jueves, 27 de septiembre de 2018

El inglés William Bollaert y la Isla de Pascua o Rapa Nui: referencias al secuestro de nativos conducidos a la fuerza a las guaneras del Perú.



Fig. 1.  Foto  original de Hans Helfritz de un moai semi-enterrado en las faldas del volcán Rano Raraku. (presentado en revista argentina "Histonium", Buenos Aires, Septiembre 1949, en artículo sobre Isla de Pascua).

El doloroso tema del secuestro o rapto  de isleños de Rapa Nui.

En un capítulo anterior, hace unos días atrás,  hemos presentado un artículo bastante desconocido sobre Isla de Pascua o Rapa Nui, publicado en la revista  de cultura argentina "Histonium" en el mes de septiembre del año 1949, hace casi setenta años. Dedicado a la fiesta nacional de Chile, contiene numerosos artículos sobre diversos aspectos de la historia y cultura chilenas  escritos por connotados  autores de la época. Entre ellos, destaca este artículo sobre la isla.

Hicimos mención allí a una referencia concreta del químico inglés William Bollaert  al secuestro de nativos de la isla, en la década del 1860, efectuado por navíos de bandera peruana. Estos isleños prisioneros, fueron conducidos como esclavos para trabajar en las guaneras peruanas  de las Islas Chinchas y en las haciendas azucareras del país. Secuestrados a la fuerza de su isla, fueron vendidos en el puerto del Callao a su arribo al continente.. Casi todos murieron  al poco tiempo, atacados por la fiebre amarilla o el cólera. Ahora cumplimos con nuestra promesa de dar a conocer la referencia exacta con  algunos comentarios nuestros.

Referencia del investigador inglés Willim Bollaert.

Relata con dolor este hecho el investigador inglés William Bollaert en una presentación que hizo en  la Sociedad Inglesa de Antropología (Londres) en el año 1863. Bollaert había hecho la denuncia de este delito ante el consulado inglés en Lima. Las correrías de navíos peruanos piratas por las islas de Oceanía en busca de mano de obra esclava, se extienden a lo menos entre los años 1860 y 1863. Ante los sucesivos reclamos de los Cónsules de Francia e Inglaterra, tal actividad esclavista termina pronto- tal como aquí lo señala Bollaert-, no sin antes haber logrado conducir forzados a las costas peruanas, cerca de 1.000 infortunados, la casi totalidad  de ellos procedentes  de Isla de Pascua o Rapa Nui. En el puerto del Callao donde eran puestos a la venta, los  raptores obtenían pingües ganancias ofreciéndolos como "trabajadores", de hecho, a la verdad,  "esclavos" modernos, capturados a viva fuerza en su isla natal.

Rememorando los viajes  de barcos negreros españoles y portugueses.

 Esta tenebrosa historia representa una tardía y fatídica reproducción de las "cacerías" efectuadas por  barcos negreros, particularmente portugueses, catalanes y españoles, a las costas orientales de Africa en los siglos XVI y XVII, para capturar esclavos, los que eran conducidos a América, la mayoría de ellos al puerto de Cartagena de Indias, en Colombia y vendidos allí a  buen  precio a  los hacendados del lugar. San Pedro Claver (1580-1654), misionero y santo jesuíta de la época,  fue uno de los pocos encargados de dar atención espiritual y material a los pobres esclavos, a su arribo a  Cartagena de Indias en condiciones misérrimas. Los Archivos de la Compañía de Jesús en Roma ofrecen abundante información sobre este doloroso y bochornoso episodio de la historia americana.  Pero, -aclaremos- era éste, por lo demás,  un procedimiento usual en esa época, (siglos XVI y XVII) en que la esclavitud era aceptada,  pero no, dos siglos después,  ya en pleno siglo XIX, cuando las  repúblicas americanas se habían independizado de España hacía ya tiempo. 

Quién fue William Bollaert, el acusador.

William Bollaert es hoy un personaje bastante bien conocido para los investigadores chilenos y peruanos que escriben sobre la Antropología, Arqueología, Geografía o Historia de la región de Tarapacá, en aquel tiempo en posesión del Perú. Hijo de un inmigrante holandés asentado en Londres, llegó  a Iquique  muy joven en el año 1825, como ensayista de metales (químico, diríamos hoy), y se instaló en la Mina de plata de Huantajaya, junto a la actual ciudad de Alto Hospìcio, cercana a Iquique. Desde allí recorre,  incansablemente, más por curiosidad intelectual que por encargo específico, toda la  región de Tarapacá, incluyendo los sectores altiplánicos más alejados,  y nos presenta, en sucesivos artículos científicos, la realidad geográfica, social y económica de la Provincia  que da a conocer ante el público científico europeo. Reside en la provincia por dos períodos, totalizando más de 25 años de permanencia en el área.

El mejor conocedor de Tarapacá en su tiempo.

