viernes, 29 de septiembre de 2023

El calentamiento global ha desatado una crisis de proporciones impredecibles en todo el planeta: visión actual del problema.

Sintomatología de la edad presente: los grandes interrogantes sobre el calentamiento global.                           

  (Nota. El presente trabajo,  escrito en marzo del año 2020,  formaba parte de un libro que  por desgracia nunca fue publicado. Por su alto interés ecológico e histórico, nos ha parecido conveniente editarlo en nuestro Blog científico, tal cual fue redactado entonces,  con la adición de algunos comentarios de reciente data).                                      

El problema.                                    

En relación a este tema de tanta actualidad se nos ha planteado dos preguntas muy concretas de tipo ecológico. A primera vista serían sólo de especial interés para un científico estudioso de la naturaleza (zoólogo o botánico); pero tienen, como lo probaremos aquí, un trasfondo muchísimo más profundo, de modo tal que nos atañen a todos hoy, aún a los habitantes de la más remota isla del Pacífico.  Hoy, con los terribles incendios ocurridos en los últimos años en  la Amazonía, Australia, California, Rusia, Grecia y hace muy poco en Canadá, los mayores y más destructores de que se tenga noticia en el mundo en tiempos históricos- el tema del calentamiento global  cobra renovado e inusitado interés.

 He aquí las preguntas:

 A)  ¿Por qué es importante la conservación y cuidado del ambiente o la naturaleza para la especie humana?  

B) ¿Por qué es importante  proteger una especie de la extinción?.


 La primera pregunta dice relación al cuidado y protección de la naturaleza en general. La segunda, se refiere específicamente al agudo problema actual de la extinción o desaparición creciente y acelerada de especies vegetales y animales por efecto directo de las actividades llamadas “antrópicas” (es decir, las acciones provocadas consciente o inconscientemente por el hombre en el planeta).

 En busca de las causas.

Para responder adecuadamente a ambas, nos ha parecido necesario trazar previamente el cuadro general en el que la Naturaleza (plantas y animales) se inscribe hoy necesariamente. Es decir, para poder medir y aquilatar los “efectos” sobre los componentes del ecosistema nos parece necesario, primeramente, buscar, ubicar y aislar las probables “causas” que los están provocando. ¿Qué está pasando hoy con la conducta humana sobre los componentes vivos del planeta (plantas y animales) de modo tal que éstos están o desapareciendo o disminuyendo tan rápidamente?.

Hay una gran cantidad de eventos que han estado ocurriendo en la superficie de la tierra, sobre todo a partir de la llamada “Revolución Industrial”, esto es aproximadamente desde los años 1820/1830 a la fecha. La introducción de la “máquina” y la “fábrica” en la Europa de entonces (inicialmente en Inglaterra y Alemania), gracias al descubrimiento de la energía producida por el carbón y la electricidad, fueron provocando lentamente una serie de cambios gigantescos, de los cuales la Humanidad no se dio cuenta cabal por muchos decenios. Por el contrario, hacia fines del siglo XIX, (en la época de la Reina Victoria de Inglaterra) la humanidad se gloriaba de los éxitos en la conquista de los territorios más alejados mediante el ferrocarril y/ o mediante el uso de los barcos a vapor. La energía del vapor (producida por el carbón) movía locomotoras, máquinas de todo tipo y barcos de gran calado. Se acaban los veleros que utilizaban la energía del viento y surgen los “vapores”.

Fig.1.  Dibujo del "Titanic", el barco de pasajeros más grande del mundo en su época,. que se hundiera en el Pacífico un 15 de abril  de 1912 en su viaje inaugural a Nueva York. (tomado de Internet).

La construcción del famoso barco “Titanic” en astilleros ingleses, en 1912, fue un celebrado hito en la construcción naviera de su época: era el barco más grande construido a la fecha. 
Los ferrocarriles surcan los Estados Unidos de costa a costa, llevando el “progreso” a todos los rincones. El primer ferrocarril transcontinental de América del Norte unirá, en 1860, las ciudades de Nebraska con Sacramento, en California.  En Rusia, el ferrocarril Transiberiano, que une Moscú con el puerto de Vladivostok, fue inaugurado en el año 1916 siendo el ferrocarril más largo del mundo con una longitud de 9.600 km. Fue construido mediante el trabajo forzado de 90.000 hombres y soldados. La gigantesca Torre Eiffel, de 300 m de altura, fue erigida como ícono al progreso en París, con motivo de la Exposición Universal de París en el año 1889: símbolo vivo del poder de la industria de entonces, invirtió 7.300 toneladas de hierro obtenido de las minas de Lorena y Argelia.

Gustave Eiffel levanta, igualmente en 1886, la estatua de la Libertad, en Nueva York, con 93 m de altura y un peso de 225 toneladas de hierro.  En su tiempo, la estructura de hierro más alta del mundo.  Era la época en que los países celebraban y aclamaban la llegada del progreso, cualquiera fuera su costo en hombres o materias primas. No existe por entonces la menor conciencia del daño ambiental provocado por la consiguiente deforestación y/o el empleo desmedido del carbón en las fábricas y maquinarias.

 

Las primeras voces de alerta ambiental: los pioneros.

 

Surgen las primeras voces de alerta. “No todo lo que brilla es oro". “La Decadencia de Occidente (Der Untergang des Abendlandes), obra del filósofo e historiador alemán Oswald Spengler inicia en el año 1918 un ciclo de publicaciones de advertencia.  Publicará más tarde Der Mensch und die Technik (El Hombre y la Técnica) en 1931, con una potente y elocuente crítica a la técnica moderna y a las devastadoras consecuencias de su aplicación ya perceptibles en aquel entonces.

Por su parte, el botánico norteamericano Paul Sears (1891-1990), bien conocido en el ambiente científico por sus estudios de palinología (estudios del polen), publicará un libro señero, justamente con ocasión de un período de enorme sequía en los Estados Unidos donde destaca el avance implacable e imparable de los desiertos en el mundo. Su título: Deserts on March”, fue publicado por Island Press en 1935.  Libro verdaderamente profético a la luz de la perspectiva actual de tantos desastres naturales causados en gran medida por la actividad humana.

En el año 1956, esto es hace ya más de sesenta años-  aparece una publicación de tipo antropológico que causará gran impacto.  Se trata de la obra publicada por la Grenner-Gren Foundation editada por William L. Thomas. Su título es ya de por sí sugestivo y sugerente: Man´s role in changing the Face of the Earth (El rol del hombre en la modificación de la faz de la tierra), The University of Chicago Press, 1956). En esta obra, eminentes científicos de diferentes ramas (desde antropólogos, hasta botánicos y zoólogos) presentan su visión de la historia del comportamiento humano ante a la naturaleza que les rodea y sus consecuencias visibles y/o previsibles.  En particular, uno de sus autores, el botánico Paul Sears, se explaya ya en ese año –¡hace más de 64 años! - sobre los cambios ambientales inducidos por el hombre y su actividad.

 En resumen, recién hacia la década del 1950 del pasado siglo la Humanidad – es decir, algunos de sus eminentes sabios- empieza a tomar conciencia de que algo grave está ocurriendo en el Planeta con el empleo y la aplicación masiva, devastadora, de numerosas nuevas tecnologías y materiales descubiertos y aplicados sin mayor consideración a su impacto en el planeta.

 

Introducción.  El aspecto negativo del problema.


El tema de la rápida destrucción de los ecosistemas naturales y su flora y fauna concomitante, la progresiva desaparición de especies naturales y su impacto en el hombre del futuro causado tanto por el calentamiento global como por el dramático crecimiento de la población humana en el planeta, es un tema que preocupa hoy día profundamente a los científicos de todas las disciplinas, sin excepción. Desde la geología y geomorfología, la geografía y la bioclimatología hasta la historia, la antropología, la sociología y la economía, este tema tan complejo no deja hoy indiferente a nadie. Porque se relaciona estrechamente a hechos y dramáticas situaciones, visibles a simple vista, incontrovertibles, pero por desgracia en su inmensa mayoría también incontrolables. Nadie sensatamente podría atreverse a negarlos hoy so pena de pasar por obtuso o ignorante. Fuentes confiables señalan que el 93% de los científicos del mundo, especialistas en el estudio de medio ambiente, están hoy profundamente convencidos de la llegada del cambio climático y sus efectos devastadores hoy observables a simple vista. Llegada que tiene todos los visos de quedarse y, aparentemente, aún de agravarse.

 

Intentamos aquí una enumeración somera, seguramente incompleta, de los hechos constatados que nos preocupan.


“Sintomatología” significa según el Diccionario de. la Real Academia Española: “El conjunto de los síntomas de una enfermedad”. Como es evidente a todos que nuestro planeta Tierra está hoy enfermo, y necesita de urgente medicina, se hace necesario precisar cuáles son los síntomas para poder diagnosticar con certeza la “enfermedad” que sufre y así atinar al remedio (¡si es que aún hay remedio a nuestro alcance!).

 

Los síntomas más elocuentes (Síntesis).


 a) Extensos y desacostumbrados períodos de sequía en diferentes regiones del mundo. En Chile central llevamos ya más de 10 años ininterrumpidos de sequía con bajísimos promedios anuales de precipitación. La década pasada, fue la más seca de toda la historia de Chile. Hay regiones en nuestro país donde esta falta de agua de lluvia se ha tornado crítica para la agricultura (en forma particular en la III Región y área norte de la IV Región, pero hoy (agosto 2019) ya se habla que esta crisis hídrica se extiende al menos hasta la cuenca del río Maule.

 b) mucho mayor frecuencia de huracanes y tifones de creciente magnitud y potencia destructora en numerosas regiones del planeta;

 c) episodios de alzas preocupantes de la temperatura más allá de los límites promedio registrados en distintas partes del globo terráqueo y, a la vez, presencia de inviernos cada vez más fríos, con potentes tormentas de nieve y granizo;

d) deforestación incontrolada e incontenible de las grandes selvas primigenias tanto en América como en Asia y África, sea ésta causada por la minería en gran escala o la extracción del petróleo y minerales del subsuelo, sea para conseguir, a sus expensas, dilatadas praderas que alimenten el ganado, las plantaciones masivas de soya u otros vegetales que la industria moderna y/o la alimentación humana requiere y exige;

e) acelerada reducción o desaparición de glaciares milenarios en todos los continentes; rápida disolución de ingentes masas de hielo polares, o desprendimiento de enormes masas de hielo continentales como es hoy el caso en el Ártico, en Groenlandia y en la Antártida;

f) acumulación sin precedentes de basuras plásticas en nuestros ríos y océanos, llegando su efecto hasta las islas despobladas más remotas o al fondo de las fosas marinas más profundas. Lo que está causando graves problemas en la avifauna y en la vida marina en general;

g) incremento nunca antes visto de ingentes migraciones de masas humanas hambrientas desde los países en guerra o empobrecidos, del África, Asia o América Latina hacia los estados ricos y estables del Norte (Europa Occidental o Estados Unidos). Este fenómeno de masivos desplazamientos humanos lo observamos hoy con enorme preocupación tanto en las naciones europeas próximas al Mar Mediterráneo como en la frontera entre México y USA.  El Mar Mediterráneo se ha convertido por este motivo, en los últimos diez o quince años, en un cementerio para decenas de miles de africanos que en frágiles embarcaciones tratan de abordar los países del sur de Europa (Italia, España, Francia) para tratar de llegar a los países de mayor desarrollo como Alemania, Inglaterra o los países nórdicos. Escapan desesperadamente a la guerra, la inestabilidad e inseguridad política, o la hambruna de sus países de origen. En su mayor parte son jóvenes;

h) Incendios gigantescos que destruyen miles de kilómetros cuadrados de flora nativa y vida silvestre en la costa de California (USA), en Siberia (Rusia), Australia, la Amazonía brasilera y boliviana, y aún en sectores tan australes como la región de Aysén, en Chile (43º- 49º L.S.).

