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martes, 5 de julio de 2022

Recordando a don Carlos Espinosa Arancibia y los "atrapanieblas". Reflexiones sobre un Cuestionario reciente y comentarios.

               

Fig. 1.   Don Carlos Espinosa con su colaborador y amigo el físico Ricardo Zuleta. (Hacia 1969).

El presente capítulo de mi blog está dedicado, con especial afecto,  a la memoria del físico de la Universidad Católica del Norte de Antofagasta, Carlos Espinosa Arancibia, cuyo imborrable recuerdo y generosa amistad han tapizado todos nuestros años de estudio dedicados a la investigación de las neblinas costeras del norte de Chie y su modo de aprovechamiento. Su impronta y memoria han quedado grabadas a fuego en nuestro propio quehacer universitario. Estas líneas, quisieran ser un modo de reconocimiento a su titánica labor sostenida hasta su ancianidad. Expresamos  aquí  nuestro respeto y  admiración por  su  imperecedera  obra, con la esperanza de que tenga nuevamente continuadores en su región, Antofagasta. 

La ocasión de esta artículo.  

La periodista Tamara Núñez de "Ladera Sur" nos comunicó hace unos días  atrás  que  estaba trabajando en un artículo sobre la obra científica del recién fallecido investigador, don Carlos Espinosa Arancibia, el genial creador de los "atrapanieblas" o"captaneblinas".  Por sugerencia de la geógrafa Pilar Cereceda T., solicitaba nuestra opinión sobre la importancia de sus estudios para la geografía y ecología del Norte Grande de Chile.

 Como respuesta, le  propuse que me enviara un pequeño cuestionario  con sus inquietudes. Mis respuestas se copian a continuación. Algunas pàrrafos de  mis respuestas se comentan en el citado articulo de "Ladera Sur", aparecido en Internet el día 1 de julio de 2022  con el titulo: "Los atrapanieblas y el legado de Carlos Espinosa, el científico que soñaba con entregar agua de neblina al norte de pais" (https://laderasur.com/articulo/los-atrapanieblas-y-el-legado-de-carlos-espinosa-el-cientifico-que-sonaba-con-entregar-agua-de-neblina-al-norte-del-pais). 

Después de responder las preguntas de este Cuestionario, me he permitido agregar, a modo de complemento, un conjunto de fotografías y textos sobre nuestras propias investigaciones de las neblinas, utilizando  un sistema de captación que si bien era diferente al empleado por don Carlos Espinosa, fue ciertamente inspirado por sus trabajos y estudios. En este tema,  la pionera actividad de este físico visionario es ciertamente  indiscutida hoy día. Espinosa es y será siempre considerado el "padre de los estudios de la camanchaca como fuente de agua dulce" en Chile. 


Texto del cuestionario propuesto por "Ladera Sur".


1.1. ¿Cuándo conoció a Don Carlos Espinosa?

Resp.  Conocí a don Carlos Espinosa Arancibia en la Universidad del Norte, Antofagasta,  poco después de mi llegada a la Universidad, en Junio del año 1963. Carlos se había recibido de profesor de Matemáticas y Física en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile (Santiago), muy pocos años antes. Yo llegaba entonces como joven profesor a hacerme cargo de las clases de cultura religiosa; por entonces yo era aún sacerdote de la Orden de los Jesuitas, congregación que regentaba esta Universidad fundada por el jesuita Geraro Claps Gallo en el año 1957. 


2. ¿En qué tipo de investigaciones o proyectos trabajaron juntos?.

Resp.  En estricto rigor, nunca trabajamos juntos, sino que fui yo el que se interesó muy pronto por los proyectos que don Carlos, junto con otros profesores de la Universidad, realizaba en el desierto. En efecto, en la comunidad jesuíta de la Universidad participaba el sacerdote uruguayo Germán Saa S.J.,  físico, especializado en sismología, que junto a otros matemáticos y físicos  como Osvaldo Garay colaboraba con entusiasmo con Carlos en sus proyectos. El jesuita Saa solía comentar en nuestra comunidad lo que Carlos hacía y cierto día me invitó a visitar con ellos uno de los sitios donde por entonces hacía sus experimentos: los cerros de la mina Andrómeda. Me intrigó y entusiasmó mucho lo que contaban.  Por entonces, estaba Carlos experimentando con diversos tipos de telas e hilos, cómo captar más eficientemente agua de las espesas nubes que  normalmente cubren los cerros vecinos a Antofagasta. En este lugar, Carlos y los físicos tuvieron  pronto la idea de plantar un ciprés que demostró gran capacidad de captación de agua atmosférica a través de su follaje, creciendo rápidamente. Curiosamente, extendiéndose hacia los costados como abriendo los brazos. (Ver Fig.   ).  Por entonces, también experimentaba Carlos la captación con diversos grosores de hilos de alambre,  los que retenían el agua condensada. Las novedosas  experiencias de Espinosa con la camanchaca costera eran tema frecuente de conversación en nuestra pequeña comunidad universitaria. Yo me interesé rápidamente por el tema, y  tuve la suerte de acompañar  a los físicos varias veces a terreno. Esto ocurría entre los años 1963 y comienzos de 1965. 

En enero de este último año partía yo a México a iniciar mis estudios de Arqueología. Estas experiencias quedaron, sin embargo,  grabadas a fuego en mi memoria. Muchos años después, en nuestras experiencias en  las alturas de El Tofo, me pondría nuevamernte en contacto con don Carlos  (1980-1983). Años más tarde, en señal de gratitud por su constante apoyo, dedicaríamos con Pilar Cereceda a su nombre la pequeña Estación de Campo de la Universidad Católica, en el sitio de Alto Patache  (sur de Iquique) , a los 775 m de altitud. 

Entre otros recuerdos me viene a la memoria el gran interés que manifestara en aquellos años don José Papic, distinguido vecino y empresario de Antofagasta, quien poseía una casa de descanso en lo alto de la falda de los cerros de Antofagasta, por intentar dotar de agua potable de la neblina su propiedad en el cerro. Un día. con Carlos fuimos juntos a explorar tal factibilidad, idea que no llegó a prosperar. En aquellos años, tal posibilidad parecía lejana  y más bien utópica. 


 3. ¿Qué tipo de persona era Don Carlos?

De  estatura más bien baja y complexión delgada, Carlos era una persona notablemente activa. Más bien tímido, gracias a su afabilidad y buenos modales, Carlos pronto se ganó el afecto de colegas y estudiantes. Humilde y sencillo, gustaba de aprender de los demás, sus colegas, y era muy respetuoso a la hora de presentar sus propias opiniones. Gran lector, devoraba las revistas científicas que llegaban a la Universidad y siempre estaba al día en sus opiniones sobre materias científicas. Hablar con él era, de seguro, esperar una gran cantidad de información científica de último minuto, la que siempre compartía gustoso. Tan al día se mantenía él en el plano científico de su especialidad.

Cuando años más tarde nosotros mismos con la geógrafa Pilar Cereceda Troncoso  y estudiantes de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile comenzamos a realizar estudios de la niebla y su modo de aprovecharla en los cerros costeros de El Tofo (extremo norte de la Quinta Región), (año 1980), a la primera persona que recurrimos en procura de bibliografía, consejo y orientación, fue a don Carlos. Con gran generosidad, puso a nuestra disposición sus propios trabajos y los de otros investigadores, en un campo de estudio que para nosotros era enteramente desconocido. Siempre respondió amablemente nuestras consultas y nos animó a proseguir en esta misma senda, que sería también  la nuestra por muchísimos años.


4. ¿Cuáles eran sus pasiones?

Resp. Su gran pasión fue dar agua potable de la  niebla a la ciudad de Antofagasta y sectores costeros, que en aquellos años padecían de una terrible penuria de agua potable. Cuando después de años de ensayos logró con sus colegas físicos dar cima al diseño de su famoso atrapanieblas de estructura macrodiamante, compuesto de numerosos octaedros   cubiertos por paños de arpìllera como absorbente, entusiasmó al hidrogeólogo  Christiaan Gischler, jefe de la Oficina de la UNESCO  en Montevideo, para experimentar con él en las alturas de  Cerro Moreno. El aparato demostró ser un notable captador de agua de la niebla. Recuerdo haber ascendido en helicóptero con el propio Espinosa y Gischler hasta su ubicación a los 900 m de altura en la montaña. (Ver Fig.   ). La vista desde aquella altitud  hacia Punta Tetas, era soberbia. Siempre pensó don Carlos que desde esa altitud se podría fácilmente, en el futuro, surtir de agua potable a la creciente población del balneario de Juan López, situado a sus pies.  Esta era su verdadera obsesión que por desgracia no alcanzó a ver realizada. Tal vez lo sea en un día futuro...


 5. ¿Cuáles fueron sus mayores logros científicos?

Resp. Contestado, creo,  en la pregunta anterior: el diseño de artefactos para captar el agua contenida en la niebla rasante.


 6. ¿Cuál es el origen de los atrapanieblas?

Resp.  Pequeños aparatos construidos para captar  y medir el agua de la niebla eran ya bien conocidos por los físicos. El aparato denominado Grunow, por ejemplo,  había sido probado  con éxito en el Parque Nacional  Fray Jorge  por el físico alemán Kummerow en la década del 60. (Ver detalle más abajo en mis comentarios  eco-antropológicos).  Desde los inicios del siglo XX algunos físicos venían experimentando en las islas Hawaii   con pequeños aparatos provistos de infinidad de hilos muy finos, para recoger la humedad contenida en la nube. Los primeros aparatos probados por don Carlos Espinosa eran provistos de hilos muy finos de polietileno, imitando  el modelo de Grunow. Luego evolucionó, por su cuenta, hacia la idea de un enorme captador: su  estructura  “macrodiamante”, así llamada por la forma de sus componentes.

