sábado, 31 de diciembre de 2011

Una mirada espacial a la historia: el aporte científico de Patricio Advis Vitaglic, arquitecto.


Un arquitecto sui generis.

Patricio Advis fue un gran arquitecto, esto es un estudioso, un experto de la comprensión y "ordenamiento del espacio". Un ordenamiento, por cierto, al servicio del hombre y de su actividad concreta. Como arquitecto, deja una huella imborrable en su Iquique natal. Edificios y libros especializados en que estudia con diligencia el desarrollo arquitectónico de su ciudad, ahí han quedado en pie para la posteridad.
No es éste, sin embargo, el objetivo de esta nuestra semblanza. Analizaremos al arquitecto convertido en historiador y en geógrafo. Casi desaparece el arquitecto y aparece ante nuestros ojos el nuevo "cronista" de una expedición al desierto. Nuestro enfoque al analizar su aporte a la Historia y a la Antropología será el propio de un eco-antropólogo. De alguien interesado en estudiar el hombre y su actividad enraizado profundamente en su propio medio ambiente. No podría ser de otra manera. Analizaremos, pues, aquí el aporte cientifico de un hombre que busca historiar el acontecer humano en su paisaje concreto: el desierto de Atacama y sus pueblos dispersos en quebradas aisladas y distantes, aparentemente inconexas pero en realidad inteligentemente conectadas por el sistema vial incaico.



Un historiador singular, diferente.


Historiadores de la hazaña del cruce del desierto de Atacama, ha habido muchos. Barros Arana (1884-1902), Vicuña Mackenna (1868), Thayer Ojeda (1908), Amunátegui (1913), Encina (1949), De Ramón (1953), Villalobos (1954). Todos ellos, han escrito y descrito los acontecimientos desde el cómodo sillón de sus gabinetes, poblados éstos de enjambres de libros, archivos y documentos. Pocos, muy pocos son los que han sentido la necesidad de ir a cotejar la información libresca con la realidad para tratar de entender, in situ, lo ocurrido en el pasado. Porque pretender estampar y dar a la luz "lo que ocurrió tal como ocurrió en el pasado- como lo preconizara el gran historiador alemán Leopold  Ranke como algo esencial a la labor de "historiar" o hacer historia [historein]- supone conocer primero y a fondo, los paisajes descritos, los parajes recorridos, los recursos existentes empleados, los climas extremos soportados, las penurias o cansancios sufridos. Tal premisa nos parecería hoy algo absolutamente evidente, y, sin embargo, la casi totalidad de los hombres que hacen la historia - nuestra historia- no se han calzado los pesados bototos del explorador ni se han atrevido a soportar, impertérritos, las temperaturas extremas del desierto, expuestos a la intemperie de día y de noche.
Hay escasas excepciones y, precisamente, Patricio Advis es una de ellas. Aquí radica el supremo valor intrínseco de los "cronistas" de las expediciones, de aquellos integrantes que, día a día, consignan pacientemente en su diario de campo, los sucesos acaecidos, a lo mejor "al tenue resplandor de una candela" en su carpa de campaña, como ya nos lo enseñara Pedro Cieza de León, el gran cronista de la Conquista del Perú.

Un recordatorio necesario.

Si el insigne historiador don Diego Barros Arana hubiera recorrido personalmente miles de kilómetros de la Patagonia al sur del Rio Negro en compañía de expertos naturalistas de la época (los geógrafos de hoy) al estilo de un Philippi, (padre o hijo) y hubiese conocido de visu sus extensas praderas, su rica biogeografia y sus recursos, no hubiese jamás pronunciado aquellas frases desdeñosas sobre la valía e importancia de dichos territorios. Creyó a pie juntillas que la opinión de Darwin -basada en escasas observaciones hechas en torno a Carmen de Patagones- ya era suficiente. Increíblemente, al gran maestro le bastó el "Magister dixit" del gran biólogo inglés. Desdeñó, por consiguiente y consideró inútil cerciorarse directamente del paisaje y su rica geografía. Muy diferente fue el proceder de Guillermo Cox, el gran explorador de la Patagonia, porque supo recorrer sus sendas y caminar, comer y dormir entre  sus indios, los tehuelches. Barros Arana creyó saberlo todo en y desde el papel. Pecado capital para un historiador de su trayectoria. Y sabemos bien los chilenos la consecuencias de dicha opinión desdichada, tenida por la sociedad chilena de entonces como infalible: la pérdida irreparable de la Patagonia.

Un historiador de terreno.

Patricio Advis, arquitecto iquiqueño, nacido en 1930 en la ciudad de Iquique (hermano del conocido autor de la Cantata Santa María, Luis Advis), fue un historiador de bluejeans, sombrero de explorador, casaca gruesa y pesados bototos; un hombre de terreno a la par que un escudriñador de archivos y bibliotecas. No se contentó con el dato escueto, dado por el cronista o informante de antaño: quiso ir a verificarlo- en lo posible- al lugar mismo de los hechos. Y este afán casi frenético por conocer y visitar y escudriñar "el lugar de los hechos", y en lo posible, sentir lo que los antiguos caminantes sintieron, experimentaron y vivieron, hace de Patricio Advis un tipo de historiador absolutamente exótico, muy diferente al que nos ha habituado la Academia.

Labor de "historiar" la geografía viva del paisaje.

Porque Advis hace a la vez labor de historiador y labor de geógrafo y cartógrafo; a veces, de geomorfólogo e incluso hasta de topógrafo. El necesita revisar minuciosamente el lugar descrito, escudriñar sus recursos, su flora y fauna, observar y medir, constatar en terreno el dato escueto del informante colonial. Advis convierte el espacio en un componente esencial del relato histórico. Para él los croquis y los mapas de ruta son esenciales, no son simples adornos o "grecas" decorativas de un trabajo, como para la mayoría de los historiadores, que no suelen hacer gala en sus escritos de un mayor prolijidad o creatividad en sus planos o mapas. Advis nos enseña, en su modo de historiar, que la geografía (sea la geografía física, la humana o la geografía económica) y la cartografía son componentes tan esenciales para un auténtico historiador como el rastreo y manejo habilidoso o el cotejo sagaz e inteligente de la documentación histórica.

¿Historiador, geógrafo o geo-historiador?. ¿Cómo denominarlo?

Así, le vemos en sus escritos convertido súbitamente en una extraña simbiosis de historiador y geógrafo, comparando distancias brújula en mano y cotejando itinerarios, revisando horarios y calendarios, corrigiendo valientemente dichos tanto de cronistas como de venerables historiadores, o dibujando prolijos planos y croquis de rutas y derroteros, sin temor alguno, confiado en su excelente olfato de "especialista del espacio". Y, - lo que es algo muy importante en un investigador serio- , sin temor a contradecir, cuando es preciso, con argumentos irrefutables, a las "vacas sagradas" de la historia patria (que las hay, y muchas!). Porque en no pocas ocasiones pudo verificar, sin género de duda, patentes errores que se deslizaron en el relato de algunos preclaros historiadores del suceso. El método de Advis, de comprobar en terreno - allí donde las huellas han quedado casi intactas en el suelo desértico, después de varios siglos- los datos aportados por cronistas y viajeros , arrojó resultados inesperados.


"El desierto conmovido".

En su obra más importante de tipo histórico: El desierto conmovido. Paso de la hueste de Almagro por el Norte de Chile, (Universidad Arturo Prat, Iquique, 2008), Advis advierte las razones de su elección y muestra muy a las claras su objetivo concreto:

"En este estudio ...se enfocará la parcialidad de la travesía por los desiertos del norte de Chile. La elección geográfica responde a dos motivos simples y enlazados: el primero, es el natural interés por conocer la historia de la tierra a la cual pertenecemos, y, el segundo, es por tratarse, justamente, del episodio de toda la jornada chilena de Almagro, [a la ] que menos atención han prestado sus historiadores..." (2008: 14, subrayado nuestro).

¿De qué modo enfrenta Advis este tremendo desafío?.

El mismo nos lo explica en las páginas 14-15 de su estudio sobre el paso de Almagro a traves del desierto:

"Esta ausencia de información, nuestro interés por el tema y nuestras frustradas lecturas [al no encontrar allí las respuestas], nos fueron internando, sin darnos cuenta, en el silencio de una tierra y de un tiempo que aún guardaba el secreto de una descomunal travesía realizada hace 468 años atrás por el desierto más extremo del planeta....Para informarnos, no tuvimos [otra] alternativa que no fuera investigarlo nosotros mismos" (2008: 14; subrayado nuestro).

Y, ¿cómo decide estudiar personalmente esta travesía?. ¿Qué metodología decide usar?.

a) consultando y cotejando toda la información de las crónicas que se refieren al hecho;
b) examinando todos los antecedentes cartográficos antiguos (planos, rutas, croquis, esquicios, mapas);
c) revisando concienzudamente los antecedentes arqueológicos referentes a dicha área y discutiendo las dudas con los propios arqueólogos, sus amigos.

