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jueves, 27 de septiembre de 2018

El inglés William Bollaert y la Isla de Pascua o Rapa Nui: referencias al secuestro de nativos conducidos a la fuerza a las guaneras del Perú.



Fig. 1.  Foto  original de Hans Helfritz de un moai semi-enterrado en las faldas del volcán Rano Raraku. (presentado en revista argentina "Histonium", Buenos Aires, Septiembre 1949, en artículo sobre Isla de Pascua).

El doloroso tema del secuestro o rapto  de isleños de Rapa Nui.

En un capítulo anterior, hace unos días atrás,  hemos presentado un artículo bastante desconocido sobre Isla de Pascua o Rapa Nui, publicado en la revista  de cultura argentina "Histonium" en el mes de septiembre del año 1949, hace casi setenta años. Dedicado a la fiesta nacional de Chile, contiene numerosos artículos sobre diversos aspectos de la historia y cultura chilenas  escritos por connotados  autores de la época. Entre ellos, destaca este artículo sobre la isla.

Hicimos mención allí a una referencia concreta del químico inglés William Bollaert  al secuestro de nativos de la isla, en la década del 1860, efectuado por navíos de bandera peruana. Estos isleños prisioneros, fueron conducidos como esclavos para trabajar en las guaneras peruanas  de las Islas Chinchas y en las haciendas azucareras del país. Secuestrados a la fuerza de su isla, fueron vendidos en el puerto del Callao a su arribo al continente.. Casi todos murieron  al poco tiempo, atacados por la fiebre amarilla o el cólera. Ahora cumplimos con nuestra promesa de dar a conocer la referencia exacta con  algunos comentarios nuestros.

Referencia del investigador inglés Willim Bollaert.

Relata con dolor este hecho el investigador inglés William Bollaert en una presentación que hizo en  la Sociedad Inglesa de Antropología (Londres) en el año 1863. Bollaert había hecho la denuncia de este delito ante el consulado inglés en Lima. Las correrías de navíos peruanos piratas por las islas de Oceanía en busca de mano de obra esclava, se extienden a lo menos entre los años 1860 y 1863. Ante los sucesivos reclamos de los Cónsules de Francia e Inglaterra, tal actividad esclavista termina pronto- tal como aquí lo señala Bollaert-, no sin antes haber logrado conducir forzados a las costas peruanas, cerca de 1.000 infortunados, la casi totalidad  de ellos procedentes  de Isla de Pascua o Rapa Nui. En el puerto del Callao donde eran puestos a la venta, los  raptores obtenían pingües ganancias ofreciéndolos como "trabajadores", de hecho, a la verdad,  "esclavos" modernos, capturados a viva fuerza en su isla natal.

Rememorando los viajes  de barcos negreros españoles y portugueses.

 Esta tenebrosa historia representa una tardía y fatídica reproducción de las "cacerías" efectuadas por  barcos negreros, particularmente portugueses, catalanes y españoles, a las costas orientales de Africa en los siglos XVI y XVII, para capturar esclavos, los que eran conducidos a América, la mayoría de ellos al puerto de Cartagena de Indias, en Colombia y vendidos allí a  buen  precio a  los hacendados del lugar. San Pedro Claver (1580-1654), misionero y santo jesuíta de la época,  fue uno de los pocos encargados de dar atención espiritual y material a los pobres esclavos, a su arribo a  Cartagena de Indias en condiciones misérrimas. Los Archivos de la Compañía de Jesús en Roma ofrecen abundante información sobre este doloroso y bochornoso episodio de la historia americana.  Pero, -aclaremos- era éste, por lo demás,  un procedimiento usual en esa época, (siglos XVI y XVII) en que la esclavitud era aceptada,  pero no, dos siglos después,  ya en pleno siglo XIX, cuando las  repúblicas americanas se habían independizado de España hacía ya tiempo. 

Quién fue William Bollaert, el acusador.

William Bollaert es hoy un personaje bastante bien conocido para los investigadores chilenos y peruanos que escriben sobre la Antropología, Arqueología, Geografía o Historia de la región de Tarapacá, en aquel tiempo en posesión del Perú. Hijo de un inmigrante holandés asentado en Londres, llegó  a Iquique  muy joven en el año 1825, como ensayista de metales (químico, diríamos hoy), y se instaló en la Mina de plata de Huantajaya, junto a la actual ciudad de Alto Hospìcio, cercana a Iquique. Desde allí recorre,  incansablemente, más por curiosidad intelectual que por encargo específico, toda la  región de Tarapacá, incluyendo los sectores altiplánicos más alejados,  y nos presenta, en sucesivos artículos científicos, la realidad geográfica, social y económica de la Provincia  que da a conocer ante el público científico europeo. Reside en la provincia por dos períodos, totalizando más de 25 años de permanencia en el área.

El mejor conocedor de Tarapacá en su tiempo.

 En el Perú de su época, Bollaert llega a ser, con toda  probabilidad, el más profundo conocedor de  la Provincia, la que describe prolijamente tanto desde el punto de vista de su geografía regional, como de su economía, demografía, antropología, historia, etnografía y aún folklore. Prácticamente nada escapa al ojo avizor de Bollaert, Y tanto el científico como el historiador  o el folklorólogo de hoy encuentra en sus numerosos trabajos, a cada paso,  gran cantidad de referencias a las costumbres, ceremonias y usos de los indígenas tarapaqueños de entonces. Los trabajos de Bollaert son hoy un inagotable venero de información de primera mano.

Referencias sobre William Bollaert.

