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miércoles, 11 de julio de 2012

Curiosidades botánicas observadas en la quebrada de Quipisca: efectos del reciente aluvión de Febrero y Marzo 2012.


Observando las plantas surgidas del aluvión.

Las fotografías que a continuación se exponen, son fruto de dos expediciones nuestras realizadas a las áreas por donde bajó el reciente aluvión a la zona alta de la pampa del Tamarugal. El 11 de Febrero de este año 2012 se precipitó violentamente la avenida de agua como consecuencia inmediata de intensas lluvias ocurridas en el sector altiplánico, por efecto del llamado "invierno altiplánico" o "invierno boliviano". Las fechas exactas de nuestras visitas recientes fueron, respectivamente, el 30 de junio y el 7 de julio recién pasado.

Un escenario geográfico de desierto absoluto.

Mostraremos aquí el escenario geográfico físico, notablemente desértico e hiperárido, por donde bajó la torrentada de agua de enormes proporciones exactamente el día 11 de Febrero, fecha en que los pobladores del valle de Quipisca celebraban su Fiesta Patronal, la Virgen de Lourdes, en el sector de Puquios, donde se alza la actual Capilla católica. La repentina bajada del aluvión fue advertida telefónicamente a los moradores desde la vecina aldea de Parca. El agua tardó tan sólo una hora desde Parca al sector de Puquios, tanto fue el ímpetu y volumen que bajó, arrasando todo: vegetación natural, huertas, algunas casas de moradores, eras de cultivo y canales de regadío construidos en años de esfuerzo y trabajo.

Mientras el exceso y violencia de las aguas destruía todo a su paso por el fondo del lecho del río Quipisca, habitualmente seco, al llegar ya amansado y más quieto a los sectores mas bajos, produjo una floración de especies botánicas de gran interés. Estos son las paisajes y especies que mostramos en este capítulo. En uno nuestro anterior, publicado el 28 de junio, dimos cuenta del "jardín de plantas autóctonas" que se había formado más al sur, a unos 8-10 km al Oeste del poblado de Matilla, por las mismas causas. Curiosamente, a pesar de la relativa cercanía geográfica entre ambas quebradas (Quipisca al N. y Quisma, al Sur) las especies botánicas que aparecieron repentinamente fueron bastante diferentes, tanto en su número como en su especie. Lo que sería una prueba de que sus ecosistemas son de alguna manera, igualmente diferentes. Varias de las especies aparecidas en el curso inferior del río Quipisca no aparecen en Quisma y viceversa. ¿Por qué?. Son enigmas de la madre Naturaleza difíciles de interpretar.

Fig. 1. Llegada del río de Quipisca a la pampa. Se observa aquí numerosas huellas troperas antiguas que atraviesan el curso del río Quipisca hacia los 1.350 m. de altitud sobre el nivel del mar en dirección al Norte. Dichas huellas, aún perfectamente visibles, nos relatan el agitado tráfico que otrora tuvo esta ruta N-S por parte de caravanas de arrieros y comerciantes de los valles. En la parte superior derecha de la foto, destacan las últimas estribaciones bajas de la Cordillera de los Andes. El lecho visible de la quebrada de Quipisca posee aquí unos 670 m. de ancho medio medio, con escarpes a ambos costados del cauce. El escarpe del costado sur es muchísimo más elevado que el del lado Norte de la quebrada. ¿Por qué?. No nos queda claro. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).

Fig. 2. Cruzando el lecho seco, imperturbable después de siglos, el Qhapaqñan incaico o "Camino del Inca" se muestra aquí en una extensión de más de 350 m. Impresiona seguirlo a pié, único modo de hacerlo, observando las hiladas de piedras bien alineadas a sus costados y con un ancho de 3.5 a 4.0 m de ancho medio. Esta vía troncal inca unía las localidades de las quebradas, en su parte terminal, más baja. Ramales laterales se internaban quebrada adentro, hasta alcanzar los asentamientos humanos sitos aguas arriba. En capítulos siguientes, explicaremos, con lujo de detalles, por qué estamos tan seguros de que se trata realmente del Qhapaqñan inca y no de una huella tropera corriente, de época más reciente. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).

Fig. 3. Vista desde la terraza fluvial Norte de la quebrada de Quipisca hacia el Oeste, esto es, hacia la zona de su desembocadura en la Pampa del Tamarugal. Con excepción de algunos escasos arbustos de chilcas (Baccharis sp.) y escasos molles (Schinus molle) en estado casi moribundo, la aridez es flagrante, total. Cuesta imaginarse en tal inhóspito paisaje, la bajada súbita y la incontenible corriente de un río que se interna vehemente en plena pampa, para allí infiltrarse en los estratos profundos. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).

Fig. 4. Vista de detalle de una escasa y rara especie de arbusto que había logrado sobrevivir después del aluvión anterior, acaecido tal vez hace 10 ó 15, o más años aún. ¿Cómo logró sobrevivir tan largo tiempo sin agua?. Parece tratarse según me comunica mi buen amigo el botánico Sebastián Teillier, eximio conocedor de las plantas del desierto, de Trixis cacalioides (fam. Asteraceae o Compositae). Arbusto muy escaso en esta zona tarapaqueña; es mucho más frecuente en la precordillera de Arica, en la zona de las cactáceas columnares, de Zapahuira hacia Putre (com. pers. Dr. Laurence Packer).

La única explicación plausible para su presencia en este lugar tan seco, es que el agua sigue escurriendo en forma subterránea, a pocos metros de profundidad, originada en vertientes y aguadas vivas situadas en el interior de la quebrada. La capacidad de sobrevivencia de estas especies nos asombra y nos admira profundamente hoy. Este es uno de los aspectos que más nos cautiva en este desierto (Foto H. Larrain 7/07/2012).


