miércoles, 12 de febrero de 2020

Tempranas noticias antropológicas de la Provincia de Tarapacá, con especial referencia a los grupos de pescadores Changos del litoral desértico en 1828.

Fig. 1.  Reproducción del dibujo hecho por el cartógrafo mayorquino Felipe Bauzá (1764-1834), miembro de la famosa Expedición Malaspina-Bustamante,  de una balsa de cuero de lobos observada en la rada de Arica hacia el año 1794.  Imagen tomada de la obra:  "La Expedición Malaspina en la frontera austral del imperio español" de los autores. Rafael Sagredo y José Ignacio González, Santiago de Chile, 2004).


Chozas  de pescadores Changos en Paposo  hacia el año 1854. Dibujo del naturalista alemán  Rodulfo Amando Philippi, hecho in situ. Tomado de  su obra: Viaje al desierto de Atacama, Halle, Sajonia, Reproducción hecha en la reedición de la obra original  del  año 1860  por  Augusto Bruna y Andrea Larroucau, Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidd Católica de Chile, Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos, Santiago de Chile, 2008.
Descubriendo nuevos aportes antropológicos del inglés William Bollaert. 

Hace unos meses, el 10 de octubre de 2019  hemos  publicado en este mismo Blog un artículo sobre los aportes eco-antropológicos del químico inglés William Bollaert (1807-1877) en su trabajo titulado "Observations on the Geography of Southern Peru, including Survey of the Province of Tarapaca, and Route to Chile by the coast of  the Desert of Atacama", trabajo que fuera publicado en  el Journal of the Royal Geographical Society of London, Vol. 21, 1851: 99-130.

 Una cantera aún virgen de datos eco-antropológicos.

Bollaert - tal como lo hemos señalado en múltiples ocasiones- es una verdadera mina de referencias de gran interés para el conocimiento tanto del ecosistema desértico como de los habitantes de Tarapacá, tanto antiguos como presentes. Cantera poco explotada por los investigadores, tal vez por  la suma dificultad para acceder a sus numerosos escritos, dispersos en distintas revistas europeas de la época.  Sus trabajos, todos  publicados en inglés,  abarcan desde el año 1838 hasta al menos el año 1875,  y  se refieren a una nutrida gama de aspectos diferentes, desde la  geología y mineralogía, hasta el estudio de la posible presencia  de enfermedades como la sífilis, pasando por la historia, la geografía, la arqueología y sus monumentos,  la etnografía y el folklore del sur del Perú de la época.

Explorando un nuevo trabajo, prácticamente desconocido, de William Bollaert.


En esta ocasión, presentaremos, con notas aclaratorias nuestras, la traducción de una parte importante de un trabajo suyo en el que hace referencias, bastante desconocidas en nuestro medio nacional, a diversos aspectos culturales de la  provincia de Tarapacá y, en particular,  a sus habitantes costeros, los Changos con los cuales tuvo frecuente contacto. A la verdad, este trabajo no lo hemos visto citado por historiadores y/o antropólogos en nuestro medio nacional.

El extenso artículo que hoy parcialmente vamos a traducir y analizar, se titula: "Observations on the history of the Incas of Peru, on the Indians of south Peru, and on some Indian remains in the province of Tarapaca,  y fue publicado  en el Journal  of the Ethnological Society of London,  vol. III,  1854:132-164. La  traducción abarca la parte final de artículo, entre las páginas 154-164, donde,  entre otras observaciones antropológicas de gran interés, aparecen valiosas menciones a su encuentro con grupo de pescadores-recolectores Changos.

 Texto de nuestra traducción del texto en las páginas 154-164. 

(Los títulos de párrafos y "Notas" numeradas -que van entre corchetes-, son adiciones o aclaraciones nuestras, o reproducen voces textuales del texto inglés para ilustración del lector; en cambio, las Notas que aparecen  en paréntesis redondos, son las propias de William Bollaert).

[Lenguas y razas indígenas del extremo sur del Perú].

"Nos referiremos ahora a la parte sur del Perú. No tengo duda alguna de que los indios Aymará de la actualidad son descendientes  de aquellos que vivieron  allí  antes y durante los tiempos de los Incas.  Las tropas de Almagro, a su regreso del descubrimiento de Chile en 1537, retornaron a lo largo de la margen oriental del desierto de Atacama, cuando fue descubierto  el sur del Perú y cuando algunos de sus seguidores se quedaron  en las localidades menos áridas de Pica, Tarapacá y Camiña. Éstas  encerraban poblaciones indígenas  dependientes de  sus caciques o jefes  Aymarás de nombre Sanga, Opo, Chuquichambi, Ayvire, Tancari, etc., nombres que es dable encontrar al presente entre ellos (1)De todo lo que yo ya he presentado, se podrá ver que la lengua hablada por los primeros Incas se ha perdido; existe la probabilidad, sin embargo, de  que  hubiera sido una de las lenguas de la nación Aymará (2). Tan solo bajo el quinto  Inca, los Aymarás y Quichuas fueron conquistados;  y fue el duodécimo Inca  quien hizo todo o posible [tried his utmost] para que el Quichua fuera la única lengua  hablada. No tuvo éxito en la tarea de  suprimir  los otros idiomas bárbaros (3). El Quichua fue hablado en toda su pureza en el Cuzco. En nuestro tiempo, las naciones Quichua y Aymará son las más conocidas [are the principal ones known] en la parte habitada del Perú. 

[Atacameños y Changos].

Los indígenas de Atacama se distinguen claramente [appear to be distinct from] de  los recién mencionados, y los Changos o pescadores que se encuentran entre Cobija y Copiapó, constituyen más bien una raza mezclada [a mixed breed] y yo creo que no constituyen  una tribu separada, como algunos afirman (4).  

[Observación directa de familias de Changos en la costa entre  Cobija y Copiapó].

A comienzos de 1828 estuve en el puerto de Cobija, [situado] a los 22º 28´[Sur], durante mi recorrido a lo largo de la costa rumbo a Chile.  En Cobija había unos pocos [a few]  mestizos [half Indian]  o pescadores Changos (5). Yo abandoné Cobija en un bote abierto [open boat]  con rumbo sur hacia Paposo, navegando a la vela [sailing] durante el día y remando durante la noche a lo largo de una costa miserable, estéril y montañosa.  Al día noveno [del viaje]  divisamos tres pescadores en la playa; ellos hablaban español (6). Al día siguiente,  tres de ellos vinieron a nuestro encuentro en una balsa de cueros de lobos marinos [on a seal-skin balsa] procedentes de la Caleta de Cardón ) (7), para intercambiar con nosotros su  pescado (congro) por harina y coca (8). Cuando ellos oyeron que teníamos coca, exclamaron: "O qué cosa tan rica  y bendita" [sic! en español en el texto]. Oh!, qué buena y bendita es la coca [traducción del propio Bollaert al inglés]. En el día duodécimo [de viaje], otros tres [Changos] llegaron en balsas desde El Rincón, y en el día en que echamos anclas en  Paposo donde había tres o cuatro familias de personas de Copiapó, que estaban aquí para intercambiar [barter] por pescado seco [dried fish] con los pescadores que hablan español y pueden comprender [may understand] las lenguas  Atacama y Aymará (9). Dos leguas al sur de Paposo se encuentra Punta Grande, donde  hay tres o cuatro familias [de Changos] y cinco leguas más al sur, está Agua Dulce, donde hay media docena de familias que poseen unas pocas cabras y asnos (10). Habiendo atravesado el peligroso Mal Paso,  llegué a Hueso Parado, que queda a los 25º 30´ [Sur]; (este lugar me fue señalado como el punto de división entre Perú, o más bien Bolivia, y Chile) [sic! entre paréntesis]. Acercándonos al valle de Copiapó, se encuentra Salinas, donde yo hallé cuatro o cinco familias, cuyos pescadores que habían sido abastecidos de vino, estaban bailando y cantando toda la noche. Fue una suerte de "velatorio" [wake] como consecuencia de la muerte de dos niños cuyos cuerpos estaban a punto de ser conducidos a Copiapó para ser enterrados: de este modo, estos indios tal vez pueden ser considerados cristianizados [may be called christianized] (11).

[Movilidad costera  y comercio].

Estos pescadores se mueven de una caleta  [sic! en español] (cove)  a otra (12); ellos me dijeron que pertenecían al distrito de Copiapó pero que no pagaban tributo. Ocasionalmente, ellos van con sus burros cargados con pescado seco (charquicillo) [sic! en español] (13)  atravesando el desierto de Atacama y tal vez más allá de ese punto,  e igualmente, viajan  hasta Copiapó. 

[Nombre  y número de población].

En Copiapó estos pescadores de la costa son llamados "Changos", pero yo no escuché que fueran mencionados como una tribu de indios (14), y yo considero el término "Changos" como algo relacionado con su condición y ocupación miserable más que con el nombre de su tribu (15). Yo pude ver alrededor de  100, y suponiendo [allowing] unos 50 que pescan al norte de Cobija y otros  100  en viaje hacia el interior,  harían en total unas  250 almas [souls] (16).
[El Padre Joseph de] Acosta  (17) menciona una nación de "Changos" a noventa millas del Cuzco. A los 12º 20`Sur hay un lugar denominado Changos. El Quichua y el Aymará son las dos lenguas principales habladas en el Perú. El Aymará fue y es la más conocida en el sur y [es] hablada por los indios de Tarapacá. Existe un dialecto llamado Chinchasuya [sic!] (18), que es hablado más hacia el norte.

[Excursus de tipo lingüístico].

Estas lenguas, originalmente orales, fueron aprendidas por los españoles y forzadas por ellos a [un tipo de] construcción [propia] del griego y del latín, como presentando  semejantes declinaciones y terminaciones (19)Lo que sigue, creemos puede ser considerado no falto de interés para los filólogos. Procede del prefacio en español al Evangelio de San Lucas, traducido al Aymará por  el  ya difunto Don V. Pazos, Doctor de la Universidad del Cuzco (Moyes, Took´s Court, Chancery Lane,1829), (20)

[La pronunciación de la lengua Aymara] (21).

La lengua Aymará posee una pronunciación labial, dental y gutural  que le son propias.   La primera,  se designa como pp, siendo pronunciada  emitiendo la respiración  con fuerza contra los labios unidos, como  en la voz ppia, que significa un agujero; ppampaña: sepultar.  La segunda [pronunciación],  es como tt, y es producida [con la lengua] afirmada contra los dientes, como en el caso de ttanta: cabeza, pero la cual,  si se pronuncia con fuerza,  significaría algo así como picaresco [knavish]. La tercera [pronunciación] ck ó k, es pronunciada en la garganta  con esta diferencia: de que la primera, es más gutural como en choka, árbol; kollke: dinero. La ha sido introducida  porque la v española y la u no dan el sonido de w, pero  en cambio en Aymará es lo mismo que en inglés:  así, acawa: éste [this]; acanwa: aquí [here]. Las otras letras, tienen el mismo valor que en español.

[El tipo físico-racial del aymara].

"El indígena Aymará es de un color café oliva pero más oscuro que en los Andes, pelo negro, más bien ralo [speraly made] y puede ser considerada una raza de gente pequeña. La población total (22) de la provincia de Tarapaca  es alrededor de 10.000,  de los cuales 6.000 son indígenas. La provincia se halla dividida en cuatro Curatos, esto es,  Tarapacá, Pica, Sibaya y Camiña. La Paz, situada al N.N.E. de Tarapacá, se encuentra aproximadamente en el centro del país Aymará (el que antiguamente incluía las siguientes naciones: Canchis, Canas, Collaguas, Lupacas, Pacases, Carancas y Charcas). 

[Una leyenda recogida en Tarapacá].

La única leyenda que encontré  en Tarapacá (23) es la siguiente: Dos Curacas, el bravo y generoso Tata (*) Jachura y el hosco y salvaje Tata Savaya estaban enamorados de una doncella india de nombre Marna Huanapa. Ella daba su preferencia a Jachura sobre lo cual Savaya  desafió a su rival a un combate  mortal; en éste, Savaya cayó, cuando su cabeza fue separada de su cuello. Los indígenas dicen que Pacha-cawak de inmediato hizo surgir [reared] tres montañas para perpetuar este suceso; una llamada Huanapa, que presenta un aspecto como si sus trenzas de pelo estuvieran colgando de ella (probablemente, antiguas corrientes de lava). Jachura es una montaña  de aspecto muy cónico, y está a 17,000 pies  [=5.486 m] cuya cima yo ascendí; Savaya, cuya parte superior fue cortada, es probablemente una montaña volcánica, cuyo cono  ha caído a su interior. 

