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viernes, 20 de julio de 2012

Un documento ya olvidado.La Declaración final de la Reunión de Antropología de los Países del Pacto Andino en 1975: La Paz, Bolivia.

Fig. 1. Página 1 del Documento firmado en La Paz, Bolivia.


Fig. 2. Página 2 del Documento.


Fig.3. Página 3 del Documento.


Fig. 4. Página 4 del Documento.


Fig 5. Página 5 del Documento.


Fig. 6. Página 6 del Documento.


Fig. 7. Página 7 y última del Documento firmado por los representantes Oficiales de los Países del Pacto Andino.


Ocasión histórica de esta Reunión de Antropología de los seis países andinos.

Mucha agua "ha pasado bajo los puentes" de la Antropología sudamericana andina durante estos 37 años transcurridos desde aquel 1975. Conviene, sin embargo, rememorar los humildes y difíciles inicios del diálogo inter-americano. El presente Documento denominado. "Primera Reunión de Antropología de los Países del Grupo Andino", ajado y ya marchito por el paso de los años, y que aquí nos atrevemos a presentar y comentar, lo hemos hallado entre viejos papeles y antiguos archivadores. Queremos darlo a la luz pública y reflexionar sobre él pues nos ha parecido que constituye un hito importante en este proceso de creciente re-etnificación hoy observable con gran interés entre nuestros pueblos indígenas del área andina. Tanto más cuanto que tenemos la cruda impresión de que nuestros países americanos están enfocando hoy sus políticas indígenas de maneras harto diferentes - y hasta contrapuestas- comprometiendo el diálogo inter-étnico e inter-cultural indispensable para la puesta en práctica de una sana y fructífera convivencia entre culturas y pueblos.

El desarrollismo desenfrenado actual.

Vemos con preocupación cómo un afán desarrollista a outrance, desenfrenado y sin control, lleva a nuestros pueblos a entregarse, atados de pies y manos, a agencias y empresas explotadoras internacionales que se afanan por extraer, en el más corto plazo posible, los recursos naturales del subsuelo (petróleo, gas, oro, plata, cobre, molibdeno, y ahora recientemente, el litio de nuestros salares andinos). Esta "carrera frenética" por el desarrollo - ya no importa tanto el tipo de desarrollo subsecuente- nos está llevando, a marchas forzadas, a un eventual agotamiento de nuestros recursos básicos, que son precisamente nuestra gran reserva para el siglo XXII y los siglos siguientes. ¿Qué dejaremos en herencia a nuestros descendientes, a aquellos que poblarán nuestras regiones americanas dentro de 200, 500 o 1.000 años más?. ¿A alguien le importa?. ¿Acaso nos importa hoy algo ese futuro lejano, nebuloso de la Humanidad?. Y, sin embargo, es el futuro que tendrán que vivir - y sufrir- nuestros descendientes, a causa de nuestra incuria, indolencia o despilfarro.

¿Somos hoy capaces de comprender las consecuencias de nuestros actos ecocidas?.

El saqueo de los recursos naturales, signo típico de la competitiva economía mundial del siglo XX, no sólo compromete la vida futura de nuestro planeta Tierra- como lo estamos viendo ante el espinudo problema del calentamiento global que ya nos acosa- sino se está convirtiendo en un destructor inmisericorde e implacable de culturas humanas y sus ecosistemas básicos. Como si fuera poco, en todos nuestros países unas pocas familias, enriquecidas súbitamente con el fácil y turbio negocio de la Bolsa, se están apoderando de los recursos básicos del Estado nacional de Chile (energía, agua, recursos lacustres y pesqueros, bosques, reservas metálicas) de un modo ya tan alarmante y descarado, que el desnivel en los ingresos entre los más ricos y los más pobres, ya empieza a ser tema de honda preocupación como un posible o probable "caldo de cultivo" de cruentas revoluciones y tormentas sociales. (Vea Punto Nº 3 de la Declaración adjunta).


Europa y sus "indignados sociales" ya está dando al mundo el grito de alerta. La hodierna casi desesperada situación económica de Grecia, España, Italia - producto de enormes desigualdades y de oscuros negocios bancarios soterrados, es otro grito de alerta. ¿Vamos acaso nosotros , tal vez, por el mismo camino, por la forma como estamos poniendo en práctica este "capitalismo salvaje" explotando nuestros recursos como si fuéramos la última generación humana que vivirá en nuestro Planeta Tierra?.

