lunes 1 de febrero de 2010

Presencia del guanaco en los cerros costeros del desierto: estrategias de caza

Foto 9. Vista desde el weste, muy cerca del mar, hacia los cerros de Alto Patache. Los senderos antiguos de guanacos descienden hasta aproximadamente los 120-130 m snm. (Foto H. Larrain).


Fig. 8. Panorámica que muestra el relieve del área, compuesto de quebradas, laderas y cimas de la Cordillera de la Costa. En los cordones de la cima, en sitios de amplia visibilidad, suelen encontrarse los antiguos parapetos de caza que hoy sólo semejan informes montones de piedras. En el sector derecho de la foto, observe las líneas paralelas dejadas por los antiguos senderos. de guanacos, hoy ya hace tiempo inactivos. (Composición fotográfica de Luis Pérez Reyes).

Fig. 7. Sector rocoso del acantilado, hacia los 750 m. de altitud. Entre las rocas, presencia de especies vegetales palatables para el guanaco. La vegetación actual, en época del Fenómeno de El Niño, desciende hasta los 250-200 m de altitud (Foto H. Larrain).

Fig. 6. Bosteadero o defecadero de guanacos en la intersección de senderos del mismo animal (Foto H. Larrain).
Fig. 5. Amplia meseta a los 770 m de altitud,.donde se encuentran senderos y revolcaderos de guanacos. Esta meseta interior, a corta distancia del acantilado rocoso, estuvo antiguamente cubierta temporalmente de vegetación de Ephedráceas, Gramíneas, Nolanáceas y Malváceas, según las evidencias encontradas in situ. Excelente alimento para el guanaco.(Foto H. Larrain).

Fig. 4. Restos de un parapeto o atalaya de caza. Aqui los antiguos cazadores construyeron un refugio y se ocultaron, seguramente bajo cueros de guanaco, listos para disparar a la presa. (Foto H. Larrain).

Fig. 3. Antiguo defecadero o bosteadero de guanacos, en proximidad de un sendero antiguo (Foto H. Larrain).

Fig. 2. Típicos restos de un parapeto o atalaya de caza. La disposición de las piedras es obviamente artificial. Las piedras fueron traídas hasta este lugar; desde este sitio hay una notable visibilidad hacia todos los lados. Unos 6 parapetos semejantes se ha registrado en el contorno del oasis. (Foto H. Larrain).

Fig. 1. Tipos característicos de la punta de proyectil usada para cazar el guanaco en Alto Patache. La punta lítica se adosaba a un astil de madera, provisto de una acanaladura y era bien apretada con delgados tendones de aves marinas. Muestras de puntas líticas hechas en sílex blanco, casi transparente. talladas in situ.

Presencia de decenas de miles de antiguos senderos de guanacos

Hemos aportado, en un segmento anterior de este Blog, numerosas evidencias fotográficas de la activa presencia del guanaco (Lama guanicoe Müller) en los oasis de niebla del extremo Norte de Chile. Las enmarañadas redes de senderos, que bajan hasta la misma costa, y que tapizan las laderos de los cerros costeros en los sectores de Alto Patache, Punta Gruesa, Punta de Lobos y Alto Chipana, al sur de la ciudad de Iquique, nos demuestran, sin género de dudas, que tropillas y grupos pequeños de guanacos, han recorrido antaño intensamente esta zona, en procura de su alimento.

Ya el zoólogo chileno Guillermo Mann, en un artículo escrito en el año 1953, llamó la atención del mundo científico sobre el particular ("Colonias de guanacos -Lama guanicoe- en le desierto septentrional de Chile", Investigaciones Zoológicas Chilenas, Vol 1, Nº 10). Al parecer, habría sido el primero que reunió evidencias y constataciones en terreno sobre este hecho, para esta eregión costera desértica del Norte de Chile.

Un regalo al cumplirse las 45.000 visitas a este Blog.

Al cumplirse el día de hoy exactamente un año desde que decidiéramos contar el número de visitas a nuestro Blog, (número que ya asciende a más de 45.000 visitas anuales, lo que significa un promedio diario de casi 125 visitas), tenemos el agrado de entregar este segmento nuevo en agradecimiento a nuestros numerosos seguidores de Chile y del extranjero, que nos han animado a proseguir por esta senda de difusión científica de los conocimientos sobre esta Región extrema de Chile. Conocimientos que siempre dirán relación estrecha entre el hombre, poblador y transformador del paisaje y el medio ambiente o escenario geográfico donde le toca vivir.

Estrategias de caza del guanaco y eco-antropología.

Nosotros, como miembros del equipo científico del Centro del Desierto de Atacama, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hemos querido en este Blog, examinar, destacar y profundizar en el aporte de tantos precursores: cronistas, viajeros o científicos que, gracias a su perspicacia y dotes de observación, han contribuido poderosamente a echar las bases de este enfoque eco-antropológico, dando a conocer las riquezas de los ecosistemas y su forma concreta de aprovechamiento por el hombre para construir su cultura y sus variados modos de vida. Enfoque que relaciona y aproxima en apretada simbiosis, la antropología a las ciencias de la tierra y al medio ambiente natural. creando el indispensable diálogo. Enfoque que creemos ha quedado parcialmente obnubilado y a veces obscurecido por la excesiva partición de la ciencia en infinitas disciplinas o sub-disciplinas, de tal suerte que, por desgracia, no pocas veces "los árboles nos impiden ver el bosque", como reza el sabio proverbio castellano. Somos de opinión que un enfoque innovador, holístico, nos obliga a volver a mirar el "bosque" más allá de los "árboles". O mejor aún, mirar los "árboles" no tanto en sí mismos, sino como parte integrante de un conjunto llamado "bosque".

Ecología y eco-antropología. ¿Por qué nuestro acento sobre lo "eco"?.

Es el ecosistema como una "unidad de vida" o un "sistema común de vida", el que hemos disectado en numerosas disciplinas, las que, si bien nos han aportado mucho al conocimiento "particular", llevan el sí el estigma de olvidar u obscurecer la mirada de conjunto, olvidando que el "todo es anterior y superior a las partes". O dicho de otro modo, que "las partes no son capaces de explicar el todo". Cuando Ernst Haeckel en 1869 inventó el término "ecología" ("Öcologie") fue porque las distintas ciencias biológicas (botánica, zoología, etc.) no daban cuenta cabal de los procesos y fenómenos de interrelación con el medio ambiente del que, sin embargo, formaban parte de modo indisoluble e inseparable.

Las estrategias de caza del poblador primitivo de estas costas desérticas, son un claro ejemplo patente de un enfoque eco-antropológico. Es decir, estudiando a fondo el dónde, la forma, el porqué y el cómo de estos procesos de caza terrestre del guanaco, estamos estudiando, a la vez no sólo las habilidades tácticas del cazador primitivo, sino también la rica geografía y geomorfología de los paisajes de la costa y las variables condiciones climáticas locales que permitieron el desenvolvimiento in situ de un proceso local llamado "cacería". El estudio y análisis, de las estrategias antiguas de caza terrestre (en el caso del guanaco o del ciervo) constituye una suerte de "ecología humana prehistórica", una aproximación al dominio y control por parte del hombre antiguo de las condiciones que ofrecía la fauna local y el paisaje concreto en que ésta se desenvolvía.

El aporte insustituíble de los viajeros y científicos del pasado.

Comentaremos en este segmento de nuestro Blog textos de varios viajeros antiguos que fueron testigos directos de estos estratagemas o estrategias de caza en América. Son numerosos los viajeros o científicos que aluden a la caza del guanaco por parte de grupos primitivos; pero son muy pocos los que nos ofrecen detalles precisos acerca del modus operandi del grupo humano en tales casos. Uno de ellos es el viajero y científico francés Alcide O´Orbigny quien por muchos años recorre incansablemente paisajes de Argentina, Chile, Bolivia y Perù, y que logra, en consecuencia, formarse una idea muy cabal de aspectos relativos a la eco-antropología de los grups humanos que describe. Traee la misión precisa de reunir informaciones cientìficas de toda índole sobre estos todavía desconocidos territorios Diez años antes que Charles Darwin, D´Orbigny logra reunir una ingente cantidad de información sobre la flora, fauna, antropología e historia y paleontología de estos nuevos países americanos que recién inician su vida independiente.

D´Orbigny nos describe el modo de vida y las técnicas de caza de los tehuelches.

Uno de los grupos humanos que tal vez mejor describe D´Orbigny es su contacto con los tehuelches, que el llama "patagones", de Río Negro ( sur actual de la Argentina). Describe asì estos grupos de nómades cazadores.

"Los patagones forman un número bastante grande de pequeñas tribus vagabundas, dispersas por las vastas llanuras del sur, como restos de un gran naufragio; todas están compuestas, a lo sumo, de treinta a cuarenta familias, cada uno con su tienda. Se comprende que alimentándose exclusivamente de la caza, seam imposible que un gran número de familias pueda vivir, juntas, porque en pocos días se agotarían los recursos. Esta nación debe estar, pues, siempre diseminada en pequeñas secciones errantes en medio de esa inmensa llanura, que se extiende en las tierras señaladas en los mapas con el nombre de Patagonia, transportando con ellos sus toldos de cuero, no conviniéndoles ningún otro tipo de habitación...".

Extrapolando los datos a nuestros camanchacas o changos.

Si bien el caso de los camanchacas o changos del litoral desértico norte-chileno es algo diferente en cuanto a su habitat y ecosistema al de los tehuelches o patagones descritos por D´Orbigny, muchas de sus observaciones concretas creemos pueden extrapolarse a estos grupos nortinos, ciertamente más pequeños, pero no menos "vagabundos". ¿Razón? El objeto de su persecución y cacería es exactamente el mismo animal: el guanaco, el que posee hábitos idénticos. Se trata de la misma especie animal que, evidentemente, según las condiciones geográficas reinantes, se adapta a ecosistemas diferentes.

