jueves, 10 de octubre de 2019

El químico inglés William Bollaert (1851) en las costas de Tarapacá: sus aportes sobre el ecosistema costero y sus antiguos pobladores los changos.


Fig. 1.   Copia del título del artículo de William Bollaert sobre la geografía de Tarapacá. Fue publicado en el  Journal of the Royal Geographical Society of London, en 1851.       

Sobre las actividades de este incansable y erudito inglés en Tarapacá hemos escrito en otro lugar, en este mismo Blog. Llegado muy joven  al Perú  en 1825 (nace en 1807) es destinado a Iquique en 1826 -según el mismo lo relata-  donde fue contratado en las cercanas minas Huantajaya  como "ensayista de metales", algo así como un químico laboratorista de nuestros días. Junto con su amigo el minero George Smith, fue comisionado, a pesar de su juventud  por el Mariscal Castilla, gobernante del Perú de la época, para recorrer concienzudamente la región con el objeto de entregar a las autoridades antecedentes de tipo mineralógico, geográfico, físico y geológico de esta región, por entonces muy poco conocida. Junto a sus aportes de interés propiamente minero, Bollaert, hombre de mente curiosa  y un verdadero "naturalista" innato, nos regala multitud de observaciones de tipo etnográfico, arqueológico y aún paleontológico como resultado de sus frecuentes viajes  de estudio.

¿Quién era este personaje?.

Sobre este notable personaje y su biografía, puede consultarse con mucho fruto el artículo:  "Biographical Sketch of Mr. W. Bollaert", aparecido en  el Journal of the Anthropological Institute (London), vol. VI, May 1877: 511-513.  Un gran estudioso en Chile de este personaje, el historiador chileno Oscar Bermúdez Miral, publicó en la Revista Norte Grande (Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile), 1975: Vol I, Nº 3-4, 313-318, un artículo con el mismo título: "Esbozo biográfico de William Bollaert", utilizando en gran porte las fuentes británicas. Nosotros mismos hemos publicado en el mismo número de la  revista de geografía "Norte Grande", una traducción, con notas, de su famosa "Descripción de la Provincia de Tarapacá", obra de considerable gran valor geográfico y antropológico.  (Ibid.  1975: 459-479).

Bollaert fue autor de numerosos trabajos que publicó en diversas revistas inglesas de la época, particularmente en  el citado Journal of the Anthropological Institute de Londres, entre los años  1830 y 1870 (por lo menos). Fallece en Inglaterra en 1876,  agobiado por sus frecuentes enfermedades (probablemente había contraído la malaria en el Perú)  y serias dificultades económicas.

Fig.2. A esta especie de cactus, exactamente, se refiere William Bollaert en su detallada descripción. (Vea más abajo).  Este viejo ejemplar, seguramente pluricentenario, del cactus Eulychnia iquiquensis, fue avistado por nosotros hacia los 800 de altitud en el cerro Tarapacá, muy cerca y al sur de la ciudad de Iquique.  Aunque maltrecho, el ejemplar está vivo tiene unos 4 m. de altura y muestra  pequeño brotes recientes. Aquí se alimenta únicamente de la humedad de la camanchaca costera. Recuerdo de nuestra penosa ascensión al cerro Tarapacá desde Punta Gruesa con alumnos de la Escuela de Educación de la Universidad Arturo Prat de Iquique  (10 de septiembre, 1995).  En este mismo  paraje, en un amplio circuito,  apenas restan 2-4 ejemplares de esta especie, intensamente buscado antaño como combustible por las poblaciones aborígenes. No se ven hoy, en parte alguna, ejemplares jóvenes de esta especie, la que por desgracia ya no se reproduce in situ. Los ejemplares que aquí y acullá pueden observarse todavía en la comarca costera, pertenecen a una época mucho más húmeda,  y nacieron seguramente hace al menos 200-300 años.


Fig. 2.  Un descanso en la ruta de ascenso utilizando una antigua paskana de antigua factura. En dicha ocasión  hallamos signos de antigua presencia indígena en la forma de varias pequeñas cuentas de collar, hechas en malaquita. Signos inequívocos del trabajo de talla de este material por antiguos indígenas, hallamos en dicha ocasión hacia los 900 m. de altitud.


 Fig. 3. El autor de este blog junto a la alumna de Educación Intercultural Noly Reyes Berna, atacameña, descansando al abrigo de un antiguo refugio o paskana, en plena subida.

Referencias al ecosistema costero.

La obra principal de  William. Bollaert:  "Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada Perú and Chile, with Observations on the  Pre-incarial, Incarial and Other Monuments of Peruvian  Nations", publicada en Londres  en 1860 por  Trübner and Co., es bien conocida en  nuestro medio antropológico. Nosotros la hemos analizado  en diversas ocasiones y medios.  No es éste el caso de este artículo del mismo autor, muy poco citado,  que aquí analizaremos, editado casi diez años antes, y  que encierra -como veremos-  valiosos antecedentes muy poco conocidos.
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Hemos hurgado, así,  en su artículo titulado: "Observations on the Geography of Southern Peru, including  Survey of the Province Tarapaca, and Route to Chile by the coast of the Atacama Desert" (Journal of the Royal Geographical Society of London, 1851, vol. 21, 99-129). Allí  hemos espigado y logrado reunir algunas referencias que, aunque breves, nos parecen de gran importancia para  el estudio del ecosistema costero de Tarapacá, su flora y sus habitantes pescadores-recolectores changos. La temprana fecha de las observaciones de este autor en Tarapacá, a partir de 1826,  cuando la explotación del salitre en la comarca se hallaba aún en la etapa de las salitreras llamadas "de Paradas", es para nosotros de especial interés.  Casi desconocido en nuestro medio antropológico, este artículo de Bollaert es uno de los más extensos de su rica y abundante bibliografía.

No pretendemos aquí hacer una traducción completa del trabajo (bastante extenso), sino tan solo presentar  aquellos aspectos que aquí  nos interesan y que quedan señalados en el título de este capítulo. Presentamos las citas textuales, traducidas por nosotros directamente del inglés. Más abajo, acotaremos nuestros comentarios de corte eco-antropológico. Incluimos algunas imágenes nuestras, que ayudarán a  ilustrar alguno de los tópicos reseñados por el autor.

Sobre el valor de sus observaciones en la región:

"Una residencia de algunos años  en el Bajo Peru, en la provincia de Tarapaca [sic!], comenzando en 1826, durante lo cuales yo estuve  empeñado en operaciones mineras en las celebradas minas de plata de Guantajaya,  me ofreció la oportunidad de estudiar la geografía física, etc., de esta pequeña pero  poco frecuentada porción del Sur del Peru". (1851: 99-100).

Sobre las neblinas o camanchacas:

"En invierno, es decir desde Mayo a Julio,  los vientos soplan desde el N. y el aire está cargado de mucho vapor (garua) [sic! en español] cubriendo las cimas de las montañas de la costa donde algún cactus ocasional y unas pocas plantas de bulbo [bulbous plants] aparecen. Este período del año es conocido  como Tiempo de Flores  [sic! en español] cuando igualmente  unos pocos guanacos pueden ser vistos  vagando [roaming] entre esos elevados manchones de flores del desierto [about these elevated flower-spots...]. (1851:100).


 Fig. 4.  Un ejemplo reciente del "desierto florido" en Tarapacá. Así lucían las lomas bajas, hacia los 220 m de altitud  s.n.m, en la zona de laderas frente al sector costero llamado Palo Buque, levemente al N. de caleta Los Verdes, a unos 20 km al Sur de Iquique. Predominan  aquí los ejemplares plantas de Nolana,  Zephyra y Leucocoryne  (Expedición  nuestra a la zona el día 20 de septiembre 2014). Un recolector avezado pudo perfectamente aquí colectar centenares de bulbos en un par de horas de trabajo. Aunque pequeños, son comestibles, y sazonados con sal y aceite o vinagre, tienen excelente sabor, tal como lo pudimos apreciar personalmente.   Este soberbio espectáculo, que se repite tan solo con ocasión de potentes eventos del "Fenómeno del Niño",  que se presentan cada 7, 10 y aún 15 años en nuestra costa norte desértica, debió ser referido a  Bollaert por testigos durante sus tres años de estadía en Iquique, pero de su relato resulta evidente que él mismo no fue testigo presencial del hecho, el que habría causado en él una profunda impresión y habría quedado sin duda reflejado en su relato.

Fig.  5.  Ejemplar en flor de  Fortunatia biflora  (Ruiz et Pav.) Mc. Bride, planta de bulbo de la familia  de las Liliáceas, abundante en este mismo ecosistema. Los bulbos de esta especie se hallan a escasa profundidad ( 5-8 cm). (foto H. Larrain, septiembre  2014). Hasta hemos podido observar a zorros  (Lycalopex griseus domeykoanus) en esta costa desértica extrayendo hábilmente sus bulbos para comerlos.

