Seguidores

Mostrando entradas con la etiqueta Botijas coloniales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Botijas coloniales. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de julio de 2009

Tilibilca: una fundición de plata del siglo XVIII espera su restauración como "monumento nacional".

En este capítulo del Blog, nos hemos propuesto rescatar del olvido  uno de los monumentos más grandiosos y representativos de la actividad económica del siglo XVIII en Tarapacá: la azoguería de Tilibilca, dedicada a la explotación de la plata durante el período do de la Colonia.

Examinemos con detención las fotografías y tratemos de visualizar su importancia. No entendemos por qué el Gobierno Regional y sus servicios de Turismo no se han interesado por poner en valor este conjunto de edificaciones, tal vez el monumento colonial más importante que se conserva en pie (aunque bastante menoscabado) en la Región de Tarapacá. Tal vez, porque las edificaciones del ciclo salitrero y sus lujosas mansions en Iquique y, en especial, las Oficinas Salitreras, han opacado su importancia y significación para la historia de la arquitectura y de la economía de la Región en el pasado colonial.

Consideramos que es un imperativo histórico investigar estas ruinas, las que hasta ahora nunca han merecido un estudio histórico en profundidad ni menos una excavación arqueológica ajustada a los métodos de la arqueología histórica. A nuestro juicio, es urgente hacerlo para que este notable monumento no siga experimentado los estragos del tiempo y pueda ser utilizado por un turismo científico regional. Del ciclo de la plata en Tarapacá es éste prácticamente el único monumento importante aún en pie y, por su ubicación al lado del poblado de Tarapacá, de rancia trayectoria histórica, podría ser parte integrante de un valioso circuito turístico regional.

El trazado actual de la carretera que va a Tarapacá, en su km. 50, pasa exactamente bajo los muros de adobe de este conjunto de edificios con el riesgo cierto de que el tráfico de camiones pesados y camionetas, -como lo hemos podido verificar- al pasar a gran velocidad por el sector, vayan debilitando poco a poco los muros, agrietándolos, y un buen día - lo que Dios no quiera- se vengan abajo con el consiguiente peligro para los viajeros. Estimamos que Monumentos Nacionales debería intervenir para que el trazado de la carretera sea desviado en este sector, y conducido por el bajo o, al menos, se instale una señalética que obligue a un descenso en la velocidad poniendo un rótulo que diga algo asì como: "50 km/hora. Monumento colonial protegido por la Ley".

En este recorrido que haremos por la quebrada, en sucesivos capítulos del Blog, hemos decidido comenzar por un lugar cuyas imponentes ruinas hasta hoy nos asombran y nos llenan de enigmas no resueltos. Se trata de Tilivilca o Tilibilca (de ambas maneras registran su nombre los antiguos documentos). Pasamos raudamente junto a ellas al bajar desde el alto de la pampa hasta el pueblo, por un camino asfaltado, casi sin percatarnos de su majestuosa presencia. Las fotos actuales, que con agrado presentamos más abajo, nos hablan aún hoy de su magnificencia de otrora. Muros enhiestos construidos de grandes adobes, sobre cimientos de piedra, espacios y recintos de tamaños diversos, revelan actividades de vivienda, laboreo, trabajos de fundición y recintos para corrales de animales. En el suelo, dispersos y en abundancia, observamos restos de cerámicas coloniales, lozas, huesos de animales, fragmentos de cañas de techumbres caidas, o gruesas vigas que aún conforman dinteles y accesos.

He aquí las fotos que hemos tomado, en nuestro reciente viaje, el día 15 de Julio del 2009 y que exponemos como recuerdo y homenaje a los esforzados creadores de este edificio, hoy en ruinas..


Foto 1. Vista desde la base del cerro, donde se asienta el monumento colonial; hacia el fondo, del valle tapizado de molles (Schinus molle), tamarugos (Prosopis tamarugo) y pillallas semivivas (Atriplex atacamensis).
Foto 2. Detalle de un dintel de puerta. Observe el grueso tronco de algarrobo, endurecido por el tiempo, bien labrado a azuela, que aún sostiene un fragmento de muro que sostiene seis o siete hiladas de adobes.

Foto 3. Fragmentos de cerámica del siglo XVIII. Se trata trozos de de contenedores llamados "botijas", muy usados en el transporte de líquidos (vino, aceite) y también de áridos ( harinas, semillas) en las carretas de la época. (siglos XVII y XVIII). Hallados entre las edificaciones. No se ve ya hoy muchos fragmentos, probablemente a causa de las colectas realizadas in situ por arqueólogos o aficionados.

Foto 4. Parte del recinto de la antigua fundición cuyos muros visiblemente quemados por acción del fuego delatan el lugar exacto donde se fundía, al calor de tamarugos y algarrobos, el mineral de plata de Huantajaya.


Foto 5. Curiosos agujeros que comunican el espacio interior con el exterior. Tienen aproximadamente unos 35-40 cm de diámetro, circulares o levemente ovales, en ángulo de descenso de unos 30º , que facilitaban la salida o escurrimiento de elementos (¿tal vez el mineral ya fundido?) desde el interior para ser cargados afuera, seguramente en las carretas.

