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jueves, 24 de diciembre de 2015

"Historia y Vida en el valle de Quipisca": Una monografía sobre el desarrollo cultural de una población andina de Tarapacá, Norte de Chile.

Damos  a conocer aquí la reciente presentación de una obra  de investigación antropológica y geográfica sobre una comunidad humana casi desconocida  de la Región de Tarapacá (Chile).  La investigación duró tres años  (2010-2012) e involucró trabajos en terreno, búsqueda documental en archivos y bibliotecas y  entrevistas a pobladores de la quebrada.  Terminada la obra en agosto del año 2012, fue finalmente editada  en forma de libro en junio del año 2015. La  edición en hermoso formato, porta, sin embargo, la fecha de su término real, 2012.  Este trabajo  fue obra de un equipo interdisciplinario, en el que la Antropología cultural, la arqueología, la historia, la lingüística, la geografía,  la arquitectura  y la cartografía se apoyan mutuamente para ofrecernos una visión del desarrollo cultural de una comunidad precordillerana a través del tiempo, sujeta a los infaltables avatares de aluviones, sequías y terremotos.

En el caso que nos ocupa, la comunidad y sus dirigentes han tomado parte muy activa no solo en la selección de los investigadores, sino también en la orientación de los mismos hacia  los puntos focales de su particular interés.  Esta participación de la comunidad  se  ha  visto particularmente reflejada en los estudios de arquitectura y en la prospección arqueológica.

En este capítulo, nos referiremos a la ceremonia de presentación del libro  y a la existencia de la comunidad quechua de Quipisca, su promotora. Mostraremos, igualmente,  imágenes de la quebrada y de la celebración  misma.  En el capítulo siguiente, intentaremos hacer  un análisis más fino de la obra y presentar sus singularidades.

                                           
Fig. 1. Portada de la obra.   Investigación interdisciplinaria de la comunidad del valle y quebrada de Quipisca  (Región de Tarapacá, Chile) dirigida por el Dr. Horacio Larrain Barros (Editor General) . Editada  y publicada por la  Comunidad quechua de Quipisca, Iquique, Agosto 2012.


 Fig. 2.  Investigadores  y  personal  responsable de los capítulos y de la edición.

Fig. 3.   Contenido de la obra en 8  Secciones y  4 Anexos.  Número total de hojas 323,  incluyendo la bibliografía usada.  

"Historia y Vida  en el valle de Quipisca. Evolución cultural de una comunidad  andina".

Así hemos titulado esta obra, recientemente  editada y publicada por la Comunidad Quechua de Quipisca, (Tarapacá, Norte de Chile)  con el apoyo económico y logístico de la Compañía  Minera Cerro Colorado, que opera en sus proximidades,  muy cerca de la localidad de Mamiña.   En este capítulo del blog, nos proponemos presentar  imágenes del solemne acto social de lanzamiento del libro en el valle de Quipisca y expondremos nuestra opinión sobre el derecho que les asiste  a constituirse como comunidad independiente. En un segundo capítulo, posterior, presentaremos un pequeño resumen de esta obra a nuestros lectores, destacando sus aspectos  de especial interés y, a la vez, señalando el trasfondo etnográfico y  social  que trasunta  su  realización y puesta en práctica. Nos parece un caso de gran interés antropológico y, a la vez,  bastante  excepcional  en este tipo de estudios  de comunidades.

Este estudio concitó  el apoyo  tanto en terreno como en gabinete de numerosas personas. La coordinación del trabajo estuvo a cargo de Fernando Rosales  siendo CORDUNAP  (Corporación de la Universidad Arturo Prat de Iquique)   la entidad encargada de reclutar a los especialistas. La edición general y revisión final de los textos corrió a cargo del Dr. Horacio Larrain Barros (Ph.D.), arqueólogo y antropólogo social, miembro del  Centro del Desierto de Atacama, de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Estudios de comunidades.

Por lo general, los trabajos realizados en el pasado sobre comunidades andinas  han solido ser fruto de la propia iniciativa de los especialistas (antropólogos, historiadores, sociólogos  o arqueólogos) que han estudiado dichas comunidades.  Ellos señalaban y decidían el enfoque, la metodología, los contenidos y las conclusiones finales de la obra. Ellos obtenían el financiamiento  y controlaban todos los detalles de la edición. La comunidad asistía pasivamente a su realización  y cuando mucho, tomaba parte en  los festejos  o  recibía unos cuantos ejemplares del trabajo  final, cual migajas,  a guisa de agradecimiento. Los comuneros eran allí solo la "materia prima" de los encuestadores  que los interrogaban por semanas o meses, y su aporte propio y/o personal, era  escaso o nulo. Toda la iniciativa de la obra recaía en el especialista quien, por lo demás,  se llevaba todos los laureles  y cuyo mayor premio consistía en acrecentar su curriculum, para poder así comprobar su productividad como académico universitario. Los miembros de la comunidad estudiada eran, por tanto, solamente los "conejillos de Indias" del especialista, quien a su arbitrio  y talante elaboraba la obra final: ésta era para él  "su" obra, jamás, la obra de una comunidad. 

