jueves, 19 de enero de 2017

Un hecho memorable en el oasis de niebla de Alto Patache: inauguración de la casa-estación en Mayo del año 2000.



                        
Fig. 0.   La niebla rasante asciende  por el escarpe del acantilado hasta cubrirlo todo.  Sin ella, el oasis  dejaría de existir.  Este es el secreto del oasis de niebla: el arribo constante de las masas de niebla desde el océano Pacífico para entregar allí su carga de humedad.   (Foto H. Larrain, Septiembre  2003).

Recordando los inicios.

Rememoramos aquí una fecha  significativa para los estudios de la niebla costera (o camanchaca)  en el extremo norte de Chile (sur de Iquique). Era el día 1 de Mayo del año 2000. Nuestros estudios sobre la niebla se habían iniciado muy poco antes, en abril del año 1997 en la zona, gracias al apoyo irrestricto del biólogo marino Walter Sielfeld, que nos había indicado el derrotero.  Los periódicos locales "La Estrella"  y "El Nortino" de la ciudad de Iquique se hicieron inmediatamente eco de la inauguración de la primera Casa-Estación.  Por primera vez, se iba a tomar en serio el estudio de la niebla en la Región de Tarapacá. Ya no eran simples visitas al lugar, esporádicas  y sin visos de permanencia. Ahora  sentábamos nuestros reales en Alto Patache, con el ánimo de continuar por largo tiempo nuestras investigaciones en este raro ecosistema de desierto. Ya nos rondaba la idea de crear un "Centro de Estudios del Desierto de Atacama" afincado en este oasis de niebla...  A esta inauguración y su significado nos referiremos hoy, recurriendo a imágenes de periódicos de la época. 

Hace casi  20 años (1997), comenzó esta gesta.

En las páginas que siguen, queremos recordar el hecho para la posteridad. De esto hace casi 17 años. Mostraremos imágenes de la época.  La gente tiene hoy muy mala memoria y suele olvidar  la sacrificada y a veces bastante desconocida obra realizada por los pioneros. Hasta  los mismos científicos lo olvidan fácilmente, como veremos.  La Pontificia Universidad Católica de Chile, instaló hace dos años, en enero del año 2015, gracias a la generosidad de su rector el Dr. Ignacio Sánchez un conjunto impresionante de 6 domos, que sirven tanto de alojamiento de los científicos visitantes, como  de centro de estudio y trabajo. Se hizo en dicha ocasión un emocionado recuerdo de los iniciadores de esta gesta heroica  (Pilar Cereceda y H. Larrain). Dos atrapanieblas surten de agua potable a  uno de los domos destinado a los servicios higiénicos  de calidad, tal como si estuviéramos en la ciudad. Ciertamente,  hoy ya no es sacrificio alguno  pernoctar en las alturas de  Alto Patache. Es casi una diversión, un paseo. No era, sin embargo, así  en el año 1997 o a comienzos del año 2000 cuando el viento huracanado remecía nuestras débiles carpas  y el polvo se colaba furtivo hasta en nuestro alimentos y bebidas. En aquellos tres primeros años, las mediciones de nuestros prototipos de atrapanieblas las hacíamos a pulso, subiendo semana a semana,  ascendiendo penosamente en nuestro vehículo la cuesta que por su  peligrosidad bautizamos como "La Peluda", pues su arduo ascenso "nos ponía los pelos de punta". 

Nuestras investigaciones sobre la niebla costera.

En capítulos anteriores de este blog, hemos hecho mención varias veces al trabajo de investigación realizado en este lugar  (Consulte las etiquetas "camanchaca", Pilar Cereceda,  "oasis de niebla", "Alto Patache", "Aluviones", etc.).  En efecto, el sitio, situado  a los 775 m sobre el nivel del mar,  es un "oasis de niebla", es decir, un lugar donde se dan óptimas condiciones tanto geográficas como meteorológicas  para la captación del agua atmosférica contenida en las nieblas que se adhieren con gran frecuencia a los cerro altos de la cordillera de la costa. Un lugar, que, por eso mismo, permite el desarrollo in situ de numerosas especies vegetales y animales nativas, en ciertos lugares privilegiados  en lo alto del farallón costero  del litoral desértico norte-chileno. El milagro del agua en el desierto se produce aquí a la vista de todos,  a escasos 2-3 km del litoral carente de agua. Esto ocurre solamente en 6-7 lugares específicos de la costa norte,  no en cualquier parte del litoral.

El apoyo recibido de la empresa Sal de Lobos en el puerto de Patillos.

La inauguración  de la Casa-Estación que recordamos en este artículo  fue una generosa donación de la empresa minera Sal de Lobos,  situada en la costa próxima, en el puerto de Patillos. Nunca cesaremos de agradecer todos los favores que dicha empresa nos otorgó a través de su gerencia durante los  tres primeros años de  nuestra actividad en la zona. La Empresa financió durante un tiempo el combustible de nuestro Chevrolet Blazer y nos montó generosamente  la pequeña Casa-Estación  de madera -nuestro refugio científico- que hoy recordamos con nostalgia, tras el aluvión de agosto del año 2015 que casi la destruyó.

Nuestra flamante Casa-Estación  (Año 2000).