Pero todo esto, que probablemente habría satisfecho de sobra los requerimientos de un historiador normal, a Patricio Advis no le resulta suficiente. Lo dice paladinamente:

"Existía tambien otro antecedente que era imprescindible para nuestro propósito; nos referimos al conocimiento directo de la naturaleza y del paisaje donde ocurrieron los hechos, sin cuya referencia vivencial y científica resulta problemático , si no imposible, dimensionar sucesos como éste. Tal interés nos llevó a pesquisar y recorrer por tierra el camino cumplido por la hueste en su travesía cordillerana de Argentina a Chile, como asimismo los 1.400 kilometros de desiertos recorridos desde el valle de Copiapó hasta el puerto de Arica, siguiendo el camino inca". (Advis, 2008: 15; subrayado nuestro).

A diferencia de otros historiadores de gabinete...

Aqui yace la abismal diferencia de este historiador con otros que le antecedieron; también con algunos contemporáneos, de la misma escuela y enfoque. Advis considera imprescidible "el conocimiento directo de la naturaleza y del paisaje donde ocurrieron los hechos". Ahora bien, este es exactamente el propósito y el objetivo que se traza todo geógrafo, máxime un geógrafo humano. O, si se prefiere, el objetivo de un eco-antropólogo que busca en el paisaje circundante, en el clima reinante, en el ecosistema dominante la explicación a muchas incógnitas del texto o del relato, o a muchas conductas, a veces enigmáticas, del ser humano. En otras palabras, la "coordenada espacial" es para él tan importante como la temporal. Una sin la otra, no logra, en sus propias palabras, "dimensionar sucesos como éste".

El recorrido del Camino del inka.

Advis hace primero todo lo que debe hacer cualquier historiador serio: leer todo lo ya historiado relativo al hecho (publicado o inédito). Advis era un devorador de textos tanto históricos como geográficos. Pero esto a Advis - como hombre avezado a leer e interpretar por sí mismo el paisaje- no le basta. Y por tal razón nos habla de sus "lecturas frustradas", porque éstas no le dan las respuestas que busca. Y por eso, a manera de ejemplo, para poder entender el Camino del Inca o Khapaqñan y la expansión del Tawantinsuyo, recorre 1.400 km. en tres memorables expediciones. A través de sus "lecturas frustradas", es capaz de descubrir los tramos del Khapaqñan no historiados o sólo muy débilmente iluminados por la Historia. El decide iluminarlos con su propia luz. Con la luz de su propio caminar por el desierto bajo el sol. Y lo logra en gran medida.

Tras las señas del Camino del inka.

Nos ha tocado muy recientemente transitar por la misma senda de Advis, es decir, recorrer segmentos del Khapaqñan situados entre la desembocadura de la quebrada de Quipisca y el río Tarapacá. (noviembre-diciembre 2011). Muy pronto relataremos con vívidas imágenes y lujo de detalles, parte de este recorrido y sus increíbles hallazgos de tipo arqueológico que nos remontan, no ya a Almagro, sino a sus antecesores, los chasquis inkas o incanizados, portadores de una cerámica rojo sobre negro y tipos aribaloides tempranos.

Cuando hicimos hace poco, en dos ocasiones, este recorrido parcial - pues no lo hicimos sino en segmento cortos para verificar ciertas hipótesis nuestras- teníamos todo el tiempo en la memoria el recuerdo del explorador Advis, de pesados bototos, sombrero alón y aire displicente. El aire ambiente nos traía con el viento la sensación siempre presente de husmear presencias extrañas, salidas de la inmensidad de ultratumba, con las enhiestas figuras de Almagro o Valdivia, bebiendo en cuclillas en charcos semiputrefactos, o intentando encender un tímido fuego con ramillas de chilcas o soronas. Eso presentíamos, casi veíamos, en cada recodo del Khapaqñan de los inkas.

Nuestro sentido reconocimiento.

Esta nota tiene la humilde pretensión de hacerle un homenaje póstumo, no sólo como hijo ilustre de esta tierra iquiqueña, sino como un prolijo y esmerado estudioso del paisaje y del habitar humano de la antigüedad. Sus obras, por fortuna, nos acompañarán por siglos y nos aliviarán algún tanto de su ausencia. Unos cinco días antes de su intempestiva muerte, llamé por teléfono a su secretaria. Porque deseaba hacerle algunas consultas sobre un temprano trabajo suyo, inédito, dedicado al análisis de las chacras de los antiguos que el Teniente de Gobernador Antonio O´Brien había dibujado a mano y personalmente, en maravillosos planos a mediados del siglo XVIII (1765). Me mandó decir que lo fuera a ver en cualquier momento, que estaría feliz de recibirme. Lamentablemente, perdí la ocasión de estar con quien había yo departido infinidad de veces en su oficina, en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Arturo Prat en calle Baquedano, cuando escribía su magna obra sobre la travesía de Almagro por el desierto. Así es el destino cruel: partió antes de que yo pudiera verle por última vez.

En unas semanas más - si Dios lo quiere- presentaré en este mismo Blog un listado comentado de sus trabajos de corte histórico-antropológico y, más concretamente, un desconocido trabajo primerizo, cuando se empezaba a "rayar" por el desierto, sus sendas y sus antiguos moradores. Vaya, por ahora, este breve y sentido homenaje a un hombre singular que supo aunar, como muy pocos, la arquitectura, la historia, la arqueología y la ciencia del espacio, la geografía. Ciencias que deben ir  de la mano para poder interpretar correcta  y profundamente los asentamientos humanos del presente y del pasado.

Que Dios le tenga en gloria.




miércoles, 14 de diciembre de 2011

Fragmento de carta de Gustavo Le Paige a Hans Niemeyer (1960): Antigüedad del hombre atacameño. El problema del agua en el desierto.

Fig. 1. Este fragmento de carta, escrito de puño y letra por el jesuíta Gustavo Le Paige en el año 1960, desde su parroquia de San Pedro de Atacama, se refiere, con trazos certeros, fruto de su experiencia directa, a la gran antigüedad de la cultura atacameña. Muy superior a la que los arqueólogos de su época le asignaban. Este texto ha quedado semi oculto en las páginas de un libro especializado, dedicado al estudio de la hidrografía de Chile y fue publicado en el año 1984. (Hans Niemeyer F. y Pilar Cereceda T. , "Hidrogeografía", Volumen VIII de la Coleccción de Geografía de Chile, Instituto Geográfico Militar, 1984: 79).

Niemeyer y Cereceda decidieron darla a conocer en su obra del año 1984 por cuanto expresaba bien el notable interés del sacerdote por apoyar proyectos de regadío de interés local, para beneficio directo de las comunidades que vivían en los diferentes ayllos, dispersos en torno al Salar de Atacama y regados por los ríos Vilama y San Pedro.


Como el texto de la carta de Le Paige resulta apenas legible, hemos decidido incluir aquí una transcripción del mismo:

"Cuando llegó a esta zona de San Pedro de Atacama el cazador primitivo hacia 30 a 50.000 años [atrás], se estableció al borde de una inmensa laguna de unos 140 kms de largo sobre 60 [km] de ancho. El tercer y último levantamiento de la Cordillera no hizo sino que acelerar el asecamiento [sic por desecamiento] de esta laguna. Se fueron desapareciendo [sic!] las aguas y disminuyendo la vegetación. El paso del estado de cazador recolector al de pastor y agricultor se realizó exactamente a la época [sic!] de la formación del Salar actual, dejando en la parte norte, en el delta de aluviones de los ríos de Vilama y San Pedro, una vega fértil. Eso ayudó a los Atacameños a subir a un alto grado de civilización. Organizaron un sistema de regadío que sus descendientes usan todavía después de 2.000 años.

La cumbre de esta cultura atacameña se ubica entre los siglos IIIº a VIIº de la Era Cristiana. Las tumbas nos revelan no solamente sus lindos cántaros o sus maravillosas tabletas para aspirar el rapé, pero también el tipo de agricultura de esta época. Ahora no se cultivan más varias de estas plantas, como el quínoa [sic!]. El clima ha cambiado, las aguas han disminuydo [sic!] y llegan a ser subterráneas. La sequía [borrado aquí "acequia"] ha conservado las momias, pero ha matado a los vivos: [éstos] se van. [Se] necesitaba entregarles más agua para que les sea [fuera] posible sobrevivir.Habían dos sistemas: 1º: los pozos con [empleo de] bomba motorizada, pero que habrían necesitado de cualquier manera... [¿?]; el 2º que son los canales estancos de concreto para evitar la infiltración en terreno arenoso".

(hasta aquí el texto que traen Niemeyer y Cereceda en su obra del año 1984)

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Con motivo de un estudio que se nos encargara recientemente para una puesta en valor de la Quebrada de Quipisca, dimos casualmente con este texto que complementa muy bien el pensar y sentir del arqueólogo-sacerdote en relación a la importancia de sus descubrimientos en torno al Salar de Atacama. Nos pareció pertinente re-editarlo y comentarlo, porque expresa muy bien el énfasis que el sacerdote otorgaba a su misión no sólo como evangelizador de la palabra de Cristo, sino también como activo agente de desarrollo rural, en épocas muy tempranas.

