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sábado, 29 de diciembre de 2012

Requiem por un visionario de la historia cultural tarapaqueña: Patricio Advis al año de su partida.

Imágenes integradas 1
Patricio Advis en su estudio rodeado de libros y documentos, medita, intrigado,  sobre el paso del conquistador  Diego de Almagro por el Despoblado de Atacama (Foto gentilmente facilitada por el arquitecto Alberto Prado  especialmente para este capítulo). 

La Partida del explorador del Tamarugal.

Hace exactamente un año (30 de diciembre 2011)  un cáncer  agresivo e irresistible  nos arrebataba de improviso al amigo, el arquitecto e historiador, Patricio Advis Vitaglic. El cigarrillo,  su  nefasto e inseparable compañero de faena,  enemigo secreto pero implacable del hombre moderno, lo llevó a la tumba. En estas páginas de mi Blog, dedicadas  en su mayor parte a  historiar y describir el Norte grande chileno, quisiera hacerle hoy un homenaje sentido, nacido desde el fondo del alma. Porque Patricio es parte imborrable de esta "historia".  Hace un año, el 31 de diciembre  2011, le dedicamos con especial afecto un capítulo del Blog intitulado:  "Una mirada espacial a la Historia: el aporte científico de Patricio Advis Vitaglic, arquitecto".

Un año exacto ha transcurrido en silencio, sin su presencia  siempre alentadora y fecunda.

Advis y la historia colonial de Tarapacá. 


En efecto, la  descripción  temprana de Tarapacá colonial en sus diversas facetas, (demográficas, religiosas, económicas)   le debe  un potente y sólido reconocimiento, mucho más que la arquitectura citadina, en la que descolló como pocos. Porque  sus numerosas obras arquitectónicas, que jalonan  orgullosas  algunas calles de nuestra ciudad de Iquique,  durarán lo que las modas: solo un breve tiempo. Y - lo apostamos-,  el ataque implacable del mazo de 25 libras y/o la retroexcavadora, darán  cuenta de ellas tal vez antes de que se cumpla un siglo. Es el triste sino de nuestra arquitectura local en manos de los "amantes del mentado  progreso".

 Su rica producción histórica  reflejada en  sus libros y artículos,  en cambio,  es imperecedera, eterna.  Ahí  quedarán enhiestos y desafiantes del tiempo, sus análisis históricos sobre Tarapacá, a los que dedicó tal vez más tiempo, energía  y pasión  que a su propio arte de vocación: la arquitectura.

Un breve recuento de su obra.

Quisiéramos brevemente bosquejar su trayectoria en el campo del "historiar" tarapaqueño. No es nuestra pretensión estudiar en profundidad su legado. Otros lo harán, tarde o temprano  y con mayores armas que las mías. Solo nos referiremos a algunos de sus trabajos,  que en su momento hicieron época.

En 1971, e influenciado tal vez por el historiador nortino Oscar Bermúdez Miral, escribe  su primer artículo histórico dedicado a las "chacras de los antiguos"  en la Pampa del Tamarugal. A través del arqueólogo  Lautaro Núñez, a lo que creemos,  conoce el "Plano de la Pampa de Yluga"  del sevillano  Antonio O´Brien y se pone a estudiarlo. Nace así su  creciente interés por las "obras" de los antiguos, reflejada en Planos y mapas  coloniales. Así surge, en 1971,  su primer  trabajo que quedó lamentablemente  inédito:  "Antiguos sembríos en el desierto de Huara (o Iluga) en  la Pampa del Tamarugal".  Este temprano trabajo influirá decisivamente en los trabajos de campo que el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica iniciarán  en la zona a partir del año 1972. 

Al final de su vida, nos brindará varios trabajos de gran fuste, en particular   su acabado estudio del paso de Diego de Almagro por el desierto tarapaqueño, al parecer su obra histórica cumbre.
La revista iquiqueña "Camanchaca"  del Taller de Estudios Regionales  (TER) ,  acogerá tempranamente varios de sus  artículos de corte histórico-cultural. Recordemos tres, a nuestro juicio  los más representativos de sus inquietudes históricas:

Su producción histórica.

Artículos:

1)  Advis, Patricio, 1989. “Alcance geográfico del nombre Valle de Tarapacá en la temprana Colonia”, Revista Camanchaca, Nº 8, Taller de Estudios Regionales (TER), Iquique.

2)  Advis, Patricio, 1990. "La Doctrina de Tarapacá en el siglo XVI (Perfil administrativo eclesiástico)". Revista Camanchaca,  Taller de Estudios Regionales (TER) ,Nº 12-13, 76-90.

3) Advis, Patricio, 1990.  "Ique-ique de los pescadores (la caleta prehispánica, 1535)",  Revista Camanchaca,  N º 11, Taller de Estudios Regionales (TER),  37- 44, (con plano de Iquique temprano).

