domingo, 29 de mayo de 2016

Demuelen el Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama en el 36° aniversario de la partida del jesuita Gustavo Le Paige, el "padre de los atacameños".


                                 
Fig. 1. El sacerdote jesuíta belga Gustavo le Paige de Walque junto a  una antigua collca atacameña. Fotografía tomada  por el físico chileno  Gerardo Melcher con motivo de una de sus visitas a San Pedro de Atacama. Es unas de las pocas imágenes que se conservan del arqueólogo en trabajo de campo. Aquí le vemos con su sotana gris y gruesos bototos de excursión. Tiene en este momento unos 62 años bien cumplidos (Imagen captada  hacia  1964. En obra de G. Melcher:  "El Norte de Chile, su gente, sus desiertos y volcanes", Editorial Universitaria, 2004 frente pg. 121).


                               












Fig. 2. El  flamante Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, creado por  el tesón  y entusiasmo del sacerdote jesuíta, casi concluido a mediados del año 1963. Esta imagen  se puede apreciar con mayor nitidez  en  la citada obra de Gerardo Melcher: "El Norte de Chile su gente, sus desiertos y volcanes",  (Editorial Universitaria, Santiago,  2004).  Le Paige se muestra a la extrema izquierda (de sotana gris)   e Irma Melcher, esposa de Gerardo, a su extrema derecha.  El cuarto personaje de izquierda a derecha, es el entomólogo Luis E. Peña Guzmán. A su derecha, el Dr. Reitböck.  Imagen tomada hacia  1964 ó 1965)

Un nuevo recordatorio de la partida de le Paige.

No tenemos la certeza de  que alguien haya recordado este aniversario Nº 36  de la partida del célebre jesuíta. No hay registro de que los periódicos o las radios locales se hayan hecho eco de este aniversario. Tampoco, al parecer, en el mundo académico. Pasó, una vez más, en profundo silencio. Gustavo le Paige, el misionero belga avecindado en Chile en 1955  quedaba sepultado en el olvido. Igual como en su humilde sepultura actual en el cementerio de San Pedro de Atacama.  ¿Qué queda hoy (2016) -nos preguntamos-  del legado cultural, social y religioso del misionero jesuíta  que  por espacio de 27 largos años (1957-1980), recorriera los polvorientos senderos de Atacama, adoctrinando  en las fe cristiana a los atacameños, sus feligreses y reuniendo centenares de cráneos, momias y  ajuares de tumbas de épocas  pasadas para su Museo?. ¿Nos queda por ahora al menos su querido Museo, tal vez?.  Si al menos existiera la voluntad de  conservar en pie, como reliquia para la posteridad, su famoso Museo, el que atrajera a infinitos extranjeros y  a cuatro presidentes de Chile (Jorge Alessandri, Eduardo Frei, Salvador  Allende y Augusto Pinochet) e incluso al monarca (su Rey),  de Bélgica, el rey Balduino, entre otras personalidades que lo visitaron y admiraron.

                                     
Fig. 3. En Enero del año 1963, Le Paige tuvo la osadía de convocar en su pueblo, el "Primer Congreso Internacional de Arqueología" al que asistieron connotados arqueólogos como Alberto Rex González (Argentina), Dick Edgar Ibarra Grasso  (Bolivia), Luis Lumbreras (Perú), además de los arqueólogos nacionales Mario Orellana, Lautaro Núñez, Alberto Medina, Hans Niemeyer y varios otros más. En esta imagen,  se les ve en sesión en dicho Congreso   en un salón del recién inaugurado Museo. Le Paige muestra a los asistentes  una pieza lítica  del  período Arcaico, tal vez obtenida en el sitio de Ghatchi, uno de sus sitios predilectos de búsqueda.

Mi regreso a San Pedro tras 31 años de ausencia.

Hace poco más de un año, a fines de Marzo del año 2015 tuve la grata oportunidad de regresar a San Pedro, para participar en un Congreso de Arqueología. Hacía unos 31 años que no pisaba las polvorientas callejuelas del poblado. Los estudiosos del Qhapaqñan o "Camino del Inca" se reunieron durante 4 días para compartir sus conocimientos sobre el diseño y recorrido de esta vía incaica que unía los más remotos rincones del Tahuantinsuyo con el Cuzco, la capital. Por  esta vía regia circularon ejércitos de conquista,  familias de transplantados a otras regiones como colonos (mitimaes o mitmaqkuna, en lengua quechua))  y toda suerte de bienes y productos alimenticios en interminables  arreos de llamas cargadas.

Escenario del nuevo Congreso de Arqueología  (2016).

Las reuniones de este  Congreso no se realizaron -como en el Primer Congreso Internacional de San Pedro, convocado por Le Paige en Enero de  1963-  al alero del Museo que porta su nombre,  sino en un pomposo hotel cinco estrellas, sito al oriente del pucará de Quitor, en un paisaje agreste hoy domesticado, junto al río San Pedro, entre algarrobos, chañares, chilcas y cachiyuyos.   ¡Otro escenario, ciertamente muy distinto al que hubiera deseado Le Paige si aún viviera!..  Ahora, ya no eran los descubrimientos de Le Paige el atractivo principal, sino las doctas disertaciones de los académicos. San Pedro y su rica historia plurimilenaria, pasaban ahora a un segundo o tercer plano!. ¡Le Paige de estar vivo,  jamás lo hubiera permitido!.

Cuando pregunté por qué no sesionábamos nosotros en el antiguo Museo de Le Paige, junto a la casa parroquial del poblado, se nos dijo que éste estaba en vías de ser demolido. Por otra parte, tampoco tenía capacidad para  albergar a más de 100 participantes.

¿La gran pregunta: ¿se justifica hoy la demolición total del antiguo Museo, ícono indiscutido del pueblo?.

 Nadie se opone a la construcción de un nuevo y más moderno Museo en el poblado de San  Pedro, si tal construcción se justificara plenamente por necesidades  estrictamente científicas. Lo que  no podemos aceptar y no acepta tampoco la comunidad atacameña (hemos consultado a numerosos líderes al efecto), es que esta construcción se haga destruyendo el anterior hasta sus cimientos; echando al olvido toda una larga historia anterior de esfuerzo, tesón y sacrificio tanto del sacerdote Le Paige como de sus ayudantes atacameños. En párrafo aparte, discutimos por qué este Museo ha pasado a ser, de facto, por el peso de la historia,  un ícono indiscutido del pueblo, y por ello mismo, un edificio patrimonial  de altísimo valor cultural que se debe proteger a toda costa.
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Las fotos que siguen, fueron captadas hace unos pocos días (04/2016) por el lente de Justo Zuleta, valiente atacameño, admirador de Le Paige y su obra.  Tienen el valor de ser un testimonio histórico valioso en un momento en que  el Museo de Le Paige está siendo desmantelado -según se nos informa- para dar paso a uno nuevo, mucho más grande  y moderno. La pregunta obvia para aquellos que trabajamos aquí mismo, por meses o años, con Le Paige es: ¿por qué se le demuele, desde sus cimientos?. ¿Se justifica  su demolición  completa (es decir su desaparición ad aeternum),  u obedece más bien esta medida a ocultas razones (¿económicas?) so capa de "progreso"?. ¿A quién beneficia en realidad  el nuevo Museo?.  ¿Al pueblo atacameño -como fue siempre  el objetivo del párroco  Le Paige-  o a terceros (Universidad, Municipio, arquitectos y constructores ejecutores)?. Tal pregunta nos parece muy pertinente en este caso, pues atañe a todo el pueblo.  En su tiempo (1963)  esta obra arquitectónica, construida con adobes hechos por los mismos obreros atacameños,  y dirigida por el arquitecto Carlos Contreras Alvarez, autor de sus planos,  fue considerada no solo un bellísimo edificio, sino una construcción de un novedoso diseño, aptísimo para su empleo como Museo  y, además, dotado de un estilo en cierto modo semejante a las sencillas construcciones de un solo piso de la aldea. No se trataba de hacer un "elefante blanco", sino un sitio que mostrara, en todo su esplendor, las maravillas de la cultura atacameña tanto a los pobladores como a los visitantes, sin que desentonara del conjunto  de la arquitectura  tradicional del poblado.
En la mente de su  creador, Le Paige, siempre estuvo muy presente  la finalidad del Museo, que no era otra que  el enriquecimiento  cultural y social del pueblo lickan antay o atacameño. Nos preguntamos: ¿a lo largo de su historia, se ha cumplido ese su deseo formal, mantenido hasta su muerte de un Museo de y para los atacameños?

En los párrafos que siguen,  luego de mostrar diversas imágenes del Museo moribundo, intentaremos probar  la incongruencia de los argumentos esgrimidos por los  "expertos" que decretaron su pena de muerte.

Fig. 4. La imponente estatua del jesuíta belga, obra del artista y escultor de la Universidad del Norte don  Harold Krusell.   Su autor, supo captar maravillosamente en la mirada  y en sus gestos, la visión esplendorosa de le Paige: su convencimiento de que San Pedro y su zona era   una prueba palmaria de una ocupación ininterrumpida por el hombre desde la época de los cazadores-recolectores andinos del Holoceno temprano hasta la llegada del conquistador español, en sucesivas culturas.


Fig. 5. Obsérvese el entorno sencillo en que se desenvuelve el Museo, con utilización  de ramas de sorona nativa como  adorno del conjunto.  Se buscó la sobriedad y la sencillez.  La estatua vista por detrás.  El autor supo captar muy bien el aspecto físico  de Le Paige: un cráneo prominente, manos muy vigorosas y grandes orejas  salientes.

Fig. 6. El frontis del Museo que porta su nombre: " Universidad Católica del Norte, Museo Arqueológico padre Gustavo Le Paige, S.J.". Obsérvese el uso de la hermosa piedra liparita (volcánica)  tallada, originaria de las canteras del vecino pueblo atacameño de  Toconao, en el umbral de entrada.

Un Museo:   espejo de la cultura atacameña, abierto al mundo.

El viejo Museo, levantado al lado de la casa parroquial  de época colonial, hermosamente construido en adobes  y piedra liparita y con un notable   diseño en forma de estrella, fue fruto maduro del esfuerzo y tesón  del sabio jesuíta.  Fue "su" idea, "su" obra. Allí se amontonaron, por miles,  sus descubrimientos.  Sus artefactos líticos del "Paleolítico americano"- como  soñara Le Paige-  y sus momias rodeadas de su rico y variado ajuar funerario.  La Universidad del Norte lo  hizo suyo  en un famoso "Acuerdo" con Le Paige, su fundador, y pasó a ser,  a partir del año 1963, uno de los más preciados íconos de la polvorienta localidad de San Pedro.  El ícono silencioso pero indiscutido de la presencia y actividad científica del sabio jesuíta en la región atacameña.  Allí junto,  todavía hoy, se alza, imponente. la estatua en metal de su fundador, observando  con curiosidad un cráneo humano, obra genial del escultor Harold Krusell.

