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viernes, 27 de mayo de 2011

¡ Gracias, Señor del Tamarugal !.

Las estrofas que siguen, son parte de una "Elegía al Dios del Tamarugal", y surgieron como hoguera voraz en profundo e íntimo agradecimiento por la belleza casi invisible del Tamarugal, vergel verde-grisáceo flanqueado de desiertos inhóspitos y áridas montañas, sólo perceptible al ojo del observador atento y solícito. Nacen estos versos un primero de Noviembre del año 1996, en una apacible tarde de verano en nuestra casa del oasis de Matilla, en medio del silencio solo turbado por el cantar de las quihuahuas y cuculíes, y el quejido tenue de las ramas de pimientos y algarrobos.

¿Por qué las mostramos hoy en público, cuando son fruto de una meditación y un diálogo personal íntimo, casi sagrado, fruto del contacto con la Naturaleza en sus más simples expresiones: las rocas, las arenas, la niebla, los árboles sedientos de agua, las abejas nativas o las avispas?. No lo sé exactamente. Lo que sí sé es que brotaron de repente, como un huayco arrollador, con una fuerza tal que ni yo mismo pude reprimirlas o ahogarlas, pues pugnaban por hacerse sentir.

No tienen la menor pretensión de ser poesía de buena ley. Su cadencia particular es fruto del acompasado andar de las carretas y las mulas salitreras que por aquellos lejanos años del 1880-1890 atravesaban el desierto de arenas desde el oasis de Pica a las Oficinas de Alianza, Mapocho o Peña Chica, llevando los frutos de la tierra, el vino generoso y el aroma de azahares y mangos de las huertas del oasis. En esas carretas viaja nuestro trovador, guitarra en mano, exhalando ansiosos suspiros de gratitud hacia su Creador. Meditación lenta y pausada, que porta el mismo compás cancino de los asnos o mulares que jadean arrastrando los antiguos carruajes de pesadas ruedas.

Así cantaba otrora el trovador al cruzar la pampa ensoñadora:

1, Gracias, Señor,
por la luz resplandeciente del amanecer pampino
que torna doradas las montañas,
las dunas y salares,
los bosques y rincones
del Tamarugal.

2. Gracias, Señor,
por el Tata Inti
que la produce, anima y difunde,
y la entrega a raudales
a nuestra pachamama andina
para extraer de su seno
cosechas fecundas de vida vegetal y animal.

3. Gracias, Señor,
por la fresca brisa matutina,
que nos trae sabor a olores marinos
en los hombros de la camanchaca omnipresente,
que nos inunda en las noches invernales,
impregnándonos de una tibia humedad benefactora.

4. Gracias, Señor,
por los retorcidos tamarugos y algarrobos,
centenarios testigos de actividad humana en esta pampa;
ellos brindan abrigo y sombra humilde
al cansado pastor y a su ganado,
al visitante intrépido, caminante o peregrino
que acude una vez más a su Santuario,
en demanda de salud, fé o amor cristiano.

5. Gracias, Señor,
por los extensos e inacabables arenales,
testigos de lluvias o lejanos aluviones,
que arrastraron rocas y pedruzcos de quebradas aledañas.
Aún nos muestran, al desnudo,
episodios de volcanes ancestrales,
en sus rocas negras o cobrizas, contorneadas,
vomitadas por las fuerzas asombrosas de la Tierra.

6.Gracias, Señor,
por las infinitas huellas no borradas,
de las viejas carretas salitreras,
o de mulas jadeantes que se lanzan
en procura de los puertos de embarque
para su afamado oro blanco nortino.

Huellas aún frescas de hombres y animales
que cruzaron estas pampas,
en frenética búsqueda de un metal siempre huidizo,
que creían satisfaría para siempre,
esa sed de felicidad jamás saciada.

7. Gracias, Señor,
por la historia inconclusa que revelan;
son mapas no estudiados
de añejas odiseas pirquineras,
de porfiados intentos de sondeos o cateos;
de piques o de pozos soterrados,
que nos cuentan silenciosos,
de su vida, sus anhelos, sus quimeras.

8. Gracias, Señor,
por aquellas utopías soñadoras
de riquezas, blasones o casonas solariegas,
instaladas a la vera de un oasis o quebrada,
y regadas solamente por las aguas estivales.

Tiliviche, Zapiga, La Huayca, Cumiñalla;
Curaña, Huarasiña o Huantajaya.
Todas cuentan episodios enigmáticos
que nos soplan al oído
sus historias increíbles,
al susurro de los vientos de la tarde.

9. Entonces, Señor, Salar y Pampa,
se envuelven vaporosas,
en densas nubes de polvos finos,
al compás lento de las trombas,
que el viento eleva, girando, girando
y dispersa prontamente,
en la infinita inmensidad del horizonte.

10. Gracias, Señor,
por los hombres de esta tierra,
nobles indios o recios españoles
que excavaron con sus manos estas vetas,
en la búsqueda del oro, del cobre o de la plata,
y murieron allí mismo, doblegados
por el hambre, la sed o la fatiga,
enriqueciendo a otros, sus patrones.

Allí yacen, intocados,
en decenas de dolientes camposantos,
que levantan hoy sus cruces implorantes,
de preces y oraciones por sus deudos.

11. Gracias, Señor, un vez más,
por las muestras infinitas de la vida multiforme
que bajo troncos, costras, pedruzcos o maderos,
arenas tibias o rocas multicolores,
reproducen en pequeña escala,
la inconfundible sabiduría divina.

Son arañas, insectos o reptiles,
gusanos, larvas o pupas coloridas,
que pululan en miríadas,
poblando los ecosistemas más pequeños.

12. Aquí, Señor, al abrigo del tronco veterano,
en algarabía de formas y colores,
nos demuestran sabiamente
la infinita capacidad del ser vivo
para colonizar todos los ambientes,
aún los más inhóspitos y extraños;
enseñándonos así, una vez más,
que "la vida es más fuerte que la muerte".

13. Gracias, Señor,
por los cantos lejanos y confusos
del chincol, picaflor o la quihuahua,
que nos hablan de sus nidos, sus flirteos
o sus juegos amorosos,
a la sombra de los tallos o las hojas temblorosas,
de las chilcas, retamillas o pillallas,
tamarugos, molles o algarrobos,
en aquellos meses tibios
de finales de octubre o de noviembre.

14. Gracias, Señor,
por la límpida faz de esa luna llena,
que a la caída de la tarde,
desde el cielo vigila
el lento caminar de los ganados,
de las cabras, ovejas o llamitos,
que desde su chocita de adobes
atisba atento el pastor aymara,
a la caída del sol,
abriéndoles sus corrales protectores.

15. Gracias, Señor,
por los hombres y mujeres ,
que hicieron fructífera esta pampa desolada,
con el sudor de su trabajo,
su esfuerzo y su tesón.
Aún podemos verlos, semiocultos,
en las ruinas de sus casas,
sus mercados o teatros;
o a la sombra de sus molles,
o en sus plazas hoy desiertas.

O en los bancos de la iglesia,
donde oraron al Señor,
aguardando allí con fé,
la esperanza prometida
de la resurrección postrera.

16. Gracias, Señor,
por el Tamarugal entero,
por sus ruinas, salitreras y sus pueblos fantasmales,
sus riquezas aún ocultas y secretas;
por sus árboles añosos que en el día o en la noche
vieron sufrir al minero, cateador o pirquinero;
indio llano, chileno o extranjero,
que dejó aquí , a la vera del sendero,
inscritas en las arenas del desierto,
sus historias de amores o ideales
de ansiedad, resignación o sufrimiento...

17. Gracias, Señor,
por Tata Inti y Mama Phajsi,
creadores del día y de la noche,
que dan vida, gracia y armonía,
a esta pampa agradecida,
anhelosa de hombres nuevos
que la amen, respeten y festejen
en su inescrutable diversidad,
con frutos y actos de amor,
muchas veces repetidos,
a partir de la creación original.

18. Gracias, por fin, Señor del Tamarugal
porque has sabido enseñarme
a encontrar tu rostro esquivo,
en el árbol y en la chusca, en el trino o en la roca,
en las huellas, en las ruinas y en las sombras,
en la vida y en la muerte......
en el Salar!.


(retocada en octubre del 2006 y levemente en 2011 en Iquique).




domingo, 22 de mayo de 2011

Pioneros alemanes en la Pampa del Tamarugal: los inicios heroicos.

Fig. Plano de la Provincia de Tarapacá tomado de la obra de don Enrique Espinoza (1903) "Jeografía Descriptiva de la República de Chile", (Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona, Santiago de Chile. En este Plano se puede observar los caminos y huellas existentes a comienzos del siglo XX que recorrían la Provincia, uniendo los Cantones y pueblos salitreros con el Puerto de Iquique y algunos pueblos del interior, entre ellos Tirana, Pica, Cumiñalla. Curiosamente, el Plano no registra el poblado de La Huayca. Estas mismas huellas con pequeñas variantes, son las mismas que seguiría Froehlich unos cuantos años después.


Fig. Heinrich Froehlich aquí de edad de unos 32 años aproximadamente en la época exacta en que llega de Alemania la que será pronto su esposa, Martha Bohm Mueller. Heinrich le ha preparado una cómoda residencia que ha construido con sus propias manos en "Los Puquios" y que ha adaptado para su llegada.


Fig. Este Plano de la ciudad de Iquique, si bien data del año 1903, tomado de la obra de Enrique Espinoza, arriba citada, no debe ser muy diferente al Iquique que conocerá Froehlich a su llegada en el año 1922. Hacia 1903, Iquique registra una población total de 35.000 habitantes. En un momento que aún no hemos detectado, pero que debió ser en la época en que la joven Eleonor asiste regularmente al liceo en la ciudad, Froehlich con sus ingresos comprará en Iquique una cómoda residencia en la calle Bulnes Nº 165, casa que aún existe y que ha sido recientemente restaurada.