El antiguo estudioso de las comunidades.

Podríamos citar  numerosas obras así realizadas en comunidades andinas del Ecuador, Perú, Bolivia o Chile. Hasta hace muy poco tiempo,  esta era  la costumbre general, también entre nosotros. El especialista universitario, fuese éste sociólogo, antropólogo o arqueólogo,  señalaba y determinaba los objetivos,  los métodos y el desarrollo integral del trabajo. Los habitantes de los pueblos  eran solo simples peones que suministraban la información, según estuviese contemplada en las preguntas del cuestionario respectivo, o eran los obreros de pala y picota que hacían las excavaciones arqueológicas. De su "propia cosecha", o de su propia iniciativa, experiencia, interés y/o conocimientos previos, no había nada  o casi nada. Podríamos  motejar este período de estudio como el de  un exacerbado "colonialismo cultural".  Se inicia en el siglo XIX  con los  famosos estudios de los antropólogos ingleses de la escuela de Bronislav Malinowsky o los estudios  folklóricos de un Franz Boas,  en los Estados Unidos. Tal método en el que la comunidad "no tiene ni voz ni voto", ha dejado de existir hoy,  por efecto de la toma de conciencia de las comunidades acerca de su pasado  y de su presente; pero también y en forma importante,  de su futuro. Éste, pasa ya a estar en sus propias manos.  Hoy - al menos en nuestro país- es la propia comunidad la que elige, selecciona y "examina" a los posibles investigadores de su propia realidad; antes era al revés: el investigador elegía a la comunidad de estudio.

Ceremonia del lanzamiento del libro.

Fue un día 20 de junio de este año en curso, 2015. El presidente de la comunidad de Quipisca, Wilfredo Bacián Delgado,  nos avisó que el lanzamiento del libro de la comunidad  se haría  en  el salón comunitario de la quebrada, situado en el lugar llamado Tauquinza. Para conmemorar dignamente el hecho, se le hizo coincidir con el solsticio de invierno  (21 de Junio) día en que ellos, desde  hace algunos años, celebran el Inti Raymi, la máxima festividad del mundo quechua.  Sus líderes están convencidos de  haber redescubierto sus raíces étnicas y culturales quechuas  y se ufanan hoy de su remoto origen Inca. Reniegan, por consiguiente,  de  su pretendido ancestro aymara, que la CONADI (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) regional ha tratado por años de imponerles, sin éxito. Se observa aquí un interesantísimo anhelo de  rescatar y redescubrir su origen étnico auténtico, el que estiman es incaico, muy anterior  a la llegada desde el altiplano, de grupos aymaras a la región. Las tradiciones familiares y los recuerdos, así lo testimoniaban. Nos extenderemos sobre este punto más tarde.

En el sitio de Tauquinza.

Como a las  18.00 hrs. llegamos a Tauquinza, en el lecho de la quebrada de Quipisca, acompañados de los colegas arquitectos  Pedro Lázaro y Alberto Prado y de la joven antropóloga  Jocelyn  Gómez,   tarapaqueña. El lugar se alza   a los   1.800 m.snm.  Mostramos aquí, en imágenes, lo que encontramos. Éstas, nos ahorrarán comentarios.


Fig. 1. Vista de la estrecha  quebrada de Quipisca de Noreste a  surweste, tomada desde la Sede Social.  Los últimos rayos del sol alumbran aún las laderas áridas y  resecas. Un  hilo de agua de vertientes  corre  por el fondo del valle, ahora encauzado. Abajo, entre la tupida arboleda de  chañares y  molles nativos, se guarecen las nuevas  granjas de  animales de cría (ovejas, cabras) y de aves de corral (gansos, gallinas y conejos), principal fuente de ingresos de la  comunidad.

                                             
Fig. 2.   El último y  gigantesco aluvión, ocurrido en el mes de Febrero del año 2012, se llevó parte considerable del piso agrícola de la quebrada, causando enormes daños. La imagen muestra los diques y  las defensas que hubo que excavar con maquinaria pesada para  evitar nuevos desastres a futuro, labrando un cauce más profundo a las aguas  que  en la temporada de las lluvias altiplánicas, en el llamado "invierno boliviano", se precipitan tumultuosamente hacia la pampa. El edificio nuevo de la Sede Social, orgullo de la comunidad y obsequio de la compañía minera Cerro Colorado,   se ha construido en altura,  en el lugar de antiguas viviendas de pobladores,  y fuera del alcance  de los eventuales aluviones.

 
Fig. 3.   El valle agrícola es sumamente angosto,   con un máximo de  unos  150-180 m. de ancho  en su máxima amplitud. Allí se aferra hoy la vegetación nativa que logró sobrevivir al aluvión. En esta fotografía, se observa algunos de los efectos devastadores  de la bajada  del agua en febrero del año 2012, uno de los peores  aluviones ocurridos  en los últimos cincuenta años.

