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jueves, 28 de mayo de 2026

Las primeras excavaciones arqueológicas de que se tenga noticia en la costa de Antofagasta: año 1902. Objetivos y resultados. Presentación y discusión..

Introducción.

Presentamos hoy a nuestros lectores el texto original de la expedición francesa de los investigadores Créqui Montfort y Sénéchal de la Grange del año 1898 en la zona costera de Antofagasta . Este documento, muy poco conocido en nuestro medio, fue  traducido por nosotros del original francés ya en el año 2012, y yacía olvidado y arrinconado entre  otros   archivos en mi computador. Considerando su gran importancia histórica y antropológica, lo ofrecemos hoy, gustosos a la consideración  de  los especialistas y de los lectores asiduos de nuestro blog. ¿Què buscaban preferentemente los arqueólogos en estas excavaciones  financiadas por los Museos europeos?. ¿Qué elementos  hoy considerados de enorme importancia, eran generalmente descuidados en ese tiempo?. ¿En qué se fijaban especialmente?. ¿Y porqué?  Es lo que pretendemos demostrar en este trabajo a partir de  nuestras notas explicativas.       



"Excavaciones antiguas en la costa de Antofagasta"

 

Presentación.

 

Entregamos hoy a nuestros lectores nuestra traducción del francés,  de un  artículo publicado en el Bulletin et Mémoires de la Societé d´Anthropologie de Paris, Tome III (V Serie), 1902: 700-708, Paris.

 

Quien hace la presentación  es el médico francés Arthur  Chervin (1850-1921)  miembro de la expedición  llamada Mission Scientiphique  G. de Créqui Montfort y E. Sénéchal de la Grange, quien fuera  encargado de la sección Craniología de dicha expedición. El Dr. Chervin  fue el responsable del tomo III, titulado Anthropologie Bolivienne (Paris, Imprimerie Nationale, 1908).

 

Notemos aquí de paso que por “Antropología”  en  los países europeos (en particular en Francia y Alemania) se entendía por entonces el estudio  de las características físicas de los pueblos indígenas, lo que hoy  conocemos hoy como “Antropología Física”.  El estudio del acervo cultural de estos pueblos pertenecía a la Etnografía o a la Etnología.

 

Su especial interés para nosotros radica en  el hecho de que se trata –a lo que sospechamos- de las primeras excavaciones arqueológicas realizadas en esta región de Antofagasta, bastante  anteriores a las realizadas, en la década del 1920 por el médico alemán Otto  Aichel  en el área de Cerro Moreno, y cuyo contenido se ofrece aquí una descripción  muy precisa  y detallada.

 

[Nota. En paréntesis cuadrados, van las adiciones o comentarios nuestros].


 

Traducción nuestra del texto original.

 

 “El Señor Chervin  tiene el honor de presentar a la Sociedad numerosos objetos traídos desde Bolivia por el Señor Sénéchal de la Grange.

 

En el curso de un viaje  efectuado desde la bahía de Antofagasta hasta  el altiplano de Bolivia, el Señor Sénéchal de la Grange tuvo la ocasión de recolectar objetos de diferente naturaleza, pero todos igualmente preciosos para los antropólogos, porque los procedentes de esta región son bastante  escasos (1).

 

El Señor Chervin presenta:

 

1. Cuatro cráneos hallados por el Sr. Sénéchal de la Grange en lomajes de la ensenada de (la) Chimba frente a la isla de Guarnan  [sic! por Guamán]. Tal como pareció  al Señor de la Grange, la sepultura fue excavada en plena tierra, o mejor dicho,  en plena arena, en el acantilado que domina la bahía. No había rastro alguno de tumba [o sepulcro] (2).

Las diversos huesos que componían el esqueleto han sido hallados en la posición normal de un cuerpo extendido (3), excepto en el caso del niño, contrariamente  a  lo que suele encontrarse de ordinario en muchas sepulturas peruanas   de las orillas del  Pacífico, donde la posición en cuclillas es la regla.

 

A estos cuatro cráneos recogidos personalmente por el Señor Sénéchal de la Grange,  se agrega aquí un quinto que le ha sido obsequiado por uno de sus amigos como el cráneo del famoso Atahualpa, el último gran jefe Inca del Perú.  Este cráneo, que  está representado en la línea tercera  de la fotografía adjunta, ¿es verdaderamente el cráneo de Atahualpa?. La cosa no es imposible si se ha de creer  al documento mostrado aquí abajo que ha sido remitido al Señor Sénéchal de la Grange y que nosotros hemos traducido literalmente. Sea lo que sea, el Señor Sénéchal de la Grange se limita a entregarlo tal como lo recibió, sin otra garantía alguna de autenticidad histórica (sigue aquí nota  al pie de página con una extensa referencia a la historia  del cráneo de Atahualpa y su destino).

 

Sea lo que sea, de estos cinco cráneos, los tres primeros pertenecen a hombres adultos, uno a una mujer y el otro a un niño.  Los tres cráneos adultos  son muy claramente  braquicéfalos, tal como lo atestiguan las fotografías adjuntas, y presentan una serie de caracteres comunes, y en forma notable,  una  gran anchura de la cara como consecuencia de la importancia del ángulo bicigomático. Uno de estos cráneos  presenta un prognatismo sumamente notorio con inserciones musculares  fuertemente marcadas; el cráneo de Atahualpa, presentando las mismas características generales que  el segundo cráneo adulto,  no posee las inserciones musculares tan marcadas como los precedentes: es claramente más fino.  Ninguno de ellos muestra señas de deformación  (craneana).

 

Los cráneos de la  mujer y del niño nada presentan de particular. Son braquicéfalos como los  demás. Se nos plantea un problema:  ¿a qué raza pertenecen estos cráneos?. Nuestros conocimientos craniométricos  relativos a las numerosas razas que poblaron estas regiones son poco numerosos. Todo lo que podemos decir es que eran, en  todo caso,  poblaciones de pescadores, privadas del hierro y  de  todo tipo de mineral, estando así  obligados a servirse del sílex puesto que no tenían  otro tipo de utensilios  a su disposición.  Actualmente, nos es difícil precisar más.  Pero el señor Sénéchal de la Grange, quien  va a regresar nuevamente a Bolivia, se pone a la disposición de la Sociedad de Antropología  y de todos los sabios que tengan  problemas para dilucidar o informaciones que recabar. Gracias a la atención  que  realiza el personal médico que  él posee en las minas de Huanchaca, podría  hacer recopilar  todos los antecedentes de interés  relativos a los  7.000 obreros de la mina, que pertenecen a todas las razas indígenas de la altiplanicie del Perú, de Bolivia, del Brasil y de la República Argentina.

 

No sabríamos, pues,  agradecer suficientemente al Señor Sénéchal de la Grange por tan generosa propuesta, que servirá en gran medida a los intereses de la ciencia (1).

 

2. En las sepulturas, el señor Sénéchal de la Grange ha encontrado maravillosas puntas de flecha hechas en sílex y en diferentes  tipos de rocas,  todas ellas finamente dentadas, de las cuales algunas  no parecen haber sido utilizadas [para la caza].

 

3. Había aún un gran número de arpones de madera para la pesca. Algunos terminaban en un sílex tallado bastante grande, en forma de lanza, mientras que otros terminaban  en un sólido anzuelo de hueso.

 

4. Dos o tres  marcos de espejo (?)  (cadres a miroir) adornados  por un diseño muy simple, conformado por líneas quebradas. El señor Sénéchal de la Grange ha hecho referencia a numerosos otros objetos que irán a enriquecer nuestras  colecciones públicas. Entre éstas, debo señalar dos momias: una de hombre y otra de mujer; las dos dicen relación a personas que perecieron de muerte violenta. La mujer trabajaba en las minas de cobre de Chuquicamata; ella presenta la cabeza aplastada por un derrumbe  ocurrido en época desconocida;  el cuerpo está momificado en forma natural. Junto a ella, se ha encontrado diferentes objetos, notablemente un saco de piel  curtida en el cual  se halló  dos o tres grandes piedras, de  20 a 25 cm de  longitud,  y seleccionadas verosímilmente por  su forma de hacha de mano, las que servían para desprender el mineral. Había allí, igualmente, un martillo de piedra bruta, muy interesante,  en forma de  pirámide. El mango está formado por una rama de árbol de un metro de largo y doblado.(à frais) en su parte media. La piedra está inserta al medio de la rama [así] doblada. Se mantiene en su lugar  mediante amarras de cuero curtido de un centímetro de longitud, dispuestas en forma de redes (réseaux).  Las dos ramas de árbol  dobladas se unen mediante  pequeños cuerdas de cuero curtido formando así un mango de 45 cm de largo.