El proceso imparable de reetnificación de nuestros pueblos frente al desarrollo.

Numerosos episodios dolorosos y recientes ocurridos en la Araucanía chilena, así como en el altiplano y el oriente boliviano y peruano, o en la selva ecuatoriana, colombiana o venezolana, nos hacen reflexionar sobre la suma urgencia de tener criterios comunes para enfrentar estos desafíos a la convivencia pacífica, que la creciente, despiadada y ecocida explotación de nuestros recursos naturales, ha puesto recientemente sobre el tapete de la discusión en nuestros países. Las rebeliones indígenas, que hoy vemos proliferar por doquier, en todos nuestros países, no son sino una consecuencia de la sobre-explotación de sus tierras ancestrales y su recursos.

Un documento sacado del olvido.

Muy rara vez hemos visto referencias a un documento oficial, firmado por los representantes de los países miembros del Pacto Andino, con motivo de la celebración de la Primera Reunión de Antropología de los países firmantes. En efecto, el 20 de septiembre de 1975, en la ciudad de La Paz, Bolivia, en las oficinas del Instituto Boliviano de Cultura, se firmó un acuerdo que comprometía a los países del Pacto Andino. esto es Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile, a examinar las bases para una más asidua y fecunda cooperación en el plano antropológico. Con anterioridad a esta iniciativa, hubo numerosos acercamientos entre países más bien a nivel personal, entre sus investigadores y científicos, pero nunca antes a nivel de Estados.

El documento, junto con las ponencias presentadas por los respectivos países, fue publicado por el Instituto Boliviano de Cultura, la Paz, Bolivia, en el año 1976. Este documento toca puntos que hoy merecen nuestra serena y profunda reflexión antropológica. Porque conviene que investiguemos a fondo en qué aspectos hemos realmente avanzado en estos últimos 37 años, y en cuáles hemos quedado estancados o, tal vez, retrocedido.


Documento casi desconocido en el medio antropológico chileno.

En este sentido, este Documento, muy poco conocido y al parecer bastante ignorado por los antropólogos y arqueólogos chilenos, constituye el primer cimiento de una acción mancomunada entre nuestros países en materia de problemas comunes o en referencia a nuestros planes de desarrollo que, a lo que vemos, ya comprometen gravemente el patrimonio cultural de nuestras naciones.

Este Documento, redactado y suscrito hace ya 37 años en la Paz, Bolivia, sólo tenía la intención de iniciar y promover un diálogo efectivo entre nuestros países en materias de interés antropológico y arqueológico; trataba de ver si existían puntos de vista comunes. Pero posee sin duda el gran valor de relevar y poner sobre el tapete las problemáticas que por entonces parecían de mayor urgencia y envergadura para los investigadores antropólogos de los países firmantes.

Representación oficial de Chile.

Como representante oficial del gobierno de Chile de entonces, nos tocó en aquella oportunidad no sólo tomar parte activa en este Encuentro sino, además, contribuir a la discusión y redacción del presente Documento. La Comisión encargada de su redacción final, estuvo formada por Rosalía Avalos de Matos, (Perú), Plutarco Cisneros Andrade (Ecuador) y Horacio Larrain Barros (Chile).

En esta Primera Reunión de Antropología de los Países del Pacto Andino, cada país aportó con un trabajo de síntesis que contenía una visión de los problemas específicos de su respectiva nación con propuestas específicas y sugerencias de planes de acción.

¿Por qué se nos eligió para esta misión?.

Por aquel entonces (y desde el mes de Marzo del año 1973) , yo formaba parte, como antropólogo, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile en el Campus Oriente de la Universidad, y en mi calidad de antropólogo cultural y arqueólogo (titulado en México en 1970), fui designado por el entonces Director del Instituto, el geógrafo humano don Hugo Bodini Cruz-Carrera para esta misión, que le fuera confiada al Instituto por el entonces Director del Instituto de Desarrollo Indígena (IDI) don Sergio Rivas Alonso.

Por qué la autoridad política de entonces (1973) recurrió al Instituto de Geografía de la Universidad Católica y no al Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile en busca de un representante para la citada reunión, es sin duda un tema que dice relación directa con la complicada situación política de entonces, bajo un régimen de dictadura militar, cuando el modo de pensar de los antropólogos (sobre todo de los antropólogos sociales) era mirado con suma desconfianza considerándoseles proclives a formaciones políticas de izquierda, cuando no abiertamente a partidos marxistas.


