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jueves, 29 de octubre de 2015

Presencia y actividad humana en el "desierto florido" al sur de Iquique: utilización del ecosistema de lomas por el hombre antiguo.

Fig. 1.  Área del antiguo campamento o paradero de paso hacia el interior, situada a los 200-210 m sobre el nivel del mar.  Intensamente traficada hoy por visitantes y turistas;  aquí se ubicaba un lugar de campamento indígena. Hemos hallado sus fogones, sus basuras,  sus instrumentos y  su cerámica en este lugar.  De esta historia antigua  de hace más de 500 años,  queremos hablar hoy. ¿Quiénes poblaron esta área?. ¿Cómo lograron subsistir aquí?, ¿Qué huellas hemos encontrado de su paso por este lugar?.   

                     
 Fig. 2.   Vista desde  la zona del campamento indígena  con presencia de cerámica abundante, hacia  la costa. Aquí estamos en la cota de los 230-240 m.  s.n.m.    La vegetación dominante muestra  Nolana jaffueli,   Cristaria molinae y otra Cristaria, de flor  blanca  grande, casi con certeza Cristaria dissecta.  Esta formación vegetal efímera  (no dura más de 3  meses en este lugar), ha sido denominada de "Lomas", por la bibliografía geográfica y arqueológica del Perú. Allí, estas lomas son mucho más potentes y persistentes y han sido en el pasado muy utilizadas por el hombre no solo como un valioso recurso alimenticio, sino también como lugar de pastoreo  para sus hatos de llamas. (Cfr.  los trabajos del arqueólogo  francés  Fréderic Engel  para la costa sur del Perú).

Los  efectos del Fenómeno de "El Niño".

En un capítulo anterior  de este Blog (de fecha  6 de Octubre 2015), hemos presentado numerosas imágenes de  plantas del desierto costero del Norte de Chile. Éstas   surgieron de improviso, en el sector costero entre Palo Buque  y Playa Lobito, a 22 km al sur de la ciudad de Iquique,  con motivo de las copiosas lluvias que cayeron en la costa norte chilena entre los días  8 y 9 de agosto del presente año 2015.  Ya hemos explicado allí  que este fenómeno se debe a la presencia y actividad de un potente Fenómeno de "El Niño", evento climático singular  que suele presentarse en las costas de América del Sur   con cierta periodicidad,  al modificarse repentinamente la posición del Centro de Altas Presiones  que impide y frena normalmente  la llegada de las precipitaciones a la zona.   Este  tipo de  eventos  esporádico,   modifica substancialmente la tendencia climática seca preponderante,  trayendo consigo consecuencias insospechadas para la existencia humana en la zona.

Una lluvia   totalmente inusual.

De un promedio histórico de lluvias de apenas 0.7 mm de agua caída al año, hemos pasado, en este año, a 50 mm.  en apenas dos días. Esta descomunal lluvia provocó no solo  la formación de verdaderos torrentes en los cerros cordilleranos de la costa,con cambios notorios en la geomorfología de la zona,  sino también,  una  nunca vista germinación y floración   de todas las especies  vegetales que   subsistían, ocultas,  en el subsuelo arenoso. De un paisaje totalmente árido y seco, se pasó, en  pocas semanas a un verdor nunca visto en estos parajes. Al menos no, en los últimos 40 ó 50 años. Es lo que dicen los pobladores cercanos.  Sospechamos que  mucho más. 

¿Ha sobrevivido aquí algo de la cultura primitiva?.

Estos sitios fueron intensamente recorridos en el pasado. Hemos encontrado las pruebas fehacientes de su paso. Pruebas numerosas y contundentes. Nos corresponde ahora mostrar a los lectores  qué elementos  de la cultura humana prehistórica, han logrado sobrevivir hasta hoy, como muestra de su actividad  de antaño en estos lugares.  ¿Podemos  de alguna manera columbrar qué hacían en estos parajes, o de qué se alimentaban?. ¿Podemos tener una idea clara de la forma de su instrumental  de trabajo?. ¿Queda algo  todavía in situ, intocado, a pesar de los siglos transcurridos?. Y esto ¿a pesar de la alteración sufrida por este paisaje por la intensa actividad humana   reciente?. Estos instrumentos, por  toscos y primitivos que nos parezcan, ¿nos pueden dar  una cierta idea de sus  actividades  y de su economía básica de subsistencia?. Lo veremos a continuación. (Las fotos   aquí publicadas, son nuestras).

Conchales y paraderos  o campamentos de paso.