Clima.

"Como raramente llueve en estas latitudes,  y no existe allí vegetación,  la superficie del país  ha permanecido y permanecerá así por siglos, en el mismo estado, salvo que sea perturbada por temblores u otros eventos volcánicos".  (1851:100).

Terremotos y erupciones volcánicas.

"Arequipa ha sido frecuentemente visitada por temblores [earthquakes]; aquellos ocurridos en los años 1582, 1604, 1660, 1667, 1715, 1725, 1784, pueden ser señalados en forma particular por sus ruinosos efectos. Los terribles temblores [incluye aquí en paréntesis, la palabra "terremotos", en español] que han conmovido casi la totalidad del Perú tuvieron lugar  en 1687 y 1746..."  (siguen en el texto valiosas referencias a erupciones volcánicas seguidas de temblores (1851: 101).

Escasa vegetación costera.

"Las montañas de la costa de Arica a Islay, al igual que aquellas situadas  hacia el norte,  no poseen la elevación de aquellas ubicadas al sur de Arica ni se hallan tan bien definidas.  Se componen  de  areniscas [sandstone] y rocas porfiríticas y presentan una suficiente elevación como para recibir  humedad de la espesa niebla (garua) en los meses invernales, lo que da vida a  algunos cactus, un poco de pasto [pasture]  y algunas flores en las lomas o cimas."  (1851:102).


Descripción de Iquique y su comarca inmediata: composición de su población.

Después de ofrecernos pruebas de su interesante explicación geológica sobre el levantamiento de esta costa [gradual upheaving] en tiempos no tan antiguos, agrega:

"La Provincia de Tarapaca ...se divide en cuatro Curatos, a saber: Tarapaca, Pica, Sibaya y Camiña, con una población mezclada de alrededor de 11.000 almas, y consiste en descendientes de Españoles, Españoles, e Indígenas y unos pocos negros, siendo la mayor proporción los Indios cuya lengua es el Aymará. Los indios que poseen tierras deben pagar un  tributo anual o impuesto de alrededor de una libra esterlina; otros indios sin tierras, pagan 16 chelines y la población blanca 12 chelines; estos últimos pagan  un impuesto a la propiedad. El ingreso anual de la provincia  es inferior a  las 3.000 libras esterlinas". " (1851: 104).

El sustento de la población de Iquique.

"No hay [aquí] leña, ni agua o vegetación; la mayor parte  del agua es traída  desde Pisagua, situada a 45 millas hacia el Norte, y es por lo general salobre; las provisiones provienen del interior y de Chile. Su población se emplea en el carguío de nitrato de soda [salitre] y en la pesca, particularmente del congrio, (de la familia del conger): existen otras pocas especies de peces los que con  los bivalvos [mussels], limpets [?] y sea-eggs [?] y unas pocas especies de jaibas [crabs] es el el único alimento accesible. El sitio es sano y no existen las fiebres intermitentes [ague]. Durante mis tres años de permanencia en Iquique yo solo pude ver una vez una débil llovizna, apenas suficiente para cubrir el polvo...." (1851: ibid.). [Nota, he preferido mantener el nombre  de algunas especies en su orginal inglés, al dudar acerca de su mejor traducción exacta].

Alusión  a las balsas de cueros de lobos marinos.

"Iquique es la única aldea situada en la costa de la provincia; los otros lugares señalados en las cartas son apenas unos promontorios, playas, islas, etc., que son visitadas por los pescadores  desde Iquique en busca del congrio, lobos marinos, o focas en sus balsas [sic! en español] , ingeniosamente construidas de la piel de foca [seal skins] o flotadores [floats], inflados con aire. Durante su estadía en tales lugares ellos viven en cavernas  [caves] o en chozas [cabins]  miserables  construidas de  costillas de ballenas y cubiertas con pieles de focas y subsisten  con agua, maíz  y pescado que cogen con ayuda de estas balsas.  Un viejo pescador al ser preguntado  cómo se entretenía él cuando no estaba en su trabajo, contestó:  "Por qué?. Yo fumo y como yo he consumido 40 papelillos de cigarro al día por espacio de los últimos 50 años, habiéndome costado cada uno un real, ¿tendría Ud. a amabilidad de calcular cuántos cigarrillos he fumado y cuánto he gastado en tabaco?.  La respuesta fue 730.000 papelillos de cigarro con un valor de 470 libras esterlinas!. Y éste era un pobre pescador." (1851: 106).

Notas nuestras de corte eco-antropológico.

1.  Bollaert en ningún momento  denomina  "changos" a los pescadores de los alrededores de Iquique cuyas embarcaciones  hechas de cuero de lobos marinos inflados, le llamaron la atención  y las describe con precisión. ¿Por qué?. Es probable que la razón no sea otra sino el haberlos considerado - como la mayoría de la población residente en la costa- como representantes genuinos de la población trabajadora pobre del puerto; es decir, sencillos pescadores. A pesar de señalar claramente sus características culturales propias, perceptibles en su modo de vida, alimentación, transhumancia costera y forma característica de sus viviendas, para él no son solo otra cosa que pescadores pobres. No les asigna, tampoco, lengua propia alguna, como lo hace, en cambio, explícitamente  con los aymaras. Porque con certeza por entonces ya solo hablaban  un castellano mezclado con algunas expresiones muy  propias de la jerga pescadora. ¡Si es que ellos, históricamente alguna vez, llegaron a poseer una lengua propia en esta región!.

2. El texto sugiere que  estos grupos de pescadores vivían en las proximidades del puerto de Iquique. ¿Dónde, precisamente?. Nos inclinamos a creer que fuera en lo que hoy es la península de Bajo Molle, lugar donde existe hasta hoy una mala aguada,  bastante salobre, que brota de una pequeña caverna a escasa distancia del mar. En el año 1972 tuvimos  la oportunidad, de reconocerla, ingresando a ella en la bajamar por el sector que queda al frente de la antigua ballenera. No lejos de aquí, en  la península de Cavancha,  parecen haber sobrevivido algunos descendientes que hasta hoy  retienen allí  derechos de pesca, recalada y administran  locales de venta de pescado y productos del mar.

3. La superficie de la península de Bajo Molle -hoy edificada en gran parte por un complejo urbanístico de propiedad de la Minera Cerro Colorado  y  una instalación de  recreo de la Armada de Chile- estaba totalmente  vacía en los años 1971-72, fecha de nuestra permanencia en Iquique a cargo del Museo Regional de la ciudad. Muchas veces recorrimos esta planicie a pie, observando la presencia de numerosos trozos de  cerámica, fragmentos textiles y artefactos líticos de los pescadores. En una ocasión -lo recuerdo bien- hallamos un fragmento de  cuero de lobo marino  (de unos 25 cm de largo) mostrando los agujeros y  la forma típica de  costura con tendones, empleada para coser los flotadores de la balsa de cueros de lobos marinos.  Es bastante probable que fuera aquí donde Bollaert pudo observar dichas balsas y sus tripulantes, en la pequeña ensenada protegida, en el extremo sur de la península. Existe hasta hoy en este lugar una exigua playa pedregosa, de cantos rodados, donde  fácilmente pudieron aparcar sus curiosas embarcaciones, resguardándolas del oleaje.

4.  La escasa y esporádica vegetación típica de esta parte de la costa desértica queda bien ejemplificada  por Bollaert por la presencia del gran cactus  Eulychnia iquiquesis (Schumann Britton et Rouse) y de especies de  plantas de  bulbo (Liliáceas)pertenecientes a los géneros Leucocoryne, Zephyra y Fortunatia. Estas especies de bulbo hasta hoy aparecen profusamente en los cerros  al sur de Iquique con motivo de los eventos lluviosos de El Niño, en algunos lugares privilegiados  desde los 250 m de altitud hacia arriba, hasta los 750,  800  o 900 m de altitud s.n.m.  (Vea Figs.  4 y 5).

5. Tal cosa ocurrió - y fuimos testigos presenciales de ello- en los años 1997, 2002 y 2014-2015, período de nuestras investigaciones sobre la camanchaca costera en el paraje denominado Alto Patache.   Este fenómeno ha sido llamado con sobrada razón como "el desierto florido" de Tarapacá. El texto de Bollaert ya recoge esta versión  al nombrarlo  expresamente como "tiempo de flores". Que esta floración de los cerros con presencia de flores azules, blancas o amarillas,  se haya verificado antaño también en la zona detrás de la actual Zofri (Zona Franca Industrial de Iquique), en la llamada quebrada de Huantaca, es evidente por el testimonio acorde  de antiguos iquiqueños. Sin embargo, en los últimos episodios intensos de lluvia en el área, no se registró, que sepamos,  aparición de plantas en  las laderas de cerros de la quebrada de Huantaca. Es muy probable que el tráfico humano a pie, sumamente intenso en esa zona por la proximidad de las poblaciones y la presencia de chozas de vagabundos que hoy pueblan la ladera,  haya definitivamente destruido para siempre ese tan frágil y delicado ecosistema.