Fig. Heinrich con la burrita preferida de su hija Eleonor en el predio de "Los Puquios", hacia el año 1947.

Los coterráneos opinan sobre la obra de Froehlich.

En un segmento anterior (28/04/2011) hemos indicado, a grandes rasgos, y con el apoyo de testimonios históricos, con qué ojos vieron sus coterráneos chilenos el trabajo del técnico alemán Heinrich Froehlich en el sector de Canchones, Pampa del Tamarugal. Los testimonios de Arturo Olavarría Bravo, que fuera Ministro de Agricultura del presidente Aguirre Cerda (1938) y el recuerdo vívido de un físico visitante, Gerardo Melcher (1951), ya nos dan los primeros atisbos de la audacia de su gesta, en medio del desierto. Pero nos intriga saber algo acerca de los inicios de esta saga que dio tanto que hablar a sus contemporáneos.

¿Con qué materiales contamos para reconstruir la historia familiar?.

Tratemos de investigar ahora cómo se desenvolvieron los hechos desde sus inicios. No es tarea fácil por el tiempo transcurrido. Por fortuna para ello contamos con ricos y variados testimonios: cartas, recuerdos familiares, fotografías de época, documentos oficiales, certificados, entrevistas, recortes de diarios. Por fortuna, Eleonor, su hija, ha guardado celosamente y nos ha suministrado amablemente esos materiales que nos permiten hoy reconstruir, en alguna medida, cómo se desarrollaron los acontecimientos. Asombra la hazaña realizada, y asombra también el temple y el espíritu de este joven audaz y emprendedor que con apenas 20 años (en 1922) se lanza a su aventura en la América indómita, en pleno desierto de Atacama, sin más armas que su juventud, su curiosidad científica y sus ansias de surgir.

¿Quién era Heinrich (Enrique) Froehlich ?. ¿Qué sabemos de sus padres?.

Según copia autorizada del certificado de nacimiento original que tenemos entre manos ("Geburstsurkunde"), expedido en Eisenach (Thüringen, Alemania) el 7 de Mayo de 1954, Heinrich August Wilhelm Julius Fröhlich vio la luz en la ciudad alemana de Eisenach (Thüringen)) un 21 de octubre del año 1902. Es decir, el próximo año (2012), en octubre, se cumplirán 110 años de su nacimiento, fecha que ojalá podamos poder commemorar dignamente. Sus padres, según el mismo documento, redactado en alemán, fueron Karl Otto Fröhlich, profesor de Real Gimnasio y residente en Eisenach. Su madre fue Karoline Friederike Marie Ludwig, también residente en Eisenach. Eran, pues, miembros de la clase media alemana culta, pues no cualquiera llegaba a ser por entonces profesor de un Real Gimnasio. ¿Qué estudios alcanzó a cursar Heinrich en Alemania?. Según su hija Eleonor, habría seguido algunos cursos en Agricultura. A tan temprana edad, difícilmente pudo haber dado cima a una carrera profesional.

Los primeros recuerdos de Heinrich Froehlich.

A diferencia de su futura esposa, Martha Bohm Mueller, de quien tenemos algunas valiosas referencias de juventud, casi nada sabemos del joven Froehlich y sus andanzas antes de su llegada a Chile. Al estallar la primera guerra mundial en 1914, Heinrich tenía apenas doce años. El inicio de las hostilidades le sorprende seguramente en su propio pueblo natal, Eisenach. ¿Qué dificultades experimentó su familia durante la guerra? ¿Hubo miembros de su familia enrolados como soldados del ejército del Kaiser Guillermo II (1859-1941)?. Muy probablemente, pero no lo sabemos a ciencia cierta. Por fortuna para él, Heinrich era aún muy niño para ser enrolado en las filas del ejército. ¿Dónde hizo sus estudios superiores?. Nos imaginamos fundadamente que en el Realgymnasium de la ciudad de Eisenach donde su padre fue profesor por muchos años.

¿Cuáles fueron sus preferencias sus hobbies?.

¿Qué preferencias manifestó desde niño en su estudios?. Entre los escasos libros pertenecientes a su padre que su hija ha logrado rescatar, solo conocemos dos, uno sobre Química (Chemie des Alltags) y el otro, mucho más tardío, sobre apreciación musical Gespräche über Musik, (del autor Wilhelm Furtwängler, Zürich, 1949). Nada más sabemos, salvo de sus manifiestas aficiones musicales. Eleonor, su hija, nos ha referido en estos días el doloroso y terrible recuerdo que su padre tenía de su patria destruída y asolada, a la que nunca más quiso regresar y de la que muy raramente hablaba. Para él, el capítulo de su vida en Alemania quedó cerrado, a tal punto que muy pronto aspirará a obtener la ciudadana chilena, la que le será otorgada en el año 1943.

Eisenach, su patria chica: la tierra del músico Johann Sebastian Bach.

Eisenach no es un pueblo rural cualquiera, ignorado o escondido. Fue nada menos que la patria del gran músico barroco alemán Johann Sebastian Bach. Y allí se recuerda con veneración su hogar y los primeros pasos de aquel talentoso joven que queda huérfano a los 9 años de edad. Casi de cierto debió Heinrich visitar alguna vez en Eisenach la casa que se suponía habría sido la cuna de Bach y que se alzaba en la calle Frauenplan 21, y debió encaramarse , curioso, en algún momento, al cerro vecino donde se alza todavía la famosa abadía de Wartburg donde Lutero tradujo la Biblia al idioma alemán. Eisenach, por tanto tuvo y sigue teniendo una intensa resonancia cultural y musical, pues varios miembros de la familia Bach fueron connotados músicos de la época. ¿Influyó este bien conocido hecho histórico en la futura pasión del joven Froehlich por la música y por la práctica del violín?. Es bastante probable. En efecto, estando ya radicado en Antofagasta, llegó a dominar el violín con tal perfección, que fue llamado a formar parte de la Orquesta Filarmónica de esta ciudad en la década de los 60 y allí llegó a escribir y tocar sus propias obras musicales de carácter romántico (Lieder).

La llegada a Iquique en 1922.

Heinrich, joven de apenas 20 años, llega, pues, a Iquique directamente por barco en el año 1922. Aquí toma pronto contacto con Peter Müffeler, joven alemán oriundo de la ciudad de Colonia (Köln), casi de su misma edad, del cual, aparentemente, nada sabía con anterioridad. El encuentro en Iquique debió ser probablemente casual. Suponemos que Müffeler, quien ya tiene en Iquique una holgada situación económica, donde posee una Casa Importadora de autos, le recibe como compatriota y le acoge. Se hacen amigos y ahí tomará su inicio esta gesta notable de agricultura y vitivinicultura audazmente realizada en plena pampa, a unos 21 km al oeste de la localidad de Pica y a escasos kilómetros al oriente de La Huayca.

De Golzow (Prusia) al corazón del Tamarugal.

Mientras Heinrich Froehlich, un joven espigado y de elevada estatura, vagaba pensativo por las calles de Eisenach, tarareando tal vez alguna Cantata o Concierto de Bach, en la lejana Prusia en la aldea de Golzow, una joven de mediana estatura recibía en la iglesia de su pueblo el sacramento de la Confirmación luterana un día 28 de Marzo de 1915, en plena guerra mundial. El documento alusivo, la "Konfirmationsschein", así nos lo certifica. La joven de ojos tristes y de un tono café grisáceo (según su pasaporte alemán) se llamaba Martha Bohm Mueller y había nacido allí mismo, en Golzow (Prusia), un día 5 de Abril de 1901. Golzow se hallaba bastante lejos de Eisenach, a una distancia aproximada de unos 260 km. en línea recta hacia el N.E., en el corazón de Prusia occidental, semi oculta entre frondosos bosques y no lejos de la ciudad de Postdam. Eran sus padres Gustav Bohm y Marie Mueller, radicados en Golzow. Poco o nada sabemos de ellos. ¿Eran agricultores o comerciantes? . No lo sabemos. Pertenecían, en todo caso, a la clase media alemana de gran esfuerzo y espíritu de lucha por surgir.

Su juventud en Golzow y el viaje a Chile.

Martha fue bautizada el día 9 de junio del mismo año 1901, probablemente en la hermosa iglesia medieval conocida allí como la "Oktogonale Kirche", aún hoy orgullo del pueblo. Ambos jóvenes, extrañamente, se conocerán no en Alemania, sino mucho más tarde en América, cuando el joven Heinrich ya está radicado en Chile y ha iniciado con tesón sus trabajos agrícolas en "Los Puquios", en plena Pampa del Tamarugal. Desde aquí, Froehlich mantiene una copiosa corrspondencia con Martha, a la que va dando a conocer aspectos de su nuevo trabajo y su nueva tierra. Cuando por fin Martha Bohm llega a Chile, un 14 de Mayo del año 1934, llamada por quien sería muy pronto su flamante marido, es aún soltera pero tiene ya 33 años, siendo un año mayor que su prometido. Edad en la que ya no era tan fácil contraer matrimonio. La joven Martha Bohm resueltamente "da un gran salto al vacío", deja su patria natal, a su numerosa parentela ( tuvo ella 6 hermanos) y sus amados bosques de pinos en la lejana Prusia, y se aventura a radicarse en el desierto, en plena pampa, en la finca de "Los Puquios". Aquí la espera su futuro marido quien ya tiene construida una cómoda casa desde fines del año 1929.

Un insólito pololeo a la distancia.

