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jueves, 27 de septiembre de 2018

El inglés William Bollaert y la Isla de Pascua o Rapa Nui: referencias al secuestro de nativos conducidos a la fuerza a las guaneras del Perú.



Fig. 1.  Foto  original de Hans Helfritz de un moai semi-enterrado en las faldas del volcán Rano Raraku. (presentado en revista argentina "Histonium", Buenos Aires, Septiembre 1949, en artículo sobre Isla de Pascua).

El doloroso tema del secuestro o rapto  de isleños de Rapa Nui.

En un capítulo anterior, hace unos días atrás,  hemos presentado un artículo bastante desconocido sobre Isla de Pascua o Rapa Nui, publicado en la revista  de cultura argentina "Histonium" en el mes de septiembre del año 1949, hace casi setenta años. Dedicado a la fiesta nacional de Chile, contiene numerosos artículos sobre diversos aspectos de la historia y cultura chilenas  escritos por connotados  autores de la época. Entre ellos, destaca este artículo sobre la isla.

Hicimos mención allí a una referencia concreta del químico inglés William Bollaert  al secuestro de nativos de la isla, en la década del 1860, efectuado por navíos de bandera peruana. Estos isleños prisioneros, fueron conducidos como esclavos para trabajar en las guaneras peruanas  de las Islas Chinchas y en las haciendas azucareras del país. Secuestrados a la fuerza de su isla, fueron vendidos en el puerto del Callao a su arribo al continente.. Casi todos murieron  al poco tiempo, atacados por la fiebre amarilla o el cólera. Ahora cumplimos con nuestra promesa de dar a conocer la referencia exacta con  algunos comentarios nuestros.

Referencia del investigador inglés Willim Bollaert.

Relata con dolor este hecho el investigador inglés William Bollaert en una presentación que hizo en  la Sociedad Inglesa de Antropología (Londres) en el año 1863. Bollaert había hecho la denuncia de este delito ante el consulado inglés en Lima. Las correrías de navíos peruanos piratas por las islas de Oceanía en busca de mano de obra esclava, se extienden a lo menos entre los años 1860 y 1863. Ante los sucesivos reclamos de los Cónsules de Francia e Inglaterra, tal actividad esclavista termina pronto- tal como aquí lo señala Bollaert-, no sin antes haber logrado conducir forzados a las costas peruanas, cerca de 1.000 infortunados, la casi totalidad  de ellos procedentes  de Isla de Pascua o Rapa Nui. En el puerto del Callao donde eran puestos a la venta, los  raptores obtenían pingües ganancias ofreciéndolos como "trabajadores", de hecho, a la verdad,  "esclavos" modernos, capturados a viva fuerza en su isla natal.

Rememorando los viajes  de barcos negreros españoles y portugueses.

 Esta tenebrosa historia representa una tardía y fatídica reproducción de las "cacerías" efectuadas por  barcos negreros, particularmente portugueses, catalanes y españoles, a las costas orientales de Africa en los siglos XVI y XVII, para capturar esclavos, los que eran conducidos a América, la mayoría de ellos al puerto de Cartagena de Indias, en Colombia y vendidos allí a  buen  precio a  los hacendados del lugar. San Pedro Claver (1580-1654), misionero y santo jesuíta de la época,  fue uno de los pocos encargados de dar atención espiritual y material a los pobres esclavos, a su arribo a  Cartagena de Indias en condiciones misérrimas. Los Archivos de la Compañía de Jesús en Roma ofrecen abundante información sobre este doloroso y bochornoso episodio de la historia americana.  Pero, -aclaremos- era éste, por lo demás,  un procedimiento usual en esa época, (siglos XVI y XVII) en que la esclavitud era aceptada,  pero no, dos siglos después,  ya en pleno siglo XIX, cuando las  repúblicas americanas se habían independizado de España hacía ya tiempo. 

Quién fue William Bollaert, el acusador.

William Bollaert es hoy un personaje bastante bien conocido para los investigadores chilenos y peruanos que escriben sobre la Antropología, Arqueología, Geografía o Historia de la región de Tarapacá, en aquel tiempo en posesión del Perú. Hijo de un inmigrante holandés asentado en Londres, llegó  a Iquique  muy joven en el año 1825, como ensayista de metales (químico, diríamos hoy), y se instaló en la Mina de plata de Huantajaya, junto a la actual ciudad de Alto Hospìcio, cercana a Iquique. Desde allí recorre,  incansablemente, más por curiosidad intelectual que por encargo específico, toda la  región de Tarapacá, incluyendo los sectores altiplánicos más alejados,  y nos presenta, en sucesivos artículos científicos, la realidad geográfica, social y económica de la Provincia  que da a conocer ante el público científico europeo. Reside en la provincia por dos períodos, totalizando más de 25 años de permanencia en el área.

El mejor conocedor de Tarapacá en su tiempo.

 En el Perú de su época, Bollaert llega a ser, con toda  probabilidad, el más profundo conocedor de  la Provincia, la que describe prolijamente tanto desde el punto de vista de su geografía regional, como de su economía, demografía, antropología, historia, etnografía y aún folklore. Prácticamente nada escapa al ojo avizor de Bollaert, Y tanto el científico como el historiador  o el folklorólogo de hoy encuentra en sus numerosos trabajos, a cada paso,  gran cantidad de referencias a las costumbres, ceremonias y usos de los indígenas tarapaqueños de entonces. Los trabajos de Bollaert son hoy un inagotable venero de información de primera mano.

Referencias sobre William Bollaert.

Acerca de Bollaert y su actividad en Tarapacá puede consultarse al historiador  Oscar Bermúdez en su trabajo: "Esbozo biográfico de William Bollaert", en Revista  Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, 1975, Vol. I, Nº 3-4,  313-318, Santiago.  Una  minuciosa descripción suya de la provincia de Tarapacá, puede verse, en traducción nuestra, en  la misma revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad  Católica de Chile, 1975, tomo I,  Nº 3-4: 459-478; con cinco Láminas originales del autor. . De gran utilidad es, igualmente  consultar el reciente trabajo de Luis Castro, Carolina Figueroa et al., "William Bollaert y sus descripciones geográficas, cartográficas y antropológicas sobre la provincia de Tarapacá en la etapa de la formación republicana del Perú 1827-1854", en la revista  HISTOReLo (sic!), revista  de historia regional y local,  Vol. 9, Nº 18, 2017: 121-164, Colombia.

Observación  accidental al tema de los esclavos  secuestrados de Rapa Nui . 

