Seguidores

miércoles, 16 de julio de 2008

Antonio de O´Brien: Visitador de Huantajaya 1764

O´Brien: antecedentes de una misión casi imposible

Para los chilenos el nombre de Antonio de O´Brien es totalmente desconocido. Probablemente, ningún niño chileno ha leído su nombre en los manuales de historia de Chile. Es un personaje anónimo, salvo para unos pocos eruditos, expertos en la etnohistoria e historia colonial del Norte de Chile. Español, sevillano de nacimiento e irlandés de origen familiar, O´Brien solicita pasar a las Indias el 22 de Noviembre de 1760. Viaja a América en el navío "Nuestra Señora de la Concepción". Viene a América con rótulo de "comerciante en ropas y abarrotes", según reza el documento que ostenta el sello de su Majestad, Carlos III de España. Viaja por ahora solo, y su esposa, doña María de Cárdenas, debe otorgarle el permiso correspondiente. Pasarán, sin embargo, como 17 años antes de que doña María pueda, igualmente, pasar a América, a consolar a su marido por la pérdida de su puesto y las penurias sufridas. El permiso para realizar tal viaje le cuesta a O´Brien la friolera de "trescientos mil maravedíes de plata".

Le veremos figurar en Tarapacá, donde el Virrey Amat y Junient lo nombra Teniente de Gobernador del Partido de Tarapacá. Entre 1764 y 1765, el Virrey le encarga confeccionar Descripciones del Partido de Tarapacá y sus correspondientes Mapas. Antes, en El Callao, ha demostrado sus cualidades de dibujante y topógrafo al dibujar planos de los fuertes. Cuando el Virrey del Perú recibe fundadas quejas de funcionarios respecto al comportamiento de ciertos mineros ricos de Tarapacá que usufructuaban de minas de plata sin declarar las minas ni pagar las respectivas alcabalas, se busca a alguien capaz de cumplir una labor de fiscalización y control. Se le nombra "Visitador de Minas". El cargo recaerá en O´Brien. Su hoja de servicios es limpia y transparente. Después de cumplir su ingrata tarea por varios años y entregar a la posteridad los Planos que lo harán famoso, los acaudalados mineros de Tarapacá, le harán la vida imposible, mediante acusaciones insidiosas y repetidas, hasta que finalmente el Virrey, acosado, le retira su confianza.

Es entonces, , en 1777, cuando su esposa pasa a América a cuidar a su infortunado marido, víctima del hostigamiento de los ricos mineros, potentados de Tarapacá, aliados en su contra. Varias familias tarapaqueñas y piqueñas, detentan, por entonces, el poder basado en sus antiguas posesiones mineras. Los De la Fuente, los Loayza, los Valdés. A partir de dicha fecha (1777) , perdemos absolutamente su rastro. ¿Qué fue finalmente de O´Brien?. ¿Volvió a la península o se radicó en el Perú?. No hemos hallado aún referencias posteriores al año 1777. Pero queda resonando fuerte en nuestros oídos la doliente declaración de doña María, cuando implora pasar a América a cuidar a su marido, al parecer desprotegido, empobrecido y humillado.

Por qué hacemos esta alusión a este personaje colonial, en este Blog destinado al análisis de aspectos eco-antropológicos? Porque O´Brien destaca en forma eminente entre los escritores de su época, por su interés en pintar, dibujar y describir en forma por demás cuidada y minuciosa, la geografía, la topografía y el paisaje cultural de la época. Hasta extremos poco conocidos. Nada se le escapa, ni la flora del desierto, ni su fauna característica ni su clima peculiar. Ni sus rutas , ni sus montes, ni los cursos de agua. ni sus bosques o matorrales. Y lo hace apoyándose en exquisitos dibujos personales, frutos de su observación atenta del terreno. Porque ello es parte de su tarea probatoria, porque se le ha confiado describir minuciosamente toda el área. Tenemos, pues, para la segunda mitad del siglo XVIII, un retrato formidable de la geografía, los habitantes y las actividades humanas desarrolladas por éstos en ese período. A su modo y con las técnicas de la época, hace exactamente lo que harán mas tarde, con muchos más medios, cuando la Geografía ya se ha consolidado como ciencia, un Isaiah Bowman o un Wolfgang Weischet. Para nosotros es sencillamente un pionero del enfoque eco-cultural que propiciamos en este Blog. Y un pionero insigne y digno de ser imitado.

Vamos a ir presentando, en párrafos separados, aspectos que el sevillano reseña en forma realmente magistral. Lo haremos sirviéndonos de sus propias expresiones. Lo citaremos al pie de la letra, gozando de su estilo y forma de escribir.

Por fortuna para nosotros, sus Planos le sobrevivirán. Su labor cartográfica, celosamente guardada en archivos de España y tam bién de Santiago de Chile, ha sido bien reseñada por el historiador del Norte, don Oscar Bermúdez Miral, en su obra: "Estudios de Antonio O´Brien sobre Tarapacá 1763-1771", Ediciones Universitarias, Universidad del Norte, Antofagasta, 117 p.

La Quebrada de Tarapacá, la Pampa de Iluga, las Minas de Huantajaya el Puerto de Iquique, quedarán para siempre retratados por O´Brien en notables Planos, de gran interés para el geógrafo histórico, para el etnohistoriador y aún para el biólogo y ecólogo. Por eso nuestro profundo interés desde el ángulo de la eco-antropología: es decir de la mirada sobre el hombre poblador y transformador de su medio ambiente.


El nombramiento de Antonio O´Brien como Visitador de Minas

La Carta del Virrey del Perú don Manuel de Amat y Junient (1704-1790) del 22 de Enero de 1764 señala bien los motivos que tuvo para esta designación. El Rey de España Carlos III había solicitado por Cédula Real del 2 de Septiembre de 1761 una Descripción exacta del Estado del Mineral de Plata de Huantajaya en Tarapacá. Para cumplir esta orden regia, el Virrey, que habia asumido su cargo en 1761 luego de ser Gobernador de Chile, se apresuró en pedir informes a ciertas personas de la zona, respecto de los cuales confesará muy luego:

"Sin embargo, los [informes] que llegaron a mis manos , son tan incompletos, que no mereciéndome el mayor aprecio, tiré por el atajo de solicitar tradiciones y noticias extrajudiciales, igualmente que geográficas para llenar cumplidamente el deseo de Vuestra Majestad..."

¿Por qué consideró el Virrey Amat tan incompletos o inexactos estos informes? Algo pasaba con sus primeros informantes y el Virrey Amat pronto se da cuenta que "en este asunto había gato encerrado". Algo o alguien se interponía para que las autoridades virreinales no se enteraran de toda la verdad respecto a la riqueza del yacimiento. Su temor se trasluce por lo que agrega y dice al respecto, aludiendo a las familias de la región, que detentaban su explotación desde hacía muchos decenios:

"....conozco que los primeros inbentores [i.e. descubridores del Mineral] han procurado hacer odiosa la comunicación, embarazando [i.e. dificultando] el tráfico y comercio común de las Gentes, para que recayendo estas utilidades en una sola familia, aya podido subistir ésta en aquel retiro, desfrutando competentes comodidades a pesar de la esterilidad y falta de todo quanto es necessario para la vida...".