Varios años de un curioso e intenso pololeo por carta, sin conocerse personalmente, que terminan en un súbito noviazgo, el aburrido y fatigoso viaje por mar, cruzando el Estrecho de Magallanes, hasta desembarcar directamente en Iquique y, por fin, el matrimonio en un mísero e insignificante pueblecito. Porque eso era Pica por entonces, cobijada entre mangos y naranjos, en el corazón del nuevo país que la acoge. Los lazos con Alemania se cortan bruscamente y para siempre. A Alemania, su patria, volverá solo una vez, a acompañar a su hija que se encuentra estudiando su especialidad de Educación Física en Colonia (Köln), en el año 1966. En este único momento, visitarán juntas Golzow, su tierra natal, y conocerá a varios de sus tíos, tías y primos, de la parentela de su madre. En Eisenach, no conoció prácticamente a nadie. Según ella relata, no se sintió mayormente acogida por su parentela alemana. Su contacto, pues, con la familia de sus padres fue sólo esporádico y más bien efímero: no nació de un afecto profundo por su tronco familiar en Alemania. Para entonces, sus abuelos paternos y maternos, aquellos que le mandaban regalos y hermosas muñecas, habían ya fallecido.

1934. El año del matrimonio en la localidad de Pica.

Llega Martha a la zona interior y desértica de Iquique a fines del mes de Mayo de 1934. Nos podemos imaginar su creciente sorpresa al atravesar los extensos campos de dunas y salares, rumbo a Pica, en aquellos años en que los caminos no eran tales sino huellas infernales, llenas de baches, de chusca y de polvo infinito. De pronto la encontramos contrayendo matrimonio civil con Heinrich Froehlich un 1º de junio de 1934, en la localidad de Pica, según consta por el certificado expedido por el Registro Civil e Identificación de esa localidad. O sea, todo ha sido metódica y cuidadosamente preparado con antelación por Froehlich en Pica para esta ceremonia, en la que actuarán como testigos dos coterráneos alemanes: uno, el querido cura párroco católico del pueblo, el Presbítero Luis Friedrich Schallmayr y el otro, un residente llamado Juan Kruse Kauffmann del que nada sabemos aún. Resulta muy interesante este casi fortuito encuentro entre el párroco católico Luis Friedrich, muy venerado por su grey piqueña y el joven inmigrante luterano. La lejana patria común, Alemania, unirá a no dudarlo estrechamente a ambos en una larga amistad y aprecio, en especial durante el difícil período de la IIª Guerra Mundial (1939-1944) en Chile, cuando los alemanes eran considerados espías potenciales.

Nace la única hija, Eleonor.

De este matrimonio, nacerá la única hija, Eleonor, que llega al mundo el 24 de Octubre de 1935. La niña, rubia y juguetona, ocupará el tiempo de su madre, rodeada de muñecas y regalos que le envían desde Alemania sus abuelos. La niñez de Eleonor transcurrirá entre gatos, gallinas, conejos, cabritas y su burrita regalona (Vea Fig. arriba), en la que pronto saldrá a dar paseos que la conducirán hasta La Huayca, la única localidad cercana habitada por antiguos canchoneros y carboneros, dedicados a la explotación del carbón de tamarugo. Aquí hará sus grandes amistades, apenas puede entender y balbucear el castellano. Porque su primera lengua y su primera educación, según ella lo recuerda, sólo fue en idioma alemán. Para los vecinos de La Huayca, con los que pronto traba sólida amistad, ella será simplemente "Lola" o "Lolita". Para sus padres y familiares más íntimos, Lorchen". Nombre este último con el que ella no gusta ser llamada por sus amistades chilenas.

¿Qué paisaje logra crear Froehlich en "Los Puquios"?.

No sabemos con exactitud el año en que se compra al fisco (hoy Oficina de Bienes Nacionales), por parte del socio Müffeler, el predio de "Los Puquios". Tampoco sabemos cuanto costó. Comprendía al parecer un área total de unas 4 ó 5 hectáreas, espacio suficiente para tener animales, y variadas siembras, así como para la instalación de las primeras viñas, tarea que emprende Froehlich afanosamente a fines del año 1929. Lo sabemos por un prolijo álbum fotográfico que ha llegado a nuestras manos, con detalles finos de la construcción de la casa-habitación, la instalación del pozo y bodegas y la preparación lenta de los suelos, mediante extracción paciente de los costrones de sal que cubrían la superficie del antiquísimo salar pleistocénico. Junto con ello, empieza a plantar filas de eucaliptus en los contornos de la propiedad con el objeto de formar barreras naturales contra el viento, y controlar así el acceso de las arenas finas por arrastre eólico, peligro siempre mortal para cualquier siembra.

La aplicación del sistema prehispánico de "canchones".

En sectores de la propiedad se había practicado, desde decenios anteriores, la agricultura de "canchones". sistema de recuperación de tierras cultivables que consistía en extraer la capa superior salina, hasta una profundidad de unos 40-50 cm. para llegar a un suelo más arenoso y menos salino el que era irrigado en forma natural por ascenso por capilaridad del agua freática que se hallaba a escasa profundidad en el subsuelo . El sistema no era ninguna novedad. Era conocido en la región desde unos 100 años antes a lo menos, y era practicado por los llamados "canchoneros".

¿Qué eran los "canchones"?.

El "canchón"no era sino una "era" o "melga" de unos 3-5 metros de ancho por un largo considerable. A medida que se utilizaba en la siembra el canchón cada año, habia que volver a limpiarlo de la costra que se formaba en la parte superior y este material salino era re-depositado en los bordes del canchón, de suerte que éste iba profundizándose año a año. "Chacras sin riego", habìan sido denominadas desde la época de la Colonia española o "mahamaes", en la costa peruana donde también el sistema era practicado desde tiempos indígenas. En la zona de Trujillo, en el Perú, desde época mochica, se les denominaba "huachaques" y se les emplea hasta el día de hoy.

Alta productividad de los canchones.

Eran melgas altamente productivas de verduras, zapallos, melones, sandías o maíz, y provistas de riego continuo, solo requerían de la adición del guano animal o guano fósil de aves marinas, como fertilizante, elemento que antiguamente era traído a lomo de llama o mula desde las guaneras de la costa. "Canchones" y "canchoneros" hubo centenares en esta zona, desde La Tirana hasta "Lios Puquios".
Sabemos con certeza que se había practicado también el sistema de los "canchones" , o "chacras sin riego" en el predio "Los Puquios", porque aún hoy se encuentra sus rastros evidentes en dicha propiedad, ocupados ahora por vetustos algarrobos o tamarugos que allí crecieron merced a la alta concentración de agua freática. La gracia y habilidad de Froehlich fue atreverse a plantar vides y lograr obtener un vino generoso semejante al oporto, en un difícil ecosistema de pampa, cosa que nadie había intentado antes en esos parajes de muy bajas emperaturas invernales.

Tal como lo hemos prometido, seguiremos ofreciendo variados materiales documentales y fotográficos sobre el proceso de plantación de las vides por parte de Froehlich y entregando antecedentes de la manera como esta familia extranjera se integra al sistema administrativo y juridico nacional que pronto culminará en la obtención de la ciudadanía chilena por gracia, en razón de su meritoria trayectoria como agricultores del desierto.

El técnico agrícola de mayor experiencia en Iquique.

Pronto, en la zona de Iquique, Froehlich se convertirá en el gran experto en agricultura del desierto, expertise que consigue no tanto por sus estudios previos sino por su dedicación y su experiencia diaria con especies vegetales y tipos de abonos. Froehlich, además, aprende mucho de los canchoneros y agricultores de La Huayca, con varias de cuyas familias entabla duradera amistad. Ahí conoce a los Jiménez, Benavides, Caipa, Soto y Solís, uno de los cuales, como el caso del fiel Genaro Soto, será por largos años su capataz de campo. En la década del 50, ya con mucha experiencia a cuestas, se atreverá a escribir sendos artículos de corte científico basados en sus observaciones de terreno. De todo esto iremos hablando en sucesivos aportes en este nuestro Blog.




viernes, 13 de mayo de 2011

Heinrich Froehlich en el Tamarugal: los duros comienzos.

Foto 5. Fechada el 21 de Mayo de 1929, esta valiosa fotografía nos muestra a varios peones del predio "Los Puquios" y algunas visitas llegadas seguramente de Iquique, de terno formal y sombrero; probablemente entre ellos se encuentre Peter Mueffeler, su socio en la empresa. La sencilla barraca de madera que les sirve de telón de fondo, probablemente fue una de las habitaciones iniciales y lugar de guarda de herramientas y enseres. Heinrich se yergue, con su elevada estatura, a la derecha del grupo, en ropa informal de trabajo. Al fondo, los infaltables tamarugos típicos pobladores del Salar.

Foto 4. Esta foto corresponde, a lo que creemos, a los años 1940, 1941 o 1942, cuando ya los hijos de los matrimonios Froehlich-Bohm y Mueffeler-Marquez han crecido. En la escalinata de la casa, al lado de Froehlich, el más alto sentado abajo, está, según lo sospechamos, su amigo Peter Mueffeler.

Foto 3. La que muy luego sería la casa familiar (la misma de la foto anterior, ya ataviada con vegetación) construida por Froehlich y virtualmente terminada ya a fines del año 1929. Heinrich esta todavía soltero pero con planes serios de traer a su futura esposa, Martha, desde Golzow, Prusia occidental, a Los Puquios.


Foto 2. Tapa del valioso álbum fotografico formado por Froehlich, con todo esmero, entre Febrero de 1929 y Agosto del año 1930. El álbum nos permite seguir, paso a paso, a través de sus 117 fotos, los minimos detalles de las construcciones y faenas que llevó a cabo pacientemente el técnico alemán, durante los inicios de la "Viña Frohlich" de F y M. La primera fecha inscrita en dicho álbum señala explícitamente : "25. März 1929".

Foto 1. Tripulando un auto de carrera, en Iquique, hacia el año 1925 (?). Heinrich Froehlich, como avezado piloto al volante, se encuentra a la izquierda. Desconocemos el nombre de su acompañante.

Los hobbies juveniles.