Analicemos el texto de D´Orbigny que arriba he transcrito:

a) Los camanchacas eran, igualmente, tribus "vagabundas", en el sentido de que recorrìan extensas zonas de la costa explotando diversas zonas de recursos; pero manten `pian ciertos lugares de mayor presencia: ahí donde disponìan de mayores recursos.

b) Los camanchacas eran pescadores, recolectores y cazadores. Esto constituye una diferencia, en el sentido de que el ecosistema marítimo les ofrecía un variada gama de especies, tanto de pesca como de marisqueo. Para los camanchacas, la caza animal era más bien ocasional, circunscrita a ciertos meses del año: meses de mayor existencia de vegetales en los oasis de niebla;

c) Dada la escasez de alimento en algunos meses, sobre todo en invierno, los grupos eran siempre pequeños. Con excepción de unos pocos lugares, muy favorecidos por la presencia permanente de agua (en desembocaduras de ríos o presencia de "aguadas").

e) al igual que los tehuelches, los camanchacas transportaban en sus balsas de cueros de lobos marinos sus cueros, para armar sus pequeñas viviendas, sobre piedras o sobre costillas de ballena.

f) Y al igual que los tehuelches, estos grupos semi nómades instalaban rápidamente sus viviendas en cualquier caleta o playa donde encontraran el agua y hubiera posibilidad de pesca y marisqueo. Allí donde el agua no existía, sabemos que la transportaban en numerosos odres de cuero hechos de las vejigas de lobo marino o guanaco. Cada odre podía contener hasta 20 o 30 litros de agua. El agua era estrictamente para la bebida; sus alimentos eran tostados o chamuscados al fuego; rara vez hervidos. De aquí la escasez observable de la cerámica prehispánica, en este sector hiperárido del litoral. Si el agua llegaba a escasear, una balsa se encargaba de ir a llenar los recipientes a la aguada más cercana. Y a diferencia nuestra que ante la necesidad no sabríamos a qué sectores acudir, ellos tenían ya una larga experiencia de la productividad de los distintos sitios de posible recalada. Y el tamaño, extensión y profundidad de sus conchales, es un testimonio evidente de la preferencia demostrada.

Esterilidad del ambiente y preferencias de morada

Sigue relatando D´Orbigny:

"...la Patagonia es a tal punto seca y estéril, que muchas de sus partes no pueden ser empleadas por falta de agua; permanecen completamente desiertas, y cada familia, para hallar su alimento, debe extenderse por lo menos cien veces más de lo que tendría necesidad en una región fértil, admitiendo el mismo número de habitantes agricultores. Parecería, empero, que cada toldería o reunión de familias, ha tomado por morada habitual una cierta comarca donde ella da vueltas...." (706).

Modo y sitios de asentamiento de los camanchacas.

Tenemos la convicción que entre los camanchacas debió ocurrir algo muy semejante: dteerminados sectores, dotados de mayores recursos, concentraron siempre el asentamiento. Las desembocaduras de los ríos Lluta, Camarones, Tiliviche (Pisagua Viejo), Loa, fueron soiios preferidos. pero también lugares de presencia de aguadas permanentes, como Iquique (Bajo Molle), Los Verdes, Cobija, Punta Pichalo, Cerro Moreno, etc.) o aún- sostenemos nosotros- , lugares de presencia de oasis de niebla potentes, como es el caso de Patache y Cáñamo, Mamilla y algunos otros lugares favorecidos por la presencia de coiposa niebla o camanchaca costera. No nos explicamos de otro modo el potente asentamiento humano, prehistórico, demostrado por la existencia de cementerios, que se presenta, por ejemplo, en torno a Caleta Cáñamo o Bajo Molle donde no se detectan hoy aguadas permanentes.

La estrategia de caza de los tehuelches, según D´Orbigny:

"...muchos de ellos se dirigían al lugar señalado [previamente]. y al día siguiente, por la mañana, al amanecer, comenzaba la batida sirviéndose con destreza de dos clases de boleadoras..., sea para parar [ al animal] en su carrera, sea para matar los guanacos, los ciervos y las avestruces. También emplean el arco... Se distribuyen, formando un amplio círculo alrededor de las presas; luego avanzan todos al mismo tiempo, estrechando el círculo. Cuando un animal quiere escaparse, le cortan la retirada arrojándole las boleadoras, o disparándole flechas. Los numerosos perros... les prestan grandes servicios en ese ejercicio..." (709).

Este texto es de extraordinario interés, por demostrar un conocimiento muy directo del modus operandi de los cazadores. ¿Participó activamente el científico francés en alguna de esta s operaciones de caza?. ¿O sólo se la refirieron en detalle?. Porque el texto revela tal número de detalles que, conociendo su exactitud descriptiva, solo sería explicable en una de esas dos hipótesis.

Analicemos el texto mediante el recurso a la "analogía etnográfica".

Comparemos con una situación hipotética de caza de guanacos en nuestros oasis de niebla:

a) los cazadores, en gran número se dirigen al sitio elegido para la caza, en la noche anterior. Es de suponer que allí se parapetan y camuflan en sitios ad hoc para la caza: tal vez los parapetos o atalayas. Los changos o camanchacas, pudieron hacer exactamente lo mismo. Sólo en Alto Patache hemos descubierto 5 ó 6 parapetos construidos ad hoc.

b) La batida comienza al amanecer, con las primeras luces del alba. Lo significa muy probablemente que el cazador pernocta en el sitio previamente diseñado para la caza en esos parapetos.

c) Usan dos clases de armas: boleadoras más arco y flechas. Entre los camanchacas no existió la boleadora; no hay la menor referencias al respecto en los registros arqueológicos. Pero sì el arco y flecha, muy común, al igual que el arpón para la caza marina. Pero si no poseían boleadoras, tienen, en cambio el atlatl instrumento de madera que permite lanzar dardos a gran distancia. Este tipo de armas ha sido hallado con cierta frecuencia en la costa. Y su uso, de cierto fue en la caza terrestre, no marina.

d) Manifiestan una gran destreza en el manejo de estas armas, fruto de su experiencia casi diaria. No olvidemos que igualmente eran muy diestros en el manejo del arpón, operación que en cierto modo era aún más difìcil.

e) El empleo del arco está totalmente comprobado por el gran número de puntas de proyectil, dotadas de aletas halladas en el oasis de niebla de Alto Patache, no menos de 30 ó cuarenta varias veces fueron halladas en, o en la cercanía inmediata a los senderos de guanados, sobre los 750 m de altitud. Además, son numerosos los arcos de madera hallados en yacimientos vecinos como Cáñamo y Patache. En el pequeño Museo arqueológico-histórico de Río Seco, administrado por la viuda de don Luis Covarrubias, ya fallecido, se puede ver hoy día varios ejemplares de arcos procedentes de excavaciones hechas en las vecindades al lugar y aportadas por huaqueros.

f) Los cazadores se distribuyen haciendo un amplio círculo. La geomorfología de los cerros y laderas de Alto Patache favorece este despliegue, por la gran visibilidad exsistente entre las cimas y lomajes.

g) Luego avanzan todos al unísono, estrechando el círculo en torno a la tropilla ya avistada previamente.

h) Por último, al igual que los tehuelches, los camanchacas disponían también de perros, los que obviamente sin duda utilizaron también en la cacería del guanaco. Aún cuando no tengamos pruebas concluyentes de ello en el registro arqueológico. Sabemos de hallazgos de varios razas de perros prehispánicos en diferentes lugares de la costa, desde tiempos muy tempranos.

Importancia etnológica de este texto.

Este documento de D´Orbigny es muy valioso para nuestro propósito. El tipo de armas, el trabajo en equipo de cacería, el apoyo de perros especialmente adiestrados, sin duda fue crucial en este trabajo, el empleo de lugares de atalaya, era sin duda, la estrategia que surtía efecto y que siempre habían empleado con èxito.

Una diferencia fundamental, sin embargo, con el caso tehuelche es que las manadas en estos sitios costeros del área desértica debieron ser bastante pequeñas: probablemente no más de 3-4 individuos, como los que pude avistar personalmente en agosto del año 1964 en las alturas de Cerro Moreno. No como en las pampas argentinas.

Por fin, indicaciones de la presencia y cacería de guanacos encontraremos en Philippi (1860) en su ascenso a Cerro Moreno en 1853, en Vidal Gormaz (1876) en Latorre (1879). Pero no hemosa hallado ningún relato tan prolijo y detallado como el que aquí nos ha ofrecido D´Orbigny, fechado en 1826, época de poca actividad minera en la zona. D´Orbigny no era un viajero corriente, ni un mero turista ocasional. Fue comisionado ad hoc por el Museo de Ciencias Naturales de París para reunir informaciones científicas de esta región, tan poco conocida. Por tanto, su testimonio es el de un científico serio, no el de un explorador o un diletante cualquiera. Y el método científico que emplea, salta a la vista. Su caso es muy semejante al de Darwin, pues inicia su viaje de varios años con apenas 24 años de edad, pero se ha graduado con distinción en Paleontología en Francia, en una de las escuelas más famosas de su época.








lunes 18 de enero de 2010

Curiosidad de Darwin sobre el salitre: modo de trabajo y posible origen geológico

¿Por qué no visitó Darwin las minas de Huantajaya?

Ya hemos comentado, en un segmento anterior de este Blog, que el naturalista inglés Charles Darwin no demostró especial interés por visitar las afamadas minas de plata de Huantajaya y Santa Rosa, a pesar de su cercanía al trayecto que a lomo de mula realiza hacia el interior, porque -como el mismo anota- estaban ambas, por entonces, en total decadencia. Cerca de Coquimbo, sin embargo, había visitado con interés las minas de plata de Arqueros, de propiedad de otro británico, José Edwards, apenas dos y medio meses antes, en Mayo del año 1835.

En su relato, la minería es siempre uno de sus principales focos de interés, tanto desde el punto de vista geológico como económico. Por eso, al día siguiente de su arribo a Iquique, un 12 de Julio de 1835, se apresura a visitar una salitrera, al parecer una de las más florecientes en su época y perteneciente a otro inglés, George Smith. Nos dice al respecto:

"Al día siguiente de llegar, contraté con dificultad y al precio de cuatro libras esterlinas, dos mulas y un guía que me condujesen a la explotación del nitrato de soda. Esta explotación constituye la fortuna de Iquique. Comenzó a exportarse esta sal en 1830, enviando a Francia e Inglaterra en un año, por valor de 100.000 libras esterlinas. Se emplea principalmente como abono y para la fabricación del ácido nítrico...".

