  la entrada es pobrísima; las casas son bajas, construidas de barro y cubiertas del mismo material, de color oscuro, sucio [10] . Las puntas de los techos están frecuentemente ocupadas  por gallinazos silenciosos [11] , de modo que la imaginación se figura  un gran cementerio, custodiado por estas aves de rapiña que se alimentan de carroña. Las aves acuáticas son pingüinos y petreles [12]: miríadas de éstos últimos están constantemente aleteando cerca de la orilla [13] . Al desembarcar, vimos algunos infelices de aspecto miserable [14],  agobiados por achaques; algunos mestizos del país; uno o dos soldados holgazanes asoleándose en la playa con la energía apenas suficiente  para cumplir su consigna de formular las preguntas habituales."  

[Aspecto de la ciudad: sus calles, sus casas  y sus habitantes].

"Entrando en las calles, la escena de ningún modo cambia; todos los que se encuentran parecen víctimas  de alguna enfermedad y uno imagina caminar por un lugar donde la peste hace estragos. Había pocos ingleses en Arica y en este tiempo todos más o menos estaban en la categoría de inválidos, por la fiebre aguda, enfermedad reinante en la costa del  Perú [15]. Nuestra primera vista fue al gobernador; estaba fumando un cigarrillo y usaba un poncho ordinario; su casa no era mejor que las demás. Nos recibió en la sala con piso de barro duro y muy desparejo; las paredes, de un blanco sucio, adornadas con pocos cuadros de marco negro. El cielo raso de cañas atadas y bastante fuerte para resistir el peso de barro del techo [16]. Los temblores dominan mucho en el Perú y ninguna de estas casas tiene más de un piso...".

(siguen unas líneas de menor interés que describen la presencia de una dama que acompaña al gobernador y del secretario  que les hace muchas preguntas  sobre el motivo del viaje. Finalmente, el gobernador firma el pasaporte respectivo).

[Descripción de la balsa de cueros de lobos marinos.

[En este subtítulo hemos  utilizado nuestra propia traducción  del original inglés, la que difiere en algunos aspectos importantes de la que trae Alberto Tauro].

"Cuando tratamos de regresar  a bordo, observamos que las rompientes habían aumentado en forma tal, que nuestro bote no se atrevió  a acercarse a tierra y nos vimos  obligados a volver al barco en una balsa. [Esta embarcación es] una especie de globo marino  [sea-balloon] que se componía de dos  pieles de foca [16], tiesas [tight] e infladas [inflated]  como vejigas [bladders], [y es]  capaz de  mantenerse a flote  sobre la rompiente más fuerte sin  el menor peligro [17]: el largo [length]  de [cada sección] de la balsa era de nueve pies por seis de  circunferencia [circunference]  [18]. Dos de estas vejigas se adosan, una a cada lado [are laid together] [19],   y en su parte superior [top]  se fija una especie de plataforma hecha de caña [20]. El artefacto [machine] puede sostener dos a tres personas [21].
El indígena  que sirve de piloto de esta rarísima [non-descript] embarcación  va sentado al frente  y emplea un remo doble [double paddle] [22]  con el cual la impulsa hacia adelante con gran velocidad. El pasajero se sienta con las piernas cruzadas [crossed-legged]  y como el agua se encuentra casi al mismo nivel de la plataforma,  su parte inferior [his nether balk] tiene la ventaja de mantenerse fresca [cool], especialmente cuando el mar está algo agitado [23]. En cierta ocasión yo fui expulsado de una balsa junto a la playa, por una torpe maniobra de mi Caronte [o piloto],   y por poco me ahogo por el impacto de una gigantesca ola que reventó sobre nosotros [a heavy wave breaking over us], y sólo a costa de enormes esfuerzos  nos fue posible alcanzar  tierra firme, sano y salvo" [to reach the dry land in safety] [24];  página 355 del original. inglés de Haigh).