A continuación mostramos  algunas imágenes nuestras  tomadas en el año 2003,  que  nos ilustran el paisaje observable en los primeros años. Por entonces,  solo usábamos la carpa instalada junto a la casita de madera. Aún no disponíamos de luz eléctrica y menos de agua potable conectada  a los aparatos captadores.  Eran los tiempos pioneros de la carpa, la mochila y el bastón de caminata.

                           
Fig. 1.  Nuestra flamante Casa-Estación montada por la Cía. Minera Sal de Lobos, en Mayo del año 2.000.  Asentada sobre pilotes  en el fondo de una  aparentemente  "suave"   y gentil cárcava antigua, el lugar nos defendía bien de los vientos predominantes del S y del SW. Mucho después (Agosto del año 2015), comprenderíamos que tal localización había sido un grave yerro, producto de la ignorancia  de los efectos de lluvias locales ocasionales causantes de aluviones descomunales. (Foto H. Larrain, abril 2003).

                           
Fig. 2.  Nuestra Estación de Campo  fue bautizada, de común acuerdo entre  los investigadores,  aquel 1 de Mayo del  año  2000, con el nombre del gran pionero chileno de los estudios de niebla en el Norte de Chile, el físico Carlos Espinosa Arancibia.  El letrero alusivo lo recuerda a partir del año 2000. Los artículos de prensa de  "La Estrella"  y de "El Nortino" de Iquique, que aquí presentamos, son un testimonio irrecusable del hecho. Extrañamente, hoy este nombre ha sido borrado  sin explicación alguna. ¿Por qué?.  Esperamos alguna explicación de parte de los actuales directivos del Proyecto (Foto H. Larrain, Abril 2003).

                           
Fig. 3.  Al medio, el geógrafo Pablo Osses McIntyre acompañado de dos estudiantes de la carrera de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Atrás, lavando la loza del día,  la hacendosa profesora Pilar Cereceda Troncoso, cerebro y sostén de los  Proyectos Fondecyt  que dieron vida a estos estudios por espacio de varios años consecutivos. (Foto H. Larraín, Abril 2003).

                           
Fig. 4.   Instalando el nuevo atrapanieblas de unos 40 m2 de malla raschel, al borde mismo del acantilado costero. La riesgosa y nada sencilla operación de montaje del aparato, de 6 metros de altura sobre el suelo, requería de mucha pericia y del apoyo de la menos tres personas para poder tensar la malla. Se  aprovecha el horario temprano, antes de que salgan los vientos que hacen imposible el trabajo. (Foto H. Larrain,  Abril 2003).


Fig. 5. El equipo de montaje del instrumento atrapanieblas.  A la izquierda, sentado, Pablo Osses; a la derecha,  cuatro estudiantes.  A la extrema derecha Raúl Queupul; le sigue hacia la izquierda Luis Pérez Reyes, estudiante entonces de arqueología  en la Universidad Bolivariana de Iquique (Foto H. Larrain Abril 2003).
Fig. 6.  Arriesgadas maniobras para el montaje de la malla raschel entre los dos postes metálicos, separados por diez metros el uo del otro. (Foto H. larrain Abril 2003).

Fig.  7.  La toma de esta imagen es de W a E. So puede observar  el trazado de algunos antiguos senderos de guanaco que atraviesan diagonalmente el flanco  de la montaña.
Fig.  8. Instalando con nuestros alumnos neblinómetros  en el acantilado,  cada 50 m de altitud, desde los 350 m. s.n.m. hasta los 750 m. s.n.m. (borde superior del acantilado).  Así se pudo medir, semana a semana, por espacio de un año exacto, una secuencia de  9 instrumentos idénticos, todos ellos de  1 m2 de malla raschel.  El monto  total de  captación de agua de la niebla ascendía en forma significativa desde los 350 m hasta los 750 m.  Más abajo, la captación resultó ser insignificante. (Foto H. Larrain, Septiembre 2003).

Fig. 9.  En la ardua y lenta tarea del montaje de la malla  entre los postes metálicos. (Foto H. Larrain  Abril de 2003).

Como  curioso contrapunto a lo vivido y actuado entre los años 2000 y 2003, presentamos aquí algunas imágenes  nuestras recientes del conjunto de domos  del actual Centro de Estudios en el mismo oasis de Alto Patache el el año 2016.  La humilde casita de madera, sobre pilotes del mismo material, ha sido hoy  suplantada por esta visión casi fantasmagórica que nos traslada súbitamente a otra  dimensión, casi diríamos a  otro "planeta": la modernidad.
Le experiencia vivida  en este oasis con ocasión de las intensa lluvias de Agosto del año 2015,  con la formación in situ de temibles cárcavas de erosión y el arrastre de enorme cantidad de materiales de aluvión, permitió elegir  un nuevo sitio, mucho más seguro, para la Estación de Campo, a prueba de lluvias y aguaceros. 

La Nueva instalación a partir de Enero 2016.

Fig. 10.  La nueva Estación de Campo formada por grandes domos blancos de un plástico muy resistente, alberga  comedores, dormitorios, servicios higiénicos y  sala de conferencias. (Foto H. Larrain, Enero 2016).

Fig. 11.  Al medio,  Ignacio Sánchez, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile  entre Pilar Cereceda (izquierda) y Horacio Larrain (derecha).  (Foto  C, Riffo, Enero 2016).

