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domingo, 30 de junio de 2024

Hace cincuenta años nació la revista universitaria de geografía titulada "Norte Grande". Un esfuerzo interdisciplinario al servicio de las regiones del Norte chileno.


Fig. 1.    Portada del primer número de la revista  "Norte Grande", del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, editado en el mes de Marzo, 1974.  El diseño de fondo es un dibujo a pluma del pueblo aimara de Cultane, obra del arquitecto Carlos Contreras  Alvarez (julio 1973). 

La "prehistoria" de nuestra revista.

En marzo del año 1974 un grupo de soñadores se embarcó en una empresa de proporciones insospechadas:  crear una nueva revista universitaria al alero del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile en Santiago de Chile.  ¿Cómo se gestó esta revista?  ¿De quién fue la idea primera?. ¿Qué enfoque se decidió darle por entonces?  ¿Quiénes intervinieron directamente en esta gesta notable?. ¿Cómo se decidió su nombre: "Norte Grande" y por qué  esta denominación?. Y, por último, ¿cuál ha sido su aporte a la  cultura del Norte chileno?.

Los primeros antecedentes.

Son las preguntas que hoy nos proponemos responder, cincuenta  años después, aún a riesgo de que "la memoria nos juegue una mala pasada", pues nosotros mismos estuvimos involucrados directamente  en su enfoque, nacimiento y desarrollo. El largo tiempo transcurrido ha tronchado también la vida -y lamentablemente también el testimonio directo- de varios de sus destacados protagonistas de antaño.

Circunstancias  precursoras.

En el mes de noviembre de 1972, recientemente exonerado de la  Sede de la Universidad del Norte en Iquique por motivos políticos (1), partíamos  a Santiago con mi pequeña familia en busca de  nuevos horizontes. Mi suegro, don Victor Mardorf Becker, nos  acogió con especial cariño en su casa de calle "la Reconquista" 762.  Por sugerencia del iquiqueño Jorge Checura Jeria, mi antiguo compañero de labores en Iquique, fui a conversar con el geógrafo Hugo Bodini Cruz-Carrera, director por entonces del área de geografía en la Universidad Católica a su oficina sita en el "Campus Oriente"  de la Universidad.  Checura, en efecto, había prestado un decidido apoyo táctico durante las primeras investigaciones hechas por el Instituto de Geografía de la U.C. en la Pampa del Tamarugal en los años 1971-1972. Atraídos por la existencia de grandes extensiones visibles de antiguos campos de cultivo abandonados en la Pampa, de época indígena y colonial,  su presencia  planteaba  interesantes enigmas y reflexiones desde un punto de vista geográfico, hidrológico y aún económico. El tema seducía poderosamente tanto a geógrafos humanos como a geógrafos físicos y económicos, por su implicancia en el desarrollo futuro de la zona. Por entonces, se había  dado a conocer, hacía poco tiempo,  un antiguo Plano colonial de la "Pampa de Iluga", dibujado a mediados del siglo XVIII  por el español Antonio O´Brien, Teniente de Gobernador del  Partido de  Tarapacá  con sede en dicho pueblo. Esta extensa área de estudio era, precisamente en ese tiempo el foco principal de examen por parte del "Taller del Norte Grande", formado por Hugo Bodini en el seno del  Instituto de Geografía, para su estudio multidisciplinario

Fig. 2. Copia fiel del Plano confeccionado por don Antonio O´Brien, Teniente de Gobernador del Partido de Tarapacá, con el nombre de "Pampa Yluga" en 1765 y dibujado en el Instituto de Geografía de la Universidad Católica por el dibujante don  Francisco Sánchez  (Reproducción publicada en nuestra revista "Norte Grande", año 1974,  Vol 1, Nº 1: frente pg. 22).

Los trabajos en la denominada por Bodini "Pampa O´Brien".

El área de estos antiguos campos de cultivo en la pampa ya me era bastante familiar, pues estando yo en Iquique  el mismo Checura me había llevado varias veces a recorrerla en la camioneta de la Universidad del Norte (2). Bodini y los integrantes del equipo del taller del Norte Grande, ya habían publicado algunos trabajos sobre el área. Hugo Bodini se interesó por mi curriculum y grado académico, y después de varias consultas me ofreció un medio tiempo como profesor de Antropología en su  Instituto.  Ofrecimiento que acepté en el acto. De inmediato, también, fui invitado a formar parte del "Taller del Norte Grande". No mucho después, llegaría a ser nombrado director del Departamento de Geografía de Chile y del propio "Taller  del Norte Grande".

Nuestro aporte al "Taller del Norte Grande".

Nuestro ingreso al Instituto de Geografía de  la Universidad en marzo del año 1973, en calidad de profesor de antropología e investigador, significó, de hecho, la súbita irrupción del enfoque antropológico y etnohistórico al "Taller del Norte Grande" que con energía dirigía el geógrafo Bodini (3).  Hubo, pues, desde el inicio,  enormes coincidencias entre el planteamiento geográfico teórico-práctico de Bodini y mi interés personal de tipo antropológico y arqueológico en el estudio de dichas antiguas eras de cultivo abandonadas. Entretanto,  Bodini había logrado formar una pequeña biblioteca especializada en el tema, donde por primera vez pude yo tener acceso -entre muchas otras-  a las famosas obras del peruano Guillermo Billinghurst (1851-1915) sobre Tarapacá, sus salitreras y  sus recursos. (4).

Traía yo conmigo a Santiago una muy modesta experiencia editorial, pues en la sede de Iquique habíamos creado, con el apoyo de mis colegas, una pequeña publicación titulada pomposamente por nosotros como "Cuadernos de investigaciones históricas y antropológicas".  Más aún, habíamos audazmente iniciado, con el apoyo universitario, nada menos que un incipiente Instituto de Investigaciones Históricas y Antropológicas (5).

Mis primeras tareas en el Instituto  (1973).

Hugo Bodini nos asignó como ayudante, desde mis inicios en la U. C.  en 1973, a una joven recién titulada de geógrafa en el mismo Instituto: Pilar Cereceda Troncoso. Inquieta, activísima, además de buenamoza y jovial, deseosa de aprender todo lo que podíamos enseñarle. Nombrada "Secretaria de Actas" del flamante taller del Norte Grande, Pilar tomaba notas cuidadosas en su bien cuidada caligrafía y/o taquigrafía, -técnica que ella bien dominaba-, y nos recordaba todas la tareas que se nos había asignado a cada uno de los participantes para la semana. Una de las tareas que yo le confiara -y que ella recuerda hasta el día de hoy muy  bien-  fue copiar trozos seleccionados de textos de mis lecturas,  para ir formando un archivo  temático sobre el Norte Grande de Chile (6). En este período, yo me esforzaba por leer todo lo que encontraba a mano sobre  las regiones de Arica, Tarapacá y Antofagasta desde  el ángulo tanto  económico (explotaciones de plata, salitre o yodo), como geográfico,  histórico y cultural (7). 

Los colaboradores.

En este taller participaban activamente los colegas  Hugo Bodini, (Director del Instituto), geógrafo humano, Luis Velozo Figueroa, geógrafo físico,  Joaquín Sánchez, geólogo,  Reinaldo Rioseco, geógrafo físico, Reinaldo Börgel, geógrafo físico,  Horacio Larrain, arqueólogo y antropólogo cultural, más nuestras diligentes  ayudantes, Pilar y María Angélica. En ocasiones,  también nos acompañaron en calidad de expositores ocasionales, Hans Niemeyer, arqueólogo, Jorge Domeyko, arquitecto, Manuel Dannemann, profesor de literatura y folklorólogo, Luis Brahm Menge, educador y antropólogo social o el entomólogo y zoólogo, Luis Peña Guzmán. Así campeaba claramente el sesgo multidisciplinario que habíamos acordado dar  a la nueva  revista.

El sesgo particular de nuestra revista.

La revista tuvo en efecto y desde sus inicios, un marcado rumbo interdisciplinario, donde la geografía, la historia y la antropología constituían sus sólidos pilares de sustentación. En efecto,  el estudio de la geografía adquiere sentido pleno con la presencia del grupo humano que es el ocupante, utilizador, modificador y el mayor transformador de los paisajes geográficos. Ciertamente, no queríamos estudiar en la región de Tararapacá tan solo los aspectos físicos de una geografía regional -"ciencia descriptiva  de los lugares"-  con prescindencia de las actividades del hombre, sino, por el contrario, la estudiaríamos a sabiendas que es el hombre y su cultura  quien  altera, transforma, modifica (y no pocas veces destruye) los paisajes  naturales. Por eso, ya en el primer número de nuestra revista "Norte Grande", estampábamos en su primera página esta muy significativa nota:  "Revista de estudios integrados referente a comunidades humanas del Norte Grande de Chile en una perspectiva geográfica e histórico-cultural"  (Vol 1, Nº 1: 1). El acento estaba puesto en la comunidad humana y su habitat. Lo "cultural" hacía obvia referencia al enfoque antropológico  y lo "histórico" al rol que desempeña el devenir histórico en los cambios de la comunidad humana y  del paisaje.

Objetivos propuestos por la nueva revista.