 En el Perú de su época, Bollaert llega a ser, con toda  probabilidad, el más profundo conocedor de  la Provincia, la que describe prolijamente tanto desde el punto de vista de su geografía regional, como de su economía, demografía, antropología, historia, etnografía y aún folklore. Prácticamente nada escapa al ojo avizor de Bollaert, Y tanto el científico como el historiador  o el folklorólogo de hoy encuentra en sus numerosos trabajos, a cada paso,  gran cantidad de referencias a las costumbres, ceremonias y usos de los indígenas tarapaqueños de entonces. Los trabajos de Bollaert son hoy un inagotable venero de información de primera mano.

Referencias sobre William Bollaert.

Acerca de Bollaert y su actividad en Tarapacá puede consultarse al historiador  Oscar Bermúdez en su trabajo: "Esbozo biográfico de William Bollaert", en Revista  Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile, 1975, Vol. I, Nº 3-4,  313-318, Santiago.  Una  minuciosa descripción suya de la provincia de Tarapacá, puede verse, en traducción nuestra, en  la misma revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Universidad  Católica de Chile, 1975, tomo I,  Nº 3-4: 459-478; con cinco Láminas originales del autor. . De gran utilidad es, igualmente  consultar el reciente trabajo de Luis Castro, Carolina Figueroa et al., "William Bollaert y sus descripciones geográficas, cartográficas y antropológicas sobre la provincia de Tarapacá en la etapa de la formación republicana del Perú 1827-1854", en la revista  HISTOReLo (sic!), revista  de historia regional y local,  Vol. 9, Nº 18, 2017: 121-164, Colombia.

Observación  accidental al tema de los esclavos  secuestrados de Rapa Nui . 

La referencia de Bollaert a este tema del secuestro de nativos de Isla de Pascua, es de carácter meramente circunstancial. No se trata, pues, de un artículo completo dedicado a este tema como nosotros mismos lo pensamos inicialmente. De hecho, Bollaert jamás visitó la Isla de Pascua, y sus referencias a la isla (que gustosos ofrecemos ahora en este capítulo)  son fruto o de sus lecturas, o del conocimiento indirecto de los hechos a través de sus numerosos contactos en Lima y Callao. Pero sí conocía de cerca las condiciones de trabajo en las guaneras peruanas de las Islas Chincha, a donde serían destinados casi todos los cautivos polinésicos en 1862. Sobre éstas, había escrito ya una reseña  en el periódico inglés Illustrated Times, el 5 de Marzo de 1859.

¿Dónde aparece este tema en la obra de Bollaert?.

 Lo que Bollaert nos refiere sobre este particular ocurre cuando el  autor examina, en uno de sus mejores artículos científicos,  la población del Perú en la época de su propia permanencia allí (entre  1825 y 1870, aproximadamente). La primera referencia que hemos hallado, es un corto párrafo de un extenso artículo suyo de carácter demográfico titulado: "Observations on Past and Present Populations of the New World" y fue leído en una sesión de la Anthropological Society  of London el día 12 de Mayo de 1863. Aparece publicado en la revista Transactions  of the Anthropological Society of London, vol. I, 1863, pp. iii-x. Hoy tenemos la fortuna de poder leerlo cómodamente en Internet:    https://www.jstor.org/stable/30254123. 

Su texto en inglés:   

"Peru has 2,300,000 [inhabitants] including  240.000 whites, the greater portion  Indians, but with the introduction of the Negroes more than twenty three different varieties are well known and distinctly named. Chinese have been regularly  imported for years past as laboreurs. Some polynesians have also been kidnapped, but this traffic was soon stopped; the change of climate and food was fatal to ther latter"(paréntesis cuadrados y cursivas mías). 

En traducción castellana nuestra:

"Perú tiene 2.300.000 [habitantes] incluyendo a 240.000 blancos, la gran proporción [son] indígenas, pero con la introducción [al país] de los  Negros, más de 23 diferentes variedades [raciales, fruto del mestizaje] son bien conocidas y [son] nombradas en forma diferente. Los Chinos han sido regularmente importados en los años pasados en calidad de trabajadores. Algunos polinesios han sido igualmente secuestrados, pero este tráfico fue detenido pronto; el cambio de clima y alimentación fue fatal para estos últimos". (Cursivas y paréntesis cuadrados nuestros!).

Esta última frase, en cursivas nuestras, fue interpretada erróneamente por algún miembro de la  Sociedad de Antropología de Londres (seguramente por el secretario de redacción del Acta de la sesión anterior), y fue mal entendida como si se tratara de negros que habían sido secuestrados y llevados a la fuerza a Isla de Pascua, donde murieron. Este es el error que aquí Bollaert  quiere corregir en forma muy caballerosa,  indicando a qué se había referido él puntualmente. Y en este contexto, nos ofrece su breve, pero elocuente y casi desconocida referencia a los nativos de Isla de Pascua raptados y llevados por la fuerza a las costas peruanas.  