Se daba aquí el absurdo de que mientras tales familias locales cuyos nombres ahora conocemos, se enriquecían y hacían odiosa la comunicación [de la situación y riqueza real de estas Minas] a las autoridades de Lima, estas mismas personas daban a conocer y proclamaban a los visitantes ocasionales la riqueza de éstas, de suerte que las modernas cartas de navegación inglesas y francesas y los relatos de Frézier y don Jorge Juan ya traían información precisa de su localización y riqueza. Esta situación le parece indignante al Virrey. Por eso al presentar al Rey el Plano levantado por O´Brien le señala que se ha dedicado a "recoger y combinar especies [noticias]", pero que si bien lo obtenido "no merece el nombre de Exacta Descripción" , "a lo menos- dice- es un diseño el más ajustado que pudo ejecutarse".

Se extiende el Virrey en su carta al Rey indicándole que antes de tomar decisiones precipitadas sobre el abrir Cajas Reales [esto es, una Aduana]en el mismo Asiento de Huantajaya - como se había solicitado- :

"debe anteceder un conocimiento seguro del estado actual, lavor y manejo de aquellas Minas, instrucción fija de sus Comercios, de la distancia de los Puertos, de la abilitación de los Caminos; noticia de donde se abastecen al presente; [para que] pueda en adelante proveerse de víveres, recuas de mulas de carguío y otros adminículos...".

¿Cómo lograr obtener un "reconocimiento seguro" del mineral?. Es la gran incógnita que debe resolver el Virrey. Para ello, según esta misma autoridad:

"... sobre todo necesita un reconocimiento ocular de Persona extraña, práctica y desinteresada, que observe la Labor que se lleva en aquel Mineral, que averigue los verdaderos motivos [por] que toda su riqueza no ha podido hacerlo más avitado, y finalmente descubra todos los misterios que se ocultan, y solo se traslucen en las conbersaciones privadas....".

Por persona "extraña", sin duda alude a alguien "fuera del lugar", "de otra procedencia". Circunloquio que viene a decir: persona no coludida con los mineros acaudalados del área. Y el empleo explícito de la voz "persona desinteresada", nos está sugiriendo que cualquiera de la región podría estar "interesado" en informar en forma deficiente o errónea. Creemos leer entre líneas aquí que los primeros informantes del Virrey fueron probablemente tarapaqueños, de alguna manera ligados a los intereses de las grandes familias que detentaban estacas mineras en Huantajaya y que por eso sus informes pecaron de "incompletos".

Por estas razones concluye:

"he determinado y voy a nombrar a Dn. Antonio Obrien, autor del Plano que incluyo, por la satisfacción que tengo de su pericia, aplicación e integridad con todas las demás prendas necesarias que informé a V. M. antes de esto en carta escrita por la via reservada, con fecha de 21 de Noviembre del próximo año pasado...".

Las "prendas" que el Virrey percibe en O´Brien: "pericia, aplicación e integridad" ya nos están revelando su temple. "Pericia", por su calidad probada de experto en confeccionar Planos; "aplicación", por su incansable espíritu de trabajo e "integridad", por su valía moral a prueba de posibles intentos por corromperlo, cosa que el Virrey daba por sabida.

Difícil misión encomendada a don Antonio O´Brien

El texto, fechado en Lima el 22 de Enero de 1764, es bien explícito al respecto. Por tanto O´Brien,

"en calidad de Visitador, de Theniente [ de Corregidor] o de Governador interino [debe] pasar a aquel Parage, lo reconozca, observe y examine: lebante un Plano mas exacto y extendido; arregle la Lavor de Minas., me informe y me dé cuenta de los Caminos, lugares y distancias....".

La labor encomendada a O´Brien era enorme, y además en extremo delicada: visitar y reconocer toda el área de Huantajaya, informarse de su riqueza, examinar sus vías de comunicación, recursos y posibilidades de abastecimiento y, lo más difícil, penetrar en las intrigas, recovecos y malabares de estos mineros tarapaqueños para burlar el "quinto real", (derechos reales) y, por fin, dirimir y esclarecer problemas pendientes entre miembros de una antigua sociedad de minas, todos ricos mineros de Tarapacá. Y esto en una región donde opulentas familias, todas emparentadas entre sí, detentaban un poder casi incontrolable, desde los tiempos de los antigus encomenderos. ¿Podrá O´Brien cumplir cabalmente su misión? Pronto lo sabremos. El Virrey Amat cesa en sus funciones de Virrey del Perú en 1766. Y con ello, O´Brien pierde a su protector.

Lo importante para nosotros, en este Blog eco-cultural, es tomar contacto directo e interpretar eco-antropológicamente los Planos de este mercader sevillano, que tanto ha aportado a la Geografía colonial de Tarapacá y que se distinguió de otros contemporáneos suyos por su habilidad de retratar la realidad, tal como el la veía. Por algo el Virrey lo consideró una persona especialmente apta, con las "prendas" necesarias para describir y dar a conocer lo que estaba ocurriendo en la zona de las Minas, y en general, en toda la antigua Provincia de Tarapacá.

En sucesivos capítulos, reseñaremos en este mismo Blog aquellos aspectos de la Descripción de O´Brien, que nos parecen francamente novedosos, en cierto modo "muy actuales" y por ello plenamente merecedores del apelativo de "eco-culturales".

jueves, 10 de julio de 2008

Una cartografía eco-cultural: Cobija en 1787.

Plano del puerto de Cobija y sus contornos, levantado por orden de don Juan del Pino Manrique, Gobernador Intendente de la Provincia de Potosí, el 26 de Noviembre de 1787 [ Haga click en la figura para ampliar su tamaño].

Una breve historia cultural de Cobija.

Antes de entrar en un análisis interno de esta notable pieza cartográfica del siglo XVIII, quisiéramos plantear algunas indicaciones previas. Porque Cobija no era cualquier punto en el mapa, ni una mera referencia topográfica, ni un mero muelle de atraque para penetrar al interior del continente. Cobija fue un lugar de asentamiento preferido por los antiguos habitantes de la costa, desde tiempos muy remotos, un lugar de poblamiento desde tiempos arcaicos hasta tiempos recientes. Cobija tiene a su haber, a lo menos, unos 8.000 años de historia, si es que no tiene aún más.

Y Cobija no solo atrajo el interés descriptivo de cronistas, viajeros, corsarios y geógrafos de antaño. Los historiadores y arqueólogos han demostrado hasta hoy un inmenso interés por estudiar el lugar. La arqueóloga danesa Bente Bittmann, por ejemplo vivió allí por largas temporadas y estudió incansablemente Cobija por un par de decenios, entregándonos en su rica bibliografía una increíble visión del pasado prehispánico e hispánico de la caleta y de sus contornos inmediatos (Gatico, Punta Huasilla). Ella encontró sus habitaciones, sus tumbas y evidencia de sus asentamientos y hábitos alimenticios. También ella, por desgracia, cogió allí la dolorosa enfermedad bronco-pulmonar que la llevaría a la tumba.

Cuando pasamos por el lugar, con mi familia, en Febrero de 1977, rumbo al Ecuador, Bente se hallaba excavando precisamente el lugar, y ella misma nos mostró varias de sus sitios. La mayoría de las fotos que acompañan este segmento del Blog, son suyas propias, y fueron rescatadas por el autor en el año 2000 de su departamento de la ciudad de Antofagasta, donde había vivido, antes de su viaje definitivo a Dinamarca, donde falleció de la enfermedad que contrajera en Cobija.

Cobija: hito geográfico en la costa desértica del Pacífico Sur.