Fig. 12.  De izquierda a derecha: Horacio Larrain, Pilar  Cereceda,  Federico Arenas (Director del Instituto de Geografía U.C.), Pablo Osses (geógrafo, Coordinador de la Estación de Campo), Nicolás Zanetta, geógrafo y  Patricio  Bernedo,  Decano  de Historia, Geografía y Arquitectura de la U.C.). (Foto C. Riffo, Enero 2016).

Fig. 13.  Vista de los domos y dormitorios del conjunto habitacional. El domo de mayor tamaño funge de sala de reuniones y, a la vez,  de comedor del recinto. (Foto H.Larrain,  Enero 2016)

Fig. 14.  A la izquierda, el sacerdote  español Argimiro Aláez García,  de la Orden de los Padres Oblatos de María Inmaculada, quien bendijo las nuevas instalaciones. (Foto C. Riffo, Enero 2016).


Fig. 15.  Batería de paneles solares que suministra  la energía  eléctrica al conjunto de  domos.  (Foto H. Larrain, Enero 2016).

Los periódicos locales del año 2000 nos  recuerdan  el hecho  (hoy ya olvidado en las brumas del pasado).

Fig. 16.   Titulares del diario "El Nortino" de la ciudad de Iquique del  1 de Mayo del año 2000. Horacio Larrain, antropólogo, encargado de la nueva Estación, pronuncia aquí unas palabras de acogida a los visitantes. 

 Fig. 17.

 Fig. 18.  Carlos Espinosa Arancibia, físico de la Universidad Católica del Norte (Antofagasta), pionero de los estudios de la camanchaca en el norte de Chile, fue el invitado de honor a esta ceremonia  junto con su esposa Cristina Gajardo.  A partir del año 1957 y ayudado de los físicos Muñoz y Zuleta y del sacerdote jesuita Germán Sáa, entre otros, experimentó con diversos diseños de captadores y patentó el neblinómetro  que denominó  pomposamente "estructura macrodiamante". Aquí aparece, blanco ya de canas, (nació en Taltal en Enero del año 1924) en su visita  a nuestro oasis de niebla como invitado especial a la inauguración de la "Casa-Estación".

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Fig. 19.  Pilar Cereceda, geógrafa de la Universidad Católica  y directora de este Centro de Estudios de la Niebla, escancia y ofrece a los asistentes del agua pura obtenida de las neblinas para  conmemorar el  inédito  Acto.

Fig. 20.  Página del Diario "El Nortino" de Iquique.

Asistentes al Acto.

La página destinada a la "Vida Social", fue aprovechada por el diario "La Estrella" de Iquique, para   captar  y destacar escenas  y personajes asistentes. Además de la presencia especial de don Carlos Espinosa y su señora, en calidad de invitados especiales,  contamos con la presencia de biólogos de la Universidad local Arturo Prat, en especial Walter Sielfeld, uno de los grandes apoyos con que contó siempre nuestra investigación de campo.  También estaban presentes el Gerente y Sub-gerente de la Minera Sal de Lobos, nuestros patrocinadores. Sirva esta ocasión parra  destacar el constante apoyo recibido de ellos.

Fig. 21. Página completa  de la sección "Vida Social" del diario "La Estrella" de Iquique, dedicada a este evento en el oasis de Alto Patache.

Fig. 22.  El físico Carlos Espinosa, invitado especial a  esta ceremonia, dialoga animadamente con el arquitecto Pedro Lázaro y su esposa Laura Hübner.


Fig. 23. Las estudiantes de geografía María Rosa Cárdenas y Ximena Boroevic,  hoy prestigiosas profesionales del área de la Geografía. Ambas hicieron sus Tesis de Grado en temáticas atingentes a esta área del desierto costero.

Fig. 24.  El Dr. Horacio Larrain, por muchos años  encargado y responsable del predio de Alto Patache,  en amena charla con un directivo de la Minera Sal de Lobos, donante de la Casa-Estación  y gran apoyo de nuestras investigaciones in situ.

Fig. 25.  Cristina Gajardo, esposa de don Carlos Espinosa y Pilar Cereceda,  Directora entonces del Programa de investigaciones en el oasis de Alto Patache.

Fig. 26. A la izquierda, el biólogo marino Walter Sielfeld, al medio: la botánica Raquel Pinto y  a la derecha, Cristian Carrasco.  A Walter debemos la información sobre la existencia de este oasis de niebla. Aunque lejos hoy día de nuestra Región,  él siempre estará en nuestro  cariñoso recuerdo.

Fig. 27.  A la izquierda, Kelly Sarabia.  Al medio Marta  Peña de Larrain y a la derecha, Marta Araya. Las dos Martas  siempre nos prestaron una generosa ayuda en terreno. Marta Araya, ya fallecida, nos hace hoy mucha falta  por su eterna jovialidad y sonrisa franca, dádivas que aliviaban cualquier molestia o contratiempo en el trabajo de campo.

Comentario eco-antropológico.

1. La intensa lluvia de agosto del año 2015  fue una lección para nosotros. Aprendimos allí dónde y cómo construir a prueba de aluviones.  Las suaves y dóciles cárcavas que vimos al llegar en 1997, se convirtieron súbitamente, en apenas  siete horas,  en  potentes arroyos de incontenible energía destructiva.  Moraleja:  hay que aprender a leer e interpretar el sentido y origen de los rasgos geomorfológicos locales formados lo largo de los milenios  y respetar su presencia no invadiendo su área de influencia.