 Fenómenos recurrentes.


 Todos estos fenómenos, que nadie se atrevería a negar hoy, son por desgracia cada vez más recurrentes a escala mundial y ocupan casi a diario las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Hace poco (fines de mayo 2019), varias tormentas o tifones se descargaron simultáneamente sobre extensas regiones del sur de los Estados Unidos, situación jamás vista antes en ese país. Las inundaciones en China, en la India, o Bangladesh son cada vez más destructoras y provocan enormes desplazamientos humanos. En nuestro país, Chile, el 30-05-2019 se produjo un breve pero destructor tornado en la ciudad de Los Ángeles (Chile) y a la vez una tromba marina en Concepción y Talcahuano, fenómenos éstos del todo desconocidos en la zona, de los que no había recuerdo alguno en el país. Por lo general, estos fenómenos son conocidos en el mundo, pero su recurrencia, potencia y agresividad, son ciertamente nuevas.

 

¿Hacia dónde nos encaminamos?

 

¿Hacia dónde nos encaminamos al parecer irremisiblemente?. ¿Qué significa este cambio climático tan repentino y radical?. ¿Quién o quiénes han sido los causantes de esta peligrosa tendencia?. ¿Cuáles son sus verdaderas causas?. ¿Se trata sólo de un fenómeno natural y, por ende, imposible de prevenir o contrarrestar?. ¿O es posible frenar o al menos suavizar y/o atenuar esta tendencia devastadora?. ¿Es éste, por fin, un fenómeno meramente transitorio o llegó para quedarse definitivamente y al cual las próximas generaciones humanas tendrán que acostumbrarse?. Son éstas, preguntas que nos surgen espontáneamente una y otra vez y frente a las cuales nadie tiene, en la actualidad, respuestas contundentes o seguras.

 

Efectos destructores a la vista.

 

Sus efectos destructores están a la vista y los destacan los Noticieros de todo el mundo día a día: cambio visible del clima en todos los rincones de la tierra; alza constante del nivel de las aguas de los océanos con amenaza cierta de una próxima desaparición de islas oceánicas, playas y puertos; destrucción masiva de plantaciones de especies de frutales o cereales por efecto de potentes heladas o granizadas intempestivas; devastación de ciudades cercanas a los grandes ríos por efecto de inundaciones incontenibles (Hudson, Mississippi en USA; Yang-tse-kiang o el río Amarillo en China, o en la India, el río Ganges o el Indo; presencia de huracanes o tifones de creciente magnitud y capacidad destructora; acelerado ritmo de extinción de especies vegetales y animales por la destrucción o perturbación de sus ecosistemas de vida... Y así, suma y sigue.


 Acelerado incremento de la población mundial.


A la gigantesca devastación provocada por las fuerzas naturales (terremotos, tsunamis, tornados, tifones, inundaciones, incendios incontrolables) se suma un sostenido e imparable incremento de la población humana actual. Así, los ecosistemas naturales o los bosques, que son las fuentes perennes de oxígeno y captación de CO2 van viendo reducir drásticamente su superficie, especialmente en las zonas de bosques vírgenes del Asia (Indonesia), África o América del Sur (Brasil, Colombia, Perú, Bolivia o Paraguay). Peor aún, estas zonas devastadas totalmente por el fuego, sujetas hoy a la erosión, se han convertido en inmensas áreas productoras de CO2.

En el Brasil actual (poseedor del 63% de la masa boscosa mundial) esta devastación del bosque virgen por obra del hombre toma ya ribetes impensados y recientemente ha producido el repudio y la condenación de organizaciones internacionales como la FAO. Por más que el presidente de Brasil Jail Bolsonaro intente negar el hecho, ello es fácilmente demostrable y ha quedado al desnudo a través de la comparación de fotos satelitales tomadas a través de diversos años. Situación ésta que tendrá, querámoslo o no y a corto plazo, consecuencias incalculables para la oxigenación de todo el planeta.

 Se ha dicho siempre con razón que la Amazonía es “el pulmón más importante del planeta”, por su gigantesca superficie boscosa, la mayor del planeta en la actualidad. Sin embargo, de seguir el ritmo actual de las quemas e incendios, la Amazonía se convertiría, por el contrario, en un nuevo y potentísimo productor de CO2, agravando aún más la ya crítica situación mundial  (Cf. Fig. 2). 

Las actuales autoridades de Brasil hoy por hoy no parecen percatarse de este peligro que no solo acecha a su país, sino al resto del mundo. ¿Una prueba reciente, contundente?. Los recientes incendios de Australia han arrastrado enormes masas de cenizas y polvo hasta Chile y la Argentina, creando zonas de brumas donde antes solo se veía cielos diáfanos. El humo y las cenizas provocadas por los incendios en el Brasil amenazan, de hecho, a todos los países vecinos y aún, a regiones muy alejadas. No hay todavía estudios científicos que evalúen seria y concienzudamente los daños causados a los ecosistemas de otras naciones, que con razón, se sienten hoy perjudicadas.

La Figura Nº 2 (ver infra), muestra de manera  elocuente las  áreas afectadas por los incendios recientes producidos  en América del Sur de acuerdo  a la información satelítica de la NASA.  Se puede observar que la mayoría de los incendios se producen  en  la Amazonía brasilera y zonas limítrofes de  Ecuador, Perú y Bolivia. Los incendios ocurridos en Chile aunque numerosos son, comparativamente, casi insignificantes en términos del área afectada, pero para nosotros, de una magnitud y frecuencia nunca vistas.

  Lo que pocas veces se menciona en este proceso es una trágica consecuencia del mismo. En sectores como la Amazonía, al período seco (que se ha ido prolongando peligrosamente), suceden períodos muy lluviosos que, al precipitarse sobre tierras arrasadas por incendios, desprenden y arrastran consigo el escaso suelo vegetal, -de por sí pobre en nutrientes- además de todo género de detritus, dejando al descubierto el subsuelo  infértil. Los materiales así arrastrados llegan rápida y fatalmente a los cauces de los grandes ríos enturbiando sus aguas, causando, entre otros daños,  mortandad entre especies acuícolas, y provocando serios problemas de subsistencia a las tribus indígenas ribereñas, dependientes de la pesca  y/ o caza.

La Figura Nº 2 que sigue, constituye una  evidencia palmaria del efecto de los grandes incendios provocados  durante este siglo en América del Sur, especialmente en la región amazónica:

                                

Fig.2.         Superficie de incendios forestales en Américas del Sur según Join Polar Satellite System, JPSS, (https://earthobservatory.nasa.gov/images/146355/reflecting-on-a-tumultuous-amazon-fire-season?src=ve). (Aporte de  nuestra colaboradora  Srta geógrafa Daniela Rivera a este trabajo).

 El Gráfico presentado, no necesita de comentarios.  Nos duele ver a nuestro continente presa de las llamas.  

 

Donde los absurdos se tocan.

 

Los absurdos más increíbles se dan de la mano en nuestro mundo de hoy. En efecto, nos parece un absurdo contrasentido el que la humanidad actual asista hoy asombrada a un gigantesco despliegue de tecnología de punta en diversos rubros (astronomía, cohetería espacial, aviación y transporte, carrera armamentista, cibernética, robótica, minería de punta, etc.) y, al mismo tiempo, se esté acelerando en todo el planeta la implacable aniquilación de sus paisajes naturales y de las variadísimas especies nativas que los pueblan. Sobre todo, en aquellas inmensas regiones, como la Amazonía, donde existía, desde tiempos inmemoriales, el bosque como "pulmón de la tierra" y su inagotable reserva de oxígeno. Las antiguas regiones boscosas están quedando hoy relegadas, en muchos países, a pequeñas muestras educativas, expuestas en parques nacionales o botánicos, o jardines zoológicos, cuyo objetivo confesado hoy día ya no es tanto como antaño el esparcimiento o la entretención de la población con la observación de especies exóticas, especialmente por parte de niños y jóvenes, sino, cada vez más, la preservación y conservación futura de numerosas especies de flora y fauna,  hoy escasas o en inminente peligro de extinción.  El ritmo de la extinción de las especies de flora y fauna, por efecto directo de la acción destructiva del hombre, es hoy dramático y se ha acelerado en los últimos 30 años. (Ver detalle del Informe de la ONU, BBC News, 6 de mayo del 2019).

Se calculaba entonces en unos ocho millones el número total de especies vivas en nuestro planeta (animales y vegetales). De éstos, un millón al menos ya ha desaparecido o está al borde de la extinción por efecto directo de la actividad antrópica desarrollada en los últimos quince o veinte años.

 

Impacto comprobado de la desaparición o exterminio de especies animales y vegetales.

 

Se afirma hoy con argumentos convincentes que desde el año 1900 a la fecha (es decir en el transcurso de 120 años) habría desaparecido de la faz de la tierra alrededor de un millón de especies, tanto animales como vegetales. Ahmed Djoghlaf, Secretario Ejecutivo para la Diversidad Biológica de la ONU, aduce que el ritmo de extinción de las especies del planeta es hoy del orden de 150 especies por día.

Con motivo de la celebración del día Internacional de la Biodiversidad, la ONU advirtió que la humanidad pierde hoy dicha cantidad de especies, la cual sería la mayor observada después de la extinción de los dinosaurios en el período Cretácico Paleógeno- esto es, hace 66 millones de años (noviembre 2017).

 

La sexta gran extinción.


Se afirma así que asistimos hoy a la sexta gran extinción de especies en el planeta, y ciertamente la mayor después de la primera. ¿Qué impacto real tiene o tendría esta constatación?. Saben muy bien los biólogos y ecólogos, que cada ecosistema tiene sus propios componentes vegetales y animales. A medida, pues, que desaparecen ciertos ecosistemas naturales como bosques, manglares, selvas, marismas,  lagunas, humedales, por las razones que sea (construcción y crecimiento de grandes ciudades, agricultura intensiva, creación de praderas para ganadería, apertura de carreteras, aeropuertos, etc.), con ellos desaparecen o son exterminados a la vez sus componentes animales casi en  su totalidad: son una rara excepción los organismos que logran adaptarse a las nuevas condiciones y que logran, por ejemplo, convivir exitosamente con la ciudad, el aeródromo o los enjambres de carreteras y autopistas. Tal cosa ocurre sea porque ya no encuentran su alimento particular, sea porque no tienen donde anidar o reproducirse -como la mayoría de los insectos que dependen para ello de determinadas especies de plantas- sea porque no tienen donde refugiarse o esconderse de sus predadores, sea porque se ha cercenado o coartado su posibilidad de desplazamiento, sea, por fin, porque han sido cazados y perseguidos por el hombre, desde la más remota antigüedad por los pueblos cazadores. Este ha sido el caso de muchos mamíferos, en especial los grandes carnívoros (leones, tigres) o herbívoros (elefantes, hipopótamos, jirafas, rinocerontes, alces o bisontes) para conseguir sus pieles, sus colmillos, o su carne. Y en el caso de los grandes animales marinos (lobos marinos, ballenas, tiburones, orcas etc.), su grasa, su carne, sus aletas o sus órganos interiores. Sea, igualmente, porque el hombre ha ido limitando e impidiendo sistemáticamente su movilidad y sus desplazamientos naturales con la instalación de sus cercados, alambrados, caminos y carreteras (es el caso nuestro: con lo ocurrido con los guanacos, ciervos, o huemules).

