domingo, 9 de abril de 2017

Fotografìas desconocidas del sacerdote-arqueòlogo belga, Gustavo le Paige, S.J.: Un homenaje al cumplirse 37 años de su partida.




                                              
Fig. 1.   Portada  de la revista informativa de la Embajada de Chile en Washington, (Summer, 1979). En esta pequeña revista, casi desconocida, hemos hallado referencias a Le Paige y su actuar en el desierto atacameño, que hemos querido rescatar para el archivo sobre Le Paige y su obra.

Nuestro recuerdo de Gustavo le Paige.

En nuestro blog, hemos  tratado de recoger, en numerosos capítulos  (ver etiquetas respectivas  bajo Museo arqueológico San Pedro de Atacama, Gustavo le Paige, Atacameños...), la herencia cultural y social del jesuíta belga, Gustavo le Paige de Walcque   (1903-1980). Nos hemos referido in extenso a su vida  como científico de campo,  a la vez que a su actuación  como misionero católico, en todos los poblados atacameños tanto en la zona del río Loa como en los contornos del Salar de Atacama. Hemos reproducido también diversas fotografías  que hemos podido espigar, aquí y allá, en diversas publicaciones y que nos ilustran  bien acerca de su incansable accionar en el desierto atacameño durante 25 años.

Imágenes desconocidas.

Al acercarse un nuevo aniversario de su fallecimiento (19 de mayo de 1980), hemos creído pertinente aportar  nuevos antecedentes sobre este personaje, esta vez en forma de  imágenes que han permanecido en la penumbra y que  por casualidad  hemos  rescatado del olvido. Las debo a mi esposa, Marta Peña, quien había guardado celosamente las publicaciones originales.

Un pequeño homenaje cuando se quiso sepultar su Museo.

Quiera ser éste un nuevo  y pequeño homenaje a su memoria, en momentos en que su querido Museo, el Museo  Arqueológico de San Pedro de Atacama -joya reconocida de la zona por 63 largos años- yace hoy semi-destruido, abandonado y totalmente desmantelado.   ¿La causa?: un fatal e imperdonable error de las autoridades edilicias de San Pedro y, probablemente también, de los investigadores del propio Museo. Encandilados y enceguecidos  por un novísimo y prometedor diseño ultra moderno, se han quedado hoy "sin pan ni pedazo".  Hoy no existe Museo alguno en el lugar donde laboró le Paige. Sus ricas colecciones, se hallan hoy, apiladas  (?), en containers por tiempo indefinido...Nada se puede estudiar hoy allí, lamentablemente.

Un error imperdonable.

¡Se pretendió erigir, exactamente en el mismo emplazamiento del antiguo, un gigantesco Museo nuevo de varios pisos, de concreto, de un diseño postmoderno, destrozando y haciendo añicos el venerable entorno colonial pueblerino. No se respetaba,  en los nuevos planos, el antiguo sistema constructivo del área antigua del poblado: el adobe.  Tampoco su tradición y  su larga historia de esfuerzo, tenacidad y gloria. Y así, se hizo trizas el antiguo y venerable Museo de Le Paige, levantado en  1962 con el esfuerzo mancomunado de manos atacameñas, pisoteando su historia y su legado. !.   Y, lo que resulta más traumático y doloroso,  se vio en esos días una escandalosa rapiña de puertas, ventanales, adobes y maderos, por parte de turbas locales, disputándose acremente sus despojos!. ¡Qué vergüenza!.

Una revista informativa de  la embajada chilena en Washington.

Las fotos que aquí acompañamos han sido extractadas de una pequeña revista informativa, de doce páginas, redactada en inglés por la Embajada de Chile en Washington, muy poco después de la muerte de Le Paige.  ¿Su nombre?: "Report  on Chilean University Life" (Summer 1979, Number three   y Spring 1980, Number six). Su editor responsable por entonces era el abogado Mario Correa Saavedra.  Lo interesante de esta revista es que recoge, en apretada síntesis,  la información científica que habían producido las universidades chilenas y que ellas mismas consideraban de especial relevancia.   La Universidad del Norte, en aquellas fechas, otorgaba especial énfasis a las investigaciones arqueológicas de Le Paige.

 Fig. 2.  Resumen, en inglés, de la trayectoria científica y humana del sacerdote jesuìta Gustavo le Paige  de Walcque.
 Fig. 3.  Esta fotografía, probablemente data de los comienzos o mediados del año 1979, último año de actividad museológica de Le Paige. Aquí se le ve,  ya cansado y muy deteriorado,  guiando  una de las últimas visitas a su Museo, seguido del Rector de la Universidad del Norte, el general Jaime Oviedo Cavada. A fines de dicho año, fue trasladado de urgencia a Santiago para ser tratado de un cáncer avanzado, que consumió su vida, falleciendo un 19 de mayo de 1980.

Comentario.

1.  Le Paige siempre estuvo orgulloso de su Museo. Fue su gran obra y la mostraba con especial orgullo a sus visitantes.  Para él, el Museo era una prueba tangible e irrefutable  de lo que el llamaba con entusiasmo: "la continuidad de la cultura atacameña".