 

7. ¿Cómo funcionan?. 

Resp. Las pequeñas gotitas de agua de la niebla rasante, impulsada por los vientos del SW se adhieren y depositan por gravedad sea en los hilos, sea en tejidos o mallas de diverso tipo, desde donde escurren, descendiendo, hacia un sistema receptor. De aquí  es conducida a un  depósito captador. Un sencillo dispositivo permite medir, si se desea,  el monto de líquido obtenido.


8. ¿Cuál es la relevancia de los atrapanieblas para la zona norte del país?

Resp. Existen en el extremo Norte de Chile mucho más de 10 sitios elevados, próximos al mar, donde la camanchaca se deposita en grandes masas durante la mayor parte del año  (en especial durante los meses de Junio a diciembre,) humedeciendo el paisaje circundante. En todos estos lugares, es perfectamente posible instalar aparatos receptores del tipo “atrapanieblas”  y mediante ellos, obtener agua de excelente  calidad., apta para dversos usos.


-9. ¿Cuál es su relevancia para el resto del país? ¿Toma más relevancia este invento en el contexto actual de sequía y escasez hídrica?

Resp. Por supuesto que sí…En nuestro país, dondequiera haya cerros elevados por sobre los 600 m  de altitud, muy cerca y paralelos a  la costa, se puede captar agua de la niebla.  La máxima captación ocurre entre los 700-900 m de altitud, siempre y cuando la cadena de cerros o sus laderas miren o se orienten hacia el Surweste  o Weste.  En Chile hay muchos lugares aptos donde se puede captar agua de esta modo gracias a la presencia de la cordillera de la Costa. Nosotros, con Pilar Cereceda y otros compañeros hicimos experiencias de captación al menos en seis lugares costeros diferentes entre Iquique y Pichidangue, logrando siempre excelentes resultados.

Es evidente que esta posibilidad de captación de agua de la niebla  puede ser una fuente  muy importante de agua potable para el futuro, especialmente hoy a causa de la frecuente sequía y del calentamiento climático que ya nos agobia. Por ahora, en Chile, en general,  se ha obtenido con este sistema agua, en pequeña escala,  tan solo a nivel experimental pero estamos convencidos de que debería considerarse a futuro una muy importante fuente de agua potable y de riego. Es cosa ahora de intentarlo a nivel industrial.  Pequeñas industrias costeras, mineras, o caletas de pescadores podrían aprovecharse en breve tiempo de este beneficio, tal como nosotros mismos, con Pilar Cereceda y apoyados por CONAF y el Environmental Service de Canadá lo pusimos en práctica en el Tofo, dotando de agua potable a la caleta de pescadores de Chungungo entre los años 1986 y 2000. El diseño adoptado por nosotros  fue el de "tipo cortina", una variante del atrapanieblas (Ver Fig.   ).

 Gracias a este generoso aporte de agua (tanto para la bebida como para el uso casero), la población de habitantes de la caleta de pescadores de Chungungo creció en más de 300 personas en pocos años. Esta experiencia ha sido la única hasta ahora destinada a aprovechar, en gran escala, el agua de la niebla. Al menos en nuestro país. 

(Hasta aquí, el cuestionario enviado a "Ladera Sur").

Reflexiones nuestras de tipo geográfico y eco-antropológico.

1. En Chile, ya había demostrado el potencial acuífero de las nubes estrato-cúmulos provenientes del océano Pacífico el  botánico y fisiólogo vegetal alemán Jochem Kummerov en 1966, al estudiar las extrañas asociaciones vegetales del bosque relicto de Fray Jorge, junto a la desembocadura del río Limarí. Su trabajo: "Aporte al conocimiento de las condiciones climáticas del bosque de Fray Jorge", fue publicado en el Boletín de la  Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile, Santiago, N° 24, 1966:  21-24. Pero sus estudios fueron de orden botánico y fisiológico (vegetal), y no hacían referencia directa a su posible utilización como fuente de agua dulce . Ya años antes, desde l961, en publicaciones en idioma alemán y en su patria, Kummerov había demostrado su interés por este tipo de  estudios.  Espinosa conoció algunos de los estudios de Kummerov  y los adaptó a las necesidades del desierto de Antofagasta. Tanto es así que sus primeros dispositivos  de captación de agua de la niebla fueron una copia fiel del modelo de Grunow, tal como fuera inicialmente el nuestro, en El Tofo. Su modelo, siguiendo las instrucciones directas  de Espinosa, fue confeccionado por el joven geógrafo Nazareno Carvajal, originario de Vicuña, miembro de nuestro flamante equipo de la Universidad Católica.

2. Hacia el año 1980, al inicio de nuestras experiencias en Caleta Temblador, junto al Tofo,  en el Instituto de Geografía de la Universidad Católica disponíamos de muy poca información sobre este tema salvo algunos artículos reveladores de las experiencias  del grupo de Física de la Universidad del Norte en Antofagasta, cuyo líder era el profesor de física Carlos Espinosa Arancibia, el auténtico pionero de estos estudios en el Norte de Chile.  Don Carlos Espinosa nos había facilitado generosamente, a petición nuestra, toda la información que ellos habían acumulado por espacio de más de 20 años de experiencias. Recordemos que los tímidos primeros intentos de Espinosa datan de los años 1958-60,  apenas 2 años después de creada la joven Universidad del Norte en la ciudad de Antofagasta.

3. Carlos Espinosa mantenía relaciones con investigadores peruanos, y, sobre todo,  con organismos internacionales  interesados en la búsqueda de nuevas fuentes de agua dulce. Estos contactos lo habían conducido a entusiasmar a un hidrogeólogo holandés, Christiann Gischler (Vea Fig. 7)  que en ese tiempo trabajaba como experto en las oficinas de  UNESCO/ROSTLAC, en Montevideo (Uruguay). Gischler viajó a Chile y conoció de cerca los experimentos y sitios de experimentación de los fisicos de la Universidad del Norte, en Antofagasta así como los recientes  experimentos nuestros en captación de agua de las nubes  en los cerros de El Tofo, a unos 75 km al N de la ciudad de La Serena.   Gracias a él y a su incondicional apoyo institucional, se generaron encuentros internacionales como  el Encuentro de Tacna  (Agosto 1979) o el Encuentro de investigadores de la niebla  en Antofagasta y Lima, propiciados y financiados por UNESCO/ROSTLAC  (Junio  1982).

4. A partir del Encuentro de 1981 con los investigadores peruanos  (Ver Fig. 5) y las visitas a terreno realizadas tanto en la costa chilena como en la costa peruana,  (Caleta Temblador, Paposo, Cerro Moreno, Lomas de Lachay (Perú), una rica bibliografía  geográfica y ecológica  pasó a ser parte importante de nuestro acervo científico, en especial a través de publicaciones. La idea popiciada por Gischler era intercambiar experiencias in situ entre los investigadores peruanos y chilenos, por cuanto en ambos países la camanchaca costera era una realidad abundante y palpable.

Imágenes de los  pioneros de la Universidad  del Norte, Antofagasta.

A continuación, mostramos algunas imágenes  frutos de este contacto Chile-Peerú  

Fig.1.   Los físicos Carlos Espinosa y Ricardo  Zuleta  en su laboratorio en la Universidad del Norte. Creemos que esta foto   correspondería, aproximadamente,  a los  años 1967-69. (imagen tomada de la obra de Christiaan Gischler: The missing link in a production chain. Vertical obstacles to catch camanchaca, UNESCO-ROSTLAC, Montevideo, Uruguay,  1991, p. 14).

Fig. 2.  Esta imagen nos muestra el ciprés (Cupressus sp.) plantado en el año  1962  por los investigadores Carlos Espinosa y Germán Saa, S.J., en cerros al interior de la costa de Antofagasta. Se desarrolló espléndidamente con el agua de la neblina, plantado inicialmente en tierra abonada, en el interior de un tambor metálico de capacidad de 200 lts.  Extrañamente, las ramas del árbol se desarrollaron casi exclusivamente  hacia los lados, en forma perpendicular al viento predominante. Personalmente, pudimos ver vivo este árbol a mediados del año 1964. En la imagen,  de izquierda a derecha, en tercer lugar vemos a Carlos Espinosa, y en quinto lugar, a Ricardo Zuleta.  La extensión máxima  medida por Zuleta de las ramas laterales alcanzaba más de  los 4.0 m. Muchos años más tarde,  en 1985,  tuve oportunidad de  visitar nuevamente el mismo lugar, pero entonces el árbol estaba ya enteramente seco pero entero.  (Imagen tomada de la misma obra de C. Gischler,  1991: 14).

               

Fig. 3. El atrapanieblas de estructura macrodiamante de Espìnosa, en las alturas de Cerro Moreno  hacia los 900 m de altitud.  Arriba, se alcanza a divisar parte del sector de Punta Tetas. (Foto obsequiada por Carlos Espinosa al suscrito   en 1982).

                      

Fig. 4. Abajo, en primer plano, se muestra nuestra carpa donde pernoctábamos durante nuestras experiencias  del año 1982 en el sector de El Tofo, hacia los 900, m de altitud sobre el nivel del mar. Se puede observar  en la parte superior,  la silueta de la gigantesca cortina captadora,  de 30 m de largo,  construida por nuestro equipo  del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile. 