 6. A este respecto, tenemos el testimonio de la iquiqueña, Sra. Cristina Delgado Mardorf,  nacida en el año 1929, quien comentó al autor de esta nota que siendo ella niña y con otros niños iban a recoger flores a los cerros cercanos, regresando a casa  con atados de ellas, de diversos colores. (testimonio recogido en su casa en Iquique, en agosto 2017). Lo mismo nos había confirmado muchos años antes, su esposo,  Jorge Checura Jeria  -mi compañero de labores en el Museo Regional de Iquique-  en el año 1993, cuando regresé a Iquique  tras 21 años de ausencia. 

7.  La presencia de estos cercanos "campos de flores", aunque de tan corta existencia, fue sin duda  un apoyo a la dieta alimenticia de los pescadores, consistente primariamente en productos del mar (peces,  mariscos  y algas). Los envoltorios de los bulbos  (cormos) de las citadas Liliáceas aparecen, de hecho, frecuentemente en los entierros y en los pisos de sus viviendas, tal como lo han comprobado con frecuencia los arqueólogos en yacimientos de esta costa.  Sospechamos fundadamente que no solo consumían sus bulbos vivos, sino también  sus hojas y flores.

8.  El crítico estado actual de supervivencia de la cactácea Eulychnia iquiquensis (Schumann, Britton et Rose), en esta costa puede apreciarse muy bien en el artículo de la botánica Raquel Pinto: "Estado de conservación de Eulychnia iquiquensis (Schumann), Britton et Rose (Cactaceae) en el extremo norte de Chile", publicado Gayana Botanica, 64 (1), 2007: 98-109.

9. Este artículo, por fin, pretende ser un pequeño aporte al conocimiento histórico de los grupos indígenas conocidos como changos y cuyos descendientes buscan hoy un reconocimiento étnico oficial.

viernes, 27 de septiembre de 2019

¿Quedan aún grupos indígenas changos en las costas de Chile?. Una discusión pertinente en el Chile de hoy (2019).

A modo de introducción al tema, presentamos aquí algunas imágenes de las balsas de cueros de lobos marinos,  típicas de los changos, en  imágenes captadas por viajeros extranjeros que visitaron las costas del norte de Chile. 

Fig. 1. Balsa de cueros de lobos marinos tripulada por dos remeros changos. Dibujada por Rodulfo A. Philippi en Caleta "El Cobre", costa de Antofagasta (1853). Esta es la balsa de mayor tamaño confeccionada por los changos. Obsérvese que el remo aquí representado es de una sola pala, por tratarse una embarcación tripulada por dos remeros; cada uno boga por su respectivo lado. (Imagen tomada de la reedición de la obra de Philippi: "Viage al desierto de Atacama", Halle, Alemania, 1860. Reedición de la obra completa, con el mismo nombre, con excelentes introducciones de los investigadores Augusto Bruna y Andrea Larroucau, Cámara Chilena de la Construcción, Pontificia Universidad Católica de Chile, Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos, Santiago de Chile, 2008, 415 p. 

Fig. 2. Dibujo confeccionado por Philippi, tomado del natural. Muestra a mujeres de changos, en la caleta de Paposo, extrayendo agua de un pozo, junto a sus humildes chozas. Nótese la pequeña majada de cabras que poseen. En este lugar permaneció Philippi varios días, en el mes de diciembre de 1853. El presente dibujo es de este período. 

Fig. 3. Dibujo del técnico valenciano Felipe Bauzá de una balsa de cueros de lobos marinos observada hacia 1788 por su expedición en la rada del puerto de Arica. Felipe Bauzá (1764-1834), geógrafo y astrónomo, fue el cartógrafo jefe de la famosa expedición española alrededor del mundo, en las corbetas "Descubierta" y "Atrevida", comandada por los capitanes Alejandro Malaspina y José Bustamante en 1788. Entre las tierras reconocidas por la expedición, recorrió y estudió en los años 1788-89 las costas occidentales de América hasta Alaska, reuniendo un valioso cargamento de documentación histórica, especímenes científicos y objetos culturales de carácter etnográfico de los pueblos costeros visitados. Entre éstos, este notable dibujo de una balsa de cueros de lobos marinos de los pescadores changos. Esta balsa, es, como se sabe, muy representativa de su habitat y de su cultura material. (Imagen tomada de la obra de Rafael Sagredo y José Ignacio González, "La expedición Malaspina en la frontera austral del imperio español". Centro de Investigación Diego Barros Arana, Editorial Universitaria, Santiago, 903 p.). 

El por qué de este capítulo del blog.

En el contexto de la revisión actualmente en marcha en el Congreso Nacional de la Ley Indígena 19.253, ha surgido una noticia bastante curiosa. La Consultora "Arista Social" de Santiago, nos ha planteado hace unos días la inquietud manifestada por una recientemente formada agrupación de changos que busca el reconocimiento oficial de su grupo étnico. Se denomina: "Agrupación Cultural Changos descendientes del último constructor de balsas de cueros de lobos (Chañaral de Aceituno)". En esta oportunidad, se nos ha planteado a varios investigadores conocedores del tema varias preguntas que, a nuestro modo de ver, exigen hacer un análisis profundo de lo que significa hoy un grupo cultural indígena remanente, o sea, un pueblo o una etnia indígena que se reconoce como tal que se niega a desaparecer.

¿Existen hoy en Chile pueblos indígenas sobrevivientes, no reconocidos hasta ahora?.

En el recuento de las agrupaciones indígenas (etnias) presentes hoy en nuestro país, Chile, ¿es posible aún hallar alguna o algunas etnias que no hayan sido detectadas hasta el presente?. ¿Dónde se encuentran y qué rasgos culturales ancestrales manifiestan o deben manifestar hoy para ser reconocidas como tales?.¿Qué tipo y forma de organización social poseen y cómo son percibidas por el resto de la ciudadanía del país?. ¿Poseen una cultura propia, diferente del resto?. ¿Constituyen verdaderamente una minoría étnica propiamente tal?. ¿Y, en caso de serlo, ¿merecen éstas, por lo tanto, el reconocimiento oficial del gobierno de Chile en consonancia con la legislación indígena vigente?. Y si  así fuera, ¿por qué no fueron detectadas en las últimos veinticinco años, con posterioridad a la declaratoria de la Ley Indígena 19.253 en el año 1993?.

Nos parece que éstas son preguntas muy pertinentes y atingentes al problema indígena en general, de cuya correcta respuesta depende probablemente el futuro de tales organizaciones.

El Cuestionario planteado. 

Son siete preguntas concretas que se nos ha hecho llegar recientemente por parte de la Consultora "Arista Social", en el marco del llamado del Ministerio de Desarrollo Social a la licitación ID711841-45-Le18, para "realizar una caracterización antropológica del pueblo Chango en las regiones de Antofagasta, Atacama, Coquimbo y Valparaiso" .

Estas preguntas tienen por objetivo entender mejor el punto de vista del autor consultado, para así precisar y calibrar mejor su conocimiento del tema propuesto. Como el análisis hecho por nosotros y enviado a los Consultores nos ha parecido que no debería quedar en el anonimato u oculto en una esfera puramente académica, he decidido compartirlo con los lectores de mi blog, ávidos de conocimiento en esta materia. El tema es, en verdad, de un interés bastante general, máxime hoy día cuando asistimos en todo el planeta a numerosos intentos de re-etnificación por parte de antiguas culturas o pueblos que se niegan a aceptar su adscripción o incorporación a determinadas naciones o estados nacionales, por considerarse diferentes, tanto en su origen como en su cultura, su economía básica y su cosmovisión.
El presente trabajo constituye una reelaboración y ampliación del Informe  enviado a la Consultora y ha sido enriquecido con  fotos alusivas y citas de autores.

¿Sobreviven hasta hoy  grupos étnicos changos,  que hayan conservado elementos significativos de su cultural tradicional  y cosmovisión, de suerte que  deban ser considerados en la legislación nacional?.  
Esta es la pregunta de fondo. 