A continuación, anoto la referencia exacta de W. Bollaert en su texto original inglés, fotocopiada por mí en Stony Brook (USA), durante mis años de doctorado en Antropología (1984-86), pero aún  perfectamente legible  (subrayados míos):

Traducción nuestra  de este texto:

"Al Editor de la Anthropological Review:  Señor, en la página 186, en el  informe de la discusión ante la Anthropological Society se establece que el Sr. Bollaert había mencionado el caso de un número de Negros que habían sido secuestrados y conducidos a la Isla de Pascua [Eastern Island], donde rápidamente murieron por efecto de la disentería y  el sarampión. [Pero] lo que yo afirmé fue que un número de aborígenes (es decir,  polinésicos), habitantes de Isla de Pascua (entre los 75º 5´ y 75º 12´ de latitud sur y entre los 109º y 110º de longitud oeste), habían sido secuestrados y llevados al Perú, con la intención de convertirlos en peones. Ellos no pudieron o no quisieron ser enseñados para el trabajo. El indio generalmente  no es un individuo [apto para el] trabajo y  a consecuencia del cambio de clima y alimentación, muchos murieron de disentería y sarampión.Yo quisiera agregar que el secuestro de nativos desde algunas de las islas de la Polinesia ha sido  [efectivamente]  perpetrado  y ellos han sido  llevados al Perú como peones. Sin embargo, las autoridades nacionales [inglesas] y francesas en dichas áreas  pusieron fin  de inmediato a aquel  horrendo procedimiento, lo mismo que hizo el gobierno peruano". (A  continuación, sigue un largo párrafo, enteramente diferente, dedicado a examinar la presencia de sangre judía en Nueva Granada (Colombia), tema que aquí no viene al caso. Al término de esta cita, Bollaert apunta la fecha: Londres, 2 de Mayo de 1863, Firma W. Bollaert). (subrayado y paréntesis cuadrados nuestros).
  
La nota al pie de página señala: "nosotros hemos insertado [aquí] la nota del Sr. Bollaert, pero aprovechamos la oportunidad de señalar que no somos responsables, en modo alguno,  de los contenidos del Journal de la Sociedad, así como la Sociedad Antropológica  tampoco es responsable del contenido de la Revista. El  Editor".

Una cruda descripción de este secuestro de indígenas de Rapa Nui.

Alfred Métraux (1902-1963) es uno de los más prestigiosos etnólogos que han estudiado las culturas de Sudamérica. En los años 1934-35 dirigió una expedición francesa de estudio a  Isla de Pascua.  Es autor de muchas obras, pero en el tema que aquí nos atañe es autor de una valiosa obra sobre a Isla. (En francés  L´Ile de Paques, original de 1941; traducción castellana como:  La Isla de Pascua, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1950).

Sobre el tema que hoy nos preocupa, el rapto de nativos de la Isla, aporta este investigador la siguiente y sobrecogedora descripción:

"El miserable cargamento de carne humana [aludiendo a los 800 a 900 pascuenses capturados en Rapa Nui por barcos negreros del Callao que arriba a puerto el 12 de diciembre de 1862]  llegó
al Perú y fue inmediatamente vendido a las compañías que explotaban el guano. En pocos meses, la enfermedad, los malos tratos y la nostalgia redujeron a un centenar  los novecientos o mil indígenas capturados. Gracias a la intervención de Monseñor Tepano Jaussen [obispo católico de Tahiti],  el gobierno francés hizo presiones diplomáticas ante el Perú a las cuales se asocian los ingleses. Poco después, se dieron órdenes oficiales para que fuera repatriado el puñado de pascuenses que había sobrevivido a esos meses de trabajo forzado. Fueron puestos a bordo de un barco que debía  volverlos a su isla, pero la mayor parte murieron en el camino víctimas de la tuberculosis y de la viruela. Solamente quince nativos regresaron a la isla; su vuelta constituyó la más grande desdicha para los habitantes que habían quedado. Poco después de su retorno,  se declaró una epidemia de  viruela, cuyo germen había sido llevado por los cautivos y que convirtió a la isla de Pascua en un vasto cementerio".(1945:57-58;  paréntesis cuadrados nuestros).

Ese triste episodio es uno de los hechos más bochornosos y tristes ocurridos en la historia de la Isla, sometida posteriormente y por decenios a una intensa  explotación agrícola y ganadera por parte de concesionarios franceses que utilizaron a los pascuenses como mano de obra barata. El gobierno chileno hoy -al igual que el peruano- debería también hacer un  profundo y sentido "mea culpa" por la manera indigna con que abandonó en esos años, al pueblo rapanui, indefenso,  completamente sometido a concesionarios extranjeros despiadados. La misión católica a cargo de misioneros de la Congregación de los Sagrados Corazones (SSCC) se opuso tenazmente a tal trato ignominioso e hizo lo indecible por  proteger a los nativos de los abusos. Se llegó al extremo de retirar a un grupo de pascuenses a Tahiti  para salvarlos de las manos del concesionario francés M. Dutrou Bornier que los esclavizaba. Se desató así una verdadera contienda entre los misioneros y el concesionario.  Existe abundante información en los archivos de la Orden en Roma sobre esta admirable y sacrificada labor  de protección   de los pascuenses, labor de la que poco o nada se habla hoy, cuando la crítica a las Misiones y misioneros, está a la orden del día.