Fig. 4.  Al costado norte de la quebrada,  dominando  el piso de ésta, se alza hoy hermosa la Sede Social nueva,  obsequio de la Compañía Minera a la comunidad.

Fig. 5.  Preparativos para la celebración del lanzamiento del libro de la Comunidad el día 20/06/2015.


Fig. 6.  Las laderas de los cerros son aquí sumamente abruptas. Cuando llueve, el peligro de deslizamiento y caída de rocas desde lo alto, es  muy grande. Muchas veces  los temblores han ocasionado derrumbes de consideración.

Fig. 7.  En la Sede Social,  a nuestra llegada, nos recibe  este afiche. Éste nos advierte que  estamos en la comunidad quechua de Quipisca y la bandera  quechua, conformada por barras horizontales  con  los colores propios del arco iris, nos recibe  y nos da la bienvenida.

 Fig. 8.  Pequeña  escarapela recordatoria del Acto  que los organizadores prendían  al pecho de cada asistente al Acto, en el momento de  su ingreso  (anverso).


Fig.  9. El reverso de la misma escarapela explica el motivo del Acto.

Fig. 10.  El contraste entre la estrecha franja agrícola utilizable y la mole de la montaña,  abrupta y amenazante, es casi brutal. El hombre aquí  ha tenido que luchar siempre hasta hoy contra una naturaleza esquiva y traicionera.


Fig. 11. De los barandales de la Sede Social del pueblo, cuelga este afiche gigante   que testimonia la finalidad del Acto  que está por iniciarse: el rescate de su identidad y la protección de su patrimonio cultural.
Fig. 12.   Una al lado de la otra, las dos banderas que  expresan su real identificación: la bandera tricolor de Chile y la bandera quechua, con la que se sienten étnicamente hermanados con sus hermanos quechuas del área andina meridional.

Fig. 13.  El gran lienzo  que  recibe a los visitantes  destaca sus profundos sentimientos de   pertenencia:  a) se consideran una comunidad indígena, b) de origen quechua, y  c)  provista de un territorio que les es propio y que la ley Indígena  les  asegura.

Fig. 14.  Los pasos de un baile tradicional  andino son parte esencial de la celebración comunitaria. Aquí el presidente de la comunidad quechua, Wilfredo  Bacián   ensaya un paso de baile. Dos bandas de músicos  amenizan el Acto. La música instrumental de bronces es  algo esencial en las celebraciones andinas. Ésta nunca  puede faltar.

Los  bailes locales fueron el preludio del Acto. Luego vino la fase de discursos (del Presidente de la comunidad, Wilfredo Bacián, del representante de la Cía. Minera  Cerro Colorado y  del Editor de la obra, Dr. H. Larrain). Cerró el Acto  una banda de músicos jóvenes venidos de Pozo Almonte. De gran interés fue el hecho - nunca visto por nosotros en otros eventos similares-  de la presencia activa de un indígena peruano, ataviado con  los característicos chullo, poncho y ojotas, quien actuó de traductor a la lengua quechua tanto de los discursos como de las presentaciones al Acto.  Aunque nadie entre los asistentes podía entender las expresiones quechuas  (la lengua se ha perdido por completo), la comunidad, con este gesto altamente simbólico, ha querido  enfatizar  y reforzar su sentido de pertenencia al mundo  cultural quechua, del que se sienten parte integrante. Este mismo personaje actuará esta misma  noche como oficiante principal de la ceremonia del Inti Raymi que se celebrará, al amanecer, en la cumbre del cerro Wata watana, donde   la comunidad  acostumbra celebrar  la llegada del nuevo año: el Inti Raymi.

Consideraciones  culturales. Lo que nos ha llamado la atención en este acto de lanzamiento del libro.

1.  La pequeña comunidad de Quipisca, conformada por grupos de parientes cercanos descendientes de un mismo tronco común,  alcanza hoy  unas  sesenta  o setenta personas en total.  A ellos se agrega algunos escasos afuerinos que se han afincado aquí, desde hace decenios  y que ya se consideran miembros de la comunidad. 

2.  El objetivo para  constituirse en comunidad ut sic  ha sido social y étnico, a la vez que político. Étnico, porque buscan  honestamente revivir y restaurar su historia, sus recuerdos y tradiciones; político: porque saben bien que solo unidos podrán obtener de su vecina,  la Cía. Minera  "Cerro Colorado",  los beneficios económicos que les brinda su cercanía. En efecto, ante  los efectos devastadores de aluviones terremotos o sequías,  recurren  al "socio" rico para  reparar los caminos, restaurar  los terrenos agrícolas  y sus plantaciones o  construir  su Sede Social, de la que hoy se enorgullecen  y constituye uno de los ejes principales  de sus aspiraciones como "pueblo".  Para la Cía. Minera, por otra parte, este constante apoyo logístico  ha pasado a ser un compromiso necesario como parte de la mitigación de los efectos nocivos de  la presencia cercana de  relaves mineros y de polvo en suspensión  por efecto del sistema de  explotación del mineral de cobre. Para la poderosa Cía. Minera, en efecto, este apoyo a la comunidad  es visto como  parte de su responsabilidad social empresarial.  

