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sábado, 2 de noviembre de 2013

Reviviendo el anteayer: romería a los viejos cementerios del mineral de plata de Huantajaya. Evocación y emocionado recuerdo.


                            
Fig. 1.  El desconocido "cementerio peruano" del Mineral de plata de Huantajaya, junto a la localidad de Alto Hospicio,  a unos 15 km al  oeste de la ciudad de Iquique. en el extremo norte de Chile.  Hace algunos años,  al estudiar in situ este antiguo mineral de plata de época colonial, con  nuestro ex alumno el  arqueólogo Víctor Bugueño García,  pudimos re-encontrar este cementerio, tras una  fatigosa pesquisa, del cual  casi nada era visible a simple vista: ni cruces, ni túmulos, ni menos aún los típicos  ruedos en cuadro, hermosas protecciones hechas con tablas labradas en pino oregón. Nada subsistía, al parecer.  Bases cortadas a ras de piso de postes, relicarios  o cruces, pálidas señas de un aplanado artificial y  de un muro de circunvalación en cuadro, nos dieron la pista para reconocer, sin género de duda,  la planta del antiguo cementerio.  William Bollaert, el químico inglés que trabajara en este mineral a su llegada de Inglaterra en el año 1925, en su grabado publicado en su obra del año 1860  (obra de su amigo George Smith),   había dejado entrever vagamente su ubicación, en la  parte baja del poblado minero,  y al oriente del mismo. Esa pista nos guió finalmente hasta dar con él.


1 de Noviembre, día de "Todos los Santos": una romería al pasado de Alto Hospicio.

Ayer,  1 de Noviembre de 2013, día que que la comunidad normalmente visita los cementerios y recuerda a sus deudos ya idos,  tuvimos el grato  honor de ser invitados, por parte  del "Programa Cultura local  del Consejo Regional de la Cultura y las Artes de Tarapacá"  y el "Departamento de Fomento Productivo, Turismo y Patrimonio" de la Municipalidad de Alto Hospicio,  a  tomar parte en una romería y Acto de homenaje  a los ignorados  sepulcros de los antiguos mineros y familiares, sepultados en el antiguo cementerio peruano y en el más reciente, chileno, ambos   en las proximidades del mineral antiguo de plata de Huantajaya. El Acto contó con el apoyo táctico de varios buses de la Municipalidad de Alto Hospicio, que  trajeron  a unas ochenta  o cien  personas al Acto.

El público y las bandas de música.

 Dos bandas musicales amenizaron el Acto  religioso del responso fúnebre: una banda de laquitas y otra de bronces, que tras la ceremonia religiosa del responso a las ánimas de los muchos trabajadores desconocidos  aquí enterrados,  interpretaron sendos cantos fúnebres, que resonaron lúgubres y solemnes, al son de lacas, trompetas y bombos, en estas  resecas y apartadas soledades pampinas. Toda la ceremonia revistió una gran solemnidad, silencio  y profundo respeto.  Algunos adultos,  venían vestidos a la usanza de la época (comienzos  del 1900) algunas damas,  de luto riguroso.  Después de hablar una de las encargadas de la "Brigada de Patrimonio Regional",  se nos pidió tomar la palabra. Aludimos a la larga historia del Mineral, a los miles de obreros  casi todos indígenas, que aquí trabajaron, sufrieron y murieron, a la riqueza extraída y al sufrimiento del pueblo trabajador, al respeto que merecen sus cuerpos momificados, aquí presentes. También se nos pidió  rezar por las almas de estos difuntos, todos ellos cristianos y bautizados,  que seguramente gozan ya de la vista de Dios.

 Fig. 2.  La banda de Bronces  formada por jóvenes músicos de Alto Hospicio, contratada para el Acto. (Foto H. Larrain).

Fig. 3.  Parte  de la concurrencia al Acto conmemorativo. (Foto H. Larrain).

Fig. 4. La Banda de Bronces en plena ejecución, frente al cementerio peruano antiguo. (Foto H. Larrain). 

Fig. 5. Depositando una ofrenda floral, en este caso una de las coronas de hojalata pintadas, confeccionadas  para el efecto por la Brigada  de Patrimonio (Foto H. Larrain).

Fig. 6. Participantes de la Brigada  del Patrimonio, autoras de las hermosas coronas de hojalata y papel  coloreado con las cuales vestirán hoy a  cada una de las tumbas.  (Foto H. Larrain).

Fig. 7.  Escuchando respetuosamente el responso fúnebre pronunciado por el sacerdote, Vicario del Obispado de Iquique, Pbro. Guillermo Gajardo. (Foto H. Larrain).

Fig. 8.  El conjunto de Laquitas  ejecutando una melodía fúnebre. A la derecha, una pareja de visitantes,  madre e hijo, vestidos de luto,  a  la usanza antigua. (Foto H. Larrain).

Fig. 9. A su llegada, los buses municipales que traían a los peregrinos. (Foto H. Larrain)

Fig. 10.  La  multitud  y los brigadistas  recorren  el cementerio para engalanar, una a una, las tumbas aún reconocibles de este Camposanto. (Foto H. Larrain).

Fig. 11.  Le gente empieza a hacer abandono del lugar. Las llamativas coronas quedan prendidas a las pocas cruces aún en pie. Ojalá se las respete por largo tiempo. (Foto H. Larrain).


Fig. 10. El cementerio cual lucía,   minutos antes de ser  engalanado. Quedará nuevamente  desierto y solitario, a la espera, tal vez,  de un nuevo día de Difuntos.

"Dios mío, Dios, mío:  ¡qué solos se quedan los muertos"!. 

Dolientes cementerios pampinos que el tiempo, la dejación humana  y el olvido estaban a punto de  ocultar para siempre entre las invasoras arenas del desierto.  Muchas de sus antiguas cruces, hechas otrora en tablas de pino oregón, faltan ya, fueron robadas o yacían destrozadas en el suelo.  Ya no quedan a la vista ni rótulos ni lápidas; sus  nombres  se los llevó el viento, el vandalismo  o el efecto demoledor de la camanchaca nocturna que literalmente borró sus nombres de  los maderos antiguos donde estaba inscritos. Del cementerio chileno,  que igualmente  hemos visitado en esta romería (donde hay cuerpos sepultados entre los años  1880 y 1930, aproximadamente), solo pudimos rescatar, en 1993,  una  sola  lápida, hecha en un frágil material calizo blanco,  semejante al mármol,   que recuerda el nombre de  doña  Dolores O. de Campos, fallecida   a los 51 años, el año 1900  (Vea en este mismo Blog nuestra  etiqueta "Huantajaya" y  el capítulo que lleva por título: "Cementerio colonial de Huantajaya: Visitas efectuadas en 1993/1994"; allí se puede ver  la foto y descifrar  la  leyenda de la única  lápida sepulcral que se ha podido salvar del olvido).  

Rescatando el pasado y haciendo conciencia patrimonial.

La idea  de  hacer revivir este pasado glorioso del Mineral, de rescatar para la cultura nortina  este lugar, otrora orgullo del patrimonio económico  regional, reconquistando un espacio histórico-cultural perdido o ignorado de la Comuna, surgió hace algún tiempo en  las mentes de Ignelia Patricia Fuentes, funcionaria de Turismo de la Municipalidad de Alto Hospicio y del arqueólogo  iquiqueño Víctor Bugueño García,  experto en arqueología colonial.  Un sitio como Huantajaya, insigne joya minera  del pasado colonial, no podía simplemente  sucumbir  al paso arrollador de la motoniveladora  o del cargador frontal.

Mineros ávidos de lucro fácil y rápido se habían apropiado, desde fines del siglo XX,  de este lugar histórico,  cuyo repositorio documental  archivístico entre los siglos XVI y XIX es mucho más rico y potente que el del propio Iquique o de  Tarapacá, el asiento y capital antigua del Corregimiento español. En la década de los 90 del pasado siglo, compañías mineras extranjeras y / o nacionales habían literalmente  masacrado la superficie de los cerros, arañándolo  y descuartizándolo, dejándolo "herido de muerte", con maquinaria pesada, quedando convertido en un  nuevo y fatídico campo minado, destruyendo de este modo gran parte de las evidencias superficiales del antiguo poblado minero, su asentamiento, su iglesia, sus calles   y sus antiguos cementerios de época colonial.  So pretexto de "explotación minera" y bajo el amparo de una Ley Minera  permisiva, (que aún nos aflige),  se quiso arrasar con el pasado, sus evidencias culturales y su magnífica historia de más de 500 años.  

¿Hay responsables del abandono patrimonial de Huantajaya?

¿Hasta qué punto las autoridades, los historiadores y arqueólogos que nos precedieron fueron los responsables de haber abandonado Huantajaya a su suerte, entregándolo sin resistencia a la codicia  minera, dejando este tesoro colonial en manos de SERNAGEOMIN  y sus decisiones unilaterales, estrictamente económicas?. ¿No supieron (¿o no pudieron?) ellos  levantar  a tiempo su voz de protesta, o, equivocadamente - como se sospecha-    juzgaron  que  nada de lo que allí aún subsistía,  merecía ser conservado y protegido para la posteridad, como rica herencia de un pasado glorioso?. ¿Descuido, negligencia  ograve responsabilidad?. Un día, qué duda cabe,  la historia dará su veredicto. Y tal vez, caerán cabezas.  Porque es evidente que aquí faltó decisión y valentía  por parte de aquellos que conocían perfectamente de su rica historia, que se remonta  claramente hasta  el pasado incaico, y  de la actividad extractiva minera de las primeras encomiendas de la zona en el siglo XVI. También,  de su riquísima  historia documental. aún oculta en archivos españoles. Historia  y documentación que habían  parcialmente  estudiado y analizado, sin embargo,  en sendos y doctos artículos de investigación. 


Fig. 10.   Poco o nada queda  a la vista del antiguo Cementerio peruano del Mineral de Huantajaya. El tiempo y las acciones vandálicas,  dieron cuenta de todo.  Por fortuna, existe en el archivo episcopal de Iquique un  documento inédito que nos entrega  un recuento exacto de todos  los  difuntos ahí inhumados, con indicación de nombres, sexo y edad, y  que fueron enterrados en este camposanto entre los años  1820 y 1880, aproximadamente.  Documento histórico de altísimo valor que urge estudiar y analizar para comprender mejor quiénes eran los operarios de la Mina por esos años  y de qué lugares procedían.  (Foto H. Larrain).

      
Fig. 11.   En el borde mismo del antiguo camposanto peruano,  el sacerdote oficiante reza el responso por el descanso eterno de las almas de todos  los cristianos aquí enterrados. La concurrencia observa y sigue el ritual en el más profundo silencio. (Foto H. Larrain).

                                   
Fig. 12.  Así lucía, en Enero de 1994, hace casi veinte años,  este abandonado cementerio chileno del Mineral de Huantajaya, cuando lo visitamos con el obispo de Iquique, Monseñor Enrique Troncoso  (en la foto). Ni una raída corona,  ni una sola descolorida guirnalda. ¡Nada, excepto unas cuantas cruces mal paradas!. Vista de S. a N.  (Foto H. Larrain).

Fig. 13.   En el cementerio peruano. Responso fúnebre  pronunciado  por el  Vicario de la Diócesis de Iquique, Presbítero Guillermo Gajardo, revestido de estola morada,  acompañado del joven arqueólogo Víctor Bugueño y el poeta iquiqueño,  Guillermo Ross Murray que oficia de sacristán. (Foto H. Larrain).   