(*)  Nota al pie de página del  texto original: "Se dice que mama es la palabra indígena  para [decir] madre, y tata o tayta, padre. Estas expresiones a mí me parecen como de origen español. En algunas gramáticas quichuas,  "madre"  es  indicada como  mamay  y padre, como  tayay.  En Aymará, "madre "  se dice  taika y "padre", haki.  (en  1854: 157).                      

[Informe sobre los quipus].

Hay razones para creer que aunque los Incas avanzaron con sus ejércitos de conquista más allá de Quito, los Peruanos  sabían poco o nada acerca de las comarcas [situadas] más allá del ecuador. Los celebrados quippos [sic! por quipus] o cuerdas coloreadas provistas de nudos, que sirvieron a los Peruanos de escritura, son muy poco usadas hoy día en el Perú. Los nativos de Anahuac, antes de usar sus dibujos jeroglíficos, poseían quippos. Dichos [quippus] fueron usados entre los Canadienses y fueron [también] empleados por los chinos tal como Humboldt nos relata.  Los quippos fueron conocidos por los Puncays de Quito, de acuerdo a [William Bennet] Stevenson [1787-1830] quien también vio una especie de quippo en uso en Arauco.
Los antiguos Peruanos usaron cuerdas hechas de las semillas de capsicum [ají]  y hojas de coca en lugar de moneda de cambio.          + 

[Sistemas de caza y creencias, pastoreo  e influjo del catolicismo].

El indio de Tarapacá es quieto e inofensivo: su única arma es la honda con la que caza el guanaco, la vicuña y  la vizcacha. Ha sido endoctrinado, pero muy  imperfectamente, en  el Cristianismo  de Roma [catolicismo] (25) y sus sacerdotes, apoyados por  el brazo secular, ejercen un gran poder sobre el indio. Ocasionalmente, los sacerdotes sugieren [get up] un milagro y hace no muchos años a "Nuestra Señora de Guadalupe" [sic! en español, entre comillas] o la Virgen María  se la hizo aparecer a  una mujer  indígena  -o ella fue inducida a creerlo-  cerca del volcán Isluga, en cuya ocasión se realizaron grandes ceremonias y se erigió en el lugar una gran cruz y el lugar ha llegado a ser [hoy día] un sitio de  gran  veneración. 
Los indígenas se casan a una edad temprana. Son lentos pero perseverantes, y cuando sus varones llevan el producto de su tierra a las ciudades de los criollos, las mujeres que quedaron en sus casas se encargan  del cultivo y apacientan  las llamas y alpacas.   El perro es el fiel compañero del indio, especialmente cuando viaja, es generalmente de un color negro, buen porte, cabeza y nariz alargadas y su ladrido semeja el de un agudo aullido [howl]

[Agricultura, cultivos y empleo de la chicha].

Los indígenas cuando están en sus casas, en sus aldeas, viven bien, tienen carne de llamo, aves de corral, frutos y hortalizas; algunos  disponen de harina de trigo, pero el grano principal es el maíz (conocido inicialmente con el nombre de mahiz en Haytí), del cual al parecer hay cinco variedades en el Perú; su pan está hecho de maíz. Como también haciendo fermentar el grano, [obtienen] su bebida favorita la chicha, cuyos méritos son celebrados frecuentemente con un canción: un verso, uno de los cuales  reza así:

"Oh deliciosísimo néctar, tu corriente coloreada de oro, es el gozoso tesoro del indio. Oh.! bebámoslo  libremente".

La chicha de maíz [sic! en español] es una especie de mosto dulce [sweet-wort] que también se hace de cebada y de mijo blanco (26)  [white millet]; el mijo rojo es mejor y es usado en medicina (quinoa o chenopodium). [sic! entre paréntesis]. 


[Uso de la hoja de coca].

Con un poco  de maíz tostado, agua en una calabaza, y algo de cuca o coca  [sic!], ellos pueden viajar durante días por los senderos más áridos. Las hojas de coca son masticadas con mambi o uncta, la que se compone de una ceniza alcalina, especialmente [obtenida] de un cactus y de  quínoa, y, en ocasiones, mezclada con  papas cocidas. Se ha señalado que  se producen ciertos efectos nocivos  [deleterious]  en el coquero o masticador habituado; y  el masticarla o el acullicar [sic! en el original], les da una fea apariencia: las mejillas se muestran abultadas [stuffed out] con éste, dejando boca, labios y dientes de un color verde sucio y con un olor desagradable.

[Sus viviendas, cocina, textiles  y vestimenta].

Las viviendas de los indios están construidas  de piedra tosca y techadas con pasto [grass], raras veces presentan más de un ambiente, sin ventanas,  con el fogón al centro y el humo sale por la parte superior. Los utensilios de cocina consisten en unas pocas vasijas de barro [earthen pots] y platos; ellos confeccionan a mano, mediante el hilado y el tejido,  sus toscos tejidos, siendo el material para sus telas la lana de llama, alpaca u oveja y también, el algodón.  Su actual moda de vestir es una mezcla de indio y de español. Los hombres  nunca  se dejan ver sin su manta o sombrero; la vestimenta usada por la mujer es llamada lliella [sic! por llijlla]; sus alfombras son llamadas chuces. Los topos o alfileres ornamentados de gran tamaño sirven para sujetar la lliella [lliclla] y, a veces, uno de su extremos termina en una cuchara. 

[Sus embarcaciones].

En los ríos  en el norte [del Perú]  y en  los lagos del interior se usa balsas o flotadores -huampu en quechua- construidas de madera o de juncos [rushes], pero en la costa sur donde el oleaje es fuerte, los pescadores indios usan  una balsa  hecha de cueros de focas inflados [made of seal-skin inflated], cuya manufactura demuestra una gran ingeniosidad" (27). (Bollaert, 1854: 160, subrayado nuestro).

[Su ganado, pasturas y animales salvajes característicos de su habitat].

Aquellos indios  que tienen algo de tierra, pagan un tributo equivalente a una libra [esterlina] al año; otros que no poseen tierra pero que tienen la esperanza de adquirir alguna tan pronto como se presente un vacancia, pagan l6 chelines. Ellos residen desde la costa hasta las  grandes elevaciones de los Andes. Y así, la aldea de Isluga, situada al pie de un volcán activo del mismo nombre, se encuentra  a una altitud  de alrededor de 14.000 pies. [4.267 m] sobre el océano. La llama se cría aquí  y un pequeño mijo [pone millet,  por quínoa] crece en este lugar. Durante el verano, se halla  pasturas  [pastures] a altitudes superiores a los 15.000 pies [5.200 m]. Aquí se encuentra el cóndor que con frecuencia mata animales domésticos pequeños. El puma, o sea el león sin melena y la avestruz se observan [también] en estas grandes elevaciones.

[Los herbolarios o médicos viajeros y las fiebres intermitentes].
Ocasionalmente, algunos Yungueños [pone Yungeños, en español] también llamados Chiriguanos visitan el sur de Perú (28). Son conocidos como los  médicos viajeros a causa de llevar consigo una farmacia ambulatoria que posee remedios para toda clase de dolencia, real o imaginaria, esto es, hierbas, gomas, resinas, raíces, untos, carimunachis y piri-piris [sic! en su idioma] o hechizos para el amor de varias clases  [love charms], piedra imán [loadstone]. Pero la única medicina útil es la quina,  o corteza de Cinchona (29), que se toma para las fiebres que suelen aparecer en el otoño en los valles de la costa, allí donde suele haber agua y vegetación. En Pica que se encuentra a  unos 3.800 pies sobre el nivel del mar son éstas muy frecuentes en ocasiones, pero son desconocidas a unos 2.000 ó 3.000 pies más arriba. El  [médico] Chiriguano a veces hace sangrías, operación que ejecuta mediante  una rústica lanceta, compuesta por un trozo filudo de obsidiana o vidrio [volcánico ?]  fijado a una pieza de madera, insertando el extremo filoso en la vena  y luego  dándole un pulso [a nick]  con el pulgar y dedo.

[Momias y cementerios indígenas].

El Señor Blake, en su Noticia de Tarapacá (American Journal of Science, 1843), dice que "a una milla o dos de Tara (30)  hay una antigua región  diferente de otras cerca de Arica y otras partes del Perú,  donde los cuerpos [sepultados] se han  convertido en polvo. Han sido enterrados en posición  sedente con sus brazos cruzados en el pecho,  y envueltos en telas de lana, algunas de ellas fina  y ricamente coloreadas.Tal como en un cementerio en Arica, muchos de los cráneos aquí hallados son alargados, de suerte que dos tercios de la masa cerebral se halla detrás del foramen occipital  (31)".

[Modificación artificial del cráneo].

Durante mi residencia en el Sur del Perú, particularmente en Arica y Tarapacá, yo abrí muchas huacas (32) y aunque  unos pocos cráneos se mostraban alargados, la mayoría no  eran así, y cuando se halla cráneos de esta forma alargada, se ha de atribuir  al efecto del empleo de medios artificiales y tal era la práctica común entre muchos indios del Perú, aún tan tardíamente como el siglo XVI. Condamine señala que  el término "Omaguas" en la lengua del Perú, así como la voz  "Camberas", en la del Brasil,  significa "cabezas aplastadas" [flat heads]. Este aplastamiento se efectúa  comprimiendo entre dos placas la frente del recién nacido con el objeto de asemejarlos a la forma de la luna llena. Tal [práctica] fue prohibida por los Concilios eclesiásticos españoles  en  1585, y por un Sínodo realizado en Lima, ocasión en que se cursó un decreto contra la práctica indígena de  desfigurar la cabeza. Con mucha probabilidad, esta práctica ha dado origen a la  opinión sostenida por algunos de que los cráneos aplastados encontrados  en los alrededores del lago Titicaca eran así de forma natural y no producidos por medios artificiales.


(*) Nota del propio autor:  "Proviene de "Apachitas" o "Cotararayrrumi" (Quichua) y eran adoradas como dioses. El indio que ha logrado remontar un cerro  dificultoso y ha logrado arribar al paso, agradecía a Pacha-camak y exclamaba "Apachecta" , es decir: " A aquel que me ha dado fuerzas" (Nota al pie de página, 1854: 163).

[Monumentos, cementerios, lugares sagrados  y  ofrendas funerarias].

El Señor Blake, igualmente, menciona que en la cima de un cerro cónico en las cercanías de Tara (33), hay dos grandes círculos, uno dentro de otro, formados por grandes bloques de roca. evidentemente acarreados desde un valle cercano, algo más abajo,  sin ayuda de maquinaria, y mediante  un inmenso  despliegue de trabajo. Círculos similares de piedra, como aquellos erigidos por los antiguos Celtas (34) no son raros en el Perú y Bolivia. En varias partes de la provincia de Tarapacá, tanto en la costa  como en el interior, se encuentra huacas  o lugares sagrados, (aya-huasi casas de los muertos o o antiguos cementerios indígenas) junto con las momias, figuras hechas de oro y plata, cerámica curiosamente  labrada, pinturas, armas, herramientas, implemento de pesca, espejos de plata y piedra  pulida, hachas de cobre, frutos secos, maíz, conchas, huesos fósiles de animales, etc, etc. Se ha sostenido que los muertos se han preservado mediante embalsamamiento,  y su conservación en tumbas en las regiones heladas de los Andes. Una de las formas de esta antigua cerámica es  en  forma de una botella doble y cuando un líquido es vaciado desde  ella se percibe un ruido como silbido. Se dice que tales sonidos fueron usados para llamar a los indios del trabajo en los campos. Estos son conocidos como las jarras musicales de los incas,  y constituyen una evidencia del grado de perfección [alcanzado] en la manufactura y diseño de la cerámica  que  la raza actual ya no posee. Como el distrito de Tarapacá y la comarca alrededor es tan seca y desértica, y su superficie cargada con tantos materiales salinos, los cuerpos muertos han sido preservados en forma natural por centurias, en varias partes  (35).