Fig. 5. Arbusto denominado Trixis cacalioides (Fam. Asteraceae), que ha logrado sobrevivir por años en el lecho seco del río Quipisca. Con actual llegada de abundante agua que ya por varios meses baja por el cauce, ahora florece dichosa, ostentando ya por más de un mes sus diminutas y frágiles flores de un color amarillo pálido, las que observamos en la fotografía siguiente. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).


Fig.6. Close up a las flores y hojas de la planta anterior. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).

Fig.7. Ejemplar de Tiquilia atacamensis de flores color blanco, diminutas. Planta rastrera extremadamente abundante que crece sobre la arena mojada dejada por el escurrimiento reciente de las aguas de avenida. Vimos centenares de plantas de esta especie en distintos tamaños. Es una planta perenne. Esta planta, según hemos podido observarlo en los alrededores de Matilla posee infinidad de pequeños pelillos, en tallos y hojitas, los que le permiten captar y condensar el agua producida por el frecuente rocío matutino. Esta es, entre las plantas de pequeña talla la única que hemos observado viva en sitios totalmente secos y aún en arenales y pequeñas dunas donde ciertamente no tiene posibilidad alguna de succionar agua del subsuelo. Porque no la hay. Escala de la moneda de $100: 2.6 cm. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).


Fig. 8. El río de Quipisca. Corriente de agua cristalina, de excelente sabor al paladar, que baja desde hace ya meses por el valle de Quipisca rumbo a la dilatada pampa. Se inició la bajada del agua el 11 de Febrero y seguía todavía bajando en nuestra reciente visita del 7/07/2012. ¿Por cuánto tiempo más seguirá descendiendo agua por este valle hosco y reseco?. No creo equivocarme al señalar que posiblemente llegará al menos hasta el mes de Septiembre próximo. Lo constataremos. Para este desierto hiperárido, el más árido del planeta según los geógrafos, este es, tal vez, el milagro más elocuente. (Foto H. Larrain 30/06/2012).

Fig. 9. El autor y cronista de la expedición cruzando el lecho de más de 1,30 metros de ancho en este punto.(Foto C. Riffo, 30 Junio 2012).

Fig. 10. Cristian Riffo, nuestro ayudante antropólogo, probando el agua del río. A pesar de observarse pequeñas concentraciones salinas sobre las arenas blanquecinas a sus costados, el agua de este arroyo que probamos hoy nos pareció totalmente dulce y potable. (Foto H. Larrain, 30 Junio 2012).


Fig. 11. El autor y cronista arrodillado al costado del lecho del arroyo actual de Quipisca. No observamos en esta ocasión la presencia de pequeños coleópteros acuáticos (Gyrinidae) que suelen poblar estas aguas y hemos visto en visitas anteriores. (Foto C. Riffo, 30 de Junio 2012).


Fig.12. El curso del arroyo en nuestra visita del 7/07/2012, Nuestro acompañante y ex alumno Nicolás Prado Blei. Observe los arbustos de chilcas, secos, al fondo, originados y nacidos en eventos anteriores. (Foto H Larrain 7/07/2012).

Fig. 13. Foto muy elocuente. Atrás, un ejemplar muerto del árbol llamado molle o pimiento (Schinus molle). Sólo logró alcanzar esa talla. Adelante, recién nacido tras el aluvión reciente, un ejemplar de la misma especie. ¿Cuántos meses o años logrará vivir?. Le espera, lamentablemente, el mismo destino fatal del anterior: la muerte inexorable (Foto H. Larrain 7/07/2012).

Fig. 14. Curiosa planta llamada Reyezia juniperoides. Ostenta flores de un color azul intenso casi añil. Es el único ejemplar que pudimos encontrar de esta extraña especie, creciendo en la arena húmeda junto al agua corriente aunque la buscamos intensamente por los alrededores. Es muy probable que la semilla llegó hasta aquí desde muy lejos aguas arriba, arrastrada por el agua de aluvión. No tiene hojas propiamente tales o mejor dicho, éstas están transformadas en delgados filamentos como se observa en la fotografía. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).

Fig. 15. Close up a Reyezia juniperoides, mostrada en de foto anterior. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).


Fig. 16. Máxima aproximación que nos fue posible a la flor de Reyezia juniperoides. Nótese las extrañas hojas convertidas en gruesos filamentos como tallos. Recientemente, por comunicación escrita del botánico Sebastián Teillier, hemos podido disponer del nombre científico de esta extraña planta de desierto que nunca habíamos observado antes. (Foto H. Larrain 7/07/2012).


Fig. 17. Ejemplar juvenil de Cistanthe amaranthoides (antiguamente llamda Philippiamra pachyphylla). Esta especie era muy escasa en este paraje del valle de Quipisca, siendo, en cambio, relativamente abundante en la pampa adyacente al valle de Quisma, inundada por el reciente aluvión, en estas mismas fechas. (Fot H. Larrain, 7/07/2012).


Fig. 18. Extraño arbusto, cuyo nombre científico según nos acaba de informar nuestro amigo, el botánico Sebastián Teillier, es Huidobria fruticosa Phil. El ejemplar visto por nosotros era una planta totalmente aislada solitaria en el paraje, en el lecho del río Quipisca y junto al Camino del Inca. Sólo hallamos un solo ejemplar en el lugar. Vimos un hermoso ejemplar de abeja nativa, negra con tonos amarillos, revoloteando en torno a sus flores. Esta planta logra sobrevivir a numerosos años secos durante los cuales no corrió por aquí una sola gota de agua. Sin duda, se alimenta de napas subterráneas, poco profundas, que deben afluir desde las vertientes situadas aguas arriba, además del rocío matutino que logra condensar y captar en sus numerosos pelillos en hojas y tallos tiernos. La planta, en efecto, es sumamente velluda observada a la lupa. Esta rara especie de la familia Loasaceae vive tan solo en sectores del desierto extremo chileno, en las regiones de Tarapacá y Antofagasta. Esta rara y muy escasa especie fue descrita por primera vez, sobre la base de ejemplares descubiertos en las alturas de Paposo por don Rodulfo Amando Philippi en la revista "Anales de la Universidad de Chile", Nueva Serie, 1855, páginas 218-221, con el título de "Observaciones sobre la Huidobria fruticosa, especie de planta de la familia de las Loáceas", en Sesión del día 23 de mayo 1855. (Foto H. Larrain 7/07/2012).

