jueves, 27 de septiembre de 2018

El inglés William Bollaert y la Isla de Pascua o Rapa Nui: referencias al secuestro de nativos conducidos a la fuerza a las guaneras del Perú.



Fig. 1.  Foto  original de Hans Helfritz de un moai semi-enterrado en las faldas del volcán Rano Raraku. (presentado en revista argentina "Histonium", Buenos Aires, Septiembre 1949, en artículo sobre Isla de Pascua).

El doloroso tema del secuestro o rapto  de isleños de Rapa Nui.

En un capítulo anterior, hace unos días atrás,  hemos presentado un artículo bastante desconocido sobre Isla de Pascua o Rapa Nui, publicado en la revista  de cultura argentina "Histonium" en el mes de septiembre del año 1949, hace casi setenta años. Dedicado a la fiesta nacional de Chile, contiene numerosos artículos sobre diversos aspectos de la historia y cultura chilenas  escritos por connotados  autores de la época. Entre ellos, destaca este artículo sobre la isla.

Hicimos mención allí a una referencia concreta del químico inglés William Bollaert  al secuestro de nativos de la isla, en la década del 1860, efectuado por navíos de bandera peruana. Estos isleños prisioneros, fueron conducidos como esclavos para trabajar en las guaneras peruanas  de las Islas Chinchas y en las haciendas azucareras del país. Secuestrados a la fuerza de su isla, fueron vendidos en el puerto del Callao a su arribo al continente.. Casi todos murieron  al poco tiempo, atacados por la fiebre amarilla o el cólera. Ahora cumplimos con nuestra promesa de dar a conocer la referencia exacta con  algunos comentarios nuestros.

Referencia del investigador inglés Willim Bollaert.

Relata con dolor este hecho el investigador inglés William Bollaert en una presentación que hizo en  la Sociedad Inglesa de Antropología (Londres) en el año 1963. Bollaert había hecho la denuncia de este delito ante el consulado inglés en Lima. Las correrías de navíos peruanos piratas por las islas de Oceanía en busca de mano de obra esclava, se extienden a lo menos entre los años 1860 y 1863. Ante los sucesivos reclamos de los Cónsules de Francia e Inglaterra, tal actividad esclavista termina pronto- tal como aquí lo señala Bollaert-, no sin antes haber logrado conducir forzados a las costas peruanas, cerca de 1.000 infortunados, la casi totalidad  de ellos procedentes  de Isla de Pascua o Rapa Nui. En el puerto del Callao donde eran puestos a la venta, los  raptores obtenían pingües ganancias ofreciéndolos como "trabajadores", de hecho, a la verdad,  "esclavos" modernos, capturados a viva fuerza en su isla natal.

Rememorando los viajes  de barcos negreros españoles y portugueses.

 Esta tenebrosa historia representa una tardía y fatídica reproducción de las "cacerías" efectuadas por  barcos negreros, particularmente portugueses, catalanes y españoles, a las costas orientales de Africa en los siglos XVI y XVII, para capturar esclavos, los que eran conducidos a América, la mayoría de ellos al puerto de Cartagena de Indias, en Colombia y vendidos allí a  buen  precio a  los hacendados del lugar. San Pedro Claver (1580-1654), misionero y santo jesuíta de la época,  fue uno de los pocos encargados de dar atención espiritual y material a los pobres esclavos, a su arribo a  Cartagena de Indias en condiciones misérrimas. Los Archivos de la Compañía de Jesús en Roma ofrecen abundante información sobre este doloroso y bochornoso episodio de la historia americana.  Pero, -aclaremos- era éste, por lo demás,  un procedimiento usual en esa época, (siglos XVI y XVII) en que la esclavitud era aceptada,  pero no, dos siglos después,  ya en pleno siglo XIX, cuando las  repúblicas americanas se habían independizado de España hacía ya tiempo. 

Quién fue William Bollaert, el acusador.

William Bollaert es hoy un personaje bastante bien conocido para los investigadores chilenos y peruanos que escriben sobre la Antropología, Arqueología, Geografía o Historia de la región de Tarapacá, en aquel tiempo en posesión del Perú. Hijo de un inmigrante holandés asentado en Londres, llegó  a Iquique  muy joven en el año 1825, como ensayista de metales (químico, diríamos hoy), y se instaló en la Mina de plata de Huantajaya, junto a la actual ciudad de Alto Hospìcio, cercana a Iquique. Desde allí recorre,  incansablemente, más por curiosidad intelectual que por encargo específico, toda la  región de Tarapacá, incluyendo los sectores altiplánicos más alejados,  y nos presenta, en sucesivos artículos científicos, la realidad geográfica, social y económica de la Provincia  que da a conocer ante el público científico europeo. Reside en la provincia por dos períodos, totalizando más de 25 años de permanencia en el área.

El mejor conocedor de Tarapacá en su tiempo.

 En el Perú de su época, Bollaert llega a ser, con toda  probabilidad, el más profundo conocedor de  la Provincia, la que describe prolijamente tanto desde el punto de vista de su geografía regional, como de su economía, demografía, antropología, historia, etnografía y aún folklore. Prácticamente nada escapa al ojo avizor de Bollaert, Y tanto el científico como el historiador  o el folklorólogo de hoy encuentra en sus numerosos trabajos, a cada paso,  gran cantidad de referencias a las costumbres, ceremonias y usos de los indígenas tarapaqueños de entonces. Los trabajos de Bollaert son hoy un inagotable venero de información de primera mano.

Referencias sobre William Bollaert.

Acerca de Bollaert y su actividad en Tarapacá puede consultarse al historiador  Oscar Bermúdez en su trabajo: "Esbozo biográfico de William Bollaert", en Revista  Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, 1975, Vol. I, Nº 3-4,  313-318, Santiago.  Una  minuciosa descripción suya de la provincia de Tarapacá, puede verse, en traducción nuestra, en  la misma revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad  Católica de Chile, 1975, tomo I,  Nº 3-4: 459-478; con cinco Láminas originales del autor. . De gran utilidad es, igualmente  consultar el reciente trabajo de Luis Castro, Carolina Figueroa et al., "William Bollaert y sus descripciones geográficas, cartográficas y antropológicas sobre la provincia de Tarapacá en la etapa de la formación republicana del Perú 1827-1854", en la revista  HISTOReLo (sic!), revista  de historia regional y local,  Vol. 9, Nº 18, 2017: 121-164, Colombia.

Observación  accidental al tema de los esclavos  secuestrados de Rapa Nui . 

La referencia de Bollaert a este tema del secuestro de nativos de Isla de Pascua, es de carácter meramente circunstancial. No se trata, pues, de un artículo completo dedicado a este tema como nosotros mismos lo pensamos inicialmente. De hecho, Bollaert jamás visitó la Isla de Pascua, y sus referencias a la isla (que gustosos ofrecemos ahora en este capítulo)  son fruto o de sus lecturas, o del conocimiento indirecto de los hechos a través de sus numerosos contactos en Lima y Callao. Pero sí conocía de cerca las condiciones de trabajo en las guaneras peruanas de las Islas Chincha, a donde serían destinados casi todos los cautivos polinésicos en 1862. Sobre éstas, había escrito ya una reseña  en el periódico inglés Illustrated Times, el 5 de Marzo de 1859.

¿Dónde aparece este tema en la obra de Bollaert?.

 Lo que Bollaert nos refiere sobre este particular ocurre cuando el  autor examina, en uno de sus mejores artículos científicos,  la población del Perú en la época de su propia permanencia allí (entre  1825 y 1870, aproximadamente). La primera referencia que hemos hallado, es un corto párrafo de un extenso artículo suyo de carácter demográfico titulado: "Observations on Past and Present Populations of the New World" y fue leído en una sesión de la Anthropological Society  of London el día 12 de Mayo de 1863. Aparece publicado en la revista Transactions  of the Anthropological Society of London, vol. I, 1863, pp. iii-x. Hoy tenemos la fortuna de poder leerlo cómodamente en Internet:    https://www.jstor.org/stable/30254123. 

Su texto en inglés:   

"Peru has 2,300,000 [inhabitants] including  240.000 whites, the greater portion  Indians, but with the introduction of the Negroes more than twenty three different varieties are well known and distinctly named. Chinese have been regularly  imported for years past as laboreurs. Some polynesians have also been kidnapped, but this traffic was soon stopped; the change of climate and food was fatal to ther latter"(paréntesis cuadrados y cursivas mías). 

En traducción castellana nuestra:

"Perú tiene 2.300.000 [habitantes] incluyendo a 240.000 blancos, la gran proporción [son] indígenas, pero con la introducción [al país] de los  Negros, más de 23 diferentes variedades [raciales, fruto del mestizaje] son bien conocidas y [son] nombradas en forma diferente. Los Chinos han sido regularmente importados en los años pasados en calidad de trabajadores. Algunos polinesios han sido igualmente secuestrados, pero este tráfico fue detenido pronto; el cambio de clima y alimentación fue fatal para estos últimos". (Cursivas y paréntesis cuadrados nuestros!).

Esta última frase, en cursivas nuestras, fue interpretada erróneamente por algún miembro de la  Sociedad de Antropología de Londres (seguramente por el secretario de redacción del Acta de la sesión anterior), y fue mal entendida como si se tratara de negros que habían sido secuestrados y llevados a la fuerza a Isla de Pascua, donde murieron. Este es el error que aquí Bollaert  quiere corregir en forma muy caballerosa,  indicando a qué se había referido él puntualmente. Y en este contexto, nos ofrece su breve, pero elocuente y casi desconocida referencia a los nativos de Isla de Pascua raptados y llevados por la fuerza a las costas peruanas.  