 

 Se halló igualmente cerca de esta pieza  un pequeño cesto redondo, sin tapa, hecho en cestería de junco trenzado con mucha regularidad en forma de un pote (bol), sin diseños de color. La momia del hombre fue donada al Museo de Etnografía del Trocadero; ha sido  colocada en la sala Lorillard, vitrina  Nº  51. Esta momia fue hallada hacia el año 1880 en trincheras abiertas en las arenas  del altiplano de Bolivia  para la instalación del ferrocarril de Antofagasta a   Pulacayo. El cuerpo se encuentra perfectamente momificado;  la piel se ve levantada en algunas partes, en especial en el brazo derecho, dejando ver una musculatura  en buen estado.

 

Se trata de un hombre joven, imberbe,  de pequeña talla (de alrededor de  1,50 m de alto) y su cara es alargada. Los cabellos son de un  color café (brun) y lisos,  y están trenzados  en penachos  (touffes)  en torno a  la cabeza y  son lo bastante largos como para caer  por delante hasta el cuello y por detrás, hasta las espaldas.  Sobre la cabeza  se observa una pequeña  redecilla de hilo  de algodón blanco en forma de red (filet)  que termina en una pequeña borla o pompón formado por una veintena de  gruesos hilos de lana roja. Alrededor del cuello,  se observa un cordón de algodón del cual está suspendido un pequeño saco de ocho centímetros de alto por tres de ancho. Este saco [o bolsita] está hecho  en tejido de algodón de dos colores y el diseño  se compone de dos hiladas de  un centímetro de ancho, amarillo y rojo sucediéndose alternativamente a todo lo largo [de la pieza]. El saco está cerrado por medio de un fino cordón amarillo: es incontestablemente un saco de amuletos.  En el interior del saco [o bolsa] se hallan  dos puntas de sílex, un pequeño guijarro  aglomerado con una incrustación de cobre y cuatro granos de limonita pisilítica  (limonite pisilitique).

 

Los lóbulos de las orejas están perforados y atravesados por un pequeño trozo de madera dura, afilada en uno de sus extremos,  delgada (mince) como una aguja de tejer, y de un largo de alrededor de cuatro centímetros; diríamos [que semeja] una espina larga.

 

El cuerpo está extendido todo a su largo, acostado sobre el costado derecho, con el antebrazo plegado, con la cara dorsal de la mano apoyada sobre la mejilla en la actitud del sueño. Los pies están desnudos y desprovistos de sandalias. No hay traza alguna de tatuaje. El cuerpo está vestido solamente de un puncho (sic! por poncho) de color, tejido en forma  regular en el telar  (au métier)  que desciende hasta unos 10 cm debajo de la rodilla. El puncho (sic! por poncho),  lo sabemos, es una pieza de  tela en forma de  cubierta  perforada al medio por medio de una  abertura para dejar pasar la cabeza y   mantenerlo sobre el cuerpo.   En  la parte del cuello se observa  una especie de encaje  formado por 7 gruesos puntos de tapicería en lana roja  cuyos hijos  suben de cada lado en una misma línea, a dos centímetros de distancia. Directamente sobre la piel se halla un cinturón aplastado. Está hecho de la reunión de  una veintena de cordelillos en pelo de llamo, que probablemente servía para suspender un paño (hoy día ausente).

El pubis está guarnecido de pelos. Pero la persona  fue castrada  con la ayuda de un instrumento  sumamente  afilado, cuya corte  se ve aún hoy perfectamente nítido al nivel del pubis mientras que se ven restos de las bolsas [bolas].  La extracción del pene ha tenido lugar  con toda certeza después de la muerte; tal vez  fue  practicada por el obrero que la descubrió en la trinchera del ferrocarril, para hacerse  con él algún amuleto.

 

 Esta momia es, pues,  interesante por más de una razón.

 

El señor Sénéchal de la Grange ha hecho obsequio a la Sociedad, para su museo particular,  de los cinco cráneos que yo acabo de presentar; éstos vienen a llenar  una laguna en nuestras colecciones y debemos dirigir a nuestro generoso donante nuestros más calurosos agradecimientos.

 

A causa de su especial importancia, yo he creído útil  ofrecer un dibujo de cada uno de estos cráneos para nuestros lectores del Boletín. Me ha parecido que la fotografía  presentaba una gran ventaja sobre los (instrumentos) goniómetros y cefalómetros conocidos. Así, pues, he buscado una posición que fuera la misma para todos los cráneos en estudio y sobre todo un medio para hacerlos comprables entre ellos. He pensado que la fotografía señalética  (signalitique)   imaginada para  la persona viva por nuestro colega  el señor Alfonso Bertillon, podría tener su aplicación en la craniometría ya que ella presentaba todas las condiciones requeridas para lograr la mayor uniformidad posible de  posturas y reducción.  Mi amigo, el señor Alfonso Bertillon ha  tenido a bien  adaptarse a  mis indicaciones y las fotografías de la página 706 han sido realizadas en su Servicio en las condiciones señaladas en la nota adjunta. [Ver más abajo].

 

La aplicación  del método del señor Alfonso Bertillon  a la craniometría presenta, con  respecto de  los diversos  aparatos craniométricos, la ventaja  del diseño fotográfico sobre todos los dibujos hechos a mano. Pero el procedimiento del señor A. Bertillon es tan rigurosamente exacto que permite tratar la fotografía obtenida como un verdadero dibujo geométrico, así como tomar  mediciones  precisas. Es ésta una ventaja  inapreciable  que hará los más grandes servicios a los  investigadores que se dedican a  la craniometría.

 

Nota sobre la reproducción fotográfica de cráneos.

 

[Esta sección,  de interés únicamente para la historia de la craniometría, no se tradujo en esta ocasión y se omite aquí. Nada aporta desde el ángulo eco-antropológico. Se puede, sin embargo, leer en francés, en el original.



Discusión.

 

El señor Presidente pide al señor Chervin que transmita al señor Sénéchal de la Grange los agradecimientos de la Sociedad.  Expresa, igualmente,  el anhelo de obtener  referencias exactas  sobre el tipo de la sepultura de los cráneos que acaban de ser  ofrecidos.

El señor Chervin es de opinión de que los cadáveres habían sido enterrados en la arena, sin  ninguna otra  forma de sepultura (o tumba).

El señor  A. de Mortillet hace notar  que las flechas presentadas por el señor Chervin   se aproximan por su forma a aquellas que se encuentran en Europa”.

 

[Hasta aquí, nuestra traducción del texto original  francés].

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Nota 1. Por recomendación  del señor M. Chervin,  los señores Sénéchal de la Grange y de Créqui-Monfort acaban de organizar una verdadera misión antropológica llevando consigo a investigadores calificados como  los señores Adrien de Mortillet, Courty, el Dr. Neveu-Lemaire y J. Guillaume.



Nuestras Notas al texto.


(1)  Para un museo francés de la época, todos los hallazgos de la expedición tenían un particular valor: la exposición al público de los componentes de una cultura indígena  local, poco documentada hasta entonces. Entre estos elementos de especialísimo interés, estaban los restos humanos, en particular los cráneos. ¿Por qué los cráneos, podríamos preguntarnos hoy?. ¿Era esto una moda, o una simple curiosidad por entonces?. Moda, no, preocupación seria, sí. Recordemos que la época se caracterizó por  un marcado interés por registrar los orígenes y variabilidad del poblamento humano, a partir del descubrimiento casual del cràneo del hombre de Neanderthal, en Alemania,  por obreros en una cantera  en el año  1856, datado en 40.000 años. Nacía así la  disciplina de la paleoantropología. Tal inquietud intelectual es comparable a la actual curiosidad humna por escrutar los orígenes de la vida en otros planetas del universo...!.