Recordemos que el sacerdote belga llegó a San Pedro de Atacama como párroco en el año 1957, apenas tres años antes de enviar esta carta. Y ya para entonces, se había percatado y convencido de la gran antigüedad de las evidencias encontradas por él, y que señalaban la presencia de cazadores-recolectores de muy antigua data. También, expresa la gran preocupación del sacerdote por el futuro incierto de los atacameños como resultado de la falta de agua. La carta tiene por objetivo el aportar antecedentes arqueológicos a los ingenieros de la Dirección de Riego, para apoyar decididamente la construcción de canales encementados de regadío en la zona, para evitar las grandes pérdidas de agua por evaporación, en los antiguos sistemas de canales hechos en tierra.

Recordemos aquí que Le Paige es el primer investigador que en esta zona norte plantea, con pruebas irrefutables, la presencia de un período Arcaico, en el que cazadores-recolectores nomadas recorren en busca de sus presas, los antiguos lagos someros, por entonces ya en proceso de desecación. En otros capítulos de este Blog hemos rememorado y destacado sus ideas e hipótesis con respecto a tal antiguo poblamiento que, al tenor de esta carta, audazmente pretende situar entre los 30.000 - 50.000 años atrás. La idea de encontrar en esa apartada región del desierto trazas ciertas del Paleolítico antiguo - semejante al Paleolítico europeo- le seduce enormemente y , me atrevería a decir, "le encandila" por entonces.

No olvidemos que Le Paige llega a América imbuido en las ideas antropológicas revolucionarias del también jesuita, el paleontólogo francés Pierre Teilhard de Chardin S.J. Posteriormente, matizará un tanto sus audaces asertos respecto a la cronología, pero siempre sosteniendo su enorme antigüedad. Durante el Congreso Internacional de Arqueología, organizado por el propio Le Paige en San Pedro de Atacama en Enero del año 1963, Le Paige mostrará a los asistentes, entre los que se encontraba el ingeniero y arqueólogo Hans Niemeyer, los toscos utensilios en piedra tallados por estos cazadores del Holoceno, tal como lo vemos en una de las fotos publicadas por nosotros en este mismo Blog. (con el titulo: "Enero de 1963: El Congreso Internacional de Arqueología en San Pedro de Atacama", 20 octubre de 2011).

En la carta redactada a mano y que hoy presentamos aquí , Le Paige reitera con energía a manera de síntesis de su pensamiento:

"El clima ha cambiado; las aguas han disminuido y llegan a ser subterráneas. La sequía ha conservado las momias pero ha matado a los vivos: se van. Necesitaba [sic por se necesita] entregarles más agua para que les sea posible sobrevivir". (las últimas palabras están especialmente subrayadas en el texto).

Con estas palabras que expresan bien su lacerante angustia, el sacerdote pretende incentivar a la autoridad para la pronta puesta en práctica de planes concretos de mejoramiento en los canales de riego del Salar, lo que logra plenamente gracias a su tesón y a su indomable energía.

En este Blog nos hemos propuesto rescatar la memoria y el legado cientifico y humano de Le Paige, un tanto adormilados hoy entre los arqueólogos - sus sucesores del presente - los que laboran allí mismo donde el sacerdote, durante largos 25 años, soñó con "dar a conocer San Pedro", como el mismo gustaba de decir.

Aunque sea éste solo un granito de arena, nos muestra una nueva faceta de Le Paige, tal vez la menos conocida y apreciada hoy incluso por los mismos lickan antai: la del gestor del desarrollo agrícola de San Pedro y sus ayllos.

Estamos convencidos de que llegará pronto el día en que los propios atacameños, a los cuales Le Paige se dio por completo hasta su último suspiro, reconocerán hidalgamente su gesta y sus méritos, tanto científicos como humanos y verán en él mucho más que al arqueólogo de campo, al benefactor de la zona atacameña y al gran de propulsor y defensor de su identidad y cultura.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Descripción de la región de Tarapacá en 1868: un trabajo ignorado del químico inglés William Bollaert. (Iª Parte).

Hemos considerado de gran interés publicar en nuestro Blog, en traducción castellana nuestra, este trabajo publicado por William Bollaert en Inglaterra, en 1868, en el que aporta gran cantidad de información adicional y complementaria a su obra magna anterior titulada: Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada, Equador, Peru and Chile, with Observations on the Pre=Incarial, Incarial, anmd Other Monuments of Peruvian Nations (Londres, Trübner and Co, 1860).


En el año 1975, en la revista Norte Grande, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Santiago de Chile), tuvimos la satisfacción de publicar, en traducción nuestra, una parte de esta obra, correspondiente a su Descripción de la Provincia de Tarapacá. (Norte Grande Vol. I. Nº 3-4, pp. 459-479, con sus ilustraciones respectivas).


¿Quién fue y a qué se dedicó William Bollaert en la provincia de Tarapacá?.


William Bollaert (1805-1877?) "se interesó desde temprano en las ciencias naturales, en particular la química, y a la temprana edad de 18 años aceptó un ofrecimiento para trasladarse al Perú en calidad de experto en ensayes de metales y químico, y más específicamente, para contribuir al análisis de las minas de plata de la región [ se refiere a Huantajaya, junto al puerto de Iquique]. Una vez en el Perú, se dedicó al estudio de la geografía, geología e historia natural de la región, y escribió numerosos trabajos sobre estos tópicos los que fueron leídos - y posteriormente publicados- en sesiones de varias sociedades científicas de la época. El año 1827, a petición expresa de don Ramón Castilla, realizó un reconocimiento científico de la provincia de Tarapacá, a resultas del cual escribió numerosos artículos en revistas especializadas de geología, antropología, geografía, así como en revistas de divulgación cientifica." (Larrain, 1975: 459).


Sobre este notable personaje testigo presencial del esplendor salitrero en el Iquique temprano que recién salía de su humilde condición de caleta de pescadores changos, tenemos valiosos trabajos del gran historiador del Norte Oscar Bermúdez Miral. En particular, nos interesa citar aquí su artículo: "Esbozo biográfico de William Bollaert", publicado en el Volumen I, Nº 3-4 , pp. 313-318, de la revista "Norte Grande", del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Afortunadamente, puede Ud. encontrar hoy este ensayo de Bermúdez en las páginas de Internet: www.geo.puc.cl/html/revista/PDF/RGNG_N03_N04/Art03.pdf.


El trabajo que hoy publicamos en castellano con algunas notas aclaratorias nuestras, enriquece notablemente su trabajo anterior del año 1860, bastante conocido por el público culto, agregando informaciones sobre algunas localidades y en particular algunas referencias a las explotaciones del salitre y de la plata que interesarán tanto al geógrafo y economista como al historiador y antropólogo cultural o aún al demógrafo.


Nosotros mismos, en este mismo Blog, nos hemos referido a este extraordinario científico y naturalista, que tanto ha aportado al conocimiento de esta región de Tarapacá entre los años 1827 y 1868, precisamente en las mismas décadas en que se iniciara la explotación masiva de los yacimientos de caliche en las pampas de Tarapacá, de lo que Bollaert , al igual que George Smith, serán protagonistas y testigos insignes. (Vea etiqueta "William Bollaert" en este Blog).


TRANSCRIPCIÓN AL ESPAÑOL DEL TEXTO INGLÉS DE WILLIAM BOLLAERT (1867/68). “NOTAS ADICIONALES SOBRE LA GEOGRAFIA DEL SUR DEL PERU”.


Publicadas en los Proceedings of the Royal Geographical Society of London, vol. 12, nº 2, 1867/68, pp. 126-134 con el nombre de “Additional Notes on the Geography of Southern Peru”.

(Traducción del Dr. Horacio Larrain (Ph.D.), Iquique, Enero 2010. Notas redactadas el 5.11. 2011).


TEXTO ORIGINAL.




“ NOTICIAS ADICIONALES (impreso por orden del Consejo).

Notas adicionales acerca de la Geografía del Sur del Perú”, por William Bollaert, Esq. F.R.G.S., etc.


(Traducción directa del inglés, con comentarios, reflexiones y notas del traductor).


“En el volumen XXI del Journal of the Royal Geographical Society se podrá encontrar mi primer trabajo [titulado]: “On Southern Peru, with Survey of the Province of Tarapaca”, confeccionado por mi amigo el Señor George Smith F.R.G.S. y yo en 1827, pero continuado hasta la fecha de publicación, es decir, hasta 1851. Desde entonces, yo he visitado nuevamente el Perú y explorado en forma más particular la porción sur [del país] la que ha llegado a ser una comarca comercial interesante como consecuencia de la explotación de los vastos depósitos del nitrato de soda [o sea, el salitre, Na NO3] y del descubrimiento del valioso borato de soda y cal [lime]. También he contribuido con adiciones al Mapa de la Provincia de Tarapacá hasta el año 1866.


