viernes, 25 de octubre de 2019

Aportes eco-antropológicos del Capitán Luis Pomar en su expedición a la costa arreica de Antofagasta en el año 1885: Flora, fauna y actividades de sus habitantes originarios, los Changos.


Fig. 1. En esta antigua fotografía nuestra se observa dos estructuras de piedra de forma semi-circular  en un conchal arqueológico en las proximidades de la aguada de Cerro Moreno, N. de Antofagasta. ( expedición con personal de la Universidad del Norte).  Creemos que a este tipo de estructuras, muy  abundantes en la zona costera de Bahía Errázuriz y Caleta Abtao (hoy Juan López), hace referencia explícita el relato del capitán Luis Pomar en su recorrido costero del año 1885. (Foto H. Larrain  de diciembre 1964). 

Fig. 2.  Portada del trabajo del capitán Luis Pomar dedicado al estudio geográfico y cartográfico de la costa de Antofagasta, 1887. (Ver bibliografía).

Introducción.

Presentamos aquí una seguidilla de textos tomados directamente del relato circunstanciado del capitán chileno Luis Pomar, referido a la zona costera entre Antofagasta y la desembocadura del río Loa  (frontera sur de Tarapacá). Creemos hallar en ellos una valiosa información de carácter ecológico cultural, que  nos permite comprender mucho mejor  el modo de habitar esta costa desértica por parte de los pescadores costeros denominados "changos" y su relación con el medio ambiente costero.

La tarea confiada al capitán Pomar.

Teniendo como base de apoyo la cañonera "Pilcomayo",  el capitán de navío don Luis Pomar de  Armada de Chile, recibe la comisión de investigar, describir y cartografiar la costa  de Tarapacá y Antofagasta, entre el puerto de Antofagasta y la desembocadura del río Loa. El estudio dura varios meses: a partir de enero de 1885. Las operaciones militares de la  Guerra del Pacífico habían ya terminado con la ocupación de Lima por las tropas chilenas. El gobierno de Chile necesita una descripción fina y minuciosa de la zona costera del territorio recién ocupado.

Desconfiando la autoridad de la exactitud de los planos existentes, como el mismo nos señala: "debía trabajar como si no existiese ningún estudio sobre ella".  La tarea ahora confiada a esta comisión era  realizar el "estudio y levantamiento de toda la costa", en el sector arriba indicado. Levantar nuevos planos y más exactos de la costa, fijar con exactitud las coordenadas y características de los accidentes geográficos costeros más importantes,  investigar la existencia y calidad de recursos de agua,  fauna y vegetación, describir las caletas, puertos y lugares de posible recalada y sus posibilidades de fondeadero, eran parte esencial de este ambicioso plan. Pero también, realizar colectas  de flora y fauna para estudios de historia natural, tarea ésta última que fue confiada al médico del barco, Dr. Federico Delfín.

Datos de interés eco-antropológico.

En la realización de tales tareas,  el capitán  Pomar, además de cumplir fielmente su cometido geográfico y cartográfico,  nos ofrece en su relato numerosas referencias de tipo ecológico-cultural que queremos recoger y analizar aquí en detalle. Porque el autor en su estudio ciertamente va bastante más allá de lo solicitado por la autoridad naval, y nos entrega datos inéditos sobre aspectos de la costa de especial significación para el poblamiento humano antiguo  y reciente. De este modo, afloran aquí noticias que de otro modo habrían quedado ignoradas. Uno de estos aspectos, y muy importante, es el del detallado registro de la toponimia costera local. El contacto asiduo con pescadores y pirquineros de la costa -tal como el mismo lo consigna- le suministra una valiosa colección de nombres de lugares vernáculos que el despoblamiento ulterior ha ido paulatinamente borrando. Sobre este tema, versará  nuestro próximo capítulo (en preparación).
  La zona de estudio (entre la rada de Antofagasta y la desembocadura del río Loa)  es, desde el punto de vista  ecológico y etnográfico, de alto interés. Porque es una zona  de la costa  no solo extremadamente seca y totalmente arreica (es decir, ningún curso de aguas  atraviesa este territorio para  desembocar en el mar), sino muy poco conocida y de muy escasa y móvil población de pescadores. En este respecto, es de enorme interés  el detallado recuento de las aguadas costeras  y su forma de utilización por el hombre. Y, por fin, nos revela particularidades acerca de la fauna y de la escasa vegetación costera, elementos valiosos para favorecer la presencia humana en esta costa.

¿Quiénes son estos primitivos habitantes de la costa?.

 ¿Quiénes fueron, en opinión de Pomar, los primitivos habitantes de la zona?.  En los párrafos que siguen, procuraremos  rastrear  y seleccionar en el relato de Pomar todos aquellos antecedentes que nos permitan acercarnos a una respuesta. Dejar en evidencia  y especificar el tipo y características del ecosistema reinante,  su flora y fauna costera y sus recursos de agua  nos facilitará  el entender mejor la forma de poblamiento y las expresiones culturales de los antiguos pescadores-recolectores marinos en esta costa desértica. Partiremos por  el clima observable en la costa para terminar en sus referencias sobre sus primitivos habitantes.

Condiciones climáticas singulares de esta costa  según Pomar.