(2)  En la misma zona y frente a la isla Guamán tuvimos nosotros la suerte de encontrar, en agosto o septiembre  de 1964, un esqueleto humano igualmente extendido que ostentaba a la altura del pecho y como única ofrenda, una gran concha de ostión (Argopecten purpuratus, ),  desgastada en sus bordes. Descubrimiento  no puedo olvidar hoy por haber sido el primero encontrado por mí en ese tiempo. No había signo alguno de atisbo de tumba o sarcófago, habiendo sido excavada directamente en la arena. Referencia explícita  y detallada a  este hallazgo, estampé  en mi obra "Eco-antropologìa",  publicada por Pampa Negra Ediciones, Antofagasta, 2024, pg. 93.      


(3)  En nuestra zona costera norte, el modo de enterramiento habitual  desde los tiempos de la cultura Chinchorro era con el cuerpo total o parcialmente extendido. Los pueblos del interior (aymaras y quechuas) empleaban siempre la forma fuertemente flexada, o en cuclillas.   

 

sábado, 31 de enero de 2026

Mi despedida. La vida se nos acaba: reflexiones sobre mis andanzas y observaciones en el desierto chileno.

En las postrimerías...

En marzo  próximo cumpliré, Dios mediante, 97 años. Ha  llegado el momento de reflexionar serenamente sobre lo que ha sido mi existencia y sobre mi posible legado a las generaciones futuras de arqueólogos y antropólogos de mi país. 

Estimo que una cita elocuente de don Miguel de Unamuno podría servirnos de guía en este complejo campo de  análisis de nuestra actividad antropológica enfocada por nosotros hoy  desde los umbrales de la eternidad.  Nos decía el   filósofo  vasco:

"¿Cuál es, pues, la nueva misión de don Quijote hoy en este mundo?. clamar, clamar en el desierto. Pero el desierto oye, aunque no oigan los hombres, y un  día se convertirá en selva sonora. Y esa voz solitaria que va posando en el desierto como semilla, dará un cedro gigantesco que con sus cien mil lenguas cantará un hosanna eterno al Señor de la vida y de la muerte". 

Así se expresa, en forma elocuente, un párrafo de la última página de la obra "Del sentimiento trágico de la vida" del insigne filósofo hispano (1).

 

Un clamor en el desierto. 

Nuestra actividad antropológica ha sido, a mi entender,  un "continuo clamar en el desierto".  Muchos de los capítulos de este nuestro blog que ya alcanza hoy las 374 entradas, demuestran o  encierran  un  reproche o  una crítica franca a determinadas políticas, decisiones  o actitudes.  Recordemos, a guisa de ejemplo, los capítulos dedicados a la penosa y lamentable destrución del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama  y los ataques furtivos a su creador  el jesuíta Gustavo le Paige, o la defensa del arte rupestre regional, o nuestra crítica a algunas actividades arqueológicas  o antropológicas.  Porque  mi visión de la antropología como campo de estudio  no solo ha sido de  rescate y salvaguarda  (museológica) (2), sino también- y en forma muy importante-  de defensa del ethos y cultura de los antiguos habitantes de nuestro territorio expresados en actuales prácticas o comportamientos de  nuestras comunidades autóctonas (4).

Tal vez se pueda ejemplificar mis aportes concretos en este campo mediante la aplicación de las  variantes castellanas del verbo  latino  "nuntiare", tales como  "anunciar", "denunciar", "renunciar"  o "prenunciar". Intentemos este acercamiento.


Anuncios.

Así,  a través de  las páginas de nuestro Blog  hemos "anunciado"  con frecuencia el descubrimiento de sitios arqueológicos  nuevos o de extraños objetos de especial interés arqueológico.  O hemos "anunciado"  y mostrado el género peculiar de vida de pastores, mercaderes, cazadores andinos a través de  entrevistas específicas (5).

 

Denuncias.

También hemos "denunciado" sin miedo  prácticas que consideramos reñidas con una práctica arqueológica o antropológica sana como en el caso del rally Dakar  en el año 2014, o el abuso desmedido en  la aplicación de la "entrevista personal".  


Renuncias.

A la vez, hemos "renunciado" tajantemente a suscribir o adoptar posiciones propias de la  política contingente que nos ata a un determinado partido político, actitud que no pocos antropólogos han adoptado en épocas pasadas. Por ello nos hemos negado a  suscribir encendidas  proclamas políticas firmadas por antropólogos o arqueólogos. Un antropólogo, en nuestra opinión,  se debe a todo el universo cultural, a todos los grupos humanos y no solo a determinadas facciones, aún a riesgo ser  tildado injustamente  de  "facho" o "momio". Tal cosa nos ocurrió a nosotros mismos en nuestra corta permanencia en la Universidad del Norte, Sede Iquique,  en el año 1972 cuando se nos expulsó de la Universidad por decreto del director de la época. Esta situación  nos forzó a emigrar  a Santiago, con nuestra pequeña familia, iniciándose para nosotros  un período sumamente  duro de inactividad laboral  que solo terminó meses después con mi contratación como profesor-hora de antropología  en el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica  (marzo 1973).


Mirando hoy  hacia el  pasado.

Rememoro aquí, nostálgico, algunos períodos maravillosos de mi carrera antropológica, aquellos que más me han marcado:

a) mis primeros descubrimientos del  habitat de los changos costeros al norte de la ciudad de Antofagasta (1963-65);

Fig.     Descubrimiento de antiguas bases de chozas de los changos. 1 de diciembre  1964,. Aquì  nuestro empleado Sr. Chavez de la Universidad del Norte (Foto H . Larrain).

b) Mis cinco años de formación arqueológica en México (1965-1970);

c) Mis primeras publicaciones de corte etnohistórico (1972-1973).

d)  Mis ocho  años de contacto asiduo con la geografía y los geógrafos en el Instituto de Geografía de la Universidad Catòlica. Creación y dirección de la revista "Norte Grande" (1973-1980);

e)  Dos años de estudio y observación en la sierra norte del Ecuador (Otavalo), en  el Instituto Otavaleño de Antropología, gracias al apoyo irrestricto de Plutarco  Cisneros Andrade, su director (1977-78). 

f)  Mi trabajo de doctorado (Ph.D) para la State University of New York  (1977-1978)  redactado en el Ecuador;

g) Mis andanzas por los senderos de Atacama: mis estudios de la artesanía popular en poblados atacameños (1980-1990) (6);

g)  Mis dos años de dedicación completa a la formación de maestros indígenas (aymaras y atacameños)  en la Universidad Arturo Prat de Iquique (1993-1995);

h)  Casi 20 años de dedicación a los estudios de las nieblas costeras ("camanchacas"), con el apoyo de geógrafos de la Pontificia Universidad Católica  en Iquique  (1996-2015);

i)  Mi valiosa experiencia como bloguero mediante la edición de mi blog de " Eco-antropología"  (2006-2026). 374 artículos publicados hasta el día de  hoy. 

j)  La reciente publicación de la obra "Eco-antropología", una recopilación de entradas de nuestro blog referentes al Norte Grande de Chile (editores Benjamín Ballester y Alexander San Francisco (2024). 

Fig. Portada de la obra "Eco-antropología" de mi autoría, publicado por ediciones Pampa Negra, Antofagasta, 2024.


"Gracias a la vida, que me ha dado tanto...".

Así nos cantaba Mercedes Sosa en su maravillosa canción de despedida, en 1971. Solo agregaremos nosotros, cristianos,   una mención explícita de gratitud  "al señor de la vida y de la muerte", tal como nos lo enseñó Unamuno.  