2. Para nosotros, Le Paige  ha sido un ejemplo de extraordinaria fidelidad a su misión.  Para él,  ser sacerdote y evangelizador y, a la vez, científico de campo y explorador,  nunca constituyó  un dilema. Supo conjugar ambas vocaciones de generosidad y entrega y, sin duda, lo logró.  Y fue, a la vez, ejemplo de una tenacidad de hierro en la consecución de sus objetivos. Contra viento y marea, y luchando contra la opinión inicial adversa de sus superiores religiosos inmediatos, levantó con sus manos y las de sus ayudantes atacameños un hermoso Museo, construido según los planos del hábil arquitecto antofagastino Carlos Contreras Alvarez.

3. Y gracias a su esfuerzo y su tesón, San Pedro de Atacama devino de humilde e ignorada aldea polvorienta, en  una urbe arqueológica, el área arqueológica  lejos la más visitada y concurrida de todo Chile.

4. Fue su indiscutible mérito y por eso lo recordamos hoy , una vez más, con respeto y admiración profunda.

5. ¿Dónde se encuentra hoy  -nos preguntamos -la formidable e impresionante estatua en bronce del cèlebre sacerdote-arqueòlogo que  cimentó y pavimentó  el progreso de San Pedro de Atacama y lo lanzó al estrellato?.  Estatua que, por su significación y sentido, debería estar instalada en la propia plaza mayor de San Pedro de Atacama, frente a la llamada casa de Don Pedro de Valdivia.


viernes, 3 de marzo de 2017

Investigaciones arqueológicas en la costa de Antofagasta: sector la Chimba. Expedición francesa del año 1902.


Sobre excavaciones antiguas en la costa de Antofagasta.  Un texto olvidado.

Presentación.

Entregamos hoy a nuestros lectores nuestra traducción del francés,  de un  ponencia publicada en el Bulletin et Mémoires de la Societé d´Anthropologie de Paris, Tome III (V Serie), 1902: 700-708, Paris.   El texto se refiere específicamente a excavaciones muy tempranas practicadas en la costa de Antofagasta, hace 115 años atrás.

Quien hace esta presentación  es el médico francés Arthur  Chervin (1850-1921)  miembro de la expedición  llamada Mission Scientiphique  G. de Créqui Montfort y E. Sénéchal de la Grange, quien fuera el encargado de la sección Craniología de dicha expedición. El Dr. Chervin  fue el responsable de redactar el tomo III, titulado Anthropologie Bolivienne (Paris, Imprimerie Nationale, 1908).

Notemos que por “Antropología”  en  los países europeos (en particular en Francia y Alemania) se entendía por entonces tan solo el estudio  de las características físicas de los pueblos indígenas, lo que en nuestra tierra  conocemos hoy como “Antropología Física”.  El estudio de la cultura de estos pueblos era considerada parte de otras ciencias,  como la "Etnografía" o  a la "Etnología", o incluso el "Folklore".

Su especial interés para nosotros, sin embargo,  radica en  el hecho de que se trata –a lo que creemos- de las primeras excavaciones arqueológicas realizadas en esta región de Antofagasta de que se tenga referencias precisas y detalladas, bastante  anteriores a las realizadas, en la década del 1920, por el médico alemán Otto  Aichel  en el área de Cerro Moreno. De estos trabajos y sus resultados para la ciencia antropológica, ofrecemos aquí el relato circunstanciado del Dr. Chervin, hecho ante la Sociedad científica, cuyo contenido se transcribe  aquí  ad litteram en  una descripción precisa  y detallada.

[Nota. En paréntesis cuadrados,  adición o comentario nuestro].

Traducción del texto original.

 “El Señor Chervin  tiene el honor de presentar a la Sociedad numerosos objetos traídos desde Bolivia por el Señor Sénéchal de la Grange.

En el curso de un viaje  efectuado desde la bahía de Antofagasta hasta  el altiplano de Bolivia, el Señor Sénéchal de la Grange tuvo la ocasión de recolectar objetos de diferente naturaleza, pero todos igualmente preciosos para los antropólogos, porque los procedentes de esta región son bastante  escasos.

El Señor Chervin presenta:

1. Cuatro cráneos hallados por el Sr. Sénéchal de la Grange en lomajes de la ensenada de (la) Chimba frente a la isla de Guarnan  [sic! por Guamán]. Tal como pareció  al Señor de la Grange, la sepultura fue excavada en plena tierra, o mejor dicho,  en plena arena, en el acantilado que domina la bahía. No había rastro alguno de tumba [o sepulcro].
Las diversos huesos que componían el esqueleto han sido hallados en la posición normal de un cuerpo extendido, excepto en el caso del niño, contrariamente  a  lo que suele encontrarse de ordinario en muchas sepulturas peruanas  de las orillas del  Pacífico, donde la posición en cuclillas es la regla.

[¿El cráneo de Atahualpa?].

A estos cuatro cráneos recogidos personalmente por el Señor Sénéchal de la Grange,  se agrega aquí un quinto que le ha sido obsequiado por uno de sus amigos como el cráneo del famoso Atahualpa, el último gran jefe Inca del Perú.  Este cráneo, que  está representado en la línea tercera  de la fotografía adjunta, ¿es verdaderamente el cráneo de Atahualpa?. La cosa no es imposible si se ha de creer  al documento mostrado aquí abajo que ha sido remitido al Señor Sénéchal de la Grange y que nosotros hemos traducido literalmente. Sea lo que sea, el Señor Sénéchal de la Grange se limita a entregarlo tal como lo recibió, sin otra garantía alguna de autenticidad histórica (sigue aquí nota  al pie de página con una extensa referencia a la historia  del cráneo de Atahualpa y su destino).

