Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Hurtado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Hurtado. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de mayo de 2015

¿Cuál ha de ser el verdadero sentido y misión de la Universidad?: reflexiones de San Alberto Hurtado Cruchaga, S.J.


                                      
Fig. 1.   Portada de la revista "Mensaje"  en su Número dedicado al recuerdo de la canonización de San Alberto Hurtado  (Octubre 2015). 

                                        
                                                    Fig. 2.  Primera página del artículo.


Presentamos aquí  la versión original nuestra del artículo que  acogió la Revista "Mensaje", de los jesuítas chilenos,  en su edición del mes de Octubre  2015. 

Nuestro texto original.

"Los recientes sucesos ocurridos en  Chile,  nuestro país, (caso  PENTA, caso CAVAL, Caso SOQUIMICH, Colusión de tres famosas cadenas de farmacias (Ahumada, Cruz Verde y  Salcobrand) y tantos otros más de los que hemos sido testigos en los últimos años, nos deben llevar a reflexionar sobre el rol de la Universidad, y del universitario de hoy. Porque sintomáticamente,  todos esos hechos dolosos, constitutivos de delito o, al menos, colindantes con el delito desde el ángulo legal, (y ciertamente delitos vergonzosos desde la perspectiva ética),  han sido perpetrados por gente de excelente formación académica, casi todos ellos graduados en las mejores Universidades del país y/o del extranjero. 

¿Qué está pasando?

¿Qué está pasando?.  ¿No es esto, acaso, síntoma infalible de descomposición moral, a los ojos de la opinión pública?. ¿Dónde queda -nos preguntamos perplejos- la probidad de nuestra clase  empresarial?. No se trata, por desgracia, de  un caso aislado. Tampoco de tres o cuatro casos fortuitos. Ha sido una verdadera marejada de actos, uno tras otro, que sacuden a la opinión pública y nos exigen no solo reflexión, sino también acción  y reacción. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante el despojo del erario nacional por  evasiones tributarias en cantidades siderales. Tal como ha sido señalado por la Comisión Engel recientemente (Marzo 2015),  esto tal vez  no constituya una prueba de que Chile sea ya un país corrupto, pero sí  que estamos al borde de serlo, si no se toman las providencias del caso.

 Ante esta situación que  nos tiene  profundamente deprimidos,  amargados o rabiosos,  viene muy al  caso reflexionar serenamente sobre  unas frases del santo jesuíta chileno Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952), creador del "Hogar de Cristo", fundador de la  central de trabajadores  católica  ASICH y Fundador  y Director de la revista "Mensaje", órgano de reflexión cristiana sobre los grandes problemas nacionales. Su corta  pero laboriosa vida fue un ejemplo de entrega total al bien común, expresada en el amor a los más pobres  y en la defensa de los derechos de los oprimidos  y abandonados por la sociedad. Pero, a la vez, pensaba en los grandes problemas nacionales y sus soluciones.  Su voz sigue resonando hoy, fuerte y exigente, a través de sus obras y artículos.  También a través de sus seguidores y discípulos. Insigne pedagogo, se preocupó de la enseñanza y sus medios para transformar a los hombres y hacerlos más humanos..

Un texto para meditar.

El texto que sigue más abajo y que queremos meditar hoy día,  forma parte de sus reflexiones sobre la "Misión del Universitario".  Alberto Hurtado -no lo olvidemos-   había hecho sus estudios de doctorado en pedagogía en la Universidad de Lovaina (Bélgica)  y fue  educado  justamente para  ser un formador en los Colegios de la Compañía de Jesús. Su primera misión fue, precisamente, formar a los futuros  profesionales del país, labor que ejerció por años en el Colegio San Ignacio de la Orden. Mente lúcida  y abierta a los problemas  que presentaba la sociedad chilena de su época, pronto se dio cuenta  que la formación de líderes cristianos  era un requisito sine qua non para  enfrentar los desafíos de la Iglesia del futuro. Profundamente conocedor de la realidad social de su época,  se dio perfecta cuenta que se necesitaba trabajar, conjuntamente, en dos frentes: el social  para atacar las terribles desigualdades sociales existentes en el país, y, a la vez,  el intelectual,  creando una voz que llegara  al mundo de los hombres que tenían la responsabilidad de dirigir los destinos del país: los políticos  y los universitarios (investigadores tanto como profesionales).  Esa voz tenía que llevar  a todos  (cristianos y no cristianos) el mensaje de Cristo y por eso -y no fue  mera casualidad-  Alberto Hurtado tituló "Mensaje" a la publicación pensada para ser  portadora de orientaciones y criterios examinados  "a la luz del Evangelio".  Y "Mensaje", nacida en octubre del año 1951, 10 meses antes de la muerte de su autor, lleva a la fecha  637 números publicados y  60 años de publicación ininterrumpida.

El visionario creador de instituciones  necesarias  y urgentes.

El hombre que  creó  en el año  1944 el  "Hogar de Cristo", consciente  de que no existía en el país una institución que albergara   y diera  casa y sustento a  los más pobres o desposeídos; el hombre que quiso trasmitir  las enseñanzas  sociales de la Iglesia  a los sindicatos, creando  la ASICH (Asociación sindical chilena); el hombre  que  en 1947 ideó la revista "Mensaje" para  entregar orientaciones cristianas frente a los problemas del mundo de hoy,  también  pensó  en el rol  de la Universidad. Muy poco faltó para que creara la Universidad  de los jesuitas.  Pero no tuvo tiempo.  Poco después de su muerte, ocurrida el 18 de Agosto del año 1952,  el 31 de Mayo de 1956, uno de sus discípulos jesuítas (Gerardo Claps) formaría en el Norte del país (Antofagasta) una Universidad  jesuíta,  bajo el nombre de  "Universidad del Norte" (hoy Universidad Católica del Norte).  

Conocimiento de causa.

 Por lo señalado arriba,  es evidente que Alberto Hurtado, abogado, sacerdote,  y por añadidura pedagogo de excelencia (autor de varios libros de pedagogía),   tenía de sobra los conocimientos para opinar sobre la Universidad: su rol y sus  objetivos básicos. Formado en la Universidad de Lovaina y conocedor de las Universidades francesas, Alberto Hurtado  habla, por lo tanto,  "con pleno conocimiento de causa".  Nadie le podría achacar  desconocimiento del tema.

No es nuestra intención  hacer  aquí un estudio completo de la Universidad y sus fines. Para ello tendríamos que estudiar a Andrés Bello, examinar los dichos de R. A. Philippi y otros sabios universitarios y, en tiempos más recientes, el pensamiento señero de Juan Gómez Millas, Rector por largos años de la Universidad de Chile. Hoy solo nos convoca  el examen y meditación de un texto de  Alberto Hurtado, hombre múltiple,  hoy santo de la iglesia católica..