  

Notas

(1)  Cfr. Editorial Losada, S.A, Buenos Aires, 1977,  pg. 285.

(2)   En nuestros primeros balbuceos en arqueología  del Norte de Chile (1963-65), el acento fue puesto casi únicamente en el registro cuidadoso y presentación museológica digna.  Esto  fue  el  producto natural  del enfoque general de la disciplina por entonces. Había un afàn por  crear Museos  y descubrir y mostrar  las culturas nativas y sus manifestaciones culturales.  No existía todavía  una Ley Indígena protectora, la que recién aparecerá en el gobierno de don Patricio Aylwin en el año 1984 (3).

(3) La Ley indígena promulgada por el presidente de Chile Salvador Allende en el año 1972  sólo hace referencia al pueblo mapuche e  ignora la presencia de  otras etnias indígenas hoy sobrevivientes en el país. 

(4)  A lo largo de nuestra ya larga vida, no solo hemos estudiado en detalle  el modo de vida de las antiguas comunidades indígenas a través de las crónicas y relatos antiguos (como en  nuestra obra titulada:  "Etnogeografía", Colección Geografía de Chile, Instituto Geográfico Militar,  Vol. XVI, 1987). También hemos tenido la grata oportunidad de recorrer por meses todos los pueblos atacameños  del Salar de Atacama y del río Loa, estudiando las manifestaciones artesanales de los pueblos  y reafirmando su identidad étnica.

(5)  En nuestro blog, que este año 2026 cumplirá 20 años de  existencia, hemos dedicado no menos de 12 capítulos a entrevistas antropológicas.(Ver el capítulo:  "Catálogo comentado de las entrevistas etnográficas realizadas a distintos informantes,  en el curso de mi carrera profesional como antropólogo".(23/07/2025).

(6) Coteje nuestro artículo:  “Apuntes para una geografía artesanal de la II Región de Chile, Ibero-Amerikaniches Archiv, l6, 4. Berlín, 1990, 611-636.

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martes, 2 de diciembre de 2025

El algarrobo de la zona central de Chile (Prosopis chilensis): características botánicas de la especie, sus variedades observadas in situ y su empleo en tiempos pasados.

 Observaciones sobre el algarrobo chileno (Prosopis chilensis).


Al  trasladarme definitivamente a la zona central  de Chile a fines del año 2017 (Las Canteras, Comuna de Colina) desde Iquique, donde permanecí por casi 25 años,  he realizado algunas observaciones botánicas en mi nuevo refugio, en una zona donde aún es posible observar muchos especímenes de la flora y fauna nativa, en su medio natural ya en parte modificado en las laderas más bajas, donde hoy se asientan las parcelas. 

He tenido el privilegio de  regresar a la zona central de Chile, a una zona  de lomajes, a los pies del empinado e impresionante cerro cónico que algunos llaman "El León", y otros "Pan de Azúcar", por su  imponente figura. Se alza a unos 90 m. por sobre el valle central y se sitúa a los 34º 38`18`` S y  71º 49` 60`` W.

                                
Fig. 4.  Vista del cerro "Pan de Azúcar"  tomada desde el poniente hacia el este. En los faldeos de este cerro he hecho buena parte de  mis observaciones. El hermoso ejemplar de cactácea es Trichocereus chiloensis, aún  bastante abundante en este sector (foto H. Larrain, agosto, 2019).


La alteración del paisaje.

 Es bien conocido el hecho de que  el valle central chileno ha sufrido enormes transformaciones  en el decurso de los siglos a partir de la conquista española.  El sobrepoblamiento de la capital y sus alrededores,  con más de siete y medio millones de habitantes, ha ido destruyendo casi por completo el habitat primigenio, el que conocieron los pobladores autóctonos picunches y los  conquistadores incas a fines del  siglo XV, a su llegada a la zona central.
 Las formaciones botánicas primitivas han sido alteradas  por el desarrollo intensivo de la agricultura en el llano, el sobrepastoreo y las obras de  canalización  de los ríos, o la incesante corta y quema de árboles para la obtención de maderas, leña y carbón,  produciéndose un cambio tal, que hoy día  resulta muy difícil saber cuál fue exactamente el antiguo aspecto florístico del valle central y sus estribaciones montañosas bajas, más próximas.


Fig. 1.   En "El Portezuelo", sector de una planicie elevada  y en una ladera del costado poniente del cerro "El León", se alza este solitario algarrobo chileno, entre numerosos ejemplares secos del espino (Vachellia caven). Sospechamos que este ejemplar es uno  de los  más viejos del sector, a juzgar por el diámetro de su tronco. (Foto H. Larrain, fines de Julio 2021).

Fig. 2.   Ejemplares de espinos  (Vachellia caven) totalmente secos, a causa de la terrible sequía que nos afecta. Vista del sector "El Portezuelo",  a pocos metros del hermoso algarrobo  indicado en la figura anterior (Foto H. Larrain, fines de julio 2022).  

Fig. 3.  Otra vista de ejemplares de espino  totalmente secos, como producto de la terrible sequía que nos ha  afectado por cerca de 20 años.  (Foto H. Larrain, diciembre 2019).


¿Un mirador de los Incas?.

Según una antigua tradición  local, habría sido éste una  excelente atalaya para los Incas desde cuya cima habrían  observado los desplazamientos de las primeras huestes españolas comandadas por Diego de Almagro en el año 1535, las que pasaron por su pie, siguiendo exactamente el trazado del  Qapaq ´Ñan o camino del Inca rumbo al valle del Mapocho.



Fig. 5. Flanco poniente del cerro "Pan de Azúcar", surcado hoy por dos canales de regadío paralelos que nacen del río Mapocho . Sus laderas que miran al poniente o al Norte están pobladas hoy  día de pequeñas  parcelas de agrado.   Hasta los años 1977-78, esta sección del  valle central era solo una seguidilla de predios agrícolas y potreros regados, delimitados por majestuosas corridas de álamos (Populus alba).  (Foto H. Larrain, agosto 2018). 

Miradas de un artista pintor a esta zona.

Fig. 6. Vista desde el cerro hacia el SW-W.  Hermoso cuadro pintado por el artista  y pintor Joaquín  Solo de Zaldívar  hacia el año 1985 (?). (Hoy en poder de su autor).

Fig.7.   Vista semejante a la anterior, en 1985, mostrando el contraste entre el cerro "El León" arbolado y el valle aledaño, por entonces poblado de fundos agrícolas. (Tela hoy en poder de su autor, el artista pintor Joaquín Solo de Zaldívar en "El Portezuelo", Las Canteras). Así lucía este paisaje  hacia el año 1985  cuando llegaron los primeros parceleros  que se asentaron en el  "Portezuelo".


Las zonas aledañas.

Las zonas de planicies situadas inmediatamente al N y al NE del cerro "Pan de Azúcar" que hoy son conocidas como Chicureo, Chamisero  o  La Reserva (y otras próximas)  han sufrido en los últimos 45-50 años un cambio notable, al establecerse en el plano varios proyectos inmobiliarios con suntuosos condominios habitacionales que no solo han ocupado la amplia llanura adyacente, sino que también se empinan ya sobre la cadena de cerros bajos que circunda Santiago por el Norte y que terminan por el oeste en la zona de Huechuraba.  Hacia el poniente, en cambio, el agreste paisaje de antiguos fundos con sus erguidas hiladas de alamedas, ha sido reemplazado por  sectores de fábricas y establecimientos comerciales de diversa índole que se suceden sin fin al costado de la actual autopista "Los Libertadores" que  enfila directamente hacia el Norte  (hacia la ciudad de Los Andes).  Hace unos 40 años (1980), cuando por primera vez  conocí esta zona  invitado por el entomólopgo Luis Peña, todo el paisaje visible  del entorno del valle era de amplios  y coloridos potreros de fundos, flanqueados de esbeltas alamedas (1). Tan solo el pueblito de "Las Canteras"  mostraba un rostro humano con unos 200 pobladores dedicados todos ellos a la talla de la piedra canteada y a la fabricaciòn de adoquines. Población aldeana que se asentó aquí, según las referencias rescatadas  hacia el año 1880 para explotar las ricas canteras de los cerros vecinos y surtir de adoquines las calles del antiguo Santiago.