Libros:

1) La iglesia colonial de San Antonio de Matilla: su origen,  su fechado , sus transformaciones,  Ediciones IECTA, Iquique, 1990.

2) La batalla de Tarapacá y sus hechos memorables, Universidad Arturo Prat, Iquique,  1989.

3) La arquitectura de Iquique durante el período salitrero, Editorial Pehuén,  Santiago de Chile,  2008.

4) El desierto commovido  Paso de la hueste de Almagro por el Norte de Chile, Ediciones Universidad Arturo Prat, Iquique. Chile, 2008.


Su legado científico.

 Tres aspectos campean, a nuestro juicio,  en la obra científica histórica de Patricio Advis, todos ellos  muy necesarios hoy para el antropólogo, geógrafo, historiador o  arqueólogo  de campo:

1)   Su afán de reunir el máximo de información previa sobre el tema de estudio. Pasaba meses y meses juntando el material. No fue amigo de improvisaciones. Hacía cualquier esfuerzo por conseguir  la obra que le  faltaba. Su bibliografía de referencia era siempre sobreabundante  y precisa.

2)  Su interés por la  geografía, geomorfología  y ecología de los paisajes que estudia le lleva a visitar y recorrer a pie grandes extensiones. Más de una vez lo hace con sus discípulos, estudiantes de arquitectura de la Universidad Arturo Prat de Iquique, su Alma Mater.  Sólo así puede  animarse el investigador a describir los paisajes de antaño. Advis es cualquier cosa menos un hombre de gabinete. Con ese conocimiento concreto de los lugares que narra,  se puede dar el lujo a veces de corregir y enmendar los dichos de ciertas "vacas sagradas" de nuestra historia. Y es lo que le recomienda a los futuros investigadores:  recorrer a pie, con los bototos calzados  y una cantimplora con agua al cinto, los tramos pedregosos del desierto. Así  conocerá de cerca el "Camino del Inca" - el Qhapaqñan- y otras antiguas huellas visibles de la presencia humana en el desierto.

3) Su anhelo por compartir conocimientos. Tenía  un profundo respeto por las opiniones científicas de los demás, mientras éstas fueran fundadas. Por ello gustaba discutir  los temas con otros especialistas, a menudo con una tacita de café en la mano y unos cigarrillos. Fuimos varias veces testigosy partícipes de ello. Era un amenísimo conversador y, a la vez, un tenaz y curioso interrogador. Así se iba él  formando una opinión propia, autorizada,  sobre su tema de estudio

Advis un geógrafo humano y un eco-antropólogo.

Si le hacemos aquí un sentido homenaje es porque estamos convencidos, leyendo con lupa  sus escritos, tejidos en un cuidado castellano, que Advis avizoró sagazmente la necesidad de aunar férreamente historia y geografía, historia y paisaje, historia y territorio, en una mirada de conjunto, donde la cartografía  (el plano, el croquis) servía como  punto de tangencia entre ambas disciplinas. Son raros los historiadores que  buscan apoyo en la geografía humana y en la geomorfología o geografía física. La mayoría de los autores antiguos, simplemente las soslaya. Hoy,  por fortuna, cunde entre los historiadores  la urgencia por incorporar la visión  geográfica del paisaje  y del territorio, al estudio de cada una de las comunidades humanas. El geógrafo alemán  Karl  Ritter (1759-1839) decía muy sabiamente:  "la Naturaleza (Natur) y la Historia (Geschiche) son términos que se hallan  perpetuamente asociados; entre éstos debe gravitar  el pensamiento del geógrafo humano", y - agregamos nosotros- también  del eco-antropólogo (Cfr. Albert Demangeon,  Problèmes de géographie humaine, Librairie Armand Colin, Paris,  1952: 27).

 Es exactamente lo que trató de plasmar en sus escritos nuestro amigo Patricio Advis  Vitaglic.


Fugaz encuentro.

Surcaste, valiente, un día
el fiero Tamarugal,
montando como tu guía,
en bello y bravo alazán.

A  la vera del camino,
hallaste a Diego, el ladino;
él susurrando te dijo,
entre ansioso y atrevido:
"Patricio, tu eres mi hijo".


En el día del  primer aniversario de su partida de este mundo, sirvan estas breves reflexiones para alivio y consuelo de sus seres queridos que lo lloran, así como para  animar a los futuros investigadores de la tierra tarapaqueña a  seguir fielmente sus pasos. 

Patricio Advis tiene aún mucho que enseñarnos.


Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.)

Centro del Desierto de Atacama
Pontificia Universidad Católica de Chile.

Iquique 30 de diciembre 2012.











miércoles, 13 de mayo de 2009

Los pallares: un alimento prehispánico de tiempos preincaicos

Foto 1. Plantas de pallares (Phaseolus lunatus L) que trepan ágilmente por las típicas rejas de cerco piqueñas, confeccionadas de cañas de carrizo o cañaveral, hasta alcanzar los 4-5 m de altura. La presencia de 4 semillas en una vaina es caso bastante poco común raro entre nosotros. La literatura peruana reseña, sin embargo, hasta 6 y 7 semillas por vaina, como máximo, lo que nunca hemos visto en Matilla.. (Matilla, Foto H. Larrain, 31 de Mayo, 2009).