Hasta aquí, hemos seguido, en dos capítulos precedentes, los primeros vericuetos de la vida de Heinrich Froehlich desde que llegó de Eisenach, joven de 22 años, a Iquique donde conoce y trata a otro alemán, joven como él, Peter Mueffeler, natural de Colonia. Hemos dado con una foto suya (Foto 1, arriba) de estos primeros tiempos, a lo que parece la única más temprana de que disponemos. Según Eleonor, su hija, correspondería a los años 1925 ó 1926. Mueffeler tenía por entonces una agencia de venta de automóviles, tal vez la única en Iquique por entonces. La foto nos muestra a dos amigos a bordo de un automóvil de carrera, en el típico atuendo de pilotos de prueba. ¿Perteneció este vehículo a Mueffeler?. Es probable. Debió tratarse de un hobby transitorio, sólo posible gracias a la actividad propia de Müffeler en el rubro automotriz. Porque Froehlich no tenía obviamente aún la capacidad económica para darse tales lujos. Nos podemos fácilmente imaginar esas carreras heroicas, por huellas polvorientas y arenosas, tal vez rumbo al "lejano" balneario de Cavancha, donde pasarían el día pescando y/o retozando en la playa, con amigos.

Los primeros viajes al oasis de Pica.

Más de alguna vez intentarían llegar hasta Pica, donde Mueffeler pronto conocería y empezaría a cortejar a Norah, hija del querido médico del pueblo, el doctor Juan Márquez. Varios años de pololeo, en los que tal vez se veían, como era la costumbre, sólo de tarde en tarde, terminarían por fin en matrimonio en el año 1934. Exactamente el mismo año en que llega, importada de Alemania, Martha Bohm, la joven prusiana que será de por vida la esposa de Froehlich. Del matrimonio de Mueffeler con Norah, nacerán cuatro hijos. A diferencia de Froehlich cuya hija Eleonor no tendría descendencia, Mueffeler deja descendientes que hasta hoy han ocupado importantes cargos en la ciudad de Iquique.

¿Cómo surge la idea de comprar el predio de "Los Puquios"?.

Mueffeler compra al fisco hacia 1927-28 -como nos atrevemos a aventurarlo, a falta de pruebas ciertas- el predio de "Los Puquios", cercano a La Huayca, donde comenzará la notable aventura vitivinícola sugerida seguramente por Froehlich. ¿De dónde les viene la idea de plantar una viña en esos desolados parajes?. No lo sabemos a ciencia cierta, pero probablemente se conjugaron aquí dos circunstancias fortuitas: a) una, las visitas obligadas a Pica por parte de Mueffeler, en las cuales Froehlich- podemos fácilmente suponerlo- iba de acompañante. Aquí deben haber visto muchas veces, con sus propios ojos, los viñedos de Pica y Matilla, por entonces en plena explotación; y b) el contacto directo, a su paso obligado hacia Pica, con canchoneros de la Pampa, en las proximidades de La Huayca, uno de los sitios donde éstos más abundaban. Estas plantaciones se podían observar inmediatamente a la orilla del camino o huella de tierra suelta. Hasta hoy podemos observar con nostalgia sus antiguas habitaciones derruídas, hechas con costrones salinos recortados a azuela o pala, y sus muros aún enhiestos, desprovistos de techumbre.

El ejemplo antiguo de la agricultura de las "chacras sin riego", o "canchones".

Es seguro que en muchas ocasiones se detuvieron a observar, al cruzar el desierto, las faenas en marcha y a interrogar a los lugareños "canchoneros" sobre su productividad, modo de laboreo y sistemas de abono. Porque su riego corría por cuenta de la madre naturaleza, a causa del alto nivel freático del agua subterránea en ese paraje. De aquí, deducimos, es probable haya surgido la idea de comprar uno de esos lugares, provistos de antiguos canchones, donde existía la plena certeza de la existencia de agua a escasa profundidad, muy fácil de bombear a la superficie. Muy luego, tras la compra del sitio de unas cuatro ó cinco hectáreas iniciales, y a comienzos del año 1929, a juzgar por las fotografías fechadas que poseemos, se inicia la construcción de pozos, estanques, instalación de bomba y la consiguiente preparación y abono de los terrenos, descostrando y limpiando la superficie antigua del Salar.

Los inicios heroicos de la "Viña Froehlich".

Así y allí surgirá muy pronto la "Viña Froehlich". El álbum fotográfico que poseemos, dotado de un total de 117 fotos en blanco y negro, no pocas de ellas ya descoloridas por el implacable paso del tiempo, y de un tamaño medio de 6 cm. x 6 cm. cada una, ostenta un muy significativo título, escrito primorosamente en alemán por la mano de Froehlich, en tinta china de color negro, indeleble:


"Die Entstehung und Entwicklung des "Froehlichen Weinberges" ab Februar 1929." (El nacimiento y el desarrollo de la "Viña Froehlich" a partir de Febrero de 1929). (Vea original en Foto 2)

Abajo, a la izquierda, se lee: Chacra "Los Puquios". A la derecha se lee: F & M. Iquique. Canchones, Chile.


La nueva Viña de Froehlich será su "Viña Feliz".

Es muy interesante dejar constancia, de paso, que la expresión "Froehlicher Weinberg", como la denomina ingeniosamente su iniciador y creador, significa en alemán dos cosas a la vez: a) "Viña Froehlich", aludiendo al apellido de su creador, pero también, b) "Viña Alegre, o Feliz". Por ejemplo, en Alemania se saludaban antaño para Pascua de Resurrección con la expresión: "Froehliche Ostern": ¡ Feliz Pascua!. En efecto, el vetusto Álbum de tapas negras que tenemos entre manos rezuma con su meticulosidad y cuidada caligrafía, el cariño que Froehlich pone, desde sus comienzos, esto es desde Febrero del año 1929 hasta Agosto de 1930 a su nueva empresa a la que dedica especial preocupación. Por eso sigue durante muchos meses, en una secuencia fotográfica impecable, sus avances y logros. Esta será la que rotula como la "Viña Froehlich o Viña Feliz". En esta empresa, como se puede fácilmente colegir analizando en detalle la secuencia fotográfica, pone él todo su empeño, su cariño y su probada laboriosidad germana. Las siglas F y M escritas en letras mayúsculas en la tapa del Álbum designan, claramente, las letras iniciales de los apellidos de sus gestores principales, esto es, Froehlich y Mueffeler.

La historia de los inicios agrícolas retratada en un álbum fotográfico.

Revisando las ya ajadas páginas del álbum, resulta perfectamente posible, gracias a las fechas allí insertadas por Froehlich, seguir la secuencia exacta de las faenas realizadas en el terreno. Lo primero, fue preparar la tierra, sacando las costras salinas de la superficie. Luego vienen las primeras construcciones: la del pozo, del estanque de agua, de algunos sencillos galpones y de la futura "casa patronal". Luego se puede apreciar las primeras plantaciones, los galpones (Staelle) para la crianza de animales domésticos (ovejas, cabras, cerdos y burros) y, por fin, el gallinero que será poblado por gallinas de la raza Rhode Island. El álbum termina con vistas varias de la instalación de la incubadora para pollitos, tarea que parece haber sido su orgullo. O sea, entre comienzos del año 1929 y agosto del año 1930, Froehlich fue capaz no sólo de preparar extensas superficies de tierra en enormes melgas para plantar alli especies vegetales varias (se puede distinguir sin dificultad zapallos, alfalfa, choclos) , sino aún de construir con sus manos la casa en la que albergará a su futura familia, apenas Martha su futura esposa llegue, en el mes de agosto de 1934, desde su patria, Alemania.

La rápida aparición de las fuentes productivas: plantios, cria de animales, gallineros.

La mayor parte de las fotografías nos muestran aspectos variados de la evolución del predio agrícola. Hay muy pocas que muestren grupos de personas. En una de ellas, (Foto Nº 5) Heinrich aparece rodeado de varios de sus peones, casi seguramente contratados todos ellos en el vecino pueblecito de la Huayca, donde logró hacer muchos amigos y de donde era originario Genaro Soto, que fuera su fiel capataz por largos años. En una de las fotos más nitidas (Nº 5) fechada el 21 de Mayo de 1929, es posible ver al espigado Froehlich junto a una cabaña de madera, con visitas vestidas formalmente con sombreros de copa. Tal vez se trate de Peter Mueffeler que viene de Iquique a ver el avance de las obras.

¿Cuándo surgen las primera viñas en la zona de "Los Puquios"?.

Extrañamente, a pesar del título inicial del álbum que se refiere precisamente a la "viña" (Weinberg) , no aparecen en este álbum fotos de las parras o señas de su cultivo, tal vez porque éstas fueron instaladas algo más tarde, tras la experiencia inicial con cultivos de rápida venta y comercialización (alfalfa, zapallos, maiz). La viña iba a exigir, evidentemente, mucho mas tiempo y dedicación. Y también, de más dinero. No sabemos todavía la fecha exacta en que se plantó la primera viña en "Los Puquios". Tenemos la sospecha que fue hacia los años 1931 ó 1932, poco antes del arribo a Chile de su futura esposa, Martha.

Otras capítulos sobre esta biografía alucinante.

Con este capítulo dedicado a la obra titánica inicial de Heinrich Froehlich hemos terminado nuestra tercera entrega. Vienen, así lo esperamos, otras más. Una dedicada a sus publicaciones, condecoraciones y trabajos, otra a sus esfuerzos por hacer productiva la zona arenosa costera de "La Chimba", en la porción norte de la ciudad de Antofagasta, a donde le llevará como técnico la CORFO, hacia el año 1960, y donde le veremos desplegar con gran energía su creatividad agrícola y, a la vez, su notable talento musical. En esta proceso agotador de esfuerzo y trabajo y en una gran soledad, le sorprenderá repentinamente la muerte, en Octubre del año 1966.


( aún en preparación, 16 de Junio de 2011, en Iquique).


jueves, 28 de abril de 2011

Heinrich Froehlich: un intrépido y desconocido pionero agricola en la Pampa del Tamarugal.