 

El desconocimiento científico de muchas especies amenazadas.

 

Uno de los mayores problemas, fácilmente previsible y comprensible desde un punto de vista antropológico o médico-terapéutico, ante esta extinción masiva de muchas especies (ya no solo “amenaza”, como antaño), es que en su mayor parte ni siquiera han alcanzado a ser bien conocidas o estudiadas por el hombre en toda su riqueza y profundidad. Porque no solo interesa y sirve al ser humano el conocer su pertenencia a una determinada clase, familia, género o especie (es decir, en su adscripción a una clasificación científica según Linneo), sino mucho más conocer sus propiedades intrínsecas, tanto medicinales como terapéuticas, técnicas o alimenticias. Y en este variado tipo de conocimiento, de tanta importancia para la vida humana, estamos aún en pañales respecto de la inmensa mayoría de los seres vivos del planeta.

 

La bio-mímesis.

 

“Mímesis” (de la lengua  idioma griega: μίμησις), es una voz que significa “imitación”. De ahí derivan, en nuestro idioma castellano, mimetismo, mimético o mimos. Bio-mímesis, por tanto, es la imitación, por medio de la aplicación de elementos de la técnica moderna, de cualidades o ventajas específicas, propias de los seres vivos.

Desde los tiempos primerizos de la aviación, el hombre ha intentado reproducir e imitar en su propio provecho lo que animales o plantas ejecutan naturalmente para su supervivencia, propagación o movimiento. Un ejemplo clásico son los audaces diseños hechos por Leonardo da Vinci –precursor de la aeronáutica- de aparatos voladores, dibujados ya a fines del siglo XV, tratando de imitar y reproducir el vuelo de las aves.

En la actualidad se realiza múltiples esfuerzos por reproducir, técnicamente en laboratorio, cualidades propias de algunos seres vivos que nos parecen valiosas o importantes y que no poseen los seres humanos. La robótica es en este sentido, un ejemplo ilustrador. Pienso también en el notable y versátil vuelo de los murciélagos en la oscuridad y su portentosa capacidad para esquivar obstáculos. En la capacidad de ciertos zancudos para posarse y caminar por el agua sin mojarse o hundirse, o en la capacidad de ciertas babosas de crearse un camino húmedo para escapar de la sequedad;  o en las diferentes formas y características de  las alas de las aves, que les permiten sea estacionarse en el aire (como el “bailarín”, Elanus leucurus), sea proyectarse a gran velocidad para cazar su presa en  el mar o en el pantano (como los “piqueros”: Sula variegata), sea planear  aprovechando las corrientes aéreas ascendentes para elevarse  y volar tierra adentro por muchos kilómetros, con un mínimo gasto energético. como en el caso notable de la gaviota “garuma”  del litoral norte chileno (Leucophaeus modestus) que viaja muchos kilómetros tierra adentro, en pleno desierto tarapaqueño, para anidar allí  lejos de posibles depredadores. O la portentosa capacidad de la cabra alpina (Capra aeragrus hircus) para trepar o sortear ágilmente riscos y precipicios, casi perpendiculares, sin lastimarse o herirse, gracias a su fuerte musculatura y forma particular de sus pezuñas.

Así como éstos, hay miles de casos semejantes que recién en los últimos 3-4 decenios han sido objeto de estudios preliminares, buscando ávidamente su aplicabilidad para enriquecer y/o facilitar la vida del hombre actual. Con suerte, podemos decir que hoy se ha estudiado las capacidades de apenas un 2% o tal vez menos, de las especies hoy día vivas en el planeta.

Cuando constatamos hoy que tantos seres vivos (vegetales y animales) están desapareciendo día a día, para siempre, por efecto de la destrucción sistemática de sus ecosistemas propios, empezamos recién a tomar conciencia de la gravedad de esta pérdida, por desgracia ya en gran medida irreparable. ¿De qué nos sirve hoy conocer o haber conocido su ADN si la especie ha desaparecido sin posibilidad alguna de restauración o resurrección?. ¡Ni siquiera hemos logrado recrear el mamut o el mastodonte, especies desaparecidas apenas hace unos pocos milenios de sobre la faz de la tierra!. Mucho menos, las infinitas variedades de dinosaurios extinguidos, que poblaron nuestro planeta hace muchos millones de años, en los períodos geológicos Jurásico y Cretácico.

Los biólogos, conscientes del peligro de exterminio inminente de muchas especies, desde hace decenios han venido explorando y examinando estas capacidades que nos parecen extrañas o ignotas, adquiridas gracias a una lenta adaptación genética multisecular, pero innatas en muchos seres vivos, descubriendo cualidades y adaptaciones que hoy nos asombran, y cuya imitación por medio de la técnica (mímesis) podría significar impensados logros y/o adelantos para el ser humano del futuro.

 

El efecto negativo de la introducción de especies foráneas provenientes de otros ecosistemas.

 

Hay otro factor antrópico (es decir, producido por la actividad humana) muy importante en la pérdida o extinción de especies nativas y ha sido provocado por la propagación y difusión de especies introducidas, más voraces o destructivas. A Chile, país considerado tradicionalmente como una especie de “isla ecológica”, protegida eficazmente por la elevada cordillera de los Andes, han estado llegando e instalándose, desde hace más de dos siglos, varias especies foráneas de plantas y animales, provenientes por lo general de los países vecinos, en especial de la república argentina. Algunos casos son muy preocupantes. Diversos estudios recientes de zoólogos y entomólogos están advirtiendo sobre los peligros que significa su presencia para las especies nativas o endémicas del país.  Mientras algunas introducciones no parecen haber producido mayores daños (al menos perceptibles hoy), tal como sería el caso de la codorniz (Callipepla californica) que se ha adaptado y reproducido exitosamente en la zona central de nuestro país y que es objeto de caza, otros animales han logrado aclimatarse exitosamente en nuestro país, causando diversos daños.

Es el caso, por ejemplo, del castor canadiense (Castor canadensis), llegado a la XII región de Chile en el año 1946 y que hoy constituye una verdadera plaga en los esteros y ríos del sur. Gran destructor de árboles para construir sus diques en esteros y ríos, interfiere fuertemente en el hábitat y desplazamiento de los peces autóctonos. Entre los mamíferos, desde la república Argentina fue introducido hacia 1948 en la región de Aysén el ciervo rojo (Cervus elaphus,) procedente de cotos de caza de la Patagonia argentina, que compite eficazmente en su hábitat con nuestro huemul chileno (Hippocamelus bisulcus). Otro caso preocupante y extremadamente difícil de combatir, es la introducción del jabalí europeo (Sus scropha) que llega a territorio nacional a comienzos de siglo XX (hacia 1910) invadiendo las regiones IX a XI. Es un gran devorador y destructor de la vegetación endémica.

Por fin, citemos el caso de la cabra (Capra aeragrus hircus), introducida desde Europa durante la Colonia en las islas de Juan Fernández, carente de habitantes autóctonos, por los corsarios europeos para tener acceso continuo a carne fresca y que ha causado una incalculable destrucción en la vegetación nativa de dichas islas. (Sobre este tema, vea en Internet Wikipedia: “Vertebrados introducidos en Chile”).

Estas especies invasoras llegaron furtivamente a nuestro país de varias maneras: a) por introducción voluntaria; b) por escapes involuntarios desde sitios de crianza, y c) por las cargas en diversos medios de transporte como barcos, ferrocarriles o aviones.  Mientras algunas no parecerían constituir un peligro inminente para nuestra flora o fauna, otras son consideradas indeseables o francamente dañinas.

En el caso de los invertebrados, especialmente los insectos, en nuestro país  hay dos casos particularmente graves: la avispa de chaqueta amarilla (Vespula germánica y V. vulgaris), importadas desde le Argentina  que destruye numerosos frutos y ataca y devora a la abeja de miel (Apis mellifera) en sus colmenas, y el abejorro Bombus terrestris introducido recientemente en el año 1997 como un eficaz agente polinizador en los invernaderos, especie que compite hoy peligrosamente con la abeja de miel, desplazándola. Introducciones que son muy difíciles de combatir e imposibles de destruir por completo, por haberse ya adaptado muy eficientemente a las condiciones físicas y ecológicas del país huésped.

 

¿Cómo se genera hoy la destrucción de las especies animales o vegetales)?

 

Con excepción de las muy eventuales y esporádicas destrucciones masivas, operadas por el choque con la tierra de cuerpos celestes de gran tamaño (por meteoritos u otros), situación ésta que ha ocurrido más de una vez en nuestro planeta (v.gr. extinción de los dinosaurios debido a la caída un gigantesco meteorito), las causales más frecuentes suelen ser las siguientes:

a)      Aumento significativo de incendios forestales en todo el mundo debido a las olas de calor;

b)     Creación de extensas praderas artificiales, a costa de la destrucción y eliminación del bosque primitivo;

c)      Inundaciones frecuentes por desbordes de ríos por tornados o monzones;

d)     Plantaciones de bosques uniespecíficos (especialmente de pinos (Pinus radiata) o eucaliptus (Eucaliptus globulus) para obtención de madera. leña y postes;

e)    Crecimiento desbordado de la superficie de las ciudades en todo el mundo con la consiguiente reducción de zonas de bosques o agrícolas;

f)   Utilización en gran escala de productos químicos industriales como desmalezadores para las grandes plantaciones, o para el control de las plagas;

g) Proliferación de especies invasoras de plantas y animales (vertebrados e invertebrados) de procedencia extranjera, introducidas al país en forma voluntaria o involuntaria y que no pertenecen al ecosistema natural.

La introducción de agentes químicos en la agricultura y silvicultura fue iniciada   en los  Estados Unidos con el DDT (Dicloro difenil tricloroetano o (CIC6H4)CH (CCI3). Utilizado inicialmente por su descubridor el Dr. Paul Hermann Müller como poderoso elemento para combatir la malaria, fiebre amarilla, tifus y otras enfermedades contagiosas, siguió usándose como poderoso pesticida e insecticida hasta el año 1972, año en que la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) lo prohibió definitivamente al comprobarse el inminente peligro de su incorporación en las cadenas tróficas. Decisiva en la adopción de esta medida fue la publicación en el año 1962 de la famosa obra de difusión ecológica titulada: “Silent Spring” (“Primavera silenciosa”), trabajo pionero de la zoóloga norteamericana Rachel Carson (1907-1964) quien advirtió con vehemencia y habilidad al gran público norteamericano y sus autoridades, acerca sus letales efectos en las poblaciones de aves e insectos.

 

Ponemos hoy los ojos en Marte o en lejanos exo-planetas en lugar de ver la miseria que provocamos a diario en nuestro propio planeta.

 

Mientras dejamos en evidencia ante el mundo nuestra audacia e inteligencia al pretender colonizar o explotar un día la Luna o Marte, o alcanzar con instrumentos de última generación los planetas o galaxias más alejadas de nuestro sistema solar, nos mostramos vergonzosamente incapaces de frenar la destrucción de nuestros propios ecosistemas o la severa contaminación de nuestros mares, ríos o lagunas. Es decir, destruimos sistemáticamente nuestra propia morada terrenal alimentando ingenuamente la esperanza de colonizar un día otros planetas. Aquí queda al desnudo nuestra total incongruencia e incompetencia. Hay abundancia de dinero y en cifras siderales para lo primero, pero es escasa y mendigante para la segunda. Campea aquí y se hace evidente una inaudita y dolorosa paradoja que remece en lo más vivo nuestra imaginación y hiere nuestra más profunda sensibilidad como seres humanos.