La referencia de Bollaert a este tema del secuestro de nativos de Isla de Pascua, es de carácter meramente circunstancial. No se trata, pues, de un artículo completo dedicado a este tema como nosotros mismos lo pensamos inicialmente. De hecho, Bollaert jamás visitó la Isla de Pascua, y sus referencias a la isla (que gustosos ofrecemos ahora en este capítulo)  son fruto o de sus lecturas, o del conocimiento indirecto de los hechos a través de sus numerosos contactos en Lima y Callao. Pero sí conocía de cerca las condiciones de trabajo en las guaneras peruanas de las Islas Chincha, a donde serían destinados casi todos los cautivos polinésicos en 1862. Sobre éstas, había escrito ya una reseña  en el periódico inglés Illustrated Times, el 5 de Marzo de 1859.

¿Dónde aparece este tema en la obra de Bollaert?.

 Lo que Bollaert nos refiere sobre este particular ocurre cuando el  autor examina, en uno de sus mejores artículos científicos,  la población del Perú en la época de su propia permanencia allí (entre  1825 y 1870, aproximadamente). La primera referencia que hemos hallado, es un corto párrafo de un extenso artículo suyo de carácter demográfico titulado: "Observations on Past and Present Populations of the New World" y fue leído en una sesión de la Anthropological Society  of London el día 12 de Mayo de 1863. Aparece publicado en la revista Transactions  of the Anthropological Society of London, vol. I, 1863, pp. iii-x. Hoy tenemos la fortuna de poder leerlo cómodamente en Internet:    https://www.jstor.org/stable/30254123. 

Su texto en inglés:   

"Peru has 2,300,000 [inhabitants] including  240.000 whites, the greater portion  Indians, but with the introduction of the Negroes more than twenty three different varieties are well known and distinctly named. Chinese have been regularly  imported for years past as laboreurs. Some polynesians have also been kidnapped, but this traffic was soon stopped; the change of climate and food was fatal to ther latter"(paréntesis cuadrados y cursivas mías). 

En traducción castellana nuestra:

"Perú tiene 2.300.000 [habitantes] incluyendo a 240.000 blancos, la gran proporción [son] indígenas, pero con la introducción [al país] de los  Negros, más de 23 diferentes variedades [raciales, fruto del mestizaje] son bien conocidas y [son] nombradas en forma diferente. Los Chinos han sido regularmente importados en los años pasados en calidad de trabajadores. Algunos polinesios han sido igualmente secuestrados, pero este tráfico fue detenido pronto; el cambio de clima y alimentación fue fatal para estos últimos". (Cursivas y paréntesis cuadrados nuestros!).

Esta última frase, en cursivas nuestras, fue interpretada erróneamente por algún miembro de la  Sociedad de Antropología de Londres (seguramente por el secretario de redacción del Acta de la sesión anterior), y fue mal entendida como si se tratara de negros que habían sido secuestrados y llevados a la fuerza a Isla de Pascua, donde murieron. Este es el error que aquí Bollaert  quiere corregir en forma muy caballerosa,  indicando a qué se había referido él puntualmente. Y en este contexto, nos ofrece su breve, pero elocuente y casi desconocida referencia a los nativos de Isla de Pascua raptados y llevados por la fuerza a las costas peruanas.  

A continuación, anoto la referencia exacta de W. Bollaert en su texto original inglés, fotocopiada por mí en Stony Brook (USA), durante mis años de doctorado en Antropología (1984-86), pero aún  perfectamente legible  (subrayados míos):

Traducción nuestra  de este texto:

"Al Editor de la Anthropological Review:  Señor, en la página 186, en el  informe de la discusión ante la Anthropological Society se establece que el Sr. Bollaert había mencionado el caso de un número de Negros que habían sido secuestrados y conducidos a la Isla de Pascua [Eastern Island], donde rápidamente murieron por efecto de la disentería y  el sarampión. [Pero] lo que yo afirmé fue que un número de aborígenes (es decir,  polinésicos), habitantes de Isla de Pascua (entre los 75º 5´ y 75º 12´ de latitud sur y entre los 109º y 110º de longitud oeste), habían sido secuestrados y llevados al Perú, con la intención de convertirlos en peones. Ellos no pudieron o no quisieron ser enseñados para el trabajo. El indio generalmente  no es un individuo [apto para el] trabajo y  a consecuencia del cambio de clima y alimentación, muchos murieron de disentería y sarampión.Yo quisiera agregar que el secuestro de nativos desde algunas de las islas de la Polinesia ha sido  [efectivamente]  perpetrado  y ellos han sido  llevados al Perú como peones. Sin embargo, las autoridades nacionales [inglesas] y francesas en dichas áreas  pusieron fin  de inmediato a aquel  horrendo procedimiento, lo mismo que hizo el gobierno peruano". (A  continuación, sigue un largo párrafo, enteramente diferente, dedicado a examinar la presencia de sangre judía en Nueva Granada (Colombia), tema que aquí no viene al caso. Al término de esta cita, Bollaert apunta la fecha: Londres, 2 de Mayo de 1863, Firma W. Bollaert). (subrayado y paréntesis cuadrados nuestros).
  
La nota al pie de página señala: "nosotros hemos insertado [aquí] la nota del Sr. Bollaert, pero aprovechamos la oportunidad de señalar que no somos responsables, en modo alguno,  de los contenidos del Journal de la Sociedad, así como la Sociedad Antropológica  tampoco es responsable del contenido de la Revista. El  Editor".

Una cruda descripción de este secuestro de indígenas de Rapa Nui.

Alfred Métraux (1902-1963) es uno de los más prestigiosos etnólogos que han estudiado las culturas de Sudamérica. En los años 1934-35 dirigió una expedición francesa de estudio a  Isla de Pascua.  Es autor de muchas obras, pero en el tema que aquí nos atañe es autor de una valiosa obra sobre a Isla. (En francés  L´Ile de Paques, original de 1941; traducción castellana como:  La Isla de Pascua, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1950).