                        

Fig. 5.  Grupo expedicionario al Perú, para analizar las experiencias  en captación de agua de la nube. La imagen fue tomada  en las alturas de Paposo  (Provincia de Antofagasta, Chile) en el mes de Mayo de  1981.  De izquierda a derecha:  Guido Soto, N.N., Carlos López Ocaña, Horacio Larrain, Christiaan Gischler, Francisco Díaz Donoso, N.N., N.N., Nazareno Carvajal, Carlos Espinosa Arancibia y  Julio Valdivia Ponce. (antigua fotografía extractada de la obra de Christiaan Gischler: "The missing link in a production chain. Vertical obstacles to catch camanchaca", Rostlac-Unesco, Uruguay,  1991: 50).


                              

Fig. 6.  Aspecto de la enorme estructura "macrodiamante", ideada por don Carlos Espinosa. Fue instalada en Mayo de 1982, a petición de Christiaan Gischler, en los altos de El Tofo,  hacia los 900 m. de altitud, al lado de nuestra Cortina captadora de 30 m de largo. 

Fig. 7.  Christiaan Gischler  (a la derecha) conversa con nosotros en una parada cerca de Paposo, en nuestro viaje de estudios con los investigadores peruanos (1982).

Epílogo:  alguos capítulos de nuestro Blog dedicados al tema de la captación de la neblina.


1. "Nuestra primera experiencia de captación de agua de la niebla: Caleta Temblador en Mayo del año 1980",  (editado el 24-12-2013);  

2. "Caleta Chungungo y la camanchaca: Primer  Proyecto para dotar de agua atmosférica una caleta costera en Chile  25-05-1982" (editado el 29-12-2013); 

3. "Los primeros trabajos del grupo de estudio de la niebla en El Tofo, IV Región de Chile. Esfuerzos exitosos", (editado el  01-09-2016).

4.  "Resumen de nuestras primeras experiencias  en captación de la camanchaca costera: años 1980-2000. Cerros de El Tofo (IVª Región) y Alto Patache (Iª Región)", editado el 30-09-2016).

(Capítulo redactado en Las Canteras, Región Metropolitana, el 5 de julio del 2022).

jueves, 7 de mayo de 2020

Primera licitación de estudios conducentes a entregar agua potable de origen atmosférico (camanchaca) a la caleta de pescadores de Chungungo, IV Región de Chile). Nuestros esfuerzos pioneros (Agosto 1981).

 En otros capítulos  de este Blog (Cf.  Larrain, 2006, 2013, 2016; ver bibliografía final) hemos dado a conocer nuestros primeros intentos por estudiar y cuantificar la  cantidad de agua que es posible captar a través de  atrapanieblas o "cortinas captadoras", como medio eficaz de obtener agua potable de buena calidad en algunos sectores del medio semidesértico de la costa de la IV Región de Chile. En aquella ocasión, carecíamos totalmente de experiencia previa que nos orientara  acerca de  la altitud, orientación  y lugares  más apropiados para captar el recurso agua.

Disponibilidad de información previa.

Los trabajos iniciales del grupo de don Carlos Espinosa, de la Universidad del Norteben Antofagasta, iniciados hacia el año 1957-58 y proseguidos en forma intermitente, estuvieron siempre a  nuestra disposición desde un principio, por gentileza del propio don Carlos.  Pero allí en Antofagasta, las investigaciones  estuvieron más bien orientadas a diseñar y construir estructuras y prototipos de aparatos captadores que, desde el punto de vista de la física, mejor podrían  adaptarse a la captación de agua atmosférica. En cambio, nuestro objetivo desde un comienzo, al descubrir accidentalmente en los altos de El Tofo un lugar  de evidente concentración de la niebla, fue diferente y más práctico: tratar de  descubrir cuáles eran los parámetros geográficos que facilitaban o determinaban la obtención de una mejor captación de agua para el uso humano.

Años "de ensayo y error".

Fue así que emprendimos pacientemente  un largo proceso de actividad in situ: tras varios años "de ensayo y error", el que finalmente nos condujo a descubrir y profundizar en el conocimiento de los parámetros geográficos que concurren necesariamente a una óptima captación del agua de la nube. La tarea no fue nada fácil y requirió de infinita paciencia y dedicación. (Cf. Larrain, 2016).

Experiencias en los altos de El Tofo (1980-1984).

 Para ello, tuvimos que construir y experimentar con diversos tipos de aparatos, instalándolos a diversas altitudes sobre el nivel del mar, a diferentes  alturas del suelo, en distintas orientaciones y, por fin, con diferentes tipos de mallas. Esto fue el trabajo realizado en las alturas del Tofo entre  1980 y 1984. El concurso y apoyo del joven geógrafo Nazareno Carvajal fue determinante en este período inicial de nuestro trabajo. Ya en nuestra primera experiencia, hecha en playa Temblador, a 550 m de altitud s.n.m.  en mayo de 1980, se copió exactamente el diseño del  instrumento usado por el fisiólogo vegetal alemán Dr. Jochen Kummerow (1927-2004) en Fray Jorge, en el año 1966. (Cf. Kummerow, 1966, bibliografía anexa).  Tal diseño nos fue recomendado entonces por el fisico antofagastino Carlos Espinosa, ya citado. El instrumento,  un cilindro de 1 metro de alto, del tipo Grunow,  formado por centenares de hilos verticales muy finos de polietileno, (Cf. Grunow, 1956, bibliografía anexa), fue construido por nuestro colaborador Nazareno Carvajal, miembro entusiasta de nuestro equipo. Nazareno, en efecto, se había titulado de geógrafo poco antes, en el Instituto de Geografía de la Universidad Católica, precisamente con un tesis sobre la captación  de agua a partir de  las neblinas costeras.

Mi incorporación a esta investigación.

Mi dedicación personal de tiempo completo a este trabajo y estudio, coincidió, extrañamente, con mi repentino alejamiento del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica,  centro que me cobijara durante ocho largos  años  (1973-1980). Un triste día de Julio del año 1980, fui exonerado de la Universidad, con ocasión de una reestructuracion masiva de esta Casa de Estudios; en la ocasión, todos los especialistas no geógrafos del Instituto, fuimos exonerados el mismo día.  Aunque este hecho fue en su momento especialmente doloroso para mí, fue, sin embargo y providencialmente, la ocasión de iniciarme en un nuevo rubro en la investigación de campo: el estudio del medio costero, sus recursos y sus formas antiguas de poblamiento. Y, entre tales recursos, en primer lugar,  el estudio de las neblinas costeras o camanchacas.  

Nuestro primer Proyecto.

Ahora bien, cuando tuvimos tuvo la osadía de presentarnos  a  una licitación pública en la Secretaria de Planificación (SERPLAC) de la IV Región en  La Serena, para abastecer de agua potable a la caleta costera de Chungungo, en agosto del año 1981 (ver más abajo, Figuras 1 a 5),  nuestro pequeño equipo  de la Universidad Católica, disponía tan sólo de una experiencia previa de poco más de un año en este tema. Fue, sin duda,  un acto de suprema audacia de nuestra parte,  que se cimentaba, sin embargo, en las experiencias anteriores de Carlos Espinosa en Antofagasta -cuya bibliografía ya conocíamos al dedillo- y  los notables resultados ya obtenidos por nuestros aparatos captadores de prueba, en la zona de El Tofo  y Cordón Sarcos. 

Fig. 1.   Portada del documento de la Licitación. Aunque algo borroso, se alcanza a leer su título: "Bases de Licitación para la ejecución del estudio de contribución al abastecimiento de agua potable a Chungungo, Agosto 1981". 

Como se puede apreciar por el título,  se trataba de "estudiar" las formas de abastecimiento de agua a la caleta, por medio de instrumentos atrapanieblas. No se sabía aún  si tal cosa era realmente posible.  Tampoco se sabía de antemano qué cantidad de agua se podría colectar y si ésta realmente bastaba  para satisfacer las necesidades de la caleta de pescadores. Además, era preciso evaluar in situ los costos de un posible Proyecto de  Abastecimiento de agua potable del poblado pescador.  Había, pues, numerosas variables que necesitaban ser estudiadas  a fondo antes de intentar la proeza de conducir agua potable, de buena calidad, al poblado  referido.

Nuestro olfato previo.

En nuestro fuero interno, nosotros, los miembros del equipo de la U. C., estábamos seguros del éxito del Proyecto, no tanto por las cortas experiencias previas ya realizadas por nosotros, sino por la experiencia recogida en otros lugares del mundo, donde ya se había experimentado con las nubes rasantes y su contenido. Sabíamos que se había  experimentado tempranamente (desde comienzos del siglo XX)  al respecto en las islas Hawai, en las Islas Canarias  (Isla de Hierro)  y,  posteriormente en Chile,  además de las experiencias de Carlos Espinosa en los cerros de Antofagasta, en el bosque húmedo de Fray Jorge  gracias al empuje del  investigador alemán Jochem Kummow en 1966. (Cf. Kummerow, 1966).

Texto de la Licitación de SERPLAC IV Región.









Reflexión y comentario final.


1.  El documento aquí analizado posee, a nuestro juicio,  un indudable valor histórico  y constituye el primer  eslabón  en un larga cadena de  hechos y realizaciones concretas que  se sucederán con rapidez  en los años siguientes.