Antes de entrar en materia,  copio ad litteram lo que  nosotros mismos decíamos sobre el particular, en nuestra obra "Etnogeografía", Vol XVI de la Colección Geografía de Chile del Instituto Geográfico Militar de Chile en 1987. Después de señalar los antecedentes históricos de estos grupos,  sobre la base de las descripciones de cronistas y viajeros (especialmente  Frézier, D´Orbigny  y Philippi), decíamos respecto a este grupo indígena:

"Capdeville describe el modo de vida de las últimas familias mestizas,  refugiadas en caletas poco accesibles al norte de Paposo, entre los años  1920-1925. La balsa de cueros de lobo marino, elemento característico de su acervo [cultural], sobrevive en dicha zona hasta la década 1930-1940, viviendo todavía en 1965 un pescador que sabía confeccionarlas. El tráfico costero de pesca, minería y arriería fue conduciendo al mestizaje a estos grupos... La explotación del guano de las islas costeras y promontorios, la pesca y salazón de pescado para ser conducido al interior, y más tarde (desde  1830),  la carga del salitre en los puertos,  ocuparon intensamente la mano de obra changa.  Como grupo cultural los changos  pueden considerarse como definitivamente  extinguidos hacia 1880-1890, quedando algunos mestizos  que conservaron buena parte de su género de vida al norte de Paposo y Taltal, hasta prácticamente 1925-1930".  (Larrain, 1987: 231-232).

(Nota: Entre  1921 y 1928, Augusto Capdeville Rojas (1864-1932), taltalino, estudioso autodidacta, escribe varios trabajos sobre arqueología y antropología de la zona de Taltal-Paposo, donde realiza una serie de descubrimientos arqueológicos que comparte generosamente con el arqueólogo alemán Max Uhle quien lo guía  y apoya en el plano científico).   

El Cuestionario.

Pregunta 1.¿Cuál ha sido su campo de investigación específica en torno al “tema Chango” (¿arqueológico, histórico, bioantropológico?, etc.).

Resp. Mi enfoque general en relación al tema de la etnografía nacional (descripción de las etnias existentes en el país), desde la época de mi primera tesis de maestría en México (1970), ha estado fuertemente teñido de una impronta a la vez etnohistórica y geográfica. Es un punto de vista personal que he logrado estudiando cada cultura humana desde el ángulo de la relación íntima entre su habitat específico (su locus geográfico) y sus expresiones culturales particulares (etnografía + folklore), o si se prefiere -según nuestra propia denominación-, desde el punto de vista eco-antropológico. Creemos que este enfoque nuestro ha quedado en evidencia en mis libros y en numerosos artículos nuestros sobre temas antropológicos. (Cf. Bibliografía infra, así como también Capítulos varios de mi blog científico https://eco-antropologia.blogspot.com).

Pregunta 2. Desde su punto de vista, ¿qué es lo Chango?. Indagar sobre procesos de continuidad histórica, principales rasgos socioculturales atribuibles a este grupo, distribución espacial territorial.

Resp. Lo chango es, ante todo, una percepción y comprobación etnohistórica de la presencia y actividad in situ de bandas de pescadores-recolectores marinos especializados en la costa sur-peruana y norte chilena. Numerosas referencias a ellos hay en cronistas (como Bibar, Lizárraga, Vásquez de Espinoza, etc.) y viajeros o navegantes  (como Feuillée, Frézier, Francis Drake,  D´Orbigny, Philippi). Algunos cronistas los identifican y clasifican como "camanchacas". Denominación ésta que no sería ni quechua ni aimara; posiblemente, puquina (?). Su presunta distribución geográfica se hallaría entre aproximadamente el puerto de Ilo (sur del Perú) hasta la costa sur de Coquimbo, en Chile. Algunos han afirmado que vivieron hasta la costa de Los Vilos y aún Valparaíso. Sus rasgos culturales, como pescadores,  se hallan fuertemente asociados a la caza del lobo marino y ballena mediante el uso de arpones desde balsas de cueros de lobos marinos. Constituían grupos familiares muy pequeños, de vida sumamente móvil y transhumante, trasladándose de caleta en caleta, llevando consigo los cueros de sus chozas y sus pocos enseres,  con predilección por ciertos lugares de permanencia más frecuente a manera de campamentos-base (Arica, Camarones, Pisagua, Cobija, Caleta Errazuriz (Península de Mejillones), Caleta el Cobre, Paposo, Taltal, etc.), dondequiera existían aguadas permanentes y otros recursos necesarios para la vida (v.gr. cacería de guanacos). También se les asocia frecuentemente en Chile, de hecho,, a lugares costeros de existencia de neblinas permanentes o camanchacas, (oasis de niebla), nombre con que también se les conoce como grupo indígena en la literatura temprana (caso particular de Pisagua, Cobija, Mamilla, Caleta Errázuriz y caleta Abtao, Paposo y Taltal), porque allí podían acceder a  una rica fauna marina y, a la vez, a la caza del guanaco y, tal vez,  de tarukas. A la pesca y recolección marina (marisqueo de orilla), agregan una fuerte dependencia de la recolección y caza terrestre en los oasis de niebla (flora de neblinas, y cacería de aves y mamíferos). La intensa dependencia del mar (su fuente principal de alimentos) no les impide tener vínculos potentes de comercio con las tribus vecinas de las quebradas ariqueñas, tarapaqueñas, atacameñas o diaguitas (comercio de coca, maíz, quínoa, papas, y trueque por pescado seco o ahumado, etc.). Lo que comprueban numerosas fuentes históricas tempranas (Lozano Machuca, Gerónimo de Bibar y otros cronistas).
 Bajo el control español, los changos lentamente van sumando actividades de pastoreo (cabras y mulares) y aún actividades de minería al pirquín en la zona costera, tal como ya lo señalara el sabio Philippi en su expedición de los años 1853-54 a la zona de Paposo-Taltal. También se desempeñaron como arrieros, en circunstancias especiales.

Pregunta 3. Durante su trabajo, ¿ha tenido oportunidad de conocer personas u organizaciones que se autoidentifiquen con el pueblo Chango? Describa su experiencia.

Resp. A la verdad, nunca. He visitado y revisado durante mis largas permanencias en Arica, Iquique, Antofagasta y La Serena, muchísimos asentamientos costeros en la costa norte de Chile, v.gr. en la costa de Arica, Pisagua, Iquique, Cobija, Camarones, Vítor, Caleta el Cobre, Caleta Abtao y Caleta Errázuriz (Península de Mejillones), Paposo, Taltal, Los Choros, Playa Temblador, Chungungo, desde el año 1963 (costa de Antofagasta) en adelante hasta por lo menos el año 2015 (costa de Iquique). Encontré y entrevisté a numerosos pescadores en dichos lugares, sin que jamás surgiera el menor indicio de su posible pertenencia étnica a la etnia chango. Simplemente eran y se consideraban a sí mismos  pescadores errantes, algunos de ellos solitarios, sin familia; algunos originarios de pueblos agrícolas del interior; otros, muy pocos, venidos desde zonas costeras del sur de Chile. Nunca tropecé con descendientes probables de changos históricos, tema de mi predilección desde mi primera tesis. Menos aún, llegué a conocer a personas que  se reconocieran como tales.

Algunos antecedentes tempranos de arqueólogos.

En 1910 el arqueólogo Ricardo Latcham escribe un valioso trabajo para el Congreso Científico Intermericano de Buenos Aires, con el sugestivo título "Los Changos de las costas de Chile". En este trabajo, el autor hace varias reflexiones que vienen muy a cuento aquí. Que sepamos, éste es el estudio antropológico más antiguo que existe dedicado a este grupo étnico costero.  Antecede este estudio, en  muchas décadas, a los excelentes trabajos del botánico  don Gualterio Looser  titulados: "Esbozo de los estudios sobre indios de Chile" (en Revista Universitaria, Universidad Católica de Chile, Año XXXIX, Nº 1, 1954 y, especialmente, a su estudio titulado: "Las balsas de cueros de lobos inflados de la costa de Chile", Revista Universitaria, Universidad Católica de Chile, Años XLIV y XLV: 1960: 247-273.  Si bien el estudio es eminentemente de corte arqueológico y bio-antropológico, contiene  algunas apreciaciones de tipo etnográfico o etnológico que recogemos aquí.

Textos alusivos de don Ricardo Latcham  (1910).

"En la rejión comprendida entre Los Vilos e Iquique, las tribus pescadoras que habitaban en caletas  abrigadas de la costa se han conocido bajo el nombre genérico de chan" (1910:4).

"Todavía existen en diversos  puntos de la costa algunas pocas familias de las antiguas tribus pescadoras conocidas aún con el nombre de changos. Pero han perdido su relativa pureza de raza" (Latcham, 1910, ibid.).

"Los pocos que quedan, siguen hasta cierto punto su antiguo modo de vivir. Pero, a la vez, han adoptado nuevas costumbres. Aumentan sus medios de existencia  con la mantención de pequeñas majadas de cabras, tropas de burros o mulas, con las cuales fletan  minerales o mercaderías entre los centros mineros y los puertos, o viceversa, y aún  muchos de ellos trabajan como peones en las mismas minas". (ibid: 1910: 64).

"Todavía se dedican a la pesca y usan balsas de cuero de lobos marinos inflados,  pero se valen también de botes y lanchas de sistemas menos primitivos. Sus habitaciones son mui rudas y su ajuar, de lo más pobre".  (1910: 16-17).  