A continuación, anoto la referencia exacta de W. Bollaert en su texto original inglés, fotocopiada por mí en Stony Brook (USA), durante mis años de doctorado en Antropología (1984-86), pero aún  perfectamente legible  (subrayados míos):

Traducción nuestra  de este texto:

"Al Editor de la Anthropological Review:  Señor, en la página 186, en el  informe de la discusión ante la Anthropological Society se establece que el Sr. Bollaert había mencionado el caso de un número de Negros que habían sido secuestrados y conducidos a la Isla de Pascua [Eastern Island], donde rápidamente murieron por efecto de la disentería y  el sarampión. [Pero] lo que yo afirmé fue que un número de aborígenes (es decir,  polinésicos), habitantes de Isla de Pascua (entre los 75º 5´ y 75º 12´ de latitud sur y entre los 109º y 110º de longitud oeste), habían sido secuestrados y llevados al Perú, con la intención de convertirlos en peones. Ellos no pudieron o no quisieron ser enseñados para el trabajo. El indio generalmente  no es un individuo [apto para el] trabajo y  a consecuencia del cambio de clima y alimentación, muchos murieron de disentería y sarampión.Yo quisiera agregar que el secuestro de nativos desde algunas de las islas de la Polinesia ha sido  [efectivamente]  perpetrado  y ellos han sido  llevados al Perú como peones. Sin embargo, las autoridades nacionales [inglesas] y francesas en dichas áreas  pusieron fin  de inmediato a aquel  horrendo procedimiento, lo mismo que hizo el gobierno peruano". (A  continuación, sigue un largo párrafo, enteramente diferente, dedicado a examinar la presencia de sangre judía en Nueva Granada (Colombia), tema que aquí no viene al caso. Al término de esta cita, Bollaert apunta la fecha: Londres, 2 de Mayo de 1863, Firma W. Bollaert). (subrayado y paréntesis cuadrados nuestros).
  
La nota al pie de página señala: "nosotros hemos insertado [aquí] la nota del Sr. Bollaert, pero aprovechamos la oportunidad de señalar que no somos responsables, en modo alguno,  de los contenidos del Journal de la Sociedad, así como la Sociedad Antropológica  tampoco es responsable del contenido de la Revista. El  Editor".

Una cruda descripción de este secuestro de indígenas de Rapa Nui.

Alfred Métraux (1902-1963) es uno de los más prestigiosos etnólogos que han estudiado las culturas de Sudamérica. En los años 1934-35 dirigió una expedición francesa de estudio a  Isla de Pascua.  Es autor de muchas obras, pero en el tema que aquí nos atañe es autor de una valiosa obra sobre a Isla. (En francés  L´Ile de Paques, original de 1941; traducción castellana como:  La Isla de Pascua, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1950).

Sobre el tema que hoy nos preocupa, el rapto de nativos de la Isla, aporta este investigador la siguiente y sobrecogedora descripción:

"El miserable cargamento de carne humana [aludiendo a los 800 a 900 pascuenses capturados en Rapa Nui por barcos negreros del Callao que arriba a puerto el 12 de diciembre de 1862]  llegó
al Perú y fue inmediatamente vendido a las compañías que explotaban el guano. En pocos meses, la enfermedad, los malos tratos y la nostalgia redujeron a un centenar  los novecientos o mil indígenas capturado. Gracias a la intervención de Monseñor Tepano Jaussen [obispo católico de Tahiti],  el gobierno francés hizo presiones diplomáticas ante el Perú a las cuales se asocian los ingleses. Poco después, se dieron órdenes oficiales para que fuera repatriado el puñado de pascuenses que había sobrevivido a esos meses de trabajo forzado. Fueron puestos a bordo de un barco que debía  volverlos a su isla, pero la mayor parte murieron en el camino víctimas de la tuberculosis y de la viruela. Solamente quince nativos regresaron a la isla; su vuelta constituyó la más grande desdicha para los habitantes que habían quedado. Poco después de su retorno,  se declaró una epidemia de  viruela, cuyo germen había sido llevado por los cautivos y que convirtió a la isla de Pascua en un vasto cementerio".(1945:57-58;  paréntesis cuadrados nuestros).

Ese triste episodio es uno de los hechos más bochornosos y tristes ocurridos en la historia de la Isla, sometida posteriormente y por decenios a una intensa  explotación agrícola y ganadera por parte de concesionarios franceses que utilizaron a los pascuenses como mano de obra barata. El gobierno chileno hoy - al igual que el peruano- debería también hacer un  profundo y sentido "mea culpa" por la manera indigna con que abandonó en esos años, al pueblo rapanui, indefenso,  completamente sometido a concesionarios extranjeros despiadados. La misión católica a cargo de misioneros de la Congregación de los Sagrados Corazones (SSCC) se opuso tenazmente a tal trato ignominioso e hizo lo indecible por  proteger a los nativos de los abusos. Se llegó al extremo de retirar a un grupo de pascuenses a Tahiti  para salvarlos de las manos del concesionario francés M. Dutrou Bornier que los esclavizaba. Se desató así una verdadera contienda entre los misioneros y el concesionario.  Existe abundante información en los archivos de la Orden en Roma sobre esta admirable y sacrificada labor  de protección   de los pascuenses, labor de la que poco o nada se habla hoy, cuando la crítica a las Misiones y misioneros, está a la orden del día.

Consulta obligada sobres este tema  es por cierto  la obra del sacerdote capuchino alemán Sebastián  Englert (1888-1969)  "La Tierra de Hotu Matúa", [original 1948] que  fuera durante  más de 30 años misionero católico en la Isla. Es, lejos,  el trabajo más documentado y serio que se conoce sobre esta Isla y sus habitantes. Englert, llegado a la isla en 1935 después de trabajar con los mapuches del sur de Chile, llegó a dominar  tan a fondo la lengua pascuense que escribió un  diccionario de la misma (1938), y sus escritos  han  impresionado a los científicos por su  profundidad  y su riqueza de información. En 1955 fue consultor obligado de la expedición científica a la isla liderada por el noruego Thor Heyerdhal.

Otras referencias de W. Bollaert  sobre  Isla de Pascua.

Espigando entre sus escritos, hemos hallado  un par de referencias más, que atañen directamente a la Isla. La primera, dice relación con su poblamiento, y la segunda, hace referencia a sus principales monumentos, los Moais. He aquí los textos:

"Velasco [se trata del jesuíta Juan de Velasco] , the historian of Quito, and other writers of his time as well as some moderns, have supposed that Peru was peopled from the west, making Easter Island a stepping-stone [3]. This  is another fanciful idea, and the examination of the now delapidated stone (volcanic) idols of that island (no the work of the present race), will help but little this conjecture (1860: 23-24).

Traducción nuestra: "[el Padre Juan de] Velasco [S.J.] el historiador de Quito, y otros escritores  de su tiempo,  así como algunos otros modernos, han supuesto que Perú fue poblado desde el  occidente, poniendo  a Isla de  Pascua como un  escalón [intermedio de paso].  Esta es otra idea fantasiosa y el examen de los ídolos de piedra de la isla , hoy destruidos, (y que no son obra de la raza actual), poco ayudarían a sostener dicha conjetura". (1860: 23-24).

(Note 3 (de la cita anterior): El jesuita Juan de Velasco (1727-1792) fue autor de la obra "Historia del Reino de Quito en la América meridional", publicada en 1789).

El texto inglés de la segunda referencia a la isla, es éste:

"Eastern Island, 27º 05` S [and]  109º 46´ W.,  1500  miles from the nearest western island and 2000 from the coast of Peru. The people tatoo and paint. There are three platforms of stone work, in ruins, on each stood four statues, one fifteen feet high, first seen by Davis in 1686. Population said to be 6000 to 7000. These people pierced, but unlike the Peruvian orejon (sic!), some of the Mongols have their ears pierced and enlarged. [Jacob] Roggeveen  [escrito Rogweggen], 1722, in Dalrymple´s  Voyage, mentions the worship of the sun  in Eastern Island. One man there  with white pendants in his ears, white and round, size one´s fist, appeared to be a priest. See Delafield´s Origin of American Antiquities, 1839, Bradford, 429. Ellis Pol. Res. III, 325; IV, 101.(pg. 23).  (Adiciones en paréntesis cuadrados nuestros).

Nuestra traducción:

Isla de Pascua [situada a los] 27º 05` S   y  109º 46` W  a 1.500 millas  de la isla occidental más cercana,  y a 2.000 [millas] de la costa del Perú. Sus gentes se tatúan y  se pintan [el cuerpo]. Existen tres plataformas hechas de piedra, [hoy]  en ruinas,  y en cada una de ellas se alzaban cuatro estatuas, una de ellas de quince pies de altura, por primera vez  vistas por Davis en el año 1686.  Se dice que su población era  entre  6.000 y 7.000 [habitantes].  Esta gente se  agujereaba[las orejas]  pero a diferencia de los Orejones peruanos, algunos de los Mongoles usan sus orejas  horadadas y  agrandadas. Rogveggen  [sic por Roggeveen] en 1722 ( [cit. en] en el Viaje de Dalrymple), menciona [la existencia] del culto al sol en Isla de  Pascua; un hombre  que allí usaba  pendientes en sus orejas, muy blancos, blancos y redondos, del tamaño de un puño, parecía ser un sacerdote. (Vea El Origen de las Antigüedades Americanas de Delafield, 1839; Bradford, 429; Ellis, Pol. Res. III, 325; IV, 101". (Adiciones entre paréntesis cuadrados, nuestras).

Estas dos últimas referencias de Bollaert se encuentran insertas en una Nota de la pág. 23 (Note 3)  de su trabajo de  1860, seguramente su obra más conocida entre nosotros:   Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada, Ecuador, Peru and Chile, with Observations on the Pre-Incarial, Incarial and other Monuments of Peruvian Nations, London, Trübner and Co,  1860.

Comentario eco-antropológico.

1. Ya hemos señalado que Bollaert jamás pisó el suelo de Isla de Pascua. Sus referencias, en las notas precedentes, surgen, pues, necesariamente de sus lecturas y consultas. Ellas comprueban su gran interés por informarse detalladamente sobre el tema.

2.  William Bollaert, como  buen científico, quiere aclarar los términos de su  exposición ante la Sociedad de Antropología de Londres que habían sido casualmente tergiversados en la edición de la revista. 

3 . Da allí con precisión las coordenadas geográficas de isla de Pascua para entendimiento de los lectores del Journal. De donde deducimos que manejaba perfectamente bien los conocimientos geográficos de su época.