Sabemos que los habitantes costeros eran preferentemente pescadores y mariscadores de orilla de playa.   Sus "conchales"  o acumulaciones de conchas, cercanas al mar, delatan sus preferencias alimenticias.  Sin embargo,  cuando podían tener acceso a  otros recursos alimenticios   (carne animal, vegetales, caracoles terrestres, insectos, etc.),  recurrían a  ellos, mediante la caza animal o la recolección  terrestre. Y, por cierto, en  los años lluviosos del Fenómeno de "El Niño",  surgían posibilidades  de nuevas fuentes de alimento, distintas de las que les ofrecía  normalmente el bioma marino.  En tales años,  utilizaban ciertos parajes como campamentos de paso o paraderos (como en el caso que aquí estudiamos), dejando huellas de su alimentación y actividad. Estos campamentos o "paraderos" de tránsito, nos muestran una ocupación humana de muy escasa profundidad y no se deben confundir con los "conchales" propiamente tales,   donde la acumulación de conchas y restos de cocina puede llegar a varios metros de profundidad,   con una cronología  de ocupación de varios miles de años. Nos queda claro que no es este el caso aquí.

Posibilidades  ciertas de caza animal   y recolección vegetal.

Podemos sin dificultad imaginar el gozo y alegría de  los indígenas  costeros al ver que  los cerros grises o pardos se teñían repentinamente de verde,   ofreciendo un espectáculo que para ellos debió ser tan sorprendente como para nosotros hoy día.  Estos kilómetros de praderas verdeantes atraían  por semanas a guanacos y ciervos, cuya  cacería  era altamente codiciada por ellos.  Algunas de sus plantas,  sus flores, sus raíces o cebollines  (bulbos)    fueron un buen alimento para ellos, sin duda alguna.

Fig. 3.  Espectáculo que ofrecían las laderas próximas al cerrillo de los Parapentes,  frente a Palo Buque,  a fines de septiembre 2015  desde la altitud de  los  130 metros hacia arriba (Foto H. Larrain).

Fig. 4. Praderas  cubiertas de infinitas Nolanas  (Nolana jaffueli) y Cristarias. Llegamos a contar, en algunos casos,  hasta   20 plantas por  m2., algunas minúsculas, pero, a pesar de su  tamaño enano, igualmente en flor.

¿Qué instrumentos poseían y nos han dejado aquí de recuerdo?. El instrumental de los antiguos  pescadores-recolectores marinos.

Fig.5. (Cara anterior) Este  canto rodado de playa, fue hallado en  uno de estos  paraderos  o campamentos ocasionales,  en medio del verdor, donde había  muchas conchas consumidas y restos cerámicos y óseos. (Vea Fig. 1). A pesar de su apariencia, no es, pues ésta,  una piedra cualquiera, corriente. Fue acarreada desde la playa  con fines claramente utilitarios. Es una auténtica "herramienta" o instrumento indígena, y fue usado como tal.  Esta herramienta tiene dos caras: la que mostramos aquí, presenta signos evidentes  de golpes en toda su superficie y en sus bordes, siendo así una especie de  "martillo"  o percutor  de ocasión;  la faz opuesta, perfectamente lisa, en cambio, denota su probable uso como  mano de moler o moleta, y era usada para moler, triturar semillas o machacar vegetales y aún moluscos, como el loco (Concholepas concholepas).

Fig. 6.   Cara posterior del mismo instrumento. Está perfectamente pulimentada y desgastada por el uso continuo como mano de  moler o moleta. Es decir, este instrumento  tuvo un doble empleo: como percutor o martillo,y como mano para la molienda  en un metate   o batán.  Este último debió ser, en la zona costera, solamente una piedra   bien plana, de las que frecuentemente hemos hallado en yacimientos costeros, no pocas veces teñidas de ocre rojo. 


Fig. 7. He aquí otro instrumento, hallado en la huella antigua.    Es un clásico raspador elaborado a partir de  un núcleo de sílex.  Presenta sus bordes cortantes en todo su derredor. Fue hallado en el sendero  antiguo de ascenso, hacia los 180-190 m de altitud s.n.m. Sirvió tanto para cortar, como para raspar, frotar y alisar  cueros o huesos, o para fabricar instrumentos en hueso o madera.

                           













Fig. 8.  A un costado del camino antiguo que ascendía en forma diagonal hacia el SSE, remontando   el acantilado costero,  el paso de visitantes y curiosos, que venían a contemplar este grandioso florecer del desierto, dejó casualmente al descubierto un antiguo fogón de tiempos prehispánicos. Removiendo un poco la arena oscurecida por las cenizas, aparecieron numerosas vértebras de peces, conchas quemadas, huesos calcinados, carbón vegetal, signos  todos  de una merienda in situ, tal como se puede ver en la imagen siguiente. 

                      
Fig. 9. Trozos de carbón de origen vegetal hallados en el fogón.  Las plantas que pudieron dar origen a este carbón, fueron, presumiblemente,  arbustos leñosos que antaño prosperaron en las partes más altas del acantilado costero. Con gran probabilidad, se trata de tronquitos o ramas de Licyum  leiostemum, Ephedra breana  u Ophryosporus sp.,  especies botánicas existentes aún hoy  en los  oasis de niebla al sur de Iquique.  Los  materiales iniciales usados para el encendido (llesca) fueron, seguramente, las raicillas secas presentes  aquí por  todas partes, a escasa profundidad o los restos ya secos de plantas muertas.    