Acerca de Bollaert y su actividad en Tarapacá puede consultarse al historiador  Oscar Bermúdez en su trabajo: "Esbozo biográfico de William Bollaert", en Revista  Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, 1975, Vol. I, Nº 3-4,  313-318, Santiago.  Una  minuciosa descripción suya de la provincia de Tarapacá, puede verse, en traducción nuestra, en  la misma revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad  Católica de Chile, 1975, tomo I,  Nº 3-4: 459-478; con cinco Láminas originales del autor. . De gran utilidad es, igualmente  consultar el reciente trabajo de Luis Castro, Carolina Figueroa et al., "William Bollaert y sus descripciones geográficas, cartográficas y antropológicas sobre la provincia de Tarapacá en la etapa de la formación republicana del Perú 1827-1854", en la revista  HISTOReLo (sic!), revista  de historia regional y local,  Vol. 9, Nº 18, 2017: 121-164, Colombia.

Observación  accidental al tema de los esclavos  secuestrados de Rapa Nui . 

La referencia de Bollaert a este tema del secuestro de nativos de Isla de Pascua, es de carácter meramente circunstancial. No se trata, pues, de un artículo completo dedicado a este tema como nosotros mismos lo pensamos inicialmente. De hecho, Bollaert jamás visitó la Isla de Pascua, y sus referencias a la isla (que gustosos ofrecemos ahora en este capítulo)  son fruto o de sus lecturas, o del conocimiento indirecto de los hechos a través de sus numerosos contactos en Lima y Callao. Pero sí conocía de cerca las condiciones de trabajo en las guaneras peruanas de las Islas Chincha, a donde serían destinados casi todos los cautivos polinésicos en 1862. Sobre éstas, había escrito ya una reseña  en el periódico inglés Illustrated Times, el 5 de Marzo de 1859.

¿Dónde aparece este tema en la obra de Bollaert?.

 Lo que Bollaert nos refiere sobre este particular ocurre cuando el  autor examina, en uno de sus mejores artículos científicos,  la población del Perú en la época de su propia permanencia allí (entre  1825 y 1870, aproximadamente). La primera referencia que hemos hallado, es un corto párrafo de un extenso artículo suyo de carácter demográfico titulado: "Observations on Past and Present Populations of the New World" y fue leído en una sesión de la Anthropological Society  of London el día 12 de Mayo de 1863. Aparece publicado en la revista Transactions  of the Anthropological Society of London, vol. I, 1863, pp. iii-x. Hoy tenemos la fortuna de poder leerlo cómodamente en Internet:    https://www.jstor.org/stable/30254123. 

Su texto en inglés:   

"Peru has 2,300,000 [inhabitants] including  240.000 whites, the greater portion  Indians, but with the introduction of the Negroes more than twenty three different varieties are well known and distinctly named. Chinese have been regularly  imported for years past as laboreurs. Some polynesians have also been kidnapped, but this traffic was soon stopped; the change of climate and food was fatal to ther latter"(paréntesis cuadrados y cursivas mías). 

En traducción castellana nuestra:

"Perú tiene 2.300.000 [habitantes] incluyendo a 240.000 blancos, la gran proporción [son] indígenas, pero con la introducción [al país] de los  Negros, más de 23 diferentes variedades [raciales, fruto del mestizaje] son bien conocidas y [son] nombradas en forma diferente. Los Chinos han sido regularmente importados en los años pasados en calidad de trabajadores. Algunos polinesios han sido igualmente secuestrados, pero este tráfico fue detenido pronto; el cambio de clima y alimentación fue fatal para estos últimos". (Cursivas y paréntesis cuadrados nuestros!).

Esta última frase, en cursivas nuestras, fue interpretada erróneamente por algún miembro de la  Sociedad de Antropología de Londres (seguramente por el secretario de redacción del Acta de la sesión anterior), y fue mal entendida como si se tratara de negros que habían sido secuestrados y llevados a la fuerza a Isla de Pascua, donde murieron. Este es el error que aquí Bollaert  quiere corregir en forma muy caballerosa,  indicando a qué se había referido él puntualmente. Y en este contexto, nos ofrece su breve, pero elocuente y casi desconocida referencia a los nativos de Isla de Pascua raptados y llevados por la fuerza a las costas peruanas.  

A continuación, anoto la referencia exacta de W. Bollaert en su texto original inglés, fotocopiada por mí en Stony Brook (USA), durante mis años de doctorado en Antropología (1984-86), pero aún  perfectamente legible  (subrayados míos):

Traducción nuestra  de este texto:

"Al Editor de la Anthropological Review:  Señor, en la página 186, en el  informe de la discusión ante la Anthropological Society se establece que el Sr. Bollaert había mencionado el caso de un número de Negros que habían sido secuestrados y conducidos a la Isla de Pascua [Eastern Island], donde rápidamente murieron por efecto de la disentería y  el sarampión. [Pero] lo que yo afirmé fue que un número de aborígenes (es decir,  polinésicos), habitantes de Isla de Pascua (entre los 75º 5´ y 75º 12´ de latitud sur y entre los 109º y 110º de longitud oeste), habían sido secuestrados y llevados al Perú, con la intención de convertirlos en peones. Ellos no pudieron o no quisieron ser enseñados para el trabajo. El indio generalmente  no es un individuo [apto para el] trabajo y  a consecuencia del cambio de clima y alimentación, muchos murieron de disentería y sarampión.Yo quisiera agregar que el secuestro de nativos desde algunas de las islas de la Polinesia ha sido  [efectivamente]  perpetrado  y ellos han sido  llevados al Perú como peones. Sin embargo, las autoridades nacionales [inglesas] y francesas en dichas áreas  pusieron fin  de inmediato a aquel  horrendo procedimiento, lo mismo que hizo el gobierno peruano". (A  continuación, sigue un largo párrafo, enteramente diferente, dedicado a examinar la presencia de sangre judía en Nueva Granada (Colombia), tema que aquí no viene al caso. Al término de esta cita, Bollaert apunta la fecha: Londres, 2 de Mayo de 1863, Firma W. Bollaert). (subrayado y paréntesis cuadrados nuestros).
  