Foto 2. Dos ejemplares de vainas de pallar, que contienen 4 semillas o legumbres. A la izquierda, vaina seca; a la derecha, vaina inmadura. Escala gráfica: moneda chilena de $100, cuyo diámetro es de 2.61 cm. (Foto H. Larrain, 31 de Mayo, 2009).

Foto 3. Fragmento de mi Diario de Campo: ejemplar de vaina de pallar mostrando cuatro semillas en su interior, situación bastante inusual entre nosotros (H. Larrain vol. 81: 8; año 2008).

Foto 4. Fragmento de mi Diario de Campo (vol. 81:7 ; año 2008), en que se describe la cosecha de sus vainas y semillas. Dibujo de un espécimen de gran tamaño (11,2 cm), dotado de cuatro semillas en su interior.


Foto 5. Diferentes vainas y su contenido en legumbres, (Foto H. Larrain; Mayo 2009).

Foto 6. Vainas y sus semillas. Escala: Moneda chilena de $ 100= 2.61 cm (Foto H. Larrain, Abril 2009).

Foto 7. Vainas secas e inmaduras. Escala moneda chilena de $100= 2,61 cm. (Foto H. Larrain, Abril 2009).


Foto 8. Vainas aún verdes, colgando de la planta (Foto H. Larrain. Abril 2009).

Foto: 9. Vainas ya maduras (Parcela en Matilla, foto H. Larrain, Abril 2009).

Foto 10. Cosecha de vainas de pallar en Matilla, el domingo 15/05/2009. Esta cantidad de legumbres es suficiente para un plato para dos personas. (Foto H. Larrain).

Foto 11. Portada de la obra de don Ricardo E. Latcham en la que ha registrado numerosas referemcias de cronistas en relación a la antigua alimentación de los indìgenas chilenos.


Fig. 12. Carátula del original alemán de la excelente obra del arqueólogo alemán Hans Horkheimer titulada: "Alimentación y obtención del alimento en el Perú prehispánico" obra traducida tan sólo el año 2004 en el Perú.


El presente segmento del Blog está destinado a describir una legumbre de origen indígena, sobre la cual poco o casi nada se escribe hoy, al menos en nuestro país. Y es una lástima, pues en el pasado fue fuente muy importante de proteínas e hidratos de carbono para el hombre indígena del Perú y Chile. Fue muy empleado en todo el Perú antes de la llegada del español, y en Chile fue conocido -según atestigua don Claudio Gay en su época- hasta al menos la latitud de Concepción. Hoy día es casi desconocido en la zona central y sur chilena, habiéndose perdido casi del todo su recuerdo. En antiguos recetarios de cocina, sin embargo, todavía se le menciona.

De acuerdo a los especialistas, existirían dos tipos o variedades de pallares. Una que fue conocido en México antiguo y que llegó a ser consumido y cultivado en las culturas del Suroeste de los Estados Unidos (Siglos XIII-XIV), y la otra que se extendió por Sudamérica, alcanzando por el sur a Chile y el extremo norte de la República Argentina. En las culturas preincaicas fue muy cotizado, como se puede deducir de la existencia de ceramios en la cultura Mochica ,los que reproducen en sus vasijas su forma típica. En México antiguo fue igualmente conocido.

Gracias a sus condiciones de excelente alimento, con un muy significativo aporte de proteínas, se difundió rápidamente por el mundo americano antiguo. Su importancia para las culturas indígenas de Chile ha sido señalada con precisión por Ricardo E. Latcham, el gran antropólogo y arqueólogo chileno, en su obra: La Agricultura en Chile y los Países vecinos, Ediciones Universidad de Chile, 1936.

Este señala en el citado texto:

" ..Gómez de Vidaurre es un poco más detallado en su descripción, aun cuando sigue de cerca la de Molina [i. e. el abate Juan Ignacio Molina, el jesuíta]; dice: En sus campos encontraron los españoles que cultivaban estos indios varias especies de judìas o frejoles, pero diferentes a las de Europa, con el nombre genérico de degul. Se cuenta una de las derechas, llamada por ellos cudihuelo y trece de las que se echan a tierra o que se enredan. Entre éstas, es de notar la que llaman pallares, Phaseolus pallar, por sus semillas de cerca de una pulgada de grande, su figura es semicircular por la parte que no pende de la vaina, donde tiene una pinta negra; su piel es muy sutil y su carne muy suave. Con todo, no es del gusto de algunos para menestra por inclinar al dulce, pero en éste [país?] agrada a todos...." (Gómez de Vidaurre, Historia Geográfica, Natural y Civil del Reino de Chile, Colección de Historiadores de Chile, Tomo I: 118; año 1889, en Latcham, 1936: 208).