En la "Presentación" de la nueva revista, reseñábamos claramente -y audazmente- nuestros ambiciosos  objetivos:

a)  "Recopilar, analizar y difundir materiales de estudio  que sirvan para interpretar y comprender la vida de las  comunidades antiguas y modernas";

b) "Ofrecer a las entidades estatales una base documental seria para proyectos de desarrollo";

c)  Como Taller (del Norte Grande), nuestro propósito central es estudiar, desde un punto de vista interdiciplinario, las condiciones de habitabilidad de la Pampa del Tamarugal y quebradas aledañas;

d) Queremos llegar a entender el rol de esta Pampa: sus asentamientos y sus cultivos,  en la compleja red de interacciones  entre las aldeas de la cordillera,  la depresión intermedia y la franja costera";

e)   "Esta perspectiva, basada en los aportes  de la historia, la geografía y la antropología, quiere cimentar los esfuerzos tendientes a convertir  la provincia Tarapacá en una "región geográfica" capaz de configurar por si misma un modelo propio de desarrollo regional"  (Vol. I, Nº 1, 1974: 5). 

Como se puede observar, nuestros objetivos eran de una audacia inaudita para los escasos medios con que por entonces contábamos.    

El aporte de la revista "Norte Grande" (8).

Una de nuestras primeras preocupaciones fue  conseguir la colaboración de connotados especialistas tanto en el campo de la geografía, como de la historia y la antropología. Hasta hoy, admiramos, en los primeros números de la revista, algunos trabajos de fuste como los de  Wolfgang Weischet en el área de la Geografía  (Nº 3-4), de Gabriel Martínez Soto-Aguilar (Nº 3-4) y/o  Juan van Kessel (Nº 1),  en el rubro etnográfico; el hermoso trabajo del arquitecto Carlos Contreras  sobre la arquitectura de la vivienda aimara en Cultane (Nº 1),  o la presentación como primicia, de un estudio del Plano colonial de O´Brien  de la quebrada de Tarapacá -hasta entonces inédito-, de Horacio Larrain y Ricardo Couyoumdjian, en el ámbito histórico y etnohistórico (Nº  3-4). 

La sección "Documentos". 

Una de las particuliaridades de nuestra revista, en sus primeros números, fue presentar, en una sección especial denominada "Documentos", sendos capítulos de valiosas pero muy poco conocidas descripciones de exploradores o cronistas del pasado, tanto para facilitar al lector el acceso directo a las fuentes como para corroborar con experiencias pasadas,  nuestras propias observaciones  de campo.   

Después de Hugo Bodini asumió en 1976 como directora del Instituto de Geografía de la Universidad Católica la geógrafa física y cartógrafa señorita Ana María Errázuriz Körner, quien apoyó decididamente nuestra revista así como su novedoso enfoque interdisciplinario, dándonos una gran libertad de acción (9).  

Conmemoración del Número 50 de la revista.

El día 2 enero 2012 editábamos en este mismo blog un capítulo  especial con el título de "La revista "Norte Grande conmemora la aparición de su número 50 (1974-2011)" en el que hacíamos igualmente referencia a  la exitosa  trayectoria de esta revista. A este acto conmemorativo realizado el 30 de diciembre del año 2011 en el Campus San Joaquín de la Pontificia Universidad Católica de Chile fuimos especialmente invitados con la profesora Pilar Cereceda Troncoso, ocasión en que nos tocó pronunciar unas palabras de saludo y agradecimiento. Invitamos a  nuestros lectores a releer dicho capítulo así como a meditar nuestras palabras de entonces.


Colofón.

Nostálgicos de lo que fuimos capaces de crear con escasos medios, pero con audacia y entusiasmo en el año 1974,  saludamos hoy los 50 años de la revista y sus grandes logros a través del tiempo. Por fortuna, Internet nos permite hoy consultar, con gran facilidad y rapidez, aquellos artículos de antaño con sabor y aroma a tiempos pasados. 

Con el poeta romano Ovidio podríamos hoy exclamar con pleno derecho: "Factum abiit, monumenta manent""El hecho pasa..., pero quedan los monumentos".  (Ovidio, "Fasti", 475).  "El suceso histórico como tal ya es cosa añeja, del pasado, pero  permanecen hasta hoy sus monumentos (obras)". Para nosotros y los miles de lectores de esos trabajos pioneros, muchos de sus primeros artículos han sido  inspiradores y/o  francamente innovadores. 

 

Notas.

(1)  En nuestro blog https://eco-antropologia.blogspot.com del 30 de abril del año 2023, hemos editado un capítulo con el título de "La increíble y apasionante historia del Meteorito caído en la región de Taltal: un capítulo ignorado del Museo Regional de Iquique."  Ahí se hace referencia en detalle a nuestra breve permanencia y actividad en la sede de Iquique de la Universidad del Norte  (marzo 1972-Noviembre 1972). 

(2)  En efecto, en el número 2 del "Boletín Informativo" del Museo de  la Sede de Iquique se reseña nuestro interés por profundizar en el estudio geográfico y arqueológico de dicha área de campos de cultivo antiguos. Anotábamos entonces: "dos son las tareas a que nuestro Instituto se abocará en lo meses que restan del año (agosto, 1972): la investigación arqueológico-histórica en la pampa del Tamarugal que se iniciará con una prospección superficial de los restos culturales mediante una  cuadriculación y cuantificación de elementos" (Agosto 1972: 8). 

Jorge Checura tuvo conocimiento y nos mostró una copia, bastante deficiente, del Plano de O` Brien de 1765, publicada en un periódico de la ciudad de Iquique. Documento que ya fue conocido por don Guillermo Billingshurst y comentado en su obra: "Estudio sobre la geografía de Tarapacá" (1880). Es mérito personal de Checura el haber realizado numerosas prospecciones de sitios, en busca de la huidiza ubicación del topónimo "Yluga" empleado por O`Brien. Checura ubicó antiguos canales, acequias y chacras de riego procedentes de los derrames de agua de las quebradas de Aroma y Tarapacá, en épocas de crecidas. El me condujo un día, a mediados de 1972, y me mostró un conjunto de unos 30-35 montículos claramente artificiales, construidos por los antiguos agricultores procedentes de las quebradas aledañas para protegerse de la inundación. Allí, en su cima, levantaron los antiguos rústicas cabañas de cañaveral cuyas trazas (cimientos) pudimos observar junto a fragmentos cerámicos  inca y  de las culturas de Arica (Pocoma y Gentilar). ¿Habrá sido este preciso lugar el sitio huidizo de la aldea de "Yluga" referida por O´Brien?.  Tal vez.  En nuestro trabajo titulado: "Antecedentes históricos para la reutilización de suelos agrícolas en la Pampa del Tamarugal, Provincia de Tarapacá,  Chile" (en revista  "Norte Grande", Nº 1,   9-22) , analizamos en detalle los aportes de Lautaro Núñez, Hugo Bodini y su grupo de estudios del Taller del Norte Grande de  la U. Católica en esos años (1971-73).  

(3)    Al comparar la producción de trabajos del "Taller del Norte Grande", obra de Hugo Bodini,  Jean Pierre Bergoing o  Luis Velozo, entre los años 1971 y 1973, se palpa de inmediato la  enorme diferencia  con el contenido y enfoque de la  nueva revista "Norte Grande".  La "irrupción" del enfoque  etnohistórico y  antropológico se hace evidente como acompañante obligado  del enfoque geográfico-físico tradicional. 

(4)   Entre las obras de don Guillermo Billingshurst  relativas a Tarapacá que entonces nos sirvieron de referencia obligada, destacan: "Estudio sobre la geografía de Tarapacá (páginas de un libro)". Trabajo escrito para el Ateneo de Iquique, Santiago, Imprenta de "El Progreso", 1880 y "El abastecimiento de agua potable del puerto de Iquique", 1888,  en Trabajos y antecedentes presentados al gobierno de Chile por la Comisión Consultiva del Norte, recopilados por encargo del Ministerio del Interior, (Manuel Salas Lavaquí, recopilador).Imprenta Cervantes, Santiago de Chile.

(5)  Alcanzamos a publicar dos números  de estos  modestísimos "Cuadernos...",  en Julio y Septiembre 1972 respectivamente, con breves artículos nuestros y noticias del Museo.  Igualmente, editamos dos números del "Boletín Informativo" del Centro Universitario de Iquique, cuya finalidad fue mantener informada a la ciudadanía iquiqueña sobre los trabajos, expediciones y adquisiciones de nuestro  pequeño museo. Recuerdo que invitamos al historiador  don Oscar Bermúdez (1904-1983) a formar parte de nuestro equipo. En un primer momento, Bermúdez se entusiasmó con la idea, pero, luego no se atrevió a dar ese paso que significaba para él dejar su casa de Antofagasta y las facilidades que el Centro de Documentación de la Universidad del Norte gratuitamente le ofrecía en Antofagasta. 

(6)   Con frecuencia, -lo recuerdo bien- acudía yo a la biblioteca y mapoteca de la biblioteca nacional de Chile en Santiago, en busca de  información. Aquí tuve la oportunidad de consultar una copia valiosa del  Plano del Tamarugal del sevillano Antonio  O´Brien más otros documentos contemporáneos.

(7)  En aquellos años en que no existía ni Internet ni Google como instrumentos de búsqueda,  cada investigador se hacía sus propios ficheros donde acumulaba los datos que consideraba de posible  interés para investigar en su  campo de  estudio. Tanto Pilar, como María Angélica Apey, también geógrafa, nuestra segunda ayudante, escribieron,  de su puño y letra, centenares de fichas para consulta.  Este fichero nuestro, hoy en el Museo de Historia Natural de Santiago, fue creciendo con el tiempo y llegó a albergar decenas de miles de datos. Fichero que, años más tarde, me sería de utilísima herramienta en la redacción de mis artículos y libros.  La bibliografía anexa a mis primeros trabajos en la revista "Norte Grande", es ilustrativa de  las extensas lecturas nuestras  de aquellos años.