La nota al pie de página señala: "nosotros hemos insertado [aquí] la nota del Sr. Bollaert, pero aprovechamos la oportunidad de señalar que no somos responsables, en modo alguno,  de los contenidos del Journal de la Sociedad, así como la Sociedad Antropológica  tampoco es responsable del contenido de la Revista. El  Editor".

Una cruda descripción de este secuestro de indígenas de Rapa Nui.

Alfred Métraux (1902-1963) es uno de los más prestigiosos etnólogos que han estudiado las culturas de Sudamérica. En los años 1934-35 dirigió una expedición francesa de estudio a  Isla de Pascua.  Es autor de muchas obras, pero en el tema que aquí nos atañe es autor de una valiosa obra sobre a Isla. (En francés  L´Ile de Paques, original de 1941; traducción castellana como:  La Isla de Pascua, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1950).

Sobre el tema que hoy nos preocupa, el rapto de nativos de la Isla, aporta este investigador la siguiente y sobrecogedora descripción:

"El miserable cargamento de carne humana [aludiendo a los 800 a 900 pascuenses capturados en Rapa Nui por barcos negreros del Callao que arriba a puerto el 12 de diciembre de 1862]  llegó
al Perú y fue inmediatamente vendido a las compañías que explotaban el guano. En pocos meses, la enfermedad, los malos tratos y la nostalgia redujeron a un centenar  los novecientos o mil indígenas capturados. Gracias a la intervención de Monseñor Tepano Jaussen [obispo católico de Tahiti],  el gobierno francés hizo presiones diplomáticas ante el Perú a las cuales se asocian los ingleses. Poco después, se dieron órdenes oficiales para que fuera repatriado el puñado de pascuenses que había sobrevivido a esos meses de trabajo forzado. Fueron puestos a bordo de un barco que debía  volverlos a su isla, pero la mayor parte murieron en el camino víctimas de la tuberculosis y de la viruela. Solamente quince nativos regresaron a la isla; su vuelta constituyó la más grande desdicha para los habitantes que habían quedado. Poco después de su retorno,  se declaró una epidemia de  viruela, cuyo germen había sido llevado por los cautivos y que convirtió a la isla de Pascua en un vasto cementerio".(1945:57-58;  paréntesis cuadrados nuestros).

Ese triste episodio es uno de los hechos más bochornosos y tristes ocurridos en la historia de la Isla, sometida posteriormente y por decenios a una intensa  explotación agrícola y ganadera por parte de concesionarios franceses que utilizaron a los pascuenses como mano de obra barata. El gobierno chileno hoy -al igual que el peruano- debería también hacer un  profundo y sentido "mea culpa" por la manera indigna con que abandonó en esos años, al pueblo rapanui, indefenso,  completamente sometido a concesionarios extranjeros despiadados. La misión católica a cargo de misioneros de la Congregación de los Sagrados Corazones (SSCC) se opuso tenazmente a tal trato ignominioso e hizo lo indecible por  proteger a los nativos de los abusos. Se llegó al extremo de retirar a un grupo de pascuenses a Tahiti  para salvarlos de las manos del concesionario francés M. Dutrou Bornier que los esclavizaba. Se desató así una verdadera contienda entre los misioneros y el concesionario.  Existe abundante información en los archivos de la Orden en Roma sobre esta admirable y sacrificada labor  de protección   de los pascuenses, labor de la que poco o nada se habla hoy, cuando la crítica a las Misiones y misioneros, está a la orden del día.

Consulta obligada sobres este tema  es por cierto  la obra del sacerdote capuchino alemán Sebastián  Englert (1888-1969)  "La Tierra de Hotu Matúa", [original 1948] que  fuera durante  más de 30 años misionero católico en la Isla. Es, lejos,  el trabajo más documentado y serio que se conoce sobre esta Isla y sus habitantes. Englert, llegado a la isla en 1935 después de trabajar con los mapuches del sur de Chile, llegó a dominar  tan a fondo la lengua pascuense que escribió un  diccionario de la misma (1938), y sus escritos  han  impresionado a los científicos por su  profundidad  y su riqueza de información. En 1955 fue consultor obligado de la expedición científica a la isla liderada por el noruego Thor Heyerdhal.

Otras referencias de W. Bollaert  sobre  Isla de Pascua.

Espigando entre sus escritos, hemos hallado  un par de referencias más, que atañen directamente a la Isla. La primera, dice relación con su poblamiento, y la segunda, hace referencia a sus principales monumentos, los Moais. He aquí los textos:

"Velasco [se trata del jesuíta Juan de Velasco] , the historian of Quito, and other writers of his time as well as some moderns, have supposed that Peru was peopled from the west, making Easter Island a stepping-stone [3]. This  is another fanciful idea, and the examination of the now delapidated stone (volcanic) idols of that island (not the work of the present race), will help but little this conjecture (1860: 23-24).

Traducción nuestra: "[el Padre Juan de] Velasco [S.J.] el historiador de Quito, y otros escritores  de su tiempo,  así como algunos otros modernos, han supuesto que Perú fue poblado desde el  occidente, poniendo  a Isla de  Pascua como un  escalón [intermedio de paso].  Esta es otra idea fantasiosa y el examen de los ídolos de piedra de la isla , hoy destruidos, (y que no son obra de la raza actual), poco ayudarían a sostener dicha conjetura". (1860: 23-24).

(Note 3 (de la cita anterior): El jesuita Juan de Velasco (1727-1792) fue autor de la obra "Historia del Reino de Quito en la América meridional", publicada en 1789).

El texto inglés de la segunda referencia a la isla, es éste:

"Eastern Island, 27º 05` S [and]  109º 46´ W.,  1500  miles from the nearest western island and 2000 from the coast of Peru. The people tatoo and paint. There are three platforms of stone work, in ruins, on each stood four statues, one fifteen feet high, first seen by Davis in 1686. Population said to be 6000 to 7000. These people pierced, but unlike the Peruvian orejon (sic!), some of the Mongols have their ears pierced and enlarged. [Jacob] Roggeveen  [escrito Rogweggen], 1722, in Dalrymple´s  Voyage, mentions the worship of the sun  in Eastern Island. One man there  with white pendants in his ears, white and round, size one´s fist, appeared to be a priest. See Delafield´s Origin of American Antiquities, 1839, Bradford, 429. Ellis Pol. Res. III, 325; IV, 101.(pg. 23).  (Adiciones en paréntesis cuadrados nuestros).