Sea lo que sea, de estos cinco cráneos, los tres primeros pertenecen a hombres adultos, uno a una mujer y el otro a un niño.  Los tres cráneos adultos  son muy claramente  braquicéfalos, tal como lo atestiguan las fotografías adjuntas, y presentan una serie de caracteres comunes, y en forma notable,  una  gran anchura de la cara como consecuencia de la importancia del ángulo bicigomático. Uno de estos cráneos  presenta un prognatismo sumamente notorio con inserciones musculares  fuertemente marcadas; el cráneo de Atahualpa, presentando las mismas características generales que  el segundo cráneo adulto,  no posee las inserciones musculares tan marcadas como los precedentes: es claramente más fino.  Ninguno de ellos muestra señas de deformación  (craneana).

Los cráneos de la  mujer y del niño nada presentan de particular. Son braquicéfalos como los  demás. Se nos plantea un problema:  ¿a qué raza pertenecen estos cráneos?. Nuestros conocimientos craniométricos  relativos a las numerosas razas que poblaron estas regiones son poco numerosos. Todo lo que podemos decir es que eran, en  todo caso,  poblaciones de pescadores, privadas del hierro y  de  todo tipo de mineral, estando así  obligados a servirse del sílex puesto que no tenían  otro tipo de utensilios  a su disposición.  Actualmente, nos es difícil precisar más.  Pero el señor Sénéchal de la Grange, quien  va a regresar nuevamente a Bolivia, se pone a la disposición de la Sociedad de Antropología  y de todos los sabios que tengan  problemas para dilucidar o informaciones que recabar. Gracias a la atención  que  realiza el personal médico que  él posee en las minas de Huanchaca, podría  hacer recopilar  todos los antecedentes de interés  relativos a los  7.000 obreros de la mina, que pertenecen a todas las razas indígenas de la altiplanicie del Perú, de Bolivia, del Brasil y de la República Argentina.

No sabríamos, pues,  agradecer suficientemente al Señor Sénéchal de la Grange por tan generosa propuesta, que servirá en gran medida a los intereses de la ciencia (1).

2. En las sepulturas, el señor Sénéchal de la Grange ha encontrado maravillosas puntas de flecha hechas en sílex y en diferentes  tipos de rocas,  todas ellas finamente dentadas, de las cuales algunas  no parecen haber sido utilizadas [para la caza].

3. Había aún un gran número de arpones de madera para la pesca. Algunos terminaban en un sílex tallado bastante grande, en forma de lanza, mientras que otros terminaban  en un sólido anzuelo de hueso.

4. Dos o tres  marcos de espejo (?)  (cadres a miroir) adornados  por un diseño muy simple, conformado por líneas quebradas. El señor Sénéchal de la Grange ha hecho referencia a numerosos otros objetos que irán a enriquecer nuestras  colecciones públicas. Entre éstas, debo señalar dos momias: una de hombre y otra de mujer; las dos dicen relación a personas que perecieron de muerte violenta. La mujer trabajaba en las minas de cobre de Chuquicamata; ella presenta la cabeza aplastada por un derrumbe  ocurrido en época desconocida;  el cuerpo está momificado en forma natural. Junto a ella, se ha encontrado diferentes objetos, notablemente un saco de piel  curtida en el cual  se halló  dos o tres grandes piedras, de  20 a 25 cm de  longitud,  y seleccionadas verosímilmente por  su forma de hacha de mano, las que servían para desprender el mineral. Había allí, igualmente, un martillo de piedra bruta, muy interesante,  en forma de  pirámide. El mango está formado por una rama de árbol de un metro de largo y doblado.(à frais) en su parte media. La piedra está inserta al medio de la rama [así] doblada. Se mantiene en su lugar  mediante amarras de cuero curtido de un centímetro de longitud, dispuestas en forma de redes (réseaux).  Las dos ramas de árbol  dobladas se unen mediante  pequeños cuerdas de cuero curtido formando así un mango de 45 cm de largo.

 Se halló igualmente cerca de esta pieza  un pequeño cesto redondo, sin tapa, hecho en cestería de junco trenzado con mucha regularidad en forma de un pote (bol), sin diseños de color. La momia del hombre fue donada al Museo de Etnografía del Trocadero; ha sido  colocada en la sala Lorillard, vitrina  Nº  51. Esta momia fue hallada hacia el año 1880 en trincheras abiertas en las arenas  del altiplano de Bolivia  para la instalación del ferrocarril de Antofagasta a   Pulacayo. El cuerpo se encuentra perfectamente momificado;  la piel se ve levantada en algunas partes, en especial en el brazo derecho, dejando ver una musculatura  en buen estado.