Consulta obligada sobres este tema  es por cierto  la obra del sacerdote capuchino alemán Sebastián  Englert (1888-1969)  "La Tierra de Hotu Matúa", [original 1948] que  fuera durante  más de 30 años misionero católico en la Isla. Es, lejos,  el trabajo más documentado y serio que se conoce sobre esta Isla y sus habitantes. Englert, llegado a la isla en 1935 después de trabajar con los mapuches del sur de Chile, llegó a dominar  tan a fondo la lengua pascuense que escribió un  diccionario de la misma (1938), y sus escritos  han  impresionado a los científicos por su  profundidad  y su riqueza de información. En 1955 fue consultor obligado de la expedición científica a la isla liderada por el noruego Thor Heyerdhal.

Otras referencias de W. Bollaert  sobre  Isla de Pascua.

Espigando entre sus escritos, hemos hallado  un par de referencias más, que atañen directamente a la Isla. La primera, dice relación con su poblamiento, y la segunda, hace referencia a sus principales monumentos, los Moais. He aquí los textos:

"Velasco [se trata del jesuíta Juan de Velasco] , the historian of Quito, and other writers of his time as well as some moderns, have supposed that Peru was peopled from the west, making Easter Island a stepping-stone [3]. This  is another fanciful idea, and the examination of the now delapidated stone (volcanic) idols of that island (not the work of the present race), will help but little this conjecture (1860: 23-24).

Traducción nuestra: "[el Padre Juan de] Velasco [S.J.] el historiador de Quito, y otros escritores  de su tiempo,  así como algunos otros modernos, han supuesto que Perú fue poblado desde el  occidente, poniendo  a Isla de  Pascua como un  escalón [intermedio de paso].  Esta es otra idea fantasiosa y el examen de los ídolos de piedra de la isla , hoy destruidos, (y que no son obra de la raza actual), poco ayudarían a sostener dicha conjetura". (1860: 23-24).

(Note 3 (de la cita anterior): El jesuita Juan de Velasco (1727-1792) fue autor de la obra "Historia del Reino de Quito en la América meridional", publicada en 1789).

El texto inglés de la segunda referencia a la isla, es éste:

"Eastern Island, 27º 05` S [and]  109º 46´ W.,  1500  miles from the nearest western island and 2000 from the coast of Peru. The people tatoo and paint. There are three platforms of stone work, in ruins, on each stood four statues, one fifteen feet high, first seen by Davis in 1686. Population said to be 6000 to 7000. These people pierced, but unlike the Peruvian orejon (sic!), some of the Mongols have their ears pierced and enlarged. [Jacob] Roggeveen  [escrito Rogweggen], 1722, in Dalrymple´s  Voyage, mentions the worship of the sun  in Eastern Island. One man there  with white pendants in his ears, white and round, size one´s fist, appeared to be a priest. See Delafield´s Origin of American Antiquities, 1839, Bradford, 429. Ellis Pol. Res. III, 325; IV, 101.(pg. 23).  (Adiciones en paréntesis cuadrados nuestros).

Nuestra traducción:

Isla de Pascua [situada a los] 27º 05` S   y  109º 46` W  a 1.500 millas  de la isla occidental más cercana,  y a 2.000 [millas] de la costa del Perú. Sus gentes se tatúan y  se pintan [el cuerpo]. Existen tres plataformas hechas de piedra, [hoy]  en ruinas,  y en cada una de ellas se alzaban cuatro estatuas, una de ellas de quince pies de altura, por primera vez  vistas por Davis en el año 1686.  Se dice que su población era  entre  6.000 y 7.000 [habitantes].  Esta gente se  agujereaba[las orejas]  pero a diferencia de los Orejones peruanos, algunos de los Mongoles usan sus orejas  horadadas y  agrandadas. Rogveggen  [sic por Roggeveen] en 1722 ( [cit. en] en el Viaje de Dalrymple), menciona [la existencia] del culto al sol en Isla de  Pascua; un hombre  que allí usaba  pendientes en sus orejas, muy blancos, blancos y redondos, del tamaño de un puño, parecía ser un sacerdote. (Vea El Origen de las Antigüedades Americanas de Delafield, 1839; Bradford, 429; Ellis, Pol. Res. III, 325; IV, 101". (Adiciones entre paréntesis cuadrados, nuestras).

Estas dos últimas referencias de Bollaert se encuentran insertas en una Nota de la pág. 23 (Note 3)  de su trabajo de  1860, seguramente su obra más conocida entre nosotros:   Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada, Ecuador, Peru and Chile, with Observations on the Pre-Incarial, Incarial and other Monuments of Peruvian Nations, London, Trübner and Co,  1860.

Comentario eco-antropológico.

1. Ya hemos señalado que Bollaert jamás pisó el suelo de Isla de Pascua. Sus referencias, en las notas precedentes, surgen, pues, necesariamente de sus lecturas y consultas. Ellas comprueban su gran interés por informarse detalladamente sobre el tema.

