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lunes, 7 de marzo de 2016

Referencias tempranas a las ruinas atacameñas de Lasana y Chiuchíu: un trabajo nuestro del año 1972.

Presentamos aquí a los estudiosos de la cultura atacameña un trabajo descriptivo nuestro sobre dos pukaras atacameños, estudio casi del todo desconocido en el mundo científico chileno, y  que fuera editado por nosotros en Iquique,  en el año 1972.

Hemos pensado que este pequeño trabajo no debe quedar o pasar desapercibido. Por eso lo reeditamos aquí en nuestro Blog  en beneficio de nuestros lectores, en especial, como un pequeño obsequio a mis ex-alumnos atacameños  de la Escuela de Pedagogía Intercultural Bilingue de la Universidad Arturo Prat de Iquique (1993-1996).

Nota introductoria: todas las imágenes aquí presentadas  nos han sido facilitadas, a pedido  nuestro, por don Osvaldo Rojas Mondaca, director del Museo de Calama.  La fotógrafa es la Srta. Jennyfer Rojas, de la misma  ciudad. Agradecemos vivamente a ambos este valioso aporte iconográfico que enriquece el trabajo.

En primer lugar, mostraremos algunas imágenes actuales  del pukará de Lasana, para luego reeditar y  comentar el artículo.  En un capítulo posterior de este blog, nos referiremos a los comentarios que en su momento (1972)  nos enviaron tres investigadores de la época: el geógrafo e historiador don Carlos Keller, don Alfredo Hoppe investigador en estética y  el sacerdote arqueólogo, Gustavo le Paige  S.J.

El pukará de Lasana hoy día.

Fig.1. El pukará  presenta lo que queda de sus muros  en su sección que mira al Este.

Fig. 2.  El pukará estaba rodeado de murallas protectoras, asentadas sobre la roca original para facilitar su defensa.

Fig. 3.  La gran destrucción observable aquí, que contrasta con las primeras descripciones de este sitio, se debe  a  la búsqueda incansable de "tesoros" por parte de  huaqueros, y  no pocas veces con finalidades museológicas  (obtención de momias para los museos europeos).  El pukará se alza a la  izquierda del cauce actual del río sobre un  peñón rocoso que cae en forma abrupta al lecho del río.  Arriba, a la derecha, árboles de pimiento (Schinus molle).

Fig. 4.  Pasillos interiores estrechos conducen a los distintos recintos.


                                                       
Fig. 5.   Vano de puerta que conserva aún el dintel  intacto en su  parte superior.


Fig. 6. Algunas habitaciones conservan todavía su alto original,. En general,  todas ellas eran muy bajas, con su techumbre confeccionada de  palos de algarrobo y  ramas.
Fig. 7.  Toda la albañilería observable aquí consiste en piedra natural, seleccionada  a propósito. No  hay, por lo general, trabajo especial de canteado.

Fig. 8.  Otra vista de un ángulo de mismo pukará. La argamasa aquí utilizada para fijar las piedras elegidas  fue simplemente  barro, tal como lo atestiguan los primeros relatos aquí estudiados.
Fig. 9.  Aspecto que ofrece la fortaleza desde el  poniente. Al pie del pukará se distinguen aún las melgas de  terrenos de cultivo antiguas.

Fig. 10.   La destrucción interior, en busca de posible "tesoros" escondidos, ha sido tan grande, que  el restaurador optó por  acumular la piedra  esparcida en el suelo en sectores específicos, formando montones (cúmulos) aquí visibles.

Fig.  11.  Sección del pukará vista desde el  Este.

Mostramos, a continuación, algunas páginas del trabajo original de 1972.

Fig. 12.  Portada de la revista  "Cuadernos de Investigaciones Históricas y Antropológicas" de la Universidad del Norte, Sede Iquique, publicado en Julio de 1972


Fig. 13.   Primera página original del artículo. Se lee hoy con dificultad su texto, bastante borrado por el paso del tiempo.

Antecedentes de este trabajo.

En julio del año  1972, esto es hace ya casi 44 años,  publicamos este breve trabajo  de corte etnohistórico, examinando y dando cuenta de referencias tempranas de viajeros  a las fortalezas o pukaras atacameños, en la cuenca del río Loa, Norte de Chile. En este trabajo, se analizan con lupa las descripciones  hechas por los viajeros más tempranos de que se tenga noticia, mucho  antes del estudio realizado por arqueólogos de formación universitaria como Ricardo  Latcham  (1938)  o Grete Mostny (1948). Se trata aquí de las descripciones de  viajeros, que por diversas circunstancias o por motivos de trabajo, visitaron el sitio y lo describieron. Vincent Bauver (1707), Aquinas Ried (1851), Samuel Valdés (1886), H. W. Nichols (1929). Estas descripciones fueron publicadas por nosotros y analizadas desde un ángulo ecológico-cultural en una pequeña e inconspicua revista, impresa pobremente a mimeógrafo, por el naciente Instituto de Investigaciones Históricas y Antropológicas de la Universidad del Norte, en su sede de la ciudad de  Iquique (Año I. Nº 1, 5 de julio 1972).

Reedición comentada del trabajo de 1972.

Como este trabajo nuestro del año 1972 ha quedado  ignorado en el ámbito arqueológico y etnohistórico nacional -dada, tal vez,  la insignificancia y escasez de la citada publicación universitaria  hecha a mimeógrafo-, nos hemos visto en la necesidad de reeditarlo aquí, darlo a conocer, comentarlo y presentar algunas opiniones que en su tiempo recibió de connotados investigadores. De otro modo, su existencia quedaría en una total penumbra. El trabajo incluye en apéndices ad hoc, el texto de las descripciones hechas por Bauver y Ried, en su idioma original de publicación (respectivamente, francés e inglés).

No se reproduce el texto íntegro del trabajo original en su formato original por  ser éste muy poco nítido y estar escrito, además,  en letras mayúsculas, lo que dificulta no poco  su lectura, pero se  incluirá, como prueba, la fotocopia de algunas de sus páginas. En el original, las notas van al pie de cada página; en esta transcripción auténtica, las notas van, numeradas, al final de trabajo para no entorpecer su lectura.

Texto del estudio.

Título: "Noticias etnohistóricas acerca de las ruinas atacameñas de Chiuchíu y Lasana, Provincia de Antofagasta".

"1. Objetivo del trabajo.

La meta de este estudio es dar a conocer y comentar desde el ángulo antropológico, varias referencias históricas antiguas, referentes a las construcciones prehispánicas situadas en Chíuchiu (ca. 22º 20´S y 68º 40´W) y Lasana (22º 17´S y 68º 39´W), localidades ambas sitas en las márgenes del río Loa, Provincia de Antofagasta. Algunas de ellas han sido citadas en la literatura arqueológica chilena; raras veces, sin embargo, han sido reproducidas in extenso. Las citas, por lo demás, no suelen ser transcripciones directas del original, sino tienen un carácter indirecto, es decir, son citas de citas. Tras diligente análisis de los originales, nos hemos percatado en ocasiones de ciertos errores de traducción y de la existencia de omisiones o aún  adiciones al texto. Este hecho involucra una ligera modificación  en el alcance antropológico de las referencias, acrecentándose, con la nueva traducción, el valor histórico de los documentos que se citan. 
Los documentos relativos a las ruinas indígenas de Chiuchíu y Lasana  se basan en descripciones de testigos presenciales, y abarcan  desde el año 1707 hasta el año 1886. los expondremos  y comentaremos  siguiendo un estricto orden cronológico, presentando al fin algunas conclusiones que brotan del análisis de los mismos. 

2. Texto de las referencias acerca de Chiuchíu y examen de las mismas. [Las notas originales del trabajo van en tono diferente].

En 1942, Régine Pernaud, bibliófila encargada del examen de la biblioteca del Sr. Jean Lebaudy, descubrió una relación inédita de un viaje realizado por el comerciante francés Vincent Bauver  (o Berbau) a las costas de Chile y Perú, en los años 1706-1707 y la dio a luz. Ha sido traducida al español y presentada por el historiador don Eugenio Pereira Salas en el Boletín de la Academia de la Historia (Nota 1).  Al cotejar minuciosamente el original francés con su traducción, pudimos observar cierta libertad de traducción y la omisión -no señalada en el texto-  de 19 líneas del original en la sección descriptiva referente a Chiuchíu. Presentaremos la traducción literal del texto francés y pondremos en el apéndice I el texto en su idioma original. de esta suerte, el lector podrá juzgar por sí mismo. Nuestro objetivo no es llevar a cabo crítica histórica sino mostrar el valor antropológico de los textos.

Las referencias etnológico-históricas del comerciante francés, hechas  en una época muy temprana, cuando las colonias españolas acababan de abrirse al comercio de los navíos franceses, bajo Felipe V, representan, a lo que sabemos, la primera descripción detallada del pukará o fortaleza indígena de Chiuchíu, cuando se encontraba en excelente estado de conservación. Aquí reside su extraordinario valor. El material  aprovechable para el antropólogo es riquísimo, y no se restringe al ámbito estrictamente arqueológico, como veremos. 