Para nosotros fue una experiencia riquísima e inolvidable.

Para nosotros, esa experiencia de compartir idearios y problemas antropológicos con colegas de los países vecinos, en aquellas densas jornadas de discusión y reflexión, fue inolvidable y, en buena parte, nos marcó en el desarrollo futuro de nuestras actividades como antropólogo y arqueólogo. Largas conversaciones con Rosalía Avalos de Matos, distinguida antropóloga peruana de larga y dilatada experiencia etnográfica y etnológica y con Plutarco Cisneros Andrade, ecuatoriano, dinámico creador e impulsor del Instituto Otavaleño de Antropología en Otavalo, Ecuador, fueron la antesala de mi posterior incorporación, durante más de dos años (1977-79) al Instituto de Antropología de Otavalo en calidad de Encargado y Responsable de tesistas extranjeros. Con ocasión de este Encuentro de Antropología en La Paz, tuvimos el gran privilegio de conocer de cerca y visitar por varias horas las ruinas de Tiahuanaco, junto al lago Titicaca, guiados por el eminente arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sanginés, el gran experto en dicha cultura altiplánica.

Problemas cruciales que enfoca el Documento.

Como lo señalábamos más arriba, este Documento apunta a destacar los problemas y campos de interés que por entonces preocupaban a los antropólogos de nuestros países. Me atrevería a decir - recordando aquellas largas reuniones- que fue Rosalía Avalos de Matos, representante del Perú, quien más aportó a las ideas expresadas en este Documento-Proclama, en virtud de su gran conocimiento y experiencia sobre los problemas concretos del mundo indígena peruano. Algunos de los problemas aquí rozados ha ido adquiriendo con el paso de los decenios un cariz de peligrosidad que el Documento apenas tímidamente preanuncia. Algunos atisbos de éste, nos parecen hoy francamente proféticos. Nos referiremos a estos, próximamente.

Dos considerandos básicos.

El Documento se inicia mediante la exposición de varios "considerandos". Dos de ellos nos parecen de sumo interés:

a) el "Considerando" Número 2 apunta a la necesidad de que la investigación antropológica "no debe ser realizada con criterio meramente especulativo, sino que ha de constituirse en elemento básico para el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestros pueblos".

Es decir se debe hacer Antropología no tanto para saber más y aportar nuevos conocimientos acerca de la vida cultural de los pueblos, en un prurito por revelar todos sus "secretos culturales", su modo propio característico de hacer cultura, sino para elevar su nivel de vida, más acorde a las exigencias del mundo moderno. No es que se pretenda con ello negar la posibilidad de adquirir conocimientos téoricos acerca de la vida, lengua y cultura de estos pueblos, como lo ha venido realizando la lingüistica, la etnografía y la etnología comparada desde sus inicios; esto sin duda es necesario tanto más cuanto que muchos pueblos indígenas (etnías) de escasa población van siendo rápidamente barridos por el avance de la "civilización".

Etapa previa: conocimiento cabal de su cultura y valores.

Llegar a conocer a fondo su cultura, sus modos de vida, su lengua, sus mitos y leyendas, es un deber ineludible para el antropólogo de campo. Si no lo hacemos, mucha sabiduría ancestral desaparece inexorablemente para siempre. Ninguna cultura se repite en el tiempo: todas son productos únicos, originales; creaciones típicas de los grupos humanos. Labor que de un modo eximio y ejemplar desarrollaron, entre muchos otros en distintas partes del mundo, los etnólogos Martín Gusinde y Anne Chapman entre los indígenas canoeros de Tierra del Fuego hasta mediados del siglo XX. En este sentido, es una gran pérdida que no hubiera existido un avezado linguista y un erudito etnólogo entre los lickan antai o atacameños en los inicios del siglo XIX, cuando la lengua kunsa aún era hablada en todas las aldeas del Salar de Atacama. Alejandro Bertrand, Emilio Vaïsse y el Presbítero Maglio llegaron por desgracia algo tarde, en las dos últimas décadas del siglo XIX, para tratar de salvar los retazos de esa curiosa e intrigante lengua hablada ya por entonces tan sólo por unos pocos ancianos. Lengua ya completamente desaparecida, que hasta hoy desafía los intentos de los especialistas por encasillarla en alguna familia lingüística del planeta.


El difícil y complicado tránsito al desarrollo con identidad propia.