Cobija : situada a los 22º 33´S y 70º 16´W., (según Riso Patrón, 1924) fue una localidad costera, casi insignificante, en el árido mapa de la costa pacífica norte-chilena. Escuálida aldea de una decena de chozas de changos pescadores, audaces mercaderes de pescado seco o "charquecillo" que transitaban a pie hacia Chiuchíu, Calama, o San Pedro en la Atacama colonial y aún hasta Potosí. Lugar de recalada obligada de galeones, fragatas o bergantines que traficaban por las costas del Pacífico, entre Callao y Valparaíso. Allí pararon por horas los conquistadores que llevaban refuerzos a don Pedro de Valdivia en su desesperada lucha contra los alzados picunches; allí descansarán también los batallones navales chilenos en la Guerra contra la Confederación perú-boliviana en 1836, destinados al Perú.

El 9 de Mayo de 1877 la rada de Cobija sufrió un fortísimo maremoto, con salida de mar que provocó la casi total destrucción de la pequeña ciudad, dejando sus muros enhiestos, en el estado lamentable en el que hasta hoy se encuentran. La erección de la ciudad de Antofagasta, hacia 1870 y su ulterior desarrollo portuario, selló definitivamente el destino de Cobija. Recién en 1960 llegará la familia Pinto y algunos otros escasos pobladores a poblar y dar nueva vida a la caleta abandonada. Conocimos Cobija en 1963 cuando no había más que dos o tres cabañas de pescadores, entre ellas, la de los hermanos Pinto, ubicada junto a la carretera.

Allí vivieron en siglos pasados camanchacas, camanchangos, uros o proanches, dedicados a la caza de la ballena o a la pesca del congrio y del jurel , según diferentes cronistas o viajeros tempranos. Y los hubo hasta fines del siglo XIX cuando las epidemias de viruela o fiebre amarilla acabaron con ellos. Sus viviendas hechas de cueros de lobos marinos sobre costillas de ballenas, o sus extrañas balsas hechas de estos mismos cueros de lobos, serán prolijamente descritas por los navegantes franceses Feuillée, Frézier o D´Orbigny , o por los filibusteros ingleses como Drake, Cavendish, Sharp y otros más.

Cobija: ecosistema de desierto.

Cobija, gracias a sus mínimas condiciones de habitabilidad en un desierto absoluto (buen puerto, agua, pastos, leña, y recursos marinos), fue un hito fundamental en la ruta marítima desde y hacia la capital virreinal, Lima. Por eso mereció descripciones minuciosas desde la época más temprana. Una de las primeras, tal vez, hecha por el comerciante francés Vincent Bauver hacia 1707, ó la del ingeniero francés Frézier en 1712. Todos destacan la extrema esterilidad del paisaje y la falta casi total de recursos para la vida. Pero todos, igualmente, afirman que alli encuentran, al menos, un puñado de habitantes, dedicados a la pesca y al marisqueo de orilla. Todos señalan que allí se inician difíciles e intrincados caminos y huellas que surcarán el desierto, tierra adentro, hasta llegar a los llanos de Calama y de aquí, al "cerro rico" de Potosí, en largas y extenuantes jornadas, atravesando el gélido páramo andino.

Cobija ofrecía un puerto relativamente seguro, bien resguardado de los vientos del sur y surweste por una pequeña península. El cuidado diseño del Plano que aquí presentamos, lo muestra claramente. Era, así, la puerta de entrada obligada hacia la provincia altiplánica de Lipes, en la actual Bolivia.

Los barcos, desde Valparaíso al norte, enfilaban a las islas Juan Fernández, a Coquimbo y de alli a Cobija. El próximo hito septentrional de recalada era, a veces, Iquique; más generalmente Arica, Pisco o El Callao, durante el Perú colonial. Desde los primeros viajes de los siglos XVI y XVII de los primeros navegantes hasta los viajes de los científicos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa, de la expedicion Malaspina en el siglo XVIII , ó del científico francés Alcide D´Orbigny, o del oficial de marina norteamericano Ruschemberger, y el periplo costero de los capitanes chilenos Delfín o Vidal Gormaz, en vísperas de la Guerra del Pacìfico (fines del siglo XIX) , la ruta y los lugares de recalada, serán casi siempre los mismos: Coquimbo, Cobija, Arica. Y gracias a ello disponemos de variadas y valiosas descripciones, tanto de los paisajes áridos de la costa, como de sus habitantes, indígenas o españoles , sus actividades y sus muy limitados recursos.

Necesidad de una cartografía de lugares de recalada.

Gracias a la frecuencia de viajes a lo largo de la costa pacífica, disponemos hoy de planos y mapas de no pocos de estos puertos de la "Mar del Sur", como le llamaban los españoles al Pacífico. Planos que no solo describirán aspecto relativos al clima, los vientos y mareas, las facilidades o dificultades de atraque y desembarque (problemática náutica), sino que nos ilustrarán sobre los recursos que un viajero podrá encontrar en esos áridos parajes (problemática eco-cultural). Por tal motivo estos Planos serán considerados piezas valiosas , especialmente para los filibusteros extranjeros, ansiosos de asediar y destruir los puertos españoles y asestar duros golpes a la economía y sociedad colonial española.

Algunos de los Planos de la época son mucho más que meras descripciones físicas o bocetos de la geografía, batimetría o topografía local; también constituyen una suerte de Manual obligado de supervivencia, o un indispensable "Vademecum" o almanaque de recursos ambientales disponibles in situ . Y es en este sentido, que han atraido nuestra atención como exponentes sumamente valiosos de los recursos disponibles para la vida humana, o como una rica cantera de referencias eco-culturales. Por eso los consideramos como aquí válidos elementos eco-antropológicos y como tales, figuran en este Blog en que queremos destacar los aportes, desde diversas vertientes, para construir un enfoque eco-cultural o eco-antropológico.

Las primeras referencias a la caleta de Cobija.

"Cobixa", escribieron tempranamente los españoles. Y la existencia de una población numerosa de indígenas asentada allí desde muy remotos tiempos, está acreditada en antiguos documentos españoles. En efecto, el Factor de Potosí don Juan Lozano Machuca, en Noviembre de 1581, nos entrega los primeros antecedentes conocidos de esta región. Nombra a la "Ensenada de Atacama", como lugar de asentamiento de 400 uros pescadores, los que podrían ser reclutados para futuros trabajos mineros en el área. Pero el Factor no denomina el lugar con este nombre: l "Cobixa".
La existencia de tan numerosa población indígena en el lugar, y el ser un punto focal de ingreso a los territorios altiplánicos de Lípez, próximos al Mineral de plata de Potosí, aconsejaron desde tempranos tiempos, instalar allí una presencia española. Los españoles, como fue siempre su costumbre, rebautizaron el lugar con el nombre de "Santa Magdalena de Cobixa" o simplemente el "Puerto de Magdalena". Porque a la usanza española de la época, el lugar fue confiado a la protección celestial de un santo patrono, en este caso, a Santa María Magdalena. La eventual presencia de piratas obligará más tarde a fortificar el lugar, como el resto de los puertos del Pacífico.

Una de las primeras menciones específicas del topónimo "Cobixa" - y al parecer la primera - data del 19 de julio de 1591, en un temprano documento referido al tráfico de pescado seco entre Cobija y el mineral de Potosí. Así lo confirma un serio trabajo de investigación del etnohistoriador chileno José Luis Martínez ("Información sobre el comercio de pescado entre Cobija y Potosí, hecha por el Corregidor de Atacama, Don Juan de Segura (19 de julio de 1591)", Cuadernos de Historia, Universidad de Chile, 1985: 161-171). Allí se demuestra el nutrido tráfico de indios desde este puerto costero hacia Chiuchíu (Atacama la Alta) y San Pedro de Atacama (Atacama la Baja) , conduciendo cargas de pescado seco o "charquecillo", cogido por los indígenas camanchacas de Cobixa, para ser llevado al Corregidor de Atacama Juan Velásquez Altamirano. Este encomendero, verdadero sátrapa de la época, obligaba a los pescadores a este auténtico tributo y a suministrarles personal de servicio para su casa de San Pedro de Atacama, donde vivía con una copiosa servidumbre y sus numerosos hijos mientras su mujer promovía el negocio en la alejada caleta.