3.  La relación  de los quipisqueños  por cercanía y parentesco con el vecino pueblo de Mamiña, es evidente. Históricamente, también ha existido una fuerte y constante relación con Mamiña, de donde provienen, según los documentos históricos, los primeros pobladores de  esta quebrada.  Hasta hoy, hay mamiñanos que  sostienen haber tenido o aún mantener  derechos a  retazos de tierra (eras de cultivo) en esta quebrada. Quipisca, además,  ha dependido siempre espiritualmente de la parroquia de Mamiña y en su camposanto reposan sus antepasados. La reciente formación de una comunidad quechua independiente, sin embargo, desprendida  por decisión unilateral del tronco original,  ha sido considerada por Mamiña como un acto de independencia inamistoso e  ilegítimo. Hay aquí un problema, con raíces históricas y sociales, que los dirigentes tendrán que manejar con inteligencia y sagacidad  para evitar confrontaciones futuras entre las dos comunidades. 

4. Opinamos que esta comunidad,  por  poseer títulos de posesión  mayoritarios  en el piso de la quebrada de Quipisca,  está en su derecho de  declararse  independiente de su comunidad  madre, cuando se han dado las condiciones geográficas y políticas para ello.  De hecho,   su espacio natural y su territorio  es diferente del de Mamiña, situado este último a mayor altitud y con condiciones climáticas y productivas parcialmente diferentes.  Hay numerosos referentes históricos que avalan este tipo de situaciones, como es el caso del pueblo atacameño de Cámar, en la IIª Región de Antofagasta,  que se separó y desligó de su pueblo madre, Toconao, por razones geográficas  muy similares, constituyendo hoy un pueblo y  una comunidad  diferente.    

5.  Además, en defensa de  los derechos que asisten hoy a  este grupo humano para autoproclamarse como una comunidad  étnica independiente, está  el propio articulado tanto de la Ley Indígena como de la Ley de Juntas de Vecinos,  que permite crear tales organizaciones reuniendo las firmas de cierto número de  vecinos. 

6.  Esta, a juicio nuestro excesiva permisividad actual del cuerpo legal, sin embargo,  si bien presenta aspectos positivos al permitir constituir y robustecer pequeñas comunidades en lugares alejados, puede también convertirse, en algunos casos, "en un arma de doble filo". En efecto, puede constituirse en un peligroso precedente para la  atomización y destrucción de las antiguas comunidades indígenas originarias, las que no pueden oponerse a  la separación de quienes, en virtud de la Ley,   recurren a la CONADI, exigiendo  su reconocimiento legal.  Hay aquí, creemos firmemente,  un foco  de probables conflictos y luchas interétnicas en el seno de una misma región. Situación que puede causar un enorme daño a la causa indígena como tal  e impide su fortalecimiento. Somos de opinión  de que la Ley Indígena  debería ser  mucho más rigurosa y  exigente cuando se trate de escindir comunidades de sus  troncos madres, para evitar perniciosos caudillismos y personalismos. Lo que supone, como premisa  lógica, un  escrutinio más acucioso del origen, sentido, destino  y finalidad de una comunidad indígena como tal. La historia, la etnografía a la vez que la geografía local  deben aquí ser especialmente consultadas y valoradas.

7. Nos ha impresionado en este hermoso y emotivo Acto, la expresión viva del "sentido de pertenencia"  a una comunidad y a una etnia. En efecto, se sienten y se perciben como un grupo étnico con larga historia común y un idéntico destino que reconocen difícil pero que quieren enfrentar con orgullo y decisión. Es una comunidad que, aunque reducida hoy a un puñado de hombres y mujeres, se niega a desaparecer. Su fuerza está dada por su capacidad  y tenacidad de hacer producir una quebrada siempre expuesta a cataclismos y  desventuras, aprovechando sus condiciones ecológicas y altitudinales como ecozona.  Hay temas de supervivencia que la comunidad tendrá que enfrentar decididamente en un futuro próximo como  construir un camino de acceso  a prueba de aluviones y controlar y asegurar el abastecimiento de agua de regadío por medio de  pozos profundos.

8.  La edición final de esta obra,  cuya  ejecución fue seguida muy de cerca por las autoridades de la comunidad, es un testimonio fiel de su interés por consolidarse en el futuro como pueblo  con una historia, una geografía y una antropología común, íntimamente ligada al legado cultural de los Incas. El estudio histórico,  geográfico y lingüístico de base realizado para  esta obra,  confirmaría, en nuestra opinión,   su estrecha relación con el universo cultural Inca,  máxime  con nuestro hallazgo de tramos desconocidos y bien conservados del Camino del Inca o Qhapaqñan  y sus recintos,  en su propio territorio comunitario. De este aspecto disertaremos en un próximo capítulo de este Blog, al analizar en detalle la presente obra. 












miércoles, 6 de octubre de 2010

El Salar del Huasco: hoy Parque Nacional. Expectativas y recelos.