(8)  La revista en sus primeros números, fue editada en  los talleres del Instituto Geográfico Militar y tuvo un enorme éxito entre los investigadores del Norte Grande del país. Y aún hoy día sus artículos son frecuentemente citados por los estudiosos. A partir del número 8  (año 1981), la revista cambió radicalmente de giro, concentrándose en el ámbito de lo estrictamente geográfico y abandonando su enfoque interdisciplinario en el estudio del modo de  habitar humano. Pasó a denominarse, en la época transicional de su director Ricardo Riesco Jaramillo, como "Revista de Geografía Norte Grande". Con ello, se quiso acentuar su carácter puramente geográfico ¿Fue este cambio  algo positivo  para la revista y sus lectores?. ¿Ganó con ello la geografía?. Francamente lo dudamos. Dejemos este tema y su examen abierto al escrutinio de los futuros investigadores.  Tal cambio radical y drástico, coincidió con la salida forzada del Instituto de Geografía, bajo el gobierno militar,  de todos los profesores que no éramos geógrafos a mediados del año 1980. El argumento entonces esgrimido fue el de  "una urgente reducción presupuestaria". Con el nombre de "Revista de Geografía Norte Grande", ha llegado a editar hasta hoy ( junio, 2024),  87 números  y aparece tres veces al año.   



 


domingo, 25 de junio de 2023

Breves apuntes de mi primera visita a las eras de cultivo en la Pampa del Tamarugal, en las cercanías de Huarasiña: toponimia y fitonimia local hace 50 años.

                                                                                                                    

Fig. 1. "Plano de la Pampa de Iluga" confeccionado por don Antonio O´Brien, Teniente de Gobernador de Tarapacá en 1765. Copia del Original conservado en el Museo Naval de Madrid. En él se señalan y demarcan expresamente las áreas de antiguas chacras de cultivo a las que aquí aludimos. 

Revisando cuidadosamente un viejo Diario de Campo  mío, fechado a fines del mes de julio 1973, encuentro unas páginas dedicadas a describir mi primer encuentro con la Pampa del Tamarugal, sus antiguas  eras de  cultivo y sus agricultores ocasionales. De esto hace ya exactamente cincuenta años. He decidido hoy insertarlas en mi blog, por cuando contienen escenas de la agricultura de la época y sus producciones, así como los nombres de plantas y lugares,  de origen claramente indígena cuyo significado podemos hoy conocer gracias a los aportes de la Linguística (1). 

La fecha (21/24 de julio) anotada en mi cuaderno de campo,  tomo 6-A, coincide exactamente con  los momentos en que nos disponíamos con el profesor Hugo Bodini (2) y el sociólogo Juan van Kessel (3) a subir a Mosquito de Oro, lugar donde  hemos descrito, hace unas semanas,  la cruda escena del carneo de un llamo para la celebración de la fiesta de San Santiago en el pueblo-santuario de Cultane (4).

El interés de esta reseña radica, a mi modo de ver, tanto en el modo de cultivar observable sobre las mismas eras antiguas de cultivo coloniales de la zona, como  en las referencias a la toponimia y fitonimia allí empleadas por entonces. En este último aspecto, hemos recibido el inestimable apoyo lingüístico  de  nuestro amigo peruano, el lingüista Dr. Rodolfo Cerrón Palomino, ayuda que agradecemos cordialmente.

Como novato y primerizo en esta zona del desierto nortino, todo me llamaba entonces profundamente la atención. Y gracias a ello, han quedado conservados en mi Diario nombres de personas y de lugares para satisfacción de los futuros investigadores. 

Por ser hijo de agricultores del centro de Chle, yo estaba bastante  bien familiarizado con las formas de cultivo propias de dicha región. Pero en el desierto nortino, en el Tamarugal, todo era muy diferente. Por eso, mi afán por describir con cierto detalle lo que yo veía con mis ojos de novato.

El escrito está redactado en forma telegráfica, ahorrando expresiones, las que aquí supliremos con palabras nuestras puestas siempre entre paréntesis.

Nuestro texto de 1973. (tomado de mi Diario de Campo 6-A , pp. 24-29).  

"...Nos informa don Alejandro Pizarro, que llegó hace tres años a Huarasiña (5)  cuando llegó el agua (6). El es (originario)  de Rengo. (Nos relata que ellos) están sembrando ahora en Challacollo (7) a una hora desde el Cajón, y luego en la  pampa misma, a unas dos horas (de este punto). 

"Siembran puro trigo...sin nada de abono primero. Luego le echan salitre a los 2-3 meses. No siembran otras cosas. Aprendíó la agricultura de  otras personas de Huarasiña (como) el señor Relo,  de 78 años, que es  (agricultor) antiguo de aquí (8).

"El está sembrando unas 40 eras (9)  de puro maíz, pues no tiene (semilla de) trigo.

"Nos llevó a (ver) más eras de cultivo de trigo sembradas en líneas de  40 cm. (de distancia una de otra), junto al sitio (llamado) Cajón-2 donde hay eras más recientes históricamente (10), pero abandonadas (hace tiempo). (Observamos) bordos y canales enteros (aún bien conservados)". 

(El texto reproduce aquí un simple dibujo  de los pongos y su tapa):

Fig.2. Dibujo esquemático de un "pongo" (arriba)   y  su respectiva  "tapa" de piedra (abajo).

"Se pone la tapa tapando el pongo con paja o con un saquito hasta que se acumule el agua y se llena la era y luego se abre para llenar el (terreno o era) que sigue. Puso  (aquí)  linderos". (aquí aparece un nuevo dibujo muy esquemático (11):

                        

Fig. 3.  Detalle del alineamiento de las "eras" o melgas de cultivo contiguas en plena pampa. Observe los "pongos" o bocatomas construidos con simples bolones de piedra, propios del lugar. El sitio que muestra esta fotografía queda muy cerca de Cerro Unita, famoso por el petroglifo del shamán (Foto H. Larrain, Abril 2013).

Fig. 4.   Un lindero de simples piedras superpuestas para indicar propiedad de la siembra..

"Nos explica que el suelo de la acequia se va "poniendo durito" y llega a formar un costra blanquizca. La zona plantada por él queda frente al cerro Cajón (por donde) pasaban caminos troperos)".

(Nos enseña que)  "tistar" es señalar, marcando con un palo, a 20-22 cm, el lugar donde se va a plantar las hileras de trigo (12). Se puede tistar en cualquier sentido, pero es preferible seguir el sentido del viento (predominante).

"Vimos (aquí) el trigo bien sembrado ("bien tistado"), de 3 meses de edad Están esperando poner salitre inmediamente después del riego: unos 2-3 puñados por (cada) era chica ( 2m x 6.50 m). Aquí vi  varios tamarugos (vivos).

"Cuando el terreno es bien parejo (plano), se hacen eras grandes, Cuando (el terreno)  va en bajada, se hacen chicas.

"Aquí (tomé yo) foto del mortero (en piedra), roto. En (las) eras abandonadas y alrededores,  (se puede observar) soronas (poco) y muchas pillallas" (13).

"Muñipata (lugar de) siembra de alfalfa. Había (aquí) atados  (fardos) de alfalfa. Es (un lugar) más  a la dirección de Huarasiña. (Aquí) estamos  en (una) terraza a  5m -5,50 m  de altura sobre el nivel del río. Aquí, el río cuando baja fuerte (14), se lleva trozos del acantilado arenoso. Es (un) paisaje de molles viejos (15), escasos tamarugos, pillallas, soronas".

Fig. 5.  Un imponente molle o pimiento en las proximidades de  una galería filtrante que surte de agua potable a la población de Matilla (Foto H. Larrain,  2015).

"Para fines de septiembre, cosechan el prime trigo  (nos) dice Lorenza Ayavire...y el que ahora tiene dos meses, se cosecha en diciembre".

"Hay (presencia  del)  ratón (16), pero (éste) come poquito y no (produce) gran daño. La paloma cuculí  (17) es más grave...".

Fig. 6.   Una pareja de palomas cuculíes  comiendo en nuestra casa de Pica, agosto, 2008, (foto H. Larrain). 

"Abono: (se usa)  caliche (costra) o salitre. Ella (esto es, Lorenza Ayavire)  tiene puro trigo  (ya sembrado).  En septiembre cosechan y siembran maiz (¿mezclado con?) con pasto.. El maíz se cosecharía en marzo.  El tomate se planta en agosto. Debe estar cosechado antes de Julio (porque en Junio-Julio hay heladas). (Las) heladas no afectan al maíz y al trigo".

"(En la) pampa se siembra en (época de) primeras aguas (enero-febrero o marzo) (18). Hace 14 años que no se sembraba en la pampa (nos dice ella)" (19). Aqui en la pampa (se siembra) puro trigo...Si falla el agua, se da el trigo más chico, pero se da; pero el maiz no. 
"Los que siembran en (la) pampa (como)  Segundo Pacha, de Coscaya y Poroma, no tienen propiedad pero piden permiso en la Subdelegación de Huara y se lo dan (20). 
(Hay una) maleza en (las) siembras del maíz (de nombre)  "Sinapaya" (21).