[Descripción del pucará de Chiuchíu].

El Dr.  [Aquinas] Ried  un viajero, en su recorrido hecho en 1850 desde Cobija (el puerto de Bolivia) hacia el interior, refiere en sus observaciones acerca de la antigua fortaleza peruana  de Lasana  (36), no lejos de Chuic-chuic  [sic!  por Chiuchíu, o Atacama la Alta] Dice: "Hay una extensa medialuna [half moon]  en ella [se puede ver] sentados, a hombres, mujeres y niños, entre quinientos o seiscientos [cuerpos], todos en la misma actitud  mirando  al vacío, algunos caídos,  otros parcialmente cubiertos de arena. La opinión común es que ellos fueron sepultados en dicho lugar; pero yo soy de opinión  que ellos se enterraron  a sí mismos  porque no existe lugar en su proximidad donde  pudieran haber vivido. Entre ellos, se puede ver a muchas mujeres [sosteniendo a] sus niños en su pecho. La actitud similar entre todos ellos y la expresión de dolor  que aún se puede descubrir  en la mayoría de sus actitudes,  es una prueba de que ellos  se retiraron a este lugar  desesperados cuando los españoles  conquistaron y devastaron su tierra. Ellos tenían la creencia de que al morir, serían transferidos a un mundo mejor, [situado]  hacia el oeste; en apoyo de su creencia, los utensilios de cocina hallados junto a ellos, están llenos de maíz. Toda la escena produce una profunda y melancólica  impresión" [hasta aquí  la cita de A. Ried]. Dos de esos cuerpos fueron enviados [¿por el propio Dr. Ried?] a Ratisbona. Los hechos narrados por el Dr. Ried son interesantes; pero su opinión  de que habrían ido allí para morir escapando así de los conquistadores españoles, es  muy poco  probable;  más bien resulta más probable que este sitio sea una huaca, un antiguo lugar de sepultación indígena. Cerca de este sitio existen depósitos del hierro meteórico de Atacama (37);  en Toconao, se halla en los 23º 20` S y 68º 10´  W.

[Geoglifos  y modo de  construcción].

Al sur de las minas de plata de Santa Rosa (no lejos, tierra adentro, del puerto de Iquique) existe un curioso lugar conocido como Las Rayas:  las laderas de uno de los  estériles cerros  en particular  ha sido dispuesto como si se tratara de un jardín, con un doble círculo en su centro y senderos que parten de él dividiendo  el suelo en compartimentos. Habiendo sido recogidas  cuidadosamente  las piedras sueltas  del camino, éstas se vuelven  duras aparentemente  debido a las pisadas de la gente. Se supone que aquí se realizaban ritos y ceremonias indígenas. En su proximidad,  se encuentra la representación de una llama  que ha sido elaborada mediante  la extracción de las piedras sueltas del cerro en la parte interior del diseño (38). Estas representaciones son denominadas "Pintados de los Indios" [sic! en español]  o pictografías indias, y pueden ser vistas desde una gran distancia. Al sur de la Nueva Noria, donde se extrae y refina  el nitrato de soda en bruto, hay una hilada de cerros conocidos como Los Pintados por las numerosas figuras de llamas, cuadrados, círculos y otras formas [geométricas] que se encuentran cubriendo sus laderas por espacio de una legua. Esta es la  colección más grande de "Pintados" de Tarapacá (39). La opinión en boga es que su formación  fue conocida de los "Indios Gentiles" [sic! en español] antes de la conquista. En la quebrada de los Pintados, o   el valle dibujado [pictured valley], muchas leguas al sureste del último lugar mencionado, yo examiné las representaciones de los indígenas: machos y hembras, llamas, perros, y otras formas curiosas que se ven a un costado de un cañón [ravine] del desierto. algunas de las figuras tenían de 20 a 30 pies de alto [= 6,1 m a 9.14 m], cortadas [cut]  en la  marga arenosa, siendo sus trazos de un ancho de 12 a 18 pulgadas [= 30,4 cm a 45,7 cm]  y de 6 a 8 pulgadas de profundidad.[=15,2 cm a 20,3 cm] (40). Por entonces yo pensé (1826) que tales diseños [deliniations]  habían sido hechas por los indígenas por diversión, pero ahora pienso que su existencia puede bien  atribuirse a algún otro motivo, tal vez para marcar la proximidad de sus cementerios (41). La pictografía indígena, y sus instrumentos simbólicos  y representativos es común a las tribus del Nuevo Mundo. En Norteamérica  son trazados [cut]  en rocas, árboles o son pintados en pieles [skins].

[Apachetas].

En los pasos de los Andes  de  Pacheta (*)  y Pichuta, en el alto de Camiña, los indios que caminan por allí recogen una piedra, aún a alguna distancia, con el fin de agregar otra a la pila  [preexistente]: estos apilamientos de piedras no son infrecuentes en los Andes y otras partes de Sudamérica (42).


(*)  Nota al pie de la página 163 del propio autor: Proviene de "Apachitas" o "Cotarrayrrumi"  (quichua) y eran adoradas como dioses. El indios que han logrado remontar un cerro dificultoso y han logrado arribar  al paso, agradecía a Pachacamak y exclamaba: "Apachecta", es decir, "A aquel que me ha dado fuerzas" . (43).

[Minería indígena,  socavones   y cochas de riego].

(Sigue el texto). "Los antiguos indios labraban minas de oro, plata y otros metales. Estas operaciones mineras probablemente los prepararon para otros trabajos de destreza ingenieril. Sus acueductos son grandes obras, tal como puede observarse en Pica, en la provincia de Tarapacá.  donde existen socabones [sic! en español ] o túneles (44) de tres mil yardas de longitud [= 2.798 m ó 2,8 km] excavados a través de montañas de arenisca para suministrar agua para el regadío, para lo cual aún hoy son utilizados. Estos túneles tienen cuatro pies de ancho [=1,22 m] y seis pies de alto [=1,83 m] y cada  cien yardas [91,5 m]  existe una lumbrera  o conducto de ventilación [ventilating shaft], al estilo de nuestros túneles de ferrocarril.  El agua así colectada es conducida a las cochas [sic! en español] o reservorios desde los cuales es distribuida a las chacras o  fincas [farms]  y viñedos [vineyards].(Bollaert, 1854:154-164). 

(Fin de trabajo).


Addendum. Con el fin de aportar algún otro elemento que nos ayude a interpretar correctamente el pensamiento etnológico de Bollaert, nos ha parecido oportuno citar aquí otra muy breve pero interesante referencia a los grupos étnicos Changos. Procede de otro trabajo suyo, igualmente muy poco conocido  y casi nunca citado. Este artículo está dedicado al examen del tema -por entonces intensamente  debatido- sobre el posible origen americano de ciertas enfermedades, especialmente las  venéreas. El trabajo se titula:  "On the alleged Introduction of Syphilis from the New Word. Also some notes on the Local Imported diseases into America", y fue publicado en el Journal of the Anthropological Society, año 1864: cclvi- cclxix.

"Viniendo del Perú a Chile por tierra, a lo largo de las playas del desierto de Atacama en 1829-30, me encontré con  algunas familias indígenas conocidas como Changos  (45). Yo no observé [síntomas de] esta enfermedad (sífilis) entre ellos. Estuve  posteriormente  entre los indios Araucanos y tampoco vi o escuché que ellos fuesen atacados por ella [were so afflicted]". (1864: cclvi; énfasis nuestro).


Notas nuestras a la descripción antropológica de Bollaert.

(1) Los apellidos Choque, Chambe, Ayavire  y Taucare suelen escucharse aún hoy en varios pueblos del interior de Tarapacá.

(2) Bollaert siempre escribe "Aymará";  jamás  Aymara; mucho menos Aimara. La lengua aymara no posee voces acentuadas en la última sílaba: tal costumbre es una clara  influencia del español.

(3)  Entre estos idiomas "bárbaros", estaban el puquina y el chipaya, en el sur  y sureste respectivamente, y el  idioma  muchik o mochica en la costa norte del Perú.

(4)  La lengua de los atacameños o lickan antai fue el kunsa, lengua totalmente diferente de sus vecinos y de origen lingüístico por ahora desconocido. Respecto de los changos, el autor  no solo no les atribuye lengua propia sino que tampoco les otorga  un ser étnico definido y propio.  Dice: "no constituyen una tribu separada como  algunos afirman". Varias citas suyas posteriores, en este mismo trabajo, apuntan a validar la misma opinión suya, a medida que traba contacto directo con numerosos changos pescadores, en diferentes puntos de la costa. Es bastante evidente,  a juzgar por  las citas  de sus trabajos, que para Bollaert los Changos que conoció personalmente en sus viajes por la costa no constituyen una etnia o grupo indígena autóctono propiamente tal,  sino tan solo grupos de familias pobres de pescadores radicados en la costa árida norte chilena y dedicados desde antiguo a la pesca y salazón  y comercio de pescado  seco. 

(5)  En el puerto de Cobija - desde antiguo, uno de los  lugares tradicionales de asiento semi-permanente de changos- Bollaert se encuentra con pescadores Changos a los que él considera  no indígenas, sino mas bien mestizos ("half Indian"). Su opinión es tajante al respecto. Porque observa en ellos, sin duda, muchos rasgos culturales de influjo occidental y carecen de lengua propia. 

(6)  Después de nueve días de navegación con rumbo sur, los viajeros topan nuevamente con  pescadores. Por la frase que sigue en el texto, nos consta que se refiere a changos pescadores, que emplean la balsa de cueros de lobos marinos. Señala explícitamente que hablaban español. Este notable interés suyo por averiguar sobre su lengua  y costumbres, revela su interés por indagar más sobre su condición étnica.

(7)  En la caleta de Cardón  les salen al encuentro otros changos, en sus balsas típicas, las que son aquí someramente descritas. Los Changos les detienen para intercambiar con ellos su producto más típico de comercio: el pescado seco o "charquecillo" que ofrecen trocar por harina y coca. En estos parajes, era prácticamente desconocida la moneda, y se recurre, desde tiempo inmemorial,  al tradicional trueque. La coca es un  elemento vital e indispensable en todas las culturas  peruanas, y su uso se encontraba  muy afianzado no sólo entre los indígenas, sino también  entre los mestizos  y gente del pueblo.

(8)  Nótese que Bollaert llama "congro" (sic! por congrio) al tipo de pescado comúnmente más empleado en la confección del "charquecillo". El congrio  (Genypterus chilensis y G. maculatus)  presenta al menos dos especies en esta zona: el congrio colorado y el congrio negro. Entre las numerosas especies de peces habitantes de esta zona litoral, sujeta al influjo de la Corriente fría de Humboldt, al parecer sólo estas especies se prestaban perfectamente para  producir el excelente "charquecillo", producto muy apetecido por "las provincias de arriba", al decir de los autores coloniales españoles. 

(9)  Nuevamente se refleja aquí el interés del viajero Bollaert por  conocer más acerca de su lengua. Por eso destaca aquí expresamente que hablan el español pero apunta que entienden el aymará y el atacameño. Siendo los Changos pequeños grupos  pescadores y  necesitados, para sobrevivir, del comercio y trato con las etnias vecinas,  era obvio que manejaran la lengua de éstos, al menos a un nivel básico de mutua inteligibilidad.

(10)  Al sur de Paposo, donde ya se insinúa una algo mayor pluviosidad anual, aparece en escena la otra actividad económica que los Changos muy pronto aprenden de los españoles: la crianza de cabras y asnos que viven del ramoneo de la escasa y raquítica vegetación costera, mantenida por la niebla húmeda, o "camanchaca". Estos animales les proveerán de carne, grasa, leche y cuero para sus escasas manufacturas.

(11). Duda Bollaert con razón de la profundidad y arraigo de su fe cristiana por la escasa y superficial evangelización de que han sido objeto. A causa de la lejanía, rara vez sus rancheríos eran visitados por sacerdotes católicos  que tenían que acudir sea desde Chiuchíu (en la provincia de Antofagasta), o desde Copiapó  (en la provincia de  Atacama). Por lo general, tales visitas ocurrian  rara vez más de una vez al año, con motivo de sus fiestas patronales.