Inminente  destrucción del Museo  levantado por Le Paige. 

Hemos tenido conocimiento que  el Museo muy pronto va a ser demolido; desde sus cimientos. No quedará "piedra sobre piedra". Los aires de "progreso"  han invadido a San Pedro y  se pretende levantar  hoy  (con planes ya aprobados),  un Museo nuevo, de diseño y estructura muy diferente y de mayor tamaño,   haciendo trizas el antiguo, su historia, sus tradiciones,  sus recuerdos, en una palabra, su vida de largos sesenta años.  El argumento que se esgrime:   el antiguo Museo no ofrecía suficiente seguridad ante los sismos y aguaceros y, además,  ya se había hecho muy  pequeño. Para  los arquitectos que asumen la tarea de levantar un nuevo Museo,  el edificio de Le Paige  y de Carlos Contreras (su arquitecto en 1962), "no tendría ningún valor patrimonial" (expresión textual). Porque si lo tuviera, ni siquiera hubiesen intentado  postular a este suculento Proyecto de  20 millones de dólares  (!). Lo más grave, a nuestro juicio, es que tal premisa errónea ha sido  también respaldada por las autoridades municipales de San Pedro  (las que aprobaron el nuevo Proyecto),  investigadores del propio Museo y una pequeñísima parte del vecindario atacameño.

No estamos de acuerdo.

 Discrepamos absolutamente de este veredicto injusto. Creemos que se ha pecado aquí  de  una total ignorancia  del sentido, origen, visión,  misión y destino del antiguo Museo por parte de su creador, Gustavo le Paige.   A nuestro juicio, sólo se esgrime  vanos pretextos, pues bien se pudo salvar la interesante estructura original ideada por Le Paige -ya parte de una larga historia local-,   integrándola como parte de un conjunto más amplio y armonioso, uniendo así sutil y hábilmente el pasado y el futuro. Así, se habría salvado este ícono sanpedrino  de unos 63  años de existencia, constituido ya en un edificio de valía científica e histórica internacional indiscutible, a pesar de su relativa juventud en términos cronológicos.

Destruir   el Museo de Le Paige es  destruir en parte su memoria, su legado. 

 La memoria y actividad investigativa de Gustavo le Paige estuvieron  unidos indisolublemente a este "su Museo"  y "su diseño", no a otro, su sucesor, por más que este último trate de recrear -como imaginamos lo hará- ambientes del pasado. "Destruir la memoria" de gestas  admirables  (aunque recientes) es hoy día prurito frecuente entre algunos audaces arquitectos o constructores, incapaces de valorar la historia reciente,  sus hitos, personajes y epopeyas; su enorme y decisiva influencia en la historia e iconografía local.  Para mí ellos son y lo serán siempre -y perdóneseme la expresión- "verdaderos iconoclastas".   Tal  vez sean  muy versados en su arte arquitectónico, pero "iconoclastas"  desde  el ángulo cultural.  Iconclasta es- ad literam, "el que destruye una imagen, un ícono, un hito histórico".  La larga historia del Museo de San Pedro -que podemos seguir aún hoy gracias al "Diario" de Campo" del jesuíta arqueólogo-,   presenta ribetes casi homéricos.  Esto parece haberse olvidado enteramente.  ¡Tanto fue el esfuerzo desplegado en esa época por Le Paige y la Universidad del Norte, por poner sobre el tapete internacional  las culturas de San Pedro, su continuidad en el tiempo  y su antiquísima cronología!. Leyendo el "Diario" de Le Paige, parco en palabras, pero elocuente, uno comprende y aquilata el costo de su epopeya, el tremendo esfuerzo desplegado. ¡Levantar un gran Museo, de varios miles de m2 de estructuras,  en medio del polvoriento San Pedro de aquellos años, era no solo una osadía sino un logro indiscutido!. Y como tal fue ampliamente reconocido en su tiempo por chilenos y extranjeros.

¿Qué hay detrás de esta demolición?.  ¿Secretas intenciones tal vez?.

.  ¿Hasta qué punto, -nos preguntamos hoy algunos antropólogos-  no habrá aquí, tras esta proyectada demolición,  secretos designios de enriquecimiento por parte de  personas ajenas a la región,  su rica historia y tradiciones y/o, tal vez, el escondido anhelo de unos pocos  inexpertos atacameños - infieles a su herencia cultural-  de  ir borrando, poco a poco,  las huellas del "cura Le Paige" acusándolo desleal e injustamente de "profanador" de su pasado?.  El tiempo y su implacable juicio,  un día  dirán cuánta ignorancia, cuánto desconocimiento, cuánta falsedad  hubo  en  tejer y propalar aseveraciones tan ligeras, tan faltas de base. No han reconocido éstos las verdaderas y auténticas intenciones de Le Paige, al desenterrar a sus presuntos ancestros. con una finalidad científica demostrable!. Y digo "presuntos", porque  la probabilidad de que se establezca algún día un parentesco real, certificado por el ADN, de los actuales atacameños con  aquellos que  vivieron en los siglos  I al VI después de Cristo, es muy remota, remotísima.  Mucho antes, sospecho,  se va a establecer parentesco real con los migrantes que  vinieron, en calidad de arrieros, desde  el altiplano boliviano o  desde Córdoba, Salta o Tucumán a radicarse en los valles atacameños.  ¡Y éstos no eran lickan antai, ciertamente!.

El veredicto de la historia.

La historia  - la historia total- nos dará un día su veredicto  como "maestra de la vida". Los líderes atacameños del futuro un día reconocerán  hidalgamente en Le Paige no solo al gran defensor y difusor de su cultura y sus tesoros, sino también al más grande propulsor del verdadero y auténtico progreso cultural, social y económico en su zona. No hubo iniciativa  de progreso verdadero (caminos, reforestación, canales de regadío, defensa de la propiedad de sus aguas, defensa del medio ambiente, electrificación, deporte, seguridad, salud, educación...) que Le Paige no compartiera y apoyara entonces con todas sus fuerzas.  Que hoy algunos pocos "pseudo-iluminados", no le asignen su capital y decisiva importancia en el renacimiento cultural de su etnia, no es de extrañar, en un período inicial de re-etnificación lickan antay, proceso en el que se pretende injustamente, por unos pocos, desconocer los logros obtenidos en el pasado reciente por sus auténticos pioneros y gestores. Los verdaderos pioneros nunca deben ser olvidados por los pueblos a los que sirvieron con generosidad, veneración y cariño. No solo son parte de su historia, sino son, también,  las mejores "antorchas" que guiaron por varios decenios su recorrido en la oscuridad y los guiarán indudablemente  también en el futuro, si saben acoger, con devoción  y respeto,  su herencia y su legado.

Obras escritas sobre el Padre le Paige. 

 Lo que nos duele profundamente, al escuchar incrédulos la noticia de la inminente demolición del Museo antiguo, es que lo que se ha destruido una vez, no volverá a ser erigido  jamás; empieza una nueva era,  sobre las cenizas de lo antiguo, antecedente. Se borra de un plumazo lo anterior, considerado caduco, imperfecto,  perecedero y, por tanto, digno de destrucción y olvido.

Hemos estado leyendo, tras regresar de  San Pedro, la obra   dedicada a  Le Paige y su historia  casi mítica,  por el periodista belga Christian de Brulle. La rotuló "Le dernier roi de l´Atacama",  ("el último rey de Atacama"). Esta obra de un periodista  hábil, de   188 densas páginas,  nos deja, sin embargo, sabor a poco. Le reconocemos, sin embargo, el gran mérito de basarse en mucha información de primera mano, como las innumerables cartas intercambiadas con su hermano mayor Constantino  y miembros de su familia. Como buen periodista, se sirve de información de terceros que lo conocieron a fondo, ya que el mismo no tuvo el privilegio de  conocerlo personalmente. Pero lo que es indiscutible es que su autor expresa una suprema admiración por su obra arqueológica, dados los escasos medios de que entonces disponía.

La obra del arqueólogo piqueño Lautaro Núñez, denominada:  "Cronología  de una misión", dedicada a la memoria del P. Le Paige y publicada  por Ediciones Universitarias,  Universidad Católica del Norte en el  año 1993,  trece años después de su muerte, es un  recuento y/o relato histórico y en parte más bien anecdótico,  de sus numerosos trabajos arqueológicos  en el área atacameña.  Su guía en esta tarea es, en gran medida, el  propio "Diario de Campo" de Le Paige.  No es ni quiere ser  un intento por descubrir y profundizar los aciertos y las notables  intuiciones científicas de le Paige, a pesar de que hidalgamente reconoce algunos de ellos.  Es más bien un relato entretenido de su rica y agitada vida, distribuida entre la arqueología y la atención espiritual de sus feligreses atacameños. La arqueología que para él comenzó siendo una especie de  hobby placentero, pronto se fue convirtiendo en un trabajo científico serio, cada vez más apreciado por los científicos de los países vecinos con los cuales tenía nutrida correspondencia, a la vez que  el mismo sacerdote era nutrido y reforzado por ellos con el empleo nuevas tecnologías y visiones.

Hace falta un estudio en profundidad del quehacer de Le Paige en la zona de San Pedro.

Echamos allí de menos un estudio reflexivo y profundo sobre  el rol de Le Paige en el estudio científico del área atacameña, su importancia y su  valor en el descubrimiento  de las secuencias culturales en la región, así como sobre  la existencia de las diversas influencias culturales foráneas en San Pedro. Estudios que fueron absolutamente pioneros en su tiempo. Hace mucha falta  escudriñar y destacar en las diferentes artículos y libros de le Paige, su gran originalidad  y su afán pionero por describir todas las culturas que se sucedieron en la zona de San Pedro hasta la llegada del español. Hace falta presentar con mayor acopio de información y análisis más fino de sus escritos, al auténtico pionero de los estudios atacameños en un enfoque integral, y al verdadero precursor del desarrollo endógeno de este pueblo, conservando y protegiendo a toda costa  su propia identidad cultural. En este terreno,  queda aún mucho por hacer y lo publicado sobre él nos deja -a los que conocimos muy de cerca su actividad tanto social y religiosa como científica-  sabor a poco, a demasiado poco.  La distancia que hay entre Ricardo Latcham su predecesor (en su estudio  sobre la "Arqueología de la región atacameña", 1938)  y aún de las obras de Grete Mostny (1948, 1952, 1954, entre otras) y el conjunto de los trabajos de Le  Paige, es significativa y debería ser analizada y realzada en su verdadera dimensión, máxime como visión certera de un  desarrollo secuencial, que cubre una amplia  franja de tiempo, en un impresionante desfile de etnias y culturas diferentes.

Cómo era el Museo hoy moribundo: sus últimos estertores.