"El trigo se riega cada 10-15 días... Hoy no falta el agua..."

"En las orillas de los bordos de los canales (hay) grama salada (22).

 En (el sector de) Muñipata: (23) (se produce) hortalizas. (Hay) plantíos de zanahorias,  con tomates  en las orillas. También (plantan) cebollas.".

"Don Vicente Ayavire, abuelo de la señora Lorenza, (que vivía) en Coscaya,  hacía ollitas de greda  (24). (Ella) vio, lo que yo encontré en el sitio de Cajón-2, y me dijo que eran restos de "callana", vasija para guardar la chicha (25).

(Don Vicente hacía también) puños con orejas, grandes y chicos (26) y ollitas de cuyo nombre (antiguo ella) trató de acordarse. Me dijo que esta callana que le mostré era idéntica a las que hacía su  abuelo. Luego (concluyo yo), son de tradición moderna.

"Cueva de la cacallinca" (27).   (Es) una caverna en el acantilado (al) sur de Huarasiña...(tiene una) profundidad de más o menos 20 metros hasta el fondo.  (Su) ancho, en la línea de goteo: 14 m. (La) estratigrafía (muestra)  pisos a la vista;  2 ó 3 ocupaciones humanas. Posiblemente antigua. (En su) nivel bajo: con carbón...".  (28).

"Huarasiña. (En casa de la) familia de la señora Vicenta Relo (hija del señor Relo, madre de Freddy Relo). (Observo en el suelo) restos de vasija con asas: (le llaman) "puñito"  ( y es) para la chicha . No recuerda que los hayan hecho aquí. Pero lo usaban en tiempos de su madre". 

(Fin del escrito conservado en mi Diario de Campo).). 

Notas nuestras:

(1)    Desde muy temprano y a partir de mis primeros trabajos en el Norte Grande de Chile, he sentido la necesidad de apuntar los nombres de lugares (o topónimos)  y de plantas (fitonimia)  o animales (zoonimia) presentes en ese medio.  Tales denominaciones, al ser transmitidas de generación en generación,  suelen arrojar informaciones valiosas sobre  antiguas lenguas  habladas en la región, o  aún sobre posibles superposiciones o cambios lingúísticos observables en un mismo territorio. Igualmente, he procurado retener siempre, con especial cuidado, el nombre de nuestros informantes en terreno,  por ser ellos nuestros verdaderos "maestros" en esta disciplina (etnografía). 

(2)   El profesor Hugo Bodini era en esa época director del Instituto de Geografía de la Universidad Católica y a través  del "Taller del Norte Grande",  creado por él, estaba interesado en estudiar, desde un ángulo geográfico, la zona denominada por él como "Pampa O`Brien",  en recuerdo del Plano de la pampa de Iluga hecho en 1765 por el Teniente de Gobernador de Tarapacá, el sevillano don Antonio O´Brien, de origen irlandés.

(3) El sacerdote y sociólogo holandés Juan Van Kessel estaba estudiando en aquel momento el modo de vida de los pastores aymaras del área montañosa de Tarapacà y su religiosidad expresada en sus bailes en honor de la Virgen en el santuario de  La Tirana. En esta ocasión, alojamos en la vecina parroquia de Tarapacá, invitados por el sacerdote Juan Van Kessel antes de subir a Mosquito de Oro y Cultane. 

(4) Sobre este tema, hemos editado en este mismo blog  https://eco-antropologia.blogspot.com  un capítulo denominado: "Descripción del carneo de un llamo para la festividad de San Santiago: observaciones hechas  en la estancia pastoril de Mosquito de Oro en julio de 1973" (fechado el  26/05/2023).

(5)  Respecto al significado de  Huarasiña, Cerrón Palomino nos señala textualmente: "Identifico aquí la voz puquina <huara> 'río', pero no doy con el significado de <siña>".

(6) En esta zona de Huarasiña, se habla de "la llegada del agua" cuando baja violentamente por las quebradas aledañas (Aroma, Quipisca, Tarapacá, la Calera, Quisma)  el aluvión, (o huayco) producido por las intensas lluvias en el sector altiplánico.  Este fenómeno no se presenta igual todos los años, y, en ocasiones, pueden pasar varios años sin que ocurra. Cuando el aluvión es muy intenso, llega al nivel de la pampa arrastrando consigo enormes piedras, troncos y hasta árboles enteros, como lo hemos presenciado más de alguna vez. La bajada de las aguas, en tales casos, puede durar hasta 4 y 5 meses, los suficientes para poder realizar agricultura, especialmente de trigo y maíz en el piso de la pampa. En épocas coloniales, según consta, se plantó aquí grandes cantidades de trigo. Por su oportunidad, transcribo aquí textualmente  lo que don  Antonio O´Brien escribiera en su famosa Descripción de la quebrada de Tarapacá (1765); (énfasis nuestro): 

"Desembocan en este valle muchas quebradas que bajan de la cordillera por las que cuando llueve se despeña copiosa cantidad de agua capaz de regar y fertilizar todo este valle, particularmente desde el pueblo de Pica hasta la quebrada de Aroma, distancia de veinte leguas. Las principales quebradas por donde baja la mayor cantidad de agua son  la de Aroma, Tarapacá, Mamiña, Macaya y la de  La Calera...". (Nº 77 de la Descripción; tomado directamente del original de 1765 (según  fotocopia  de1 original  en nuestro poder).

(7)  Challacollo: Según  Cerrón Palomino. "<Challacollo> 'cerro de arena' (del aimara: chhhalla-qullu). (com. pers. 22/06/2023)

(8)  Tuve la suerte de conocer personalmente  al señor Relo y su familia  en su humilde casita de Huarasiña. Era muy delgado y de color de piel muy oscuro, resabio, tal vez, de una posible descendencia de aquellos esclavos negros que trabajaron para el encomendero Martínez Vegazo a fines del siglo XVI. En efecto, éste, en su testamento, dejó en herencia la hacienda de Huarasiña a varios de sus esclavos negros que trabajaron en sus minas de Huantajaya, los que nombra por sus nombres propios o  apodos. 

Es ésta una atrevida hipótesis nuestra que los estudios de ADN  podrían sin duda dilucidar un día. En los pueblos de Tarapacá (como en Pica), es relativamente frecuente encontrar aún hoy día gente con acusados rasgos negroides, máxime entre las clases sociales más humildes.   

(9)  "Eras", en agricultura, son espacios  planos, bien acotados, para realizar cultivos varios, generalmente provistos  de bordos elevados  y sistema de regadío por canales, acequias  y pongos. En Tarapacá,  al sur y al oeste del Cerro Unita, se conservan miles de hectáreas antiguamente trabajadas durante las avenidas de aguas procedentes de las quebradas, tal como lo señala expresamente don Antonio O´brien. En ocasiones, han alcanzado hasta las inmediaciones del actual pueblo de Huara. Hemos visto llegar eventualmente las aguas hasta la misma carretera Panamaricana actual, incluso rebasánsola. (Ver Figs. 1 y 3).

(10)  Las eras más antiguas se reconocen fácilmente por la presencia  en ellas o en su entorno inmediato, de fragmentos de cerámicas indígenas o instrumentos tales como morteros de piedra, percutores o raspadores.  Éstas han sido frecuentemente reutilizadas una y otra vez hasta los tiempos actuales. Este capítulo y sus descripciones es testigo fiel de la supervivencia de esta práctica agrícola ancestral. Hoy por desgracia ya casi del todo olvidada a causa del dramático despoblamiento  verificado en los pueblos de las quebradas aledañas al Tamarugal. En sus pueblos, solo quedan hoy los ancianos. Hoy, estos pueblos cobran vida y movimiento solamente con ocasión de sus fiestas patronales una o dos veces al año.

(11)  Los "pongos" (del quechua punku =  puerta)  se compone  de dos elementos:   los dos muritos laterales de piedras superpuestas y una "tapa", piedra plana, de mayor tamaño. También suele agregarse otra piedra plana, de base, para evitar el escurrimiento del agua  por abajo. El material de estas piedras es casi siempre andesita o riolita, de origen volcánico. 

(12)  El verbo "tistar" no es castellano; sin duda, proviene de alguna lengua indígena local, que por ahora, según Cerrón Palomino,  no  ha sido posible  identificar. (Cerrón, com. personal  22/06/2023).

(13) "Soronas y pillallas".  La "sorona" corresponde a la especie Tessaria absynthioides, de la familia botánica Asteraceae. Planta muy común y abundante hasta  la zona centro-sur de Chile; se la encuentra  fácilmente a las orillas de esteros, arroyos o canales de regadío. La  "Pillalla", en cambio, es habitante normal del desierto del  Norte Grande de Chile. La planta es nombrada como "pillaya"  por O´Brien en su "Descripción de Tarapacá" donde señala su abundancia: "cuando están verdes, las comen las mulas". (Nº 77, de su "Descripción de Tarapacá", 1765). Su nombre científico es: Atriplex atacamensis Phil. 

Según Cerrón Palomino: "<pillalla>, voz de origen aimara; es adjetivo que significa desigual (puede aludir al relieve del suelo)." Respecto  al origen de sorona:  "<Soroma> 'agua de totora (una variedad de cuyos frutillos se hacía chicha` (del aimara sura-uma, con contracción vocálica...". (Cerrón Palomino, Com.pers. 22/06/2023). 