Nuestra traducción:

Isla de Pascua [situada a los] 27º 05` S   y  109º 46` W  a 1.500 millas  de la isla occidental más cercana,  y a 2.000 [millas] de la costa del Perú. Sus gentes se tatúan y  se pintan [el cuerpo]. Existen tres plataformas hechas de piedra, [hoy]  en ruinas,  y en cada una de ellas se alzaban cuatro estatuas, una de ellas de quince pies de altura, por primera vez  vistas por Davis en el año 1686.  Se dice que su población era  entre  6.000 y 7.000 [habitantes].  Esta gente se  agujereaba[las orejas]  pero a diferencia de los Orejones peruanos, algunos de los Mongoles usan sus orejas  horadadas y  agrandadas. Rogveggen  [sic por Roggeveen] en 1722 ( [cit. en] en el Viaje de Dalrymple), menciona [la existencia] del culto al sol en Isla de  Pascua; un hombre  que allí usaba  pendientes en sus orejas, muy blancos, blancos y redondos, del tamaño de un puño, parecía ser un sacerdote. (Vea El Origen de las Antigüedades Americanas de Delafield, 1839; Bradford, 429; Ellis, Pol. Res. III, 325; IV, 101". (Adiciones entre paréntesis cuadrados, nuestras).

Estas dos últimas referencias de Bollaert se encuentran insertas en una Nota de la pág. 23 (Note 3)  de su trabajo de  1860, seguramente su obra más conocida entre nosotros:   Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada, Ecuador, Peru and Chile, with Observations on the Pre-Incarial, Incarial and other Monuments of Peruvian Nations, London, Trübner and Co,  1860.

Comentario eco-antropológico.

1. Ya hemos señalado que Bollaert jamás pisó el suelo de Isla de Pascua. Sus referencias, en las notas precedentes, surgen, pues, necesariamente de sus lecturas y consultas. Ellas comprueban su gran interés por informarse detalladamente sobre el tema.

2.  William Bollaert, como  buen científico, quiere aclarar los términos de su  exposición ante la Sociedad de Antropología de Londres que habían sido casualmente tergiversados en la edición de la revista. 

3 . Da allí con precisión las coordenadas geográficas de isla de Pascua para entendimiento de los lectores del Journal. De donde deducimos que manejaba perfectamente bien los conocimientos geográficos de su época.

4.  Respecto a la teoría del poblamiento de América desde el oriente, a través del Pacífico (lo que hoy denominamos "contactos transpacíficos"), con escala en Isla de Pascua, Bollaert se manifiesta totalmente contrario y tilda a dicha hipótesis como "fantasiosa"  y sin base alguna.  El explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), sin embargo,  en su balsa Kon-Tiki construida de  totora (cañaveral) y madera de balsa por indígenas  peruanos del lago Titicaca,  logró  probar que desde el Perú (Callao) era posible viajar a la Oceanía, surcando todo el Pacífico. La Kon-Tiki arribó maltrecha, tras 101 días de viaje,  un 28 de Abril de l947,  a las islas Tuamotú. Con este homérico viaje,  se comprobó la posibilidad de efectuar viajes en balsas  desde América a Oceanía. Pero no al revés, como pretendiera el jesuíta Juan de  Velasco en la cita antes mencionada. El tema del poblamiento de América  a través del Pacífico  sur, es aún hoy tema de abierta  discusión  entre los científicos. Si Isla de Pascua fue abordada por inmigrantes polinésicos  hacia el siglo XII D.C. - como señalan hoy los arqueólogos- es perfectamente imaginable que lo fuese también la costa sudamericana, al igual que lo fue Hawaii en algún momento.  La arqueología del futuro nos develará, tal vez, algún día  este misterio. El tema intrigó poderosamente a Paul Rivet,   notable etnólogo francés,  quien  en su  bien conocida obra "Les origines de l`homme americain" (Gallimard, Paris, 1957) planteó la "teoría poliracial" del poblamiento de América: una de sus fuentes habría sido a  través del océano Pacífico en balsas, desde algunas islas de la Polinesia y Melanesia. Teoría que, después de la travesía de Heyerdahl, adquiere más y más fuerza.

5. Su frase: "el indio no es generalmente un individuo apto para el trabajo" nos resulta hoy  muy discutible y ciertamente no es aplicable al indígena de las culturas agrícolas sudamericanas. En el caso de los polinésicos, dotados de un clima ideal que favorece el rápido cultivo, la frase  resulta más comprensible, puesto que -tal como señalan algunos descriptores  de isla de Pascua-  el pascuense solía cultivar muy pocas especies de plantas y prefería dedicarse a la pesca y al marisqueo, tan abundante en su medio  costero. El isleño no fue precisamente un avezado agricultor como lo fuera el aymara o el quechua en el  Perú de su tiempo  y, además, disponía de escasas plantas alimenticias: el camote, el ñame y el taro, sus  únicos tubérculos comestibles antes de la introducción del maíz y el trigo y otras legumbres por los navegantes  europeos.  

6.  Bollaert parece horrorizarse ante el espectáculo del secuestro de los nativos de la isla, del que tiene noticias frescas, pues dichas correrías de naves peruanas por el Pacífico para procurarse esclavos para las Guaneras, ocurren exactamente durante su permanencia en el sur del Perú (Tarapacá). Titula el hecho de raptar y secuestrar indígenas para  esclavizarlos y llevarlos a las Guaneras como un "nefarious proceeding", un "procedimiento nefasto". Se apresura en señalar que tal tráfico humano había sido ya suspendido por reclamos de las autoridades europeas (Consulados de Francia e Inglaterra)  destacadas en Lima.y que habría durado afortunadamente muy poco tiempo (1860-62). Cabe preguntarse si las autoridades peruanas de su tiempo, al condenar el hecho, habrían castigado de alguna manera a los capitanes de  naves culpables. No lo sabemos. Probablemente, no hubo castigo alguno, a lo más, algunas  suaves "advertencias" a futuro.