¿ Cómo supo Darwin de las salitreras, que recién comenzaban a operar?

Es probable que ya en C0quimbo, y probablemente a través de Mr. Edwards, Darwin recibió información de la activa explotación en la zona de Iquique de un producto nuevo, el salitre, sobre el cual el gobierno inglés tendrìa especial interés en recabar noticias fidedignas, de labios de un científico. Por eso prefiere, por la estrechez del tiempo de recalada del " HMS Beagle" en el puerto de Iquique, ocupar su tiempo en una visita detenida a las pampas calicheras. Parten muy de mañana en mula, su guía y él hacia las minas, situadas a unos 70 km de distancia, y llegan allá a la salitrera "La Noria" después de la puesta del sol.

Un verdadero desierto.

El terrible trayecto por el desierto interior merece esta observación del naturalista:

"...llegamos a las minas después de haber viajado todo el día por un país ondulado totalmente desierto. El camino estaba salpicado de los esqueletos desecados de muchas bestias de carga que habian muerto de cansancio. Fuera del Vultur aura [se trata evidentemente del jote o gallinazo del Norte, hoy clasificado como Cathartes aura, que suele verse revolotear por todo el Norte de hile, máxime cerca de la costa] , no he visto ni pájaro, ni cuadrúpedo, ni reptil ni insecto..." .

La enorme cantidad de esqueletos de mulas visibles a lo largo de su trayecto, le impresiona. Tal como nos impresiona este mismo hecho hoy día, al recorrer la mayoría de las antiguas huellas de carretas. El tráfico incesante de mulares jadeantes, en número de seis o nueve animales, tirando las carretas cargadas de salitre, acabará con muchos de estos sacrificados animales por efecto del hambre, la sed o el agotamiento extremo.

Tenía razón, pues, Darwin cuando anota, un par de páginas antes en su Diario, esta lapidaria afirmación: "Nos encontramos en un verdadero desierto". Desierto que el mismo entre Vallenar y Copiapó, había rotulado de "seco y estéril Despoblado". Para terminar con esta frrase elocuente: "quizá sea éste el primer desierto verdadero que en mi vida he visto...".

Alojamiento en la salitrera "La Noria".

"Pasé la noche en casa del propietario de una de las minas de salitre", nos dice a continuación. Era otro inglés, George Smith, cuyo nombre extrañamente calla, que residía desde hacia tiempo en la región (desde 1826), a quien conocemos por las referencias de William Bollaert, químico británico que escribiera sendos artículos sobre sus experiencias en la región de Tarapacá, en los Proceedings of the Royal Geographical Society of London.

¿De dónde procede el agua del subsuelo en estas pampas resecas?.

Su descripción de las "calicheras", o lugares de explotación del salitre suena así:

"Era tan estéril el suelo aquí como junto a la costa; pero puede obtenerse agua aunque de gusto amargo y salitroso abriendo pozos: el de la casa en que me hallo, tiene 36 metros de profundidad. Como no llueve casi nunca, claro es que este agua no procede de las lluvias. Si así fuese, no resultaría potable, porque toda esta comarca, se halla impregnada de substancias salinas. Debe pues creerse que sean infiltraciones de la cordillera, aunque [ésta] se halle a muchas leguas de distancia.".

Darwin tenía toda la razón. Esas aguas, salinizadas en su trayecto subterráneo desde las quebradas y el altiplano, provenían ciertamente de la alta Cordillera. No podía ser de otro modo, pues casi nunca llueve o muy esporádicamente en la pampa interior. Y pueden pasar diez o más años sin lluvia alguna. En cambio, en el altiplano y hasta los 3.000 m. de altitud llueve todos los años, durante el llamado "invierno altiplánico" o "invierno boliviano".

Las minas de salitre.

"Vendíase esta sal entonces a 14 chelines las 100 libras sobre cubierta [esto es , puesta en el barco] el transporte a la costa era el mayor gasto. Consiste la mina en una capa muy dura de 60 a 90 centímetros de espesor, de nitrato [de sodio: NaNO3] mezclado con un poco de sulfato de soda: [Na2SO4] y gran cantidad de sal común. Se encuentra este depósito inmediatamente debajo de la superficie y se extiende por 240 kilómetros en las márgenes de una llanura o depresión inmensa. Por la configuración del terreno es evidente que debió ser en otras épocas un lago, po más probablemente un brazo de mar; la presencia de las sales de yodo enl a capa salina tendería a confirmar esta última suposición. La llanura se encuentra a 1100 metros sobre el nivel del océano Pacífico".

Origen del salitre: su hipótesis.

¿Cómo pudo Darwin en apenas un par de días de visita casual y de brevísima experiencia directa con las salitreras especular tan acertadamente sobre su posible origen?. ¿Cómo pudo saber su posible extensión en la llanura interior o Pampa del Tamarugal que no llegó a ver con sus propios ojos?. Es evidente que su origen geológico y paleontológico así como el área presumible de presencia de esta riqueza, debió ser tema obligado de animada conversación con su hospedero, George Smith, durante esa noche del 13 al 14 de julio de 1835, seguramente a la luz de una chimenea de leña, pues en ese mes hace mucho frío en la pampa. Smith, por entonces de 34 años de edad, poseía una amplia experiencia en este tipo de explotación, y había trabajado desde el año 26 en estas faenas, (había llegado al Perú en el año 1821 con apenas 19 años), escuchando sin duda numerosos comentarios de visitantes y de "ensayistas" expertos o aficionados, que los dueños de salitreras habían contratado para explotar más racionalmente y mejorar los sistemas de elaboración del codiciado salitre. En la época de la visita de Darwin, el salitre era aún explotado por las salitreras llamadas "de paradas". "La Noria" era una de éstas y había sido adquirida por Smith, conocedor de su gran riqueza.

Pedro Gamboni, el químico chileno, no había perfeccionado aún el sistema de extracción del salitre (el que se llamará más tarde el sistema Shanks) , el que recién patentará hacia el año 1856, revolucionando lo sistemas ded producción. Por lo tanto, el empleo de la antigua metodología extractiva ocasionaba la pérdida de cerca del 30% del nitrato por efecto de la combustión incompleta de los caldos en los "cachuchos", y un gasto excesivo de leña de tamarugos. Tanto que se puede atribuir a este tipo de Oficinas, "de Paradas" , una enorme responsabilidad en la tala indiscriminada del antiguo bosque Tamarugal por dichas fechas, como lo señala atinadamente el historiador nortino Oscar Bermúdez Miral en su notable obra Historia del Salitre (Ediciones Universidad de Chile, tomo I, 1963).

Intuición geográfica de Darwin

Con los pocos antecedentes geológicos disponibles a la fecha, es admirable la intuición geográfica del naturalista inglés al afirmar, sin género de duda: "es evidente que [esta pampa] debió ser en otras épocas un lago, o más probablemente un brazo de mar". Y el argumento que le convence definitivamente es la presencia de sales de yodo (de origen marino). Es exactamente la misma conclusión a la que arribará el benemérito geólogo alemán Juan Brüggen en su obra: Fundamentos de la Geología de Chile, 1950.

Darwin nos deja con "gusto a poco".

Así, en apenas tres apretadas páginas de su Diario de Campo, Darwin nos deja con gusto a poco al relatar sus andanzas por este desierto nortino, a lomo de mula. ¿Qué habría ocurrido si en lugar de tres cortos días, Darwin hubiese pasado una semana o dos entre nosotros?. Si en tan corto tiempo nos ha brindado tal cúmulo de valiosas observaciones, comentarios, reflexiones científicas e hipótesis, ¿cuál habría sido, por ejemplo, su reacción ante la presencia de los "oasis de niebla"o los "tillandsiales", que lamentablemente no llegó a ver por entonces?. Porque su habilidad descriptiva y su sagacidad nos habría permitido comparar su estado de vigor con su precaria situación actual, de franca retracción y evidente decadencia.

(segmento en construccción, 27/01/2010); agregaremos fotos alusivas a la época y a las antiguas salitreras).

domingo 17 de enero de 2010

Darwin en Iquique: qué vio aquí en su visita del año 1835.

Fig. 5. El barco a velas "HMS Beagle", de 242 toneladas, en el que viajó Darwin como científico y naturalista de la expedición del capitán Robert Fitz-Roy en su periplo por todo el globo. En la zona de los canales magallánicos, meses de junio-julio 1834. Litografía de la época.

Fig. 4. Charles Darwin aproximadamente en la época de su partida en el "HMS Beagle". Pintura de la época. Tendría aquí unos 22 años. Su afición por la geología, la botánica y las ciencias naturales le permitirá recoger infinidad de observaciones de terreno, las que, cotejadas entre sí, serán el germen de su futuras teorías sobre la evolución de las especies y la selección natural.

Fig. 3. Ejemplar de Eulychnia iquiquensis, cactácea columnar de la costa norte de Chile, que debió observar Darwin, según su relato, en su ascenso hasta los casi 600 m. por las proximidades de la quebrada de Huantaca. (Foto H. Larrain, Diciembre 2002, lugar Alto Patache, a los 770 m de altitud).
Fig. 2. Actual perspectiva del sector "Hundimiento", en el mineral de plata de Huantajaya, lugar inmediato al antiguo poblamiento colonial (Foto H. Larrain, diciembre 2009).

Fig. 1. Mineral de plata de Huantajaya, vista actual de Norweste a Sureste. Área donde debió asentarse la antigua población en la época del paso de Darwin (1835), rumbo a la salitrera "La Noria. Muy poco o nada queda hoy de las antiguas estructuras de las viviendas de los mineros. Menos aún, rastros de la llamativa iglesia de madera del poblado minero, cuya ubicación actual resulta casi imposible de reconocer por efecto de las remociones de materiales. (Foto H. Larrain, diciembre 2009).

Su enorme capacidad de observación y su "Diario de Campo".