Foto 1. Placa commemorativa instalada al ingreso del predio agrícola de Canchones, en la Pampa del Tamarugal, donde trabajara Enrique Froehlich por cerca de 20 años, a partir de los años 1941-42. Fue financiada por su hija Eleonor Froehlich quien asistió a su descubrimiento junto a autoridades de la Universidad Arturo Prat el año 2002. El discurso de rigor estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Italo Lanino Rozas. El texto de la Placa recuerda a las nuevas generaciones de alumnos las exitosas actividades agrícolas realizadas por Froehlich en esa zona desértica, a partir de los años 1927-28 en aquellos difíciles años de las décadas del 20 y del 30 del pasado siglo, exactamente en la época de la gran crisis del año 1929.

Foto 2. Lugar actual de emplazamiento de la placa recordatoria, a la entrada del predio agrícola de Canchones, actualmente administrado por la Universidad Arturo Prat de Iquique. Aquí desarrollan sus prácticas agricolas los alumnos de la Carrera de "Agricultura del Desierto" de la misma Universidad.

Foto 3. Heinrich Gustav Froehlich Ludwig de unos 30 años de edad, hacia el año 1932-1933. Para entonces, el predio de "Los Puquios", bajo su supervisión directa, ha conocido una frenética actividad impulsada por este notable técnico agrícola alemán, nacido en Eisenach el 21 de octubre de 1902 y llegado a Chile en el año 1922. El predio de "Canchones" aparecerá en escena pocos años más tarde, al parecer en los años 1941-42. Foto 4. La familia completa, con su esposa e hija, junto a su casa construida por ellos mismos en el predio de "Los Puquios", situado exactamente al frente del predio agrícola de Canchones. La esposa, Martha Bohm Müller, era originaria de Küstrin/Golzow (Prusia) y llega desde Alemania a acompañar a su flamante esposo el 14 de Mayo de 1934. Ella tenía por entonces 33 años de edad. En la fotografía, la única hija nacida del matrimonio, Eleonor, tiene al parecer unos cinco años de edad. La foto correspondería, por tanto, aproximadamente a los años 1941-42, época de los inicios de la Estación Agrícola Experimental de la CORFO, institución que muy pronto contratará a Froehlich como su Administrador y Técnico agrícola.
Foto 5. La familia Froehlich Bohm en el predio de Canchones. Se observa a los frutales en pleno desarrollo (perales?). La hija, Eleonor, tiene aquí unos 15 años por lo que deducimos que esta fotografía correspondería aproximadamente al año 1951. De ser así, sería la fecha exacta en que el físico chileno-alemán Gerardo Melcher les visita en su expedición al Norte, acompañando al zoólogo Dr. Guillermo Mann, tal como lo relata con sabrosos detalles y simpáticas anécdotas en su obra: El Norte de Chile su gente, desiertos y volcanes (Editorial Universitaria, Santiago, 2004, páginas 78-80).

¿Escuchó Ud. el nombre de Heinrich (Enrique) Froehlich?.


El nombre del ciudadano alemán Heinrich Froehlich seguramente no le resulta a Ud. para nada familiar. Casi nadie lo conoce, ni siquiera en esta región nortina de Tarapacá, salvo unos poquísimos iquiqueños que aún recuerdan, abismados, su noble gesta en el desierto. Lamentablemente, su nombre y su hazaña no ha quedado registrada en los manuales de Historia Económica, Agricultura o Geografía del Desierto de Atacama. Le fue concedida, sin embargo, la Condecoración al Mérito Bernardo O´Higgins en 1939 por sus notables logros agrícolas en la Pampa del Tamarugal. La labor desarrollada por Froehlich durante más de 35 años en el antiguo predio de "Los Puquios" , en el sector de Canchones, no sólo es digna de admirar y destacar. Es digna de ser imitada aún hoy. Porque aún hoy el desierto tiene muchos secretos que enseñar. Sacar del casi total anonimato a este notable pionero de la agricultura en el desierto de Atacama, destacar su increíble y tesonera labor y hacer conocer y admirar su obra por las generaciones jóvenes de la Región, es el objeto de este segmento de nuestro Blog y de otros más que lo seguirán próximamente.

Un viajero lo encuentra, agazapado entre las arenas del desierto, cerca de la Huayca.

Para comenzar nuestra historia, vamos a introducir una cita de alguien que tuvo la fortuna de conocerlo, visitarlo y tratarlo de cerca en su casa, en medio del Tamarugal, en el verano del año 1951, en el sector de "Los Puquios". Quien lo retrata es Gerardo Melcher, un fisico chileno de origen alemán. Melcher viajaba acompañando una expedición al Norte emprendida por el conocido zoólogo Guillermo Mann, del Instituto de Zoología de la Universidad de Chile. En su obra: El Norte de Chile su gente, desierto y volcanes, publicada por la Editorial Universitaria en el año 2004, Melcher reseña sus recuerdos del encuentro con Froehlich y su familia, en el año 1951, ya totalmente asentados en el Tamarugal.

He aquí el relato:

"Pasamos por Pozo Almonte [viniendo de la quebrada de Camarones] y seguimos a Canchones hasta una granja agrícola bien instalada por un señor Fröhlich, un personaje muy emprendedor que anteriormente habia trabajado en Iquique en negocios de importación. En áreas considerables de su terreno salobre, aplicó una antigua tradición indígena, haciendo remover la costra salina de unos veinte centímetros de espesor, despejando así canchones para cultivos. Agua para riego, ligeramente salobre, la bombeaba desde varios metros de profundidad. A lo largo de todo el año cosechaba zapallos, melones, pepinos, verduras de hoja y plantas de forraje. Además, una viña daba grandes uvas azules. Con ella elaboraba un mosto muy especial, el vino Canchones, muy apreciado por conocedores. La granja comprendía, ademas, canchones experimentales fomentados oficialmente por la Corfo [Corporacion de Fomento de la Producción]. Muros y casas aquí se construyen de sal. Los bloques removidos de los canchones se trabajan con hacha dándoles forma de ladrillos.. No se precisa mortero alguno, basta echar agua al muro de "ladrillos salinos" y quedan soldados con cristales de sal. Con esta técnica Froehlich construyó una atractiva casa en estilo español, con arcos y galerías, revocadas con sal interiormente y por fuera. Sólo el techo estaba formado por maderos de tamarugos dispuestos horizontalmente y trenzados con fibras tupidas para obtener buena sombra, una techumbre suficiente, ya que aquí no hay precipitaciones". (Melcher, 2004: 78 - 79).

La obra titánica de Froehlich y Mueffeler en Canchones y Los Puquios.

¿Quién era este personaje que llega a sepultarse solo en la Pampa del Tamarugal bastante antes de 1930, donde establece después una familia y lleva una vida casi de ermitaño, dedicado afanosamente a hacer producir el desierto? ¿Qué lo indujo a asentarse en este lugar tan árido y tan yermo? Y, finalmente, ¿por qué su figura y su estampa es digna de admiración para las generaciones actuales de agricultores de la Pampa?. ¿¿Qué herencia nos deja a los chilenos de hoy, los que pasamos a diario por estos inhóspitos parajes rumbo a Pica y sus baños termales?

¿Qué pensaron de él sus coetáneos?.

Escuchemos ahora el relato, bastante anterior (1938?), de un importante político de la época, Arturo Olavarría Bravo Ministro de Agricultura del Presidente Aguirre Cerda , quien en su obra: Chile entre dos Alessandri, editada en 1962 por Editorial Nascimento, señala textualmente:

"La Pampa del Tamarugal.

"Durante mi visita al norte con el objetivo de estudiar en el terreno todo lo relacionado con la producción de guano de covaderas aproveché la oportunidad para conocer de cerca la Pampa del Tamarugal, aquella inmensa planicie estéril que sólo habìa visto antes a la distancia.
Atravesando la pampa en dirección a Pica, en donde visité los hermosos huertos frutales de que vive esa población, me encontré con dos oasis cuya vista me pareció al principio que eran fenómenos de espejismo, porque no podía dar crédito a un espectáculo tan maravilloso como eran esos dos vergeles enclavados en medio del árido desierto.
El primero de ellos era Canchones con su inverosímil viña del mismo nombre, rodeada por álamos chilenos. Sus propietarios dos alemanes, los señores Froehlich y Peter Mueffeler me contaron que a la raíz de la guerra europea de 1914, se encontraron impedidos de continuar con los empleos que desempeñaban en Iquique y, entonces, sin tener otro rumbo que seguir, resolvieron subir a la pampa con el objeto de acometer la aventurada empresa que desde hacía algún tiempo habían concebido. Luego de trazar los entornos del futuro viñedo y de captar el agua subterránea pra su regadío, comenzaron la increìble tarea de arrancar, por sì solos, la costra salitrosa del suelo, la que pacientemente fueron llevando, a medida que avanzaba, en carretilla de mano hasta los límites del terreno, en donde de este modo fue convirtiéndose en muros vecinales. Terminada esta titánica tarea, plantaron las vides que habían encargado al sur del país y esperaron los resultados de su audacia, de su constancia, sus sacrificios y su fe. Obtuvieron un brillante resultado.

La cosecha de uva fue convertida en vino, en un exquisito vino generoso que luego después empezó a venderse con gran aceptación en Santiago y las principales ciudades del país. Huelga decir que a mi regreso a la capital, obtuve que el gobierno condecorara con la Orden al Mérito "Bernardo O´Higgins" a esos dos esforzados extranjeros que, junto con realizar tamaña empresa, habían dado un ejemplo que era toda una lección objetiva para los chilenos".(Olavarria Bravo, 1962).

Dificil imaginar el tremendo esfuerzo desplegado por el joven técnico agrícola alemán en tierra extraña.