7. Este negro capítulo del rapto de gran número de isleños, en pleno siglo XIX, para esclavizarlos y conducirlos a trabajos forzados en las guaneras peruanas de las islas Chincha, es uno de los más bochornosos y vergonzosos  incidentes en la historia de las relaciones entre  Oceanía y sus numerosas y dispersas  islas  del Pacífico y las potencias occidentales, incluidas las americanas.  Triste capítulo que esperamos no vuelva a repetirse -con tintes  y matices por cierto diferentes-  en el futuro de las relaciones entre Chile e Isla de Pascua. su "posesión"  insular. Máxime ahora cuando corren potentes "vientos de independencia" en la isla.



domingo, 18 de septiembre de 2011

El Pueblo de Coscaya en Julio de 1973: una investigación demográfica olvidada ( o traspapelada).


Antecedentes:

En el mes de julio del año 1973, exactamente dos meses antes del golpe militar de Septiembre 1973, un grupo de investigadores del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile concibió y puso por obra el proyecto de estudiar en terreno, las condiciones de vida, el poblamiento y la economía agrícola de los pobladores de esta localidad de antigua y rancia prosapia aymara (¿o tal vez puquina?).

Interés por el estudio de la Pampa del Tamrugal.

Desde hacía unos pocos años, en este Instituto de la Universidad Católica se había formado un pequeño equipo de investigación conformado por geógrafos físicos y humanos, un antropólogo, un geólogo, todos ellos interesados por estudiar tanto las causas del despoblamiento como las condiciones de habitabilidad de la Pampa del Tamarugal y sus quebradas aledañas. Se había realizado con anterioridad varias campañas destinadas a analizar en terreno, los problemas inherentes a la posible re-activación de un poblamiento humano en la Pampa del Tamarugal. Viejo sueño que nunca ha sido posible poner por obra; ni siquiera ne le día de hoy.. La base histórica para estos estudios la ofrecía la experiencia agrícola realizada en la Pampa durante las época prehispánica, en las llamadas "chacras antiguas" que Antonio O´Brien, el sevillano Gobernador Interino de la Provincia de Tarapacá habia ya destacado en forma especial en su famoso "Plano de la Pampa de Iluga" (1765).

El Taller del Norte Grande.

El entonces Director del Instituto de Geografía de la Universidad , el geógrafo humano Hugo Bodini Cruz Carrera había logrado juntar en el "Taller del Norte Grande", un equipo de geógrafos (entre ellos Luis Velozo, Jean Pierre Bergoing, María Angélica Apey y Pilar Cereceda), al que pronto se agregó, en Marzo de 1973, el autor de este Blog, antropólogo cultural y arqueólogo, recientemente llegado del extranjero. Entre 1971 y 1973 se había realizado un par de visitas a terreno, de varios días de duración, en las que con el entusiasta apoyo logístico del folklorólogo de la Universidad del Norte, Jorge Checura Jeria, se visitó y exploró la Pampa del Tamarugal y, concretamente, las famosas "chacras de los antiguos", situadas en las desembocaduras de las quebradas de Aroma, Tarapacá y Quipisca. Estas "chacras", cuyas evidentes huellas eran aún visibles (hasta hoy mismo) nos testimoniaban que en el pasado se había realizado aquí, al parecer por largo tiempo, una intensa actividad agrícola, con ocasión de la bajada de grandes cantidades de agua dulce, por efecto de los aluviones o huaycos estivales en la alta cordillera.

Estudiosos de las quebradas y de la pampa.

Muy poco antes de esta fecha, tanto el historiador don Oscar Bermúdez Miral (el conocido autor de la Historia del Salitre) como el arqueólogo piqueño Lautaro Núñez escribían los primeros trabajos sobre este tema, y presentaban al público culto y sometían a análisis el famoso "Plano de la Pampa de Yluga", pieza cartográfica obras del sevillano y gobernador interino de Tarapacá, don Antonio O´Brien (1765). Plano que, por lo demás, ya había sido conocido y examinado por el geógrafo alemán Carlos Keller hacia 1945.

Objetivos específicos de la expedición al Norte (1973).

La expedición estuvo formada por Hugo Bodini, geógrafo humano (jefe de la expedición), Pilar Cereceda y María Angélica Apey, geógrafas, Tomás Daskam, artista y pintor, interesado a la fecha en grabar el canto de las aves y, finalmente, por el arqueólogo y antropólogo cultural Horacio Larrain, autor del presente Blog.

La expedición tenía por objeto conocer de cerca las características de la actividad económica agrícola y la situación poblacional de los pueblos de Poroma y Coscaya, los más alejados de Tarapacá hacia el Este, en los altos de la quebrada de Tarapacá y a una altitud de casi los 2.000 m. snm. Se tenía conocimiento del problema del despoblamiento de las quebradas, pero había que tratar de verificar in situ, las causales de dicho fenómenoy sus previsibles consecuencias, las que, a la larga, podrían desembocar en un total abandono de las partes altas de las quebradas, las más alejadas de los grandes centros poblados y ciudades costeras.

Las tareas realizadas en Coscaya.