En su obra El Viaje del Beagle, publicada en 1845, esto es, ocho años después de su regreso a Inglaterra, Charles Darwin (1808-1882), el joven sabio inglés de la expedición del Capitán Fitz Roy nos ha dejado un valioso testimonio de lo que vio y fue testigo en Iquique en su visita. Tenía sólo 26 años y se había graduado en la Universidad hacía apenas cuatro años. Es decir, era aún un novato en Ciencias. Y , sin embargo, nos asombra su capacidad de observación y de lectura. Este año 2010, el día 12 de julio, se cumplirán exactamente 175 años de su arribo a Iquique. En los cortos días de su visita, narrada con delicioso detalle, como un auténtico "Diario de campo", nos dejó valiosas impresiones del lugar y se adentró en el desierto, a lomo de mula, hasta la salitrera "La Noria". Nada de lo que encuentra escapa a su ojo observador. Su amplia formación en las ciencias de la Naturaleza, le capacitan para "leer" el paisaje, por más desertico que este fuera. Pero las actividades del grupo humano que lo habita, le interesa por igual. Por eso lo consideramos un pionero de la eco-antropología.

En los párrafos que siguen intentaré profundizar, punto por punto, en sus reflexiones y comentarios sobre la población, el paisaje desértico y la explotación del salitre, aspecto que ya en esa época comenzaba a cambiar la faz de esta región. La sagacidad de no pocas de sus reflexiones y la perspicacia con que enfoca ciertos aspectos, aún hoy nos asombran, máxime si se toma en cuenta que el desierto y su escasa flora no era - ni mucho menos- un tema de su especialidad. Su trabajo de titulación versó sobre los invertebrados marinos!.

La población.

"La villa [de Iquique] tendrá unos mil habitantes". Es su primera afirmación. Téngase en cuenta que según William Bollaert, químico inglés residente por entonces en este puerto, la actividad de exportación del salitre a Europa se había iniciado apenas cinco años antes, en 1830. Antes de esta fecha, Iquique - el antiguo Ique-ique - era sólo una mísera caleta poblada por changos por la que exportaba la plata del mineral de Huantajaya, situado a escasa distancia. Mil habitantes habla ya de una intensa actividad de carga y descarga, de almacenes y bodegas. Iquique surge de un largo letargo colonial. Hasta entonces, sólo un reducido e ilegal tráfico de plata y la explotación del guano de la isla a cargo de los indígenas changos, era toda la actividad observable en Iquique. A partir de 1830, Iquique crece rápidamente desde entonces, tanto, que ya en 1865 es declarado "puerto mayor" por parte del Perú.

El clima de esta costa.

Dice: "nos encontramos en un verdadero desierto. Una vez cada siete u ocho años, llueve por espacio de unos minutos...durante esta estación del año [invierno], se extiende sobre le océano y pocas veces sube por encima de las rocas que forman la costa, una capa de nubes bastante espesa".

Unas páginas más adelante, refiriéndose a la costa del Perú, en el Callao, donde permanecne varias semanas observa, completando el cuadro general de este clima costero que tan certeramente grafica:

"Casi ha pasado a ser proverbio que nunca llueve en la parte baja del Perú. No creo que esto sea exacto, pues casi todos los días que estuvimos cayó una espesa y húmeda niebla que embarraba las calles y mojaba la ropa; a la gente gusta llamarlo rocío peruano. También es verdad que no debe llover mucho, puesto que las techumbres de las casas son planas, y hechas de barro endurecido (adobes) y en el puerto había cargamentos de trigo que permanecían allí semanas, sin cubierta alguna
(Darwin; 1984: 428).

Es evidente que Darwin se informa en detalle en su estancia en Iquique sobre la periodicidad de las lluvias. Se le informa que llueve aquí cada 7-8 años. No nos atreveríamos a afirmar lo mismo hoy día, a no ser que consideremos "lluvia" las pequeñas garúas que suelen empapar por algunas horas las calles de Iquique. Lluvias verdaderas, de horas de duración y que superen los 3-5 mm. solo han acontecido intermitentemente, muy de tanto en tanto . Y lo confirman los registros pluviométricos de la zona..

La última lluvia verdadera ocurrida en Iquique fue en el año 1997, esto es, hace más de 12 años!. Y antes que ésta, en 1986. ¿Querrá esto decir que la pluviosidad ha ido en franca declinación en los últimos decenios, a partir del año 1950? Así parece. Y esta constatación nos hace comprender por qué la vegetación nativa se restringe, más y más, y se arrincona en ciertos sectores altos, bien expuestos al S o SW, desapareciendo de otros, más bajos o más alejados del borde del acantilado costero.

Los pueblos mineros de Huantajaya y Santa Rosa.

En su ascensión en mula, guiado por un baquiano, divisa a lo lejos, los minerales de plata, de Guantajaya y Santa Rosa: De ellos dice:

"estos pueblecitos están situados a la entrada de las minas; colgados como parecen en la cumbre de una colina, presentan un aspecto todavía menos natural y más desolado que la villa de Iquique".

Curiosamente, no le atrae ir a echarles un vistazo, a pesar de su gran proximidad. Por la referencia genérica que hace, da a entender que por entonces estos dos minerales trabajaban con muy poca intensidad, dice textualmente: "había al lado dos minas de plata muy ricas, pero ya no producen casi nada." Tal vez la inactividad de estas minas no le incentiva a visitarlas. Contrasta esta actitud con su vehemente deseo de conocer de cerca "las minas de nitrato de soda", como el llama. a las explotaciones de salitre. Su meta fija, pues, estaba puesta en la salitrera "La Noria", donde sabemos le esperaba un compatriota George Smith, bien conocido para nosotros por haber sido el dibujante de la obra de William Bollaert. Extrañamente, Darwin, siempre tan prolijo, no nos indica su nombre.

Observaciones sobre la flora típica del desierto costero. Su supervivencia en la zona de nubosidad permanente.

"En las montañas de la costa, a unos 600 metros de elevación, allí donde en esta estación descansan casi siempre las nubes, se ven algunos cactus en los huecos de las rocas y algunos musgos en la arena que cubre las piedras. Los musgos son del género Cladonia y se parecen a ciertos líquenes. En algunos sitios se encuentra esta planta en cantidad suficiente para dar al terreno, visto de lejos, un tinte amarillo pálido. Más al interior, y en esta larga excursión de 70 kilómetros no he visto más que otro vegetal, un líquen amarillo, sumamente pequeño, que crece en los huesos de los mulos muertos. Quizá sea éste el primer desierto verdadero que en mi vida he visto" (Darwin, 1984: 4269.

Los cactus vivos a que hace aquí referencia Darwin y que observa entre las rocas de la subida a la actual ciudad de Alto Hospicio, pertenecen a la cactácea columnar Eulychnia iquiquensis. Hoy ya no existen ejemplares vivos en este lugar, excepto escasos fragmentos de esqueletos, muertos hace tiempo. ¿Qué pasó con ellos?. Fenecieron hace tiempo, como en tantos otros lugares de la costa norte. Su empleo como combustible por los habitantes mineros o pescadores de Huantajaya, Santa Rosa e Iquique y el inexorable proceso general de desecamiento climático, acabaron con ellos. Los "musgos" a que se refiere, probablemente no son tales sino diversas especies de líquenes, que sobreviven con la neblina o camanchaca.

¿Musgos o líquenes amarillos?

Si realmente observó aquí musgos, querría decir, claramente, que las condiciones de humedad de entonces eran bastante superiores a las actuales. ¿Se equivocó Darwin al confundir líquenes con musgos?. Es hoy muy raro hallar musgos en estos oasis de niebla. Los hay, pero muy ocultos en grietas o cavernas, en sectores rocosos, en lo alto del acantilado, y los hemos visto en Alto Patache y en Punta de Lobos. En escasísimo número. El musgo necesita normalmente una mayor cantidad de humedad que el líquen para prosperar y desarrollarse, al igual que los helechos.
Por otra parte, el propio Darwin dice que se adscriben al género Cladonia. Pues bien este género es propio de los líquenes y no de los musgos!. La confusión es pues, evidente.


Los líquenes observados por Darwin creciendo sobre huesos secos de mulas, abandonados a su suerte, corresponden tal vez a la especie Chrysotrix sp. que se suele aferrar a rocas o troncos secos, ostentando un hermoso color amarillo, especie que es común en el oasis de Alto Patache. El tinte "amarillo pálido" de que habla Darwin, perceptible sobre el terreno y piedras, ciertamente alude a la enorme presencia de líquenes, no musgos. Los musgos no darían jamàs este tinte amarillo que nos pinta Darwin y sólo pueden verse, en escaso número en oquedades de las rocas pero nunca en un paisaje abierto y amplio, como el texto sugiere.

Sintetiza el naturalista sus observaciones sobre la vida en estos parajes, con una frase lapidaria: "nos encontramos en un verdadero desierto". Y tenía razón.

(Segmento en construcción, 18/01/2010).

miércoles 6 de enero de 2010

Caracoles terrestres: ¿qué significa su presencia en los oasis de niebla?

Fig. 7. Ejemplares de Bostrix derelictus Broderip, que retienen todavía en parte su colorido original. Hallados bajo una planta de Ephedra breana, viva. (Foto H. Larrain, 11/01/2010).

Fig. 6. Ejemplares que aún conservan su vivo colorido original. Estos ejemplares muertos fueron hallados ocultos y semi enterrados entre el follaje de Ephedra breana, en los límites orientales del oasis de niebla, hacia los 850-880 m de altitud. Resulta evidente que estando vivos se alimentaron de las partes blandas de esta especie vegetal. Allí mismo, se halló bastantes fecas de guanaco, prueba palmaria de que este camélido se alimentó también allí de hojas y tallos tiernos de esta misma especie vegetal. (Foto H. Larrain, 11/01/2010).

Fig. 5. Este caracol terrestre compartía, en el oasis de niebla de Alto Patache, su habitat con la pequeña langosta Heliastus rufipennis, la que suele verse todavía hoy en este mismo ambiente. (Foto H. Larrain, 10/01/2010).