[Observaciones hechas en la playa al norte de la ciudad] .

Estuve seis días en Arica, esperando algunos informes y me divertía  paseando por las afueras reconociendo los alrededores que forman parte de la ciudad. El suelo al norte del poblado  parece rico; sin embargo, es pantanoso y los vapores que exhala se dice que producen tercianas agudas [25]. Encontré algunos enormes huesos de ballena entre el ripio; la marejada, después de una brisa, es tremenda en la costa y esos monstruos del abismo son echados frecuentemente donde hay poca agua, no pueden salir y mueren golpeados contra las roca [26].  Cerca de Arica se encuentra el sitio de la ciudad vieja, cuyos cimientos son visibles  [27].

[Arica desde el punto de vista comercial].

Arica es puerto de consumo muy limitado por ser reducida su población, pero entonces era desembarcadero de las mercaderías destinadas a Tacna, La Paz y más al interior, y ha progresado mucho en los últimos años, ciertamente no como mis lectores admitirán, según lo requería [28]. Sin embargo, Cobija se ha hecho puerto del  Alto Perú, con mucho perjuicio de Arica [29]."


Fin del texto.



Notas nuestras (entre paréntesis cuadrados en el relato de Haigh).

(1)  Si pudo Samuel Haigh contratar en Inglaterra un barco con mercaderías a su nombre, y moverse libremente en él  por  las costas del Pacífico, significa que ya disponía de un capital importante  que le permitía  actuar y comerciar  por cuenta propia  y ya  no subordinado a terceros. Ya no era un simple empleado, como lo fue en sus primeros tiempos en Londres. Había surgido y hecho ya cierta fortuna.

(2)  Los puertos "intermedios" [situados entre Valparaíso y Callao] aquí aludidos eran, a lo que creemos, entre otros, Chilca, Islay y Pisco.

(3)  ¿Qué significa  en este contexto la frase: "asegurar las minas de Huantajaya"?. Sospechamos que se refiere   al hecho de que Mr. Andrews, está operando como mandante de algún  inversionista inglés  que ha decidido comprar y activar algunas posesiones mineras (estacas) en el antiguo mineral colonial de Huantajaya, junto a Iquique. Lo que revelaría el interés aún vigente por estas minas de plata, que tanta  riqueza habían dado a los mineros tarapaqueños de Pica y Tarapacá  entre mediados y fines del siglo XVIII.  Recordemos a este respecto que Charles Darwin, en su vista a Iquique  en Junio del año 1835, ni siquiera se da el trabajo de visitarlas, - prefiriendo ir a conocer la salitrera "La Noria" de su connacional  George Smith-   por encontrarse  éstas por entonces,  casi del todo paralizadas. De paso, señalemos como curiosidad lingüística el hecho que el original inglés apunta "Guantahaya". ( con h interpuesta en lugar de j ).

(4)   Es decir, carente absolutamente de vegetación (y por tanto "estéril"). Esto es real y efectivo excepto en aquellos escasos lugares donde existen "oasis de niebla", como producto de la camanchaca costera, de los cuales los antiguos pilotos y viajeros, salvo en el caso de los cerros altos de Cobija, prácticamente nada sabían. La potencialidad vegetacional de estos "oasis de niebla" es una realidad  que llega a conocerse en Chile sólo desde mediados del siglo XX. La única excepción es  el parque de "Fray Jorge". en la IV Región,  que fuera bien  estudiado por el botánico  Federico Philippi,  a fines del siglo XIX.

(5)  No olvidemos que en este tiempo viajan en un pequeño bergantín a vela. Los veleros serán  vistos en todos los puertos del Pacífico hasta fines del siglo XIX  y  aún en los primeros años del  siglo XX.. Muy pronto serán definitivamente suplidos por barcos a vapor. Y comenzará en el mundo, por vez primera,  la navegación altamente contaminante (!).