4.  Respecto a la teoría del poblamiento de América desde el oriente, a través del Pacífico (lo que hoy denominamos "contactos transpacíficos"), con escala en Isla de Pascua, Bollaert se manifiesta totalmente contrario y tilda a dicha hipótesis como "fantasiosa"  y sin base alguna.  El explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), sin embargo,  en su balsa Kon-Tiki construida de  totora (cañaveral) y madera de balsa por indígenas  peruanos del lago Titicaca,  logró  probar que desde el Perú (Callao) era posible viajar a la Oceanía, surcando todo el Pacífico. La Kon-Tiki arribó maltrecha, tras 101 días de viaje,  un 28 de Abril de l947,  a las islas Tuamotú. Con este homérico viaje,  se comprobó la posibilidad de efectuar viajes en balsas  desde América a Oceanía. Pero no al revés, como pretendiera el jesuíta Juan de  Velasco en la cita antes mencionada. El tema del poblamiento de América  a través del Pacífico  sur, es aún hoy tema de abierta  discusión  entre los científicos. Si Isla de Pascua fue abordada por inmigrantes polinésicos  hacia el siglo XII D.C. - como señalan hoy los arqueólogos- es perfectamente imaginable que lo fuese también la costa sudamericana, al igual que lo fue Hawaii en algún momento.  La arqueología del futuro nos develará, tal vez, algún día  este misterio. El tema intrigó poderosamente a Paul Rivet,   notable etnólogo francés,  quien  en su  bien conocida obra "Les origines de l`homme americain" (Gallimard, Paris, 1957) planteó la "teoría poliracial" del poblamiento de América: una de sus fuentes habría sido a  través del océano Pacífico en balsas, desde algunas islas de la Polinesia y Melanesia. Teoría que, después de la travesía de Heyerdahl, adquiere más y más fuerza.

5. Su frase: "el indio no es generalmente un individuo apto para el trabajo" nos resulta hoy  muy discutible y ciertamente no es aplicable al indígena de las culturas agrícolas sudamericanas. En el caso de los polinésicos, dotados de un clima ideal que favorece el rápido cultivo, la frase  resulta más comprensible, puesto que -tal como señalan algunos descriptores  de isla de Pascua-  el pascuense solía cultivar muy pocas especies de plantas y prefería dedicarse a la pesca y al marisqueo, tan abundante en su medio  costero. El isleño no fue precisamente un avezado agricultor como lo fuera el aymara o el quechua en el  Perú de su tiempo  y, además, disponía de escasas plantas alimenticias: el camote, el ñame y el taro, sus  únicos tubérculos comestibles antes de la introducción del maíz y el trigo y otras legumbres por los navegantes  europeos.  

6.  Bollaert parece horrorizarse ante el espectáculo del secuestro de los nativos de la isla, del que tiene noticias frescas, pues dichas correrías de naves peruanas por el Pacífico para procurarse esclavos para las Guaneras, ocurren exactamente durante su permanencia en el sur del Perú (Tarapacá). Titula el hecho de raptar y secuestrar indígenas para  esclavizarlos y llevarlos a las Guaneras como un "nefarious proceeding", un "procedimiento nefasto". Se apresura en señalar que tal tráfico humano había sido ya suspendido por reclamos de las autoridades europeas (Consulados de Francia e Inglaterra)  destacadas en Lima.y que habría durado afortunadamente muy poco tiempo (1860-62). Cabe preguntarse si las autoridades peruanas de su tiempo, al condenar el hecho, habrían castigado de alguna manera a los capitanes de  naves culpables. No lo sabemos. Probablemente, no hubo castigo alguno, a lo más, algunas  suaves "advertencias" a futuro.

7. Este negro capítulo del rapto de gran número de isleños, en pleno siglo XIX, para esclavizarlos y conducirlos a trabajos forzados en las guaneras peruanas de las islas Chincha, es uno de los más bochornosos y vergonzosos  incidentes en la historia de las relaciones entre  Oceanía y sus numerosas y dispersas  islas  del Pacífico y las potencias occidentales, incluidas las americanas.  Triste capítulo que esperamos no vuelva a repetirse -con tintes  y matices por cierto diferentes-  en el futuro de las relaciones entre Chile e Isla de Pascua. su "posesión"  insular. Máxime ahora cuando corren potentes "vientos de independencia" en la isla.



domingo, 23 de septiembre de 2018

La Isla de Pascua o Rapa Nui: artículo de archivo escrito hace casi 70 años.


En septiembre del año 1949 una prestigiosa revista de cultura argentina llamada "Histonium", publicó su número 124 (Año XI)  en Buenos Aires, dedicando el número casi en su totalidad a Chile y su historia cultural. Sentido homenaje rendido a nuestra nación con motivo de su Fiesta nacional.(18 de Septiembre). De este número, adquirido en 1985 por el suscrito en una "librería de viejos" en Santiago, quisiera rescatar y reproducir un artículo dedicado a Isla de Pascua, o Rapa Nui, nombre vernáculo con que sus habitantes la han conocido desde antaño. De esto hace ya casi 70 años.

Fig. 1.   portada de la Revista argentina "Histonium" de Septiembre 1949.

Fig. 2. Nómina de artículos presentados en este ejemplar de la Revista "Histonium" (Año XI Nº 124).

Quisiera este artículo ser un sentido homenaje a sus habitantes que hoy luchan denodadamente no solo por la conservación de su cultura ancestral, sino también por la protección de su medio ambiente insular. Alterado éste por un turismo sin control en los últimos decenios, el gobierno de Chile, actual ocupante de la isla desde el año 1888, fecha de su ocupación para Chile (¿anexión?) por el capitán Policarpo Toro, ha decidido a petición expresa de sus autoridades pascuenses, controlar el número y flujo tanto de residentes permanentes como de turistas y visitantes. El exceso de turistas había ya desbordado el frágil ecosistema pascuense, amenazando su supervivencia. Medida harto necesaria y urgente en un pequeñísimo ecosistema insular, extraordinariamente sensible, cuya flora y fauna endémica y suelos han sido sometidos a un estrés indebido y a un  turismo masivo no siempre respetuoso de sus venerandos tesoros arqueológicos. En el Parlamento chileno acaba de ser presentada una ley de la República que cambiará el nombre de Isla de Pascua (Eastern Island, para los ingleses) por el de Rapa Nui, venerable nombre autóctono. Se espera su aprobación. 

Este artículo, escrito en 1949 por un "géografo anónimo" (como se señala), nos permite formarnos una idea cabal del  conocimiento que, por esas fechas, se tenía de la isla, su cultura y sus habitantes. ¿Quién fue su autor?. No se dice en el texto. La certera caracterización geográfica de la isla y su historia geológica apunta -lo sospechamos-  a un conocido geógrafo contemporáneo, don  Humberto Fuenzalida Villegas  (fallecido en 1966), quien en esa época (y ya desde el año 1947) se desempeñaba como Director del Museo de Historia Natural de Santiago. Su estilo conciso y sus precisiones geográficas y geológicas, nos lo sugieren como autor de este artículo. ¿Por qué no quiso dar a conocer su nombre?. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la revista, tal como ella  lo señala expresamente, buscó entre los expertos e investigadores chilenos de la época a los mejores exponentes  para  mostrar los diversos aspectos de la historia y cultura chilenas. En dicha época, en el rubro de la geografía de Chile, había al parecer dos nombres accesibles entre los grandes: el de don Carlos Keller y el de Humberto Fuenzalida V.  El primero, ya estaba en el listado de autores. Por tal razón,  nos inclinamos a pensar  que el autor de este artículo fue don Humberto Fuenzalida Villegas.

El artículo  hace una concisa descripción geográfica de la isla, y en el aspecto cultural de la isla,  intenta darnos luces sobre  el oscuro y controvertido significado y sentido  de sus famosas tablillas de madera inscritas, conocidas en su lengua como Kohau  rongo rongo  ("gran mensaje en madera"). Entre los muchos intentos por descifrar el significado de los glifos de dichas tablillas, el autor  parecería adherir a la reciente teoría  del  húngaro Vilmos (Guillaume de) Hevesy  (publicación de 1932) quien afirmaba que sus símbolos o glifos mostraban una gran semejanza con la escritura jeroglífica de la civilización de Mohenjo-daro (Valle del río Indo,  Harappa, Punjab),  del segundo milenio antes de Cristo. En consecuencia, estos glifos serían para dicho autor una forma primitiva de escritura y estarían relacionados con esta antigua cultura de la India. Esta teoría, expresada en el año  1932 tuvo en su tiempo muchas seguidores. Actualmente, se la considera totalmente descartada principalmente por la  inmensa distancia cronológica que separa ambas culturas: más de 2.200 años. En efecto, Mohenjo-daro data  del segundo milenio antes de Cristo mientras que los inicios de la cultura pascuense se han establecido hoy, con bastante seguridad, merced a las pruebas por C14, hacia el año 1200 D.C. En ningún caso antes. Además, la enorme distancia geográfica de ambas culturas hace muy difícil por no decir imposible su contacto por mar en aquella tan temprana época. No existe hoy -al menos todavía-  el menor indicio de una propagación  de las culturas de la India hacia las islas del Pacífico. Era, por consiguiente, obvio que el autor del artículo que presentamos  adhiriera a esta hipótesis, por entonces en boga.

  Las hipótesis emitidas por diversos investigadores sobre el sentido y contenido de los glifos de las tablillas Rongo rongo han sido muy variadas: desde un instrumento de navegación para guiarse por las estrellas, hasta una  expresión de ritos de iniciación sexual para jovencitas pascuenses.  Más de 25 expertos internacionales, entre lingüistas, etnógrafos e ingenieros, han tratado de descifrar su contenido, pero sin el menor  éxito hasta el presente. Tarea aún pendiente par los investigadores del futuro. Se sospecha, en todo caso, que  más bien se trataría de una colección de  apuntes, conceptos o ideas, a manera de un ayuda-memoria, para  permitir y apoyar su recitación en ciertas ceremonias familiares. Una especie de qhipu  pascuense, formado por símbolos inscritos en la madera en vez de nudos y colores. Pero no una escritura propiamente tal. Mucho menos de una escritura alfabética. Al no existir en nuestro caso una "Piedra Rosetta" que permitiera cotejar un relato hecho en varias lenguas, desprendiendo, por comparación, el significado de la lengua desconocida,  no nos queda más remedio que seguir investigando.