A continuación, presentamos una serie de fotografías tomadas  en los últimos días de Mayo de este año 2016, inmediatamente antes del inicio de las obras de la demolición. Su mérito y valor testimonial es evidente.  Las imágenes históricas son de nuestro corresponsal Justo Zuleta,  en San Pedro de Atacama. Nos alegra poder exponerlas ante esta tribuna internacional.

Fig. 7.  El exterior del complejo de rotondas del Museo actual, rodeado de muros de adobe.

Fig. 8.  Frontis del Museo. A la izquierda, la estatua del P. Le Paige S.J, obra de Harold Krusell. ¿Cuál será ahora el destino de esta fina y grandiosa escultura en bronce?.¿ Qué dicen los arquitectos del nuevo Museo?. ¿O irá a parar, tal vez, a algún desván u oscura bodega  de un nuevo Museo?.

Fig. 9. La enorme estatua del jesuíta  Le Paige, pensador de un mejor  futuro para los atacameños. Aún está allí en pie....¿hasta cuándo?.¿Cuál será su destino final?

Fig. 10.  Uno de sus corredores.

Fig. 11.  El hall central del Museo donde Le Paige dispuso, desde sus inicios, la presentación en vivo de un entierro atacameño con todas sus pertenencias.

Fig. 12.  Vista del conjunto de  la techumbre de esta primera rotonda. Al centro, el lugar de enterramiento referido en la figura anterior.

Fig  13. Una de las alas laterales. Cada ala del antiguo Museo  fue  preparada  en sus vitrinas para exponer una determinada época de desarrollo atacameño.

Fig.14.  Un rincón en una de las bodegas del Museo.

Fig. 15.  Las hermosa techumbre  o cúpula de la rotonda principal, en la zona de acceso al Museo.

Epílogo.   

Hemos planteado crudamente el problema.  Para nosotros, sin género de duda, lo que se está gestando en estos precisos momentos, es un crimen cultural, un atentado contra un "patrimonio", creado con esfuerzo y brazos de los propios atacameños en estos últimos  63 años. Sus responsables, son verdaderos iconoclastas.  Aunque algunos de ellos, tal vez, no se den hoy bien cuenta de ello.  El hecho de la relativa "juventud" (63 años) de este Museo no impide en absoluto que un edificio o recinto adquiera un valor francamente patrimonial. Si no, pregunten al Consejo de Monumentos Nacionales por qué se ha declarado recientemente (2016) "patrimonio nacional" la humilde casita donde vivía el sacerdote francés  André Jarlan  en la población  "La Victoria", en Santiago, vilmente asesinado  durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1975). ¿Por qué fue declarado "monumento nacional"?. Por su enorme significación e impacto  en una comunidad. Por eso. Y nada menos que por eso... Ciertamente no por su belleza arquitectónica, por supuesto.

¿Dónde está su voz?.

Hemos echado de menos en el presente caso, la voz airada -en otras ocasiones, destemplada-  de los arqueólogos chilenos. Esa misma voz que hemos escuchado tantas veces "repiquetear" cuando se destruyen los sitios arqueológicos por el paso del "huracán Dakar".  Echamos particularmente de menos, con dolor y molestia,  la voz de aquellos que laboraron  con el propio Le Paige  en su Museo, que fueron acogidos por él y se enriquecieron enormemente con su experiencia de terreno y conocimiento exhaustivo de los sitios. Nadie parece haber levantado la voz ante esta situación, tan claramente anti-patrimonial. Ni siquiera los propios arqueólogos que hoy laboran en San Pedro de Atacama y usufructúan de sus ricos materiales culturales, la mayoría de ellos excavados o citados por Le Paige. ¿Tal vez nos equivocamos?. ¡Ojalá !. ¿Por qué -nos preguntamos perplejos-este extraño, misterioso y casi sórdido silencio?. De las pocas personas que sabemos han levantado su voz para denunciar valientemente este desatino cultural, hoy en vías de ponerse en práctica, es la arqueóloga, residente en San Pedro, Ana María Barón. El otro, es un joven antropólogo atacameño: Ulises Cárdenas. No hemos sabido de nadie más. ¡Tan solo ellos!. "Apparent rari nantes in gurgite vasto", ("aparecen unos cuantos náufragos en un vasto mar")  solían decir los romanos en una ocasión semejante.  ¿Qué pasa con las decenas de arqueólogos y antropólogos que han trabajado en la región de Antofagasta y específicamente en San Pedro?. ¿Ignoran tal vez  este hecho deplorable?  ¿O será que ellos están muy acuerdo con esta destrucción ignominiosa? ¿Qué razones de peso esgrimen para ello?.  Ojalá tuviéramos alguna respuesta; alguna respuesta digna de crédito.  


viernes, 27 de mayo de 2016

Un testigo peruano de la existencia y empleo de las balsas de cueros de lobos marinos en la costa del Pacífico sur. Testimonio del marino Aurelio García y García en 1862.

Releyendo antiguos trabajos de investigación del historiador chileno Oscar Bermúdez Miral,  he tropezado con esta referencia que, en beneficio de nuestros lectores y de los jóvenes estudiantes, me permito presentar aquí, con nuestras reflexiones de tipo eco-antropológico. La referencia genérica  a esta obra del marino peruano Aurelio García y García, aparece en un artículo del citado historiador titulado: "Empleo de las balsas de cueros de lobos marinos en el embarque del salitre", Revista de la Universidad del Norte, Antofagasta, Abril 1968, Vol. II, N° 1.  

Fig. 1.  El capitán Aurelio García y García, autor de la obra "Derrotero de las Costas del Perú", Lima  1863.  (imagen tomada de wikipedia:  https://es.wikipedia.org/wiki/Aurelio_García_y_García).

                       
 Fig. 2. Dibujo de una balsa tripulada en la rada de Arica hecho  por el dibujante Felipe Bauzá, miembro de la expedición de Alejandro  Malaspina  a las costas del Pacífico Sur. (año de  1790). Esta imagen  pertenece a la obra:   "La expedición Malaspina en la frontera austral del imperio español",   Rafael Sagredo y José Ignacio González, editores, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Editorial Universitaria, Santiago de Chile,  2004, pág. 718).

¿Quién era don Aurelio García y García?.

Presentamos a continuación en imágenes  la portada  y  algunas páginas de la obra original  del oficial de la marina peruana, publicada en Lima en el año 1863 que, a nuestro juicio,  ofrecen un especial interés por su contenido antropológico. El Teniente Primero de la Armada del Perú don Aurelio García y García (1836-1888) nos ofrece en este libro, entre  otras muchas descripciones y datos geográficos y económicos, una pormenorizada descripción de las embarcaciones típicas de los changos o camanchacas, famosos pescadores de la costa árida del Perú y Chile. Por esas fechas, los pescadores costeros ya se habían habituado a trabajar en los puertos y a utilizar sus balsas  como  excelentes lanchas de aproximación a los veleros, surtos  algo más lejos de la playa,  tanto para la carga  como la descarga de los más variados elementos, así como para  el trasbordo de  pasajeros  y sus equipajes. Más aún, estos pescadores eran reconocidos en toda la costa  como diestros navegantes y hombres honorables, a los cuales se podía confiar sin temor sus equipajes personales y sus bienes más preciados. 

Mérito de esta descripción.

El texto del Teniente Aurelio García posee en nuestra opinión un valor muy particular. En efecto, tiene el gran mérito -a diferencia de otras descripciones de viajeros extranjeros que también hemos analizado en este mismo blog- de ser fruto de su propia experiencia de varios años de navegación en estas costas y del conocimiento  exacto de las condiciones geográficas de cada bahía, caleta, surgidero o puerto del Pacífico sur.  No pocos viajeros franceses, ingleses y holandeses  habían descrito y hasta dibujado, ya a partir del siglo XVII, estas raras embarcaciones, al topar ocasionalmente con ellas  en los puertos de atraque de sus navíos. Pero estos avistamientos de balsas eran fruto tan solo de  visitas ocasionales y/o  fortuitas. El marino peruano, en cambio, las ha observado numerosas veces en sus recorridos por la costa, y movido por su innata curiosidad intelectual,  apunta datos que otros observadores extranjeros omiten,  o a veces tergiversan involuntariamente.

Objetivo de esta obra.

El objetivo primario de este oficial peruano  en su obra es  dar cuenta  muy detallada de las características náuticas y facilidades o dificultades  que ofrecían a los navegantes  en barcos a vela los lugares de recalada en la costa del Pacífico sur. Igualmente, los recursos con  que se podía contar  en ellos, máxime el agua para la bebida. Por aquellas fechas, no se contaba aún en estas costas  con "vapores", o sea con barcos movidos  a propulsión a  vapor,  mediante la quema de carbón de piedra. Es decir, el viento era  el "motor" de dichas embarcaciones, por lo cual  las referencias a la presencia de vientos, su origen  y su intensidad relativa, en los distintos parajes, era un dato  esencial para el piloto de entonces. La segunda premisa básica era el conocer lo más exactamente posible los arrecifes costeros y la presencia de rocas sumergidas que hicieran peligrar  la aproximación de las naves a la costa. Afortunadamente para nosotros, el piloto peruano se extiende en ocasiones  en  la descripción o referencia a otros temas, demográficos o económicos,  que le sugiere un determinado punto de la costa. Es lo que ocurre en el caso presente, cuando nos describe  con gran detalle el puerto de Iquique  y sus contornos.

Fig. 3.  Portada de la obra.


Fig 4.   La misma portada anterior, que incluye  el importante dato de su  lugar de impresión: Lima 1863 y el establecimiento gráfico donde fue impreso: "Establecimiento tipográfico de  Aurelio Alfaro". 


Fig.  5. Descripción del puerto de Iquique. Datos sobre su población  a la fecha (1863), falta  total de vegetación y  de agua. Modo local de obtención del agua potable mediante máquinas  de condensación. El "señor Smith" aquí citado, es nada menos que el magnate salitrero inglés  George Smith,  dueño de la salitrera "La Noria",  que concibió el audaz  plan de unir por ferrocarril Iquique con su salitrera situada en plena pampa, plan que por desgracia no llegó a ejecutarse.  Fue  el mismo Smith quien acogió al destacado biólogo inglés  Charles Darwin, su compatriota,   en su  visita a la pampa salitrera  realizada en julio del año 1835.

Fig. 6.  Referencia a la reciente explotación del bórax en el territorio salitrero en el hinterland de Iquique  y a la decadencia casi total de las explotaciones de plata en el mineral de Huantajaya. Estos se hallan, a la fecha, "casi abandonados". También se alude a la futura construcción del ferrocarril a la salitrera "La Noria",  obra que nunca llegaría a realizarse. En esta página, en las últimas líneas,  se inicia la notable descripción de las balsas de cueros de lobos marinos, tema de este capítulo. (pág.  28).

Fig. 7.   Prosigue la descripción prolija de la balsa de pellejos de lobos marinos. 

Nuestro comentario eco-antropológico.