Sobre el tema que hoy nos preocupa, el rapto de nativos de la Isla, aporta este investigador la siguiente y sobrecogedora descripción:

"El miserable cargamento de carne humana [aludiendo a los 800 a 900 pascuenses capturados en Rapa Nui por barcos negreros del Callao que arriba a puerto el 12 de diciembre de 1862]  llegó
al Perú y fue inmediatamente vendido a las compañías que explotaban el guano. En pocos meses, la enfermedad, los malos tratos y la nostalgia redujeron a un centenar  los novecientos o mil indígenas capturados. Gracias a la intervención de Monseñor Tepano Jaussen [obispo católico de Tahiti],  el gobierno francés hizo presiones diplomáticas ante el Perú a las cuales se asocian los ingleses. Poco después, se dieron órdenes oficiales para que fuera repatriado el puñado de pascuenses que había sobrevivido a esos meses de trabajo forzado. Fueron puestos a bordo de un barco que debía  volverlos a su isla, pero la mayor parte murieron en el camino víctimas de la tuberculosis y de la viruela. Solamente quince nativos regresaron a la isla; su vuelta constituyó la más grande desdicha para los habitantes que habían quedado. Poco después de su retorno,  se declaró una epidemia de  viruela, cuyo germen había sido llevado por los cautivos y que convirtió a la isla de Pascua en un vasto cementerio".(1945:57-58;  paréntesis cuadrados nuestros).

Ese triste episodio es uno de los hechos más bochornosos y tristes ocurridos en la historia de la Isla, sometida posteriormente y por decenios a una intensa  explotación agrícola y ganadera por parte de concesionarios franceses que utilizaron a los pascuenses como mano de obra barata. El gobierno chileno hoy -al igual que el peruano- debería también hacer un  profundo y sentido "mea culpa" por la manera indigna con que abandonó en esos años, al pueblo rapanui, indefenso,  completamente sometido a concesionarios extranjeros despiadados. La misión católica a cargo de misioneros de la Congregación de los Sagrados Corazones (SSCC) se opuso tenazmente a tal trato ignominioso e hizo lo indecible por  proteger a los nativos de los abusos. Se llegó al extremo de retirar a un grupo de pascuenses a Tahiti  para salvarlos de las manos del concesionario francés M. Dutrou Bornier que los esclavizaba. Se desató así una verdadera contienda entre los misioneros y el concesionario.  Existe abundante información en los archivos de la Orden en Roma sobre esta admirable y sacrificada labor  de protección   de los pascuenses, labor de la que poco o nada se habla hoy, cuando la crítica a las Misiones y misioneros, está a la orden del día.

Consulta obligada sobres este tema  es por cierto  la obra del sacerdote capuchino alemán Sebastián  Englert (1888-1969)  "La Tierra de Hotu Matúa", [original 1948] que  fuera durante  más de 30 años misionero católico en la Isla. Es, lejos,  el trabajo más documentado y serio que se conoce sobre esta Isla y sus habitantes. Englert, llegado a la isla en 1935 después de trabajar con los mapuches del sur de Chile, llegó a dominar  tan a fondo la lengua pascuense que escribió un  diccionario de la misma (1938), y sus escritos  han  impresionado a los científicos por su  profundidad  y su riqueza de información. En 1955 fue consultor obligado de la expedición científica a la isla liderada por el noruego Thor Heyerdhal.

Otras referencias de W. Bollaert  sobre  Isla de Pascua.

Espigando entre sus escritos, hemos hallado  un par de referencias más, que atañen directamente a la Isla. La primera, dice relación con su poblamiento, y la segunda, hace referencia a sus principales monumentos, los Moais. He aquí los textos:

"Velasco [se trata del jesuíta Juan de Velasco] , the historian of Quito, and other writers of his time as well as some moderns, have supposed that Peru was peopled from the west, making Easter Island a stepping-stone [3]. This  is another fanciful idea, and the examination of the now delapidated stone (volcanic) idols of that island (not the work of the present race), will help but little this conjecture (1860: 23-24).

Traducción nuestra: "[el Padre Juan de] Velasco [S.J.] el historiador de Quito, y otros escritores  de su tiempo,  así como algunos otros modernos, han supuesto que Perú fue poblado desde el  occidente, poniendo  a Isla de  Pascua como un  escalón [intermedio de paso].  Esta es otra idea fantasiosa y el examen de los ídolos de piedra de la isla , hoy destruidos, (y que no son obra de la raza actual), poco ayudarían a sostener dicha conjetura". (1860: 23-24).

(Note 3 (de la cita anterior): El jesuita Juan de Velasco (1727-1792) fue autor de la obra "Historia del Reino de Quito en la América meridional", publicada en 1789).

El texto inglés de la segunda referencia a la isla, es éste:

"Eastern Island, 27º 05` S [and]  109º 46´ W.,  1500  miles from the nearest western island and 2000 from the coast of Peru. The people tatoo and paint. There are three platforms of stone work, in ruins, on each stood four statues, one fifteen feet high, first seen by Davis in 1686. Population said to be 6000 to 7000. These people pierced, but unlike the Peruvian orejon (sic!), some of the Mongols have their ears pierced and enlarged. [Jacob] Roggeveen  [escrito Rogweggen], 1722, in Dalrymple´s  Voyage, mentions the worship of the sun  in Eastern Island. One man there  with white pendants in his ears, white and round, size one´s fist, appeared to be a priest. See Delafield´s Origin of American Antiquities, 1839, Bradford, 429. Ellis Pol. Res. III, 325; IV, 101.(pg. 23).  (Adiciones en paréntesis cuadrados nuestros).

Nuestra traducción:

Isla de Pascua [situada a los] 27º 05` S   y  109º 46` W  a 1.500 millas  de la isla occidental más cercana,  y a 2.000 [millas] de la costa del Perú. Sus gentes se tatúan y  se pintan [el cuerpo]. Existen tres plataformas hechas de piedra, [hoy]  en ruinas,  y en cada una de ellas se alzaban cuatro estatuas, una de ellas de quince pies de altura, por primera vez  vistas por Davis en el año 1686.  Se dice que su población era  entre  6.000 y 7.000 [habitantes].  Esta gente se  agujereaba[las orejas]  pero a diferencia de los Orejones peruanos, algunos de los Mongoles usan sus orejas  horadadas y  agrandadas. Rogveggen  [sic por Roggeveen] en 1722 ( [cit. en] en el Viaje de Dalrymple), menciona [la existencia] del culto al sol en Isla de  Pascua; un hombre  que allí usaba  pendientes en sus orejas, muy blancos, blancos y redondos, del tamaño de un puño, parecía ser un sacerdote. (Vea El Origen de las Antigüedades Americanas de Delafield, 1839; Bradford, 429; Ellis, Pol. Res. III, 325; IV, 101". (Adiciones entre paréntesis cuadrados, nuestras).

Estas dos últimas referencias de Bollaert se encuentran insertas en una Nota de la pág. 23 (Note 3)  de su trabajo de  1860, seguramente su obra más conocida entre nosotros:   Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada, Ecuador, Peru and Chile, with Observations on the Pre-Incarial, Incarial and other Monuments of Peruvian Nations, London, Trübner and Co,  1860.