2.  La Casa-Estación de madera sobre pilotes, resistió bastante bien el embate del aluvión. Tras  17 años de existencia,  se yergue aún altiva y  orgullosa. La madera está casi intacta, al igual que su techumbre. a pesar de no haber  experimentado reparación alguna.  Creemos que  en honor a su historia, debería ser conservada y reacondicionada, para servir  de morada al futuro cuidador del predio. Destruirla o  desarmarla -como circula el rumor- , sería equivalente a  olvidar un trozo de historia, heroica y aleccionadora para las generaciones jóvenes.

3.  La durabilidad y resistencia del material plástico que recubre los domos,  está por demostrarse. Ya se ha registrado,  a un año de su instalación, problemas  en los cierres metálicos causados por el fino polvo arrastrado por el viento que se infiltra e impide un  correcto desplazamiento del cierre tipo  éclaire.

4. El hecho de que se haya elegido para erigir la nueva Estación una zona desprotegida frente a los vientos dominantes, puede causar algunos problemas en el largo plazo. Hay que observar  cuidadosamente lo que ocurre con el correr del tiempo.
       
5-Sugerimos a los actuales administradores del oasis que se utilice como plantas ornamentales, alrededor de la nueva Estación, las propias especies nativas del oasis, evitando a toda costa el uso de especies foráneas como Agave  sp. ,  Aloe vera o similares. Aconsejamos, en cambio, por su belleza y su carácter de plantas perennes, las especies autóctonas Nolana intonsa, Nolana sedifolia y   Frankenia chilensis, las que florecen de blanco y celeste durante muchos meses, en forma ininterrumpida.

6. En nuestra opinión,  basada en la experiencia de casi dos decenios, urge hacer ensayos de adaptación al lugar, apoyadas con riego tecnificado,  de las cactáceas  y otras especies hoy muy  escasas en el lugar y que otrora existieron en mayo número allí como  Eulychnia iquiquensis,  Stipa ichu, Eryosice caligophila y otras más a fin de recrear o restablecer, con apoyo de tecnología moderna de riego,   el ambiente vegetal de hace algunos siglos atrás en el lugar, cuando aún llegaban manadas de guanacos a  pacer aquí.

7. Exhibir el fuerte contraste entre un sector florido, con especies endémicas, y  otro, vecino, carente de ellas, sería un espectáculo inolvidable para  turistas y científicos visitantes.  Sería recrear  en medio de la arena un "desierto florido", a pocos kilómetros al sur de Iquique.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Exploraciones arqueológicas en la terraza litoral de Bajo Patache: hallazgo de campamentos de pescadores-recolectores marinos prehistóricos.


Nuestros hallazgos en la terraza marina baja.

En el presente capítulo de nuestro blog, nos proponemos  dar a conocer detalles de nuestros descubrimientos arqueológicos realizados a partir del año 2003 y por más de diez años,  en la terraza litoral correspondiente al oasis de niebla de Alto Patache. En un capítulo anterior y con el título de: "Primeras observaciones arqueológicas en el oasis de niebla de Alto Patache, a 75 km al sur de la ciudad de Iquique: Abril de  1997", hemos  mostrado en imágenes lo que hemos observado y analizado en nuestra primera visita al lugar en relación al antiguo poblamiento prehispánico,  en el sector alto del oasis, es decir, en el área bañada por las neblinas rasantes o camanchacas costeras, entre los 350 y  800 m. snm. El detalle de  nuestras últimas observaciones en dicha área,  puede  verse reflejado en nuestro Diario de Campo Vol. 97, pp. 5-9  (año 2016). 

Fig.1.   Desde aproximadamente  los 120 m de altitud, sitio donde se hallaba el campamento base, se puede ver  la extensa planicie  que desciende lentamente hacia  la línea de costa.  Está interrumpida de tanto en tanto por antiguos arrecifes o montículos rocosos   del tipo  "rasa".  El ancho máximo de la terraza en esta área, alcanza un máximo de unos  2 km. de extensión. Vista desde el campamento del sitio que hemos denominado   BP-1 hacia el WSW.  (Foto H. Larrain, 12/11/2016).  

El área de estudio: ¿qué son las terrazas marinas o terrazas litorales?.

Por "terraza litoral" entendemos aquella planicie marina de poca altura sobre el nivel del mar,  a veces amplia, a veces muy estrecha,  que generalmente presenta una inclinación descendente de Este a Weste  y que se adosa a los cordones montañosos de la cordillera de la costa. Corresponde a sectores de antiguas playas, hoy emergidas,  gracias al proceso de solevantamiento  gradual del territorio. Éste -como nos enseñan los geólogos- ha sido efecto directo del empuje de penetración  subterránea de la placa de Nazca bajo el continente americano, empuje que -como se sabe- ejerce una tremenda presión y está elevando el territorio en forma muy lenta pero constante. Consecuencia directa de esta penetración  y su impacto, son los sismos o terremotos.  Estas terrazas o planicies de poca elevación sobre el nivel del mar,  debido a su altitud,  ya no son hoy invadidas por el oleaje, salvo en los casos excepcionales de tsunamis.

 Conformación  e importancia de la terraza marina para el hombre del pasado.