Nuestros primeros  contactos con Huantajaya .

Cuando a partir del año  1993, a nuestra llegada a esta Región,  hicimos las primeras diligencias sobre el paradero de Huantajaya,  visitamos el lugar, aún palpitante entre sus ruinas,  y examinamos sus antiguos basurales, auténticos repositorios de bienes culturales del pasado colonial y republicano. Desde entonces, alertamos a nuestros alumnos de sociología y arqueología y a la Universidad sobre el valor incalculable de este centro minero antiguo, sus numerosos piques y socavones y sus antiguos emplazamientos aún perceptibles.  Y nos dimos muy pronto cuenta que  el lugar  debía ser protegido por Ley de Monumentos Nacionales 17.288, a pesar del despojo y destrucción operado, durante décadas, a manos de  mineros inescrupulosos  y voraces huaqueros. Estos últimos, se ensañaron de manera cruel  con los basurales más antiguos, hurgando entre ellos,  con pico y pala, (tal como lo han hecho y siguen haciendo en los basuras de las antiguas Oficinas Salitreras),  para extraer  unos cuantos bagatelas del pasado (botellas, canecos, zapatos viejos, naipes, objetos de cuero o hierro) que vendían  (y aún venden) a buen precio en la calle Tarapacá o en el Paseo Baquedano. Personalmente, rescatamos de esta desenfrenada codicia huaquera muchos objetos abandonados por ellos  a la vista, como inservibles para ellos,  los  que  esperamos dejar muy pronto en manos de algún Museo (ojalá en la zona misma),   para su futuro estudio, protección  y cuidado, para el fomento del respeto al patrimonio regional  y para  la formación de  futuras generaciones de hospicianos más conscientes, amantes  y responsables de su pasado y su valía.


¿Quiénes yacen  enterrados  (y seguramente momificados)  bajo los costrones de sal de Huantajaya?.

No ciertamente los dueños de estacas mineras, los ricos  mineros de Tarapacá  Pica o tal vez Huatacondo, que yacen sepultados en las criptas de las iglesias de Tarapacá , Camiña o Pica.  Aquí no encontraremos a los De la Fuente, los Loayza o los  Morales. Los que aquí yacen, eran sus obreros, pallaqueros o empleados subalternos que aquí vivían, sufrían  y aquí morían. Sólo ellos. Los patrones controlaban desde lejos sus pertenencias mineras viviendo cómodamente en su solares coloniales.  Aquí venían los operarios indígenas, forzados por la m´ita minera a  realizar sus tandas o turnos, que  duraban años. Aquí  recordaban con nostalgia a sus familias o  sus parientes que quedaron en sus pueblos a cargo de la familia,  del ganado y  de las chacras.  Sabemos por los datos que nos ofrecen algunos documentos tempranos cuánto ganaban  según el oficio que realizaban en el Mineral. Sabemos, también, que habían  obreros negros, mulatos y zambos y en su mayor parte , eran indígenas de ancestro aymara, quechua o puquina, que  eran obligados a cumplir la m´ita minera.  Estos son los cuerpos que tal vez un día serán estudiados para conocer su ADN y su origen étnico y racial.  El historiador  chileno Sergio Villalobos  ha publicado un excelente artículo sobre  las características de esta m´ita,   sus operarios  y sus pueblos de origen. ( Vea su artículo denominado: "La Mita de Tarapacá en el siglo XVIII", Revista Norte Grande, Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Vol. I, Nº 3-4, 1975:  301-312).

El pasado colonial de Huantajaya  en una apretada  síntesis.


No es del caso hoy traer a la memoria del lector la asombrosa riqueza de este mineral de plata, que asombró a cronistas y escritores coloniales los que motejaron el lugar como el "segundo Potosí de América". Tanta fue la fama de su riqueza. Desde Pedro Pizarro y Cieza de León,  hasta  Cosme Bueno  y  Alcedo y Herrera; desde El Virrey Toledo (hacia 1580)  hasta don Pedro de  Ureta y Peralta  a fines del siglo XVIII; desde don Francisco Xavier de Mendizábal que nos regalara un maravilloso grabado a color  que muestra el poblado  colonial y sus dependencias y construcciones. (1804)  hasta el químico inglés William Bollaert, (1856, 1860). Sobre lo que estos autores nos han transmitido de  Huantajaya y sus riquezas,  hemos escrito más de diez  capítulos en este mismo Blog (bajo las etiquetas  "Huantajaya", Mineros de Tarapacá", "Minería colonial",  Antonio O´Brien,  Pedro Ureta y Peralta, "Minería de la plata", "Francisco Javier de Mendizábal", etc.) .


 Y quedaron, reluciendo al  intenso sol  de la pampa , las nuevas coronas en recuerdo y evocación  cariñosa.

Y al dejar  hoy con pena estos camposantos de otrora, silentes y desiertos, cubiertos de arena y de polvo, aunque engalanados hoy con las relucientes coronas de hojalata y de papel hechas con cariño  por los miembros de la  Brigada de Patrimonio Cultural de la Municipalidad de Alto Hospicio, nos atrevemos a musitar,  respetuosa y quedamente,  aquella estrofa magistral del gran poeta que fue Gustavo Adolfo Bécquer (Rima LXXIII):

                               ¿Vuelve el polvo al polvo?
                                ¿Vuela el alma al cielo?
                                ¿Todo es vil materia,
                                podredumbre y cieno?.

                                No sé; pero hay algo

                                que explicar no puedo,
                                que al par nos infunde
                                repugnancia y duelo, 
                                al dejar tan tristes,
                                tan solos los muertos!.


Dios mío, Dios mío,  ¡qué solos se quedan los muertos!.

Este sentido homenaje busca dejar constancia y testimonio de la existencia de estos lugares patrimoniales, los cementerios pampinos, que no debemos olvidar por ser ellos parte vital de nuestra historia viva,  tanto o mucho más que los campos de batalla de una guerra fratricida.  Porque aquí, en este mineral de plata de Huantajaya, miles de hombres, mujeres y niños, trabajaron, sufrieron durante siglos y, finalmente, ofrendaron sus vidas por obtener para sus patrones: los ricos mineros de Tarapacá o Pica: los Loayza, los De la Fuente, los Morales,   el mineral codiciado que iría a llenar sus bolsillos y  las arcas fiscales españolas para cubrir los gastos de sus guerras y rencillas europeas.

Historia viva, escrita con sangre.

Historia viva, escrita con sangre, sudor  y lágrimas, en este desierto de Atacama, a lo largo de cinco siglos. Historia que no debe morir y que estos Camposantos y sus restos benditos, rememorados y homenajeados hoy, festividad  de "Todos los Santos", nos ayuden a mantener vivo el aprecio y admiración por la gestas de nuestros antepasados "ad perpetuam rei memoriam" ("para  recuerdo eterno de este  acontecimiento").


jueves, 4 de abril de 2013

Destrucción de bienes culturales (geoglifos): El "progreso" ciego versus el "cuidado" del patrimonio.


Área  arqueológica de Chugchug. Lugar de  destrozos hechos al patrimonio cultural de Chile.


Antecedentes: el Norte Grande minero.

Día a día surgen nuevas y mejores carreteras, nuevas y complejas redes de transmisión eléctrica, nuevas huellas y caminos, nuevas prospecciones y explotaciones. Hierve hoy  el desierto  en alteración, masacre y  destrucción del paisaje prístino, intocado.  El Norte Grande de Chile se ha convertido en una  gigantesca cantera de recursos minerales: nitrato, bórax, yodo, cobre, plata, oro, molibdeno; ahora último, el  litio.  Desde los  tiempos  del Inca  sabemos que  ya  se extraía  plata y cobre del mineral de Huantajaya, junto a  Iquique. Nos lo aseguran, entre otros,  el cronista Pedro Pizarro y el encomendero Lucas Martínez Begazo o el Factor de Potosí Pedro Lozano Machuca.. (Ver capítulos alusivos a estos personajes en este mismo Blog). También en las cercanías de Collahuasi  (Tarapacá).

Tarapacá: ¿ tan sólo zona minera?.

La Primera  Región de Chile (Tarapacá) y la Segunda Región (Antofagasta),  han sido oficialmente declaradas  zonas mineras por excelencia. Lo que significa  que irá a  esos rubros la mayor parte de la inversión estatal o privada de estas regiones. Todo lo demás, es decir lo que o es minero, parece ser  intrascendente, inconspicuo, o al menos ciertamente muy secundario.  En aras de la minería y su desarrollo, se considera que se puede sacrificar todo lo demás, incluso el patrimonio, aún el más venerable y ancestral. Todo!.. Un verdadero holocausto!. Esta afirmación nuestra no es arbitraria ni  temeraria; los hechos que vamos a describir y que son sólo un botón de muestra, la confirman, por desgracia.

Una frenética explotación   minera del presente: consecuencias.

Las consecuencias no se hacen esperar. Inmensos y profundos hoyos, como cráteres de monstruosos meteoritos del pasado,  frutos de la actual exasperación  minera de tipo extractivo, toda una nutrida y confusa red de carreteras, caminos y huellas, tendidos de torres de alta tensión de miles de kilómetros,  circulación  incesante de miles y miles de enormes camiones o camionetas; en suma: una  actividad minera o prospectiva  frenética, desenfrenada, incesante, arrolladora. Uno queda abismado cuando estudia de cerca -como lo hemos hecho-  una cartografía detallada y fina de todas las solicitudes de propiedades mineras de Tarapacá: prácticamente  se superponen, unas sobre otras, las miles de  pertenencias mineras de toda índole. El increíble plano, -preparado por uno de mis ex-alumnos-  muestra un mosaico abigarrado de concesiones hechas por la autoridad estatal  " a diestra y siniestra", sin planificación  ni regulación de ninguna clase. En él, casi no hay hectárea de territorio que no esté prospectada, estudiada o pedida  ya en concesión minera ad aeternum (para siempre), pues  el derecho que se paga anualmente por mantener la concesión, es francamente ridículo

Concesiones mineras.

 De este modo, las concesiones hechas se eternizan  y no tienen fecha de término previsible.  Porque hoy en Chile es muy barato para las empresas  mantenerlas siempre vigentes y activas!.  ¿Es eso aceptable o correcto en los tiempos actuales?. Porque involucra una cierta forma velada de  disponer del recurso en cualquier momento, cuando se necesite. Aunque por años y años no se utilice. La  benevolente "Ley Minera" de nuestro país -.que viene de la época de la dictadura militar-  lo permite; más bien diría yo, lo fomenta  y favorece en desmedro evidentemente de nuestro patrimonio natural y cultural y de nuestra riqueza turística  o escénica.

Millones de hectáreas destrozadas  e inertes.

Millones de hectáreas quedan así cerradas y clausuradas para otras finalidades que no sea  la minería. Bien lo saben los propietarios agrícolas del pueblo de  Sibaya (altos de la quebrada de Tarapacá), que antiguamente apacentaban sus rebaños en la zona y ahora no pueden ni siquiera entrar a lo que eran sus predios ganaderos en la zona de Paguanta. Sus derechos ancestrales a usufructuar de esa zona - de los que venían haciendo uso desde hace siglos-  han sido así pisoteados. ¡Algo inaudito, criminal!.  Potentes cierros impiden  hoy el paso y vigías de pesadas botas y de aspecto siniestro se encargan de impedirlo. Si no me creen, intenten entrar a los antiguos campos de pastoreo de Paguanta.¡ Ya verán!.