Foto 6. Muros del sector Este, levantados con dos técnicas diferentes: una, de grandes adobes de barro (derecha) y otra, de tapiales o muros hechos de barro fuertemente apisonado (izquierda).

Foto 7. Los elevados muros de adobones, de unas veinte hiladas superpuestas, se levantan sobre un cimiento bien consolidado de cantos rodados de río, produciendo un hermoso efecto estético desde el exterior. La altura del edificio (cuyos techos faltan hoy por completo) es de aproximadamente unos 5 - 6 m. desde el piso.

Foto 8. Aspecto exterior de salida de los orificios mostrados arriba, por los que se descargaba materiales hacia el exterior. Se encuentran a distancias regulares y se abren arriba, en ángulo pronunciado, en el piso del recinto y en la base misma del muro.

Foto 9. Muros enhiestos, con vanos de puertas semi destruidas, seguramente por haber sido arrancadas las vigas originales de sus respectivos dinteles.

Foto 10. Sector weste de uno de los edificios principales, que aún conserva parte de la armazón y estructura de sostén de la techumbre. Es el edificio hoy mejor conservado. Presenta varios vanos de puertas mirando hacia el sur. Es probable que la estructura actual de los tijerales a la vista, sea muy posterior y el recinto haya sido usado como vivienda hasta tiempos relativamente recientes y luego, abandonado. Un cuidado examen por parte de arqueólogos revelaría sin duda tanto su uso antiguo como su data de abandono.

Foto 11. Desde el interior de uno de los recintos de mayor tamaño, mirando hacia el weste. El muro divisorio, construido de adobes, en el suelo. Vista tomada de Este a Weste.

Foto 12. En primer plano, hacia la izquierda del observador, un muro completo de adobes se vino abajo, tal vez por algún reciente sismo ocurrido en la zona. Sin embargo, sus adobes están aún en su mayoría intactos.


Foto 13. Pequeño conjunto de recintos algo apartado del conjunto principal y que se encuentra a una mayor altitud hacia la pared Norte de la quebrada. Entre estos recintos y el conjunto principal hay hoy un amplio espacio hoy vacío, pero que presenta algunas evidencias de construcciones más antiguas. Observe, por fin, el pequeño tamaño de los vanos de las ventanas.


Foto 14. Desde la parte alta de las construcciones, la vista se dirige al valle o quebrada que se va abriendo poco a poco hasta llegar a la aldea de Huarasiña, último sitio habitado antes de internarse la quebrada en la inmensa pampa, en el sector denominado Pampa Iluga.

Foto 15. Llama la atención que todo el conjunto de edificaciones se alzó, en tiempos coloniales, en la parte baja del macizo que jalona el sector por el norte, por encima de la quebrada misma. Con criterio de hoy, nosotros habríamos instalado la Fundición en el bajo, junto a las fuentes de agua. ¿Por qué arriba, a 10-15 m del piso de la quebrada? . Sospechamos que la razón haya sido el conocimiento cierto de la presencia de las fuertes avenidas periódicas, fruto del invierno altiplánico, altamente destructivas, que bajaban por el lecho de la quebrada. Sabemos que el siglo XVIII, fecha probable de la construcción de este amplio conjunto, fue muy húmedo, con la presencia numerosos huaycos o avenidas que arrasaban campos de cultivo, canales de regadío y viviendas, como ha ocurrido hasta hace pocos años en el sector de Huarasiña y varias veces, en el borde sur del poblado de Tarapacá actual. La sabiduría popular aconsejó, por tanto, la construcción en altura, lejos del cauce máximo de las aguas en tiempos de avenidas.


Foto 16. Observe el lector la ubicación escalonada, en descenso, de las edificaciones, aprovechando el desnivel del terreno en la parte del piedemonte del cerro. Si bien este sistema complicó en alguna medida la construcción, ofreció, en cambio, total garantía contra las eventuales inundaciones de los meses de verano (Febrero y Marzo).

Foto 17. El conjunto arquitectónico de Tilibilca, apegado a la carretera que conduce al pueblo de Tarapacá. El sitio se halla exactamente en el km 50 de la carretera de Huara a Tarapacá.

Fig. 18. El sector mejor conservado del antiguo recinto. Los tijerales todavía en pie, muestran bien el estilo de techumbre usado, mediante el empleo de maderas de los árboles locales pimiento, algarrobo y tamarugo). Puerta y ventana conservan sus antiguos elementos de vigas de madera. Sorprende el que este edificio colonial, levantado en el siglo XVIII, haya podido resistir aún la vehemencia de recientes sismos en la zona.

Fig. 19. Cantos rodados procedentes del vecino río de Tarapacá, empotrados en barro, sirven de cimiento a los grandes muros de adobes de la construcción que aún hoy se eleva hasta lo siete metros de altura sobre el suelo.



Fig. 20. Junto al muro de adobes, grn cantidad de cenizas propias de la quema verificada en la industria de extracción de la plata. Aquí debió acopiarse la ceniza de la quema. La madera usada en esta combustión provino de árboles de algarrobo y tamarugo, tipo de leña hasta hoy usada para calefaccionar las viviendas y mantener el fuego de la cocina en el sector de la quebrada.