Una vez conocidas a fondo su lengua y su cultura, viene la responsabilidad del antropólogo y del etnógrafo por estudiar cómo se pueden adaptar dichas comunidades a las exigencias del mundo de hoy sin renunciar a su propia identidad, idiosincrasia y personalidad cultural. A esto apunta el Considerando Número 2. En otras palabras, cómo introducirlos y acompañarlos para transitar a la etapa de desarrollo nacional, sin que pierdan sus más preciados valores culturales. Tarea extraordinariamente difícil y llena de dificultades. Acompañar a una tribu o etnia en su tránsito al desarrollo, que invade como el aire circundante todos los rincones de su comarca, y que el medio le exige y demanda de diversas maneras , es el inmenso desafío planteado al experto en cultura: el antropólogo o el sociólogo. No existe receta fija para ello. Para lograrlo, se requiere aunar cariño y amor por ese pueblo, conocimiento profundo de su cultura y, por fin, audacia para plantearse firmemente en la defensa de sus más íntimas convicciones y valores.

El segundo "Considerando" (Considerando Nº cinco):

"Que los antropólogos están capacitados para aportar conocimientos destinados a promover la integración del desarrollo armónico de nuestros países".

En principio, esta afirmación es muy cierta y valedera. Si el antropólogo es el gran experto en cultura, y si el tránsito hacia el progreso en un determinado país o región es un proceso eminentemente de tipo cultural (mucho más que económico), es obvio que sólo el antropólogo debería ser el único guía eficaz en dicho caminar. Pero el antropólogo se rige, en un país de derecho como el nuestro, por una legislación reguladora. Si esta es deficiente, anticuada, permisiva o ecocida, muy poco puede hacer, salvo exigir una nueva y más justa legislación.

La duda que nos asalta y nos inquieta: ¿están hoy preparados nuestros antropólogos para asesorar a las comunidades?


¿Se encuentra realmente preparado el antropólogo de hoy (social o cultural) para esta titánica tarea, probablemente la más ardua y difícil?. ¿Poseen todos los mismos parámetros para actuar o dicho de otro modo, coinciden todos en el modus operandi concreto?. ¿Poseen ellos la formación suficiente para enfrentar ese desafío?. Tengo mis serias dudas al respecto. Y por varias razones.

a) la primera, y tal vez la más importante, porque el tan mentado "desarrollo" es concebido, por distintas corrientes ideológicas, de modo muy diferente; a veces, diametralmente diferentes. Hay antropólogos para todos los gustos. Desde el pensamiento de la extrema derecha a la extrema izquierda. Hay de todo. Para unos - la corriente neoliberal- el desarrollo traerá consigo, por sí mismo, un mejoramiento de la calidad de vida de los pueblos. Incrementar por tanto significativamente la producción traerá consigo trabajo y bienestar y con éste, disminuirá automáticamente el número de pobres y cesantes. Todos serán más felices. Para otros, hay que romper el actual modelo de desarrollo: individualista, promotor y divulgador de desigualdades económicas, y promover cambios fundamentales.

b) Lo segundo, dice relación con el "mito del crecimiento indefinido". Hay que dar "rienda suelta" al desarrollo, creciendo ojalá a tasas del 6, 7 u 8 % anual. Para lograr esa meta, la consigna es que hay que crecer más y más, sin parar, tratando de superar a los países vecinos, en una carrera desenfrenada, caótica, casi suicida (o francamente ecocida). Para esto, en un país eminentemente minero como el nuestro, hay que atacar todas las reservas disponibles de metales, metaloides e hidrocarburos, dando el máximo de facilidades a las empresas extractivas extranjeras. El pretexto es que así se da abundante trabajo en la Región. Para facilitar entonces su accionar en el país, hay que rebajar las exigencias ambientales (o al menos no aumentarlas) y bajar los estándares legales de modo de no entorpecer su acción. Por tal razón los impuestos que se les exigen deben ser, para algunos, el mínimo posible. Otros piensan todo lo contrario: a mayor empoderamiento de las empresas de las riquezas nacionales (energía, agua, recursos metálicos y no metálicos) menor poder tiene el Estado. Y ahí caemos en el pensamiento liberal más puro. De paso, se abre el camino para el empoderamiento, a perpetuidad, por parte de empresas extranjeras o transnacionales de las reservas de agua, energía, y recursos mediante Leyes altamente permisiva al respecto. Las Leyes que hoy nos rigen en materia de derechos de agua, código minero y energía son las mismas o casi las mismas de la época del general Pinochet. Algunas, como la reciente Ley de Pesca en discusión parlamentaria, parecería quedar hoy peor de lo que fue hasta hace poco, para lograr la meta de un verdadero fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas y un freno a la expansión y control de los grandes consorcios.