(12). Alude aquí el autor a otro de sus rasgos culturales más típicos: su constante movilidad o transhumancia norte-sur. Agotada la pesca o el marisqueo en un sitio, se movían inmediatamente a otra caleta desierta llevando consigo a bordo de sus balsas su escasísimo  mobiliario y vajilla, además de la techumbre (cueros) de sus humildes chozas.Testigo fiel de esta costumbre inveterada fue don Pedro Vicente Cañete y Domínguez, Gobernador interino de Potosí,  en su notable descripción del Puerto de Santa Magdalena de Cobija  en el año  1791  (Cfr.  H. Larrain  editor, "Noticia Tercera" del Puerto de la Magdalena de Cobija, en Norte Grande, Revista del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. I, Nº  1, 82-87, Marzo 1974). 

(13)  Sus esporádicos viajes al interior, atravesando el desierto, obedecen a la necesidad de intercambiar su "charquecillo" (charqui de congrio) con los habitantes de los oasis interiores de Atacama o la lejana ciudad frontera de Copiapó, a cuyo distrito, según el texto,  pertenecen.  El "charquecillo" era un alimento seco, muy apreciado  en tiempos coloniales, por su gran durabilidad y riqueza proteica, el que los viajeros podían estar seguros de vender allí o trocar  por los elementos que ellos más necesitaban:  sebos, velas, azúcar, harina, lana, textiles y, por cierto, la siempre infaltable coca.
  
(14)  Es interesante  recalcar aquí que, según Bollaert,  los Changos que visitaban Copiapó con sus productos eran allí bien conocidos como comerciantes viajeros pero no eran considerados como pertenecientes a una tribu indígena.  Y esto ocurría hace ya  193 años!. Téngase esto presente cuando hoy circulan voces y rumores de personas bien intencionadas que buscan entre sus descendientes redescubrir y legitimar su pertenencia actual (año 2020) al mundo cultural indígena del Chile del presente.

(15) Bollaert es explícito al respecto: para él, los Changos son grupos de familias de pescadores de condición pobre pero que no conforman propiamente una tribu indígena al estilo de los grupos indígena del interior de Tarapacá cuyo modo de vivir, lengua y costumbres él muy bien conoce y describe en varios de sus trabajos.

(16)  Para satisfacción de demógrafos y etnólogos,  Bollaert intenta  aquí darnos una cifra aproximada de su población total, en el sector de costa comprendido entre Cobija y la costa de Copiapó, basándose en sus averiguaciones y propias observaciones de terreno.  Sin duda, hay en sus cifras un rango de incertidumbre al atribuir, por ejemplo, un tal alto número de viajeros Changos de viaje,  atravesando el desierto. Ciertamente sabemos que se movían mucho, incluso traficando tierra adentro, pero ¿serían realmente tantos cuando el mismo Bollaert nos indica que tales viajes  hacia el interior se hacían solo ocasionalmente?. Pese a sus esfuerzos por contarlos y apreciar su número total, queda aquí evidentemente un manto de duda.

(17) El sacerdote jesuita español Joseph de Acosta, escribió  su tratado: "Historia Natural y Moral de las Indias....", publicado por Juan de León, Sevilla en el año 1590. (Cf. edición preparada por Edmundo O`Gorman, México, 1962).

(18)  El "dialecto Chinchasuya" de Bollaert, parece probablemente referirse al Muchik, lengua hablada en la cultura Mochica y Chimú y que fuera posteriormente totalmente desplazada por el quechua.

(19) En efecto, los primeros españoles, estudiosos de la lengua quechua y aymara, provistos de una formación clásica en latín y griego,  trataron infructuosamente de acomodar las nuevas lenguas al esquema lingüístico clásico del latín o griego, forzando así los idiomas nativos . 

(20)  Esta es al parecer una referencia concreta, la que no hemos podido corroborar.

(21)  La presente cita del Dr. Pazos revela el profundo  interés del Bollaert por  penetrar y profundizar en la lengua de los aymaras. En sus encuentros con los pescadores Changos, Bollaert tratará de averiguar si poseen alguna lengua propia, lo que, después de sus pesquisas,  finalmente descarta por completo. 

(22)  Asigna  en su época  una población de 6.000 aymaras para la provincias de Tarapacá, con una población total de unos 10.000 habitantes. Dato que seguramente obtiene el autor de la administración peruana de la época, tal vez transmitida   a través de  su amigo  el magnate salitrero  inglés George Smith,  con quien realiza en el año 1828 un extenso viaje de reconocimiento de la Provincia, por petición expresa del entonces presidente  del Perú, el general  don Ramón Castilla.

(23)  Bollaert  recoge aquí una leyenda o mito  difundida entre los Aymaras. Este hecho nos revela, una vez más,  su peculiar interés por conocer profundamente la cultura y tradiciones de los pueblos entre los que le ha tocado trabajar.  Para nosotros, este gesto,  habla muy bien de  la autenticidad y veracidad de sus informaciones, recabadas generalmente de labios de los propios habitantes.

(24) Es perfectamente imaginable que los mapuches o araucanos hayan hecho uso del quipu peruano, por cuanto tuvieron estrecho contacto con los Incas en su denodada lucha  por defenderse de su expansión hacia el sur del río Maule. Tal como muy tempranamente se apoderan ellos y utilizan, igualmente, el caballo de los conquistadores, adaptándolo a sus largas travesías o correrías.

(25)  Bollaert, de nacionalidad inglesa, era de religión anglicana y por ello se deja ver aquí claramente su reticencia y recelo con respecto al catolicismo romano y sus expresiones ceremoniales y creencias, lo que aquí no deja de estampar.

(26)  El "mijo blanco" aquí referido ciertamente no puede ser otro sino la quínoa  (Chenopodium quinoa), cereal autóctono producido en el altiplano y que era para ellos tan importante como el propio maiz  (Zea mays).

(27)    Referencia clara a los pescadores Changos de la costa sur del Perú. No los cita  aquí por su nombre sino tan solo  como "pescadores indios".  Se refiere aquí en general a sus balsas de cueros de  focas inflados, sin entrar, por desgracia, en mayores detalles sobre su manufactura  que considera  muy ingeniosa.

(28).  Referencia explícita a los callaguayas  médicos indígenas o curanderos ambulantes, originarios de la provincia boliviana Bautista Saavedra, que conocían las propiedades medicinales de numerosas plantas nativas y que hacían extensos recorridos llegando hasta la costa del Perú. Trocaban sus hierbas medicinales y  remedios caseros por productos básicos de las poblaciones que visitaban  periódicamente.  Bollaert debió toparse con ellos varias veces en su extenso recorrido por el sur del Perú, por lo que pudo formarse una idea bastante precisa  acerca de sus capacidades  médicas, las que pone en duda. Hablaban  (y aún hablan) una lengua  propia,  con aportes del quechua y del puquina  cuyos orígenes se pueden rastrear hasta la época final de Tiahuanaco.  Hasta hoy constituyen un grupo étnico muy sui generis que ha recibido el reconocimiento oficial de la UNESCO  como "obra maestra del patrimonio oral e intangible de la Humanidad" en el año  2003.

(29). Se refiere aquí al árbol que crece en la Amazonia boliviana llamado  científicamente Cinchona officinalis  (quina) cuya corteza fuera intensamente utilizada como febrífugo muy eficaz. Intensamente explotado por siglos y utilizado para combatir la malaria,  hoy este árbol es sumamente escaso en la selva amazónica y  por ello muy poco conocido, salvo por los callaguayas  o médicos herbolarios indios. 

(30). Casi seguramente se trata aquí de Tana,  quebrada  también llamada de Camiña, que desemboca en el mar con un escaso flujo de agua a unos 2 km al norte de Pisagua. No existe,  que sepamos, ningún topónimo con el nombre de Tara en esta región del país.

(31). Estos cráneos, alargados artificialmente, para la especialidad de antropología fisica denominada  craneometría son  llamados "dolicocéfalos",  y han sido hallados no sólo en las culturas peruanas, sino también en China, Croacia y  otros lugares  en tiempos muy tempranos. Durante mucho tiempo, su forma causó la extrañeza de los especialistas hasta que fueron halladas, en algunas tumbas, las tablillas e instrumentos utilizados para deformar el cráneo de los infantes. Su empleo obedeció tanto a razones de diferenciación étnica como a la búsqueda de una pretendida belleza física.

(32). Era la costumbre en la época de los grandes viajes de exploración de los europeos, el obtener rarezas culturales de los pueblos que visitaban destinadas a ser exhibidas en los grandes Museos de Europa.  Esto fue válido no solo para  ejemplares de flora y fauna, desconocidos en Europa y aún no estudiados por la ciencia, sino también para  objetos, monumentos o habitantes de los diferentes pueblos catalogados como "salvajes". En la época de Bollaert estaba en su apogeo el interés por la craneometría y el estudio de las razas humanas. Era la época de esplendor de los estudios de antropometría humana uno de cuyos máximos exponentes fue el francés Paul Pierre Broca (1824-1880).  Este afán por  reunir abundantes colecciones de cráneos y esqueletos humanos de lugares remotos, llevará también al médico patólogo alemán Otto Aichel a excavar numerosas tumbas en la costa de Antofagasta, en la década del 20 del pasado siglo. Desde la época del viajero  y naturalista francés  Alcide D´Orbigny  (1802-1857) y su viaje a América  y aún antes,  se puede rastrear este frenético y casi enfermizo interés por estudiar y catalogar las razas humanas para descubrir el posible lugar de origen del hombre y sus desplazamientos en el planeta.

(33). Tal como lo hemos dicho más arriba, se trataría de un sitio muy próximo a la quebrada de  Tana o Camiña.

(34).  Como en el sitio Stonehenge, en el condado de Wiltshire, al norte de Salisbury, en el extremo sur de Inglaterra. Monumento megalítico datado por el radiocarbono en los inicios de la Edad del Bronce, entre los 3.000 y 2.000 antes de Cristo. Sitio arqueológico declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en  1986.

(35). Bollaert, buen observador, se da perfecta cuenta que la momificación de los cuerpos humanos hallados en las tumbas del sur del Perú era producto no de un proceso de embalsamamiento artificial (como en el Egipto antiguo), sino era un proceso natural debido al clima extremadamente del desierto  y la alta salinidad del suelo.

(36). El primer plano conocido del pucará de Lasana se debe al sacerdote jesuita Gustavo Le Paige, S.J.  en el año  1957/58 (Ver  "Antiguas culturas atacameñas en la cordillera chilena", IIº Parte, Anales de la  Universidad Católica de Valparaíso, Nº 4-5,    1957/58: 15-143;   frente pg. 131).

(37)  Referencia al hallazgo, en 1822, de los restos dispersos de un meteorito caido cerca de la Aguada de Imilac (24º 01´ S.).  Confundido su material inicialmente con  mineral de plata,  fue  intensamente buscado por indígenas de Atacama y luego por sabios naturalistas, como nuestro viajero Rodulfo Amando Philippi, quien describe  prolijamente sus intentos por hallarlo,  en su obra Viaje al Desierto de Atacama, Halle, Sajonia, 1860.

(38)  Describe muy acertadamente Bollaert el sistema de factura de los "Pintados",  diseños hechos en pampas y laderas de cerros en el desierto  de Tarapacá, hoy conocidos como "geoglifos" en la literatura arqueológica americana. La denominación "geoglifos" se atribuye a la Dra. Grete Mosty,  arqueóloga y etnóloga austríaca radicada en Chile,  en uno de sus trabajos (Mostny,  "Pictografía rupestre", Noticiario Mensual del Museo Nacional de Historia Natural, Año VIII, Nº 94, Mayo  1964).  Con anterioridad, se utiliza más bien el término "pictografías", como lo hace, por ejemplo, A. Plagemann en su trabajo pionero, publicado  en Hamburgo, en el año1906. (Plagemann, 1906:  5-87).