En el año 1978 Luis Peña Guzmán, conocido naturalista y eximio entomólogo, compró una antigua parcela de la  CORA  (Corporación de la Reforma Agraria) con una superficie de unas 90 hás. en su mayor parte de cerros bajos y laderas, contigua al antiguo pueblito artesanal de Las Canteras. La zona era primitivamente conocida como "El Portezuelo".  Aquí estableció Luis Peña su casa-museo donde vivió hasta su muerte (septiembre 1995) al abrigo de la soledad y el aislamiento. Aquí, hasta hoy, se yergue dominante, en la ladera baja, la casa-museo que le construyera su gran amigo, el arquitecto Miguel Eyquem Astorga (1922- 2021).

Pues bien, Luis Peña formó una sociedad de amigos y conocidos -varios de los cuales habían participado activamente en la edición de la revista "Expedición a Chile"- con el compromiso expreso de respetar y proteger, en la medida de lo posible, toda la flora nativa arbórea preexistente en el lugar. Ésta estaba constituida mayoritariamente por especies  arbóreas de espino (Acacia caven), algarrobo chileno (Prosopis chilensis), y escasos ejemplares de guayacán (Porlieria  chilensis)   y maitén (Maytenus boaria). Entre los arbustos leñosos, citaremos abundantes especímenes del "incienso" también llamado "maravilla" (Flourensia thurifera), los  cactus gigantes del género Trichocereus chiloensis, de hermosas y grandes flores blancas que convive con el abundante arbusto llamado  colliguay (Colliguaya odorifera),  entre otras especies menos conspicuas
  
De esta suerte,  en todas las propiedades de los socios -por acuerdo unánime-  se ha logrado preservar, afortunadamente, casi la mayor parte de los vetustos ejemplares del algarrobo chileno, muchos de ellos sin duda pluricentenarios a juzgar por sus voluminosos troncos y su bien conocido lentísimo  crecimiento.   El quebracho (Senna stipulacea),  que hoy  se observa en casi todas lar parcelas, o el pimiento (Schinus molle) fueron traidos ex professo como especies exóticas  de sombra para  decorar  los jardines.

 De la especie de algarrobo aquí presente (Prosopis chilensis), lejos la especie de mayor envergadura entre  los árboles nativos,  quiere tratar especialmente este capítulo de nuestro Blog.

Cuando llegamos con Marta a radicarnos aquí,  hacia fines de noviembre del año 2017, las vainas de los algarrobos estaban madurando y empezaban a caer al suelo. Pronto me llamó especialmente la atención la extraña y singular diversidad de vainas en formas y colorido, peso y tamaño. Lo que nos ha permitido hacer algunas observaciones in situ  que quisiéramos compartir aquí con nuestros lectores. Ofrecemos aquí sendos detalles más abajo. 

Durante todo el año 2018 -año extremadamente seco-  seguí observando el  comportamiento de los árboles de esta especie tan característica de esta zona. Las fotos nuestras que aquí queremos compartir con nuestros lectores darán una idea  del desarrollo anual de esta especie  en esta zona.


El tronco del  algarrobo.


Fig. 6. Tronco de un algarrobo vivo que se conserva a la entrada de la parcela de mi compañera de vida, Marta Peña Guzmán,  con una circunferencia  basal de  120 cm (a 30 cm del suelo)  y una altura  aproximada de unos diez metros.

Los troncos  de los ejemplares más antiguos que hemos podido  observar en nuestra zona, presentan  una circunferencia de unos 140-150 cm  cm como máximo, medido  a unos 50 cm. del suelo.  El desarrollo del árbol es  muy desordenado: varias ramas de troncos potentes (2-3-4-6 y hasta 8) pueden emerger juntas directamente del suelo, o  presentar, mas raramente,  un tronco único, producto probablemente de alguna antigua poda o corte. Su aspecto original nos resulta hoy casi  imposible de rescatar, puesto que la corta o quema a lo largo de siglos por obra del hombre tiene que haber modificado bastante, sin duda, su figura original. En ejemplares nuevos, que han crecido de semillas en nuestro jardín, hemos visto la tendencia a formar varios troncos basales, a partir del suelo; raramente uno solo. Esta especie ostenta un amplio follaje que produce una grata sombra: refugio excelente otrora para las aves durante el estío.  La estatura máxima del árbol es igualmente muy variable. Hemos visto ejemplares achaparrados que no superan los 5-6 m.,  y también ejemplares que se alzan sobre los 15 m. de altura, tratando de emular (en busca de la luz) a los vecinos árboles foráneos, de los que hoy se acompaña, en especial el molle o pimiento (Schinus molle) que ha sido profusamente plantado por los actuales parceleros por la rapidez de su crecimiento y por su excelente  y apetecida sombra.
😊Fig. 7.  Tronco del ejemplar de algarrobo presente a la entrada de ls parcela de Marta Peña Guzmán. Alcanza una altura de unos 15 m.


Fig. 8.  Trozo de tronco de algarrobo  abandonado hoy al frente de la casa de don Juan Tapia.  Ejemplar que allí existió vivo hasta los años 80-90 del pasado siglo cuando fue cortado. El trozo remanente mide  1,20 m de largo  con una circunferencia de 1.41 m  en la parte más ancha y un diámetro de 45 cm.  Sería muy interesante cortar una sección de  su tronco y contar el número de anillos. Sospechamos que puede tener  más de 200 años.

Fig. 9.  Tronco de algarrobo cortado recientemente en nuestra parcela. Conserva su colorido original de rojo sangre seca en su centro rodeado por una franja exterior delgada, color crema pálido, en su periferia  (Foto H. Larrain, diciembre 2019). 

 El interior leñoso del algarrobo es tal como lo muestra la Fig. 8, de un color rojo  sangre seca. He visto varios troncos cortados con sierra eléctrica mostrando este color muy uniforme  y éste  está rodeado, en su periferia, por una delgada franja de color crema muy claro.                      ). 
 La corteza exterior,  de un tono pardo sucio, suele presentar algunos puntos donde ha fluido al exterior la resina, dejando un  reguero seco de color negro muy brillante, semejando una mancha de pintura negra.  Esta resina a veces puede presentarse en gruesos grumos duros,  de color negruzco opaco. Un fenómeno muy semejante he observado con frecuencia en los tamarugos (Prosopis tamarugo) de la Pampa del Tamarugal y en Pica, en la región de Tarapacá.  Supongo que se deberá a perforaciones hechas por algún coleóptero (¿tal vez un cerambícido?), lo que habría provocado la salida de la savia, tal como ocurre en el tamarugo.  Las ramas del algarrobo no son rectas, sino son curvadas, retorcidas  y tortuosas y no son muy  aptas para la obtención de  madera para postes o vigas rectas. Pero aún así, a falta de otras rectas, fueron usadas muchas veces como soportes de techumbre en las construcciones coloniales.


Las hojas.

Las hojas son compuestas, filiformes, paripinadas y presentan un máximo de 15-18 corridas dobles de folíolos en los ejemplares viejos (adultos). La planta al nacer, muestra dos hojas grandes,  de aspecto casi circular, que al poco tiempo son descartadas y suplidas por las hojas definitivas en forma de  hojas compuestas, siempre paripinadas, cuyo número va lentamente aumentando (siempre dobles),  a medida que la plántula va creciendo.  En las descripciones de este árbol existentes en Internet, leo que se trataría de un árbol "caducifolio", es decir, que pierde todo su follaje en invierno;  nuestra experiencia en este lugar parecería contradecir parcialmente tal aserto: las hojas se mantienen en un 50% en el árbol, en gran parte del invierno,  perdiendo solo algunos folíolos. En ejemplares  muy jóvenes, el follaje se mantiene intacto  en un 100%.  

Fig. 10.   Ejemplar que apareció en nuestro jardín, de unos dos años de edad. Se alza ya casi a 30 cm del suelo. 