En un próximo capítulo, profundizaremos en la historia colonial de este Monumento y realzaremos su enorme importancia en el proceso de explotación de la plata en la Región de Tarapacá durante el siglo XVIII.

(Segmento en preparación, 22/07/2009)




martes, 30 de diciembre de 2008

Descripción de Pica: su población, fruticultura y sistemas de riego (1765)

En los párrafos que siguen, analizaremos la Descripción de Tarapacá de don Antonio de O´Brien, escrita en 1765, destacando en especial aquellos aspectos que dicen relación con nuestro enfoque ecológico-cultural. La página que presentamos más abajo procede del original del Archivo de Indias (Sevilla).

F0to de una copia del documento original, del Archivo de Indias, mostrando los párrafos 71 y 72 de la Descripción de Tarapacá, del sevillano Antonio de O´Brien, 1765.


El Capítulo Sexto de la "Descripción de Tarapaca", fue destinado por don Antonio O´Brien a la descripción del oasis de Pica. En esta detallada descripción se hace referencia a su gente, la composición étnica de la misma, y al rubro de la agricultura local, especialmente su fruticultura. De gran interés resulta la descripción de los sistemas de obtención y conducción de agua, mediante socavones o canales subterráneos, al modo de los qhanats del Oriente, los que perduran hasta el presente. También nos interesa aquí reseñar la enorme producción de vino que se realizaba en el área de Pica-Matilla-Quisma, lo que traía consigo la elaboración de gran número de botijas y tinajas, en las llamadas "Botijerías".

De estas "Botijerías" , hemos encontrado ruinas y rastros patentes al menos en dos lugares, tanto en Comiña como en el "Valle" [de Quisma], en el lugar denominado "Botijería", donde hemos encontrado fragmentos de botijas por centenas y pruebas inequívocas de su confección y quema in situ. Su demanda fue enorme, a juzgar por las cantidades de botijas que reseñan las fuentes. Lo que indudablemente contribuyó a la propagación de las "botijerías" o fábricas de botijas. Este tema específico está siendo hoy objeto de estudio por parte de uno de nuestros estudiantes, el señor Víctor Bugueño García, cuya Tesina y Tesis (2008 y 2009) versan, sobre este mismo tema.

Haremos hincapié en algunos aspectos de ella, profundizando en su contenido, aquellos que nos parecen más novedosos desde el ángulo de la eco-antropología.

He aquí el texto:

Sus producciones

[Nº 72] Este Pueblo dista del de Tarapacá a la parte del Sur, Diez y nueve leguas, en un arenal muy penoso y todo el Camino lo es, aunque llano, por las muchas piedras sueltas, y arena que ay en él, y por no aver agua, ni leña asta llegar a la quebrada de la Calera; los Zerros que forman esta quebrada braman mui a menudo, al modo que la Mar, quando se oye su Reventason de lexos, en este sitio [La Calera] ay una pequeña azenduela, que produce mui poca alfalfa, algunos higos, sapallos y sandillas. Se riega por medio de un socabon, y en la casa de esta Hazienda no se habita particularmente de noche por las muchas chirimachas [vinchucas]."

Destacamos en este fragmento del texto la presencia del aislado oasis de La Calera, existente hasta hoy y propiedad privada, donde aún hoy existe agua que permite algunos cultivos. El tramo antiguo del camino o huella que unía, como en los tiempos de O´Brien, Tarapacá con la Calera no es traficado desde hace mucho tiempo y es hoy intransitable, salvo para cabalgaduras. Siguiendo el modelo español tomado de Andalucía desde tiempos moriscos, el sistema de socavones o qhanats fue implantado por los primeros residentes españoles, a partir del siglo XVII. No existen antecedentes que lo hagan remontar al siglo XVI.

Caracterización étnica de su población

[Nº 73] "Este Pueblo de Pica es Curatto y Cabesa de Doctrina, su poblacion se compone de bastante Gentte española, muchos negros y Mulatos, Cholos y Mestizos, entre los cuales ay muchos Esclavos, Ochenta y quatro Yndios de tributo y algunos europeos transeuntes, incluiendo el Asiento de San Antonio de Matilla distante una Legua del Pueblo de Pica, que toda ella está poblada a trechos con catorze Haziendas de Viñas, en las que viven los Dueños con sus familias que llegan al numero de seiscientos vezinos de Padron".

La mezcla de población en este tiempo (1765) nos asombra. Hay "muchos negros", sin duda casi todos o todos, esclavos o libertos. Sus genes han sido transmitidos a no pocas familias aldeanas de Pica, que ostentan hoy claros rastros negroides en sus facciones. No resulta difìcil distinguirlos de los descendientes de aymaras. Es el caso de familias que se radicaron, por ejemplo, en la quebrada de Tasma. Contra la difundida tradición local que atribuye a Pica una población de origen predominantemente indígena, versus una población mayoritaria de origen español para su vecina Matilla, el texto resulta explícito: su población "se compone de bastante gente española". Sería errónea, por lo tanto, la aseveración tan repetida por matillanos de que en Pica sólo radicaron indios y sus descendientes. De acuerdo a O´Brien, ya existía por entonces una enorme mezcla racial, encontrándose tanto españoles puros, como miembros de todas las castas: indios, mestizos, zambos y mulatos. La población indígena pura es calculada por O´Brien en su época en 84 indios de tributo, lo que correspondería, aproximadamente, a unas 420 personas, si aceptamos la ratio 1:5, es decir un tributario por cada cinco personas en cada familia. "Tributario" era considerado cualquier varón de edad entre los 16 y los 50 años capaz de trabajar, y por tanto, aportar con el tributo.