El sustrato de esta terraza marina, en el caso que nos ocupa, está formado por capas delgadas de arena de grano muy fino, originadas por erosión eólica. Se asientan sobre una roca sedimentaria o arenisca muy  dura (sandstone), difícil de perforar, de varios metros de espesor.  En nuestro sector, la terraza marina alcanza altitudes uniformes entre los  25-30 m  subiendo hasta un máximo de unos 90-100 m. s.n.m.  A partir de dicha altitud hacia arriba, empieza el piedemonte o talud de monte, formado por un derrubio de ripios o arenas, frutos de la caída de materiales rocosos  desde los altos, por efecto de la constante meteorización de las rocas de las partes altas de la montaña costera.  Un detallado análisis del  material rocoso de la terraza marina  y la forma de  ocupación de ésta por el hombre antiguo, puede  verse en nuestro artículo: "Un yacimiento de cazadores-recolectores marinos en la terraza litoral de Bajo Patache, Sur de Iquique", revista POLIS, Universidad Bolivariana, Santiago de Chile,  vol. 3, Nº 7,  2004: 361-396.  (Vea Glosario de términos científicos raros aquí usados, en el Apéndice final de este capítulo).

Excelentes abrigos del pasado.

Los sectores de grandes rocas expuestas -antiguos  escollos o arrecifes litorales-, ofrecieron excelente abrigo y refugio a los antiguos ocupantes, los que allí establecieron sus campamentos   y viviendas transitorias con  sus respectivos "conchales"  o "concheros" anexos, esto es,  depósitos de conchas marinas de las que se alimentaron sus ocupantes  durante generaciones.
En abril del año 1997  descubrimos por casualidad  rastros evidentes de  una antigua ocupación humana del sector alto del oasis de niebla.  En aquel entonces constatamos, a través de las basuras dejadas in situ, que el alimento de los visitantes había consistido  primariamente en  moluscos marinos,  y se nos hizo muy evidente que  debía existir una estrechísima relación entre  la ocupación de las porciones altas (situadas por sobre los  700 m de altitud)  y la terraza costanera baja, donde estaban sus campamentos y viviendas y donde realizaban cuotidianamente  las operaciones de pesca y marisqueo, propias de su condición de pescadores-recolectores.

Colecta de mariscos y  conchales.

 Por "marisqueo", entendemos   la búsqueda y colecta incesante de alimento en forma de moluscos adheridos tanto a las rocas ribereñas, a escasa profundidad, como  al sustrato arenoso de playas abiertas. A las rocas se adhieren los gastrópodos marinos  (locos, lapas, chitones, caracoles varios)  y  bajo la arena de las playas viven numerosos moluscos bivalvos, tales como (choros zapatos, almejas,  ostiones u ostras), los que filtran su alimento que les suministra el constante oleaje. En el año 2003, en nuestra primera visita inspectiva a la parte baja del oasis, dimos casualmente con el segundo sitio arqueológico. 

Nuestra operación de salvataje.

En un artículo nuestro publicado en la revista POLIS, en el año 2004, se relata en detalle  las circunstancias del importante hallazgo:  huesos humanos, conchas marinas, lascas y herramientas se hallaban a la vista en el contorno de un antiguo arrecife  o escollo  (del tipo rasa) que mostraba una pequeña pero clara elevación sobre el terreno circundante.  Denominamos a este sitio como Bajo Patache-2 (en jerga arqueológica: BP-2). Pocos meses antes, habíamos descubierto el campamento principal del grupo humano que se ubicó en  la sección más baja de una estribación rocosa de rumbo E-W  y descendente de la montaña, que presentaba un  gran roquerío protector del viento y una pequeña explanada, con señas  evidentes de intensa habitación humana. Este campamento pasó a ser para nosotros Bajo Patache-1 (ó  BP-1).   De ambos sitios:  BP-1- y BP-2  hablaremos aquí en detalle, apoyándonos en sendas fotografías tomadas in situ.

¿Por qué decidimos realizar  un salvataje de emergencia en el sitio BP-2?.

Nos enfrentábamos a dos alternativas: a)  tomar la referencia y la coordenada  y dejarla estampada en nuestro "Informe de Terreno" (¡el que seguramente dormiría  después "el sueño de los justos" en alguna bodega de la biblioteca de la Universidad!), olvidando por completo el asunto, o  realizar una hábil maniobra de salvataje arqueológico, aprovechando la ocasión propicia para obtener informaciones adicionales sobre el sitio  y- de paso-  aprovechando también  para instruir al respecto a  nuestros estudiantes del curso de arqueología de la Universidad Bolivariana. Optamos, sin dudarlo, por la segunda alternativa.  La presencia de huesos humanos dispersos en superficie,  blanqueados ya por el sol, era un indicio cierto de la existencia in situ de uno o varios  entierros humanos.  La existencia de centenares de lascas en un muy reducido espacio físico y del típico  instrumental lítico de molienda, comprobaba su utilización como campamento humano del pasado remoto. La ausencia total de cerámica  nos sugería, además,  una gran antigüedad. A este período genérico anterior a  la llegada de la cerámica a la zona  (hacia los 2.000 A.C.) , llamamos los arqueólogos  el "Período Precerámico", el que comprende  varios milenios. La excavación de un par de cuadrículas (cada una de 1 m2), efectuada por nosotros con alumnos nuestros  en enero del año 2004, corroboró plenamente nuestra sospecha inicial, como veremos.