Fig. 20. Hojas aserradas en su borde y botón floral de la misma especie anterior: Huidobria fruticosa fam. Loasaceae. La planta entera (hojas y tallos) está cubierta de infinidad de minúsculos pelillos con los que seguramente logra capta la humedad proveniente del rocío de las madrugadas. (Foto H. Larrain, 7/07/2012).

Fig. 21. Flores abiertas y cabezuelas ya secas de esta misma especie de arbusto, llamado Huidobria fruticosa Phil , planta extremadamente escasa en ambientes del desierto de Atacama. Parecen otear el horizonte infinitamente árido de este paisaje (Foto H. Larrain, 7/07/2012).


Un comentario ecológico.

Para los botánicos y ecólogos vegetales estas fotos revisten un particular interés, por cuanto demuestran la vitalidad y capacidad de la madre Naturaleza para brotar, revivir y semillar, gracias a la presencia benéfica del agua. En efecto, algunos de lo arbustos perennes mostrados, como Trixis cacalioides, y la rara especie de Huidobria fruticosa Phil mostrada en las Figuras 19 a 21, logran sobrevivir, a duras penas por cierto, captando aguas subterráneas. Pero en su mayoría, las plantas vistas por nosotros son plantas anuales que viven corto tiempo: nacen, se desarrollan rápidamente, semillan y luego fatalmente mueren, dejando en herencia sus semillas ocultas bajo la arena, en latencia. Llegará el próximo aluvión un día y volverán a brotar con su humedad. Y el ciclo continuará así por siglos, dando persistencia y longevidad a las distintas especies, en estos parajes extremadamente desérticos.

Hemos solicitado a amigos botánicos nos ayuden a identificar algunas de las raras especies aquí presentadas. Gracias a sus informes, que por cierto reconoceremos en el texto, hemos podido enriquecer notoriamente este capítulo.

La floración del desierto: un milagro viviente.

Al contemplar tramos aún desconocidos del Qhapaqñan o "Camino del Inca" nos preguntábamos cómo pudo pasar por aquí Tupaq Yupanqui o Huayna Qhapaq con sus ejércitos a pie, en pos de la conquista de Chile. Nos preguntábamos qué recursos pudo hallar aquí el viajero en un ambiente tan hostil para la vida. ¿Era en aquellos tiempos el paisaje igual al actual? ¿Era algo más clemente?. ¿Había más vegetación que hoy día?. Creemos que sí.

Sospechamos fundadamente que en aquellos tiempos del Inca o del paso temprano de las huestes de Diego de Almagro, primero y Pedro de Valdivia después, el paisaje pudo ser en parte diferente. Árido, ciertamente, pero seguramente menos árido que hoy. Es bastante probable que haya habido algo más vegetación que hoy, y, tal vez, corriera el agua por estos cursos esporádicos con mayor frecuencia que en la actualidad. El hecho de que vertientes otrora potentes del valle de Quipisca como Munujna, La Palma y otras se hallan secado en los decenios recientes (en los últimos 50-60 años) y que hallan sido capaces de dar vida por centurias a las eras de cultivo hoy abandonadas, es- así lo creemos- un argumento válido para pensar que dichas vertientes fueron también capaces antaño de entregar una mayor cantidad de agua al curso del río Quipisca. También tenemos el derecho a imaginar, al observar las antiguas eras de cultivo abandonadas no lejos del sitio que hemos visitado, que esas zonas casi con seguridad debieron hallarse bajo intenso cultivo en tiempos incaicos e hispánicos muy tempranos.

Los indios, conocedores de la ruta, sabían donde obtener el agua cavando pozos.

Cuando las crónicas de la conquista nos relatan que el Inca antes de trasponer este Despoblado, hizo cavar pozos para obtener el agua que manaba de poca profundidad, imaginamos que esto pudo ocurrir, precisamente, en el lecho más profundo del río, donde hoy subsisten estos arbustos que porfiadamente se aferran a la vida. Si las raíces de estos arbustos llegan hoy al agua subterránea, ¿por qué no se puede obtener la misma cavando un pozo de unos 3-5 m de profundidad?. Esta simple experiencia nos podría dar tal vez la clave para comprender la sobrevivencia de estos viejos ejemplares hasta hoy.


Ya lo sugieren los crónicas.

Hay un texto del cronista Garcilaso de la Vega quien sabemos supo informarse de testigos fidedignos del regreso de Almagro al Perú, que creemos viene hoy muy a cuento para entender mejor el modo de cruzar este desierto despoblado y utilizar la escasísima agua existente:

"Don Diego de Almagro habiendo determinado volverse al Perú ....dio cuenta a Paullu Inca de su intención y le pidió su parecer.. El Inca Paullu. habiendo consultado con sus indios los caminos dio cuenta a Don Diego del camino que había por la costa y dijo que después de las guerras que sus hermanos los Incas Huáscar y Atahualpa tuvieron se habían cerrado y que los pozos o fuentes que por él había de donde bebían los caminantes por no haberse usado en tanto tiempo, estaban ciegos con el arena que el viento les echaba encima y no tenía agua sino muy poca, y ésa hedionda, que no se podía beber. Empero, que le enviaría indios delante que los fuesen limpiando y sacando el agua sucia y que con el aviso que estos enviasen de la cantidad del agua que los manantiales tenían, así enviaría su ejército en cuadrillas, aumentado el número de gente conforme a la cantidad del agua; porque aquellas fuentes, cuanto más las usaban, tanto más agua daban de sí..." (Garcilaso de la Vega, extracto de su relato en la IIª Parte de "Los Comentarios Reales del Perú", Cap. XXII, publicado en el Boletín de la Academia Chilena de la Historia, Año IV, Nº 7, 1936: 168-169)


Pozos y fuentes: dos procedimientos diferentes.