2.  William Bollaert, como  buen científico, quiere aclarar los términos de su  exposición ante la Sociedad de Antropología de Londres que habían sido casualmente tergiversados en la edición de la revista. 

3 . Da allí con precisión las coordenadas geográficas de isla de Pascua para entendimiento de los lectores del Journal. De donde deducimos que manejaba perfectamente bien los conocimientos geográficos de su época.

4.  Respecto a la teoría del poblamiento de América desde el oriente, a través del Pacífico (lo que hoy denominamos "contactos transpacíficos"), con escala en Isla de Pascua, Bollaert se manifiesta totalmente contrario y tilda a dicha hipótesis como "fantasiosa"  y sin base alguna.  El explorador noruego Thor Heyerdahl (1914-2002), sin embargo,  en su balsa Kon-Tiki construida de  totora (cañaveral) y madera de balsa por indígenas  peruanos del lago Titicaca,  logró  probar que desde el Perú (Callao) era posible viajar a la Oceanía, surcando todo el Pacífico. La Kon-Tiki arribó maltrecha, tras 101 días de viaje,  un 28 de Abril de l947,  a las islas Tuamotú. Con este homérico viaje,  se comprobó la posibilidad de efectuar viajes en balsas  desde América a Oceanía. Pero no al revés, como pretendiera el jesuíta Juan de  Velasco en la cita antes mencionada. El tema del poblamiento de América  a través del Pacífico  sur, es aún hoy tema de abierta  discusión  entre los científicos. Si Isla de Pascua fue abordada por inmigrantes polinésicos  hacia el siglo XII D.C. - como señalan hoy los arqueólogos- es perfectamente imaginable que lo fuese también la costa sudamericana, al igual que lo fue Hawaii en algún momento.  La arqueología del futuro nos develará, tal vez, algún día  este misterio. El tema intrigó poderosamente a Paul Rivet,   notable etnólogo francés,  quien  en su  bien conocida obra "Les origines de l`homme americain" (Gallimard, Paris, 1957) planteó la "teoría poliracial" del poblamiento de América: una de sus fuentes habría sido a  través del océano Pacífico en balsas, desde algunas islas de la Polinesia y Melanesia. Teoría que, después de la travesía de Heyerdahl, adquiere más y más fuerza.

5. Su frase: "el indio no es generalmente un individuo apto para el trabajo" nos resulta hoy  muy discutible y ciertamente no es aplicable al indígena de las culturas agrícolas sudamericanas. En el caso de los polinésicos, dotados de un clima ideal que favorece el rápido cultivo, la frase  resulta más comprensible, puesto que -tal como señalan algunos descriptores  de isla de Pascua-  el pascuense solía cultivar muy pocas especies de plantas y prefería dedicarse a la pesca y al marisqueo, tan abundante en su medio  costero. El isleño no fue precisamente un avezado agricultor como lo fuera el aymara o el quechua en el  Perú de su tiempo  y, además, disponía de escasas plantas alimenticias: el camote, el ñame y el taro, sus  únicos tubérculos comestibles antes de la introducción del maíz y el trigo y otras legumbres por los navegantes  europeos.  

6.  Bollaert parece horrorizarse ante el espectáculo del secuestro de los nativos de la isla, del que tiene noticias frescas, pues dichas correrías de naves peruanas por el Pacífico para procurarse esclavos para las Guaneras, ocurren exactamente durante su permanencia en el sur del Perú (Tarapacá). Titula el hecho de raptar y secuestrar indígenas para  esclavizarlos y llevarlos a las Guaneras como un "nefarious proceeding", un "procedimiento nefasto". Se apresura en señalar que tal tráfico humano había sido ya suspendido por reclamos de las autoridades europeas (Consulados de Francia e Inglaterra)  destacadas en Lima.y que habría durado afortunadamente muy poco tiempo (1860-62). Cabe preguntarse si las autoridades peruanas de su tiempo, al condenar el hecho, habrían castigado de alguna manera a los capitanes de  naves culpables. No lo sabemos. Probablemente, no hubo castigo alguno, a lo más, algunas  suaves "advertencias" a futuro.

7. Este negro capítulo del rapto de gran número de isleños, en pleno siglo XIX, para esclavizarlos y conducirlos a trabajos forzados en las guaneras peruanas de las islas Chincha, es uno de los más bochornosos y vergonzosos  incidentes en la historia de las relaciones entre  Oceanía y sus numerosas y dispersas  islas  del Pacífico y las potencias occidentales, incluidas las americanas.  Triste capítulo que esperamos no vuelva a repetirse -con tintes  y matices por cierto diferentes-  en el futuro de las relaciones entre Chile e Isla de Pascua. su "posesión"  insular. Máxime ahora cuando corren potentes "vientos de independencia" en la isla.



domingo, 23 de septiembre de 2018

La Isla de Pascua o Rapa Nui: artículo de archivo escrito hace casi 70 años.