Fig. 4. El tamaño de esta especie de Gastrópodo terrestre puede alcanzar hasta los 3.0 cm como máximo. La hemos encontrado en abundancia, entre los 750 y 850 m de altitud, siempre muerta, en todos los tamaños, diseminada en las planicies o mesetas interiores, arenosas, y no en el borde mismo rocoso del acantilado, el que es ocupado por otra especie, de mayor tamaño, el Plectostylus broderipi. También la hemos encontrado en enorme abundancia en sectores arenosos colonizados por líquenes fruticosos de varias especies, como en el sector extremo sur del oasis de niebla (Pampa Bugueño).Tenemos la firme convicción de que este caracol vivió aquì a expensas de estos líquenes, de los que se alimentó en el pasado. Foto H. Larrain 10/01/2010).

Fig. 3. Conchas del caracol terrestre Bostrix derelictus Broderip, entre arenas y pedruzcos pequeños en un área de laderas donde hoy no existe ningún tipo de arbusto o hierba viva. Son todos testigos de un pasado no tan remoto, cuya cronología exacta no podemos aún determinar. (Foto H. Larrain , 10/01/2010).

Foto 2. Concha de Bostrix derelictus Broderip. Expuesta por decenios al sol ardiente del desierto, ya no mantiene sus colores originales. Seguramente yacen desde hace mucho tiempo abandonadas en la superficie del oasis de niebla, donde otrora se desarrolló una vegetación herbàcea de Gramíneas, Nolanáceas y Malváceas. Hay no pocos sectores en el oasis donde su abundancia ellegó a ser tal que ha llegado a teñir de color blanco el área correspondiente (Foto H. Larrain, 10/01/2010).

Fig. 1. Conchas vacías del caracol terrestre Bostrix derelictus Broderip. Esta especie es bastante común en yacimientos de sectores de la cordillera de la Costa en el Norte de Chile. La hemos encontrado en Cobija, en Mamilla, en Alto Chipana, en Punta de Lobos y aún en los cerros que bordean la ciudad de Antofagasta por el Este. Debió ser muy abundante en tiempos más antiguos cuando la humedad reinante permitió su eclosión y desarrollo. . (Foto H. Larrain, 10/01/2010).

El enigma: ¿qué hacen aquí, a 800 m. de altitud?.

El Oasis de niebla de Alto Patache nos ha brindado muchas sorpresas. Las hay de tipo climático, geomorfológico, biológico, botánico, faunístico, arqueológico, histórico. Tal vez, demasiadas. ¿Alguien imaginaría, por ejemplo, que puedan existir caracoles, millones de caracoles, en las diseminados en las alturas de Alto Patache? . A primera vista, parecería un imposible tratándose de un desierto; pero, sin embargo, existen y en enormes cantidades. Sabemos bien que los caracoles ( Gastropoda) se desarrollan sólo en ambientes húmedos, no solo en el mar (gastrópodos marinos); sino también en tierra (Gastrópodos terrestres). En este hábitat terrestre se distingue a los "dulceacuícolas", o sea, los que viven en aguas dulces ( lagos, charcos, lagunas, pantanos) y los propiamente terrestres, que no necesitan de un medio estrictamente acuático, pero sí de un medio muy húmedo para vivir. De las aproximadamente 650.00 especies de caracoles del mundo, en Chile hay unas 650 especies descritas.

¿Qué son los gastrópodos y cómo se movilizan?

La palabra "gastrópodos" o "gasterópodos" alude a la presencia de un pie (podos) o masa muscular con la que se moviliza. Gaster significa "estómago". Los gastrópodos, son un grupo importante en el philum Mollusca (Moluscos). Se trata de animales blandos (eso significa "moluscos") que carecen de esqueleto y que poseen un poderoso pie ventral con el que se movilizan, deslizándose, dejando tras de sí una estela brillante de una substancia que el mismo animal secreta. Este "pie" generalmente va adherido a una concha dura, de carácter calcáreo, que es producida por el propio organismo y que le sirve de protección y morada. Al ser atacado, se refugia y oculta enteramente dentro de su propia concha y si el ataque proviene de la extrema sequedad ambiental es capaz de auto-cubrir la entrada con una capa dura, protectora, que impide la pérdida de agua, llamada opérculo. Cubierto con esta capa protectora que sella lpor completo a entrada, puede capear, generalmente semi enterrado, muy largos períodos de sequía exterior. No se sabe exactamente cuántos años o decenios pueden sobrevivir a una sequía o desecamiento exterior, encerrado en su concha, a la paciente espera de un chubasco o lluvia que le permita moverse en busca de su alimento, que consiste siempre en partes blandas de plantas vasculares o líquenes. En el medio desértico, como el nuestro en Atacama, serán frecuentemente los líquenes su alimento preferido; no pocas veces, su único alimento.

Cuando los encontramos la primera vez.

Cuando llegamos a inicios del 1997 al oasis de niebla de Alto Patache, notamos con asombro una enorme sección plana, blanquecina, de cerca de media hectárea de extensión, literalmente cubierta de conchas vacías de caracoles terrestres. Las había por centenas de miles o tal vez, millones. Muchas conchas estaban intactas aunque ya del todo descoloridas, otras ya desmenuzadas y fragmentadas por el paso del tiempo. Seguramente, esta variedad de estados refleja la existencia de ciclos o períodos húmedol, interrumpidos por períodos intermedios más secos. A la verdad, al caminar sentíamos casi un sentimiento de culpabilidad al pisar y triturar esa masa blanca, testigo de una vida que existió otrora aquí en enorme abundancia y que ahora, al parecer, estaría ya totalmente ausente.

Pronto descubriríamos, más al sur, en unas laderas interminables de líquenes, inmensas praderas de manchas blancas, conchas y más conchas, cubriendo extensas laderas, y arenales suaves. Son hoy sólo millones de cadáveres insepultos. La pregunta inmediata que nos surge hoy es: y, ¿dónde están los sobrevivientes?. Y antes que eso: ¿Existirán sobrevivientes todavía?. ¿Dónde?. Y la pregunta que sigue: Y si ya fenecieron todos, ¿por qué, o a causa de qué murieron?. Preguntas y más preguntas que no sabemos contestar adecuadamente o que tratamos de responder con un escueto e insípido: "tal vez sea esto fruto del calentamiento climático". Pero, ¿qué significa esto?.

¿Cómo explicar su enorme profusión en este lugar?.

Su enorme cantidad revela que un día no lejano proliferaron aquí, al amparo de mucha humedad. Y esta humedad sólo tiene dos posibles explicaciones plausibles: a) mayor frecuencia e intensidad de lluvias periódicas; y b) mayor cantidad de humedad o camanchaca, sostenida por un mayor espacio de tiempo. O, tal vez, ambas condiciones climáticas a la vez. Para encontrar estos períodos tan húmedos, no necesitamos remontarnos al Holoceno, o sea a los 15.000- 12.000 años A.C. período que conocemos como el "pluvial". La historia paleontológica más reciente ns enseña que ha habido periódicamente eventos húmedos, interrumpidos por largos períodos más secos. El siglo XVIII, sin ir más lejos, es considerado un período muy húmedo. Mientras que el siglo XX es observado como un período notablemente seco, con alguna corta excepción (décadas de 1930-1940).

¿De qué época o período datan estos caracoles, hoy muertos?.

A lo que creemos, la extraordinaria acumulación actual de conchas de caracoles muertos, en distintos sectores del oasis de niebla de Alto Patache, aparentemente originada en un mismo período de tiempo (por su estado de conservación), no debe ser muy antigua. La presencia de varios años seguidos húmedos y "lluviosos", intensificados ,tal vez, por la mayor frecuencia e intensidad de nieblas (camanchacas), pudo crear el ambiente propicio para un desarrollo descomunal de estas especies de caracoles terrestres in situ, las que se desarrollan por miríadas y en corto tiempo, cuando tienen las condiciones vegetacionales y de humedad requeridas.

Por "lluviosos", queremos entender aquí años en que pudo caer entre 5 y 20 mm de pluviosidad anual, en forma consecutiva, por espacio de al menos un decenio. Una pluviosidad de 15-20 mm en el desierto, provoca de inmediato el fenómeno que conocemos como el "desierto florido", con un frenético desarrollo de plantas vasculares que por espacio de un par de meses hacen verdear y florecer el horizonte, tiñéndolo de amarillo, blanco, azul, celeste o rojo, tal como lo podemos observar cada cierto número de años en la zona desértica entre Chañaral, Caldera, Copiapó y Huasco. Se sabe que los caracoles terrestres, como es el caso del "caracol de las viñas," (del género Helix), encontrando las condiciones propicias de humedad y temperatura, proliferan muy rápidamente, en forma descomunal, pudiéndose convertir en una verdadera "plaga".

De qué especies vegetales se alimentaron otrora?.

Es lo que imaginamos ocurrió aquí, de tanto en tanto, en estos oasis de niebla, cuando la gran humedad y lluvias provocó una tremenda eclosión vegetacional, con fuerte desarrollo de las especies autóctonas de Nolanáceas, Liliáceas, Amarilidáceas, Malváceas, Solanáceas, Frankeniáceas, Gramíneas y otras familias de plantas del desierto. Tal vez, esta eclosión se produzca cada 100 o 200 años, o más, en forma probablemente cíclica, lográndose entonces una recuperación de las zonas de "lomas" y "oasis de niebla", las que, en el largo período intermedio seco, llegan a conocer momentos de trágica y acelerada retracción que casi conducen a su total desaparición.

Estas laderas secas de hoy fueron testigos de otro desarrollo.

En consecuencia, si nuestra hipótesis es correcta, estas laderas hoy cubiertas por millones de conchas vacías, descoloridas e inertes, serían el testimonio viviente de una pretérita vitalidad y exhuberancia vegetacional, ocurrida con cierta periodicidad, hace algunos decenios o centurias, por razones de alternancia climática, cuya explicación última, tal vez, deba buscarse en las manchas solares. Pero estas mismas laderas hoy cubiertas de conchas muertas, nos hablan gráficamente de lo que pudo significar esa eclosión vegetacional en términos de ocupación del espacio vegetado por antiguas manadas o tropillas de guanacos, ciervos andinos o bandadas de aves, hoy sólo circunscritas a los ecosistemas de altura, sobre los 3.500 m de altitud donde pueden encontrar el alimento (semillas) que necesitan para sobrevivir.