Las flores.

Las flores  se presentan en forma de racimos  de 6 a 12 cm de largo,  de color amarillento, que aparecen en pequeños grupos de 2 a 4. poseen abundante polen que es ávidamente colectado por las abejas, avispas y abejorros (moscardones) del género Bombus sp   En nuestra zona, florecen copiosamente en el mes de noviembre y las primeros frutos empiezan a caer al suelo  en el mes de diciembre. Cada racimo floral puede contener hasta 250-260 flores pequeñísimas.


 Los racimos florales.

Fig. 11. Extremos de ramas provistos de racimos florales. (foto H. Larrain,  16/11/2025).

Fig. 12.  Abundantes racimos florales. (Foto H. Larrain,  16/11/2025).



El fruto.

El fruto es una legumbre, de vaina  delgada, muy  alargada,  que alcanza a medir, en una de sus variedades locales,  hasta un máximo de aproximadamente  unos 25 cm. Las vainas se presentan casi siempre,  curvadas o enroscadas, tendiendo algunas hasta formar un círculo casi completo, dependiendo esta forma  de la variedad o tipo  respectivo (Vea  abajo descripción de los 4 tipos observados).
 
 De estas vainas, su aspecto y medidas  haremos una descripción especial en este capítulo, por presentar claras y patentes diferencias entre los árboles examinados.
  

Los diferentes "tipos" de vaina observados en esta zona.

Fig. 13. Ejemplares de vainas de la variedad ( o tipo ) A.

Las vainas presentan engrosamientos patentes allí donde van asentadas las semillas, protegidas éstas por una delgada capa de fécula azucarada, lo que la hace muy apetecible para muchos animales domésticos. (Figs. 11 y 12). Las ovejas, cabras, burros, llamas y cerdos, las comen con especial agrado, tal como lo hemos podido comprobar personalmente. 
Con seguridad, en el pasado también fue comido aquí  por guanacos o ciervos, los que, muy probablemente, contribuyeron a dispersar profusamente sus duras semillas por medio de sus heces. 
Resulta muy probable que esta especie (o alguna de sus variedades) haya sido también traída hasta aquí por los caminantes en sus viajes, como alimento adicional para hombres y animales,  junto al charqui seco.  Hay constancia escrita en algunos Cronistas de su amplio uso en los  viajes  de las caravanas de los antiguos tarapaqueños o atacameños  a través del desierto.
Nosotros mismos  hemos  hallado, en el transcurso de nuestras investigaciones en la Pampa del Tamarugal,  trozos de vainas o semillas de algarrobo junto a  las paskanas  o  tambos, a lo largo del camino del Inca; en efecto las hemos hallado cerca de Quillagua  en un tramo  del Q´apaqñan, como también entre  la quebrada de Tarapacá y quebrada de Juan de Morales, durante nuestro estudio del Camino del Inca (años 2013-2015).

  Otro tanto debió ocurrir entre las tribus indígenas situadas al sur de los ríos Copiapó, Vallenar, Elqui y Choapa esto es, entre diaguitas y picunches septentrionales, pues hoy sabemos que el área de dispersión del algarrobo abarca desde la frontera con el Perú (valles de Lluta y Azapa), hasta la provincia de O´Higgins (Sexta Región de Chile)  en el territorio chileno.

La substancia azucarada de la vaina de esta especie de algarrobo (Prosopis chilensis) presente en nuestra zona central de Chile es menos abundante y también -según nuestra experiencia- algo menos dulce que en la especie  Prosopis alba,  que habita en el Tamarugal; pero es igualmente apetecida por los animales domésticos citados, aún por aquellos que la  prueban por primera vez. Cabras, ovejas, llamas, cerdos y aún conejos y chinchillas la comen, tal como lo hemos podido comprobar personalmente aquí en nuestra zona de  Las Canteras, en la propiedad de Alfredo Ugarte Peña.

El algarrobo es muy resistente a las sequías periódicas porque sus raíces son profundizadoras alcanzando zonas de napas subterráneas que otras especies, como el espino (Vachellia caven)

Fig. 14. Tela del artista pintor Joaquín Solo de Zaldìvar hacia 1885. Muestra bien el paisaje de lomajes que bajan del cerro "Pan de Azùcar", próximo a su actual vivienda. 

 o el quisco chileno (Trichocereus chiloensis) nunca logran alcanzar. En nuestras zona de lomajes bajos que descienden  del cerro, muy próximos al pueblito artesanal de Las Canteras, hemos visto secarse en estos últimos años (2017-2024) muchísimas  ejemplares del  espino y otros arbustos pequeños, incluyendo el quisco chileno Trichocereus a causa de la espantosa sequía reinante que se ha venido arrastrando desde hace casi 20 años. (Ver Figs. 2 y 3).

En la pampa del Tamarugal, su pariente cercano el tamarugo  (Prosopis tamarugo), es capaz de alcanzar, con sus raíces pivotantes, profundidades de hasta l5-18 m., según ha sido comprobado en Tarapacá  al excavar pozos en el desierto para abastecer  las  oficinas  salitreras.


Extraña variabilidad de formas y tamaños en  vainas de algarrobo. ¿A qué se debe esta notable variabilidad intra-específica?.

Quiero dedicar un párrafo especial a este aspecto, para nosotros intrigante. Una de las cosas que más nos ha llamado la atención, al observar detenidamente diferentes especímenes de algarrobo del sector, es la curiosa y extraña variabilidad de formas, tamaños y aún coloración de los frutos.  He podido observar en nuestra zona de lomajes bajos del cerro, no menos de 30 ó 40 ejemplares diferentes, de distintos tamaños. Las caracteristicas del tronco, ramas, hojas y flores son  prácticamente idénticas. Al menos a primera vista. Pero sus frutos (vainas), muestran muy notables diferencias. 
En las fotografías, más abajo, se podrá apreciar con claridad  tal extraña diferencia.  Tan diferentes se muestran unas de otras, que parecerían pertenecer a especies o aún géneros botánicos totalmente distintos.
 

¿Cómo explicar esta diferencia?.

 ¿Qué ha ocurrido aquí?.  ¿Por qué esta diferencia tan notable entre ejemplares, tan solo observable en el aspecto externo de sus frutos?.  Y ¿qué podría motivar tal diferencia?. La altitud y exposición de la ladera, son las mismas  No podemos atribuirlo, tampoco,  al tipo de terreno en que crecen, pues es idéntico: laderas de cerros bien soleadas, de declive suave, que miran al sur y al surweste; tampoco  a un diferente acceso a la humedad, pues algunos -diferentes- se alzan  a escasos metros de distancia  uno del otro.  Es obvio, pues,  que se trata aquí de patentes variedades distintas, dentro de una misma especie de Prosopis.  

He observado con sorpresa este fenómeno durante varios años consecutivos y he colectado centenares de vainas tratando de comprender esta extraña variabilidad de colores, formas y figuras, que no recuerdo haber observado en ninguna otra especie botánica nativa.  ¿Estamos aquí, tal vez, en una etapa del lentísimo proceso de especiación, es decir hacia la formación de nuevas especies?. Hemos observado que las abejas y moscardones -máxime la especie introducida Bombus terretris-  polinizan por igual estos ejemplares a los que acceden con especial deleite. 


Los 4 "tipos"  o variedades diferentes observados.

En bolsas nylon de cierre hermético (tipo ziplock), hemos aislado las 4 variedades, depositando en cada sobre 30 ejemplares,  elegidos al azar  y recogidos del suelo. 

De estas variedades (que momentáneamente rotularemos como "tipos"), claramente diferentes, hemos distinguido en nuestra zona claramente cuatro (¡y extrañamente tan solo cuatro!), cuyas fotos y descripción detallada mostramos a continuación.