La población de vecinos empadronados del pueblo de Matilla nos asombra. 600 vecinos, es decir, unas 120 familias, repartidas en 14 " haziendas" o predios agrícolas, sin contar los habitantes del "Valle" de Quisma, que son más bien esclavos libertos o indios, al decir de O´Brien: "los Yndios de tributo y algunas otras gentes libres tienen [aquí] algunos pedacitos de viñas....". Es decir, los indígenas autóctonos u originarios fueron relegados al "Valle" al igual que los esclavos libertos por variadas razones. Quedando reservadas las mejores tierras tanto en Pica como en Matilla para los españoles y sus descendientes, muchas veces mestizos. De donde habría que concluir que los "Ballesteros", (como se denominó a los habitantes residentes en este valle de Quisma) habrían tenido predominantemente este origen étnico (indígena y negro), aun cuando sus apellidos fueran casi siempre españoles castizos. La adopción de apellidos españoles por parte de los esclavos negros, era muy frecuente en Pica y Matilla, tal como lo señala explícitamente el investigador y arquitecto, Patricio Advis Vitaglic en su libro La Iglesia Colonial de San Antonio de Matilla, su origen, su fechado sus transformaciones, 1995. No nos ha de sorprender, pues, que la inmensa mayorìa de los apellidos de las familias ballesteras, sea de origen español. Una lápida de piedra erigida al costado de la pequeña iglesia dedicada a Santa Rosa de Lima, a la entrada del Valle de Quisma, registra los apellidos de las familias ballesteras que fueron privadas del agua de sus parcelas cuando el gobierno chileno decidió, en la década del 1920, entubar las aguas de la vertiente de Chintaguay para llevarlas a la ciudad de Iquique, secando en consecuencia todo el valle y obligando a su shabitantes a emigrar. Muchas familias lo perdieron todo.

Vitivinicultura del oasis y comercio


"Estas Haziendas producen con el agregado de la Quebradita que llaman el Valle de diez y seis, à Diez y ocho mill Botijas de buen Vino, de à cinquenta y cinco libras de peso cada una, y lo benden a seis, siete y ocho pesos, dáse cantidad de Higos que secos los venden a dos pesos [la] arroba, algunos Melones, Sandillas, muchas Guayabas, y Sapallos, pocas Peras, Limones sutiles, algunos de Castilla que llaman Reales, mui raras Naranjas, y algunas Chirimoyas, no tiene mas Pasto que alguna Alfalfa, ni otra Leña que las ramas secas de sus Arboles, y se ven obligados de ir a buscar, la que han de menester, à Doze leguas de distancia lo mas cerca. Carece este Pueblo de todos los demas generos de comestibles, los que salen a buscar, à los Pueblos y Provincias comarcanas, à las que conducen sus vinos, y frutas, para cambiarlos por Maíz, trigo, carnes, manteca, sebo, graza, Papas, Quínoa, y otros Víveres".

En las fotos que siguen, se muestra tipos de botijas en uso en los siglos XVII y XVIII.

Foto 1 Botija típica de mediados o fines del siglo XVII. Colección H. Larrain (Pieza Nº 00014). Hallada enterrada en el patio de una casa particular del pueblo de Matilla en el año 2002. Adquirida a un matillano.


Foto 2. Abertura practicada a la botija de la foto 1 (Pieza Nº 00014) . Siendo las bocas originales muy estrechas, para poder taparlas con corcho, al cambiarse su destino de uso, se amplió artificialmente la abertura bucal para poder introducir otros elementos de guarda: grasa, sebos, semillas, granos y hasta guano. Por lo que hoy es muy raro encontrar especímenes que tengan su boca primitiva  intacta.




Foto 3. Otra de las botijas halladas enterradas en el patio de una casa particular en el pueblo Matilla, en el año 2002, Colección H. Larrain (foto V. Bugueño). Presenta estrías profundas concéntricas alrededor del cuerpo, producidas por el instrumento con que fue confeccionada, en el torno, por el artesano ceramista. Este tipo cerámico es propio del siglo XVIII según la clasificación de Goggin.




Foto 4. Botijas procedentes de la localidad de Matilla (interior de Iquique). La forma de botija que presenta profunda estrías y una cierta cintura en la parte media del cuerpo, como en la Foto 3, es al parecer la más común y así lo hemos podido constatar al reconocer diversas colecciones particulares. En el área de Pica-Matilla donde hemos visitado no menos de cinco colecciones particulares, solo hemos visto una botija completa, con su pequeña boca original. De donde podríamos deducir que, en su inmensa mayoría, se modificó y agrandó notablemente la abertura bucal para poder introducir otros elementos (semillas, frutos secos e incluso guano) distintos del original (generalmente aceite o vino).