En el seno de este "Taller del Norte Grande", donde se discutió largamente los pormenores de esta investigación, se nos confió la tarea de confeccionar una pauta de entrevista antropológica a los jefes de hogar y a connotados agricultores de la zona. En efecto, con el apoyo de las jóvenes geógrafas Pilar Cereceda y María Angélica Apey, una vez llegados al lugar de investigación, se visitó y encuestó todos los hogares habitados en el pueblo de Coscaya (en total 20 entrevistas). Se realizó un croquis detallado del poblamiento y sus viviendas , se verificó el número exacto de residentes, número de alumnos de la Escuela local y se realizó numerosas entrevistas tanto a los dos profesores residentes, como a jefes de hogar y campesinos de la zona. En particular, se tomó nota de las particularidades de la economía agrícola y pastoril de la aldea. El resultado obtenido fue una auténtica radiografía geográfico-antropológica de la aldea de Coscaya, en vísperas de la intervención militar de Septiembre de 1973.

Desempolvando papeles ya ajados por el paso del tiempo.

Han pasado exactamente algo más de 38 años de aquella investigación. Nunca se publicó sus resultados, por razones diversas. Entretanto, ya no está con nosotros María Angélica Apey, fallecida tempranamente, y el geógrafo Hugo Bodini se encuentra hoy lamentablemente aquejado de una dolorosa parálisis que le impide desplazarse. A él, por su empuje y tesón demostrado durante este trabajo y por su constane y generoso apoyo a las investigaciones en el desierto chileno, al consolidar el Taller del Norte Grande en el seno de su Instituto de Geografía, vaya nuestro más sincero reconocimiento y recuerdo.

Viejos papeles color sepia.

Volver a revisar concienzudamente esos viejos papeles, color sepia, nos impresiona hoy fuertemente; porque los nombres y rostros de sus protagonistas vuelven vívidos a nuestra memoria, cuando casi todos ellos yacen hace tiempo en distintos camposantos de la antigua Provincia. Ha sido casi una tarea - nada grata- de resuscitar muertos.

Una crónica del viaje.

Angélica Apey fue la encargada de redactar, de vuelta ya en Santiago, la bitácora del viaje. Extractamos unas expresivas líneas suyas:

"Durante el viaje, pasamos primero por Carora, donde salió corriendo al camino don Alfonso Lozano, y haciéndonos parar con grandes señas, nos rogó que bajáramos, ya que su señora acababa de hacer tortillas y sería un placer para él y su familia que los acompañáramos a servirnos un "ulpo". Luego, al pasar por Poroma, el lugareño señor Pacha nos encontró en el camino insistiéndonos que lo acompañáramos a su casa; nos trajo un atado de zanahorias y con orgullo en sus ojos, nos dijo que eran de su huerto y las mejores de la zona. A llegar a Coscaya, el jefe de la comunidad don Agustín Palape, nos recibió con gran amabilidad y de inmediato nos ofreció las llaves de la "Casa de la Comunidad". Con tales muestras de hospitabilidad, nuestra llegada a Coscaya disipó todas las dudas y temores que habíamos sentido al partir..."

La población de Coscaya en el invierno de 1973.


Nuestro recuento poblacional, hecho casa por casa, nos lleva al número de 90 personas residentes normalmente. Hay referencias ciertas a muchísimos otros familiares ausentes en distintos pueblos o en trabajos en la Pampa. Hay 30 niños en edad escolar que visitan la novísima y hermosa Escuela local, regentada entonces por dos sacrificados profesores primarios Fernando Segundo Dueñas y Juan Villalón Buitrón. Dos de la viviendas son habitadas por los dichos profesores.

La nómina completa de viviendas :

La siguiente es la nómina de la viviendas registradas por nosotros en Julio del año 1973 y su estado de conservación a la fecha:

viviendas actualmente habitadas: 19

viviendas desocupadas ( u abandonadas): 11

viviendas destruídas (antiguas): 3

viviendas en construcción: 1

Casa de la Comunidad (Sede Social): 1

Nombres de los jefes de hogar:

Observe Ud. el gran número de apellidos típicos de origen aymara (en negrita) . Detectamos entre ellos 9 diferentes apellidos de clara raigambre aymara y 6 apellidos de origen español. El mestizaje experimentado a lo largo de las centurias es evidente.

Hilario Pacha Cáceres, Eugenio Pereira Bueno, Agustín Palape Vilca, Teodoro Palape Vilca, Vilda Pérez Hidalgo, Rosa Véliz Mamani, Adelaida Pereira Ticuna, Violeta Mamani Ticona, Florencio Ticuna Cáceres, Carmelo Ticona Pacha, Gumercindo Pacha Cayo, Claudio Mamani Vilca, Crescencio Vilca Vilca, Guillermo Mamani Cáceres, Nicolasa Huayllane Copa, Clemente Moscoso Moscoso y Baudilio Bueno Pereira. Los habitantes residentes registrados en dichas viviendas corresponden al número de 90. No todos, obviamente, estaban presentes el día de nuestro Censo. Hallamos en esos días sólo a tres jóvenes menores de 30 años, ya que la mayoría había emigrado a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida. Pero todos regresan en sus vacaciones a ver a sus familiares o a atender las chacras.

Economía agro-pastoril en Coscaya.

La entrevista hecha a Hilario Pacha Cáceres a mediados del año 1973 es bastante representiva de la agricultura propia del lugar. Hilario -según nos lo refiere él mismo.- siembra normalmente alfalfa (que llaman aquí "alfa"), además de ajos, maíz, papas, y a veces, más raramente hoy en día, quínoa y trigo; escasas hortalizas y sólo para el consumo familiar. Los ajos se siembran en Febrero. Los ajos primerizos salen a la venta para después del 20 de Noviembre. El maíz se siembra desde Agosto hasta Noviembre. Casi cada chacra posee su propia era para trillar el trigo (llamada "aventadero"). En la fecha de nuestra visita, esto es, en Julio 1973, hacía algunos años que se había dejado de plantar trigo, aunque nos asefura que se da muy bien. Sólo le temen a la "plaga del pájaro", que se lo come escarbando. (Debe tratarse de algún género de tórtola, probablemente) Entre Junio y Julio suele llover un poco, rara vez más de 2 mm. por mes. Y esto sólo si llega a nevar copiosamente en la cordillera alta.