Foto 1. David Esteban representante de las familias afectadas de la zona del Huasco, lee un documento en que se reclama contra la Declaratoria de "Parque Nacional" por parte de las autoridades del Estado, el 5/10/2010. ( del Diario "La Estrella" de Iquique, 5/10/2010). En repulsa al hecho, la comunidad aymara no realizó rito alguno a la pachamama, como lo hace siempre en todas sus actividades importantes. Hacerlo en esta ocasión habría significado aprobar y estar de acuerdo con lo realizado por el gobierno. En rechazo, se mantienen a prudente distancia, mostrando su disconformidad.

Foto 2. El corte de cinta proclamando la inauguración oficial del Parque Nacional. Detrás, familias aimaras protestan por el Acto, enarbolando un lienzo y dando a conocer len un comunicado, los poderosos motivos de su oposición al Acto. (Diario La Estrella de Iquique, 5/10/2010).

Foto 3. Los representantes del gobierno en la ceremonia. (Diario "La Estrella" de Iquique, 5/10/2010).

Foto 4. Foto tomada en Mayo del año 1982, con ocasión de nuestra visita al ermitaño del Huasco, Conrado Fuchslocher. (Foto H. Larrain).

Visitantes de Gobierno en el altiplano aimara.

El día de ayer 5 de octubre de 2010 hubo visitas de cuello y corbata en el altiplano chileno, a 3.800 m de altitud. Se hicieron presentes el Ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, la Intendenta Regional, Luz Ebensperger y el director de CONAF Eduardo Vial Ruiz Tagle en la ceremonia de la declaratoria oficial del Salar del Huasco como "Parque Nacional de Chile". Cuatro meses antes, se había publicado el anuncio en el "Diario Oficial" de Chile. Hoy se hacía realidad. Sólo para el Gobierno, no para los habitantes del Salar, como veremos.


Un cartel desplegado contra la "Declaratoria de Parque Nacional".

Mientras las autoridades realizaban ostentosamente el rito del "corte de cinta", símbolo urbano de la inauguración, pocos metros más atrás un grupo de más de 20 comuneros indígenas, dueños ancestrales de estas mismas tierras, en las que sus antepasados han vivido por centurias, reclamaban contra el Acto enarbolando un gran cartel donde se podía nítidamente leer: "No al Parque Nacional Huasco. Respeto a la propiedad ancestral".

Enhiesta y orgullosa, flameaba a su lado la bandera de la identidad indígena aymara, la característica wiphala, su bandera de lucha. Era su forma de expresar su protesta pacífica pero enérgica contra dicho Acto, considerado por ellos como atentatorio a su dignidad y a su sentido de propiedad. Las fotos tomadas del diario de hoy, "La Estrella de Iquique", y que reproducimos arriba, son elocuentes.

Carta de protesta formal de la comunidad aymara.

El representante designado por las familias indígenas aymaras de la región, David Esteban, vestido a la usanza aymara, de poncho y sombrero alón, subió al podio para expresar su encendida protesta por esta intromisión del Estado en sus tierras de bofedales y pastoreo. Leyó allí, ante la mirada atenta de llamos y alpacas, una carta dirigida al Ministro de Agricultura expresando su fuerte repulsa a esta "Declaratoria" por no reconocerse en ningún momento la propiedad ancestral sobre estas tierras y hacer caso omiso de su oposición como comunidad dueña. Representantes de varias comunidades indígenas aledañas, apoyaron a este dirigente.

Esta "Declaratoria" no siguió los canones jurídicos.

Alegó el representante en su nota dirigida al Ministro del ramo que se ha violado así flagrantemente los pactos internacionales de Viena y San José de Costa Rica y las explícitas recomendaciones de las Naciones Unidas en relación a la ingerencia externa en territorios indígenas. Las comunidades interpusieron, en consecuencia, en derecho, un "recurso de protección" en la Corte de Apelaciones de Iquique por este hecho considerado por ellos como atentatorio contra sus legítimos derechos.

¿Qué significado tiene este acto de reclamo?. ¿En qué se fundamenta?.

El Artículo Nº 6 del Convenio 169 de la Organización del Trabajo (OIT). establece perentoriamente:

"Al aplicar las disposiciones del presente Convenio, los gobiernos deberán:

a) consultar a los pueblos interesados mediante procedimientos adecuados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente".

b) establecer los medios a través de los cuales los pueblos interesados puedan participar libremente, por lo menos en la misma medida que otros sectores de la población, y a todos los niveles en la adopción de decisiones en instituciones electivas y organismos administrativos y de otra indole responsables de políticas y programas que les conciernan". (Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes", Santiago, Oficina Internacional del Trabajo, 2010, 5ª edición, pg. 29).

Este artículo exige la realización de una consulta previa mediante sistemas acordes con sus instituciones. En esta caso, sus propias organizaciones indígenas. Que este tema de la constitución de un Parque Nacional en sus territorios ancestrales les concierne directamente, es más que claro, pues puede cambiar y seguramente va a cambiar su modo de vida en variados aspectos.