Comentario eco-cultural.

El texto original que hemos presentado más arriba, nos ilustra bien acerca de la producción de vinos en el área de Pica-Matilla-Quisma. En primer término, de él queda claro que la viticultura y la producción de vino fue la principal actividad comercial del oasis. El número de botijas que comprendía la producción anual de la viñas del sector, llama la atención. Es considerable: "diez y seis a dieciocho mil botijas". La botija tenía una capacidad variable. Las había muy grandes (como la ilustrada en la Foto 1 y 2) con capacidad para casi cuarenta litros y otras menores, con capacidad de hasta 25 litros (foto 1 a 4). Si calculamos un término medio de 30 litros por botija, estamos hablando de más de 500.000 litros anuales de producción. Toda la producción adicional de frutas se especifica en el texto: los melones, sandillas [sandías], guayabas, limones, peras, chirimoyas, debió ser de poca monta, y más bien para el uso familiar y local. El rubro fuerte de intercambio fue, evidentemente, el vino. Y así lo reseñan otros documentos de la época.



De este modo, podemos comprender perfectamente por qué hubo varios "lagares" en la zona y varias "botijerías", o fábricas de botijas. De los antiguos lagares, donde se preparaba el vino a partir de las uvas, solo queda uno que fue restaurado y se ha logrado mantener: el "lagar de Matilla", situado  al costado NW de la iglesia. Es visitado hoy asiduamente por los visitantes y representa casi la única atracción turística en ese pueblo. Los otros lagares (de los que hubo al menos cinco en el área de estos oasis), se hallan hoy en un lamentable olvido y pésimo estado de conservación. Algunos ya muy destruídos. 

La faena de la pisa de la uva y su posterior depositación en tinajas de gran tamaño, igualmente confeccionadas en la zona, era objeto de una verdadera fiesta, la que ha sido bien relatada en el trabajo de la investigadora Alba Valencia: Matilla. Apuntes etnográficos (Boletín de Filología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Chile., Tomo XXIX (1978): 303-331). La última vendimia de que haya recuerdo, se llevó a cabo en el mes de Marzo del año 1929. La extracción de agua dulce de Chintaguay que fue conducida a la ciudad de Iquique, privó al valle de Quisma y sus parceleros de toda su producción, Y una insensata política de impuestos estatales, aplicada sobre esta producción norteña, obligó pronto a a arrancar las viñas. Y a partir de entonces, Pica será conocida por sus frutales: mangos, cítricos y guayabos. Del afamado vino piqueño, nunca más se supo. De sus antiguas viñas, tan alabadas en el período colonial, nada ha quedado, salvo sus semi derruídos "lagares". Todavía se recuerda el vino producido, entre otros, por la familia matillana "Medina Hermanos", que llegó a obtener premios nacionales.


Sistemas de riego del tipo qhanats, o socavones

"Las Haziendas las riegan por medio de uno socabones que son a modo de conductos o Minas de Comunicacion; tienen una bara de ancho, y dos y media à tres de Alto, algunos tienen serca de media legua de largo. Por esta concavidad q[ue] hazen en el terreno, que es gredoso, y humedo bajo de la Arena estila la tierra en menudas gotas al modo de un sudor, una corta cantidad de agua, que apenas les alcanza para regar las haziendas, de tarde en tarde, y oi ba en tanta disminución el agua que la Hazienda que menos , [h]a perdido una tercia parte de lo que fue en su principio, y muchas se han perdido del todo".

Análisis eco-antropológico de este último texto de O´Brien

Este texto, es de enorme interés ecológico-cultural por las resonancias que posee hoy en día. Veámoslo punto por punto:

a) Se reseña el amplio uso del sistema de los qhanats o socavones por esas fechas y se les describe con mucha prolijidad. Su extensión y largo nos llama la atención. Media legua significa aproximadamente 2.8 km. de largo, lo que no es poco. Pensemos que solo podían ser construídos con pico y pala, pues pólvora no se podía emplear en esos terrenos tan blandos. Y no nos asombra demasiado, pues hasta el día de hoy, los piqueños construyen pozos en el subsuelo de Pica y Matilla, de hasta 30-40 m de profundidad, a mano, con sólo el uso de picotas y palas y recurriendo a primitivos sistemas de extracción con baldes y roldanas, de la arenisca del fondo.