Y esta eclosión vegetal, aunque tal vez no fue un fenómeno anual, atrajo a los antiguos cazadores de guanacos. Lo comprueba su instrumental de caza, allí abandonado y los huesos faenados y quemados del animal.

Y si nuestra hipótesis es correcta, se explicaría así perfectamente bien por qué el hombre primitivo, que poblara esta costa desde hace más de ocho milenios, el cazador andino y el pescador-recolector del litoral desértico incursionaran periódicamente en estos ricos ecosistemas de "lomas" y " oasis de nieblas", buscando un complemento alimenticio a su dieta marina. O utlizara estos ecosistemas de vida como lugar de paso obligado desde y hacia las cimas andinas. Con ello se explicaría, igualmente, la presencia de cientos y cientos de instrumentos líticos de caza, diseminados en los altos del oasis, pruebas ciertas de la práctica activa de la caza animal que fuera practicada aquí por milenios. Es decir, si esta hipótesis es correcta -como creemos, firmemente- todo lo que hoy observamos con extrañeza, adquiere verosimilitud, adquiere pleno sentido y actualidad.

jueves 24 de diciembre de 2009

Cómo se cazaba el guanaco en tiempos prehispánicos. Argumentos tomados del oasis de niebla de Alto Patache

Foto 22. Ladera descendente que ostenta miles de huellas del guanaco. Aún hoy se sostienen aquí, semivivas, algunas plantas de Ephedra breana en los sectores altos, reliquias de la antigua vegetación que otrora pobló esta comarca y permitió el acceso de manadas de guanacos. Esta zona de laderas se puebla de miles ejemplares de Nolana jaffueli, y Leucoryne appendiculata, formando verdaderas praderas naturales que sobreviven por espacio de 2-3 meses, cuando eventualmente llueve en esta área. Fue el espectáculo grandioso que tuvimos el privilegio de ver en los meses de Septiembre a Noviembre del año 1997, por efecto de lluvias acaecidas in situ entre los dìas 18 y 20 de Agosto. (Foto H. Larrain, agosto 2007).

Fig. 21. Vista desde acantilado del oasis de niebla de Alto Patache hacia el Sur. Se observa infinidad de senderos de guanacos que descienden por la ladera. Se les puede seguir la pista hasta los 200 m. de altitud snm. Por aquí descendió el guanaco a pastar en años de alto desarrollo vegetacional, fruto de lluvias eventuales provocadas por el Fenómeno de "El Niño", tal como ocurrió en 1986 y 1997. El guanaco, según algunos testigos, baja eventualmente hasta el litoral, donde lame la sal acumulada en algunas pocitas, entre las rocas marinas. Nunca ha sido observado, sin embargo, en nuestra zona costera en tiempos recientes. Al fondo, la silueta característica de Pabellón de Pica, lugar donde los antiguos guatacondinos y piqueños venían a surtirse del guano fósil de aves marinas existente en sus yacimientos o covaderas para abonar sus cultivos agrícolas (Foto H. Larrain, Agosto 2007).

Fig. 20. Verdadera malla de senderos en descenso, que rodean las ladera en el sector Este del Oasis de niebla de Alto Patache. Vista desde los 850 m de altitud.(Foto H. Larrain 10/01/2010).

Fig. 19. Antiguo sendero de guanacos, ya fuertemente erosionado por lluvias eventuales. Sospechamos que el último período de uso intenso habría sido en la década 1930-1940, cuando hubo el último período húmedo, de mayores precipitaciones en la zona, (Foto H. Larrain, 10/01/2010).

Foto 17. Antiguo sendero de guanacos profundamente marcado en la superficie de la ladera. la huella sólo mide aproximadamente unos 22 a 25 cm de ancho. Nunca más. Frecuentamente se entrecruzan, en ángulos suaves, bordeando las laderas de los cerros (Foto H. Larrain 10/01/2010).

Foto 16. Oasis de niebla de Alto Patache. Mirada desde los 850 m de altitud hacia el NE. (Foto H. Larrain, 10/01/2010).

Fig. 15. Sector Este del oasis de niebla de Alto Patache. Mirada hacia el Sur, desde los 850 m de altitud (Foto H. Larrain, 10/01/2010).

Fig. 14. Entrecruzamiento enmarañado de antiguos senderos de guanacos. Laderas Este del Oasis de Niebla de Alto Patache; toma hecha desde los 850 m de altitud hacia NE. Asombra, en medijo de la sequedad del àrea, el grado de conservación de estas huellas. (Foto H. Larrain, 10/01/2010).

Fig. 13. Bello ejemplar de Eulychnia iquiquensis en plena floración, en las alturas de Alto Patache. La parte baja del grueso tronco de este espécimen ha sido comida antiguamente por los guanacos. La enorme cicatriz allí dejada, lo revela. Cuando escaseaba el alimento, el guanaco echó mano de las cactáceas, para obtener líquido y alimento. Pero la casi total desaparición de los antiguos montes de Eulychnia en la zona norte de Chile, al Norte del río Loa, se ha de atribuir, más bien, además del evidente cambio climático de las recientes décadas, de origen antrópico, al uso intensivo de la madera de cactus como combustible por parte de los pescadores costeros, cuando éstos se encontraban aislados de los centros poblados. Esto ocurrió en la zona sur de Iquique (de Chanavaya a Chipana) entre los años 1900-1960, antes de la existencia de la ruta costera, hoy día intensamente traficada. (Foto H. Larrain, diciembre 2002).

Fig. 12. Típicos cuchillos, confeccionados en basalto o en sílex . Cuchillos y raspadores eran instrumentos esenciales para cortar y desprender la carne de los huesos del animal recién faenado. (Foto M. Navarro, Julio 2004).

Fig. 11. El antiguo cazador-recolector seguramente comió los gloquídeos (brotes) de esta especie (Cumulopuntia sphaerica), desprendiendo o quemando previamente sus molestas espinas, para obtener su líquido. (Foto H. Larrain, Septiembre 2009).

Fig. 10. Puntas de proyectil confeccionadas en sílex blanco, semi transparente. Son muy bien trabajadas, pedunculadas y poseen aletas. Este proyectil debió ser, a lo que sospechamos, el preferido para la caza del guanaco para provocar su desangramiento y muerte. (Foto M. Navarro, julio 2004).

Fig. 9. Gráfico que muestra la proporcionalidad de los diferentes artefactos líticos hallados en el seno del oasis de niebla de Alto Patache, Si sumamos el % de puntas de proyectil (18%), puntas de lanza (8%), cuchillos (17%), raspadores (10%), artefactos todos íntimamente relacionados con la caza del guanaco en el lugar, llegamos a un 53% de todo el instrumental hallado. Si agregamos el 14% propio de las puntas de arpón halladas, alcanzamos un 67% de artefactos, directamente relacionados con la caza animal (terrestre y marina). Curiosamente, el % de elementos que dice relación con la preparación de otros tipos de alimento (caso de los percutores), es aquí bajísimo: sólo el 7%. Contrariamente, según hemos observado en el sitio residencial BP-1, en la terraza marina, este sitio ostenta un altísimo porcentaje de artefactos destinados a la molienda (metates o piedras de moler, manos). Lo que prueba a las claras que arriba, en el sitio destinado a la caza y faenamiento, casi no se practicó la molienda. (de mariscos, algas, semillas, frutos, bulbos, rizomas o tallos). Por la misma razón, en el sector alto y en el taller lítico, la cerámica es muy escasa.

Fig. 8. Parapeto o atalaya de caza. Cima de uno de los tantos cordones elevados que rodean el Oasis por el Este. Lugar de acceso obligado para el guanaco, viniendo del Este (Salar Grande). (Foto H. Larrain, Septiembre 2005).
Fig. 7. Planicie arenosa o meseta alta, a los 775 m de altitud, que hemos denominado "pampa del taller lítico". Aquí se halló, en una superficie superior a los 5.000 m2, varios lugares donde se fabricó numerosos artefactos líticos in situ, en basalto, sílex y cristal de roca, quedando abandonados sobre el terreno miles de lascas o esquirlas, de todos los tamaños. Aquí mismo, quedó la evidencia del alimento consumido in situ: conchas de lapas, locos y apretadores (chitones), junto a innumerables huesos fragmentados de guanaco, no pocos con señas de quema. Este fue el lugar principal de elaboración de instrumental lítico necesario para la caza y faenamiento in situ del animal cazado. (Foto H. Larrain, Mayo 2005).

Fig. 6. Círculo pequeño de piedras, ajenas al lugar, indudablemente llevadas ex professo para confeccionar un sencillo fogón. Aquí hallamos abundante ceniza, huesos calcinados y restos de conchas. (Foto H. Larrain, Febrero 2004).

Fig. 5. Bosteadero localizado en una pequeña planicie, en el sector extremo sur del Oasis de niebla. Los restos muy desmenuzados de las fecas, revelan su antigüedad. A lo que creemos, fue la década 1930-1940 el último período húmedo en que llegaron hasta aquí las tropillas de guanacos, desapareciendo más tarde, salvo muy esporádicas visitas. (Foto H. Larrain, Junio 2002).

Fig. 4. Bosteadero o defecadero de guanaco. En el área del oasis, hemos hallado cerca de 30 bosteaderos, de distintos tamaños. Aún se puede observar sus fecas redondas. El guanaco, al igual que la vicuña y la llama, usa siempre el mismo lugar para defecar y sigue invariablemente los mismos senderos. Lo que bien sabía el cazador avezado de antaño . (Foto H. Larrain, Junio 2002).