c) Cualquier avance real en materias de uso y control comunitario de la energía, del agua, o de los recursos marinos o mineros (lo mismo o parecido podemos decir en materia de protección o resguardo de los "territorios indígenas" y Leyes protectoras de sus ecosistemas) requiere de modificaciones sustanciales a la legislación vigente, esencialmente individualista, además de anticuada, depredadora y por añadidura, decididamente facilitadora de los monopolios. La casi totalidad de los políticos actuales - quienes tienen en sus manos el poder de decisión en el Parlamento- no están ni han sido preparados para revertir esta a tendencia, por estar ellos mismos, muchas veces, fuertemente involucrados en dichas esferas de negocios. Es esto un verdadero círculo vicioso: los que deberían velar por disminuir las diferencias abismales entre ricos y pobres, son precisamente los que lucran a sus anchas con dichos negocios. La reciente discusión sobre el "lucro" en la educación (y la forma discreta de acallarla), ha dejado claramente al descubierto esta vergonzosa lacra.

d) De esta suerte, el antropólogo social y cultural, por más entusiasta e idealista que sea, está amarrado por dos "cabos" muy fuertes al "muelle" del pasado: por una parte no posee una visión única del tipo de desarrollo que se debería propiciar entre nuestros pueblos indígenas y etnias (tema de eterna discusión ente ellos) y, por otra, está atado por legislaciones calculadamente hechas en los tiempos de la Dictadura para reprimir los brotes del comunitarismo y facilitar el individualismo. y el abuso de la propiedad privada. La Ley Indígena de tiempos de Aylwin (1993) y sus ulteriores modificaciones, que prácticamente la desmantelan, son un ejemplo clásico del triste retroceso en esta materia.

¿Qué camino nos queda?.

1. No contentarse ante las probadas situaciones de injusticia y reclamar cada vez que se presenta la ocasión de pisoteo de la opinión de la mayoría ciudadana, so pretexto de una "ley". Las leyes son productos humanos, son modificables y deben modificarse ante los evidentes cambios surgidos en la sociedad. No hay leyes inmutables, salvo las que rigen el curso de los astros. La actitud de franca rebeldía de las comunidades humanas ante la instalación vergonzosa de Centrales Eléctricas, altamente contaminantes, es un valeroso ejemplo a seguir.

2. Deben los antropólogos tratar de aunar criterios y directrices frente al tema del desarrollo. En muchos puntos podrán ponerse de acuerdo. Al menos en los aspectos básicos. Por algo consideran la vida y cultura humana por encima de otros componentes económicos transitorios.

3. Se debe hacer cumplir los compromisos internacionales de Chile, como el Convenio 169 de la O.I.T que es a diario pisoteado y burlado en múltiples acciones y proyectos. Se le pisoteó en la Declaratoria del "Parque Nacional del Salar del Huasco", sin consultar, como correspondía hacerlo, a las pequeñas comunidades humanas que desde hace siglos viven en el sector, Se le sigue pisoteando hoy en el Salar de Atacama, con los proyectos inconsultos de explotación del litio, y qué decir en la Araucanía, a cada instante, en la defensa de los grandes consorcios de plantaciones de pinos a expensas de las empobrecidas comunidades mapuches, arrinconadas cada vez más a los terrenos más pobres, más insalubres.

4. Debemos modificar y perfeccionar (y probablemente extender) el curriculum de estudio de la Antropología en nuestras Universidades. Este es extremadamente pobre, por no decir misérrimo, en conocimientos de economía, geografía (física y humana), legislación nacional, y sobre todo, ecología, pilares básicos para entender la importancia del medio ambiente y su sustentabilidad en el tiempo. La formación antropológica, además, debe estar mucho más ligada al estudio del modo de vida real de las comunidades de carne y hueso. El antropólogo social y cultural, salvo cuando hace su Tesis de Grado (si es que la hace, porque en algunas universidades hasta se les ha eximido de hacerla), debe tener mucho más contacto vital con las comunidades, sus líderes y sus problemas actuales.