 Actitud ante el peligro inminente.


 ¿Es posible que aún no seamos capaces de darnos cuenta cabal del terrible peligro que nos acecha y muy pronto?. Nos encontramos hoy en una lucha contra el tiempo para contrarrestar o al menos frenar en parte el alza incontenible de la temperatura media del planeta y ya hemos aceptado con la cabeza gacha el hecho consumado de que ésta subirá al menos en 1,5 ó 2 grados centígrados en los próximos dos decenios. Tal vez, más. Los científicos trazan hoy negros pronósticos sobre qué lugares o sectores de la actividad humana sufrirán, de manera inevitable, los mayores daños, mientras los máximos políticos mundiales se disputan ciegamente entre sí el control de las armas destructivas o la lucha por el acceso a las materias primas como el petróleo, el uranio, el litio, o las tierras raras, ignorando o acallando el grito desesperado de las masas hambrientas de África, Asia o América Latina.

No parece observarse en la mayoría de los máximos líderes mundiales de hoy una clara y nítida conciencia acerca del momento crucial que vive el planeta. Algunos, como el  presidente Donald Trump de los Estados Unidos, hasta se permiten negar o dudar de la existencia de esta amenaza, a pesar de las severas advertencias de la comunidad científica internacional. Nos hacen mucha falta hoy políticos clarividentes y proactivos que pongan valientemente el dedo en las llagas de nuestra doliente Humanidad y se decidan a tomar drásticas medidas, cueste lo que cueste. Es lo que necesitamos hoy con urgencia.

 

La ONU y las declaraciones internacionales.


Los esfuerzos de las Naciones Unidas por enfrentar el cambio climático y sus consecuencias visibles, vienen desarrollándose desde al menos el año 1972 (Conferencia de Estocolmo), mediante la realización de numerosos Congresos Internacionales a los que ha ido adhiriendo la gran mayoría de los países del mundo. No es éste el lugar para referirnos en detalle a los primeros esfuerzos, de carácter internacional, para enfrentar los cambios notorios del planeta con motivo de la proliferación del CO2 y sus efectos nocivos sobre nuestro planeta.

Tal vez, se ha de considerar al “Club de Roma” (The Club of Rome), fundado en 1968 por Aurelio Peccei como el punto de partida de la preocupación internacional por este espinudo tema. De hecho, el punto inicial de reflexión del Club de Roma fue, precisamente, discutir sobre los cambios que se estaban generando en el planeta a consecuencia de la actividad humana. Su famosa Declaración hecha en el año 1972 con el sugestivo título de “Los Límites al Crecimiento” (“The Limits of Growth) ciertamente pavimentó el camino a la reflexión internacional sobre los problemas que generaba el crecimiento desmesurado de la población humana de la mano con el uso abusivo de los combustibles fósiles. Surge desde ese momento el interés por una nueva disciplina y nuevos movimientos: la ecología política y la preocupación por el Ambientalismo.

El gran desafío en las últimas Conferencias Internacionales ha sido fijar los límites éticamente permisibles al calentamiento global en curso, operado por las emisiones de CO2, y otro componentes químicos de origen industrial y, hasta ahora, se ha fijado como meta un máximo de 1,5º C  si se quiere evitar una catástrofe mundial. Con altibajos, con éxitos y fracasos, tales Conferencias Internacionales (la última de las cuales fue celebrada en París en junio del año 2015) han logrado poner sobre el tapete la creciente gravedad del problema, enfatizándose la urgencia de lograr frenar el calentamiento global, de suerte que no sobrepase los 1,5 º C, so pena de un colapso cierto ad portas

El gran problema con que se ha tropezado en estos eventos internacionales ha sido la reticencia de poderosos estados, (los mayores productores de CO2), para aceptar los Protocolos que fijan las obligaciones futuras de los países. Lamentablemente, Estados Unidos y China –hoy los mayores contaminantes del mundo- no han prestado su colaboración a esta agenda internacional. Poderosos intereses económicos ligados a la extracción y comercialización del petróleo y sus derivados, se sienten mortalmente heridos por esta potencial y drástica disminución de la contaminación y esgrimen toda clase de falaces argumentos para negar, sea la realidad del cambio climático en sí mismo, sea sus efectos inmediatos.

 

El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, exhortando a los participantes, señalaba e1 1 de diciembre de 2019 al inicio de la reunión de la COP 25, reunida en Madrid para enfrentar este tema:

 “los últimos cinco años han sido los más calurosos jamás registrados. Los niveles del mar son los más altos en la historia humana… El punto de no retorno ya no está en el horizonte, está a la vista y se precipita hacia nosotros”… Hasta ahora los esfuerzos han sido totalmente insuficientes y los compromisos del Acuerdo de París significan un aumento de 3,2º C a menos que se tomen medidas más drásticas…Limitar la temperatura global a un  aumento de 1,5º C  aún está al alcance. Las tecnologías que son necesarias para hacer esto posible ya están disponibles”. Y agregó, esperanzado: “las señales de esperanza se están multiplicando. La opinión pública está despertando en todas partes. Los jóvenes muestran un notable liderazgo y movilización”.

 

Para Guterres, la clave del problema radica en la falta de voluntad política de los Estados. Voluntad política para detener los subsidios a los combustibles fósiles o para cambiar los impuestos a los ingresos al carbono, gravando la contaminación en lugar de las personas. La última reunión internacional sobre este tema, celebrada en Madrid a fines del año pasado (COP 25 en 2019) para controlar el cumplimiento de los acuerdos de París no ha satisfecho los requerimientos que, a juicio de los científicos, se necesitaba para frenar decididamente el incremento de la temperatura global, por lo cual la situación se torna grave y casi incontrolable. Aún sería tiempo de reaccionar pero, por desgracia, no se visualiza aún una decidida reacción proactiva de parte de los gobiernos de las grandes potencias mundiales, a pesar de los reclamos de muchos países pequeños, que, comparativamente, han hecho mucho más que ellos por frenar el calentamiento global (como Islandia, Dinamarca, Finlandia y otros más).

 

Incremento explosivo de la población mundial.

 

A la ola de desastres naturales descrita más arriba, causadas por la destrucción de la capa de ozono que nos protege del sol y su efecto evidente en el calentamiento global, se agrega en la actualidad el incremento sostenido, al parecer imparable, de la población mundial. La población de nuestro planeta Tierra desde el período correspondiente a los inicios de la revolución industrial en Europa duplicó su población estimada en 1.000 millones de habitantes hacia el año 1800 a 2.000 millones hacia el año 1900. Hacia el año 2000 se calcula que la población mundial creció hasta alcanzar unos 6.000 millones y hoy (2020) se estima una población mundial de más de 7.500 millones de habitantes. Y a este ritmo, se prevé que la población mundial en el año 2030 alcanzaría la cifra de unos 8.500 millones de habitantes. ¿Podrá nuestro planeta acoger y alimentar poblaciones aún superiores sin colapsar o, sin destruir sus ecosistemas naturales, o, al menos, sin experimentar cambios radicales en su forma de vida?.

 

La creciente falta de agua dulce en nuestro medio.


Por el incremento de la población y su acceso a mejores condiciones de vida, el problema de la falta de agua potable entre nosotros se va a tornar pronto francamente angustioso en no pocas ciudades. Al crecer desmesuradamente el tamaño de nuestras ciudades, su abastecimiento de agua potable se va tornando cada vez más difícil, pues las cordilleras de donde ésta proviene (en el caso nuestro, la cordillera de los Andes) experimentan hoy día el franco retroceso de sus glaciares eternos unido a un descenso sostenido de la pluviosidad. Los glaciares son cada vez más pequeños y se están derritiendo en todo el planeta, tanto en los Himalaya, como en los Alpes, los Pirineos o los Andes de América. Los glaciólogos ya lo han constatado con preocupación en diversas partes del mundo, también en Chile. Desde Groenlandia e Islandia hasta la Antártida. Casos patéticos se han observado recientemente en Islandia y en los Alpes, tal como lo ha reportado profusamente la prensa internacional.


Población comparativa en los grandes países del mundo.

 

En China, el país más populoso del mundo, con una población total de 1.390.080.000 habitantes, la ciudad de Shanghai (la más populosa) tiene 17.000.000, lo que representa solo el 1,2 % de su población total; Shenzhen tiene ya una población de más de 8.615.000 habitantes y Hong Kong no le va en zaga con una población de 7.055.000 habitantes para 2017. El Japón tiene hoy una población de 126.746.000 de habitantes. Su capital Tokio, tiene hoy una población de 39.000.000 de habitantes, lo que representa el 30.7 % del total. La India tiene una población total de 1.364.645.000 habitantes y Nueva Dehli, su capital, 26.000.000 de habitantes con un crecimiento previsto de 10 millones más para el año 2030. De este modo, su capital representa solamente el 4,7 % del total de su población.

 

El problema poblacional en América del Sur.

 

De la comparación con las grandes capitales del mundo y de América Latina, brota nítidamente que en América del Sur la tendencia casi irrefrenable de la mayor parte de sus capitales es a la formación de megápolis que acumulan entre el 20 y el 35% de su población. El caso de nuestro país, Chile, parecería ser, al parecer, el más dramático de toda la América Latina. Nuestra gigantesca capital respecto de nuestra población total constituye a la verdad un verdadero engendro demográfico. La tercera parte de la población de Chile vive hoy en su capital, esto es, apretujados en una superficie de 640 km²!. Aunque no hemos hecho un detallado estudio al respecto, parecería que Chile vendría a representar un caso dramático en el mundo de hoy en cuanto a esta desproporción demográfica entre su capital y su población total. Tal acumulación humana en una superficie tan pequeña, única, plantea y ha planteado a lo largo de su historia, problemas inimaginables y de todo orden, mucho más graves que el evidente problema del desplazamiento de la población a sus lugares de trabajo.


El tamaño desmedido de nuestra capital, Santiago, comparado con otras capitales del mundo.

 

La capital de Chile, Santiago, alcanza, según el Censo del año 2017, la cantidad de 5,6 millones de habitantes, concentrando hoy (y esto es lo más grave) el 32,2 % de la población total del país. Como contraparte, México (país,) alcanza una población total de 133,4 millones de habitantes y su capital (México DF) alcanza a 8,850.000 habitantes, esto es el 6,65 % del país. Más cerca de nosotros, en América del Sur, la República Argentina tiene una población total actual de 44.072.000 habitantes, en tanto que su capital, Buenos Aires (el llamado “Gran Buenos Aires”), alcanza los 12.806.000 habitantes, lo que representa el 29 % de su población. El Perú tiene una población total de 32.170.000 habitantes y su capital, Lima, alcanza ya los 9.320.00 habitantes, esto es, el 29 % del total. En el caso de Colombia, su población total de acuerdo al censo del año 2018 alcanza los 45.500.000 habitantes, de los cuales 7.150.000 viven en la capital Bogotá, esto es el 15,7 % de su población total.

  

Fuerte disminución del área agrícola.


A medida que las ciudades crecen en infraestructura, superficie y población, se va reduciendo en la misma proporción el área tradicionalmente destinada a la agricultura que la sostiene, abastece y alimenta, disminuyendo así cada vez más el área destinada a la producción agrícola y encareciendo significativamente los gastos de transporte y traslado de personas, materias primas, productos agrícolas y mercaderías. Es decir, la proporción del área ocupada por las ciudades versus el área destinada a la superficie agrícola va en un alarmante aumento, sin visos de frenarse o detenerse, a pesar de las polémicas políticas estatales de reducción forzada de su población mediante un estricto control de la natalidad en algunos países, como es el caso dramático de China o India.