2.  Este documento, poco conocido por lo actuales estudiosos del tema,  representa, pues,  el primer Proyecto concreto hecho en Chile destinado a financiar el estudio de la producción de  agua de la niebla mediante mallas captadoras,

3. Nuestro objetivo, además,  desde el inicio, contemplaba una finalidad social: esto es, aportar agua de buena calidad a Chungungo, una caleta de pescadores que carecía totalmente de ella.

4. Al adjudicarnos esa propuesta aquel año 1981,  tuvimos por fin acceso a los primeros fondos que permitieron a nuestro equipo investigar en terreno y experimentar, durante algunos años, con diversos aparatos y en diferentes sitios, la productividad del lugar.  Etapa que par mí constituyó  un maravilloso aprendizaje en un tema aparentemnte ajeno a la Antropología, mi especialidad. 

5. En los años siguientes, nos adjudicamos  otros Proyectos en la misma Región,  los que nos permitieron continuar la tarea en el lugar,  y entablamos relaciones internacionales, gracias a los contactos de la geógrafa  Pilar Cereceda T., jefe de nuestro grupo.  (Cf. Larrain, 2006, 2013, 2016). 

6. Gracias al apoyo de la Compañia de Aceros del Pacífico (CAP), dueña de esa zona minera de explotación del hierro, nos fue posible contar con una cómoda casa, al lado mismo del lugar de captación, donde pudimos permanecer por largos meses, construyendo y vigilando nuestros aparatos y realizando mediciones diarias en una mini estación metereológica  que  el Dr.  Fernando Santibáñez, de la Universidad de Chile, nos había gentilmente facilitado para la investigación  de las variables climáticas. De antropólogo, pasé a ser de pronto,  un solícito aprendiz de climatólogo. 

Perspicacia de nuestras intuiciones.

Que nuestras primeras intuiciones sobre la factibilidad del Proyecto eran acertadas, lo prueba el notable desarrollo subsecuente gracias a los trabajos emprendidos en los cerros de El Tofo, por parte de  CONAF (IV Región) y el Environmental Service de Canadá, por intermedio del físico, Robert S. Schemenauer.

Un final feliz.

El broche de oro de estos esfuerzos ocurrió  un día  Mayo de 1992 cuando se conectó el agua  de los atrapanieblas a la cañería que la condujo cerro abajo, al poblado de pescadores de Chungungo, situado a unos 3,5 km de distancia, junto a la costa. Durante los cuatro años siguientes, los pobladores de la caleta disfrutaron de un agua de excelente calidad en sus propias casas, e incluso se dieron el lujo de  cultivar pequeñas huertas caseras, para surtirse  de verduras. Situación para ellos totalmente impensada cuando por decenios se vieron obligados a surtirse de un agua de dudosa calidad, que era transportada en un camión cisterna, una vez por semana. Si el camión llegaba a fallar, quedaban simplemente sin agua.
Bibliografía citada.

Grunow J.   1958, "Kritik des Nebelfängers. Zur Methode der Messung des Nebelniederschlags". Technische Mitteilungen des Instrumentenwesens der Deutschen Dienstes, Neue Folge, Nr. 4, 60-68, Hamburg.

Kummerow, Jochem, 1966, "Aporte al conocimiento de las condiciones climáticas del bosque de Fray Jorge",  Boletín Nº 24, Facultad de Agronomía, Universidad de Chile,  Santiago  de Chile, 24, pp.

Larrain, Horacio, 2006,  "Captación del agua de  niebla: breve historial en el  Norte de Chile", https://eco-antropologia.blogspot.com de fecha 06-12-2006.

Larrain, Horacio,  2013, "Nuestra primera experiencia de captación de agua de niebla: caleta Temblador en mayo del año 1980",  en https://eco-antropologia.blogspot.com de fecha  08-11-2013

Larrain, Horacio, 2016, "Resumen de nuestras primers experiencias en captación  de la camanchaca costera: años 1980-2000. Cerros de El Tofo (IV Región) y  Alto Patache, (Iª Región de Chile",  en  https://eco-antropologia.blogspot.com, de fecha  30-09-2016.

(Nota final: este trabajo previo ha sido enviado a la geógrafa Pilar Cereceda para su revisión y puesta a punto. Sus observaciones y notas serán gustosamente agregadas a este texto).

viernes, 12 de agosto de 2016

Cómo describió a los changos, pescadores de la costa de Atacama, el naturalista alemán Rodulfo Amando Philippi en 1853.

En un capítulo anterior, editado por nosotros en este blog el 24/08/2011 con el título de: "Rodulfo Amando Philippi y las neblinas costeras: un botón de muestra de su capacidad de observación", nos hemos referido a su descripción de las neblinas costeras  o camanchacas y su efecto en la vegetación. Hoy analizaremos su aporte sobre los grupos costeros denominados changos,  pescadores -recolectores marinos que Philippi  topa primero en  Paposo y  luego en  Caleta el Cobre.  Atraen de tal modo su interés, que  nos regala en su obra dos de sus valiosas láminas sobre este tema.

El viajero y explorador del desierto  R. A. Philippi. 

Nos hemos propuesto la tarea de espigar, en las obras de los grandes viajeros y exploradores del Norte Grande chileno, en pos de  informaciones de primera mano, sobre  las comunidades indígenas que topaban a su paso y su forma de utilización del medio ambiente. Uno de los más notables exploradores e investigadores de nuestro desierto nortino en el siglo XIX, fue, a no dudarlo, el naturalista y científico alemán Rodulfo Amando Philippi. Su gran obra, Viage al desierto de Atacama, fue publicada en Halle, Sajonia en el año  1860, en edición simultánea en alemán y castellano. Ha sido objeto de una reciente y excelente reedición por parte de la Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, (Augusto Bruna y Andrea Larroucau, editores), Santiago de Chile, 2008, 353 pgs., un gran plano desplegable y 10 láminas de paisajes, más numerosas láminas de plantas y animales típicos en apéndice ad hoc).


Fig. 1.  Portada de la obra original de Philippi, publicada en Halle, Sajonia (Alemania)  en el año 1860. Observe el lector  la palabra "Viage" escrita con -g- en su época.


Fig. 2.  Reedición  cuidada  provista de una excelente introducción preparada por los Editores  Sres. Augusto Bruna y Andrea Larroucau, bajo los auspicios de  la Cámara Chilena de la Construcción, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Biblioteca nacional, Santiago de Chile, 2008. Esta obra forma parte de la "Biblioteca  Fundamentos de la Construcción de Chile".

Los changos pescadores y su ambiente ecológico.

De esta hermosa y erudita edición extractaremos aquellos párrafos que nos hablan y describen el modo de vida de nuestros pescadores changos, recolectores eximios de mariscos y algas, habitantes de la costa desértica chilena. Agregaremos, en palabras del propio Philippi, algunos  párrafos atingentes al clima y a los variados recursos que el ambiente ofrece al hombre en esta costa desértica. Porque estos datos nos permitirán entender el género de vida transhumante y movedizo de estos pescadores-mariscadores, en su ir y venir de caleta en caleta, de aguada en aguada.

El texto principal que  hace referencia explícita a la presencia de changos.

En primer término, citaremos, con notas nuestras al pie de página,  el texto más completo que trae Philippi referido a este grupo étnico. Se encuentra en los párrafos finales del capítulo I de su obra titulado "Exploraciones en la costa".

 Dice así (el inicio del  párrafo cuando va entre paréntesis, es adición nuestra):

(Caracterización física de la costa).

"La costa no es otra cosa que la falda escarpada de una meseta (1) cuya elevación es como de 600 metros, que se extiende desde Pan de Azúcar (26° 8´latitud sur) hasta Cobija (22° latitud sur) y tal vez hasta el río Loa, es decir por unas cien leguas por lo menos. Raras veces hay una playa que es siempre estrecha, y en muchos lugares la cuesta (2) cae casi perpendicularmente al mar....".

(Las nieblas costeras y los manantiales).

"....Neblinas densas (3) paran en esta cuesta por casi nueve meses al año, desde Miguel Díaz hasta  Pan de Azúcar; más al Sur (4),  la costa es demasiado baja  e interrumpida para atajar los vapores aqüeos en su camino (5) pero no puedo darme ninguna razón por qué estas neblinas faltan al Norte de Miguel Díaz, donde la cuesta no es tampoco interrumpida y es tal vez aún más alta (6).  Dichas neblinas producen los manantiales (7) y la vegetación particular (8) de la que he hablado extensamente. Es manifiesto que  estas condiciones físicas no permitirán jamás la agricultura y que aún la crianza de ganado será siempre muy limitada (9).(Subrayado nuestro)

(Nomadismo costero). 

"Las pastoras han de ser necesariamente nómades (10) y hay años muy secos en que sus cabras y burros están en peligro de morir de hambre (11). Entonces deben procurar hacer comestibles los chaguares y quiscos para estos animales, juntando palitos alrededor de estas plantas y prendiéndoles fuego para quemar las espinas que las defienden" (12). (Philippi, reedic. 2008: 46; subrayado nuestro).

(La pesca del congrio, presa  preferida).