No nos consta la fecha exacta de la visita de Olavarría Bravo al sector de Canchones. Debió ser probablemente hacia 1938 ó 1939, cuando era Ministro de Agricultura y de Fomento en el gobierno del Presidente don Pedro Aguirre Cerda. Por entonces, Froehlich está dedicado cien por ciento a hacer producir ese desierto árido y ha formado allí una corta familia. Para los que conocemos bien el lugar por haberlo visitado en repetidas ocasiones, hoy eso ya casi no nos sorprende. Pero podemos sin gran trabajo imaginar lo que eran esas superficies infinitas de costrales salinos, poblados por uno que otro algarrobo o tamarugo, tal como todavía hoy pueden observarse en sus alrededores. Un paisaje desolado, rugoso, de costras y mogotes salinos, restos de un antiquísimo lago pleistocénico desecado, cuyas sales y arenas salinas habían quedado en superficie mostrando un paisaje casi de tipo lunar.

Restos blanquacinos de un antiguo salar.

Hace unos 15.000 ó 20,000 años atrás esta zona era parte de un extenso paisaje lagunar y constituía las riberas de un inmenso lago que el geólogo alemán Juan Brüggen bautizara como "Lago Soledad". Canchones y la Huayca están asentados hoy directamento sobre estas antiguas formaciones lagunares, ahora yermas y resecas. La salinidad de esos costrones que pululan hasta hoy en dicha zona entre dispersos algarrobos y tamarugos, ha sido fruto de la evaporación de sales arrastradas por las lluvias torrenciales del período pluvial hacia la pampa desde las alturas de la cordillera. Poco a poco, con el correr de los milenios, el clima se ha ido secando más y más y es cada vez menos el agua que alcanza hasta el Tamarugal desde sus vecinas quebradas. Hacia 1963, personalmente pudimos ver aún pozos activos en casas de la Huayca desde donde se podía obtener el agua fresca apenas a unos 50 cm. de profundidad, o aún menos. Hoy allí mismo hay que cavar muchos metros para alcanzarla.

¿De dónde les surge la idea a estos dos alemanes de realizar cultivos varios en la pampa?

Según el relato de Arturo Olavarría Bravo, recogido de labios de los dos pioneros hacia 1938, a poco de llegar a Iquique el año 1922, el joven Froehlich, que acaba de cumplir 20 años, viene huyendo de las dificultades y penurias de la postguerra de 1914, conoce a otro alemán, casi de su misma edad, Peter Mueffeler Lehnen, originario de Hamburgo, ya radicado en Iquique y que trabajaba en una importadora de vehículos. Se hacen amigos y ambos visitan el interior de la provincia, llegando hasta Pica. Por entonces, Pica aún ostentaba y cosechaba sus conocidos viñedos, muy apreciados desde la época de la Colonia. La "pisa de la uva" en los lagares de Pica y Matilla fue realizada con fiestas especiales hasta el año 1929, fecha en que por razones que no profundizaremos aquí, cesan repentinamente las plantaciones de vides, éstas son arrancadas y se inicia en el oasis un cambio total de rumbo, con la plantación masiva de cítricos y mangos. Por estos mismos años (1928-1929), Froehlich inicia el camino exactamente inverso: planta en "Los Puquios" sus primeras vides experimentales.

¿Por qué instalarse en plena pampa del Tamarugal?

Sospechamos, pues, que tanto la observación de los florecientes viñedos existentes a la fecha en Pica, Matilla y el valle de Quisma, por entonces intensamente cultivado, como la experiencia de los centenares de "canchoneros" que en la zona de La Huayca y Los Puquios cultivaban en sus "chacras sin riego", verduras, hortalizas, melones y sandías, inducen a los dos entusiastas jóvenes alemanes a asociarse para comprar un predio y experimentar. Es lo que anhela hacer el joven Froehlich. Peter Mueffeler, que ya dispone de una buena situación económica, financia su compra. Este predio será llamado "Los Puquios". Hasta hoy es posible observar en él los viejos "canchones" del todo abandonados por el descenso significativo de las napas freáticas. Pero hacia 1925, fecha en que imaginamos a la dupla de alemanes buscando un lugar apto para realizar sus experiencias agricolas, el área estaba todavía llena de "canchones" y "canchoneros" que venían utilizando este viejo método de producción agrícola sin necesidad de regadío, sólo por ascenso capilar, desde mediados del siglo XIX, por lo menos.

Nuestra gratitud a Eleonor Froehlich.

El presente relato y los que esperamos le sigan, no habrían sido posibles sin el aporte insustituible de valiosos materiales documentales y fotográficos por parte de nuestra buena amiga Eleonor Froehlich, hija única del intrépido pionero alemán creador del predio agrícola de "Canchones" y su afamada viña. De esta gesta, llena de matices únicos y sorprendentes, plena de iniciativas a cuál más valerosa y audaz, iremos aprendiendo en sucesivos capítulos de nuestro Blog. Nuestra particular gratitud, pues, a Eleonor por haber puesto a nuestra disposición, con tanta generosidad y desprendimiento, este valioso material que ahora ve la luz por vez primera.

Una "historia" verídica para aprender de ella, no sólo para admirarla de lejos.

En las próximas semanas, si Dios quiere, iremos haciendo otras entregas, capítulo tras capítulo sobre este notable pionero de la agricultura en plena Pampa. El material que hemos recopilado es enorme. Para nosotros, es imperioso que esta gesta tan ignorada hoy sea conocida, valorada y, sobre todo, imitada por otros. Se ha señalado que la historia es "magistra vitae", es decir, "maestra de la vida". De esta historia singular, en consecuencia, de sus éxitos y fracasos, debemos ávidamenter aprender, porque es mucho lo que nos puede enseñar aún hoy. Los beneficiarios serán los jóvenes científicos y agrónomos que estén dispuestos "a dejar sus huesos" en esta noble tarea de hacer producir esta tierra, tal como lo hicieron ya los indígenas, hace siglos y milenios atrás, aprovechando las avenidas eventuales de las quebradas tarapaqueñas. Tal como lo hizo Froehlich quien muriera empuñando el azadón en las jóvenes huertas de "La Chimba", en Antofagasta.


Una sugerencia que nos parece afortunada.

Es nuestra más profunda conviccción que Heinrich Froehlich merece mucho más que la pequeña placa recordatoria (Vea foto 1, arriba) obsequiada por su hija, que por su escaso realce muy pocos advierten al pasar por allí. Nos atrevemos a sugerir que el predio mismo de Canchones, regentado hoy por el Departamento de Agricultura del Desierto de la Universidad Arturo Prat, debería llevar hoy dignamente su nombre: "Estación Experimental Agrícola Heinrich Froehlich Ludwig". El lo eligió, él lo trabajó, descostró, y plantó con sus propias manos, palmo a palmo, metro a metro. Si bien, como veremos en capítulos siguientes, Peter Mueffeler, su socio en la empresa, le prestó siempre su generoso apoyo económico, quien realmente merece ser destacado como el gran artífice, fue ciertamente Froehlich. Así lo reconocieron todos sus coetáneos. Sin él y su constante empuje arrollador, nada existiría hoy día en esos lugares: serían tan sólo hectáreas inertes del desierto, cubiertos de costrones salinos y de arenas calcinadas, tal como lo podemos ver aún hoy a escasos metros fuera de sus linderos actuales teñidos de verde.

Froehlich, el "hombre verde".

Heinrich Froehlich, el "hombre verde", como lo llamó con indiscutido gracejo el gran poeta nortino Andrés Sabella, ha resuscitado allí mismo en el reciente mes de Abril (año 2011), cuando estudiantes de la carrera de Agronomía de la Universidad Arturo Prat efectuaron, exactamente en ese mismo sitio de Canchones, la séptima vendimia de las podas de las mismísimas parras plantadas por Froehlich a partir de Enero del año 1929. Gracias a la asidua dedicación de ingenieros agrónomos del predio actual, en el año 2007 se obtuvieron los primeros 200 litros de vino tinto y blanco. Tuvieron que transcurrir muchas decenas de fatigosos años para que el milagro se diera nuevamente. Y la "Froehliche Weinberg", como la llamara Heinrich en 1929 con evidente orgullo familiar en sus documentos privados, revive nuevamente hoy lozana y vigorosa, al amparo vigilante de los ingenieros agrónomos de la Universidad Arturo Prat, señores Marcelo Lanino y su esposa Ingrid Poblete, agrónoma como él. La reciente vendimia de este año 2011 arrojó ya la suma de 600 litros de un excelente mosto. Todo hace augurar un nuevo éxito a una empresa iniciada en "Los Puquios", junto a Canchones, con increíble tesón y notable visión de futuro, hace exactamente 82 años ( 1929).


(revisada el 19/05 /2011)




jueves, 21 de abril de 2011

Destrucción de paisajes geográficos: un crimen de lesa patria

La destrucción del paisaje geográfico: un crimen no confesado.


El video que sigue, ha sido elaborado por el Portal Minero (www.portalminero.cl) División de CODELCO Norte para mostrar el desarrollo de sus futuras ampliaciones mineras hasta el año 2024. Mientras la Compañía se ufana en el presente video de sus futuros trabajos, mostrándolos como el non plus ultra de la tecnología extractiva, nosotros, los eco-antropólogos inquietos nos preguntamos si se ha tomado en cuenta ciertas "externalidades", esto es los costos no contabilizados por la Empresa en relación a la contaminación consiguiente, la destrucción y la desaparición de paisajes, la proliferación del ruido y el incremento del polvo, flagelos que la ciudad de Calama ya casi no puede soportar por su magnitud y su omnipresencia. Los calameños hoy día lloran la pèrdida de la quietud, el silencio, la paz que otrora fuera lo normal en la zona. Se dirá que "es el precio ineludible del progreso". En las líneas que siguen, analizaremos en mayor profundidad este tema, la falacia de su argumentos, y la ignorancia referente a la valía de otros modos de vida, más congruentes con el goce y disfrute de la Naturaleza.


El tema actualmente debatido (y combatido) con respecto a la previsible instalación de dos nuevas centrales termoeléctricas al sur de Iquique, en el área costera de Patache, ha provocado, también en toda nuestra región nortina mucha conmoción, indignación y en muchos, frustración.