 

Las megapoblaciones y el ecosistema.


 Merece una breve reflexión nuestra este tema de las megápolis desde el punto de vista de la conservación y/o preservación de las especies naturales. Casi por definición, una gran ciudad es una gigantesca concentración de asfalto y cemento, con escasísima presencia de áreas verdes (menos del 1% de su superficie total). A diferencia de muchas capitales europeas, en nuestras ciudades existen muy pocos parques y nunca, auténticos bosques, capaces de absorber el CO2 de nuestros autobuses y vehículos. Es decir, las superficies arboladas, productoras de oxígeno, son -digámoslo claramente- minúsculas. En nuestras calles, donde pululan verdaderos enjambres de cables eléctricos o de cables de teléfonos, cualquier árbol es prácticamente considerado un estorbo. Todos hemos sido testigos de las podas inapropiadas (y despiadadas) que ejecutan los empleados municipales todos los años, contra los árboles que se yerguen a los costados de las calles. ¿Para qué?. ¡Para “proteger” los cables!. Son muy pocas las calles de Santiago que ostentan árboles de consideración, de abundante follaje, grata sombra y apreciable altura. En ellas mandan, generalmente, los horribles manojos de cables y los postes, no los árboles. En consecuencia, casi no existen espacios por donde pueda infiltrarse al suelo, libremente, el agua de lluvias. Todo está literalmente encementado, asfaltado. La consecuencia es que todos los años, una pequeña lluvia produce enormes anegamientos en la capital. Si llega a llover mucho en pocas horas, queda la debacle. Si aquí llegara a llover como en la costa atlántica de Argentina la cantidad de 100 mm en un día, la ciudad colapsaría y quedaría el desastre total. Los sistemas de captación y drenaje de las aguas lluvias, insuficientes, anticuados o ineficientes, colapsan todos los años en numerosas arterias de la capital. ¡Y esto, a veces, con lluvias débiles, de menos de 5 mm. por día!.

Destino de la fauna endémica. 


¿Qué ocurre con la fauna endémica o nativa en estas circunstancias?. Simplemente o no existe (i. e. no ha logrado sobrevivir a los cambios) o se desplaza a otros ambientes (¡cuando puede hacerlo!). La excepción a esta regla son los sectores más ricos de la capital, Santiago, como Vitacura, La Dehesa, Lo Curro, Las Condes, Lo Barnechea donde vive la gente de mayores recursos del país. Sus calles son generalmente hermosamente arboladas y provistas de exquisita sombra en el verano. Aquí suelen anidar varias aves. Curiosamente, hoy es posible ver con frecuencia además del gorrión (Passer domesticus), picaflores (Sephanoides sephanoides), zorzales (Turdus falklandii), loicas, (Sturnella loica), tencas (Mimus tenca), tordos (Curaeus curaeus) y hasta tiuques (Milvago chimango) o queltehues (Vanellus chilensis chilensis), además de chincoles (Zonotrichia capensis) y tórtolas de varios tamaños en los jardines (especialmente Zenaida auriculata y Columbina picui). Porque en ellas existen mansiones dotadas de grandes extensiones de jardines provistos de floridas enredaderas y árboles de sombra, y sus calles, por lo general, están bordeadas por grandes árboles, generalmente exóticos, pero de elevada talla y frondoso follaje. Si quiere Ud. formarse una idea fiel de este tema, visite Ud., recorra, compare y fotografíe las sombreadas calles de Vitacura, La Dehesa, Lo Curro o Lo Barnechea, con las calles de las comunas pobres de Santiago como la Pintana, Lo Espejo, o Renca. ¡Parecen calles de dos diferentes países del globo!: unas, propias de país desarrollado y las otras, de país subdesarrollado o del tercer mundo!.

 

¿Desprecio por el árbol?.

 

Se suele aducir como argumento probativo el que este aparente desprecio por el árbol propio o característico del chileno medio y su falta de cuidado, sería producto de una rancia y ancestral herencia española. Nuestros conquistadores en su gran mayoría venían de Castilla, Extremadura, Almería, Murcia o Alicante, consideradas las regiones más secas de España. Regiones resecas donde el árbol era escaso y donde la madera era usada ampliamente, durante los crudos meses de invierno, para calefacción. No había entonces otro posible sistema de calefacción!. El árbol natural estaba así destinado al fuego salvo aquel generoso que daba sus frutos al hombre o al animal. Este aparente desapego o “desprecio” por el árbol - como se ha hecho notar por algunos escritores- se hace más notorio en el norte desértico chileno y ha quedado plasmado en las Oficinas Salitreras de la I y II Región de Chile donde era raro ver un árbol. ¡El agua era demasiado preciosa para “gastarla” en un árbol!.

 

Aspectos positivos ante el problema planteado. Voces alentadoras que se escucha en el Chile de hoy.

 

Frente a este negro y oscuro panorama, ciertamente preocupante y desolador, surgen afortunadamente en nuestro país algunas iniciativas, aunque muy tímidas aún, para remediar en alguna medida este candente problema que agita hoy a la humanidad entera: el calentamiento global. Queremos destacar algunas de ellas, pues ellas alimentan, aunque por ahora solo tímidamente, nuestra esperanza en la capacidad del hombre de superar esta crisis y crearse "un mundo mejor" en nuestro propio planeta.

 

La primera iniciativa es dar a conocer a la ciudadanía sin tapujos la gravedad del problema que nos afecta como humanidad. Reconocer la suma gravedad del problema, es ya solucionar la mitad del mismo. Permítasenos un par de ejemplos.

 En reciente entrevista (2019), el ministro de hacienda de Chile Felipe Larraín Bascuñán señalaba textualmente, ante la pregunta de un periodista acerca del grado de conciencia que existía en el país sobre este problema:

 creo que hay una conciencia que no es total, pero que una conciencia creciente del problema… La gente está cada vez más sensible a estos temas y lo que tenemos que hacer es relacionar esta sensibilidad con la acción y con la acción no solo de los gobiernos, sino también de las personas. Creo que el campo está abonado en el sentido de que el campo está más fértil en términos de la conciencia ciudadana del problema. Pero no solo hay que preocuparse, hay que ocuparse de la problemática ambiental”. (cit. en entrevista de los periodistas Patricia Marchetti y Alfonso González, publicada en Emol, 6 de mayo 2019).

 El ministro aludido reconoce que “el cambio climático dejó de ser un asunto solo medioambiental, es también un problema financiero”. (cit. ibid.). Tal explícito reconocimiento mediante la voz autorizada de un ministro de hacienda nacional, constituye un hecho totalmente inédito en Chile.

 

Conciencia aún demasiado débil.

 

Nuestra impresión es que tal conciencia es aún demasiado débil, y me atrevería a decir, todavía superficial. En primer lugar, dicha conciencia, aunque incipiente, sólo parece hallarse en las clases altas o medias de la población. Da la impresión de que es aún muy escasa o nula en los estratos de menores recursos, acuciados y urgidos por las necesidades más urgentes del diario vivir.

Por otra parte, tampoco ha llegado a tocar aún el bolsillo de la gente. Daría la impresión de que, en nuestro país, la gente no reacciona sino cuando se le toca el bolsillo. Se fortalecerá, sin duda esta conciencia notablemente, si se agregan medidas drásticas y aún dolorosas, que afecten severamente el bolsillo de aquellos que más consumen o gasten. Como, por ejemplo, aplicar altísimos impuestos o gravámenes al gasto excesivo de agua o al desperdicio o despilfarro de la misma, o prohibir ciertos excesos de consumo (fijando un máximo per capita), o caducar automáticamente licencias o permisos de captación de agua no utilizadas hoy y adquiridos solo por razones de plusvalía económica, o prohibir y/o controlar efectivamente la realización de sondajes profundos en zonas de extrema sequía o grave penuria de agua (Norte Grande y Norte Chico de Chile) por cuanto agotan hoy las reservas del futuro.

 La Dirección de Aguas de facto no controla (o no puede controlar) esta situación, tal como lo hemos podido verificar personalmente en la localidad de Pica, en la Pampa del Tamarugal. Allí son más los pozos ilegales que los autorizados por la DGA. O la prohibición absoluta de instalación de industrias o agroindustrias de alto requerimiento de agua dulce en zonas desérticas o semidesérticas, a no ser que éstas se auto-abastezcan del agua de mar.


El calentamiento global: un tema relevante en la educación del futuro.

 

Por todo lo dicho hasta aquí, crear y/o fortalecer la conciencia sobre este problema del calentamiento global y sus graves consecuencias a futuro, debería pasar a ser hoy un     tema prioritario en la educación del país. En la educación nacional, las asignaturas de geografía, historia, educación cívica, biología, derecho y varias otras afines, este tema debería ser enfocado como algo fundamental. Porque por el recurso agua y su acceso o dominio, los pueblos han tenido históricamente cruentas guerras de exterminio. Porque todas las grandes ciudades de la antigüedad han crecido a los costados o junto a potentes fuentes de agua; porque gracias a su presencia o ausencia, abundancia o escasez, se han formado, a lo largo de los últimos milenios, los extensos desiertos del Norte Grande o los frondosos bosques vírgenes del sur. Porque por su creciente y acelerada disminución, década tras década, el desierto avanza implacablemente hacia el sur de nuestro país, como lo han comprobado científicamente los geógrafos analizando los índices de pluviosidad, y tal como lo detecta claramente la situación actual de los embalses de agua de la zona más amagada (Ver infra, gráficos Nº 2  y Nº 3).

 

Fig.3.  Fuente: Promedio decadal (10 años) de precipitación medido en la Quinta Normal. Los registros parten en 1866, por lo que el primer valor se calcula desde 1866 a 1875 (http://blog.meteochile.gob.cl/2019/12/23/la-decada-perdida-la-sequia-sin-tregua-que-golpea-a-chile/. (Aporte de la Srta. geógrafa Daniela Rivera M. para este trabajo).

 Las conclusiones que podemos sacar del examen de este gráfico, son evidentes: la tendencia a la baja es francamente desoladora. ¿Se frenará el descenso o bajará aún más?. No lo sabemos, ni tampoco tenemos hoy los medios de pronosticar con certeza el probable comportamiento futuro, ni siquiera el cercano. Pero esta tendencia sostenida es de por sí  muy  preocupante y así lo están viendo hoy los organismos estatales  comprometidos en su gestión.

 

Entidad específica para el control del agua dulce.

 

El ministro de agricultura de Chile Antonio Walker, señalaba recientemente: “Estamos viviendo la sequía más grande de la historia de Chile” (3 de marzo 2020). Dada la extrema gravedad de la actual situación hídrica del país, debería crearse un Ministerio o, al menos, una entidad estatal dedicada específicamente al estudio y control de la situación hídrica del país, y dotado de amplios poderes para modificar y modernizar los derechos de agua otorgados a lo largo de los dos últimos siglos. La actual Dirección de Aguas (DGA), ya no parece cumplir adecuadamente este rol y, además, carece totalmente de atribuciones para controlar su uso. O no las ejerce como debiera. Y la primera tarea, urgentísima, de dicha nueva entidad, sería modificar el Código de Aguas, que actualmente nos rige, promulgado en dictadura y sin discusión parlamentaria, en tiempos del gobierno del general Augusto Pinochet en 1981, hoy claramente obsoleto y anacrónico. El Código ha permitido la adquisición y compra ad aeternum por particulares (generalmente grandes empresas o consorcios) de derechos de agua en zonas de interés minero o forestal, separando así arbitrariamente la tierra y el territorio del agua que lo cruza y lo riega. Por desgracia, el agua ha pasado a ser un bien transable en el mercado nacional como una mercadería más y quienes lo adquieren, son aquellos que son son capaces de pagar más a por ella. ¿A quiénes me refiero?. ¡”A buen entendedor, pocas palabras”!. 