                               
Fig. 10. Conchas ennegrecidas de lapas (Fissurella spp., señoritas  (Scurria sp., Collisella sp, o locos (Concholepas concholepas) y restos de peces aparecen en los estratos del fogón, indicándonos de inmediato su preferencias alimenticias. Los mariscos eran puestos directamente al fuego (sancochados). Por lo que pudimos observar, todos los mariscos que  aquí encontramos eran gastrópodos marinos,  es decir, "mariscos" que viven aferrados a las rocas azotadas por el mar. Proceden de los roqueríos vecinos y suelen quedar expuestos en las bajas mareas, de donde  eran extraídos seguramente por las mujeres y los niños. No hallamos, en cambio, aquí bivalvos tales como cholgas, almejas, tacas o  machas, las que son propias de habitats provistos de extensas  playas arenosas.

La cerámica presente  en estos yacimientos.

Fig. 11. Fragmentos de cerámica de cocina (o "culinaria"), como gustan de decir los arqueólogos.  Son trozos de ollas de diversos tamaños.

 Fig. 12.  Fragmentos de  ollas.  En el costado derecho  arriba, se puede ver   un pequeño fragmento prominente, provisto de un mamelón   destinado al agarre de la vasija.

Fig. 13.   Trozos de hueso animal.  El de la derecha, muestra una coloración cinérea que delata su exposición evidente al fuego.  La carne del animal  era puesta directamente al fuego, al igual que los mariscos.  Ahorraban al máximo el agua de beber, por su extrema escasez en estos parajes costeros donde las vertientes eran raras y  generalmente salobres.

Fig. 14. Planta de la liliácea Fortunatia biflora, mostrando su  tallo y pequeño bulbo. Estos bulbitos son comestibles  y, de acuerdo a nuestra experiencia personal  en el  campo,   con algo de sal, hasta nos parecieron sabrosos.  En nuestra reciente expedición del día   9/10/2015 al lugar la hallamos en relativa abundancia entre los 300 y 380 m de altitud s.n.m.  Fácilmente los antiguos pobladores habrían podido -en caso de proponérselo- colectar unos 30-50 bulbitos en pocos minutos  para una frugal comida de emergencia, o tal vez, para llevar consigo, como cocaví de viaje. Se consumen crudos, como la cebolla.  

 Fig. 15. Huesos  de mamífero, tal vez de guanacos,  que se hallan dispersos y en gran abundancia  en los sitios de acampada o descanso.

 Fig.  16.  Lascas o esquirlas,  fruto del desbaste de nódulos o núcleos de sílex.  Su hallazgo denota  y comprueba, sin lugar a dudas, el frecuente trabajo de talla de artefactos líticos,  realizado in situ, por parte de los antiguos moradores. La esquirla color negro es de  roca basáltica.

Fig. 17.  Punta de arpón rota,   provista de  pedúnculo para   el agarre y sostén en un astil de madera.   El material usado es sílex blanco muy puro  y está  muy finamente terminada.  Fue hallada en el antiguo sendero de subida, por el costado norte del cerrillo de los Parapentes. (Vea la descripción del hallazgo, en detalle, en el Diario H. Larrain, Vol. 95: 42-43; descubierta por María Isabel Fuentes).

                              
Fig.  18.  Porción media de una punta de  arpón al que le falta la base y la punta.  Fue hallada a unos    20-30 m de la punta anterior, siendo, a lo que sospechamos, parte de un mismo núcleo original de sílex. Los dos materiales, en efecto, son idénticos en su aspecto.

Fig.  19. Una pequeña explanada, junto al extremo este del cerrillo de los Parapentes fue un excelente paradero o campamento para el descanso y ejercicio de actividades tecnológicas (fabricación de instrumentos). Aquí se acumula hoy la evidencia de antigua presencia humana en forma de conchas, lascas, litos, cerámica y huesos quebrados en forma evidentemente intencional.
  
Fig.  20. El raspador, en ampliación fotográfica.  Junto al percutor  o martillo, este instrumento les era  indispensable e infaltable  en su  equipo de caza.

                              
Fig.  21.   Un raspador  en forma de aleta, roto. Está tallado en forma burda, por ambas caras.

Fig. 22. Conchas  vacías, muy antiguas,   del caracol terrestre  Bostrix derelictus broderipi   (Fam. Gastropoda) que antaño debió proliferar  y colonizar en inmenso número  estas praderas de Nolanas y Cristarias y hoy  se encuentra, al parecer, totalmente extinto en el lugar. El proceso de  calentamiento climático y la falta de continuidad en la humedad y lluvias, ha sido, probablemente, la causa de su total desaparición o extinción en este ecosistema. Ya no se las encuentra vivas en este ecosistema. Al menos, nosotros no las hemos podido hallar.

 Fig. 23.  Fragmentos de huesos consumidos por los antiguos pobladores. Uno de ellos, bien pudo ser un instrumento útil,   hoy ya irreconocible  por la erosión experimentada. 
 Fig. 21. Otros fragmentos de hueso  al parecer quebrados en forma intencional.