Sabemos por el temprano relato del misionero católico Eugène  Eyraud,  de la Orden de los Sagrados Corazones (SSCC), que  estas tablillas se hallaban presentes en todas las casas de los pascuenses, en la época de su llegada a la isla (en carta a su obispo fechada en diciembre de 1864).  Siendo esto así, debemos suponer que ellas eran algo muy importante para sus habitantes y, además, de obligado uso común. Absurdo sería suponer que eran meros objetos de decoración o adorno en sus viviendas Sin duda alguna, tenían para ellos una función práctica, tal vez ritual ¿Cuál?  No lo sabemos hoy.  Si hemos de creer a Eyraud no eran, por lo tanto,  objetos tan solo poseídos y empleados en sus rituales por  los sabios o shamanes de la tribu. Todas las familias las poseían. ¿Cómo  pudo entonces llegar a perderse totalmente entre los habitantes de Rapa Nui el recuerdo de su verdadero sentido y significado? Hasta hoy es éste un enigma no resuelto y, al parecer, de muy difícil solución.

 Algunos atribuyen el hecho, con bastante razón, al despiadado secuestro y rapto de numerosos habitantes efectuado por barcos peruanos entre 1860-1963, período durante el cual varios centenares de nativos fueron conducidos a la fuerza, en calidad de esclavos, a trabajar en las explotaciones del guano en la Islas Chinchas en la costa peruana frente a Lima. Tal vez entre éstos se hallaban los expertos en su interpretación  De éstos deportados,  gracias a las reclamaciones de  Gran Bretaña y Francia, a través de sus cónsules en Lima,  unos pocos sobrevivientes, apenas alrededor de una docena, lograron ser repatriados de regreso, infectando con ello, casualmente, a los habitantes de la isla de la fiebre amarilla que habían contraído, sin saberlo,  en el continente americano. El resultado fue una verdadera catástrofe demográfica. La población de la isla  descendió así a sus  niveles mínimos. Se calcula que más de 1.000 isleños, la mayor parte  varones, habrían sido así secuestrados para ser empleados como esclavos. En 1877 de la primitiva población insular que los antropólogos calculan estimativamente en unas 3.000-3.500 personas, se contaban apenas 111 isleños. No pocos habían sido llevados por los misioneros católicos a Tahiti, para sustraerlos a la crueldad del francés Dutrou  Bornier quien tenía el derecho de explotación de la isla  por concesión del gobierno chileno. Para ello, la había poblado de ganado vacuno y lanar. Otros (no menos de 150 isleños) habían sido llevados antes de 1870 a las islas Gambier por el señor  Brander en calidad de obreros para sus plantaciones de azúcar, tal como lo señala Stephen Chauvet en su obra "Isla de Pascua" editada en 1945.

Del secuestro de gran número de naturales de Rapa Nui en repetidas expediciones por flotillas de barcos peruanos en la década del sesenta del siglo XIX, da cuenta el investigador inglés y químico industrial William Bollaert, en una breve pero casi desconocida referencia publicada en la revista científica "Anthropological Review" de Londres con el nombre de "Remarks on the kidnapping  of Natives of Eastern Island". Este cita contemporánea constituye una prueba irrefutable de tal tráfico horrendo, y procede de la pluma de  un personaje confiable que vivió largos años en el sur peruano y escribió numerosos trabajos de índole química, histórica y antropológica sobre el sur del Perú de entonces, especialmente sobre la provincia de  Tarapacá. Lo daremos a conocer, Dios mediante,  en los próximos días en otro capítulo de nuestro Blog.

 Bollaert fue un colaborador asiduo de varias revistas científicas inglesas de la época,  en las que iba dando cuenta de sus investigaciones y hallazgos. A él más que a nadie en el Perú de entonces, debemos numerosas contribuciones científicas de gran calidad, tanto en el rubro  industrial del  salitre, del boro y de la plata como  en el campo antropológico. Posteriormente, varios otros autores han dado cuenta pormenorizada del hecho, como Stephen Chauvet en su obra "La Isla de Pascua y sus misterios" (1ª edición castellana 1945, Imprenta Zig-zag, Santiago de Chile). Por su antigüedad,  merecen sin embargo destacarse especialmente aquí los artículos sobre Isla de Pascua, recopilados por Ignacio L. Silva A. (Editor), en su obra "Isla de Pascua" (Santiago de Chile, Imprenta Litografía y Encuadernación Barcelona, 1903: 161 páginas). Contiene esta obra los Informes de Ignacio L. Gana, Julien Viaud (Pierre Lotti) y J. R. Ballesteros,  quienes visitaron  en su momento la isla y se documentaron in situ  al respecto.

Damos a conocer, en los párrafos que siguen,  el mentado artículo sobre Isla de Pascua en septiembre de 1949  en su versión original fotostática.

Texto del artículo de  1949.
Fig. 3.  Primera pagina.

                                         
Fig. 4. Segunda página.  Vista de una de las tablillas Rongo rongo. Esculturas de Moais enterradas en las laderas del cráter del volcán Rano Raraku. Gran parte de las estatuas  aquí mostradas  yace  enterrada bajo tierra.

Fig. 4. Tercera página.  Comparación de los glifos de las tablillas Rongo rongo con caracteres de la escritura de Mohenjo-daro (según la teoría del investigador húngaro  Vilmos de Hevesy). En la imagen que sigue  (Fig. 5), se  muestra la parte final del artículo cuya página no se pudo fotocopiar en una sola imagen. Por tanto, su texto es continuación de las columnas de esta  Fig. 4.

      Fig. 5. Sección  final del artículo de la revista Histonium.

Colofón.

Este pequeño trabajo nuestro está dedicado con especial afecto al pueblo  rapanui  en la persona de  nuestro conocido y amigo, el sabio Alberto Hotus Chávez,  con quien departíamos a fines de la década del ochenta para intentar formar el partido político PTI -Partido de la Tierra e Identidad- que imaginábamos podría aglutinar un día a todos los grupos indígenas de Chile. A él,  que está por cumplir sus noventa años de edad (nacido en 1929) nuestro respeto, nuestro aprecio y nuestra gratitud por sus sabias enseñanzas. Pedimos con fe al Altísimo que las generaciones jóvenes de la isla aprendan a valorizar su herencia y su legado así como sus legítimas aspiraciones en pro de la prosperidad futura y progreso del pueblo Rapa Nui. 

Comentario antropológico.

1. Si bien este artículo  no contiene elementos  nuevos, desconocidos de la cultura Rapa Nui, resulta de interés para apreciar qué aspectos de la cultura de su  historia  eran los favoritos  a mediados del siglo XX, hace casi setenta años. 

2. El artículo constituye una buena síntesis de lo que por entonces se conocía de la historia cultural de la isla de Pascua. 

3. Hoy, este trabajo nos parecería algo pobre, dada la gran cantidad de información posterior  que ha surgido de los descubrimientos arqueológicos y bio-antropológicos realizados en la isla.

4. Es muy lamentable que de las 15 tablillas originales Rongo rongo que existen en diversos museos de mundo, máxime en Europa, ninguna se halle hoy en la isla. Al menos, debería exigirse a los países que orgullosamente hoy las exhiben  en sus museos, que  entreguen a la isla una copia fidedigna de sus tablillas y reimiros. Para los habitantes pascuenses representan un tesoro incalculable  tan venerable como las propias esculturas de sus Moais en piedra.

5. Es de esperar que futuras indagaciones de carácter lingüístico y antropológico arrojen luces sobre el verdadero contenido de las tablillas Rongo rongo que eran conservadas en todas las  viviendas rapanui. 

6.  Si sus sabios llamados Tangata manu en idioma rapanui, al parecer desaparecieron en la  época del  despojo por parte de las naves peruanas que los condujeron a las guaneras de las Islas Chincha,(entre  1860-63), existe la posibilidad de que en éstas o en las haciendas azucareras  de los valles cercanos a Lima  haya quedado algún indicio  de la cultura Rapa Nui que ellos portaban con tanto orgullo. 

7.  Ojalá se realice nuevos estudios históricos de esta penosa y dolorosa deportación masiva de isleños a las guaneras peruanas en la década del 1860, tema que, al parecer,  ha quedado lamentablemente en la penumbra.  A la hermana república del Perú cabe la responsabilidad de  hacer un día un vigoroso  "mea culpa" por este brutal y vergonzoso crimen de sus compatriotas de antaño. 

7. Por último felicitamos sinceramente a las autoridades tanto chilenas como isleñas por la iniciativa actual de controlar y restringir el poblamiento de la isla, y, en particular,  aquellas medidas tendientes a proteger la propiedad de la isla  que históricamente pertenece solamente a sus habitantes ancestrales: los Rapa Nui. Según la constante tradición pascuense, la isla jamás fue vendida u obsequiada al gobierno de Chile a quien solo se pidió su protección.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Un documento prácticamente desconocido sobre la provincia de Atacama: Descripción de don Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y Abet (1801).

El breve documento que aquí presentamos a nuestros lectores en su versión original,  fue publicado en "El Telégrafo Mercantil"  (Buenos Aires),   tomo 2, 1801, Nº 32:  253-255 y es una de las últimas publicaciones o descripciones que conocemos de la región de Atacama en las postrimerías de la época colonial.  La independencia americana estaba ad portas, pues los países latinoamericanos declararán, de hecho,  su  independencia entre los años  1809 y 1821 (en su inmensa mayoría). La prisión del legítimo rey español Fernando VII por obra de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte en España,  acelerará el proceso independentista.  La presente entrega de esta rara fuente, creemos puede ser de especial interés para antropólogos, sociólogos, historiadores y geógrafos, tanto chilenos como bolivianos y peruanos, por cuanto aporta  algunos antecedentes  sobre esa región, en una época de la que tenemos escasos testimonios. 

No hemos podido hallar hasta ahora antecedentes fidedignos sobre su autor, don Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y Abet, por lo que no sabemos  cuál era, exactamente,  el grado de conocimiento que poseía de la zona que describe.  El buscador Google,  hoy fuente casi inagotable de conocimientos en la red, nada nos informa sobre este personaje.  La descripción misma, tampoco aporta mayores indicios al respecto. Parece, sin embargo, probable que se tratara de alguna autoridad administrativa  española puesta por la Corona en dicha zona marginal de América. 