Comentario eco-antropológico.

1. Ya hemos señalado que Bollaert jamás pisó el suelo de Isla de Pascua. Sus referencias, en las notas precedentes, surgen, pues, necesariamente de sus lecturas y consultas. Ellas comprueban su gran interés por informarse detalladamente sobre el tema.

2.  William Bollaert, como  buen científico, quiere aclarar los términos de su  exposición ante la Sociedad de Antropología de Londres que habían sido casualmente tergiversados en la edición de la revista. 

3 . Da allí con precisión las coordenadas geográficas de isla de Pascua para entendimiento de los lectores del Journal. De donde deducimos que manejaba perfectamente bien los conocimientos geográficos de su época.

4.  Respecto a la teoría del poblamiento de América desde el oriente, a través del Pacífico (lo que hoy denominamos "contactos transpacíficos"), con escala en Isla de Pascua, Bollaert se manifiesta totalmente contrario y tilda a dicha hipótesis como "fantasiosa"  y sin base alguna.  El explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), sin embargo,  en su balsa Kon-Tiki construida de  totora (cañaveral) y madera de balsa por indígenas  peruanos del lago Titicaca,  logró  probar que desde el Perú (Callao) era posible viajar a la Oceanía, surcando todo el Pacífico. La Kon-Tiki arribó maltrecha, tras 101 días de viaje,  un 28 de Abril de l947,  a las islas Tuamotú. Con este homérico viaje,  se comprobó la posibilidad de efectuar viajes en balsas  desde América a Oceanía. Pero no al revés, como pretendiera el jesuíta Juan de  Velasco en la cita antes mencionada. El tema del poblamiento de América  a través del Pacífico  sur, es aún hoy tema de abierta  discusión  entre los científicos. Si Isla de Pascua fue abordada por inmigrantes polinésicos  hacia el siglo XII D.C. - como señalan hoy los arqueólogos- es perfectamente imaginable que lo fuese también la costa sudamericana, al igual que lo fue Hawaii en algún momento.  La arqueología del futuro nos develará, tal vez, algún día  este misterio. El tema intrigó poderosamente a Paul Rivet,   notable etnólogo francés,  quien  en su  bien conocida obra "Les origines de l`homme americain" (Gallimard, Paris, 1957) planteó la "teoría poliracial" del poblamiento de América: una de sus fuentes habría sido a  través del océano Pacífico en balsas, desde algunas islas de la Polinesia y Melanesia. Teoría que, después de la travesía de Heyerdahl, adquiere más y más fuerza.

5. Su frase: "el indio no es generalmente un individuo apto para el trabajo" nos resulta hoy  muy discutible y ciertamente no es aplicable al indígena de las culturas agrícolas sudamericanas. En el caso de los polinésicos, dotados de un clima ideal que favorece el rápido cultivo, la frase  resulta más comprensible, puesto que -tal como señalan algunos descriptores  de isla de Pascua-  el pascuense solía cultivar muy pocas especies de plantas y prefería dedicarse a la pesca y al marisqueo, tan abundante en su medio  costero. El isleño no fue precisamente un avezado agricultor como lo fuera el aymara o el quechua en el  Perú de su tiempo  y, además, disponía de escasas plantas alimenticias: el camote, el ñame y el taro, sus  únicos tubérculos comestibles antes de la introducción del maíz y el trigo y otras legumbres por los navegantes  europeos.  

6.  Bollaert parece horrorizarse ante el espectáculo del secuestro de los nativos de la isla, del que tiene noticias frescas, pues dichas correrías de naves peruanas por el Pacífico para procurarse esclavos para las Guaneras, ocurren exactamente durante su permanencia en el sur del Perú (Tarapacá). Titula el hecho de raptar y secuestrar indígenas para  esclavizarlos y llevarlos a las Guaneras como un "nefarious proceeding", un "procedimiento nefasto". Se apresura en señalar que tal tráfico humano había sido ya suspendido por reclamos de las autoridades europeas (Consulados de Francia e Inglaterra)  destacadas en Lima.y que habría durado afortunadamente muy poco tiempo (1860-62). Cabe preguntarse si las autoridades peruanas de su tiempo, al condenar el hecho, habrían castigado de alguna manera a los capitanes de  naves culpables. No lo sabemos. Probablemente, no hubo castigo alguno, a lo más, algunas  suaves "advertencias" a futuro.

7. Este negro capítulo del rapto de gran número de isleños, en pleno siglo XIX, para esclavizarlos y conducirlos a trabajos forzados en las guaneras peruanas de las islas Chincha, es uno de los más bochornosos y vergonzosos  incidentes en la historia de las relaciones entre  Oceanía y sus numerosas y dispersas  islas  del Pacífico y las potencias occidentales, incluidas las americanas.  Triste capítulo que esperamos no vuelva a repetirse -con tintes  y matices por cierto diferentes-  en el futuro de las relaciones entre Chile e Isla de Pascua. su "posesión"  insular. Máxime ahora cuando corren potentes "vientos de independencia" en la isla.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Los pescadores changos en las costas del norte de Chile. Cómo los vio la expedición de Alejandro Malaspina en 1790.

                                                                                                                                                                                      

 Fig. 1.   Don Alejandro Malespina  (1754-1809), marino italiano  nacido en  Mulazzo (Nápoles), súbdito de la Corona española  en dicha época, a cuyo mando se confió la expedición científica española a que aquí hacemos referencia.

 La  expedición Malaspina-Bustamante.                                    
Entre los años  1789 y 1794 se realizó la famosa expedición científica a  las costas de América comandada por el marino italiano al servicio de España  Alejandro  Malaspina y el español  José de Bustamante, conocida como la "Expedición Malaspina". Malaspina (1754-1810)  había tenido una probada formación náutica en Malta y luego en España,  y en  1777 participó en una fallida expedición a Filipinas. El viaje de investigación a América, aprobado por el rey Carlos III,  fue la respuesta de España a las  atrevidas y audaces campañas de los marinos franceses   Bougainville (1776-1779)  y La Pérouse (1785-1788)  que la precedieron, así como  las inglesas de Byron (1764-1776)  y  James Cook (1772-1775). España no quiso quedarse  atrás en la investigación científica y cartográfica de las costas americanas. Lo testifica Don Ambrosio O´Higgins, cuando en una extensa carta enviada a  José de Gálvez, Secretario de Estado del Despacho Universal de Indias hacía hincapié en la importancia de que España  no se quedara atrás en este tipo de exploraciones, por el peligro de que Francia, Inglaterra o Rusia  pudiesen establecer colonias en dominios españoles. El futuro Virrey del Perú, a la sazón   Gobernador de Chile,  fue extraordinariamente previsor en este sentido.   