"En estas circunstancias,  los moradores se ven precisados a buscar su sustento en el mar, que parece abundante de pescado (13). El congrio (14) señaladamente es una fuente de riqueza para esa pobre gente (15); no  es una especie del género conger  de los naturalistas, como lo indica su nombre vulgar y como lo ha creído el señor Claudio Gay, sino un pez no descrito hasta ahora y que pertenece a la sección de los blennioideos, y que he nombrado Genypteros nigricans (16), porque sus aletas ventrales, reducidas a un par de hilos, están colocadas en la misma barba. Este pez alcanza dos a tres pies y se halla solo en alta mar; se pesca con anzuelo y se pesca atando muchos anzuelos a una varilla o un cabo (17). Cuando las repúblicas de Sudamérica  eran todavía colonias españolas, el quintal de congrio seco (18) valía  40 pesos en Valparaíso y 60 pesos en Lima; he dicho arriba que su valor actual en Paposo es de sólo 8 pesos. La introducción del bacalao (19) y otras circunstancias han hecho bajar el precio del congrio y como al mismo tiempo se han abierto muchas minas (20) cuyo trabajo se paga bien,  la mayor parte de los changos (21) han abandonado la pesca para dedicarse  al trabajo de las minas" (22). (Philippi, reedic. 2008:  46-47).

Fig. 3.   Dibujo del propio  R. A. Philippi durante su estancia en la caleta de Paposo. Las viviendas de los changos -ya algo aculturados-  se ven cubiertas con lonas o esteras viejas  y con estacas de palos. Ya no usan como techumbre los cueros de lobo marino, como antaño. Las dos mujeres changas  sacan agua de un pozo abierto en la playa misma, cerca de sus primitivas rucas. Allí junto,  cuatro cabras de su pequeño rebaño ramonean algunas raquíticas plantas.  Observe las grandes ollas de barro que usan para conservar el agua potable. Dada la notable acuciosidad del sabio alemán, podemos colegir que tal escena fue retrato fiel del original visto en su momento.  De gran interés es la presencia del pozo de agua excavado  en plena terraza marina. 

Fig. 4. Notable escena captada en la caleta el Cobre, visitada por el sabio naturalista.  Una típica embarcación pescadora conocida como "balsa", hecha de dos odres de cueros de lobos marinos. Tiene esta imagen la peculiaridad de presentar a dos remeros hincados, que reman en forma simultánea. Caso raro, pues casi todas las imágenes conocidas de  balsas, presentan a un solo tripulante que va hincado en la parte anterior (proa) de la balsa.  Esta embarcación, sin duda, era de mayor tamaño que las normales, de un solo remero.  También sorprende el tipo de remo, de una sola paleta. El remo tradicional de estas balsas, según las Crónicas y descripciones tempranas, siempre tuvo dos paletas, una en cada extremo, siendo así especialmente apto para que el remero pudiera conducir una balsa con facilidad. Sospechamos fundadamente que esta balsa, de mayor tamaño y doble tripulante, haya sido una adaptación tardía de los changos para el carguío del mineral de cobre, en sacos,  hasta  los barcos, tal como lo muestra aquí nuestra  Fig. N° 4.    Que la imagen pretenda reproducir fielmente el original visto por el sabio alemán, no nos cabe la menor duda, conociendo la prolijidad de su autor.

Nuestras notas a este  valioso texto.

(1) Se trata del cordón principal de la cordillera de la Costa. A la verdad,  rara vez  ostenta éste "mesetas" o "mesas", sino más bien  una sucesión de  cordones de cerros  de hasta  800-1.000 m de altitud, que muy rara vez dan lugar a la formación de planos o mesetas de altura.  Hay lugares,  sin embargo, donde se manifiestan tales "mesas"  como ocurre, por ejemplo,   en la zona  arriba  de Pan de Azúcar. Pero la generalización hecha aquí por Philippi no corresponde a la realidad general.

(2)  "Cuesta" en el sentido del talud o ladera de una montaña que cae abruptamente  hacia el mar.

(3)  Philippi se percata inmediatamente de la presencia casi continua de  neblinas densas en esta zona.  Aunque no nos indica la porción altitudinal que cubre esta presencia (que sabemos tiene un techo a los 1.000 m de altitud, zona donde se inicia el fenómeno de la "inversión térmica"), señala agudamente su persistencia por casi nueve meses al año. En efecto, las nieblas cubren los flancos de la montaña costera que miran al W o al NW entre  los meses de Mayo y  mediados de  Enero. Febrero a Abril son los meses más parcos en presencia de nubes, según nuestra experiencia en los cerros situados al sur de Iquique ( sector Alto Patache). Notemos aquí  que Philippi  visita y recorre de preferencia el trozo de costa situado al norte de Taltal, sector de gran profusión de nieblas que llegan a formar mantos de vegetación costera de reconocida abundancia y riqueza botánica.  (Cfr. M. Ricardi, "Fitogeografía de la costa del departamento de Taltal", Boletín de la Sociedad de Biología de Concepción (Chile), tomo XXXII,  1957: 3-9). Philippi visita la zona hacia fines de diciembre, época en que el fenómeno ya está próximo a terminar. No puede caber duda alguna de que Philippi se informa muy  bien por sus arrieros sobre los períodos de mayor humedad en la costa. Sobre esta capa de inversión térmica y sus causas y consecuencias,  se puede consultar con fruto el notable trabajo del geógrafo alemán Wolfgang Weischet titulado: "Las condiciones climáticas del desierto de Atacama como desierto extremo de la tierra", (en Norte Grande, Revista del Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, Santiago, Vol, I, N° 3-4, 1975: 363-373).

(4)  Cuando los cerros de la cordillera de la costa presentan  menos de 550-600 m de altitud, la gran masa de la niebla, portadora de humedad,  pasa rauda por encima de éstos, sin casi tocar el terreno. Es decir, para que se produzca con intensidad el fenómeno de la niebla mojadora y pueda ésta humedecer el terreno creando allí vida vegetal, se precisa de una mayor altitud de la barrera. Nuestras experiencias en El Tofo (IV Región de Chile) y Alto Patache, (I° Región de Chile), han demostrado que la altitud ideal de captación del agua de niebla se da por sobre los  750-800 m. de altitud hasta los 900 m.  La masa nubosa que procede del océano arrastrada por los vientos alisios que soplan del SW, es  más potente  y rica en humedad en su parte  media que en sus extremos superior e inferior.  Por lo tanto, a altitudes bajas, inferiores a los  500 m.,  esta masa es bastante menos densa y contiene menos vapor de agua, al igual que en altitudes superiores a 1.000 m. (altura de la  "inversión térmica").

(5) "Vapores aqüeos" les llama Philippi con toda razón, pues el contenido de la niebla es rico en vapor de agua, es decir, agua  en forma de vapor.   Si la barrera  que ofrece  la montaña a su paso es baja,  gran parte de esos "vapores aqüeos",  pasa libremente por encima, tierra adentro,  sin condensar y se evapora muy pronto, al chocar con  el aire caliente del interior.

(6)  Philippi se asombra muchísimo de que hacia el norte del sitio Miguel Díaz (24° 36´ L.S.), a pesar de su adecuada altitud, no se dé el fenómeno de la depositación de la niebla y, por tanto, no se produzca allí vegetación alguna. Probablemente, la respuesta correcta haya que buscarla en el hecho que en dicha zona la muralla costera o cadena de cerros, siendo bastante alta, no enfrenta directamente el S o el SW, sino más bien el NW o el N. En otras palabras, la dirección  y orientación de esta barrera respecto al ángulo de incidencia de los vientos portadores de la niebla es aquí absolutamente decisiva. No basta, por tanto, con una altitud adecuada de la barrera montañosa; también debe darse una orientación  y exposición adecuada de ésta. El ideal -tal como ha quedado demostrado en estudios de nuestro equipo en El Tofo y Alto Patache  entre  los años 1980 y 1999-  es que esa parte elevada de  la cadena montañosa  enfrente directamente el SW o incluso el Sur franco, pues en tal caso  la masa de nubes impactará en ángulo recto contra el macizo, condensando fácilmente su contenido de agua dulce en las rocas expuestas o en la propia vegetación allí existente. Según nuestros estudios, tal cosa se da, de preferencia, allí donde la costa forma "puntas" o sea, donde la estribación de la montaña penetra un tanto hacia el mar, generando  una suerte de península. En nuestra costa de Iquique, allí donde  la toponimia señala  la presencia de tales puntas (v. gr. Punta Pichalo, Punta de Angamos, Punta Patache, Punta de Lobos, etc.), se verifica este fenómeno de alta concentración de neblinas rasantes y gracias a la zona de montaña de franca exposición al Sur o Surweste, se produce in situ una interesante y duradera vegetación particular. El caso más claro y evidente en nuestra costa norte se da en la península de Mejillones, arriba de Punta Tetas, donde se mantiene, durante casi todo el año, una densa y tupida  nube de condensación que crea en sus altos un verdor permanente e incluso bosquetes de grandes cactáceas del género Eulychnia.

 Habría que verificar, en consecuencia, la orientación y grado de exposición de la cadena de cerros en la zona aquí aludida por el naturalista Philippi para concluir a este  respecto. (Coteje con nuestra  Nota N° 8).

(7)   Esta afirmación del explorador del desierto es  de sumo  interés. Debemos, por tanto, destacarla muy especialmente aquí.  Las neblinas son la causa de la existencia de aguadas y manantiales en esta costa.  Philippi llega a esta conclusión,  muy válida, tras comparar diversas situaciones, y, tal vez, al discutir el tema con sus compañeros de viaje y aún con sus arrieros y baqueanos. Si en el desierto interior de Antofagasta no llueve prácticamente nunca,  ¿de dónde pudo venir el agua sino de la camanchaca que se infiltra cuando se posa y condensa en los terrenos más altos en forma de garúa persistente ?. Philippi estampa la frase arriba señalada por nosotros en  negrita con una certidumbre total: no duda un momento al respecto.