 

Opiniones autorizadas de autoridades y especialistas.

 

Son numerosas las opiniones vertidas tanto en la prensa nacional como a nivel mundial sobre el tema de la penuria de agua, por personeros de diversas disciplinas o connotados políticos. Estas expresiones revelan el alto grado de preocupación que hoy se está instalando en el mundo entero y en nuestro país y que, afortunadamente, ya está permeando en todas las capas intelectuales y políticas de la nación. Recogeremos aquí solo algunas, a nuestro juicio ilustrativas de lo dicho.

 

a. La opinión autorizada del Papa Francisco.

 

En un tema como el que nos ocupa, sería hoy pecar de omisión culposa no referirnos a la opinión del Jefe de la iglesia católica, el Papa Francisco, expresada en su Encíclica “Laudato sí” del 24 de mayo del año 2015. Esta encíclica pontificia, está en la línea de las grandes encíclicas papales de carácter social a partir de la famosa “Rerum Novarum” del papa León XIII (1891).  Documento señero sobre este tema, de raigambre ecológica y social, que, sin tapujos, ataca el problema de frente y sin titubeos señalando claramente el camino a seguir. La Encíclica, emanada de la máxima autoridad de la iglesia católica (sin duda la máxima autoridad espiritual en el mundo de hoy), nos revela la enorme preocupación del Pontífice frente al descalabro generalizado que observamos hoy, cuyos alarmantes síntomas hemos enumerado más arriba. Porque los efectos de la destrucción de los numerosos medioambientes en que vivimos, repercuten mucho más fuertemente, y con efectos letales, en las grandes masas populares, máxime las costeras, que no tienen acceso a protección o defensa oportuna. Ellos, los pobres del mundo no pueden migrar a otros sitios, si viven a la orilla del mar, y dependen absolutamente de éste para su subsistencia, expuestos hoy cada vez con mayor frecuencia a huracanes, tsunamis o –lo que es aún peor- al alza desmedida del nivel del mar que muy pronto, según los especialistas, engullirá algunas de sus poblaciones. El Papa Francisco desde Roma, fiel al mensaje de Cristo, muestra en forma descarnada la gravedad del problema en sus aristas más delicadas y sensibles: el sufrimiento y la desesperación de los más desamparados.

 Un par de textos suyos nos darán alguna idea de su inquietud:

 “Estas situaciones [los desastres ecológicos descritos más arriba] provocan el gemido de la hermana tierra que se une al gemido de los abandonados de mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo.  Nunca hemos lastimado y maltratado nuestra casa común como en los dos últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que El soñó al crearlo, y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud.

El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis y hace falta construir liderazgos que marquen caminos, buscando atender a las necesidades de las generaciones actuales, incluyendo a todos, sin perjudicar a las generaciones futuras”. (Párrafo 53 de la Encíclica Laudato Si´ Ediciones Paulinas, Santiago de Chile, Junio 2015: 41-42; subrayado nuestro).

Nuestra “Casa Común”, señala el Papa Francisco en esta notable encíclica,  ha sido saqueada y expoliada de sus recursos en las últimas dos centurias. Ella debe recibir un “mejor trato” en todas partes, si se quiere evitar el desastre ecológico y demográfico. Lo que exige el concurso mancomunado en todos los países, de todos los sectores políticos: de izquierda, centro y derecha, por tratarse de una causa común, de extrema actualidad y urgencia, y de efectos desgraciadamente inescapables.

Sobre el tema específico de la escasez de agua, el Pontífice recalca:

“Mientras se deteriora constantemente la calidad del agua disponible, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso escaso, convertido en mercancía que se regula por las leyes de mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura, es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”. (2015, párrafo 30; énfasis propio del original). 

 Y poco más abajo continúa:

 “Una mayor escasez de agua provocará el costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso Algunos estudios han alertado sobre la posibilidad de sufrir escasez aguda de agua dentro de pocas décadas, si no se actúa con urgencia. Los impactos ambientales podrían afectar a miles de personas, pero es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales, se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo”. (2015, párrafo 31).

 Ciertamente, no es nuestra finalidad hoy estudiar esta notable encíclica en profundidad, pero junto a otros grandes documentos de las Naciones Unidas, como la famosa “Carta de la Tierra” (Earth Charter) del año 2000, ésta ha pasado a ser un documento referencial imprescindible en el análisis de la situación presente, así como en sus causas económicas y sociales, señalando nítidamente los caminos que conducen a su solución. Entre los grandes líderes espirituales del mundo de hoy, descuellac sin duda  el Papa Francisco con su voz clara y potente en su nuevo mensaje dirigido esta vez a toda la humanidad. No conocemos ningún otro lider espiritual que haya sido tan específico y claro en su mensaje dirigido a todos los hombres de buena voluntad. 

 

b. El economista chileno Klaus Schmidt-Hebbel.


Leemos en Internet con fecha 07-03-2019 las reflexiones escritas por el conocido economista chileno Klaus Schmidt-Hebbel sobre el problema actual que nos aqueja. El autor es doctor en economía en el MIT de los Estados Unidos y una autoridad en la materia. Señala el economista que se nos vienen encima, próximamente, tres “huracanes” (tal como él los llama) que afectarán el escenario global de la Humanidad:

 a) La revolución industrial 4.0 (o cuarta revolución industrial) la que provocará la aparición de una masa de trabajadores prescindibles por falta de calificaciones.

b) la certeza absoluta del cambio climático y la destrucción masiva de especies, situación que pone en peligro la supervivencia de la especie humana. Entre los años 1970 y hoy, hemos destruido, por actividad humana, la mitad de las especies existentes en el planeta. De este modo, legamos a la especie humana del futuro un planeta horrible que pone en peligro a todos.

c) La aparición creciente de dictaduras populistas en muchos países con el consiguiente peligro para la existencia de las democracias en el mundo.

 

Respecto del inciso b), señala que solo durante el año 2017 se quemaron en Chile 600.000 hás. de bosque nativo. Medidas más urgentes que recomienda: acelerar el cambio de la matriz energética y cerrar pronto las centrales termoeléctricas a carbón. Hasta aquí el economista citado.

 

c. Lucas Palacios Covarrubias.

 

Lucas Palacios, ministro de economía del país, ha señalado hace unos pocos meses:

 “Nuestra capacidad de acumulación de nieve ha ido cayendo en forma progresiva, porque tenemos que cuidar cada día más el agua porque los embalses nos ayudan solamente a compensar lo que nos aportan los ríos por los deshielos. Entonces la invitación a todos los sectores es a cuidar el agua tanto para el consumo humano como para el productivo porque cada vez tenemos menos agua y es un recurso riquísimo y necesario para nuestro país”. (28 de septiembre 2018).


 d. El anuncio del Presidente Sebastián Piñera sobre la descarbonización del país.

 

Leo en el noticiero (5-06-2019) que el Presidente Sebastián Piñera anunció el “Plan de Descarbonización” del país mediante el cierre de todas las centrales termoeléctricas para el año 2040.

En Chile existen hoy 28 centrales termoeléctricas a carbón, las que, en su conjunto, emiten 30 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. De la matriz energética total del país hoy, el 22,5% es a carbón. Las centrales más antiguas a carbón datan de hace 37 años.

Anuncia igualmente el Jefe de Estado con esta fecha el cierre previsible de ocho centrales a carbón para los próximos cinco años: las más antiguas, entre ellas Puchuncaví [Ventanas], Tocopilla y Coronel para el próximo año 2024. De aquí a cinco años, se cerrarían las siguientes ocho centrales a carbón: en Iquique, una; en Tocopilla, cuatro; en Puchuncaví, dos, en Coronel, una y otra en Huasco. La central de Iquique debe cerrar en mayo 2020, Puchuncaví en noviembre 2020, Tocopilla, Mayo 2024. El objetivo -señala el presidente Piñera- es descarbonizar la totalidad de la matriz energética del país para el año 2040. Esto traerá cesantía, dijo, y habrá que buscar otras fuentes de trabajo para esa gente, pero hay que priorizar el bien mayor que es el bien ambiental.

Son éstas, sin duda, buenas noticias para el país, pero aún insuficientes si se quiere cumplir la meta señalada para el año 2040. ¡Extrañamente, este auspicioso anuncio presidencial nos llega justo el mismo día en que se anuncia el inicio de actividades de una nueva central a carbón de la empresa francesa Engie, filial de SING, en Mejillones!. ¿Paradoja, enajenación o absurdo?.  Este hecho, en todo caso,  deja en evidencia la falta de coordinación de las políticas públicas.


 e. En otros países.


También recientemente (04-06-2019), Finlandia, uno de los países más avanzados del mundo en esta materia, anuncia que para el año 2035 su matriz energética estará totalmente libre de carbón usando solamente energías limpias. Alemania, en cambio, al igual que Chile hoy, se ha fijado el plazo del año 2040 para descarbonizar todas sus fuentes de energía. El problema ad portas es que tales fechas nos parecen hoy muy tardías, dada la urgencia que requiere el remedio.

 

La penuria de agua para el regadío en el Norte agrícola de Chile.

 

En el Cuadro que presentamos a continuación se muestra la situación de algunos de los embalses en la zona agrícola más seca de Chile. Hoy día existe en el país un total de sesenta embalses. Fueron construidos a lo largo de los años para acopiar el agua que se vierte en los ríos y poder controlar su caudal para entregarlo, medido, al uso domiciliario o a la agricultura local. La capacidad actual (2019) de éstos para acopiar el agua para el riego es un indicio patente de la escasez de pluviosidad que ha caído en la zona montañosa respectiva en forma de nieve.

 Situación hídrica de algunos Embalses, los más afectados, (de la IV y V Región del país) al mes de mayo 2019:

 Gráfico Nº 1.

 

Nombre Embalse.

Comuna

Déficit de agua

Embalse Cogotí

Combarbalá

-74%

Embalse La Paloma

Monte Patria

-90%

Embalse Huintil

Illapel

-94%

Embalse Peñuelas

Valparaíso

-91%

Fuente: Boletín Hidrológico del Ministerio de Obras Públicas, Nº 493.

 

Hoy día (marzo 2020), la situación es bastante más dramática, a causa de la escasa precipitación caída durante el año 2019 en las zonas donde existen embalses. Durante el año 2019 en nuestra zona (Las Canteras, Chicureo) solo cayeron 65 mm. (compare con Gráfico Nº 3, abajo).

 Contrasta esta situación fuertemente con la gran cantidad de agua caída en las regiones sureñas, desde la X a la XII Región,  áreas donde no existen embalses porque no se necesitan.

 

Incidencia de los incendios forestales.