Fig. 25. Hallazgo notable y fortuito de  dos torteras  (o fusaiolas), descartadas y abandonadas en el campamento,  hechas en fragmentos de cerámica planos y  en proceso de elaboración. Estas piezas son parte esencial del equipo técnico  de un tejedor.  La pieza de arriba,  posee  un perfecto agujero central por donde se pasaba y fijaba el huso de hilar. La pieza inferior, rota,  fue obviamente descartada por efecto de un mal cálculo  al perforar  el trozo cerámico.  Fueron halladas a un par de metros de distancia una de la otra, en un lugar del mismo campamento, hacia los  235 m de altitud. s.n.m.  El hallazgo de estos elementos denotaría la práctica del tejido in situ por parte de los  habitantes de esta costa, o tal vez,  de sus visitantes  procedentes  de las comunidades indígenas del interior. Es un rasgo, en todo caso, cronológicamente  tardío.

  Fig. 26.  La tortera  fallada, descartada in situ.  Fue encontrada, en dos fragmentos que se unen perfectamente, a pocos pasos de la tortera anterior.
                               
 Fig. 27.  Obsérvese  el detalle de la superficie del  fragmento original de cerámica que fue recortado  para elaborar  la tortera  para el huso.

 Fig. 28.  Lascas o esquirlas de  sílex,  de diversos colores, producto del desbaste de trozos  de material seleccionado para obtener  instrumentos terminados  (puntas de proyectil, raspadores u otros). A mayor abundancia de estos elementos, mayor certeza  nos asiste  acerca del uso dado a un determinado lugar.

Fig. 29. Fragmentos de huesos, en su mayor parte claramente  fracturados y rotos ex professo para extraer la tan codiciada médula ósea,  también están siempre presentes en los fogones o en sus cercanías.  ¿Qué animales  fueron cazados por estos  pescadores-recolectores marinos?  A no dudarlo, en tierra,  seguramente solo guanacos y alguna especie de cérvido; en  el mar,  lobos marinos y chungungos.  También por cierto, aves marinas.  La presencia de arpones en este lugar, nos habla, sin género de duda, de la práctica asidua de la caza marina en las caletas vecinas. 

La presencia de cerámica en el lugar.

En una ladera  de poca inclinación, en parte protegida por el cerrillo de los Parapentes, y situada hacia los  220-230 m sobre el nivel del mar, debió existir un extenso campamento de paso   (Vea Fig. 1.). Allí  se halla aún hoy  gran cantidad de cerámica rota, fragmentos líticos  (desechos de talla) y lascas o esquirlas.   Mostramos aquí algunas evidencias de esta actividad humana en el lugar.

Fig. 30. Fragmentos diagnósticos de ollas de  cuello  restringido y panza  abultada.

Fig. 31. Examinando en detalle los fragmentos reconocibles de la cerámica, podemos concluir que casi todos las vasijas utilizadas por estos moradores de las playas eran ollas de cuello pronunciado y panza abultada, destinadas al traslado de agua y  alimentos semilíquidos o algas comestibles.

Caracterización provisoria de su cerámica culinaria.

Carece casi siempre de asas y muestra, en cambio, la presencia de pequeños mamelones para facilitar su agarre.  Otra característica que nos sorprende es  que su pasta muestra por lo general  un grado de cocción bastante  bajo  (cocida, además,  en atmósfera de poco oxígeno), reconocible por el color oscuro o negro. No disponían  aquí de dispositivos u hornos para lograr elevadas temperaturas. Lo que nos induce a sospechar que estas vasijas  fueron, en su inmensa mayoría, producidas en la misma costa por los propios pobladores. El hallazgo de cerámica muy bien cocida (a elevada temperatura, sobre los 850-900 º C), es raro en la costa y,  si ésta aparece, denota casi seguramente influencia foránea ocasional (v.gr. estilos de las Culturas de Arica o Inca).

Comentario eco-antropológico.

1.  Creemos que la traza, disposición y orientación de esta huella antigua  y su destino final   fue,  al menos en parte,  predeterminado por la presencia eventual de  praderas verdes,  producidas por efecto del Fenómeno de "El Niño", en ciertos años.   También sospechamos fundadamente que  estos eventos húmedos fueron  más frecuentes en el pasado que hoy, a juzgar por la presencia y relativa abundancia de caracoles terrestres  (Bostrix derelictus) , hoy al parecer totalmente  extintos  en el lugar.

2. El lugar de campamento, detectado por nosotros,  queda  facilitado por la geomorfología del lugar que presenta  una explanada casi plana, aptísima para el descanso, a unos 210 m de altitud, tras una larga caminata de descenso.

3. La cerámica y los restos de basuras  de cocina se agrupan a su alrededor en áreas bien específicas, lo mismo que los fogones.

4. No se observan aquí en parte alguna restos de posibles chozas o reparos, los cuales, seguramente, se hallaban más abajo,  cerca del mar pero a cierta altitud, en sitios rocosos, bien protegidos del viento y de las marejadas.