(6)  La frase tal cual ha sido traducida por Tauro no tiene sentido; al parecer, se ha querido señalar que  el aspecto agradable que tiene desde lejos, no se corresponde para nada con el que se observa al llegar a tierra.

(7)   600 casas de paredes de  barro y de un solo piso - como indica el autor en otra parte-  equivalen  a  una población que a lo más podría alcanzar  los  2.400 - 2.500  habitantes. Arica es ahora sólo una sombra de lo que fuera en la época del auge de la explotación de la plata en Potosí, cuando  debía  suministrar miles  de mulas y arrieros  para  mantener el tráfico  incesante de mineral que afluía a este puerto.   Valparaíso en este mismo tiempo (1825),  tiene una población cercana a los  20.000 habitantes  y ya ostenta una enorme colonia de residentes ingleses, tal como nos  lo indica Haigh  en su relación..

(8)  Esta franja  ("tirita") verde que nos indica Haigh  consistía en un inmenso totoral [ecotopo constituido particularmente por juncos [Juncus sp.] y totoras (del género Scirpus sp.], que se extendía por la playa de Chinchorro hacia  al norte de la ciudad hasta perderse de vista. Este totoral fue ya tempranamente descrito por el cronista carmelita Vásquez de Espinoza, hacia 1630, quien señala el frecuente uso que de él se hacía para  fabricar cestos y capachos, con sus largas hojas fibrosas, para proteger las cargas de botijas  y elementos delicados que se disponían, en alforjas, a ambos costados de las  mulas. Del antiguo totoral ya nada queda hoy prácticamente, salvo algunos matorrales de plantas, en especial soronas [Tessaria absynthioides]  que resisten la alta salinidad. Buena parte de la superficie antigua de este totoral ha sido edificada en las últimas 5-6 décadas. Como los terrenos aquí son muy bajos, algunas fuertes marejadas marinas  han producido, de tanto en tanto, inundaciones de consideración en el sector, con los daños consiguientes.

(9)   Desde este  Morro  "blanco" [el afamado "Morro de Arica"], se da  inicio,  en esta sección, al conjunto de contrafuertes de nuestra Cordillera de la Costa,  rumbo al Sur.  La coloración blanca se debe a la antigua existencia de depósitos de guano, producto de las deposiciones de las aves guaneras en los roqueríos y morros del litoral  durante varios milenios. Buena parte de las bases de este Morro fueron excavadas, en 1929,  para obtener ripios y rocas  para la construcción del terraplén  que hizo de "puente"  con la antigua isla  "Alacrán" , cerrando así por el  sur la bahía de Arica. A los pies del Morro,  existió una buen aguada, casi a la orilla del mar, de la que se surtían los marineros y los primitivos habitantes pescadores changos y camanchacas.  

(10) Las casas de Arica o fueron construidas parcialmente de adobes, o de una mezcla de caña y barro  en muros y techumbre  [quincha]. El adobe era empleado en las construcciones de la gente más acomodada. Los techos eran siempre planos y cubiertos de una capa de barro, pues  aquí no llueve casi nunca. La construcción en los sectores populares solo consistió  en casuchas hechas de simple quincha [muros y techos] de  cañas amarradas y barro. De este modo, estas casuchas resultaban prácticamente asísmicas en caso de fuertes temblores, muy  frecuentes en la región. La caña  o cañaveral [Phragmites communis] es una planta monocotiledónea  que se daba muy bien y en  gran abundancia en los valles de Azapa y Lluta, allí donde se podía encontrar agua en superficie o a escasa profundidad en el subsuelo (vertientes o puquios).

(11)  Estros "gallinazos"  son, casi con certeza,  nuestros "jotes de cabeza colorada"  [Cathartes  aura]. El jote de cabeza negra [Coragis atratus]  es más propio del Centro y Sur de Chile. El jote o gallinazo es un animal carroñero y no consume ni persigue jamás presas vivas. Recorre infaltablemente las playas, planeando  muy bajo, en grupos de dos o más ejemplares, en procura de desperdicios tanto marinos como humanos. Se le ha considerado,  con razón,  el "aseador por excelencia de las playas".