Los antropólogos deberían, como antaño en la vieja Escuela Británica de Malinowsky o Radcliffe Brown, pasar muchos meses viviendo entre las comunidades, aprendiendo a conocerlas in situ; no simplemente llegar con fajos de entrevistas y una grabadora a "estrujar" en un par de días a sus habitantes, como se suele hacer hoy. Pero esto requiere, de parte de las Universidades e Institutos de formación antropológica, un cambio radical en el enfoque del curriculum, y una inversión muchísimo mayor para lograr plenamente estos objetivos. No pocos centros universitarios que hoy forman antropólogos, se han convertido casi casi en "Institutos de tiza y pizarrón", con un exiguo y casi anecdótico trabajo en terreno, falto de un intenso, asiduo y sistemático contacto y compromiso con la comunidad.

(seguiremos intentando analizar este delicado aspecto de la formación antroplógica, y pedimos a nuestros lectores antropólogos nos aporten generosamente sus ideas y comentarios mediante un fuerte input basado en su experiencia personal).


Esperamos seguir ahondando, por la riqueza temática que encierra, en los problemas que plantea esta Declaración de 1975 de los seis países firmantes.

viernes, 4 de febrero de 2011

Un documento privado sobre La Ley Indígena de 1972: consulta del Gobierno a científicos de la época.

Página 1. Texto de la carta enviada por el entonces Director del Instituto de Desarrollo Indígena (IDI), don Sergio Rivas Alonso al suscrito, por entonces profesor de Antropología en la Pontificia Universidad Católica de Chile (Instituto de Geografía). El documento ajado por el paso del tiempo y ya de un acentuado color sepia, denota el maltrato sufrido en antiguos archivadores llenos de documentos antiguos.

Página 2. Cuestionario, Primera Parte. En letra manuscrita en rojo, nuestro primer punteo para elaborar una respuesta.







Negrita Cursiva
Color del texto
Justificar a ambos lados
Lista numerada
Página 3. Últimas dos preguntas del Cuestionario de once preguntas.

Un antiguo Cuestionario propuesto por el IDI en 1975.

Damos a conocer hoy un antiguo documento del año 1975 -"reservado" en su momento- que revela la intención de mejorar y poner al día la Legislación Indígena Chilena, la que prácticamente dejó de operar con el Golpe de Estado de Septiembre de 1973. Por su carácter de "reservado" ha sido muy poco conocido y analizado por los investigadores que se han especializado en el tema de la evolución y desarrollo de la Legislación Indígena en nuestro país. Como nos fuera enviado directamente a nosotros, en esa época, para su discusión y análisis, nos hemos decidido a publicarlo y comentarlo en nuestro Blog. Creemos que constituye un elemento de juicio valioso para comprender cómo enfocaba la autoridad de entonces la situación de los grupos étnicos del país ante una Ley Indígena que, por la situación política del momento, había quedaba prácticamente ya como "letra muerta".

Los beneficiarios de la Primera Ley Indígena Chilena.

La Ley Indígena Nº 17.729 había sido promulgada por el Presidente socialista Salvador Allende Gossens el 26 de Septiembre de 1972, es decir exactamente un año antes del Pronunciamiento Militar de 1973 que lo derrocó. Su discusión había durado cerca de un año y en ella habían participado numerosas agrupaciones indígenas (todas mapuches), tanto de carácter nacional como locales. Esta Ley - la primera de carácter general para enfrentar el problema indígena en Chile- había sido concebida en el marco y contexto de la Reforma Agraria.

Como bien señala el historiador José Bengoa, "se trataba de buscar la forma para que los indígenas se beneficiasen del proceso de reforma en curso. Se buscaron muchos mecanismos para ello, con el objeto de ampliar las tierras de las comunidades indígenas" (Bengoa, en "Breve Historia de la legislación Indígena en Chile" , documento publicado por la "Comisión Especial de Pueblos Indígenas" (CEPI), Santiago, Octubre 1990).

Es bien sabido que dicha Ley sólo tomó en consideración a los indígenas de la etnia mapuche, cuyo viejo problema histórico de litigio de tierras trataba de alguna manera de enfrentar y compensar, pero dejaba absolutamente de lado a todas las otras agrupaciones étnicas de nuestro territorio. Es decir, se partía de la base errónea de que los demas grupos indigenas no enfrentaban problemas de tierras en sus lugares de origen, ya que, por el fuerte mestizaje sufrido a lo largo de la historia colonial, no poseían las características de pureza racial y lingüística, tan propias de los grupos mapuches. Como la temática se refería al rubro "tierras", la problemática indígena siempre quedó únicamente circunscrita al Ministerio de Agricultura, y sólo a las regiones tradicionales de población mapuche o araucana, esto es, a las actuales Regiones IX y X, situadas al sur del río Biobío.