¿Qué significa el nombre de Cobixa o Cobija?

No intentaremos aquí adentrarnos a fondo en la etimología de este curioso topónimo, bastante ajeno y extraño a la toponimia costera de la antigua Provincia de Atacama [ hoy de Antofagasta]. A pesar de su aparente aspecto castellano, la voz tiene posiblemente un origen indígena (¿Cupiza, Cupitsa, Kupicsa?). Observemos, de paso, que este nombre se asemeja a "Tupiza", en el altiplano de Lípez. ¿Será, tal vez, de origen atacameño?; ¿ o de origen chicha?. No es imposible. En todo caso, los españoles lo castellanizaron fácilmente, por la cercanía fonética al término "cobija", sustantivo del verbo "cobijarse" y que nosotros usamos como sinónimo de manta o frazada para cubrirse del frío. Si bien existe una ciudad en Bolivia, en el departamento de Pando, con ese mismo nombre, no nos parece probable que se la haya nombrado por ésta. Pues eso significaría que dicho lugar, muy poblado de indios camanchacas según Lozano Machuca en 1581, hubiera carecido de nombre local propio indígena; o que éste nombre local, hubiese desaparecido por completo, sin dejar rastros, por lo que debió ser rebautizado en tiempos hispánicos muy tempranos. Tal cosa nos parece altamente improbable, dada la persistencia ocupacional del sitio, a lo largo de los siglos coloniales, hasta las postrimerías del siglo XIX. Optamos, pues, por un posible -si bien aún no identificado- origen indígena, propio de alguna lengua de las habladas en la costa de Atacama.

¿Quién es o quiénes son los autores del Plano?

Por desgracia, no se consigna. El Plano señala que este Plano "se practicó en 26 de Noviembre del año 1786, de orden del Sr. Dn. Juan del Pino Manrique....". Por cierto no fue su autor el propio Gobernador-Intendente que lo mandó hacer. ¿Quién fue, entonces?. No lo sabemos, pero de cierto fue alguien que demostró conocer muy bien la zona y cada uno de sus rincones. Alguien que probablemente residía, o había residido, en la localidad. A diferencia de los Planos de Antonio de O´Brien, siempre firmados por él, aquí el verdadero autor permanece en total anonimato. Su autor fue sin duda un eximio dibujante, amén de un experto conocedor del lugar. La precisión con que se consignan, en particular, las brazas de profundidad en el área del fondeadero de los navíos, junto a la península, apunta a que su autor habría sido, muy probablemente, un marino, tal vez, un oficial de marina. Detalle que, unido a la notable rigurosidad en el señalamiento de las peñas y roqueríos costeros, posibles escollos para el atraque y desembarco de navíos, apuntaría en esa misma dirección.

El autor es un baquiano de la zona, buen conocedor de su geografía y recursos.

Podemos asegurar que su autor fue alguien que recorrió a pie los senderos y llegó hasta la "Aguada de las Cañas" observando de paso lo escabroso del paisaje horadado por la bajada eventual de aluviones, en tiempos de lluvias intensas, ocasionales. Tal Plano no pudo ser dibujado por un extraño, poco familiarizado con el lugar. Y tampoco don Juan del Pino Manrique, a solicitud del Virrey, lo hubiera confiado a cualquier forastero, extraño al lugar. Nos parece, por tanto, obvio que se buscó al mejor hombre para ejecutar esta labor, tal como lo exigía el Virrey. Nos preguntamos, sin embargo, ¿por que no lo firmó su verdadero autor?. Otros lo hacen, como es el caso de Antonio de O´Brien, un par de decenios antes. Tal vez ,en señal de respeto a la autoridad del Señor Gobernador, su mandante.

Las explicaciones del Plano.

El plano de referencia presenta dos recuadros en su parte superior, donde se anotan los datos precisos referentes al encabezado, su origen, coordenadas geográficas y cronología (lado izquierdo), y en el otro, sobre su contenido y simbología usada (lado derecho).

a) El recuadro izquierdo. Transcribimos el contenido textual del encabezado:

Descripción de este Puerto que está/
al Sur de la [Línea] Equinoc[c]ial en 22gr.º 20 minº/
de Lat.d y 303 gr.os. de Long.d en/
la Costa del Partido de Atacama. Se/
practicó en 26 de Noviembre del/
año 1786 de orden del Sr. Dn./
Juan del Pino Manrique, del/
Consejo de S.M. y Gov.or. Intend.te/
de la Provincia de Potosí à cuya/
Jurisdic.on pertenece aquel Partido/.


El recuadro derecho. Referencias y simbología:

A. El Muelle
B. El Almacén
C. La Capilla
D. Manantial de Agua
E. Quebrada de las Cañas con vista 20 millas del Muelle/
F. Noria que tiene 3 Palmas/
G. Quebrada y Cuesta por donde sube el camino tierra a mar/
H. Sanja labrada por el Agua que q[uan]do
llueve viene de las Cañas al [...ilegible]/
J. Lomas altas que fecundan su Cerro con/
Corta llubia que hay desde Mayo/
hasta Octubre se cubren de Pasto/
y alguna Leña./


Análisis de los elementos eco-culturales observables en este Plano.

a) Lo primero que nos salta a la vista en este Plano del siglo XVIII es el inventario de puntos geográficos que nos ofrece el Plano en el recuadro superior del lado derecho (Simbología) . Allí aparecen señaladas las principales edificaciones: el Almacén, La Capilla y el Muelle. Este último fue totalmente arrasado en el maremoto de 1887. Estos elementos arquitectónicos ya nos están sugiriendo bastante bien los roles de esta Caleta desde el punto de vista económico, social y religioso. El Almacén es muy importante, pues Cobixa era un lugar de arribo de muchos productos foráneos que se transportaban en recuas de mulas y/o en carretas, para luego ser vendidos tierra adentro, en la provincias interiores. También se señala la existencia de algunas viviendas. Una de éstas, tal vez, fue la ocupada en tiempos antiguos por la familia del encomendero Velásquez de Altamirano.

b) Además, campea, en forma especialmente notoria, un interés vital por el aprovisionamiento de agua potable. ¿De dónde podían surtirse de este vital elemento los viajeros y vecinos?. A diferencia de otros lugares, -como Iquique- que debían abastecerse por mar desde lejanas desembocaduras de quebradas (Camarones o Pisagua), Cobija presentaba tres fuentes de agua dulce. Aunque todas eran escasas, y algunas bastante salobres, eran de todos modos un gran lujo en esa estéril e inhospitalaria zona costera. Por eso reseña sus nombres: La Quebrada de "Las Cañas", quebrada adentro (notoria en el Plano), subiendo unos 400 m., "La Noria" en la terraza litoral, donde había -se señala- tres palmas vivas por entonces; y "El Manantial", cercano a esta última. Hemos conocido las tres, aún vigentes, pero que nadie explota hoy , pues el agua dulce llega por medio del camión aljibe que envía la Municipalidad.

