martes, 1 de marzo de 2022

Un temprano trabajo nuestro sobre el marxismo: El marxismo como pseudo-religión (1952).

Dedicatoria: 

He querido dedicar este capítulo de nuestro blog a la sufrida y aguerrida nación ucraniana que, en estos mismos días,  sufre una despiadada, nefanda y brutal agresión por las fuerzas militares de Rusia que  buscan su rendición incondicional. El mundo libre, democrático y amante de la paz, observa con estupor el espectáculo de este genocidio en proceso que no puede ni debe quedar sin castigo internacional. ¡Ucrania: estamos contigo!. 

Antecedentes:

Una tesis nuestra muy temprana, había quedado olvidada, cubierta de polvo, en los anaqueles de mi biblioteca. El trabajo fue ejecutado por nosotros,  hace casi 70 años  (agosto 1952),  en el "Seminario de Sociología", que dirigía por entonces el jesuita alemán Heinrich Klinkert, S.J.,  en el estudiantado jesuita de San Miguel, Buenos Aires, República Argentina. Me ha parecido que este trabajo aunque fuera de un principiante, arroja aún hoy  potente luz sobre  el marxismo y su ideología, que hasta hoy seducen a la juventud y que, a través del partido comunista se proyecta, desde los tiempos de Lenin, como  la panacea para todos los países del mundo y el único antídoto contra el capitalismo. 

No quisiéramos que esta trabajo nuestro se pierda para siempre, roido por  los ratones y/o las termitas, pues dudo mucho que haya quedado copia del mismo en el viejo estudiantado de los jesuitas en Argentina (San Miguel, Bs. As.). Por eso mi afán por reproducirlo aquí, como capítulo de mi blog.

Este escrito  representa la primera investigación  del suscrito aunque nunca llegó a ver la luz. Hoy, transcurridos tantos años, nos atrevemos a editarlo. Representa un período de mi ya larga vida y es parte de mi propia biografía como investigador y científico. Lo editamos hoy sobre todo para conocimiento de nuestros hijos y nietos, por cuanto creemos que el virus marxista aún hoy alienta a muchos jóvenes, quienes, a pesar de las tristes experiencias vividas por la Humanidad, siguen creyendo, a pie juntillas, en el advenimiento del "paraíso marxista".
 La brutal invasión de Rusia a la república independiente de Ukrania, alentada y sostenida por Vladimir Putin,  el jerarca comunista, hace unos cuantos días atrás, nos deja ver claramente que  los ideales del viejo Soviet siguen aún vivos y sus ansias de dominio mundial,  siguen vigentes. Rusia  y los principios del comunismo internacional  que ella promueve en todo el orbe, aún enarbola con fuerza  la idea que  ella es el único paladín capaz de luchar contra el "capitalismo" representado por Estados Unidos y la Europa occidental. En aras de su ideal revolucionario, Rusia  ha demostrado ser capaz, en pleno siglo XXI,  de llevar a cabo las peores masacres y violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional, sin importar las consecuencias.

 Esta acción  fratricida y a la vez genocida nos traea la memoria al rojo vivo la peor época de Iósif Stalin, el  temible dictador soviético, que no dudó en sacrificar a millones de ucranianos en el fatídico Holodomor u holocausto provocado por la hambruna desatada para someter a Ucrania y otras naciones entre 1932 y 1934. En aquellos años, casi 4 millones de ucranianos perdieron la vida. Algunas fuentes hablan del doble de muertes. Por desgracia, casi nadie hace recuerdo hoy de ese episodio sangriento a manos de los Soviets hace 90 años. Ni siquiera nuestros periodistas, tan prontos a pontificar sobre todo, aún sobre los  temas  más abstrusos o conflictivos.

 Los partidos comunistas de todo el mundo, a pesar del fuerte repudio internacional mostrado en estos precisos días en  multitudinarias manifestaciones de rechazo, siguiendo su ejemplo, apoyan hoy su cobarde agresión, convencidos de que es "un sacrificio en bien de la humanidad". Más de 10.000 personas han sido apresadas en Rusia en esta semana por el solo hecho de levantar la voz contra la guerra. Las recientes declaraciones del Presidente Nicolás  Maduro de Venezuela, apoyando la intervención de Rusia en Ucrania, son un lamentable botón de muestra (28/02/2022)!.

Por eso estimamos que esta pequeña tesis, aunque bastante antigua,  nos permite buscar y reflexionar sobre el locus donde reside o podría encontrarse la fuerza y el dinamismo que alentaba al marxismo original,  y que aún sustenta el ideario marxista  de dirigentes comunistas de países como Cuba, Nicaragua o Venezuela en nuestra América Latina. 

Las citas que hemos seleccionado y  recogido en nuestra tesis pronunciadas en su tiempo por marxistas convencidos, las vemos repetidas hoy -y casi calcadas-  por pensadores o activistas comunistas en varios países de Latinoamérica, incluyendo  Chile. Basta leer algunas biografías de  comunistas actuales o antiguos para toparnos con estas opiniones.  En este sentido, la tesis cobra cierta actualidad.