El nitrato de soda [o salitre] es un fertilizante bien conocido, ampliamente usado en las Manualidades [Arts], como también en la elaboración de la pólvora. En 1820, muestras refinadas de nitrato fueron enviadas a Europa; y en 1830, [se envió] unas pocas toneladas. Su exportación fue creciendo desde entonces de modo que en el año pasado [1866] subió a 125.000 toneladas. El nitrato contiene importantes cantidades de yodina [iodine] y hay experiencias en curso para separar en forma económica esta valiosa substancia. La bronina también se encuentra en el nitrato.


La Provincia peruana de Tarapacá, en el Departamento de Moquegua, limita en su porción norte con el [Departamento] de Arica; al Este y Sur, con la República de Bolivia, y por el Oeste, con el Océano Pacífico. Es una región desértica y sin lluvias.


La Quebrada [ravine] de Camarones, en el Norte, a los 19º 12´ 30¨¨ Sur es considerada generalmente la frontera con Arica; pero la gente de Tarapacá afirma que su frontera corre unas pocas millas más al Norte, Por el Sur, el río Loa, [situado] a los 21º 28¨ S., es la frontera con Bolivia. Según un Informe manuscrito [Nota 1] en mi poder, que data del año 1628, las primeras pilas de piedras, en calidad de hitos de frontera, son colocadas en la desembocadura del río Loa [Nota 2].


Cuando estábamos haciendo la prospección de la Provincia [de Tarapacá] en 1827, nuestros guías nos dijeron que la montaña de Cancoso [sic, por Cancosa] aproximadamente a los 68º 15´ W. se encontraba en la frontera oriental [eastern boundary].


La población de la Provincia [de Tarapacá] es de 19.000 a 20.000 habitantes, y se compone de peruanos, algunos chilenos, extranjeros e indígenas [Indians] de la familia Aymará [sic, acentuado en texto], estos últimos empleados en el transporte de provisiones [a lomo de] mulas y asnos, desde el interior a las Oficinas o Establecimientos de Nitrato [Nitrate Works] y luego transportando el nitrato refinado a la costa para su embarque, regresando en seguida con carbón chileno e incluso inglés y provisiones, a las Oficinas Salitreras de las cuales hay alrededor de 100, las que dan empleo a casi toda la población.


Los principales puntos de embarque del nitrato son Iquique, Mejillones [del Norte], Pisagua, Junín, Molle [hoy Bajo Molle], Chucamata [sic por Chucumata] y Patillos. El guano es extraído de Huanillos, Pabellón [de Pica], Punta de Lobos y Puerto Inglés [Chanavaya actual].


Hay tres quebradas [ravines] que atraviesan la Provincia de Este a Oeste, o sea desde las Cordilleras [sic, en español] al mar, existiendo entre éstas grandes extensiones [tracks] de desierto.


¿Son estas quebradas un producto del labrado [efectuado] por las aguas, o han sido ellas parcialmente formadas por fisuras, [por efecto] de terremotos?. En algunas de ellas, en particular la de Pisagua, hay hendiduras muy profundas estrechas y perpendiculares conocidas como Mal Pasos [sic, en español], que no son atravesadas. [Entre éstas] la de Camarones, en el Norte, a la cual convergen las más pequeñas de Chisa [Chiza], y Liga [¿?], la de Pisagua, con agua salobre. He delineado [traced up] el cordón divisorio o Paso de Pichuta, a los 14.300 pies sobre el nivel del mar; la quebrada seca de Tiliviche forma la de Pisagua en el borde occidental de la extensa planicie o Pampa del Tamarugal. La quebrada del Loa tiene un río salino.


Hay un segundo conjunto de quebradas que vienen desde lo alto de las Cordilleras [sic, en español], con sus aguas por lo general salinas, las que fluyen a la Pampa del Tamarugal. También hay un tercer [conjunto] que incluye numerosas quebradas secas; sin embargo, cuando caen fuertes lluvias en las Cordilleras [sic, en español], una pequeña cantidad de agua es conducida a través de ellas hasta la Pampa.


La región en la cual se levantan estas quebradas se halla compuesta de gigantescas cadenas montañosas, a veces llamadas Las Cordilleras de la Costa [sic, en español], algunos de cuyos picos se elevan por sobre los 22.200 pies, y uno, el de Lirima, está probablemente por sobre los 23.000 pies por sobre el nivel del mar, con presencia de apachetas (apilamientos de piedras en las abras), desde los 13.000 pies hasta por sobre los 15.000 pies. Una [de éstas], la de Pusupucone, cercana a la cima del [monte] Lirima, según he sido informado por Mr. [John] Williamson [Nota 3], se encuentra sobre los 16.146 pies.

En el interior de las Cordilleras hay hondonadas [hollows] y planicies [plains] entre los 12.000 y 14.000 pies, cuyas partes centrales están formadas por vegas [marshes] o lagos, algunos de estos últimos poseen 3 ó 4 tipos de pequeños peces. Tales lagos no parecen tener salida [outlets], de suerte que sus aguas se mantienen en su mismo nivel por efecto de la percolación y evaporación.


Habiendo transpuesto estos pisos [abras], es decir, en el Norte, tiene lugar un descenso hacia la gran meseta [table-land] andina, y aproximadamente al Este del volcán de Isluga, se encuentra el extremo final del gran lago Aullagas (Nota 4).


Hacia el Sur y Este de las minas de cobre de Yabricoya (Nota 5) y habiendo transpuesto las Cordilleras (sic en español) de Silillica y tan alto como 15.400 pies, hay planicies de sal y salares [salt lakes] uno de ellos de una extensión de 60 millas, al oriente del cual están otras grandes cadenas montañosas, a veces llamadas Los Andes, con [las cimas] del Illimani, de 24.155 pies, y el Illampu, de 24.812 pies. En la parte alta de Huatacondo, en la provincia de Tarapacá, hay numerosos pasos altos, como el de Remedios, a los 14.450 pies.


La ciudad de Iquique fue declarada capital de la provincia en 1866. Fitzroy le señaló la latitud de 20º 12´ 30´´ S y 70º 13´ 30´´ W. (la antigua iglesia); [Nota 6]. Las más recientes observaciones hechas para la longitud de Valparaíso por Gilliss y Moesta [Nota 7], demostrarían que toda la costa del Pacifico estaría colocada 4 ´ hacia el Weste de lo que dejó estampada la admirable carta de Fitzroy. Ahora bien, si se resta 4´ de la longitud indicada por Fitzroy para Iquique, alcanzamos la longitud correcta de 70º 9´30´´ [ W].


Iquique, gracias a su nuevo ramo industrial, el nitrato de soda [salitre], habiendo sido de las más pequeñas aldeas de pescadores, posee ahora una población residente sobre 5.000 habitantes. Las calles están delineadas con casas bien construidas. Hay varios muelles, un faro, dos iglesias, hospital, teatro, club, periódico y el lugar es iluminado con gas. En verdad, todas las comodidades de la vida están a disposición en este lugar inhóspito, donde no existe ni vegetación ni agua. El artículo de mayor necesidad [el agua] es destilada del agua de mar. Algunos de los minerales [ores] de Huantajaya son amalgamados aquí mediante el uso de agua de mar.


Otro gran signo de progreso es la construcción del ferrocarril de Iquique a La Noria [Nota 8], de 33 millas de longitud [es decir, 54 km.] el cual, una vez concluído, va a disminuir la utilización y maltrato de 15.000 caballos, mulas y asnos ocupados en el transporte de combustibles y provisiones etc., hacia el interior y [viceversa] en bajar [hacia la costa] el nitrato refinado [Nota 9].


Algunas observaciones hechas en este trazado [futuro], prospectado por Mr. Pickering [Nota 10], como también en otro Proyecto a través de las Cordilleras (sic, en español) hasta llegar a Bolivia, hecho por el Sr. Reck [Nota 11], se dará una idea de la gran elevación de la comarca por sobre el nivel del mar [Nota 12]. La línea [férrea] de Iquique y [La] Noria comienza en el primer lugar [citado], en la base del cordón costero y luego sube por un largo y arenoso trayecto de 10 millas [Nota 13] hasta cerca del alto de Molle, a 1761 pies [de altura], [Nota 14].

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Notas de H. Larrain al texto


Nota 1. No sabemos a ciencia cierta qué tipo de información contenía este antiguo MS, ni tampoco quien pudo haber sido su autor.


Nota 2. El curso del río Loa constituía el límite entre la república del Perú y la república de Bolivia. El Perú nunca pretendió tener derecho a territorios situados al sur de la desembocadura del río Loa. Antes del Tratado de 1874 con Bolivia, los límites septentrionales de Chile eran sumamente imprecisos: se consignaba por lo general como límite Norte simplemente “el desierto de Atacama”. La explotación de las covaderas de la costa en busca del guano fósil y los primeros sondeos en busca del codiciado salitre, que a partir del año 1830 comienza a ser exportado al exterior (según el mismo Bollaert, 1860), provoca el creciente interés de los respectivos gobiernos por explorar el área del desierto de Atacama y por fijar una cartografía fidedigna de esa zona casi desconocida y raramente transitada. Será el plano dibujado por Guillermo Döll, miembro de la expedición del naturalista alemán Rodolfo Amando Philippi el primero realmente digno de crédito en dicha región, por haber sido realizado recorriendo el terreno mismo, en un penoso trayecto hecho en mula. La cartografía anterior a Philippi está literalmente plagada de errores y muy poco mejora los antiguos planos coloniales tardíos, contenidos en la obra de don Vicente Cañete y Domínguez: Guía Histórica, Geográfica, Física, Política, Civil y Legal del Gobibero ye Intendencia de la Provincia del Potosí, [1791], Talleres de la Editorial Potosí , 1952.