c) Se destaca en el Plano, especialmente bien trazada, la huella tropera y de carretas que sube frente a la Punta Gatico, tierra adentro utilizando una profunda abra entre los cerros costeros. No era la única vía de penetración hacia el Oriente, pues cerca de la Aguada de las Cañas transitaba otra huella para mulas que subía al alto. Esta era ocupada para acceder a los "pastos" del alto, a lo que aludirá el Plano. Era una huella que subía a las "lomas altas " para el abastecimiento de forraje animal y combustible (leña). Había una tercera huella, por el costado sur del cerro "Copo de nieve", como lo denominara la Señora Blanca, madre de los hermanos Pinto. En el Plano solo se muestra la primera, tal vez por ser la más importante para el tráfico de carretas.

d) No escapa a su autor el señalar con precisión la potente cárcava de erosión producida por las lluvias eventuales que arrastran materiales rocosos desde la boca de la Quebrada y se aproxima al mar. Esta es señalada como :

la "Sanja labrada por el Agua que quando llueve, viene de las Cañas al [... ilegible..]".

e) Tal vez la indicación más valiosa del Plano, desde un ángulo eco-cultural, se refiere a algo de mucho valor, a juicio de su autor, y que se produce en abundancia en las zonas altas de los cerros. Las indica con la letra mayúscula "I" escrita como la "J" actual . Seis "J" se perfilan en lo alto del cordón de cerros que domina la "Ensenada de Atacama". Por algo esta letra "J" se repite tanto: sin duda alguna, a causa de su gran importancia para los vecinos de Cobija. ¿En qué radicaba su valor?. El rótulo alusivo en el recuadro bajo la letra "J", lo señala claramente :

"Lomas altas que fecundan su cerro con Corta llubia que hay desde Mayo hasta Octubre. Se cubren de Pasto y alguna Leña".

Es decir, aquí se refiere el texto inequívocamente a las lluvias finas, llamadas "garúas" en el Perú o "camanchacas", en Chile, propias de las nubes estrato-cúmulos saturadas, que se adosan a las partes altas de los cerros costeros, condensándose y produciendo fuerte humedad en el suelo durante varios meses.

f) El texto indica "corta lluvia", es decir, no solo mera humedad atmosférica. Lo que nosotros llamaríamos hoy una "neblina mojadora". Conocemos bien este fenómeno, pues lo hemos experimentado cientos de veces en el oasis de niebla de Alto Patache, durante nuestros estudios. La atmósfera, plenamente saturada, con un 100% de humedad relativa, permite condensar sobre cualquier obstáculo vertical, la humedad en forma de gotitas de agua.

g) La duración de este fenómeno queda bien registrada: "con corta llubia que hay desde Mayo a Octubre...". En nuestra zona (Iquique) la duración del fenómeno alcanza incluso hasta comienzos de Diciembre. Podría tratarse aquí de una variación geográfica de carácter regional. Pero, en general, la indicación acerca de la duración del fenómeno corresponde, evidentemente, a una observación hecha por gente del lugar, con experiencia.

h) El efecto de estas "cortas llubias" se explica del modo que sigue: "[Las] lomas altas... se cubren de Pasto y alguna Leña". El autor no parece hablar de oidas. Habla con "conocimiento de causa". Su descriptor debió recorrer ese nada fácil sendero de ascenso, hasta los 800-900 m de altitud, y ver personalmente las plantas que identifica aquí como "pasto" y los arbustos leñosos , que sabe bien sirven de combustible o "leña".

i) ¿De qué plantas estaría hablando aquí?. No es tan difícil dilucidarlo. Pues en los oasis de niebla de la zona sur de Iquique que hemos estudiado desde el año 1997, también existen las mismas especies que en los altos de Cobija. Entre los pastos, casi seguramente reconoceremos manojos de la gramínea Stipa sp, también presente en Alto Patache, Punta de Lobos y Alto Chipana (oasis al sur de Iquique), además de ejemplares de Oxalis, Cristaria, Nolana spp. Tetragonia sp y Frankenia sp., todas ellas plantas palatables para un ganado poco exigente como los mulares o asnos, animales de carga utilizados habitualmente por los españoles. Por el testimonio de Bauver, del año 1707, sabemos con certeza que había guanacos en los altos de Cobija, que se mantenían gracias a esta vegetación, los que solían ser cazados por los indígenas con la ayuda de perros amaestrados (Bauver en Pernaud, edit., 1960: 17-18; cit. en Bittmann, 1977: 21-22).

j) Y... ¿qué especies vegetales podían ser consideradas aptas para leña? No es tampoco difícil adivinarlo. En Alto Patache y Punta de Lobos o Chipana, tenemos al menos 4 especies, que bien pudieron servir como combustible. En primer término, el cactus Eulychnia iquiquensis , Sus troncos secos, son espléndido combustible; pero también las ramas de Ephedra breana (pingo pingo) , Atriplex taltalensis, y sobre todo, Lycium leiostemum. Este último es aún abundante y se ve aún hoy numerosos ejemplares secos, en amplios sectores de la costa, bajando hasta altitudes de los 250 m y aún menos, formando manchones de color pardo oscuro. Aún hoy se le puede recoger en cantidad para avivar un fuego. Ancianos habitantes de la caleta de Chanavaya (Sur de Iquique) nos han relatado recientemente cómo, cuando no había carretera de comunicación con Iquique, subían a los riscos del alto (sobre los 600 m.) a cortar cactus del género Eulychnia (que llaman copaos), para dejarlos secar un tiempo y luego emplear en sus fogatas.

El texto, por lo demás, es enfático al afirmar que solo se recogía allí ^[en los altos] "alguna leña". Es decir, el descriptor es muy consciente de que el recurso no abundaba y era más bien escaso. A estas especies habría que agregar la posibilidad de colectar, en cantidad, líquenes fruticosos de varias especies, que arden con gran facilidad y dan mucho calor, como lo hemos experimentado nosotros mismos en ocasiones. En otras palabras, había en los Altos de Cobija elementos suficientes para avivar el fuego de sus hogueras; el único problema era la lejanía del sitio de recolección. Por suerte para los habitantes costeros, el mar arroja con frecuencia talos de algas marinas de especies como Lessonia sp y otras menores (Graciliaria sp.) las cuales, una vez secas al sol, constituyen un excelente combustible. Pero el Plano no se refiere a ellas. Sobre la utilización de las algas marinas, en tiempos prehistóricos, por los antiguos habitantes, se extiende Bente Bittmann profusamente en varias de sus obras y con acopio de referencias históricas. (Cf. Bittmann, 1977, 1981, 1983, 1984).

k) Por último deseamos recalcar que el Plano también nos menciona, en su extremo derecho, abajo, un roquerío como lugar de extracción de guano, seguramente desde antiguos muy tiempos. Y este recurso, muy preciado por los agricultores del interior, especialmente en la zona atacameña de Chiuchíu y Calama, debió ser treansportdo desde este lugar, por las rutas ya señaladas tierra adentro. Varios Mapas de esta misma época, o algo anteriores, destacan y enfatizan también la explotación del guano. Es el caso del Plano del Puerto de Iquique de don Antonio de O´Brien, confeccionado por éste en el año 1765 (Cf. Bermúdez, Estudios de Antonio O´Brien sobre Tarapacá, 1763-1771, Ediciones Universitarizas, Universidad del Norte, Antofagasta 117 p.).

En síntesis, podemos afirmar que este Plano que ostenta el modesto título de "Demarcación del Puerto de Cobixa", contiene muchísimos más elementos que una mera "demarcación" de corte geográfico. Registra y constata la existencia in situ de una variada gama de recursos. Y hay voces tempranas, como las del coronel inglés Francis O´Connor, que nos refieren que los habitantes de Cobija hacia el año 1827, solían enviar animales a pastar a los cerros altos, por espacio de varios meses, donde se alimentaban solos. Es exactamente la misma idea que nos señala, en forma de recurso importante, el Plano de Pino Manrique.