Analicemos este notable texto y saquemos algunas conclusiones.


No es nada fácil definir una Universidad y sus fines  esenciales y primordiales:   qué debe ser, a qué debe orientarse,  qué campos debe estudiar, qué clase de personas debe formar. Las frases que anteceden, constituyen  un verdadero paradigma de lo que debe ser, a juicio de Alberto Hurtado, tanto la Universidad como los académicos y profesionales formados por ella.   Y, ¡ojo!,  él  no se está refiriendo a una Universidad católica: se está refiriendo a la esencia de toda Universidad, de cualquier Universidad; a su sentido primigenio  y más profundo.  La conclusión a que se llega   luego de este análisis, es que muchas de las Universidades chilenas, si es que no  todas,  no alcanzan esta vara tan alta.. Muchas, ni siquiera de cerca. Algunas, por desgracia, parecerían ser, a juzgar por sus obras (o "frutos")    la antítesis misma de esta definición. Viene muy a cuento aquí  la expresión de  Jesucristo:  "por sus frutos los conoceréis". (Mateo cap. 7, vers. 16 y 20). ¿Cuáles son "los frutos" de la Universidad?.   el grado de  formación de sus alumnos, en primera instancia, la calidad de su académicos, sus servicios y actividades, sus publicaciones y revistas, su aporte real a  la solución de problemas regionales, su  influjo orientador en la sociedad,  el respeto que se le tiene  en la sociedad (ciudad, región)  donde ser insertan.  

¿Qué atributos   debe tener, según Alberto Hurtado,  una Universidad auténtica?.

1.  "Debe ser el cerebro de un país".   Es decir, una "masa crítica" pensante. Para lo cual tiene que reunir un grupo de "pensadores". No solo de maestros ejecutores  o "repetidores"  (memorizadores)  de materias.  Pensadores en el campo de la Ciencia, en el campo del Arte, en el campo de Filosofía, en el Campo de la  Historia, Antropología  o Sociología, en el campo de la Educación, en el campo de la Economía y del  Derecho.   ¿Qué Universidades  merecen este título en nuestro país?.  Dénos Ud. mismo  la respuesta. ¡Y pensemos que Alberto Hurtado pone este atributo en el primer lugar!.

2. "Debe ser un centro donde se investiga".  Es decir, donde se  examina y analiza. ¿Qué cosas?:  lo que  dice "relación con el bien común" de la región o del país.  De esta investigación se trata; no de cosas sin enjundia, que poco o nada tienen que ver con las necesidades reales de la comarca donde residen. Para investigar,  se necesita,   además de los conocimientos teóricos, propios  del sabio, la biblioteca especializada  y los elementos de trabajo básicos para ello (laboratorios, etc.).  Considero que para eso se crearon las llamadas "universidades regionales" para estudiar la región y contribuir a solucionar sus problemas más acuciantes. ¿Cuántas universidades nacionales realmente investigan?, ¿Qué investigan? ¿Cuántas de ellas  solo repiten  en sus aulas lo ya bien sabido?.

3. "Debe ser un centro donde se planea [planifica]".  Esto nos parece fundamental:  Esa "masa pensante", nervio y vida de la Universidad,   tiene como misión esencial, además de  entregar conocimientos especializados a los estudiantes de las distintas  carreras, pensar el futuro, prever el desarrollo de las acciones en curso, estudiar  el destino de las mismas, observar su influjo (positivo o negativo), para  ser así capaz de  cambiar el rumbo,  o modificar a tiempo cátedras y programas. En otras palabras, la Universidad  tiene que ser dinámica por esencia, porque el mundo a su alrededor es igualmente cambiante y dinámico. Lo que obligará a modificar  los curricula   cuantas veces sea necesario para adaptarse  a las nuevas circunstancias. Este pensar el futuro, significa que la Universidad debe ser capaz de adelantarse a  los hechos, prever situaciones-límite. Si no es capaz de hacerlo, significa que no posee en sí una  "masa pensante".  ¿Cuántas  Universidades pueden decir con honestidad que poseen un núcleo de "pensadores del futuro" de la región o del país?.

4.  "Donde se planea y discute  cuanto dice  relación  al bien común y de la humanidad". "Se discute". Palabra mágica  del Padre Hurtado que da  entender  la necesaria  presencia de debate, discusión, controversia acerca de los problemas que se examinan. Nada de  predicación ex cathedra. Esto último queda  solo para  el caso de las verdades o dogmas de la fe,  en el caso del creyente.Pero solo en este caso. En todo lo demás,  se debate y  se examina diversas proposiciones o  posturas. También en el campo de lo ético o moral.  Porque la búsqueda del "bien común", objetivo  que debe ser  el faro iluminador de este proceso universitario,  supone  aunar voluntades y criterios  en materias discutibles.  La discusión, el debate es parte  de la búsqueda de la verdad, del  mejor camino a seguir.

La búsqueda del bien común..

La "búsqueda del bien común"  además,  nos obliga a pensar  en  nuestra responsabilidad frente a toda la comunidad humana que nos rodea, nos obliga  a superar el individualismo tan propio de nuestra época . El "yo" debe ser superado por el "nosotros".   Aquí aflora, en toda su fuerza.  la faceta social del P. Hurtado. Aquí está el germen del "Hogar de Cristo" y de la ASICH; el germen de la revista "Mensaje". Nos preguntamos: ¿qué  aspectos del bien común de la nación o de toda la Humanidad se discuten concretamente  en nuestras Universidades?. En la mayoría de ellas, ¿se vive pensando en cómo contribuir al "bien común", o más bien,  en cómo solucionar los problemas económicos  y saldar las deudas acumuladas?.  Seamos sinceros.

Actitud ante  los problemas de la humanidad. 

¡Ni hablar  de  reflexionar sobre  los problemas  de la Humanidad entera!.   ¿Podemos honradamente decir que la Universidad,  como ente pensante,  tiene una voz, o  está seriamente preocupada por el problema migratorio a nivel mundial, o del problema del calentamiento global a nivel planetario, o del problema de la escasez de agua y la desertificación creciente, o del problema de la contaminación  atmosférica de mares, ríos o lagos, o de  los efectos de la minería  extractiva  sobre los ecosistemas, las cuencas  y cursos de agua o -como acaba de ocurrir en el desierto chileno- sobre los  efectos devastadores de los aluviones  y  aludes en territorios áridos?. ¿Tiene hoy la Universidad alguna voz cantante en materia de migración interna o de inmigración masiva  por parte de países vecinos? Ninguno de estos tópicos parece ser tema muy relevante para muchas de ellas. Al menos así pareciera según se desprende de su silencio. Y lo que más preocupa, es que frente a algunos de estos tópicos (v.gr. contaminación,  migración), ni siquiera existe una voz  unánime entre los académicos. Lo que genera más confusión  en la opinión pública. e impide tomar  a tiempo las decisiones del caso.    