Nota 3. Juan [John] Williamson fue un connotado comerciante inglés radicado en Iquique desde aproximadamente el año 1847, según el mismo lo declara en el prólogo a su obra: Observaciones sobre la Industria de la Provincia de Tarapacá, publicada en el puerto del Callao en el año 1860, (Tipografía de Mariano Gómez y Ca., Calle de Pescadores N’ 135). Su obra, trae gran cantidad de información sobre el estado de la minería y de las explotaciones del salitre en su momento. Junto con las obras de Bollaert, prácticamente contemporáneas, constituyen un valioso venero para el conocimiento de la vida social y actividad económica en Iquique y en los pueblos del interior, incluyendo Pica, Camiña, La Tirana y otros lugares. No deja de llamar la atención la profunda sinceridad con que aborda críticamente los problemas regionales siendo él un extranjero que con absoluta honestidad- como el mismo lo dice- quiere contribuir al progreso de esta región, a la que ha dedicado más de doce años de su vida.


Nota 4. Aullagas es la antigua denominación dada al lago que hoy conocemos como el lago Poopó, situado en la alta meseta boliviana, inmediatamente al sur del lago Titicaca con el que se comunica a través del río Desaguadero, frente a la actual Región chilena de Arica y Parinacota.


Nota 5. Yabricoya,(también escrito a veces Yarbicoya) mineral situado a 4.200 m de altitud donde existían desde antiguo explotaciones de plata, cobre, hierro y antimonio (Riso Patrón, 1924: 945).


Nota 6. Robert Fitz Roy, notable marino inglés, capitán del famoso bergantín “HMS Beagle” en el que viajara Charles Darwin, el creador de la teoría de la Evolución. Fitz Roy emprendió dos largos viajes alrededor del mundo, a través del Estrecho de Magallanes. Darwin le acompañará como científico y naturalista en su segunda expedición (1835-1836), época en que reunió los antecedentes biológicos que le permitieron afianzar su notable teoría sobre la evolución de las especies.


Nota 7. Se trata del Teniente de Marina norteamericano James M. Gillis jefe de la Expedición Astronómica a Chile entre los años 1843 y 1852. El segundo de los nombrados es Karl Wilhelm Moesta, matemático alemán, que llega a Chile en el año 1850 para hacerse cargo del recientemente creado Observatorio Astronómico Nacional, el que fuera instalado por Gillis en la cima del Cerro Santa Lucía. Fue Moesta quien decide el traslado del Observatorio desde el cerro Santa Lucía a la actual Quinta Normal, por entonces en las afueras de la ciudad capital de Chile.


Nota 8. “La Noria” fue la salitrera donde George Smith hizo su fortuna. Este gran empresario salitrero inglés, fue al inicio compañero de tareas y dibujante eximio en la obra de William Bollaert. Smith introdujo numerosas transformaciones técnicas al sistema de explotación de los caliches. Esta fue la salitrera innombrada que visitara Charles Darwin, y donde pernoctara en julio del año 1835, tras desembarcar en el puerto de Iquique. El trayecto desértico entre ambas localidades queda vívidamente descrito en las páginas de “El Viaje del Beagle”.


Nota 9. La inmensa cantidad de mulas y burros, requeridos para el transporte de las caravanas de carretas a través de la pampa y la Cordillera de la costa, exigirá un continuo recambio de animales, por la gran mortandad ocasionada por el espantoso cruce del inhóspito desierto. Esqueletos de animales muertos a lo largo de estas rutas caravaneras verá el propio Darwin en su trayecto hasta la salitrera “La Noria” en julio del año 1835. Aún hoy día, tantos años después, tales despojos animales tapizan las antiguas rutas, delatando el paso lento y agotador de hombres y animales.


Nota 10. José (Joseph) Pickering es nombrado por diversos autores que se refieren a la explotación del salitre en Tarapacá como uno de los personajes que obtuvo concesiones especiales del gobierno peruano para la construcción de ferrocarriles en el área salitrera de Tarapacá.


Nota 11. No hemos encontrado referencias concretas a este industrial avecindado en Bolivia, al parecer de origen alemán.


Nota 12. Nunca se construyó en su totalidad este trazado del ferrocarril que tenia por meta subir a Bolivia, llegándose desde Iquique tan sólo hasta la salitrera “La Noria”.


Nota 13. Una milla inglesa equivale a 1.609,04 metros lineales, esto es a 1,61 km. aproximadamente.


Nota 14. “Alto de Molle” es la estación del ferrocarril que se alzaba en el sitio denominado hoy “Alto Molle” en el extremo SW de la pampa de Alto Hospicio. actual, al pie de la estribación norte del cerro Tarapacá. Se halla segun Bollaert a 1.761 pies, esto es, a 557,7 m de altitud sobre el nivel del mar.


(Nota: próximamente, daremos a conocer la segunda parte de este artículo, con sus correspondientes notas aclaratorias).


(El texto completo en inglés de este poco conocido artículo de William Bollaert, cuya traducción y notas hemos publicado aquí, es fácilmente accesible a través de la página web de Internet: books.google.cl/books?id=6RURAQAAIAAJ..).

viernes, 28 de octubre de 2011

Hojeando viejas revistas.: Un trabajo ignorado del historiador Oscar Bermúdez Miral.


El breve pero sustancioso artículo que sigue más abajo, encontrado hoy al azar, hojeando en la calle Tarapacá de Iquique viejas revistas de la Empresa de Ferrocarriles del Estado (revista "En Viaje") , es uno de los muchos que el historiador Bermúdez prodigó sin reservas en revistas de divulgación, no especializadas, donde se requería su aporte original. Esta revista, que hoy miramos como "menguada" y "pobre", casi infantil, por sus fotos en blanco y negro y su modestísima presentación, contiene valiosos artículos de destacados exponentes del arte y de la cultura nacional por aquellos años. Fue publicado en Santiago de Chile, en el Nº 367 de la citada revista "En Viaje", Año XXXI, correspondiente al mes de Mayo de 1964. En otras ocasiones, hemos tratado de salvar del olvido otros trabajos semejantes, escritos por el mismo autor, para rescatar un acervo cultural que de otro modo pasaría totalmente desapercibido (Vea al efecto nuestro capítulo: "¿Conoce Ud. a los antiguos exploradores del desierto de Atacama en el siglo XIX?. ¿Sus logros, sus hazañas, sus fracasos?". escrito el 7 de diciembre del 2010). Si bien no se trata de un trabajo científico muy elaborado, responde a las inquietudes y preocupaciones intelectuales que, en su momento, tenía Bermúdez en relación a la historia del desierto y, en particular, a la historia de Tarapacá, cuando ya estaba trabajando los borradores del segundo tomo tomo de su Historia del Salitre.


Fig. 1. Página uno del artículo de marras.

Fig. 2. Página dos y última del artículo de Oscar Bermúdez.


Fig. 3. Dibujo a pluma del arquitecto antofagastino don Carlos Contreras Alvarez, quien gentilmente solìa ilustar, en forma gratuita, los artículos escritos por su amigo el historiador del Norte don Oscar Bermúdez Miral. En este grabado se puede apreciar al minero piqueño Juan de Loayza y a su guía el indígena tarapaqueño Domingo Quilina, apodado Cacamate, en procura de las vetas de plata del mineral de Huantajaya. Este dibujo de Contreras es uno de los tantos que ilustran no pocos trabajos del historiador Bermúdez, pues les unía una gran amistad que se afianzaba en reuniones y veladas que ambos sostenían en la vieja casona de los Contreras en calle Latorre, en Antofagasta. Fue precisamente, en esta casa, en el año 1963, cuando tuvimos la suerte de conocer y tratar por vez primera al historiador Bermúdez. A partir de entonces, don Oscar solía visitarnos con frecuencia en las dependencias del Museo de la Universidad del Norte, en la calle Prat, donde por entonces trabajábamos. Se interesaba vivamente por cada una de las piezas arqueológicas que exponíamos en el Museo, y que correspoondían a las culturas de los pescadores costeros prehispánicos, que a partir del año 1963, buscábamos afanosamente en la costa de Antofagasta, tratando de entender el modus vivendi de estos changos o camanchacas de las crónicas.

Hacer revivir hoy estos viejos papeles no sólo es una forma de reconocimiento a la valía de su autor y a su capacidad de investigación y de divulgación del conocimiento histórico, sino que, además, creemos que puede significar un minúsculo aporte a una futura biografía de este autor nortino, que jamás cursó en las aulas universitarias la carrera de Historia (inicialmente quiso ser novelista) pero que es considerado hoy como el gran historiador del período salitrero en Chile, en palabras de Harold Blakemore. Biografía que nadie ha emprendido aún, que sepamos, pero que se hace urgente y necesaria para incentivar a otros jóvenes a estudiar la historia no solo desde el punto de vista del aporte documental, sino también bajo el prisma de la geografía física y humana y de sus escenarios regionales.