Los grupos étnicos excluidos de dicha Ley de 1972.

Con ello, las agrupaciones indígenas de la Isla de Pascua (rapanui), los aymaras y quechuas del Norte Grande y los reducidos grupos de indígenas de Aysén y Magallanes, kaweshkar y yaganes, quedaban ipso facto totalmente al margen de la Ley. Esta no los contemplaba en absoluto. El documento que aquí comentaremos, justamente intentará, por vez primera, enfrentar la realidad total del poblamiento indígena en nuestro país, bastante más compleja de lo que la Ley Indígena de 1972 contemplara. en su momento. Para sopesar la opinión de antropólogos, sociólogos y geógrafos sobre este espinudo tema, la CEPI de entonces, por medio de su Director General don Sergio Rivas Alonso, nos envió el Cuestionario que aquí publicamos y que, al parecer, es pràcticamente desconocido en el medio antropológio nacional.

Un documento con carácter de "reservado".

El suscrito recibió este documento, con carácter de "reservado" siendo miembro del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile el día 14 de Noviembre de 1975.

Visto y examinado con los ojos de hoy, el presente documento se nos antoja como casi "primitivo". Es tanto el camino que han recorrido nuestras instituciones que tratan del problema indìgena nacional en los últimos 35 años, y tantas las transformaciones que ha sufrido el enfoque del tema indígena, a nivel administrativo, legislativo y académico, que su análisis nos resulta hoy casi ingenuo. No lo es tanto, sin embargo.

Porque si tenemos en consideración que el documento procede de la mano de un ingeniero agrónomo y no de un antropólogo o etnólogo, valoramos el esfuerzo desplegado entonces por poner sobre el tapete un problema que ya desde los tiempos de don Bernardo O´Higgins se presentaba como patente y real: la "incorporación" o la "reducción" del mundo indigena a la soberanía nacional. ¿Cómo lograrlo?.

Supervivencia del "problema indígena" en Chile.

Problema hasta hoy no resuelto, como lo demuestran las recientes manifestaciones en Temuco con motivo de la huelga de hambre de comuneros mapuches recluídos en cárceles acusados de diversos atentados contra las Compañías Forestales que se habían apropiado, mediante métodos muy discutibles, de sus tierras ancestrales, convirtiendo sus antiguos bosques, ecosistemas y vertientes en fuentes de celulosa virgen.

Los herederos discutibles de las tierras indígenas mapuches. Las consecuencias de su acción presuntamente "reforestadora".

¿Cuál fue la consecuencia inmediata?. La desaparición y extinción irremediable de enormes áreas de bosque nativo pluriespecífico local, la muerte de sus especies endémicas de flora y fauna, y su irreparable suplantación por "bosques" de Pinus insignis y Eucalyptus spp. "Bosques" en estricto sentido botánico, ciertamente no; "fábricas de madera", sí. Eso son, ni más ni menos. Asombra, sin embargo, que los grandes consorcios madereros hayan podido acceder a créditos estatales y usufructuar de los enormes beneficios del Decreto Ley Nº 701 sobre plantaciones forestales.

En este contexto, es de gran interés ver qué tipo de preguntas se nos hacía por aquellos años, pues este Cuestionario revela la inquietud subyacente entre las autoridades del Ministerio de Agricultura de la época y, más concretamente del Instituto de Desarrollo Indígena y su jefatura por entonces.

Comentario al Cuestionario de 1975.

1. La pregunta número dos, sugiere que no pocos por entonces considerábamos errónea la dependencia de este organismo de asuntos indígenas de un Ministerio de Agricultura. Pues existían grupos indígenas en zonas de nula o muy escasa agricultura. El caso típico eran los indios nómades canoeros de los canales magallánicos (yaganes y kaweshqar) y los aymaras del sector altiplánico del extremo norte chileno, mayoritariamente pastores de camélidos y/o pequeños cultivadores. Por entonces (1975) nadie pensaba en incluir entre las agrupaciones "indígenas" del territorio patrio a los lickan antai o atacameños, a los rapanui de Isla de Pascua o a los collas del interior de la IIIª Región. Mucho menos a los diaguitas, cuya existencia como etnia indígena ut sic era por entonces impensable. A los diaguitas" se les suponía ya extinguidos a fines del siglo XVIII.