He aquí el texto (Nota 2):
  
Yo me dirigí aquel día a una aldea denominada Calama, habitada por 10 a 12 indios; el lugar es agradable, por el pasan varios arroyos bordeados por árboles, pero la tierra no está cultivada; almorcé con mis provisiones, pues los indios no me podían suministrar gran  cosa; de allí partí avanzando ocho leguas más allá, llegando a un gran poblado indígena llamado Chiuchíu, lugar cabecera de la parroquia que tiene 60 leguas de longitud....
Yo me paseé por espacio de tres días por este poblado y sus  alrededores; pasa por él un arroyo que viene de las montañas [el río Loa] en el cual no hay peces, por cuanto se congela todas las noches". [a continuación, viene el párrafo de  19 líneas, omitido en la citada traducción [de Eugenio Pereira Salas] y que introduce ciertas disquisiciones sobre el frío en las cordilleras de América. 

El texto continúa así: 

El torrente de Chiuchíu  está cubierto de patos y de otras aves  a las que no se da caza y que suelen posarse sobre el hielo por las mañanas; remontando un cuarto de legua se conserva a sus orillas una antigua población de indios, que puede tener medias legua de circuito. Las casas están enteras, son muy bajas y mal distribuidas y forman calles [sinuosas]  provistas de esquinas y recovecos, de 4 a 6 pies de anchura. Fue necesaria la presencia  de una gran población   en este poblado, que se encuentra ceñido por murallas dobles, construidas de tierra con troneras próximas las unas a las otras [aptas]  para arrojar flechas, ya que estas murallas no podían servir de defensa sino contra tal tipo de armas, las únicas conocidas por los antiguos indios.  Lo que  sorprendió más que todo el resto, fue que los muros de este poblado están [construidos] de manera tal que no hay lugar alguno que  no pueda ser dominado por otro. Aun cuando no hemos aprendido de los indios esta manera de fortificar, es un hecho que ellos  la poseían antes que nosotros. Alrededor de estas murallas dobles, existen pequeños fosos, no sé si sería para tornar más difícil el acceso a las mismas, o para hacer derivar agua del río, que va cayendo en cascadas y que, [a la distancia de] 20 toesas más arriba, tiene un nivel más elevado que el poblado, a fin de  regar sus tierras que no producen sino maíz, su única alimentación" (Pernaud, 1942: 33-34; las palabras o frases agregadas entre corchetes, son  nuestras). 

Nichols describe a su paso  por el lugar en el invierno de  1926, en su calidad de miembro de la Sección Geológica de la "Captain Marshall Field Brazilian Expedition" estas ruinas (1929:133), a las que fuera conducido por el ingeniero de minas Hermann Eggers. Su descripción, aunque sucinta, corrobora con precisión muchos de los datos aportados por Bauver en  1707,  más de dos siglos antes. He aquí su observaciones: 

"Pucara es otra aldea abandonada, que se encuentra casi adyacente a Chiuchíu. Se asienta en la pampa plana sel desierto de Atacama, en un lugar donde la conformación de la región permite algún regadío mediante las aguas del río Loa,  y hay campos regados en sus cercanías. Es mucho más extensa que Lasana y, al igual que esta última, se supone habría sido abandonada al tiempo de la conquista. Algunos de los mejores edificios han sido techados nuevamente y están en la actualidad habitados por agricultores quechuas (Nota 3).   
Se encuentra en un estado más ruinoso que Lasana. en muchos de los muros, solo se encuentran en su lugar los últimos dos o tres pies de la [obra de ] albañilería. no posee la capacidad defensiva de Lasana por cuanto se alzaba en la pampa abierta y sus sistemas defensivos no eran tan elaborados. Sus defensas consistían en dos murallas, provistas de troneras, cada una dotada de un foso profundo". (Nichols, 1929: 133; (Nota   4).    

Si comparamos ambas descripciones, la de Bauver en 1707 y la de Nicholls en 1929, podemos observar lo siguiente:

A. Se trata, con toda certeza, del mismo sitio arqueológico, si bien Bauver es más preciso para señalar su localización exacta (media legua, esto es poco más de un kilómetro al N del poblado habitado). (Nota 5). 

B. Bauver es, igualmente, más detallado y preciso que el geólogo Nichols, al indicar su superficie: "media legua de circuito"; ofrece, igualmente, más información sobre el sistema defensivo del poblado.

C. El comerciante francés es más explícito respecto a  los materiales constructivos empleados ("baties de terre") (Nota 6)

D.  Con el interés de un geógrafo, o de un arqueólogo, Bauver se pregunta sobre  la utilización exacta de los fosos a lo largo de los muros; duda si serían para robustecer  los sistemas defensivos, o, simplemente, para su aprovechamiento como canales, ene el regadío agrícola. Observa la diferencia  de nivel del río, aguas arriba, respecto del sitio del poblado notando que era perfectamente posible conducir, por simple derivación, agua en canales hasta su emplazamiento. 

E.  En descargo de Nichols, habría que señalar primeramente que la visita de este último fue muy rápida, mientras que Bouver permaneció tres días en la aldea, esperando la visita del Gobernador que venía a su encuentro desde San Pedro de Atacama. Por otra parte, Bauver encuentra el poblado casi intacto ("les maisons en sont entières"), y, en consecuencia, era más fácil observar los detalles.

F. Bauver demuestra notable ojo clínico para captar aspectos de las costumbres de los nativos. Así, descubre la importancia vital del maíz en su alimentación y se extiende  en la explicación del modo de preparación de las "palomitas" de maíz y su harina, que tan frecuentemente se encuentran en las tumbas del área del Loa.

G. Muestra, además, el viajero, francés dotes eximias de observación del medio ambiente y, sin darse cuenta, nos brinda interesantes elementos de juicio. Así sabemos, por ejemplo, que los arroyos que el río loa formaba a la altura de Calama están flanqueados por árboles (Nota 7)   y que abundaban los patos y otras aves en sus aguas, en los aledaños de Chiuchíu. Curiosamente advierte que no se les cazaba por entonces. (Nota 8). 

"Tanto la descripción de Nicholls (1929) como la de Latcham (1936a, 1936b y 1938: 87-89) y la posterior de Mostny (1948), señalan el avanzado grado de destrucción del poblado. A pesar de ello, la descripción de Latcham (1938) ofrece un sinnúmero de detalles, propios de su notable genio arqueológico. En todo caso, es evidente que entre 1707 y 1929, es decir en un lapso de 222 años, se consumó la obra de destrucción del pukará de Chiuchíu, seguramente por obra de los buscadores de tesoros.

"Poseemos, sin embargo, un breve testimonio que nos sirve en alguna medida para salvar esa distancia cronológica e intercalar un nuevo hito en el análisis de estas ruinas. En efecto, es un ingeniero de minas, Samuel Valdés, el que, al visitar la región  a poco de asentarse el dominio chileno de esa zona tras la guerra del Pacífico, nos ofrece algunas observaciones sobre los "pueblos jentiles"  del área de Chiuchíu. No nos cabe  la menor duda de que se trata de  una porción del antiguo poblado,ya descrito por Bauver en 1707. He aquí el texto:

 "Pero lo que llama  mui especialmente la atención de los viajeros, son los restos, que existen en aquellos lugares, de antiguas poblaciones indíjenas, a las cuales se da da hoi el nombre de "pueblos jentiles". Dos fueron los que tuvimos  ocasión de visitar. El primero, de pequeñas dimensiones, se haya situado sobre una colina, en medio de la pampa, a  540 m al norte de la plaza de  Chiuchíu...". (la descripción sigue, refiriéndose al pukará de Lasana, que presentaremos más arriba). (Valdés,  1886: 284-185).

 primera vista, parecería que se tratara aquí de un sitio diferente del descrito por Bauver, Nichols y Latcham. Sin embargo, no nos parece así. creemos que la porción descrita por Valdés, es solo eso, eas decir, una pequeñísima parte del antiguo poblado, y correspondería, nos parece, al recinto fortificado que describe Latcham, situado al S. de esta población prehispánica y muy notoria por su sistema defensivo. Reproducimos el texto de Latcham:

Al extremo Sur de esta población existía un recinto fortificado al cual se debe el nombre de pucará [Latcham se refiere, pues, al sector S. del gran poblado antiguo]. Algunos  de los muros de dicha construcción   están todavía en pie. Tiene un largo de más de  veinte metros, y parece haber tenido  unas división al centro. Su anchura es más o menos ocho m. Los muros en pie tienen una altura de más de tres metros en la parte menos ruinosa, y un espesor de 40 cm. Están perforados de trecho en trecho por troneras, como pequeñas ventanillas de unos 25 cm  en cuadro. Tales troneras están situadas a la altura del pecho del hombre, e indudablemente servían para disparar flechas desde el interior. los restos de numerosas acequias en la vecindad demuestra que la llanura as los contornos del pucará fue regada y cultivada, aunque hoy está completamente seca y sin cultivo". (Latcham, 1938: 88-89).
Conforta observar la notable similitud entre la descripción del regadío en los aledaños, del pukará hecha por  Bauver y -tanto tiempo después-,  por Latcham. El argumento fundamental que nos induce a identificar como uno solo ambos sitios,  es la posición y la distancia respecto al pueblo de Chiuchíu. Según Valdés, el "pueblo gentil" está a  540 m. al Norte de la plaza del pueblo actual. Según Latcham, el poblado (en su conjunto) está a medio kilómetro al N de Chiuchíu y en una llanura situada al oriente del Loa. Es casi del todo seguro que Valdés vio solo un sector, el mejor conservado, del conjunto. Tal vez lo que el denomina "colina", no sea otra cosa más que el montón de ruinas del antiguo gran poblado. Como quiera que sea, nos parece esto una indicación de que por las fechas de la visita de Valdés, "el gran poblado" no era prácticamente perceptible para el ojo no educado arqueológicamente, y solo se veían con claridad las ruinas del recinto S. del mismo, por su mejor estado de conservación.