1.  En la páginas 17 y 18  de esta interesante obra se  señala, para  el puerto de Loa, la presencia de una capilla desamparada.  Se dice allí textualmente: "delante de la quebrada es la playa arenosa y baja, y forma una pequeña caleta que se denomina del Loa....El desembarcadero más seguro es por la parte del S., barando  (sic!) en la playa, a poca distancia se ven unos ranchos que habitan pescadores y una iglesia abandonada. Lugar falto de todo recurso". (subrayado nuestro).

 Esta capilla católica dependió, durante toda la época colonial, de la encomienda española de Pica y Loa, con  sede en la localidad de Pica. Sabemos por numerosas fuentes que en la zona de la desembocadura del río Loa existía una numerosa colonia de changos, pescadores-recolectores marinos que vivían de la pesca del congrio y otros peces que salaban para conducirlos  en calidad de "charquecillo" a las zonas pobladas del altiplano boliviano donde era muy apetecido.  No sabemos con certeza  donde estaba situada dicha capilla, ni conocemos detalles de su equipamiento (ornamentación religiosa). Sospechamos que se alzaba  allí mismo donde hoy se levantan los edificios de  la aduana  que controla  el paso de la I° a la II° Región de Chile, es decir en el margen norte del río Loa,  a unos 500-600 metros  de las ruinas de viviendas del período arcaico estudiadas por el arqueólogo chileno Lautaro Núñez en el año 1975 (Cfr. Núñez, "Caleta Huelén-42: una aldea temprana en el norte de Chile",  Revista Hombre y Cultura", Centro de Investigaciones antropológicas, Universidad de Panamá, |tomo II, N°  5, 67-103).

2.  No existen -que sepamos- antecedentes históricos sobre la localización exacta  de las ruinas de esta capilla, ni tampoco  sobre la fecha de su abandono definitivo. Debió tratarse de una muy pequeña capilla dotada de una habitación anexa para el cura visitante, hecha  probablemente de adobes y toscamente techada con ramas de chilcas (Baccharis sp.) y soronas (Tessaria absynthioides), especies vegetales   muy abundantes hasta hoy  en la zona de la desembocadura del río Loa. ¿Por qué fue abandonada?. No es difícil imaginarlo.  Su desamparo  seguramente ocurrió cuando la comunidad de los changos que  normalmente  vivía allí desapareció del lugar y emigró,  o tal vez  fue exterminada por alguna peste, tal como ocurriera algo  más tarde en el puerto de Cobija.

3.  En tiempos bastante más tempranos, hacia el año  1652, el Censo colonial señalaba la presencia de 15 tributarios pescadores en la zona del Loa, equivalente a una población aproximada de  unas  70-75 personas en total   (Cfr. José Luis Martínez. en  "Pueblos del chañar y el algarrobo. Los Atacamas en el siglo XVII",  Ediciones de la Biblioteca de Archivos y Museos, Santiago, 1998, pág.  82). Creemos que mientras existió la Encomienda española de Pica y Loa,  sus encomenderos  tuvieron particular cuidado de proteger esa comunidad de pescadores que les surtía, en calidad de tributo,   de pescado  seco y salado durante todo el año. La sola denominación de la encomienda como "de Pica y Loa", hace referencia  indudable a una  población importante de pescadores en la desembocadura del río Loa. Esta desaparece,  creemos, a fines del siglo XIX, por razones que  habría que investigar más a fondo.

4.  ¿En qué lugares observa el marino peruano estas balsas  (el autor escribe "balzas")?.  Nos responde que existen "en el puerto de Iquique y en casi todas las caletas de esta costa".  O sea,  dondequiera  hubiera pescadores changos establecidos; por tanto,  a fortiori  nos atrevemos a afirmar  que también las había en el Loa.  Es decir,  este tipo de balsa era de uso  frecuente en  todos los puertos  y caletas,  aún en las más pequeñas, caletas  que el autor va describiendo una a una en la zona entre el Loa e Islay,  área costera en la que  el autor observa la presencia de esta embarcación. Tan solo entre el río Loa y el puerto de  Iquique, el autor  distingue por sus nombres vernáculos,  16 caletas,  casi todas ellas deshabitadas, con excepción de caleta  El Loa y Pabellón de Pica, donde registra presencia de algunos pescadores.

5.   Se señala explícitamente que en su tiempo  (mediados del siglo XIX), el límite norte hasta donde solían alcanzar  normalmente las balsas de cueros de lobos en sus desplazamientos por la costa, era el puerto peruano de  Islay.  Tal vez este dato nos pueda ser útil para determinar la extensión de la franja costera donde se observaba la  presencia y  actividad de estas curiosas balsas en esa época, en  la porción meridional del Perú de entonces.

6. Lo que no significa, necesariamente, que estas embarcaciones fueran construidas en todas partes. Es más probable suponer que  había ciertos lugares donde se las confeccionaba de preferencia, por existir allí mayor  población masculina,  más recursos y tal vez,  maestros especializados,  más hábiles.   Paposo, Cobija,  el Loa, y Pisagua, parecen haber sido los sitios  preferidos para su confección,  en el segmento actual chileno de esta costa. Además, allí había mayor concentración de población camanchaca.  En tales sitios, había agua, aunque casi siempre de mala calidad, y madera (leña),  lo que permitía, igualmente,  una permanencia más duradera de las comunidades pescadoras  (semi-sedentarismo). Eran también , por esta misma razón, los sitios obligados de recalada regular para los veleros que surcaban esta sección del océano Pacífico. Allí, podían surtirse de pescado  fresco,  seco, mariscos, sal  y  agua potable. Algunos de estos puntos, como Cobija, caleta Loa,  Iquique y Pisagua, eran igualmente, lugares donde existía una frecuente comunicación terrestre hacia  las quebradas interiores, tanto en la región de Tarapacá  (Ver en Planos de don Antonio O´Brien en 1765) , como en Antofagasta  (vía el río Loa y Calama), para el intercambio de productos marinos por agrícolas, y viceversa entre las etnias del hinterland y los pescadores-recolectores costeros .

6. Análisis de la descripción de las balsas de cueros de lobos marinos.

La descripción que aquí  nos da  el oficial García y García de las balsas de cueros de lobos marinos, aunque sucinta es muy completa  y en extremo interesante. Analicemos con cierto detalle  su  contenido.

6.1.  La balsas  se utilizan tanto para el embarque  del salitre  hacia los navíos, como para la pesca artesanal.  Es decir, los antiguos pescadores se han transformado ya en fleteros, pero sin abandonar del todo la pesca, básica para su subsistencia como grupo.

6.2.  La balsa  se compone de dos elementos (dos pellejos), cada uno de ellos, a su vez, está formado por dos  segmentos  del cuero del lobo, muy bien cosidas  entre sí, lo que permite obtener  un flotador  mucho más largo y resistente al peso..

6.3.  Ambos extremos terminan en punta  (proa y poa). Lo que facilita grandemente  el deslizamiento de la embarcación en el agua.

6.4.  Los odres o pellejos se inflan haciendo uso de  una tripa  cuyo tapón o boquilla es confeccionada en  hueso. No se consigna su nombre.

6.5.  Las dos  pellejos o o secciones de la balsa se unen y amarran fuertemente con sogas de cuero, instalándose  en la parte superior una plataforma  hecha de tablas,  donde  va  bien amarrada  la carga.

6.6.  En dicha plataforma va igualmente,  arrodillado, el balsero  o remero, provisto de un remo  en forma de canalete doble ( es decir de doble pala)  con el que impulsa la embarcación.

6.7.  Con este tipo de embarcación realizan largos viajes  desde las caletas del sur (al menos desde el río Loa donde los ha observado el marino García) hasta los puertos más norteños de de Arica e Islay.

6.8. Para estos viajes más largos, instalan a bordo de la balsa  un pequeño mástil provisto de  una vela de género (tocuyo).

7.  El puerto peruano de Islay (Matarani) queda en las coordenadas  geográficas  17° 00´ 00´´ S. Iquique,  en 20°  13´ 00´´ S. Arica, en los  18° 28´ 30´´ S.  Si consideramos que  la distancia entre un grado geográfico y otro es de  110 km lineales,  quiero esto decir que un viaje en balsa entre Iquique e Islay, suponía cubrir una distancia de  no menos de  350 km en línea recta, distancia considerable para una balsa que requirió para ello,  sin duda, de  muchos días de viaje.  Sólo razones económicas de mucho peso podrían haber  justificado tan largas travesías por mar.  Es cierto que los  remeros pudieron  atracar en alguna playa intermedia y  bajar  a tierra en cualquier parte, bien  conocida para ellos, para descansar en el trayecto y cargar agua en sus odres de cuero.



jueves, 19 de mayo de 2016

Un médico norteamericano visita Coquimbo y la Serena en el año 1832: descripción de las balsas de los changos y otros aspectos de la sociedad de la época.


Presentamos en este capítulo una sección escogida  (capítulo) de  la obra del médico naval norteamericano William Samuel Waithman Ruschemberger  atingente al tema de estudio de los changos, pescadores autóctonos de las costas desérticas de Chile  y  Perú.  Sus páginas  nos presentan informaciones de primera mano, obtenidas in situ por este testigo presencial. La referencia corresponde al mes de septiembre del  año  1832.  Aquí presentaremos, primero  las referencias obtenidas en el puerto de Coquimbo (La Herradura) y un análisis de las mismas desde el ángulo eco-antropológico. También se hace hincapié aquí sobre otros aspectos sociales, económicos y aún botánicos de la región que al autor llaman particularmente la atención en su visita.

En un próximo capítulo, nos referiremos a la descripción del puerto de Cobija, en la costa de Antofagasta, por entonces perteneciente a Bolivia. Esta última descripción, minuciosa  y pormenorizada, ocupa todo un capítulo  correspondiente a las "Noticias de Bolivia" del autor.

Fig. 1. Reproducción de la portada de la obra original de William Ruschemberger, publicada en Londres en 1835. (ejemplar donado por Mrs. Lillian Quinn en East Setauket, USA).

Fig. 2. Publicación castellana de la misma obra, traducida por  Eduardo Hillman Haviland. En esta edición -como se señala más abajo- falta el capítulo dedicado a la recalada en el puerto boliviano de Cobija, hoy  perteneciente a  Chile. Aquí, en Cobija, el médico  hace nuevamente referencia a las balsas de cueros de lobos marinos de los pescadores changos que ya había descrito en el puerto de Coquimbo.

Cómo llegué a conocer el original de esta obra.