¿Por qué no se realizó una auténtica "Consulta" a las comunidades afectadas?.


Tal "consulta previa" exigida por el Convenio, en realidad no se hizo. Sabemos que sólo se les citó a un par de reuniones, en las que por cierto nada se les dijo acerca de sus derechos ni menos aún, sobre aquellos que les conciernen bajo el mandato del Convenio Nº 169. "Participación", en el sentido expresado en la letra b), ciertamente no la hubo. Por el contrario, hubo reticencia y recelos en la mayoría y/o franca oposición desde el principio. A posteriori se enteraron de los derechos que emanaban para ellos del Convenio 169, derechos que la CONADI regional, por lo demás, jamás se tomó la molestia de explicarlo claramente a la comunidad, como debió hacerlo.

Por otra parte, el artículo 7 del mismo Convenio señala, en lo que respecta al desarrollo y su forma de encararlo:

"Los pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que éste afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural. Además, dichos pueblos deberán participar en la formulación, aplicación y evaluación de los planes y programas de desarrollo nacional y regional, susceptibles de afectarles directamente."

Si nos fijamos bien e interpretamos correctamente (ad litteram) los términos del Convenio Nº 169 en el artículo recién señalado, podremos constatar que nada de lo que éste exige se ha cumplido aquí en el Salar del Huasco. Absolutamente nada. Ni siquiera se notó que hubo la intención de hacerlo. Se ha procedido ahora igual como se procedió hace muchos años atrás, antes de la firma del Convenio 169 (que data sólo de agosto del 2009) con las comunidades aledañas al lago de Chungará, cuando se constituyó el Parque Nacional Lauca el año 1970.

Lamentablemente, una vez más, se volvió a considerar a las comunidades indígenas como niños imberbes, a los cuales hay que señalarles lo que deben hacer, por no tener capacidad de "discernimiento".

Estamos a años luz de actuar como un pueblo civilizado que respeta su Tratados Internacionales. El Convenio Nº 169 no es un "Convenio" cualquiera. Tiene rango constitucional y no puede ser ni siquiera "interpretado" al arbitrio del gobernante de turno.

El Estado chileno, al firmar este Instrumento legal el año 2009, después de tantos años de dilación, parece no haberse dado cuenta de las verdaderas obligaciones que dicho Convenio le imponía y de las profundas modificaciones legales que suponía su correcta ejecución.



Y ahora, ¿qué hacer?.

Simplemente no hay otra salida que darle cumplimiento, ahora o en un futuro cercano. El gobierno dispuso de un año completo (agosto 2009 agosto 2010) para adecuar toda su legislación (Minera, DGA, de Comercio, Código de aguas, etc) a las exigencias del presente Convenio que el mismo firmó. No lo hizo, y lo que acabamos de presenciar ayer en el Salar del Huasco revela, a las claras que este nuevo Gobierno - al igual que el anterior- en nada ha cambiado sus posturas respecto al enfoque de sus relaciones con los pueblos indigenas, y sigue tratándolos como niños a los cuales se puede convencer de que el Estado sabe mucho mejor que ellos qué es bueno para ellos. Una nueva manifestación de "paternalismo" que ha prevalecido siempre en el trato con las etnias.

Ciertos hechos nos dejan entrever que estamos de vuelta a un pasado que creíamos superado.

Aunque duela señalarlo, no es mucho lo que hemos avanzado en este terreno de las relaciones con las etnias originarias respecto al trato con los indios en tiempos de las Encomiendas, durante el Coloniaje. Antaño se compraba a los caciques locales con prebendas y agasajos o con el título de "Don"; hoy se compra a algunos con regalos y promesas para poder acatar la decisión estatal ya preestablecida, o para romper la unidad del movimiento indígena que reivindica sus legítimos derechos consagrados tanto por la Constitución, como por lna legislación internacional, vinculante para nosotros.

Pero hay una diferencia substancial: hoy las comunidades y sus líderes naturales saben más y conocen mucho más acerca de sus derechos. Y están dispuestos a hacerse respetar.

Y el Convenio Nº 169 es el cuerpo legal que internacionalmente se los garantiza hoy, aunque moleste a algunos que propician un tipo de desarrollo hecho a la medida de un Gobierno de corte fuertemente neoliberal.

¿Qué salida se vislumbra hoy a este grave problema?

La única salida a este impasse es sentarse honestamente a deliberar con ellos, como comunidad, para saber qué quieren para sí los indígenas sin presiones, sin dádivas, sin migajas, sin falsas expectativas, respetando el tipo de desarrollo que ellos quieran para sí, el que, tal vez, pueda ser muy diferente del nuestro, fuertemente influenciado por el individualismo exacerbado que hoy corroe nuestro sistema democrático. Esto sería una verdadera "consulta", seria, profunda, ilustrada. No la que se hizo en el caso presente, "entre gallos y medianocche", como para sorprender a incautos.

jueves, 15 de abril de 2010

Un eremita nos muestra El Huasco: Diario de mi visita en Enero 1982.