5.  Su destino final  en el litoral debió ser, casi con certeza,  el sector actual de Playa Lobito,  que presenta  un lugar bien protegido del viento y de las marejadas ocasionales.  Por allí cerca, deben estar ocultas aún los restos de sus viviendas, sus tumbas y enterramientos.

6.  Todos los moluscos  observados  en sus fogones son moluscos gastrópodos, habitantes de los roqueríos, faltando  casi del todo los bivalvos.  Sin la menor duda, proceden de la zona de roqueríos expuestos en torno a Playa Lobito y Palo Buque,  a corta distancia de allí.

7. Hace falta hacer aquí, en estos campamentos  un trabajo arqueológico más prolijo para la  revisión de materiales,  usando para ello   harneros o cedazos  de malla muy fina.  Al cernir con cuidado el material, afloran  elementos  muy pequeños, que nos pueden arrojar luces sobre  el comportamiento y/o actividad de los grupos humanos  que por aquí transitaron; de este modo se puede recuperar  semillas, fragmentos minúsculos de la talla de instrumentos (v.gr. anzuelos de concha o de metal) u otros elementos  que nos pueden aportar información sobre aspectos varios de su cultura.

8. Por último,  pensamos que   el interés arqueológico de este lugar, como sitio de llegada de los caminantes que venían del desierto interior, en procura de la costa y sus recursos, debería  ser un argumento para intentar proteger el sitio de una manera más efectiva. Ningún letrero o aviso advierte acerca de la existencia de un sitio arqueológico en este trayecto,  y los visitantes  pisotean toda el área sin respeto alguno, trepando por todas partes y destruyendo evidencias.  El aviso puesto allí por la Municipalidad, de por sí valioso e instructivo,  tan solo advierte acerca  de la presencia de  las tres especies de plantas  más típicas de esta formación vegetal, efímera  y de corta duración.  No dice una palabra del contexto arqueológico allí presente. 

Bibliografía recomendada sobre  las formaciones de lomas en el Pacífico sur:

CIZA, ONERN & SENAMHI. 1989. Aprovechamiento de nieblas costeras en las zonas áridas de la costa, Lomas de Atiquipa (Prov. Caravelí, Dpto. Arequipa). CONCYTEC. Lima-Perú.

Engel, F. 1981. Prehistoric Andean Ecology Man, Settlement and Environment in the Andes. The Deep South. University of New York. USA.

Muñoz-Schick, Mélica, Raque Pinto, Aldo Mesa y Andrés Moreira,  2001, "Oasis de neblina en los cerros costeros del  sur de Iquique, región de Tarapacá, Chile durante  el evento el Niño  1997-1998".  Revista Chilena de Historia Natural, Vol. 74, Nº 2,  Junio 2001,  en Internet:    http://dx.doi.org/10.4067/S0716-078X2001000200014 

Ono, M. 1986. Definition, classification and taxonomic significance of the Lomas vegetation. En: M. Ono (ed.). Taxonomic and Ecological Studies on the Lomas Vegetation in the Pacific Coast of Peru. 5 – 14. Makino Herbarium, Tokyo Metropolitan Univesity. Tokyo-Japan. 

Péfaur, J. 1978. Composition and structure of communities in the Lomas of southern Perú. PhD Dissertation. The University of Kansas. 215 pp.

 Péfaur, J. 1982. Dynamics of plant communities in the Lomas of southern Perú. Vegetatio 49:163-171.

(Consulte para poder entender mejor el fenómeno de  las "Lomas":   www.sacha.org/envir/deserts/intro_sp.htm)

sábado, 25 de agosto de 2012

Miniaturas arqueológicas: un enterramiento singular en la quebrada de Tarapacá.

Fig. 1. Parte del cuerpo femenino (?) con parte del ajuar funerario. Del cuerpo sólo se conservó parte del cráneo y escasos trozos de los huesos largos de las extremidades. Se observa la gruesa cotona de lana de llamo y la cabellera intacta.

Fig.2. Conjunto completo del ajuar funerario, Compuesto de unas 50 piezas, sin contar algunas diminutas tapitas de ceramios, en greda cocida. Falta aquí agregar decenas de fragmentos cerámicos de otras piezas cerámicas rotas, que también formaban parte del ajuar, los que fueron depositados en una bolsa nylon aparte. Esperamos confiadamente que tales fragmentos sean celosamente guardados y conservados hasta que un experto los una, y podamos presenciar la aparición de otros ceramios en miniatura, parte de la misma colección. Puede haber sorpresas.
(Escala: 20 cm).

Fig. 3. Conjunto del enterramiento (ajuar funerario y cuerpo humano) rescatado en las cercanías del pueblo de Tarapacá, tal como fue expuesto en el Laboratorio de Criminalística de Carabineros (LABOCAR) , en la ciudad de Iquique y presentado a la prensa local el día sábado 18 de Agosto del 2012.

