Antecedentes.
Su particular interés.
Publicaciones posteriores sobre este mismo tema.
¿Qué hacían unos "arrieros" a los 5.200 metros sobre el nivel del mar?.
El verdadero descubridor.
En la detallada descripción que hoy se nos ofrece en Internet (por parte de especialistas del Museo) sabemos hoy que que no era un arriero corriente, sino se trataba de un cateador de minas de nombre Guillermo Chacón quien con dos amigos (Luis Gerardo Ríos y su sobrino, Jaime Ríos) habían subido a explorar unas ruinas de pircas indígenas, donde ya años antes Chacón decía haber hallado algunos objetos y figurillas de plata. El estaba seguro de que allí había otros tesoros escondidos. Y no se equivocó. En este viaje, Chacón, ya viejo, no pudo alcanzar la cima y se quedó esperándolos a medio camino en un sitio de campamento de arrieros y excursionistas denominado "Piedra Numerada". Fue un día 1º de Febrero del año 1954. Chacón dio las instrucciones precisas a sus dos amigos, los que subieron hasta las antiguas pircas. Bajo uno de los muros de los recintos pircados apareció, a unos 80 cm de profundidad, el delicado fardo funerario. Poco antes, aparecieron las figurillas.
No nos extenderemos aquí -pues no es nuestra misión en este momento- sobre el análisis y estudio de los materiales arqueológicos hallados en este contexto (un precioso unku o vestido, los mocasines, la chuspa con hojas de coca, y varias bolsitas hechas de excrotos de animal, más un par de figurillas de plata o de concha de mullu, los cintillos y el brazalete de plata. Adornos todos y su gran calidad técnica que inducen a sospechar vivamente que se trataría de un niño (no una niña como se creyó en un comienzo) de alta alcurnia social, sin duda perteneciente a alguna de las panacas reales incaicas, ofrecido en sacrificio a la deidad, el dios quechua Inti. Su edad se ha calculado en unos ocho años. El estudio de este ajuar funerario fue realizado tanto por la Dra. Mostny en el citado trabajo del año 1957, como posteriormente por otros expertos.
¿Cómo dio exactamente el cateador con este hallazgo?. ¿Fue casual?.
El Cerro El Plomo está generalmente nevado todo el año, excepto en un corto período en pleno verano en que es posible escalarlo hasta la cima. Muchos andinistas lo hacen casi por rutina en esos meses. Aun cuando su cima no se encuentre enteramente nevada, las temperaturas arriba siempre se hallan algunos grados bajo ceroº C. Esta circunstancia favorable permitió el perfecto estado de conservación del cuerpo del niño sacrificado a los dioses tutelares. Fue la existencia de "pircas de los indios ", como se las conocía, lo que alertó al minero Chacón.
Guillermo Chacón, el verdadero descubridor, tenía experiencia de excavaciones clandestinas, como cateador y minero. Su afán era hallar plata. Y como buen minero, supo de inmediato que lo que tenía entre manos era muy valioso. por eso solicita en un principio $80.000 por este tesoro, a sabiendas de que se trataba de algo muy valioso. Ya había hallado allí mismo años antes otras figurillas de plata, las que seguramente vendió a buen precio.
Fig. 2. Los adornos de plata que tenía en su brazo (brazalete) y en su cabellera, a modo de cintillos, eran parte del rico ajuar de este sacrificio humano. Le acompañaban figurillas antropomorfas pequeñas hechas de plata y otros objetos de hermosa talla. La vistosa vestimenta de lana de clara impronta inca, estaba sorprendentemente intacta. (Foto del artículo del periódico).
Fig.3. La página 2 del citado artículo. Como el recorte original era muy largo, a la copia que aquí mostramos le faltan dos líneas abajo, en el párrafo rotulado: "El descubrimiento". Copio la parte faltante para que el lector tenga todos los antecedentes en la mano:
El Descubrimiento: Se inicia el párrafo con esta frase: "El 16 de Febrero [del año 1954] llegó hasta el Museo de Historia Natural un arriero que pidió ver al Director del Museo. Por encontrarse de vacaciones, fue atendido por,la Dra Greta (sic!) Mostny..... Y el párrafo que queda incompleto en la copia adjunta Fig. 2, línea 1, abajo) , debe ser leído así:
"Por último, el arriero volvió el Marte pasado y dijo tener en Puente Alto la momia, la cual fue inspeccionada por el Señor Schaedel.... etc.
Los personajes que intervienen en este contexto arqueológico.
1) La Dra. Grete Mostny. Austríaca, investigadora adscrita ya por entonces al Museo Nacional de Historia Natural, donde llegara por invitación de su Director, don Carlos Porter. Será ella quien publicará en el Boletín del Museo, un voluminoso artículo relacionado con este hallazgo.
2) El Dr. Richard Schaedel, arqueólogo norteamericano que era en ese entonces el Director del recién creado Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile.
3) El profesor Alberto Medina, arqueólogo del Centro y uno de sus socios fundadores.
4) El Dr,. Humberto Fuenzalida Villegas, Director del Museo Nacional de Historia Natural de entonces, distinguido geógrafo y climatólogo, autor de numerosos trabajos en el área de la climatologìa y la biogeografía. Bien conocida en esos años era la gran obra de la que fuera editor y uno de sus principales autores, financiada por la Corporación de Fomento de la Producción: Geografia Económica de Chile 4 tomos (1950-1966). Fue Director del MNHN entre los años 1948 y 1964.
El sacrificio a los dioses: la capapocha.
Esta crónica del diario, redactada recién ocurrido el hecho, tiene sabor a frescura. Son las primeras impresiones sobre un hecho que, posteriormente, dará lugar a muchas investigaciones de todo tipo sobre uno de los más notables descubrimientos arqueológicos realizados en Chile. Por esas fechas, muy poco se sabía de este tipo de sacrificios humanos, llamados en lengua quechua capacocha y que eran realizados con motivos muy particulares. Raros y muy escasos eran, por entonces, los descubrimientos de este tipo hallados en los hoy conocidos como "santuarios de altura" de la cultura inca A diferencia de los aztecas, que tenían sacrificios humanos cruentos, éstos, entre los Incas, se ponían en práctica tan solo en ocasiones muy especiales: Se cree que éste sacrificio del cerro El Plomo debió realizarse con motivo de alguna gran celebración del imperio en esta porción sur del Tahuantinsuyo, o tal vez, con motivo de alguna fuerte hambruna, terremoto u otra circunstancia grave. O, quien sabe, alguna conmemoración memorable. Tal vez la asunción al trono de un nuevo monarca. Algunas crónicas españolas e indígenas (como la de Garcilaso Inca) relatan en detalle cómo se realizaba una capacocha. Era un ritual que suponía el ascenso en procesión hasta el lugar elegido de una numerosa comitiva de dignatarios incas. El niño era ataviado con sus mejores prendas y era enterrado luego de haberlo dopado con abundante chicha. Murió, por tanto, en el sueño. No hubo aquí ejecución sangrienta alguna como en el ritual azteca o maya.
Hemos dado a conocer esta crónica por ser la primera que apareciera publicada en esas fechas. Aquí radica su valor.