Conmoción, porque la tranquilidad idílica de estas playas y balnearios ha sido repentinamente sometida a discusión y cuestionamiento;

indignación, porque vemos a diario la propaganda inusitada, vehemente, casi exasperante de las empresas para "lavar el cerebro" de los iquiqueños, no sólo a través de la TV y la prensa local, sino aún a través de llamados telefónicos.

Frustración, porque existe la fundada sospecha de que este "paquete energético a carbón" ya ha sido aceptado y decidido por el gobierno y que sólo será cuestión de tiempo su puesta en práctica. Salvo que ocurra un "milagro tipo Barrancones", y/o la ciudadanía iquiqueña - siempre díscola y refractaria frente a las pretensiones de la lejana Capital- se oponga con amplio margen en un Plebiscito limpio y concluyente, como acaba de aprobarse por el municipio iquiqueño.

Una competencia desleal.

Mientras las Empresas Termoeléctricas dominan con sus desplegados y tapizan los medios de prensa, con el brillo de una espléndida oferta de "energía para el desarrollo" a los opositores, o sea, a la inmensa masa ciudadana consciente del mal inminente, sólo le quedan escasos espacios disponibles para expresar su disconformidad, su molestia o su indignación. Aún las manifestaciones callejeras donde líderes regionales lucen airosa y valientemente sus lienzos anti-termoeléctricas, son miradas con recelo y/o con profunda sospecha por las autoridades y carabineros. Por fortuna, aún no han podido éstos intervenir la Web en Internet y sus fuentes de información libre, como en China. Aún nos queda este valioso recurso, esta amplia ventana de libertad auténtica, a la que no vamos a renunciar fácilmente.

¿Son costos ineludibles del "desarrollo"?.

Se nos ha tratado de convencer por todos los medios de que el desarrollo tiene sus "costos inescapables", "imposibles de evitar" . Que los "malos olores", que el "material particulado", que las "cenizas", que la "mortandad" de algunas especies marinas o terrestres es algo propio e inherente al desarrollo. O mejor dicho, se nos ha tratado de convencer de que hay que pagar un costo "por el advenimiento del divino desarrollo". ¿"Qué prefiere Ud. - se nos predica - un gran televisor de plasma o el mejor Notebook del mercado, mediante una pequeña alza en la temperatura media del planeta o en el nivel de los océanos, o la carencia de por vida de estos implementos?. ¿No es mejor tener cinco televisores en casa, uno por cada miembro de la familia, que tener poca y escasa energía eléctrica, o lo que es peor, recortes periódicos de energía?. Con estos argumentos aptos para niños, se nos quiere engatuzar hoy. Estas son las herramientas engañosas, pseudo-científicas, pseudo-sociales, que utilizan para cazar incautos.


El "talón de Aquiles" de nuestra civilización actual: la búsqueda desenfrenada del confort.

A este nuestro débil "talón de Aquiles", tan propio de nuestra Civilización Occidental decadente,- la apetencia desenfrenada por el consumismo y el confort- dirigen su dardos los publicistas y pregoneros (¿o más bien los agoreros?) de esta energía rápida y abundante: la producida por el petcoke o carbón bituminoso, de bajísimo costo y enorme oferta actual. Hasta se nos insinúa cínicamente, por parte de sus pregoneros, que la energía podría llegar a bajar de costo.... O también, que, a cambio de su aceptación gozosa, las nuevas empresas Termoeléctricas están dispuestas a hacer "obras sociales" en las caletas vecinas a la Planta como nos lo insinuara sin quererlo, hace poco, en conversación no grabada, un gerente.

La "compra del silencio".

Con este hábil subterfugio que huele muy feamente a "soborno", se quiere "comprar "el silencio de las comunidades vecinas, las caletas de pescadores artesanales de Cáñamo, Caramucho, Chanavayita; o Los Verdes, Río Seco o Chanavaya. Ya están en esa sucia campaña de "ganar adeptos y simpatizantes" entre las comunidades costeras, produciendo -dicho sea de paso- numerosas odiosidades y divisiones internas entre facciones de la propia comunidad. Sobre esta nueva estrategia comunicacional, nada muy decorosa desde el punto de vista social-comunitario nos pronunciaremos, Dios mediante, algún día.

La famosa Ley Tomkins, que nos ha sido legada del regimen anterior promete, por otra parte, beneficiar a los Municipios interesados en instalar en su contorno este tipo de energía, con importantes ingresos que serían entregados por las Empresas termoeléctricas, en calidad de "subsidio", constituye otro astuto y vergonzoso ardid para socavar la voluntad ciudadana claramente expresada en las urnas. Es una forma sutil de "soborno"; ni más ni menos. Por que , ¿qué otra cosa pueden anhelar más los Municipios que disponer de pingües ingresos frescos, de gran magnitud, para sus proyectos?.

El tema candente: la falta total de respeto a la "tierra".

El mundo indígena en nuestro Norte Grande de raíz quecha-aymara-pukina-kunsa, reconoce un particular amor y afección a su pachamama o madre tierra. Es parte integral de su cosmovisión. La tierra, al igual que la fauna, flora y seres humanos, es algo vivo; y palpitante por eso es mama (madre). Para la cosmovisión aymara, Sallqa (la tierra poblada de seres vivos no humanos), Haq´e, (la comunidad humana) y Wak´a (las deidades) se encuentran indisolublemente unidos en una interacción e ntercomunicación constante. El hombre es parte integrante de ese todo. El daño de cualquiera de estas entidades repercute en las otras en forma instantánea. Para el indígena creyente (aymara, quechua, colla o lickan antai) , eso trae como consecuencia inmediata el enorme cuidado y respeto por su tierra, sus vertientes, sus puquios;, sus lugares fuertes; por su flora, por su ganado y por su fauna natural. Esta es la "reciprocidad andina" con el entorno natural. "Do ut des" (yo doy para que me des en retorno). Hacemos ritos especiales a pachamama o madre tierra para que nos devuelva favores en lluvia, en multiplico de pasto, de ganado, de leña o medicina para el hogar.

El "pago" a la tierra (pachamama).

Por esta razón, cualquier actividad humana que signifique modificación, alteración o cambio del estado natural de la tierra, incluso el roturar la tierra o construir una vivienda, exige previamente pedir permiso, y demanda realizar en comunidad un "pago" a la Tierra o pachamama. Esto lo denominan "paguar", es decir realizar el rito correspondiente del "pedir permiso" mediante un sacrificio, tal como lo exige la "costumbre" desde tiempos inmemoriales . Este aspecto ha sido particularmente analizado en esta zona de Tarapacá por el sacerdote católico y sociólogo Juan Van Kessel. ( "La Tecnología simbólica en la producción agropecuaria andina", en Manos sabias para criar la vida: Tecnología Andina, Simposio del 49º Congreso Internacional de Amerixanitas,, Quito, 1957: 35-57).
La Tierra no da así nomás".
"La Tierra no da así nomás: los ritos agrícolas en la religión de los aymara cristianos", reza el título de un notable libro escrito por Hans van den Berg y publicado por CEDLA, (Latin American Studies, 51, Amsterdam, 1989). Como la Tierra para el indígena americano es un ser realmente vivo, que reacciona, se commueve y/o se resiente, es preciso agradecerle, o apaciguarla, según el caso, lo que se logra mediante un "pago", esto es, la práctica fiel de un rito particular, el que está sabiamente consagrado por la "costumbre".

Extractivismo minero y sensibilidad ecológica indígena.

Por este motivo, es parte esencial de su creencia más íntima que la tierra, su pachamama, no puede ser tratada en forma irreverente, soberbia o despreocupada. No puede ser destruida, maltratada, desfigurada, arrasada. Mucho menos puede ser manchada, contaminada para siempre. Siendo esto así, para el mundo indígena el cotejo de este su modo de sentir y de vivir a diario con la tierra viva, con el actual tratamiento brutal a la misma que da el actual extractivismo minero, practicado a rajo abierto, propio de la gran minería que observamos en Chile, es algo no sólo chocante, hiriente y doloroso, sino más aún, realmente repulsivo e indignante.

El cuidado de la Tierra en el Cristianismo.

Esta manifestación explícita de "respeto a la tierra", tan propio de la cosmovisión andina, (y propia, en general, de todas las tribus americanas) si la consideramos en profundidad, encuentra un interesante correlato en el mundo cristiano donde la tierra es mirada como el lugar propio de la actividad (trabajo) y santificación (reconocimiento del Creador) de todo ser humano. En el Libro del Génesis, el Dios creador no sólo ordena a Adán, el hombre recién creado, a "domeñar" (o dominar) la tierra (Gen 1, 28), sino, simultáneamente también a "cuidarla" (Gen. 2,15). Ver Mifsud, 1987: El Respeto por la vida humana Bioética, Ediciones Paulinas, CIDE, Santiago 1987 y su comentario en pp. 295- 305; véase también en este nuestro propio Blog el capítulo escrito el 11 de Enero 2009, dedicado al tema: "El Cristianismo, ¿es el responsable directo de la crisis ecológica?. Respuesta a la acusación de Lynn White y otros autores". Pero si este concepto de "respeto a la tierra" existe en el seno del Cristianismo, se debe reconocer que es mucho más fuerte e intenso en el mundo indígena americano y también chileno. Lo hemos percibido muy nítidamente en nuestros recorridos recientes por el Salar del Huasco y la quebrada de Alca, acompañando a aymaras que allí han vivido o continúan viviendo, al compás cansino de sus llamas y corderos.

El "costo geográfico-territorial" nunca evaluado en el actuar tanto de Mineras como de Termoeléctricas.

A este tema ya nos hemos referido de paso el día 9 de julio del 2009. en un capítulo anterior de nuestro Blog denominado: ¿Qué daños provocan las termoeléctricas a carbón?. ¿Son éstos tan graves?".