En el año 1970, recién llegado a los Estados Unidos a iniciar  mis estudios de doctorado en Antropología en la State University of New York, en Stony Brook,  conocí  accidentalmente esta obra. Era parte de la biblioteca de Lillian Quinn, una antigua profesora básica norteamericana que en sus años mozos, hacia 1910-1915, había vivido en la ciudad de La Serena, (Chile) donde su hermana había  sido nombrada Directora de la recién creada  Escuela Normal.  A su arribo a Valparaíso, Lillian compró esta obra, publicada en Londres en el año 1835,   en la librería "Cosmopolita" de ese puerto para informarse más en detalle de la región en la que iba a vivir por unos años. Lillian residía, ya muy anciana, en el pueblo de East Setauket, cuando yo llegué con mi familia  a comienzos del año 1970. Deseosa de practicar la lengua castellana que aprendiera cuando niña,  me pidió la visitara regularmente, para practicar este idioma que conservaba aún, con la típica pronunciación chilena. 

Hurgando entre sus libros.

Entre nuestras amenas conversaciones, mitad en inglés y mitad en castellano, ella me mostró los libros que conservaba, como joyas, de esa su ya tan lejana época de juventud en Chile. La obra me interesó vivamente, al descubrir que su autor, médico de la marina  estadounidense, había descrito magistralmente parajes de la costa del norte de Chile que me eran familiares; entre ellos, Coquimbo y Cobija.  Y en aquellos parajes, había observado con detención el trabajo de pescadores autóctonos y sus extrañas embarcaciones hechas de cueros de lobos marinos.  Éstos, conocidos en la literatura etnográfica chilena y peruana como "changos",  construían y utilizaban  las "balsas"  tanto en la pesca costanera como en el carguío de mercaderías a los barcos surtos en los puertos.  El ojo perspicaz del autor del libro, el médico y marino William Ruschemberger, los describió con muy certeros rasgos, dejándonos precioso testimonio de su  existencia y actividad  como cargadores de puerto y avezados navegantes.

Observaciones de tipo geográfico,  ecológico y etnográfico.

Las páginas de la obra de este marino que  aquí presentamos en idioma inglés en su edición original de 1835, rebozan de observaciones de gran interés  eco-antropológico, razón por la cual  intentaremos extraer de su texto datos e informes, a veces pequeños, a veces, más completos,  que nos arrojan potente luz sobre los pobladores de la costa y el  ecosistema de la época, tal cual nos llegan a través de la vívida descripción del viajero. La obra fue parcialmente publicada  en Chile por  la  Editorial del Pacífico, S.A., en su Colección "Viajeros de antaño",  con el título: "Noticias de Chile (1831- 1832)", en el año  1956; 120 p. Digo parcialmente, pues  el editor chileno, de siglas H. M.,   no reparó que  en su sección dedicada a  las "Noticias de  Bolivia", el autor inglés  incluía también preciosas referencias a su recalada en el puerto de Cobija, en la costa de Antofagasta, por entonces (1835) en posesión de Bolivia.  Su visita de varios días a la zona de Cobija y Gatico, le permite acopiar referencias de gran interés para nosotros, por tratarse de un médico, testigo  de excelente formación científica,   que llegó a ocupar altos puestos  en la Academia de Ciencias de Filadelfia. 

¿Quién era William  S.W. Ruschemberger?. 

Extractamos las escasas noticias que  la citada obra de la Editorial del Pacífico publicó en  1956 sobre su autor. Hemos hallado otras referencias sobre este interesante personaje en Internet.  Su vida transcurre entre  el 4 de septiembre de 1807, (nace en Bridgeton,  New Jersey, Estados Unidos) y el 24 de Marzo de 1895 (fallece en Filadelfia, Estados Unidos). Visitó Chile por vez primera  en el año 1827 ó 1828, a bordo del barco Brandywine, como ayudante del cirujano a bordo. Las observaciones que aquí presentaremos, corresponden a un segundo viaje suyo, a bordo esta vez del Falmouth, velero también norteamericano. William se recibió de médico en la Universidad de Pennsylvania  (Perelman School of Medicine) en el año 1830 y fue nombrado Cirujano de la Marina, el año 1831.  Por tanto, al inicio de  este viaje a las costas de Chile, Bolivia y Perú, era sumamente joven,  apenas de 24 años, y estaba recién recibido de médico.  Tanto más mérito tiene  su obra, por su notable interés en  registrar detenidamente todo lo que observa, pregunta o lee sobre las costumbres, historia, demografía o economía  de las zonas que visita.  Ruschemberger conoce las obras de varios de los navegantes que le precedieron;  así, cita a Frézier, a Miers, a Porter, a Basil Hall, a Miller; pero también conoce  y cita los escritos de  españoles como   Unanue, Jorge Juan y Antonio de Ulloa. También  ha leído las ediciones del famoso periódico "El Mercurio Peruano". Llama la atención su particular interés por averiguar  informes sobre  el movimiento de navíos en la costa, características defensivas de los puertos,  así como su capacidad de descripción de las costumbres y hábitos de los pueblos y ciudades que visita.  Mayor información sobre  este personaje, sus viajes y sus obras,  se puede obtener  a través de  Internet en
 https://es.wikipedia.org/wiki/William_Samuel_Waithman_Ruschenberger.

Obras del médico naval.

 Entre  1870 y 1882, Ruschemberger fue  Presidente de la Academia de Ciencias de Filadelfia y, desde 1879 hasta 1883, presidente de la  Facultad de Medicina de la misma ciudad.  Fue autor de varias obras, además de la presente, como:  A Voyage around the World (1835),  Elements of Natural History (1850) y otras. En 1854  aparecieron sus  "Notes and Commentaries During Voyages to Brazil and China". Una de sus más divulgadas obras fue  su "First Books on Natural History", una serie de ocho volúmenes  que llegó a ser muy popular en su tiempo. En su manera de relatar, este médico se manifiesta como un naturalista nato, con un particular interés por la botánica, la geografía  y la biogeografía. La obra que presentamos, en consecuencia, aun siendo obra de su juventud,  no por eso está  desprovista de un creciente interés para un antropólogo cultural y un ecólogo.

Las páginas del texto,  Capítulo VII. Visita  a Coquimbo y la Serena.

Fig. 3.   Llegada a Coquimbo. Fuertes vientos (alisios)  del sur. Descripción de la ensenada o bahía de Coquimbo (La Herradura).

Fig. 4.   Carga de agua potable en los navíos. El puerto de Coquimbo fue un antiguo surgidero de barcos balleneros que ya no acuden a este lugar. Variedad de pescados y mariscos, algunos de especies diferentes a las que se encuentra en  la zona de Valparaíso.

Fig. 5. Referencia a la falta de municiones del fuerte que lo protege. Describe detalladamente  las balsas de cueros de lobos marinos  que en gran número acuden a los costados del velero americano para ayudar en las faenas de descarga. Explica en qué consiste una "balsa" y cómo está construida. Utilidad  de estas balsas en estas costas. 

Fig. 6.  Disputas entre  tripulantes de balsas.  Descripción del puerto: su población consiste en  una docena de ranchos, otras tantas ramadas, y un edificio  de dos pisos: la capitanía de puerto. Cómo se hace una ramada.  El muelle.  La Aduana. Llegada de barcos  norteamericanos a cargar cobre.  Su capacidad de carga hasta  800 quintales españoles. Valor del quintal de cobre.

Fig. 7. Envío de 70 a 80 marcos de plata en forma de "plata piña" a Inglaterra por barcos ingleses. Contrabando de oro. Descripción del camino del puerto a la ciudad. Puente hecho  de  costillas de ballena.  Cóndores y  multitud de  jotes  devoran un animal muerto. Modo local de cazar los cóndores.

Fig.  8.   Entrada a La Serena.  Aspecto de las calles y edificios  en torno a la plaza principal. Casa del gobernador, el hospital público y seis o siete iglesias. El tipo de viviendas, casi todas de un solo piso. Su población no supera los 10.000 habitantes. Las frutas que se producen aquí: lúcumas, chirimoyas, naranjas, limones, manzanas. Diferencias de gusto respecto a otros lugares de América.  Los jardines y plantas que adornan las casas. La ciudad está algo alejada del mar, separada de Coquimbo por una extensa planicie de arenas.

Fig. 9.  Chacras que rodean la ciudad.  La  región experimenta una aguda sequía que ya dura tres años (1828-1831) y ha provocado serios problemas. Falta total de pastos; falta de agua para la extracción de minerales. Grave amenaza  de ruina total en la zona  por la falta total de lluvias. Un silencio sobrecogedor  ronda la ciudad,  solo interrumpido por el cascabeleo  de las tropas de mulas que traen el cargamento de mineral. Una tropilla de mulares deposita mil quintales de carga.  Vigorosos operarios descargan sacos de hasta doscientas libras  sin aparente cansancio; su vestimenta de trabajo. Carencia de  vida social  y recreación en la ciudad. Ocupación de las mujeres.

Fig. 10.  Entretenciones de los hombres: el billar, el juego de cartas, y el fumar. Abundancia de minas en la provincia de Coquimbo. Se produce cobre, plata, oro y hierro.  Este último mineral no se trabaja por falta de combustible. No existe carbón aquí. La madera que se utiliza es la  de los espinos, y de una especie de acacia que se llama algarrobilla; cualidades de sus frutos. Dificultad para obtener muestras de minerales y su precio.  Descubrimiento  de una mina que arrojó  "papas" de plata (plata nativa). El comercio local se  abastece de elementos domésticos mediante viajes a Santiago o Valparaíso una o dos veces al año. El correo a Santiago tarda de 7 a 8 días, pero las mulas cargadas  tardan a lo menos 20 días.

Este capítulo cierra, en su página  289,  la sección del libro denominada "Noticias de Chile".

Referencias  eco-antropológicas.