Nosotros mismos nos  hemos referido a este documento hace ya años, con ocasión del Primer Simposio sobre patrimonio Cultural de El Loa (3-5 Octubre 1986) en un trabajo intitulado: "La Provincia de Atacama según  don Pedro Ignacio Ortiz de Escobar y Abet", pero  las posibilidades técnicas de aquel entonces no nos permitían dar a conocer el documento original. Lo que con gusto hacemos hoy, en beneficio de nuestros lectores. (Cfr. Horacio Larrain y Eric Ross, Primer Simposio sobre Patrimonio Cultural de El Loa,  Calama, 1986).  Este trabajo fue publicado en la revista Hombre y Desierto, una Perspectiva Cultural, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad de Antofagasta, Antofagasta Nº 1: 99-108.  

Daremos pues a conocer hoy el texto original, en fotocopia perfectamente legible introduciendo,  en lápiz grafito, algunos notas  nuestras al texto, que no figuran  por cierto en el original. Estas notas nos permitirán profundizar, desde un ángulo eco-antropológico,  en varios de los temas tratados por su autor.

Texto del artículo:

 Fig. 1. Página 253 del artículo.

 
Fig. 2.    Página  253 del artículo.

Fig. 3,  Página 255, y final del artículo original.



Nuestras Notas (indicadas en el texto en lápiz grafito)  y Comentario  eco-antropológico:

(1).  Breve y pobrísima referencia a la escasez de población  en la región atacameña.  En el año 1791,  apenas 10 años antes,  don Pedro Vicente Cañete  y Domínguez,  Gobernador interino de la Villa de Potosí,  había publicado un extensa y riquísima descripción de la Provincia de Atacama en su obra:  Guía Histórica, Física, Política, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de Potosí, (Talleres de la Editorial "Potosí", Potosí, Bolivia).  Allí  señala, para la zona de San Pedro de Atacama    ("Atacama la Alta") una población de 2.936 personas ("de la casta de indios de todo sexo y edades").
En nuestra presentación del texto completo dedicado a la descripción del  Partido de Atacama, del citado autor don Pedro Vicente Cañete y Domínguez, publicado en la revista "Norte Grande", (Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, Vol. 1, Nº 2, 1974:  243-251),   hemos agregado (en Nota Nº 10), una  indicación nuestra en la que  estimamos, para esas fechas, una población total de  3.657 habitantes indígenas, incluyendo la población del Curato de Atacama la Baja (Chiuchíu y pueblos situados al Norte del río Loa).

(2)  El autor señala la existencia de dos Curatos de Indios:  el de Atacama [hoy San Pedro de Atacama]  y Chiuchíu,  y numerosos pueblecitos  en los que hay  capillas  (que denomina "Anexos)", con  "tales cuales  anexos  o poblacioncitas".  No señala sus nombres, los  que conocemos bien  por documentos anteriores.  La población vive en su mayor parte dispersa en  los ayllos agrícolas, diseminados por la campiña, al pie  de  los arroyos.

(3)  Materia obligada en la gran mayoría de las descripciones coloniales es la presencia de metales  y/o piedras preciosas o diamantes.  También Cañete y Domínguez (en su obra de 1791) se refiere a este rubro de la economía regional, a la que se atribuía enorme importancia en la  época. Se alude aquí a la existencia de ricos veneros de jaspe [¿mármoles?] hermosamente coloreados, de los que se fabricaron  piedras de ara para los altares de iglesias. Cañete alude, igualmente,  a estas aras presentes por entonces en  altares de iglesias coloniales.

(4)  Ambos,  Ortiz de Escobar y Abet y Vicente Cañete y Domínguez se  refieren a la presencia de diamantes en la zona, repitiendo el aserto del gran experto  metalúrgico colonial, Alonso Barba, la máxima autoridad de la época en la materia.  Esta repetición de venerables opiniones ajenas, es muy propia de la época del  "magister dixit",  dictamen indiscutido basado no en la experiencia directa o experimentación,  sino en la autoridad de un  personaje. Alvaro Alonso Barba era en la época colonial en metalurgia y materias afines, lo que Aristóteles o Platón eran para Filosofía. Fue autor de la célebre obra:  Arte de los metales en que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata por azogue...., compuesto por el Licenciado Alvaro Alonso Barba, cura en la [ciudad] imperial de Potosí, 1637. Obra reimpresa  por el Real Tribunal de Minería, Lima, 1817. Ahora bien,  jamás se ha constatado la presencia de diamantes en Chile.

(5)  Alcaparrosa. También llamado "caparrosa",  según el Diccionario de la Real Academia Española,  designa a las diversas formas en que se presentan los sulfatos de cobre, hierro o zinc, y muestra hermosas  coloraciones desde amarillo a verdoso. Este elemento fue muy utilizado durante la Colonia en tintorería,  para teñir telas de colores diversos.  El término viene del francés (caperouse)  pero se desconoce su procedencia  anterior.

(6)  Reflexión muy interesante sobre el idioma de los pobladores de Atacama. Es descrito como "muy distinto de  los demás del Perú".  Bien conocidos eran en el Perú el Quechua y el Aymara, lenguas dominantes entonces en el mundo indígena. Como es sabido, esta lengua propia de Atacama se encuentra  hoy extinguida por completo, conservándose solo algunas escasas voces o expresiones. en el habla actual de la zona. Afortunadamente, nos alcanzó a dejar valiosas noticias de ella el cura párroco francés de San Pedro de Atacama don Emilio Vaïsse, en su notable obra:  "Glosario de la Lengua Atacameña",  publicada por primera vez en los Anales de la Universidad (de Chile), tomo XCI, 1895 (Julio a Diciembre), Imprenta Cervantes, Santiago de Chile. Hay un par de ediciones posteriores. Esta lengua, según los lingüistas actuales, no tendría parentesco alguno con sus vecinas  geográficas (el quechua, aymara, chipaya o uru), y  ha sido adscrita a una familia lingüística totalmente diferente, de raíces, al parecer, muy primitivas. También la antropóloga austríaca Grete Mostny, en su valioso estudio sobre los atacameños titulado: Peine un pueblo atacameño  trae un valioso acápite sobre la lengua kunsa, lengua extraña que escucha hablar en el poblado atacameño de Peine en su visita del año  1948  y que reconoce como diferente del quechua y del aymara (Cfr. G. Mostny, Peine, un pueblo atacameño, Publicación Nº 4 del Instituto de Geografía, Facultad de Filosofía, Universidad de Chile, Santiago, 1954, 170 p.). Numerosos aportes sobre la lengua kunsa de los atacameños se deben a la pluma del profesor Roberto Lehnert Santander, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad de Antofagasta, recientemente fallecido (13-03-2018).
(7)  La latitud exacta del puerto de Cobija es  22º 28´ 00´´ S  y  70º 16´ 00´´ W.  Desde antiguo, Cobija era un surgidero de naves  en esta  la franja marítima desértica de la república del Perú, y como lo señala el mismo texto, era un posible aunque difícil  lugar de ingreso al Perú. No se habla aquí todavía de Bolivia (que a la fecha no existía), sino del Perú. Posteriormente, por deseo expreso del mariscal Bolívar  y su lugarteniente  el mariscal Sucre, el marino Francis O´Connor, sugirió crear aquí el  único  puerto para la naciente república de Bolivia en el Pacífico. Este puerto, con el nombre de Lamar, estuvo en la práctica en poder de Bolivia hasta la Guerra del Pacífico (1879) cuando las tropas chilenas lo tomaron, junto con la naciente ciudad de Antofagasta, en febrero de ese  mismo año.  Por el tenor de esta cita y muchas otras de viajeros tempranos, sabemos que el lugar era ya muy frecuentado desde antiguo por los barcos veleros pues desde allí partía, siguiendo el sinuoso trazado del río Loa,  un accidentado camino de carretas hacia Calama y el altiplano de Bolivia (Lipes).  Por aquí, pues, se desembarcaba hacia e interior toda clase de mercaderías y provisiones en un durísimo viaje por tierra  de varios días de duración.

 Muy recientemente, el historiador chileno Pablo Lacoste (2015)  ha planteado  la sorprendente y novedosa tesis de que, de acuerdo al utipossidetis iuris del año 1810, ni Bolivia  ni Chile, tenían propiamente derechos a territorios colindantes con el océano Pacífico en la comarca de Atacama. Jurídicamente, señala este autor, dichos territorios hasta el poblado del Paposo, pertenecían claramente al Perú. El argumento basado en  variada cartografía  de la época y los límites que ésta fija y establece, no resultaría aquí válido, pues los cartógrafos no pueden oponerse ni contradecir perentorias ordenanzas reales vigentes.  Queda allí expresado por el respectivo cartógrafo tan solo su propio criterio, no el de la autoridad real. Esto es especialmente válido para los famosos planos de Andrés Baleato (1793) o Juan de la Cruz Cano y Olmedilla (1775), invocados por las partes hoy en conflicto (Bolivia o Chile). Por tanto, tanto Bolivia como después Chile, aparecen como usurpadores y ocupantes de territorio ajeno (peruano). No fue, pues,  el derecho, sino la voluntad explícita de los padres de la patria, los mariscales  Bolívar y Sucre, la  que exigió y forzó la  apertura de la república de Bolivia hacia el Pacífico, a través del puerto de Cobija, la que, jurídicamente, no tenía asidero alguno. Extrañamente, el Perú -que sepamos- nunca se opuso, ni entonces ni después,  ni planteó este argumento  jurídico en una zona que aparecía a los ojos de  los tratadistas  comodesierta, inútil  y sin recursos. Estos próceres, Bolívar y Sucre,  deseosos de  otorgar una ágil apertura comercial en el Pacífico a la naciente Bolivia, en consecuencia, habrían actuado  en los inicios de la rebelión general contra España, contra la voluntad  del rey, expresada claramente en el uti possidetis iuris de 1810. (Cfr. artículo titulado: "El enclaustramiento de Bolivia y visión del otro: nueva mirada  a la guerra del Pacífico"Revista Cuadernos de Historia (Santiago), Nº 43, diciembre 2015.  No es de nuestra incumbencia  profundizar más aquí sobre el actual problema de límites entre Chile y Bolivia y sus reclamaciones de acceso al mar con soberanía. Dejamos el tema en manos de los expertos.