(39). Acierta plenamente Bollaert al afirmar categóricamente que en los cerros de Pintados (Coordenadas  20º 37´S)  se halla el lugar de máxima concentración de geoglifos en la provincia de Tarapacá. Esta escueta afirmación nos revela el notable grado de conocimiento que poseía Bollaert sobre ésta y otras manifestaciones artísticas de los antiguos habitantes. 

(40). Nos sorprende una vez más el autor por su acuciosidad en señalar y querer conservar las medidas exactas de las figuras de geoglifos que encuentra  en la zona de Pintados.


Comentario final. 

En esta porción traducida del trabajo de William Bollaert del año 1854 destacan numerosas referencias de gran interés tanto para el geógrafo, como para el arqueólogo, etnólogo o aún el lingüista. Casi no hay aspecto  de la antropología de la región  que escape a su atención preferente. Pero, en particular, nos ha interesado aquí mostrar y analizar sus referencias, poco conocidas, sobre los Changos pescadores con los cuales departe muy tempranamente (desde el año 1826)  en Iquique y especialente duranter su notable travesía por mar, en un falucho a remos, desde  Iquique hasta Taltal en una época algo anterior a la breve visita del comerciante francés Moerenhout, en el año 1828 y, poco después, del viajero francés Alcide D`Orbigny quien recalará en Cobija en el año 1832. (Véase el capítulo alusivo en nuestro blog: eco-antropologia.blogspot.com  bajo el nobre de "Cobija en 1828: la notable descripción del francés Jacques Antoine Moerenhout", (editado por nosotros el 27-11-2012).

A lo que creemos,  las numerosas referencias de Bollaert  a los pescadores Changos y su modo de vida en el mar están entre las más antiguas  conocidas en el siglo XIX  y tienen, a nuestro modo de ver,  la indudable ventaja sobre otros testimonios de provenir de un personaje  que trabajó y  residió varios años en la zona de Iquique, cuando se desempeñaba, desde su arribo en el año 1826, como "ensayista de metales" en las cercanas minas de plata de Huantajaya. Otros viajeros, como Francis O´Connor, René Lesson,  Jacques Antoine Moerenhout o el propio Alcide D´Orbigny y algunos otros más, son más bien  "aves de paso" en el área por la brevedad de su estadía u observación.

Confiamos, pues, más en la veracidad y autenticidad del testimonio de Bollaert por haber sido él el único que tiene la audacia de emprender un agobiador viaje costanero, en un falucho a remos, escudriñando el  área litoral  durante muchos días, y recalando en cada caleta o abrigo de la costa. Hecho totalmente inédito para la época, que nos está revelando su profundo interés por conocer a fondo toda la región.  Es gracias a su reconocida capacidad de observación que mereció recibir, del general Ramón Castilla, la difícil comisión de describir la provincia de Tarapacá, tarea que realizará a satisfacción. 


Observación final. Este trabajo ha sido enviado con fecha  10 de febrero 2020 a publicación a la revista "Taltalia", del Museo Arqueológico de  Taltal, donde verá la luz próximamente  (Marzo 2020). Allí, nuestra colaboradora Srta. geógrafa  Daniela  Rivera Marín ha incluído varios Gráficos y Tablas propios, que enriquecen notablemente  este estudio.






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viernes, 24 de enero de 2020

Prospección arqueológica en la zona de la desembocadura del río Loa en septiembre del año 2004: Detección de sitios y hallazgos.

Figura de inicio.  Vista panorámica del área de la desembocadura del río Loa en el océano Pacífico. Tomada del Weste al Este. La  escasa vegetación  ribereña consiste en arbustos de chilca (Baccharis chilca) y algunas variedades de juncos.  El agua aquí es fuertemente salina,  pero permite el desarrollo de camarones (Cryphiops caementarius, Mol.), decápodo  autóctono de todos los rios del desierto chileno, que fuera alimento para las poblaciones antiguas; (Foto H. Larrain,  febrero 1981, en  su obra "Etnogeografía", Colección Geografía de Chile, vol.  de Chile, Instituto Geográfico Militar, Santiago de Chile, 1987: 79)..

El río que rompe la monotonía de la costa árida del Norte.

Existe un creciente interés por estudiar y analizar el área aledaña al río Loa (coordenadas 21º 25´S y  70º 40´W)  por tratarse del único rio que aporta sus aguas al océano en toda la costa del Norte Grande de Chile, entre el río Camarones (19º 11´ 08´´ S) , por el norte  y el río Salado (que desemboca en Chañaral; coordenadas 23º 13´ 25´´ S), por el sur.  El lugar presenta un  fecundo  oasis de vegetación y agua, lo que ha permitido el desarrollo en su entorno de la vida humana desde hace varios milenios. (Ver Foto, arriba).

Por otra parte, el creciente movimiento de vehículos que circula hoy por la carretera panamericana norte-sur,  ha hecho necesaria la ampliación reciente de la infrastructura de control vial, por encontrarse allí la Aduana y Policía de control fronterizo entre la Iª Región, dotada de especiales franquicias aduaneras, y el resto del país hacia el Sur.

Ocasión de nuestra investigación arqueológica.

El reciente desarrollo del lugar, en pleno desierto,  ha motivado al Ministerio de Bienes Nacionales a realizar una serie de estudios del sector entre ellos, una prospección arqueológica del sector. El objetivo fue el detectar a tiempo las zonas de especial interés arqueológico, histórico o  ecológico (biológico), para protegerlas del incipiente desarrollo habitacional que está experimentado el lugar. Allí, se realiza hoy día, por parte del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) un  estricto control  fito-sanitario del transporte de productos agrícolas y alimenticios hacia el sur del país, para evitar -entre otras cosas- la propagación de la mosca de la fruta (Ceratitis capitata), temible peste de los frutales  que suele asolar muchas zonas tropicales  y nos suele llegar, de contrabando, desde el  Perú o Bolivia. Aquí existe, pues una verdadera doble frontera que controla tanto la introducción de frutos frescos (posibles portadores de la peste) como también el transporte al sur de mercaderías suntuarias, adquiridas en la Zona Franca de Iquique.

Por entonces (año 2004) , el suscrito, Horacio Larrain, era docente  de la carrera de arqueología,  impartida por la Universidad Bolivariana en la ciudad de Iquique.  Él y algunos de sus alumnos, serán los encargados de realizar esta prospección  in situ.

Conforme a nuestra costumbre, nos ha parecido  que este documento no debe permanecer ignorado sino debe ser dado a conocer tanto a los investigadores  y estudiosos como a los amantes de la arqueología del Norte Grande del país. Con gusto, pues, ofrecemos a nuestros lectores este documento, ignorado hasta ahora.

 Copiamos aqui, ad litteram, el texto completo de este estudio que ha quedado hasta hoy inédito.

Texto de nuestro estudio realizado en el año 2004.

"La Oficina de Bienes Nacionales de Santiago, contactó al suscrito en su calidad de arqueólogo de la Universidad Bolivariana, Sede Iquique, para realizar un catastro de sitios históricos y arqueológicos en el área próxima a la desembocadura del Río Loa, justamente en el límite entre la Iª y IIª Región de Chile. Este trabajo forma parte de una iniciativa de esta Oficina que se viene realizando en distintas regiones del país con el objeto de reunir antecedentes de diversa índole (geográfica, física, química, biológica, antropológica e histórica) para determinar qué áreas  particulares del país deban recibir una protección especial  por parte del Estado.

En un momento en que  el territorio nacional y en particular el borde costero  es objeto de fuertes presiones  por parte de la empresa privada para la realización de inversiones inmobiliarias o turísticas de diversa índole, ha parecido  indispensable destacar aquellas áreas que por su peculiaridad biológica (presencia de una rica  biodiversidad),  sus significación histórica o arqueológica ( importante  presencia humana desde tempranos tiempos), o por su  importancia escénica, merezcan ser  protegidas y conservadas, sea  para su estudio  en profundidad, sea para  la preservación de  sus ecosistemas.

A causa del creciente aumento de población y su consiguiente presión sobre el medio ambiente, es obligación del Estado velar por la conservación o particular resguardo de aquellas áreas donde la presencia humana puede destruir tanto los testimonios del pasado, como los ecosistemas donde se conserva una potente biodiversidad. Estos espacios relictos, máxime cuando son testimonios vivientes de épocas pasadas mantienen una flora y fauna muy característica, a menudo endémica, y/o muestran señas inequívocas de la presencia y actividad humana desde hace varios milenios. Siendo escasos los estudios realizados sobre estos ecosistemas relictos o su poblamiento a través del tiempo, o siendo no pocos de ellos indispensables para la mantención de los ciclos migratorios de especies tanto marinas como terrestres, se hace preciso establecer áreas y territorios sujetos a una especial reglamentación sobre su uso. En el contexto de las dos primeras Regiones del país, uno de estos lugares, donde la existencia de una carretera costera dotada de enorme flujo vehicular y la presencia de una Aduana y edificaciones anexas (restaurantes, pensiones, etc.) puede causar serios e irreversibles daños al patrimonio cultural o al medioambiente, a causa de su gran fragilidad, es precisamente la desembocadura del río Loa.  Lo que ha motivado su estudio y catastro por parte de la Oficina de Bienes Nacionales. Con este claro objetivo in mente, esta Oficina ha solicitado el apoyo de los científicos de varias Universidades tanto de la Iª como de la IIª  Región del país.  Al efecto, entre los días 27 y 30 de Septiembre del año en curso 2004, Bienes Nacionales organizó un campamento científico junto al lecho del río Loa y próximo a su desembocadura, para dar facilidades a los especialistas para realizar su labor in situ. Este es el origen de esta Prospección Arqueológica en torno a la desembocadura del río Loa. Ofrecemos aquí nuestro catastro de tipo arqueológico del área de estudio.

[Área clave de  presencia humana: antecedentes históricos].         

El área de la desembocadura del río Loa ha sido objeto de un muy antiguo y activo contacto entre las poblaciones indígenas de las quebradas u oasis del interior: (Guatacondo, Maní y otras), o las aldeas sitas  junto a las márgenes del río Loa y sus afluentes  (Calama, Chiuchíu, Caspana, Ayquina, Turi) o  del Salar de Atacama (S. Pedro, Toconao, Peine, Socaire).  Pero, por su posicìón estratégica en la costa desértica, donde no había abundantes fuentes de agua próximas, en  centenares de kilómetros a la redonda,  el área del Loa se convirtió en sitio de visita obligada para los navíos coloniales que iban y venían del Callao o para los corsarios que allí recalaban para surtirse del preciado líquido.

La presencia de una población indígena pescadora allí residente desde antiguos tiempos, atrajo también el interés de los españoles, tanto para obtener mano de obra para sus labores mineras o de pesca, cuanto para comerciar con las comunidades aldeanas del interior. No nos ha de sorprender, pues, el que los españoles hayan puesto sus ojos en este lugar para formar parte desde muy tempranos tiempos, de una importante encomienda de la zona: la "encomienda de Pica y Loa".  Ya el nombre mismo de esta encomienda temprana: “Pica y Loa”, entregada por don Francisco Pizarro de acuerdo a las informaciones suministradas por Diego de Almagro en su expedición de regreso desde Chile (1536), nos ilustra bastante bien acerca de la importancia dada por los primeros conquistadores a esta "área de eficiencia litoral", bien provista de agua potable e, igualmente, acerca de su vital interconexión con el hinterland aldeano, tanto tarapaqueño como antofagastino. Por esto mismo, no podemos sorprendernos del activo tráfico que se puede percibir en esta área de la desembocadura del río, tanto en épocas indígenas como coloniales y aún republicanas (época del salitre).
Hacia 1956, el arqueólogo Lautaro Núñez realiza las primeras prospecciones arqueológicas que se conozca en la zona sur de Iquique, incluyendo sectores próximos al río Loa. (Núñez, 1963: 3-6).   Poco después (1965), el arqueólogo suizo Christian Spahni realiza la primera excavación sistemática de cementerios y tumbas, aportando valiosas informaciones sobre los tipos de vivienda,  sus  elementos culturales y ajuares, y su relación cultural con los pueblos atacameños del interior. A la sazón, Spahni se desempeñaba como director del Museo arqueológico de Calama. Los últimos trabajos arqueológicos en la zona fueron realizados, bajo la dirección de Lautaro Núñez, por los  arqueólogos Vjera  Zlátar,  Patricio  Núñez y Cora Moragas, en los años 1977-78. De este tiempo data la excavación en el sitio Caleta-Huelén-42, que corresponde a nuestro sitio DRL-3  (Ver bibliografía anexa).
                  