(12) El pingüino de Humboldt [Spheniscus humboldtii],  de origen antártico,  es el único pingüino  que siguiendo  de sur a norte la corriente fría de Humboldt, llega hasta la latitud de Arica y aún algo más al Norte  en el sur peruano [Pisco].  Ésta constituye su  área de dispersión  septentrional máxima.

(13)  Los "petreles" a que aquí se hace alusión, muy probablemente sean los guanayes (Phalacrocorax bouganvillei]  que suelen rastrear en gran número y a muy baja altura  las costa en  procura de su alimento preferido la anchoveta (Engraulis ringens].  Se les suele ver, por las tardes, en interminables bandadas en fila,  hacia la puesta del sol, rumbo al sur o al norte, según la época del año.

(14) y (15). Alusión evidente a la terrible existencia del mal endémico de la malaria o paludismo en los valles de Arica. Muchos autores, tanto visitantes extranjeros como locales  (como don Pedro de Ureta y Peralta a fines del siglo XVIII; ver etiqueta correspondiente en este mismo Blog) , hacen alusión a los estragos que causaba esta enfermedad y a las fiebres intermitentes o tercianas que provocaba. Este mal, provocado, por el zancudo Anopheles [hay cuatro especies de este mosquito] es el  transmisor del vector  Plasmodium  sp. y produce una de las enfermedades  más debilitantes. Se calcula que cada año mueren 1,2-1,4  millones de personas de esta enfermedad, máxime en el Africa. Habiéndose conocido su causa exacta, la enfermedad fue finalmente erradicada por fumigación de las aguas estancadas de los valles del norte de Chile,  gracias a la obra benéfica e infatigable del Dr. Juan Noé en  la década del 30 y 40 del pasado siglo. El hospital de Arica lleva,   en su memoria, su glorioso nombre.

(15) Estas fiebres intermitentes o "tercianas" fueron atribuidas erróneamente,  en tiempos coloniales,  a los "malos aires" [de aquí viene el nombre de "malaria"] o "miasmas" -según se decía- que emanaban de  las zonas pantanosas "Paludismo" viene del término substantivo latino "palus-udis" que significa  precisamente "pantano". Los antiguos, con plena razón, conectaban instintivamente el origen de este mal con las zonas pantanosas; no conocían aún al vector de ella el pequeño díptero (Fam. Culícidae) denominado  Anopheles sp. En la ciudad de Arica, durante nuestra estadía en los años 1971-72 nos tocó conocer a varias personas que fueron afectadas cuando jóvenes por este mal, cuyas consecuencias debieron soportar durante toda su vida. Al sobrevenirles las mentadas "fiebres tercianas",  prácticamente quedaban incapacitados por espacio de tres días para  ejercer sus funciones normales y debían guardar cama.

(16) "Pieles de foca". Es frecuente en los autores ingleses  el confundir "lobos marinos" [Otaria spp.] con "focas" [Phoca spp.].  La gran familia Pinnipedia se divide en tres grupos, entre ellos,  Otariidae (lobos marinos)  y  Phocidae (focas). En efecto, son mamíferos marinos muy semejantes entre sí  y es fácil confundirlos. Las focas viven en aguas muy heladas, en el hemisferio norte con presencia abundante de hielos. Los lobos marinos tienen un rango de distribución  mucho mayor a lo largo de las costas, y se distinguen, entre otros rasgos, de inmediato,  por presentar órganos del oído externos (orejas)  muy visibles. Las focas carecen de ellas.