Por la riqueza de su información ecológica y por su connotación cultural (es decir el "empleo de recursos naturales "para el desempeño de la vida humana"), hemos considerado que este Plano bien merece ser analizado con un enfoque eco-cultural, tal como lo hemos querido hacer aquí. Y por ello rotulamos intencionadamente este capítulo como "una cartografía eco-cultural" y casi nos atreveríamos a decir: como un breve "Manual de supervivencia en el desierto": indicador de rutas, fondeadero de navíos y detector de presencia de recursos vitales para la vida humana.

(Debo este Plano y su copia a la benevolencia de mi buena amiga la antropóloga española Beatriz García Traba, de Madrid, quien se tomó las molestias para conseguir este preciado documento del Archivo de Indias en Sevilla. A ella, mi especial reconocimiento).

sábado, 28 de junio de 2008

Una ascensión a los cerros de Cobija. Octubre 2002

Relato de la ascensión a los cerros inmediatos, situados al Este de Cobija, realizada por el Dr. Horacio Larrain Barros el 12 de Octubre del año 2002 en compañía del joven poblador Cristian Pinto. La presencia de un evento débil del fenómeno de "El Niño" y el deseo de observar en terreno el desarrollo de la vegetación en altura, nos motivó a realizar este viaje a Cobija. Igualmente, el interés por recorrer antiguas huellas traficadas en tiempos de la Colonia y de la temprana República. Permanecí tres días en el lugar, alojando en casa de la Sra. Fresia Jaug, educadora de Tocopilla y Directora de un Colegio y disfrutando de la grata compañía de la familia Pinto, pobladora del lugar (copio textualmente de mi grabación de la subida a los cerros):

"Inicio de la ascensión al cerro “Copa de nieve”, como lo llamaba la señora Blanca, la abuelita del joven. Me hago acompañar del joven Cristian Pinto, de quince años, hijo de María Cristina Pinto, una de las hermanas. Danilo Araya nos has dado instrucciones precisas acerca de cómo tomar la huella en zigzag que trepa el cerro, sin equivocarnos. Recorremos el terreno semiplano, muy pedregoso, en subida lenta, que nos separa de la boca de la quebrada. Serán unos 650-700 m. de distancia. Ya estamos aquí, con Cristian, mi compañero, a los 230 m. de altitud, según mi altímetro. Aquí aparecen las primeras plantitas de una Nolana, N. peruviana, que conozco bien, apegadas a las grandes rocas del costado norte de la quebrada, y los primeros copaos (como nombran aquí al cactus grande o Eulychnia iquiquensis).

No hemos encontrado aún los rastros del antiguo sendero. Iremos tomando altitudes y otros datos al subir. Hacemos una segunda paradilla a los 310 m. de altitud, metidos unos 100-120 m. dentro de la boca de la quebrada. Aquí encontramos las primeras señas de una vegetación diferente. Aparecen pronto, a nuestros pies, en el piso del sendero, unas muy pequeñas plantitas, apegadas a las rocas, mostrando todavía con algunas flores. Se trata de Cristaria sp. , de muy pequeñas flores color azul. Y una plantita que tiene ya formada una vaina verde, muy chica (2-3 cm de largo), de flores blancas, que no conozco y llevo ejemplares [se trataba del género Cleome sp.] , que presenta la rareza de tener una flor asimétrica, con todos los pétalos a un solo lado. Nueva detención a los 365 m. Sobre los esqueletos de viejos copaos (Eulychnia iquiquensis), secos, vemos posados un par de pajaritos que luego hacen extraños vuelos cortos, como en un vuelo nupcial, coqueteando. Serán los únicos pajarillos que veremos en la ascensión. Vemos tambièn unas plantas, de flores blancas minúsculas, que llevo de muestra [ se trataba de Criptantha sp.]. Más allá, al lado de la huella que ya hemos tomado hace rato, en el bajo, una hermosa planta de Calandrinia (grandiflora?) con cinco grandes flores y varios botones. Se alzaba unos 50 cm. del suelo. Empiezan a aparecer otras plantitas, en mayor número. El lugar está muy bonito. El fondo de la antiquísima huella tropera, se va cubriendo de plantas en flor y da pena pisarlas. Aquí damos con la primera Fortunatia biflora, en flor blanca, a los 440 m de altitud.

Está empezando a disiparse la neblina que nos acompañó desde la salida. Divisamos ahora, por fin, Cobija, descubierto, desde aquí arriba, muy lindo. Vamos a tratar de tomar aquí unas fotos (por desgracia, la cámara que no conozco, no dio resultado y perdí todas las fotos tomadas ese día y el siguiente). Seguimos fielmente el zigzag de la huella, que está por desgracia bastante destruido en sectores, por aluviones que se lo han llevado y vemos en este sector una inmensa cantidad de cactus de Eulychnia, en un 95 o más % de ellos, muertos. Uno que otro vivo. Vemos varios centenares. Por ahí, botado en el sendero, veo un hermoso percutor indígena (¿?) con claras muestras de trabajo. Lo echo en mi mochila y seguimos. Veo una que otra lasca indígena, en el sendero, Es obvio que por aquí transitaron, también, los antiguos changos pescadores de Cobija, cuando subían a los cerros, a cazar el guanaco. En tres o cuatro lugares, también en pleno sendero, veo pequeños defecaderos del guanaco. Las fecas están muy desgastadas y son antiguas. También ellos transitaban evidentemente por aquí, tal vez hasta hace unos 20-30 años atrás. Vemos grandes plantas de la hortiga caballuna o Loasa sp, que extiende enormes ramas pegadas al suelo, con sus lindas flores color amarillo. Abunda aquí mucho la plantita que no reconozco aún (ahora sé que es Cleome sp.), llena de flores blancas, con sus hojas que presentan varias hojuelas y todos los pétalos ubicados extrañamente a un costado de la flor. Hemos visto un par de herraduras pequeñas, seguramente de mulares, botadas junto a la huella. Está todavía fresco, no ha salido aún el sol, pero tenemos todavía una buena subida por delante. Dejé a mi compañero Cristian, al alero de una roca, sentado, con orden de no moverse mucho, pues sus zapatillas le hacían resbalar y estaba muy nervioso.

Decidí trepar por una cornisa de rocas, donde había bastante plantas de pingo-pingo (Ephedra breana), casi totalmente secas, adheridas a las rocas, y otro arbusto que no identifico bien, igualmente seco. Continúo directamente hacia arriba, para llegar cuanto antes, dado que el sendero en zigzag daba un enorme rodeo, y se le veía roto y erosionado en varias partes, peligrosas de pasar. Ya habíamos cruzado con cierta dificultad dos o tres pasos difíciles, de varios metros de ancho, con evidente peligro de rodar por esa pendiente de 40º o algo así. Así llegué hasta los 740 m de altura, en la cima de una pequeña explanada en ascenso.

Aquí noto la presencia de una pequeña pirca de protección contra el viento, construida por antiguos arrieros. Junto a ella, trozos de vidrios de grandes de botellas típicas cerveceras, de fines del siglo XIX. Muy cerca, hallo una botella, intacta, a pesar del tiempo transcurrido. La llevo conmigo. Ha entrado, muy fuerte, la neblina arrastrada con potente viento del sur, que trepa aceleradamente por la ladera sur del cerro donde me encuentro (El cerro “copa de nieve”, de la abuelita Blanca ). No me asusta tanto el viento y su velocidad, cuanto el hecho de que disminuye mucho la visibilidad, y veo que el sendero sigue subiendo y subiendo, por lo menos unos 80 oó 100 m. más.