"El  fenómeno de las lluvias ha sido por mucho tiempo puesto en duda. Se creía que no llovía en el litoral de Antofagasta; mas no es así, pues eso ocurre dos o tres veces al año, pero con corta duración. Las lloviznas son más frecuentes y adquieren a veces tal intensidad que que empapan la tierra de una manera bien marcada, dando vida a la escasa vegetación de la comarca. Las espesas nieblas arrastradas que se llaman camanchacas en la comarca, son propias de le altiplanicie de desierto; pero suelen alcanzar también la costa. En el interior son tan espesas  que desgaritan a los más espertos vaqueanos i son causa de funestas desgracias en el desierto. La camanchaca, suele alcanzar,  al descender a la costa hasta 3 y  5 millas afuera; pero  es allí de corta duración i se estingue a medida que el sol asciende sobre el horizonte. La humedad de la costa es muy marcada, notándose que oxida los metales de una manera rápida y perniciosa  cuando hai descuido. Los vientos reinantes son los del SSO al SSE que prevalecen la mayor parte del año. Son siempre bonancibles i sus jiros muy uniformes. Cuando se acercan al Este, lo que ocurre durante la  noche, se llaman terrales i suelen ser de bastante intensidad; pero, durante el día  cuando jiran hacia el Oeste, se llaman virazones". (Pomar, 1887:36; énfasis nuestro).

La presencia de aguadas costeras.

Parte importante de su misión era reportar la presencia y calidad de sus aguadas.  En su relato de 63 páginas, detecta la existencia de numerosas aguadas (La Chimba, Morro Moreno, Panizos Blancos, Quebrada del Leoncito, Punta Chungungo, Quebrada de la Higuera, Caleta Alala, Punta Agua Dulce, Mamilla), cuya calidad  y montos de agua  señala con precisión. La aguada de Morro Moreno, una de las más importantes en esta costa  árida,   queda descrita del modo siguiente:

"La aguada  se halla en la costa y dentro de una caverna del cerro, de seis a siete metros de boca  por diez de profundidad. Es  un tanto salobre y produce en 24 horas cosa de 3500 litros de agua, que se recoge por [medio de] un tubo de fierro; durante los meses de mayo y junio se seca casi del todo, según la versión de los pescadores i mineros que la esplotan. El lugar del agua es accesible por tierra; pero por mar solo lo es en ocasiones de mansedumbre, entre las rocas". (Pomar, 1887:41).

Poco antes, en el mismo relato de Pomar, se consignan bastantes más detalles, de gran interés sobre esta aguada; entre los aspectos de interés ecológico, se  hace referencia explícita a la caza del guanaco en esta zona de la costa por parte de los pescadores.

"Esta aguada es solo accesible por mar i con buen tiempo y por un pequeño desembarcadero entre piedras. El agua destila dentro de una caverna de forma irregular cuya boca tiene de seis a siete metros de alto por 5 de ancho.  Su cavidad se interna como 10 a 12 metros: la base se halla a la altura de las más altas mareas, pero asciende suavemente hacia el interior, para terminar en un oscuro y estrecho rincón. El agua filtra por todas partes y se reúne en un pequeño pozo artificial, donde existe un tubo de fierro que presta facilidad para colectarla. Según los datos comunicados por el teniente Valenzuela, que fue comisionado para el reconocimiento de la aguada de Moreno i ver si podía contarse con ella para las comisiones que venían por tierra, se sabe que después de varios esperimentos, la aguada puede producir  unos 3500 litros en 24 horas, sin tomar en cuenta los derrames y filtraciones. 
El lugar de la aguada se reconoce por unas pircas de piedra negra, visibles a larga distancia, que sirven de abrigo a los viajeros que recorren la costa i van en busca de agua. La gruta también se distingue desde el mar por aparecer su boca como una mancha oscura.
El agua de Moreno es un tanto salobre, pero es de mejor calidad la que destila del cielo de la gruta; ésta es visitada por los pescadores de la costa, que aprovechan también su tiempo en la caza de guanacos, que suelen bajar de las altas cumbres del Monte Moreno. Mas tarde fuimos participados por los cazadores con carne de ese rumiante. Por fin se aposentan en la gruta, gran número de aves de mar que buscan un abrigo durante la noche." (1887:14; énfasis nuestro)).

La variedad de pesca en estas costas.

"La pesca es abundante en la caleta Abtao, consistiendo en lisas, cabrillas, blanquillos, corvinas, corvinillas, sargos, lenguados, dorados, bonitos i otros, notándose la vieja, que anda a pares i no en cardúmenes como los demás. Hay también cangrejos, picos, erizos de mar y algunos caracoles".(Pomar, 1887: 14).

"Al presente la caleta Constitución se halla completamente desolada, no obstante la importancia de las minas de la comarca vecina  al monte Moreno. Su vida es hoi, pues, transitoria, sirviendo solo de asiento a los pescadores de la costa, que hallan  en ella abundante pesca, de peces y mariscos, pues en sus playas se encuentran con profusión erizos y choros, estos últimos tan buenos i grandes como los afamados que en otro tiempo existían en la isla Quiriquina". (Pomar, 1887: 20).

La presencia de vegetación.

" La caleta Chimba, solo tiene importancia para los pescadores i se halla del todo desolada. A 3 kilómetros al oriente  i en una profunda quebrada se halla una escasa vertiente salobre. La  quebrada ofrece alguna vejetación y hai abundante leña de  copado  [sic!], como ya se ha manifestado anteriormente".  (Pomar, 1887:39).
Este autor se refiere aquí a la presencia del cactus columnar Eulynia  iquiquensis, cuyo fruto llamado  "copao" es bien conocido de los pescadores de la costa (Sobre la vegetación que aquí surge con motivo del fenómeno de "E Niño", vea Fig. 2  y bibliografía final)..