(8)  Describe  la población de Cobija  en dicha época como compuesta " de tales quales ranchos de indios", es decir  unos pocos ranchos de indígenas changos, junto a la playa.  Sabemos bien cómo eran dichos ranchos: construidos sobre costillas de lobos marinos y cubiertos por pieles de estos mismos mamíferos.  También sabemos, por el testimonio explícito de don Vicente Cañete y Domínguez, (obra citada más arriba)  que esta población era muy variable. esto es, crecía o disminuía según  se diera la presencia de los pescadores, los que con frecuencia desaparecían con sus familias  por días o semanas para dedicarse a la pesca en la costa aledaña. Cañete y Domínguez describe así, en nota a su texto,  este curioso tipo de transhumancia costera o movilidad  local: "Fresier (Folio 130) testifica de cincuenta casas,  pero estas son unas veces más y otras menos,  porque como todos son pescadores se llevan en las canoas los cueros de que forman sus cabañas sobre costillas de ballena,  y entonces se minora el número, y crece cundo se juntan en el puerto. No hay más casas formales que las del Corregidor, Cura, Gobernador indio, dos bodegas y dos casas de españoles" (cit. en  nuestro trabajo sobre  la descripción del puerto de Santa Magdalena de Cobija  por Vicente Cañete y Domínguez, Revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol, Nº 1, :87).  Al llevarse consigo en sus balsas la techumbre de sus ranchos (los cueros de lobos marinos), solo quedaría a la vista  la base de piedras en círculo y la armazón de costillas de ballena, sobre las que se asentaba el techo de sus rústicas y precarias habitaciones. Al regresar  con su pesca, reimplantaban los cueros  en sus bases primitivas.  Seguramente, se respetaba por los demás pescadores  el sitio de la vivienda de cada familia, durante su ausencia.

(9) La distancia medida en leguas españolas, es muy imprecisa.   Por motivos prácticos, hemos  optado por asignar  la medida de  6 km por legua.  Pero las leguas medían más o menos, según fuera la estructura  (escarpada, llana, empedrada o  sinuosa )  del camino recorrido. El autor señala  para la zona altiplánica (la cordillera frígida), la presencia de algunas estancias de pastoreo de auquénidos domésticos, conocidos entonces como "carneros de la tierra". No se distingue en esta denominación, las llamas de las alpacas, especies diferentes, aunque emparentadas genéticamente.

(10).  El dato aquí aportado es interesante, pues  señala la  extensión geográfica  de la zona de pesca por parte de los pescadores conocidos como "changos". No se les nombra  aquí, sin embargo, por este nombre. Según el autor, se realizaba esta faena de pesca y secado de pescado entre Cobija (este puerto) y  las inmediaciones de Copiapó  [Caldera], incluyendo la hacienda del Paposo. Se indica que esta última zona es la más despoblada de la costa. En efecto, esta extensa zona costera entre Paposo y Copiapó [Caldera], esto es, aproximadamente unos 200 km. de costa,  carecía prácticamente de población autóctona estable en ese tiempo. No se nombra en este texto la especies marinas cazadas para fabricar el "charquecillo",  o charqui seco de pescado, pero sabemos por numerosas fuentes  que se trataba prioritariamente del congrio (género Genypterus spp.), pez del que existían (y existen aún)  tres especies. Sabemos por otras fuentes que  había dos tipos de charquecillo;  el seco y el ahumado. Tenía la particularidad este charqui seco, rico en proteínas y vitaminas,  que podía mantenerse por meses sin descomponerse ni alterarse. Por lo cual constituía un alimento ("mantenimiento") duradero, particularmente solicitado sobre todo en las regiones altiplánicas.

(11)  El charquecillo ( descrito aquí  como mejor alimento y más sabroso que el bacalao europeo)  era  llevado en mulas o carretas a muchas ciudades del interior de Bolivia. Se nombra aquí específicamente los centros poblados de  Potosí (gran centro minero de  producción de plata), ciudad de La Plata [Chuquisaca]  y Cochabamba.

(12) Se indica con precisión el número de "jornadas" (días de caminata)  entre San Pedro de Atacama, nombrado "Atacama", y Copiapó. Y de esta ciudad se dice que ya pertenece al Reino de Chile.  Son 18 jornadas de camino, es decir 18 días de penoso viaje por tierra, en cabalgadura, sin detenerse. La distancia entre dos paradas en el camino era en extremo variable, y dependía absolutamente de la existencia de  postas o tambos (entre 4 y 20 leguas) y, en lo posible, de lugares provistos de   agua. La ruta seguida  desde San Pedro de Atacama al sur -aunque aquí no se diga- era con certeza  el  antiguo Camino del Inca cuyos tambos,  por esas fechas, probablemente aún eran atendidos y cuidados por los pueblos cercanos, conforme al mandato antiguo del Inca y las ordenanzas recientes de los gobernadores españoles. Los tambos y postas  presentes en este camino incaico  fueron reportados, estudiados y dibujados con precisión por la expedición del arqueólogo e ingeniero Hans Niemeyer Fernández y sus compañeros de ruta, hecha en la década del 80 del pasado siglo (Cfr. Hans Niemeyer y Mario Rivera: "El camino del  Inca en el Despoblado de Atacama",  Boletín de Prehistoria de Chile, Nº 9,  1983, Universidad de Chile,Santiago). 

(12) El trayecto por el despoblado hacia el sur, desde el pueblo de Atacama, se señala como aquí particularmente duro, "por la falta de agua". Efectivamente,  salvo  en  contados lugares donde  los viajeros hallan minúsculos riachuelos o pozos (puquios),  este trayecto entre Atacama y Copiapó coincide con la "zona de desierto absoluto", la comarca más árida del desierto de Atacama  (y la más árida del mundo según el geógrafo alemán Wolfgang Weischet). El viaje se realiza muy cerca de las estribaciones occidentales más bajas de la cordillera de los Andes, al pie de grandes volcanes (Llullaillaco), desde donde escurren  hacia el weste algunos escasos cursos de agua, a altitudes por sobre los  2.500 m de altura. Una de las mejores y más completas y detalladas descripciones de este terrible trayecto, es la que nos ofrece el cronista español Gerónimo de Bibar, en su Crónica y relación copiosa  de los Reinos de Chile, publicada en Sevilla en el año 1558, en los capítulos  10 a  12 de su obra. (Cfr.  Gerónimo de Bibar: Crónica y relación copiosa  y verdadera de los Reinos de Chile (1558), en  Biblioteca Ibero-Americana,  Edición de Leopoldo Sáez-Godoy,  Colloquium Verlag, Berlin,  1979: 23-28).

(13). Se indica que todo este trayecto, con excepción de algunos escasos  ranchos de indios,  es despoblado. Los escasos ranchos que topan, se hallan, precisamente, "en algunas aguadas".  Se aclara lo dicho  insistiendo en que algunas aguadas ni siquiera presentan presencia humana ("no en todas las aguadas...").

(4)  Termina la Descripción con el aserto general que "en la cordillera hay muchas vicuñas y guanacos".  Sabemos por otras fuentes, como el sacerdote Reginaldo de Lizárraga, que los indígenas, al transitar por este arduo camino entre Atacama y Copiapó, solían traer consigo  perros adiestrados para dar caza a los guanacos que topaban eventualmente en su trayecto Estos perros calzaban botines especiales, hechos de cuero, para proteger sus extremidades  de las piedras  del camino. Guanacos pueden ser avistados hasta hoy en la comarca aledaña al camino del Inca. No así vicuñas, cuyo habitat normal se encuentra por sobre los  3.000-3.500 m de altitud.

Observación final.

Aunque breve y sucinta, esta relación tardía de Atacama, de los inicios del siglo XIX, contiene información valiosa que el eco-antropólogo, interesado en la relación íntima entre cultura humana y medio ambiente, puede extraer y utilizar con mucho provecho. Es lo que hemos intentado hacer en estas notas  aclaratorias al texto original.

Con especial afecto al pueblo atacameño de hoy, los modernos Licanantay, herederos y amantes de la cultura tradicional, hemos querido dedicar este capítulo de nuestro blog,  al haber cumplido en estos días los 89 años de nuestra vida. Confiamos en que los atacameños de hoy, más ilustrados que sus antecesores, sabrán conjugar sabiamente su progreso con la conservación y protección de su rico y milenario acervo cultural. Es nuestro más íntimo anhelo.





miércoles, 28 de febrero de 2018

Materiales para una biografía de Juan van Kessel: un elocuente cuestionario.




En un capítulo anterior, hemos presentado  en texto e imágenes, la trayectoria humana y científica de Johannes van Kessel Brouwers, sacerdote católico y sociólogo, que se  dedicó durante 45 años  a investigar el mundo cultural aymara, especialmente en su vertiente nortina tarapaqueña,  procurando  penetrar y descubrir los rasgos predominantes de su identidad  cultural y de su bastante ignorada religiosidad. No es nuestra intención aquí trazar una biografía completa del autor, ni menos aún, investigar y profundizar  sobre sus notables aportes a la etnografía  y etnología comparada de los aymaras. Tarea que creemos incumbe a futuros investigadores de la antropología  cultural  y etnografía en Chile y en el área andina.


Fig. 1.  Johannes van Kessel en su actual residencia en Einhoven, Holanda (foto noviembre 2017).

Texto inédito de un cuestionario.

Hoy presentamos aquí  el texto inédito de un Cuestionario que en su oportunidad le planteé, en el año 2009, y cuya finalidad era profundizar en su recia personalidad de investigador y en las variadas circunstancias que rodearon su presencia  y actividad entre nosotros.  Resulta de particular interés  entrever cómo  ve y  juzga  su actuar el propio protagonista de esta historia. No es lo mismo atisbar el pensamiento de un autor a través de sus obras, que  escuchar, de su propios labios, su visión,  su propia percepción autocrítica de su misión personal. En este sentido, resulta en extremo interesante  observar  cómo juzga el propio autor su actuación personal en el plano de  la realidad que le tocó vivir.

El primer Cuestionario nuestro enviado al autor con fecha 16/03/2009, fue respondido por van Kessel con fecha 20/03/2009. Un segundo cuestionario,  mucho más breve, fue  enviado  el día  18/09/2017 y respondido el  20/09/2017. Casi 9 años transcurrieron entre uno y otro Cuestionario. El primer Cuestionario fue  respondido muy pocos días antes de su regreso definitivo a Holanda (2009), cuando él aún estaba muy dolido por su brusca "separación" del grupo de sacerdotes dedicados a la pastoral andina en Iquique, por parte de su obispo.  El segundo Cuestionario fue respondido  por van Kessel  desde la tranquilidad de su vida en Einhoven, Holanda (2017),  y nos  revela más bien  su profunda preocupación por el destino futuro de sus obras. Dada la gran extensión del presente capítulo, nos ha parecido conveniente presentar  y analizar el segundo Cuestionario,  mucho más  breve, en un próximo capítulo de este blog.  junto con un detallado análisis de la biblioteca especializada del IECTA, sita hoy en el valle de Azapa, Universidad de Tarapacá.