Tipo 1:  (A): ("circuloide")  vaina de aspecto tal que tiende a  aproximarse bastante a la forma de un  círculo, No supera los 14-15 cm. de longitud. De grosor muy uniforme  y un ancho máximo de la vaina de  1,2 cm.  Color crema pálido. De las 4 variedades  distinguidas por nosotros, es la más gruesa y, aparentemente, con un mayor contenido de fécula azucarada. Peso del set de 30 ejemplares:  108 gramos; peso de  3 ejemplares:  18 gr.


Fotos del tipo 1.

Fig.  15. Ejemplares del tipo o variedad 1 (o A) en forma de media luna. (Foto H. Larrain,  diciembre 2019; escala 10 cm.)


Fig. 16. Otros ejemplares de nuestro Tipo 1 que se aproximan a formar una media luna. En esta variedad nunca hemos hallado ejemplares rectos. A la vez, es ésta la variedad de mayor peso relativo de las 4 que hemos detectado en nuestra área.  (Foto H. Larrain, diciembre 2019; escala  20 cm.).


Tipo 2: (B) ("serpentiforme"), de vaina  delgada, aplastada, que tiende siempre a enrroscarse (como una culebra);  puede llegar a medir  hasta 18,5 cm de longitud,  con un ancho máximo de hasta 1,3 cm.   Color crema  pálido.
Peso del set de 30 ejemplares:  48 gramos. Peso de   3 ejemplares:  13 gr.


Fotos del tipo 2:

Fig. 17.  Variedad del tipo 2  ("serpentiforme").  Es una variedad muy común y  a lo que puedo observar aquí, por lejos, la más abundante en nuestra zona. (Foto H. Larrain, diciembre 2019; escala 20 cm.).


Tipo  3 (C)  ("serpentiforme"), de vaina  aplastada, retorcida, más ancha (mide hasta 1,8 cm) y bastante más larga que el tipo 2,  con  un máximo de 30 cm de longitud máxima. Color: morado suave, veteado, con partes más claras y otras  muy oscuras.  Es la única variedad entre las observadas por nosotros, que no presenta  un color  crema uniforme.
Peso del set de 30 ejemplares:  106 gr. Peso de tres ejemplares: 14 gr. 

Foto:

Fig. 18. Ejemplares de nuestra variedad  (tipo) 3.  Muchos especímenes tienden a retorcerse mucho, pero también se observa ejemplares casi rectos (más escasos).  (Foto H. Larrain,  diciembre 2019; escala 20 cm.).


Tipo 4  /D)  ("filiforme"). posee una vaina o legumbre aplastada, de torsión escasa que tiende a ser casi recta, muy delgada (ancho máximo: 0.9 cm) y de una longitud máxima de  17 cm. Color crema pálido.
Peso del set de 30 ejemplares:  42 gramos. Peso de 3 ejemplares:  5 gramos.

Foto: 
Fig. 19.  ("Variedad filiforme"). Ejemplares de nuestra variedad (o tipo) Nº 4.  Tal vez sea ésta la más diferente entre todas las variedades observables en el área.  Hasta ahora, solo hemos hallado en nuestra zona un solo  árbol que la produce. Se alza junto al puente del primer canal  de regadío y se halla en un extremo de la propiedad de don Juan Tapia. (foto H. Larrain,  diciembre 2019; escala 20 cm). 


Fig. 20. Cotejo de las variedades ("tipos") Nº 1 (izquierda), y Nº 4 (derecha) de nuestro repertorio.  Parecerían pertenecer a especies muy diferentes de plantas. (Foto H. Larrain, diciembre 2019).
  

Referencias a la variabilidad intra-específica.

Nos hemos preguntado a qué se debe esta enorme variabilidad de aspecto, peso y  aún colorido de sus vainas (legumbres).  Hemos estado revisando la literatura respectiva sobre el algarrobo chileno encontrando hasta ahora escasas referencias a esta variabilidad que a nosotros nos sorprende e intriga sobremanera. 


Referencias a la variabilidad intra-específica.

1.  Según Wikipedia: "Existen 3 variantes de la especie: Var. chilensis (casi recta, curvada o con forma de “s” falcada o subfalcada, de color amarillo.) Var. catamarcana (frutos semicirculares, anulares o en forma de S, en color amarillo con manchas oscuras, mesocarpio abundante ) Var.riojana (frutos rectos o casi rectos, casi negros). Las 3 variedades crecen en Argentina. En Chile, solo crece var. chilensis. aunque existe registro de las otras variantes, en los cañadones del Alto Huasco, región de Atacama. Para Perú, se tiene registro de var. chilensis".

2.  Otra referencia al respecto encuentro en "Ladera Sur", en una entrevista hecha a la botánica María Teresa Serra, en la que se destaca "...su capacidad de hibridarse fácilmente con especies cercanas de su misma sección (Algarobia), por ejemplo, con Prosopis flexuosa, Prosopis alba o, Prosopis alpataco...De esta suerte, la especie está perdiendo su pureza genética...".

3. Me pregunto si mis observaciones hechas en esta zona, de la Comuna de Colina (Las Canteras) no vendrían de hecho a comprobar, de alguna manera, la afirmación de la botánica María Teresa Serra al respecto.
 

Menciones al algarrobo en la literatura colonial.

Según  la  excelente obra ilustrada  "La Flora Arbórea de Chile", de los autores  Roberto Rodríguez, Oscar Matthei y Max Quezada (Editorial de la Universidad de Concepción, Chile, sin fecha. 408 p.)  figuraría con el nombre antiguo (basiónimo) de Ceratonia chilensis, en la famosa obra del abate Molina: Saggio sulla istoria naturale del Chile, edición 1782, pág. 172.  

En  cambio, curiosamente,  no figura en la  traducción  castellana  de la segunda edición de la misma obra del jesuíta Juan Ignacio Molina hecha por  el Dr. Rodolfo Jaramillo, de la Academia de Ciencias del Instituto de Bolonia (segunda edición italiana  del  Saggio, editada en el año 1810).  En esta última obra, la única mención explícita que hemos hallado a este árbol chileno se halla como apéndice o nota  a la descripción, hecha con lujo de detalles, del espino chileno (Vachellia caven). Indicamos a continuación la referencia de Molina al espino, signada con el número 10,  para luego  indicar  lo propio del algarrobo:

"su madera (del espino) es compactísima, durísima,  de un color rojo oscuro veteado   de negro y amarillo y susceptible de un bello pulimento. Los artesanos la emplean para hacer los mangos de sus instrumentos"

Y pocas líneas más abajo anota: "lo mismo debo decir de los caracteres genéricos de otro gran árbol espinoso de la misma provincia [i. e. de la zona central de Chile] llamado Algarrobo por los españoles y Huanqui  por los chilenos, el cual tiene el aspecto de una Gleditsia. Su madera es durísima y pesadísima" (en Juan Ignacio Molina,  [1810], 1987: 194). 


Fig. 21. Variedad joven de algarrobo  de unos 12-15 años de edad, en la ladera soleada del cerro, que mira directamente al Norte  (Foto H. Larrain, diciembre 2019; escala:  1 m).


Comentario nuestro.

No deja de ser extraño el hecho que el jesuíta  Juan Ignacio Molina, en ese capítulo XI  de la segunda edición del Saggio dedicado a describir todos los "árboles de tronco alto" de Chile que conoce, y donde apunta los datos relativos a trece especies diferentes de árboles de la zona central, no haya dedicado un párrafo especial al algarrobo.   Solo lo nombra en una referencia muy de paso, con ocasión de su descripción, en cambio muy minuciosa, del espino (como Acacia caven)
¿Por qué Molina no le dedicó aquí un párrafo especial,  al igual como lo hizo con las demás especies?. Es  probable - y es nuestra vehemente sospecha-  que no haya tenido la ocasión de observarlo de cerca, pues en la zona costera de Chile central donde Molina vivió como estudiante jesuíta (en la hacienda de Bucalemu), esta especie arbórea no era conocida.  Esta especie, en efecto,  no pertenece al ecosistema costero sino solo se da  asociada al espino y al guayacán,  en los lomajes más bajos de los primeros contrafuertes de los Andes. A lo que creemos, Molina habla aquí del algarrobo en base referencias recibidas de terceras personas. En todo caso, debemos agradecerle que al menos nos brinde aquí el nombre autóctono de esta especie en la lengua mapudungun o mapuche:  como huanqui,   así como nos entrega, también,  el nombre indígena de caven, para el espino.
 