¿Contribuye esta razzia minera  realmente a un auténtico progreso, máxime a un progreso que sea verdaderamente  "sostenible" en el tiempo?.

Todo parecería  a primera vista  positivo y ventajoso si otorgara alta rentabilidad a la Región, si  favoreciera y asegurara de por vida el empleo de mano de obra regional.  Si creara infraestructura y una estupenda red vial;  si  elevara realmente  "la calidad  de vida" de los habitantes de la Región. Si contribuyera a mejorar y ampliar aeropuertos, carreteras,  puertos o vías de comunicación. En una palabra,  si se diese en un contexto realmente sustentable  en la Región. Y, además, si pagaran  derechos  al Estado chileno en concordancia con la cuantía del daño ambiental, geográfico y cultural que provocan por doquier. En una palabra: si  contribuyera realmente a consolidar las bases materiales de un  auténtico "progreso": esto es,  según el significado exacto  del término de origen latino,   "dando un paso hacia  adelante" (pro= hacia adelante: gressus: paso).  ¿Es realmente tan así?. 

"No todo lo que brilla es oro".

El problema surge cuando se encuentran frente a frente (y chocan) el poderoso interés industrial  minero  (generalmente del capital extranjero)  y el pequeñísimo interés cultural nacional demostrado por la protección efectiva y real de nuestros bienes patrimoniales. Aquí surge -y ha surgido desde hace muchas décadas-  el grave e interminable conflicto. Conflicto que día a día se agudiza a medida que crece la avidez de las Compañías Mineras por explotar  a toda velocidad nuestras riquezas, destruyendo a mansalva  la superficie de nuestro territorio y las innumerables huellas culturales que en él se encuentran.  Velocidad y  avidez que no parecen tener tener otra explicación, a mi entender,  que  el convencimiento o tal  vez la certeza plena de que  pronto, muy pronto, nuevos elementos, sustitutos del cobre, aparecerán en el mercado,  dejando tras de sí una estela infinita de descomunales hoyos, producto de un  extractivismo a outrance.

"La cenicienta": la preocupación por el resguardo y protección de los bienes culturales.

Mientras la protección ofrecida por el Código Minero a las Empresas es  generosa,   diría yo, dispendiosa, la protección a los bienes culturales, en cambio,  le va  muy  a la zaga, claramente en calidad de "cenicienta". Esto se demuestra  de inmediato comparando los respectivos montos de las inversiones hechas en uno y otro rubro. Mientras las poderosas Compañías Mineras transnacionales invierten centenas de  millones y millones de dólares en prospectar, explotar (y destruir para siempre)  el subsuelo del Norte chileno,  el "Consejo de Monumentos Nacionales" de Chile,  entidad  que tiene por mandato nacional la tuición y protección de todos los  bienes culturales y naturales  de la Nación,  dispone para  operar y proteger, de un  presupuesto anual, ridículo, absurdo, irracional. Es decir, se invierte, no miles sino  millones de veces más en destruir (paisajes, ecosistemas, territorios,cientos de  kilómetros cuadrados de superficie nacional) que en preservar y conservar (Monumentos, Edificios, Sitios arqueológicos, Parques o  Reservas naturales, forestales o de la biósfera)  para las generaciones futuras del planeta y/o  para la ciencia del futuro.  Es ésta una realidad del porte de una catedral medieval y nadie, en su sano juicio, podría atreverse a rebatirla.  Pero, ¿quién se atreve a "poner un cascabel a este gato?". 

Compárese los presupuestos.

 No tengo las cifras exactas a la mano, pero cualquiera puede comparar el monto de las grandes inversiones mineras y el  modestísimo  y casi ridículo presupuesto anual con que se ha dotado al "Consejo de Monumentos Nacionales" del país, que apenas le permite contratar unos poquísimos especialistas (casi todos ellos arquitectos o arqueólogos; casi nunca geógrafos o biólogos). Ni pensar siquiera  en disponer de fondos para adquirir valiosas propiedades en peligro de destrucción, que incluso han sido declarados Monumentos de la Nación, o  tener una ágil  y vigorosa red de fiscalizadores en todo el país para  prevenir o denunciar los daños al patrimonio (tanto natural como cultural). El reciente paso por el Norte chileno del devastador "huracán Dakar", como lo hemos bautizado nosotros, es un ejemplo clarísimo  (Vea nuestros dos capítulos del Blog  dedicados a este espantable flagelo). Más de 200 sitios arqueológicos han sido destruídos y pisoteados  por los vehículos o sus visitantes y curiosos, y  hasta  hoy  (Abril 2013)   no se ha logrado conseguir de la Dirección de Deportes del Estado (bajo la dirección del Señor  Gabriel  Ruiz Tagle)  una evaluación cabal y exhaustiva del daño inferido en años anteriores, desde el año 2009 a la fecha,  al patrimonio patrio. Al parecer, a nadie le interesa  preservarlo.


"Pan y circo": es hoy la gran oferta "cultural" de los Municipios. Sólo faltan los gladiadores!.

 Mucho más importante es para ciertas autoridades  ofrecer  "pan y circo" a nuestro pobre y sufrido pueblo, tan inculto en estas materias y tan deseoso de auténtica cultura, que lo que más necesita  es mucho menos "circo", menos farándula, menos oropel, menos eventos musicales de masas fanatizadas y gritonas y más cultura real y efectiva, basada en un conocimiento profundo de nuestra historia, nuestro patrimonio cultural y nuestras tradiciones. Porque son éstas las que  determinan,  fomentan y enriquecen nuestra propia  identidad como chilenos, no el "circo"  del  Dakar o la "farándula" estúpida y grosera con que la televisión chilena  o la hodierna "eventofilia" municipal, nos bombardea día  a día, dando al  mundo entero pruebas palmarias de nuestro atraso e  incultura.  

Testimonios recientes de  destrucción patrimonial.

Hace muy pocos años, cuando la Compañía Minera Cerro Colorado, propiedad de  BHP Billiton,  (o sus contratistas) levantaban su planta extractiva de mineral de cobre muy cerca de Mamiña y de Parca,  en el interior de Tarapacá, pasó a llevar impunemente y destruyó figuras de grandes geoglifos dibujados  hace muchas centurias por  nuestros predecesores. Figuras geométricas extrañas o de saurios y aves, grabadas en las laderas de cerros hace  600 a 900 años atrás. De modo incomprensible,  la prospección previa, contemplada en la Ley  y diseñada precisamente  para  detectar su posible presencia,  "no los vio" ni los advirtió. Algunos arqueólogos levantaron la voz. ¿Quién los escuchó?.   ¿Qué reparación se  hizo tras este desmán?.

Absurdas y ridículas "medidas de mitigación" de los daños al patrimonio cultural..

 Cuando uno tiene conocimiento de las  así llamadas "medidas de mitigación" que se suele ofrecer por parte de las Mineras, al menos en esta región de Tarapacá,  por los daños inferidos o por inferir  a un bien cultural (geoglifo, petroglifo, paskana, ruinas antiguas, etc.), dan ganas de llorar.  He visto esos ridículos "tenues y vaporosos cercos de malla plástica"  de color rojo,  en torno a una apacheta, una  paskana, una antigua huella o un taller lítico. (Vea Figura 1).  Cercos coloridos  que más bien atraen como un imán a curiosos y huaqueros, que alertan y previenen  sobre su importancia cultural. Cercos plásticos  deleznables, por lo demás, que no suelen durar más de 2-3 ó 4  años a lo sumo,  antes de desintegrarse y convertirse en hilachas,  por obra del viento y el quemante  sol del desierto.  ¿Qué queda de esa "protección" al cabo de unos pocos años?. Nada; solo basura y mugre!. ¿Es esto realmente una forma de protección digna de nuestro patrimonio?. ¿Es esto real y verdaderamente una  "mitigación" al daño  inferido?. Las empresas responsables de estos desaguisados (mejor dicho, de estas estupideces),  ¿nos creen tontos?.  ¡Por favor, no seamos ingenuos!. Ellas sí saben muy bien cómo proteger  sus faenas, su maquinaria, sus depósitos de combustible!. Son expertas en "medidas de seguridad"....,  pero para sus propias  instalaciones, no para el resguardo del patrimonio nacional. Éste,  parece no interesarles en absoluto. Al menos, los hechos así lo dejan entrever.



Fig.  1. Vergonzante "medida de mitigación"  en el camino a la Minera Cerro Colorado, cerca de la quebrada de Quipisca.  Un hito típico, señalizador  de huellas troperas  que enfilaban rumbo a la Pampa del Tamarugal , ha  quedado  así "protegido"  y "conservado" para la posteridad.  ¡Si al menos se pusiera un buen  rótulo alusivo a su  valor antropológico!.Quisiera yo saber qué quedará  de este mamarracho  en cinco años más!.

Los responsables.

La Compañía Minera  "Ministro  Hales" de Codelco (Chuquicamata) ha sido directamente responsable hace muy poco tiempo atrás de la  instalación de una enorme torre eléctrica, parte de una vía de transmisión eléctrica desde Tocopilla  hacia la cordillera,  a  menos de  2 metros de distancia  (sic!) de un conjunto de geoglifos, entre ellos un gran rombo escalerado, en el cerro llamado Montecristo (coordenadas UTM  9491512 E  - 7534572 N; vea Fig.  1). La denuncia fue hecha por el señor Claudio Castellón Gatica, buen conocedor de la zona y  antiguo director del museo arqueológico de la Municipalidad de Sierra Gorda en diarios de Calama (Vea, por ejemplo, "El Mercurio" de Calama,  13 de Marzo de 2013, página 6).  Aquí presentamos, para conocimiento del público, los recortes de  periódico correspondientes.


Fig. 1.  En esta vista, tomada del Google Earth se puede apreciar,  justo en su parte media, el rombo escalerado de grandes dimensiones. Este hermoso y original  diseño de rombo es motivo  bastante frecuente en la región de Tarapacá observándose varios ejemplares de este mismo símbolo en la zona de Estación Pintados (Comuna de Pozo Almonte) o en las proximidades de la localidad de  Pica. (Vea trabajo de Ximena Loayza y Luis Briones et al.,: Catastro de Geoglifos de la Comuna de Pica, Fondo  Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, 2010). Ni  siquiera sabemos exactamente aún cuál habría sido en el pasado su significado exacto y  su sentido profundo. Lo ignoramos por completo.  ¿Qué se quiso representar aquí, a la vista del Qhapaqñan o Camino del  Inca?. 




Fig. 2.  El área de geoglifos de Chugchug junto a la aguada del mismo nombre. Lugar estratégico de entrecruce de caminos  antiguos, ramales del Qhapaqñan, notable por la presencia de agua dulce. Obsérvese, aún visibles,  las notables  líneas rectas de las vías antiguas que se cruzan precisamente formando una gran cruz.  El sitio  en el cerro Montecristo donde  se halla  el geoglifo dañado por la empresa  minera, es parte del gran conjunto de Chugchug en la Provincia de Tocopilla, al Norte y muy cerca del río Loa.  