 Con agrado, pues,  la editamos por fin ahora pra que no desaparezca. Escribí este breve texto -que aún hoy me asombra por su  claridad  y precisión estilística- cuando llegué a estudiar filosofía a la República Argentina (1951-54). Yo era por entonces un joven estudiante chileno de apenas 21 años de edad, y nunca imaginé que llegaría a interesarme tan vivamente por el tema del marxismo y su tremendo impacto en la sociedad.

 Que yo recuerde, fue en las clases de filosofía del sabio jesuita y filósofo argentino Enrique E. Pita S.J. (1900-1956), cuando empecé a vislumbrar la posibilidad de escribir algunas páginas sobre este tema: "el marxismo como una pseudo-religión". El P. Pita era entonces mi profesor de Psicología y Teodicea. Así que, finalmente, el "dinamismo religioso marxista",  como motor de su expansión mundial, fue el tema elegido para mi tesis durante mis estudios de la filosofía.  

Por entonces, mis lecturas de las obras de  connotados autores, marxistas  o ex-marxistas como  Jean Valtin, Nicolás Berdiaev, N. Gurian, E. Vani o Arthur Koestler, o las obras clásicas de Marx,  Engels o Lenin, entre otros, las que me fueron  mostrando vívidamente tanto el verdadero rostro de la atracción  marxista, como el derrotero y la transformación espiritual de aquellos autores que conocieron y vivieron muy de cerca el comunismo y que, con sin igual valentía, terminan alejándose de él y criticando sus postulados básicos. 

Alguien  podría tal vez  objetarnos, como algo negativo o discutible, el que la bibliografía general que sirvió de base a esta obrita nuestra, contempló el examen de numerosas obras cristianas y/o católicas relativas al marxismo y su evolución, en particular la obra del jesuita Henri de Lubac S.J. (1896-1991),  y las del sacerdote dominico francés  Antonin Gilbert Sertillanges  O.P. (1863-1948). Pero era obvio que un joven estudiante jesuita, como era yo entonces,  se habría de basar, primariamente, en obras cristianas, pero de autores de reconocido renombre,  sin por ello dejar de consultar las obras clásicas de la literatura marxista. Resultaba de especialísimo interés para mí, además,  el leer a autores "conversos", es decir aquellos que habían sido en su tiempo marxistas convencidos para luego desertar del sistema y pasar a ser sus críticos más enconados. El caso del ruso  Nicolai Berdiaev (o Berdiayev,  1874-1948)  es, en este sentido,  muy sintomático. Pero no fue ciertamente el único. 

Recordemos que estabamos en el año 1952 cuando aún Iósif Stalin (1878-1953) era el Secretario General del Comité Central del Partido comunista de la Unión Soviética, cargo que ocupará hasta el año de su su muerte, ocurrida en 1953.  La Unión Soviética había conquistado y absorbido la casi totalidad de los países de la Europa Oriental  y se habia fortalecido tras la derrota de la Alemania de Adolf Hitler (1945). Estábamos todavía muy lejos de la futura caida del muro de Berlín, ocurrida recién el año 1986  y de la decadencia y desaparición de la Unión Soviética en época de Mijaíl  Gorbachov  (1931-...).

Que hoy  el jerarca ruso Vladimir Putin, ex integrante de la KGB (Agencia de inteligencia)  soviética,  pretenda hacer revivir  el poderío y el área de influencia de la antigua Unión Sovietica, es una verdad inconcusa que Occidente no puede ni debe subestimar, pero que, desgraciadamente, ha subestimado hasta ahora. La reciente invasión  y destrucción de Ucrania, así como la anexión de la península de  Crimea en el año 2014, son sólo un eslabón en la hábil estrategia de Putin en pro de  conseguir  su  propósito: crear una Rusia poderosa que haga frente a Occidente y a Europa. Quiera Dios que  el Occidente democrático abra finalmente  los ojos ante este inminente peligro y sepa esquivarlo y enfrentarlo  con gallardía y decisión.

El trabajo se presenta en forma de un sencillo cuadernillo de  21  cm  x  26 cm  y escrito a máquina de escribir por nosotros mismos  y tiene 32 páginas, incluida la bibliografía consultada. Se puede percibir en él algunos errores tipográficos, propios del novel escritor.             