Subo un poco más para constatar allí , con asombro, la presencia de muchas flores en el área de la cara suroeste del cerro, que es el que más se proyecta hacia el poniente, acercándose al poblado antiguo. Las rocas del sector están pobladas de muchísimos líquenes, signo inequívoco de la presencia constante de la neblina que asciende con velocidad desde el sur-surweste. Veo muchas plantas en flor ahora aquí. Veo mucha Nolana jaffueli, Fortunatia sp, Cristaria sp., grandes plantas de Polyachyrus sp., enteramente floridas, al pie de de una roca. Calandrinia sp. en botón floral y flores abiertas.

El “refugio” (pequeño pircado de forma circular), donde me cobijo por un momento, está instalado a sotavento de la llegada de la neblina; junto al refugio, veo restos de botellas de cerveza y algunos trozos de loza (vajilla) antigua. Subo unos 30 m. más y me detengo. Me preocupa bastante el haber dejado solo a mi compañero y decido regresar. A trechos, entre la niebla, diviso la cima del cerro por el que trepo, la que se yergue unos 100 m más alto, o, tal vez, menos. Ese debería ser el lugar ideal, pienso, para instalar instrumentos captadores (atrapanieblas), porque la altitud parece perfecta (más de 800 m.) y he oído a Danilo que allí se presenta una explanada bastante aprovechable al efecto. Ya veo desde aquí, cómo el viento húmedo la azota de continuo. Creo por fin haber cumplido mi antiguo sueño de ver este lugar con mis propios ojos, en un 90%; solo faltó haber trepado unos 100-150 m. más, hasta alcanzar la cima. No pude esta vez. La niebla era ya muy densa y no se veía la huella: estaba solo y tuvo un poco de miedo. Con desgano y frustración, porque ansiaba mucho llegar a la cima próxima, inicio pausadamente mi descenso. Bajo por la misma cresta por donde trepé poco antes y entre la niebla, a gritos, logro identificar el lugar donde había dejado a mi compañero. Luego, bajamos de prisa.

Al llegar al piso de la quebrada, recorremos en detalle las pircas y las trazas de la pequeña cabaña de pirquineros, donde vivió por un tiempo la familia Pinto, por allá por los años 50 y tantos, antes de establecerse, los primeros, en el bajo, junto a la huella carretera, en 1960. Solo quedan ruinas de pircas y muros. Las antiguas habitaciones se alzan sobre una pequeña terraza fluvial en declive hacia el poniente, adosada a la quebrada que allí va profundamente encajonada. Una pirca muestra los restos de una cancha de mineral, donde aún se ven trozos de mineral de cobre traído desde el alto. Ahí no tenían agua. Pero Danilo me dice la traían de una aguada situada mucho más arriba (aguada de las Cañas) , donde según él, todavía corre agua de buena calidad. Allí se surtían de agua con esfuerzo. Entre las ruinosas habitaciones, encontré un pequeño raspador en sílex blanco y algunas escasas lascas, señas de antiguo trajín indígena en ese mismo lugar, excelente paradero viniendo del alto.


Al llegar de regreso a la casa de los Pinto, junto a la carretera, donde comeré esa noche, Danilo y Juan Carlos me muestran otra huella, de tráfico de carretas, que baja nítidamente algo más al sur, siguiendo la ladera del cerro que enfila norte-sur. Esta sube lentamente, para permitir la subida de los animales. También este camino es digno de ser seguido y estudiado en detalle, en busca de los elementos culturales o eco-culturales dejados por el paso frecuente de las recuas. Danilo me confirma que la arqueóloga Bente Bittmann, estando en Cobija, siempre anheló seguir estas viejas huellas, pero se sentía ya cansada y enferma cuando comprendió que debió haber conocido personalmente todo el trayecto. Lamentó no haberlo hecho antes, según confesó.

Descansé viendo televisión mediante el sistema Sky que tienen los Pinto en su humilde pero bien arreglada casita Poco después, se reanuda la conversación con los hermanos Pinto, alrededor de la mesa familiar, después de haber comido con ellos un plato de exquisitas lapas fritas con arroz, y una abundante taza de té.

Al día siguiente, emprendìa mi viaje de regreso a Iquique.

jueves, 5 de junio de 2008

Isaiah Bowman: descripción del clima de la costa

Isaiah Bowman, notable geógrafo norteamericano, fallecido en Baltimore el año 1950, nos ha dejado un legado muy preciado en sus análisis acuciosos relativos al clima de la zona del desierto norte chileno que recorriera tantas veces, a través de dos décadas de viajes por la zona. Sorprende la agudeza de sus observaciones y su notable percepción del medio que le toca recorrer. Su famosa obra Desert Trails of Atacama (1924) contiene tal cantidad de información de tipo ecológico-cultural, que no resulta nada fácil reducirla a una breve síntesis. Cada nueva lectura de su obra nos entrega nuevas percepciones y nuevos horizontes de búsqueda. Es decir, su obra no se agota en una sola lectura. Es lo que nos ha ocurrido al tratar de pergeñar, al menos en toscos trazos, su contribución al estudio del clima del desierto chileno, en especial en su franja costera.

La lluvia en el desierto

En el capítulo III de su obra: Desert Trails of Atacama (American Geographical Society, New York, Special Publications Nº 5, 1924: 362 p.) , Bowman emprende el análisis de la "lluvia en el desierto"(Rainfall of the Desert). Porque el examen de sus escasos episodios de lluvia dan la clave para fijar las características de este desierto, " el más árido del planeta" (the driest of which there is any record in the world). Bowman, con razón, señala que no puede hablarse aquí de un porcentaje anual "normal" de agua caída. Obtener la media de precipitaciones cuando no llueve casi nunca y solo hay esporádicos aguaceros, no tiene sentido alguno.

Tiene mucha razón. Para un período de 21 años, obtiene Bowman una media de 1.5 mm/año. Pero hubo años excepcionales de lluvia, con enormes avenidas de agua que inundaron la Pampa del Tamarugal. Los señala Bowman: 1819, 1823, 1852, 1859, 1878, 1884, 1903, 1911 (p. 42).

En particular, analiza in extenso, con finura y acopio de información, las lluvias ocurridas en los días 15-16 de Febrero de 1911, fruto de intensas nevazones en la cordillera, como efecto de un inusitado invierno altiplánico. En el año 1885, llegaron a ser registrados 40 días de lluvia en los meses de Enero y Febrero, causando enormes inundaciones en el nivel de la Pampa. Testigo de éstas fue el investigador peruano don Guillermo Billingshurst quien describe sus desastrosos efectos en su obra Estudio sobre la Geografía de Tarapacá (Santiago, Imprenta El Progreso, 1886).

Pero estas lluvias interiores, que en ocasiones llegan a afectar la costa misma, no tienen el mismo origen ni la misma frecuencia que las provocadas por el famoso "Fenómeno de El Niño" que se desencadena a lo largo de la costa pacífica, desde el sur del Ecuador hasta el centro de Chile cada cierto número de años. Bowman, en esta obra, no se extiende mayormente en el análisis de este fenómeno climático, probablemente porque no fue testigo presencial de sus efectos, en los años en que visitó estas costas.