En nota al pie de la pagina  11 se extiende sobre  este "copado" [copao] como sigue:

"El copado debe ser el Cereus peruvianus, quisco o cactus, mui abundante en algunas rejiones de la serranía de la costa de Antofagasta. Es de tallo derecho grueso, de color verde oscuro, ramoso i de flores de un purpúreo sucio  i de 25 cm de largo.  El copado se eleva recto hasta seis metros y más  y su corazón ofrece madera excelente para la construcción de cabañas, confección de tablas, etc.  Se utiliza también para hacer corrales para el ganado i es asimismo el combustible más abundante  i un gran recurso para los viajeros. Los asnos i las mulas lo comen  cuando tierno, mediante el tino que tienen para tender las espinas". (Pomar, 1887: 11).

Fig. 3.  Ejemplar de unos 6 m de altura del cactus columnar Eulychnia iquiquensis, situado  a los  800 m.  de altitud  en el cerro Tarapacá.  A esta especie alude aquí Pomar al nombrarlo como "copado" [en realidad, "copao"]. Esta cactácea es endémica de la costa norte  chilena desde el sur de la ciudad de Arica hasta aproximadamente la latitud de Chañaral. Hoy especie vulnerable. (Foto H. Larrain, agosto 1995).

 Fig. 4.   Quebrada de la Chimba. Floración   tupida de Nolanáceas  en los bordes de la quebrada.

 Fig. 5.  Vista al interior de  la quebrada.  (Foto H. Larrain, 1997).
 Fig. 6.  Gran cantidad de ejemplares de Nolana elegans cubrieron  por completo grandes sectores de la quebrada de La Chimba en esta masiva floración del año 1997.
Fig. 7.  Sector del área de ingreso a la quebrada. Aspecto que ofrecía la floración  en la primavera del año 1997.

Algunos antecedentes sobre la fauna terrestre observada.

Además de los guanacos, cuya presencia reseña en las alturas de Morro Moreno (pág. 14), nos indica -para sorpresa nuestra- la presencia del cóndor  en la costa:

"Durante los reconocimientos anteriores se consiguió  matar algunos lobos  marinos de los muchos que existen en las rocas del puerto; los desollamos en tierra...Esta caza  nos valió en la mañana siguiente una visita de numerosos buitres y  jotes, de los que amaneció poblada la caleta, habiendo podido el doctor Delfín cazar una hembra de los primeros, cuya piel preparó para  la colección de historia natural de que estaba encargado". (Pomar, 1887:23; énfasis nuestro).

Comentario  nuestro:  Pomar distingue aquí cuidadosamente entre jotes (Cathartes aura) y buitres  o cóndores (Vultur gryphus).  Muy rara vez  se puede ver al cóndor en la actualidad en esta  costa, pero hay referencias varias a su abundancia en tiempos anteriores, El cóndor rehuye la presencia humana. El jote, en cambio,  es muy abundante, convive con el hombre  y se alimenta de toda clase de desperdicios y despojos cárneos arrojados por el mar.

Observación de tortugas marinas camino a Iquique.

"Continuando el viaje el día 8, en completa calma, hallé  el mar abundante en  hermosos galápagos, de los cuales se cogieron algunos ejemplares...". (8 de Mayo de 1885; Pomar, 1887: 33).

Comentario nuestro: tal vez se trate aquí de un sector próximo a la caleta Chipana  (Norte del río Loa) donde existía hasta hace poco tiempo un sitio de postura de esta especie de tortuga  (Chelonia midas?), anualmente visitado por esta especie (información entregada al suscrito por el  biólogo marino  Walter Sielfeld, de la Universidad Arturo Prat de Iquique al suscrito, Julio 2008).

Referencia a la presencia de chinchillas.

"Hay en este asiento (mina próxima a la caleta de Chacaya), [una] aguada de regular calidad, combustible i escasos recursos  para el viajero terrestre. Entre los cerros i la costa,  abundan las chinchillas". (Pomar, 1887: 48).

Comentario nuestro: al referirse a la presencia de "combustible", sin duda quiere indicar la presencia de algunas especies de arbustos o hierbas (como Ephedra andina o Atriplex atacamensis) y cactáceas (como Eulychnia iquiquensis) que pudieran ser especialmente aptas para encender fuego. Nos sorprende en particular la referencia del autor a la presencia de chinchilla (Chinchilla lanigera, Mol.), mamífero de largo tiempo ya extinguido en dicha costa.

Rastros visibles de antiguos habitantes.

En varios pasajes de su estudio, Luis Pomar hace alusión a los restos visibles de antiguos pobladores de la costa. He aquí su testimonio:

"Las huacas o sepulturas de los antiguos aboríjenes de estas comarca, que existan en la isla Santa María, señaladas por pequeños círculos de piedras, se han estinguido en el día por completo, no habiéndonos sido posible  encontrar ninguna, en varias escavaciones que se hicieron al efecto...". (Pomar, 1887, 20-21).