Foto 1. Vista general del área del lecho del R. Loa, en el sector desembocadura, tomada desde el SE. Se observa ambas terrazas marinas: norte y sur. (foto Enrique Rand, tomada en cercanías del sitio DRL-25, extremo E. de terraza marina sur.).

Sitios detectados durante prospección.

Nota preliminar: se ofrece aquí las coordenadas del área central de cada sitio, salvo en los yacimientos mayores, donde se presentan hasta cuatro vértices, para poder inferir  su superficie total. Todas las fotos son de Enrique Rand. Los párrafos entre corchetes, son adición nuestra para esta edición  (2020). La sigla DRL designa a la desembocadura del río Loa.

Sitio: DRL-1
Altitud GPS: 7 m.
Coordenadas UTM: 0390857 / 7630515
Tipo de sitio: Aldea indígena
Superficie: 63.000 m2
Condición Sitio: Saqueado y perturbado.
Objetos culturales observados: Percutores, fragmentos de morteros, manos de moler, conchas, cantos rodados, todo mezclado.
Objetos recuperados: Una punta de proyectil rota, un fragmento de mortero en granito.
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Foto 2.  (DRL-1). Fragmento de mortero para la molienda  hecho en canto rodado de playa (granito).
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Sitio: DRL-2
Altitud GPS: 20 m.
Coordenadas UTM: 0391249 /  7630735
Tipo de sitio: Aldea indígena
Superficie: aprox. 4.950 m2.
Condición Sitio: Saqueado y perturbado. Se observa claramente las líneas de trincheras de su  excavación arqueológica. (por Lautaro Núñez).
Objetos culturales observados: Percutores, fragmentos de morteros, manos de moler, conchas, cantos rodados,  raspadores, y gran profusión de conchas marinas varias: todo  mezclado.
Objetos recuperados: Una punta de proyectil rota.


Foto 3. (DRL-2). Vivienda  semisubterránea de base circular,  notoriamente excavada por los arqueólogos.

                                                    ----------------
                    
Foto 4.  (DRL-2). Trinchera arqueológica. Indica el grosor  yacimiento conchífero (ancho:  90-95  cm. aprox.)

                    
Foto 5.   (DRL-2). Paredes de la vivienda circular hecha 
en base a grandes cantos de playa y trinchera. 
  
                    
Foto 6.   (DRL-2). Bases de vivienda semisubterránea. El piso endurecido de cenizas  revela intenso uso de fogones.

Sitio: DRL-3
Altitud GPS: 32 m
Coordenadas UTM: 0391602 / 7630803
Tipo de sitio: Vivienda Colonial
Superficie: 10 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Cantos rodados de playa, lascas. Escasa cerámica.
Objetos recuperados: Fragmento de boca ceramio.

                     
Foto 6. (DRL-3). Hilada de piedras formando las bases de una vivienda cuadrangular. Probablemente  de época colonial (la escala de  1 metro marca dirección del muro antiguo).

Sitio: DRL-4
Altitud GPS: 22 m
Coordenadas UTM: 0391672 / 7630794
Tipo de sitio: Vivienda colonial
Superficie: 20 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Percutores en canto rodado.
Objetos recuperados: Cerámica con engobe rojo de paredes finas (¿Culturas Arica?)

(No se presenta foto).

Sitio: DRL-5
Altitud GPS: 30 m
Coordenadas UTM: 0391535 / 7630970
Tipo de sitio: Choza de arriero, siglo XIX.
Superficie: 40 m2 
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Semillas de algarrobo, latas, fierros, clavos, cueros, gran piedra de moler, hueso de lobo marino y  de  caprinos.
Objetos recuperados: No.

                    
Foto 7.  (DRL-5). Pircas de vivienda de arriero,  siglo XIX. Objetos  y basuras 
asociadas delatan claramente la cronología del lugar.

Sitio: DRL-6
Altitud GPS: 22 m
Coordenadas UTM: 0391446 / 7630932
Tipo de sitio: Cementerio indígena (presenta entre 16 y 18 tumbas)
Superficie: 480 m2
Condición Sitio: Saqueado 
Objetos culturales observados: Esqueletos humanos, tejidos (material revuelto). 
Objetos recuperados: tejidos burdos y con diseños, esqueletos incompletos, cabeza de loro, fragmento de  cuero de lobo marino.

                   
Foto 8. (DRL-6). Parte del cementerio (sector Este). Tres tumbas saqueadas. En suave hondonada, entre afloramientos de pequeñas estribaciones graníticas de orientación E-W.

                    
Foto 9. (DRL6).  Tumba Nº 1.  Saqueada. Se observa trozo de tejido decorado que envolvía el cuerpo.  Cráneo destrozado. Sector E yacimiento. Note la presencia  de piedras señalizadoras de tumba.

                   
Foto 10. (DRL-6). Tumba Nº 2 (de E. a W.). Saqueada.

                    
Foto 11. (DRL-6). Tumba Nº 3; saqueada.  Observe piedras señalizadoras de la tumba.

                    
Foto 12. (DRL-6).  Varias tumbas profanadas, tal vez 7 u 8. Sector W del cementerio. 

Sitio: DRL-7
Altitud GPS: 58 m
Coordenadas UTM: 0391935 / 7631074
Tipo de sitio: 2 Talleres líticos próximos entre sí.
Superficie: 12 m2 y 2 m2, respectivamente.
Condición Sitio: Intocados 
Objetos culturales observados: Numerosas lascas grandes en granito. 
Objetos recuperados: No.

                 
Foto 13. (DRL-7).  Lascas de granito desbastadas de núcleos mayores, para la 
obtención de filudos cuchillos.

Sitio: DRL-8
Altitud GPS: 25 m
Coordenadas UTM: 0391277 / 7631138
Tipo de sitio: Corrales coloniales y anexos 
Superficie: 8000 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Pircas de piedra, cerámica gruesa y botellas de cerveza.
Objetos recuperados: No

                     
Foto 14. (DRL-8) Grandes pircas de corrales para encierro de animales. Probablemente para vacunos o mulares. De gorro y parka, el Dr. Horacio Larrain;  a su derecha, el estudiante de arqueología señor  Luis Pérez Reyes.

                   
 Foto 15. (DRL-8)  Idem. Vista a otro corral  próximo.

                   
Foto 16. (DRL-8).  Pequeña estructura  circular anexa a los corrales.


Sitio: DRL-9
Altitud GPS: 85m
Coordenadas UTM: 0391757 / 7631779
Tipo de sitio: Estructuras habitacionales de muros cuadrados. 
Superficie: 3000 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Escasos percutores y cantos rodados de playa.
Objetos recuperados: Numerosos fragmentos de cerámica culinaria que parecen corresponder a varios ceramios. Un gran trozo de plato (foto  17).

                      
Foto 17.(DRL-9)  Gran parte de plato, hallado muy cerca de las estructuras cuadradas. (No hay foto de éstas).

Sitio: DRL-10
Altitud GPS: 62 m
Coordenadas UTM: 0391831 / 7631702
Tipo de sitio: Gran estructura de pircas con vivienda anexa.
Superficie: 30 m2
Condición Sitio: Saqueada en el centro de la vivienda.Objetos culturales observados: Solo muros, sin otros elementos culturales  a la vista.
Objetos recuperados: No 

                    
Foto 18.(DRL-10)  Terraza artificial pircada, con vivienda  circular anexa,  saqueada.

Sitio: DRL-11
Altitud GPS: 33m
Coordenadas UTM: 0391740 / 7630819
Tipo de sitio: ¿Tumba colonial?
Superficie: 3 m2
Condición Sitio: Saqueado
Objetos culturales observados: Parte de una camisa, un botón, una vieja cerradura.
Objetos recuperados: Osamenta casi completa, solo falta el cráneo.

                   
Foto 19. (DRL-11).  Osamenta a  la vista, en la tumba saqueada. Falta  el cráneo respectivo.

Sitio: DRL-12
Altitud GPS: 16m
Coordenadas UTM: 0391720 / 7630822
Tipo de sitio: Estructura de vivienda de muro cuadrangular
Superficie: 10,5 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Percutores y cantos rodados con señas de uso 
Objetos recuperados: No

                   
Foto  20. (DRL-12)  Hilada de piedras alineadas: probables bases de vivienda cuadrangular.

Sitio: DRL-13
Altitud GPS: 35m
Coordenadas UTM: 0392496 / 7630883
Tipo de sitio: Chacra de cultivo colonial
Superficie: 4.600 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Cantos rodados grandes, dos pozos aterrados, percutores y diseño de acequias y pongos.
Objetos recuperados: Fragmento de cerámica colonial y dos puntas de proyectil.

                   
Foto 21. (DRL-13).  Sendero de descenso  a la  chacra colonial. Observe alineamientos  de piedras que demarcan las distintas eras de cultivo, y las acequias de riego.  En el borde weste, bases de vivienda cuadrangular.  Observe los  grandes manchones verdes de Atriplex atacamensis (cachiyuyo). Las manchas pardas corresponden a ejemplares de  Prosopis chilensis (algarrobo).

                   
Foto 22.  (DRL-13)  Vista de la misma chacra,  tomada  desde la terraza marina  sur del río Loa. Observe la terraza fluvial de aluvión  sobre la que se asienta la chacra colonial. En su extremo Este,  un gran rodado caído de los cerros  parece recubrir parcialmente  sectores de la chacra antigua.

   
Foto 23.(DRL-13)  Pozo excavado en extremo NE de la chacra para obtención 
del  agua de regadío  y bebida humana. Hoy, semi aterrado, se halla muy próximo al lecho del río.

                 
Foto 24. (DRL-13).  Gran roca que señala hilada de piedras que conforman 
una antigua acequia  para regar las eras de cultivo.

                  
Foto 25. (DRL-13) Vista a las eras de cultivo, sus acequias y pongos. Se hacía riego por inundación de las eras a partir de acequias secundarias.

Sitio: DRL-14
Altitud GPS: 15 m
Coordenadas UTM: 0391156 / 7629690
Tipo de sitio: Estructura de vivienda indígena 
Superficie: 4 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Cantos rodados, muchas conchas de diversas especies, huiros.   
Objetos recuperados: cuentas de piedra pómez, (de collar?), semillas de algarrobos y chañar.   

                   
Foto 26. (DRL-14).  Bases de vivienda primitiva. Se observa gran canto rodado (para molienda).

Sitio: DRL-15
Altitud GPS: 20 m
Coordenadas UTM: 0391558 / 7629621
Tipo de sitio: Paradero indígena
Superficie: 30 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales: Numerosas conchas de varias especies, huesos de lobos marinos, fogón con cenizas, morteros y percutores.
Objetos recuperados: Dos chuspas de lana y cordelería, fragmentos de cerámica para reconstrucción de vasijas

                 
Foto 27. (DRL-15).  Cima de estribación granítica  donde estaba el yacimiento cultural.

Sitio: DRL-16
Altitud GPS: 27 m
Coordenadas UTM: 0391469 / 7629725 
Tipo de sitio: Paradero indígena
Superficie: 25 m2
Condición Sitio: Removido parcialmente
Objetos culturales observados: Gran cantidad de conchas de moluscos, percutores y mano de moler.
Objetos recuperados: Fragmentos de cerámica atacameña, negro y rojo.

                   
Foto 28. (DRL-16)  Ladera en descenso hacia el weste (semiplana). Se observa restos de conchas y cantos rodados.

Sitio: DRL-17
Altitud GPS: 32 m
Coordenadas UTM: 0391575 / 7629775 
Tipo de sitio: Paradero indígena
Superficie: 154 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Muchas conchas de moluscos, morteros, cantos rodados huesos de ballena, de pescado, semillas de algarrobos, huesos de albacora. 
Objetos recuperados: Fragmento de hueso frontal  de albacora.