Mostramos a continuación diversas imágenes de  los principales sitios arqueológicos detectados en el área de influencia directa de la neblina costera del oasis de niebla adyacente.  De los seis sitios arqueológicos entonces observados por nosotros en el área de la terraza  marina (de BP-1 a BP-6), aportaremos aquí imágenes de solo tres de ellos, los más importantes en tamaño, variedad instrumental y densidad ocupacional. Los otros tres sitios eran muy pequeños o muy  poco  significativos en términos de densidad  ocupacional.

Nuestro sistema de trabajo en aquellos años   (1997-2004).

Dejamos aquí en claro que  nuestra exploración de esos años (1997-2004) se restringió solamente al área de la terraza inmediatamente adyacente al oasis de niebla del alto,  con el objetivo de probar alguna de nuestras hipótesis previas sobre la íntima relación entre  los sitios de Alto y Bajo Patache. De modo alguno tuvimos in mente por entonces  detectar -como lo suelen hacer normalmente los arqueólogos en sus prospecciones- todos los sitios ocupacionales, aunque fuesen éstos muy pequeños: sólo registramos los más significativos en términos de cantidad de material lítico y variedad del mismo.

La segunda observación al respecto es  que  no revisamos el área más baja, cercana a la playa actual (esto es, bajo los 20-25 m. s.n.m.),  por  existir  la certeza documental de que dicha sección  había sido invadida y perturbada por sucesivos tsunamis  y/o maremotos, como los eventos ocurridos en el último tercio del siglo XIX  (13 de Agosto de 1868 y 9 de Mayo de 1877) en las costas de Arica y Tarapacá que, según las fuentes hstóricas, borraron, entre otras,  la población de la  cercana guanera y caleta de Chanabaya (Cfr. Diccionario Geográfico de Chile, Luis Riso Patrón, 1924: 46, 182).  Tales grandes  tsunamis  modificaron notablemente el paisaje y  arrastraron o sepultaron las antiguas evidencias culturales, a veces hasta muy  lejos de su sitio de origen.

Fig. 2. Vista parcial de nuestro sitio BP-1 de NW a SE. El enorme peñón rocoso de tipo granodiorítico  defiende y protege  de los vientos predominantes del S y  SW y  forma un excelente refugio  a media loma  (a 120 m de altitud s.n.m). El suelo del lugar está repleto de conchas, trozos de astillas de piedra e instrumentos toscos de molienda y de percusión (martillos o percutores toscos). Es a las claras, un antiguo y potente campamento de pescadores-recolectores marinos. Apegadas a las rocas más altas y a sotavento de éstas, se ven decenas de piedras que creemos otrora conformaron las bases de viviendas. Un día ya lejano estuvieron cubiertas, posiblemente,  por pieles de lobos marinos.  Un par de perforaciones hechas allí por algún curioso, deja en evidencia  capas  revueltas de conchas marinas, consumidas otrora como alimento por los ocupantes prehispánicos.

Fig. 3.   Vista de N a  S de la pequeña explanada del sitio BP-1 mostrando los montículos rocosos que ofrecieron excelente abrigo y  protección de los vientos del Weste a las viviendas  de los pescadores antiguos.  Coordenadas UTM de este sitio arqueológico:  378655 / 7695601. (foto H. Larrain, 12/11/2016).

Fig. 4.  El mismo sitio de BP-1, en otra vista.  Aquí puede percibirse, en el suelo arenoso, la gran cantidad de clastos grandes, que formaron parte de las bases de las viviendas antiguas. Allí donde está nuestro compañero  de expedición, Pedro Lázaro, alguien intentó excavar un hoyo en el pasado reciente.  (Foto H. Larrain, 12/11/2016).

Fig. 5. Sector de viviendas, adosadas a las rocas del promontorio  Entre las rocas, se ve  gran cantidad de conchas, y clastos astillados  ex professo. Altitud s.n.m:   120 m. (Foto H. Larrain, 12/11/2016).

Decenas de miles de conchas fragmentadas delatan una larga permanencia del hombre en el lugar. El sitio dista, en línea recta,  unos   600 m de la línea de costa. (Foto H. Larrain, 12/11/2016).

Fig. 7. Sitio  BP-1.  Bases de viviendas primitivas.  (Foto H. Larrain, 12/11/2016).

Fig. 8. Sitio BP-1.  Un extraño emplantillado formado por decenas de trozos de roca granodiorítica propia del lugar. Algo han querido mostrar aquí los antiguos ocupantes y sospechamos se trate de un lugar de enterramiento, así marcado para la posteridad.   Ocupa una superficie de aproximadamente  1,5 m2.  (Foto H. Larrain, 12/11/2016).


Fig. 9.  Sitio BP-1. Explanada junto a las viviendas. Probable  lugar de un antiguo fogón. (Foto H. Larrain 12/11/2016).

Imágenes correspondientes al Sitio BP-2.

Más abajo, y hacia el SW del sitio BP-1, y a un altitud de unos 40 m.s.n.m.     y a unos  300 m en línea recta  del sitio BP-1, hallamos otro pequeño promontorio rocoso,  del mismo material, que se alzaba apenas a unos 2 m sobre el suelo. Nuevamente se trata de un antiguo arrecife del tipo rasa, descrito como tal  por el geomorfólogo francés Roland Paskoff, a nuestro requerimiento.  Se encuentra en la parte más plana de la terraza marina y más cerca del mar.   Lo hallamos casualmente cuando recogíamos a nuestros jóvenes colaboradores que habían bajado  desde los  800 m.  de altitud midiendo aparatos atrapanieblas  de pequeño diseño  (1/4 de m2), puestos cada  50 m de elevación para detectar  y medir la cantidad de agua de niebla por ellos captada en una semana.