1. Las balsas de cueros de lobos de los changos.

Haremos aquí un breve recuento y comentario a  las observaciones  que nos aporta la descripción de Ruschemberger.

a)  Se nos señala  que a la fecha ( septiembre 1832)   su barco, el  velero  Falmouth, fue visitado por numerosas "balsas" de la bahía. Este dato nos da a entender que  todo el  carguío y descarga de los navíos, se hacía mediante este tipo de embarcaciones aún en puertos de aguas  tranquilas como éste. En cambio, en su descripción del puerto de Valparaíso, el autor no las nombra en ningún  momento, sino habla de lanchas o chalupas (launches, p. 139). Lo que nos sugiere claramente que, por entonces,  en el puerto de Valparaíso ya no existían balsas, o, al menos,  que éstas ya no eran usadas en estas faenas portuarias   (p. 278).

b)  Explica  con cierta prolijidad el sistema de construcción de las "balsas".  Están formadas éstas por dos  cueros de foca (seal-skins). Estos cueros son cosidos formando bolsas (bags)  que se inflan con aire y son  amarradas una al lado de la otra en una punta,   quedando las otras separadas,  semejando la abertura de un compás  (they expand like a pair of compasses). La confusión entre un lobo marino y una foca, por parte de nuestro autor,  es muy comprensible, toda vez que en el hemisferio norte, en el océano Ártico, solo existen focas   (Fam. Phocidae). Los lobos marinos  (Otaria spp.; fam. Otaridae), son propios  de los océanos Pacífico sur  y Atlántico sur. Son muy abundantes en la costa sudamericana bañada por  la Corriente de Humboldt donde forman, en roqueríos costeros,  enormes loberas o loberías. Ambas especies, foca y lobo marino,  se asemejan  físicamente bastante (p. 278).

c) Indica con precisión la posición del remero en su balsa. Este se sitúa  en la parte frontal de la balsa o proa (lugar donde se unen las dos puntas de los odres que la forman)  y va sentado a horcajadas, con los pies en el agua (p. 279).

d) Señala acertadamente la forma del remo y de bogar del remero. Este es un remo de doble pala, en cuyos extremos se observa la forma de paleta o pala, instrumento  que el remero ágilmente  mueve de un lado al otro de la embarcación,  para hacerla avanzar (p. 279).

e) Se indica  su modo de empleo y utilidad en estos puertos: llevan mensajes, pescan peces y también llevan de contrabando  en una pequeña bolsa de cuero  que ocultan bajo su asiento, trozos de mineral de oro o plata (p. 279).

f) Los tripulantes de estas balsas son famosos por su honestidad  pues se les confía eventualmente el transporte de verdaderas fortunas, sin que jamás hayan  robado un solo penique (p. 279).

g) con motivo de  rencillas entre ellos, se esfuerzan por perforar el cuero de la balsa del contrario, haciéndoles  así perder aire. No raras veces las embarcaciones de ambos contrincantes  quedan de esta suerte destrozadas y se hunden . Sus ocupantes deben salvarse a nado (p. 280).

h) Echamos aquí de menos información acerca de la longitud del remo, y/o el tipo de madera con que los construyen  así como acerca  del detalle  cómo cosen los cueros para dar forma al odre  o, por fin, cómo confeccionan y disponen  la lengueta  con la que inflan los odres, sea en tierra, sea en el mar. Sobre estos aspectos, por fortuna, tenemos  información fidedigna entregada por los cronistas (como Bibar) o viajeros (como Frézier o Feuillée y otros posteriores).


Detalles  respecto a la geografía, botánica o zoología de la zona visitada.

a)  De gran interés para la historia económica y la geografía física  es la referencia a la terrible sequía que azotó la región entre  1828 y 1831 con mucha mortandad de ganado y fuerte pérdida de producción agrícola:   "la provincia  está reseca" (p. 286).

b)  Las referencias al tráfico de mulas cargadas de mineral que llegan a la ciudad de La Serena, a sus cargadores  y sus características físicas y su  vestuario son sin duda  de interés para la sociologia  y la antropología cultural. "Los peones  que acompañaban las mulas son notablemente musculosos y bien proporcionados y  maniobran sacos de doscientas libras son mayor esfuerzo". (p. 287).

c)  De importancia para la etnobotánica regional es la indicación de que la planta llamada algarrobilla  era muy usada como combustible y su fruto tomado en infusión, posee  la virtud  de restaurar la  paternidad y/o maternidad  perdida. Tema que linda ya con las creencias y  la  mitología  popular.(p.288).

d)  De gran interés nos parece  la página dedicada a  referir   el modo que tienen los cóndores de devorar  sus presas.  Rumbo a la ciudad de La Serena, topa casualmente con  el cuerpo de una mula muerta, que en ese momento era consumida simultáneamente por siete cóndores y numerosos jotes. Los cóndores son nombrados con su propio nombre castellano  (condors), mientras que los jotes son referidos como  buzzards.   Aprovecha el autor de indicarnos aquí el modo exacto como en el campo chileno (in the country) son habitualmente cazados, dejando una presa muerta  rodeada de una estrecha empalizada. Los cóndores, hartos de comida, no pueden volar sin correr previamente un trecho, momento que aprovechan los peones ocultos a la distancia,  precipitándose sobre ellos y protegiéndose de sus picotazos, los acaban a palos. La presencia de la alta  empalizada, les impide alcanzar a tomar vuelo. El relato sugiere claramente que el autor ha sido advertido por sus guías chilenos  acerca de cómo se les cazaba en su época en el medio rural. Hasta hace unos cien años, era frecuente ver cóndores en las costas de Chile, aún en las playas. Tal hecho es hoy imposible o extremadamente raro, habiéndose retirado la  especie, rehuyendo la presencia del hombre, a los lugares inhabitados de la cordillera. Su número ha  mermado considerablemente  (p. 283-284)..

e) Por fin, hacia el final del capítulo,  aparece una interesante  referencia  mineralógica  indicando el hallazgo eventual  de valiosas "papas" de plata, o  sea, de grandes trozos de plata nativa, cuyos ejemplares alcanzan altísimos precios (p. 289).  Este dato apunta al oculto interés del marino por adquirir muestras  de minerales de la región, para llevar a los Museos de Europa.

f) El interés, demostrado durante toda la obra por señalar la existencia y explotación de minas de oro, plata, cobre y  hierro,  se hace patente a lo largo de todo el relato. Era éste un aspecto en el que los comerciantes ingleses de la época se interesaban  especialmente, pues constituía el rubro más importante de comercio  con  los países de América.


viernes, 6 de mayo de 2016

Recuerdos de antaño: un viaje de estudios de la camanchaca costera en las costas de Chile y Perú en Junio del año 1981: paisajes, personajes y experiencias.


Antecedentes.

Casi todas las fotografías que ilustran este capítulo fueron tomadas por el suscrito entre los años 1980 y 1982.  A nuestros ojos, ellas poseen un valor histórico relevante, pues  pertenecen a un período  en que se iniciaron los contactos entre investigadores peruanos y chilenos para  examinar en el terreno las posibilidades reales de captación del agua de las neblinas mojadoras o camanchacas  y los sitios de mayor potencial de nieblas costeras.  El genio que logró aglutinar los esfuerzos de peruanos y chilenos en pro de una agenda común, se llamó Christiaan Gischler, un hidrogeólogo holandés con amplia experiencia en el ambiente de desierto, que por entonces  trabajaba en las oficinas de UNESCO-R0STLAC, en Montevideo, Uruguay. Gischler es, a nuestro juicio, el gran olvidado hoy día en nuestro país,  cuando nuevamente se hacen ingentes esfuerzos por hallar nuevas fuentes de agua dulce en el planeta, amagado hoy por  un calentamiento global impredecible y al parecer, imparable.

Por eso nos ha parecido que  los intentos de aquellos años por crear una estructura supranacional, por encima de los avatares políticos contingentes  que aquejan a las naciones sudamericanas del Pacífico sur, no solo es digna del mayor elogio, sino constituye un preludio para una futura colaboración internacional renovada, más eficaz y duradera en el tiempo.
Se observará que el acento nuestro en la selección de las imágenes,  siempre estuvo puesto en aspectos climáticos (nieblas) y  en sus efectos directos en la vegetación. 

Fig. 1.  Grupo expedicionario al Perú, para analizar las experiencias  en captación de agua de la nube. La imagen fue tomada  en las alturas de Paposo  (Provincia de Antofagasta, Chile) en el mes de Mayo de  1981.  De izquierda a derecha:  Guido Soto, N.N., Carlos López Ocaña, Horacio Larrain, Christiaan Gischler, Francisco Díaz Donoso, N.N., N.N., Nazareno Carvajal, Carlos Espinosa Arancibia y  Julio Valdivia Ponce. (antigua fotografía  extractada de la obra de Christiaan Gischler: "The missing link in a production chain. Vertical obstacles to catch camanchaca", Rostlac-Unesco, Uruguay,  1991: 50). Las tres personas designadas como N.N. en esta  imagen  son investigadores peruanos del grupo de estudio, cuyos nombres lamentablemente no retuve.

Imágenes tomadas entre  1980 y 1982.

Las imágenes que acompañan a este capítulo, son  reproducciones recientes de diapositivas  de la época de los inicios de nuestra investigación. Todas son fotos nuestras, salvo que se señale especialmente lo contrario. El tema nos parece de particular interés por tratarse de los tímidos inicios de nuestras investigaciones, como miembros activos del Instituto de Geografía de la Universidad Católica, en el tema de la camanchaca costera. Las fotos provienen de antiguas diapositivas y corresponden en gran parte a la zona de El Tofo  y fueron tomadas por nosotros entre  los años 1980 y 1982.  Muestran éstas  aspectos poco conocidos de los inicios de nuestro interés por este tema, sobre los que nos proponemos profundizar aquí por respeto a la verdad histórica. Algunas de estas imágenes inéditas, corresponden  a la visita del equipo de investigadores a los  oasis de Fray Jorge, Paposo (en Chile), y a las lomas de Pacta y Lachay  situadas al sur de Lima, (Perú).

El empuje del  físico chileno Carlos Espinosa Arancibia de la Universidad del Norte (Antofagasta).
  
Por aquel entonces  (1980),  disponíamos nosotros en la Universidad Católica de muy poca información  salvo algunos artículos reveladores de la experiencia anterior del grupo de Física de la Universidad del Norte en Antofagasta, cuyo líder era el profesor de física Carlos Espinosa Arancibia, el auténtico pionero de estos estudios en el Norte de Chile.  Don Carlos Espinosa nos había facilitado generosamente, a petición nuestra,  toda la información que ellos habían acumulado por espacio de más de 20 años. Recordemos que las tímidas primeras experiencias de Espinosa datan de los años 1957-58,   en la mina Andrómeda,  en cerros  vecinos a la ciudad de Antofagasta y  a unos 1.000 m. de altitud sobre el nivelo del mar. A partir de este encuentro de  1981 con los investigadores peruanos,  una rica bibliografía  geográfica y ecológica  pasó a ser parte de nuestro acervo.

Los primeros contactos con nuestros vecinos peruanos.

Los contactos que Carlos Espinosa mantenía con investigadores peruanos, y, sobre todo, sus relaciones con organismos internacionales  interesados en la búsqueda de nuevas fuentes de agua dulce, lo habían conducido a entusiasmar a un hidrogeólogo holandés, Christiann Gischler   que en ese tiempo trabajaba como experto en las oficinas de  UNESCO/ROSTLAC, en Montevideo (Uruguay).  Gischler viajó a  Chile y conoció de cerca los experimentos y sitios de experimentación de los fisicos de la Universidad del Norte, en Antofagasta  y los recientes  experimentos en captación de agua de las nubes  por parte del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile en los cerros de El Tofo, a unos 75 km al N de la ciudad de La Serena.   Gracias a él y a su incondicional apoyo institucional, se generaron tanto  el Encuentro de Tacna  (Agosto 1979) como  el Encuentro de investigadores de la niebla  en Antofagasta y Lima, propiciados y financiados por UNESCO/ROSTLAC  (Junio  1982).


El viaje por tierra a Antofagasta.