Pero volvamos ahora nuevamente, con renovados argumentos, al tema casi inadvertido por los economistas e ingenieros, del "respeto a la tierra". Al realizar un examen fino de las consecuencias inmediatas de la instalación de Termoeléctricas, hemos observado con sorpresa que algunas de sus graves consecuencias (efectos colaterales inescapables) no suelen ser advertidas ni muchos menos examinadas en profundidad por la comunidad; Tampoco por los investigadores (sociólogos, antropólogos, biólogos, climatólogos, ecólogos, físicos, pedólogos). Mucho menos por los ingenieros y contratistas quienes suelen no tener "ojos" ni "oídos" para estas realidades, tan sutiles. Tampoco, a lo que nos parece, por muchos de los arquitectos. Los únicos que parecerían presentirlo, son los arquitectos paisajistas, es decir, aquellos que han aprendido a valorar el paisaje terrestre como un bien patrimonial que debemos transmitir a las generaciones futuras. Es decir, este "costo geográfico-territorial", aunque real y dramático, ha pasado hasta ahora prácticamente inadvertido, sobre todo a los economistas, sociólogos o biólogos. Los que sí lo sienten y aquilatan bien, son los geógrafos humanos.

¿Qué entendemos nosotros por "costo territorial" o costo geográfico"?.

Nos referimos aquí al costo que involucra el daño inferido para siempre a un determinado territorio, parte de la herencia nacional. . Este "costo" real, no lo hemos visto jamás contemplado entre las "externalidades" calculadas o previstas por el economista o el calculista. ¿En qué consiste éste?. En que trae consigo -como efecto inmediato- la destrucción definitiva e irreparable (ad aeternum) de un determinado segmento o porción de la geografía patria,  causado directamente por los procedimientos aplicados por Empresas insertas en un determinado espacio geográfico. Extrañamente, nadie parece haberse percatado de este "efecto" que nos parece crucial al momento de evaluar los costos reales de una operación o las consecuencias de procedimientos usados hoy comúnmente tanto en la gran Minería como en las instalaciones y faenas propias de las Termoeléctricas. En muchas de otras factorías o Empresas se puede hallar un efecto semejante, pero jamás en este volumen y superficie


¿Qué son las "externalidades"? ¿Qué representan en un determinado Proyecto?.

El lenguaje de los economistas e ingenieros comerciales habla de las "externalidades" a un determinado Proyecto. Son efectos previsibles de determinados proyectos, que significan costos adicionales a la puesta en marcha de la obra misma. Distinguen ellos varios tipos de "externalidades", la mayor parte referidas a efectos negativos, muy difíciles o imposibles de contabilizar o apreciar en términos de dinero. ¿Cuánto vale la belleza perdida en un paisaje boscoso, intervenido súbitamente por la extracción de carbón a tajo abierto? (Isla Riesco)?. ¿Cuánto valen la enfermedades y muertes producidas entre miembros de una comunidad humana por efectos del Plomo, Vanadio, Cesio, Mercurio, Rubidio o Selenio, metales pesados emanados de determinadas faenas mineras (o energéticas (Ciudad de Arica, Antofagasta)?. ¿Cuánto vale la pérdida de un lugar turístico (Bahía de Quinteros)?.

¿Cuánto valen en términos ecónomicos?.

¿Cuánto valdría la desaparición o muerte de un ecosistema endémico de altísima variabilidad biótica específica (como, v. gr. el Lago Chungará)?. ¿Cuánto vale la pérdida de un lugar de belleza prístina, intocada por el hombre (Patagonia sur chilena)?. ¿Cuánto vale la desaparición definitiva de una o de varias especies animales?. ¿Cuánto, la pérdida definitiva de la paz y tranquilidad de una comunidad por la instalación de un aeropuerto próximo?. ¿Cuánto, la destrucción de un ecosistema costero de 50 km. por el derrame de petróleo de un barco?. ¿En cuánto se podría evaluar las pérdidas totales por el desastre producido por la plataforma petrolera del Golfo de México, ocurrido exactamente hace un año?.

No existe medida de cálculo.

¿Alguien podría o se atrevería a calcularlo?. ¿Cuánto podría valer la destrucción definitiva de un pradera de líquenes de 600, ó 1.000, ó 10.000 hás. de superficie?. ¿Cuánto, la pérdida de una incomparable vista al mar de centenares de casas habitadas, producida por la instalación de una seguidilla de edificios de altas torres que interceptan hoy la vista del océano (Iquique)? ¿En cuánto podemos evaluar la pérdida de valor o depreciación de los terrenos adyacentes a un nuevo y gigantesco vertedero de desechos de una ciudad (Santiago)? . ¿Cuánto vale (o costaría reponer) el aire puro de la ciudad de Santiago, tras la incesante e imparable contaminación atmosférica constatable en la actualidad?. ¿Alguien pretende saberlo, realmente?.

No hay respuesta convincente de los economistas.
Todas estas preguntas quedan sin una respuesta clara, coherente y mucho menos convincente. En realidad, la verdadera respuesta es "no se sabe". Nadie lo sabe con exactitud. Por la muy simple razón de que nadie sabe exactamente lo que vale de por sí cada uno de esos "valores humanos" (salud, felicidad, identidad, paz, sosiego, gozo) o "valores bióticos" (ecosistema marino, ecosistema lacustre, ecosistema terrestre, atmósfera inmaculada, etc.), "valores sociales" (sana convivencia, familiaridad, ausencia de conflictos y peligros), o "valores ambientales" (aire puro, aguas puras, tierra no contaminada, energía limpia).

Estas "externalidades" pueden ser el seguro más perfecto para la auténtica sustentabilidad del futuro.

Y, sin embargo, estas "externalidades" del economista (palabra que al lego suena fuerte a cosa secundaria o de segundo orden) son, pueden ser y seguramente serán de un inmenso valor en sí para el futuro sustentable de la humanidad. Este "valor" a lo mejor recién lo vamos a vislumbrar y aquilatar dentro de 200 años ó 500, ó 1.000 años. Un ejemplo: ¿quién daba importancia hace algunos decenios a esos extraños seres que pueblan los "estromatolitos", o las "soilscrusts" o "costras de suelo", elementos vivos (bacterias etc.) que tanto se valora hoy en ciertos suelos del desierto?. ¿Quién daba alguna importancia a los hongos, antes del descubrimiento de la Penicilina por el químico inglés Alexander Fleming en el año 1929?. Podríamos aportar decenas de ejemplos semejantes acerca del valor inherente a elementos (no pocas veces intangibles) que la ciencia o la casualidad ha dado a conocer para el futuro sustento, disfrute, sanidad mental y psicológica, medicina o panacea de la humanidad del futuro.

Concretemos más.

Tratemos de definir y conceptualizar con más precisión estas llamadas, a nuestro juicio, erróneamente, "externalidades" a un determinado Proyecto, que, si se consideraran todas en su justo peso (como debería ser en principio, por cuanto son efectos "reales") podrían elevar un Proyecto a costos infinitamente superiores a los previstos para la obra misma. Cuando nos referimos a posibles efectos negativos o nocivos, es decir a "costos por daño inherente " de una determinada Termoeléctrica, casi siempre los economistas suelen apuntar a los "costos ecológicos" (daños previsibles al ecosistema sea terrestre, sea marino), los "costos ambientales" (contribución al efecto invernadero, calentamiento global, daño al aire que respiran los seres vivos), los "costos a la salud" (efectos de la absorción, por cualquier vìa, de elementos tóxicos en el cuerpo humano), los "costos sociales", (efectos producidos en la estructura o relaciones de la comunidad humana, como el desplazamiento, pérdida de trabajo, pauperización o migración humana), y más raramente, a los "costos psicológicos" (desadaptación, perturbaciones cerebrales, conducta errática, etc.).

El "costo geográfico" o "costo territorial" y su alcance. ¿Quién lo toma en cuenta?

Este costo, en cierto sentido, es el mayor de todos y es, justamente el que nunca hasta ahora se ha considerado en plenitud. Porque éste involucra la "pérdida o desaparición de territorio". La destrucción definitiva de segmentos de esta nuestra tierra patria. Cuando hablamos de pérdida de territorio, queremos señalar que dicho segmento patrio ha quedado inutilizado para siempre. Pérdida para siempre porque ese paisaje o esas franjas de tierra son, en la práctica, irrecuperables.

La voz de la ética y de la moral social.

Nos preguntamos si en estricta ética social, existe algún derecho a destruir la propia morada del hombre ad aeternum, esto es, para siempre. Si yo soy propietario de un terreno, ¿tengo yo por el sólo hecho de ser propietario, todas las atribuciones para destruirlo y dejarlo infértil, contaminado o envenenado para siempre?. ¿Puedo hacerlo, éticamente hablando?. Por ejemplo, ¿puedo sin ser castigado o amonestado por la autoridad, derramar incesante e impúdicamente allí toneladas de ácido sulfúrico o nítrico hasta dejarlo yermo, estéril o contaminado para siempre?. Nos preguntamos: ¿el derecho de propiedad llega a este extremo absurdo?. Obviamente, no. No lo creemos, ciertamente. ¿Dónde queda, entonces, la tan mentada "moral social empresarial" si no contempla igualmente este costo para la Nación entera?.

Pues, bien, eso eso, casi exactamente, lo que estamos presenciando hoy en extensos y dilatados terrenos del Estado de Chile, facilitados a Empresas transnacionales o, peor aún, nacionales (como ENDESA) y colmados por "cenizas" tóxicas de Termoeléctricas o en enormes vertederos de residuos semilíquidos o aguas tóxicas, de poderosas Mineras, sobre todo del cobre.

Sobre este espinudo tema nos explayaremos próximamente, con acopio de fotografias acusadoras de lo que está ocurriendo hoy en nuestro territorio patrio, a la vista y paciencia de todos.

Redactado en la Pascua de Resurreción del año 2011 (24 de Abril) como meditación personal. Trabajo aún inconcluso, revisado el 05/05/2011. Faltan fotos acusadoras que incluiremos pronto).