Pensamos que Garcilaso alude en este texto a dos tipos diferentes de depósitos de agua disponibles a los viajeros a lo largo del camino del Despoblado de Atacama en el segmento del Qhapaqñan:

a) los "pozos" ( esto es, excavados ad hoc), y

b) las "fuentes" (puquios o o manantiales).

Por "pozos", entendemos una excavación prolija, de cierta profundidad, en los sitios más adecuados que solía ser, precisamente, el fondo de los lechos de ríos secos, pero con presencia de vegetación arbustiva. Por "fuentes" , puquios o manantiales, entendemos las aguadas o vertientes que daban el agua de por sí en superficie, sin necesidad de excavar profundamente. Creemos fundadamente que en sitios como los lechos secos de quebradas tarapaqueñas, el procedimiento más usual fue abrir pozos de cierta profundidad en los sitios de mayor hondura en los cauces mismos. Debieron los indios del Cuzco, conocedores de este trayecto, tener ya perfecto conocimiento previo sobre los lugares más aptos para cavar los pozos. El cauce del río Quipisca, allí donde hoy subsiste aún vegetación perenne, parece el sitio más adecuado para cavar pozos y acceder al agua a poca profundidad. Comprobar esta hipótesis nuestra, mediante la confección de pozos en sitios como éstos, podría arrojar potente luz sobre los lugares elegidos para instalar su tambos o tambillos a la vera del Qhapaqñan.

Parece lógico pensar que sus recintos habitacionales (sus chasquihuasi o tambos) tuvieran acceso al agua en sus proximidades. Necesitaban imperiosamente , en efecto, surtir de agua estos recintos para el auxilio rápido y oportuno de los caminantes. Creemos que no sería difícil hacer la experiencia de cavar pozos en estos lugares y comprobar así esta nuestra hipótesis.


Lo que es palmariamente evidente es que el desecamiento del desierto se ha ido agudizando de siglo en siglo y que hoy estamos en un momento de máxima aridez, tal vez como nunca antes en la historia humana de esta comarca. Pero, a la vez, disponemos hoy de una tecnología exploratoria y excavatoria muchísimo más rápida y eficaz que en el pasado remoto. Usémosla para beneficio de las sufridas comunidades aldeanas del desierto.


Reconocimiento:

Todas las denominaciones científicas de las plantas raras mostradas en este capítulo del Blog las debemos a la excelente voluntad de mi buen amigo el botánico chileno Sebastián Teillier, autor de varias obras ilustradas sobre la flora nativa del Norte de Chile. A él, pues nuestro más profundo agradecimiento.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Fragmento de carta de Gustavo Le Paige a Hans Niemeyer (1960): Antigüedad del hombre atacameño. El problema del agua en el desierto.

Fig. 1. Este fragmento de carta, escrito de puño y letra por el jesuíta Gustavo Le Paige en el año 1960, desde su parroquia de San Pedro de Atacama, se refiere, con trazos certeros, fruto de su experiencia directa, a la gran antigüedad de la cultura atacameña. Muy superior a la que los arqueólogos de su época le asignaban. Este texto ha quedado semi oculto en las páginas de un libro especializado, dedicado al estudio de la hidrografía de Chile y fue publicado en el año 1984. (Hans Niemeyer F. y Pilar Cereceda T. , "Hidrogeografía", Volumen VIII de la Coleccción de Geografía de Chile, Instituto Geográfico Militar, 1984: 79).

Niemeyer y Cereceda decidieron darla a conocer en su obra del año 1984 por cuanto expresaba bien el notable interés del sacerdote por apoyar proyectos de regadío de interés local, para beneficio directo de las comunidades que vivían en los diferentes ayllos, dispersos en torno al Salar de Atacama y regados por los ríos Vilama y San Pedro.


Como el texto de la carta de Le Paige resulta apenas legible, hemos decidido incluir aquí una transcripción del mismo:

"Cuando llegó a esta zona de San Pedro de Atacama el cazador primitivo hacia 30 a 50.000 años [atrás], se estableció al borde de una inmensa laguna de unos 140 kms de largo sobre 60 [km] de ancho. El tercer y último levantamiento de la Cordillera no hizo sino que acelerar el asecamiento [sic por desecamiento] de esta laguna. Se fueron desapareciendo [sic!] las aguas y disminuyendo la vegetación. El paso del estado de cazador recolector al de pastor y agricultor se realizó exactamente a la época [sic!] de la formación del Salar actual, dejando en la parte norte, en el delta de aluviones de los ríos de Vilama y San Pedro, una vega fértil. Eso ayudó a los Atacameños a subir a un alto grado de civilización. Organizaron un sistema de regadío que sus descendientes usan todavía después de 2.000 años.