En el presente  capítulo,  queremos  aportar nuevos antecedentes sobre el tema  que hoy nos preocupa.






    La expedición de Malaspina en el contexto de  la Ilustración. El Gobernador O´Higfgins  

En el presente capítulo, nos vamos a referir a algunas noticias  que provienen de una de las últimas expediciones científicas españolas a las costas del Pacífico sur, concretamente, de la expedición comandada por los marinos Alejandro Malaspina y  José Bustamante entre los años 1789 y 1794. En plena época de la Ilustración,  la expedición tiene por misión  ofrecer a la Corona española un conjunto de conocimientos nuevos, aportados por las ciencias (Geografía, Cartografía,  Botánica, Zoología,  Mineralogía, Geología) que permitan  a España obtener nuevos conocimientos y nuevos recursos creando así  las condiciones para  un mejor aprovechamiento de los territorios de sus Colonias, todavía muy imperfectamente conocidos.  El énfasis que sus investigadores  (botánicos, naturalistas, geógrafos) ponen en el descubrimiento de especies nuevas de plantas y animales, como de las riquezas oceánicas o mineralógicas de toda índole tiene por objetivo, igualmente, interesar a la Corona española en la defensa y protección de las costas de estas posesiones australes descubiertas por España pero ahora  muy apetecidas por otras potencias, especialmente por Francia, Inglaterra, Rusia y Estados Unidos.

España ya no es dueña indiscutida  del océano Pacífico.

La reciente expedición del marino francés La Pérouse entre  1785  y 1788  por las tierras y mares del Pacífico sur,   pone con sobrada razón,  en guardia al Gobernador de la Capitanía General de Chile   don  Ambrosio O´Higgins,  quien representa  a la Corona los peligros que entrañaría  un posible establecimiento de franceses en nuestras costas. O´Higgins demuestra en su  extensa carta del mes de Julio de  1786, dirigida a José de Gálvez, Secretario de Estado de del Despacho Universal de Indias, su extrema preocupación en este sentido, demostrando un alto grado de responsabilidad  cívica y un  profundo conocimiento de las recientes operaciones marítimas de los marinos europeos en América.

La respuesta concreta de la Corona española  fue  la  preparación y envío de esta expedición a cargo de Malaspina y Bustamante, con el concurso de connotados científicos como Tadeo Haenke, Luis Née, Antonio Pineda, José de Espinoza y Tello, Juan Gutiérrez de la Concha,   y dibujantes de nota como Felipe Bauzá, José Guío  y Fernando Brambila. La expedición constaba de dos fragatas, la "Atrevida"  y  la "Descubridora".

Objetivos de la expedición.

Los expresa muy bien la obra de Sagredo y González,  que nos ha sido de valiosa guía en este capítulo: "durante el siglo XVIII,  la ciencia se convierte en un instrumento de expansión imperial,  considerándose parte del proyecto político ilustrado.  La ciencia es poder, y este también se expresa en la capacidad de acceder al conocimiento. En el caso español, la Corona realizó un notable esfuerzo, creando instituciones y organizando expediciones de carácter científico, a fin de generar conocimiento" (2004:  44-45).

Se busca, pues,   conocer   a fondo  el territorio de las posesiones de ultramar, pero desde un punto de vista muy utilitario. La botánica, así, es vista desde el punto de vista de la utilidad inmediata de las plantas para uso humano, sea con  fines de obtención de maderas, sea con fines alimenticios, medicinales  u otros. No es el conocimiento en sí lo que se busca, sino  su aplicación al progreso humano. La hidrografía  y la cartografía se perfeccionan para  facilitar el acceso   por mar a todos los lugares donde existan recursos útiles. Incluso se busca el conocimiento etnográfíco  y aún el lingüístico  para  facilitar el contacto con las tribus americanas, con estrictos fines de comercio.   Pero tal interés francamente utilitario no opaca  o desmerece su importancia etnológica y antropológica,  la que procuramos desentrañar  en el presente capítulo.


Referencias etnográficas reportadas por la expedición

Así, entre todas las curiosidades científicas que nos aporta esta Expedición, más allá de los descubrimientos botánicos y zoológicos, sin duda de enorme interés,  están sus  aportes en  el rubro de la etnografía y antropología. En efecto, entre los documentos que  nos  entrega la investigación hecha por el historiador Rafael Sagredo y el geógrafo José Ignacio González, (investigadores de la Universidad Católica),  hay referencias sumamente interesantes relativas a los grupos patagones (tehuelches), datos  que los científicos recaban en  la costa sur de la actual república argentina,  y otros, mucho más breves y concisos,  pero muy importantes para nosotros,  que se refieren a los pescadores changos  de la costa Norte de Chile. En este capítulo del Blog, pues, solo nos referiremos a éstos últimos, por ser un  tema directamente atingente a nuestro campo de interés especial.

No es el relato de un cronista oficial.

Curiosamente, la obra de Sagredo y González, que hemos consultado aquí  en la hermosa edición del año  2004   (Editorial Universitaria, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago de Chile,  903 p.), no incluye -como podría sospecharse al tratarse de una expedición científica-,  solamente el relato hecho por un cronista de a bordo, encargado de llevar la bitácora de la expedición, sino conforma el acopio paciente de numerosas cartas intercambiadas en la época, con motivo de esta expedición  entre los organizadores españoles, sus científicos y la autoridades españolas en América. Especial importancia presentan para nosotros  las cartas de don Ambrosio O´Higgins. Este ilustrado irlandés al servicio de la Corona española, nos asombra por su notable sagacidad para captar los problemas regionales y por su espíritu francamente innovador, visible  a través de las medidas de progreso que propone.  Esta misma multipliciidad de opiniones, enriquece, sin duda,  nuestro conocimiento de los hechos mismos.

Objetivo de la obra de Sagredo y González.