"Hallamos otro pueblo mesaticéfalo ocupando las costas  entre  Los Vilos y Chañaral de las Ánimas.  Los descendientes de éstos se hallan hasta el presente diseminados por distintos puntos de la costa, en las pequeñas caletas alejadas de los centros de población". (1910:16).

Estas breves citas de su extenso trabajo del año 1910, testifican que Latcham los conoció de cerca;   incluso señala el autor que vio varias veces confeccionar sus balsas de cueros de lobos marinos, cuya descripción detallada incluye en su trabajo. Sin embargo, el acento del estudio  está puesto en los aspectos raciales y craniométricos, tema predilecto de la época, y, como se ve por las citas, muy poco se extiende en detalles sobre la etnografía actual del grupo, es decir, sobre el tipo de vida y cultura de estos grupos. Tampoco, por desgracia,  nos indica con exactitud en qué lugar tuvo ocasión de observarlos.

¿Los últimos changos?.
  
Los últimos changos auténticos de que se tenga noticia histórica segura vivieron entre Taltal y Paposo hasta la década 1920-1930 y fueron descritos allí por los arqueólogos Max Uhle y Augusto Capdeville. En cambio, los changos habitantes de Cobija (Región de Antofagasta) -uno de los asentamientos históricos más importantes de los changos en la costa norte chilena de acuerdo a las fuentes históricas-, fueron exterminados hasta el último hombre por el azote de varias epidemias de fiebre amarilla y cólera en las décadas del 1860-1880 aproximadamente. Para la época de la Guerra del Pacífico (1879-1884) ya no se detecta población changa en las costas de Antofagasta al norte. Hay noticias muy tardías de permanencia de escasas familias de changos con apellidos característicos (como Caruncho), en la península de Cavancha (sur de Iquique) hacia los años 1930-35 aprox. Después, nada se sabe con certeza; al parecer, desaparecen. Por un tío mío, Mario Errázuriz Larrain, tuve yo conocimiento hacia 1950 de la existencia en la zona de Las Cruces (Playa Grande) de algunas familias de pescadores que eran nombraban “changos”, y que habrían desaparecido definitivamente del lugar con motivo de la Guerra del Pacífico, pues sus integrantes varones habrían sido reclutados a la fuerza para unirse  a las tropas chilenas,  en la guerra con el Perú en 1879-1880. No se supo más de ellos después.

Pregunta 4. ¿Qué opinión le merece este proceso de reivindicación de personas como pertenecientes al pueblo chango?.


Resp. Me parece bastante intrigante y curioso, por decir lo menos. ¿Cómo nunca aparecieron o se manifestaron antes en los lugares que se supone eran sus preferidos de recalada o permanencia?. ¿Dónde se refugiaron entretanto?. ¿Por qué ahora dicen ser “changos” de raigambre histórica y nunca lo declararon antes?.  ¿Por vergüenza de ser considerados indígenas?. Tal vez. No conozco ningún dato histórico escrito que pueda con seguridad acreditar esta sospecha de una etnicidad persistente, pero oculta, subyacente. Máxime sabiendo que los changos siempre fueron grupos humanos muy pequeños de muy pocas familias, y sumamente vulnerables a los cambios en su economía básica o residencia, al menos a partir de la época de la conquista española.
Por otra parte, me llama poderosamente la atención el hecho de que se quiera integrar a este mismo pueblo, sobrevivientes  en sectores de la costa  tan distantes uno de otro entre sí como Valparaíso  y Antofagasta, mezclando, al parecer arbitrariamente, informes históricos con datos de una población reciente en la caleta Chañaral de Aceitunas.  

Me pregunto si esta reivindicación actual por parte de algunas familias como pertenecientes a la etnia chango, ¿se cimentará en una base histórica segura o será algo más bien aparente?. Parecería, a primera vista, una situación acomodaticia, tal como ha pasado muy recientemente en varios pueblos de Tarapacá (v. gr. en los pueblos de Pica,  Mamiña y aún Tarapacá) con grupos de personas que hoy se autoproclaman como de origen quechua. Allí, no parecen tener, hasta ahora, ninguna prueba histórica o antropológica realmente definitiva y concluyente.

 En los citados lugares de Tarapacá –sospechamos- se ha venido creando una suerte de reacción “política” local  ante el aplastante predominio aimara ejercido en la CONADI regional. Este creciente interés por auto-identificarse como quechuas en pueblos de Tarapacá, parece obedecer al anhelo de obtener, de manera legal, franquicias y fondos de la CONADI para sus emprendimientos particulares o comunes. Y por eso, hoy hurgan afanosamente  tras los antecedentes que los identifiquen como de origen quechua. Pero en Tarapacá existen  a mi modo de ver,  bases serias para tales reivindicaciones étnicas  en algunos poblados de antigua data (caso de Quipisca o Mamiña).¿Se tratará aquí de algo semejante?. A la verdad, no lo sé. Habría que estudiar detenidamente el origen de esta súbita pretensión y saber más acerca de sus verdaderos promotores.

¿Cómo hacerlo?.

a)  Mediante un examen histórico y escrutinio riguroso de sus antecedentes familiares (ancestros).
b) Mediante un estudio concienzudo de su tipo de sociedad, su economía de subsistencia  y su cultura tanto material como espiritual. ¿En qué aspectos  de los señalados se manifiestan sus miembros como claramente "diferentes" del sustrato popular común de la zona?.
c) Examinar cuidadosamente las motivaciones profundas que les han inducido a adoptar esta resolución (i. e. pedir el reconocimiento oficial como "pueblo indígena" de Chile). (Aquí podría haber motivaciones ocultas de especialistas: cientistas sociales  o antropólogos, interesados en promover esta re-etnificación).
d) ¿Ha habido intentos anteriores en este mismo sentido, por parte de sus líderes naturales, en diversos gobiernos de  la nación?.
e)  Y, lo más importante, se debe determinar si esas familias constituyen hoy realmente un "pueblo",  cuyos miembros están  hoy unidos por lazos  múltiples  (familiares, económicos, políticos, sociales, religiosos, etc.), o son solamente familias que radican en la costa ("costinos") y que conforman un subcultura" desde el punto de vista antropológico,  al interior  de la  sociedad local o regional.
f)  Por último, se debería  fijar con precisión el área de la costa chilena  actualmente ocupada por sus descendientes. Pero no se puede  pretender que su territorio abarque "desde las costas de Antofagasta hasta Valparaíso". Una cosa es el dato histórico temprano, y otra, muy diferente, la situación demográfica actual del grupo.  Recordemos en este sentido que la  existencia de un "territorio propio" es algo consubstancial a la constitución de un grupo indígena particular. Salvo el caso de los gitanos,  esencialmente nómades, todos los grupos étnicos en el mundo reclaman para sí un territorio que les es propio.

¿Y la posesión de un ADN chango?.

A mi juicio, en el caso concreto que se nos consulta, creemos que no debería tratarse aquí de que algunos individuos o aún familias enteras pudieran tener en su ADN algo de chango (si es que tal ADN peculiar se pudiera constatar científicamente!). Porque algunos genes de etnias indígenas creo que portamos casi todos los chilenos, incluyéndome yo mismo (que, aparentemente, solo tengo ancestros navarros, gallegos, castellanos e irlandeses!!).  En cierto sentido,  este requisito de tipo genético sería  el menos importante para su caracterización como "pueblo" autóctono u originario.

Posibles riesgos.

Podría pensarse - y no lo descartamos- que estamos aquí  ante el riesgo de presentar un sofisticado constructo intelectual basada en endebles evidencias, apoyadas por algunos especialistas. Salvo que aparecieran testimonios históricos irrecusables de pequeñas comunidades que permanecieron ocultas, en algún lugar recóndito de la costa norte o centro de Chile, conservando allí gran parte de sus costumbres milenarias (cultura). Tal hecho, en sí, ciertamente no sería del todo imposible dada la enorme diversidad y variedad de caletas en nuestra  costa desértica,  pero tal hecho no parece haber sido comprobado fehacientemente aún, que yo sepa.  

Hay zonas que no tuve el privilegio de recorrer y visitar.

Debo, sin embargo señalar, en honor a la verdad, que hay una extensa zona costera del Norte chileno que yo nunca pude explorar en aquellos años tempranos (1963-65), ni tampoco después,  durante mis años de permanencia en Antofagasta (1984-1992) o en la costa de Coquimbo (1980-1984, (reconociendo la zona de El Tofo, Chungungo, Los Choros). Tampoco me fue posible  reconocer la zona desértica situada al Norte de Paposo o  la zona al sur de Taltal, hasta las costas meridionales de Atacama. Hay en esta extensa área infinidad de pequeñas caletas y playas donde hasta hoy se puede hallar restos inequívocos de antiguos asentamientos indígenas. También existen numerosas aguadas que fueron bien aprovechadas por pescadores y mariscadores, convertidos más tarde en crianceros de cabras o en pequeños pirquineros de vetas de cobre u oro. En esta extensa área costera, bien pudo permanecer oculta e ignorada una pequeña comunidad changa, como podría tal vez ser el caso de la caleta de Chañaral de Aceitunas donde sobrevivieron balsas de cueros de lobos marinos en actividad hasta la década del 40 del siglo pasado. (Cfr. Hans Niemeyer, 1965/66: “Una balsa de cueros de lobos marinos de la caleta Chañaral de Aceitunas (Provincia de Atacama, Chile)”, Revista Universitaria, Universidad Católica de Chile, Año 50/51, Fasc. II: 257-269).