5. "El universitario debe adquirir la mística de que no es solo un técnico, sino el obrero intelectual de un mundo mejor".

¿"Mística"?. Palabra  arcaica,  casi del todo desconocida hoy día. Tan poco la usamos, que nos vemos obligados que buscar su significado en Internet.  ¿Qué es mística,  ¿qué son los místicos?.  ¿Qué hacen?. ¿Para qué sirven?. Voces éstas que parecen pertenecer al contexto histórico de la "Edad Media", sus eremitas y sus santos. Cuando lo que realmente interesa  hoy  al joven profesional es hacer dinero rápidamente y  de cualquier manera,  para acceder rápidamente a esta mal llamada "sociedad del bienestar". La "mística", hermana mayor de la austeridad, la sobriedad y la pobreza,  es la antítesis misma de los honorarios abultados, de los sobreprecios, de las "boletas ideológicamente falsas",  de las malversaciones de fondos, de las habilidosas  trampas a Impuestos Internos,  del  robo descarado al erario nacional por parte de empresarios y contadores  inescrupulosos.  ¿Cuánta "mística" es observable hoy en las carreras universitarias, entre sus académicos o estudiantes?. ¿Queda allí todavía algún "místico", esto es un enamorado de su disciplina, a la que consagra  infinitas  horas extras sin chistar?.


6. "El universitario...debe ser el obrero de un mundo mejor".

"Un mundo mejor para todos".   ¿Sublime anhelo de románticos y soñadores?.  ¿O  una  realidad posible?. .¿Soñaron   acaso los  cerebros de  PENTA, SOQUIMICH,  CAVAL y tantos otros  entes   que han quedado en entredicho en nuestro país en los últimos años,   en un "Chile mejor para todos"?. O, más bien, en cómo amasar rápidamente una fortuna personal,  en cómo conquistar del poder económico o político, o en cómo hacer un negocio brillante a costa del Estado de Chile, o, o finalmente, en cómo  llegar a controlar el Parlamento Nacional en su propio beneficio?. Y pensar que todos los "próceres" que figuran hoy en estos  actos constitutivos de  delito  -que ojalá lleven efectivamente a algunos la cárcel -  son "frutos" maduros de Universidades chilenas!. Parece inaudito. Al parecer, en las Universidades -me imagino- aprendieron las tretas  y  resquicios legales para enriquecerse a costa de otros, el resto de los chilenos. Por lo que se presume, en las Universidades, por desgracia, nunca o casi nunca se les habló de ética o de moral, materias consideradas aparentemente  "superfluas", indignas de figurar en un curriculum universitario considerado "moderno" y "progresista". ¿Ética?  , ¿moral?,  ¡Qué estupidez!.  Así se pensó.

Primacía de la ética.

Sin embargo, todas las materias universitarias, si pretenden ser verdaderamente "humanas" (esto es,  para el beneficio real del hombre social),  deben  someterse necesariamente al dictamen de la ética: la economía, la ingeniería,  la arquitectura de puentes, edificios y carreteras, la medicina,   el periodismo, el derecho, la sociología y antropología; todas!.  Hasta el Arte.   Recién ahora ciertas Universidades esbozan un  tímido "mea culpa" en este sentido. Recién ahora se dan cuenta que crearon "monstruos" y no -como dice el P. Hurtado- "obreros intelectuales de un mundo mejor". La mayoría, ni siquiera se lo han planteado todavía, tan nula  ha sido  su capacidad de autocrítica. Al menos, que se sepa,  no se han referido aún a este tema, verdaderamente tabú.

Una  definición de Universidad  "al servicio del bien común".

La definición  que nos ha dado el padre Hurtado  sintetiza el auténtico "ideal de Universidad". Responde a lo que quiso ser la  auténtica Universidad  en la Edad Media:  "Universitas Magistrorum et scholarium": esto es,  "la totalidad de maestros y  estudiantes", que    buscan, como totalidad,  "engendrar   y transformar al hombre por obra de la ciencia y el saber".

Transformar al hombre, poniéndolo al servicio de la humanidad toda. O, en nuestro caso, del propio país o región, es el auténtico rol de la Universidad, según  Alberto Hurtado.

En pocas líneas,  apretadas pero  diáfanas y  expresivas,  nos da a conocer san  Alberto Hurtado   la verdadera misión de la Universidad y del universitario  hoy día.  Nos traza una meta  ardua  y espinuda, a la que  las auténticas Universidades deberían aspirar. ¿Qué universidades chilenas hoy pueden proclamar haber alcanzado esta vara tan alta.?   ¿Será mucho pedir,  al menos,  que se propongan esta meta como verdadero objetivo de su actuar en la sociedad moderna.?".

 Hasta aquí, el texto original nuestro.

En la revista "Mensaje", de Santiago de Chile.

La Revista "Mensaje" de los jesuítas chilenos,  en el volumen aniversario de los 10 años de la canonización del Padre Hurtado (Octubre  2015) recogió este artículo nuestro, aunque matizando  sus expresiones y  recortando bastante su extensión. Fue publicado en el Número 643 de la revista (Volumen LXIV: 40-41). Por este motivo, nos ha parecido justo  editarlo en su forma original, tal como fue concebido.

El visionario.

Alberto Hurtado no solo fue un gran  santo de la iglesia católica de nuestro tiempo.  Fue un   notable visionario  en diversos escenarios del acontecer nacional.  En lo social, marcó nuevos rumbos  al crear  el "Hogar de Cristo" para acoger a los desamparados y desterrados  de la sociedad,  que vagaban por las calles  y muelles de la nación, sin rumbo ni  destino. Recogió e hizo suyo el mensaje de Cristo  donde nos expone los parámetros con que Dios juzgará  a su pueblo en el Juicio Final: "tuve hambre y me diste de comer, estaba desnudo y me vestiste, enfermo y me visitaste, peregrino y me acogiste".  Así retrata Mateo en su Evangelio al verdadero discípulo  de Cristo, según palabras del mismo Maestro (Mateo cap.  25, vers. 35).  Pero junto con ello, fue el adalid indiscutido de la causa de la justicia social, abogando por la defensa  los derechos de los trabajadores para los que creó la Acción Sindical Chilena (ASICH).

El pensamiento de Alberto Hurtado: la educación en valores  y principios.