Comentario nuestro:

De acuerdo a nuestra propia experiencia personal tanto en caleta Abtao  (hoy balneario  Juan López)  como en Bahía Errázuriz, en mis visitas efectuadas en los años 1963 y 1964, las mentadas "sepulturas" señaladas con un círculo de piedras en círculo, no serían otra cosa que las sencillas bases de sus habitaciones (que eran recubiertas por cueros de lobos marinos), y ciertamente no eran sus sepulturas. (Vea Fig. 1 de este capítulo). Nosotros lo pudimos comprobar en la ocasión por la presencia muy frecuente de utensilios de molienda (piedras planas con rastros de substancias colorantes en rojo y amarillo), útiles de pesca (anzuelos)  y trozos de cerámica (Ver nuestro capítulo alusivo: "Cerro Moreno: expedición arqueológica efectuada en diciembre del año 1964"  en  este mismo blog, con fecha 12 de septiembre 2008). Por lo que se ve, estos  "arqueólogos aficionados" de la  época, buscadores de  tesoros, hicieron sin pretenderlo, grave daño  a la ciencia arqueológica, al excavar y destruir estas pretendidas "sepulturas". Otros, en cambio,  como  el  médico alemán Otto Aichel que recorre esta misma zona  a fines  de la década de 1920, reúne numerosos cráneos y objetos rescatados por él de sepulturas  de pescadores, elementos que por fortuna depositará en el Museo de Kiel, en Alemania, donde hoy pueden ser estudiados. No hemos sabido de ningún arqueólogo que haya estudiado concienzudamente esos materiales culturales, pero consta que allí se encuentran hoy -seguramente muy bien cuidados-  a la espera de su análisis.

Antiguos atracaderos para pescadores.

"...la costa  que media entre el río Loa a Punta Arenas, que abraza una estensión como de trece millas, es un tanto abrigada, pudiendo reconocerla un buque a tres o cuatro cables de distancia. En este trayecto se encuentran pequeños atracaderos más o menos continjentes para botes, que los pescadores llaman ucos" (Pomar, 1887: 22; énfasis nuestro).

El propio Pomar, en nota al pie de página, nos da una explicación lingüística acerca de estos atracaderos:

"Uco es un pequeño atracadero donde puede bordar un bote con más o menos dificultad para comunicar con tierra i guarecerse. Viene del vocablo quichua ucco, que significa hondo, o de huco, húmedo, dentro. Es bastante usado en el litoral de Antofagasta i Tarapacá". (Pomar, 1887:22, nota 1

Comentario nuestro:

Sin duda alguna, estos "ucos"  fueron antaño muy utilizados por las balsas de cueros de lobos marinos de los pescadores changos. Resulta interesante rastrear, desde un punto de vista lingüístico,  el origen y significado de este término. ¿Es de origen quechua o será, tal vez, una voz del idioma de los changos?.

Mención explícita de los changos.

"Punta i Caleta Blanca....[situada  en las coordenadas  22º  08`  S, según Luis Riso Patrón]. Al N.E, se abre una  pequeña concha llamada caleta Blanca, es de poca importancia;  i solo la frecuentan de tarde en tarde algunos buques metaleros...Al presente solo existen en caleta Blanca algunos pescadores pertenecientes a esa raza de aborígenes llamados changos". (Pomar, 1887: 56, énfasis nuestro).

"Las crónicas no hacen mención  de quiénes fueron los fundadores de Tocopilla; pero se sabe que su asiento estaba ocupado  desde tiempo inmemorial por indios changos bolivianos; mas solo alcanzó  alguna importancia en los comienzos de este siglo con la introducción de algunos mineros chilenos que hicieron conocer el valor de los veneros cobrizos. Más tarde, algunos mineros ingleses se radicaron allí  i dieron forma industrial a la labor minera." (Pomar, 1887:59; énfasis nuestro).

"El tramo de costa que media entre Duendes  i punta Paquica  es más o menos recto, escarpado i un tanto sucio.  Por su medianía, se abre la quebrada de Mamilla, alta, poco pronunciada i en la cual se encuentra una buena aguada  a más de 100 metros de elevacion i alguna vegetacion arborescente, resaltando los algarrobos, pimientos  i algunas plantas trepadoras que se perciben dese el mar. Mamilla es, pues, un pequeño oasis en esta parte del litoral. En la bocana de esta quebrada  hai un mediocre desembarcadero que sirvió en tiempos pasados cuando no tenían otra aguada que la suya de donde proveerse los mineros primitivos changos de Tocopilla". (Pomar, 1887:60; énfasis  nuestro).

Comentario nuestro:  estas tres citas son las únicas en que se nombra explícitamente a los changos en el relato de Pomar. De ellas podemos deducir que, en su época,  algunos de estos changos se dedicaban todavía a las labores de pesca, mientras otros, ya más aculturados (?), se habían contratado como mineros en los  ricos veneros de cobre de la zona. Fuera del oasis de niebla de Cerro Moreno y su aguada, la zona de Mamilla, aquí referida, es tal vez la más interesante desde el punto de vista arqueológico en este extenso segmento de la costa desértica,  por la variada vegetación allí existente hasta el día de hoy, provocada por efecto de las camanchacas costeras. Estimo que se deberían realizar excavaciones arqueológicas en este lugar, tan  promisorio desde el ángulo ecológico y florístico. Solían los arqueólogos atribuir a los españoles la explotación de las minas en la costa del desierto. Pero recientes hallazgos  en los sitios San Ramón  y Los Bronces, al sur de Taltal y en otros lugares, nos permiten hoy comprobar que  la minería prehispánica del cobre era ya una realidad  mucho antes de la conquista Inca y española. (Cf. Salazar et al, 2010, en bibliografía adjunta).

Bibliografía  sucinta.

Aichel, Otto: 1932. "Ergebnisse einer Forschungsreise nach Chile-Bolivien", Zeitschrift für  Morphologie und Anthropologie,  Band 31: 1-166.