Fig. 4. Las piezas miniaturas de mayor tamaño, en arcilla cocida. La vasija de mayor tamaño mide poco más de 6 cm de alto. Todas contienen en su interior una substancia seca, adherida, sin duda alguna, restos de alimentos ofrendados al difunto. (Foto H. Larrain, 18/08/2012). (Escala: 20 cm).


Fig. 5. Pieza cerámica rota, con el fragmento incluido. Se observa el grosor de las paredes y de la base respectiva. (Foto H. Larrain; Escala 5 cm).


Fig. 6. Piezas cerámicas. Las piezas de mayor tamaño pueden ser platitos o, tal vez, tapas de los ceramios grandes. Al centro, una miniatura de una cuchara o cucharón, de apenas 4 cm de largo. El pequeño cuenco o escudilla (abajo, al centro de la foto) mide 3.5 cm de largo. (Foto H. Larrain).
(Escala: 5 cm).

Fig. 7. Las piezas textiles. Hay dos pequeños envoltorios que encierran, a lo que parece, algún elemento en su interior. No han sido abiertos. la pieza textil de mayor tamaño, de forma rectangular, semeja un pañito ceremonial al modo de las inkuñas aymaras. (Foto H. Larrain). (Escala grande:; 20 cm.; escala pequeña: 5 cm).

Fig. 8. De enorme interés es este conjunto de nueve cestos diminutos, perfectamente tejidos con una fibra vegetal que parecería ser un tipo de junco (Juncus sp.) (Foto H. Larrain: Escala grande: 20 cm., escala pequeña: 5 cm).

Fig. 9. Vista del conjunto de piezas de cestería en espiral, en miniaturas primorosamente tejidas.
(Foto H. Larrain; escala: 5 cm).

Fig. 10. Las piezas cerámicas más pequeñas del ajuar. La mayor tiene un alto aproximado a los 7.5 cm. Dos de ellas conservan intacta la substancia seca en su interior, ¿parte del cocaví (kokawi) ofrendado al difunto para su viaje a ultratumba? (Foto H. Larrain); Escala: 5 cm).


Fig. 11. Vista de costado de las diminutas vasijas, para mostrar su forma exacta. Todas las piezas del conjunto carecen de asas. Los "platitos" parecerían ser más que platos, las "tapitas" de los objetos pues calzan perfectamente en sus respectivas bocas. (Foto H. Larrain; Escala grande lateral: 20 cm; escala pequeña: 5 cm).

Fig. 12. Cestito que muestra una cuerda enrroscada, en su interior. (Foto H. Larrain; escala: 5 cm).

Fig. 13. Parte anterior de una estatuilla modelada en greda, mostrando el rostro de un personaje, hecho con la técnica del pastillaje. A lo que parece, formaba parte de una vasija. Presumimos que el resto de la vasija se encuentre, muy fragmentada, entre los trozos recogidos prolijamente por el descubridor (Foto H. Larrain: escala: 5 cm).

Fig. 14. Parte posterior de la cabeza mostrando claramente la disposición de la cabellera rizada y, al parecer, de un sombrero superpuesto. Salvo que se trate más bien del moño del pelo así dispuesto (Foto H. Larrain); (Escala: 5 cm).


Circunstancias del hallazgo de este conjunto arqueológico.

Ocurrió el día jueves 16 de Agosto de este año 2012, cuando una máquina motoniveladora extraía escombros y ripios de una ladera inmediata al actual vertedero del pueblo de Tarapacá, aproximadamente a un kilómetro al Este del poblado. La gran afluencia de peregrinos y visitantes en el pueblo, con ocasión de la recién pasada festividad de san Lorenzo, patrono del Tarapacá, provocó la urgente necesidad de tapar las basuras acumuladas, para evitar su descomposición.

El operario de la máquina no halló nada mejor que extraer, de la ladera contigua, el material de ripios y arenas para efectuar el relleno. Al percatarse los obreros de la aparición de un cuerpo humano, ya parcialmente destrozado por la máquina, dieron aviso a Carabineros de Huara. Éstos conforme al protocolo vigente, avisaron al Laboratorio de Criminalística de la ciudad de Iquique el que dispuso de inmediato el envío de un experto.

Un llamado a reconocer la presencia de cuerpos humanos.

Alertado por Carabineros, acudió al lugar, premunido de su instrumental, el sargento Edgar Lima, expoerto de la LABOCAR, quien recogió los fragmentos del cuerpo aplastyados y dispersados por la maquinaria. En el corte profundo de la ladera, al rescatar otros fragmentos de huesos humanos, observó con sorpresa que aparecían algunos pequeños objetos y vasijas pequeñas de cerámica y cestería que le llamaron la atención. Por el inminente peligro de derrumbe y debido a la presencia de niños y curiosos en el lugar, optó por recoger todo el ajuar que fue apareciendo al buscar los restos del esqueleto. Recogió todo lo que se veía a la vista y lo envolvió con especial cuidado en papel de diario y puso en una cajón de madera. Todo fue trasladado a Iquique. El cuerpo estaba envuelto en una especie de manto o cotona tejido en lana muy gruesa. Fue imposible saber la disposición exacta del ajuar, pues la máquina perturbó el conjunto, dispersándolo. Se cercioró de que no había más huesos humanos que recoger, lo que correspondía a la tarea a la que había venido, como experto del laboratorio.