Fig. 7. Ejemplar joven de Pillalla  (Atriplex atacamensis Phil) en el suelo de la pampa de Tamarugal, cerca de Pica, (foto  H.  Larrain, 2014).
 

(14)  La expresión alude a la repentina y arrolladora bajada d
el aluvión por las quebradas, proceso descrito más arriba.

(15)  El molle es el nombre que recibe el pimiento (Schinus molle  L.) en el norte de Chile y en el Perú. Pertenece a la familia de las Anacardiáceas. Existe la creencia de que habrían sido los incas quienes difundieron esta especie por el sur de sus dominios (Chile y N. de Argentina). 
Según Cerrón Palomino: "<molle>, voz de origen quechua, que alude al árbol del molle, en quechua  mulli (Schinus molle)". (com. pers., 22/06/2023). 

(16). Probablemente se trate aquí del tucu-tuco (Ctenomys fulvus), un pequeño roedor sumamente escaso hoy día, y que ha sido avistado y fotografíado  por personal de la CONAF (Corporación  Nacional Forestal)  en su Reserva de la Pampa  del Tamarugal.


(17)   La paloma cuculí  recibe el nombre científico de Zenaida meloda  Tschudide  la familia Columbidae. Habita desde el sur del Ecuador, Perú, Chile y Norte de Argentina.  En Chile, ha  penetrado en tiempos recientes (viniendo del Norte) hasta la zona central  donde se ha asentado compitiendo con otras especies de tórtolas nativas.

(18) Las primeras aguas bajan en los meses conocidos  como "invierno boliviano" en Chile, por cuanto vienen de la cordillera de los Andes, de la zona limítrofe con Bolivia. Más frecuentemente, sin embargo, éstas se descargan a partir de los comienzos del mes de marzo. 

(19) Según esta dcclaración explícita de la señora  Lorenza,  la última gran avenida recordada por ellos habría ocurrido  en el año  1959.

(20)  Esta área de antiguas chacras, en plena pampa, no tiene dueño; por tanto, se trata  aquí de terrenos fiscales. De ahí la necesidad de pedir permiso para cultivarlas.

(21)   "Sinapaya", voz  evidentemente indígena,  seguramente  de origen  puquina por  su típica terminación en -paya, o -baya. Nos lo ha confirmado al respecto el lingüista peruano Cerrón Palomino: "<Sinapaya>, voz compuesta puquina: sina ' tipo de aguja' y paya 'pendiente'; podría ser 'pendiente afilada'." (Cerrón Palomino com. pers., 22/03/2023). Pero no sabemos aún  a qué planta se refiere específicamente nuestra informante.

(22)  "grama salada": se trata de una especie herbácea perenne, de la familia de las Poaceae.  Sus hojas poseen un ápice punzante, como espina, y presenta minúsculos gránulos de sal en la superficie de sus hojas y tallos. Es sumamente tolerante a los suelos salinos. Su nombre científico es Distichlys spicata. Es eventual alimento de los camélidos (llama,  guanaco, vicuña)  y aún de las cabras. 

(23) "Muñipata": denominación de una zona con andenes de cultivo en pendiente. Cerrón Palomino nos apunta aquí:  "<Muñi-pata> 'andén de muñas' (voz quechumara, de aceptarse que <muñi> sea error de copiado por muñaMinthostachys mollis)". (com. pers. 22/03/22023).

 

(24) Por esos años, yo estaba muy interesado en reunir antecedentes sobre la artesanía de la cerámica de origen indígena. En la zona de Tarapacá, hubo artesanos fabricantes de  cerámica tradicional en muchos pueblos, el último reducto de los cuales fue el pueblo de  Macaya donde yo alcancé a fotografiar y entrevistar al último artesano en este oficio, el año  1975.

(25)  "Callana":   Es término de origen quechua. El Anónimo de  1586 trae: "callana |k’allana|. Tiesto o cazuela    (in Cerrón Palomino ed., 2014: 57).  Según Cerrón Palomino: "<callana>, voz quechua, ingresada tempranamente al castellano, como en el caso de molle. Refiere a la tostadora". (com. pers. 22/06/2023).

(26)  "Puño, puñito": No encuentro esta voz en los dos diccionarios consultados por mí (Anónimo 1586: de quechua y Ludovico Bertonio, 1612 (lengua aymara).  Pero no me cabía la menor  duda de que era un término indígena, castellanizado. En efecto, en opinión de Cerron Palomino: "<puño>, voz de origen quechumara; proviene de puyñu 'cangilón', con supresión de la /y/ por el aimara.  (Cerrón Palomino, com. pers. 23/06/2023).  "Cangilón": voz española antigua para designar un recipiente usado para el transporte de agua. Originalmente, hecho de barro. 

(27) <Cacallinca>, voz quechumara: qaqa-lli-nqa 'roca de consistencia deleznable'. (Cerrón Palomino, com. pers. 23/06/2023).

(28)  Con estas palabras hemos dado a entender que nuestra somera observación de esta cueva nos permitió detectar varios niveles ocupacionales. No sabemos si esta cueva, en  uso hasta tiempos muy recientes,  a juzgar por los elementos visibles en superficie, haya sido objeto de investigación arqueológica formal. Tema de análisis para nuestros futuros arqueólogos.  Lo endeble y friable  del material constitutivo de esta cueva y su misma profundidad, queda ya insinuada por su significado mismo.

Nuestro comentario final

El notable aporte lingüístico del investigador de la Universidsd Católica de Lima, profesor Rodolfo Cerrón Palomino,  ha enriquecido considerablemente este capítulo de nuestro blog. Esto nos está demostrando que el estudio lingüístico de un área determinada no es un mero "adorno", sino debe constituir parte importante en las investigaciones antropológicas y arqueológicas por cuanto arroja potente luz sobre las diversas etnias pobladoras u ocupantes de un determinado territorio.  En este caso,  queda en evidencia que esta zona de Tarapacá sufrió distintas influencias culturales, entre las cuales la puquina  fue una de las más importantes.  Muy poco se ha explorado aún acerca del influjo puquina en nuestras tierras tarapaqueñas y lo poco que existe se debe, en gran parte, a las investigaciones pioneras del lingüista peruano Rodolfo Cerrón Palomino. 

Referencia bibliográfica básica.

Cerrón-Palomino, Rodolfo (ed.) 2014. Arte y vocabulario en la lengua general del Perú / Anónimo; edición interpretada y normalizada de Rodolfo Cerrón-Palomino, con la colaboración de Raúl Bendezú Araujo y Jorge Acurio Palma. 1ª ed.  Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, Instituto Riva-Agüero, 445 p.


miércoles, 17 de abril de 2013

Revisita y examen de las antiguas chacras de cultivo en la Pampa del Tamarugal: la magnífica herencia de don Antonio O´Brien.





Fig. 0.  Vista general de  un extenso conjunto de eras agrícolas de época colonial o indígena, de distintas dimensiones, en un área plana de la pampa. Tema que estudiamos ex professo en este capítulo del Blog.

Revisita  al sector de chacras antiguas en la Pampa.

Muy recientemente,  con fecha 12 de Abril 2013,  realizamos una corta visita de inspección a la zona de las "chacras antiguas" de la pampa del Tamarugal, no muy lejos de la desembocadura de la quebrada de Tarapacá y a bastante distancia en dirección weste desde el sitio arqueológico conocido como el poblado prehistórico de Caserones. Conformaban el pequeño grupo expedicionario el arquitecto Pedro Lázaro Boeri,  la  arqueóloga de la Universidad Bolivariana, Srta. María José Capetillo Prieto y  el autor de este Blog, Horacio Larrain. El  jeep  Nissan Terrano de Pedro nos permitió llegar felizmente a destino por terrenos accidentados y  potentes e interminables pedregales . Traíamos in mente una serie de  dudas que queríamos resolver en el terreno mismo.

De este viaje de prospección y de sus hallazgos, hemos dejado constancia escrita en mi "Diario de Campo" Volumen  97: pp. 62-71. 

¿Por qué decidimos volver a visitar esos lugares?. Nuestro primer contacto  con la enorme zona de melgas de cultivo del Tamarugal.

Tuvimos la inmensa fortuna de conocer por primera vez estas vastas extensiones de campos de cultivo en el invierno del año 1972, cuando el entonces Director del Museo Regional de Iquique, Jorge Checura Jeria, nos condujo al lugar  (Vea Fig.32, en este capítulo)  que él y los geógrafos del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Santiago habían  estado estudiando previamente  en la fotografía aérea  mediante  la técnica de fotointerpretación (analizando las fotos obtenidas por el vuelo Hykon de 1955).  Estas  notables concentraciones de cientos de hectáreas de chacras, cultivadas otrora en el corazón de la Pampa,  habían quedado descritas e incluso bien dibujadas  desde el año 1765, en el famoso "Plano de la Pampa de Iluga" del Teniente de Gobernador de Tarapacá  don  Antonio O´Brien. Plano que ha sido objeto de numerosos estudios tanto por parte del historiador don Oscar Bermúdez Miral,  como por el arqueólogo piqueño Lautaro Núñez  y  los geógrafos  y antropólogos de la Pontificia Universidad Católica de Chile entre los años 1971 y 1973, incluídos nosotros mismos. Sobre este sevillano O´Brien y su notabilísima obra cartográfica en la región de Tarapacá,  hemos escrito varios  pequeños trabajos en este mismo Blog.  Remitimos a nuestros lectores a dichos segmentos del Blog. (Ver etiquetas Antonio O´Brien, Pampa del Tamarugal, Agricultura del desierto, Oscar Bermúdez).