Fig.3.  Observe el enorme geoglifo escalerado, a la izquierda de la base de la torre de alta tensión  e inmediato a ésta, una de las más interesantes y  enigmáticas representaciones de arte rupestre en Tarapacá, lamentablemente  vulnerado y pisoteado por la referida instalación. Los noveles "arqueólogos" de Santiago, desconocedores de la Región y a cargo de la inspección previa en el terreno, "no lo  vieron" o no se tomaron, más bien dicho, el penoso trabajo de trepar como cabras  por los cerros en busca de tales evidencias, tan visibles desde la distancia. ¿Por qué no hicieron un refinado estudio previo a través de las imágenes excelentes del Google Earth, si disponían de las coordenadas exactas donde se ubicarían las torres?.  Tampoco vieron otros diseños que  existen allí mismo o en sus inmediaciones. Comentaremos  su insólito "Informe Final". Pero cobraron, por cierto,  suculentos honorarios  por el "trabajo" realizado.

 Un "arreglín" hecho  a la rápida, para aparentar respeto a la Ley.

En esta imagen (Figura 3),  realmente vergonzosa, se puede ver  el tipo de protección "post factum" (colocación de un cerco de malla plástica roja) hecho apresuradamente por la Empresa, esto  es, después de consumado ya  el destrozo provocado por la instalación de la torre  y  motivados  (en realidad  forzados)  por la  indignada reclamación por parte del Señor Claudio Castellón. Esa torre jamás debió haber sido instalada allí, si la inspección previa, por parte de ingenieros y arqueólogos, hubiese sido cuidadosa y diligente, esto es, verdaderamente responsable. Los arqueólogos (salvo que fueran ciegos) debieron advertir su presencia, y  el trazado de la línea de trasmisión debió haberse desviado varios centenares de metros del área, aún cuando esto significara  incrementar los costos. Así lo exige una interpretación lógica e inteligente  de la Ley de Monumentos Nacionales.

Fig. 4. Este sector de tierra removida,  para la instalación de una de las patas de la torre de alta tensión, está a 2-3  metros aproximadamente de uno de los extremos del gran geoglifo escalerado de Cerro Montecristo.  Extrañamente, no lo vieron ni ingenieros, ni capataces  ni arqueólogos.¡Nadie lo vio!.  ¿¡Qué raro, ¿verdad?. Más bien nos parece del todo inconcebible.¿Estaban ciegos?.  (Foto  de un colaborador, obtenida in situ,  Abril 2013).

Fig. 5.  Esta estaca  fue clavada justo al lado del geoglifo, el cual fue pisoteado reiteradamente por los operarios durante la faena de armado de la torre. Foto del mismo origen, Abril 2013).

Fig. 6.  Huellas dejadas por el arrastre sobre el terreno de los cables de alta tensión, antes de su instalación definitiva. Pasaron  sobre el geoglifo, destruyéndolo en parte. Yo puedo comprender que los obreros no se hayan percatado de la existencia del geoglifo, pero, ¿los ingenieros y capataces  a cargo de la faena  eran ciegos? ¿Dónde queda su capacitación?. (Foto del mismo origen, Abril 2013).

Epílogo.

1.  El actual sistema de  explotación en  nuestro país  por parte de la actual minería extractiva metálica y no metálica deja mucho que desear en materia de protección geográfica, ambiental,  cultural y social, real y efectiva. Las grandes Empresas transnacionales o Nacionales (CODELCO SOQUIMICH, ect) no alertan suficientemente o no han sabido alertar adecuadamente, mediante  protocolos  precisos, a las empresas numerosas contratistas (con las que realizan  la mayor parte de sus movimientos de tierra), sobre  los numerosos riesgos ambientales y culturales inherentes a las áreas de trabajo donde participan.

2. Estas grandes Empresas, aunque contraten o subcontraten  a otras empresas Contratistas menores para cumplir determinadas operaciones, son, en último término,  ante la Ley  (Ambiental o de Monumentos Nacionales u otra), los responsables de los errores, fracasos o  destrozos y no pueden eludir ante la comunidad regional o nacional su propia responsabilidad.  

3. La contratación de especialistas por parte de las Empresas  (de geógrafos, biólogos, antropólogos, arqueólogos, etc.) para cumplir las exigencias de los Estudios de Impacto Ambiental o (EIA) que la Ley prevé, debe considerar como de imperiosa necesidad el que estos técnicos sean  realmente titulados, es decir  que hayan terminado exitosamente el ciclo completo de su formación académica. Los meros  "licenciados" (que hoy pululan  por ahí entre nosotros)   no son todavía  titulados.  Les falta  a ellos, precisamente, uno o dos años de trabajo de investigación, es decir  la parte más difícil y compleja de su formación: su tesis final, momento donde recién pueden demostrar la posesión de una expertise profesional. Por desgracia, constatamos aquí en el Norte de Chile  que muchas Empresas los contratan por ser  ellos "más baratos"  que los titulados ( es decir, que los profesionales verdaderos).

4. Tanto la Ley Ambiental como la Ley de Monumentos Nacionales están hoy en grave deuda con el patrimonio cultural y natural de nuestro país. Ambas necesitan de  un urgente remozamiento y puesta al día. Por tanto, el hecho que las Empresas  nos digan a voces hoy día  que ellas  "cumplen y se apegan a la Ley o a la Norma tal o cual", ya  no es hoy para ellas  título alguno de gloria o  justificativo real  sino, por el contrario,  una señal de atraso e  ignorancia.  No basta, pues, para la ciudadanía actual de nuestra Nación, cada vez más empoderada de sus derechos reales, con el mero cumplimiento de la Norma o de la Ley, cuando ésta es, a los ojos de los expertos (hoy accesibles a  cualquier comunidad),   claramente obsoleta  o imperfecta. En materia de empoderamiento ciudadano,  estamos hoy a años luz de lo que ocurría o parecía justo  apenas hace 20 años atrás. El vertiginoso progreso social actual, empujado por  el desarrollo tecnológico, exige  la frecuente puesta al día de Normas y Leyes. Estado Nacional y Empresas, deben comprenderlo.

5.La mayor parte de los recientes y potentes movimientos sociales  en Chile (Magallanes, Aysén, Feirina, Barrancones   - por citar solo algunos-),  han demostrado la terrible urgencia de remozar y perfeccionar las leyes nacionales protectoras tanto del Ambiente como de la Cultura, ambas hoy  decididamente obsoletas. Las Empresas modernas  necesitan ir mucho más allá de los términos estrictos proclamados por la Ley  respectiva del país y adelantarse a los hechos, aplicando los mejores estándares internacionales,  si quieren que la ciudadanía nacional las respete y las tenga en consideración y no las considere "sus enemigos". De lo contrario, tendrán que habituarse a soportar paralizaciones de faena, cortes de carreteras o incluso actos peores o luctuosos de represalia. Deben las Empresas tener presente que una "sociedad  indignada" por aplicación de normas o  procedimientos anti-ambientales o anti-culturales, tiene una potencia de mobilización  inmensamente  superior al  más brillante cuerpo de Carabineros. 

6. Las Empresas, tanto nacionales como extranjeras deben entender que  el mundo global en el que hoy vivimos ha vuelto a nuestros ciudadanos perfectamente conocedores de cuáles deben ser las mejores prácticas  tanto de protección ambiental como de  cuidado patrimonial, al modo  como se realizan hoy en los países más avanzados del mundo. Si no adoptan  éstas a la brevedad, tendrán serios problemas de sobrevivencia en nuestro país y se verán forzadas por los movimientos sociales y las redes sociales a modificar sus prácticas (tanto anti-ambientales como anti-culturales) o a emigrar a países donde la conciencia ciudadana no está dormida  y puedan actuar impunemente. La Ley, por desgracia, ya no les servirá de excusa.

(En construcción. Falta poner los antecedentes de que ya disponemos sobre  el Informe arqueológico del trzado de la línea de alta tensión a la que hemos aludido aquí y  sobre la reacción de CODELCO ante la reclamación de los expertos).    









viernes, 11 de enero de 2013

Un testigo de la explotación de la plata en el Mineral de Huantajaya en 1843: testimonio del ensayista de metales John Blake.

Un testigo temprano de las explotaciones mineras en Tarapacá  (Siglo XIX).

En 1843,  una revista científica norteamericana nos sorprende presentando un detallado artículo sobre la  zona de Tarapacá, la  última y casi desconocida provincia meridional del Perú. Este documento fue publicado bajo el nombre: "Geological and Miscellaneous Notice of the Province of Tarapaca", su autor John H. Blake,  y apareció en la revista The American Journal of Science and Arts (conducted by Professor  Silliman  and Benjamin  Silliman, Jr.), Volume  XLIV, April 1843.: 1-12).  El tema de la reciente iniciación de las explotaciones del caliche para obtener de él el salitre,  estaba de moda en el sur del Perú.. Según referencia de William Bollaert (1860), la Provincia de Tarapacá  había iniciado, hacia 1830,  los primeros embarques de salitre (en inglés "nitrate") hacia  puertos europeos y norteamericanos. Si bien el salitre era ya conocido en el Perú desde los tiempos coloniales tempranos,  había sido primitivamente empleado más bien en la fabricación de la pólvora. Y como tal,  fue  muy utilizado en las labores mineras de Huantajaya, Santa Rosa, El Carmen y Chanabaya. Solo tardíamente,  hacia 1810, Thaddaeus Haenke, químico de  Bohemia, residente en el Alto Perú,  había hecho análisis del salitre con muestras obtenidas de la zona de Tarapacá  demostrando sus grandes cualidades como fertilizante por la presencia de nitrato de sodio  (Cfr. Oscar Bermúdez, Historia del Salitre, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1964: 44-45) . Veleros  ingleses, franceses, alemanes y norteamericanos,  a partir ya a del año 1830, venían a buscar a los puertos de Tarapacá el codiciado salitre, que ya empezaba a ser masivamente usado en Europa y Estados Unidos como notable fertilizante de la agricultura. 

Quién era John  H.  Blake, nuestro testigo?.

Poco sabemos acerca de la formación científica o técnica de este experto norteamericano, que, a juzgar por sus escritos, era una persona  versada en  química y mineralogía. Oscar Bermúdez en sus trabajos sobre la historia del salitre (1963, 1984), tampoco nos suministra mayor información. Ronald D. Crozier  es su excelente artículo de síntesis   sobre los orígenes de la explotación salitrera, lamentablemente   nada nos dice sobre su especialidad. (Ver Crozier, "El salitre hasta  la guerra del Pacífico. Una revisión", Revista Historia, Pontificia Universidad Católica, Vol. 30,   1997: 53-126). Por el trabajo de Crozier  sabemos que Blake visitó la Provincia de Tarapacá durante 1838 que estuvo en ella casi un año entero y  que observó y describió el  proceso de elaboración del salitre en las Oficinas de Paradas de la época, probablemente en la alguna de las salitreras de George Smith.. Las muestras que Blake recoge y lleva consigo y sus descripciones  motivaron al norteamericano  A.A. Hayes  a  publicar sobre el salitre en los Estados Unidos, señalando, de paso, la existencia de una nueva y rara substancia  en el caliche, el yodo.

Una de las primeras descripciones detalladas del proceso de elaboración del salitre.