3. Referencias al pukará de Lasana y examen de las mismas. 

Con mucha frecuencia ha sido citado en la literatura arqueológica chilena un documento de mediados del siglo pasado, escrito por un viajero, médico escocés, y publicado en Londres en 1951. La referencia común procede de la cita que [de] él hace William Bollaert, famoso ingeniero británico de notables dotes de observación etnográfica, que recorrió la provincia de Tarapacá a partir del 1825 (Bollaert, 1860:173). Tuve la fortuna de obtener una copia del  mismo, publicada por el Chambers´s Edinburgh Journal, el 8 de marzo de 1851, y reproducido nuevamente en una  revista editada en Boston, el mismo año  (Nota  9).

No conocemos el nombre de pila de este médico escocés. Se le señala tan solo como el  Dr. Ried (Nota 10).  Sabemos que por entonces el Dr. Ried era inspector general de los hospitales militares de Bolivia y que escribe a un amigo de Ratisbona, donde  se había educado, al enviarle para el museo de la Sociedad Zoológica de dicha ciudad, una pequeña colección de momias extraídas del cementerio de Chiuchíu. (Ried,  1851a: 159). El texto, en lo que concierne a Lasana, es el siguiente:

 "Al extremo noreste de la costa (sic!) arribé a Lasana, una fortaleza de los antiguos peruanos. Se halla construida sobre una lengua de tierra  entre dos brazos de un pequeño río, y parece haber sido el último lugar de refugio a donde se replegaron los peruanos al ser perseguidos por todas partes por los es`pañoles. El estilo de edificación es exactamente similar al de las antiguas  fortalezas medievales alemanas: siendo los muros de  una albañilería rústica [coarse], con infinitas habitaciones pequeñas, orificios y sitios de escondite. Ningún cuarto mide más de ocho pies cuadrados; muchos,  apenas cinco. las puertas tienen una altura de dos pies; las ventanas son pocas  no más anchas que un puño. Toda la ciudad (en ella pudo haber vivido una cantidad de cien a ciento cincuenta familias), está construida como una casa en la cual la gran mayoría [de los pobladores] tenía que atravesar de diez  a quince habitaciones para lograr llegar al propio cuarto. Todo esto, junto con lo agreste del lugar  y las altas terrazas del río que encierran este castillo de los Incas en forma tal, que desde el nivel del desierto uno no se percata de su existencia. [Todo esto, repito] conforma un espectáculo notable. un negro anciano que ha vivido allí abajo desde hace cuarenta años, en las mismas márgenes del río, me dijo que era yo el primer hombre blanco que había  estado allí, durante todo ese tiempo. Los habitantes deben haber  muerto de hambre, por cuanto nosotros  caminábamos por encima de cráneos y huesos. Todos los orificios y rincones están repletos de ellos. La lengua de este distrito 
[se refiere a la lengua autóctona] es en la actualidad desconocida" (Ried, 1851a: 159;  id. 1851b: 83).

No se nos puede escapar la inmensa importancia de este documento. Solo lamentamos de veras que el comerciante francés Bauver no hubiera advertido la presencia . tan próxima a la aldea de Chiuchíu- de este poblado fortificado, para que nos hubiera ofrecido una exacta y sustanciosa descripción, llena de elementos antropológicos. Que sepamos, es ésta la primera descripción que existe del pucará de Lasana. De este relato, brotan  algunas observaciones:

A.   No escapa  a Ried el carácter de fortaleza del recinto amurallado. con notable precisión describe sus cuartos, y la suma estrechez de las comunicaciones internas. Es científico en sus mediciones. Con toda razón, presume se trata de un lugar de refugio para casos de ataque. Alude a la gran cantidad de huesos, visibles por todas partes. Es probable que esto  signifique el saqueo y la destrucción de silos y paredes, en busca de enterramientos, que -según Latcham y Mostny (a938; 1948)-  con frecuencia eran depositados en tales sitios. la Búsqueda de tesoros, tan practicada desde los tempranos tiempos de la conquista,   debió inducir a los españoles  a registrar cada escondite en busca de metales preciosos. 
B. La atención del médico Ried se concentra, además, en aspectos geomorfológicos del sitio, sus características arquitectónicas  y, por cierto,  los detalles biológicos, particularmente el fenómeno de la mamificación natural de los cuerpos humanos.

William Bollaert no visitó personalmente el sitio. En su referencia as lasana, se contenta con retomar expresiones vertidas por Ried, abreviando algún tanto el texto (Bollaert, 1860: 173).  También Bruhl  
(18705-1887) utiliza  las referencias anteriores, sin aumentar su aporte con observaciones personales.  

Nuevas noticias, propias de un testigo importante, nos aporta la vista efectuada por Samuel Valdés, en su estudio Minero-Agrícola presentado al Ministerio del Interior (Valdés, 1886:  184-185). En la sección destinada al análisis  de la agricultura en el área, nos ofrece las siguientes notas sobre el pukará de Lasana:

El segundo  pueblo jentil se encuentra en medio  de la quebrada a 9 kilómetros de distancia de la boca de ésta (11) en una pequeña eminencia o falda de cerro, de forma angular, i sobre pura roca,se nota allí un hacinamiento de escombros en medio de los cuales se ve algunos restos de antiguas habitaciones. Las murallas  son bastante sólidas i trabajadas de piedra y barro; los umbrales  son todos de lajas de granito; i los techos, que ya no existen, fueron hechas de madera de algarrobo, en un tiempo mui abundante en la rejión (12). No hay calles; las habitaciones eran reducidas; i estaban separadas unas de otras, por sinuosas y angostas avenidas. Las murallas de circunvalación  se hallan provistas de gran número  de hendiduras, especies de troneras, formada cada una con cuatro piedras dispuestas en cuadro: parecen destinadas a dar aso a las flechas en caso de defensa. La disposición general de aquellas ciudades i otras circunstancias, revelan la perfecta armonía y estrecha unión  que debió existir entre sus pobladores, pudiendo decirse que todos ellos vivían bajo un mismo techo y constituyendo  casi una familia. Estas presunciones tuvimos ocasión de verlas confirmadas más tarde, al visitar algunos pueblos indíjenas.

Los cementerios de los pueblos citados  se refiere al de Chiuchíu y Lasana, han suministrado siempre  para los distintos museos de Europa y de Estados Unidos, muchos restos humanos y una multitud de objetos i tejidos diversos, propios  para los estudios de raza, de usos i de costumbres de dichos pueblos"  (Valdés, capítulo XXII, párrafo VII, 1886: 184-185).

El mapa que acompaña el libro (Valdés, s/f) señala como "pueblo jentil"   a lam margen izquierda del Loa, el lugar que corresponde al pukará de La sana. Creemos que este mapa es uno de los primeros que registra la ubicación geográfica de este sitio arqueológico.

La lectura atenta del relato de Ried, que corresponde a su visita de 1851, no deja, en modo alguno, la impresión de gran destrucción del sitio. Señala con gran precisión  medias de cuartos, vanos, ventanas y pasillos internos. Valdés, a escasos 33-34 años de distancia, señala la gran profusión de escombros entre los cuales distingue "algunas habitaciones". En ese lapso, evidentemente, aumentó el número de visitantes saqueadores. Convendría cotejar estos datos con las fechas de los primeros asentamientos mineros importantes en el área, particularmente Chuquicamata.

Valdés destaca con precisión los elementos constructivos de las murallas: piedra y barro, la disposición de los umbrales y de las troneras en los muros exteriores. Lo que más parece llamarle la atención, sin embargo,es la extraordinaria concentración humana, en una superficie tan estrecha, la falta de calle auténticas - no meros pasillos- y de adecuados sistemas de comunicación interna. Lo atribuye a una acendrada vida comunitaria, casi del tipo familiar, que habría estructurado su organización social. Constata que aún en aldeas indígenas actuales, no amuralladas,  persiste la misma organización básica.  no podría, pues, atribuirse tal sistema constructivo únicamente  a las exigencias de una vida de campamento militar transitorio, durante los momentos de apremio o asedio. Valdés con mucha razón, a nuestro juicio, ve en ellos  una expresión arquitectónica de la notable trabazón  organizativa de tales comunidades. No tengo presente trabajos antropológicos que intenten relacionar la expresión arquitectónica y urbanística, con los tipos de organización y estructura social. Aquí parecerían darse los elementos  para un análisis del tipo indicado.

4. Conclusiones.

En el presente estudio se ha querido aportar luces para un análisis profundo de la arquitectura y urbanismo de los antiguos poblados atacameños. Nos parece que tal estudio no puede hacerse sin tomar en consideración las características estructurales de la sociedad atacameña (organización y estructura social). Los informes dados a conocer aquí no son  inéditos, pero sí casi del todo desconocidos en el  ámbito sudamericano.   En todo caso, no han sido aprovechados en su vena antropológica, lo que ha sido nuestro principal objetivo. 