Caminantes del Desierto,  2016. "Plan de manejo de La Chimba". (Internet, con numerosas fotografías de la flora local).

Larrain, Horacio: 1986.  "Destrucción del medio natural en la quebrada de La Chimba, Antofagasta", Gaceta de los Investigadores del Medio Ambiente", Antofagasta, Nº 23,  4 p.

Larrain, Horacio, 2008, "Cerro Moreno: nuestra expedición arqueológica en diciembre 1964", en blog  personal https://eco-antropologia.blogspot.com, de fecha 12de septiembre, 2008.

Larrain, Horacio, 2015, "Insólita floración en la quebrada de La Chimba,  Antofagasta",  Capítulo en el Blog personal (en Internet): https:eco-antropologia.blogspot.com, 11 de septiembre 2015. Con fotografías gentilmente aportadas por el grupo ecológico "Caminantes del Desierto", de la ciudad de Antofagasta.

Larrain, Horacio, 2017. "Investigaciones arqueológicas en la costa de Antofagasta: sector La Chimba. Expedición Francesa del año 1902". Capítulo en blog personal https:eco-antropologia.blogspot.com  de fecha  3 de Marzo 2017.

Pomar, Luis,  1887, "Esploracion hidrográfica entre la Rada de Antofagasta i la desembocadura del río Loa", Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, Año XII, 3-63.

Salazar, Diego, Castro Victoria  et al., 2010, "Minería y metalurgia en la costa arreica del Norte de Chile"  Revista del Museo de Arte Precolombino, Santiago de Chile, vol. 15, 9-23.

Salgado, Mabel, 1966, "Estudio preliminar de la florula de la quebrada de La Chimba (Antofagasta)", Memoria para optar al título de Bióloga en la Universidad de Chile, Sede Antofagasta. (Boletín de la Universidad de Chile, sede Antofagasta).


jueves, 10 de octubre de 2019

El relato del químico inglés William Bollaert en 1851 sobre la costa de Tarapacá: sus aportes sobre el ecosistema costero y sus antiguos pobladores los changos.


Fig. 1.   Copia del título del artículo de William Bollaert sobre la geografía de Tarapacá. Fue publicado en el  Journal of the Royal Geographical Society of London, en 1851.       

Sobre las actividades de este incansable y erudito inglés en Tarapacá hemos escrito en otro lugar, en este mismo Blog. Nacido en 1807, llega muy joven  aún al Perú  en 1825 y es destinado a Iquique en 1826 -según el mismo lo relata-  donde fue contratado en las cercanas minas Huantajaya  como "ensayista de metales", algo así como un químico laboratorista de nuestros días. Junto con su amigo el minero inglés George Smith, fue comisionado, a pesar de su juventud  por el Mariscal Castilla, gobernante del Perú de la época, para recorrer concienzudamente la región con el objeto de entregar a las autoridades antecedentes de tipo mineralógico, geográfico, físico y geológico de esta región, por entonces muy poco conocida. Junto a sus aportes de interés propiamente minero, Bollaert, hombre de mente curiosa  y un verdadero "naturalista" innato, nos regala multitud de observaciones de tipo etnográfico, arqueológico y aún paleontológico como resultado de sus frecuentes viajes  de estudio.

¿Quién era este personaje?.

Sobre este notable personaje y su biografía, puede consultarse con mucho fruto el artículo:  "Biographical Sketch of Mr. W. Bollaert", aparecido en  el Journal of the Anthropological Institute (London), vol. VI, May 1877: 511-513.  Un gran estudioso en Chile de este personaje, el historiador chileno Oscar Bermúdez Miral, publicó en la Revista Norte Grande (Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile), 1975: Vol I, Nº 3-4, 313-318, un artículo con el mismo título: "Esbozo biográfico de William Bollaert", utilizando en gran parte las fuentes británicas. Nosotros mismos hemos publicado en el mismo número de la  revista de geografía "Norte Grande", una traducción, con notas, de su famosa "Descripción de la Provincia de Tarapacá", obra de considerable gran valor geográfico y antropológico.  (Ibid.  1975: 459-479).

Bollaert fue autor de numerosos trabajos que publicó en diversas revistas inglesas de la época, particularmente en  el citado Journal of the Anthropological Institute de Londres, entre los años  1830 y 1870 (por lo menos). Fallece en Inglaterra en 1876,  agobiado por sus frecuentes enfermedades (probablemente había contraído la malaria en el Perú)  y serias dificultades económicas.

Fig.2. A esta especie de cactus, exactamente, se refiere William Bollaert en su detallada descripción. (Vea más abajo).  Este viejo ejemplar, seguramente pluricentenario, del cactus Eulychnia iquiquensis, fue avistado por nosotros hacia los 800 de altitud en el cerro Tarapacá, muy cerca y al sur de la ciudad de Iquique.  Aunque maltrecho, el ejemplar está vivo tiene unos 6 m. de altura y muestra  pequeño brotes recientes. Aquí, se alimenta casi únicamente de la humedad de la camanchaca costera  y de esporádicas lluvias. (Recuerdo de nuestra penosa ascensión al cerro Tarapacá desde Punta Gruesa con alumnos de la Escuela de Educación de la Universidad Arturo Prat de Iquique  el día 10 de septiembre, 1995).  En este mismo  paraje, en un amplio circuito,  apenas restan 2-4 ejemplares de esta especie, que antaño fuera intensamente buscado como combustible por las poblaciones aborígenes. Es muy raro ver hoy, ejemplares jóvenes de esta especie, la que por desgracia ya no se reproduce in situ. Los ejemplares que aquí y acullá pueden observarse todavía en la comarca costera, pertenecen a una época mucho más húmeda,  y nacieron seguramente hace al menos 200-300 años.