En septiembre del año 1949 una prestigiosa revista de cultura argentina llamada "Histonium", publicó su número 124 (Año XI)  en Buenos Aires, dedicando el número casi en su totalidad a Chile y su historia cultural. Sentido homenaje rendido a nuestra nación con motivo de su Fiesta nacional.(18 de Septiembre). De este número, adquirido en 1985 por el suscrito en una "librería de viejos" en Santiago, quisiera rescatar y reproducir un artículo dedicado a Isla de Pascua, o Rapa Nui, nombre vernáculo con que sus habitantes la han conocido desde antaño. De esto hace ya casi 70 años.

Fig. 1.   portada de la Revista argentina "Histonium" de Septiembre 1949.

Fig. 2. Nómina de artículos presentados en este ejemplar de la Revista "Histonium" (Año XI Nº 124).

Quisiera este artículo ser un sentido homenaje a sus habitantes que hoy luchan denodadamente no solo por la conservación de su cultura ancestral, sino también por la protección de su medio ambiente insular. Alterado éste por un turismo sin control en los últimos decenios, el gobierno de Chile, actual ocupante de la isla desde el año 1888, fecha de su ocupación para Chile (¿anexión?) por el capitán Policarpo Toro, ha decidido a petición expresa de sus autoridades pascuenses, controlar el número y flujo tanto de residentes permanentes como de turistas y visitantes. El exceso de turistas había ya desbordado el frágil ecosistema pascuense, amenazando su supervivencia. Medida harto necesaria y urgente en un pequeñísimo ecosistema insular, extraordinariamente sensible, cuya flora y fauna endémica y suelos han sido sometidos a un estrés indebido y a un  turismo masivo no siempre respetuoso de sus venerandos tesoros arqueológicos. En el Parlamento chileno acaba de ser presentada una ley de la República que cambiará el nombre de Isla de Pascua (Eastern Island, para los ingleses) por el de Rapa Nui, venerable nombre autóctono. Se espera su aprobación. 

Este artículo, escrito en 1949 por un "géografo anónimo" (como se señala), nos permite formarnos una idea cabal del  conocimiento que, por esas fechas, se tenía de la isla, su cultura y sus habitantes. ¿Quién fue su autor?. No se dice en el texto. La certera caracterización geográfica de la isla y su historia geológica apunta -lo sospechamos-  a un conocido geógrafo contemporáneo, don  Humberto Fuenzalida Villegas  (fallecido en 1966), quien en esa época (y ya desde el año 1947) se desempeñaba como Director del Museo de Historia Natural de Santiago. Su estilo conciso y sus precisiones geográficas y geológicas, nos lo sugieren como autor de este artículo. ¿Por qué no quiso dar a conocer su nombre?. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la revista, tal como ella  lo señala expresamente, buscó entre los expertos e investigadores chilenos de la época a los mejores exponentes  para  mostrar los diversos aspectos de la historia y cultura chilenas. En dicha época, en el rubro de la geografía de Chile, había al parecer dos nombres accesibles entre los grandes: el de don Carlos Keller y el de Humberto Fuenzalida V.  El primero, ya estaba en el listado de autores. Por tal razón,  nos inclinamos a pensar  que el autor de este artículo fue don Humberto Fuenzalida Villegas.

El artículo  hace una concisa descripción geográfica de la isla, y en el aspecto cultural de la isla,  intenta darnos luces sobre  el oscuro y controvertido significado y sentido  de sus famosas tablillas de madera inscritas, conocidas en su lengua como Kohau  rongo rongo  ("gran mensaje en madera"). Entre los muchos intentos por descifrar el significado de los glifos de dichas tablillas, el autor  parecería adherir a la reciente teoría  del  húngaro Vilmos (Guillaume de) Hevesy  (publicación de 1932) quien afirmaba que sus símbolos o glifos mostraban una gran semejanza con la escritura jeroglífica de la civilización de Mohenjo-daro (Valle del río Indo,  Harappa, Punjab),  del segundo milenio antes de Cristo. En consecuencia, estos glifos serían para dicho autor una forma primitiva de escritura y estarían relacionados con esta antigua cultura de la India. Esta teoría, expresada en el año  1932 tuvo en su tiempo muchas seguidores. Actualmente, se la considera totalmente descartada principalmente por la  inmensa distancia cronológica que separa ambas culturas: más de 2.200 años. En efecto, Mohenjo-daro data  del segundo milenio antes de Cristo mientras que los inicios de la cultura pascuense se han establecido hoy, con bastante seguridad, merced a las pruebas por C14, hacia el año 1200 D.C. En ningún caso antes. Además, la enorme distancia geográfica de ambas culturas hace muy difícil por no decir imposible su contacto por mar en aquella tan temprana época. No existe hoy -al menos todavía-  el menor indicio de una propagación  de las culturas de la India hacia las islas del Pacífico. Era, por consiguiente, obvio que el autor del artículo que presentamos  adhiriera a esta hipótesis, por entonces en boga.