Otras fotografías alusivas al texto.

Fig. 22.   Ejemplar que brotó en  nuestra parcela  y que debe tener unos  2 a 3 años de vida. (Foto H. Larrain, diciembre 2019).



Fig.  23.   La corteza del tronco  es arrugada y  se desprende fácilmente en pequeños trozos (Foto H. Larrain, diciembre 2019). 


Fig. 24.  Otra foto de la superficie rugosa  y desprendible de la corteza.   (Foto H. Larrain, diciembre 2019). 


Fig. 25.  Otra sección del mismo tronco de algarrobo en la parcela de Marta  Peña G. (foto  H. Larrain, diciembre 2019).


Las espinas de sus ramas.

A trechos, todas sus ramas presentan espinas que nacen del mismo punto. Sus espinas son sumamente fuertes y resistentes. Durante el período colonial fueron usadas como "clavos". Sus espinas pueden alcanzar los   6,3-6,5 cm de longitud  (cf. Fig. 25)   y penetran fàcilmente las maderas blandas como el álamo (Populus alba) o el pino insigne (Pinus radiata)  tal como lo hemos podido comprobar personalmente (3).  En comparación,  las espinas propias del  "espino" (Acacia caven) son muchísimo más pequeñas y frágiles, alcanzando apenas un máximo de 1.0 cm de longitud. En ramas adultas, las espinas siempre van insertas en pares, formando entre sí un ángulo cercano al 90% .         

Fig. 26. Espinas del mismo algarrobo de la parcela (Foto H Larrain, diciembre 2019).

Fig. 27. Otra imagen que muestra la forma de implante de las espinas. (Foto H. Larrain, diciembre 2019).


Fig 28.  Cotejando sus espinas con clavos modernos.  (Foto H. Larrain, diciembre 2019;  escala 10 cm). 


Fig.  29.  Disposiciòn de sus espinas. (Foto H.Larrain,  diciembre 2019.                                                                                


Fig.  30.  En la parte media de la foto, se alza el algarrobo. A su izquierda, un ejemplar del pimiento o molle (Schinus molle). En la Parcela 6, junto a la casa de Marta Peña Guzmán (Foto H. Larrain, septiembre 2021). 


Empleo en medicina tradicional.

Como dato más bien anecdótico, agregamos aquí lo que  el geógrafo Enrique Espinoza señala en el siglo XIX sobre el empleo en medicina de  esta planta en su "Jeografía Descriptiva de la  República de Chile".  En la seción "Plantas medicinales de Chile", apunta sobre el algarrobo:  

"Algarrobo (Prosopis siliquastrum), Se encuentra desde Atacama a Colchagua. La pulpa de la legumbre se ha recomendado para las afecciones del corazón. La semilla administrada como tisana sola  o con algunos gramos de quínoa, produce un efecto diurético". (1903: 40).
 
Comentario final nuestro.

1.  Este paisaje local de cerrillos bajos contiguos al valle central,  a altitudes entre los  530-620 m., es totalmente diferente al que se puede observar en las estribaciones bajas de la cordillera de los Andes, a altitudes cercanas a los 800-900 m., en las Regiones VI y VII del país,   donde se presenta la  dominancia del llamado "bosque esclerófilo" (2)  conformado por  árboles de follaje perenne como el quillay (Quillaja saponaria), el litre (Litraea caustica), el peumo (Cryptocarya alba) y el boldo (Peumus boldus), especies totalmente ausentes en nuestra zona.  Aquí, estamos en un ecosistema bastante más seco, con bastante menos lluvia, más pobre en especies  y, en gran parte, expuesto directamente al Norte. Una de las poquísimas especies comunes a ambos ecosistemas, además del espino (hoy  Vacellia caven); antes nominado por el naturalsta chileno Jun Ignacio Molina como Acacia caven), es el cactus Trichocereus, única cactácea que hemos observado en las laderas N y NW del cerro "El León". 

2. La especie Prosopis chilensis  ha sido catalogada como "especie vulnerable" según la Ley 20.283  "sobre recuperación del bosque nativo y  fomento  forestal". Buena parte de los terrenos planos o de suave pendiente al Noreste de Santiago,  situados en  sectores bien asoleados junto al valle central, han sido ocupados en los últimos 30-40 años por numerosos asentamientos humanos recientes, invadiendo así y modificando drásticamente su habitat original.

Fig.  31. Vista tomada de E a W, desde la ladera poniente del cerro "Pan de Azúcar", desde unos 60 m. de altitud, sobre el valle central, mostrando la actual ocupación de valle, hasta donde alcanza la vista,  por toda clase de fábricas  y establecimientos comerciales. Aquí ya nada queda de los antiguos fundos que hasta el  año  1975  matizaban el paisaje con sus verdes y elegantes alamedas delineando sus potreros. Al fondo, el cordón de la cordillera de la costa en su desarrollo N-S. (Foto H. Larrain, septiembre 2021).

3.  Se ha señalado, igualmente,  que en el último cuarto del siglo XIX, los algarrobales de esta zona de Colina habrían sido objeto de corta despiadada para la construcción de cureñas para los cañones del ejército chileno durante la guerra del Pacífico.  No hemos hallado, en la bibliografía consultada, una confirmación a esta versión.

Fig 32. Uno de los dos canales de regadío que atraviesan el "Portezuelo", conduciendo sus aguas desde tomas en el río Mapocho.

4.   El botánico chileno Sebastián Teillier ha tenido la amabilidad de enviarnos una reciente referencia técnica sobre el algarrobo.  Se titula: "Actualización del conocimento de las especies de Prosopis (Fabaceae - Mimosoideae) que crecen  en Chile", Chloris chilensis, 25, Nº 1, 11-55, año 2022. Aquí se alude a la existencia de varias "variedades" reconocidas dentro de la especie, incluyendo algunas nuevas.
   

Notas.

(1)  Desde los faldeos del cerro "El León", es posible aùn hoy encontrar, mirando hacia el NW o Norte algunos escasos paños  de terrenos agrícolas, bordeados por alamedas como antaño. Son un exiguo remanente de los numerosos potreros antiguos, propios de fundos agrícolas de la zona. 


(2)  Bosque "esclerófilo". quiere decir formado por  árboles  de hojas duras, perennes, que no caen durante el invierno. manteniéndose el árbol siempre verde (Viene del griego «σκληρός» sklērós, 'duro' y «φύλλον» phýllon, 'hoja').  Es una formación vegetal propia de zonas mediterráneas  con largos períodos secos, sin lluvias.

(3) En su porción basal, las espinas presentan un diámetro aproximado de 5-6 mm como máximo. Hemos hecho la experiencia de extraer, usando un alicate, las espinas desde su misma base, para usarlas como excelentes "clavos". 


Bibliografía citada.


Espinoza, Enrique,  1903. Jeografía Descriptiva de la  República de Chile, Quinta Edición,  Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona, Santiago, 1903.

 Molina Juan Ignacio [1810], 1987: 194;  Ensayo sobre la Historia Natural de Chile,  traducción del Dr. Rodolfo Jaramillo, Ediciones Maule, Santiago de Chile.

Rodríguez, Roberto,  Oscar Matthei y Max Quezada,  s/f :  "La Flora Arbórea de Chile",  Editorial de la Universidad de Concepción, Chile, sin fecha. 408 p.


Nota final.

Este capítulo estuvo virtualmente terminado en agosto del año 2019. A la espera de mediciones y otras fotos alusivas, lo fuimos postergando hasta el día hoy. Decidimos editarlo con las adiciones recientes  y nuevas fotografias. Agradecemos el aporte fotográfico del pintor Solo de Zaldívar así como la inapreciable ayuda técnica prestada por la señorita Teresita Ugarte Silva, nuestra vecina  y apreciada colaboradora.