Algunos estudios tempranos sobre estos sembríos  en plena pampa.

Tal vez el primer estudio dedicado a analizar  este sistema de antiguas melgas de cultivo en esta pampa y  que quedó lamentablemente inédito, se debe a la pluma del historiador y arquitecto iquiqueño Patricio Advis Vitaglic. Este artículo se titulaba: "Antiguos sembríos en el desierto de Huara (Iquique) en la Pampa del Tamarugal", Mecanografiado, 1971 (copia en poder del autor de este Blog).
Nosotros mismos retomamos poco después este tema de estudio en nuestro artículo: "Antecedentes históricos para un estudio de la reutilización de suelos agrícolas en la Pampa del Tamarugal, Provincia de Tarapacá, Chile", que fuera publicado en  la Revista Norte Grande, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. I, Nº 1,  Marzo 1974: 9-22, con  una reproducción  y copia del Plano de la Pampa Iluga, de Antonio O´Brien.

Objetivos del presente viaje.

Revisando unos viejos  y ya ajados "Diarios de Campo" míos del año 1980, di casualmente con un detallado y colorido croquis de campo que me hiciera el geógrafo fìsico Luis Velozo Figueroa, investigador que, en los años setenta,  formó parte activa  del grupo de la Universidad Católica interesado en estudiar la Pampa del Tamarugal (Diario de Campo Nº 14; pp. 93-94). Velozo había dedicado muchas horas al estudio de fotointerpretación del área, en base a las fotografías aéreas obtenidas en el  vuelo Hykon  realizado el año 1955. Este era, por entonces el instrumento eurístico de última generación para este tipo de estudios geográficos con información captada desde el espacio.  A través de ese estudio y como resultado del mismo, Velozo me señaló en un croquis no sólo la presencia de miles de chacras abandonadas,  sino también de numerosos canales, algunos de gran porte, y de ruinas de corrales y recintos.Por entonces (1980) Velozo y el grupo del  taller de la Universidad Católica ya no trabajaba en esta zona de Tarapacá,  por efecto directo del  Golpe de Estado del año 1973 y la consiguiente instauración del régimen militar.  Este croquis privado, que por razones obvias no puedo revelar aquí,  fue nuestro fiel  guía en esta ocasión en la detección previa hecha por Pedro Lázaro a través del Google Earth. Con satisfacción,  pudimos confirmar plenamente en gabinete varias de las prolijas observaciones hechas en 1972 por el geomorfólogo Velozo. Y con este valiosísimo antecedente  en nuestro poder, preparamos en detalle  la  breve pero sustanciosa expedición para el domingo 12 de este año  2013.


Las preguntas  que en forma de hipótesis tentativas guiaron  nuestra pesquisa

¿Qué posible antigüedad  poseen estas extensas y dilatadas chacras de cultivo en medio de la  soledad de la pampa actual?. Nos guiaban varias hipótesis, en forma de preguntas, al iniciar este estudio de terreno:

1.   ¿Se conservaban aún estas melgas de cultivo antiguas,  detectadas por los arqueólogos, historiadores  y  geógrafos en 1971, esto es,  hace  exactamente   43 años?. 
2.    Los aluviones posteriores  al año 1972, ¿habían causado algunos daños y modificaciones  significativas y notorias al  área antiguamente cultivada?
3.    ¿ Qué señales  culturales concretas de  la época indígena podían todavía observarse en el terreno?. ¿Y de qué época podían ser, aproximadamente?
4.    ¿Qué tipo de vegetación se puede observar todavía  hoy en dicha área?.
5.    ¿Se  detecta  algún tipo de fauna en la zona?.
6.   ¿Se puede señalar la presencia  en el área de algún  pequeño poblado antiguo,   que pudiera adscribirse  a la época indígena  y que pudiera corresponder al mítico  y escurridizo  "Iluga"?. 
7. Y, por último, qué tipo de restos de  presencia antigua  (recintos  o  casuchas, objetos),  dejaron in situ  los agricultores que venían esporadicamente a cultivar en el desierto?.

Con estas ideas in mente y premunidos  de los instrumentos indispensable ( GPS,  Brújula, Escalas métricas, Cámaras fotográficas, Anteojos de larga vista, Libreta de campo, etc.)  emprendimos el camino. Desde Huara, enfilamos hacia Tarapacá  por la carretera asfaltada. En un punto de la  ruta, cuyas coordenadas exactas habíamos  fijado de antemano,  nos dirigimos hacia el sur y sureste, a campo traviesa,   por  áreas pedregosas y  muy accidentadas. Por cierto, sin rastros de caminos recientes.

La vegetación presente en el área.

Lo primero que llamó nuestra  atención fue la presencia de una escuálida y  casi totalmente seca vegetación  circundante. Esta se componía de algunas escasas retamillas (Caesalpinia aphila), casi todas ya secas,  algunos  tamarugos vivos de poca alzada  (Prosopis tamarugo), uno que otro pimiento solitario (Schinus molle) también vivo  y,   en mucha abundancia  pero apenas sobreviviendo, numerosísimas  plantas rastreras  de la  especie Tiquilia sp, probablemente de la especie atacamensis. (Familia Boraginaceae).  Es obvio que estas plantas han logrado asentarse aquí con la llegada hasta el lugar de cauces antiguos de agua, procedentes de potentes derrames esporádicos llegados desde la quebrada de Tarapacá durante el invierno altiplánico, en época estival. No hay aquí señales recientes de los típicas superficies de limos blanquecinos que cubren la superficie arenosa,  dejados por el paso del agua barrosa del aluvión. Lo que significaría a las claras  que hace mucho tiempo (seguramente muchos decenios) no ha llegado agua alguna a estos lugares. Se observa en torno a muchas de estas débiles plantas la presencia invariable de pequeñas nebkas o montículos circulares de arena, efecto directo del arrastre eólico acumulativo causado por los vientos dominantes del  weste y surweste.  Cuatro o cinco especies de plantas, incluyendo los arbustos y árboles)  se puede detectar a  lo más  en el lugar, y   éstas, en un 90 %,  muertas desde hace muchísimo tiempo. 
Al menos- pensabamos nosotros al atravesar estos yermos paisajes- un eventual caminante pudo hacer aquí fuego pues existe material combustible suficiente. Pero solo eso;  nada más.

La fauna presente.

En cuanto a la presencia de  fauna, observamos con sorpresa y  curiosidad la presencia de una avecita que,  al  percatarse de nuestra llegada,  salió disparada, en un vuelo rasante y rapidísimo, rumbo al Este. Presenta un plumaje de colores de tintes café claro y obscuro, moteada, de puntos blancos,  fácilmente reconocible. Casi con certeza, estimamos se trataría del ave altiplánica Tinamotis pentlandii o perdicita de la puna, también llamada quiula por los indígenas  (Fam. Tinamidae). Es residente de la puna andina que, por razones climátidas o variaciones bruscas de temperatura desciende en ocasiones, generalmente en pequeñas bandadas, a la pampa y aún llega a la costa. En efecto, la hemos observado dos o tres veces  en años pasados en el oasis de niebla de Alto Patache,  en los meses de Junio o Julio, a los 800 m. de altitud,  acurrucada entre plantas de Nolana intonsa o Frankenia chilensis.  Fuera de esta avecita altiplánica, solo observamos en nuestra expedición  algunos  escasos ejemplares de una avispa pequeña, de franjas amarillas y blancas en su abdomen, excavando pequeños hoyos o madrigueras en el suelo arenoso para depositar sus huevos;  probablemente  pertenecen a la familia Sphecidae.  No se observa, a primera vista,  en este árido y reseco paraje donde casi nunca llueve, otros rastros de vida animal.


Secuencia fotográfica  de nuestra expedición.

Las fotografias que siguen, tomadas por nosotros en esta expedición, procuran  explicar las observaciones  y hallazgos que fuimos haciendo en  el terreno. El orden de las fotos señala  el curso de nuestro recorrido hacia  el sur de la ruta asfaltada  que, desde Huara,  apunta  rumbo  al pueblo de  Tarapacá  (Iª Región, Chile).

El paisaje geográfico de la pampa ante nuestros ojos.


Foto 1. Después de atravesar un pesado sector de pedregales y haber bordeado un hermoso campo de dunas, tuvimos a la vista este extenso arenal,  fruto del arrastre eólico, cubierto ampliamente  por plantas rastreras de Tiquilia  atacamensis. Esta planta,  único vegetal observable en este sector de la pampa, se mantiene aún  vivo, aunque  con escaso vigor  y lozanía. La humedad  aportada por el rocío matutino, captada por la planta, - así lo  sospechamos- explicaría suficientemente  su persistencia y sobrevivencia en una zona donde prácticamente jamás llueve (promedio anual de pluviosidad : 0.4 mm de agua caída al año). Aquí, entre  las plantas, observamos repentinamente, incrédulos, el vuelo rasante de un ejemplar del  ave Tinamotis pentlandii, residente habitual del altiplano  andino. Seguramente pudo encontrar  todavía en el follaje de Tiquilia, algunos pequeños insectos (probablemente hemípteros o áfidos) como único alimento. Vimos sus pisadas frescas, diseminadas en torno a las plantas vivas de  Tiquilia.   Arriba, en la parte media alta de la foto y hasta perderse de vista, podemos descubrir sin dificultad  el inicio de un tramo del Qaphaqñan o "Camino del Inca", que enfila directamente  hacia  el área de las antiguas chacras cultivadas en la pampa.El hallazgo de este trozo del Camino del Inca, en este lugar, nos sorprendió gratamente. Ciertamente, no esperábamos hallarlo en este sitio solitario, tan alejado de las comunidades  humanas actuales. Bordeado ordenadamente de  piedras a sus costados,  se extiende, en forma sorprendentemente rectilínea,  por varios centenares de metros, tomando un rumbo directamente al sur.