  Las hipótesis emitidas por diversos investigadores sobre el sentido y contenido de los glifos de las tablillas Rongo rongo han sido muy variadas: desde un instrumento de navegación para guiarse por las estrellas, hasta una  expresión de ritos de iniciación sexual para jovencitas pascuenses.  Más de 25 expertos internacionales, entre lingüistas, etnógrafos e ingenieros, han tratado de descifrar su contenido, pero sin el menor  éxito hasta el presente. Tarea aún pendiente par los investigadores del futuro. Se sospecha, en todo caso, que  más bien se trataría de una colección de  apuntes, conceptos o ideas, a manera de un ayuda-memoria, para  permitir y apoyar su recitación en ciertas ceremonias familiares. Una especie de qhipu  pascuense, formado por símbolos inscritos en la madera en vez de nudos y colores. Pero no una escritura propiamente tal. Mucho menos de una escritura alfabética. Al no existir en nuestro caso una "Piedra Rosetta" que permitiera cotejar un relato hecho en varias lenguas, desprendiendo, por comparación, el significado de la lengua desconocida,  no nos queda más remedio que seguir investigando.

Sabemos por el temprano relato del misionero católico Eugène  Eyraud,  de la Orden de los Sagrados Corazones (SSCC), que  estas tablillas se hallaban presentes en todas las casas de los pascuenses, en la época de su llegada a la isla (en carta a su obispo fechada en diciembre de 1864).  Siendo esto así, debemos suponer que ellas eran algo muy importante para sus habitantes y, además, de obligado uso común. Absurdo sería suponer que eran meros objetos de decoración o adorno en sus viviendas Sin duda alguna, tenían para ellos una función práctica, tal vez ritual ¿Cuál?  No lo sabemos hoy.  Si hemos de creer a Eyraud no eran, por lo tanto,  objetos tan solo poseídos y empleados en sus rituales por  los sabios o shamanes de la tribu. Todas las familias las poseían. ¿Cómo  pudo entonces llegar a perderse totalmente entre los habitantes de Rapa Nui el recuerdo de su verdadero sentido y significado? Hasta hoy es éste un enigma no resuelto y, al parecer, de muy difícil solución.

 Algunos atribuyen el hecho, con bastante razón, al despiadado secuestro y rapto de numerosos habitantes efectuado por barcos peruanos entre 1860-1963, período durante el cual varios centenares de nativos fueron conducidos a la fuerza, en calidad de esclavos, a trabajar en las explotaciones del guano en la Islas Chinchas en la costa peruana frente a Lima. Tal vez entre éstos se hallaban los expertos en su interpretación  De éstos deportados,  gracias a las reclamaciones de  Gran Bretaña y Francia, a través de sus cónsules en Lima,  unos pocos sobrevivientes, apenas alrededor de una docena, lograron ser repatriados de regreso, infectando con ello, casualmente, a los habitantes de la isla de la fiebre amarilla que habían contraído, sin saberlo,  en el continente americano. El resultado fue una verdadera catástrofe demográfica. La población de la isla  descendió así a sus  niveles mínimos. Se calcula que más de 1.000 isleños, la mayor parte  varones, habrían sido así secuestrados para ser empleados como esclavos. En 1877 de la primitiva población insular que los antropólogos calculan estimativamente en unas 3.000-3.500 personas, se contaban apenas 111 isleños. No pocos habían sido llevados por los misioneros católicos a Tahiti, para sustraerlos a la crueldad del francés Dutrou  Bornier quien tenía el derecho de explotación de la isla  por concesión del gobierno chileno. Para ello, la había poblado de ganado vacuno y lanar. Otros (no menos de 150 isleños) habían sido llevados antes de 1870 a las islas Gambier por el señor  Brander en calidad de obreros para sus plantaciones de azúcar, tal como lo señala Stephen Chauvet en su obra "Isla de Pascua" editada en 1945.

Del secuestro de gran número de naturales de Rapa Nui en repetidas expediciones por flotillas de barcos peruanos en la década del sesenta del siglo XIX, da cuenta el investigador inglés y químico industrial William Bollaert, en una breve pero casi desconocida referencia publicada en la revista científica "Anthropological Review" de Londres con el nombre de "Remarks on the kidnapping  of Natives of Eastern Island". Este cita contemporánea constituye una prueba irrefutable de tal tráfico horrendo, y procede de la pluma de  un personaje confiable que vivió largos años en el sur peruano y escribió numerosos trabajos de índole química, histórica y antropológica sobre el sur del Perú de entonces, especialmente sobre la provincia de  Tarapacá. Lo daremos a conocer, Dios mediante,  en los próximos días en otro capítulo de nuestro Blog.