Su acción y su pensamiento en el  plano educacional e intelectual es, lamentablemente,  poco conocida, aún en Chile. Por ello hemos querido presentar estas ideas, extraídas de uno de sus escritos. Si nos fijamos bien, fustiga Alberto Hurtado veladamente pero con energía  aquellas formas y sistemas  de educación que no van al meollo de la formación humana en valores  profundos, y solo entregan un barniz insípido de conocimientos,  aparentemente "para triunfar en la vida", como se pregona por ahí. Nos preguntamos si  nuestras Universidades chilenas se  atreverían  "a mirarse en este espejo"  que presenta  audazmente Alberto Hurtado como el verdadero y auténtico modelo de Universidad.

Epílogo.

Los sucesos ocurridos en Chile durante este año 2015 en relación  con la discusión acerca del lucro de y en las Universidades,  dejan bien al desnudo cómo muchos de estos centros de educación superior se han apartado del verdadero objetivo de su misión,  habiéndose convertido  no pocos de ellos en  viles "mercaderes de la educación", donde la educación es tan solo un  "bien de consumo" más, como alguien dijo por ahí...














miércoles, 16 de junio de 2010

Entrevista a Gustavo le Paige, S.J. el 2 de noviembre de 1979.

Foto 1. Portada de la obra sobre la "cultura atacameña", publicada por el Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación, Serie el Patrimonio Cultural Chileno, Colección Culturas Aborígenes, Editora Gabriela Mistral, 1978. A esta obra se alude directamente en la presente entrevista de noviembre del año 1979.

Foto 2. Primera página de la obra: sus autores. Según me confidenciara Le Paige, la elaboración de este libro fue obra suya. No queda claro en el libro qué partes pertenecen a Le Paige y cuáles se deben a B. Bittmann y L. Núñez, respectivamente.

Foto 3. Visita del físico Gerardo Melcher y su familia, con el entomólogo chileno Luis Peña Guzmán, al flamante Museo de San Pedro de Atacama hacia 1965-66. (Foto Gerardo Melcher).

Foto 3. Padre Gustavo le Paige S.J. . Foto tomada por el físico chileno Gerardo Melcher, en la obra citada más abajo, hacia 1965 ó 1966 en una de sus frecuentes visitas a San Pedro de Atacama. Melcher, siendo personalmente agnóstico, fue un gran admirador de la obra científica y humana realizada por el sacerdote católico de origen belga en la zona atacameña. Invariablemente lo pasaba a saludar cada vez que visitaba el Salar de Atacama, considerándose su amigo.
.
Foto 4. Página de la obra: "El Norte de Chile, su gente, desiertos y volcanes" del físico chileno-alemán y gran explorador del desierto chileno Gerardo Melcher (Editorial Universitaria, Santiago, 2004; fotos 103-105, frente a pág. 20). Arriba, iglesia de San Pedro de Atacama; al medio, óleo preferido del padre Gustavo Le Paige, y su fotografía, a la derecha del mismo, abajo: grupo retratado a la entrada del recién inaugurado Museo, de izquierda a derecha: Gustavo le Paige, Norma Melcher, Luis Peña Guzmán, Dr. Reitbock e Irma Ledermann de Melcher. Fotos tomadas hacia el año 1965 ó 66.(sin indicación de fecha en original).

Fig. 5. Gustavo Le Paige revestido con su sobrepelliz y estola, su acólito y el incensario, en la procesión anual de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre de 1964, por las callejuelas del poblado de San Pedro de Atacama.(foto nuestra tomada con la cámara Leika regalada por el mismo sacerdote al suscrito).

Facetas desconocidas de Gustavo Le Paige, sacerdote y arqueólogo.

En las páginas que siguen, he copiado mediante el scanner, páginas de mi Diario de Campo (Vol. XII, pags 104-111) donde incluyo una entrevista personal hecha el día 2 de noviembre del año 1979 al sacerdote arqueólogo y jesuita, Gustavo le Paige de Walque. De esta entrevista, entresaqué y comenté unas pocas frases en un corto capítulo para este mismo Blog que publiqué el día 22 de octubre del año 2008. Pero, por entonces, no transcribí completa las entrevista lo que ahora hacemos por primera vez. La ocasión lo amerita especialmente hoy: al haberse cumplido hace muy poco, en el pasado mes de Mayo, los 30 años de su fallecimiento.

Este documento es inédito, y nunca ha sido dado a conocer antes in extenso. Lo he guardado celosamente por largo tiempo, en la esperanza de redactar un trabajo más extenso sobre su vida y obra. Como ha pasado el tiempo, y se acaban de cumplir los 30 años de su alejamiento, estimé conveniente y aún necesario, darlo a conocer. Este capítulo de mi Blog - al igual que otros anteriores- quisiera ser un profundo testimonio personal de admiración y respeto. Admiración, por su notable personalidad y grandiosa visión antropólogica; respeto, por su sabiduría y su sublime entrega a Dios y a sus hermanos atacameños.

Un atisbo a la rica personalidad de le Paige.

A través de esta valiosa entrevista, surge la imagen de un Le Paige insaciable investigador arqueólogo, pero también y al mismo tiempo, de un sacerdote profundamente compenetrado de su fe y de su vocación religiosa. Aunque a primera vista, parecería existir una contradicción flagrante entre su ciencia arqueológica y su fe religiosa, Le Paige nos explica, sin dudar un momento, "que uno mismo es el Dios de la Ciencia y el Dios de la fe".

Enterrado en vida en la oscuridad rural de Atacama.

El testimonio que sigue, pues, nos permite adentrarnos algo en el alma interior de este adusto sacerdote, de sotana gris raída y manchada, que nos recibiera con amor de padre tantas veces en su humilde parroquia de San Pedro de Atacama. Hijo y nieto de nobles académicos belgas, Le Paige no trepidó en radicarse para siempre en el más humilde de los pueblos atacameños, para estar allí a su servicio como sacerdote y para sacar a la luz su rica tradición arqueológica. Desdeñó Chuquicamata, cuya parroquia le ofreciera el arzobispo de Antofagasta Monseñor Francisco de Borja Valenzuela, por ser demasiado occidentalizada, demasiado civilizada. El buscaba como campo de acción un grupo humano en contacto viviente con la Naturaleza. Quiso vivir entre los más pobres, al ejemplo de Jesucristo y lo encontró en Atacama.

Su meta: "revelar a San Pedro".

Le Paige se propuso como tarea el que los habitantes de los ayllos atacameños tomaran conciencia de sus valerosos y admirables ancestros, creadores de ricas y valiosas expresiones culturales, los lickan antai, aquellos mismos que ofrecieran fiera resistencia armada en el pukara de Quítor a los invasores españoles capitaneados por Francisco de Aguirre, lugarteniente de Pedro de Valdivia. Para él, el Museo que quiso fundar era el lugar ideal para mostrar a San Pedro, o como él gustaba de decir, "revelar a San Pedro y sus cultura al mundo entero".

Una nueva perspectiva del arqueólogo le Paige.