Fig. 2.  Un descanso en la ruta de ascenso utilizando una antigua paskana de antigua factura. En dicha ocasión  hallamos signos de antigua presencia indígena en la forma de varias pequeñas cuentas de collar, hechas en malaquita. Signos inequívocos del trabajo de talla de este material por antiguos indígenas, hallamos en dicha ocasión hacia los 900 m. de altitud.

 Fig. 3. El autor de este blog junto a la alumna de Educación Intercultural Noly Reyes Berna, atacameña, descansando al abrigo de un antiguo refugio o paskana, en plena subida.

Referencias al ecosistema costero.

La obra principal de  William. Bollaert:  "Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada Perú and Chile, with Observations on the  Pre-incarial, Incarial and Other Monuments of Peruvian  Nations", publicada en Londres  en 1860 por  Trübner and Co., es bien conocida en  nuestro medio antropológico. Nosotros la hemos analizado  en diversas ocasiones y medios.  No es éste el caso de este artículo del mismo autor, muy poco citado,  que aquí analizaremos, editado casi diez años antes, y  que encierra -como veremos-  valiosos antecedentes muy poco conocidos.
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Hemos hurgado, así,  en su artículo titulado: "Observations on the Geography of Southern Peru, including  Survey of the Province Tarapaca, and Route to Chile by the coast of the Atacama Desert" (Journal of the Royal Geographical Society of London, 1851, vol. 21, 99-129). Allí  hemos espigado y logrado reunir algunas referencias que, aunque breves, nos parecen de gran importancia para  el estudio del ecosistema costero de Tarapacá, su flora y sus habitantes pescadores-recolectores changos. La temprana fecha de las observaciones de este autor en Tarapacá, a partir de 1826,  cuando la explotación del salitre en la comarca se hallaba aún en la etapa temprana de las salitreras llamadas "de Paradas", es para nosotros de especial interés.  Casi desconocido en nuestro medio antropológico, este artículo de Bollaert es uno de los más extensos de su rica y abundante bibliografía.

No pretendemos aquí hacer una traducción completa del trabajo (bastante extenso), sino tan solo presentar  aquellos aspectos que aquí  nos interesan  especialmente, y que quedan señalados en el título de este capítulo. Presentamos las citas textuales, traducidas por nosotros directamente del inglés. Más abajo, acotaremos nuestros comentarios de corte eco-antropológico. Incluimos algunas imágenes nuestras, que ayudarán a  ilustrar alguno de los tópicos reseñados por el autor.

Sobre el valor de sus observaciones en la región:

"Una residencia de algunos años  en el Bajo Peru, en la provincia de Tarapaca [sic!], comenzando en 1826, durante lo cuales yo estuve  empeñado en operaciones mineras en las celebradas minas de plata de Guantajaya,  me ofreció la oportunidad de estudiar la geografía física, etc., de esta pequeña pero  poco frecuentada porción del Sur del Peru". (1851: 99-100).

Sobre las neblinas o camanchacas:

"En invierno, es decir desde Mayo a Julio,  los vientos soplan desde el N. y el aire está cargado de mucho vapor (garua) [sic! en español] cubriendo las cimas de las montañas de la costa donde algún cactus ocasional y unas pocas plantas de bulbo [bulbous plants] aparecen. Este período del año es conocido  como Tiempo de Flores  [sic! en español] cuando igualmente  unos pocos guanacos pueden ser vistos  vagando [roaming] entre esos elevados manchones de flores del desierto [about these elevated flower-spots...]. (1851:100).


 Fig. 4.  Un ejemplo reciente del "desierto florido" en Tarapacá, provocado por un episodio  del Fenómeno de "El Niño". Así lucían las lomas bajas, hacia los 220 m de altitud  s.n.m, en la zona de laderas frente al sector costero llamado Palo Buque, levemente al N. de caleta Los Verdes, a unos 20 km al Sur de Iquique. Predominan  aquí los ejemplares de plantas de Nolana,  Zephyra y Leucocoryne  (Expedición  nuestra a la zona el día 20 de septiembre 2014). Un recolector avezado pudo perfectamente aquí colectar centenares de bulbos en un par de horas de trabajo. Aunque pequeños, son comestibles, y sazonados con sal y aceite o vinagre, tienen excelente sabor, tal como lo pudimos apreciar personalmente.   Este soberbio espectáculo, que se repite tan solo con ocasión de potentes eventos del "Fenómeno del Niño",  que se presentan cada 7, 10 y aún 15 años en nuestra costa norte desértica, debió ser referido a  Bollaert por testigos durante sus tres años de estadía en Iquique, pero de su relato resulta evidente que él mismo no fue testigo presencial del hecho, el que habría causado en él una profunda impresión y habría quedado sin duda reflejado en su relato.

Fig.  5.  Ejemplar en flor de  Fortunatia biflora  (Ruiz et Pav.) Mc. Bride, planta de bulbo de la familia  de las Liliáceas, abundante en este mismo ecosistema. Los bulbos de esta especie se hallan a escasa profundidad (5-8 cm). (foto H. Larrain, septiembre  2014). Hemos podido observar al zorro chilla  (Lycalopex griseus domeykoanus) en esta costa desértica, rascando la tierra y extrayendo hábilmente sus bulbos para comerlos.