La cumbre de esta cultura atacameña se ubica entre los siglos IIIº a VIIº de la Era Cristiana. Las tumbas nos revelan no solamente sus lindos cántaros o sus maravillosas tabletas para aspirar el rapé, pero también el tipo de agricultura de esta época. Ahora no se cultivan más varias de estas plantas, como el quínoa [sic!]. El clima ha cambiado, las aguas han disminuydo [sic!] y llegan a ser subterráneas. La sequía [borrado aquí "acequia"] ha conservado las momias, pero ha matado a los vivos: [éstos] se van. [Se] necesitaba entregarles más agua para que les sea [fuera] posible sobrevivir.Habían dos sistemas: 1º: los pozos con [empleo de] bomba motorizada, pero que habrían necesitado de cualquier manera... [¿?]; el 2º que son los canales estancos de concreto para evitar la infiltración en terreno arenoso".

(hasta aquí el texto que traen Niemeyer y Cereceda en su obra del año 1984)

.
Con motivo de un estudio que se nos encargara recientemente para una puesta en valor de la Quebrada de Quipisca, dimos casualmente con este texto que complementa muy bien el pensar y sentir del arqueólogo-sacerdote en relación a la importancia de sus descubrimientos en torno al Salar de Atacama. Nos pareció pertinente re-editarlo y comentarlo, porque expresa muy bien el énfasis que el sacerdote otorgaba a su misión no sólo como evangelizador de la palabra de Cristo, sino también como activo agente de desarrollo rural, en épocas muy tempranas.

Recordemos que el sacerdote belga llegó a San Pedro de Atacama como párroco en el año 1955, cinco años antes de enviar esta carta. Y ya para entonces, se había percatado y convencido de la gran antigüedad de las evidencias encontradas por él, y que señalaban la presencia de cazadores-recolectores de muy antigua data. También, expresa la gran preocupación del sacerdote por el futuro incierto de los atacameños como resultado de la falta de agua. La carta tiene por objetivo el aportar antecedentes arqueológicos a los ingenieros de la Dirección de Riego, para apoyar decididamente la construcción de canales encementados de regadío en la zona, para evitar las grandes pérdidas de agua por evaporación, en los antiguos sistemas de canales hechos en tierra.

Recordemos aquí que Le Paige es el primer investigador que en esta zona norte plantea, con pruebas irrefutables, la presencia de un período Arcaico, en el que cazadores-recolectores nomadas recorren en busca de sus presas, los antiguos lagos someros, por entonces ya en proceso de desecación. En otros capítulos de este Blog hemos rememorado y destacado sus ideas e hipótesis con respecto a tal antiguo poblamiento que, al tenor de esta carta, audazmente pretende situar entre los 30.000 - 50.000 años atrás. La idea de encontrar en esa apartada región del desierto trazas ciertas del Paleolítico antiguo - semejante al Paleolítico europeo- le seduce enormemente y , me atrevería a decir, "le encandila" por entonces.

No olvidemos que Le Paige llega a América imbuido en las ideas antropológicas revolucionarias del también jesuita, el paleontólogo francés Pierre Teilhard de Chardin S.J. Posteriormente, matizará un tanto sus audaces asertos respecto a la cronología, pero siempre sosteniendo su enorme antigüedad. Durante el Congreso Internacional de Arqueología, organizado por el propio Le Paige en San Pedro de Atacama en Enero del año 1963, Le Paige mostrará a los asistentes, entre los que se encontraba el ingeniero y arqueólogo Hans Niemeyer, los toscos utensilios en piedra tallados por estos cazadores del Holoceno, tal como lo vemos en una de las fotos publicadas por nosotros en este mismo Blog. (con el titulo: "Enero de 1963: El Congreso Internacional de Arqueología en San Pedro de Atacama", 20 octubre de 2011).

En la carta redactada a mano y que hoy presentamos aquí , Le Paige reitera con energía a manera de síntesis de su pensamiento:

"El clima ha cambiado; las aguas han disminuido y llegan a ser subterráneas. La sequía ha conservado las momias pero ha matado a los vivos: se van. Necesitaba [sic por se necesita] entregarles más agua para que les sea posible sobrevivir". (las últimas palabras están especialmente subrayadas en el texto).

Con estas palabras que expresan bien su lacerante angustia, el sacerdote pretende incentivar a la autoridad para la pronta puesta en práctica de planes concretos de mejoramiento en los canales de riego del Salar, lo que logra plenamente gracias a su tesón y a su indomable energía.

En este Blog nos hemos propuesto rescatar la memoria y el legado cientifico y humano de Le Paige, un tanto adormilados hoy entre los arqueólogos - sus sucesores del presente - los que laboran allí mismo donde el sacerdote, durante largos 25 años, soñó con "dar a conocer San Pedro", como el mismo gustaba de decir.

Aunque sea éste solo un granito de arena, nos muestra una nueva faceta de Le Paige, tal vez la menos conocida y apreciada hoy incluso por los mismos lickan antai: la del gestor del desarrollo agrícola de San Pedro y sus ayllos.

Estamos convencidos de que llegará pronto el día en que los propios atacameños, a los cuales Le Paige se dio por completo hasta su último suspiro, reconocerán hidalgamente su gesta y sus méritos, tanto científicos como humanos y verán en él mucho más que al arqueólogo de campo, al benefactor de la zona atacameña y al gran de propulsor y defensor de su identidad y cultura.

lunes, 29 de diciembre de 2008

O´Brien: : hidrografía, clima y vegetación de la Pampa

Las observaciones de don Antonio O´Brien sobre el suelo del desierto, las distintas especies de la vegetación nativa, la agricultura de trigo y maíz y las condiciones de aridez del territorio , nos sorprenden gratamente. En todas ellas, muestra una maestría descriptiva que tiene muchísimo de geográfico.