La confluencia de las numerosas variables aquí analizadas (sequías prolongadas, calentamiento global expresado en la elevación de la temperatura media, tala de bosques, etc.), ha traído consigo otra espantosa plaga de nuestro tiempo: la propagación de incendios forestales cada vez más devastadores. En los grandes bosques, se acumulan por miles, además de los árboles vivos, los que han caído y están secos, sus ramas y sus hojas secas. Estos materiales constituyen “la mejor “pólvora” para la propagación del fuego. California, en los Estados Unidos, ha conocido en el año 2018, el peor incendio de su historia, el llamado “Camp Fire”, que cobró 94 vidas humanas y consumió completamente 6.713 viviendas (Cfr. Alexander Kurtis, Ravani, Sarah y Aliday Erin, en California Chronicle, 10 noviembre 2018). El año anterior, en octubre del año 2017 se habían quemado en el Norte de California, más de 86.000 ha. de bosques. (Cfr. The New York Times, “Wild fires sweep across northern California”, October 10, 2017).

En nuestro país, Chile,  en el año 2017 se quemaron en la zona centro-sur, 587.000 ha de bosque, tanto nativo como foráneo (pinos y eucaliptus). Y en el año 2019, la región der Aysén (Cochrane, sector Colonia Sur) vivió su peor catástrofe al quemarse más de 11.000 ha de bosque nativo. Fue la peor catástrofe ocurrida en Aysén después del terrible incendio del verano de 1998 cuando  fueron consumidas más 30.000 ha por el fuego.

En la región de la Araucanía los incendios forestales y su área de devastación se ha triplicado en 2019 en comparación con el año 2017. Las autoridades sospechan que se trataría, en su mayoría, de incendios intencionales provocados en la zona de conflicto mapuche contra las instalaciones de colonos o de las compañías forestales en tierras que pertenecieran antiguamente a las comunidades indígenas. (Cfr. “Emergencia incendios forestales 2017”, Informe publicado por Daniel Barrera Pedraza, marzo 2017, Centro de información silvo-agropecuaria CIS, ODEPA. Santiago de Chile).

Entre los meses de  junio 2018 y julio de 2019 se quemaron en Chile casi 80.000 ha de bosques y matorrales, siendo el doble de las registradas en el período anterior de 1 año (Fuente: CONAF, 4 d Julio 2019).

 

¿Por qué ocurren estos devastadores incendios en Chile?.

 

De acuerdo a Marc Castellnou, especialista en análisis de incendios forestales de la Unión Europea, los eventos ocurridos en Chile centro-sur entre el 18 de enero y el 5 de febrero de 2017 en los meses de enero y febrero de 2017, constituyeron una “Tormenta de Fuego”. (Cita textual del técnico Daniel Barrera Pedraza, en trabajo citado más arriba).

 

El mismo experto señala, en su trabajo de 2017 que Chile es uno de los países más vulnerables del mundo a los efectos del cambio climático según el Grupo Intergubernamental de expertos sobre el cambio climático (IPPC por sus siglas en inglés), donde las más claras manifestaciones tienen que ver con eventos extremos, como sequías o lluvias intensas, gatilladas por manifestaciones meteorológicas (cit. ibídem; énfasis nuestro).

 

Sumatoria de efectos destructores.

 

A los efectos del calentamiento global general con fuerte alza de la temperatura en los meses de verano (diciembre-marzo), se suman los efectos concomitantes de vientos muy intensos o huracanes, muy baja humedad relativa del aire  (i.e. extrema sequedad del aire), escasa nubosidad, vientos costeros cálidos procedentes del sur, acumulación de hojarasca y vegetación reseca en los bosques, incremento del estrés hídrico  en la vegetación, por efecto de la grave sequía prolongada acumulada por más de una década.

Según el especialista francés Castellnou que ha seguido muy de cerca todo lo ocurrido en Chile, “no hay país en el mundo que sea capaz de enfrentar, solo, una emergencia de este tipo”.

 

Observaciones in situ de los efectos visibles de la sequía prolongada de la zona central de Chile.

 

Mi lugar de observación es la zona en los lomajes bajos del cerro llamado “El León”, o por otros “Pan de Azúcar”, que alcanza una altitud de unos 120 m sobre el valle. Se ubica en el km 16 de la Carretera San Martín o autopista Los Libertadores, inmediato al pueblo artesanal de Las Canteras, Comuna de Colina, Región Metropolitana (coordenadas geográficas: 33º 18´ 31´´ S, y 70º 41´ 58´´ W).

En este lugar, donde resido desde hace dos años, hemos podido presenciar los efectos visibles de la prolongada sequía que afecta a esta zona del centro del país. Nuestras observaciones son fruto de la observación frecuente de la vegetación del sector de lomajes del cerro “El León”, durante los años 2019 y 2020, las que han quedado apuntadas en detalle en nuestros Diarios de Campo, (vols. 100 y 101).

 

Resumiremos nuestras observaciones en los siguientes puntos.

 Situación de la vegetación arbórea y arbustiva.  

LLLas  dos únicas especies arbóreas autóctonas existentes en nuestra área de observación son el algarrobo (Prosopis chilensis) y el espino (Acacia caven). Son ejemplares típicos del bosque esclerófilo de la zona central de Chile. A pesar de tratarse de plantas xerofíticas, acostumbradas a largos períodos de sequía, nos ha llamado la atención la gran cantidad de ejemplares muertos o moribundos de ambas especies, tanto en las faldas del cerro como en los planos adyacentes donde aún se conserva la flora nativa. (Ver Figs. 1, 2 y 3, abajo). Sus tristes despojos se ven por todos lados y se yerguen aún enhiestos como testimonio de la reciente catástrofe.

No se observa en parte alguna renovales o ejemplares nuevos, de pequeña talla, que pudieran augurar un posible repoblamiento futuro. Hoy, evidentemente, ambas especies carecen de propagación natural en este ecosistema. Téngase presente que, desde hace más de 30 años, ya no se presentan aquí (como antaño) hatos de cabras, grandes consumidores de la vegetación y sus semillas. El área está cerrada.

En el caso de los arbustos, un síntoma elocuente es la escasísima floración observada en la primavera del año 2019 en la mayoría de las especies arbustivas endémicas como Flourensia thurifera (“incienso”), coralillo (Lycium chilense), quisco chileno (Echinopsis sp), Pircún (Anisomeria littoralis), Colliguay (Colliguaja odorifera) o romerillo (Baccharis sp).  A la vez, hemos podido observar en las plantas de espino (Acacia caven), una escasa floración, seguida de una escasa cantidad de frutos producidos (llamados vulgarmente quirincas), siendo éstas, a la vez, de muy pequeño tamaño. Es la obvia respuesta de la planta ante el agudo stress hídrico actual. (Vea sobre este doloroso tema, el artículo: “En la senda de la extinción: el caso del algarrobo Prosopis chilensis (Fabaceae) y el bosque espinoso en la región metropolitana de Chile Central”, de los autores Carlos Valdivia y Cristián Romero, en la revista Gayana, Botanica, vol. 70, Nº 1, 2013.

 A continuación, presentamos, a título de ejemplo, algunas imágenes ilustrativas del estado crítico de la vegetación en las laderas que miran al poniente del cerro “El León”, junto al pueblo de Las Canteras.

Fig. 4.  A unos 100 m de altitud sobre  la planicie, se conserva un pequeño bosquete natural intocado, formado por espinos, incienso, colliguay, romerillo, quisco y escasos ejemplares del pirquén. La mayor parte de los espinos del sector  ha muerto y sus cadáveres se alzan aún sobre el suelo. (Foto H. Larrain, 7/03/2020).

Fig. 5. Los escasos espinos sobrevivientes, se hallan cubiertos de la planta epífita conocida como quintral o quitral (Tristerix tetrandus), planta parásita que termina por ahogarla y destruirla. (Foto H. Larrain, 7/03/2020).

Fig. 6. En este bosquete, un único ejemplar centenario de algarrobo (Prosopis chilensis) sobrevive entre los espinos muertos o moribundos. Este año 2020, por primera vez, no produjo frutos (vainas), y muestra hoy un diminuto y débil follaje entre sus ramas muertas. (Foto H. Larrain, 7/03/2020).  

Fig. 7. Triste ejemplar del arbusto conocido en la zona como “incienso” (Flourensia thurifera). Esta planta suele presentar, en años normales, grandes y vistosas flores amarillas que atraen a multitud de insectos (en especial bupréstidos, ápidos y véspidos). Este año 2020 apenas produjo 3 a 4 flores y no vimos insectos en ellas (Foto H. Larrain, 7/03/2020).

Foto 8.  Desolador aspecto de las laderas del cerro “El León” que miran hacia al poniente. Paisaje desolador tras casi 5 ½ meses sin lluvia alguna. La última precipitación en nuestra zona, en forma de suave llovizna, alcanzó solo a 0.1 mm y ocurrió el  1 de octubre de 2019, monto mínimo que apenas humedeció el suelo (Foto H. Larrain 7/03/2020).

 

Actividad y efecto de la presencia de roedores.  


Conejos (Oryctolagus cuniculus) y ratones (Abrocoma bennetti) parecen haber emigrado o  disminuido sensiblemente su número, por falta de alimento. Hemos observado, sin embargo, que, a falta total de alimento fresco, escarban éstos por todas partes el suelo en busca de raíces comestibles, o han atacado diversas plantas, royendo sus tallos y cortezas tiernas. Así, hemos detectado tallos de algarrobos juveniles e incluso plantas de naranjo y limoneros de los jardines, comidos por ellos. Los tallos, así despojados de su xilema transportador de la savia, terminan por secarse en breve tiempo.

 

c. Situación de los pastos.  En las laderas del cerro “El León” la teatina, que en años lluviosos solía alcanzar fácilmente una talla 1 m o más, el pasado año 2019 apenas creció hasta una altura máxima de unos 25 cm. secándose muy pronto. Si bien este hecho constituye un freno efectivo ante posibles incendios es, por desgracia, indicio cierto de una sequía francamente preocupante.

 

El problema mapuche en el contexto de  la pérdida creciente de sus ecosistemas.

 

Si agregamos a este cuadro ya de por sí desolador, la ya probada intencionalidad de la gran mayoría  de los incendios en la zona de la Araucanía (no pocas veces, provocados en forma simultánea), como expresión de la rebelión de grupos mapuches contra el gobierno nacional y las compañías forestales, consideradas por ellos como usurpadoras de sus tierras, obtenemos que el problema se agudiza en alto grado y se vuelve casi incontrolable. A la quema casi diaria de maquinaria forestal y camiones con madera, por grupos rebeldes mapuches, en represalia –según señalan sus líderes, como la agrupación Arauco-Malleco- contra la ocupación de sus tierras por parte de las empresas forestales, se agrega ahora este procedimiento inédito y altamente explosivo de reclamo de tierras: el incendio premeditado de los bosques de pinos y eucaliptus en las regiones IX y X.

La expresión usada por el experto Castellnau “tormenta de fuego”, queda en realidad corta ante los hechos que están ocurriendo en la Araucanía desde hace más de diez  años. Hechos que, en lugar de disminuir, se han visto incrementados en los últimos 3-4 años.

 

Corolario.

 

No quisiéramos ciertamente pasar aquí por un “profeta de males” o “profeta de desdichas” (“mànti kakòn” según decían los griegos), pero creemos que se hacen necesarias serias investigaciones para descubrir quiénes están detrás de estos incendios y sus reales intenciones. Son grupos organizados que actúan en la oscuridad y cubren sus rostros con capuchas. Hay que desenmascarar a los que están hoy “atizando con bencina el fuego”, ya encendido, en la Araucanía chilena. So pretexto de defender la causa indígena y sus legítimas reivindicaciones -de cuya justicia ciertamente no dudamos-, se puede destruir -o se está ya destruyendo-  en forma inconsciente el propio hábitat y sus ya debilitados ecosistemas.