Foto 2. Dibujo de dos piezas arqueológicas que me donara Conrado, ese día de Enero 1982, en nuestra visita al lugar con Juan Carlos Johow y Fernando Dougnac. (De mi Diario de Campo, vol. 21 (1981-82), pág. 122).

Fig. 1. El Salar de Huasco en Enero del año 1982. En primer plano, arbustos de tola (Baccharis tola) y plantas aisladas de ichu o paja brava (Stipa ichu). Hacia el centro de la foto, en color verde intenso, pequeño bofedal que ha construído con esfuerzo, durante dos años de trabajo, nuestro ermitaño Fuchslocher. (Foto H. Larrain, Enero 1982; tomado de la revista Qué Pasa, Mayo 1982).


Hemos dedicado hace unos días un par de capítulos de este Blog a mostrar el Salar del Huasco y su riqueza científica y escénica. Este Salar se encuentra al interior de Iquique y casi a la misma latitud de la ciudad de Iquique (Coordenadas: 20º 18´S y 68º 52´W). Nos hemos referido ya al encuentro, en su márgen occidental, con un extraño ermitaño chileno-alemán, Conrado Fuchslocher, que habitó por casi tres décadas en ese entorno hosco y difícil, soportando temperaturas invernales de más de -30º C.

¿Que nos impulsó entonces a visitar este Salar?. La historia todavía no contada.

Hojeo mi "Diario de Campo", volumen 21, páginas 96-111; y 120-123. Hemos venido a la zona aymara de Iquique, especialmente invitados por el Obispo de Iquique, Monseñor José del Carmen Valle, a estudiar la posibilidad de hacer una defensa jurídica de las aguas de las comunidades indígenas, en oposición a las pretensiones de las Mineras, en especial Río Chilex y Cerro Colorado. Quieren pedir para sí y apropiarse de la casi totalidad de sus aguas de regadío. Necesitan imperiosamente el agua para sua faenas extractivas.

Por otra parte, se acaba de publicar hace muy poco (diciembre 1981) el Nuevo Código de Aguas que establece la obligación de regularizar las mercedes de agua de todos los predios agrícolas y ganaderos del país. Debe acreditarse, pues, en forma urgente, los títulos de dominio vigentes y, a la vez, el empleo debido del agua (no clandestino) en labores agrícolas y ganaderas, durante los últimos cinco años. Para salvar el agua de las comunidades, urge, por tanto, inscribir los derechos propios de agua y hacer, en forma inmediata, la debida oposición a las pretensiones mineras.

Reuniones de las comunidades para enfrentar el inminente despojo.

Nos reunimos en las Oficinas del Obispado el dia 20/01/1982, en presencia de numerosos representantes de poblados de la quebrada: Tarapaca, Quillahuasa, Pachica, Caigua, Sibaya, Laonzana, Coscaya, Lirima. Faltaron los representantes de Mocha y Guaviña. A estos últimos, la Empresa Riochilex les ha ofrecido facilidades especiales (?). El Obispo está sumamente preocupado por los efectos negativos que este expolio de sus aguas ancestrales pueda ocasionar en el modo de vida, agricultura y ganaderia tradicional de estas comunidades. Podría significar el desastre y la migración forzada y definitiva de su población autóctona.

A los tres días, visitamos toda la zona en conflicto acompañados por los dirigentes de comunidades aymaras Juan Alvarez Ticuna y Javier Vilca Ticuna. Debíamos formarnos una idea cabal del problema suscitado. Se realiza reunión ampliada con los pobladores de Poroma, en casa de don Eugenio Pereira Bueno (21/01/1982).

Encontramos en plena acción, en terrenos que indudablemente correspondían, por derechos inscritos, a la comunidad de Lirima y sus familias, maquinaria pesada en proceso de realizasr sondeos profundos. Se hace reunión de urgencia con la comunidad de Lirima al día siguiente, la que queda encargada de notificar a la empresa usurpadora de que deben abandonar los trabajos, de perforación y retirarse, por estar éstos en terrenos de su propiedad.

Mientras tanto, el abogado Dougnac y nosotros bajamos a Pozo Almonte a notificar al Notario Señor Enzo González para obtener de éste las medidas cautelares de rigor. La perforación se ha realizado, sin autorización alguna, en Pampa Pénjamo, terreno que es propiedad de la comunidad de Lirima. Se ha destruído con maquinaria pesada parte del bofedal de Aguas Calientes, creando piscinas enormes. Todo ello sin la menor autorización de la comunidad. Acción ilegítima e ilegal.

Estos son los antecedentes que podrían ser parte de otro sabroso segmento de Blog, en que se relate el corolario de estos hechos, realmente vergonzosos. ¿Cómo pudo la empresa burlar la Ley?.