Fig. 10.  Escaneo de fotografía que acompaña nuestro artículo publicado en la revista POLIS, año 2004 p. 367.  El sitio BP-2 se halla en extremo derecho de la imagen, a  40 m. sobre el nivel del mar.

Observemos, de paso, que todas las observaciones arqueológicas nuestras fueron realizadas siempre en conjunción con los estudios de niebla que realizábamos por entonces en  el entorno del oasis de niebla. No se trató, pues, de una exploración arqueológica sistemática, sino sólo ocasional; cuando había tiempo disponible para ello.

Fig. 10.  Sitio BP-2. Vista de Norte a Sur. Este  pequeño macizo rocoso o escollo  se alza solitario en el paisaje arenoso circundante, formando un pequeño túmulo o montículo algo levantado por efecto de la depositación de arenas movedizas que vienen del SW, arrastradas por los vientos dominantes (vientos alisios). Descubierto por nosotros en el año 1993,  nos llamó la atención la  existencia a su alrededor de una enorme cantidad de lascas de diferentes coloraciones de sílex y basalto,  evidentes residuos de trabajo de talla lítica  efectuada en el lugar por el hombre primitivo, indicio cierto de su larga permanencia en este sitio. El hallazgo  en superficie -tal como se señaló más arriba- de huesos humanos dispersos, nos alertó sobre la presencia de entierros humanos. Lo que efectivamente corroboramos al año siguiente, en enero del año 2004.   (Foto H. Larrain 12/11/2016).

Fig. 11.   Nuestro colaborador el estudiante de arqueología Luis Pérez, examina  aquí los hallazgos de instrumentos de molienda y de percusión. Enero 2004.  Imagen copiada  del citado artículo de la revista universitaria POLIS. Sector SW del peñón rocoso  (Foto H. Larrain).

                           
Fig. 12.  Morteros planos en cantos rodados de playa (andesita). Aparecieron en superficie, en nuestra cuadrícula D4.

Fig. 13.  El entierro humano.   A escasa profundidad,  aparecieron los restos humanos. En la imagen, un cráneo  humano al que  faltaba el maxilar inferior. Todo el cuerpo muy disturbado, de suerte que no se sabe con certeza  si el cuerpo estaba sepultado en cuclillas o extendido. En la parte superior del cráneo, aparecieron fibras de lana, color  azul oscuro  (¿parte de un turbante?)  Un cesto prácticamente intacto acompañaba al difunto, que era un adulto. Tal vez los huesos largos (¿fémur, tibia?) que  aparecieron en superficie, pertenecían a este mismo individuo que fue sepultado a escasa profundidad  en la arena, en contacto directo con la capa dura de la arenisca. La profundidad máxima del entierro fue de  20 cm.  A lo que creemos, se debió acumular arena encima del entierro, formando un pequeño túmulo para poder cubrir el cuerpo  (o los cuerpos).  En total aparecieron huesos correspondientes a tres individuos en la misma fosa. Sospechamos fundadamente que la gran dureza de la capa de arenisca impidió cavar una fosa más honda.  Encima, depositaron intencionalmente trozos de roca en forma de astillas, para "marcar" el sitio. 

Fig. 14. El área  próxima a la regla de 1m de longitud, fue la elegida para realizar la excavación  en dos cuadrículas de  1m2  de superficie cada una. Al efecto,  se tiraron lienzas  y estacas para señalar el área de investigación en todo el contorno del montículo rocoso.   Se recogió cuidadosamente las lascas  de la superficie de cada cuadrícula y se analizó y estudió su composición, pero  la excavación solo correspondió a dos de ellas, donde  se veía huesos humanos en superficie.  El análisis de los componentes de las cuadrículas  arrojó el interesante resultado de la presencia de áreas específicas de trabajo de talla y molienda. (El interesado por obtener más detalles, puede recurrir a la lectura de nuestro  trabajo  arriba citado en la revista POLIS,  vol. 3, Nº 7,  2004: 361-396).   (Foto H. Larrain 12/11/2016).

Fig. 15.  En el lugar  exacto  donde está nuestro amigo Pedro, incrustados en una grieta, hallamos dos instrumentos líticos característico: un percutor (o martillo) y  un raspador. Coordenadas UTM  de este sitio:   279141 /7695038.(Foto H. Larrain, 12/11/2016).


Fig. 16.  En este lugar se observó un emplantillado de  trozos de roca color plomo,  que después constatamos correspondía exactamente a la zona de entierros humanos. La foto es reciente, tomada después de la excavación.  Corresponde a la zona ubicada a sotavento de la roca, como si los antiguos habitantes hubieran   pretendido con ello  buscar, para sus difuntos, la protección de la roca. Aquí aparecieron restos confundidos y desarticulados de tres cuerpos humanos. (Foto H. Larrain 12/11/2016).

Sitio BP-5.