(8) Philippi nombra explícitamente por sus nombres científicos y enumera  todas las especies botánicas que colecta cuidadosamente tanto en Paposo  (118 especies) como en Miguel Díaz (37 especies).  (Cfr. Philippi, edición 2008: 36, 38).  El explorador nos advierte en su relato que al Norte de la aguada de Miguel Díaz, "la vegetación se concluye casi enteramente con esta agua" (Ibid., 2008: 38).   Aquí señala al respecto  (Ibid. 2008: 40): "La vegetación  es casi nula... Los cerros se elevan a mil metros, pero están destituidos de vegetación. ¿Cómo explicar que las nubes y neblinas se produzcan únicamente cerca de Paposo y no igualmente más al norte? " (Ibid. 2008:  40; subrayado nuestro; compare con lo dicho en la nota N° 6).

(9)  La relación entre presencia de agua y vegetación y ganadería, aunque ésta sea en pequeña escala, es evidente. Los pastores y pastoras que topa Philippi en su viaje disponen de una corta manada de cabras y unos pocos burros. El burro es el animal  más útil en estas condiciones, pues  se presta especialmente para la carga y monta, cualidades valiosísimas  e indispensables en estas latitudes. No existen aquí ovejas, animales mucho más exigentes en materia de forraje. Tampoco caballos o mulares. El burro les daba cabalgadura, posibilidad de bastante carga y también leche que los viajeros saben bien aprovechar. Philippi no olvidará este pequeño detalle.

(10) La suma escasez de agua dulce, reducida a  escasos y distantes manantiales, les obliga a un intenso nomadismo. Los pastores  en tierra deben moverse de aguada en aguada, tal como los pescadores de caleta en caleta. Porque alrededor de la aguada se halla algo de pasto, arbustos  y alimento vegetal.  Los hombres eran pescadores y sus esposas e hijos, pastores. El pastoreo de caprinos en estos parajes surge sólo con la llegada de los animales domésticos europeos. Respecto al período prehispánico, no tenemos antecedentes de que hubieran criado y mantenido llamas en esta costa, lo que resulta menos probable, pero no del todo imposible.  La ganadería y la minería, serán actividades que se incrementarán notoriamente con la llegada del español.

(11)  Esta referencia apunta a  datos obtenidos por Philippi  de labios de los propios changos o,  más probablemente, de don Diego de Almeyda, su experimentado baquiano,  buen conocedor del área que había recorrido intensamente en busca de vetas metalíferas.

(12)  "Chaguares". Se trata de la planta bromeliácea  Deuterocohnia chrysanta  Phil, conocida como "chaguar del jote"  que fue  determinada por el propio Philippi -como muchas otras-  como producto de este viaje.  Especie muy semejante a las Puyas, tan comunes en el paisaje agreste de la IV Región de Chile en su porción costera. Esta voz "chaguar" es de origen tanto quechua como  aymara (cchauara) y designa  "una mata de que hacen sogas" o también cabuya, según el Vocabulario de la Lengua Aymara del jesuíta Ludovico Bertonio  (1612: 72).  En la zona central de Chile el término chaguar (o chahuar) ha sido deformado en "chagual",  tal  como es conocido  hoy.  La costumbre de quemar las espinas de chaguares y cactáceas para  darlas de alimento a cabras y burros a falta de mejor forraje,  la hemos observado personalmente en el sector del cordón Sarcos y cerros de El Tofo, (Norte de la IV Región de Chile) por obra de cabreros entre  los  años 1980-1984.

(13)  Son numerosos los testigos coloniales que afirman que los antiguos changos y camanchacas se alimentaban preferentemente de pescado.  Algunos llegaron a afirmar que sólo se alimentaban de pescado, como Pedro Lozano Machuca a fines del siglo XVI  (1581), cuando habla de los indios "uros" pescadores de la ensenada de Atacama (Cobija); (Cfr. Lozano Machuca en Relaciones Geográficas de Indias, Perú,  tomo II, Apéndice III, xxi-xxviii).

(14 y 15)  Hay dos especies de congrios que se capturan en el norte del país que son el congrio   negro (Genypterus maculatus)  y el congrio colorado (Genypterus  chilensis). Ambas especies y  a lo que creemos también el jurel (Trachurus murphyi) fueron capturados por los pescadores changos para confeccionar el "charquecillo"  o charqui de pescado, muy cotizado por  las poblaciones  altiplánicas y de las quebradas por su alto valor nutritivo y como apetecido objeto de canje o trueque.  Los indígenas atacameños de los contornos del Salar de Atacama efectuaban viajes especiales al puerto de Cobija para canjear el charquecillo allí producido por maíz, coca, papas, quínoa, vainas de algarrobo y otros productos de los ecosistemas agrícolas de altura. El propio Philippi, en su obra,  alude a estos viajes a la costa  para efectuar el trueque de alimentos.  El congrio se captura solo en alta mar, por lo que era necesario disponer de balsas de cuero de lobos marinos para capturarlo. Philippi  ve estas balsas en Paposo y Caleta El Cobre y las describe con cierto detalle  (Cf. Fig. 4 en este capítulo).

(16)  "Genypteros nigricans" es  el nombre dado por Philippi al pez conocido como congrio negro, hoy llamado en la ciencia Genypterus maculatus. La ciencia taxonómica actual ha  respetado  muchas de las denominaciones de  géneros y especies dadas originalmente por el sabio alemán.

(17)   En nuestro capítulo sobre los changos de la costa de la IV Región, descritos por la expedición de Alejandro Malaspina en el año 1780 se hace alusión a los sistemas de pesca en dicha costa  y se hace referencia explícita al término "varilla", también usado aquí para designar  al espinel, término más usual (Cfr. capítulo de este mismo  blog: "Los pescadores changos en las costas del norte de Chile como los vio la expedición de Alejandro malaspina en 1790",  de fecha  31/12/2014,  Notas al texto).

(18)  Este "congrio seco" era el "charquecillo".  Se le secaba y salaba a la orilla del mar. Con cierta frecuencia también se le ahumaba  mediante fogatas hechas con huiros, que son los talos largos de algas marinas de la especie  Lessonia nigrescens  (conocido como "chascón").

(19) El pez llamado "bacalao" es una de las sesenta especies del género Gadus,  común en el Atlántico norte.  Durante el siglo XIX y buena parte del XX fue intensamente cazado para obtener de él su aceite, rico en vitaminas  y substancias minerales como el calcio-3.  Durante nuestra niñez, Inés Barros Casanueva, nuestra madre, nos daba a todos los hermanos Larrain Barros  una cucharada diaria sopera de este poderoso aceite, antes del almuerzo, operación sagrada que sufríamos con indisimulado disgusto por su pésimo sabor, el  que solo  soportábamos con adición de migas de pan.

(20)   Durante la época de la Colonia, se explotaron numerosas vetas en la costa en forma de "pirquines", casi todas  eran pequeñas minas de cobre, superficiales, trabajadas en forma muy precaria y por un escaso número de operarios. Muy poco antes del viaje de Philippi, iniciado en 1855, luego del feliz descubrimiento del mineral de plata de Chañarcillo, por Juan Godoy en 1832 y el mineral de Tres Puntas, en 1848 en la zona de Atacama, sobrevino un verdadero furor por la búsqueda y explotación minera en todo el norte del país. No hubo agricultor que no intentó enriquecerse con el descubrimiento repentino de una veta de oro o plata. El caso de don Diego de Almeida,  baquiano contratado por Philippi para su homérico viaje por el desierto, es un caso típico. Ya era viejo y había invertido casi toda su vida  buscando minas.

(21)    Philippi siempre  denomina "changos"  a los habitantes pescadores de la costa norte.  Tal término también se aplicaba ya a los pescadores de la IV Región (Coquimbo) en época de don Ambrosio O´Higgins, Virrey del Perú, cuando ocurre la visita del  marino italiano Alejandro Malespina  (1790). En la Colonia temprana, sin embargo,  se les denominó  "camanchacas"  o "proanches" -nunca changos-, tal vez por ser habitadores de la franja costera sujeta a este peculiar fenómeno climático: la camanchaca. No tenemos certidumbre acerca de la época precisa en que se les empieza a llamar "changos"  ni tampoco,  el  por qué de tal cambio. Pero debió ocurrir el cambio hacia la mitad del siglo XVII  por razones que desconocemos. ¿Por qué desapareció la denominación antigua  "camanchacas" y se cambió por "changos"?. No lo sabemos. Es un misterio aún no resuelto.

 (22)  Por eso alude aquí Philippi al hecho de que gran parte de los changos, tradicionales pescadores de la costa y productores del codiciado "charquecillo", habían abandonado su antiguo oficio y se habían repentinamente enrolado como mineros  en faenas cerca de la costa,  porque este trabajo les reportaba  ganancias superiores a su actividad pesquera tradicional.  Por tal motivo a Philippi  le cuesta  encontrar changos en la costa de Paposo pues todos se habían mudado ya hacia la actividad minera.