Se trata de un hombre joven, imberbe,  de pequeña talla (de alrededor de  1,50 m de alto) y su cara es alargada. Los cabellos son de un  color café (brun) y lisos,  y están trenzados  en penachos  (touffes)  en torno a  la cabeza y  son lo bastante largos como para caer  por delante hasta el cuello y por detrás, hasta las espaldas.  Sobre la cabeza  se observa una pequeña  redecilla de hilo  de algodón blanco en forma de red (filet)  que termina en una pequeña borla o pompón formado por una veintena de  gruesos hilos de lana roja. Alrededor del cuello,  se observa un cordón de algodón del cual está suspendido un pequeño saco de ocho centímetros de alto por tres de ancho. Este saco [o bolsita] está hecho  en tejido de algodón de dos colores y el diseño  se compone de dos hiladas de  un centímetro de ancho, amarillo y rojo sucediéndose alternativamente a todo lo largo [de la pieza]. El saco está cerrado por medio de un fino cordón amarillo: es incontestablemente un saco de amuletos.  En el interior del saco [o bolsa] se hallan  dos puntas de sílex, un pequeño guijarro  aglomerado con una incrustación de cobre y cuatro granos de limonita pisilítica  (limonite pisilitique).

Los lóbulos de las orejas están perforados y atravesados por un pequeño trozo de madera dura, afilada en uno de sus extremos,  delgada (mince) como una aguja de tejer, y de un largo de alrededor de cuatro centímetros; diríamos [que semeja] una espina larga.

El cuerpo está extendido todo a su largo, acostado sobre el costado derecho, con el antebrazo plegado, con la cara dorsal de la mano apoyada sobre la mejilla en la actitud del sueño. Los pies están desnudos y desprovistos de sandalias. No hay traza alguna de tatuaje. El cuerpo está vestido solamente de un puncho (sic! por poncho) de color, tejido en forma  regular en el telar  (au métier)  que desciende hasta unos 10 cm debajo de la rodilla. El puncho (sic! por poncho),  lo sabemos, es una pieza de  tela en forma de  cubierta  perforada al medio por medio de una  abertura para dejar pasar la cabeza y   mantenerlo sobre el cuerpo.   En  la parte del cuello se observa  una especie de encaje  formado por 7 gruesos puntos de tapicería en lana roja  cuyos hijos  suben de cada lado en una misma línea, a dos centímetros de distancia. Directamente sobre la piel se halla un cinturón aplastado. Está hecho de la reunión de  una veintena de cordelillos en pelo de llamo, que probablemente servía para suspender un paño (hoy día ausente).
El pubis está guarnecido de pelos. Pero la persona  fue castrada  con la ayuda de un instrumento  sumamente  afilado, cuya corte  se ve aún hoy perfectamente nítido al nivel del pubis mientras que se ven restos de las bolsas [bolas].  La extracción del pene ha tenido lugar  con toda certeza después de la muerte; tal vez  fue  practicada por el obrero que la descubrió en la trinchera del ferrocarril, para hacerse  con él algún amuleto.

 Esta momia es, pues,  interesante por más de una razón.

El señor Sénéchal de la Grange ha hecho obsequio a la Sociedad, para su museo particular,  de los cinco cráneos que yo acabo de presentar; éstos vienen a llenar  una laguna en nuestras colecciones y debemos dirigir a nuestro generoso donante nuestros más calurosos agradecimientos.

A causa de su especial importancia, yo he creído útil  ofrecer un dibujo de cada uno de estos cráneos para nuestros lectores del Boletín. Me ha parecido que la fotografía  presentaba una gran ventaja sobre los (instrumentos) goniómetros y cefalómetros conocidos. Así, pues, he buscado una posición que fuera la misma para todos los cráneos en estudio y sobre todo un medio para hacerlos comprables entre ellos. He pensado que la fotografía señalética  (signalitique)   imaginada para  la persona viva por nuestro colega  el señor Alfonso Bertillon, podría tener su aplicación en la craniometría ya que ella presentaba todas las condiciones requeridas para lograr la mayor uniformidad posible de  posturas y reducción.  Mi amigo, el señor Alfonso Bertillon ha  tenido a bien  adaptarse a  mis indicaciones y las fotografías de la página 706 han sido realizadas en su Servicio en las condiciones señaladas en la nota adjunta. [Ver más abajo].

La aplicación  del método del señor Alfonso Bertillon  a la craniometría presenta, con  respecto de  los diversos  aparatos craniométricos, la ventaja  del diseño fotográfico sobre todos los dibujos hechos a mano. Pero el procedimiento del señor A. Bertillon es tan rigurosamente exacto que permite tratar la fotografía obtenida como un verdadero dibujo geométrico, así como tomar  mediciones  precisas. Es ésta una ventaja  inapreciable  que hará los más grandes servicios a los  investigadores que se dedican a  la craniometría.

Nota sobre la reproducción fotográfica de cráneos.

[Esta sección,  de interés únicamente para la historia de la craniometría, no fue traducida en esta ocasión y se omite aquí. Es de naturaleza muy técnica, y nada nos aporta desde el ángulo eco-antropológico que es nuestro enfoque. Se puede, sin embargo, leer en su texto original  francés].

Discusión.

El señor Presidente pide al señor Chervin que transmita al señor Sénechal de la Grange los agradecimientos de la Sociedad.  Expresa, igualmente,  el anhelo de obtener  referencias exactas  sobre la sepultura de los cráneos que acaban de ser  ofrecidos.
El señor Chervin es de opinión de que los cadáveres habían sido enterrados en la arena, sin  ninguna otra  forma de sepultura (o tumba).
El señor  A. de Mortillet hace notar  que las flechas presentadas por el señor Chervin   se aproximan por su forma a aquellas que se encuentran en Europa”.