Lo que realmente importa aquí.

Lo que se trata aquí de comprobar, según yo lo entiendo, no es si los presuntos herederos actuales de la cultura changa tienen o no algo de indígena en su sangre (en su ADN) -lo que en sí es bastante irrelevante-,   sino más bien comprobar si constituyen hasta hoy, una comunidad étnica, un "pueblo" (no unos cuantos individuos), dotado de su propia cultura y cosmovisión , diferente de la común en el país, la que han mantenido viva en alguna parte de su territorio original, y que se sigue reproduciendo en sus descendientes, conservando gran parte de sus costumbres originarias.

¿Intento de re-etnificación?.

En este intento de re-etnificación tardía,  se debería probar palmariamente, a mi juicio,  que:

a) ellos pueblan un mismo territorio específico que consideran como propio, desde hace siglos;
b) que constituyen un grupo o comunidad social reconocible como tal (pueblo); no solo algunos escasos individuos o familias sin mayor nexo social y cultural entre sí.
c) que esta comunidad conserva, al menos en buena parte, las costumbres, modos de vida y cosmovisión de los antiguos changos con las cuales buscan identificarse.
d) Estos elementos constituyeron en el pasado y constituyen hoy, precisamente, parte fundamental de su singularidad étnica.
e) que han poblado un territorio dado, perfectamente definible, donde viven hasta hoy sus descendientes.

 Si tal cosa no resulta hoy posible, mejor es olvidar y archivar este tema como algo anecdótico, pero rayano en lo imaginario.

Reconocimiento de pueblos indígenas.

La CONADI ha reconocido después del año 1993 (año de la promulgación de la Ley Indígena  19.253) varios pueblos o etnias originarias "nuevas", no reconocidas con anterioridad. Es el caso concreto de los lickan antai o atacameños, collas o quechuas. En su caso concreto, existe un territorio perfectamente acotado y con pruebas claras de la existencia actual (o antigua) de formas de cultura y cosmovisión característica, con existencia de una lengua propia (kunsa, quechua o aimara).

Nuestra experiencia.

A nosotros mismos nos tocó ser parte activa en el reconocimiento étnico del pueblo lickan antai o atacameño entre los años 1985 y 1992. Publiqué en esos años en diarios de Antofagasta, Calama y Santiago numerosos artículos (alrededor de 20) en los que comprobaba la existencia de una cultura propia, diferente de la chilena, y con raíces históricas evidentes. En 1987, además, publiqué en Santiago un libro de Etno-geografía de Chile, obra muy poco conocida por los investigadores de hoy (Cfr. bibliografía, infra). Por tanto,  algo conozco de este tema.

El caso del pueblo "colla".

Aún antes, cuando trabajábamos como antropólogo en la revista “Expedición a Chile” (1975-78), tuve conocimiento de la existencia, en las cordillera de la Región de Atacama de una pequeña comunidad de ancestro indígena que se auto-reconocía como ”collas” y que conservaba casi intacto el género de vida pastoril de sus antepasados y una cosmovisión particular. Este caso concreto, que fue objeto de un escrutinio cuidadoso por parte de especialistas, fue posteriormente incorporado con plena justicia a los grupos y pueblos indígenas reconocidos por la Ley Indígena.

Mi interés por el tema indígena en Chile.

Me ha tocado presentar mapas etnográficos del Chile en la época de los inicios de la conquista española en varias oportunidades y en varios Atlas de Chile (Ver bibliografía, infra). Esto me ha obligado a interesarme vivamente por el tema de la supervivencia de los pueblos indígenas que poblaron el territorio patrio.

El reconocimiento oficial de otros pueblos.

No me consta qué argumentos condujeron, muchos años después de 1993, al reconocimiento legal de grupos familiares descendientes de los Qawashqar o Yámana, en Aysén y Magallanes. El caso de los escasos descendientes directos de indígenas canoeros Yamana (Yaganes) o Alacalufes (Qawashqar), adoptado por CONADI fue tema digno de discusión en su momento, al que no entraremos de lleno aquí por no ser tema de mi experiencia directa como antropólogo. Ellos han vivido en sectores meridionales de Chile continental e insular, área que conozco muy superficialmente.

¿Peligro de  proliferación de etnias originarias?.

Si seguimos “estirando este tema” más y más y no somos sumamente estrictos en definir y acotar la respectiva adscripción con sólida base étnico-cultural (pero, por favor, no genética!), de suerte que responda a los postulados y parámetros antropológicos básicos (es decir, lo que constituye per se una comunidad o un “pueblo”), muy pronto proliferarán en nuestro medio nuevas “comunidades” que se auto-proclamen “originarias” y descendientes directos de Puquinas, Poyas, Picunches, Ranqueles, Chiquillanes, Cuncos, Chonos, Guaytecos, etc, etc., grupos que si bien algún día poblaron o merodearon efectivamente por la zona norte, central y/o sur del país, ya no existen como grupos o sociedades (pueblos), desde hace al menos uno o dos siglos; tal vez más. 

¿Una caja de Pandora?.

Llegados a este punto, pienso que “algo huele mal en Dinamarca”, como diría sabiamente Hamlet. Algo estaría a mi juicio fallando en la legislación indígena respectiva que se ha abierto la puerta a etnias y pueblos aparentemente ya desaparecidos y que de pronto “afloran” como por arte de magia, o gracias a las sutiles pesquisas de algunos hábiles cientistas sociales. Tema que a mi juicio debe ser objeto de una revisión muy cuidadosa (histórica, etnográfica, lingüística), so pena de caer en lamentables absurdos. La auténtica etnografía de los pueblos originarios de Chile hoy sobrevivientes como grupos culturales diferentes del resto del país (¡no como meros individuos!), no puede llegar a convertirse en “una imprevisible caja de Pandora”. 

Los pueblos indígenas de Chile tienen hoy la palabra.

Si no somos todos en extremo cuidadosos en este punto, los perjudicados serán los propios pueblos y comunidades indígenas de hoy, dotados de cultura propia y cosmovisión vigente, etnias ya reconocidas tanto por la Ley Indígena 19.253 como por decretos posteriores. Son ellos mismos, a mi juicio, los que deberían velar por la “pureza” de la adscripción étnica de posibles nuevas comunidades o pueblos (¡ex hypothesi desconocidos o no reconocidos hasta entonces!). Ellos mismos deberían crear algún mecanismo legal de protección contra posibles abusos o mistificaciones, que aunque parezca raro, pueden perfectamente presentarse hoy y aún mañana.

¿Qué es lo intrínsecamente indígena?.

Pienso que puede ser útil volver a retomar y reflexionar profundamente aquí sobre el concepto de "lo indígena" por el gran antropólogo mexicano Manuel Gamio, padre indiscutido de la antropología y etnografía mexicana. (Cfr. Gamio 1966, “Consideraciones sobre el problema indígena”, Instituto Indigenista Interamericano, México D.F.). Copio aquí una página alusiva a su opinión, tomada de nuestra obra: Etnogeografía (1987: 231):

"El criterio para designar al indígena. Señalar hoy (1987)  qué queda de los grupos indígenas y su número aproximado, encierra  establecer, previamente,  un criterio acerca de qué ha de entenderse por indígena.  No acogeremos aquí ni el criterio censal (aquellos que el Censo designaba como indígenas), ni el criterio racial o étnico (basado en los rasgos de la raza indígena),  ni tampoco, finalmente,  la posesión y dominio de una lengua  indígena (criterio lingüístico). Con el antropólogo mexicano Manuel Gamio (1924) opinamos que indígena es aquel individuo o grupo que: a) conserva una gran cantidad de elementos culturales ancestrales en un número claramente mayor que  los elementos de cultura aportados por el blanco; b) comparte estos rasgos -o la inmensa mayoría de ellos- con otros miembros que el considera parte de su comunidad o grupo,; c)  y que  -en consecuencia- se siente marcadamente diferente del resto de la población nacional;  y d) que integra dichos elementos entre sí y con rasgos recibidos del exterior (cultura dominante blanca) en un todo coherente, relativamente estable pero no estático ( el cambio cultural siempre existe) de suerte ue puede seguir realizando su modo de vida sin choques  o violencia social o cultural.  Desde el momento en que un individuo o grupo deja de tener estas características, que le constituyen en un todo funcional, dejaría de ser indígena, aun cando conservara ciertos rasgos de tal:  v. gr. la lengua o los rasgos raciales. En este caso, o pasan a integrarse a la cultura del grupo mayoritario,  y culturalmente dominante (blanco), o crean formas diversas de subculturas,  en las que la adaptación se produce solo a medias. La lengua y raza, por importantes que parezcan, son tan solo dos rasgos culturales, y por tanto  una pequeña porción del ser cultural indígena (cf. Gamio, 1966: 25-39, cit. in Larrain, Etnogeografía, Vol. XVI de la Geografía de Chile, Instituto Geográfico Militar, 1987:  231; subrayado nuestro actual).