 Bollaert fue un colaborador asiduo de varias revistas científicas inglesas de la época,  en las que iba dando cuenta de sus investigaciones y hallazgos. A él más que a nadie en el Perú de entonces, debemos numerosas contribuciones científicas de gran calidad, tanto en el rubro  industrial del  salitre, del boro y de la plata como  en el campo antropológico. Posteriormente, varios otros autores han dado cuenta pormenorizada del hecho, como Stephen Chauvet en su obra "La Isla de Pascua y sus misterios" (1ª edición castellana 1945, Imprenta Zig-zag, Santiago de Chile). Por su antigüedad,  merecen sin embargo destacarse especialmente aquí los artículos sobre Isla de Pascua, recopilados por Ignacio L. Silva A. (Editor), en su obra "Isla de Pascua" (Santiago de Chile, Imprenta Litografía y Encuadernación Barcelona, 1903: 161 páginas). Contiene esta obra los Informes de Ignacio L. Gana, Julien Viaud (Pierre Lotti) y J. R. Ballesteros,  quienes visitaron  en su momento la isla y se documentaron in situ  al respecto.

Damos a conocer, en los párrafos que siguen,  el mentado artículo sobre Isla de Pascua en septiembre de 1949  en su versión original fotostática.

Texto del artículo de  1949.
Fig. 3.  Primera pagina.

                                         
Fig. 4. Segunda página.  Vista de una de las tablillas Rongo rongo. Esculturas de Moais enterradas en las laderas del cráter del volcán Rano Raraku. Gran parte de las estatuas  aquí mostradas  yace  enterrada bajo tierra.

Fig. 4. Tercera página.  Comparación de los glifos de las tablillas Rongo rongo con caracteres de la escritura de Mohenjo-daro (según la teoría del investigador húngaro  Vilmos de Hevesy). En la imagen que sigue  (Fig. 5), se  muestra la parte final del artículo cuya página no se pudo fotocopiar en una sola imagen. Por tanto, su texto es continuación de las columnas de esta  Fig. 4.

      Fig. 5. Sección  final del artículo de la revista Histonium.

Colofón.

Este pequeño trabajo nuestro está dedicado con especial afecto al pueblo  rapanui  en la persona de  nuestro conocido y amigo, el sabio Alberto Hotus Chávez,  con quien departíamos a fines de la década del ochenta para intentar formar el partido político PTI -Partido de la Tierra e Identidad- que imaginábamos podría aglutinar un día a todos los grupos indígenas de Chile. A él,  que está por cumplir sus noventa años de edad (nacido en 1929) nuestro respeto, nuestro aprecio y nuestra gratitud por sus sabias enseñanzas. Pedimos con fe al Altísimo que las generaciones jóvenes de la isla aprendan a valorizar su herencia y su legado así como sus legítimas aspiraciones en pro de la prosperidad futura y progreso del pueblo Rapa Nui. 

Comentario antropológico.

1. Si bien este artículo  no contiene elementos  nuevos, desconocidos de la cultura Rapa Nui, resulta de interés para apreciar qué aspectos de la cultura de su  historia  eran los favoritos  a mediados del siglo XX, hace casi setenta años. 

2. El artículo constituye una buena síntesis de lo que por entonces se conocía de la historia cultural de la isla de Pascua. 

3. Hoy, este trabajo nos parecería algo pobre, dada la gran cantidad de información posterior  que ha surgido de los descubrimientos arqueológicos y bio-antropológicos realizados en la isla.

4. Es muy lamentable que de las 15 tablillas originales Rongo rongo que existen en diversos museos de mundo, máxime en Europa, ninguna se halle hoy en la isla. Al menos, debería exigirse a los países que orgullosamente hoy las exhiben  en sus museos, que  entreguen a la isla una copia fidedigna de sus tablillas y reimiros. Para los habitantes pascuenses representan un tesoro incalculable  tan venerable como las propias esculturas de sus Moais en piedra.

5. Es de esperar que futuras indagaciones de carácter lingüístico y antropológico arrojen luces sobre el verdadero contenido de las tablillas Rongo rongo que eran conservadas en todas las  viviendas rapanui. 

6.  Si sus sabios llamados Tangata manu en idioma rapanui, al parecer desaparecieron en la  época del  despojo por parte de las naves peruanas que los condujeron a las guaneras de las Islas Chincha,(entre  1860-63), existe la posibilidad de que en éstas o en las haciendas azucareras  de los valles cercanos a Lima  haya quedado algún indicio  de la cultura Rapa Nui que ellos portaban con tanto orgullo. 

7.  Ojalá se realice nuevos estudios históricos de esta penosa y dolorosa deportación masiva de isleños a las guaneras peruanas en la década del 1860, tema que, al parecer,  ha quedado lamentablemente en la penumbra.  A la hermana república del Perú cabe la responsabilidad de  hacer un día un vigoroso  "mea culpa" por este brutal y vergonzoso crimen de sus compatriotas de antaño. 

7. Por último felicitamos sinceramente a las autoridades tanto chilenas como isleñas por la iniciativa actual de controlar y restringir el poblamiento de la isla, y, en particular,  aquellas medidas tendientes a proteger la propiedad de la isla  que históricamente pertenece solamente a sus habitantes ancestrales: los Rapa Nui. Según la constante tradición pascuense, la isla jamás fue vendida u obsequiada al gobierno de Chile a quien solo se pidió su protección.