[Hasta aquí, nuestra traducción del texto original  francés.  Solo nos faltó  incluir la fotografía de los cráneos aquí  descritos,  cuya deficiente fotocopia  poseemos, tomada del original francés, la que esperamos agregar próximamente. El artículo original trae una página entera con la imagen comparativa de los cráneos referidos]
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Nota 1. Por recomendación  del señor M. Chervin,  los señores Sénéchal de la Grange y de Créqui-Monfort acaban de organizar una verdadera misión antropológica llevando consigo a investigadores calificados como  los señores Adrien de Mortillet, Courty, el Dr. Neveu-Lemaire y J. Guillaume.


viernes, 24 de febrero de 2017

"Qué hace el arqueólogo": Manual de campo de "Expedición a Chile". Una Guía práctica para iniciarse en el conocimiento de la arqueología, editada en Santiago en 1975.

Los orígenes de "Expedición a Chile".

A comienzos del año 1975, un grupo de soñadores chilenos congregados por el ingeniero y matemático Alberto Vial Armstrong, el abogado Mario Correa Saavedra y Luis Peña Guzmán, conocido entomólogo chileno, diseñaron, con el apoyo de otros científicos de las universidades locales, una revista sui generis  que pretendía  mostrar, en imágenes y texto, las riquezas ocultas en rincones poco conocidos de nuestro país. La casa editora nacional Gabriela Mistral,  sería  la responsable de la edición. En Chile se vivía por entonces un período histórico muy  complicado, con la llegada al poder de los militares tras el golpe militar de septiembre de 1973. Se trataba, pues,  de dar a conocer nuestro país desde otro punto de vista, del de su riquezas naturales, ignoradas o poco reconocidas por los propios chilenos. Nos habíamos acostumbrado demasiado a mirar hacia fuera, ignorando o desconociendo  nuestro propio ser, nuestra propia y rica  geografía, nuestra ecología, historia o antropología. ¿Cómo dar a conocer Chile, entonces, encantando a nuestros compatriotas con nuestras riquezas naturales y nuestras culturas ancestrales?   Se trataba así de unir a  los chilenos después de las luchas fratricidas. Se buscaba  una sana escapada al odio y al rencor de unos y de otros. ¿Qué mejor que  meditando profundamente sobre nuestro propio territorio, su devenir geográfico y geológico y sus riquezas naturales, tan poco conocidas por la inmensa mayoría de los chilenos?.  Parecía el momento preciso para  reflexionar sobre lo que nos unía, por encima de  nuestras diferencias políticas: el amor  por Chile.

 Expediciones reales a lugares reales.

La respuesta fue crear una revista ilustrada que mostrara el verdadero y semioculto rostro de Chile, en un momento en que se nos miraba con profunda desconfianza,  recelo o franca  odiosidad  desde el exterior. ¿Cómo llamarla?. Hubo acuerdo general en que expediciones reales a distintos rincones del país dirigidas por científicos de variadas disciplinas, serían la base, la riquísima materia prima para el relato. Alguien sugirió llamémosla "Expedición a Chile",  porque de hecho íbamos a expedicionar en nuestro propio país, para conocerlo y darlo a conocer mejor. El nombre gustó a todos. Uno de sus creadores, Luis Peña Guzmán, tenía fama de ser probablemente el mejor conocedor del territorio patrio, de su fauna y de su flora, pues  había recorrido el país desde el volcán Tacora, por el Norte hasta la isla del Cabo de Hornos, en busca de  insectos, batracios, reptiles, aves o mamíferos desconocidos.  Era Lucho, -como le llamábamos todos familiarmente- el guía obligado de cuanto científico de la Naturaleza extranjero llegaba al país a estudiar su flora o su fauna.  Tenía ya por entonces  a su haber, a sus 54 años,  más de 300 expediciones a los más recónditos rincones del país.  ¿Qué mejor guía para expedicionar  a través del Chile desconocido?. 

Un proyecto novedoso  pero audaz.

El proyecto era muy ambicioso. Entregar textos didácticos, pero sencillos y  amenos, describiendo las expediciones realizadas y sus resultados e incógnitas; acompañar el relato con abundancia  de imágenes, croquis y mapas; dibujar las especies de plantas y animales raros; mostrar la cartografía de los lugares visitados;  entregar  en fascículos diferentes "Guías de Campo" para  los lectores, al estilo de los Field Guides de Norteamérica, para  reconocer las especies animales y vegetales de las distintas regiones del país. Muy importante nos pareció el reflexionar en  equipo sobre el sentido, origen y destino de nuestro territorio patrio y sus especies naturales  así como sobre  el peligro de extinción de las mismas. En este sentido, la revista debía tener una  fuerte tonalidad ecológica  y de protección ambiental, aspecto que era ampliamente compartido por todo el equipo científico. 

Las Guías de Campo para reconocer las especies.