Con cierta timidez y recato, me propongo aquí mostrar este rostro nuevo de Le Paige. Conocíamos todos, unos más, otros menos, al arqueólogo aficionado, criticado fuertemente en su época por casi todos los arqueólogos profesionales. Con el testimonio que hoy mostramos, observaremos con asombro y respeto, otra faceta, rica y notable, de su hermosa personalidad. Sospechamos que en su "Diario de Campo" íntimo, deben haberse conservado muchos otros retazos de este Le Paige espiritual y místico, que descubre la presencia de Dios en la oración y en la Eucaristía, en el pobre y en el analfabeto, en las serranías inhóspitas, en los caminos polvorientos y en las cumbres de los cerros más altos de Atacama.

Le Paige y Teilhard de Chardin

Recientemente nos ha tocado disertar, en la Universidad Arturo Prat, ante estudiantes de biología, acerca de otro jesuita, de notable parentesco espiritual: Pierre Teihard de Chardin, el hombre que tuvo el valor de ensamblar la Teoría de la Evolución con el pensamiento cristiano y el mensaje de Cristo. Pues bien, existe entre Le Paige y Teilhard de Chardin un indudable e indesmentible parentesco anímico y espiritual. Ambos dedican su vida a la ciencia; y ambos también, viven cercanamente el encuentro con Dios, el mismo Dios que vislumbran en las profundidades del desarrollo humano (el "fenómeno humano" de Teilhard) o del desarrollo cultural atacameño.

El evolucionismo visto con ojos cristianos.

Con el padre Le Paige comentábamos, en aquellas noches heladísimas de San Pedro, muchas veces sobre el Padre Teilhard de Chardin y sus innovadoras y revolucionarias teorías antropológicas. Teilhard era por entonces recién conocido por sus primeras obras publicadas. Le Paige me mostró, en efecto, sus primeros libros en francés, publicados entonces por Les Editions Albin Michel de París, en la Colección "Les Savants du Monde." Aquí , al calor de estas tertulias y al caer de las frígidas tardes de San Pedro, se esbozó, creció y fue cristalizando nuestra propia vocación científica y antropológica.

Su obsesión: estudiar el desarrollo evolutivo de la cultura en San Pedro de Atacama.

Increíblemente, han pasado ya treinta años desde su partida al seno del Padre Dios. Su obra, el Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, fue creciendo, contra viento y marea, "contra moros y cristianos", pues de todos lados, de agnósticos o católicos, recibió acerbas críticas por su afán confesado de estudiar a fondo el desarrollo y la evolución arqueológica de su región, el Salar de Atacama. Cuando en el verano de 1963 convocó en San Pedro a un puñado de ilustres investigadores bajo el pomposo título de "Primer Congreso Internacional de Arqueología", muchos esbozaron una sonrisa irónica. Con el pasar del tiempo, esa sonrisa ha quedado congelada por la admiración.

Le Paige criticado antaño, admirado y reconocido hoy.

Muchos de los que entonces lo criticaron o miraron con sospecha o recelo, han pasado sin ruido por la vida, sin dejar casi huellas tras de sí. Le Paige, en cambio, transformó a San Pedro en el baluarte del conocimiento arqueológico del Norte Grande de Chile. Ningún arqueólogo chileno o extranjero - me atrevería yo a decir - ha logrado hacer tanto en nuestro país por esta ciencia como este humilde y pequeño sacerdote católico de sotana gris y rostro curtido por las arenas del desierto. No pocos hoy, son formados en las ciencias antropológicas, precisamente allí donde le Paige quiso "sentar sus reales", en su querido San Pedro. Se cumple hoy su profecía. "Mi gran anhelo es revelar a San Pedro y dar a conocer su milenaria cultura".

He aquí las páginas inéditas de mi Diario de Campo, fechado el 2 de Noviembre del año 1979.


Fig. 1. Diario de Campo, vol. XII, pág.104. Inicio de la entrevista.

Fig.2. Diario de Campo, Vol. XII, pág. 105. Interés por los aspectos biológicos de desarrollo cultural en San Pedro de Atacama.

Fig. 3. Diario de campo, vol. XII, pág. 106. Recuerdos de nuestras expediciones en la zona atacameña (1963-1965).

Fig.4. Diario de campo, Vol. XII, pág. 107. Su actitud de respeto ante la iglesia y sus representantes.

Fig. 5. Diario de campo, Vol. XII, pág. 108. Los lugares arqueológicos de mayor relevancia para él en la zona atacameña. Su impresión de arqueólogos activos en la zona.

Fig.6. Diario de campo, Vol. XII, pág 109. ¿Hubo discordancia, conflicto íntimo ante la disyuntiva ciencia o fé?. Su opinión al respecto.

Fig. 7. Diario de Campo, Vol. XII, pág 110. Señala Le Paige que desea confiarme ciertos manuscritos suyos.

Fig. 8. Diario de Campo, Vol.XII, pág 111. Me da su bendición con palabras llenas de afecto. Fin de la entrevista, 2/11/1979.

Cercanía de la muerte.

Pocos meses después de esta entrevista, Gustavo le Paige partió a la eternidad el día 19 de Mayo del año 1980, en Santiago, lejos de su querido San Pedro. Mucho más lejos aún de su Bélgica natal, donde había visto la luz un 24 de Noviembre del año 1903. (Tileur, Belgique). Hasta el final de sus días, insistió a sus superiores en su anhelo de regresar a morir entre sus queridos atacameños. Allí quiso despedirse de ellos. Dios no lo quiso así. Murió entre los hermanos de su Orden, la Compañia de Jesús, después de varios meses de luchar en vano contra un cáncer implacable.

Al cumplirse los treinta años de su partida.

A 30 años de la partida de Gustavo le Paige S.J. nos parece oportuno, más aún necesario, dar a conocer a quienes fueron sus sucesores en el Museo de San Pedro de Atacama y a todos aquellos que hemos admirado su gigantesca obra, una entrevista inédita, que había quedado transcrita, pero semi oculta en mi "Diario de Campo". Mi inveterada costumbre de grabar, por escrito, todos los sucesos de significación para mí, me llevó a redactar la parte medular de esta entrevista, realizada en la enfermería del Colegio de San Ignacio (Alonso Ovalle 1452). el día 2 de Noviembre del año 1979, a las 11.30 hrs. tal cual reza en mi Diario de Campo (Vol. XII, págs. 104-111).

Mi ultima conversación con Le Paige.

Conversé aproximadamente una hora y media con él. Fue la última vez que lo ví. Y hoy lamento no haber vuelto a visitarle nuevamente e infundirle ánimos. Ya en esta mi visita postrera, le ví muy cansado, desgastado y hablaba con una voz muy tenue, apenas perceptible. La enfermedad terminal ya acechaba aunque él todavía soñaba con regresar a morir a San Pedro. No le había vuelto a ver desde diciembre del año 1964, esto es 15 años antes.