El objetivo de la obra de Sagredo y González  titulada:   "La expedición Malaspina en la frontera austral de América", que nos ha servido de guía práctica,  no es  tanto relevar la importancia de la expedición y sus resultados  desde el punto de vista  hidrográfico, cartográfico, iconográfico, etnográfico y  científico, sino más bien, mostrar  lo que  los criollos americanos de la frontera  austral del imperio español opinaban  sobre la expedición  y la situación de las colonias americanas, en momentos en que corrían poderosos vientos de  libertad despertados por la Revolución Francesa. En síntesis,  los investigadores se proponen  presentar  "la visión americana"  de una iniciativa  científica  de la Península. Tarea  harto pretenciosa y nada fácil. Para ello,  nos presentan, además de algunos capítulos del Diario de a bordo,  un epistolario muy rico de la época, a través del cual  podemos aquilatar y comparar las opiniones vertidas  por los protagonistas de la expedición, las autoridades españolas, los científicos a cargo y los comandantes de las dos naves. La intimidad de las cartas, nos manifiesta  el pensamiento auténtico de sus autores. En este sentido, la laboriosa obra de recopilación  de Sagredo y González  es muy diferente en su finalidad y objetivos, de  otros trabajos  que nos presentan o describen expediciones marítimas españolas.

Datos suministrados  a  Ambrosio  O´Higgins por el Cabildo de Copiapó en  1789.

Así, pues, no es tanto la voz de Malaspina o Bustamante o de algún Cronista oficial de la Expedición la que escucharemos aquí, sino la opinión autorizada de criollos, buenos conocedores de la realidad americana. Son en este caso personas de Copiapó,  las que nos ilustran sobre   el modo de vivir, la demografía y  el grado de aculturación de los pescadores marítimos conocidos como "changos".  Es su visión,  su percepción de la realidad  social y  etnográfica de estos pescadores costeros, la que percibiremos aquí. Por lo tanto, los changos, en esta relato, no son vistos como una mera curiosidad etnográfica  -como ocurre con casi todos los primeros relatos de los navegantes  franceses  o ingleses de los siglos XVII o XVIII, por ejemplo el de  Alcide  D´Orbigny-  sino como un grupo humano de población conocida, cuya colaboración en la explotación del recurso  de la pesca es altamente cotizada y valorada en su época. Este enfoque, aunque de finalidad  confesadamente utilitaria,  enriquece nuestro conocimiento de la etnia respectiva.  Y la iconografía de apoyo  que nos aportan los dibujantes de la expedición, nos aporta  adicionalmente un riquísimo testimonio de época. La imagen  del chango tripulando  su balsa (Fig. 2), es para nosotros  un valioso aporte etnográfico en este sentido  y tiene más valor que una extensa  descripción.


Fig.  2.   Dibujo tomado del natural  en el puerto de Arica, hecho por el dibujante de la expedición Malaspina don Felipe Bauzá  (Sagredo y González, 2004: 718). 


Datos concretos sobre su población y modo de pesca.

He aquí el párrafo pertinente que nos ofrece  la obra de Sagredo y González  (cita textual) y que comentamos, con notas ad hoc.  Aunque  breve y conciso,  esta cita  nos ofrece un valioso material para nuestro análisis.

"Pesca del congrio en Copiapó y Coquimbo".

"A solicitud de O´Higgins en su visita (1), informa el Cabildo de Copiapó que los pescadores o changos  ascienden en el día [de hoy] en toda la costa  hasta el Papudo, próximamente a 60  (2), así que la pesca  puede mantener triplicado número de gentes que pescan calardo (3) hacia las oraciones (4)   y  como dos leguas a la mar(5), algunas barillas con una porción de anzuelos (6), los que vuelven a coger a la mañana siguiente, destruido ya en mucha parte el pescado por la jibia (7). Parece que cogido  con el anzuelo es mucho más sabroso,  se cera luego arriba (8) . Pocos usan de barrederas (9). Algunos  usan un instrumento  en forma de red, lo llaman casonal y pescan el gerguillo (10). Las embarcaciones son balsas formadas por cuatro o más cueros de lobo marino llenos de viento (11). Los.....(en blanco en el original (12) suelen perseguirlos y de una picada las destrozan, como ha sucedido ya no pocas veces. Se extraerán 500 o más quintales de congrio  (13), pero lo compran a cambio de yerba, harina o trigo o aguardiente sobre precios altísimos; mientras  el pueblo carece aún del pescado necesario para los días de abstinencia [de carne] (14). El pescado  que se recoge en el Paposo se conduce a Potosí  (15). El restante de la costa  lo remite a Coquimbo y Chile y una y otra vez (16) a la Caldera y a Lima. Los precios son 30 a 32 pesos quintal en Potosí, 16 y 18 en Coquimbo. En Chile  (17), 24, 30 y rara vez 40 y 50. lo mismo en Lima. Faltan embarcaciones  oportunas (18)  para la pesca. Se necesita un fondo para construirlas  (19).

Cuadrillas (20) de changos desde la embocadura de Huasco hasta el Paposo  (21):

Boca del Huasco            37
Puerto de Caldera, 
Morro y el Obispo;      146
Caleta de Cachinaldo    19
Puerto del Paposo         49  
                                      
Total                          251  

(Ref.  MN MS 338, ff. 99v-100v (al pie de página en p. 681 de la obra citada de Sagredo y González).                                                                                                               

                                 
                                 Portrait of Ambrosio O'Higgins (18th-19th century).jpg                            
 Fig. 3.   El futuro Virrey del Perú don Ambrosio o´Higgins. Óleo tomado de Wikipedia,  Internet.                                                                                                                                                                                                                                                                             (Nota: Para la terminología propia de las técnicas de pesca, hemos consultado al ingeniero pesquero Mario Aguilar Pulido, cuyos comentarios incluimos aquí abajo  en letra cursiva).
  
Nuestras notas a estos textos.

(1)  A poco de asumir su cargo de Gobernador de Chile, don Ambrosio O´Higgins   hace una visita oficial al extremo norte de su Gobernación, específicamente a la zona de Caldera y Copiapó, donde dicta una serie de providencias para su desarrollo. De esta visita,  brotarán las informaciones solicitadas al Cabildo de Copiapó en relación al ramo de la pesca y a quienes lo ejercitaban entonces, los pescadores changos. De no ser por este interés de O´Higgins por conocer detalles precisos de la pesca en esta región,  careceríamos de esta valiosa información demográfica y etnográfica para esta zona y esta época.

(2)  El número aquí  indicado se refiere a pescadores en servicio activo, es decir, a las cabezas de familia o jóvenes sobre los 18 años capaces de involucrarse directamente en las faenas de pesca. Para poder apreciar el número total de individuos que participaban en estas faenas, (esto es, su población total) habría que multiplicar, a lo menos,  por una ratio 1: 4.  Es decir,  60 pescadores varones equivaldrían aproximadamente a una población total de unas  240 personas. Dado que muy poco más abajo se anota, en forma específica,  el número de changos pescadores  que laboraban desde  el Huasco hasta el Paposo, suponemos a manera de hipótesis que este número de 60 individuos vendría a representar, tal vez,  solamente a la población existente entre la caleta de  Papudo (por el sur) y la  boca del río Huasco (por el Norte).