Nos hemos concentrado en aportar las descripciones antiguos. Hemos omitido, por eso,  los trabajos más modernos, por cierto más detallados y científicos. Remitimos al lector a los estudios de Latcham (1936a, 1936b, 1938), Rydén  (1944), Mostny (1948), Montandon (1950) y Spahni (1964). Sería tal vez útil una comprobación detallada del aprovechamiento de las fuentes por parte de estos autores modernos y el cotejo con los elementos nuevos aportados por los  relatos no conocidos por ellos.

Creemos que las descripciones y comentarios hechos, pueden contribuir a un mejor conocimiento del modo de vida de los antiguos atacameños, y señalan posibles vetas de investigación
 (urbanística, arquitectónica, reconstructiva, agrícola,  etc.) a los futuros antropólogos.

Si  cotejamos las descripciones entre  sí, la más interesante nos parece ser la de Vincent Bauver. No sólo señala  la importancias de Chiuchíu frente al pequeño caserío de Calama, sino que afirma que la ciudad arqueológica era muy grande. Para las dimensiones normales de los poblados atacameños, un circuito calculado en media legua (aproximadamente 2,3 km.) ha de considerarse de gran importancia. Tanto Nichols (1929)  y Latcham  (1938), como Mostny (1948), concuerdan en afirmar que el pukará de Chiuchíu fue evidentemente mucho más grande que el de Lasana. Y no resulta esto sorprendente, si tomamos en consideración el hecho de que en el tiempo de la visita de Bauver, Chiuchíu (la aldea actual) estaba ocupado por numerosos descendientes  de los antiguos atacameños. Hoy Chiuchíu tendrá escasamente unos 100  pobladores  o menos que practican una agricultura muy precaria en el lecho del valle, y un pastoreo más o menos transhumante de ovejunos, de escasa consideración. Este hecho nos plantea con  fuerza el problema derivado del aprovechamiento de los recursos del río Loa, mucho más intenso en el pasado que en la actualidad. Imaginemos una población aproximada de  750 habitantes, morando en el pukará de Lasana, si aceptamos los cálculos de Rydén y Montandon, curiosamente coincidentes con los del viajero Ried en 1851. De acuerdo a todas las informaciones, una población bastante superior debió vivir en el pukará de Chiuchíu (13). Si modestamente suponemos una población cercana a los 1000 habitantes para el pukará de Chiuchíu (14)  podemos imaginarnos el grado de utilización agrícola y la importancia del pastoreo de auquénidos en dicha área. Testimonio de lo cual, por otra parte, es la afirmación de Bauver y demás viajeros, respecto a los campos de cultivo totalmente estériles y abandonados en las proximidades del pukará, en plena llanura, que habrían sido regados por canales desviados del lecho del Loa. Con estas cifras en la mano, podemos comprender mejor por qué podían los indios de Atacama ser considerados, a fines del siglo XVI, capaces de ofrecer enconada resistencia a los encomenderos españoles, y ser tildados de "muy belicosos" por Lizárraga (Cfr. Lizárraga, Libro I, Capítulo 68, edición 1968:50). Su número por entonces  debió ser aún importante.
  
Si los antiguos  fueron capaces, con medios rudimentarios y casi sin el empleo del metal en las herramientas de trabajo, de explotar al máximum los estrechos sitios planos próximos al río Loa y sus afluentes, esto querría decir que la aplicación de la tecnología moderna en dichas áreas debería ser capaz de  superar ampliamente las cifras  de población  o densidad demográfica, permitiendo, máxime cuando existen en las cercanías importantes centros mineros o industriales, una explotación intensiva de los recursos naturales  y u   suministro fácil de excedentes. Desde el punto de vista ecológico, son también significativos los datos que nos aporta Bauver.  Ellos nos hablan del equilibrio que el hombre prehispánico supo mantener ( o renovar) con la naturaleza. Aunque populosas (en términos de vida en el desierto), sus aldeas sabían mantener la vegetación arbórea y renovarla con frecuencia, de acuerdo a sus necesidades básicas de combustible y materias primas constructivas o domésticas. Nada queda hoy de los árboles que, al decir de Bauver, flanqueaban los arroyuelos junto a Calama de los cuales fue también testigo Frézier (15) poco antes de llegar a Calama. 

La actividad minera en la zona destruyó rápidamente toda la riqueza forestal (consistente principalmente en molles o pimientos, algarrobos y chañares). Tan solo los pobres habitantes de Chiuchíu aún defienden, con dientes y uñas, los poquísimos molles (Schinus molle), algunus seguramente centenarios, que se yerguen a la vera  de sus desiertas calles.

Creemos que los datos de las fuentes citadas, junto con las investigaciones científicas posteriores al año 1930, pueden reconstruir los elementos básicos de la arquitectura y urbanismo atacameños. Más aún, si se hacen excavaciones destinadas a acrecentar  muestro conocimiento en este terreno y a reconstruir, con fines turísticos y científicos, los poblados del pasado.

Desde el punto de vista histórico, creemos que la narración de Bauver puede modificar algunos aspectos del relato de Frézier. Frézier no estuvo en Chiuchíu  y yerra claramente cuando le asigna una población idéntica a la de Calama (8 o 10 indios). (Frézier, 1732:131). Bauver es explícito  al afirmar que Chiuchíu era un gran pueblo (un grand bourg) y se refiere, por cierto, al poblado actual.

Finalmente, los relatos estudiados nos aportan información fehaciente acerca de los destrozos y saqueos verificados con el correr del tiempo, dándonos así datos para una historia de las explotaciones arqueológicas en el Norte de Chile, uno de cuyos capítulos, el más doloroso por cierto, es el de los saqueos.


 Horacio Larraín Barros
Director del Instituto de Investigaciones Antropológicas 
Universidad del Norte, Iquique. 

(El trabajo trae dos apéndices, con las descripciones en su lengua original, los que reproducimos aquí).

Apéndice  I.

Texto de Vincent Bauver  (1707).

Je me rendis ce jour dans un village nommé Calama,  habité par 10 a 12 indiens; le lieu est três agréable, il y passe plusieurs ruisseaux bordés d´arbres, mais la terre  n´y est pas cultivé; j' y dinai avec mes provisions car les Indiens ne pouvoient pas me fournir grand chose;  J´en  partis pour aller 8 lieues plus loin, dans un gros bourg d' Indiens nommé Chiuchiu, chef lieu de la paroisse qui a 60 lieus de long...

"...Je me promenays pendant trois jours dans ce bourg et aux environs; il y passe un  torrent qui vient des montagnes  dans lequel il n´ a de poisson, parce que la glace toutes les nuits...

"Le torrent de Chiuchiu est couvert de canards et autres oiseaux qu´on ne chasse point et qui sont sur la glace au matin; en remontant un quart de lieue, on voit au bord, une ancienne ville d'  Indiens qui peut avoir demie lieu de circuit, les maisons en sont entiéres, il n´ y manque que la couverture, toutes basses, mais arrangées ce qui forme de rues en coins et recoins, de 4 a  5 piez de large;  il falloit qu' il  y eut un trés  grand  peuple  en cette ville, qui est  enceinte des doubles mourailles baties de terre avec meurtriéres proches les unes  des autres por tirer des fléches, ces murs ne pouvant servir a d'autres défenses que contre ces armes, celles connues des anciens Indiens. Ce qui me surprit plus que tout le rest, c'est que ses murs de ville sont tous de maniére qu' il n'y a pas  un seul endroit qui ne puisse etre battu par un autre; si nous n' avons pas appris des Indiens cette maniére de fortifier, il est certain qu' ils l' avoient  avant nous; il y a autour de ces doubles murailles de petits fossés, je  ne scay si c' etoit por en rendre l' approche plus difficile, ou si ce n' etoit point our saigner la riviére qui tombe per sauts  et qui á  20 toises au dessus, est bien plus  haute que la ville  afin d' arroser leur terres qui ne produisent que du mais,  dont seulement ils se nourrisssent." (1942. 33-34).

(Pernaud, ed.,  1942: 33-34).


Texto del médico Dr. Ried (1851).

 
At the   north-east end of the coast  I reached Lasana, a fortress of the old Peruvians. It is built  on a tongue of land between the two arms of a small river, and appears to have been the last place of refuge whither the Peruvians withdraw when pursued by the Spaniards. The style of building is exactly similar to that of our old german marauder fortresses -the walls being of coarse masonry, and the small rooms, holes, and hiding places  endless and indescribable.  No room is more than eight feet square, many scarcely five; doors two feet in height; windows few in number, and those not larger than one' s  fist and  with the whole town (a hundred or a hundred and fifty families perhaps may have dwelt there) built like one house, in which the greater part had to pass through from ten to fifteen rooms to get to their own appartment. 
All this, together with the wildness of the site, the high river-banks, which so cover this castle of the Incas, that from the level of the desert one is not aware of its existance-  form a remarkable spectacle. An old negro, who has lived down by the river for upwords of forty years,  told me I was the first white man who had been seen there in that time. The inhabitants must have died of hunger, for we literally stand and walk on skulls and bones. Every hole and corner is full of them. I was unable to find out the meaning of the word Lasana. The language of this district is now unknown".

(Ried, 1851a: 159).


Notas originales del texto:

 1. Año XXVII, Nº 62, 1960. 

2. La traducción es nuestra.

3. En  1929 era frecuente atribuir  todas las ruinas del norte chileno a la influencia quechua. Ahora sabemos que sus constructores fueron atacameños.