Fig. 2.  Vista de norte a sur  del tramo del Qhapaqñan incaico. Nuestros acompañantes el arquitecto Pedro Lázaro y  mi ex alumna, la arqueóloga María José  Capetillo señalan  el borde exacto donde se alinean,  con gran precisión, las piedras indicadoras del borde del camino. Aquí  medimos el ancho del camino y nos dio exactamente 7.50 m. de ancho  y, para nuestra sorpresa,  esta misma anchura resulta notablemente  persistente y fija,  a lo largo  de varios centenares de metros.

Fig. 3.  Generalmente, las piedras han sido  echadas cuidada y ordenadamente a un lado de la huella, sin crear, propiamente allí  una línea exacta o un muro lateral, tal como se puede observar aquí. Pero demarcan, muy  precisamente, los bordes del camino, aislándolo en forma patente del pedregal vecino y haciéndolo fácilmente  transitable por  recuas de llamas cargadas durante la  época Inca y colonial..

Fig. 4.   Las arenas han invadido  la antigua senda, mostrando un aspecto  limpio  y totalmente libre de obstáculos al tránsito. Resulta fácil imaginar así el paso de pequeños  grupos de grupos de 2 a 3 llamas de frente,  cargadas, en ordenadas  filas, avanzando hacia el sur o hacia el norte. También resulta fácil imaginar a los chasquis o mensajeros del Inca, portadores de sus qhipus, en frenética carrera hasta la siguiente paskana o tambillo, para transmitir rápidamente sus mensajes en lengua quechua a otro chasqui, corredor, en veloz carrera   rumbo a su destino.


Fig. 5.   Si uno no supiera que se trata con certeza de una antiquísima senda inca, intacta y sobreviviente hasta hoy, podría llegar a pensar, al tropezar súbitamente con ella,  que se trata de  un trazado de camino moderno, realizado aparentemente con maquinaria. A sus lados,  la superficie de la pampa  está totalmente cubierta de pedregales, hoy  apenas transitables en un buen jeep.

Fig.  6.  María José Capetillo, nuestra arqueóloga de campo, mide con un instrumento ad hoc exactamente el. ancho de la vía  incaica:  correspondiendo  a 7.50 m. Tan expedito es este camino en este sector de la pampa en dirección N-S que notamos  había sido ya traficado varias veces por vehículos antes que nosotros, observándose diversas huellas, antiguas y recientes. 

Fig. 7.  Un fragmento de cerámica prehispánica, probablemente del tipo "Charcollo", delata   el antiguo paso por el lugar de caminantes indígenas.  Charcollo es un tipo cerámico de origen altiplánico y  en parte, a lo que creemos,  contemporáneo de la presencia  Inca en la zona (años 1400-1536  D.C.).

Fig. 7.  A un costado de la senda inca,  avistamos el esqueleto ya calcinado y blanquecino de una mula.  Seña inequívoca del paso por este lugar de animales de origen europeo durante todo  el  largo período colonial español.

Fig. 8.  Resto de una pata de esta misma  mula, con su herradura  y sus clavos aún firmemente adheridos al casco.  Corresponde a  la misma foto anterior.

Fig. 9.  Estructura casi circular, sumamente arruinada  (ruedo), situada en el interior de una amplia zona amurallada y protegida. Diámetro aproximado:  3.5.- 4.0 m.  Observe el largo muro perimetral, hacia el fondo de la fotografía.


Fig. 10.   Fragmento de boca y asa de una vasija  del tipo olla de cocina de época indígena, hallada junto a las estructuras circulares. ¿A qué época pertenece?. No lo sabemos. Podría ser de factura  indígena pero  en época colonial.

Fig. 11. Otra de las estructuras circulares, muy derruída. Pudo, tal vez,  ser la  base de alguna vivienda circular,  a juzgar por  el pequeño tamaño del recinto. Los numerosos corrales que hemos observado en este sector (Vea fotos más abajo)   normalmente tienen un tamaño (perímetro)  bastante mayor y presentan un mucho mejor grado de conservación..Sospechamos se trate en este caso de estructuras muy antiguas, de época inca o tal vez,  pre-Inca. Tal vez digan relación con la aldea arqueológica de Caserones (definitivamente abandonada en el siglo VIII-IX D.C.).

Fig. 12.  Un pequeño fragmento de cerámica vidriada colonial (siglos XVII  ó XVIII?). Hallado por nosotros, aislado y solitario,   muy cerca del muro perimetral observable en nuestra Figura 11. Señal inequívoca de presencia colonial  en la  zona de la pampa abierta, muy lejos de la aldea prehispánica de Caserones.

Fig. 13.  Fragmentos muy bien cocidos de una vasija de estilo presumiblemente Pocoma o  Gentilar,   de las culturas típicas de Arica, correspondientes, tal vez, a  un período de contacto con la llegada del Inca  a Tarapacá.  ((siglos XIII al  XV?).

Fig. 14.   Un evidente y clarísmo corral  para animales. Muestra presencia de abundante guano (de llamas y mulares) en su interior. Su presencia, contiguo a las eras de cultivo,  nos indica a las claras  que se trajo hasta aquí  animales tanto para  comer el rastrojo de la cosecha (maiz o trigo), como  para el traslado a sus pueblos del producto cosechado.

Fig.  15.  Fragmento cerámico,  al parecer de una taza colonial, que muestra la inserción del asa al cuerpo de la vasija. (Colonial temprano;  siglo XVII?)

Fig.  16. Conjunto de fragmentos de cerámicas coloniales (coloreadas), vajilla indígena local  y aún loza de la época del salitre,  que descubrió María José todo junto,  in situ, en las cercanías del gran recinto amurallado. Sin duda, se trató de material  reunido por algún  visitante aficionado, que lo dejó allí abandonado hace bastantes años. Esos fragmentos de la cerámica vidriada colonial española, correspondientes a un plato,  fueron posteriormente restaurados por nosotros. (El resultado de este trabajo  de salvamento se mostrará en nuestro capítulo siguiente del Blog, hoy en preparación, destinado a indicar el trabajo de restauración  de las piezas halladas en el presente viaje).

Fig. 17.  A la izquierda, un enorme canal de regadío  que se pierde en lontananza  hacia el Este (hacia Tarapacá). A la derecha, eras o melgas de cultivo de la época   indígena o colonial regadas a partir de este gran canal.

Fig. 18. Una acequia  marcada en el paisaje y un grupo de  bolones de piedra, colocados ex professo,  y  que señalan la presencia de una bocatoma o "pongo". La voz "pongo" es una castellanización de la voz quechua "punku"  que significa   "puerta". En efecto, los pongos constituían las bocatomas o "puertas" de entrada del agua de regadío a cada melga,  a partir de una acequia mayor.

Fig. 19.  Superficie que muestra  decenas de antiguas eras o melgas de cultivo,  ya muy borradas por el paso del tiempo, dejando a la vista solamente las acumulaciones de bolones que marcan claramente la presencia de bocatomas o "pongos".

Fig. 20.  Despojos y basuras dejados por una instalación de faena en plena pampa, en medio de las antiguas melgas de cultivo.  Parecen corresponder a una instalación de los años 1950-60 del pasado siglo.  Se observa  plástico grueso (para formar  un pequeño embalse de agua), fierros,  tablas,  restos de una vivienda  y útiles de cocina, camastros, sillas,  etc. No nos queda claro el objetivo concreto de esta faena, de  época relativamente reciente. No se descarta que haya correspondido a una tardía instalación breve en el lugar,  con fines esencialmente agrícolas (sembríos) por parte de comuneros de aldeas del interior (Tarapacá, Pachica, Mocha, etc), para el aprovechamiento agrícola  de las aguas  aportadas por  aluviones eventuales procedentes de la quebrada de Tarapacá.


Fig. 21. Entre los elementos abandonados en la faena descrita en la Fig. 20, María José Capetillo halló in situ  estos cuatro grandes fragmentos de una botija "perulera", de época colonial   (Como escala, el estuche de la cámara fotográfica que mide  10 cm.).  Seguramente, alguno de los operarios de la  faena los recogió por curiosidad de los alrededores, entre las melgas abandonadas.   El extraño color de la pasta  (color crema muy claro)   y el grado avanzado de erosión superficial de la vasija, nos sugiere una  muy larga exposición al sol y a los agentes atmosféricos (vientos).  Parecería corresponder a un tipo bastante temprano, tal vez del siglo XVII. Hemos visto y examinado en estos años  muchos centenares de fragmentos de botijas de la época colonial,  en distintos lugares de Antofagasta, Arica y Tarapacá, pero nunca habíamos observado esta coloración tan clara de la pasta, que nos parece ser muy probablemente foránea  (¿del Caribe o española?.).  Para salvarlos de un posible  saqueo futuro, pérdida  o robo, recogimos los fragmentos y armamos la pieza, pegando todos sus fragmentos.Esto lo vamos a  ver con claridad en el próximo segmento del Blog, (en reparación). Hemos enviado la foto a expertos en cerámica colonial para  saber más acerca de su posible origen y fechación. Si se tratara de cerámica temprana colonial, lo que no es imposible, este hallazgo constituiría una prueba fehaciente del aprovechamiento del agua de aluviones por parte de los primeros encomenderos españoles o sus súbditos indígenas.