(3)  "pescar calardo".  El término no aparece registrado en el Diccionario de la Real Academia Española  (versión año  2014).  Mario Aguilar sospecha  que sea un error de transcripción por "calando", esto es   instalando el artefacto de pesca (red).  El cambio de la -n-  por  la -r-  es bastante fácil de explicar, dada la  gran similitud de  su grafía en el manuscrito.

(4) "Hacia las oraciones",  es un modo de referirse al momento del atardecer, luego de la puesta del sol. Con el inicio de la oscuridad,  las familias se recogían a sus casas, durante  el período colonial  y hacían sus rezos  en común antes de acostarse. Hoy los pescadores emplean el término "en la prima" o  "hacia las primas" (Mario Aguilar,  inf. pers., Enero 2015).

(5)  Alejarse "dos leguas de la mar", quiere aquí decir  adentrarse un máximo de un par de leguas marinas mar adentro, para pescar en sus balsas de cueros de lobos marinos. Dos leguas marinas equivalían a  11.110 metros   (ya que se miden veinte leguas por grado geográfico).
                               
(6)  "barillas con anzuelos". "Esta expresión se refiere al arte de pesca denominado espinel o palangre de fondo, el que está conformado por una línea madre  (cuerda principal) de gran longitud, a la cual se fijan, a distancias iguales, cuerdas llamadas reinales, que llevan un anzuelo en su extremo. En algunas caletas del norte, los pescadores antiguos aún llaman "varilla" al espinel". (Aguilar, inf. pers, Enero 2015).

(7)   La  jibia es un cefalópodo marino cuyo  nombre científico  es Dosidicus gigas. "Las jibias no viven en zonas de huiros, ya que estas especies son pelágicas, por lo tanto viven en aguas abiertas y  se desplazan hacia los  huirales en fase de alimentación".  (M. Aguilar, inf.  pers., Enero 2015).

(8)  " se cera luego arriba".  ¿No será tal vez un  error por  "se seca luego arriba", aludiendo al proceso de  secado que tenía lugar en la orilla, con ayuda del fuego  atizado por  huiros  marinos secos?.  Porque  la  expresión verbal  "se cera",  no la entendemos  en este contexto.

(9) "Barrederas", alude al empleo de  redes de  grandes dimensiones: "las redes de barredera hoy en día consisten en una serie de artes de pesca cuyo objetivo es barrer el fondo del mar; creo que para este caso se trata de redes empleadas en forma de chinchorro. Estas últimas son largas redes que se calan formando un semicírculo en el mar y que posteriormente se recogen tirando de ambos extremos  y recogiendo la red hasta llegar al centro de ella (sección  llamada copo) en el cual se concentra la pesca.  La FAO también las denomina como raleras".  (M. Aguilar, inf. pers., Enero 2015).   

(10) el "gerguillo " o jerguillo es un pez pequeño  de orilla y corresponde  a la especie Aplodactylus punctatus Valenciennes  1832. Hoy se la denomina  en la  costa  chilena como "jerguilla" y es un pez costanero, de hábitos  herbívoros (es decir, se alimenta de  algas marinas) y se suele hallar hasta la localidad de Payta, en el sur peruano.  Presenta generalmente una coloración verdosa, a veces amarillenta e incluso,  raramente,  blanca. Es la única especie en Chile del género  Aplodactylus.

(11)   Descripción muy somera de la típica balsa de los changos, constituida por dos odres de cuero de lobo marino,   unidos entre sí e  inflados. Se muestra la estructura superior hecha  de palos amarrados que   presenta una   base perfectamente plana donde se lleva la carga. La figura de una balsa y su balsero y su remo de doble pala,  dibujada en la rada de Arica por  el dibujante de esta expedición  Felipe  Bauzá, es ilustrativa al respecto   (Observe  nuestra Figura  2, que aparece  en la página 718 de la obra de Sagredo y González).

(12)   En el original está en blanco. Pero es evidente que se refiere, sin posibilidad de error,  a los lobos marinos (Otaria flavescens, Familia Otariidae),  mamífero marino semejante a las focas, que forma extensas colonias que  pululan en los roqueríos costeros del Perú y de Chile, a lo largo de la corriente de Humboldt. Es un animal esencialmente gregario.

(13)  Es el congrio   (Genypterus sp.) en sus dos  especies de congrio colorado y congrio negro, el pez aquí nombrado,  cuya carne era secada y salada por los  pescadores changos para ser conducida  en forma de "charqui"  a los asentamientos mineros, en especial a  Potosí,  donde era muy apetecido.  En la época colonial se le llamó, por tal razón, "charquecillo", para diferenciarlo del verdadero "charqui"  especie de tocino hecho de carne de  llamo o  de res.  El quintal de congrio equivale a  46 kg., es decir, al peso de un saco bien colmado.

(14)  Durante la época colonial, la costumbre de las familias cristianas  exigía que se guardara abstinencia de carne durante todo el período de la Cuaresma, como una forma particular  de penitencia y ayuno. En su lugar, en cambio, se aconsejaba el consumo de pescado, costumbre que  perdura hasta el día de hoy.

(15)  Interesante referencia al frecuente transporte del charquecillo de congrio, por obra principalmente de los indígenas atacameños,  hacia  el mineral de plata de Potosí,  donde se alzaba una enorme ciudad que llegó a albergar más de  200.000 habitantes, casi todos ellos mineros,  durante el período de auge de este Mineral, el más famoso de América. Por Rodulfo Amando  Philippi y su  preciso relato, sabemos que eran los atacameños de los oasis interiores del Salar de Atacama los encargados de este transporte en pequeñas caravanas de mulares (Philippi,  1860).

(16)   "Una y otra vez" . En lenguaje castellano actual decimos "una que otra vez", lo que equivale a decir, "de vez en cuando", o " de cuando en vez".

(17)   "En Chile", Es obvio que quiere darse a entender "Santiago de Chile", la capital de la Capitanía General de Chile, donde era igualmente muy requerido durante el período de  la Cuaresma.

(18)   "Embarcaciones oportunas", esto es, aptas y especialmente acondicionadas para  tal faena.

(19)   Es, justamente una de las propuestas concretas que hace el Gobernador de Chile Ambrosio O´Higgins al Cabildo de Copiapó como manera de fomentar la pesca en esas costas,  y que éste representa al marino  Malaspina, quien promete  ayudar a conseguir  los pertrechos para fabricarlas.