4. La traducción es nuestra.

5. Latcham (1938: 87-88) señala su ubicación: a medio kilómetro al N del actual pueblo de Chiuchíu... construido en una llanura al lado oriente del río Loa", y agrega, que  "ha ocupado un espacio  de varias hectáreas".

6.  Según Latcham, que conoce estas ruinas hacia  1935, a más tardar, "las construcciones eran de piedra en lajas, bien ajustadas y cementadas con argamasa de barro" (Latcham, 1938: 88). Queda la posibilidad, no muy plausible  mi juicio, que las murallas hayan estado enlucidas en barro, por encima de la piedra) , y mucho más minucioso en la descripción de sus angostas callejuelas de circulación interna, que forman recovecos  y un verdadero laberinto de esquinas. 

7.  Debieron ser, muy probablemente, pimientos o molles (Schinus molle) y algarrobos (Prosopis sp.) y aún chañares (Gourliaea decorticans). 

8. Este dato es interesante, por cuanto las excavaciones arqueológicas realizadas en el cementerio de Chiuchíu arrojan con frecuencia  puntad de proyectiles muy pequeñas, probablemente utilizadas en la caza de aves ribereñas o pequeños mamíferos (Cfr. Rydén, 1944). 

9. Publicada por Littel and Son. La reproducción es una copia exacta del artículo del Chamber´s Edinbourgh Journal (Ried, 1851b). 

10. No pocas veces o siempre, ha sido citado por error como Reid. El error ya se deslizó  en la cita del mismo Bollaert, en texto referente a Lasana, en el que reproduce casi textualmente, la descripción de que es autor el escocés (Cfr. Bollaert, 1860: 173).
  
11. Se refiere a la confluencia de los ríos Loa y Salado.

12. Es notable el interés de Baldés por los detalles arquitectónicos. Por vez primera, la descripción de Lasana adquiere ribetes que podríamos calificar de científicos.

13. Prescindimos en este momento del problema de si estos pukarás eran sitos  transitorios o permanentes de habitación. para nuestro propósito, da lo mismo, pues no cambian las cifras de población.

14.  Llegamos a este cálculo aceptando  la apreciación de que en Lasana había capacidad  para unas 150 familias. Esta cifra ser multiplica por cinco para obtener el total de miembros. Los autores, por otra parte,  están acordes en conceder que Chiuchíu era mucho más grande que Lasana (Cfr. Rydén, 1944; Montandon, 1950).

15. "Deux lieües avant que d´y arriver [a Calama], on passe dans un bois d´algarrovos, espèce  de Tamaris". (En español: "dos leguas antes de llegar allí [a Calama], se pasa por un bosque de algarrobos, especie de tamarindos"  (Frézier, 1732: 131).

Bibliografía usada en el texto (tomada del texto original).

Fig 14:  bibliografía pág. 1.


Fig. 15. Bibliografía  pág. 2.


Fig.16.   Texto de la referencia hecha por Gustavo le Paige sobre el pukará de Chiuchíu. Copiado a mano por nosotros de su trabajo:  "Antiguas culturas atacameñas en la cordillera chilena", Anales de la Universidad Católica de Valparaíso, N°  4-5,  1957/58.   Este texto, agregado nuestro posterior,   nos lo señaló el propio le Paige, al acusar recibo de nuestro trabajo a mediados del año 1972. Nos parece muy valioso como complemento del artículo nuestro.

Colofón.

Hemos querido presentar a nuestros lectores, amantes de las culturas indígenas americanas, este texto nuestro antiguo, redactado hace 44 años, en el que ya se insinúa  nuestra  preocupación y énfasis por la ecología  cultural,  perspectiva que hemos conservado hasta el día de hoy y perceptible en numerosos capítulos de nuestro blog.


domingo, 28 de febrero de 2016

Qué vió y cómo vió el Gobernador de Tarapacá el bosque del Tamarugal en 1765: Un auténtico pionero de la reflexión ecológica en el desierto norte chileno.

La Descripción de la Pampa de Iluga por Antonio O´Brien en 1765: fuente de conocimiento.

¿Qué sabemos  del Tamarugal en el siglo XVIII?.

Antes del año 1765, fecha del Plano y la "Descripción de Tarapacá" del Teniente de Gobernador de Tarapacá don Antonio O´Brien,  nada o casi nada sabemos acerca  del aspecto florístico y/o paisajístico del Tamarugal. Algún cronista por ahí se refiere al "Matoral" [sic por matorral], aludiendo muy probablemente al bosque bajo y denso, difícil de transitar,  formado por Atriplex atacamensis [pillallas], pero sin mayor explicación o análisis y menos aún, indicando lugares.

 Solo a partir del año 1765 tenemos noticias   detalladas y fidedignas sobre el estado de la vegetación en la pampa  que hoy llamamos "Pampa del Tamarugal" en la depresión intermedia de la Primera Región de Chile. Con anterioridad, las noticias eran todas  en extremo vagas e imprecisas, y no nos permiten  obtener un cuadro coherente  sobre  el aspecto físico  de este "tamarugal". Las crónicas nos refieren  las peripecias de los viajes de los conquistadores Diego de  Almagro y Pedro de Valdivia con frases  lacónicas y poco expresivas. En ninguna de ellas  hay referencia clara  a la flora observada o a los bosques del Tamarugal, aunque muy frecuentemente a los arenales y pedregales interminables y  a la sal acumulada en su superficie y a la terrible  falta de agua del trayecto y la necesidad de llevarla en cueros de animal (odres).

Cita ad litteram del texto de O´Brien:

Por eso, nos parece de especial interés,  a este propósito, en este capítulo nuestro del Blog,   citar ad litteram la magnífica y detallada descripción que nos dejó don Antonio O´Brien,  Teniente de Gobernador de Tarapacá en el año  1765. En el capítulo VII de su Descripción que titula: "Descripcion del valle o Pampa de Yluga y de el Tamarugal",  señala con  el número 76, textualmente:

"Es un territorio  que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y que lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue. Se ven en este territorio muchas y dilatadas chacras, en las que permanecen  los rastrojos del trigo y maíz que produjeron.  Asimismo, hay en él gran cantidad de árboles que llaman tamarugos, algarrobos y molles, muchas y crecidas retamas con un espeso e intrincado bosque de monte bajo, que en parte lo hacen impenetrable, por esta parte frente del pueblo de Pica. Y es bastante húmedo y muy abundante de agua subterránea; hay en este sitio en el camino que se sigue desde el dicho pueblo [de Pica] para el cerro de San Augustín de Guantajaya, dos pozos que llaman Puquios, el más profundo es de catorce varas, y por lo regular tiene tres [varas] de agua y solo sirven para dar de beber a los que transitan por este camino porque hasta ahora no ha habido quien hubiere hecho una noria u otra máquina para regar algunas tierras. Es en algunos parajes salitrosa,  por la parte que sigue a la costa, pero a más de no ver mucho el salitre, es superficial, criando una costra de  cuatro a seis dedos de grueso, y el terreno debajo de esta costra es gredoso y dulce, y todo el resto de la Pampa es especial tierra para trigo y maíz. La última cosecha que se cogió seis años ha, llegó a dar ciento treinta y dos fanegas de trigo por  una, y desde entonces no ha vuelto a sembrar en ella por falta de agua".  (Transcripción nuestra tomada directamente de una fotocopia del original del Archivo de Indias, 1765,  Nº 76;  cfr. Archivo de Indias, Legajo Charcas, 490, Nº 76).  Solo se modernizó la grafía, ortografía y sintaxis al español actual,  para facilitar su lectura, sin cambiar ni una sola palabra del texto).

De este extraordinario texto deducimos lo siguiente:

1. En tiempos de O´Brien había,  en lo que hoy conocemos como Pampa del Tamarugal, "gran cantidad de árboles".  Es decir, se mantenía todavía  el  tupido bosque en  numerosos sectores. El Plano de la Pampa de Yluga lo ilustra claramente,  señalando  mediante una simbología  clara y  precisa, los sectores de mayor densidad de árboles y arbustos. Como también los sectores desprovistos de vegetación.

2. Distingue  nítidamente O´Brien tres especies de especies arbóreas allí presentes: tamarugos [Prosopis tamarugo], algarrobos [Prosopis alba]  y  molles  [Schinus molle].  Con estos mismos nombres los  denomina O´Brien, siendo entre éstos "molle"   [mulli],  el único nombre  de árbol de clara y patente raíz indígena original.

3. Añade, como muy importante, la presencia de  un "bosque" de monte bajo que denomina de "pillalla" y que  a veces tiene tal densidad que  impide atravesarlo. Se refiere- lo sabemos bien- a la especie arbustiva Atriplex atacamensis, que forma  enormes conjuntos de forma   circular u oval, a  veces de  muchos metros de contorno.  Esta especie  es conocida en Antofagasta y en la IIIª Región de Chile con el nombre indígena de  "cachiyuyo"  o "hierba de la sal" en lengua quechua. El término indígena de pillalla, en cambio, sospechamos sea de origen local puquina. Con certeza, no es ni quechua ni tampoco aymara.  En efecto, la terminación  -alla [o -aya] está presente en varios topónimos de esta región  como Cumiñalla, en el Salar de Pintados, Huantajaya,  Illalla (sembrío), Illapata, etc. y parecerían denotar  voces de origen  puquina.