(17) Es digna de ser destacada la  excelente descripción que el autor hace de la balsa de cueros de lobos marinos de esta costa sur peruana y norte chilena. La analizaremos ahora con lupa.  La primera mención histórica de estas curiosas balsas de esta costa parece debe atribuirse al cronista español Cieza de León, pero su descripción precisa y detallada, en un capítulo completo de su obra,  se debe a la pluma acertada y precisa  del cronista soldado Gerónimo de Bibar en su Crónica y Relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile, 1558. (capítulo VI. Edición 1966: 10-11). Señala Haigh  en su fina descripción que la balsa está  formada por dos  "vejigas" (bladders), cada una de ellas  hecha de dos cueros de lobo marino, cosidos admirablemente con finas espinas de cactus y tendones y untados con una mezcla como un pegamento, que  la hace hermética. La  gran maniobrabilidad náutica  de estas pequeñas embarcaciones es algo que asombró siempre a muchos de los descriptores tempranos. Alguno de ellos dice,  con plena razón, que son,  en la práctica, "insumergibles"  (Ruschemberger, 1834).

(18 - 20)  Según  este relato y con los datos que nos da  Haigh, tratemos de calcular las medidas aproximadas de la balsa que lo transportó a su barco  Cada balsa está conformada por  dos de estas  "vejigas"  iguales,  (semejantes  a dos cilindros)   puestas una al lado de la otra y bien amarradas. Según  Haigh, la  longitud  de cada  "vejiga" equivale a  2,74 m  (lo que vendría a ser el  largo total de la "balsa"),   siendo la  circunferencia  de cada vejiga  (pues son prácticamente redondas), 1.83 m. ¿Tomó expresamente  las medidas Haigh,  o sólo aproxima?.  Sin duda, es sólo una buena aproximación, hecha tras la atenta observación de un avezado comerciante. Ahora bien, si la "circunferencia" de una vejiga (en forma de cilindro y no de pelota redonda) )  la calcula en 1.83 m  el diámetro (o ancho) de  éstas, dividiendo por el  valor de Pi [3,1416],   llegó a medir aproximadamente 0.58 m. Al amarrar ambas vejigas, una al lado de la otra,  nos  permite calcular  el posible  ancho total de artefacto o "máquina", (como la llama Haigh)  en  unos 1,16 m. Si agregamos ahora  unos  pocos centímetros  (5-6 cm)  por las cuerdas que amarran y mantienen juntas  ambas vejigas, llegamos a un posible ancho máximo del artefacto del orden de 1,22 cm. Como cada balsa posee una  especie de plataforma formada de cañas bien amarradas entre sí, tal vez  en forma de una esterilla trenzada,  ésta pudo probablemente sobresalir unos escasos centímetros fuera de borda,  alcanzando así  la balsa  un ancho máximo de  1.30 m. - 1.34 m.  ¿Qué largo tenía la plataforma que debió sostener al piloto (que van sentado  al frente)  y al pasajero, más sus pertenencias'  Tal vez el doble, esto es aproximadamente   2.60 m  como máximo;  probablemente,  un poco  menos. En este estrecho espacio  había, a lo más, cabida para un  piloto y un par de pasajeros; o para dos personas y  algunos bultos de equipaje  (baúles o cestos, bien apretados). Los bultos seguramente iban muy bien atados a la estructura de la balsa, dada extrema la movilidad de la embarcación al surcar las olas   y/o atravesar la rompiente.

(21)  Sabemos que había balsas  de tamaños diferentes,  habiendo algunas de mayor tamaño que otras, las que permitían cargar varios sacos de salitre. Su tamaño dependía  del tamaño del animal elegido para  servir a este propósito. Como los  machos son más grandes y prominentes que las hembras en esta especie, es  muy posible  que se haya elegido machos ara la  confección de las balsas de mayor envergadura..

(22)  Tauro pone "pala" en vez de "remo". Lo que claramente desvirtúa y confunde  al lector. Se trata del remo doble"  [double paddle] , bastante largo,  que se maneja por su parte central con ambas manos, con el que se va remando, alternativamente, de uno y  otro lado, de la embarcación. El piloto va  al frente en la parte de proa, sentado  o  en cuclillas, y  casi con  los pies dentro del agua.