En nuestra opinión, el criterio de pueblo” o “comunidad”, dotado de una cultura propia y cosmovisión específica, diferente de la del resto de la población nacional,y que reivindica un territorio dado, debe ser el “metro” o “patrón” con que se mida su pertenencia al gremio étnico. Debe ser el cedazo o tamiz que distinga cuidadosamente lo auténtico de lo espurio e ilegítimo. Son estos “pueblos” autóctonos los que deben rechazar cualquier intento espurio o extemporáneo de agrupaciones que pretendan devenir tardíamente en “indígenas” u “originarios”. No son “pueblo indígena” si no actúan y se comportan hoy como tal, es decir como sociedad particular, diferente históricamente de la chilena.

Por lo tanto, aunque existiesen aquí o allá algunos descendientes de los antiguos changos, genéticamente tales, y fuese históricamente demostrable que son desde antiguos tiempos habitantes de ciertos lugares que consideran propios, si no comparten una cultura propia y un modo de ser particular que los distinga del resto de los ciudadanos del país, no pueden ni deben ser considerados hoy una etnia o pueblo originario, pues no se manifiestan en su actual modus vivendi como tal. A lo más, como muy bien anota el antropólogo Manuel Gamio, pueden constituir  y probablemente constituyen, una “sub-cultura” de la cultura general ciudadana rural, dominante en el país.

El criterio numérico.

De paso señalemos aquí que el criterio numérico que ostenta un determinado Censo de Población que pregunte expresamente sobre la pertenencia étnica del entrevistado, ha resultado ser en nuestro país extremadamente frágil y cuestionable. Nos consta que alumnos nuestros de Antropología, Geografía o Historia, de patente cultura y origen occidental, se auto-declararon en Censos recientes de población como Yaganes, Qawashqar o Collas, deslegitimando así por completo el instrumento utilizado. Y los abultados números así resultantes en el Censo, lo manifiestan. Tal vez este argumento -sospecho yo- haya conducido con razón, a omitir esta pregunta en el último Censo de Población (2017).

En resumen:

Como creemos queda estampado claramente más arriba, no nos oponemos, per se, a la presentación y aprobación de nuevos exponentes de pueblos o etnias indígenas en Chile, siempre y cuando se den estrictamente las condiciones señaladas. El prurito de ampliar à outrance el número de etnias originales, actualmente vigentes en el país, debe ser matizado con el prolijo estudio de los antecedentes históricos y actuales, de modo que a diferentes expertos en varias disciplinas afines al tema de estudio, sea del todo patente e indiscutible. Nos parece que es indispensable profundizar antropológicamente en el concepto de pueblo" o "etnia", tal como lo hace Gamio, que, en el caso que se nos presenta en la consulta, parece muy discutible, cuando no equívoco. En caso de persistir la duda, es ciertamente mejor abstenerse (“In dubio, abstine”). Como lo hemos señalado más arriba, el mero argumento de la posesión de genes del ADN originario de alguna etnia antigua, no es, ni puede ser, en mi opinión, un argumento válido, desde el punto de vista antropológico, para considerarlos un "pueblo" o una "etnia" indígena vigente y que hoy necesite ser respetada y "rescatada del olvido". Simplemente porque hoy ya no cumplen los requisitos básicos para ser una etnia o pueblo especial. Tal vez lo fueron hasta hace 200 ó 150 años atrás, pero ya se encuentran hoy totalmente "aculturados"  es  decir, incorporados a la cultura nacional o regional dominante de la que hacen usufructo hoy. 

Pregunta 5. Consultar por personas, instituciones u organizaciones que piensa que sería importante entrevistar y datos de contacto.

Resp. Entre las personas que recomiendo consultar al efecto, sugiero los nombres de:

1. Dr. Jorge Hidalgo Lehuedé, historiador colonial del Norte de Chile, de amplia trayectoria (Universidad de Chile). Gran experto en documentación colonial.

2. Dr. Agustín Llagostera Martínez, arqueólogo del Norte de Chile, gran conocedor de la franja costera norte y sus poblaciones prehispánicas. Autor de varios obras sobre Prehistoria del Norte de Chile. (Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad de Antofagasta).

3. Prof. Carlos Aldunate del Solar, arqueólogo, Director del Museo de Arte Precolombino. Santiago.

4. Dr. José Ignacio González Leiva, geógrafo histórico, Instituto de Geografía, Universidad Católica de Chile.

5. Dr. Rafael Sagredo Baeza, historiador chileno. Instituto de Historia, Universidad Católica de Chile.

(Nota. Creemos muy importante que entre los especialistas consultados haya exponentes connotados de la Geografía Histórica y Demografía, profesores de las principales universidades del país).


Pregunta 6. Instituciones que se sugiere consultar:


1. CONADI (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena). Solicitar a esta institución los requerimientos legales específicos para poder ser declarado como “pueblo indígena” u originario de Chile.

2. Sociedad Chilena de Antropología.

3. Sociedad Chilena de Historia y Geografía.

4. Sección Etnographie, Musée de l´Homme, Paris (Francia).

5. Smithsonian Institution, Anthropology Department, 600, Maryland Ave., Washington, D.C.


Pregunta 7. ¿Qué bibliografía considera usted fundamental en este tema?

(No incluyo en este recuento diferentes mapas nuestros que fueron publicados en el Atlas de la República de Chile, (Instituto Geográfico Militar) y en otros Atlas posteriores de Chile y del mundo. Porque todos ellos se enfocan estrictamente al período del contacto indígena-español (siglo XVI). Si se necesitara esta información, puedo darla).

Entre mis propias publicaciones.

1. Larrain, Horacio, Tomo XVI de la Colección “Geografía de Chile” denominado “Etnogeografía”, Instituto Geográfico Militar, año 1987. (Hay gran cantidad de páginas dedicadas al grupo cultural Chango, Especialmente, ver pp. 78-81; 123-128, 231-232, 229-241; Vea especialmente el párrafo denominado: “El criterio para designar al Indígena” (p. 231, copiado en este texto respuesta).

2. Larrain, Horacio, 1978/79, “Identidad Cultural e indicadores culturales del grupo Chango”, Revista Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Nº 6, 66-73.

3. Larrain, Horacio, “Análisis demográfico de las comunidades de pescadores Changos del Norte de Chile en el siglo XVI”, M.A. Thesis in Social Anthropology, submitted to the Anthropology Department, State University of New York, Stony Brook, L. I., 94 p., 1978, (Cuadros, Figuras).

4. Larrain, Horacio “Un concepto operativo de comunidad aplicable a las etnias indígenas de Chile”, Revista Campus, Universidad Arturo Prat, Año IV, 1993, Nº 22, 32-35.

5. Larrain, Horacio “Pueblo, Etnia o Nación, Hacia una clarificación antropológica de conceptos corporativos aplicables a las comunidades indígenas”, Revista de Investigaciones Científicas y Tecnológicas, Universidad Arturo Prat, Serie Ciencias Sociales, Nº 2, 1993, 19-36.

6. Larrain Horacio y Victor Bugueño, “Presencia de un ayllu de camanchacas en el puerto de Iquique en el siglo XVII”, Revista de Geografía Norte Grande, Instituto de Geografía Pontificia Universidad Católica de Chile, Nº 50, 2011: 7-21.

7. Larrain, Horacio, “Grupos Indígenas de Chile hacia 1540”, Mapa desplegable, a colores incluido en Revista “Expedición a Chile”, Tomo I, Fascículo 5, Editora Nacional Gabriela Mistral, Santiago, Junio 1975. 

8. Larrain, Horacio, “Qué son las comunidades indígenas?”, Diario “El Mercurio”, Santiago de Chile, 29/07/1974.

9. Larrain, Horacio, 2019. Capítulo de su blog https://eco-antropologia.blogspot.com titulado: ”Mapa de ubicación y tipo de cultura de los pueblos originarios de Chile. Nuestro trabajo pionero del año 1975. Comparando el ayer (1975) y el hoy” (2019)".