4. Alude concretamente a las siembras de maíz y trigo que se hacían en sectores de la pampa cuando bajaba el agua de aluvión por las quebradas  ("chacras que sembraban cuando llobia en dicho valle").

4. Las "crecidas retamas" de que nos habla O´Brien son las  plantas que hoy  llaman los locales como "retamillas" o  "retamas" y corresponden al arbusto Caesalpinia  aphila de la  familia Leguminosae. (Subfamailia Caesalpiniaceae).Al florecer, se cubren de flores de un color  amarillo intenso   con tintes de rojo. Su fruto, es una vaina. Sus hojas son    muy diminutas y  a veces faltan por completo.

Otro texto de O´Brien alusivo a la vegetación de esta pampa.

Un nuevo texto de O´Brien, continuación del anterior,  nos ilustra con más detención sobre otros aspectos relativos a la forma de explotación, en su época,  de la flora local,  en los que el inteligente Teniente de Gobernador fija su atención  con una mirada que hoy día  clasificaríamos de  eco-antropológica o simplemente ecológica.  Obsérvese, de paso, la importancia que atribuye a las "nieblas" o "camanchacas" en la formación y/o persistencia en el tiempo de este matorral:

 Hélo aquí:

"77....Mucha parte de este valle cría con las humedades  de las nieblas y las que coge el terreno con  el agua que corre de las quebradas que he dicho [nombró más arriba a Aroma, Tarapacá, Mamiña, Macaya y la de La Calera],  un monte bajo y espeso que llaman Pillayas [se trata de Atriplex atacamensis]; cuando están verdes las comen las mulas. Este monte de arboleda se ha secado mucha parte de él en las inmediaciones de la Quebrada de Tarapacá por dos razones: la primera, porque siendo el terreno más alto, parece que las aguas subterráneas corren más profundas y no alcanzan los árboles tanta humedad como necesitan para su conservación no obstante que todavía  hay muchos algarrobos, tamarugos y molles en esta parte.

78. La segunda, porque es mucha la cantidad de ellos que cortan para leña, hacen carbón y otros menesteres, siendo lo que más destruye esta arboleda el modo  que tienen de hacer el carbón que es como dije:  cortan los árboles y los destrozan y cuando están secos, juntan una cantidad de ellos y les pegan fuego sin otra precaución alguna, y cuando les parece que están  pasados de fuego los apagan con tierra y sucede que si pusieron cien quintales de leña, sacaron veinte o veinte y cinco de carbón bien malo, y de este modo han destruido  la mayor parte  de la arboleda, con muy poca utilidad, y si no se pone remedio, vendrán a quedar en menos tiempo del que piensan, sin leña ni carbón ni donde ir a buscarla. 79.  Toda esta pampa o valle es despoblada y en ella no hay parte alguna que no pertenezca a Su Majestad (que Dios guarde)."

Comentario nuestro:

1. Advierte O´Brien con mucha razón y con una mirada  que hoy llamaríamos ecológica, acerca del peligro derivado del modo abusivo de explotación contemporánea de la leña y carbón en estos bosques. Si siguen así- señala- acabarán con la arboleda.

2. Se indica en forma tajante que  no hay en esa época  [1765] habitantes estables en esta extensa pampa: "esta pampa o valle es despoblada", dice textualmente. Este dato es muy interesante pues comprobaría  que  aún no  se ha iniciado  aquí  la instalación de buitrones de beneficio de la plata en la pampa, cerca y alrededor de la actual población de La Tirana.  La actividad que aquí se realizará más tarde (segunda mitad del siglo XVIII) en torno a estos buitrones exigirá ya, de facto,   una forma de poblamiento al menos semi permanente; lo que evidentemente aún no ha ocurrido en su tiempo.

3. El autor  identifica aquí las expresiones  "pampa" y "valle" de Tarapacá. Por tanto  distingue dos entidades diferentes:   la "quebrada" de Tarapacá y su "valle o pampa" aledaña.

4. Todas las especies arbóreas de esta zona, son nombradas por O´Brien, sin faltar una, lo que nos demuestra su notable capacidad de observación. No olvidemos que  O´Brien debió cruzar a caballo o en mula  con alguna frecuencia desde el pueblo de Tarapacá, donde residía hasta  el mineral de Huantajaya o al puerto de Iquique, de preferencia al mineral,  donde debía informar al Virrey Amat sobre sus pertenencias mineras y grado y forma de explotación.

5. Respecto a los arbustos observables en el suelo de la pampa, solo se le escapa, por su  mucho menor tamaño,  la planta asterácea Tessaria absynthioides, llamada  localmente "sorona", abundante en ciertos sectores y acompañante  frecuente  de  Atriplex sp.

6. No escapa a la  observación del Teniente de Gobernador la importancia de la condensación de la "niebla" en la persistencia y conservación del Tamarugal  in situ.  Investigaciones  modernas han comprobado que algunas de estas especies,  en especial  las "retamas" o  retamillas  (Caesalpinia aphila),  y en nuestra opinión, también la hierba perenne Tiquilia atacamensis,  dependerían en buena medida de la absorción de las humedades  nocturnas o matutinas de la camanchacas, a  través de su sistema radicular ubicado muy próximo a la superficie   (Cfr. capítulo de nuestro Blog: "Un ecosistema de aluvión: remanentes vegetales del aluvión de Marzo del año 2012 en la pampa del Tamarugal", publicado el 18 de Febrero del 2016).

7. Sus reflexiones sobre la capacidad de estas plantas para absorber el agua subterránea y la formación de cauces subterráneos, bajo el piso de la pampa, por efecto de los aluviones son  francamente notables, casi diríamos, modernas. Contrasta vivamente este conocimiento, basado en sus observaciones personales,  con  el mucho menos  científico de  otros contemporáneos suyos, o aún posteriores,  en relación al origen -por ejemplo- de las vetas metalíferas del mineral de plata  de  Huantajaya.

8-  Por tales títulos, no dudamos en reconocer a don Antonio O´Brien como el gran precursor de los estudios  medioambientrales de la Región de Tarapacá. En muchos aspectos -como los señalados más arriba- su  perspicacia  y notable don de observación se adelantó a su época, destacándolo como un  pionero de la preocupación ecológica en nuestro medio desértico.  Ojalá algún día se haga realidad este reconocimiento. Por ahora, ni siquiera una  calle o plaza de Iquique o  de Pozo Almonte rememora la certera  y  "moderna" visión  ecológica de este genio colonial sobre Tarapacá.

Por ahora, sigue siendo un "ilustre desconocido" en esta Región,  a la que dedicó más de diez años de su vida.  Sirva este capítulo para honrar su memoria y su  valiosa herencia.   

sábado, 30 de enero de 2016

La vegetación presente en la pampa del Tamarugal a mediados del siglo XVIII: un testimonio veraz del cartógrafo Antonio O´Brien.

Presentamos en este segmento del blog  un análisis de la vegetación  que existía en la Pampa del Tamarugal  en la época del Teniente de Gobernador don Antonio O´Brien  en agosto de  1765, fecha que estampa en su famoso Plano. O´Brien se distinguió en su tiempo por sus habilidades cartográficas. Disponemos hoy, por tanto, de lo que podríamos llamar "fotografías" de la época. Tal como lo explicamos en detalle más abajo, al traer a colación sus propios textos, nos interesa saber  qué especies vio y distinguió este cartógrafo así como conocer su abundancia relativa, la  que trató de expresar gráficamente en su Plano de la "Pampa de Yluga" y en su famosa Descripción.  O´Brien denomina "Pampa de Yluga"  a esta extensa  pampa o planicie que se extiende al Este y frente a la quebrada de Tarapacá, en la zona de su desembocadura en la pampa del Tamarugal.  Es la área donde los potentes derrames de aguas  producidas por  los aluviones provenientes de las quebradas de Aroma, Tarapacá y Quipisca, permitieron, desde tiempos indígenas, establecer esporádicas chacras de cultivo y cabañas de emergencia, durante los cortos meses de existencia de agua.

¿Dónde se hallaba  Yluga?.  ¿Un sitio específico o un área?

Yluga es un topónimo  cuya ubicación exacta hasta hoy ha escapado por completo a la pericia y diligencia  de los investigadores  (etnohistoriadores o arqueólogos). Se supone haya sido un pequeño punto de descanso, en plena pampa,  en la ruta o huella que desde  Tarapacá, iba hacia el Mineral de Huantajaya, en la costa. Tal vez - así lo sospechamos- coincida con el sitio llamado "Ramainga"  (¿ramada del Inca?) que según el testamento del  encomendero  Lucas Bartínez Begaso era un lugar, en plena pampa,  donde se hacía carbón para las explotación de la plata del mineral de Huantajaya, junto a Iquique.  Yluga, [seguramente Iluca, en idioma indígena] seguramente, quedaba en dirección a dicho mineral, sito en la cordillera de la costa,  como el Plano  y el trazado de sus caminos parecen corroborarlo. El hecho de que allí tuviese el citado encomendero esclavos negros haciendo carbón hacia el año 1560, probaría que dicho lugar era una potente arboleda en su tiempo. Solo en tales sitios se justifica  producir carbón de leña.  El topónimo sobrevivió hasta  mucho después de la época de O´ Brien, pero  no  ha sido posible hasta ahora hallar el lugar mismo, que pudo haber sido arrasado por algún potente aluvión. El geógrafo peruano Mateo Paz  Soldán  en su Geografía del Perú   (Tomo I, Librería de Fermin Didot hermanos, París,1862), lo posiciona en plena pampa. Algún día, tal vez, avezados arqueólogos descubrirán las ruinas de este lugar cuya existencia histórica estaría bien documentada. De existir aún  hoy sus rastros, como sospechamos, ello nos depararía muchas sorpresas. 