(23)  Tauro en su versión  señala que  es el trasero del piloto el que va comúnmente mojado. El texto no corrobora su versión.

(24)   El relato señala claramente que no era nada  fácil mantenerse firme  en el estrecho "asiento" o plataforma de la balsa. El pasajero no acostumbrado,  podía fácilmente caer al agua en uno de los tumbos, al surcar la embarcación la  cresta de las olas o las rompientes,   al  aproximarse a la playa.

(25) Vea nuestra Nota  anterior Nº  15,  referida a la presencia de la malaria o paludismo en el valle de Arica. A sus "vapores" o "miasmas", se atribuye el contagio con la malaria.

(26)  La presencia frecuente de ballenas  y cachalotes en el litoral  del sur peruano y norte chileno se suele destacar con bastante frecuencia entre los  viajeros. Estos cetáceos que hoy muy raramente vemos vararse,  debido a la excesiva caza a que son sometidos por los grandes flotas pesqueras, especialmente japonesas,  constituían, al llegar a la orilla agotados,  un verdadero "manjar de los dioses" para los antiguos camanchacas y changos. Así lo relata  gráficamente el mismo cronista sacerdote  Vásquez de Espinoza para este mismo litoral norte.  Durante días, los indígenas permanecían, allí día y noche,  alimentándose de su carne y su sangre, y extrayendo su grasa para distintos usos. Podemos imaginar sin dificultad  su aspecto y su olor,  .

(27)  No nos queda claro el sentido de esta frase. Aparentemente,  se señala que la "ciudad vieja" (esto es colonial) quedaba algo más lejos, valle adentro  (?).  Haigh dice haber visto "sus cimientos" con sus propios ojos. Tal vez, estaba arrimada estrechamente a  la porción norte del Morro, algo alejada de la costa. Posteriormente al parecer, la ciudad se fue desplazando hacia el Norte y hacia el Este, ocupando todo el fondo del valle y la zona de la desembocadura del río San José de Azapa..

(28)   Frase muy enredada. Falla evidente en la traducción. La ciudad habría progresado en número de habitantes,  pero su triste aspecto no se condecía  con tal  "progreso". Este parecería  ser el sentido correcto.

(29)  Se alude aquí  con claridad a la apertura oficial del puerto de Cobija para la república de Bolivia por orden expresa del mariscal Sucre. El coronel Francis O´Connor, marino irlandés al servicio de la causa insurgente americana y  que servía en el ejército de Bolívar,  fue el encargado de buscar, a lo largo de la costa, un puerto seguro para la naciente república que llevará el nombre del libertador Bolívar: Bolivia. Durante meses en el año 1825 recorrió O´Connor pacientemente la costa atacameña, al sur del río Loa, buscando   un lugar de buena recalada,  donde hubiese suficiente recurso de agua. Optó sin vacilaciones por Cobija. Cobija operaba de facto como puerto del Alto Perú desde antiguos tiempos coloniales, pero no había sido formalmente habilitado como tal. No había administrador ni Aduana, ni servicios de ninguna clase. Era tan solo una  humilde caleta de changos. En 1825, recién habilitada Cobija, Haigh visualiza el perjuicio enorme que la naciente Cobija podría inferir  a Arica, al desviar mucho tránsito y movimiento de mercaderías  destinadas al Alto Perú  que normalmente llegaba a  Arica,  hacia  este  nuevo puerto habilitado en la costa de Atacama. Ventaja económica  que el ojo avizor del  hábil  comerciante Haigh no podía  dejar escapar. Esta declaración sin duda prestó  gran  utilidad a  los comerciantes que le siguieron, para los cuales expresamente escribe, según se señala en  el título de la obra.

(Fin de nuestro comentario).






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