El siguiente texto que hoy vamos a analizar se refiere a las aguas que bajan por las quebradas a la Pampa, a la flora resultante y a lo sistemas de explotación del bosque. Es una verdadera lección de geografía física e hidrografía del territorio donde le tocó vivir siendo Teniente de Gobernador en el pueblo de Tarapacá por espacio de casi una década. Pero también de ecología profunda. He aquí el texto:


"[Nº 77] "Desembocan en este Valle muchas Quebradas que bajan de la Cordillera por las que cuando llueve se despeña copiosa cantidad de Agua Capaz de Regar y fertilisar todo este Valle, particularmente desde el Pueblo de Pica, hasta la Quebrada de Aroma, distancia de veinte leguas. Las Principales Quebradas por donde baja la mayor cantidad de Agua son, la de Aroma, Tarapacá, Mamiña, Macaya, y la de la Calera. Mucha parte de este Valle cría con las humedades de las nieblas, y las que coje el terreno con el agua que corre de las Quebradas que he dicho, un monte bajo y espeso que llaman Pillayas, cuando están verdes las comen las Mulas. Este Monte de Arboleda se ha secado mucha parte de él en las inmediaciones de la Quebrada de Tarapacá, por dos razones: La primera por que siendo el terreno más alto, parece que las Aguas subterráneas corren mas profundas, y no alcanzan los arboles tanta humedad, como necesitan pra su conserbación, no obstante que todavía ay muchos Algarrobos, Tamarugos y Molles en esta parte.

[Nº 78] La segunda porque es mucha la cantidad de ellos que cortan para Leña, hazen carbón y otros menesteres, siendo lo que mas destruye esta Arboleda el modo que tienen de hazer el Carbon que es como diré:

Cortan los Arboles, y los destrosan y quando estan secos juntan una cantidad de ellos, y les pegan fuego, sin otra precausión alguna, y quando les parece que están pasados de fuego los apagan con tierra, y sucede que si pusieron cien quintales de leña, sacaron veinte, o veinte y cinco de Carbon bien malo,
y de este modo an destruido la mayor parte de la arboleda, con mui poca utilidad, y si no se pone remedio vendran a quedar en menos tiempo del que piensan sin Leña ni Carbón ni donde ir a buscarla".

Este texto es notable no solo por sus alcances ecológicos sino sobre todo por la profundidad del razonamiento. Revela no solo la mentalidad de una persona que piensa en el futuro de ese territorio, sino también muestra bien a la autoridad que se preocupa por buscar remedio a la situación que denuncia. Este párrafo final que hemos subrayado, constituye un verdadero manifiesto ecológico, propio de un hombre visionario. No hemos tropezado en nuestras lecturas de documentos de este siglo con un fragmento tan lúcido y elocuente respecto a las nefastas consecuencias de un comportamiento humano totalmente contrario a la sustentabilidad del área en el tiempo. Es un manifiesto que prevé muy inteligentemente lo que ocurriría en el futuro. Y de hecho se adelanta en mucho a la mentalidad explotadora de su tiempo.

Procederemos, como en otros segmentos de nuestro Blog, a analizar con lupa este valioso documento, que nadie sospecharía se remonta al año 1765, es decir hace casi 250 años.

a) El concepto de "valle" en el pensamiento de O´Brien, abarca toda la extensa Pampa del Tamarugal. La pampa entera es, por lo tanto, un "Valle" para él.

b) O´Brien está convencido de que todo este Valle puede ser regado por las grandes avenidas de agua que caen periódicamente en él. Es la visión de futuro de un agricultor visionario y emprendedor. No sé por qué este gesto me recuerda, de improviso, a la figura insigne de don Patricio Larrain Gandarillas, mi bisabuelo paterno, quien igualmente soñó con regar todo el extenso y totalmente seco valle de Mallarauco y se puso en campaña para construir el canal que atravesó el cerro, conduciendo el caudal de agua. Y, luego de años de fatigas, lo logró.

c) Es muy probable que O´Brien haya sido testigo, en su tiempo, de varias copiosas avenidas inundando la pampa del Tamarugal. Por eso señala: "cuando llueve se despeña copiosa cantidad de agua". Si no fue testigo presencial de algunas de esas avenidas, supo informarse muy bien sobre el particular.

d) La idea de que esas aguas podían fertilizar toda la pampa le surgió, casi seguramente, por haber visto u oído acerca del uso ancestral de las comunidades indìgenas de la quebrada, que en tiempos de bajada de las aguas, se instalaban por varios meses en rústicas cabañas, en la pampa a plantar el maíz. La arqueología nos enseña que los antiguos indìgenas ya habían hecho uso de este recurso en la pampa, donde dejaron el testimonio de su presencia y los restos de sus cabañas. Y hasta tiempos muy recientes, los pobladores de las aldeas más altas bajan a cultivar a la pampa, en años particularmente lluviosos.

e) O´Brien conoce perfectamente cuáles son los principales cursos de agua que arriban a la pampa, y cuál es su quebrada de origen. Curiosamente, no hay referencia alguna a las quebradas de más al sur de Pica: Juan de Morales, Maní y Guatacondo. ¿Por qué?. Tal vez porque su radio de acción ordinaria, como Teniente de Gobernador con sede en Tarapacá, le hizo familiarizarse con estas quebradas cercanas. Y éstas son las mismas que certeramente dibuja en su "Plano de la Pampa de Yluga". Los nombres de las quebradas no han variado substancialmente ; solo la de Mamiña hoy es conocida como la "quebrada de Quipisca". Y la de Macaya, corresponde a la quebrada de Tasma, inmediatamente al Norte de Pica.