b) Pero muchísimo más nos sorprende el dato de que por entonces muchos de esos socavones se estaban secando. "va [el agua] en tanta disminución..." Se señala que muchas haciendas han perdido por lo menos un tercio del agua que solían tener. ¿A qué atribuir esta merma considerable en los montos de agua en aquellas fechas?. Porque hoy día este hecho no nos sorprendería, pues hemos visto en Pica cómo se han ido abandonando no pocos campos de huertos frutales, por falta de agua en los últimos 15 años. Un ejemplo que conozco muy de cerca es el caso de la propiedad de don José Ugrinovic en el sector Comiña, cuyo antiquísimo socavón dejó de producir agua hace unos ocho o nueve años atrás, secando un hermoso huerto de limoneros. Sus troncos secos hoy languidecen a vista y paciencia de los turistas que circulan hacia Pica. La llamada "cocha de las Ánimas" en la localidad de Pica, alimentada por socavones, fue repentinamente secada por la masiva extracción de agua de varios pozos profundos, construidos en la parte alta del poblado. La masiva construcción de pozos para obtener agua de riego, en el área Pica-Matilla, ha motivado, en general, un fuerte descenso en el nivel freático de las napas. Se habla hoy de la existencia de más de 350 pozos en el área (sin contar los sondajes profundos de más de 100 m. de profundidad) y cada propietario construye los que le place en su terreno, sin regulación o control de ninguna especie por parte de la Comisión de Aguas. Este hecho, de no ser prontamente examinado y sujeto a control , va a provocar a corto plazo la muerte de numerosos huertos frutales, dando un golpe de gracia a la otrora pujante fama del "oasis de Pica".

c) se describe muy gráficamente ("en menudas gotas al modo de un sudor") el modo como aflora y destila el agua por las paredes y techo de los socavones, construidos en la arenisca de carbonatos [yesos] del subsuelo de la región. A lo que parece, todos los socavones del área han experimentado importantes mermas. Algunos se han secado. Nadie ha hecho un estudio serio, posterior al hecho por Brüggen sobre este tema. (Consulte: "El agua subterránea en la Pampa del Tamarugal y morfología general de Tarapacá", Revista Chilena de Historia y Geografía, 1936, tomo LXXX, Nº 88; ver también Brüggen, Fundamentos de la Geología de Chile, Instituto Geográfico Militar, 1959). En esta última obra,el geólogo alemán Brüggen calcula en 13 km la longitud de las galerías o socavones "abiertos por los españoles" (1950: 122).

Pero lo que nadie sabe a ciencia cierta es si la notable disminución observada recientemente (últimos 20 años), constituye un episodio parcial, propio de un fenómeno cíclico, en la alternancia de períodos secos y períodos más húmedos, o, por el contrario, ya se ha impuesto definitivamente un franco y definitivo desecamiento del área, como producto de la comprobada y sostenida disminución de la pluviosidad en el altiplano aledaño en los últimos 50 años, como lo comprueba la pluviometría de la zona.


domingo, 10 de agosto de 2008

Bente Bittmann: etnógrafa y arqueóloga del Norte Grande de Chile

Hemos querido rescatar del olvido algunas de las fotos tomadas por la arqueóloga danesa avecindada en Chile, Bente Bittmann, las que corresponden al período de 1980- 1985. Destacan como motivo sus excavaciones en Cobija y cercanías, fotos de actividades de tipo etnográfico como escenas de pesca y marisqueo en la caleta, viviendas precarias de pobladores, su ajuar típico, objetos rescatados de sus excavaciones. así como objetos recuperados del mar por los buzos locales y provenientes de antiguos naufragios. Muchos de estas tomas corresponden bien a su marcado interés por examinar el género de vida de esos pescadores y tienen un sello marcadamente etnográfico o etnológico.

Este rico material, en numerosas cajas, permanece hasta hoy en nuestro poder, a la espera de poder crear -como es nuestro más sentido anhelo- el "Centro de Documentación Bente Bittmann", en la ciudad de Iquique, en recuerdo de la gran investigadora danesa.

Entre esos valiosos materiales, quiero destacar la presencia de centenares de fotografías y films, en buena parte dedicados al período de su investigación y trabajo en Chile, en la caleta de Cobija. Pero también se encuentran no pocos de elementos que corresponden al período de su vida y trabajo en México y Brasil, como fotos y reproducciones de códices mexicanos, diseños y estudios de esa época.

El preciado depósito que tenemos nos muestra centenares de diapositivas, rollos y negativos fotográficos. Un día no lejano alguien se dará la titánica tarea de ordenar, sistematizar y catalogar este valioso legado. Por ahora, solo exhibimos un pequeño muestrario, correspondiente a un set de diapositivas suyas trasladadas a foto digital. El tiempo ha dejado inexorablemente sus huellas y las fotos no son perfectas, pero ilustran bien su franca preocupación ecológica o eco-antropológica. Pero también su inquietud histórica. Porque para ella la geografía y el paisaje, la flora y la fauna, la historia y la etnohistoria eran absolutamente inseparables de la interpretación arqueológica o etnográfica.

Las fotos que siguen son sólo una pequeña parte de los archivos personales de la arqueóloga danesa Bente Bittmann. Todas ellas proceden de sus trabajos arqueológicos y etnográficos en el área de Cobija, entre los años 1980 y 1992 y en su totalidad, fueron sacadas por ella misma.

En el mes de junio del año 2000, viajó a Chile su hermano Hans Bittmann y su esposa, para hacerse cargo de las cosas que su hermana había dejado en Chile, luego de su viaje definitivo a Dinamarca, donde le sorprendiera la muerte en el mes de Junio del año 1997. El departamento que Bente ocupara en Antofagasta en la calle Pezoa Véliz, cerca de los terrenos de la Universidad Católica del Norte, había quedado cerrado por dos años. Allí habían quedado todas las cosas que no quiso o no pudo en su momento llevar consigo a Dinamarca, cuando, ya seriamente enferma, debió viajar a su tierra, donde esperaba recuperar su salud ya muy quebrantada.