Pero volvamos al ermitaño del Huasco. Ahora sí que escucharemos el relato escrito en 1982 en nuestro cuaderno de campo (Vol. 21 (1981-82):

Nuestro relato de Marzo 1982

"23/01/82. Viaje a la Laguna del Huasco, con F. Dougnac y J.C. Johow en un VW arrendado. Llegamos como a las 14.00 hrs. Hablamos con Conrado Fuchslocher Ubach (sic!) ermitaño. Vive aquí casi 14 años (se cumplen en Mayo/82). Nos muestra su choza. Es edificio indígena, parte del complejo del tambo incaico que hay aquí. Hay al menos 3 complejos de edificación, con pisos, y muros dotados de nichos en las paredes. En dos habitaciones, quedan restos de un sistema de calefacción (algo así como chimeneas), con tubos formados por piedras pequeñas, encementadas con tiza (?), al parecer. El "tubo" a lo que parece, daba el tiraje, depositándose la leña abajo, donde irradiaba calor, igual que (a través) del "tubo" mismo.

Conrado me explica cómo creó, en torno a la vertiente, un bofedal, haciendo circular canalitos numerosos, cuyo radio iba ensanchando. Se ven los canales y cómo aumentó el bofedal. Tal cosa se puede hacer fácilmente en torno a todas las vertientes que llegan al Salar del Huasco. El cuarto donde vive Conrado mide aprox. 2.20 m x (a lo más) 1 m. de diámetro interior. Conrado arregló un cuarto antiguo, preexistente. El techo fue puesto en paja brava en repetidas capas. A su lado, muros que Conrado levantó y que están con mortero de tiza blanca. Es ahí donde están sus trastos viejos. Su primitiva chimenea de lata, cuyo cañón sobresale màs de un metro del techo de paja. Horripila ver el espacio mínimo de su habitación. Apenas se puede estirar adentro. Anda con unos blue jeans viejos y parchados y en simple camisa, mientras nosotros no nos sacamos ni parka ni pasamontañas. Hay sol, entreverado de nubes.

Tomo muchas fotos de las viviendas. Un gran corral, con un enorme volumen de guano, juntado en siglos y que Conrado ha sacado para lo que pretendió ser su chacra subterránea, es decir, entre profundas pircas y con un vidrio encima. Ahí quedó como un estanque, el curioso canchón revestido de pirca, de más de 1 m de alto. No lo llegó a probar. Ahí quería cultivar.
Conrado habla con gran seguridad. Tiene respuesta a todo. Contesta veloz y nítidamente. Engarza palabras cientìficas en un contexto pseudo-científico. No sabe ni de ge0logía ni de arqueología. Pero dogmatiza, con aparente dominio absoluto de vocabulario y contenido.

Para J.C. Johow, amigo de su hermano, el médico veterinario Francisco Fuchslocher, Conrado es un caso esaquizofrénico típico. Un instante piensa bien. Luego [se] desconecta y repite sus teorías que para él son seguras. Palabras como "cielo de Ollantaytambo", "cultura colla", "paleolítico inferior", son reptidas en contextos inconexos, incompletos. Dice que estas viviendas fueron hechas por los indios para don Pedro de Valdivia y doña Inés de Suárez. Entre serio y burlesco, nos muestra su cama dura (parte elevada aprox. unos 25 cm. sobre el piso, donde se colocaban las mantas y cobijas y se dormía).


Dice - y [nos] muestra- cimientos de chullpas, entre el bofedal. Dice que ha descubierto varios hornos indígenas y nos muestra auténtica escoria mineral. Entre las construcciones anexas, hay dos hornos, muy semejantes a los de hornear pan, hechos en piedra con tiza. Supongo que son hispanos, del tiempo de la Colonia. Hay escalinatas de 5-6 peldaños, en buena piedra, que suben a varios aposentos. Un cuarto es ocupado por el pastor Mario Moscoso, que vive mucho más alto y llega en ese momento de gafas negras , chullo y bicicleta. Vive en un cuartito del complejo arquelógico, donde hay hermosos dinteles de piedra y jambas de enormes piedras planas. Los nichos son perfectos, de varios tamaños y ubicados aún en los ángulos de las esquinas. Unos en alto, otros, en bajo.

Nos muestra Conrado piedras: puntas de proyectil en basalto y otros elementos. Nos acompaña. Mientras yo tomo fotos -también a él y su chacrita- Conrado explica con seguridad sus múltiples teorías. Me acerqué a la laguna. Traspuse el bofedal, cojines verde claro, esponjosos, rezumantes de agua y verdor. Empieza un barro color ceniza. Llego hasta donde comienzo a hundirme. Tomo fotos de las aves: caití, guallatas, gaviota serrana (Larus serranus). No vi taguas. J.C. Johow tampoco vio aquí a la [tagua] Fulica cornuta, que sospechó debería estar anidando aquí".
(Diario de Campo, Vol. 21: 109-11, y 120-123).

En la página 122 del citado Diario de Campo, dibujé las dos piezas arqueológicas que me obsequió Fuchslocher en esa ocasión. Trabajadas en basalto, son evidencias del período de cazadores-recolectores y su actividad de caza en la zona. Se muestran en la foto de arriba, (Foto 2) tal como fueron dibujadas por mí en mi Diario de Campo.