Fig. 3. Restos de un parapeto o atalaya de caza. Conjunto de piedras traídas al lugar para ocultarse allí y espiar el paso del guanaco. De estos parapetos, hay por lo menos seis o siete en la zona de Alto Patache. Se localizan en los cordones más altos, de muy buena visibilidad. allí donde se les encuentra hoy, confluyen generalmente varios senderos de guanacos. En dos de ellos han sido halladas micro lascas, que revelan la actividad de preparación de sus flechas in situ. Imaginemos a los cazadores agazapados aquí, arco en mano, ocultos bajo un cuero de guanaco o lobo marino, oteando pacientemente y por horas, el horizonte. (Foto L. Pérez, Marzo 2001).

Fig. 2. Guanaco escapando del hombre. Foto tomada en abril del año 2009, hacia los 3.200- 3.400 m de altitud, en medio del tolar, camino a Colchane. Aquí pudimos observar, al lado del camino, una tropilla de cuatro guanacos. Este lugar es hoy el habitat normal de este camélido, el que ya no baja a la costa, como antaño. Las últimas referencias a avistamientos de guanacos en el sector costero de Alto Chipana, datan del año 1998. Durante los 13 años de nuestra intensa actividad en Alto Patache, jamás hemos visto el guanaco en el contorno de este oasis. (W. Sielfeld, com. pers. 2006; Foto H. Larrain, abril 2009). Todos los defecaderos o bosteaderos conocidos en el lugar, son muy antiguos, a juzgar por el estado de desmenuzamiento de las fecas. Todos presentan el mismo grado de abandono. Muy probablemente se remonten a la década 1930-1940, que fue el período cercano más húmedo, en términos de precipitaciones registradas en esta zona, durante el siglo XX.




Fig. 1. Lomajes interiores del oasis de niebla de Alto Patache. Se observa gran cantidad de antiguos senderos o huellas de guanacos, ya inactivos. A medida que nos alejamos de la costa, el número de senderos va disminuyendo significativamente hasta confluir en dos o tres senderos, que se internan hacia el Salar Grande.

jueves 17 de diciembre de 2009

Presencia de guanacos en el litoral norte chileno: trazas de su actividad in situ

Fig. 4. La espesa niebla sube lentamente el acantilado costero hasta alcanzar la altura de los 750-780 m para sobrepasar los cerros y avanzar tierra adentro, rumbo al Este. Es la "zona de humedad" o camanchaca, donde se desarrolla aún hoy la escasa vegetación que otrora, mucho màs vigorosa que hoy, alimentó a las manadas de guanacos que recorrían incansablemente los oasis costaneros. Aún hoy, se puede observar los senderos de guanacos que avanzan hacia el norte y hacia el sur, en procura de otros oasis.

Fig. 3. Ejemplares de gran tamaño de los arbustos perennes Frankenia chilensis y Nolana intonsa, que viven hoy en el seno del oasis, con el apoyo de pequeños atrapanieblas. Tal como el lagarto hoy ( al medio de la foto), el guanaco acudió aquí a comer sus flores, frutos y brotes tiernos.

Fig. 2. Área de abastecimiento de agua, en tiempos prehispánicos hacia los 750 mk de altitud, en plleno acantilado. La roca vertical destilaba y aún hoy destila abundante agua, en momentos de condensación de la niebla. Aquí debió, sin duda, llegar el guanaco a lamer los líquenes pletóricos de humedad, los que todavía hoy tapizan la roca hasta humedecer el subsuelo.

Fig. 1. Laderas de cerros que miran al mar en el oasis de niebla de Alto Patache. Miles de senderos de guanacos se entrecruzan, en la zona donde la vegetación eventual, producto del "Fenómeno de el Niño", surge potente cada 7-10 años. Aquí venía a pastar antiguamente el guanaco. El actual. desecamiento climático ha ahuyentado definitivamente a este camélido de la zonas costera, relegándolo a la zona de los 3.000- 4-000 m. de altitud, en los contrafuertes andinos.

Nuestro primer contacto con las trazas del guanaco.

Desde nuestra primera visita al Oasis de Niebla de Alto Patache en diciembre de 1996, a unos 65 km al Sur de Iquique, la idea de investigar la antigua presencia del guanaco (Lama guanicoe L) en esta área surgió potente y avasalladora. Habiendo llegado originalmente con el objetivo de descubrir el universo entomológico allí presente, por consejo de nuestro amigo biólogo Walter Sielfeld de la Universidad Arturo Prat, pronto nos dimos cuenta que había otros temas de investigación, tanto o más atrayentes. La presencia de abundante camanchaca o neblina costera en el área y las posibilidades captarla y el hallazgo inmediato de piezas líticas, reveladoras de faenas de caza animal por parte de los habitantes prehistóricos, nos llevó rápidamente a interesarnos por estudiar la antigua presencia y actividad humana de caza en ese sector alto.

Avistamiento de guanacos en Cerro Moreno (Antofagasta), en agosto del año 1964.

Nuestra experiencia previa en los altos de Cerro Moreno (Antofagasta) donde habíamos avistado (agosto del año 1964) varios ejemplares del guanaco en la zona de cactáceas y líquenes "barbas de viejo", a los 900 m de altitud, nos sugería una valiosa pista de investigación. Allí, en Cerro Moreno, nos habíamos ya acostumbrado a distinguir los senderos antiguos, dejados por el guanaco, sus defecaderos y sus revolcaderos. Y en una de nuestras ascensiones, habíamos hallado varias puntas de proyectil hechas en sílex, justamente muy cerca o junto a tales senderos. Era evidente que el antiguo habitante de la costa de Antofagasta, el antecesor de los changos históricos, habìa solido encaramarse a lo alto persiguiendo el guanaco, para aprovechar su carne y así diversificar su dieta alimenticia con proteínas animales.

Las primeras pistas de la existencia de guanacos en Alto Patache.

Por eso, al visitar por primera vez el Oasis de Niebla de Alto Patache y al hallar las primeras pistas claras de la presencia de guanacos, quedamos gratamente sorprendidos. Los rastros dejados por estos camélidos no nos eran desconocidos; más bien, nos eran muy familiares. Pronto comprendimos que guanacos, camanchaca mojadora y flora local constituían una valiosa unidad de estudio. Y por espacio de varios años, nos hemos dedicado a reunir antecedentes in situ sobre la cacería de guanacos por parte del pescador-recolector marino, convertido ahora en avezado cazador terrestre. Nuestro Diario de Campo ha ido sumando numerosas experiencias y observaciones, muchas de las cuales queremos recoger aquì en beneficio de nuestros lectores, sobre todo de los jóvenes que de alguna manera se interesan por un enfoque nuevo en la arqueología: la eco-antropología.

Revolcaderos e instrumentos líticos: prueba de la caza del guanaco in situ.

Así, cuando subimos en vehículo hasta la parte alta del oasis, no tardamos en tropezar con un típico revolcadero, depresión característica de aproximadamente 1.5 m de ruedo, perfectamente circular, usada por el guanaco para revolcarse y librarse de sus parásitos. Casi en seguida, descubrimos numerosas lascas de sílex dispersas, de variados colores, y tres o cuatro instrumentos tallados que reconocimos como cuchillos hechos en sílex. A muy corta distancia del revolcadero, pasaba un sendero bien delineado, que se perdía hacia el norte y hacia el sur. Esa experiencia en un lugar no visitado antes por arqueólogos, nos dejó fascinados. En visitas posteriores, junto a la colecta obligada de especímenes entomológicos, màxime de tenebriónidos que muy pronto aprendimos a buscar bajo el follaje casi seco de Nolanas, Ephedras o Lycium, fuimos afinando los ojos en busca de pistas que nos ayudaran a desentrañar el misterio de estos guanacos y su presencia en el lugar.

Doce años de observaciones de terreno.

En estos doce años de constante subida al lugar (1996-2009), hemos reunido gran cantidad de observaciones, datos y objetos arqueológicos demostrativos de la caza animal. Todo, sin excepción, apunta a una antigua presencia y caza del guanaco por parte de los habitantes prehistóricos de la costa. Si, además, realmente llegó a existir aquí el ciervo de cola blanca (Odocoileus virginianus Zimmermann) o, aún eventualmente, el huemul o taruka (Hyppocamelus bisulcus Molina), hoy habitante sólo de las zonas altas de la cordillera, sobre los 3.700 m. de altitud, habría constituído un poderoso argumento adicional para los cazadores costeros para acceder a los cerros altos de la costa, ayudados por sus perros.

Las referencias históricas del siglo XIX.

La presencia de manadas pequeñas de guanacos en los cerros altos de la costa del extremo norte chileno, fue un hecho bien conocido de los antiguos. Tenemos referencias concretas del viajero francés Alcide D´Orbigny, Julian Mellet, Rodulfo A. Philippi, entre otros. Este último señala en su obra Viage al Desierto de Atacama (Halle, 1860):

[Trepa el morro hasta unos 650 m de altitud e indica]: "En esta altura se muestra alguna vegetación [de la que señala unas 8 especies]" y agrega: "Me admiré mucho de encontrar aquí rastros y estiércol de guanacos. ¿Hay acaso más vegetación en los meses de invierno?. El naturalista Philippi trepa este morro en Enero del año 1854, subiendo por el costado norte, desde Mejillones.(Philippi: 1860: 34).

En el año 1876 , muy poco antes del inicio de la Guerra del Pacífico, el capitán chileno Ramón Vidal Gormaz al recalar en Morro Moreno, comenta:

"Al presente los guanacos (lama guanaco) son escasos y el llama sólo se halla en las cercanìas de Conchi, región situada a unas 36 leguas de la costa y sobre el paralelo 22º 05´; sobre el Morro Moreno y otros puntos litorales se suelen ver algunos guanacos. El león [puma] es muy raro, pero se le ha visto en el Paposo descender hasta la playa para mariscar, según los pescadores de aquel puerto..." (1876: 89).

La observación de Vidal Gormaz es muy valiosa y certera pues apunta a destacar no solo la presencia de agua en la costa, sino también de otros recursos para la vida humana. En efecto reconoce la aguada de cerro Moreno, al nivel del mar, y se surte de esta fuente para su tripulación, la misma que había sido mostrada siglos antes, por los habitantes changos, al corsario Francis Drake en el año 1577, según su propio relato.

Trabajos científicos de zoólogos.