Uno de los que más ha investigado acerca del empleo, en tiempos prehispánicos, del pallar y su reproducción en vasijas cerámicas de la cultura Mochica, ha sido el investigador y arqueólogo alemán Hans Horheimer, en su notable obra: Nahrung un Nahrungsgewinnung im vorspanischen Peru, Colloquium Verlag, Berlin, 1960 (Vea carátula de la obra, más arriba). Obra que por estar escrita en alemán, ha sido muy poco citada en nuestro medio antropológico. Afortunadamente, ha sido traducida muy recientemente al castellano con el nombre de Alimentación y obtención de alimentos en el Perú prehispánico, Editorial Instituto Nacional de Cultura, Lima, 2004 (228 p.)








































Hemos tenido en los últimos años alguna experiencia personal con respecto a este excelente alimento, experiencia que quisiéramos compartir aquí con nuestros lectores. Somos de opinión, como muchos especialistas y agrónomos peruanos, de que su cultivo debiera hoy propagarse mucho más, sobre todo en los medios populares, pues constituye un excelente alimento, siendo esta planta de muy fácil manejo y cuidado. Dada su innata tendencia a trepar, es fácil lograr su cultivo en el fondo de los patios asoleados de las viviendas populares, instalándoles simples rejillas o cercos de cañas, para favorecer su crecimento en altura.

Nos estamos refiriendo al pallar (Phaseolus lunatus L). Su nombre científico se debe al sabio sueco Linneo, autor de la famosa nomenclatura binomial en Biología y Ciencias aceptada en la literatura científica internacional. Se le conoce en los distintos países hispanos como "poroto pallar", "haba de Lima", judía de Lima" o "garrofón". En idioma inglés, se le denomina "Lima bean". En el Oriente, donde se difundió largamente, se le conoce con otros nombres. Se le rotuló tempranamente como "judía de Lima", porque en los tiempos coloniales era envasado, despachado y rotulado desde Lima, Perú. De aquí también se origina su denominación inglesa.

El cronista jesuíta padre Bernabé Cobo, nos describe así de esta legumbre

"Los mayores frisoles y mejores que todos son los llamados pallares; son poco mayor que habas, remátanse en puntos ovados y tienen la casca o hollejo más delgado que ellos; unos son blancos, otros morados y otros pintados de blanco y rojo...." (Bernabé Cobo; subrayado nuestro).

El pallar se expende hoy y se le halla con frecuencia en los mercados populares de Iquique, siendo traída su semilla invariablemente desde el Perú. No se le conoce ni comercia en los Supermercados de renombre, porque no es alimento de prestigio. Sus semillas son blancas, a veces levemente moteadas de crema, dependiendo del tiempo de su cosecha. Poseen una forma oval característica, a veces algo deforme y son de aspecto muy aplastado. Semejan lejanamente a la legumbre de las habas (Vicia faba); pero esta última planta, a diferencia del pallar, es sólo una planta anual. De aquí la ventaja comparativa del pallar.

Su legumbre, en estado fresco, posee un principio llamado linamarina, una substancia glucósida cyanogénica que debe ser eliminada mediante la cocción previa, por lo que no se puede consumir sin cocción. La semilla que nosotros hemos logrado cultivar con éxito en el pueblo de Matilla al interior de Iquique, siendo de origen peruano, muestra, sin embargo, una clara tendencia a la disminución en el tamaño y peso de su semilla, respecto de su original peruano. Probablemente esto se deba a las diferentes condiciones climáticas y/o de suelo.

Lo que más llama la atención en esta planta, pariente lejano del poroto o frijol (Phaseolus vulgaris) es su capacidad de florecer y producir vainas fértiles a lo largo de todo el año, en nuestro clima de la zona norte, sin detener su floración ni siquiera en inv erno. A diferencia del poroto común [del quechua purutu] el pallar es una planta perenne, manteniéndose viva y activa por varios años consecutivos, siendo ésta una cualidad que le hace ser bastante superior al poroto o frijol, que es una planta anual. La literatura científica peruana señala que la planta puede producir hasta seis legumbres por vaina; en nuestra experiencia, sólo hemos detectado hasta un máximo de cuatro por vaina.

Se da bien tanto en la costa húmeda como en el desierto interior seco, prefiriendo lugares con algo de sombra, durante algunas horas, por lo que se da muy bien en invernaderos bajo malla. Hemos notado que rehuye el exceso de sol. En la zona de Pica se la cultivaba antaño normalmente adosada a cierres de cañas altas, por donde trepa ágilmente. Hoy día es raro encontrar cultivadores de esta planta en dicha zona. No nos explicamos bien el porqué de este abandono casi total , atribuíble, estimamos, al afán de consumir y producir productos atractivos para el mercado local. Esta planta es más bien considerada una "comida de pobres", o alimento de indios. En nuestro hogar, en cambio, es consumida regularmente, hallándola todos nosotros de excelente gusto, aunque diferente, por cierto, del poroto común proveniente del centro de Chile. Tal como señala Gómez de Vidaurre, tiene, en efecto, un pequeño dejo dulzón.