La primera "Guía de Campo", dedicada a la Observación de nuestro litoral, fue encomendada al biólogo marino de la Pontificia Universidad Católica  Juan Carlos Castilla, gran conocedor del medio litoral chileno y sus extraños  habitantes. Pronto le siguió una segunda Guía de Campo, para el estudio y reconocimiento de las mariposas diurnas  de Chile, obra de Luis Peña Guzmán. No pocas de las especies allí mostradas fueron fruto directo del descubrimiento personal de Lucho de  mariposas hasta entonces desconocidas en nuestro país. Nosotros mismos nos ofrecimos para elaborar una pequeña Guía sobre  arqueología, en la que se explicara en forma simple qué hace el arqueólogo y cuáles son los métodos y resultados de su labor.   Este es el origen del capítulo que aquí presentamos  donde  se reproduce in extenso  el librito completo  titulado:  "Qué hace el arqueólogo", de  120 apretadas páginas, llenas de imágenes.

Hace unos años  atrás  quisimos  dar a conocer y reproducir esta obrita en este mismo Blog, dando la oportunidad a muchos lectores de leerla aquí mismo. Por razones técnicas que no manejamos, al poco tiempo el link a la obra desapareció, y solo quedó su breve Introducción. Hoy subsanamos este error técnico en beneficio de nuestros lectores y seguidores.  Hemos optado por el método, mucho más lento y tedioso, de copiar  todas sus páginas, una por una,  para poder ofrecerlo así completo a nuestros lectores.

Sabemos por testimonios varios, que  esta obrita, al igual que los otros manuales de "Expedición a Chile", contribuyó a  despertar numerosas vocaciones científicas en nuestro país. Lo que nos llena de orgullo y satisfacción  al constatar que hemos cumplido con nuestra misión y sus objetivos. También nos consta que remeció la conciencia ecológica nacional, dormida o adormilada,  y suscitó y/o inspiró empresas semejantes, destinadas a dar a conocer y admirar en imágenes el territorio patrio, como el Programa  "La Tierra en que vivimos" o  "Al Sur del Mundo". Sus creadores han reconocido paladinamente que nuestra revista fue inspiradora de sus empresas e ideales. Testimonio  que a ellos los honra y a nosotros nos enorgullece.

Mostrar al público qué es la arqueología y cómo se hace arqueología, era un desafío nada fácil. Con entusiasmo y apoyado por varios científicos del Museo de Historia Natural de Santiago  (Grete Mostny, Rubén Stehberg) , cuyo apoyo nos compromete, nos pusimos   a trabajar. El resultado está hoy en sus manos.  Reproducimos aquí con agrado su texto, con algunas adiciones nuestras  actuales al pié de cada figura, las que creemos valorizan su contenido  y le otorgan mayor credibilidad.

La  Editora Nacional Gabriela Mistral (ex Editorial Quimantú)  se encargó de su impresión y divulgación.

He aquí el texto completo de esta obrita aparecida en el año 1975, esto es hace ya más de 40 años. 

Fig. 1 . Portada del Manual de Arqueología.


Fig. 2.  pág. 1.  El autor de este Manual (derecha) junto a un ayudante de campo, clavando las estacas para  trazar la cuadrícula de  1 m. x 1 m. en un pequeño conchal arqueológico en la localidad de Los Molles  (Marzo 1975).
Fig .3.  pp.  2-3.  Título de la obra, autor e Institución patrocinante.

Fig. 4. pp. 4-5.  Se explica objetivo de la Arqueología : estudiar las huellas de los antiguos habitantes del territorio a través de los restos culturales.


Fig. 5.  pp. 6-7.  ¿Dónde excavar?.  La figura  de la izquierda muestra a Luis Peña Guzmán, entomólogo, observando  círculos de piedra, bases de viviendas de los changos  prehistóricos en el sitio de Pan de Azúcar. A  la derecha, vista de la quebrada de Tarapacá y sus sembríos desde el alto,


Fig. 5.  pp.  8-9.  Los rastros del pasado.




Fig. 6. pp. |10-11.  Algunos restos arqueológicos  característicos. Revelan técnicas especializadas y señalan períodos cronológicos.



Fig. 7. pp. 12-13.  El uso de la piedra o  actividad lítica.


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Fig. 8.  pp. 14-15.  Empleo de los productos vegetales.



Fig. 8.  pp. 16-17.  Distintos tipos de materia prima utilizada: madera, hueso, alfarería, cestería.



Fig. 9.  pp.  18-19.   Manifestaciones rituales: geoglifos.

Fig. 10.  pp.  20-21.  Razones  o argumentos que usa el arqueólogo para excavar un determinado sitio.




Fig.  11.  pp. 22-23. El salvataje o salvamento arqueológico. Cuándo cómo y por qué hacerlo.


Fig. 12. pp. 24-25.  Criterios para  decidir dónde excavar.



Fig. 13. pp. 26-27.  Sitios arqueológicos relevantes en Chile y conveniencia de crear Museos de Sitio en el país 

Fig. 14. pp. 28-29.  En los siglos  XIX y XX muchas expediciones científicas tuvieron por objeto directo obtener piezas para decorar y enriquecer los Museos europeos de la época. en especial en Inglaterra, Francia, España,Alemania, Bélgica, Noruega o  Rusia. De esta suerte  numerosos objetos de nuestras culturas se exhiben hasta hoy en dichos países europeos y no han retornado al país de origen. La tendencia actual de nuestras comunidades ancestrales es reclamar los cuerpos o esqueletos de los primitivos habitantes que  decoran no pocos Museos extranjeros.