Christiaan Gischler, a través de su oficina de UNESCO-ROSTLAC en Montevideo, financió el extenso recorrido que los científicos convocados hicieron en sectores especialmente elegidos al efecto, tanto en la costa chilena como en la costa peruana.  Sobre el recorrido efectuado por tierra  en Chile y Perú  por el grupo de siete investigadores, visitando diversos sitios de captación de niebla, versan buena parte de las  imágenes que mostramos a continuación.

Primera  observación: imágenes captadas en el bosque relicto de Fray Jorge  (coordenadas:   30° 40´ 00 ´´ S   y 71° 40´´ 00´´ W en la Provincia del Limarí). Sobre este mismo tema, véase otro capítulo nuestro de este mismo  blog titulado: "El bosque húmedo de Fray Jorge en 1982: visita de estudio", en el cual se reproducen otras fotos de la época. Apareció en la revista de divulgación científica Creces, Santiago de Chile, Vol. III, N°  5, 30-36.

Fig.  2.   El hidrogeólogo holandés Christiaan Gischler  durante el recorrido del equipo visitante  en el oasis de niebla del Parque Nacional Fray Jorge (06/06/1981). Los árboles de mayor tamaño del fondo de la fotografía son olivillos (Aextoxicon punctatum),  especie característica de la selva valdiviana.

Fig. 3.  En la cumbre, a unos 700 m de altitud sobre el nivel del mar,  la densidad de la vegetación  por efecto benéfico de la neblina costera es la máxima. En la imagen, Roberto Ulloa  saliendo del bosque.

Fig. 4.   Un fragmento relicto de la antigua vegetación de Fray Jorge, a los  550 m de altitud (20/04/1981). Durante el período colonial, se extrajo mucha  madera  de los árboles de este bosque para la construcción de iglesias y casas patronales de las haciendas de la época. Era el único lugar cercano donde poder hallar madera útil. Por esta razón, el bosque primitivo,  que debió poseer una superficie muy superior a la actual, se fue reduciendo considerablemente de tamaño, conservándose éste casi exclusivamente en la zona de las cumbres de más difícil acceso.

Fig. 5.  Olivillos y arrayanes en el bosque. Observe  Ud.  el efecto de la niebla  densa  presente en el lugar.  Gracias a esta neblina, casi omnipresente en el lugar,  se han conservado hasta hoy ejemplares de plantas  que geográficamente tienen su habitat hoy en lugares localizados mucho  más al sur, como el copihue (Lapageria rosea),  o  la enredadera  llamada  yelmo   (Griselinia scandens), que son hoy rarezas en esta latitud geográfica, remanentes, sin duda, de antiguos períodos mucho más lluviosos ("período pluvial" a fines del Pleistoceno, entre los  14.000 y 9.000 A.C., según los paleo-ecólogos).

Fig.   6. Troncos de  árboles  ya  secos,  enteramente cubiertos de líquenes.  Una prueba palmaria de la muerte lenta  de este oasis por efecto de la disminución significativa de la  pluviosidad.


2° Puesto de Observación: visita  del equipo internacional a la zona de El Tofo y Caleta Temblador, a  75 km al norte de la ciudad de La Serena. Coordenadas UTM:  276.054 E y 6.735.885 N.   

 
Fig. 7.  Bosque de eucaliptus   (Eucaliptus globulus)  en la cima del cordón Sarcos,  mineral de "El Tofo plantados por  los  ejecutivos mineros   hacia  los años  1958-60. El bosque se veía  lozano a pesar de  que la actividad  de dicho mineral había sido suspendida  hacía ya unos  10 años, a lo menos. Nos acompañaban en dicha ocasión  los hermanos Rivera, hijos de un poblador de la zona y mi hijo de siete años, Carlos Horacio (Foto  25/01/1980).


Fig.   8.  Masas de nubes estrato-cúmulus portadoras de humedad oceánica  (camanchaca), trasponiendo  el Cordón Sarcos.  (Foto  8/01/1981).

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Fig. 9.  Tras atravesar las cumbres del cordón Sarcos,  las nubes rasantes descienden, siguiendo la topografía  local, para  muy luego disolverse rápidamente  en su descenso, en la  llanada de La Higuera. En esta imagen, el mar se halla  hacia la derecha, lugar de origen de las nubes cargadas de humedad (Foto 30/12/1981).

Fig. 10.  El Cordón Sarcos  vista de Norte a Sur.

Fig.  11.   Estos árboles de la especie Eucaliptus  globulus fueron plantados  por la empresa que allí explotó el hierro durante un par de décadas. El cierre definitivo de la explotación y  de la ciudadela creada en los altos de los cerros, se verificó   el día 8 de diciembre del año 1974, con una solemne misa celebrada en la  capilla Santa Ana del hospital del mineral.  A partir de esa fecha, aproximadamente,  dejaron de ser regados. Si con motivo de nuestra primera visita en Febrero del año 1980 los vimos  vivos y en excelente  condición, se debe únicamente a la humedad producida por las neblinas  mojadoras  ("camanchacas")  que se condensa en su follaje y  gotea al suelo,  humedeciéndolo.  (Foto 30/12/81).

Fig. 12.  Carlos Larrain Mardorf, nuestro hijo, de edad de siete años,  en la playa de caleta Temblador. Atrás, al fondo, las nubes densas de camanchaca. Carpas de nuestro campamento montado en la playa en Mayo del año 1980, con motivo de la instalación del primer captador, tipo Grunow con Pilar Cereceda y Nazareno Carvajal. (Foto del 5/05/1980).

El paisaje en Caleta Temblador  en la época de nuestra visita.

Fig.  13. Vista  del área litoral de Chungungo y Cruz Grande desde el alto de los cerros, a 900 m. snm. Las masas nubosas portadoras de agua  inician su acercamiento a la costa. (Foto del 05/01/81 a las  17.00 hrs.)

Fig. 14.  Antiguo  oasis costero alimentado por  vertientes naturales. Luce aquí totalmente abandonado. Se observa  unas palmas  y algunos frutales (perales)  a unos 180 m. snm. (Foto 18/10/1980).
Fig. 15.  Grupo de burros pertenecientes a un cabrero de la localidad. Burros y cabras son los únicos animales que se cría hoy en la zona. 

Fig. 16.  Portezuelo de El Tofo hacia los  800 m. de altitud donde instalamos en  1981 una gran cortina captadora de agua de niebla ("atrapaniebla"). Vista desde el NW.   Arriba, el jeep rojo de Nazareno Carvajal, nuestro joven colaborador; abajo,  mi propio vehículo, una camioneta Volkswagen doble cabina. Este último se encuentra  junto al aparato altitudinal, donde se midió durante un par de años la cantidad de agua de la niebla  captada a diversas alturas sobre el suelo. (Foto 25/02/1982, hacia las 17.00 hrs.)

Fig.  17.  En el Cordón Sarcos. Se observa la tierra mojada por la destilación del agua de niebla  por condensación a partir de un arbusto seco. La presencia de colonias de líquenes  favorece ciertamente la absorción del agua de la niebla. (Escala de  20 cm).


Fig. 18.   De Weste a Este.  La masa de nubes blancas del tipo estrato-cumulus, cargadas de humedad, penetran tierra adentro, depositando y condensando a su paso  sobre rocas y vegetación. (30/12/1981).
Fig. 19.  Vista de Este a Weste, desde el valle de la higuera hacia  los, cerros del Cordón Sarcos. En primer plano, aspecto del chaparral   de arbustos bajos  y cactáceas.

Fig. 21. Portezuelo de El Tofo. por aquí penetraban las masas nubosas hasta alcanzar la cumbre. Estamos aquí hacia los 650-700 m. de altitud.  (Foto 27/10/1981).

Fig. 22.   Imagen tomada de  sur a norte.  670 m. snm. Se observa la potente  masa de nubes estrato-cúmulus que avanza incontenible, adosándose al relieve descendente del cerro.  (Foto 30/12/1981).

Fig. 23.  Ejemplares de la cactácea Trichocereus coquimbensis  cubiertas totalmente de líquenes  en los faldeos  altos de los cerros de El Tofo que miran al mar,  hacia  los 780 m. de altitud en un día soleado (17/02/1981).

Fig. 24.  flores de la misma especie. Ejemplar de cactácea en flor. (en la misma fecha).

Fig. 25. Otra especie de cactácea  en flor.

Fig. 26.  Alstroemeria sierrae, en plena floración, cerca de la playa de Chungungo, a unos  100 m .snm. (18/10/1980)

Fig. 27.   Sitio de oasis costero denominado "El Olivo".   Árbol centenario de olivo (Olea europaea L), (foto 5/10/1980).

Fig. 28.  La posición de las hojas de Eucaliptus globulus y su misma forma, contribuyen poderosamente a la condensación y posterior  descenso a tierra de las gútulas de agua, favoreciendo así el riego de los árboles.  Es este hecho, unido a la excelente altitud  del sitio (900 m. snm)  lo que ha permitido la persistencia de este bosque  en este paraje.


Fig. 29.   Durante la visita del equipo de estudio de la niebla. Don Carlos Espinosa observando  esta vertiente  o aguada, en el oasis "El Olivo"  de propiedad de doña Inés Órdenes en la zona de caleta Temblador (06/06/1981).

Fig. 30.  Antiguos perales, vivos,  plantados en antiguos andenes o terrazas de cultivo. Caleta Temblador. Propiedad de doña Inés Órdenes. Todo se ve abandonado. Nadie vive ahora aquí. Para poder regar estas eras de cultivo, debió  circular antaño, hace algunas décadas atrás, mucho más agua que hoy. (Foto 06/06/1981)

Fig. 31.   Aparato  altitudinal para captar el agua de la niebla a diversas alturas del suelo.  Nuestra vieja carpa de playa americana  donde nos cobijábamos durante la noche. (Foto 26/12/1981:  19.30 hrs.).


Fig. 32.  El mismo aparato altitudinal,  instalado por nosotros a unos  850 m. de altitud snm.,  medía de la cantidad de agua captada de la niebla, a cuatro alturas diferentes. El grupo expedicionario  a Lima, a su paso por El Tofo, contempla el aparato y escucha la explicación de su funcionalidad de labios del geógrafo chileno Nazareno  Carvajal. (Foto 6/06/1981).

Fig. 33.  Vista desde el llano reseco de La Higuera hacia el poniente (hacia el cordón Sarcos). Las masas  de nubes de origen oceánico  se precipitan en cascada hacia la llanura de La Higuera, adosándose  en su descenso notablemente al terreno.  


Fig. 34.   Sector hacia los 750 m de altitud. La niebla   que asciende  por el portezuelo empieza a cubrir lentamente el paisaje. (Foto 27/10/1981). 


Fig,. 35.   Desde lo alto del cordón Sarcos (900 m) se puede observar la llegada de la niebla costera. Abajo, Caleta Temblador y Chungungo. (Foto 05/01/1981;   hacia las  17.00 hrs.).