Blake hace, en las siete primeras páginas del artículo de referencia,  una  acertada y extensa descripción del proceso de elaboración del salitre en  las por entonces llamadas "Oficinas de Paradas", establecimientos muy primitivos  donde por medio de  grandes calderas de cobre se fundía el caliche y  se reducía a una sal  muy blanca conocida como "salitre". Adjuntaba  Blake un mapa en que se muestra la localización exacta de las Oficinas de este tipo denominadas "Cocina" y "Rinconada", el mismo mapa  al parecer que fuera elaborado por Bollaert y Smith  ya en el año 1828. No hemos tenido acceso a este mapa el que lamentablemente no figura en la edición de la revista norteamericana  que hemos tenido entre manos.  Blake barrunta  la existencia de yodo en el caliche, pero sus apuntes, inexplicablemente,  se dieron un tiempo por perdidos. Mientras tanto,  Heyes en los Estados Unidos, hizo una descripción  detallada del proceso, siguiendo fielmente a Blake, a quien cita. En 1843 aparecieron los diarios de campo de Blake lo que le permitió escribir este artículo. (referencias a Blake tomadas de  Crozier,  1997, en artículo arriba citado).

En este capítulo del Blog, omitiremos, por ahora,  la extensa descripción del proceso de obtención del salitre a partir de los caliches, enfocando hoy nuestra atención hacia  lo que nos informa sobre la minería  metálica  en la zona de Tarapacá, en especial  la realizada en  el Mineral de plata  de Huantajaya. Nuestro objetivo.es aportar  nuevas e interesantes evidencias sobre los trabajos realizados en  este Mineral de plata,  el más importante de la  Provincia. y,  por esta fechas, ya en franca decadencia.

He aquí el texto, que se inicia en  la página  8 del artículo original en traducción nuestra. Los subtítulos  entre paréntesis cuadrados son un agregado  nuestro.


[Lugares de presencia  y tipo de de minerales  presentes en Tarapacá]


"Se encuentra minerales de plata, antimonio y cobre en los cerros porfiríticos [1]  de la costa; los dos primeros, cerca de Iquique [2] en extensas vetas [extensive veins], y el último en considerables cantidades cerca de Pisagua y en las proximidades de Tanna [sic! por Tana]. También se encuentra cobre en el extremo sur y sureste de la Provincia, en vetas que atraviesan el feldespato. Los minerales [ores] son sulfurados [sulphurates], carbonatos [carbonates] y  muriatos [muriates]. En la misma cadena de cerros, un poco más al sur y más allá de los límites de la Provincia de Tarapaca [3], los últimos minerales nombrados han sido hallados en tal cantidad como para dar origen  [to give rise]  a extensivas labores. Este es obtenido por los indígenas y vendido  bajo el nombre de "arenilla" [4]  como arena para la escritura [sand for letter writing]. 

[Riqueza minera en el área de Huantajaya y Santa Rosa]

"Las minas de plata de Huantajay  [sic! sin la a final] y Santa Rosa  [5] , cerca de Iquique, fueron trabajadas intensamente en el pasado [6] y han suministrado [gran] cantidad de plata [7]. Pero en los últimos años, debido a los crecientes gastos del laboreo [mining] y a la pobre calidad del mineral obtenido, la mayoría de las labores [workings]  de la primera [esto es, de Huantajaya] y muchas de la segunda [Santa Rosa]  han sido abandonadas [8]. Las minas [antedichas] en el tiempo en que fueron visitadas por mí [9],  no daban en mineral de plata [puro] más que un 0,31%; pero antiguamente arrojaban abundancia del rico mineral [rich ore] y han entregado algunas de las grandes y puras masas de plata nativa  [native silver] que se ha encontrado [10]. En 1758 y 1789, se dice que aquí fueron halladas dos [masas de plata] [11],  una de ellas pesó 800 libras [12] y la otra, doscientas libras [13]. Frecuentemente [often] se ha extraido plata nativa [native silver]  y plata córnea [horn silver] [14] , pero el principal beneficio se ha conseguido de minerales de plata y antimonio [antimonial silver ores].    En pequeñas vetas, se ha hallado una mezcla de cloruro de plata, sulfuros de plata y plata nativa combinada con galena [15]  y acompañada de cuarzo. La matriz en que se halla [este mineral] está constituida por carbonato de cal [carbonate of lime], variando las  vetas desde un tamaño casi imperceptible hasta más de un  pie [one foot, de ancho].
La temperatura observada en el fondo de las labores [piques] en las minas de Santa Rosa fue de 98 º Fahr.[16].  En el mismo instante, la temperatura del aire en la superficie  era de 84º Fahr. [17].   

[Descripción del proceso  de obtención  del mineral  de plata  en los buitrones  en los alrededores de La Tirana].

"No existiendo ni agua ni combustible en aquella parte de la comarca donde están situadas estas minas, el mineral es transportado a lomo de mulas hasta Tirana [sic por La Tirana], para la extracción de la plata que contiene [18]. El proceso que aquí se emplea al efecto comparado con el adoptado en muchas partes de este país,  es simple y a la vez, económico  [19]. El  mineral  después de haber sido escogido [assorted] y reducido a trozos irregulares [coarse], es molido,  hasta obtener un polvo fino, por medio de una piedra semicircular que descansa en una cama plana, horizontal, la que es movida  hacia delante y hacia atrás [is rocked back ands forth] por hombres que se sitúan a cada lado. Luego es mezclada con conchas calcinadas, sal y mercurio y se hace hervir [is boiled]  con agua en una caldera de cobre [copper pan] [20]  por seis a ocho horas. Cuando la amalgama  que se ha formado es suficientemente rica en plata, se la exprime  [is pressed]  en pieles [skins][21]  a través de cuyos poros se filtra una porción del mercurio, dejando una bola [ball]  suficientemente sólida  como para ser movida hasta un banco de piedra donde se la deja sobre un enrejado [on a grating]  [o escurridero] y cubierto por un cono de hierro.  Este cono es asegurado tapándolo [by luting],   [y]  en su base se enciende  fuego alrededor para hacer salir  el resto del azogue, el que se recoge en un plato de agua dispuesto debajo. La plata queda así liviana y porosa, y en este estado [físico] es conocida como plata penia  [22] . Los compradores, antes de adquirirla la funden y la convierten en barras [bars]  [23] o la dejan expuesta largo tiempo a un fuego al rojo vivo en un horno, con el fin de asegurarse de que el azogue ha sido totalmente removido.

[Características  del suelo y posibilidades de  aprovisionamiento].

"En las proximidades de Tarapaca y en la quebrada llamada Cauisa [sic! por Cahuisa o Cahuiza], Pica, Matilla y Tirana [24], el suelo es cultivado pero en el resto de los pueblos de Iquique, Pisagua, Mexellones [ sic! por Mejillones] [25], en el litoral, y en los establecimientos mineros de Guantajay [sic! por Guantajaya]  y Santa Rosa, el suelo es estéril [barren] [26]  y sus habitantes dependen de distintos lugares  para aprovisionarse de víveres y agua fresca [27] . Esta última [el agua] es traída desde Chili [sic! por Chile] [28]  y alcanza en Iquique el elevado precio de seis centavos [six cents] [29]   el galón".


( traducción  nuestra de las páginas 8 y 9 del texto original)


Notas  nuestras.

[1]  "cerros porfiríticos". Se refiere a la presencia de  andesitas y dacitas de edad miocénica,  con fechas entre los 10 y 15 millones de años A.P.

[2]  Se refiere, sin la menor duda,  a los  minerales de plata de Huantajaya (Coordenadas                   ) y Santa Rosa  (Coordenadas:              ), ambos en las proximidades de la  actual ciudad de  Alto Hospicio, junto a Iquique;  el primero, situado al Norte y el segundo, al Este de  esta ciudad.  Ambos minerales de plata y cobre  fueron intensamente trabajados  hacia  mediados  del siglo XVIII  (especialmente entre  1740 y 1800), y el primero de ellos, con certeza desde  los  tiempos del Inca y después, por  el encomendero de Tarapacá  Lucas Martínez Begazo, uno de los  capitanes del  conquistador del Perú  Francisco Pizarro.

[3]  John Blake siempre escribe "Tarapaca"  (sin acento final en la  a ) porque el idioma inglés no posee la tilde; pero en cambio, en el artículo de  Manuel  Basilio de la Fuente, publicado en Londres en 1856,  igualmente sobre la Provincia de Tarapacá y traducido al inglés por su amigo William Bollaert, el editor se preocupó especialmente de poner el acento donde corresponde, esto es en la última sílaba: Tarapacá. (Cfr. Observations on the Province of Tarapacá, South Peru", Journal of the Royal Geographical  Society of London, Vol. 26 (1856), pp. 229-232).

[4]  Esta "arenilla"  de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, Edición  Vigésima Segunda,
es,  en su primera acepción, "arena menuda, generalmente de hierro magnético, que se echaba en los escritos recientes para secarlos  y  que no se borrasen". 

[5]  Las minas coloniales de plata y cobre  de Huantajaya y Santa Rosa  quedan a  muy pocos kilómetros de distancia entre sí y tal vez son parte de una misma formación geológica de carácter porfirítico.   Santa Rosa, al decir del historiador  Bermúdez, habría iniciado sus actividades muy tardíamente, hacia  1770. Huantajaya es mucho  más antiguo. Ambos sectores mineros se pueden ver hoy a través del navegador Google Earth perforados por una increíble  cantidad de piques y socavones. Hay piques en Huantajaya, como el famoso pique "San Juan", que  tendría  una profundidad vertical de  340 m.  El socavón del "Chiflón del Diablo"  tiene, en cambio, un trazado más bien  horizontal. El Plano  del yacimiento que hiciera el Teniente de Gobernador  Antonio  O´Brien en el año  1766 muestra la gran cantidad de  estacas o posesiones  mineras  que taladraron el cerro por esos años  desde la restauración de las labores  por obra del  piqueño Juan de Loayza, quien habría sido advertido de la existencia de mineral  por un indio chango conocido con el apodo de "Cacamate". Su nomnre era  Domingo Quilina, según otras fuentes.  (Cfr. informaciones del  Deán Juan Valdivia, en Víctor Manuel Barriga, Memorias para la Historia de Arequipa,  1941-1952,  4 Vols.,  Arequipa).

[6]  Por el cronista Pedro Pizarro sabemos que estas minas de Huantajaya ya fueron "labradas por el Inca".  Cuando Pizarro reparte las encomiendas  del  actual extremo sur peruano y norte chileno en Enero de 1540, toca a Lucas Martínez la  Encomienda de Tarapacá.  Pronto se entera  donde el encomendero de la existencia de antiguas minas labradas en tiempos del Inca. Sin duda ejerciendo presiones  y amenazas a sus caciques,  éstos le dan el dato exacto y así le veremos muy pronto explotando las minas por medio de  indios y negros esclavos, estableciendo una fundición de plata en Tilibilca  (junto a Huarasiña) y  explotando los otrora frondosos bosques del Tamarugal para obtener madera como combustible para estas faenas. El acucioso estudio del Testamento de Martínez Begaso  hecho por obra del historiador peruano Trelles nos trae con lujo de detalles  las actividades mineras ejercidas por el encomendero español en Tarapacá.    (Cf. Trelles, Efraín,  1988. “El Testamento de Lucas Martinez Begazo”,  Revista “Historia”,  Lima, Vol. 23, 267 a 293).

[7]  Son numerosas las referencias históricas referidas a la enorme cantidad de plata obtenida del mineral de Huantajaya junto a  Iquique.  No repetiremos lo dicho por otros, y  remitimos  a la obra de Vicente Dagnino (El Corregimiento de Arica 1534-1784,  Imprenta de la Ëpoca, Arica,  1909:  81 y ss.). La obra de Dagnino, a pesar de su muy discutible método histórico, encierra un  gran caudal de información inédita obtenida por él de la lectura directa  de  los antiguos Archivos de las ciudad de Arica. Afortunadamente,  con cierta frecuencia cita ad litteram dichos textos. Mucho de este material archival  se perdió por incendios o terremotos o o fue robado en las  décadas siguientes. Es, pues, un gran mérito el de Dagnino el haber transmitido a la posteridad dicha información, copiándola de los archivos. Extrañamente, observamos que los historiadores  actuales son bastante reticentes en hacer uso de esta fuente, la  que sagazmente utilizada,  puede ser de enorme utilidad para el estudio de nuestra zonas de Arica y Tarapacá.