Bermúdez siempre quiso conocery apreciar visualmente las comarcas y pueblos que describía en sus escritos, con una fuerte y sólida base documental. Porque entendió perfectamente que el poblamiento humano de un lugar cualquiera, depende en gran medida de las condiciones ambientales que lo favorecen o entorpecen. Conocer y profundizar previamente en la geografia de los lugares (su escenario geográfico) es, a nuestro parecer, una conditio sine qua non para comprender e interpretar correctamente la forma, el tiemp, la duración y los modos concretos de un determinado poblamiento humano. Cosa que no pocos historiadores, seducidos en parte por la frescura de sus documentos, - por desgracia- pasan fácilmente por alto, o consideran casi innecesario o superfluo. Lo que sucede o experimenta un determinado grupo humano al radicarse o morar en un lugar, depende absolutamente de sus condiciones ambientales preexistentes, que el no puede modificar, al menos no con la tecnología disponible para él en ese momento. Bermúdez entendió el nítido mensaje que en este mismo sentido nos transmite el gran geógrafo norteamericano Isaiah Bowman en su obra Desert Trails of Atacama (1924), en su capítulo XVIII: que titula "The historical bearing" (pp-343-348), cuando nos dice proféticamente:

"To estimate the effect of the natural conditions requires the handling of geographical materials, and it still remains a fact that the accepted technique of historical research lays far tool little stress upon geographical sources, and particularly geographical method" (subrayado nuestro); (cf. Bowman, 1924: 343).


Lo que en buen romance quiere decir:

"Estimar [apreciar] el efecto de las condiciones naturales [sobre una población] requiere del manejo de los materiales geográficos, y todavía constituye un hecho el que la técnica aceptada [hoy día] por la investigación histórica pone muy poco énfasis en [el uso de] las fuentes geográficas, y, particularmente, en [el uso de] el método geográfico". (aclaraciones en paréntesis, nuestras; Bowman, 1924: 343).

Si bien concordamos en que esta cita, valiosa como es por provenir de ese genio de la geografía de los países andinos como fue Isaiah Bowman, es bastante antigua, pues proviene del año 1924, creemos firmemente que resulta aún hoy perfectamente aplicable en el caso de numerosos trabajos históricos o etnohistóricos, al menos cuando verificamos las fuentes bibliográfícas que les sirven de base y apoyo. La crítica de fondo que hace Bowman a los historiadores de su época, aún sigue siendo básicamente fundada, a nuestro juicio en la inmensa mayoría de los trabajos sobre esta zona.

La fuente histórica principal de las informaciones que nos ofrece Bermúdez en el presente artículo, proviene del deán Francisco Javier Echeverría y Morales que escribe las "Memorias de la Santa Iglesia de Arequipa" hacia 1804, y que se contienen íntegras en el trabajo: Documentos para la Historia de Arequipa, publicadas entre 1939 y 1941 en Arequipa (Editorial La Colmena, S.A.) por el sacerdote mercedario peruano e historiador padre Victor Manuel Barriga (1891-1955).


jueves, 20 de octubre de 2011

Enero de 1963: El Congreso Internacional de Arqueología en San Pedro de Atacama.

Fig. 1. En la foto se puede distinguir, de izquierda derecha en el segundo lugar, algo atrás, al sacerdote jesuíta Gustavo Arteaga Barros S.J., Rector por entonces de la Universidad del Norte de Antofagasta, regentada por la Compañía de Jesús. En el cuarto lugar (casi al centro y de sotana gris), el sacerdote arqueólogo, Gustavo Le Paige S.J. En el penúltimo lugar, se observa a Monseñor Francisco de Borja Valenzuela Ríos, Arzobispo de Antofagasta. No hemos logrado reconocer a los otros presentes, con excepción del Ministro de Obras Públicas, Ernesto Pinto Lagarrigue quien corta la cinta commemorativa y se sitúa al costado izquierdo del Arzobispo.

Fig. 2. En la foto, en plena sesión en el recinto del Museo recién inaugurado, Gustavo Le Paige S.J. muestra especímenes arqueológicos encontrados por él en la zona atacameña, cuya data máxima calcula audazmente en 30.000 años. Más tarde moderará bastante su en cierot modo temeraria cronología, cuando los datos certeros arrojados por el C14 empezaron a conocerse.

En el texto que sigue más abajo, se presenta copia completa de un artículo periodístico publicado en la revista "En Viaje", de la Empresa de Ferrocarriles del Estado, Año XXX, Edición Nº 354, Abril de 1963, pp. 11-13. Su valor radica no tanto en las imágenes captadas en la época, desgraciadamente poco nítidas, sino en el realce e importancia que se da a nivel nacional por esos años, a una actividad arqueológica de carácter internacional realizada en un poblado apartado del hinterland de Antofagasta: el pueblo atacameño de San Pedro de Atacama.

Uno de los mayores logros de Gustavo Le Paige: la convocatoria en San Pedro de un Congreso Internacional de Arqueología.

Este texto es muy poco conocido en el medio científico y ha permanecido prácticamente ignorado, oculto entre las páginas de una vieja revista. Creemos que hoy, a más de 30 años de las muerte del sacerdote-arqueólogo, autor y creador del Museo de San Pedro de Atacama, debe ser hoy conocido por el público culto y revalorizado. Muestra uno de sus grandes logros: la convocatoria de un Congreso científico de Arqueología, con la presencia de dos grandes figuras extranjeras, en el corazón de la región atacameña. A la vez, muestra bien el enorme impacto que hizo en la época su descubrimiento de la cultura de cazadores andinos y sus toscos artefactos en piedra, de cuya existencia casi no se tenía noticia en Chile por entonces. De hecho, Ricardo Latcham, en su Arqueología de la Región Atacameña, no hace referencia a ese antiquísimo período (el Arcaico) de la arqueología en la zona.

He aquí las tres páginas del reportaje:

Fig. 1. Primera página del reportaje que porta el sugestivo título: "Revolución arqueológica en San Pedro de Atacama".

Fig. 2. Segunda página del reportaje. En la foto inferior, el nuevo y flamante edificio de la Hosteria de San Pedro de Atacama, construida por la sociedad hotelera Honsa. Su constructor fue el conocido arquitecto de Antofagasta, Carlos Contreras Alvarez. De hermosa y dinámica factura, supo utilizar profusamente en su construcción la piedra liparita volcánica procedente de las canteras de la quebrada de Kheri, en Toconao, material que se presta admirablemente para el canteo en muros y fachadas.


Fig. 3. Arriba: baile típico atacameño realizado, por iniciativa del P. le Paige, por lugareños en honor de los ilustres visitantes. Abajo, a la derecha,se muestra algunos ejemplares de ceramios foráneos, de curiosas formas. Al centro, un ceramio de la cultura Condorhuasi, de la Argentina. La fecha indicada en el texto (10.000 años de antigüedad) es sin duda alguna un lapsus de la periodista. La cerámica más antigua de la zona no alcanza el segundo milenio A.C.

Fig. 4. Iglesia de San Pedro de Atacama hacia el año 1963. Tomada del libro de Gerardo Melcher titulado: El Norte de Chile su gente, , desiertos y sus volcanes, Editorial Universitaria, Santiago, 2004). (foto G. Melcher, fines 1963).

Comentario final.

En su momento, esta convocatoria de Le Paige fue considerada un acto de increìble audacia. Y ciertamente lo fue. Porque Le Paige era casi un desconocido, salvo para los investigadores del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile que ya por en tonces realizaban sus primeros viajes al Salar "a ver y palpar" lo que le Paige había descubierto. Porque, en reaalidad, el Padre habia dado un golpe maestro: había descubierto culturas líticas muy primitivas y antiguas, las que por entonces sólo habìan sido detectadas en la zona del Estrecho de Magallanes y Punta Arenas por el arqueólogo norteamerican Junius B. Bird.
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martes, 27 de septiembre de 2011

El oasis de niebla de Alto Patache: esplendor primaveral de su flora desértica.

Fig. 0. Diminutas flores acampanuladas de Lycium leiostemum ("chañarcillo") cuya planta se muestra en las Figs. 19 y 20. Crece en las laderas húmedas que miran al weste y surweste, descendiendo hasta los 350 m de altitud snm. La flor mide solamente 1,0 cm. de longitud ( Foto H. Larrain, 16/10/2009).