                     
Foto 29. (Sitio DRL-17). Se encontró fragmentos de cerámica, seguramente de una misma vasija.

Sitio: DRL-18
Altitud GPS: 20 m
Coordenadas UTM: 0391211 / 7629774 
Tipo de sitio: Paradero indígena
Superficie: 400 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Muchas conchas, cantos rodados y morteros planos, percutores.. 
Objetos recuperados: Un collar en malaquita con 18 cuentas, dos fragmentos cerámicos de boca.

                   
Foto 30. (DRL-18).  Area de concentración de conchas, en extremo weste del yacimiento. Se observa cantos rodados. 

Sitio: DRL-19
Altitud GPS: 37 m
Coordenadas UTM: 0391372 / 7629360 
Tipo de sitio: cache de carácter ritual
Superficie: 0,8m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Cráneos de delfín, un cráneo de lobo marino y uno de guanaco
Objetos recuperados: Varios cráneos de delfín, un cráneo de lobo marino y uno de guanaco, y semillas (algarrobo y chañar).

                   
Foto 31. (DRL-19). “Cache” ceremonial, en cima de la estribación granítica, antes de su apertura.  Está intencionadamente tapado por  pequeñas rocas (sobre escala gráfica).

                      
Foto 32. (DRL-19).  El mismo cache ceremonial, dejando a la vista numerosos cráneos de 3 especies de animales: delfín,  guanaco y lobo marino, tras despejar su entrada.

Sitio: DRL-20
Altitud GPS: 29 m
Coordenadas UTM: 0391308 / 7629670
Tipo de sitio: Paradero indígena
Superficie: 64 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Piedras de moler y mano, percutores, fragmentos de cerámica y gran cantidad de conchas de diversos moluscos, pequeño depósito de semillas de algarrobo y chañar; hay una posible tumba en sector sur del sitio, con coordenadas: 0391296 / 7629655. Altitud 25 m.
Objetos recuperados: Fragmentos de cerámica con asas, un raspador, dos puntas de proyectil rotas (fotos).

                     
Foto 33. (DRL-20).  Estribación granítica ocupada por un paradero. Profusión de conchas en su porción inferior

                     
Foto 34. (DRL-20).  A lo largo de esta estribación, se extienden los materiales culturales, 
destacando los morteros y manos, y gran cantidad de conchas de moluscos. A la izquierda, Luis Pérez Reyes; a la derecha, caminando, el Dr. Horacio Lrrain).

                  
Foto 35. (DRL-35).  En esta grieta apareció, in situ, esta punta rota de proyectil. (la moneda  de 10 centavos, sirve de escala)

                    
Foto 36. (DRL-20). Punta de proyectil rota, abandonada in situ, a pocos centímetros de la anterior.

                  
Foto 37. (DRL-20). Pequeño escondrijo o bodega de  semillas de algarrobo y chañar, procedentes  del  interior.

Sitio: DRL-21
Altitud GPS: 20 m
Coordenadas UTM: 0391314 / 7629676
Tipo de sitio: Paradero indígena
Superficie: 25 m2
Condición Sitio: Intocado (Huellas de maquinaria pesada en sus cercanías)
Objetos culturales observados: Muchas conchas de moluscos, huesos dispersos de lobos marinos.
Objetos recuperados: Dos bolsas plásticas llenas de trozos de cerámica para armar; una de ellas de cerámica muy bien cocida tipo Arica. 

                   
Foto 38. (DRL-21). Esta pequeña estribación granítica (tipo arrecife  emergido)  presentó valiosos  elementos culturales  (litos)..

Sitio: DRL-22
Altitud GPS: 18 m
Coordenadas UTM: 0391608 / 7630075
Tipo de sitio: Tumbas indígena (dos)
Superficie: 10 m2
Condición Sitio: Saqueada (ambas)
Objetos culturales observados: No
Objetos recuperados: No.

                  
Foto 39. (DRL-22). Dos amontonamientos de piedras, señalando posibles tumbas.

Sitio: DRL-23
Altitud GPS: 52 m
Coordenadas UTM: 0392202 / 7630680 
Tipo de sitio: Estructura probable de tumba 
Superficie: 9 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: a 10 metros se encontró restos de un cráneo humano
Objetos recuperados: No.

                   
Foto 40.  (DRL-23). Probable tumba, al parecer no perturbada.

Sitio: DRL-24
Altitud GPS: 55 m
Coordenadas UTM: 0392208 / 7630383 
Tipo de sitio: Concentración de fragmentos de cerámica muy erosionada
Superficie: Aprox. 100 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Fragmento de cerámica en gran cantidad
Objetos recuperados: Fragmentos de boca y fondo de vasijas.
( No hay fotografías del sitio).


Sitio: DRL-25
Altitud GPS: 16 m
Coordenadas UTM: 0392362 / 7630689
Tipo de sitio: Vivienda con corral anexo
Superficie: 22 m2
Condición Sitio: Intocado
Objetos culturales observados: Una habitación en pirca con su corral anexo, latas y tarros de conservas, canto rodado grande con zona de astilladuras.
Objetos recuperados: Clavo y una lata de cerveza. 

                   
Foto 41. (DRL-25).  Vivienda de arriero y su pequeño corral anexo, hechos con  concreciones calcáreas de origen marino.

                   
Foto 42. (DRL-25). Detalle de la  choza de arriero. La escala marca 1m. A la derecha, el Dr. Horacio Larrain conversando con uno de sus alumnos del Curso de arqueología.

Sitio: DRL-26
Altitud GPS: 38 m
Coordenadas UTM: 0392370 / 7630703
Tipo de sitio: Probable tumba indígena 
Superficie: Aprox. 5 m2
Condición Sitio: Saqueado 
Objetos culturales observados: Percutores en cantos rodados, a unos 5 m de la tumba.
Objetos recuperados: No.

                   
Foto 43. (DRL-26). Tumba saqueada. Observa el Dr. H. Larrain.

Sitio: DRL-27
Altitud GPS: 31 m
Coordenadas UTM: 0391460 / 7630542 
Tipo de sitio: Tumba indígena
Superficie: Aprox. 5 m2
Condición Sitio: Saqueada
Objetos culturales observados: Varios huesos de lobos marinos, cantos rodados dispersos.
Objetos recuperados: No

              
Foto 44. (DRL-27). Tumba saqueada. Piedras señalizadoras.

Sitio: DRL-28
Altitud GPS: 15 m- 20 m
Coordenadas UTM: 0391382 / 7630532 (sector norte); 0391439 / 7630510 (sector sur)
Tipo de sitio: Probable sector de aldea colonial española
Superficie: 50 m2 (sector norte); 102 m2 (sector sur)
Condición Sitio: Muy intervenido por ejercicios  militares (se ve trincheras  e indicios de campamento).
Objetos culturales observados: Percutores, lascas trozos de instrumentos y escasas conchas. Objetos de uso militar en campaña.
Objetos recuperados: Cuchillo en sílex.

Foto 45. (DRL_28). Sector Norte. En terraza marina casi intocada. Hiladas de piedras denotan antiguos muros.

Foto 46 (DRL-28). Sector Sur. Foto tomada desde la cima de estribación granítica. Se ven alteraciones y trincheras de militares en área  exacta de ubicación de la aldea colonial.

Foto 47. (DRL-28). Sector Sur. Area de  estructuras de la aldea colonial, alterada por trincheras.

Sitio: DRL-29
Altitud GPS: 22 m (inicio del canal); 7 m (fin del canal)
Coordenadas UTM: 0391429 / 7630516 (Inicio); 0391073 / 76301073 (término)
Tipo de sitio: Canal de regadío en margen sur del río
Superficie: Aprox. 200 m de largo; ancho aproximado entre 0.80 m y 1.0 m 
Condición Sitio: Intocado, salvo en su límite weste donde fue perturbado por maquinaria pesada
Objetos culturales observados: revestimiento de piedras o adobes (¿?) de sostén del muro del  canal.
Objetos recuperados: No.

Foto 48. (DRL-29). Porción final  del canal de regadío excavado en borde sur del lecho del río Loa. Zona de ascenso a la terraza marina. Vista de Weste a  Este.

Foto 49. (DRL-29). Inicio del canal,  muy cerca del emplazamiento de la aldea colonial. Observe revestimiento con costrones salitrosos o calcáreos. Corre apegado al borde inferior  del corte del río (ribera sur). Vista de E.a W.

Sitio: DRL-30
Altitud GPS: 50 m
Coordenadas UTM: 0391699 / 7630889
Tipo de sitio: sendero de tránsito hacia y desde el interior.
Superficie: se extiende por espacio de unos 10 m lineales al costado del sendero.
Condición Sitio: Destrucción natural por rodados, inmediatos al sector sur de la chacra colonial. 
Objetos culturales observados: Fragmentos de cerámica negro pulido atacameño, fragmentos de lienzas, sogas, y tejidos. Los restos cerámicos se han deslizado casi hasta el borde del río Loa.
Objetos recuperados: Un fragmento de boca de ceramio grande,  fragmentos de  bocas de vasijas menores. Trozos de  vasijas negro pulido atacameño.

(No hay fotografías del sitio).

Sitio: DRL-31
Altitud GPS: 24 m
Coordenadas UTM: 0391450 /7630542
Tipo de sitio: Probable tumba indígena
Superficie: Aprox. 12 m2
Condición Sitio: Intocada
Objetos culturales observados: Alineamiento de piedras en círculo
Objetos recuperados: No

(No hay fotografías del sitio)


Sitio: DRL-32
Altitud GPS: 19 m
Coordenadas UTM: conforma un cuadrilátero cuyos vértices son: NE: 0391419 / 7630475; SE: 0391503 / 7630347; NW: 0391015 / 7630389; SW: 0391051 / 7630219 
Tipo de sitio: Aldea y asentamiento indígena permanente. 
Superficie: Aprox. 30000 m2 (se midió un área adicional intervenida por maquinarias de la carretera de aprox. 7250 m2, totalmente alterada.)
Condición Sitio: Alterado como se ha indicado
Objetos culturales observados: Conchas variadas, percutores, cantos rodados, piedras de moler, utensilios en sílex
Objetos recuperados: Dos cuchillos en sílex y una gran punta de arpón (sílex).
(No hay fotografías del sitio)

Notas.

a). No se contempló en esta Prospección dos (o tres?) sitios de chacras prehispánicas, halladas algo más al interior, en la ribera sur del río Loa, examinadas por el geógrafo  Esteban Sagredo en su visita del 29/09/2004 (comunicación personal de E. Sagredo). No queda claro en las intenciones de este trabajo de Bienes Nacionales, hasta donde haya que penetrar por el curso del río, tierra adentro.  Dado que el curso del río, màxime en su borde norte, fue  área de comunicación con el interior, es seguro que debe haber cantidad de sitios arqueológicos jalonando esta ruta. Hemos escuchado de la existencia de  más de un tambo (incaico?), en este trayecto, lo que sería muy obvio, tratándose de una ruta muy  frecuentada en la antigüedad..

b).  El límite máximo septentrional del área, quedaría marcado por el sitio DRL-10.  A partir de este sitio, habría que  marcar una línea imaginaria que  parta de unos 150 m al N. de este sitio, y corra en línea recta hasta el mar.

c). El límite sur habría que marcarlo, de acuerdo a criterios arqueológicos, unos 150 m. al   S  de nuestro sitio DRL-19.

d). Hacia el sector sur de esta área, continúan no pocos sitios arqueológicos, por varios kilómetros (pequeños paraderos de caza-recolección  y tumbas) pero nos pareció prudente  detenernos en este punto, para no alejarnos en exceso del lecho del río Loa, que demarca  la zona focal biogeográfica,  de influencia directa del río.

e).  Se advierte que esta prospección posee solo  un carácter inicial, y, por tanto, no pretende dar información absolutamente segura acerca de  las características de los yacimientos. Análisis más detallados, suponen  un tiempo más largo dedicado a  efectuar sondeos, los cuales pueden hacer variar las conclusiones.

f). No disponemos de los Informes de Lautaro Núñez, acerca de esta zona, hechos con anterioridad a la construcción del puente y de la carretera pavimentada.  Sospechamos que  tanto en la proximidad de la actual Aduana y sus dependencias, como en  el sector próximo a la carretera, debió existir  sitios arqueológicos, sobre todo en la vecindad inmediata al curso del río. Toda esta zona,  de varias miles de m2, ha sido muy intensamente alterada en los últimos 10-15 años. No nos consta que con ocasión  de la construcción de la carretera y puente nuevo, se haya realizado aquí un estudio acabado de impacto ambiental, como lo exige la actual Ley Ambiental   Nº 19.300. 

g).  Nosotros hemos reseñado aquí la presencia de solo un cementerio,  saqueado  hace pocos años (tal vez no más de 4-6 años). Sabemos por la bibliografía de J. C. Spahni y de L. Núñez que hubo varios cementerios indígenas, en la ribera norte y sur del río Loa. Pero la ubicación exacta de estos cementerios no la conocemos. Sin duda, ésta consta en los Cuadernos de Campo de los citados investigadores. Es probable que algunos de ellos, tras haber sido trabajados y excavados, hayan sido nuevamente tapados, para no inducir a los huaqueros a efectuar nuevos sondeos. El hecho de que reseñemos solo un cementerio en esta prospección, pues, no significa que no haya habido otros, varios de ellos (según Spahni  y Núñez), ya estudiados por  ellos  en detalle.  Sólo significa que hemos tropezado solo con un cementerio violado, aún a la vista.  