Al Cuestionario mismo y sus respectivas respuestas, agregaremos al final algunos comentarios nuestros, a modo de síntesis.  Hacemos notar que, con la autorización de su autor, hemos decidido  retocar levemente el texto original, escrito en un estilo duro, casi telegráfico, corrigiendo, además,  algunos pequeños errores gramaticales o de sintaxis. Pequeñas correcciones que creemos no alteran en absoluto el sentido original del texto.  

Fig. 2.  Aprendiendo de un yatiri el significado de cada uno de los elementos rituales usados  en una "mesa ritual" andina.

Primer Cuestionario de 28 preguntas. (planteado por H. Larrain el 18 de marzo del año 2009 y respondido por van Kessel  dos días después).  Las respuestas  de JvK  van en letra cursiva. 

Texto del Cuestionario 1:

a) Nombre completo en holandés, con dos apellidos.
Johannes J.M.M. van Kessel Brouwers

b) Lugar y fecha de nacimiento.
Nací en Eindhoven, Holanda,  el 01 de Julio, 1934.

c) ¿Cómo surgió tu vocación sacerdotal?.
Fue por mi orientación y sensibilidad frente a las deplorables condiciones sociales y religiosas de mucha  gente que vivía en lo que se llamaba “el Tercer Mundo”.

d) ¿Cómo surgió tu interés por venir a Chile?.
Mi primera intención fue ir a Indonesia, de misionero. Al ser esto imposible por las condiciones políticas de aquella época, pedí venir a Chile. Mi superior religioso me dio la oportunidad a atender, como vicario,  una parroquia popular chilena:  esto fue  en la ciudad de Tocopilla.

e) ¿Por qué decides estudiar sociología  en la Flacso  (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) :
Fue más específicamente “Sociología del desarrollo de América Latina”; era una época en que se creía en los sociólogos como los artífices y expertos del desarrollo.  Esto ocurrió después de mi experiencia como cura-obrero, trabajando en una pequeña fábrica de muebles en Tocopilla. Allí, pronto me vi involucrado en problemas sindicales. Surgen en ese momento protestas de un sector de los católicos tradicionalistas. Finalmente, perdí  el apoyo del Arzobispo  de Antofagasta y tuve que abandonar  el  “experimento”.

f) ¿Cómo surgió la idea de investigar sobre el mundo aymara?.
Fue gracias a una práctica de pastoral andina efectuada en los pueblos aymaras de Cultane y Lirima. Buscaba yo un tema adecuado para mi tesis de doctorado en FLACSO  que fuera en un terreno de investigación social accesible en ese momento (es decir, no vetado durante el régimen militar chileno) o,  más bien,  poco controlable por los militares. Y especialmente,  por un interés particular como práctica preferida, por constituir una área ignorada, despreciada y muy poco estudiada en Chile en las décadas de los ‘60 y los ’70.  Un terreno aún virgen.

g) En qué año te trasladaste al Norte de Chile y qué tipo de actividades desarrollaste allí durante los primeros años?.
Fue en el mes de Enero de 1964: cuando fui  nombrado vicario de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, en Tocopilla   (II Región e Chile).
Desde 1965, participé en  un trabajo organizativo de los Bailes Religiosos, constituyendo la "Federación de Bailes Religiosos" de La Tirana, en la ciudad de Iquique; mi función era acompañar a la Central de Bailes de Tocopilla.
Entre los años  1972 y 1975, en Antofagasta, realicé  docencia de Sociología en la Universidad  de Chile y en la Universidad del Norte.
Desde 1974, también trabajé como párroco de antiguas parroquias andinas (Sibaya,  Jaiña y Tarapacá).
Desde 1980 como co-fundador con Argimiro Aláez, del EPA (Equipo Pastoral Andino) en  la diócesis de Iquique.

h) ¿Cuál fue tu primer trabajo de investigación sobre  el mundo aymara?.
No recuerdo muy bien, pero creo fue un artículo en la Revista "Norte Grande", que publicaba el Instituto de Geografía de la Universidad Católica  (¿1974?).

i) ¿Cómo te vinculaste con la comunidad de pastores de Lirima?.
A solicitud de los pastores de  Lirima, fui a  “bautizar” (bendecir) el templo de Cultane, que se había quemado hacía poco por un rayo.  Fue inaugurado en la fiesta de la Candelaria, el 2 de febrero de 1972. Esta celebración de la Candelaria,  como patrona de muchas comunidades andinas, está relacionada con las apreciadas lluvias que suelen llegar por esos días. Para los pastores, ella es “la hermanita de la Pachamama” y el color de su ropa es verde, tal como se puede apreciar en los santuarios de Tarapacá. Ella es “la compañera” fiel de San Lorenzo: se acompañan mutuamente en sus respectivas procesiones: 2 de febrero y 10 de Agosto.
(Nota: San Lorenzo, mártir, va siempre vestido de rojo; sabemos que el sacrificio de la sangre – la wilancha - también  es un símbolo complementario muy fuerte y eficaz de la fertilidad).
 Tuvimos dicho año 1972 la “suerte” que, luego de varios años de intensa sequía, comenzó a llover en abundancia justo en la celebración de la fiesta. Por lo que todos los caminos de acceso estaban cortados. No pudiendo volver a Iquique, tuve que quedarme un mes entero en una estancia de los pastores de Lirima llamada Pucupucuni. Volví en Marzo a Iquique “cargado de apuntes de terreno”. Materiales totalmente desconocidos, y  volvíamos con mucho prestigio ganado por la lluvia que habíamos llamado con motivo de la consagración del templo de Cultane.

j) ¿Qué rol jugó  el arquitecto Carlos Contreras  en esta increíble historia?
En el mismo pueblo de Cultane, al año siguiente (2 febrero 1973), me acompañó Carlos Contreras, quien hizo el levantamiento de Cultane, vertido posteriormente en un artículo de la misma revista,  "Norte Grande".

k) ¿Cómo fue lo del nombramiento de párroco de Sibaya y y que obispo  te lo dió?
El obispo de Iquique José del Carmen Valle Gallardo me nombró párroco en 1974  y este nombramiento me sirvió de  credencial ante los controles militares de la época, con motivo de  mis visitas pastorales y de investigación a la Cordillera. Posteriormente, en 1992, me llegó también el nombramiento de cura párroco de  Tarapacá, por parte del obispo de la época, don Enrique Troncoso. Aquí  en Tarapacá era una feligresía bastante diferente,  de peregrinaciones  y de devotos del patrón del poblado,  San Lorenzo.

l) ¿Sentiste en algún momento algún grado de conflicto entre tu vocación religiosa y sacerdotal y tu vocación científico-académica?.
Todo lo contrario: mi labor sacerdotal me abría las puertas para lograr una mayor confianza de la gente,  tanto en la investigación de la cosmovisión, cultura y ética andinas, como también en las historias de rivalidades, pleitos, brujerías, y otros acontecimientos “reservados”. Por otra parte, el conocimiento más profundo sobre la religiosidad y la ritualidad andinas, me ayudó muchísimo para adecuar mi atención pastoral en las fiestas patronales, funerales y “costumbres” de las comunidades, hasta llegar a conformar un verdadera síntesis de "pastoral inculturada".

m) Viviendo normalmente todos los religiosos en comunidad, ¿cómo fue que se te permitió vivir solo en Iquique?.
 En mi Congregación de los Misioneros de la Sagrada Familia solían darse situaciones como la mía. 

¿Tuviste por ello problemas alguna vez con tu Congregación religiosa?
 En general, no. O tal vez sí, en parte, hacia comienzos del 2008, cuando mis superiores religiosos chilenos de la Congregación redefinieron los objetivos estratégicos de nuestro servicio pastoral y ajustaron su plan pastoral maestro, centrándolo ahora en las parroquias urbanas. Sin embargo, me dejaron en plena libertad para continuar en la pastoral en la  línea andina “inculturada”, y la labor académica y social relacionada  con  un “desarrollo andino con identidad”.

n)¿Cuántos años  fuiste profesor en la Universidad Libre de Amsterdam?.
Allí en mi patria ejercí la docencia de la sociología durante 16 años (1978-1994), por períodos anuales de cuatro meses. 

ñ) ¿Cuáles fueron los sociólogos de Iquique que ayudaste a  doctorarse o a realizar estudios en Holanda? 
Primero  apoyé en sus estudios  de la maestría, y posteriormente del doctorado a los jóvenes iquiqueños Bernardo Guerrero y  Juan Podestá. A Eduardo Pérez también, pero este último interrumpió por años el proceso luego  de obtener su maestría (1984), hasta retomar recientemente su trabajo de investigación para el doctorado.

m) Cómo surge la idea de crear el IECTA y qué año aproximadamente?.
Fue para dar continuidad  y apoyo a mis variadas actividades y preocupaciones; para coordinar la acción de gran número de colaboradores en los países  andinos y en Holanda; para asegurar el  enfoque integral y pan-andino de nuestras actividades pastorales, científicas y sociales (enfocadas hacia un desarrollo-con-identidad; desarrollo pan-andino). Igualmente, para conseguir la personería jurídica y la independencia de la organización, y para constituir así una base legal  para facilitar el acceso al apoyo económico de ONGs nacionales y europeas. Como también para conseguir y merecer el patrocinio institucional de la Iglesia, más concretamente,  del obispado de Iquique y las Congregaciones religiosas.

n) ¿Qué pensaron en tu Congregación sobre este Plan de crear el IECTA?   ¿Te apoyaron siempre o hubo reticencias o problemas con tus  autoridades religiosas?.
Me han apoyado sustancialmente, muy en particular la sección holandesa de mi Congregación, pero también la sección chilena. Aportaron la mayor parte del capital patrimonial inicial del IECTA. Mi congregación, desde sus inicios,  ha privilegiado la pastoral social en su misión, aunque a partir de  la “autonomía de la división chilena” (2002) y la conducción administrativa interna, se está acentuando últimamente una línea más su espiritualista.  Hace 16 años, mis superiores (holandeses y chilenos) acordaron  con la autoridad diocesana  de Iquique (entonces Mons. Enrique Troncoso) el apoyo y se comprometieron a dar el patrocinio institucional del IECTA,  in statu nascendi (1992).