La visita de los Bittmann nos fue anunciada a Argimiro Aláez y a mí por el sacerdote holandés Johannes van Kessel, muy amigo de la familia. Viajamos, pues, juntos el día 15 de Junio del año 2000 desde Iquique a Antofagasta en la camioneta de Argimiro. Los Bittmann viajeron con el Padre Van Kessel en otro vehículo. El objetivo preciso del viaje era rescatar para el IECTA (Instituto para el Estudio de la Cultura y Tecnología Andina) y para la ciencia arqueológica, de entre las muchas cosas que dejara Bente, todo lo que tuviera un valor arqueológico o científico, y separar este material de sus cosas estrictamente privadas (ropa, enseres de casa, medicinas, elementos de campamento, etc.). El objetivo de los Bittmann era claro: regalar o donar todo lo que no tuviera un valor científico a instituciones de caridad, como en efecto se hizo, pues ellos querían poner de inmediato su departamento en venta. Nos tocó ver en esa ocasión los armarios repletos de su ropa y objetos de uso personal, así como muebles metálicos y cajas, llenos de documentación privada o científica.

Nos fue particularmente doloroso asistir a esta selección de materiales, tanto más cuanto que Hans, interpretando según él el deseo de su hermana, quería que toda la documentación personal contenida y conservada en los archivos de la arqueóloga, fuera destruída y quemada. Trabajo nos costó convencerlo de que muchos papeles privados tenían una gran importancia histórica, pues podrían servían un día para recomponer la trayectoria de la estadía de la arqueóloga en Chile, en el tiempo en que perteneció a la Universidad Católica del Norte y contribuyó a crear la primera Escuela de Arqueología en el Norte del país.

Gracias a nuestra insistencia, se logró salvar buena parte de dicha documentación, la que ahora se conserva entre los documentos del IECTA (recientemente trasladados desde la ciudad de Iquique a la sección de arqueología del Museo Arqueológico de la Universidad de Tarapacá, en San Miguel de Azapa (Arica). De esta suerte, todo lo que a nuestro juicio podía tener un valor científico o histórico, se pudo salvar. Conservo referencia a este viaje a Antofagasta en mi Diario de Campo, Vol. 66: p. 127.

Nos ha tocado en suerte conservar, además, en nuestro poder, varias cajas llenas de materiales arqueológicos y fotográficos, los que en la medida de lo posible hemos tratado de ordenar y sólo en parte, clasificar. El destino futuro de todos estos valiosos materiales (muchos centenares de fotografías y negativos fotográficos y cajas con materiales de arqueología histórica de Cobija y alrededores) , es pasar a formar parte de una Colección que con el rótulo de "Colección Bente Bittmann", será un día no lejano exhibida en el "Centro del Desierto de Atacama", de la Pontificia Universidad Católica de Chile, tan pronto tenga ésta una Oficina en la ciudad de Iquique.

Entre las cosas que, por el hecho de ser arqueólogo, se me permitió conservar
en mi poder, se encuentran cajas llenas de material fotográfico (diapositivas o negativos), libros y revistas conteniendo no pocos de sus trabajos, objetos arqueológicos e históricos procedentes de sus excavaciones en distintos lugares de la costa de Antofagasta, en especial Mejillones, Huáscar, Chacance, Cobija), su instrumental de trabajo en terreno, cámaras fotográficas, reglas, dispositivos de dibujo, etc.

Hemos seleccionado algunas fotografías suyas de Cobija, tomadas entre los años 1980-1986, que ayudan a ilustrar en parte sus trabajos arqueológicos y etnográficos realizados en la caleta de Cobija, con el apoyo entusiasta de los pescadores de la familia Pinto.

a) fotos de carácter arqueológico:

Foto 1. Se puede observar la excavación practicada en este lugar, de aproximadamente 2.0 m de profundidad. Arriba, en la parte superior, se observan grandes bolones de playa, que enmarcan la base de una vivienda primitiva. El árbol que se observa arriba a la distancia, es un algarrobo (Prosopis chilensis) que crece al lado de la antigua vertiente, donde antaño existían, al decir de Alcide D´Orbigny, hacia el año 1834, dos palmas vivas .



Foto 2. Pozo de sondeo de 2 m x 2 m. Excavación practicada en Noviembre 1981. Atrás, se observa bolones de playa en círculo, delatando la presencia de una antigua vivienda del período precerámico.


Foto 3. Aquí se encuentra, sobre la Terraza Nº 1, y al pie de un acantilado, una segunda aguada que aún hoy muestra escasa presencia de agua muy salina. La rodean plantas de carrizo o cañaveral (Phragmites communis), única planta capaz de resistir hoy la alta salinidad.

Foto 4. Extensión de la excavación arqueológica en la terraza Nº 2. Sitio precerámico o arcaico.