Fig. 1. Firma de don Antonio O´Brien y dedicatoria de su obra sobre Tarapacá al Virrey de España en Lima.  Dice textualmente: "con el más profundo respeto y veneración queda a los pies de Vuestra Excelencia, su más rendido criado, Antonio O-Brien".
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Fig. 2. el Virrey del Perú  el barcelonés don Manuel de Amat y Junyent   (1704-1782), quien nombró a O´Brien como Teniente de Gobernador de Tarapacá e Inspector de minas del mismo distrito. (Imagen tomada de Internet). Amat  ejerció el cargo de Virrey del  Perú entre los años 1761 y 1766 y encargó a O´Brien numerosos  trabajos, conociendo de cerca sus notables habilidades.

Fig. 3.  Vista del Plano de la Pampa de Yluga, conservado en el Museo Naval de Madrid. La imagen es borrosa, por lo cual hemos puesto la  transcripción de la leyenda del mismo (que figura en el recuadro, a la derecha) en nuestra figura siguiente  (Fig.4). Este es uno de  los  varios planos que O´ Brien elaboró en la zona de Tarapacá.   Debemos la fotografía al historiador don José María Casassas quien gentilmente nos la obsequiara  en el año 1972 en Antofagasta.

Fig. 4. Detalle de la leyenda del Plano de la Pampa de Yluga, tomado de nuestro trabajo: "Antecedentes históricos para un estudio de la re-utilización de suelos agrícolas en la pampa del Tamarugal, Provincia de Tarapacá, Chile", publicado en  la revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile  (Vol. Nº 1,  1974, frente a pg.  22). En el número 28, se reseña explícitamente un tipo particular de vegetación descrito como  "monte bajo que llaman pillallas".
  
Para formarnos una idea más precisa  del valor e importancia de estas referencias,  entregamos aquí una transcripción nuestra de unas  páginas de su famosa descripción donde se refiere a la vegetación..

Páginas de la Descripción original de 1765.

A continuación, presentamos las tres páginas del original colonial de la "Descripción" de donde extractaremos, más abajo, en forma sintética,   la información relativa a la flora presente en dicha pampa en dicho año 1765.  Después, analizaremos  el texto en detalle, haciendo ver sus aportes.

Fig. 5.  Primera página de la descripción de la Pampa de Yluga que se inicia en el número marginal  75 de su Descripción general. Para él, esta  planicie  se inicia en  la quebrada de Arica y acaba en el límite con Chile. Corresponde, pues, a lo que los geógrafos denominan  la "depresión intermedia"  que por el sur,  termina en el curso del río Loa.  (Número marginal  76 del original).
  
Fig. 6.  Segunda página de la descripción. Aquí se mencionan  en forma particular las especies de árboles y arbustos que conforman la arboleda del Tamarugal en esa fecha.


Fig.7.  Tercera página de la descripción.

La Descripción de la Pampa de Iluga por Antonio O´Brien en 1765.

Muy pocos lugares de Chile actual tienen el notable  privilegio de contar con una antigua,  minuciosa y detallada  descripción de su geografía,  hidrología y  de su flora  particular. Este documento es un retrato fiel del aspecto que ofrecía la pampa al observador atento, hace exactamente  250 años, antes de que se iniciaran las primeras exploraciones para explotar del salitre natural de su suelo. Contamos, para fortuna nuestra,  con una fina y perspicaz descripción y, por añadidura,  con un excelente Plano ilustrativo que abarca una extensa superficie entre la quebrada de Aroma, por el norte, y la localidad de Pica, por el Sur en la actual Región de Tarapacá. (Norte de Chile). En él, las corrientes de agua, los caminos y sobre todo  las zonas arboladas con diferentes especies vegetales, merecen una mención especial. 

Muerte  lenta y silenciosa del Tamarugal en la actualidad. 

 El tema es hoy de renovado interés científico, por cuanto   los bosques del Tamarugal, replantados pacientemente por la Corporación Nacional Forestal (Corfo), entre los años   1960 y 1972,  están muriendo hoy lenta pero inexorablemente a vista de ojos. Basta  hacer un breve recorrido por la carretera panamericana entre Pozo Almonte y la antigua estación de ferrocarril en Pintados, para ver   cientos de hectáreas de  árboles ya crecidos,  totalmente secos hoy, o a punto de perecer.  ¿La causa?. El fuerte descenso de las napas freáticas  y la falta de una adecuada recarga  de los sedimentos de la pampa, por la disminución notoria de las lluvias en el altiplano, los efectos directos del calentamiento global y,  sobre todo,  la extracción masiva  e incontrolada de aguas fósiles  del subsuelo tanto en el piso mismo de la pampa como en las localidades de La Tirana, La  Huayca y los oasis  piemontanos de Pica y Matilla. No existe reglamentación alguna al respecto y mucho menos una fiscalización de pozos y sondajes profundos los que han proliferado de una manera escandalosa en la zona.

Cualquier  medida futura de  replantación en esta extensa pampa, requerirá de ingentes cantidades de agua, las que solo cabe obtener  mediante  el uso de agua  de mar desalinizada, pero necesita, además,  del apoyo del conocimiento histórico para saber  cuál fue la zona arbolada en el pasado, qué especies prosperaron en ella  y qué aspecto presentaba ésta hace dos siglos y medio. 

¿Qué sabemos  del bosque  del Tamarugal en el siglo XVIII?.

Solo a partir del año  1765 tenemos noticias   detalladas y fidedignas sobre el estado de la vegetación en la pampa  que hoy llamamos "Pampa del Tamarugal" en la depresión intermedia de la Primera Región de Chile. Con anterioridad, las noticias son muy vagas e imprecisas y no nos permiten  obtener un cuadro coherente  sobre  el aspecto de este bosque del tamarugal en los siglos XVI y XVII. Las Crónicas españolas nos refieren  las peripecias de los viajes de los conquistadores Diego de  Almagro y Pedro de Valdivia con frases  lacónicas y poco expresivas. En ninguna de ellas  hay referencia clara  a los bosques del Tamarugal, aunque sí con frecuencia la   suma escasez de población,   a la sal acumulada en su superficie y a la terrible  falta de agua del trayecto y la necesidad de llevarla en cueros de animal (odres).

La cita del texto de  O´Brien.

Por eso es de especial interés,  a este propósito,  citar ad litteram la magnífica y  detallada descripción que nos dejó don Antonio O´Brien,  Teniente de Gobernador de Tarapacá en el año  1765 en el capítulo VII de su Descripción que titula:  "Descripcion del valle o Pampa de Yluga y de el Tamarugal". Nos circunscribiremos tan solo a las referencias  explícitas que allí se hace a la flora local que a él le tocó observar personalmente y en la que se fijó en forma particular. En otros capítulos de este blog nos hemos referido a este notable personaje, don Antonio O´Brien y su rol  de inspector de las minas. Su nominación como Teniente de Gobernador, con residencia habitual en el pueblo de Tarapacá, le permitió conocer palmo a palmo la región y sus contornos, así como sus problemas y necesidades. (Consulte nuestras etiquetas:  Antonio O´Brien,  Mineros de Tarapacá, Minería de la plata,  Pampa del Tamarugal).  

Texto parcial de la Descripción  (referente a la vegetación).

"Es un territorio  que según las señas y experiencia que se tiene, ha sido fertilísimo, no pudiendo dudarse que lo es y que lo volverá a ser siempre que se le introduzca agua que los riegue. Se ven en este territorio muchas y dilatadas chacras, en las que permanecen  los rastrojos del trigo y maíz que produjeron.  Asimismo, hay en él gran cantidad de árboles que llaman tamarugos, algarrobos y molles, muchas y crecidas retamas con un espeso e intrincado bosque de monte bajo, que en parte lo hacen impenetrable, por esta parte frente del pueblo de Pica. Y es bastante húmedo y muy abundante de agua subterránea; hay en este sitio en el camino que se sigue desde el dicho pueblo [de Pica] para el cerro de San Augustín de Guantajaya, dos pozos que llaman Puquios, el más profundo es de catorce varas, y por lo regular tiene tres [varas] de agua y solo sirven para dar de beber a los que transitan por este camino porque hasta ahora no ha habido quien hubiere hecho una noria u otra máquina para regar algunas tierras. Es en algunos parajes salitrosa,  por la parte que sigue a la costa, pero a más de no ver mucho el salitre, es superficial, criando una costra de  cuatro a seis dedos de grueso, y el terreno debajo de esta costra es gredoso y dulce, y todo el resto de la Pampa es especial tierra para trigo y maíz. La última cosecha que se cogió seis años ha, llegó a dar ciento treinta y dos fanegas de trigo por  una, y desde entonces no ha vuelto a sembrar en ella por falta de agua".  (Transcripción nuestra tomada directamente de una fotocopia del original del Archivo de Indias, 1765,  Nº 76;  cfr. Archivo de Indias, Legajo Charcas, 490, Nº 76)  Solo se modernizó la grafía, ortografía y sintaxis  de acuerdo al idioma español actual,  para facilitar su lectura, sin cambiar ni una sola palabra del texto).