El pallar es una diestra planta trepadora, pudiendo encaramarse rápidamente por cierres o el follaje de árboles hasta variosmetros del suelo ( 8-10) , por lo que conviene mantenerlo a raya, en sectores más bien bajos, para poder cosechar sus vainas con más facilidad. Florece con pequeñas flores blancas, en toda época del año en nuestro clima del Norte de Chile (Iª Región), produciendo numerosas vainas incesantemente, lo que constituye en sí un enorme valor. Sus vainas producen en nuestra zona entre 1 y un máximo de 4 semillas o legumbres. (Véanse arriba fotos respectivas). El número medio de semillas por vaina es 2-3, siendo muy escasas las vainas que ostenten 4 legumbres. En nuestra experiencia, se produce una vaina con cuatro semillas cada 2o0-250 vainas cosechadas. Nosotros no hemos visto aún una vaina con más de 4 semillas, como se señala para el Perú con esta misma variedad. Sería de gran interés estudiar la posibilidad de aumentar el número de semillas por vaina, para incrementar la producción. Este es un problema de tipo de ingeniería genética que atañe sólo a los geneticistas. Como en el caso de todas las Leguminosas , las raíces de los pallares aportan bastante Nitrógeno (N) al suelo, dependiendo del tiempo de permanencia en él.

En las fotos que hemos mostrado màs arriba, observamos algunas vistas de la planta, sus vainas y legumbres y un par de páginas de nuestro Diario de Campo, con algunos apuntes personales que pueden ser, tal vez, de interés.

Composición química de su legumbre: según http://en.wikipedia.org/wiki/Lima_bean:

Grasa: 0.5-3.2 %
Proteína cruda: 17.2-32 %
Carbohidratos: 49.4-66.0 %
Fibra cruda: 3.0-6.0 %
Cenizas: 2.7-4.5 %
Agua: 6.0-13.2 %

(segmento en construcción; retocado el 3/06/2009)).

martes, 30 de diciembre de 2008

Descripción de Pica: su población, fruticultura y sistemas de riego (1765)

En los párrafos que siguen, analizaremos la Descripción de Tarapacá de don Antonio de O´Brien, escrita en 1765, destacando en especial aquellos aspectos que dicen relación con nuestro enfoque ecológico-cultural. La página que presentamos más abajo procede del original del Archivo de Indias (Sevilla).

F0to de una copia del documento original, del Archivo de Indias, mostrando los párrafos 71 y 72 de la Descripción de Tarapacá, del sevillano Antonio de O´Brien, 1765.


El Capítulo Sexto de la "Descripción de Tarapaca", fue destinado por don Antonio O´Brien a la descripción del oasis de Pica. En esta detallada descripción se hace referencia a su gente, la composición étnica de la misma, y al rubro de la agricultura local, especialmente su fruticultura. De gran interés resulta la descripción de los sistemas de obtención y conducción de agua, mediante socavones o canales subterráneos, al modo de los qhanats del Oriente, los que perduran hasta el presente. También nos interesa aquí reseñar la enorme producción de vino que se realizaba en el área de Pica-Matilla-Quisma, lo que traía consigo la elaboración de gran número de botijas y tinajas, en las llamadas "Botijerías".

De estas "Botijerías" , hemos encontrado ruinas y rastros patentes al menos en dos lugares, tanto en Comiña como en el "Valle" [de Quisma], en el lugar denominado "Botijería", donde hemos encontrado fragmentos de botijas por centenas y pruebas inequívocas de su confección y quema in situ. Su demanda fue enorme, a juzgar por las cantidades de botijas que reseñan las fuentes. Lo que indudablemente contribuyó a la propagación de las "botijerías" o fábricas de botijas. Este tema específico está siendo hoy objeto de estudio por parte de uno de nuestros estudiantes, el señor Víctor Bugueño García, cuya Tesina y Tesis (2008 y 2009) versan, sobre este mismo tema.

Haremos hincapié en algunos aspectos de ella, profundizando en su contenido, aquellos que nos parecen más novedosos desde el ángulo de la eco-antropología.

He aquí el texto:

Sus producciones

[Nº 72] Este Pueblo dista del de Tarapacá a la parte del Sur, Diez y nueve leguas, en un arenal muy penoso y todo el Camino lo es, aunque llano, por las muchas piedras sueltas, y arena que ay en él, y por no aver agua, ni leña asta llegar a la quebrada de la Calera; los Zerros que forman esta quebrada braman mui a menudo, al modo que la Mar, quando se oye su Reventason de lexos, en este sitio [La Calera] ay una pequeña azenduela, que produce mui poca alfalfa, algunos higos, sapallos y sandillas. Se riega por medio de un socabon, y en la casa de esta Hazienda no se habita particularmente de noche por las muchas chirimachas [vinchucas]."