[8]  Vemos que, de acuerdo a esta valiosa información  hacia el año 1838, fecha segura de la visita de Blake a ambos minerales  gran parte de las labores extractivas se hallaban  paralizadas.

[9]  "fueron visitadas por mi". Evidencia clara de que se trata aquí de un testimonio directo y espontáneo.


[10]  Se habla aquí claramente de "masas de plata nativa". Una gran cantidad de autores lo refrendan. No se trata de sulfuros o simples  sales de plata sino de plata en estado casi puro, con contenidos de plata cercanos al  70-80%. El autor habla por eso  habla de  "native silver" y no simplemente de mineral de "sales de plata"  (sulfuros). Hay en la actualidad cierta  discusión al respecto. Consultado al respecto el geólogo  antofagastino  Dr. Guillermo Chong, sobre la posibilidad de la existencia de estas masas de plata  prácticamente  pura, algunas de ellas de un enorme peso,  según lo señalado por  diversas fuentes históricas confiables,  se manifestó bastante escéptico. Mineral de alto contenido de plata, sí, -nos señaló- pero  nunca de plata pura, de lo cual  no habría antecedentes en la minería  mundial..

[11] Tal vez,  sea sólo cuestión de terminología. Porque un contenido de 60,  70 u 80% de plata  en una masa o "papa", para  el minero es prácticamente plata pura; para el químico, en cambio, es  tan sólo un mineral  que contiene aún muchas impurezas  (cobre, antimonio, azufre, entre otras). Quisimos indagar sobre el particular escribiendo a varios Museos geológicos de España, para saber si había entre sus Colecciones, alguna referencia a envíos de "masas" o "papas" de plata desde este Mineral  a España en tiempos coloniales, como señalan numerosas fuentes. La respuesta hasta ahora ha sido negativa: lo más cercano, según se me informa,  es el hallazgo, en el naufragio del galeón español "Santa María de Atocha", de  barras o lingotes de plata de América, de la que se conserva un ejemplar en el Museo Geominero de Madrid (España). Pero este  lingote de plata ya había sufrido un proceso de fundición y había sido reducida a "barras". Era el procedimiento temprano normal realizado  tanto en Potosí como en Huantajaya.para el envío de la plata para ser ensayada y pesada en las Cajas Reales, pagando por ello el  impuesto del  "quinto real". Pero  también sabemos por  el relato del cronista de la expedición de Francis Drake que el corsario encuentra en Ique-ique y en Pisagua, barras de plata  para contrabando, en poder de españoles, de las que por cierto se apodera sin tardanza. Estas, sin duda alguna, eran expresión del frecuente  y muy rentable contrabando ilegal que los mineros locales de Tarapacá efectuaban directamente en la costa, con navíos de comercio extranjeros (máxime franceses y holandeses), conociendo la total falta de control y vigilancia, y  burlando las severas Ordenanzas Reales. (Vea al respecto en este mismo  Blog  el capítulo que refiere  el relato del corsario inglés:  "El corsario inglés Francis Drake  saquea el puerto de Iquique: relato del capellán Francis Fletcher". de fecha 15/12.2012.

[12]  "800 libras" equivalen a  362,89 kg.  Se trata, evidentemente, de una masa o "papa" de plata de   un enorme tamaño como para lograr dicho peso total.

[13]   "200 libras" equivalen a  90.32 kg.

[14]  La "plata córnea"  o "horn silver"  corresponde  a la Clorargirita  que es una forma mineral del cloruro de plata (AgCl). Tambièn se la ocncoe como Cerargirita (que en griego significa precisamente  plata córnea  cuando se la encuentran expuesta al aire seco de lo s desiertos (Ver en Wikipedia, Internet, bajo la voz  horn silver).

[15]  "galena".  Se trata de sulfuro de Plomo  (PbS2). Este mineral muy difundido en todo el planeta se suele encontrar  en yacimientos de plata  (Ver Wikipedia, Internet).

[16]  Equivalente a 36, 7º C.  Añádase a esta alta temperatura la falta prácticamente absoluta de ventilación de estos socavones, y se tendrá una pálida idea del calor reinante  en las profundidades de la Mina en la que los operarios, en su mayor parte indígenas, tenían que permanecer por muchas horas. Al salir al exterior de la bocamina, cansados y sudorosos, el viento reinante y la gran diferencia de temperatura  ambiental (de casi 6º C)   provocaba en ellos fácilmente enfermedades pulmonares  o tuberculosis, de las que difícilmente se curaban.Nada sabemos de la tasa de  mortandad entre estos operarios, de la que no existe ninguna registro. Pero debió ser muy alta.

[17]  Esto es, 28,9º C.

[18]  En las proximidades de La Tirana se beneficiaba, en  sitios  especiales cerrados, denominados  Buitrones,  el mineral de plata ya previamente molido y triturado. Éste  era llevado hasta allí en carretas o a lomo de mulas desde los centros productores (Huantajaya o Santa Rosa). ¿Por qué precisamente en La Tirana (sitio que el autor invariablemente  llama simplemente Tirana)?. Porque aquí  había abundancia de agua en pozos a  muy poca profundidad y  en sus alrededores  gran abundancia de bosques de tamarugo  (Prosopis tamarugo Phil).  El proceso de fundición, en efecto requería de enorme cantidad de leña  como combustible.  Esta corta y quema indiscriminada de tamarugos y algarrobos, durante el período colonial,  condujo a la casi total desaparición de estos bosques. Sólo en la década del 1930, gracias  a la actividad reforestadora emprendida  por  español ----

[19]  Este proceso aquí descrito, aunque sencillo y práctico, dejaba mucho que desear desde el punto de vista del  aprovechamiento integral del metal  presente  en el mineral.

[20]   Estas enormes calderas de cobre, usadas en el sistema aquí descrito de "Paradas",  eran trasladadas a los sectores de mayor  presencia de caliche. El combustible usado  para calentar  la mezcla de caliche y agua eran gruesos troncos de tamarugos. También se echó mano a troncos enteros,  enterrados por impetuosos aluviones  anteriores, material  que fue conocido  como  "madera fósil". Los mineros de la pampa  fueron  hábiles  "cazadores" de esta madera "fósil", enterrada por antiguos aluviones en la pampa, pero aún perfectamente utilizable como combustible en sus buitrones.

[21]  Más que cueros [skins], con los que difícilmente se podía filtrar algún líquido,   debe aquí tratarse de algún tejido muy fino  y apretado,  que permitiera  "colar"   y "exprimir" el    resto de azogue retenido en el mineral.

[22]  Sic! por  "plata piña"].  

[23]  Plata reducida a barras, listas para ser contrabandeadas,   roba el corsario Drake en el puerto de Iquique y en Pisagua. Vea nuestra nota anterior  [11].

[24]   Referencia muy temprana a la existencia de un pueblo o al menos un lugar de  sembrío en la pampa  con este nombre. Nótese que se dice simplemente "Tirana" en todos los documentos y planos antiguos  , y jamás  "La Tirana", denominación esta última  que se hará popular mucho después  a través de la leyenda que  inventara el habilidoso historiador ariqueño Rómulo Cúneo Vidal. Esta presencia humana aquí se debe, sin la menor duda, a la existencia de agua a corta distancia de la superficie en piques o pozos. Uno de éstos, era el "Pozo del  Carmen", dedicado evidentemente a la  María en su advocación de la Virgen del Carmen, patrona del mineral de Huantajaya.

[25]   Se refiere aquí a la caleta  "Mejillones del Norte",  situada al sur de Pisagua. Y no, evidentemente, a Mejillones, lugar de recalada  en el litoral de Antofagasta, al norte de la  península de mismo nombre..

[26]  La  falta total de agua dulce hacía imposible practicar una pequeña agricultura u horticultura en los asientos mineros de  Huantajaya y Santa Rosa. El problema  no era la calidad del suelo sino la carencia absoluta de agua  dulce.

[27]   Algunos víveres llegaban desde las aldeas de la precordillera  tarapaqueña : Pica, Matilla o Tarapacá. Sabemos que  en la pampa de   Huara  se sembró antiguamente  no sólo maíz  en tiempos indígenas, (siglos XII-XV) , sino también trigo en tiempos coloniales, cuando bajaban impetuosas las  aguas de aluvión en los meses de verano, como lo atestigua Antonio O´Brien en su famoso Plano de la Pampa de Yluga (1765). Pero el grueso del alimento llegaba por mar.

[28]  El agua  la traían desde el río de  Pisagua (sólo cuando éste llegaba al mar )o, en su defecto, desde el puerto de Coquimbo, o aún Valparaíso,  en Chile.

[29]   "Seis centavos" de dólar americano de la época. El galón, medida anglosajona parta líquidos, equivale a  3.79 lts. en Norteamérica y a  4,54 lts. en Gran Bretaña. La diferencia  es debida a un cálculo hecho hacia el mismo tiempo en ambas regiones, pero con procedimientos diferentes; diferencia que ha sobrevivido hasta hoy amparada por el fuerte conservatismo (o conservadurismo) británico, fuertemente refractario a los cambios. Suponemos que el autor, siendo estadounidense, se refiere aquí a la nomenclatura en uso en Norteamericana.  No sabríamos señalar  a qué cantidad de dinero correspondería  hoy en esa misma moneda. En todo caso, era considerado un precio muy alto y, por lo tanto,  su traída en barcos desde  los puertos chilenos de Valparaíso o Coquimbo constituía un negocio altamente atractivo para algunos comerciantes de la época.


(Notas en en elaboración)












viernes, 26 de octubre de 2012

"Papas" de plata pura en el mineral de Huantajaya: ¿un mito minero o realidad?


Fig. 1. Ilustración  que presenta  don  Francisco Xavier Mendizábal en el año 1807 del campamento del Mineral de Huantajaya.   Representa el sector  de San Agustín, el  que  fue intensamente trabajado  en el siglo XVIII. En el grabado,  a la extrema derecha,  aparece  parte de la nave de  la iglesia del campamento, enteramente construida de tablas de madera. No alcanza a aparecer su elevada torre. (Archivo de Indias, Sevilla). 



Fig. 2. Vista del Mineral de Huantajaya desde el Este. Inmediatamente detrás del vehículo, se halla la "quebrada del Obispo" por donde se accede, subiendo  hacia la derecha,  al "Chiflón del Diablo",  una de las galerías bien conocidas del yacimiento (Foto H. Larrain, Agosto 2012).


Fig.  3. Desde el sector  del "Hundimiento", vista hacia el SE. Obsérvese los piques y forados antiguos practicados en  el cerro situado al centro de la foto. Atrás, a la izquierda,  sectores recientes del área industrial de Alto Hospicio.   (Foto H. Larrain, Agosto 2011).

Fig. 4.   Vista general del yacimiento minero de Huantajaya.  El cerro alto en la parte media de la foto corresponde al  "Alto de San Simón". Los cerros hacia la extrema derecha, algo más bajos,  corresponden al área conocida como "San Agustín". Al pie de éstos,  se alzaba la población minera y su campamento. Vista de SE a NW. (Foto H. Larrain, Agosto 2011).