Examen del ajuar funerario.

En Iquique se comunicó con el suscrito, a quien conocía desde hace algunos años, y nos pidió que fuésemos al laboratorio de Carabineros a reconocer, en mi calidad de arqueólogo, el conjunto del hallazgo, y comprobar que se trataba de un entierro prehispánico y no de un posible crimen.
Fue en esta ocasión en que tuve la oportunidad de fotografiar en detalle las piezas, con el objeto de dar cuenta detallada, mediante un Informe ad hoc, tanto a la Encargada Regional del Consejo de Monumentos Nacionales de Tarapacá, la Sra. Gerda Alcaide, como al General de Carabineros de la zona de las circunstancias exactas del hallazgo y de la razón de ser del levantamiento, sin presencia de experto, de piezas arqueológicas.

La legislación arqueológica.

Es sabido que la legislación protectora de monumentos nacionales vigente ( Ley 17.288) no permite el levantamiento de un hallazgo arqueológico por cualquier persona, pues esa tarea debe ser hecha por arqueólogos expertos por muy convincentes razones: sea para evitar la sustracción posible de piezas, sea para poder hacer un trabajo acucioso de rescate, sea finalmente para evitar la posible destrucción o deterioro del respectivo ajuar funerario. De hecho, cada enterramiento prehispánico entrega al arqueólogo o especialista una gran cantidad de información y por ello, el proceso de rescate requiere ser llevado a cabo con el máximo de acuciosidad y destreza. Lo que exige una expertise particular. Para ello, precisamente, se forman los arqueólogos por largos años.

Un rescate o salvataje de emergencia.

Las circunstancias que rodearon este particular descubrimiento casual, la presencia de personas curiosas, la inmediata vecindad de la carretera, el temor a un derrumbe y el evidente peligro de la llegada de perros a husmear el hallazgo, empero, impidieron tomar todas las precauciones normales que supone y exige la legislación, por los inminentes riesgos que se corrían. La operación realizada por el sargento de Carabineros que allí se encontraba por otra misión, propia de su especialidad fue, evidentemente, un trabajo de rescate urgente, debido a una emergencia, tarea que a juzgar por el estado de las piezas y el cuidado puesto en su embalaje, fue realizada con la mayor prolijidad que fue posible. Así lo hicimos saber en nuestro informe enviado a Carabineros y a la Oficina Regional del Consejo de Monumentos Nacionales.

El ajuar funerario.

El conjunto de alrededor de 50 piezas que acompañaban a este cuerpo humano, al parecer de una mujer, y que mostramos en las fotos que acompañan este segmento del Blog, nos parece de un enorme interés científico, por varias razones que enumeraremos a continuación. Esperamos que expertos arqueólogos y otros estudiosos (v gr. expertos en cestería) puedan acudir pronto a estudiar este valioso ajuar, para darnos mayor información sobre su contenido, tipología, factura, cronología, pertenencia étnica y funcionalidad. Hacemos votos para que este conjunto funerario sea integrado a un museo donde arqueólogos especializados puedan estudiarlo en detalle, despejando las numerosas dudas que hoy nos asaltan e inquietan.

Razones de su interés para la ciencia.

a) Es muy poco común encontrarse con un ajuar funerario que en un 100% esté constituido por miniaturas. Ni una sola de las piezas estuvo destinada a un uso real sea doméstico, sea ritual. Y esto por dos razones, primero por su pequeñísimo tamaño, y 2) por el escaso grado de cocción que observamos en las piezas cerámicas. Éstas son, por consiguiente, extremadamente frágiles. La temperatura de cocción posiblemente debe haber alcanzado escasamente los 200º- 250º C , lo que es muy bajo para lograr una dureza verdaderamente compatible con un uso real. Las cerámicas hechas de arcilla necesitan ser cocidas sobre los 450º - 500º C. La hermosa cerámica Inca ha sido cocida sobre los 650º - 700º C .