Una entrevista grabada a hurtadillas.

Conservo esta grabación, hecha en esa oportunidad a hurtadillas, sin que Le Paige se percatara de mi intento. Yo sabía bien que Le Paige odiaba ser grabado; por eso, maliciosamente, oculté dentro de mi portadocumentos una grabadora, la que eché a correr apenas iniciamos la conversación. Puse el portadocumento - abierto- en el suelo, tan próximo como fue posible a los pies del sacerdote. Este hecho significó que la grabación fuera difícilmente audible, lo que me forzó esa misma noche, a hacer la transcripción citada, en mi Diario de Campo.

Aspectos, inéditos de la personalidad de Le Paige.

En las páginas que siguen, al inicio de este capítulo del Blog, doy a conocer estas casi olvidadas páginas de mi "Diario" porque contienen valiosas reflexiones del jesuíta arqueólogo sobre distintos aspectos de la arqueología regional, como fue vista por él, y también porque iluminan otros aspectos de su vida religiosa, totalmente desconocidos para el público y que,  aparentemente, nos muestran una faceta de su vida, inesperadamente fecunda: su profunda vida espiritual. Commovedoras son sus palabras al señalarme entonces: "he reflexionado mucho y recibido muchas luces sobre Dios, la Trinidad, la Eucaristía y la vida espiritual, el alma, con gran claridad" (pág. 110).

Ya que según espero, las páginas de mi Diario aquí destacadas, resultarán fácilmente legibles, me limitaré sólo a señalar y comentar en párrafos especiales, algunas de sus frases, las que nos parecen más reveladoras de su rica personalidad y de su espíritu sacerdotal.

Nuestro homenaje póstumo, a los 30 años de su alejamiento.

Sirva este capítulo del Blog como un humilde homenaje nuestro a este hombre singular, sacerdote benemérito y perspicaz arqueólogo que supo instalar a San Pedro de Atacama y su zona en un sitial de privilegio en las inquietudes arqueológicas de numerosos arqueólogos y antropólogos chilenos y extranjeros. San Pedro ha llegado a ser hoy, en cierto modo, el lugar más importante de investigación arqueológica en todo el Norte de Chile, y, muy probablemente, en Chile. Sea éste mi sentido y cariñoso recuerdo, al cumplirse ya el trigésimo aniversario de su partida a la casa paterna. A lo que veo, casi nadie lo ha recordado, ni siquiera sus compañeros de su Orden, los jesuítas. Solo son una excepción aquellos atacameños que en silencio parten en romería, todos los años a su tumba, ubicada en el humilde cementerio local de San Pedro de Atacama.

Mis primeros contactos con Le Paige, sacerdote.

Conocí a le Paige en el año 1945, estando el que habla en el Noviciado de la Compañía de Jesús en la actual localidad de Padre Hurtado. Había llegado a Chile influido por el poderoso estímulo de otro jesuíta, que estudiara su teología en Lovaina: Alberto Hurtado Cruchaga (hoy San Alberto Hurtado). Exiliado recientemente del Congo Belga -donde fuera misionero por varios años- , Le Paige se encontró en Lovaina con Alberto Hurtado que se encontraba allí haciendo estudios de teología y pedagogía. Y fue éste quien lo convenció de que pidiera ser enviado a Chile. Lo que en efecto consiguió de su Provincial. Por esas fechas, todos los jesuitas extranjeros que no eran hablantes del español - como era su caso - debían pasar una temporada en el Noviciado jesuíta practicando el español. Recuerdo perfectamente esas largas conversaciones, mitad en francés, mitad en castellano, que teníamos con él, intentando reducir su fuerte acento francés. Hasta su vejez, Le Paige conservó su fuerte acento francés y sus errores sintácticos, propios de una traducción demasiado literal de su francés natal.

Mis recuerdos personales junto a Le Paige.

Entre mediados de 1963 y enero de 1965, época de mi estadía en la Universidad del Norte, Antofagasta, viajé muchas veces a San Pedro de Atacama a acompañarlo y ayudarlo en las tareas diarias de su polvoriento Museo, o en sus audaces expediciones a lugares recónditos. Revisaba yo por entonces -a su solicitud-  los borradores de algunos de sus trabajos, tratando de mejorar su texto castellano, o hacía los dibujos para un trabajo suyo inédito -lo recuerdo bien- sobre huesos humanos tallados con inscripciones estilo Tiahuanaco. Ir a San Pedro y escaparme de Antofagasta por unos días, era para mí en esos meses, una verdadera delicia, un atractivo singular. Aquí fraguó y se consolidó mi vocación antropológica y mi pasión por la arqueología. Reconozco hoy, agradecido, que la debo ciertamente a Le Paige. Así se lo hice sentir en aquella memorable visita de noviembre del año 1979, cuyo texto completo, inédito, damos hoy a conocer a nuestros lectores.

Le Paige merece una biografía digna de su rica personalidad.

Ojalá estas líneas sean un acicate para algunos investigadores que quieran adentrarse en la vida íntima, espiritual, de este sacerdote singular. Gustavo le Paige merece una biografía que vaya mucho más allá del retrato del arqueólogo aficionado o del "cura de campo". Le Paige es mucho más que eso: es un innovador en el campo de la etno-antropología y -aunque no lo sabíamos a ciencia cierta,- un hombre de Dios, profundamente penetrado del ethos religioso que marcó profundamente su existencia.

Una tarea pendiente: escribir sobre su legado.

Con gran satisfacción, nos hemos enterado recientemente de que hay hoy personas en el Museo de San Pedro de Atacama que se esfuerzan por reivindicar su nombre y rescatar su memoria. No basta para ello un monumento o una pequeña sala destinada a sus recuerdos personales. Creemos que hace falta un estudio serio y acucioso sobre su legado cultural, tanto arqueológico como etnográfico y, muy especialmente, una mirada profunda sobre el hombre espiritual oculto tras esa sotana gris que inperturbablemente recorría, a pie o en su viejo jeep, todos los senderos de Atacama en busca de sus atacameños, sus queridos lickan antai.

La juventud de San Pedro apenas lo conoce, salvo por la estatua a las afueras del Museo.

Los niños y jóvenes de los ayllos de San Pedro de Atacama deben saber hoy de su existencia, de su potente legado cultural y espiritual así como de sus afiebrados sueños sobre el "futuro" de la cultura atacameña. Deben llegar a conocer a la persona íntima, profunda, de ese aparentemente tan frágil Le Paige; no sólo al humilde arqueólogo, creador de un notable Museo. Deben saber lo que hizo por educar a sus ayudantes sanpedrinos, para elevar su nivel cultural. Eso a mi me consta. Le Paige es muchísimo más que un cura-arqueólogo. Y los niños de San Pedro deben conocerlo en su integridad espiritual, intelectual y profundamente humana. Esperamos que estas líneas contribuyan a difundir su auténtico -aunque a veces discutido y ensombrecido - mensaje.