Fig. 21.
Fig. 36.  El camión aljibe  que conducia  agua potable al poblado de Chungungo, a través de la cuesta. El agua  para la caleta de pescadores es traida desde una distancia de  unos 25 km.

Fig.  37.  Este fue  primer tipo de  atrapanieblas instalado por Nazareno Carvajal, miembro  del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile a fines del año  1981,  en la parte alta de la cordillera de Buenos Aires, al sur de El Tofo. Construido íntegramente con ocho paneles  constituidos por miles de hilos muy finos de polietileno, siguiendo el procedimiento recomendado por el físico don Carlos Espinosa en Antofagasta,  fue éste el prototipo antecesor de las cortinas  formadas por malla raschel firmemente tensada, que fueron instaladas posteriormente  en  el Tofo, a partir del año 1982.

                Fig. 38.  La otra cara de la medalla. La faz interior u oriental de los cerros de El Tofo. Vista panorámica del sector  minero, de explotación del hierro, en el llano de La Higuera.  Faenas, caminos y tortas de relave en absoluto abandono. Vista tomada de Weste a Este,  desde los altos del Cordón Sarcos.                        

                                 Fig. 39.  Frutos rojos de la plata epífita llamada en Chile  quintral (Phrigilanthus aphylus), depositados probablemente por algún ave sobre  una cactácea local. Darán origen a nuevas plantas.  

Fig. 40.  Mi hijo, Carlos Larrain Mardorf, de 9 años de edad, señalándonos una plántula de Eucaliptus globulus que ha brotado al pie de árboles grandes de la misma especie. Prueba fehaciente de la regeneración natural de este bosque, gracias al influjo benéfico de la neblina costera (26/02/1982).


Fig. 41.  Don Carlos Espinosa,  físico de la Universidad del Norte de Antofagasta, observa  una vertiente o puquio  en  el  predio abandonado de El Olivo, Playa Temblador. (6/06/1981).

Fig. 42. Una de las primeras Tablas (1982) elaboradas por Pilar Cereceda, del Instituto de Geografía de la Universidad Católica  que muestra claramente  la diferencia de captación de agua de la niebla  en dos instrumentos, uno que enfrenta al Surweste  y  el  otro  al Norte, a una altitud de 500 m. snm. Como es sabido, las masas nubosas son arrastradas por los vientos alisios que soplan siempre desde el Surweste.  

Fig. 43.  Otra Tabla que muestra la diferente captación según la altitud de instrumento sobre el nivel del mar   (1982).

Fig. 44.  Diferencia notoria de captación  según ubicación del instrumento captador del agua de niebla. (1982).

Fig.  45.   Hacia la derecha, arriba, un piño de cabras  en la zona de la Cuesta de Buenos Aires. Esta especie,  ávida devoradora de toda clase de plantas autóctonas es, en un medio semi desértico como el presente,  un serio peligro para  la conservación de la flora nativa, en especial para sus especies en peligro  (Foto. Agosto de 1981).

3°  Puesto de  Observación:  Visita al oasis de niebla de Paposo (II Región de Chile), coordenadas  25|° 01´, 00´´ S. y  70° 28´ 00´´ W).

Fig. 46.     Vegetación típica del borde costero en la zona de Paposo, a escasa altitud sobre el nivel del mar  (10-15 m.), formada por arbustos y un copioso manto de hierbas rastreras de una Nolana sp., probablemente Nolana sedifolia (8/06/1981).


Fig. 47. Ejemplar de la cactácea Copiapoa sp. presente en abundancia en la  terraza marina baja, a  pocos metros sobre el nivel del mar, en el trayecto entre Taltal y Paposo.

Fig.  48. Parada del equipo expedicionario peruano-chileno en un pequeño oasis en la quebrada de Paposo (extremo sur  de la II Región de Chile). Rústica choza de una familia de cabreros locales.  Un pequeño estanque de acumulación les permite regar  una pequeña huerta aledaña  (Foto 8/06/1981).

Referencia bibliográfica indispensable.

La historia fiel de los intentos hechos tanto por Carlos Espinosa y su grupo de Antofagasta, como  por Pilar Cereceda, Horacio Larrain y Nazareno Carvajal del equipo de la Universidad Católica en el cordón Sarcos y las alturas de El Tofo, a partir del año 1980, están relatadas con lujo de  detalles en la obra pionera  de Christiaan Gischler The missing link in a production chain. Vertical obstacles to catch camanchaca, ROSTLAC, UNESCO, Montevideo,  1991,  197 p.   Esta obra es esencial para entender los inicios y el desarrollo de las experiencias de captación de agua de niebla realizadas  en Chile a partir del año 1957/58.  La obra contiene una extensa y valiosa bibliografía de apoyo,  con referencias locales muy poco conocidas y  valoradas hoy.

4° Punto de Observación: Las Lomas peruanas de Pacta y Lachay.

Después de recorrer  los oasis de niebla de Fray Jorge,  El Tofo (Temblador), y Paposo  en el Norte de Chile, la comitiva de científicos se trasladó a Lima, desde donde visitó dos  sistemas de lomas muy representativos, uno, ubicado  al norte de la capital peruana (Lachay) y el segundo, al sur de la misma, Pacta.  De estas visitas,  rescatamos aquí algunas fotografías ilustrativas, inéditas.

Fig. 49.   En las lomas de Pacta, a 40 km al sur de Lima. Antiguas eras o andenes  de cultivo, abandonadas hace mucho tiempo cuando había suficiente agua para irrigarlas. (Foto 03/06/1981). 

Fig. 50. Area de las lomas fuertemente depredada por el sobre- pastoreo. En la imagen, el único árbol dejado en pie por los pastores serranos que estacionalmente bajaban  con sus familias y ganados para aprovechar  durante varios meses la temporada del desarrollo de la vegetación de lomas. (Mayo a Noviembre).  (Foto 03/06/1981).

Foto 51.  Miembros del equipo visitante. A la derecha, subiendo, Christiaan Gischler. Abajo, de casaca negra, Carlos Espinosa. Detrás de él Guido Silva.  El árbol aquí mostrado es la tara (Caesalpinia tinctorea), nativo de la zona. (Foto 03/06/1981).


4°  Puesto de Observación: Lomas de Lachay a  105 km al Norte de Lima.


Fig. 52.  El grupo de investigadores recorre  sectores muy depredados de las lomas. Los árboles  que se puede ver en esta imagen son ejemplares de Carica candicans  (mito)  y Caesalpinia tinctorea (tara). Observe los numerosos senderos labrados por las cabras en su  búsqueda de alimento  en la temporada de  crecimiento de las gramíneas anuales, cuando este paisaje  hoy seco se ve totalmente verde. (Foto 02/06/1981).

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Fig. 51.  Un pozo o puquial  casi  totalmente seco  hoy.  (Foto nuestra  tomada de la obra arriba citada de C. Gischler: The missing link in a production chain, 1991.  (Foto 02/0/1981).

Fig. 52.  El grupo observando la situación de un  pozo o vertiente (puquial), al pie de un peñón rocoso  (Foto 02/06/1981).

Fig. 53.   Otro puquial o vertiente  donde se  ve algo de agua, entre las rocas. Algo más abajo, se extiende un sistema de antiguas eras de cultivo, antiguamente regadas a partir de éste. (Foto 02/06/1981).

Comentario eco-antropológico.

1.   Toda la evidencia recogida apunta a la existencia de una mucho mayor cantidad de agua en tiempos antiguos, hace algunos siglos.Los restos arqueológicos de antiguas eras de cultivo, hoy enteramente secas, así lo comrpueban. O es esto prueba de un período francamente más húmedo en la costa  (con mayor cantidad y/o intensidad de las nieblas  y lloviznas), o, tal vez, un período de  temperaturas algo más bajas. O, tal vez,  a la acción  combinada de ambos factores. 

2.   La impresionante depredación de la antigua arboleda, de la que quedan hoy pocos  restos,  se debió ciertamente  a la actividad de sobrepastoreo, realizada con mucha intensidad tanto en la costa desértica del Perú como de Chile, en forma  estacional, desde tempranos  tiempos coloniales. Hay abundante información documental al respecto, máxime para el Perú. Familias de pastores serranos se trasladaban, hasta hace pocas décadas, por meses a estos lugares para hacer pastar allí  a sus numerosas majadas de animales. Éstas, consumían vorazmente todo lo verde visible en el paisaje

3.   La acción  emprendida a partir del año 1977 por el representante de UNESCO-ROSTLAC, Dr. Christiaan Gischler  al  apoyar  el esfuerzo  de investigadores peruanos y chilenos,  ha  rendido sus frutos. Hoy día (2016)  la Reserva Forestal de las Lomas de  Lachay ostenta  gran cantidad de captadores de agua de niebla en acción, y se ha reforestado centenares de hectáreas con las mismas especies  vegetales nativas de antaño. La única diferencia es que se puso atajo definitivo al acceso de las majadas de pastores y sus ganados que por siglos las devastaron.  Para ello, se llegó a acuerdo con las comunidades vecinas que antaño usufructuaron anualmente de su vegetación, destruyéndola.  

4. La  interesantisima flora y fauna de esta reserva forestal costera del Perú, cuya superficie total alcanza las 5070 há,   puede  examinarse en detalle en la obra: Lachay Flora y Fauna, Ministerio del Ambiente, Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado, Miraflores, Lima,  Noviembre  2009, 111 p.

5.  Mientras en Chile se avanza a paso de tortuga  en este campo de la utilización práctica de las neblinas costeras para obtener agua potable para uso de las caletas costeras, o para reforestación, en el Perú, según se nos informa, hay ya numerosas  experiencias, muy promisorias, máxime en el rubro de la reforestación. Uno de los más interesantes ejemplos  al respecto se puede observar  hoy en las lomas de Atiquipa, costa de Arequipa (Perú).

6.  Este capítulo forma una unidad temática con uno anterior, publicado por nosotros en este mismo blog con el título de: "Nuestra primera experiencia de captación de agua de niebla: Caleta Temblador en mayo del año 1980",  ( de fecha 24 de diciembre de 2013).   Allí se recogen otras imágenes de la misma época.

7.  Las experiencias iniciadas en los años  1957-58 por el equipo dirigido  por Carlos Espinosa en los cerros de Antofagasta, sumadas a las experiencias posteriores del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile en  El Tofo (IV Región) y en Alto Patache (I|° Región)  han sido decisivas para evaluar el potencial de la nube y conocer  muy exactamente los parámetros que la rigen.   Ha llegado, por fin,  la hora de pasar a la acción. Recordemos y pongamos en práctica   la célebre frase de  Goethe que  para nosotros constituye un continuo llamado a la acción: 

"ES IST NICHT GENUG ZU WISSEN, MAN MUSS AUCH ANWENDEN; ES IST NICHT GENUG ZU WOLLEN, MAN MUSS AUCH TUN". ["No basta saber, también se debe aplicar; no basta querer, también es preciso actuar (hacer)"].