f) Estas frecuentes avenidas de agua sobre la pampa, han creado, según O´Brien, "un monte bajo y espeso que llaman Pillayas". Su nombre ha sido conservado hasta hoy en el habla popular. Sabemos bien que se trata del arbusto Atriplex atacamensis Phil , de la familia Chenopodiaceae, que adquiere un gigantesco ruedo que puede alcanzar varios metros de diámetro cuando tiene riego, y que puede elevarse hasta 3-4 m de altura. O´Brien no deja de señalarnos, como dato precioso, que sus hojas nuevas son comidas por las mulas, tal como lo fueron antaño por los guanacos, cuando bajaban a la pampa. Áreas formadas por un "monte bajo y espeso" , "impenetrable" a ratos, como destaca O´Brien, ya casi no se conservan hoy día. Sin embargo, Al Este de Huara, hacia el Norte y hacia el Sur, en tiempos de fuertes avenidas, se forman estos tupidos matorrales de pillallas, lo que nos permite formarnos una idea aproximada de lo que pudo ser un día el área aquí descrita, camino de Pica, en tiempos de O´Brien. Pillalla es un nombre local, al igual que sorona (Tessaria absynthioides) , denominada "brea" en el resto de Chile; más al sur, a partir de la IIª Región de Antofagasta, a la pillalla se le denominará siempre con un nombre quechua: cachiyuyo, que significa "yerba de sal". El término "pillalla", parece estar circunscrito, pues, al área de Tarapacá, por lo que podría tratarse de un término de origen aymara o, tal vez, puquina, como otros que hemos discutido.

g) Nos sorprende bastante nuevamente una aseveración del sevillano. Las pillallas no sólo brotan con las aguas que vienen por las quebradas y caen a este "Valle". Tambien concurren a su crecimiento y desarrollo "las humedades de las nieblas" (sic!). ¡Notable perspicacia!. Cómo llegó O Brien a esta conclusión?. ¿Cómo llegó a pensar que las "humedades de las nieblas" podrían coadyuvar al crecimiento de los árboles?. ¿Eran antes más intensas o más frecuentes estas humedades que hoy día?. ¿A alguien se le ocurriría hoy día pensar que la camanchaca tiene algún influjo en el crecimiento de los árboles y arbustos de la pampa del Tamarugal?. La investigadora de la Universidad de Chile, Dra. Fusa Suzuki pretendió demostrar, hace unos 25 años atrás, que los tamarugos podían absorber el agua a través de los estomas de sus hojas. Pero su tesis no prosperó y ha sido por ahora descartada.

Sabemos bien que las camanchacas penetran, máxime durante la temporada invernal, hasta el nivel de la pampa interior. Pero hoy día esto ocurre solo en pocas ocasiones, según los estudios que el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica realizó en el invierno del año 1998. La captación de la niebla por nuestros atrapanieblas en estas ocasiones fue muy tenue y se redujo tan sólo a pocos cm3 y tan sólo en pocas ocasiones. Muchísimo menos que sus homólogos situados en el alto de acantilado costero en Alto Patache.

Sospechamos que en este aspecto falta todavía mucho por investigar. Porque hay sectores de la pampa interior donde abunda la retamilla (Ceasalpinia angulata), donde resulta casi imposible que sus raíces capturen el agua freática, por hallarse ésta muy profunda (a más de 10-12 m. de profundidad) . Sin embargo, hemos observado que estas plantas tienen un complejo sistema radicular totalmente próximo a la superficie del suelo y extienden por metros y metros, y en todas direcciones, sus interminables raíces, semejando infinitos cables, los que apenas van a pocos centímetros bajo el suelo. No poseen raíces pivotantes que busquen la humedad de las profundidades. Sospechamos, por tanto, fundamente, que estas raíces superficiales están dotadas de delicados pelitos radicales, muy finos, capaces de capturar tanto el rocío de la madrugada, como la tenue humedad de la niebla cuando ésta se deposita por varias horas durante las noches frías sobre las arenas del suelo. De otra manera no nos explicamos cómo puedan sobrevivir, desarrollarse y florecer rabiosamente en la primavera, sin mediar lluvia alguna.

Si nuestra hipótesis es correcta y la conjunción de la niebla de la noche y el rocío de la madrugada aportan una importante cuota de humedad a la planta, la observación de O´Brien sería realmente pionera en este sentido y fruto de una admirable capacidad de observación. Tal vez, pudo surgir de su frecuente experiencia de acampar durante la noche en plena pampa, bajo la protección de pillallas, retamillas o tamarugos. Los viajeros del siglo XVIII no disponían de carpas protectoras de ninguna especie. Simplemente se acostaban sobre las monturas o los peleros de sus cabalgaduras, cubiertos por gruesas mantas o ponchos de lana. Y éstas, probablemente, también servían de captadores de la humedad en las horas de sueño. Tal vez esta experiencia, repetidamente observada por O´Brien en sus viajes desde el pueblo de Tarapacá a la costa, le sugirió la total certidumbre de que, tal como él dice, "mucha parte de este Valle cría, con las humedades de las nieblas, un monte bajo y espeso que llaman Pillayas...". Estudios de fisiología vegetal más acuciosos, tal vez un día nos darán la razón. Y ese día Antonio O´Brien será considerado un audaz pionero de esta hipótesis.

El problema de las avenidas de agua


[71] Tambien se padece el trabajo de las avenidas que bajan por la Quebrada
[de Tarapacá] procedidas de las llubias de la Cordillera, ò Puna, donde llueve y truena en abundancia, por los principios de Febrero ó fines de este, las que causan no poco daño en las sementeras y casa de los Pueblos del plan de la Quebrada".

a) El problema de la existencia de los aluviones en las quebradas, queda bien reseñado por O´Brien aquí. Por lo que él indica en este texto, se puede inferir que la bajada de avenidas a la pampa era un hecho frecuente antaño. Si bien no indica que el fenómeno se produzca todos los años, la frase usada " se padece el trabajo de las avenidas que bajan por la Quebrada", sugiere una frecuencia alta. Y si tomamos también en consideración su famoso Plano de la Pampa de Yluga (1765), donde tales aluviones quedan claramente dibujados por su propia mano, es evidente que el tema le preocupa en grado sumo.