Clima.

"Como raramente llueve en estas latitudes,  y no existe allí vegetación,  la superficie del país  ha permanecido y permanecerá así por siglos, en el mismo estado, salvo que sea perturbada por temblores u otros eventos volcánicos".  (1851:100).

Terremotos y erupciones volcánicas.

"Arequipa ha sido frecuentemente visitada por temblores [earthquakes]; aquellos ocurridos en los años 1582, 1604, 1660, 1667, 1715, 1725, 1784, pueden ser señalados en forma particular por sus ruinosos efectos. Los terribles temblores [incluye aquí en paréntesis, la palabra "terremotos", en español] que han conmovido casi la totalidad del Perú tuvieron lugar  en 1687 y 1746..."  (siguen en el texto valiosas referencias a erupciones volcánicas seguidas de temblores (1851: 101).

Escasa vegetación costera.

"Las montañas de la costa de Arica a Islay, al igual que aquellas situadas  hacia el norte,  no poseen la elevación de aquellas ubicadas al sur de Arica ni se hallan tan bien definidas.  Se componen  de  areniscas [sandstone] y rocas porfiríticas y presentan una suficiente elevación como para recibir  humedad de la espesa niebla (garua) en los meses invernales, lo que da vida a  algunos cactus, un poco de pasto [pasture]  y algunas flores en las lomas o cimas."  (1851:102).

Descripción de Iquique y su comarca inmediata: composición de su población.

Después de ofrecernos pruebas de su explicación geológica sobre el levantamiento de esta costa [gradual upheaving] en tiempos no tan antiguos, agrega:

"La Provincia de Tarapaca ...se divide en cuatro Curatos, a saber: Tarapaca, Pica, Sibaya y Camiña, con una población mezclada de alrededor de 11.000 almas, y consiste en descendientes de Españoles, Españoles, e Indígenas y unos pocos negros, siendo la mayor proporción los Indios cuya lengua es el Aymará. Los indios que poseen tierras deben pagar un  tributo anual o impuesto de alrededor de una libra esterlina; otros indios sin tierras, pagan 16 chelines y la población blanca 12 chelines; estos últimos pagan  un impuesto a la propiedad. El ingreso anual de la provincia  es inferior a  las 3.000 libras esterlinas". " (1851: 104).

El sustento de la población de Iquique.

"No hay [aquí] leña, ni agua o vegetación; la mayor parte  del agua es traída  desde Pisagua, situada a 45 millas hacia el Norte, y es por lo general salobre; las provisiones provienen del interior y de Chile. Su población se emplea en el carguío de nitrato de soda [salitre] y en la pesca, particularmente del congrio, (de la familia del conger): existen otras pocas especies de peces los que con  los bivalvos [mussels], limpets [?] y sea-eggs [?] y unas pocas especies de jaibas [crabs] es el el único alimento accesible. El sitio es sano y no existen las fiebres intermitentes [ague]. Durante mis tres años de permanencia en Iquique yo solo pude ver una vez una débil llovizna, apenas suficiente para cubrir el polvo...." (1851: ibid.). [Nota, he preferido mantener el nombre  de algunas especies en su orginal inglés, al dudar acerca de su mejor traducción exacta].

Alusión  a las balsas de cueros de lobos marinos.

"Iquique es la única aldea situada en la costa de la provincia; los otros lugares señalados en las cartas son apenas unos promontorios, playas, islas, etc., que son visitadas por los pescadores  desde Iquique en busca del congrio, lobos marinos, o focas en sus balsas [sic! en español] , ingeniosamente construidas de la piel de foca [seal skins] o flotadores [floats], inflados con aire. Durante su estadía en tales lugares ellos viven en cavernas  [caves] o en chozas [cabins]  miserables  construidas de  costillas de ballenas y cubiertas con pieles de focas y subsisten  con agua, maíz  y pescado que cogen con ayuda de estas balsas.  Un viejo pescador al ser preguntado  cómo se entretenía él cuando no estaba en su trabajo, contestó:  "Por qué?. Yo fumo y como yo he consumido 40 papelillos de cigarro al día por espacio de los últimos 50 años, habiéndome costado cada uno un real, ¿tendría Ud. a amabilidad de calcular cuántos cigarrillos he fumado y cuánto he gastado en tabaco?.  La respuesta fue 730.000 papelillos de cigarro con un valor de 470 libras esterlinas!. Y éste era un pobre pescador." (1851: 106).

Notas nuestras de corte eco-antropológico.

1.  Bollaert en ningún momento  denomina  "changos" a los pescadores de los alrededores de Iquique cuyas embarcaciones  hechas de cuero de lobos marinos inflados, le llamaron la atención  y las describe con precisión. ¿Por qué?. Es probable que la razón no sea otra sino el haberlos considerado - como la mayoría de la población residente en la costa- como representantes genuinos de la población trabajadora pobre del puerto; es decir, sencillos pescadores. A pesar de señalar claramente sus características culturales propias, perceptibles en su modo de vida, alimentación, transhumancia costera y forma característica de sus viviendas, para él no son solo otra cosa que pescadores pobres. No les asigna, tampoco, lengua propia alguna, como lo hace, en cambio, explícitamente  con los aymaras. Porque con certeza por entonces ya solo hablaban  un castellano mezclado con algunas expresiones muy  propias de la jerga pescadora. ¡Si es que ellos, históricamente alguna vez, llegaron a poseer una lengua propia en esta región!.