Ya en pleno siglo XX, el investigador Guillermo Mann, reconocido zoólogo, nos da datos muy exactos sobre la presencia de pequeñas colonias de guanacos en los cerros de la costa norte, en especial en el Morro Moreno. Su artículo: "Colonias de guanacos -Lama guanicoe - en el desierto septentrional chileno", fue publicado en 1953 en la revista Investigaciones Zoológicas Chilenas, vol.1, Nº 10.

Nuestro propio testimonio: manada de guanacos en Cerro Moreno (1964).

La presencia de guanacos en los contornos de cerro Moreno - ya advertida por Philippi-, duró hasta la década del setenta del pasado siglo (¿1975?). Fuimos testigos presenciales de una tropilla de 4 guanacos, avistada por nosotros en agosto del año 1964, hacia los 900 m. de altitud, en el sector dominado por la cactácea Eulychnia iquiquensis. (cf. H. Larrain, en su obra Etnogeografía de Chile, Instituto Geogràfico Militar, 1987: 69). El área está repleta de senderos y antiguos defecaderos, en cuyas cercanías hallamos varias puntas de proyectil hechas en sílex.

En 1985 vimos solo algunos esqueletos.

En nuestra última ascensión a Cerro Moreno (1985) encontramos tan sólo un par de esqueletos de guanaco, cubiertos enteramente de líquenes. Se dice que los aviadores de la Base Aérea de Cerro Moreno se ensañaron contra ellos, disparándoles desde el aire para probar puntería, después del golpe militar del año 1973. Lo cierto es que nadie los ha vuelto a ver in situ.

Segmento en construcción, 30/12/2009).


miércoles 21 de octubre de 2009

Presencia indígena en oasis de niebla. El caso de Alto Patache

Nos proponemos presentar aqui, con despliegue de material fotográfico nuestro, evidencias tangibles de la actividad de caza terrestre y de consumo de agua atmosférica por parte de los antiguos habitantes costeros, antepasados prehistóricos de los llamados changos o camanchacas. A comienzos del año 1997 y por insinuación de nuestro amigo el biólogo marino Walter Sielfeld, visitamos por vez primera el oasis de niebla de Alto Patache, situado a unos 65 km al sur de Iquique y a una altitud media de los 750-800 m s.nm.

El objetivo inicial: la colecta entomológica.

El objetivo inicial de nuestra primera expedición no fue, precisamente, ubicar yacimientos arqueológicos. Más bien, recolectar insectos del oasis, máxime Coleoptera que se hacían presentes en el oasis con motivo de la llegada del Fenómeno de El Niño (1997-98). Nuestra afición entomológica databa de los años 1955-56, con motivo de mis tempranas relaciones de amistad con Luis Peña Guzmán, eximio entomólogo santiaguino, experto en Coleópteros del género Tenebrionidae. En efecto, nuestras primeras visitas al oasis nos permitieron colectar numerosos especìmenes de Coleópteros tenebriónidos de los géneros Philorea, Physogaster, Psammetichus, Scotobius y varios otros más, abundantes en ese momento. de copiosa floración Nos sorprendió gratamente poder hallar, a la vez, representantes de curiosos carábidos, en especial la especie Calosoma rufipennis, de hermosa tonalidad terracota rojiza que vagaba velozmente y en gran número, entre las praderas de Nolana spp., Frankenia sp. y Liliáceas de los géneros Leucocoryne, Zephyra y Fortunatia. Sucesivas visitas fueron engrosando la Colección que hoy representa varios miles de individuos, de alrededor de 30 especies diferentes.

La súbita aparición de la niebla mojadora.

Desde nuestra primera visita, nos sorprendió, igualmente constatar in situ la presencia de una intensa niebla o camanchaca que penetraba a raudales, velozmente, en el oasis, humedeciendo su superficie. Aquella tarde de densa niebla mojadora, del mes de Abril del año 1997, nos abrió todo un atractivo y riquísimo panorama de estudio de las nieblas del tipo estrato-cúmulo, procedentes del Pacífico, que haría reverdecer el seco oasis, en los meses inmediatamente siguientes. A los pocos días, informábamos a nuestra amiga geógrafa, Pilar Cereceda Troncoso, del Instituto de Geografía de la Universidad Católica en Santiago, de este hallazgo. Muy pocos meses después, iniciábamos juntos una gloriosa epopeya que dura hasta hoy, con un inusitado despliegue de estudios, publicaciones, trabajos, informes y presentaciones a Congresos, que ya suman unas cien producciones cientificas. La página web del actual Centro del Desierto de Atacama, de la Pontificia Universidad Católica (www.cda.uc.cl) muestra buena parte de ellas.

Más de doce años de estudio de la neblina costera.

Este estudio, proseguido hasta hoy mismo con geógrafos de la Pontificia Universidad Católica de Chile (P. Cereceda, P. Osses, F. Velásquez), nos ha mantenido ocupados y felices a lo largo de todos estos doce años. La observación directa del impacto de la niebla rasante sobre el paisaje arenoso y rocoso, nos sobrecogió al momento, y nos trajo a la memoria nuestros tempranos contactos con el físico de la Universidad del Norte, Antofagasta, Carlos Espinosa Arancibia, pionero de las investigaciones sobre la niebla en Chile (1957-1977). Se abría así, un segundo campo de investigación, igualmente apasionante, en el seno de este escondido oasis de la costa desértica.

Los artefactos arqueológicos: prueba de la presencia antigua de cazadores.

Por añadidura y como por encanto, nuestra primera visita, realizada al oasis con mi esposa Marta Peña Guzmán (1997) nos dio otra grata sorpresa: el hallazgo de varios instrumentos arqueológicos (cuchillos, raederas y puntas de proyectil rotas) , junto a numerosas lascas o esquirlas de sílex, y basalto, de variados colores, en el contorno de un antiguo revolcadero de guanacos. Mi antigua formación arqueológica en México, despertó súbitamente de su largo etargo y de inmediato nos dimos cuenta que surgía, en este oasis, una tercera y apasionante veta de investigación: la arqueología costera.

Un oasis multifacético: rico campo de experimentación para el científico.

En un solo día de intenso recorrido, pues, se agolpaban en mi mente inquieta, multitud de ideas y reflexiones sobre niebla, entomología y arqueología de grupos indigenas. El lugar, tan aislado y remoto, en la cima de los acantilados costeros, mostraba aspectos de gran interés como para encandilar a cualquier científico del área de la geografía y climatología, de la zoología de vertebrados e invertebrados y, como si fuera poco, en el campo de la antropología y arqueología.

El sitio, de esta suerte, se transformaba de repente en un excelente laboratorio para estudios interdisciplinarios. Pocos meses después, con la aparición de un intensa lluvia local, ocurrida in situ hacia el 18-20 de agosto de 1997, la biogeografía y la botánica se agregaban a la lista de tópicos por explorar en el lugar. En los meses siguientes, entre octubre y diciembre del 1997, pudimos presenciar la aparición de extensas praderas de plantas en flor, con numerosos géneros de plantas presentes. Gran variedad de grupos de insectos (Lepidopetera, Orthoptera, Diptera, Hymenoptera, Hemiptera, Coleoptera, Thysanura, acompañaba esta repentina eclosión de la flora endémica, dormida o adormilada tras años de intensa sequía .

En los párrafos que siguen, iremos apuntando tanto los numerosos descubrimientos hechos como su estrecha relación con el ecosistema de niebla. Nuestra memoria se apoya en más de 30 Cuadernos de Campo o Bitácora, donde he ido pacientemente anotando todas las observaciones, hechas en cada visita. Esta interrelación íntima entre el ecosistema natural, escenario geográfico y poblamiento humano, constituye lo que hemos denominado una eco-antropología: ciencia integradora que nos permite entender profundamente el cuándo, el dónde, el cómo y el porqué el grupo humano prehistórico se hizo presente para utilizar y cosechar los recursos que le ofrecía el medio, y con ellos, crear su propia y peculiar cultura.

La eco-antropología: una disciplina que intenta dar respuesta al porqué de un determinado poblamiento.

La Eco-antropología
no sólo procura explicarnos el poblamiento humano desde tiempos al parecer muy tempranos (tal vez desde los 8.000 años A.P), en una determinada comarca del desierto norte chileno, sino también nos impele a buscar nuevas interrelaciones con el medio, todavía ocultas, no reveladas aún, o insuficientemente conocidas por los arqueólogos y antropólogos. Por ejemplo, el empleo de líquenes fruticosos, muy abundantes en el sector extremo sur del oasis de niebla, por parte de los antiguos habitantes de la costa, es un tema aún virgen que requiere tanto de búsqueda bibliográfica pertinente, como de observaciones y experimentación in situ. Al igual que la presencia probable de plantas medicinales o psicotrópicas que pudieron ser utilizadas in situ por los habitantes costeros. Casi nada sabemos en concreto sobre estos temas que inciden directamente tanto en su alimentación y salud, en movilidad y sus hábitos migratorios y, por fin, en numerosas manifestaciones de su vida psíquica y cultural.

En los párrafos que siguen, iremos apuntando nuestras principales reflexiones y conclusiones sobre el porqué de la ocupación de este sitio, desde muy alejados tiempos prehistóricos, en procura de reservas alimenticias (carne, huesos, flores, frutos, tallos, bulbos y rizomas vegetales) que el medio marino no podía ofrecerles. Todas ellas, creemos se insertan plenamente en un enfoque eco-antropológico.

Durante años y desde nuestros primeros trabajos cientìficos (1970), rotulamos este enfoque como "ecológico cultural", siguiendo fielmente la denominación de Marshall Sahlins en su notable trabajo: "Culture and Environment. The study of Cultural Ecology" (publicado por Aldine Publishing Co. [Sol Tax, Editor], Chicago, 1967). Este estudio y otros posteriores de este autor, fueron muy iluminadores para mí en aquellos años.

Desde hace un par de años, a lo menos, hemos preferido el uso del término "eco-antropológico", por considerarlo más rico, amplio y abarcante y por considerar fundadamente que este enfoque formaría parte de una verdadera sub-disciplina nueva en el campo de la Antropología: la Eco-antropología.

(segmento en construcción, 23/12/2009)..