Y precisamente a causa de la periodicidad de tales avenidas, llega O´Brien a la conclusión lógica de que sería factible construir embalses, en varias gargantas de la quebrada da de Tarapacá, no sólo para
frenar el ímpetu de sus aguas y represarlas, sino contar con el abastecimiento de agua para beneficio de la agricultura del valle y de la pampa de Yluga.

Un segundo Plano del sevillano (fechado el 20 de Junio de 1766) que hemos estudiado (Larrain , 1975: 330-362
) se titula: Plano que manifiesta la quebrada de Tarapacá en el Thenientazgo o Partido de este nombre, de el Corregimiento de la Ciudad de San Marcos de Arica, con las tierras de los Yndios tributarios y el Proyecto que se discurre mui útil para dar corriente a las Lagunas de Lirima y el de proveer de agua esta Quebrada..." . Tal encabezamiento bien refleja los objetivos confesados del Plano y de los estudios que aconseja hacer.

b) Es evidente, pues, que O´Brien aprovecha su experiencia de varios años en la zona y su gran conocimiento del terreno, que ha recorrido palmo a palmo, para presentar su Proyecto innovador: bajar las agua de las lagunas altiplánicas, construir tres represas a medio camino a lo largo de la quebrada de Tarapacá y canalizar el acceso de las aguas hasta la pampa para permitir la práctica de la agricultura todos los años, y no sólo en casos de avenidas.

c) El clima del llamado "invierno altiplánico" le resulta perfectamente familiar: sabe que tales avenidas son producidas por lluvias en la alta cordillera; sabe su fecha exacta de ocurrencia: se producen "a principios o fines de Febrero"; también acota que son precedidas de truenos en abundancia, y por fin , señala que estos aluviones "causan no poco daño en las sementeras y casas de los pueblos".

d) El Plan propuesto, que plantea audazmente al Virrey del Perú don Manuel de Amat y Juinient, tiene por objetivo paliar estos males, y beneficiar la agricultura local aumentando enormemente la superficie bajo riego en el nivel de la Pampa.

e) Estas frecuentes "avenidas" producen "trabajo", es decir, padecimiento para los lugareños por lo incontrolable de los cauces. Su Plan envuelve de por sí una serie de medidas concretas para controlar las fuerzas desatadas de la Naturaleza: regularizar los cauces , establecer un sistema escalonado de represas aprovechando las gargantas naturales para acopiar agua para los años secos y así asegurar el regadío, tanto de los terrenos de la quebrada como de la pampa de Yluga.

f) Por fin, aunque no se nos dé indicios claros acerca de la periodicidad de tales avenidas, todo hace suponer que ellas fueron, en esa época, relativamente frecuentes; en todo caso, más frecuentes que ahora. Las fechas en que vive O´Brien corresponden con bastante exactitud a la llamada "pequeña Edad del hielo" y corresponden a un período ciertamente más frío y húmedo que hoy, según los climatólogos.

En su conjunto, el cúmulo de medidas propuestas por O´Brien, nos parecen no solo sensatas sino clarividentes para la época y, sin duda alguna, son fruto no sólo de su propia experiencia de campo sino también de su habilidad para obtener informes fidedignos de terceros, buenos conocedores del clima de la región.


(Segmento en elaboración, 28 de diciembre 2008; enriquecido el 02 de Febrero del 2009).

viernes, 8 de agosto de 2008

Vanishing Trails of Atacama. (Senderos de Atacama que se desvanecen), William E. Rudolph, 1963.


Esta obra sigue de cerca los pasos de Desert Trails of Atacama, obra del eximio geógrafo norteamericano Isaiah Bowman (1924). Amigo personal y admirador de Bowman, Rudolph , ingeniero de profesión, permanece en el área atacameña por espacio de unos 30 años, conociendo y visitando cada rincón del desierto. Sin tener la rigurosidad ni la profundidad de los enfoques geográficos de Bowman, Rudolph nos ofrece en su librito -que ponemos hoy a disposición del público de la red - sus observaciones, fruto de su larga permanencia y su premeditada inquietud por describir los lugares, paisajes, poblados, edificaciones y obras hidráulicas de su tiempo.

Observador atento, se da cuenta que el paisaje cultural en Atacama está sufriendo un cambio muy rápido y violento y que es preciso preservar para la posteridad formas de vida, paisajes, fotografías y descripciones que de otra suerte se perderían para siempre. Esta conciencia del "rápido y destructor paso del tiempo" en Atacama, le permite, como antaño los cronistas, anotar todos los elementos culturales que le parecen de especial interés y que reflejan los cambios culturales emergentes. Cincuenta valiosas fotografías ilustran la obra, las que de por sí - como en el caso de Bowman- constituyen valiosos testimonios de una época.

Este "cambio", que tanto le admira, lo grafica bien en la exclamación: ¡Qué cambio se ha labrado con el advenimiento de los caminos y las facilidades de comunicación durante los pasados cuarenta años"! (1963:81). ¿Qué diría hoy Rudolph, 55 años después, si fuera testigo de lo ocurrido desde su época hasta el momento actual?. Se confirmaría su hipótesis de que el desierto puede ser poblado y "domado", con la llegada de la moderna tecnologia de las comunicaciones y definitivamente deja por ello de ser un "Despoblado" como lo fuera en el pasado colonial.

Ofrecemos, pues, con especial interés y afecto este libro para su uso libre en la red, como parte de nuestra Biblioteca Virtual Horacio Larrain, de modo que pueda ser leído y meditado por todos aquellos que se interesan por reseñar e investigar el "cambio cultural" que ha sufrido el pueblo atacameño, sus instituciones y sus paisajes.

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