El ganado lanar.

Suelen tener ganado de llamos, corderos y cabras pero en corto número (no son propiamente ganaderos); este ganado es conducido a pastar a los altos, como el cerro de Chijuya y el Cerro San Pedro. Pastan allí desde diciembre hasta marzo. Las heladas atacan más fieramente en el mes de Mayo, afectando al maíz primerizo. Pueden ocurrir heladas tardías hasta el mes de Noviembre. Ni el ajo ni las cebollas son mayormente afectadas por las heladas.

Cada familia tiene entre 1o a 40 ovejas como máximo y crían también gallinas, muchos conejos y algunos de ellos, cuyes. Los más acaudalados mantienen unos pocos mulares, cada vez más escasos. El censo sólo arrojó la presencia de un caballo. Vacas, no hay, ni hubo antes, que se recuerde.

El comercio interregional o trueque.

Hace años atrás- nos cuenta Hilario- solían bajar los indígenas bolivianos de la zona de Llica (Lipes, Bolivia) trayendo consigo sus productos típicos para trocar por la producción local: charqui de llamo, charqui de cordero, tejidos (frazadas, cuerdas y sogas), quínoa, pusitunka (trago alcohólico). En la chacra, trabajan todos: hombres, mujeres , ancianos y niños. Nadie se exime. Para esto no hay dia fijo, pues se trabaja por igual en Domingos y festivos salvo que ocurra alguna festividad patronal. Es una forma concreta del ayni familiar que robustece los lazos familiares y todavía se practica hoy; además, permite ahorrar mucho dinero.

Caracterización de los predios agrícolas.

Uno de los problemas más graves es la dispersión y atomización geográfica de la propiedad agrícola. Este ha sido el gran "dolor de cabeza" para la Oficina de regularización de la propiedad agrícola del Ministerio de Agricultura. Pondremos de ejemplo las propiedades que dice tener don Laureano Mamani Bueno, de 77 años. Nos señala en la entrevista que posee "unas eras" en Coscaya (sitios llamados El Callejón, Jilagata, la Toma, Chullpa, Calane), tres "parcelas" en Poroma, una "parcelita" en Cautara y por fin, otra cerca de Mocha. El tamaño de estos terrenos es muy variable: algunos están conformados tan sólo por una "era" larga, que puede tener 3 m de ancho por 15 m ó 20 m de largo, a un costado del río. Las pircas que flanquean las eras junto a Coscaya son muy numerosas y se ven muy bien labradas; presumimos puedan tener una data incaica, por su finísima factura, hecho poco común en la zona. Esta dispersión y desmembramiento de la propiedad agrícola se debe a diversas herencias que la persona ha recibido a lo largo de su vida. La distancia a veces enorme entre una y otra propiedad, los derechos de agua dependientes del caudal que trae la quebrada en el momento, y la distancia a los lugares de abastecimiento del abono (guano animal o "caliche",) hacen muy difícil el acceso y la presencia continua en el lugar de trabajo sobre todo si se planta hortalizas que exigen particular cuidado (zanahorias, cebollas, ajos). Se invierte muchas horas tan sólo en el trayecto en burro de una parcela a la otra. Otro tiempo precioso se va en poner bajo riego dichas eras, en el momento preciso, por mucho que los turnos o tandas de riego (mitas) estén bastante bien reglamentados por la "costumbre". No lo sabemos con certeza, pero es probable que sumadas todas las superficies de terreno cultivable que dice poseer don Laureano, no lleguen en total a una media hectárea; tal vez menos aún. El mismo, preguntado al respecto, no lo sabe con certeza. En consecuencia, el lugar de trabajo se halla a veces muy lejos del hogar y el tiempo invertido en ir y volver es enorme. El desgaste físico que supone esta actividad de cosntante movilidad para un viejo de 77 años, es fácil de imaginar.

Varias viviendas.

Lo dicho explica perfectamente bien por què razón a menudo las personas señalan poseer más de una vivienda. Una, la principal, en su pueblo ( en este caso en Coscaya) y una o dos más en otros caseríos o lugares relativamente cercanos (Poroma, Cautara, Mocha). Esta segunda o tercera vivienda, muchas veces destartalada o en estado semi ruinoso, corresponde, en el caso de los pastores, a las chozas simples de pirca y techumbre de paja brava que han erigido en la proximidad inmediata de sus pastales o sitios de pastoreo, tal como lo hemos podido constatar personalmente en el caso de los pastores y pastoras del salar del Huasco (familia Lucas).

Trashumancia agrícola.

Esta constante movilidad o trashumancia agrícola ha sido la tónica general en el uso de la propiedad de origen indígena en las quebradas . Esta trashumancia solía llevar antaño, cuando las aguas lluvias bajaban hasta el nivel de la pampa del Tamarugal, a realizar cultivos de ocasión, aprovechando lasa crecidas de las quebradas en los meses de Enero a Marzo.

A este respecto, recordamos haber encontrado en el sector de Pampa Iluga, en la desembocadura de la quebrada de Tarapacá en Marzo del año 1972, a un cultivador solitario que procedía del pueblo de Mocha, preparando sus eras de cultivo en plena pampa abierta, para cultivar maíz, en terrenos obviamente fiscales y no propios. Resabio de viejas y ancestrales costumbres de trashumancia agrícola generadas por los factores climáticos para el aprovechamiento estacional de las lluvias altiplánicas. Recuérdese que el año 1972 fue de intensas lluvias en el altiplano y dicho año bajaron las quebradas plenas de agua a irrigar la pampa.

Antiguo patrón de ocupación agraria de la Pampa.