Le Paige era el baluarte cultural del pueblo atacameño.

Mientras Le Paige vivía, el pueblo atacameño mantuvo enhiesta su riquísima herencia cultural y su respeto irrestricto a su pasado glorioso. A su muerte, San Pedro se vio rapidamente invadido por enjambres de personajes,de extraña catadura, que so pretexto de turismo, solaz o diversión, llegaron a hacer fortuna o a prostituirse, a expensas de la comunidad y sus ideales. Hoy San Pedro es un abigarrado emporio de razas y de expresiones culturales foráneas que poco o nada tienen que ver con su glorioso pasado cultural.

San Pedro de Atacama hoy: la desintegración de la "comunidad".

San Pedro ha perdido su esencia como "pueblo" y ha pasado a ser, por desgracia, un simple y manoseado derrotero turístico, un hervidero de rituales frívolos y pasatiempos fáciles, que chocan fuertemente con el ethos cultural antiguo, preexistente, basado en una veneración ancestral a la Pachamama y a los dioses tutelares de sus montañas. De esto, ya no queda casi nada. Al menos, en el poblado de San Pedro. Ojalá que de este pueblo valeroso, al que Le Paige dedicara 23 largos años de su vida, surjan nuevamente valientes "retoños" que retomen con respeto y veneración, la antigua senda del aprecio y estima por su vida cultural y auténticas tradiciones. ¡Ojalá que no me equivoque!.

La historia: "magistra vitae".

Es siempre válida aquella sentencia que reza: "no se puede construir sólidamente el futuro, si no se toma en cuenta y no se estudia seriamente el pasado". Ignorar el pasado puede ser indicio de ignorancia; a veces tambien lo es de arrogancia, cuando conscientemente se oculta la verdad de los hechos. Ignorar el pasado; sus hombres, sus dichos, sus hechos, es cercenar con violencia las raíces mismas de un pueblo, es destruirlas de un plumazo. Por eso nos hemos propuesto como tarea en este Blog reivindicar los trabajos, dichos y hechos de las personas que han vivido, explorado o investigado nuestras regiones nortinas, tratando de discifrar, entre las escurridizas y cambiantes arenas del desierto, los enigmas de la naturaleza, del cosmos y del grupo humano, su poblador y transformador. Gustavo le Paige, fue uno de ellos. Uno de aquellos que Dios quiso que se cruzara en mi propia existencia.

Le Paige, fue, en síntesis, un maravilloso regalo de Dios al pueblo lickan antai o atacameño.







sábado, 22 de noviembre de 2008

Le Paige: de arqueólogo aficionado a investigador de la etnia atacameña

Los primeros ensayos en arqueología.

Cuando visité a Le Paige por primera vez en su flamante Museo de San Pedro de Atacama, en 1963, nada sabía yo aún de arqueología y de sus métodos. Muy poco después, ya en México y dedicado plenamente a los estudios arqueológicos, pude darme cuenta que su metodología distaba mucho de ser la usual entre los científicos, contando éstos con el apoyo de la estratigrafía, la cronología absoluta entregada por el método del C14 y el testimonio de las ciencias biológicas (paleo-botánica, paleo-zoología). Le Paige era un científico esencialmente intuitivo, por entonces muy poco sistemático. Manejaba en sus inicios una bibliografía bastante reducida, casi toda redactada en francés, y sus primeras tipologías fueron tomadas de aquéllas por entonces en boga en Europa, particularmente en Francia. Por eso cuando el hablaba de "Paleolítico" y "Neolítico", o comparaba sus piezas arqueológicas con las de Europa, frecuentemente le escuchábamos términos como "Musteriense " o "Solutrense", mediante los cuales no hacía sino repetir y calcar a la letra la terminología que bebía ansiosamente en las obras de Henri Breuil, Francois Bordes o Annette Laming Emperaire, escritas en francés por ese tiempo.

Etnografía, arqueología y evangelización en la zona atacameña.

Le Paige había trabajado como misionero largos años en el Congo Belga [hoy Zaire]. Se había interesado vivamente en la etnografía y en el folklore local de las etnias africanas y había aplicado prácticamente , mucho antes que el Concilio Vaticano II , las nociones de "aculturación religiosa" y "enculturación". Aficionado a la pintura él mismo, nos mostraba tímidamente algunas de sus obras hechas en el Congo, con temas exóticos tomados de la etnografía local.

Nunca -que sepamos- se dedicó a la arqueología en su época de misionero en Africa negra. Pero su intento por introducir en la liturgia católica el ethos y cultura indígena local, le valió una reprimenda y una fuerte llamada de atención de su obispo, el que se quejó ante el Provincial jesuíta de la misión, por meter "furtivamente" elementos culturales de la cultura zulú en el ritual de la Misa católica. Para él los signos de la realeza entre los zulúes - me explicaba- debían ser presentados también, con la misma solemnidad y elegancia, en el desarrollo de la liturgia y ritos católicos. Por eso el libro sagrado, la Biblia, que se leía desde el ambón ante la comunidad de fieles, debía asentarse en gloria y majestad sobre una hermosa piel de tigre, signo de realeza zulú.

Esa mescolanza de lo "católico" y lo "pagano", en el rito más sagrado de la liturgia eucarística, no fue para nada del gusto de su obispo, el que solicitó al Provincial de la Compañía de Jesús su alejamiento definitivo de la misión del Congo. Durísimo golpe para el joven sacerdote que debió retornar a Lovaina. Pero Dios quiso que, providencialmente, conociera aquí a un joven sacerdote chileno Alberto Hurtado Cruchaga, quien por entonces cursaba sus estudios de especialización en Pedagogía en la Universidad de Louvain [Lovaina]. Este encuentro cambió su vida y su destino para siempre.

Para le Paige, arqueología, etnografía y misión evangelizadora, eran fácilmente conciliables. Más aún, debían ser necesariamente conciliables. Porque todas conducían a la "verdad" total. Porque estas tres orientaciones y formas de conocimiento tenían que ver con la cultura local y su evolución a través del tiempo. Por tanto, para él "mostrar al mundo la cultura atacameña" era parte esencial de su misión, tal como lo era la evangelización en la práctica de la liturgia, la moral y el dogma católico.

Los trabajos de campo de Le Paige.

Tuve la fortuna de acompañar a Le Paige en muchas de sus salidas a terreno. Recuerdo bien las visitas a Toconao y vecindades, Loma Negra, Ghatchi, Tulán, Tilomonte, y algunos de los ayllos próximos a San Pedro como Larrache, Solor, Túlor, Quitor.