b) Todas las piezas cerámicas fueron cocidas exactamente de la misma manera y a la misma temperatura, de donde podemos concluir que todas fueron hechas de una sola vez, casi seguramente con ocasión del deceso del artesano o la artesana;
c) Todas las piezas de cestería fueron hechas de la misma manera y con la misma técnica de tejido en espiral (coiled basketry) , y con el mismo material (junco); con máxima probabilidad, fueron hechas, igualmente, de una sola vez y con un claro propósito ritual fúnebre;
d) Lo mismo podríamos señalar de las escasas piezas textiles. Un análisis y estudio más fino de éstas, puede revelar otras cosas.
e) Desde el punto de vista tipológico (variedad de formas), nos parece interesante señalar: primero, que todas las piezas de alfarería carecen totalmente de asas; segundo: que casi seguramente reproducen, en su forma (no en su tamaño, por cierto) los tipos comunes de su comunidad de origen;
f) De donde podríamos tal vez sospechar de que esta variedad estilística expresada en este extenso ajuar no sea sino una expresión plástica de los tipos cerámicos y cesteros que el o la artesana confeccionaba en vida. En tal caso, podríamos sugerir que se trata, ex hypothesi, del entierro de una artesana (si fuera un cuerpo femenino, como parece), conocida por su habilidad con las manos. Por cierto es sólo una hipótesis nuestra. Si se llega confirmar que el cuerpo es femenino, nuestra hipótesis tiende a consolidarse como válida, pues eran más bien las mujeres las artesanas, sobre todo de las piezas de cestería;
g) Los arqueólogos familiarizados con los tipos cerámicos propios del Período Intermedio Temprano o Medio en nuestra zona tarapaqueña, tal vez nos puedan informar al respecto, en el caso hipotético propuesto de que aquí se trate de un muestrario de los tipos corrientes usados en la cocina de la época. Pidamos, por tanto, el parecer a los arqueólogos expertos en la zona.

Posible cronología del entierro.

No siendo el suscrito un diestro conocedor de la variedad cerámica prehispánica de Tarapacá, no estamos en condiciones de determinar fechas precisas. Si el muestrario de alfareríafue efectivamente una expresión plástica en miniatura, de formas reales en uso en una comunidad de la época, a primera vista ésta nos parece sumamente tosca y diríamos casi primitiva en sus formas. Y, en tal caso, podría tratarse de un entierro de los primeros siglos después de Cristo. O, tal vez, de un poco antes de Cristo. No tenemos base segura para decidir al respecto tema que ahora incumbe a arqueólogos especializados en cerámica de la zona de Tarapacá.

Significación ético-religiosa del hallazgo.

Al constatar que todas las piezas del ajuar, sin excepción, son sólo miniaturas, y por ende, "inútiles" e "inservibles" desde el punto de vista utilitario, nos surge la gran pregunta: ¿qué quisieron expresar realmente los miembros de ese grupo humano? ¿En qué forma concebían el paso al más allá?. ¿Por qué recurrieron a formas en miniatura?. ¿Por qué se apartaron del uso común de la mayoría de los pueblos, de usar, en su ajuar funerario, formas reales?. Porque esto resulta muy comprensible cuando se pone ofrendas reales de alimentos y utensilios para que el difunto pueda emprender, bien equipado, el largo camino hacia el más allá; pero, ¿por qué lo expresan ahora y aquí solamente con miniaturas?. Lo común que encontramos en entierros provistos de un ajuar cerámico, es el empleo de tamaños y formas reales, a veces en forma de ejemplares nuevos, recién hechos, sin uso precedente, otras veces las piezas han sido claramente usadas por el difunto, dejando señas de abundante tizne y quemaduras en superficie.


¿Expresión simbólica de creencia en la vida de ultratumba?.

¿Por qué en este caso y, tal vez, en esta época parece darse un tipo de creencia en la vida futura, aparentemente diferente de la más común y corriente?. Porque el elemento simbólico aquí es evidente: se imitan ritualmente las formas de los objetos. Se renuncia a usar los objetos mismos. ¿Es este cambio simplemente por economía de materiales, o por pobreza?. No lo creemos. Y, ala verdad, no tenemos la menor idea. Lo que sí nos resulta evidente es que detrás de esta forma de practicar el rito mortuorio parecería esconderse una forma diferente de pensamiento, una forma diferente de enfocar la creencia en el más allá. Una forma en cierto modo "sublimada", o "purificada" como dirían los psiquiatras.

¿Representa esta forma de ajuar "infantil" una expresión ya conocida y en práctica en sectores de la quebrada de Tarapacá?. Es muy posible. En todo caso, el tema resulta realmente apasionante y da pábulo a toda clase de especulaciones.

El postrer homenaje.

Nos quedamos con la idea de que nuestra artesana fue homenajeada por sus familiares, al partir hacia el enigmático y tenebroso más allá, mediante el regalo de su variado repertorio artesanal tanto cerámico como cestero y textil para que ella pudiera recordar, en su nueva vida, las formas exactas que elaboraba en vida y allí gozara observándolas. ¿O fueron sus nietos pequeños, adiestrados previamente por ella misma, los que regalaron a la abuela al morir este ajuar, preparado con sus pequeñas e inexpertas manos infantiles?. Materia de meditación y de honda reflexión tanto teológica y/o escatológica, como psicológica y social.

Exponer en forma digna y segura este material, previa limpieza y procesamiento, en una vitrina de un Museo regional de Tarapacá (en Pica o en Iquique), con algunas reflexiones del tipo indicado, podría ser de enorme interés para el público visitante. Si se nos permite un consejo, nos inclinamos por que el lugar de destino de esta valiosa muestra sea el Museo de Pica, por cuanto el entierro corresponde a una cultura evidentemente agrícola y, también, por razones de vecindad geográfica.