Destacamos en este fragmento del texto la presencia del aislado oasis de La Calera, existente hasta hoy y propiedad privada, donde aún hoy existe agua que permite algunos cultivos. El tramo antiguo del camino o huella que unía, como en los tiempos de O´Brien, Tarapacá con la Calera no es traficado desde hace mucho tiempo y es hoy intransitable, salvo para cabalgaduras. Siguiendo el modelo español tomado de Andalucía desde tiempos moriscos, el sistema de socavones o qhanats fue implantado por los primeros residentes españoles, a partir del siglo XVII. No existen antecedentes que lo hagan remontar al siglo XVI.

Caracterización étnica de su población

[Nº 73] "Este Pueblo de Pica es Curatto y Cabesa de Doctrina, su poblacion se compone de bastante Gentte española, muchos negros y Mulatos, Cholos y Mestizos, entre los cuales ay muchos Esclavos, Ochenta y quatro Yndios de tributo y algunos europeos transeuntes, incluiendo el Asiento de San Antonio de Matilla distante una Legua del Pueblo de Pica, que toda ella está poblada a trechos con catorze Haziendas de Viñas, en las que viven los Dueños con sus familias que llegan al numero de seiscientos vezinos de Padron".

La mezcla de población en este tiempo (1765) nos asombra. Hay "muchos negros", sin duda casi todos o todos, esclavos o libertos. Sus genes han sido transmitidos a no pocas familias aldeanas de Pica, que ostentan hoy claros rastros negroides en sus facciones. No resulta difìcil distinguirlos de los descendientes de aymaras. Es el caso de familias que se radicaron, por ejemplo, en la quebrada de Tasma. Contra la difundida tradición local que atribuye a Pica una población de origen predominantemente indígena, versus una población mayoritaria de origen español para su vecina Matilla, el texto resulta explícito: su población "se compone de bastante gente española". Sería errónea, por lo tanto, la aseveración tan repetida por matillanos de que en Pica sólo radicaron indios y sus descendientes. De acuerdo a O´Brien, ya existía por entonces una enorme mezcla racial, encontrándose tanto españoles puros, como miembros de todas las castas: indios, mestizos, zambos y mulatos. La población indígena pura es calculada por O´Brien en su época en 84 indios de tributo, lo que correspondería, aproximadamente, a unas 420 personas, si aceptamos la ratio 1:5, es decir un tributario por cada cinco personas en cada familia. "Tributario" era considerado cualquier varón de edad entre los 16 y los 50 años capaz de trabajar, y por tanto, aportar con el tributo.

La población de vecinos empadronados del pueblo de Matilla nos asombra. 600 vecinos, es decir, unas 120 familias, repartidas en 14 " haziendas" o predios agrícolas, sin contar los habitantes del "Valle" de Quisma, que son más bien esclavos libertos o indios, al decir de O´Brien: "los Yndios de tributo y algunas otras gentes libres tienen [aquí] algunos pedacitos de viñas....". Es decir, los indígenas autóctonos u originarios fueron relegados al "Valle" al igual que los esclavos libertos por variadas razones. Quedando reservadas las mejores tierras tanto en Pica como en Matilla para los españoles y sus descendientes, muchas veces mestizos. De donde habría que concluir que los "Ballesteros", (como se denominó a los habitantes residentes en este valle de Quisma) habrían tenido predominantemente este origen étnico (indígena y negro), aun cuando sus apellidos fueran casi siempre españoles castizos. La adopción de apellidos españoles por parte de los esclavos negros, era muy frecuente en Pica y Matilla, tal como lo señala explícitamente el investigador y arquitecto, Patricio Advis Vitaglic en su libro La Iglesia Colonial de San Antonio de Matilla, su origen, su fechado sus transformaciones, 1995. No nos ha de sorprender, pues, que la inmensa mayorìa de los apellidos de las familias ballesteras, sea de origen español. Una lápida de piedra erigida al costado de la pequeña iglesia dedicada a Santa Rosa de Lima, a la entrada del Valle de Quisma, registra los apellidos de las familias ballesteras que fueron privadas del agua de sus parcelas cuando el gobierno chileno decidió, en la década del 1920, entubar las aguas de la vertiente de Chintaguay para llevarlas a la ciudad de Iquique, secando en consecuencia todo el valle y obligando a su shabitantes a emigrar. Muchas familias lo perdieron todo.