o)  ¿Cuáles han sido, a tu juicio, los trabajos o libros tuyos que más hondamente  han interpretado tu pensamiento?. Me puedes nombrar unos 5 ó 6 de ellos?.
1. Holocausto al Progreso: los Aymaras de Tarapacá
2. Bailarines en el desierto.
3. Criar la vida; trabajo y tecnología en el mundo andino.
4. Los aymaras bajo el régimen militar de Pinochet (1973-1990)
5. Tecnología aymara; un enfoque cultural.
6. Cuando arde el tiempo sagrado.


p) ¿Qué obra queda por escribir o hacer en el futuro próximo? ¿Tienes planes de escribir otra gran obra de síntesis sobre el mundo aymara chileno?.
Quiero investigar sobre el culto popular a la Virgen en sus Santuarios (La Tirana, Ayquina, Las Peñas) y a los Santos Patronos de los pueblos (especialmente San Lorenzo, de Tarapacá). Tengo intención de hacer  un análisis psico-cultural y teológico,  confrontándolo con el culto a los Santos Iconos en las Iglesias ortodoxas rusa y griega; siempre desde una perspectiva teológica patrística (de San Juan Damasceno, siglo VI d.C.). Apareció un adelanto de este tema en un ensayo mío “Los Santos Iconos de Tarapacá” (en venta solamente en el  IECTA).

Por ahora, no tengo planes concretos de escribir una obra de síntesis sobre el mundo aymara chileno; nótese, sin embargo, que nosotros rechazamos la idea de una síntesis del "mundo aymara chileno", ya que una tal síntesis debería ser siempre pan-andina. Así ha sido siempre el enfoque del IECTA, que rechaza la división (histórica y contemporánea) del pueblo andino según  sus “nacionalidades” (entre Perú, Ecuador, Chile, Bolivia, Argentina y Colombia).

q) A qué atribuyes tú la reticencia o animadversión que han sentido algunos líderes aymaras respecto de tu persona y legado?.
Prefiero no responder esta pregunta. Pregúntelo directamente a  los mismos líderes aymaras.

r) ¿Es tal vez el hecho de que tu seas sacerdote, o simplemente el hecho de ser un blanco (k´ara)?.
Alguna vez supe y escuché de esas ideas (escasas veces, por lo demás), pero más bien me parecen tener calidad de  pretexto o justificación de posturas ideológicas.

s) ¿Piensas que este es un estigma de otros sacerdotes que han trabajado en Bolivia con el mundo aymara, como  los de la Universidad  Católica de Cochabamba o los jesuítas? ¿ O tal vez ha sido algo diferente en tu caso? 
A la verdad, no sé.

t) ¿Cómo y con qué frases resumirías tú  mismo tu propio legado al mundo aymara  latinoamericano o chileno?.
Sin respuesta.

u) ¿Qué consejos darías tu al  chileno o extranjero que quisiera especializarse en el mundo aymara?
1. Le aconsejaría informarse en la Biblioteca de Antropología Andina del IECTA (ubicada en Azapa  (Arica, Chile), en el campus de la Universidad de Tarapacá.
2. Y luego experimentarlo en terreno,en el contexto de un turismo cultural organizado por los mismo andinos de corazón y de fe (tal como ahora se está iniciando en Lirima, por intermedio de los miembros de  la familia Vilca-Ticuna) .

v) ¿En qué lugares del mundo se podría adquirir hoy día  la mejor formación en este campo?
1. En la Biblioteca de Antropología Andina (BAA) del IECTA en Arica  (campus de la Universidad de Tarapacá, en el valle de Azapa).
2. La Biblioteca de Etnografía de Bolivia (BEB) de la Universidad  Católica de  Cochabamba, Bolivia.
3. La Biblioteca del Instituto Peruano-Francés en Lima, Perú.

w) ¿Por qué pusiste tanto énfasis en el IECTA para formar una biblioteca especializada sobre el mundo andino?.
Eso lo comprenderás muy bien si consideras el perfil único de la Biblioteca de Antropología Andina (BAA), su identidad, su excelente sistema de búsqueda, su numerosa clientela andina (física y virtual) y su objetivo social en apoyo efectivo al proceso de un desarrollo andino con identidad. 

x) ¿Es hoy la biblioteca del IECTA la mejor o una de las mejores del mundo en su especialidad?. 
Creo que sí.

y) ¿Qué sentimientos profundos te embargan hoy día, al abandonar definitivamente  Chile y tu campo de acción en nuestro país?.
Siento preocupación. Considero mi partida - no como una “misión cumplida”; más bien como una “misión terminada” o “inacabada”, cuando pienso en todo lo que queda pendiente por hacer. Siento preocupación por el excesivo nacionalismo que desvía los programas oficialistas de desarrollo andino en todos los países andinos; veo con preocupación la práctica de un turismo cultural así como la folklorización  de la ritualidad andina en aras del turismo  (v.gr. en  los bailes de origen religioso). En el área de la religión: observo el avance de un tipo de protestantismo que pretende erradicar “las idolatrías andinas” (como ellos dicen); Observo con inquietud  un cambio de postura de la pastoral en la  Iglesia Católica, con  la introducción del concepto de la “nueva evangelización”. El enfoque del debato teológico actual  parecería así alejarse del concepto de “inculturación” y se centraría en otro concepto y tendencia: la “interculturalidad” de la estrategia evangelizadora y pastoral. Veo con ansiedad  el abandono masivo del campo y la migración de los aymaras de Chile hacia las ciudades de la costa; me preocupa  la discriminación y la rivalidad experimentada por los masivos contingentes de aymaras indocumentados de Perú y Bolivia, que opone y divide hermanos aymaras entre si. Sigue vigente la discriminación social entre compañeros de los aymaras (de Chile también), en el medio educacional y laboral, a pesar de haberse suprimido la discriminación legal y haberla transformado en una "discriminación positiva"  (mediante concesión de  becas, subsidios, etc.).

z)  Y, por fin, ¿por qué decidiste regresar a tu patria, cuando  están aquí la mayor parte de tus amigos  más íntimos y  colaboradores? ¿No te hubiera gustado  permanecer aquí hasta el fin de tus días,  entre los que te quieren?.
Por acumulación de cansancio (a mis ya 75 años), y para alejarme de responsabilidades administrativas. A la distancia, estaré siempre colaborando con la biblioteca (aunque fuera en adquisiciones), y rastreando el mercado; y también colaborando con la revista electrónica bimensual de la Biblioteca de Antropología Andina (BAA),  titulada: “VOLVERÉ”.

zz) Entre los actuales especialistas en el mundo aymara, ¿a quiénes recomendarías tú como los más profundos  conocedores de su ethos y cultura?.  
Son algunos académicos y otros,  andinos sabios, como  por ejemplo:
De Chile: Argimiro Aláez, Javier Vilca Ticuna y Juan Alvarez Ticuna. 
De Perú: Francisco Mamani Cañasaca (de Tacna) y Guillermo Cutipa (de Puno). 
De Bolivia (La Paz): Javier Albó y Josef Estermann.
De Ecuador (Otavalo): Luis Enrique Cachiguango Cachiguango.


Fig. 3.  En su labor pastoral, en algún pueblo del sur del Perú.

Comentario final.

1.  Van Kessel dedica, con admirable tenacidad, 45 años de su vida útil a dar a conocer al mundo ilustrado chileno e interncional, los valores intrínsecos de la religiosidad popular y de los pueblos aymaras andinos en sus fiestas patronales y en su vida de cada día.

2.    Consciente de la necesidad de que el mundo académico  internacional escuchara  la "versión de los vencidos", esto es de los propios sabios indígenas  (yatiris o yatichiris), se propuso presentar diversos simposios sobre la realidad andina en varios  Congresos de Americanistas  C.I.A.)  con temáticas atingentes a la práctica de la tecnología y religiosidad andinas. De esta suerte, participa con conferencistas andinos, llevados y preparados especialmente por él, en cuatro Congresos Internacionales de  Antropología  entre el año 1988 (C.I.A. Nº 46, Amsterdam) y el año 2006  (C.I.A. Nº 51, Santiago de Chile). Este foro internacional reúne, cada cuatro años, a la inmensa mayoría de los expertos e investigadores de la realidad indígena en el mundo.  Antes de van Kessel, muy rara vez se escuchó, en esta magna tribuna  mundial, la voz autorizada de los propios indígenas. Nunca, con tan gran número de conferencistas andinos.Sin duda alguna, un magnífico e  indiscutido logro de van Kessel.

3.   En Chile, particularmente en universidades de  Tarapacá y Antofagasta, van Kessel ha dejado una huella indeleble, habiendo formado discípulos (sociólogos, antropólogos y arqueólogos  que hoy admiran y reconocen su  potente legado.

4.   Como sacerdote y misionero católico,  miembro de una Orden misionera, van Kessel supo aunar magistralmente una intensa labor pastoral en el mundo obrero e indígena, postergado y olvidado, con la profunda investigación de sus riquezas culturales,  muy poco conocidas hasta entonces, legándonos, a través de una  una riquísima bibliografía,  sus conocimientos y  geniales percepciones.

5. Sin la menor duda, van Kessel ocupa hoy, entre los expertos conocedores del ethos y cultura aymara tradicional,  un sitial de honor, del cual no será nunca destronado. Estos capítulos nuestros, escritos en su recuerdo, quisieran servir de humilde introducción a su obra científica. Quien visite y  revise concienzudamente su rica biblioteca  (la Bibilioteca de Antropología Andina, BAA), hoy situada en el valle de Azapa (Arica, Chile),  convendrá conmigo en reconocer la valía e importancia de su legado académico y científico, expresado en innumerables publicaciones.  Y  los aymaras lirimeños, a los que dedicó afectuosamente años de una preferente atención pastoral podrán, orgullosos,  destacar  su infatigable entrega y dedicación a  su auténtico "progreso con identidad".