ANÁLISIS DE LA INFORMACIÓN ARQUEOLÓGICA  RECOGIDA (Gráficos).

 Gráfico 1


Total de sitios: 32
Alterados       : 12 = 38%
Intocados       : 20 = 62%

Comentario: 

La alteración de lo sitios ocurre aquí  por tres causales  principales: a) por  el huaqueo o saqueo de tumbas o cementerios, obra de huaqueros que buscan  artefactos, tejidos o vasijas para la venta;   b) por obra  de maquinaria pesada (camiones y retroexcavadoras) que sacaron materiales y áridos para la construcción de la carretera en ese sector; y c) por obra de regimientos militares, que han  acampado aquí por días, para realizar maniobras en el área, cavando trincheras, parapetos y perturbando extensas zonas (caso especialmente notorio en el sitio DRL-27).   Sin embargo, aún quedan numerosos sitios  que justifican plenamente  la protección del área  para futuros y más acabados estudios;  d) de no tomarse medidas pronto, muy poco o nada quedará para la posteridad de esta rica zona arqueológica. 

Gráfico 2











Comentario: 

a) Entre los tipos de sitios detectados, se observa un porcentaje importante  de Tumbas individuales  y Paraderos  de caza-recolección marina.  Pero estos sitios son muy pequeños, tal como podrá colegirse del gráfico 3.

b) Se ha de tomar en cuenta  aquí que  los grandes sitios  (DRL-1, DRL-2 y DRL-32)  corresponden a  áreas de intensa ocupación con aldeas y numerosas viviendas, no pocas de las cuales han sido excavadas  y estudiadas por  Spahni, y posteriormente por  Núñez y Zlátar. Algunos de estos sitios, siendo contiguos, son muy difíciles de aislar y diferenciar, por corresponder a extensas  zonas de las riberas N y S, respectivamente, del río Loa, sujetas a muy intensa ocupación  prehispánica.

c)  No hemos detectado el lugar  exacto de excavación de cementerios por obra de J. C. Spahni en sus excavaciones del año 1965.

d) La presencia de numerosos pequeños paraderos, podría sugerir actividades de grupos diferentes a los que poblaron con aldeas establecidas el borde mismo del  río.  Probablemente, corresponden a una diferente cronología. Lo mismo se puede decir de ciertas tumbas, de diferente diseño.

e) Hemos señalado 2 posibles  sitios de aldeas indígenas  y una española;  en realidad,  al no existir excavación total del área, es del todo imposible indicar su número exacto. Puede ser superior. En arqueología, la prospección es solo un indicador de presencia, no una prueba definitiva; lo que no ocurre en otras ciencias, como la zoología o la botánica. Solo la excavación en área,  otorga la certeza definitiva.

f)  Se ha de considerar aquí algo importante. En el período arcaico (precerámico), como ocurre en Caleta Huelén 42, la mayoría de las viviendas era, a la vez, sitios de depositación de difuntos, esto es, enterratorios  sui generis. Los cementerios propiamente tales, en sitios separados de las viviendas, corresponden a un período agro-alfarero, mucho más tardío, cuando la población ha aumentado sensiblemente, o cuando el contacto con  las aldeas agrícolas del interior  es mucho más intenso. Por tanto, todos los enterramientos tempranos  (aprox. antes de la era cristiana)  se harán bajo el piso de la vivienda o en cualquier parte del asentamiento, nunca fuera de éste. No existen todavía los cementerios propiamente tales.  La detección de solo un cementerio, visible en superficie, se explica  bien  por lo que queda dicho en nuestra nota  g),   poco más arriba.  

Gráfico 3











Comentario:

De todos los sitios registrados, un muy alto porcentaje (60%) corresponde a la época indígena, sin pretender establecer, en esta somera prospección, su data arqueológica o afiliación cultural más precisa. Respecto a lo sitios  rotulados como “coloniales”,  su data se infiere de la presencia de elementos culturales típicos (cerámica,  y formas de estructuras, particularmente). Es casi seguro que algunos sitios coloniales fueron reocupados en época del ciclo salitrero, pero para establecer esto con certeza, se necesitaría de excavaciones más prolijas. El sondeo hecho por nosotros es solo fruto de una rápida  aunque atenta, observación superficial.

Gráfico 4











Comentario:  

De este gráfico se deduce que los sitios superiores a 1.000 m2 de superficie, corresponden a extensas áreas  de conchales o sitios ocupacionales, aparentemente muy antiguos, tanto en la ribera Norte como en la ribera Sur del río, e inmediatos a éste. Ha sido el área de mayor interés para los arqueólogos, donde  está, por ejemplo, Caleta Huelén 42  y seguramente (no tenemos las pruebas seguras),  las excavaciones de  J. C. Spahni. Pero no sería de extrañar que muy pequeños sitios de paraderos, ofrezcan  fechas más antiguas de poblamiento, correspondientes a épocas más tempranas de caza-recolección,  de grupos que provenían del hinterland, en una suerte de transhumancia  permanente. El 28% de los sitios corresponde a sitios muy pequeños (generalmente tumbas aisladas), la mayoría de los cuales ha sido profanado ya.  Catorce sitios  nos señalan  un porcentaje del  44%  del total, lo que nos está indicando que  la densidad de ocupación ha sido enorme. Lo que no es de extrañar, por tratarse del único sitio dotado de abundante agua potable para las poblaciones costeras. La disponibilidad de agua durante todo el año, permitió el establecimiento de aldeas permanentes, de importante población, con acceso a los recursos del mar (caza y pesca marina) y a los recursos terrestres (del vecino oasis de niebla de Alto Chipana), además del tráfico  de caravanas que comunicaba con la localidad prehispánica de Quillagua  (unos 40 km tierra adentro),  a la vera del río Loa  y sus terrazas fluviales, y el resto de las comunidades atacameñas  del  interior. (río Loa superior y Salar de Atacama).

Sugerencias finales:

1. Se solicita  que, mediante oficio, se recuerde y encarezca a las autoridades de Aduana y de Carabineros del resguardo del Loa, que deben prestar particular atención a la protección de dichos sitios arqueológicos, máxime los situados  en la ribera Norte del río, cerca de sus instalaciones, denunciando de inmediato cualquier intento  de huaqueo, según lo estipula la Ley de Monumentos Nacionales. 

2. Se pide, igualmente a estas autoridades que prohiban  y eviten  a toda costa la extracción de huiros (algas)  echados a las playas y rompientes por  el mar,  en las cercanías de la desembocadura y en un radio a fijar,  porque se ha probado que estas concentraciones  de huiros  albergan diferentes especies de insectos (especialmente Coleoptera)) y  otra abundante fauna  asociada (crustáceos, arácnidos y otros grupos), la que busca refugio y lugar de reproducción bajo este ambiente húmedo. Los algueros recorren hoy sistemáticamente el borde costero, recogiendo estos manojos  de algas secas,  para venderlos en Tocopilla o Antofagasta. Tal  extracción debe ser totalmente frenada, bajo fuertes multas,  en esta zona de protección  científica de la zona costera aledaña a la desembocadura del río Loa.

3.  Recomendamos vivamente  que se considere  la necesidad de poner cierros a aquellos sectores de sitios donde el huaqueo ha sido mayor, en especial el  área de tumbas y trincheras de Caleta Huelén 42, trabajada por Núñez y colaboradores. El montículo principal, levantado alrededor de  1.0- 1,20 m por sobre el suelo de la terraza marina, puede fácilmente ser cerrado  con malla,  para evitar su ulterior destrucción. Este conserva aún gran parte de su riqueza arqueológica, a pesar de los trabajos arqueológicos allí  efectuados y  los saqueos  subsiguientes.

4. Se debería establecer una estación de campo universitaria, para realizar en el área de la desembocadura, toda suerte de futuras investigaciones. En lo que a la arqueología respecta, este trabajo de protección, mediante una concesión a alguna  institución universitaria responsable, parece urgente.  Esta Estación de campo debería quedar muy próxima a la garita de Carabineros  y Control de Aduana, para  evitar su  destrucción o  deterioro por obra de vándalos. La Universidad Bolivariana, que posee en la ciudad de Iquique carreras en el área de la Arqueología, Antropología Social e Historia, está particularmente interesada en  establecer este tipo de Estación de campo en el sector  y ofrece su pleno apoyo a esta iniciativa. 

5.  Se sugiere que  los documentos que emanen de los científicos  luego de esta prospección, puedan circular libremente  entre todos  éstos (a no ser que se tenga la intención de dedicar una publicación ad hoc por parte de la Oficina de Bienes Nacionales),  ya que existe correlación profunda entre el modo de poblar y los tipos de poblamiento  antiguo y  el medio biogeográfico, en especial la flora y fauna presente en el área de la desembocadura del río Loa, tanto terrestre como marina.

6. Se solicita, igualmente, que  las  fotografías, cartografía y planos que  realizarán los geógrafos, con el cúmulo de informaciones reunidas, puedan también ser  de fácil acceso para los científicos que participaron en el Proyecto y, en general, para el mundo científico universitario.

7. Por fin, se solicita  la autorización de la Oficina de Bienes Nacionales para la publicación, por parte de estos mismos científicos, de los resultados de sus investigaciones en terreno,  pudiendo éstos utilizar parte de los materiales enviados (fotos, planos, cartografía, etc.) en sus publicaciones especializadas. De modo que este material enviado no sea  tan solo propiedad de la Oficina de Bienes Nacionales (donde quedaría archivado), sino  también de los propios científicos involucrados en la prospección.

8. Por último, se expresa el deseo de que las decisiones de cualquier índole que ese Ministerio tome en el futuro próximo con respecto a la protección de estos sitios,  sea dada a conocer a los científicos participantes". 

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(Hasta aquí nuestro "Informe de Prospección Arqueológica",  hecho el año 2004. es decir hace 16 años.  Nunca supimos si se hizo, con este material, alguna publicación por parte del Ministerio de Bienes Nacionales. Tampoco tuvimos acceso a los Informes de los biólogos, ecólogos  y geógrafos  hechos con esta ocasión. Nos consta que se entregó al Ministerio varios Informes  de tipo biológico, geográfico y ecológico del sector.

Por último, queremos señalar que todos los materiales arqueológicos  hallados por nosotros en superficie, que se colectó y conservó con motivo de este trabajo (por estar a la vista y expuestos al robo y saqueo), quedaron depositados  por el suscrito Dr. Horacio Larrain en el  Museo Regional de Antofagasta, en el año 2016  y fueron recibidos por  el entonces  Director,  el arqueólogo  Sr.  Ivo Kuzmanic Pierotic y la encargada de las colecciones arqueológicas del Museo Regional, Srta. Verónica Díaz Vilches. 

Por fin, se agradece especialmene el apoyo técnico brindado en esta ocasión al suscrito por la Srta. geógrafa Daniela Rivera Marín.