(Entre l984 y 1995 publiqué alrededor de 20 artículos en periódicos de Antofagasta, Calama y Santiago sobre el tema de las comunidades indígenas del Norte de Chile, en particular sobre los lickan antai o atacameños).

Otros autores sobre este tema. Aquí señalo solo algunos (consultar Internet al respecto). 

Del historiador Juan Alberto Herrera: “Indicadores culturales para los llamados changos”, Revista Ethnos, 1, Facultad de Ciencias Sociales, 1997. Hay trabajos posteriores de este mismo autor que aluden a la etnia chango.

Del Dr. Francisco Rothhammer (en colaboración con Mauricio Moraga, Calogero Santoro y Bernardo Arriaza): “Origen de los Changos. Análisis del ADNmt antiguo sugiere la descendencia de pescadores de la cultura Chinchorro (7.900-4.00 A.C)”. Revista Médica de Chile, vol. 138, Nº 2, febrero 2010.

Del investigador Felipe Nayib Hasen Narváez, “Changos: antecedentes para la identificación cultural de los pueblos de la costa norte de Chile”, Revista Pacarina del Sur,--- .


jueves, 22 de agosto de 2019

El Museo arqueológico de San Pedro de Atacama: un año tras la muerte del P. Gustavo le Paige. Reportaje de "El Mercurio".

La herencia de Le Paige un año después de  su muerte. Visita inspectiva al Museo de San Pedro de Atacama el  28 de Junio de 1981. Reportaje de Luz María Astorga, con fotografías de Rodrigo Rojas.

Sabedores de la dolorosa y triste situación actual (2019) del museo arqueológico en San Pedro de Atacama, no está demás recordar viejos tiempos en que  la obra era apreciada en su justo valor.

 Fig. 1. Este reportaje  sobre "la herencia de Le Paige" hecho en  el Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, fue publicado por el diario " El Mercurio" de Santiago, en su edición del día  28 de Junio de 1981, esto es  un año después del fallecimiento del P. Le Paige  S.J., ocurrido el 19 de Mayo de 1980.

Ocasión del reportaje.

Nos ha parecido  oportuno reproducir, en este capítulo, el reportaje completo, a dos páginas,  sobre el Museo y su autor: el sacerdote jesuita Gustavo Le Paige. Han trascurrido cerca de 40 años de su redacción. El reportaje expresa muy bien lo que por entonces significaba este notable Museo levantado por Le Paige y sus ayudantes atacameños a partir del año 1962.  Prescindiendo del afán, casi morboso, de mostrar cráneos y momias  exhibidas por entonces en las salas del Museo, -acento atribuible en parte al periodista de la época-, el artículo nos permite  apreciar  tanto el estado del Museo, como algunos cambios que ya se insinuaban, y que serían al parecer de la autoría del  joven nuevo director, señor Patricio López.  Igualmente, nos permite preservar para la posteridad rostros y opiniones de personas que intervinieron de una u otra manera  en el Museo de  esa época, y que fueron entrevistadas  por la autora del reportaje. Se muestra aquí el reportaje en su conjunto  (vista general)  y, para  facilitar su lectura y análisis,  presentaremos los textos y las imágenes por separado.

Fig. 2. El Museo tal como se le veía en la época del reportaje (1981).

Actualidad de este reportaje.

Hoy (2019) el Museo levantado gracias al esfuerzo de le Paige y diseñado por el arquitecto antofagastino Carlos Contreras  en 1961 yace semi-derruido, saqueado y tristemente abandonado. Los turistas y científicos que durante más de treinta años lo admiraron y/o  estudiaron  sus valiosas colecciones  lamentan hoy su ausencia en el paisaje atacameño.  En varios capítulos anteriores,  hemos levantado la voz contra este atropello,  provocado por  un afán  (¿o delirio?) modernizador  iconoclasta, que no trepida en destruir  construcciones o monumentos del pasado, íconos  indiscutidos y representativos de una época determinada. Por querer levantar allí mismo un Museo moderno "cinco estrellas", de un diseño francamente incompatible con el entorno colonial de la zona típica de san Pedro y sus aillos,  la Universidad Católica del Norte, la Municipalidad de San Pedro y los arqueólogos  del propio Museo se han quedado hoy "sin pan ni pedazo". Las colecciones del Museo yacen hoy arrumbadas y  encajonadas en  tristes y lastimeros "containers"  metálicos. Por desgracia, prácticamente nada del esplendor y riqueza del antiguo Museo es visible hoy.

 ¿Cuánto tiempo habrá que esperar para poner nuevamente en relieve las maravillas arqueológicas que ocultaba el antiguo Museo?.  Grave responsabilidad la  de los artífices o actores intelectuales de este lamentable expolio. Estamos seguros de que la historia un día dará su veredicto y nos dará la razón.

Fig. 3.  Título del reportaje de la periodista Luz María Astorga.

Texto completo el reportaje. Se muestra aquí por partes,  escaneadas en forma independiente. 











Imágenes del reportaje.
                                         
Fig. 4. A la derecha, el Rector de la Universidad del Norte Jorge Alarcón Johnson. A la izquierda, Héctor Garcés, museólogo del Museo de San Pedro de Atacama..

Fig.  5. El enfermero José Mendoza,  que cuidó a Le  Paige  durante más de un año  hasta su muerte.

Fig. 6. Típico fardo funerario expuesto en las vitrinas del Museo.
Fig. 7. Momia de mujer atacameña,  bautizada por Le Paige como "Miss Chile".

Fig. 8.   Cuerpo de niño sepultado en una gran urna. 

Fig. 9. Dos de sus más fieles ayudantes:  Manuel Abán y Héctor Ramírez.


Fig. 10.   Depósito de materiales líticos de difícil clasificación. 

Fig. 11.  Cráneo  con su cabellera intacta,  adornado con su típico gorro.

Fig. 12. El joven arqueólogo Patricio López (QEPD),  nombrado Director del Museo, tras la muerte del sacerdote le Paige. 

Fig. 13.  La arqueóloga Ana María Barón, miembro del Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama. A la muerte de Le Paige, le tocó asumir  una responsabilidad en la continuidad del trabajo en el Museo. Residente hasta hoy en el pueblo de San Pedro de Atacama, se ha convertido en la gran defensora de la figura y obra del sacerdote-arqueólogo. Tarea que, con el apoyo de líderes atacameños, ha asumido con dedicación y responsabilidad frente a los intentos por opacar o  desdibujar la figura  gigantesca del creador del Museo.


Comentario final.

1.  En la fecha del reportaje, el Museo acababa de ser remodelado por la Universidad del Norte siendo considerado como  una verdadera joya del Norte Grande. 

2.  Este reportaje nos permite conservar para la posteridad los nombres y rostros de  todos aquellos que intervinieron activamente en la época: arqueólogos y ayudantes; ellos son parte de la historia. 

3.  Cualquiera sea la crítica que hoy se pudiera hacer respecto a la forma y modo de exposición de las piezas museográficas, se ha de tener muy en cuenta la  época  (1981)  en que esto sucede y los profundos cambios que  se han verificado en los últimos 38 años en la sensibilidad tanto de la comunidad científica y el público  visitante, como de la comunidad atacameña como tal. Por tanto, juzgar con criterios actuales el proceder de los arqueólogos en su tiempo, sería en nuestra opinión, un craso error. Cada época y cada comunidad  posee un modo de ver, sentir  y juzgar, diferente.  Lo que hoy preconizamos como lo más acertado y justo, puede ser considerado  como equivocado o  impertinente en el futuro. Recordemos que en esa época,  todavía no existía la  Ley Indígena (Ley 19.253, promulgada recién el año 1993) y los pueblos atacameños o lickan antai ni siquiera eran por entonces reconocidos como una etnia original. Eran considerados "simples campesinos" como tantos otros en el Chile de la época.  El reconocimiento de su singularidad étnica fue en buena parte fruto de nuestra propia labor como antropólogos, cuando se discutía la Ley Indígena en el Congreso Nacional, tal como lo hemos señalado en otra parte.

4.  Nos duele el rememorar las épocas de gloria del Museo levantado por le Paige con tanto esfuerzo en los años 1961-62. Nos hierve hoy la sangre el constatar que  su herencia cultural haya sido opacada hasta el punto de querer  destruir y hacer desaparecer la obra que tanto costó levantar. 

5. No querer reconocer que el Museo y su arquitectura original, levantada por manos atacameñas  había pasado a ser, de hecho, un ícono histórico y arqueológico singular en San Pedro de Atacama,  es tan grave como pretender destruir o al menos arrinconar la imagen de su creador, Gustavo Le Paige.  A propósito, ¿dónde se encuentra hoy, la magnífica efigie de le Paige, esculpida en metal por el escultor  Harold Krussel que antaño vigilaba celosamente de cerca su Museo, su obra de toda una vida?. ¿Alguien sabe donde se  la oculta  hoy?.  Vamos a tratar de averiguarlo...