Vitivinicultura del oasis y comercio


"Estas Haziendas producen con el agregado de la Quebradita que llaman el Valle de diez y seis, à Diez y ocho mill Botijas de buen Vino, de à cinquenta y cinco libras de peso cada una, y lo benden a seis, siete y ocho pesos, dáse cantidad de Higos que secos los venden a dos pesos [la] arroba, algunos Melones, Sandillas, muchas Guayabas, y Sapallos, pocas Peras, Limones sutiles, algunos de Castilla que llaman Reales, mui raras Naranjas, y algunas Chirimoyas, no tiene mas Pasto que alguna Alfalfa, ni otra Leña que las ramas secas de sus Arboles, y se ven obligados de ir a buscar, la que han de menester, à Doze leguas de distancia lo mas cerca. Carece este Pueblo de todos los demas generos de comestibles, los que salen a buscar, à los Pueblos y Provincias comarcanas, à las que conducen sus vinos, y frutas, para cambiarlos por Maíz, trigo, carnes, manteca, sebo, graza, Papas, Quínoa, y otros Víveres".

En las fotos que siguen, se muestra tipos de botijas en uso en los siglos XVII y XVIII.

Foto 1 Botija típica de mediados o fines del siglo XVII. Colección H. Larrain (Pieza Nº 00014). Hallada enterrada en el patio de una casa particular del pueblo de Matilla en el año 2002. Adquirida a un matillano.


Foto 2. Abertura practicada a la botija de la foto 1 (Pieza Nº 00014) . Siendo las bocas originales muy estrechas, para poder taparlas con corcho, al cambiarse su destino de uso, se amplió artificialmente la abertura bucal para poder introducir otros elementos de guarda: grasa, sebos, semillas, granos y hasta guano. Por lo que hoy es muy raro encontrar especímenes que tengan su boca primitiva  intacta.




Foto 3. Otra de las botijas halladas enterradas en el patio de una casa particular en el pueblo Matilla, en el año 2002, Colección H. Larrain (foto V. Bugueño). Presenta estrías profundas concéntricas alrededor del cuerpo, producidas por el instrumento con que fue confeccionada, en el torno, por el artesano ceramista. Este tipo cerámico es propio del siglo XVIII según la clasificación de Goggin.




Foto 4. Botijas procedentes de la localidad de Matilla (interior de Iquique). La forma de botija que presenta profunda estrías y una cierta cintura en la parte media del cuerpo, como en la Foto 3, es al parecer la más común y así lo hemos podido constatar al reconocer diversas colecciones particulares. En el área de Pica-Matilla donde hemos visitado no menos de cinco colecciones particulares, solo hemos visto una botija completa, con su pequeña boca original. De donde podríamos deducir que, en su inmensa mayoría, se modificó y agrandó notablemente la abertura bucal para poder introducir otros elementos (semillas, frutos secos e incluso guano) distintos del original (generalmente aceite o vino).



Comentario eco-cultural.

El texto original que hemos presentado más arriba, nos ilustra bien acerca de la producción de vinos en el área de Pica-Matilla-Quisma. En primer término, de él queda claro que la viticultura y la producción de vino fue la principal actividad comercial del oasis. El número de botijas que comprendía la producción anual de la viñas del sector, llama la atención. Es considerable: "diez y seis a dieciocho mil botijas". La botija tenía una capacidad variable. Las había muy grandes (como la ilustrada en la Foto 1 y 2) con capacidad para casi cuarenta litros y otras menores, con capacidad de hasta 25 litros (foto 1 a 4). Si calculamos un término medio de 30 litros por botija, estamos hablando de más de 500.000 litros anuales de producción. Toda la producción adicional de frutas se especifica en el texto: los melones, sandillas [sandías], guayabas, limones, peras, chirimoyas, debió ser de poca monta, y más bien para el uso familiar y local. El rubro fuerte de intercambio fue, evidentemente, el vino. Y así lo reseñan otros documentos de la época.



De este modo, podemos comprender perfectamente por qué hubo varios "lagares" en la zona y varias "botijerías", o fábricas de botijas. De los antiguos lagares, donde se preparaba el vino a partir de las uvas, solo queda uno que fue restaurado y se ha logrado mantener: el "lagar de Matilla", situado  al costado NW de la iglesia. Es visitado hoy asiduamente por los visitantes y representa casi la única atracción turística en ese pueblo. Los otros lagares (de los que hubo al menos cinco en el área de estos oasis), se hallan hoy en un lamentable olvido y pésimo estado de conservación. Algunos ya muy destruídos. 

La faena de la pisa de la uva y su posterior depositación en tinajas de gran tamaño, igualmente confeccionadas en la zona, era objeto de una verdadera fiesta, la que ha sido bien relatada en el trabajo de la investigadora Alba Valencia: Matilla. Apuntes etnográficos (Boletín de Filología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Chile., Tomo XXIX (1978): 303-331). La última vendimia de que haya recuerdo, se llevó a cabo en el mes de Marzo del año 1929. La extracción de agua dulce de Chintaguay que fue conducida a la ciudad de Iquique, privó al valle de Quisma y sus parceleros de toda su producción, Y una insensata política de impuestos estatales, aplicada sobre esta producción norteña, obligó pronto a a arrancar las viñas. Y a partir de entonces, Pica será conocida por sus frutales: mangos, cítricos y guayabos. Del afamado vino piqueño, nunca más se supo. De sus antiguas viñas, tan alabadas en el período colonial, nada ha quedado, salvo sus semi derruídos "lagares". Todavía se recuerda el vino producido, entre otros, por la familia matillana "Medina Hermanos", que llegó a obtener premios nacionales.