De este extraordinario texto deducimos lo siguiente:

1. En tiempos de O´Brien había,  en lo que hoy conocemos como Pampa del Tamarugal, "gran cantidad de árboles".  Es decir, se mantenía todavía bien conservado el  tupido bosque en  numerosos sectores. Esto a pesar de la intensa explotación  realizada  por los encomenderos de Tarapacá en el siglo XVI y, antes aún, por el Inca para la obtención del mineral de plata de Huantajaya.  El Plano de la Pampa de Yluga  ilustra claramente las áreas vegetadas,  señalando  mediante una simbología  clara e inteligible, los sectores de mayor densidad de árboles y/o arbustos.

2. Distingue nítidamente O´Brien tres especies arbóreas allí presentes: tamarugos [Prosopis tamarugo], algarrobos [Prosopis alba]  y  molles  [Schinus molle].  Con estos mismos nombres los  denomina O´Brien, siendo entre éstos "molle"   [mulli],  el único nombre  de árbol de raíz indígena original.

3. Añade, como dato muy importante, la presencia de  un "bosque" de "monte bajo" que denomina "pillalla"  matorral que  a veces presenta tal densidad que  impide atravesarlo. Se refiere- lo sabemos bien- a la especie arbustiva Atriplex atacamensis, que forma  enormes conjuntos de forma   circular u oval, a  veces de  muchos metros de contorno.  Esta especie endémica de Chile es conocida en Antofagasta y en la IIIª Región de  Chile con el nombre indígena de  "cachiyuyo"  o "hierba de la sal" en lengua quechua. El término  indígena de pillalla, en cambio, sospechamos sea probablemente de origen local, posiblemente puquina. En todo caso, ciertamente, no es ni quechua ni tampoco aymara. En efecto, la desinencia final  -alla-  está presente en algunos topónimos de esta región  como Cumiñalla, en el Salar de Pintados.

4. Alude concretamente a las grandes siembras de maíz y trigo  en "chacras" que se hacían en sectores de la pampa cuando bajaba el agua de aluvión por las quebradas. Estas chacras  las dibuja  con especial esmero indicando con el número 27  su presencia  mediante un cuadriculado ad hoc. Una  de estas chacras se muestra en el Plano rodeada de un seto de árboles vivos, lo que sugiere al investigador   su plantación ex professo por los agricultores  como protección, tal vez, contra  los excesos destructivos del aluvión, o como defensa contra los vientos.

5. Las "crecidas retamas" de que nos habla O´Brien son las  plantas que hoy  llaman los habitantes  locales como "retamillas" o  "retamas" y corresponden al arbusto Caesalpinia  aphila de la  familia Leguminosae. (Subfamilia Caesalpiniaceae).  Este arbusto tiene hojas diminutas o totalmente ausentes y numerosos tallos largos y flexibles. Al florecer en los meses de septiembre hasta noviembre, se llenan de vistosas flores de un color amarillo intenso  con tintes de rojo. Su fruto, es una vaina. En sus flores se suele hallar un muy pequeño coleóptero de la familia Buprestidae y son polinizadas, además, por abejas silvestres del género Centris   sp.  que anidan bajo tierra. 

Un nuevo texto de O´Brien, continuación del anterior,  nos ilustra sobre otros aspectos importantes relativos a la forma de explotación de la flora local,  en los que el inteligente Teniente de Gobernador fija su atención  con una mirada que hoy día  clasificaríamos de  eco-antropológica o simplemente ecológica. Hélo aquí:

"77....Mucha parte de este valle cría con las humedades  de las nieblas y las que coge el terreno con  el agua que corre de las quebradas que he dicho [nombró más arriba a Aroma, Tarapacá, Mamiña, Macaya y la de La Calera],  un monte bajo y espeso que llaman Pillayas [se trata de Atriplex atacamensis]; cuando están verdes las comen las mulas. Este monte de arboleda se ha secado mucha parte de él en las inmediaciones de la Quebrada de Tarapacá por dos razones: la primera, porque siendo el terreno más alto, parece que las aguas subterráneas corren más profundas y no alcanzan los árboles tanta humedad como necesitan para su conservación no obstante que todavía  hay muchos algarrobos, tamarugos y molles en esta parte.
78. La segunda, porque es mucha la cantidad de ellos que cortan para leña, hacen carbón y otros menesteres, siendo lo que más destruye esta arboleda el modo  que tienen de hacer el carbón que es como dije:  cortan los árboles y los destrozan y cuando están secos, juntan una cantidad de ellos y les pegan fuego sin otra precaución alguna, y cuando les parece que están  pasados de fuego los apagan con tierra y sucede que si pusieron cien quintales de leña, sacaron veinte o veinte y cinco de carbón bien malo, y de este modo han destruido  la mayor parte  de la arboleda, con muy poca utilidad, y si no se pone remedio, vendrán a quedar en menos tiempo del que piensan, sin leña ni carbón ni donde ir a buscarla. 79.  Toda esta pampa o valle es despoblada y en ella no hay parte alguna que no pertenezca a Su Majestad (que Dios guarde)".(énfasis nuestro).

Comentario nuestro:

1. Advierte O´Brien con mucha perspicacia y con una mirada  que hoy llamaríamos ecológica, acerca del peligro derivado del modo abusivo y destructivo de explotación contemporánea de la leña y carbón en estos bosques. Si siguen procediendo así- señala- acabarán pronto con la arboleda.

2. Se indica en forma tajante que  no hay en esa época  [1765] habitantes estables en esta extensa pampa. Este dato es muy interesante pues comprobaría  que  aún no  se ha iniciado  aquí  la instalación de buitrones de beneficio de la plata en la pampa, cerca y alrededor de la actual población de La Tirana.  La actividad que aquí se realizará más tarde  en torno a estos buitrones exigía ya , de facto,   una forma de poblamiento al menos semi-permanente.


3. El autor  identifica aquí las expresiones  "pampa" y "valle" de Tarapacá. Por tanto, O´Brien distingue dos entidades diferentes: por una parte  la quebrada de Tarapacá  y por otra, su valle o pampa aledaña.  De ambas, traza excelentes planos. Sobre este tema, puede consultarse el artículo del arquitecto-historiador  iquiqueño Patricio Advis: "El alcance geográfico del nombre Valle de Tarapacá en la temprana Colonia", Revista Camanchaca, 1989, Nº 8, Taller de Estudios Regionales  (TER),  Iquique.

4.  Aunque no se nombre explícitamente a esta especie como  parte del "monte bajo" señalado por  O´Brien, hubo y hay aún en sectores del Tamarugal otro arbusto muy común en esta pampa: la sorona o brea   (Tessaria absynthioides).

5. Para   tener una idea más precisa de todas las especies que todavía hoy pueblan esta pampa y  sectores aledaños, véase nuestro artículo en este mismo blog:  "Flora endémica de la Pampa del Tamarugal y oasis aledaños: su uso en el pasado y en la actualidad", (Sábado 17 de Enero de 2009).

6. Somos de opinión de que "Yluga"   para O´Brien designa un sitio específico, no una comarca o área extensa,  razón por la cual geógrafos como Paz Soldán le adscribe  un punto específico en su Plano. Era tan importante  dicho lugar a los ojos de O´ Brien  que designa a toda la pampa con dicho nombre, anotándolo como un sinónimo de "Pampa del Tamarugal". La razón, en  nuestra opinión, es que  la tupida arboleda nativa y endémica  del Tamarugal existente en esa época, se hallaba situada en la planicie,  frente a la desembocadura  de las quebrada de Tarapacá, Quipisca  y  Quisma (Pica-Matilla). Al Norte  de la quebrada de Aroma  no había arboleda alguna, al parecer.  Los caminos  desde Tarapacá y Pica hacia la costa, en el Plano de O´Brien  atraviesan estas extensas arboledas, donde habría, seguramente, pequeñas postas de auxilio o tambillos  para los  caminantes, dotadas de  sombra, leña, agua y algunas provisiones.


                                 

Fig. 8.  Retama o retamilla (Caesalpinia aphila; Familia Leguminosae). Todavía  se puede observar conjuntos sobrevivientes de esta especie a unos  5 km  hacia el Weste de la localidad de La Tirana,   a corta distancia de la carretera panamericana N-S. Esta planta  fue  muy utilizada  hasta el siglo pasado para   techar cabañas o refugios y  para  armar las paredes de las mismas.  Alcanza una altura  máxima de unos  3.50 m.

                           
Fig. 9.  Ejemplares  de tamarugo (Prosopis tamarugo)   a unos  3-4 km al sur de la Tirana. Pueden alcanzar hasta los  10-12 m de altura sobre el suelo.

                             
Fig. 10.  Conjunto de pillallas (Atriplex atacamensis) visible hoy a un costado de la ruta actual  que conduce a La Tirana, a unos  4-5 km  del cruce de la Carretera Panamericana N-S.

                             
Fig. 11. Conjunto antiguo de algarrobos  (Prosopis alba) junto al socavón de Comiña, entre  los pueblos de Matilla y Pica.

Fig. 12.    Árbol de algarrobo (Prosopis alba) cargado de   frutos ( vainas de color amarillo) en el sector de Canchones, predio "Los Puquios", Pampa del Tamarugal. (foto H. Larrain,   15 Enero  2016).