2. La pregunta Nº 4 sugiere que existía cierta unanimidad en cuanto a que esta Ley 17.729 estaba enfocada sólo a resolver algunos problemas puntuales derivados de la aplicación, desde la época del Presidente Eduardo Frei Montalva, de la Reforma Agraria. Pero era un tema sólo referido a las tierras y, en alguna medida, a conceder becas a los hijos de mapuches para fomentar su educación.

3. En el caso de la pregunta Nº 5, nosotros ya sugeríamos por entonces que parecía necesario definir con precisión qué ha de entenderse por "indígena," para evitar que cualquier agrupación, en cualquier parte del territorio, se arrogara tal cualidad, sin base histórica científica alguna, y solo con el objetivo no confesado de "medrar" a costa de sus beneficios.

4. Esta pregunta ya parece sugerir que flotaba en el ambiente la idea, todavía incipiente, de crear una "Ley especial" para todos los indígenas de Chile. ¿Pero, ¿cuáles eran las etnias que podrían considerarse para tal efecto?. Nosotros, por entonces, considerábamos que debía incluir al menos a los aymaras, a los alacalufes o keweshsqar y a los rapanui de Isla de Pascua como legítimos representantes del mundo indígena nacional. Años después, hacia 1986, adquirimos la certeza, al realizar trabajos de campo antropológico entre los pueblos atacameños del Salar de Atacama y del área situada al Norte de Calama (afluentes del río Loa) , que los lickan antai conservaban suficientes elementos de su antigua cultura como para ser considerados "indígenas".

5. Las preguntas 9 y 10 aluden a la discutida existencia de "valores" propios de estas culturas, diferentes de los nuestros. Porque la existencia de estos "valores propios y distintivos", constituiría, ipso facto, un argumento en pro de su protección y salvaguarda.

6. La pregunta Nº 11 se conecta con nuestro apunte sugerido a la pregunta Nº 6 acerca de la Sede posible para este organismo. Apuntábamos tentativamente por entonces a la existencia de tres sedes de un organismo nacional: a) una para la zona norte; b) otra para la zona sur y un a tercera: d) para los isleños Rapanui, con sede en el centro del país.

Observaciones finales.

De esta suerte se sugería en las preguntas de este Cuestionario varios de los problemas a los que por entonces no se daba aún respuesta clara y precisa: a) qué agrupaciones debían ser considerados indigenas y en qué zonas del país; b) necesidad de fijar un "criterio" para distinguir claramente entre indígenas y no indígenas; c) establecer con claridad los "valores" propios y característicos de estas etnias y determinar por qué deben ser protegidos y salvaguardados; y d) Necesidad de crear un organismo rector del problema indígena, de carácter nacional, independiente del problema de la tenencia de las tierras, que tuviera el poder de atacar el tema indígena en todas sus dimensiones: cultural, regional, histórica y económica.

Pasarán años antes de que la nueva Ley Indígena 19.253, promulgada el 5 de octubre de 1993, en tiempos del Presidente Patricio Aylwin Azócar, pusiera sobre el tapete legal muchas de las temáticas discutidas en este Cuestionario.

Lamentablemente no he encontrado todavía el texto de mi propia respuesta a este Cuestionario, enviada al IDI en ese entonces. Mi opinión de aquella época sólo queda reflejada débilmente en unos cuantos trazos escritos en lápiz rojo. Tampoco puedo ya recordar hoy oon precisión el tenor de mi respuesta completa en aquel año 1975.

Los problemas no resultos aún en el tema indígena nacional.

Tanto más nos sorprende hoy (2011) cuando constatamos que temas como el de los "territorios" indígenas" o el de la Organización Nacional y sus competencias, son nuevamente puestos severamente en tela de juicio por el actual gobierno del Presidente Sebastián Piñera. O cuando observamos incrédulos la forma como se evita sigilosa pero sistemáticamente dar un fiel cumplimiento al Convenio nº 169 de la O.I.T, suscrito por le Gobierno de Chile en el año 2009, soslayando la aprobación e intervención directa de las comunidades indígenas aledañas en Proyectos extractivos o turísicos de diversa magnitud en tierras indígenas.

Por lo visto, el mundo indígena, su cultura y territorios, aún tendrán mucho que esperar para ver satisfechas sus legítimas demandas históricas. Parecería, por tanto, que "el horno no está aún para bollos", como reza el sabio refrán castellano.