Nota:   habiéndonos extendido  mucho en este capítulo y sin haber agotado aún el tema,  dejamos para el próximo  el completar esta cita relativa a los changos en la que  Philippi se refiere a sus  hábitos sociales,  a su actividad económica, a sus embarcaciones de cuero de lobo marino y nos da interesantes  indicios acerca de su extensión geográfica. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Qué vió y cómo vió el Gobernador de Tarapacá el bosque del Tamarugal en 1765: Un auténtico pionero de la reflexión ecológica en el desierto norte chileno.

La Descripción de la Pampa de Iluga por Antonio O´Brien en 1765: fuente de conocimiento.

¿Qué sabemos  del Tamarugal en el siglo XVIII?.

Antes del año 1765, fecha del Plano y la "Descripción de Tarapacá" del Teniente de Gobernador de Tarapacá don Antonio O´Brien,  nada o casi nada sabemos acerca  del aspecto florístico y/o paisajístico del Tamarugal. Algún cronista por ahí se refiere al "Matoral" [sic por matorral], aludiendo muy probablemente al bosque bajo y denso, difícil de transitar,  formado por Atriplex atacamensis [pillallas], pero sin mayor explicación o análisis y menos aún, indicando lugares.

 Solo a partir del año 1765 tenemos noticias   detalladas y fidedignas sobre el estado de la vegetación en la pampa  que hoy llamamos "Pampa del Tamarugal" en la depresión intermedia de la Primera Región de Chile. Con anterioridad, las noticias eran todas  en extremo vagas e imprecisas, y no nos permiten  obtener un cuadro coherente  sobre  el aspecto físico  de este "tamarugal". Las crónicas nos refieren  las peripecias de los viajes de los conquistadores Diego de  Almagro y Pedro de Valdivia con frases  lacónicas y poco expresivas. En ninguna de ellas  hay referencia clara  a la flora observada o a los bosques del Tamarugal, aunque muy frecuentemente a los arenales y pedregales interminables y  a la sal acumulada en su superficie y a la terrible  falta de agua del trayecto y la necesidad de llevarla en cueros de animal (odres).

Cita ad litteram del texto de O´Brien:

Por eso, nos parece de especial interés,  a este propósito, en este capítulo nuestro del Blog,   citar ad litteram la magnífica y detallada descripción que nos dejó don Antonio O´Brien,  Teniente de Gobernador de Tarapacá en el año  1765. En el capítulo VII de su Descripción que titula: "Descripcion del valle o Pampa de Yluga y de el Tamarugal",  señala con  el número 76, textualmente:

"Es un territorio  que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y que lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue. Se ven en este territorio muchas y dilatadas chacras, en las que permanecen  los rastrojos del trigo y maíz que produjeron.  Asimismo, hay en él gran cantidad de árboles que llaman tamarugos, algarrobos y molles, muchas y crecidas retamas con un espeso e intrincado bosque de monte bajo, que en parte lo hacen impenetrable, por esta parte frente del pueblo de Pica. Y es bastante húmedo y muy abundante de agua subterránea; hay en este sitio en el camino que se sigue desde el dicho pueblo [de Pica] para el cerro de San Augustín de Guantajaya, dos pozos que llaman Puquios, el más profundo es de catorce varas, y por lo regular tiene tres [varas] de agua y solo sirven para dar de beber a los que transitan por este camino porque hasta ahora no ha habido quien hubiere hecho una noria u otra máquina para regar algunas tierras. Es en algunos parajes salitrosa,  por la parte que sigue a la costa, pero a más de no ver mucho el salitre, es superficial, criando una costra de  cuatro a seis dedos de grueso, y el terreno debajo de esta costra es gredoso y dulce, y todo el resto de la Pampa es especial tierra para trigo y maíz. La última cosecha que se cogió seis años ha, llegó a dar ciento treinta y dos fanegas de trigo por  una, y desde entonces no ha vuelto a sembrar en ella por falta de agua".  (Transcripción nuestra tomada directamente de una fotocopia del original del Archivo de Indias, 1765,  Nº 76;  cfr. Archivo de Indias, Legajo Charcas, 490, Nº 76).  Solo se modernizó la grafía, ortografía y sintaxis al español actual,  para facilitar su lectura, sin cambiar ni una sola palabra del texto).

De este extraordinario texto deducimos lo siguiente:

1. En tiempos de O´Brien había,  en lo que hoy conocemos como Pampa del Tamarugal, "gran cantidad de árboles".  Es decir, se mantenía todavía  el  tupido bosque en  numerosos sectores. El Plano de la Pampa de Yluga lo ilustra claramente,  señalando  mediante una simbología  clara y  precisa, los sectores de mayor densidad de árboles y arbustos. Como también los sectores desprovistos de vegetación.

2. Distingue  nítidamente O´Brien tres especies de especies arbóreas allí presentes: tamarugos [Prosopis tamarugo], algarrobos [Prosopis alba]  y  molles  [Schinus molle].  Con estos mismos nombres los  denomina O´Brien, siendo entre éstos "molle"   [mulli],  el único nombre  de árbol de clara y patente raíz indígena original.

3. Añade, como muy importante, la presencia de  un "bosque" de monte bajo que denomina de "pillalla" y que  a veces tiene tal densidad que  impide atravesarlo. Se refiere- lo sabemos bien- a la especie arbustiva Atriplex atacamensis, que forma  enormes conjuntos de forma   circular u oval, a  veces de  muchos metros de contorno.  Esta especie  es conocida en Antofagasta y en la IIIª Región de Chile con el nombre indígena de  "cachiyuyo"  o "hierba de la sal" en lengua quechua. El término indígena de pillalla, en cambio, sospechamos sea de origen local puquina. Con certeza, no es ni quechua ni tampoco aymara.  En efecto, la terminación  -alla [o -aya] está presente en varios topónimos de esta región  como Cumiñalla, en el Salar de Pintados, Huantajaya,  Illalla (sembrío), Illapata, etc. y parecerían denotar  voces de origen  puquina.

4. Alude concretamente a las siembras de maíz y trigo que se hacían en sectores de la pampa cuando bajaba el agua de aluvión por las quebradas  ("chacras que sembraban cuando llobia en dicho valle").

4. Las "crecidas retamas" de que nos habla O´Brien son las  plantas que hoy  llaman los locales como "retamillas" o  "retamas" y corresponden al arbusto Caesalpinia  aphila de la  familia Leguminosae. (Subfamailia Caesalpiniaceae).Al florecer, se cubren de flores de un color  amarillo intenso   con tintes de rojo. Su fruto, es una vaina. Sus hojas son    muy diminutas y  a veces faltan por completo.

Otro texto de O´Brien alusivo a la vegetación de esta pampa.

Un nuevo texto de O´Brien, continuación del anterior,  nos ilustra con más detención sobre otros aspectos relativos a la forma de explotación, en su época,  de la flora local,  en los que el inteligente Teniente de Gobernador fija su atención  con una mirada que hoy día  clasificaríamos de  eco-antropológica o simplemente ecológica.  Obsérvese, de paso, la importancia que atribuye a las "nieblas" o "camanchacas" en la formación y/o persistencia en el tiempo de este matorral:

 Hélo aquí:

"77....Mucha parte de este valle cría con las humedades  de las nieblas y las que coge el terreno con  el agua que corre de las quebradas que he dicho [nombró más arriba a Aroma, Tarapacá, Mamiña, Macaya y la de La Calera],  un monte bajo y espeso que llaman Pillayas [se trata de Atriplex atacamensis]; cuando están verdes las comen las mulas. Este monte de arboleda se ha secado mucha parte de él en las inmediaciones de la Quebrada de Tarapacá por dos razones: la primera, porque siendo el terreno más alto, parece que las aguas subterráneas corren más profundas y no alcanzan los árboles tanta humedad como necesitan para su conservación no obstante que todavía  hay muchos algarrobos, tamarugos y molles en esta parte.

78. La segunda, porque es mucha la cantidad de ellos que cortan para leña, hacen carbón y otros menesteres, siendo lo que más destruye esta arboleda el modo  que tienen de hacer el carbón que es como dije:  cortan los árboles y los destrozan y cuando están secos, juntan una cantidad de ellos y les pegan fuego sin otra precaución alguna, y cuando les parece que están  pasados de fuego los apagan con tierra y sucede que si pusieron cien quintales de leña, sacaron veinte o veinte y cinco de carbón bien malo, y de este modo han destruido  la mayor parte  de la arboleda, con muy poca utilidad, y si no se pone remedio, vendrán a quedar en menos tiempo del que piensan, sin leña ni carbón ni donde ir a buscarla. 79.  Toda esta pampa o valle es despoblada y en ella no hay parte alguna que no pertenezca a Su Majestad (que Dios guarde)."

Comentario nuestro:

1. Advierte O´Brien con mucha razón y con una mirada  que hoy llamaríamos ecológica, acerca del peligro derivado del modo abusivo de explotación contemporánea de la leña y carbón en estos bosques. Si siguen así- señala- acabarán con la arboleda.

2. Se indica en forma tajante que  no hay en esa época  [1765] habitantes estables en esta extensa pampa: "esta pampa o valle es despoblada", dice textualmente. Este dato es muy interesante pues comprobaría  que  aún no  se ha iniciado  aquí  la instalación de buitrones de beneficio de la plata en la pampa, cerca y alrededor de la actual población de La Tirana.  La actividad que aquí se realizará más tarde (segunda mitad del siglo XVIII) en torno a estos buitrones exigirá ya, de facto,   una forma de poblamiento al menos semi permanente; lo que evidentemente aún no ha ocurrido en su tiempo.