Fig. 15. pp. 30-31.  Muestras de  objetos de cerámica decorada de las culturas peruanas. Cultura Mochica, Valle del Moche, Perú.


Fig. 16. pp. 32-33.  Las Colecciones particulares: su origen, y destino ideal: incrementar las colecciones de los Museos reconocidos por el Estado. Derecha: bases de viviendas precarias de pescadores-recolectores marinos en la zona de  la reserva nacional Pan de Azúcar.

Fig. 17. pp. 34-35.  Los conchales arqueológicos: sitios de ocupación humana prehistórica en la costa norte de Chile. A la izquierda:  nosotros en la zona de Los Molles, estudiando un pequeño conchal indígena (Abril  1975). 


Fig. 18. pp. 36-37.  Izquierda: observando una tumba en un cementerio violado  en la localidad de Coscaya, 1° Región de Tarapacá (Enero 1972).  Derecha, foto del sacrificio humano de la princesa  Inca en el cerro El Plomo, cordillera frente a Santiago.  Foto amablemente cedida por la Dra. Grete Mostny  G., por entonces Directora del Museo de Historia Natural de Santiago de Chile.

Fig. 19.  pp. 38-39.  Las terrazas o andenes de cultivo prehispánicos en la zona de Coscaya, Primera Región de Tarapacá. Testigos de intensa actividad  agrícola y de regadío en el Norte Grande de Chile. Derecha:  el geógrafo Hugo Bodini C., trepando los muros de las terraza, (expedición Instituto de Geografía,  Universidad Católica de Chile, Enero-Febrero 1972. Foto H. Larrain).


                                
Fig. 20. pp. 40-41. La importancia y significación  de los poblados en ruinas. Nos hizo falta aquí una imagen de las excavaciones en el sitio Túlor, San Pedro de Atacama, considerado por el arqueólogo Gustavo le Paige como un sitio característico de la cultura atacameña, con empleo del barro en las construcciones.

Fig. 21. pp. 42-43.  Algunas evidencias arqueológicas comunes en Chile. La p. 40 nos muestra, arriba, un ejemplo  clásico de taffoni, o sea  cavidades naturales  producidas en ciertos granitos por efecto del viento (erosión eólica). 


 Fig. 22. pp. 44-45.  Importancia de las cuevas y aleros rocosos para  mantener  y conservar asta el presente  restos de antigua presencia humana.


 Fig. 23. pp. 46-47.  Valor cultural de las estructuras ceremoniales.  Izquierda: los  conocidos moais de isla de Pascua:  a la derecha:  ruinas de la fortaleza o pucara de Lasana,  al Norte de Chiuchíu, región de Antofagasta.
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Fig. 24. pp. 48-49. El estudio del sitio desde un ángulo ecológico y geográfico. La importancia de la recolección de materiales culturales de superficie y lo que éstos nos pueden revelar. Derecha: asentamiento humano en la Pampa del Tamarugal, Pampa de Iluga, junto a campos  de cultivo abandonados. Descubrimiento de Jorge Checura en el año 1971.


 Fig. 25. pp. 50-51.  Determinación de la posición de cada objeto en el espacio, en un sistema de coordenadas cartesianas.

Fig. 26, pp. 52-53. Se destaca aquí Las posibilidades de la fotografía aérea en la arqueología. Hoy (año 2016) son las imágenes que nos ofrece Google Earth, en cualquier sector del planeta, las que nos deparan una excelente guía para reconocer  dibujos (geoglifos), campos de cultivo   o rastros de sendas o construcciones antiguas. Ubicada la coordenada respectiva, sólo resta  visitar el área y constatar in situ lo existente.  El problema práctico radica a veces en que  lo escarpado,  o  lejano del lugar  puede hacer  muy difícil el acceso.

Fig. 27. pp. 54-55.  Hoy día (2017, año de reedición de esta obra)  gran parte de esa informción que antes costaba tanto obtener, es posible conseguirla fácilmente por medio de las imágenes del Google Earth, transmitidas por satélite.



Fig. 28  pp. 56-57. Las herramientas propias del arqueólogo en esos años. Hoy tendríamos que agregar  necesariamente el GPS (Geographical  Positional  System)  y el Notebook, por lo menos.


 Fig. 29.  pp. 58-59.   La foto corresponde a excavaciones en el sitio preclásico de Tlatilco,  dirigidas por el  arqueólogo Román Piña Chan, nuestro profesor en el Instituto de Antropología de México. (Foto H. Larrain año 1969).


Fig. 30. pp. 60-61.  Etiquetas   de las bolsas con materiales  de la excavación.



Fig. 31  pp .62-63.  Cómo excavar un sitio.

Fig. 32.  pp.  64-65.  Excavación de montículos o áreas extensas.


                           
Fig. 33. pp.  66-67.  Excavación de sitios  grandes.


Fig. 34. pp. 68-69.   Se muestra cómo se excava  poblados o cementerios de gran tamaño.