Fig. 17.  Sitio BP-5. Corresponde a dos grandes afloramientos rocosos, de  tipo granodiorítico, distante uno de otros unos  50-60 metros,  y que se alzan en forma de montículos  a unos 300 m al Este del trazado de la carretera Panamericana N-S. Se hallan éstos en el extremo sur de la concesión hecha a la Universidad Católica.  El afloramiento principal se muestra aquí, en una perspectiva tomada desde el NE  hacia el SW y se caracteriza por presentar un gigantesco conchal arqueológico, consistente en conchas marinas de variadas especies (locos, lapas,  choro zapatos, etc.)   y  toda clase de  clastos y trozos de roca, desprendidos  del macizo por obra del hombre probablemente  para construir sus viviendas  y/o refugios.  Se ven allí percutores  y pìedras planas para la molienda (metates). En cambio, se observan aquí muy  escasas lascas a simple vista.  ¿Por qué?. No lo tenemos claro.  Aparentemente, es un sitio habitacional más que un taller lítico. Coordenadas UTM:   380503 / 7693373 (tomadas en un punto medio entre ambos afloramientos).  Altitud s.n.m: 40 m.  (Foto H. Larrain, 1211/2016).    

Fig. 18.  Vista del  afloramiento rocoso  principal desde  el  más pequeño y  visión hacia el acantilado costero. En éste, se observan formaciones dunarias  de importancia. (Foto H. Larrain 12/112/2016).

Fig.  19. El afloramiento  rocoso secundario, situado al Weste del primero, ofrece un poco de  sombra aún a mediodía.  Está igualmente rodeado por  una profusión de detritus de rocas y conchas marinas en gran número, y forma una unidad ocupacional con el primer afloramiento.  Vista de Este a Weste. Entre ambos sitios, se puede ver  aún grandes huesos de lobo marino y gran cantidad de  conchas de choro zapatos (Mytilus chilensis). (Foto H. Larrain, 12/11/2016).


Fig. 20.  El afloramiento rocoso principal. Altitud:  ca. 4,5 m sobre el suelo. Vista de Sur a norte. (Foto H. Larrain, 12/11/2016).



Fig. 21.  Vista de ambos afloramientos, distante uno e otro unos 60 metros. El mayor, a la derecha, ha acumulado en su derredor gran cantidad de arena, traída  por arrastre eólico.  (Foto H. Larrain 12/11/2016).

Fig. 22.  Conchas marinas, sobre todo de los moluscos conocidos como  loco (Concholepas concholepas) y lapas (Fisurella spp.), los que  conforman el grueso del conchal. (Foto H. Larrain 12/11/2016).



Fig. 23.  El macizo rocoso principal, visto de Sur a Norte.  La roca, fuertemente erosionada, ofrece numerosas grietas que el antiguo habitante supo utilizar como  nichos para guardar sus herramientas.   (Foto H. Larrain 12/11/2016).

El sitio arqueológico BP-6.  Sector ocupado por un gran campo de dunas del tipo seif, situado  entre los  550-620 m de altitud snm. Se halla en el  extremo sur de la Concesión hecha a la Universidad Católica en el oasis de niebla de Alto Patache  Ocupa un área significativa del talud de descenso a la playa. Se halló aquí bastantes fragmentos de cerámica muy dispersa (un plato completo fue reconstituido), puntas de arpón  y numerosos chopes de mariscar  (ver infra), confeccionados en huesos de lobo marino. Extrañamente, no se observó aquí, en cambio, presencia de lascas, de lo que se deduce que no fue éste un lugar de trabajo ni de vivienda, sino un sitio de breve estadía  (paradero o merendero), a medio camino desde la playa hacia las partes altas. Todo el material cultural se halla muy disperso entre las dunas y ha sido parcialmente cubierto por el avance o movimiento de éstas. Los espacios interdunarios fueron ocupados como refugios temporales protegidos del viento y no se observa en ellos huella alguna de vivienda permanente o semi-permanente. Son simples paraderos de descanso hacia  la parte superior del oasis de niebla. o viceversa,  hacia las playas adyacentes.  Coordenadas UTM:  

F    Fig. 24.  Chopes de mariscar hallados  junto a cerámica  de cocina en los espacios interdunarios de los campos de dunas del sitio BP-6. Confeccionados en huesos de las costillas del lobo marino, estos implementos, aguzados intencionalmente  permiten al mariscador  desprender al gastrópodo  de la roca donde se adhiere firmemente mediante su pie (loco, lapa, chitón), ejerciendo para ello un rápido movimiento de presión. (Foto H. Larrain).


Glosario de términos.

Como hemos utilizado en nuestra descripción una terminología bastante fuera de lo común, ofrecemos aquí un pequeño "Glosario explicativo" en beneficio de nuestros lectores  poco  o nada familiarizados con el vocabulario geológico o geográfico.  Un mayor conocimiento sobre esta terminología científica se puede obtener en Chile a través del excelente "Vocabulario de Geomorfología y términos afines", de los geógrafos chilenos  Marcela Sánchez Martínez  y Luis Velozo Figueroa,  Serie GEOlibros Nº 7, Pontificia Universidad Católica de Chile, Facultad de Historia, Geografía y  Ciencia Política, Primera edición Abril 2007, Santiago de Chile,  415 p. 

Términos científicos utilizados.  (buscar en diccionario especializado).

Placa de Nazca, meteorización, clastos,  campos de dunas, vientos alisios,  solevantamiento (del territorio), sandstone, areniscas, período arcaico, período precerámico, dunas tipo seif,  escollos tipo rasa, erosión eólica, piedemonte, gastrópodos,   bivalvos.