Foto 5. En la terraza Nº 2, excavación de una vivienda circular, rodeada de bolones de playa.


b) Fotos de carácter etnográfico:

Foto 6. Camión que recoge el huiro apilado y secado previamente por los pescadores y destinado al Japón. De esta alga (Lessonia nigrescens) se obtiene el valioso alginato, muy apetecido en el comercio internacional. El trabajo como "algueros" era parte de su faena tradicional como pescadores y buzos mariscadores, labor que hasta el día de hoy ejercitan en Cobija.


Foto 7. Precaria vivienda de mariscadores, adosada a los antiguos muros de adobe, destruídos por el maremoto y salida de mar de 1867.


Foto 8. Muros de adobe aún enhiestos de las antiguas construcciones en el pueblo de Cobija, totalmente destruído por el terremoto y salida de mar del año 1867.

Foto 9. Rústico fogón de un pescador mariscador actual, adosado a un muro antiguo de adobes de la caleta. Obsérvese las teteras al fuego, elemento infaltable en un hogar de pescadores actuales.


Foto 10. Viviendas precarias de mariscadores locales, cubiertas con plástico como protección contra el viento y humedad. Véase los indispensables tambores de 200 litros, contenedores de agua potable para su uso. Arriba, en el cielo, nubes blancas cuajadas de agua, que anuncian la llegada de la camanchaca a los cerros altos, sobre los 650 m. y que depositan humedad atmosférica en forma de gotitas, creando allí un oasis de niebla. Francis O ´Connor, ya en 1826, describe los pastizales de coirón (Stipa sp.) que esta neblina era capaz de crear en las partes más altas, a donde los indígenas acudían habitualmente a cazar el guanaco y donde los españoles conducían a pastar, por varios mees, a burros y mulas.

Foto 11 a y 11 b. Vasijas halladas por los pescadores de la familia Pinto al bucear antiguas embarcaciones españolas hundidas en la rada de Cobija. 11a. Un posible contenedor de aceite. 11b. A la izquierda, el mismo contenedor, visto de frente, dotado de amplia boca. Los otros dos contenedores son típicas botijas españolas del siglo XVIII, llamadas corrientemente "peruleras" en las que se transportaba el vino y el aceite. Estas tres vasijas fueron facilitadas en préstamo por los pescadores al Museo Regional de Tocopilla hacia 1986, para una Exposición en la ciudad, con el aval de Bente Bittmann, y posteriormente nunca fueron devueltas a sus dueños, quienes las reclaman hasta el día de hoy. Bente Bittmann lamentó siempre esta apropiación indebida de estos raros especímenes coloniales. Entre los papeles dejados por Bente en las cajas de fotografías, aparece este sencillo rótulo: "Cobija Col. 2 y 3: vasijas encontradas en el mar, Cobija"[sin fecha].

Foto 12. Muelle antiguo donde solía Bente Bittmann sentarse por horas, cubiertos los pies con una manta, a avizorar el horizonte y a reflexionar sobre sus hallazgos arqueológicos, según lo recuerdan hasta hoy los hermanos Pinto, sus compañeros pescadores  inseparables.


Foto 13. Los miembros de la familia Pinto desconchando mariscos (locos, lapas, erizos), tarea habitual de los mariscadores de la caleta. Preside el trabajo la madre de los hermanos Pinto, quien fuera la amiga y confidente de la arqueóloga Bente Bittmann.


Foto 14. Mobiliario de cocina del mariscador, en un recodo de un antiguo muro del pueblo aún en pie. Del antiguo poblado de la época boliviana, existen aùn muchos muros enhiestos, con señas evidentes de la antigua y terrible salida de mar. No se ha realizado aún aquí excavaciones arqueológicas de tipo histórico, destinadas a realzar la importancia de este Puerto para Bolivia en el siglo XIX.


Foto 15. Vista aérea obtenida de la península de Cobija. Se observa la mayor parte de las edificaciones de adobe que fueran totalmente asoladas en la salida de mar y maremoto del año 1876.

El mosaico de fotos que acabamos de presentar son solo una mínima parte de las tomadas por Bente Bittmann durante los años en que trabajó este lugar arqueológico, sitio de su preferencia. La arqueóloga solía venirse a la caleta por días y aún semanas, frecuentemente acompañada por sus alumnos de la carrera de arqueología de la Universidad del Norte. Había arreglado para su uso personal una casita de madera, muy cerca de la playa, que aún se conserva, donde mantenía los elementos indispensables para alojar.

Tenemos pensado incluir, dentro de poco, en este mismo capítulo de nuestro Blog, otras fotografías de la arqueóloga danesa, con el objeto de enriquecer nuestro conocimiento del modo de vida, preocupaciones científicas, actividades y quehacer de la investigadora, en su querida caleta de Cobija, donde halló -según ella misma decía - su segundo hogar y donde tuvo, entre los pescadores, a sus mejores amigos.

De este modo, al cumplirse el año 1998 los diez años de su partida (Junio, 1997), queremos saldar al menos en parte, una deuda de gratitud para con la gran arqueóloga del Norte de Chile, en nuestra opinión la persona que más certeramente supo relacionar habitat geográfico, recursos y cultura humana, demostrando poseer -según nosotros-,  un claro enfoque eco-antropológico, para su tiempo muy poco frecuente y ciertamente pionero en Chile.