Fig. 5.  El lugar exacto llamado desde los tiempos de don Antonio O´Brien "El Hundimiento", donde varios de los mineros, todos ellos vecinos de Pica y Tarapacá,   tenían estacas  para la explotación  de la plata. En sus proximidades, según el relato colonial habrían aparecido, sueltas en la tierra, dichas "papas de plata". Vista tomada desde el SE. Esta  enorme fosa se debería, según se cree, al desplome natural  producido por la proliferación inconsulta  de galerías y socavones subterráneos, practicados por los mineros en busca de las codiciadas y huidizas vetas.   (Foto H. Larrain,  Agosto 2011).

 Fig. 6. Sector del "Hundimiento", parte inferior.  Acceso antiguo a   uno de los túneles de la mina, de época colonial. Se conservan aún las maderas puestas allí en el siglo XVIII para apuntalar la zona de  ingreso.  Existen  tres accesos a  túneles en este sector, que dan a diferentes galerías. (Foto H. Larrain  Agosto 2011).


Fig. 7. Un pique  o bocamina entre los  muchos que se observa en el Mineral.  (Foto H. Larrain, Agosto 2011).


Sobre las afamadas "papas de plata" halladas en el mineral de Huantajaya, (junto a Iquique y al lado de la localidad de Alto Hospicio)  existen numerosos  y casi increíbles testimonios. Veremos algunos y trataremos de hacernos una idea lo más certera posible acerca de estas "papas" de mineral  casi puro de plata.
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Una  referencia  curiosa del inglés  William Bollaert  en 1860.

Este personaje, uno de los  más  notables descriptores del área de Tarapacá   después del cartógrafo sevillano de origen irlandés Antonio O´Brien  (1765),  nos ha aportado en sus numerosos trabajos  relativos al área,  una excelente descripción de la actividad minera e industrial de la región. No podía ser menos, por cuanto su formación  como químico ensayista de metales le hacía  particularmente apto para observar y tomar nota  precisa y confiable de este tipo de actividades, en las cuales se vio envuelto desde su llegada a Iquique en 1826, cuando la ciudad era una mísera aldea de pescadores que no superaba los 100 habitantes.  Sus informes, publicados en inglés en varias revistas científicas de Inglaterra,  cubren un interesante período  de tiempo: entre  1825 y 1868, aproximadamente,  justo cuando se inicia en esta zona, peruana por entonces,  la explotación del salitre en las llamadas "Oficinas de Paradas". 

El espíritu antropológico de Bollaert: escudriñador del sentido de los geoglifos tarapaqueños. 

Entre las muchas curiosidades científicas que reporta en sus trabajos  destaca su gran interés por escudriñar y descifrar el misterio de los famosos "Pintados" o grupos de geoglifos que jalonan ciertas rutas y huellas  ancestrales de los antiguos habitantes. El tema evidentemente le atrae y le fascina. A su análisis destina numerosas líneas de sus escritos.  Hemos ya hecho referencia explícita a este interés arqueológico y artístico de Bollaert en otro capítulo de  nuestro Blog. Por su interés en este campo de estudio, Bollaert merece  ser considerado, sin lugar a dudas,  el  indiscutido pionero de los estudios de Arte  Rupestre en Chile. Antes que el alemán Rodulfo Amando Philippi, Bollaert se había percatado de la importancia y significación de estas representaciones rupestres,  mucho más abundantes en Tarapacá que en la zona de Atacama donde Philippi las examinara con detención durante su viaje de  1853-1854. 

"Papas" de pura plata: ¿ mito o realidad?. Lo que nos  transmite  la historia.

Pero otro punto un tanto diferente de los geoglifos, pero no menos  importante,   atraerá hoy nuestra atención en este autor.  Además de referirse in extenso a la explotación del salitre, cuyos inicios  conoció de  cerca, nos habla de la riqueza del mineral de plata de Huantajaya, del que dice textualmente:

"Esta provincia   fue celebrada primeramente por las ricas minas de Huantajaya. La familia La Fuente, ella sola,  pagó en impuestos a la Corona española, más de un millón de libras esterlinas. Esta familia envió una masa de plata nativa  que pesaba casi 3.300 [libras], como presente al Rey de España; fue hecha rodar a mano desde las minas y dejada caer por su propio peso por la pendiente arenosa de los cerros de Iquique; una parte de la huella que dejó a su paso, permanece visible hasta hoy". (cita textual de la Descripción de Tarapacá por William Bollaert, traducida y comentada por Horacio Larrain, en la Revista Norte Grande, Vol. 1, Nº 3-4,  Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile,  Marzo-Diciembre 1975, p. 465).

Bollaert trabajó en Huantajaya y,  tal vez, tuvo ocasión de ver con sus propios ojos alguna vez una de estas "papas". Porque en ningún momento  pone en duda  su presencia en este Mineral. Lo da por sabido.  La expresión "masa de plata nativa",  alude claramente  a la gran pureza del mineral  de plata que encerraban.

Esta afirmación de Bollaert, escuchada sin duda de boca de mineros en la misma mina de Huantajaya, donde el propio Bollaert trabajó un tiempo como químico, nos  anuncia  la razón de ser de la gran celebridad que alcanzó este yacimiento de plata  en la época colonial.  Aquí aparecían,  de tanto en tanto,  "papas" de plata pura en las labores mineras. Y este sólo hecho atraía a toda clase de  mineros y aventureros (pallaqueros) en busca de fortuna. No sólo entonces; también ahora. ¿Era cierta esta información que circulaba  o formaba parte de un mito  propio de Huantajaya?.Lo vamos a averiguar.

Casi tonelada y media de peso: ¿mito o realidad?.

El peso de la masa  [o papa] de plata que, según Bollaert, fue enviada como obsequio por la familia  de los mineros de apellido De la Fuente al Rey de España, para atraerse su favor  y beneplácito  es, de por sí, muy sorprendente.  Una libra inglesa comportaba aproximadamente 453,59 gramos, es decir,  poco menos de 1/2 kg. Por lo que, multiplicando, obtendremos para la susodicha "papa" de plata, el  asombroso peso de  1.485  kg.   El relato,  difícil de sustentar,  señala que habría sido  hecho rodar por sus descubridores, cerro abajo, desde Huantajaya  hasta la costa de Iquique,  dejando una profunda huella  a su paso. Lo que sospechamos no sea otra cosa  más que  resabio de un posible  "mito"  minero. Porque con tal descomunal peso, aun cuando hubiese sido totalmente cilíndrica,   se habría enterrado en la  cubierta arenosa de la ladera,   a las  pocas decenas de metros de  rodar desde el alto. A no ser que dispusiesen de aparejos especiales para hacerla rodar cerro abajo.

El fulgor de Huantajaya.

En todo caso, es un hecho que,   desde muy tempranos tiempos,  circula entre los cronistas  el  "fulgor" de la plata procedente del mineral de  Huantajaya. Tanto,  que su fama casi llega a igualar  en su momento a la del Cerro rico de Potosí,  en Bolivia.

 Ya  el cronista Cieza de León,  en su Crónica del Perú relataba al efecto:

"En los valles de Tarapacá es cierto que hay grandes minas y muy ricas, y de plata muy blanca y resplandeciente". (Edición  1945, Capítulo LXXV: 211- 212).

"Plata blanca y resplandeciente".

"Plata blanca y resplandeciente" solo podría ser  observable directamente en las famosas "masas"  o "papas" de plata. Ciertamente no en los diversos minerales azulinos, negruzcos  o verdosos que la contienen. ¿Las vio, tal vez,  el cronista soldado Cieza en manos de algún minero de Huantajaya, como Pedro Pizarro  o Lucas Martínez Begaso, o Pedro Sande?. Es muy posible.  De donde,  tal vez,  podríamos inferir que tales "papas de plata " fueron ya conocidas desde la época indígena, por cuanto fueron  ellos los que habrían suministrado la información sobre este yacimiento a  los españoles ya desde 1553, según consta  en varias fuentes.  En efecto, hay constancia de que estas minas fueron trabajadas ya desde los  tiempos del Inca, como lo anota explícitamente Pedro Pizarro el cronista,  primo del Marqués Francisco Pizarro,  en su obra publicada en el año 1572 .

El cronista Pedro Pizarro y las "papas" de plata.

En 1571 en su "Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú"  (1571), Pedro Pizarro nos deja un testimonio explícito de la existencia de estas "papas" de plata en Tarapacá.  Explícitamente el cronista español , señala que "de estas minas sacaban plata para el Inca".  Señala, en efecto,:

"Y en este tiempo [cuando los indios cercaron a Gonzalo Pizarro y estuvieron a punto de matarlo],  descubrió Hernando Pizarro las minas de Porco y tomó aquella mina rica que allí tiene; que destas minas y de unas questán en Tarapacá, tierra yungas, legua y media de la mar del Sur, sacaban plata para los Ingas..."...."  (1944: 150; negritas nuestras).).

Y continúa Pizarro su  gráfica descripción unas líneas más abajo de esta manera:

"Hay otra parte donde sacaban plata [los Ingas] ansimesmo como tengo dicho que se llamaba Tarapaca. Tiene este nombre de Tarapaca por un pueblo que así se llama questá doce leguas destas minas. Están estas minas de Tarapaca en unos arenales.  Doce leguas destas minas está la agua dulce, y por partes á treinta [leguas] ni á cuarenta no la hay. Es el metal de plata que en estas minas hay muy rico porque lo más que se ha sacado della es plata blanca acendrada, y aún quieren decir que tiene quilates de oro. No se ha hallado veta fija.  Hay tantos veneros a manera de vetas en diez leguas al rededor, de lo que se ha visto, como venas tiene una hoja de col, y en todas partes que cavan sacan metal de plata, uno más rico que otro. Por la falta de agua que tiene tan grande no se labran ni se ha descubierto la riqueza que ne ellas hay, porque se tiene noticia de una veta que los indios tienen bien tapada, que dicen ellos era del sol de anchor de dos pies , toda de plata blanca..."  (Pizarro,  1944: 151;  negritas nuestras).

¿Cómo se enteró Pedro Pìzarro de este descubrimiento?.

Lo supo por  el descubrimiento que hizo de ellas Lucas Martínez Begaso, encomendero de Tarapacá nombrado en tal función por el Marqués  Pizarro en Enero de 1530. Lo afirma  así el propio Pedro Pizarro. Así lo refiere el cronista:

"Lucas Martínez, vecino del Cuzco y [que] después lo fue de Arequipa, uno de los conquistadores  deste reino, labraba estas minas porque tenía en encomienda este pueblo de Tarapaca. Pues labrando en una cueva de adonde primero sacaban plata para el Inga, hallaba unas papas redondas como bolas questos indios llamaban papas, como tengo dicho, sueltas entre la tierra, de peso de doscientos pesos, y de á trescientos, y de quinientos, y de arroba y de dos arrobas, y aconteció hallar papa que pesaba un quintal. Labrábase esto con grandes costas y hallábase estas papas a tiempos..."   (Pizarro  1944:  151-152). 

¿Qué  aspecto y forma tenían,  según el cronista-soldado?.