De no actuarse a tiempo, controlando esta situación mediante medidas reales y efectivas de mejoramiento de la educación y las condiciones de vida y salud del pueblo mapuche, empoderamiento político de la etnia mapuche mediante el acceso al Parlamento de sus verdaderos líderes y el combate inteligente y eficaz a la insurgencia radical ya existente, la situación en esta región de Chile –la más pobre del país- se tornará muy pronto caótica e incontrolable. Y los primeros afectados, por desgracia, serán las propias comunidades mapuches habitantes en la zona y sus fuentes de trabajo, a las que sectores más conservadores del país empiezan hoy a tildar como “instigadoras de la insurgencia”, o provocadores de la rebelión.

Se debe evitar a toda costa esta peligrosa generalización (que solo provocaría más violencia), pues la inmensa mayoría de la población mapuche es pacífica y solo reclama con sobrada razón el mejoramiento de sus pésimas condiciones de vida y salud. En efecto, el contraste entre el modo de vida de los hacendados y las compañías explotadoras del bosque de la zona, (ampliamente favorecidas por la aplicación del Decreto 701 del gobierno militar a partir del mes de octubre 1974) con el medio rural, en su mayor parte de origen mapuche, es tan descarado y violento que constituye un verdadero insulto a la convivencia de la comunidad nacional.

La zona de las grandes plantaciones forestales del país corresponde, exactamente, al área más pobre y desamparada de Chile. ¿Simple casualidad?. ¿Es esto éticamente aceptable?. ¿Podemos quedarnos tranquilos ante esta ostentosa desigualdad, fomentadora cierta de odiosidad, rebeldía y ánimo de desquite?. Reflexionemos por un momento en los cruentos hechos ocurridos recientemente (año 2019) en la localidad mapuche de Temucuicui y en la zona de Collipulli y “aprendamos a leer” su significado en términos de rebeldía y anhelos insatisfechos de una mayor autonomía.

 

Medidas urgentes.

 

Urge tomar medidas efectivas, tanto económicas como educativas y de salubridad, para corregir este lamentable yerro que se viene arrastrando por lo menos desde la época del Libertador O´Higgins. Nuestro prócer ingenuamente creyó, en su momento, que los indígenas eran y debían ser, -a partir de la independencia- considerados como “ciudadanos libres” (es decir, ya no más “indios”), pero jamás imaginó el grado de postración a que les conduciría con el tiempo la política de la asignación de las mercedes de tierras que implantaron sus sucesores (el Presidente Manuel Montt y el gestor de la “Pacificación de la Araucanía”, el general Cornelio Saavedra).

 

Nuestra reflexión final.


 Hemos querido iluminar las dos preguntas que se nos hizo al principio, con el análisis de multitud de otros aspectos que, a nuestro juicio, deben considerarse parte significativa de un mismo contexto. Es la conjunción de todo lo que está ocurriendo hoy, en el mundo entero, - y que hemos apuntado más arriba- lo que ha llevado a la destrucción acelerada de los ecosistemas y a la extinción masiva de especies vegetales y animales. No podemos separar lo puramente biológico, de lo demográfico, lo político, social y económico tal como sucede hoy en nuestro mundo. Todo se encuentra tan unido y entrelazado entre sí, que una decisión aparentemente tan solo política, (v. gr. tomada en Brasil, en Francia, Turquía o Australia), lleva inexorablemente a consecuencias ecológicas, sociales, demográficas o aún políticas de resonancia internacional.

Tal como antaño en nuestro planeta existió una vez la Pangea, antes de la división en continentes diferentes, -como nos enseñan los geólogos-, hoy existe una única gran comunidad humana de destino: la Humanidad. Lo que ocurre en un país, repercute hoy, de inmediato, merced a las redes sociales de difusión de las noticias, en todo el universo. Así como, también –afortunadamente-  las medidas paliativas o curativas que se tomen hoy en un país ante las consecuencias del cambio climático, el calentamiento global y la falta de agua, podrán sin duda influir poderosamente en la toma de decisiones en otras comunidades humanas.

 Ponemos, pues, nuestra firme esperanza de que los líderes de la Humanidad respondan por fin los gravísimos desafíos ambientales del momento, que ella misma, por su incuria, su desidia o su malicia ha inferido a la Naturaleza, madre nutricia del género humano.


 Aún es posible una reacción.

 

No quisiéramos cerrar estas líneas tan cargadas de dolor, sin entregar un mensaje de esperanza. Aún no está todo perdido. Ni tampoco debemos darnos por vencidos.  Este año 2020 es el plazo fatal convenido por el Acuerdo de Paris del año 2015 para que los países firmantes pongan en práctica sus conclusiones y recomendaciones, si se quiere ser fiel al ideal de mantener bajo la línea de los 2º C el alza de la temperatura del planeta.

 Aún hay una luz visible en el extremo del túnel. Luz tenue, pero aún perceptible. Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, decía al respecto en marzo del año 2019:

“Al mundo le quedan solamente dos años para actuar contra el cambio climático si quiere evitar consecuencias desastrosas” (Cf. Noticias “El Mostrador”, Internet, 23 de marzo 2019).

 

Nos permitimos aducir aquí, para terminar, un par de textos que nos señalan el camino a seguir: mantener siempre férreamente la esperanza y la voluntad de actuar.  El primero, procede del  Dalai Lama, filósofo y pensador budista tibetano:

 “La tragedia debe ser utilizada como una fuente de fortaleza. No importa qué tipo de dificultades tengamos, o cuán dolorosa sea nuestra experiencia, si perdemos la esperanza ese es nuestro verdadero desastre”. (en Internet, frases célebres del Dalai Lama).

 El segundo, procede de la pluma del filósofo y poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe y apunta:

 “Es ist nicht genug zu wissen, man muss auch anwenden; es ist nicht genug zu wollen…man muss auch tun”. Traducido del alemán: “no es suficiente saber, también se debe aplicar, no es suficiente querer…se debe también actuar”. (En Internet https..// www. goodreads.com).

 Ambos textos hablan por sí mismos; no necesitan mayores comentarios. Ellos nos deben hacer reflexionar profundamente para en seguida actuar en consecuencia, cada uno en su propio medio o ambiente (familia, barrio, pueblo o ciudad).

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COMENTARIO  ACTUAL  (Notas  agregadas el 27 de septiembre 2023).


 Solo agregaremos hoy unas cuantas reflexiones  que surgen del análisis  de los acontecimientos históricos más recientes (2021-2023).  

1)  La ola de gigantescos  incendios provocados por las altas temperaturas, en diversas regiones del planeta,  no ha disminuido en el planeta, sino ha aumentado peligrosamente. Canadá, Grecia, Estados Unidos (California) y constituyen hoy ejemplos dramáticos.

2)  La guerra entre Rusia y  Ucrania, desatada tras la invasion rusa del día día 24 de Febrero de 2022, lleva ya cerca de 600  días sin visos de término.  El grado de destrucción  operado por los drones, obuses y bombas en ciudades, bosques y campos de cultivo es inimaginable.  Y sus consecuencias ecológicas y sociales no han sido aún evaluadas. Lamentablemente, tampoco se vislumbra por ahora el fin de este desastroso  conflicto armado que ya ha cobrado cientos de miles de víctimas, civiles y militares.

3).  Países isleños de escasa altitud sobre el nivel del mar, ya han comenzado a ser evacuados por el alza sostenida del nivel del océanos, causado por el deshielo a su vez motivado por el calentamiento global en los glaciares  y las zonas polares. Es el caso de varias islas del archipiélago de Salomón, como la isla de Taro en el Pacífico. La ciudad de  Venecia se inunda ahora periódicamente y ya hay planes para crear gigantescas barreras de contención para evitar su inundación definitiva. 

4.  El Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterrres recientemente declaró:  "La era del calentamento global ha termindo. Ahora es el momento de la era de la ebullición global" (27 julio 2023). Palabras terroríficas que nos deben hacer reflexionar. Las Naciones Unidas señalan que el mes de julio 2023 ha sido el mes más cálido en la historia de la humanidad.  Carlos Buentempo, director del Servicio de Cambio Climático Copernicus señaló en el reciente mes de julio 2023:  "Las emisiones antropogénicas (generadas por el hombre) son la causa última de estos  aumentos de temperatura". Guterres ha declarado tras tener conocimiento de estos datos: "Los líderes (de las naciones) deben liderar. Basta de excusas. Basta de esperar a que otros se muevan primero". 

5. Guterres ha enfatizado que los países  "están muy lejos de haber cumplido sus promesas y compromisos adquiridos" en la última cumbre sobre el cambio climático (COP27), reunida en  Egipto, en Sharm el Sheikh, entre el 6 y 18 de noviembre 2019. El compromiso de  reducir las emisiones de CO2 en un porcentaje significativo, no se ha cumplido por la mayoría de los países altamente contaminantes. Y esto es grave.  

6.  Durante los últimos meses (Mayo-fines de Septiembre 2023) hemos asistido a un incremento importante de las lluvias en Chile, como efecto directo del "Fenómeno del Niño". Es  probable que este año 2023 muestre un pequeño superavit de aguas lluvias, con respecto a la media histórica nacional. Ello representa, sin lugar a dudas, un enorme alivio para la agricultura nacional y la situación de los embalses. ¿Se tratará tan solo de "un veranito de San Juan" en medio de la evidente tendencia general  a la sequía?. Es posible que solo se trate de un alivio pasajero en una acentuada tendencia francamente negativa que  ha durado ya 14 años consecutivos. Ojalá estemos errados. Muy  pronto lo sabremos. 

7. Ojalá que las autoridades de la Nación tomen hoy las medidas necesarias para enfrentar un futuro  muy incierto administrando sabiamente el recurso agua y castigando severamente su despilfarro, máxime en las ciudades.  Nuestras grandes ciudades asfaltadas deberían aprovechar los períodos de inundaciones para acopiar, en gigantescos reservorios subterráneos, el exceso de agua  caida en el inviermo. Tal como somos hoy capaces de construir gigantescos  estacionamientos subterráneos de numerosos pisos para albergar miles de vehículos motorizados, se sugiere construir inmensos embalses subterráneos que  permitan retener una enorme reserva de agua para alivio durante los dramáticos períodos de sequía subsiguientes. Aprendamos las lecciones que nos da la historia:  Petra, (siglos VI A.C. - I D.C.) en la Jordania actual, la ciudad capital de los Nabateos, en pleno desierto, aprovechando las lluvias eventuales, supo construir enormes reservorios subterráneos para auto-abastecerese en caso de guerras o de sequías prolongadas.  

Otro tanto supo hacer la fortaleza judía de Masada (siglo I  D.C.), para resistir por largo tiempo los embates de las legiones romanas. Una vez más, se comprueba que la historia es "maestra de la vida" como solía decir  Cicerón ("historia magistra vitae"). 

 No se observa indicio alguno de que se inicien períodos francamente lluviosos en un futuro cercano y debemos, más bien, prepararnos para el  peor de los escenarios: la sequía.. .   

Como corolario. podemos concluir que el espectáculo actual de la respuesta humana ante  este flagelo del calentamiento global es no solo desolador, sino francamente  irresponsable. Nos encaminamos al abismo  creyendo ingenuamente que se producirá un milagro...Tal es la irresponsabilidad de muchos de los grandes líderes mundiales y de las grandes Empresas Transnacionales, con muy escasas excepciones.     

 (Dr. Horacio Larrain Barros,  pueblo de Las Canteras  Región Metropolitana (Chile),  9 de marzo de 2020; con un comentario final redactado en septiembre 2023).