2. El texto sugiere que  estos grupos de pescadores vivían en las proximidades del puerto de Iquique. ¿Dónde, precisamente?. Nos inclinamos a creer que fuera en lo que hoy es la península de Bajo Molle, lugar donde existe hasta hoy una mala aguada,  bastante salobre, que brota de una pequeña caverna a escasa distancia del mar. En el año 1972 tuvimos  la oportunidad, de reconocerla, ingresando a ella en la bajamar por el sector que queda al frente de la antigua ballenera. No lejos de aquí, en  la península de Cavancha,  parecen haber sobrevivido algunos descendientes que hasta hoy  retienen allí  derechos de pesca, recalada y administran  locales de venta de pescado y productos del mar.

3. La superficie de la península de Bajo Molle -hoy edificada en gran parte por un complejo urbanístico de propiedad de la Minera Cerro Colorado  y  una instalación de  recreo de la Armada de Chile- estaba totalmente  vacía en los años 1971-72, fecha de nuestra permanencia en Iquique a cargo del Museo Regional de la ciudad. Muchas veces recorrimos esta planicie a pie, observando la presencia de numerosos trozos de  cerámica, fragmentos textiles y artefactos líticos de los pescadores. En una ocasión -lo recuerdo bien- hallamos un fragmento de  cuero de lobo marino  (de unos 25 cm de largo) mostrando los agujeros y  la forma típica de  costura con tendones, empleada para coser los flotadores de la balsa de cueros de lobos marinos.  Es bastante probable que fuera aquí donde Bollaert pudo observar dichas balsas y sus tripulantes, en la pequeña ensenada protegida, en el extremo sur de la península. Existe hasta hoy en este lugar una exigua playa pedregosa, de cantos rodados, donde  fácilmente pudieron aparcar sus curiosas embarcaciones, resguardándolas del oleaje.

4.  La escasa y esporádica vegetación típica de esta parte de la costa desértica queda bien ejemplificada  por Bollaert por la presencia del gran cactus  Eulychnia iquiquesis (Schumann Britton et Rouse) y de especies de  plantas de  bulbo (Liliáceas)pertenecientes a los géneros Leucocoryne, Zephyra y Fortunatia. Estas especies de bulbo hasta hoy aparecen profusamente en los cerros  al sur de Iquique con motivo de los eventos lluviosos de El Niño, en algunos lugares privilegiados  desde los 250 m de altitud hacia arriba, hasta los 750,  800  o 900 m de altitud s.n.m.  (Vea Figs.  4 y 5).

5. Tal cosa ocurrió - y fuimos testigos presenciales de ello- en los años 1997, 2002 y 2014-2015, período de nuestras investigaciones sobre la camanchaca costera en el paraje denominado Alto Patache.   Este fenómeno ha sido llamado con sobrada razón como "el desierto florido" de Tarapacá. El texto de Bollaert ya recoge esta versión  al nombrarlo  expresamente como "tiempo de flores". Que esta floración de los cerros con presencia de flores azules, blancas o amarillas,  se haya verificado antaño también en la zona detrás de la actual Zofri (Zona Franca Industrial de Iquique), en la llamada quebrada de Huantaca, es evidente por el testimonio acorde  de antiguos iquiqueños. Sin embargo, en los últimos episodios intensos de lluvia en el área, no se registró, que sepamos,  aparición de plantas en  las laderas de cerros de la quebrada de Huantaca. Es muy probable que el tráfico humano a pie, sumamente intenso en esa zona por la proximidad de las poblaciones y la presencia de chozas de vagabundos que hoy pueblan la ladera,  haya definitivamente destruido para siempre ese tan frágil y delicado ecosistema.

 6. A este respecto, aportamos el testimonio de la iquiqueña, Sra. Cristina Delgado Mardorf,  nacida en el año 1929, quien comentó al autor de esta nota que siendo ella niña y con otros niños iban a recoger flores a los cerros cercanos, regresando a casa  con atados de ellas, de diversos colores. (testimonio recogido en su casa en Iquique, en agosto 2017). Lo mismo nos había confirmado muchos años antes, su esposo,  Jorge Checura Jeria  -mi compañero de labores en el Museo Regional de Iquique-  en el año 1993, cuando regresé a Iquique  tras 21 años de ausencia. 

7.  La presencia de estos cercanos "campos de flores", aunque de tan corta existencia, fue sin duda  un apoyo a la dieta alimenticia de los pescadores, consistente primariamente en productos del mar (peces,  mariscos  y algas). Los envoltorios de los bulbos  (cormos) de las citadas Liliáceas aparecen, de hecho, frecuentemente en los entierros y en los pisos de sus viviendas, tal como lo han comprobado con frecuencia los arqueólogos en yacimientos de esta costa.  Sospechamos fundadamente que no solo consumían sus bulbos vivos, sino también  sus hojas y flores.

8.  El crítico estado actual de supervivencia de la cactácea Eulychnia iquiquensis (Schumann, Britton et Rose), en esta costa puede apreciarse muy bien en el artículo de la botánica Raquel Pinto: "Estado de conservación de Eulychnia iquiquensis (Schumann), Britton et Rose (Cactaceae) en el extremo norte de Chile", publicado Gayana Botanica, 64 (1), 2007: 98-109.

9. Este artículo, por fin, pretende ser un pequeño aporte al conocimiento histórico de los grupos indígenas conocidos como changos y cuyos descendientes buscan hoy un reconocimiento étnico oficial.