(20)    "Cuadrillas de changos".   Es interesante  señalar que  la actividad de los changos pescadores de congrio era bien conocida en la región. Estas "cuadrillas"  deben referirse a agrupaciones  de pescadores que  actuaban  en grupos para la pesca del congrio, para  poder defenderse mejor del ataque de los lobos marinos, sus enemigos naturales. Como los changos requerían también de los lobos para  obtener su carne, cueros,  grasa y sangre, es probable que al actuar en pequeños grupos de  3-5 balseros, provistos de arpones,  hubieran simultáneamente espantado a los lobos durante su trabajo de pesca. Obviamente, la presencia del lobo ahuyentaba de inmediato a los cardúmenes de peces.

(21).  El límite  Norte de la Gobernación de Chile estaba consignado en algún punto  al Norte y muy cerca del Paposo, conocido como "Hueso parado".  El dato  aquí reseñado que  señala la existencia de 251 changos pescadores entre este punto y  la boca del río Huasco,  nos estaría apuntando a una población total de changos,  en toda esta franja costera de casi 400  kilómetros de longitud (en línea recta),  que se aproximaba a las 1.000 personas, si aceptamos como bastante probable  la ratio  1: 4. Población que, sumada a la existente  entre  el Huasco y Papudo (sugerida más arriba)  y estimada en otros 60 pescadores (esto es, unas 240 personas adicionales), alcanzaría una población total estimada de unas  1.250 personas  asignables al grupo cultural y económico chango, en una amplia  franja costera entre  Papudo (por el Sur) y Paposo (por el Norte). Cifra ciertamente nada despreciable para la escasa población de la época.   Dado este contexto demográfico, podemos entender mucho mejor el interés  de Don Ambrosio O´Higgins por fomentar la pesca artesanal en la costa de Copiapó-Coquimbo, y su interés en   triplicar, si fuera posible, el número de personas comprometidas en esta importante tarea productiva.
                                                                                                                                          Reflexiones eco-antropológicas.                                 

1. En primer lugar,  es de especial  interés para nosotros el señalamiento preciso de unos 7 u 8   lugares donde  se reconocía la presencia y  actividad de changos pescadores  a fines del siglo XVIII,  en una amplia franja costanera entre Papudo (por el Sur) y  Paposo (por el Norte). Se indica varios lugares,  hoy perfectamente identificables, donde se practicaba habitualmente la pesca.

2. El trabajo  principal a que se dedican  estos changos es la pesca del congrio (Genypterus spp.)  para  salarlo o ahumarlo  y venderlo en calidad de charqui (" llamado charquecillo").

3. Para pescar el congrio,  utilizan  balsas de  cueros de lobos marinos como única embarcación.
El gobernador Ambrosio O´Higgins  en 1779 considera necesario introducir  otros tipos de embarcaciones, más  aptas para la pesca de alta mar y de mayor resistencia y durabilidad. Recomienda  reproducir e introducir el modelo  de embarcación usado  para la pesca en el Mar cantábrico del Norte de España.

4. Se señala en el texto  que las balsas hechas de cueros de lobos son muy frágiles y sufren constantemente el asedio y ataque de los lobos marinos, que  las muerden  y destrozan y que, por tanto,   no prestan mucha  utilidad en una pesca de tipo comercial (en gran escala).

5. Se indica que estas balsas indígenas solo pueden  penetrar mar adentro hasta una distancia máxima de  10-11 kilómetros de la costa,  siendo demasiado peligroso su empleo  más lejos.

6.  Se reseña los valores  altísimos que adquiere el quintal de este producto  (= 46 kg.)  al ser enviado a Potosí o a Chile (Santiago). Igualmente,   se indica los destinos  preferidos de este producto que rara vez llega a Lima   e igualmente -lo que más nos llama la atención-  a la cercana población  de Caldera.

7. Se  destaca el hecho de que la primacía de este comercio de larga distancia, no permite  la entrega de pescado fresco a la población de las ciudades próximas (Copiapó o Coquimbo), que lo necesita con urgencia sobre todo en época de  Cuaresma. Sin duda, los intermediarios en este negocio (que no son nombrados y que ciertamente no eran los mismos changos) prefieren los destinos lejanos donde  el precio obtenido por el producto era considerablemente mayor.  Nos queda  la duda: :¿quiénes eran los que actuaban de intermediarios entre los changos y los mineros de  Potosí?. ¿Eran  los atacameños, como parece deducirse de algunas fuentes?.

8. Por fin, de estas informaciones se deduce que todavía por esas fechas   (fines siglo XVIII), subsiste  en este tramo de la costa, una importante población  de changos, dedicada totalmente a la pesca del congrio  el que en su totalidad  es  convertido en charqui  como objeto de  comercio y trueque. Otros tipos de peces (no aptos para la salazón) que sin duda también se capturaba en sus travesías, eran destinados a la comida familiar.

9. La búsqueda del congrio, sin duda, era un aliciente más para que los pescadores changos se alejaran, a veces considerablemente, de sus campamentos-base, razón por la cual  solían ausentarse de sus hogares a veces por semanas. La mujer, en este caso, era la encargada de surtir la mesa familiar con  mariscos y algas obtenidos  de los roqueríos cercanos al hogar.  A falta de pescado fresco, el "charquecillo"  era un ingrediente habitual de su dieta diaria.

10. Es ésta, a lo que sabemos, una de las últimas referencias concretas a este grupo humano antes de la  declaración de la Independencia de Chile (1810). Todavía su población  se  conserva importante  en términos demográficos  y, además,  es altamente valorada por la autoridad para sus planes de fomento pesquero.

11.  Si nuestro cálculo poblacional es certero y responde a la realidad, (quod  est probandum) el grupo de pescadores changos  por esas fechas  es todavía  realmente importante. ¿Eran estos changos descendientes directos de los antiguos camanchacas que nos describe  Lizárraga o, antes que él, Gerónimo de Bibar para el Norte  Grande o, para el Norte Chico chileno,  la Tasa de Hernando Santillán, documento promulgado el año 1558,  en tiempos del gobernador García Hurtado de Mendoza?. No lo sabemos. Pero es probable.  En las familias de pescadores la tradición de la pesca era y aún es  muy fuerte: No es fácil de imaginar a pescadores transformados en agricultores; más fácil es imaginarlos  convertidos en mineros. De lo que estamos absolutamente seguros  es que ciertamente no eran  españoles o de ascendencia española: los españoles  avecindados en Chile fueron siempre muy reacios a este tipo de faenas, consideradas  de bajo rango.