Fig. 1. Imagen captada hacia las 17.30 hrs. al regresar a Iquique desde oasis de niebla de Alto Patache. Aquí el litoral y el mar se encuentran a la derecha de la fotografía. La masa nubosa procedente del océano penetra tierra adentro a través de un portezuelo abierto en la cadena de cerros costeros, avanzando por un par de kilómetros hasta terminar por evaporarse por la alta temperatura del desierto interior. Esta es, exactamente la franja que constituye hoy un tipo climático nuevo para la climatología chilena, diferente tanto del propio del desierto interior caliente (BW) como del tipo de clima observable al borde del litoral del Pacífico (BWn). (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig.2. La masa nubosa ingresando en la planicie del oasis de Alto Patache, avanzando a ras de suelo. A su llegada, la temperatura desciende bruscamente en varios grados centígrados (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 3. Grupo de visitantes venidos de Barcelona (Cataluña), dirigidos por el ingeniero catalán Josep Piera, al que vemos al medio del grupo, posando ante nuestro LFC ("Large Fog Collector") de 38 m2 de malla raschel (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 4. El grupo examinando con incredulidad la minúscula flora que ha aparecido recientemente entre las grietas de las rocas, en el borde del acantilado costero, a los 770 m de altitud snm. (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 5. Una piedra del lugar, de apenas 30 cm de largo, repleta de variedades diferentes de líquenes. Un auténtico muestrario liquenológico. Un tesoro para la ciencia. Su cara superior ha sido densamente poblada por no menos de 6 u 8 especies diferentes. (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 6. Un pequeño fragmento de roca plano. En su cara superior, una sóla especie de líquen rojo la ha cubierto por completo, quedando su envés totalmente libre de este elemento vivo. Tal es la profusión de líquenes en este sector próximo al acantilado, que uno experimenta tristeza al transitar por ahí, por el daño que infiere sin querer al ecosistema, razón por la cual se ha establecido recientemente en el contorno del oasis senderos bien delineados para el uso de los visitantes, los que deben ser estrictamente respetados. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 7. Superficie vertical rocosa, lisa, expuesta directamente al arribo de la niebla, y que ostenta diversas especies de líquenes que la han tapizado por completo. Aquí se observa al menos 6 especies diferentes, todas pertenecientes a los llamados "líquenes crustosos" (esto es, "que semejan costras"). (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 8. Una pequeña y frágil liliácea, de hojas lineales sumamente finas semejando filamentos, ostenta su pequeña flor blanco-amarillenta. La flor mide algo menos de 1 cm de diámetro. Da como fruto una cabezuela, que veremos en otra foto. Sumamente sensible al sol y de muy corta vida, suele esconderse en las oquedades de la roca. Pero su bulbo o cebollín permanece vivo bajo tierra enterrado a unos 5-7 cm. de profundidad. Al año siguiente, si la humedad es la suficiente, brotará y florecerá nuevamente para disfrute del botánico u ecólogo. Trate de buscar en la imagen, al centro, abajo, las dos diminutas flores provistas de una corola de cinco pétalos que muestra este delicado ejemplar (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 9. Siguiendo la sinuosidad de una grieta en la roca, donde hunde sus voluminosos rizomas, este ejemplar de Oxalis sp. despliega sus hojas y flores de un amarillo muy vivo. (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 10. Obsérvese la cantidad de plántulas de Oxalis sp. que utilizan las grietas de esta roca granítica, muy propensa a la fractura, para prosperar allí, crear su propio suelo y reproducirse. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 11. En esta estrecha grieta decidió desarrollarse y crecer este raro ejemplar de Poliachyrus annus. Observe el incipiente botón floral de este ejemplar. Éste no ha podido desarrollarse más por la escasez de suelo apto y, sobre todo, por escasez de agua disponible al interior de la grieta. Según nuestra experiencia, esta especie no se presenta regularmente a la vista en el oasis en los años secos De hecho, no la habíamos detectado creciendo aquí desde el año 2002, el último año húmedo en la zona; es decir, hace 9 años (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 12. Dos especies de frágiles Liliáceas brotando entre las grietas de la roca expuesta. La que tiene hojas gruesas, carnosas, casi seguramente sería Zephyra elegans (Foto H. Larrain, 26/09/011).

Fig. 13. Entre multitud de líquenes crustosos que decoran y embellecen la roca expuesta, se observa el crecimiento de una frágil Liliácea, de hojas que semejan delgados filamentos verdes. En uno de sus extremos, se distingue una cabezuela aún inmadura, que oculta las semillas. Esta especie, como todas las Liliáceas, se reproduce tanto por semillas como por bulbos. Al fenecer y secarse su parte aérea, permanece vivo y oculto bajo tierra el respectivo bulbo o cebollín , del que nacerá una nueva planta cuando la humedad y la temperatura así lo aconsejen. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 14. A la izquierda, arriba, ejemplar vigoroso de Alstroemeria lutea, planta endémica del oasis. Esta especie, como es sabido, sólo fue descrita por los especialistas como una especie nueva para la ciencia havie poco tiempo, concretamente en el año 2000, como procedente de este sitio-tipo. En el centro de la foto varios ejemplares de una planta rastrera, de hojas muy diminutas, Parietaria humilis, usado como excelente diurético. Ocupa los nichos más húmedos y sombríos del roquerío del acantilado. (Foto H. Larrain, 26/09/20011).


Fig. 15. Al pie de estos simples mini-atrapanieblas que inyectan humedad adicional al suelo, pronto aparece a partir del mes de agosto, una vegetación autóctona de semillas que allí yacen a la espera de las condiciones óptimas para brotar. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 16. Ejemplar de buen desarrollo del arbusto espinoso Lycium leiostemum que muestra sus primeras flores acampanuladas. (Vea detalle de su flor en Fig. 0, arriba) Este arbusto es un tipico ejemplo de notable adaptación a la vida del desierto, con presencia de espinas y profusión de hojas muy diminutas. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 17. Observe el gran número de ejemplares de Oxalis sp. ocupando cada grieta disponible de la superficie de la roca expuesta. En esta foto, hay no menos de 13 ejemplares de esta especie, casi todos en flor. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 18. Ejemplar de Nolana sedifolia acurrucado y protegido bajo una roca que le destila humedad suficiente, por efecto de la camanchaca. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 19. Ejemplar del arbusto Lycium leiostemum Wedd., (conocido como "chañarcillo" en la IIIª y IV Región de Chile) lleno de flores en forma de campanitas alargadas, color entre blanquecino y morado tenue. Esta especie adquiere un notable desarrollo en latitudes más bajas, como en Paposo, don de puede empinarse hasta los 2 m. de altura sobre el suelo (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 20. Otro ejemplar de Lycium leiostemum. En su parte inferior ostenta profusión de liquenes que han invadido los tejidos muertos de sus ramillas secas. Este arbusto es uno de los tres arbustos perennes representados en este oasis. Los otros dos son. Ophryosporus floribundus (escasísimo en este oasis) y Ephedra breana, especie bastante abundante en nuestro oasis. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 21. Ejemplar de Atriplex taltalensis en excelente desarrollo gracias al aporte hídrico adicional que le suministra un mini-atrapanieblas. Esta planta es rastrera pero observe aqui , bien erguidas, sus inflorescencias. Esta especie es frecuente en la parte mas elevada del acantilado rocoso y hunde su numerosas raíces entre las grietas de la roca en busca de humedad. (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 22. Arriba, ejemplares pequeños de Tetragonia maritima; Al medio, ejemplares de la Liliácea Leucocoryne appendiculata, de hojas como largos filamentos; abajo, Alstroemeria lutea. (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 23. Ejemplar rastrero de Atriplex taltalensis. En la Foto 21 (más arriba) hemos mostrado un zoom a su característica inflorescencia. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 24. Hermoso ejemplar de Nolana sedifolia, en form,a de potente cojín, que hemos apoyado con un mini atrapanieblas que le entrega una cuota extra de humedad adicional. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 25. El efecto benéfico de instalar un mini-atrapanieblas sencillo ha logrado la sobrevivencia y desarrollo y expansión de 6 especies diferentes de plantas. La proliferación de estos captadores artificiales en el área, produciría, al corto tiempo, una zona de gran concentración vegetal: un mini parque. Este es uno de los ideales que yo quisiera ver realizado pronto, pues produciría un efecto enorme sobre los visitantes del oasis. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 26. Entre plantas de Nolana sedifolia, Oxalis sp. y Tetragonia maritima en la parte media de la fotografia , se puede observar un ejemplar solitario de Gramínea, cuya especie no hemos identificado aún. Anotemos aquí, como dato de terreno, que éste es el único ejemplar vivo de esta especie que hemos detectado en el contorno de este oasis. Inutilmente hemos buscado otro. Hemos visto, en cambio, numerosos ejemplares muertos. Este, casi por milagro, logró sobrevivir aquí y ahora, apoyado por un mini-atrapanieblas, se le ve lozano y vigoroso. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 27. Planta en cojín de la especie Nolana sedifolia. Esta especie es extraordinariamente decorativa aunque presenta flores muy diminutas color amarillo claro. Las flores aquí perceptibles entre su follaje no son las propias de esta especie, sino de la especie Oxalis sp, que ha crecido entremedio (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 28. Plántulas de Oxalis sp. entre las grietas. (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 29. Tetragonia maritima. Las ramillas secas visibles aquí pertencen a un ejemplar de la misma especie, que se desarrolló el año anterior. Esta especie es anual (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig.30. Un ejemplar en flor de Leucocoryne appendiculata entre especímenes de Alstroemeria lutea, endémica del lugar (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 31. El milagro del agua. Un mini-atrapanieblas ha logrado que la especie rastrera Atriplex taltalensis se desarrolle aquí en todas direcciones. Ahora ya ocupa una superfice de más de 1 m2 (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 32. Ejemplar florido de Nolana sedifolia. (Foto H. Larrain, 26!09!2011).