Introducción a la obra.                                                                                        
Decíamos en la introducción a esta tesis: 
                                                
"El fenómeno comunista es hoy, día, sin lugar a dudas, el problema capital y básico de nuestra civilización.  El futuro del mundo depende de la actitud que se tome frente a él.  Su enorme influjo y arrolladora fuerza hay que buscarla antes que nada en su respuesta clara a las necesidades humanas. El comunismo pretende ser, -y de hecho lo es- una doctrina totalitaria, es decir, que toma  todo el hombre y no deja ningún rincón humano que no quiera ocupar. Es en sentido pleno una cosmovisión: "Weltanschauung", según el término alemán ya encarnado en nuestra literatura. Concepción de vida que no es puramente social, como alguien podría creer,  ni menos puramente económica. Es esto y mucho más. Basta indicar que se apropia del arte, de la literatura,  de la filosofia y hasta de la música....
Su fuerza de arrastre y persuasión ha asombrado a nuestra generación. Muchos  se han preguntado por la fuente de su empuje. Algunos no han dudado en llamarle "movimiento religioso", "movimiento místico", o "religión" a secas. Estos términos me chocaban fuertemente. Me pregunté cómo un movimiento  de  descarado y concentrado ateismo se podía llamar "religioso". Tal paradoja me hirió y busqué su solución. He aquí el origen del trabajo".

Esta introducción a mi trabajo, muestra a las claras cuál fue la motivación para escribirlo: el origen psicológico de la  atracción por el marxismo y su notable influjo y expansión especialmente entre la juventud. 
La idea de este trabajo me fue sugerida por un compañero argentino del curso de filosofía, Roberto Brie, S.J.  El mismo, dos años antes (1952), había escrito una tesis en el mismo seminario, intitulada: "La Mística marxista", temática que me impresionó muchísimo y que quise profundizar por mi cuenta. Numerosas conversaciones con Roberto Brie y el director el seminario, padre Klinkert y el recurso en buena medida a mucha de la bibliografía ocupada por mi compañero de filosofía, me permitieron ahondar en este tema que aún hoy, adquiere gran relevancia y significación.   

A  continuación, presento, página tras página, la totalidad de este trabajo  en su versión original. 




































                   

Nota:  Con los trazos de un lápiz grafito,  aparecen tachados algunos párrafos por parte de un editor que, en su oportunidad, pensó publicar este trabajo. lo que nunca llegó a concretarse. Son frases que pertenecen al texto original  genuino y que aquí rescatamos.

Conclusiones.

1.   Hacemos nuestra hoy día, después de casi 70 años,  la conclusión del original.  En efecto, decíamos allí:  

"Queda en claro que la nueva jerarquía de valores impuesta por el comunismo no es ajena a un poderoso dinamismo religioso que le sirve de base de sustentación. Tal dinamismo, como los personajes de la tragedia helénica, cambia de máscara, pero permanece adherido firmemente a la roca psicológica que le sirve de sólida base. Dios será siempre el objeto-término normal de nuestra búsqueda racional. Solo que a veces seres pertenecientes a la esfera de lo contingente  pretenderán suplantarlo presentándolo con el rótulo de "absoluto", "supremo". Aquí se oculta la razón última del entusiasmo del delirio marxista: presentar valores que por lo llamativos y vistosos para el entendimiento  y voluntad, arrastran el dinamismo total del hombre. El comunismo no podrá jamás llamarse religión: la odia. Pero ignora que toda su savia renovadora y vivificante le viene  precisamente de aquel "substratum religiosum" que tiene el ser humano como sello de su marca de fábrica, de su creación divina"  (pg. 29). 

2. Me viene aquí a la memoria aquella famosa frase de San Agustín en sus "Confesiones":  "fecisti nos, Domine, ad Te et inquietum est cor nostrum donec requiescat in Te" (traducción del latín: Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón esta inquieto hasta que descanse en Ti").  Es decir, existe en lo más íntimo del hombre una sed de eternidad, de proyectarse hacia el futuro, de perdurar, que se manifiesta de diversas maneras y formas. Esta "sed de eternidad"  sería un atisbo  de su verdadero sentido:  ser semilla de eternidad en el seno de Dios.

3. La búsqueda incansable de lo infinito, de lo imperecedero o eterno,  es a todas luces parte profunda de nuestro ser más íntimo.  Todos queremos trascender a nuestra propia finitud humana de alguna manera y para ello recurrimos a los más diversos expedientes. Algunos gastan muchas horas en su vejez redactando su biografía o sus "Memorias", otros  piensan perdurar a través del recuerdo cariñoso de sus hijos o nietos; otros  a través de su Testamento o Última Voluntad buscan una forma velada de perduración o permanencia en el tiempo.  Es  esto, a mi parecer,  expresión nítida de nuestras inquietud o desasosiego por trascender, por luchar de mil maneras contra la muerte y el olvido definitivo.

4. Los cristianos tenemos la certeza, en base a las palabras de Cristo en sus Evangelios, de que estamos llamados a perdurar en una vida eterna junto a Dios. Y por eso creemos en la resurrección de los muertos tal como lo profesamos cada domingo al rccitar el Credo. Resurrección que tiene su modelo y prototipo en la propia resurrección de Jesús, relatada con lujo de detalles en los Evangelios. Creencia que es, en frase del apóstol San Pablo: "escándalo para los judíos, necedad para los gentiles" (Iº carta a los  Corintios, 1,  22-23).