Fig. 22.  Detalle del alineamiento de las eras o melgas. Observe los invariables "pongos" o bocatomas  construidos con simples  bolones de piedra   propios del lugar.

Fig. 23.  En hiladas interminables, las eras o melgas de cultivo se proyectan en el piso de la pampa  con rumbo sur.


Fig. 24.   Detalle de los bordos o bordes de cada melga. Solo constituídos por simple acumulación  de arena. obtenida  de la misma era en construcción.

Fig. 25.   Otro corral para la guarda de animales (llamas,  mulas y asnos). Superficie aproximada:  30 m2.



Fig. 26. Detalle del  extenso muro perimetral sur,  totalmente en ruinas,  que  rodea una amplia superficie que se trató de resguardar del flujo e ingreso de las aguas de aluvión. Estos, sin embargo, rompieron el muro en algunos sectores, tal como se observa aquí, dejando  huella de la acumulación y posterior evaporación del agua terrosa y limosa.


Fig. 27. Otra vista  del mismo muro perimetral derruído (sector sur). Vista hacia el  weste.

Fig. 28.  El mismo muro desde otro ángulo de visión. Vista hacia el Este.

Fig. 29.  Un trozo de yunque, de  piedra volcánica,  de la que se extrajo lascas o fragmentos filosos  de gran tamaño, como excelentes instrumentos para cortar. Fue hallada dentro de una de las posibles viviendas circulares. La libreta que sirve de escala mide  exactamente  20 cm. de largo.


Fig. 30.  Fragmento de gran tamaño de una olla de cocina  indígena, de época indefinible,  hallada en las cercanías de las recintos circulares.
Fig. 31. Otro recinto  en el interior del  área protegida por muros perimetrales. En el perímetro de este  sitio protegido con muros y entre los recintos, se halló  muy escasa evidencia de cerámica. La gran cantidad de arena que cubre  todo el área, posiblemente esté  ocultando otros restos culturales antiguos, hoy día no visibles. Nuevamente observamos que el estado sumamente  ruinoso de este conjunto, parece delatar una gran antigüedad,  la que contrasta fuertemente  con los corrales,  mucho más recientes,  de las fotos  14 y 25.

Un recuerdo fotográfico  de la misma zona, tomado el año 1972.

La foto que sigue, ya borrosa por el paso del tiempo, tiene un larga historia.  Fue tomada  exactamente en la misma zona que hoy  hemos vuelto a visitar, 41 años después. Por entonces, yo estaba  en la Universidad del Norte, Sede de Arica, como profesor e investigador adscrito al Museo de Azapa. A fines del año 1971 llegué de regreso de los Estados Unidos, (State University of New York, en Stony Brook), Universidad donde había realizado mis estudios para obtener  el  Magister en Arqueología (1970-1972). Flamante arqueólogo, hacía yo mis primeras armas  en arqueología en Chile.
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Fig. 32.  Esta antigua fotografía  fue tomada in situ, en plena pampa,  por el arqueólogo cubano Alonso Riva de la Calle, en Junio del año 1972  en la zona de campos de cultivo de pampa Iluga (Pampa del Tamarugal). A la izquierda, Jorge Checura Jeria, director por entonces  del Museo de Iquique. A la derecha, yo mismo. En aquella época, tenía yo  43 años. Es éste uno de los poquísimos recuerdo gráficos que conservo de esos dos sufridos  años pasados en Iquique,  muy  poco antes del golpe de estado militar  (1972-1973).

Conclusiones.

1. Esta extensa zona de la pampa  es aún hoy un enorme misterio para la  geografía  humana que hay que explorar. La afirmación de que hubo en la pampa  poca a nula actividad humana - la que quedaba sólo circunscrita a los pueblos de la  cordillera o de las quebradas, y que solo era traficada por huellas  de animales rumbo a la costa -, debe ser hoy  tomada cum mica salis.  Más bien,  debe ser hoy francamente cuestionada.  Hubo una enorme actividad humana esporádica,   restringida eso sí a los períodos cortos en que bajaba abundante agua por las quebradas en tiempos de aluviones.

2. Estos períodos de cultivo intensivo en la pampa, (de maíz, en tiempos indígenas y de maíz y trigo en tiempos coloniales),  como lo vemos aquí por las fotografías tomadas en este viaje, al parecer,  fueron mucho más frecuentes que en la actualidad. La duración del regadío por inundación en plena pampa, gracias a un muy elaborado sistema de canales y acequias, duró varios meses y posibilitó, lo sospechamos, la realización de un par de cosechas  por temporada.

3. Numerosas familias de los pueblos comarcanos desde las quebradas, se movilizaban  y radicaban por meses en la pampa para  sembrar, cuidar y mantener  bajo riego a sus sembríos.  Tales sembríos, muy probablemente, atrajeron también  una fauna  numerosa de aves granívoras,  ávidas de semillas y aún de  animales depredadores que había que espantar y ahuyentar.

4. Nosotros topamos al menos con cuatro o cinco corrales y varios sitios de vivienda anexos. Debe haber muchísimos más en la extensa zona  de la pampa, tapizada hoy de antiguos campos cultivados.

5. Es altamente probable que un rastreo minucioso de tipo arqueológico de este enorme sector de pampa nos entregue datos de la existencia de pequeñísimos caseríos, de  ocupación más prolongada  en el tiempo, y correspondientes, tal vez,  a la temprana época de ocupación de la aldea  de Caserones. Así, es muy posible que  la mítica aldea de "Iluga",  cuya presencia exacta aún no ha sido detectada con precisión por los investigadores y arqueólogos,   exista realmente, y no sea sólo una  denominación genérica para la pampa, como parece señalarlo Antonio O´Brien en su famoso Plano del año 1765. Los antiguos dieron nombres concretos a cosas concretas: cerros, aguadas, ríos o aldeas; nunca a regiones, vagas e  imprecisas. Así, igualmente  algún día - así lo esperamos-  daremos también con  el mítico  "Ramainga", lugar  donde el encomendero,Lucas Martínez Begazo mantenía esclavos negros haciendo carbón, en plena pampa del Tamarugal, para abastecer sus minas de plata de Huantajaya, según lo atestigua en su testamento.

6. En suma, luego de este reciente viaje de exploración, sospechamos fundadamente que el estudio de la pampa del Tamarugal  desde el ángulo de su antiguo poblamiento y aprovechamiento  por parte de las comunidades  de las quebradas,  se encuentra aún en pañales. Queda, al parecer, mucho por hacer en esta zona poco conocida, deficientemente estudiada  y de muy difícil acceso.

7. El hallazgo hecho por nosotros (fotos 2 a 6) de tramos extensos del Qhapaqñan (o Camino del Inca), desconocidos hasta ahora en la bibliografía regional, según creemos  y  que conducen aparentemente  hacia Cerro Unita, por el N., y directamente hacia los campos de sembríos abandonados, por el S., nos estaría sugiriendo que la zona fue  intensamente explotada en tiempos incas y obviamente para su servicio (¿tal vez para la mina de Huantajaya, operada por el Inca?). Si así no fuera, ¿que sentido tiene - nos preguntamos-  trazar una ruta, bien delineada, amplia, perfectamente homogénea en sus dimensiones, y  con un claro rumbo N-S.?  Esta fue   obra,  sin duda, de personas clarividentes interesadas en mantener esa ruta perfectamente expedita durante todo el año.  ¿Quién sino el Inca pudo reclutar  tanta gente como para  diseñar, trazar y ejecutar ese trabajo que tiene que haber demandado años de esfuerzo  y numeroso personal de operarios a cargo para su construcción y mantención?. ¿Las comunidades aledañas?. Creemos que no. Ellas, es nuestra opinión, se contentaban - como se contentaron durante todo el período colonial y republicano- con sus sencillas huellas tradicionales o senderos de comunicación,  a través de los cerros, por donde comunicaban sus pueblos entre sí desde tiempos inmemoriales para el tráfico y el comercio  inter-aldeano.

8. Aquí,  en cambio, en este trazado rectilíneo  bien elaborado,  que observamos en medio de la pampa, expedito, limpio y totalmente libre de obstáculos, estamos ante una forma superior y diferente de  organización, administración y control del espacio, estamos, en nuestra opinión, ante una mente lúcida que supo sabiamente administrar y organizar  el  comercio  y el contacto interregional  tanto como  la mensajería a distancia  de los chasquis, en beneficio directo del centro imperial en Cuzco.  A nuestro juicio, aquí estamos hablando de otra forma de administrar el espacio -diferente de la pre-existente entre los pueblos-  con una visión fuertemente centralista, orientada hacia la capital imperial Cuzco, destino obligado de las riquezas y tributos de las provincias y  de numerosas   personas y bienes y en ocasiones ejércitos,  para el  servicio del  Qhapaq Inca, su Señor.