3. El autor  identifica aquí las expresiones  "pampa" y "valle" de Tarapacá. Por tanto  distingue dos entidades diferentes:   la "quebrada" de Tarapacá y su "valle o pampa" aledaña.

4. Todas las especies arbóreas de esta zona, son nombradas por O´Brien, sin faltar una, lo que nos demuestra su notable capacidad de observación. No olvidemos que  O´Brien debió cruzar a caballo o en mula  con alguna frecuencia desde el pueblo de Tarapacá, donde residía hasta  el mineral de Huantajaya o al puerto de Iquique, de preferencia al mineral,  donde debía informar al Virrey Amat sobre sus pertenencias mineras y grado y forma de explotación.

5. Respecto a los arbustos observables en el suelo de la pampa, solo se le escapa, por su  mucho menor tamaño,  la planta asterácea Tessaria absynthioides, llamada  localmente "sorona", abundante en ciertos sectores y acompañante  frecuente  de  Atriplex sp.

6. No escapa a la  observación del Teniente de Gobernador la importancia de la condensación de la "niebla" en la persistencia y conservación del Tamarugal  in situ.  Investigaciones  modernas han comprobado que algunas de estas especies,  en especial  las "retamas" o  retamillas  (Caesalpinia aphila),  y en nuestra opinión, también la hierba perenne Tiquilia atacamensis,  dependerían en buena medida de la absorción de las humedades  nocturnas o matutinas de la camanchacas, a  través de su sistema radicular ubicado muy próximo a la superficie   (Cfr. capítulo de nuestro Blog: "Un ecosistema de aluvión: remanentes vegetales del aluvión de Marzo del año 2012 en la pampa del Tamarugal", publicado el 18 de Febrero del 2016).

7. Sus reflexiones sobre la capacidad de estas plantas para absorber el agua subterránea y la formación de cauces subterráneos, bajo el piso de la pampa, por efecto de los aluviones son  francamente notables, casi diríamos, modernas. Contrasta vivamente este conocimiento, basado en sus observaciones personales,  con  el mucho menos  científico de  otros contemporáneos suyos, o aún posteriores,  en relación al origen -por ejemplo- de las vetas metalíferas del mineral de plata  de  Huantajaya.

8-  Por tales títulos, no dudamos en reconocer a don Antonio O´Brien como el gran precursor de los estudios  medioambientrales de la Región de Tarapacá. En muchos aspectos -como los señalados más arriba- su  perspicacia  y notable don de observación se adelantó a su época, destacándolo como un  pionero de la preocupación ecológica en nuestro medio desértico.  Ojalá algún día se haga realidad este reconocimiento. Por ahora, ni siquiera una  calle o plaza de Iquique o  de Pozo Almonte rememora la certera  y  "moderna" visión  ecológica de este genio colonial sobre Tarapacá.

Por ahora, sigue siendo un "ilustre desconocido" en esta Región,  a la que dedicó más de diez años de su vida.  Sirva este capítulo para honrar su memoria y su  valiosa herencia.   

sábado, 4 de octubre de 2014

Un estudio temprano de los efectos de la neblina en el bosque higrófilo de Fray Jorge, costa de la IV Región de Chile.

Un texto temprano  para el estudio de la niebla.

Deseamos presentar a nuestros lectores un antiguo artículo  de estudio sobre la camanchaca  o neblina costera y sus efectos en la flora local.  Es  muy poco conocido, por haber sido publicado  en  un Boletín  de escaso tiraje. Se trata del estudio de dos  botánicos que nos  describen  tempranamente   el famoso "bosque de niebla de Fray  Jorge", situado  al N. de la desembocadura del río Limarí, en la IV Región de Chile.  Este bosque, situado en las cimas de los cerros de la Cordillera de la Costa y a un altitud media de  los 650 m. snm.  es un "bosque relicto",  esto es, un remanente de  especies vegetales allí arrinconadas, gracias a la niebla, y cuyo origen se remontaría al parecer al Holoceno temprano.  Se halla  en las coordenadas geográficas  30º 40´ Lat. Sur. El trabajo  fue publicado en el Boletín de la Universidad de Chile, Nº  67, en Julio de  1966.  Después de los trabajos del climatólogo alemán Jochem Kummerov publicados en  1961 y  1962,  quien efectuó las primeras mediciones exactas de la depositación  de la niebla en forma de agua, vendrán otros botánicos   (como  Muñoz y Pisano, 1947 o Skottsberg,  1966)  quienes estudiarán en detalle la composición florística de este bosque de niebla, el más septentrional de Chile.

La visita del botánico  Federico Philippi.

El primer científico que  estudió este bosque hacia el año 1890  fue Federico Philippi, botánico, hijo del ilustre  naturalista alemán  Rodulfo Amando Philippi,  el sabio investigador del Desierto de Atacama (1860). Al efecto, publicó un artículo sobre su visita  a este lugar. El artículo apareció traducido al español  en el año 1930, en el Boletín del Museo Nacional (de Chile), Vol. 13: 96-109), Santiago de Chile con el nombre de "Una visita al bosque  más boreal de Chile". 

Interés del presente artículo. 

El interés especial del presente artículo de Gerhard Follmann y Pablo Weissner radica, sobre todo, en el acento que ambos ponen en la existencia de una riquísima  flora, en especial  su flora de líquenes. Ésta será posteriormente estudiada  a fondo por el mismo botánico  Gerhard Follmann  en diversos trabajos de su especialidad. En el presente artículo de divulgación, los autores  enfocan su análisis haciendo  una comparación entre los dos más  importantes lugares de presencia de niebla conocidos a la fecha:  Fray Jorge  y Paposo. Este último, ubicado en el extremo sur de la antigua provincia de Antofagasta,  (hoy  IIª Región de Chile)   a los  25º 03´ Lat. sur.

   
Fig. 1. Porta de la revista donde aparece este artículo. 


Fig. 2. Primera página del artículo.

Fig. 3. Mapa con indicación  de principales puertos del Norte de Chile y las zonas climáticas  según Schmitthüsen (1966).

                             
                                     
                                                        Fig. 4. Página  3 del artículo.

                                             Fig. 5. Página  4 del artículo citado.

                                             Fig.  6.  última  página del artículo citado.

Explotación  de  sus  árboles durante la Colonia.

Existe documentación histórica de dicha zona que nos permite comprobar  que  sus bosques fueron explotados, para obtener  madera, durante todo el período colonial, de suerte que muchas  de las casas patronales de fundos y haciendas de los alrededores y algunas iglesias fueron construidas con  la madera de arrayanes, canelos  y olivillos  de este oasis de niebla.

Fray Jorge hoy es Parque Nacional.

Como es sabido, el bosque de Fray Jorge   está hoy protegido por ley especial de la República  en calidad de "Parque nacional" y se encuentra bajo el cuidado particular de la Corporación Nacional Forestal (CONAF)  Sobre este mismo Parque  y su flora, véase nuestro artículo publicado en este mismo Blog   (buscar por etiqueta Fray Jorge en este mismo blog)

Valor del presente artículo.

1.   Reproduce, al final del artículo, la principal  bibliografía  existente por esas fechas sobre el tema. En particular,  cita la bibliografìa en lengua alemana  poco conocida y manejada en nuestro medio.

2.   Afirma enfàticamente que este bosque higrófilo  (es decir, compuesto de plantas  que crecen en la humedad) se asemeja  notoriamente en su constitución florística  (es decir, en su tipo de vegetación) al bosque valdiviano, del que se encuentra separado hoy  por más de 1,000 km. de distancia  lineal. Un día ya lejano  (Holoceno temprano, tal vez) ,  ambos sectores estuvieron unidos por una rosario de localidades con casi la misma constitución vegetal. Especies como el olivillo (Aextoxicum punctatum) y la enredadera llamada yelmo Griselinia scandens)  ostentan  la máximas expansión hacia el Norte, logrando  antaño colonizar  sectores costeros del desierto.  Los oasis de niebla no son otra cosa sino "islas" de vegetación, cortadas y aisladas de su nicho ecológico original  por la presencia de  amplios sistemas orográficos intermedios carentes de vegetación o con una un vegetación achaparrada claramente diferente.  La altitud sobre el nivel del mar, y la gran proximidad a la costa, han sido los factores que han permitido  su permanencia en el tiempo, gracias a la presencia de los vientos  alisios, portadores de la humedad el océano.
    
3.    Alude a las posibles fechas de formación de estos oasis de niebla  (Pleistoceno final u Holoceno), en relación con el desarrollo final de la Cordillera de la Costa.

4.   Interesante es el diagrama que   nos  presenta en su Fig. 5,  indicando la composición vegetal del bosque,  a diferentes estratos de altitud sobre el nivel del mar.

5.  Nos reproduce el dato de Kummerov  (1962)  cuando éste señala que  un captador tipo Grunow instalado por él   fue capaz de captar  1.500 mm de agua caída en un año,  puesto bajo el follaje de un olivillo de buen tamaño, lo que  equivale a la  precipitación normal de la  zona de Valdivia,  a cuya vegetación se asemeja notoriamente.; de ahí la expresión "bosque valdiviano" aplicado a esta formación botánica.

6. Concluye  diciendo  que  las condiciones de niebla de los sitios Paposo y Fray Jorge reproducen   con bastante exactitud las condiciones climáticas  de zonas situadas mucho más al sur,  (zona de Valdivia) gracias a las nieblas rasantes que, impulsadas por los vientos alisios,   arrojan y mantienen  humedad sobre los cerros elevados del borde costero.