Por fin tenemos algún detalle más particular acerca de la forma de estas extrañas "papas de plata".  Primero se señala  que   estas papas  eran "redondas como bolas". Para luego agregar  que  estaban "sueltas  entre la tierra"   [es decir, no constituían  una  veta propiamente tal].  Si los indios las llamaron "papas"  (en quechua papakuna), es porque ciertamente se asemejaban de alguna manera a las papas comestibles (Solanum tuberosum, fam. Solanaceae). Es decir, tenían formas aproximadamente redondas, como protuberancias y  mostraban exteriormente una superficie aplanada,  muy lisa y suave, como si hubiesen sido  desgastadas y suavizadas por arrastre. En otras palabras, carecían totalmente de aristas. Una papa  comestible recién sacada de la tierra posee esa suavidad en su contorno y un cierto brillo típico.

Algo más abajo, en el mismo texto, Pedro Pizarro añade  otra característica:  se hallaba "pedazos de piedra a manera de adobes de plata blanca que subía la ley".  Adobes  hacían los indios en el Perú de formas diversas, no solo cuadradas o rectangulares como los conocemos hoy.. Los  había frecuentemente  de tipo casi circular o esférico. A esto tal vez se refiere  aquí el cronista.

Cómo extraían el mineral de plata  de una "papa"?.

 Luego nos indica el primitivo procedimiento minero aplicado por los españoles a estos "adobes" o "papas"  para el rescate del mineral,  el que no podía ser más simple :  "...no se hacía más que, arrancado el adobe [del subsuelo], le daban con una almadana encima y saltaba una costra delgada que tenía, y quedaba hecha una plancha de plata". Es decir, presentaban una película  a manera "costra delgada", esto es, un recubrimiento de color terroso y oscuro [probablemente] , el que ocultaba  el brillo interior del metal. Esta delgada costra saltaba con el golpe, pues no era parte integrante del mineral sino solo un recubrimiento y se desprendía del mineral. Esta "costra", a nuestro entender,  o era  una  pátina o barniz externo, producto del encuentro del mineral  en estado líquido,  procedente del  magma,  con la tierra circundante, o  más probablemente,  una forma de "oxidación" de la superficie  en contacto con el aire  (óxido de plata,  de coloración negruzco o negra ).

  Por último, se señala que aparecían  a muy poca profundidad:  " en obra de medio estado que estaban éstas..". Un  "estado"  era en la época colonial  una  " medida longitudinal tomada de la estatura regular del hombre, que se usaba para apreciar alturas o profundidades, y solía calcularse en siete pies". Como la medida  de un  pie castellano equivalía a 0.2786 metros,   siete pies  comportaban  1,95 m. Por tanto, la profundidad máxima a la que se encontraban regularmente estas "papas" de plata era aproximadamente de  0.97 m, es decir  algo menos de 1 metro. Podían, pues, ser halladas  mediante "catas" muy superficiales.

Por último señala el cronista que,  con los golpes secos y certeros de una almadana, saltaba  la costra o corteza que recubría ligeramente el metal y quedaba a la vista la "plata blanca". Qué era una almadana?.  Consultado el Diccionario de la Real Academia Española, nos dice que viene de "almátana" ,  voz de origen árabe, que  significa: "Mazo de hierro con mango largo, para romper piedras. Deriva del árabe hispano  "almátana" . 


Variedades del mineral de  plata en Huantajaya.

Con excepción  de las "papas" de plata casi pura, el mineral de plata más común  en las minas de  Huantajaya  es una sal de plata de un color azul celeste, bello y  muy característico. También el mineral puede adquirir tonalidades negras.  Se le ve muy frecuentemente asociado o mezclado con sales de cobre, de colores verdosos  (malaquita, turquesa, calcopirita). Pero el hallazgo de "papas" de diversos pesos, es algo totalmente fortuito. No debió, sin embargo,  ser un hecho tan raro y aislado, de acuerdo a lo que citan las fuentes.

Un testigo posterior confiable.

Don Pedro de Ureta y Peralta publicó, en una edición del "Mercurio Peruano" del año 1792  una extensa referencia al mineral de Huantajaya y a su producción de plata. Don Pedro es una fuente bastante confiable por cuanto vivió toda su vida en la ciudad de Arica, y su padre fue Corregidor de la ciudad de Arica por varios años, siendo,  por tanto, la persona a quien  correspondía directamente  fiscalizar  el cumplimiento de la normativa real respecto a  la producción minera.



 En  el artículo publicado  en el "Mercurio  Peruano" de fecha   1º de Noviembre del año 1792 (Nº 191, pág 136 y siguientes)   con el nombre de  "Descripción de la Ciudad de Arica y su vasta jurisdicción correspondiente a la Intendencia de Arequipa en el Perú". analiza el tema de la producción de plata y el hallazgo de  papas de plata pura  en el mineral de Huantajaya. Un párrafo especial  merece el  intento que hace  por  explicar el origen geológico de estas "papas de plata pura".

 Dice al efecto:

"admira el modo de cuajarse de estos bolsones [de plata] si aquellas cubiertas, y aunque sujeto al juicio del físico este fenómeno, el mío me lleva a conocer que influyen en su formación los fuegos subterráneos que derritiendo con su actividad los metales en cercanos a los lugares de su inflamación, filtrándose el material por las porosidades de la tierra, y detenido porque ha parado el grado de calor que lo fomenta, se convierte en plata..." .

Nada sabía por cierto Ureta y Peralta del magma y de la existencia de material fundido a altísimas temperaturas bajo la corteza terrestre. Sin embargo, discurre acertadamente que este material fundido, "metalizado", se "filtra por las porosidades de la tierra" , aludiendo, de alguna manera, a formas de erupción magmática desde las profundidades que lograron alcanzar la superficie.

Las fechas de aparición conocidas, coinciden todas con el siglo XVIII.


Nos indica también un dato precioso: algunas fechas en que fueron halladas "papas de plata pura" en este yacimiento de Huantajaya. Lo reduzco a esta pequeña Tabla:


Hallazgos más notables de "papas" de plata.

Tabla 1.

Fecha - Peso en arrobas - Peso en Kg. -   Mina de origen -       Minero 

1758----32 arrobas (=368.06 kg)----------- "Mina del Coronel" ---(Basilio de la Fuente)

1789 ---8 arrobas (=92,01 kg) --------------"De los Loayza" -- -(--¿Hijos de Juan de Loayza?)

1750----(no lo recuerda) ------  ------------ s/d ------- ---------- s/d


En su última referencia a este tema, Ureta y Peralta alude a una "papa" muy particular que se hallaba en posesión de su padre "entre las alhajas de su equipaje". Señala que se trataba de una papa de plata pura que presentaba, en todo el contorno de su cuerpo, una faja de oro, del ancho de una pulgada del pie de París, [esto es, 25,4 mm o 2,54 cm] "papa" que causaba gran admiración a quienes la veían por pri mera vez.


La riqueza del mineral de Huantajaya era proverbial  durante  el período colonial..

O sea, en vida de nuestro autor, en tiempos del mayor auge  de las explotaciones del mineral de  Huantajaya,  entre mediados y fines del siglo XVIII,  hay un difundido conocimiento de la aparición, de tanto en tanto,  de  grandes papas de plata pura o casi pura.  El hecho de que su padre hubiera conservado, como reliquia de familia,  una papa de plata (cuyo peso no se  nos señala)  con una faja  de oro que la circundaba, nos dice ya que conocía perfectamente del tema. En otras palabras, era "vox populi" que  aparecían en las labores mineras,   de vez en cuando,  estas papas de un valor tanto mayor, cuanto mayor fuera  su tamaño y  peso.

¿Qué nos agrega  al respecto el cosmógrafo Cosme Bueno en el año  1768?:

En el año  1768, el cosmógrafo real  español Cosme Bueno en una obra intitulada "El Conocimiento de los Tiempos",  trae una "Descripción de las Provincias pertenecientes al Obispado de Arequipa". En esta "Descripción",  nos,  ofrece detalles de gran interés  sobre la "Provincia de Arica". En un capítulo próximo de este Blog ofreceremos a nuestros lectores  la Descripción completa   con  comentarios  adicionales nuestros de índole eco-antropológica. Por ahora, nos  circunscribiremos tan solo a lo que nos dice sobre Huantajaya, su producción argentífera y  la aparición fortuita  de las famosas "papas" de plata.

He aquí, a la letra, el texto aludido:

""Lo más notable de esta Provincia  [de Arica] son sus Minas. En los altos del Curato de Pica hay vetas de Oro y de finísimo Cobre que no se trabajan por lo rígido del temperamento.   Por la parte de la Costa se hallan los Cerros de Chanavaya y Huantajaya, a dos leguas más o menos del mar,  y otros muy ricos  de metales de Plata,  de los cuales muchos no se trabajan por  carecer de agua aquel terreno  en muchas leguas [a la redonda].  El de Huantajaya se cree que fue trabajado en tiempos antiguos   [es decir, indígenas]. Cerca de estos tiempos, esto es avanzado el principio de este siglo   [XVIII],  se empezó a trabajar de nuevo sin método, creyendo que no había vetas fijas sino bolsones de Plata, porque se encontraban a techos unas piedras sueltas que llaman de barra, porque se sacan de ellas por fundición  grandes cantidades de plata .  Pero posteriormente se ha visto que hay vetas fijas  y que aquellas Papas  son anuncio  de veta cercana. Así se han establecido labores, en forma de que se ha sacado y se saca mucha riqueza. Y a no tener la penalidad de la falta de agua, pues es preciso llevar a beneficiar los metales a distancia de muchas leguas de despoblado,  estas minas enriquecieran mucho a sus dueños y fueran útiles al Reino, porque se aumentaran mucho sus labores" (edición  hecha  en Lima por  Daniel Valcárcel,  1951: 91).

Estas piedras sueltas,- indicio cierto de veta cercana, según el autor-  que dan el rico mineral que llamaron "de barra" por su gran pureza, son las famosas "papas" de plata.

Cuál era su aspecto físico exterior?.

Ninguno de los testimonios históricos que hemos podido estudiar, hace referencia, desgraciadamente, con exactitud y precisión al aspecto físico exterior de estas "papas". La descripción de Pedro Pizarro, que hemos  tratado de analizar  de cerca  más arriba ,  es la que  más nos acerca a esta realidad escurridiza. Casi nada sabemos de su textura,  su color  o el modo de reconocerlas.  Solo interesó conocer y registrar su peso y  su valía.  Porque, que sepamos, ningún investigador científico de la época las estudió a fondo, al menos durante el período colonial. Tal vez ninguno de ellos llegó a verlas alguna vez.  Por lo que nos resulta muy difícil hoy o casi imposible formarnos una idea  exacta del aspecto exterior que tenían a la vista, salvo en el caso hipotético de que existan hoy día, en alguna parte del mundo,  algunas "papas" de plata de este mineral, tal vez  ignoradas,  en algún Museo de la península ibérica.

Conclusión

Todos estos testimonios, a los que podríamos agregar otros varios, (como el de Antonio de Alcedo, en  su Diccionario Geográfico de las Indias Occidentales o América, publicado en España  entre los años 1786 y 1789 en 5 Volúmenes)   no nos dejan duda ya alguna acerca de la autenticidad de estos hallazgos. Estas "Papas de plata", de ley  muy subida,  existieron  realmente, enriquecieron a sus  dueños  y, en casos concretos, fueron, como consta documentalmente, objeto de obsequio especial para el Rey de España y para algún templo católico de la zona de Tarapacá, como era entonces la costumbre. Queda pendiente la tarea de acopiar antecedentes más concretos acerca del aspecto exterior, color y forma de estas afamadas "papas de plata".