Este mismo patrón de ocupación agrícola ocasional de la Pampa del Tamarugal es el que se observa analizando en detalle el "Plano de la Pampa de Yluga", dibujado en 1765 por el Gobernador interino de Tarapacá don Antonio O´Brien. Este Plano que ha sido estudiado en su momento por Oscar Bermúdez y Lautaro Núñez, ha sido igualmente, objeto de análisis geográfico y antropológico por integrantes del Taller del Norte Grande, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En efecto, dos de sus publicaciones se refieren específicamente a este Plano y sus implicancias geomorfológicas, hídricas y agronómicas. Joaquín Sánchez escribe sobre: "Posibilidades de aprovechamiento de aguas subterráneas en la rehabilitación de terrenos de cultivo en Pampa del Tamarugal" (Tomo I, Nº 1: pp.23-25, con plano de fotointerpretación de los flujos de agua superficiales y chacras de cultivo antiguas). Horacio Larrain aborda su estudio desde un ángulo antropológico y etnohistórico en su trabajo: "Antecedentes históricos para un estudio de la reutilización de suelos agrícolas en la Pampa del Tamarugal, provincia de Tarapacá, Chile" (Revista Norte Grande, tomo I, Nº 1, pp. 9-23 con adición de copia del antiguo Plano de O´Brien de la Pampa de Yluga. (Sobre Antonio O´Brien y su rol fundamental en la administración colonial de la época, consulte nuestras etiquetas respectivas "Antonio O´Brien", "Mineros de Tarapacá", o "Cartografía colonial").

¿Epílogo o epitafio?

Con tristeza y dolor hemos pergeñado estas líneas, porque hoy (año 2011) ese hermoso pueblo cordillerano se encuentra totalmente vacío. Prácticamente nadie vive hoy allí en forma permanente. Ha seguido, por desgracia la fatídica tendencia ya observada en Usmagama, en Caraguano, en Mocha. Le seguirán muy pronto, tal vez, Huasquiña, Parca. Otros vendrán después. Mamiña hoy llora por la evidente polución, los relaves mineros a la vista y el aniquilamiento de su intimidad de otrora. Ya no llegan allí los turistas extranjeros. ¿Para qué? ¿Para ver sólo maquinaria pesada y camionetas 4 x 4?. En el caso de Coscaya, tema de este artículo, la familia de Hilario Pacha Cáceres es casi la única que suele enviar, de tarde en tarde, algunos de sus miembros para cuidar lo propio. Todos los demás han desertado de su pueblo de origen.

¿Han desertado de sus pueblos?

¿"Desertado" dije?. En realidad, más bien habría que decir que fueron forzados a abandonar su tierra, su hogar natal, sus lares, sus fiestas patronales, sus pacarinas, sus gentilares, sus difuntos, sus "pintados" y sus cerros sagrados. Sus nietos y tataranietos se criarán en Pozo Almonte, en Alto Hospicio y finalmente terminarán por sentirse extraños a su tierra de origen. ¿Me equivoco en mi diagnóstico tan pesimista ?. Ojalá me equivocara. Pero hasta ahora no se ve señales, por ningún lado, de querer cambiar este destino aparentemente fatal de las comunidades alteñas, de rancia y antiquísima historia y de una notable adaptación al clima local. Priman hoy, evidentemente, otros aires, otros criterios e intereses congruentes con el actual modelo económico y administrativo neoliberal. Con lo que se ha querido denominar -a nuestro juicio de modo equivocado - el "destino minero" de Tarapacá. Política seria de re-asentamiento en las antiguos pueblos precordilleranos o altiplánicos, no se divisa hoy por ninguna parte.

Un recuerdo increíble: una frase para el bronce.

Jamás olvidaré, a este respecto, lo que nos dijera a los entonces miembros del Taller del Norte Grande del Instituto de Geografía de la Universidad Católica, en reunión sostenida en el Palacio Astoreca de la ciudad de Iquique en julio de 1975 el entonces Intendente militar, Comandante Claudio López cuando tratábamos (inútilmente) de explicarle la importancia del estudio geográfico, antropológico y económico de las comunidades aymaras:

¿"cuántos son los indígenas aymaras en Tarapacá?", "¿serán unos 2.500 en total?" Si son tan pocos, ¿por qué no los bajamos a todos y los instalamos en la Pampa del Tamarugal para que hagan allí su agricultura?" .

Textual!!. Hubo (y aún viven) varios testigos de esta "salida" muy seria del entonces flamante Intendente Regional. No fue una broma; fue fruto de un sentir común por entonces, que aún hoy se puede observar en algunos círculos, mezcla explosiva de ignorancia, de intolerancia o, mejor dicho, de estupidez.

Forzados u obligados?

¿Forzados? ¿Por quién o quiénes?. Nuestro sistema económico y administrativo dominante es el causante. En Tarapacá la práctica de la agricultura en nuestros pueblos cordilleranos de origen indígena jamás ha sido tomada en serio por la autoridad. La prioridad ha sido claramente otra: la mal llamada "vocación minera de la región". Y ante el altar de ese abominable Baal minero hoy día se ha sacrificado todo: historia, tradiciones, etnias, costumbres, paisajes, ecosistemas. La rehabilitación y reconstitución de la agricultura ancestral aymara y sus ecosistemas de altura, nunca ha sido tomada en serio. Ni siquiera se ha entendido el enorme valor de tales ecosistemas. En los últimos decenios, sólo ha habido migajas para los planes agrícolas o para mejorar la vialidad con las quebradas u oasis; llegar hoy a Poroma o a Coscaya es una verdadera odisea más propia de jeepismo audaz que de disfrute tranquilo de unan bella ruta. Sólo se ha otorgado migajas si se compara con lo que se ha invertido en minería, en "planificación", en urbanismo, o en turismo regional. Sólo migajas, y éstas escasas y a menudo a destiempo.

Creemos que es ésta materia fecunda para meditar, y meditar profundamente sobre " auténtico desarrollo regional".

(Trabajo aún inconcluso. Falta señalar otros antecedentes de las entrevistas hechas aquel año. 23/09/2011).