Fig. 33. Hermosas flores y hojas de Oxalis sp, asomándose entre el follaje y espinas del arbusto Lycium leiostemum. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 34. Un típico "jardín" de plantas que se ha desarrollado al amparo de un mini-atrapanieblas. La planta al lado derecho, de follaje más oscuro, agazapada al pie de la roca es Frankenia chilensis, que aún no florece. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 35. Ejemplar de Lycium leiostemum en flor. Observe como los líquenes fruticosos colonizan muchas sus ramas, causándole finalmente la muerte. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 36. Sobrecogedor contraste entre una pequeña área vegetada, y el resto sumamente árido. El milagro lo produce este simple aparato, un pequeño atrapanieblas hechizo. (Foto H. Larrain, 26/09!/011).

Fig. 37. Uno de nuestros visitantes catalanes observando el suelo junto a un conjunto de plantas alimentadas por un m ini-atrapanieblas. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 38. Pequeña quebradilla donde el suministro adicional de agua al suelo, mediante estos atrapanieblas ha producido la eclosión de numerosas plantas, cuyas semillas yacían en latencia tal veaz desde la última lluvia acaecida en agosto del año 2002.. (Foto H. Larrain, 26/09/2011)


Fig 39. Nolana sedifolia en cojines. (Foto H. Larrain 26/09/2011).

Fig. 40. Cactácea Eriosyce caligophila, estudiada por la botánica Raquel Pinto quien la describió recientemente. (Véalo en su obra: Cactus del Extremo Norte de Chile, Raquel Pinto y Arturo Kirberg, Impresión ASMF, Imprenta A. Molina Flores, S.A , Santiago, 2009). Este ejemplar alcanza un diámetro de unos 5.0 cm. Pero hemos visto ejemplares mucho más grandes. Vive en un ambiente tapizado de rocas pequeñas,fragmentadas, sobre un suelo cinerítico de color café rojizo suave. Esta planta es difícil de ver en dicho ambiente de rocas dispersas, al no sobresalir del suelo, donde se oculta. Aquí recibe la humedad que le suminstran las piedras llenas de aristas, que son bañadas por las nieblas arrastradas que pasan velozmente por el portezuelo, tierra adentro. Esta especie la vimos en flor en elseno del oasis de Alto Patache, en muy escaso número, en 1997. Posteriormente dichos ejemplares fueron arrancados por manos sacrílegas de cactólogos desaprensivos, cuyo único objetivo es lucrar con sus semillas, las que vergonzosamente se ofrece hoy a la venta en internet. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 41. Evidencia del robo de especies de esta cactácea, Eriosyce caligophila, nueva para la ciencia. Aquí, exactamente en este lugar, hubo hasta hace pocos años, dos ejemplares de este cactus. Fueron arrancados de este lugar, mediante una pequeña palita y parte de sus raíces quedaron abandonadas in situ, como evidencia irredargüible de una extracción culposa. Tenemos la casi certeza de que los vándalos fueron cactólogos extranjeros que fueron alertados, sin ella pretenderlo, por cierto, por la información científica dada por la botánica R. Pinto sobre su ubicación exacta, con ocasión de la descripción académica de esta especie. (Foto acusatoria de H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 42. Otra evidencia similar, en una pequeña colina rocosa. En este lugar, hallamos la evidencia de seis pequeños sitios de donde se extrajo cierto número de ejemplares a sabiendas de que se trataba de una especie muy rara y hasta hace poco desconocida para la ciencia. La prueba indiscutible es la presencia de raicillas muy típicas de esta cactácea, abandonadas in situ por el ladrón. (Fot H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 43. Estado crítico en que se encuentra este ejemplar de Cumulopuntia spherica, (Förster) Anderson 1999.) por falta de humedad. Esta especie poblaba antaño diversos lugares del oasis, incluso alejados del borde del acantilado, en la mayoría de cuyos lugares ha muerto hoy. Sólo sobrevive en contados parajes muy favorecidos del acantilado, donde encuentra mayor humedad por condensación de la niebla adveniente. El año 2002 entre septiembre y octubre hemos visto un par de ejemplares vigorosos de esta especie en flor. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 44. Dos ejemplares de Eriosyce caligophila que se han escapado por milagro a la rapacidad de ciertos cactólogos desvergonzados. Las yemas color rojo en su cúspide delatan la pronta floración de estos ejemplares. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 45. Otro ejemplar de la misma especie, muy deshidratado, que fue abandonado por los rapaces cactólogos seguramente por su fea apariencia. A su lado, se robaron dos ejemplares más, por ser robustos, sin duda. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).


Fig. 46. Un pequeño grupo de Cumulopuntia spherica, en estado muy decadente. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).

Fig. 47. Dos ejemplares en buenas condiciones de la novísima especie Eriosyce caligophila, que muestran señales de una muy pronta floración. Estaremos atentos a tomar fotografías de estos bellos ejemplares. Al lado, a la derecha del cactus, se puede ver ramillas de Ephedra breana sufriendo de un stress hídrico agudo. (Foto H. Larrain, 26/09/2011).


Fig. 48. Ejemplar de Eulychnia iquiquensis creciendo con dificultad en una escarpada ladera que mira al mar, de una fuerte pendiente de unos 40º , en medio del cascajo de ripios graníticos caídos de lo alto. Más atrás, se puede observar la presencia mojadora de la neblina o camanchaca que lame la superficie del cerro. Este ejemplar solitario se encuentra aproximadamente a los 700 m. de altitud snm. Es uno de escasos 6 ó 7 ejemplares que han sobrevivido de esta cactácea en este oasis. Es mucho más abundante en los oasis de niebla de Alto Chipana y en Punta de Lobos. Aquí, en Alto Patache, probablemente sufrió el impacto de la presencia de grupos cazadores-recolectores en tiempos pretéritos, pues hemos comprobado la presencia de un antiguo conchal y un campamento indígena con viviendas, en la terraza litoral anexa, a los 110 m. de altitud snm., directamente bajo el oasis actual. En una tumba hallada por nosotros se halló un gran fragmento de tronco de esta misma especie, lo que nos prueba que lo usaron allí como combustible de fácil accesibilidad (Vea nuestro artículo alusivo:"Un yacimiento de cazadores-recolectores marinos en la terraza litoral de Bajo Patache, sur de Iquique, Revista POLIS, Universidad Bolivariana, Santiago de Chile, Vol. 3, Nº 7, 361-396). (Foto H. Larrain, 26/09/2011)

Una visita a un oasis de niebla en plena primavera.

En el día de ayer (26/09/2011) tuvimos una nueva oportunidad de subir al oasis de Alto Patache, a 65 km al sur de Iquique a observar el desarrollo de la flora nativa, en compañía de un grupo de cinco amigos catalanes de visita al lugar. Es ésta la única época en el año en que puede observarse un diminuto "desierto florido" en este oasis de niebla. Como en el reciente mes de agosto cayó aquí una pequeñísima lluvia, cuyo monto por desgracia no conocemos con exactitud (sospechamos debió ser del orden de unos 2 a 3 mm de agua caída, no más), teníamos mucha curiosidad por constatar qué especies habían logrado aparecer. Si tenemos en cuenta la casi nula pluviosidad normalmente presente en esta área costera del desierto de Atacama, cualquier aporte hídrico, por pequeño que sea, que se sume a la humefacción habitual por obra de la neblina (camanchaca) en estos meses de invierno y primavera, suele ser acompañado de un cierto incremento vegetacional que, en las condiciones críticas en que se mantiene el oasis, es siempre de un enorme interés florístico para especialistas botánicos, ecólogos y geógrafos.

Un "desierto florido" en miniatura.

Nuestras visitantes catalanes, conocedores del desierto del Sahara, quedaron sorprendidos de ver con sus ojos este pequeño "milagro" operado aquí por la presencia de la niebla costera. No sólo pudieron apreciar numerosas especies en flor, creciendo agazapadas entre las grietas de las peñas del acantilado costero, sino afortunadamente para ellos, ver in situ, el desplazamiento y la penetración al oasis de las masas nubosas, de las nubes del tipo estrato-cúmulo, que advienen arrastradas por los vientos alisios procedentes del océano Pacífico. Tanta era la niebla durante n uestra visita que la visibilidad hacia abajo, esto es, hacia la terraza litoral próxma, era totalmente nula.

Con este capítulo hemos querido dejar en evidencia que el fenómeno del "desierto florido" no sólo ocurre en el conocido tramo del valle central y costa entre Vallenar y Copiapó, hasta alcanzar Caldera o Chañaral, sino también, en una escala mucho más modesta, se presenta en sectores privilegiados de la costa del Norte Grande chileno, en los cerros elevados que enfrentan el mar, en el litoral húmedo de Antofagasta e Iquique.
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