Fig. 35. pp. 70-71.  Las cuevas que han permanecido intocadas (es decir no alteradas), nos permiten obtener  una valiosa cronología al ser excavadas cuidadosamente. Los estratos o capas se han ido superponiendo con el correr del tiempo, de tal suerte que  las capas inferiores son siempre las más antiguas. 


Fig. 36. pp. 72-73.  A la derecha, un  corte en un enorme conchero en la costa de México. En Quiani (Sur de la ciudad de Arica) el yacimiento del conchal arqueológico superó los  3,50 m de profundidad.

Fig. 37.  pp. 74-75.  Derecha: entierro humano en el sitio arqueológico de Tlatilco, Año 1968.


Fig. 38. pp. 76-77.  La estratigrafía es el estudio de las capas o estratos superpuestos en una excavación.

 Fig. 39.  pp. 78-79.   El  huaqueo  es el instrumento de destrucción de la evidencia arqueológica.


Fig. 40.  pp. 80-81.


Fig. 41.  pp.  82-83.

Fig. 42.  pp. 84-85.

Fig. 43. pp. 86-87.

Fig. 44. pp.  88-89. El estudio detallado del contexto ecológico donde se encuentran  los elementos culturales  constituye la "coordenada ecológica"  que nosotros hemos agregado a las tres coordenadas clásicas propuestas por  el arqueólogo  V. Gordon Childe. 


Fig. 45. pp. 90-91.  Fabricando los instrumentos en piedra. A la derecha: versión moderna de instrumentos  primitivos.

Fig. 46. pp. 92-93.   Las coordenadas funcional y  cronológica: su importancia..
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Fig. 47.  pp.94-95.

Fig. 48. pp. 96-97.

Fig. 49.  pp. 98-99. 

                           
Fig. 50. pp. 100-101.

Fig. 51. pp. 102-103.  Necesidad de reconstruir la historia de un grupo humano del pasado, no solo aspectos de su tecnología.


Fig. 52. pp. 104-|05.  La dificultad inherente a  atisbar la cultura total de un grupo humano. La arqueología solo es capaz de ofrecernos retazos de información sobre la base de los rasgos que han sobrevivido.


Fig. 53. pp. 106-107.  No confundir el concepto de estilo con el de cultura.



Fig. 54.  108-109.  Saber diferemciar los conceptos de horizonte cultural y el de área cultural.

Fig. 55.  110-111.   El mapa  señala la presencia de algunos de los yacimientos arqueológicos más importantes de Chile, conocidos a la fecha de la publicación de esta obra (inicios 1975).

Fig. 56.  pp. 112-113.

Fig. 57.  pp. 114-115  Hoy día (año 2017). debemos señalar a este respecto -tal como nos sugiere uno de nuestros lectores,-  que la Ley chilena  N° 17.288 cuenta ahora con el largamente anhelado "Reglamento sobre Excavaciones y/o Prospecciones Arqueológicas y Paleontológicas" ( D.S. N°484 de 1990-MINEDUC). Remitimos al lector interesado al  sitio Consejo de Monumentos Nacionales : www.monumentos.cl

Fig. 58. pp. 116-117.

Fig. 59. pp. 118-119.  Se ofrece en este Glosario el significado de un pequeño repertorio de términos  comunes en la arqueología y que hemos utilizado en este Manual. Como toda ciencia, la arqueología  posee hoy día un vocabulario especializado que sus cultores deben aprender a dominar.

Fig- 60.  p. 120.  Fin del Índice de esta obra.


Fig. 61. Contratapa. Aquí se expresan los agradecimientos a quienes nos apoyaron  sea con sus fotografías, sea con sus sugerencias  e indicaciones. Entre ellos, la Dra. Grete Mostny, directora del Museo de Historia Natural de Santiago, Rubén Stehberg, Eliana Durán y Eduardo Iensen, arqueólogos. También se incluye expresamente el nombre de los diferentes dibujantes que ilustraron la obra, contribuyendo a mejorar notablemente su contenido. Nuestra especial gratitud al editor y diagramador de la obra, el dibujante y artista Francisco Olivares Thomsen A todos ellos, nuestro particular reconocimiento.

Epílogo. 

Al terminar la reedición de este Manual de Campo sobre arqueología   podemos señalar que gran parte de lo aquí expresado en el año  1975 sigue siendo hoy perfectamente válido. Se han perfeccionado entretanto, por cierto,   las técnicas de excavación,   las técnicas cronológicas y  el análisis de materiales en laboratorio.  En las últimas décadas, se ha enriquecido considerablemente  el conocimiento de las culturas que poblaron nuestro territorio y su cronología absoluta. Se ha afinado considerablemente la periodificación.  Pero en lo substancial, el texto permanece perfectamente válido como introducción a esta ciencia y arte. Hay incluso aspectos como la adición de la coordenada ecológica  a las coordenadas tradicionales de  Gordon V. Childe, a la que  se concede hoy gran importancia y cuyo significado y alcance hemos ido explicando en sucesivos capítulos de este blog con el nombre de  "comentario eco-antropológico".  Aspecto en el que creemos haber sido, en cierta medida,  pioneros en la arqueología chilena.

La obra estaba dirigida no solamente a los niños y jóvenes, sino también a los adultos que se interesaban por conocer, más de cerca, las particularidades de esta ciencia y su modo de actuar en el terreno.