Estas visitas ciertamente no formaban parte de ninguna planificación arqueológica o estrategia científica de prospección sistemática del área atacameña. Nada parecido. Nunca le ví una carta del Instituto Geográfico Militar donde fuera haciendo anotaciones de sus visitas y descubrimientos. Mentiría si lo afirmara. No pocas veces los descubrimientos tenían que ver con la aparición de restos arqueológicos, lo que le era comunicado en seguida por los Carabineros o los propios pobladores. Así fue como se enteró de la aparición de restos en el callejón de Larrache, o de estructuras semienterradas en Tulor, o de tumbas en Toconao o Peine.

Le Paige y su metodología de trabajo de campo.

Algunas veces me tocó presenciar personalmente la llegada de señoras ancianas o mujeres con niños, que llegaban a la parroquia con algún "recuerdo para el Padre", que habían encontrado en sus chacras y que sabían Le Paige apetecía particularmente. Le Paige las recompensaba siempre con alimentos no perecibles (tarros de leche, de manteca, aceite o harina, fideos) que llegaban en esos años a la parroquia a través del programa de "Cáritas Chile", para el alivio del hambre de los más pobres. Si entre los elementos que traían había algo de especial interés arqueológico, le Paige les preguntaba más detalles o decidìa ir personalmente a buscar más evidencias. Casi siempre sacaba su pequeña libreta de campo, donde anotaba brevemente. Y los objetos permanecían a veces por días y días sobre su viejo escritorio, llenándose de polvo entre sus papeles, documentos, herramientas o mensajes, todo en un bello y espléndido desorden.

Francamente, no sé cómo lograba entenderse con la gente, pues su español fue siempre bastante deficiente y además, hablaba muy rápidamente, casi comiéndose las palabras. Pero su afecto hacia la gente no exigía a la verdad un lenguaje más claro: era el lenguaje del amor, comprensible para todos, aún para los pequeños.

Decidía en pocos momentos una salida a terreno. Llamaba a dos o tres de sus ayudantes, que fueron siempre jóvenes atacameños del pueblo, se echaba en la parte trasera del jeep palas, azadones, cajones o bolsas, y algunos víveres y siempre agua. El cocaví era siempre muy exiguo; nada de exquisiteces, como solemos hacerlo hoy en nuestras salidas a terreno. Manejaba en forma casi despiadada, brutal: el jeep zumbaba y casi se desarmaba, trepando cerro arriba o quebrada abajo. Y, a verdad, en mis recuerdos está siempre aún vivo y palpitante el temor a desbarrancarnos. Recuerdo una vez que nos tocó cambiar un neumático al vehículo en plena pampa, bajo un viento feroz y un frío mortal. Eran más de las siete de la tarde y oscurecía ya. Le Paige, con su sotana arremangada y sin mayor abrigo, hacía rápidamente gran parte de la faena, ayudado de sus fieles ayudantes, que mantenía siempre junto a sí. Y pensar que por entonces le Paige ya tenía sus buenos sesenta y tantos años. Era notablemente ágil de movimientos aún en su vejez.

Llegados al lugar, se bajaba herramientas, cajas y bolsas. ninguna protección contra el terrible sol, salvo los sombreros. Inspeccionaba con cuidado el lugar. El decidía donde excavar. Era muy terco y difícilmente hacía a caso a indicaciones de otros. Porque en cierto modo el "olía" el lugar exacto, por su experiencia y olfato arqueológico. Pero a veces fallaba. Sus ayudantes carecían de voz en estos momentos; solo obedecían al jefe de la expedición. Hacían exactamente lo que Le Paige les ordenaba hacer. Jamás recuerdo que ellos hicieran alguna suerte de sugerencia.

Descubrimiento de un contexto arqueológico Tiwanaku.

Corría el año 1963. Recuerdo muy bien una ocasión en que visitamos el sector de  Calar. Era una pequeña aldea de varios recintos pequeños, totalmente en ruinas, lugar que Le Paige consideraba un habitat muy antiguo de pequeños cultivadores. Se hallaba inmediata a una antigua quebrada, hoy totalmente seca. Nos ordenó a sus ayudantes y a mí limpiar un muro, siguiendo su trazado, hasta su base por espacio de unos dos o tres metros, espátula en mano. Nos indicó que debíamos rescatar y guardar en bolsitas los fragmentos de cerámica que halláramos entre los escombros y , aparte, aquellos incrustados en el muro mismo. Excavamos también en la base del muro. Pero nada apareció de interés para él. Aparentemente, buscaba indicios de alguna tumba, la que no apareció. Yo recuerdo que me preguntaba por qué excavábamos en la base del muro...!. Agotados por el esfuerzo y el calor tremendo del mediodía, nos sentamos un momento a descansar y tomar algo de líquido. Momento que aproveché para insinuarle que hiciera el intento de cavar en el centro de la habitación, donde aparecían algunas grandes piedras desordenadas. Se resistió un tanto. Miré a sus ayudantes atacameños, como buscando apoyo en ellos. Insistí y le dije: "¿qué perdemos, si lo intentamos"? Aceptó al fin. Empezamos a cavar y sacamos algunas piedras grandes. A poco andar, a unos 30 ó 40 cm de profundidad, no más, apareció un fardo funerario intacto, con vasijas de alfarería como ofrenda. No resistió su curiosidad y hurgó entre las telas polvorientas del fardo de la momia. Apareció entonces una hermosa "tableta de alucinógenos", o "tableta de rapé" (como decíamos entonces), tallada en madera, con la cara de un personaje en el mango, y varios implementos de hueso. Era un contexto completo de implementos para la inhalación de alucinógenos en tiempos atacameños, posiblemente de los siglos V ó VI de nuestra era cristiana. Le Paige estaba radiante: era lo que él había presentido. Pues el hallazgo, por la tipología de la tableta, le conducía, según explicaba, a una época temprana de ocupación del lugar, tal como lo imaginara previamente. ¿Qué será hoy de este contexto arqueológico?. "¿No ve, Padre", - le dije- , "yo tenía razón!". Para mí había sido un enorme descubrimiento personal y yo deducía, sin razón alguna, que había sido "mi instinto" el que me había guiado.

Le Paige nunca lo olvidó. Yo, tampoco. Por entonces, Le Paige buscaba ávidamente evidencias tempranas de la influencia de la cultura de Tiwanaku en el área atacameña. Y este hallazgo fortuito así parecía también confirmarlo. Más aún, Le Paige se inclinaba a creer por entonces (1963) que posiblemente algunos de los hallazgos de San Pedro de Atacama fueran cronológicamente anteriores a las grandes realizaciones urbanas del sitio-tipo del Tiwanaku clásico, junto al lago Titicaca.