Sistemas de riego del tipo qhanats, o socavones

"Las Haziendas las riegan por medio de uno socabones que son a modo de conductos o Minas de Comunicacion; tienen una bara de ancho, y dos y media à tres de Alto, algunos tienen serca de media legua de largo. Por esta concavidad q[ue] hazen en el terreno, que es gredoso, y humedo bajo de la Arena estila la tierra en menudas gotas al modo de un sudor, una corta cantidad de agua, que apenas les alcanza para regar las haziendas, de tarde en tarde, y oi ba en tanta disminución el agua que la Hazienda que menos , [h]a perdido una tercia parte de lo que fue en su principio, y muchas se han perdido del todo".

Análisis eco-antropológico de este último texto de O´Brien

Este texto, es de enorme interés ecológico-cultural por las resonancias que posee hoy en día. Veámoslo punto por punto:

a) Se reseña el amplio uso del sistema de los qhanats o socavones por esas fechas y se les describe con mucha prolijidad. Su extensión y largo nos llama la atención. Media legua significa aproximadamente 2.8 km. de largo, lo que no es poco. Pensemos que solo podían ser construídos con pico y pala, pues pólvora no se podía emplear en esos terrenos tan blandos. Y no nos asombra demasiado, pues hasta el día de hoy, los piqueños construyen pozos en el subsuelo de Pica y Matilla, de hasta 30-40 m de profundidad, a mano, con sólo el uso de picotas y palas y recurriendo a primitivos sistemas de extracción con baldes y roldanas, de la arenisca del fondo.

b) Pero muchísimo más nos sorprende el dato de que por entonces muchos de esos socavones se estaban secando. "va [el agua] en tanta disminución..." Se señala que muchas haciendas han perdido por lo menos un tercio del agua que solían tener. ¿A qué atribuir esta merma considerable en los montos de agua en aquellas fechas?. Porque hoy día este hecho no nos sorprendería, pues hemos visto en Pica cómo se han ido abandonando no pocos campos de huertos frutales, por falta de agua en los últimos 15 años. Un ejemplo que conozco muy de cerca es el caso de la propiedad de don José Ugrinovic en el sector Comiña, cuyo antiquísimo socavón dejó de producir agua hace unos ocho o nueve años atrás, secando un hermoso huerto de limoneros. Sus troncos secos hoy languidecen a vista y paciencia de los turistas que circulan hacia Pica. La llamada "cocha de las Ánimas" en la localidad de Pica, alimentada por socavones, fue repentinamente secada por la masiva extracción de agua de varios pozos profundos, construidos en la parte alta del poblado. La masiva construcción de pozos para obtener agua de riego, en el área Pica-Matilla, ha motivado, en general, un fuerte descenso en el nivel freático de las napas. Se habla hoy de la existencia de más de 350 pozos en el área (sin contar los sondajes profundos de más de 100 m. de profundidad) y cada propietario construye los que le place en su terreno, sin regulación o control de ninguna especie por parte de la Comisión de Aguas. Este hecho, de no ser prontamente examinado y sujeto a control , va a provocar a corto plazo la muerte de numerosos huertos frutales, dando un golpe de gracia a la otrora pujante fama del "oasis de Pica".

c) se describe muy gráficamente ("en menudas gotas al modo de un sudor") el modo como aflora y destila el agua por las paredes y techo de los socavones, construidos en la arenisca de carbonatos [yesos] del subsuelo de la región. A lo que parece, todos los socavones del área han experimentado importantes mermas. Algunos se han secado. Nadie ha hecho un estudio serio, posterior al hecho por Brüggen sobre este tema. (Consulte: "El agua subterránea en la Pampa del Tamarugal y morfología general de Tarapacá", Revista Chilena de Historia y Geografía, 1936, tomo LXXX, Nº 88; ver también Brüggen, Fundamentos de la Geología de Chile, Instituto Geográfico Militar, 1959). En esta última obra,el geólogo alemán Brüggen calcula en 13 km la longitud de las galerías o socavones "abiertos por los españoles" (1950: 122).

Pero lo que nadie sabe a ciencia cierta es si la notable disminución observada recientemente (últimos 20 años), constituye un episodio parcial, propio de un fenómeno cíclico, en la alternancia de períodos secos y períodos más húmedos, o, por el contrario, ya se ha impuesto definitivamente un franco y definitivo desecamiento del área, como producto de la comprobada y sostenida disminución de la pluviosidad en el altiplano aledaño en los últimos 50 años, como lo comprueba la pluviometría de la zona.