Diferencias climáticas en el desierto

Bowman reconoce en el extremo norte de Chile, una clara diferencia climática entre el desierto interior y la costa. Acertadamente, distingue con claridad el desierto litoral del desierto interior, al que denomina el "desierto real" (the real desert). En relación al primero, nos presenta su notable descripción, fruto directo de sus observaciones personales y de la lectura de numerosas obras que le sirvieron de base.

Descripción del clima de la zona de nieblas costeras.

Su descripción es muy iluminadora, y al parecer, la más completa que se haya dado hasta entonces.

"El banco de nubes que se halla suspendido sobre el desierto litoral se forma debido a la Corriente de Humboldt y a las aguas frías surgentes entre dicha Corriente y la playa, es impulsado tierra adentro por el viento oceánico y se reúne en las laderas de los cerros costeros que miran al mar a medida que el aire adveniente asciende en su trayecto hacia el Este. Algunas veces yace como neblina (fog) sobre la superficie de la tierra y del mar; más frecuentemente , toma la forma de nubes que quedan suspendidas a cierta distancia sobre ellos. En muchas partes de la costa, su posición característica se ubica entre los 2000 y los 4000 pies [o sea, entre los 607 m y 1.22o m sobre el nivel del mar], descendiendo durante la noche hasta o casi hasta la superficie, y ascendiendo durante el día, desapareciendo a veces del todo, con excepción de las nubes de lluvia que se ciernen sobre los cerros [costeros]." ( p. 51-52).

Esta explicación climática queda registrada y graficada mediante un notable croquis (Fig. 19) que incluimos aquí para ilustrar al lector:









Fig. 19

Este croquis de la obra de Bowman (Fig. 19, p. 52) ilustra muy bien el fenómeno de la camanchaca, y constituye el diseño gráfico más antiguo - que conozcamos- sobre el comportamiento climático del banco de niebla adyacente a los cerros costeros en la franja desértica norte chilena. A la vez, constituye un valioso resultado de la observación atenta y cuidadosa del fenómeno por parte del geógrafo norteamericano, en diversos segmentos de la costa norte chilena y sur peruana. Con notable precisión, señala el área costera sujeta al regimen de neblinas permanentes: entre los aproximadamente 600 m y 1.200 m.

Efectivamente, durante un año (2002) medimos el monto de captación de agua de niebla, mediante pequeños atrapanieblas, en el sector costero de Alto Patache, demostrando que bajo los 600 m. de altitud la captación es muy pequeña. Bajo los 300 m. es equivalente a cero. Salvo en episodios de lluvias, fruto de años "El Niño" (como ocurrió recientemente en 1986, 1997 y 2002) , el suelo, bajo los 600 m de altitud, raramente se ve humedecido. En los años citados, sin embargo, hemos detectado el crecimiento de plantas diversas (máxime Leucocoryne sp., Cristaria sp. y Nolana spp.) , hasta los 110 m de altitud, en las laderas de cerros situados al sur de Iquique. Lo que significa que el período de latencia de sus semillas, puede durar hasta 10 años y más, en ansiosa espera de la lluvia. No existen aún estudios en esta región sobre la capacidad de las semillas para sobrevivir a los prolongados períodos de sequía (Período de "La Niña"). Menos aún, para la reaparición y floración de geófitas, cuyos tallos subterráneos o bulbos pueden sobrevivir por decenios, sin presentar partes aéreas.

Elementos propios de este singular tipo climático

Los elementos de más significación que Bowman quiere destacar en su descripción de la zona sujeta a la neblina costera y su peculiar clima, nos parece se podrían sintetizar en los puntos siguientes (pp 51-55):

a) este clima se distingue claramente del clima del desierto interior ("a different type of weather"); y agrega: "el desierto del litoral es en muchas partes tan solo un estrecha franja de terrazas marinas secas, totalmente diferente del desierto real situado más adentro (beyond) tanto en el tipo de clima como en recursos" (p. 51).

b) El juego (interplay) entre la corriente fría [de Humboldt] y la tierra caliente, produce el efecto general de causar la formación de un banco de nubes sobre la costa" (p.55) .

c) el banco de nubes es arrastrado tierra adentro por fuertes vientos ("drifts landward with onshore wind") ;

d) se concentra en las partes superiores de las laderas de las montañas costeras, conducido por el aire que asciende (" it gathers in the seaward slopes of the coastal hills")

e) constituyendo un banco de neblinas situado entre los 607 m. y 1.220 m. ("the fog-bank´s characteristic position is between 2000 and 4000 feet");

f) La niebla es característica de Antofagasta durante la estación del invierno; en contraste, está generalmente ausente en Iquique ("by contrast, it is largely absent in Iquique");

g) "En aquellos lugares donde los cerros del cordón costero son elevados, o existe una convergencia de laderas hacia un punto central, la neblina puede espesarse hasta formar una llovizna determinando la localización de un asentamiento [humano]". Cita como ejemplo, el caso de la localidad de Paposo (pp. 51-52).

h) "En el Perú la neblina costera es conocida como garúa, y en Chile, como camanchaca" y su potencia e intensidad varían según su latitud". (p. 52).

i) Esta neblina y su efecto húmedo puede constatarse en el interior durante la noche, pero no sobrevive a la llegada del sol; sus bordes pueden ser observados en horas tempranas en franca retirada hacia las crestas de los cerros costeros (p. 53).

j) En cuanto a su distribución durante el año, puede observarse una estación provista de nubes y otra carente de ellas.La estación sin nubes sobreviene desde Noviembre a Abril y la estación nubosa desde Mayo a Octubre (p. 53).

k) "Cuando el cinturón de niebla se espesa y se extiende desde el nivel del mar hasta la cima de los cerros, puede sobrevenir lluvia";

l) "El banco de nubes es más espeso de Junio a Septiembre y durante est período el sol puede ocultarse durante semanas seguidas con la excepción de apariciones ocasionales de luz a la hora del crepúsculo";

m) "la parte más seca de la costa de Chile se encuentra desde Arica hasta Caldera. Desde aquì hacia el sur hay un repunte en la precipitación" (p. 54);

n) Al sur de Coquimbo, el banco de nubes disminuye en espesor, de suerte que la costa está oculta [desde el mar] por la bruma (mist) más que por la característica y pronunciada niebla (fog) que se presenta más al norte" (p. 54).

Encuentro de Charles Darwin con la niebla

Bowman trae a colación, a manera de prueba, una venerable cita de Darwin, en 1835, cabalgando hacia el valle de Huasco. Está tomada de su obra: Journal of Researches into the Natural History and Geology of the Countries visited during the Voyage of. H.M. S. Beagle around the World, 2nd edition, London 1860, p. 342:

"Durante los meses de invierno tanto en Chile como en el Perú, un banco uniforme de nubes se cierne, a no mucha altura, sobre el Pacífico. Desde las montañas, teníamos una sorprendente vista de ese blanco y brillante campo aéreo, que enviaba sus brazos valle arriba dejando [a la vista] islas y promontorios , del mismo modo que lo hace el mar en el archipiélago de los Chonos y en Tierra del Fuego" (p.53; Darwin, 1860: 348).

Descripción general del área sujeta a la niebla

Bowman en su obra The Andes of Southern Peru: Geographical Reconnaissance Along the Seventy-Third Meridian (1916) estampa esta casi poética descripción del paisaje generado por la penetración de la niebla. La descripción corresponde a un área indeterminada en la costa sur del Perú:

"a medida que [el viajero] se acerca a las laderas situadas a sotavento del cordón costero, un manto de nubes lleno de refrescantes promesas se perfila asomándose por sobre la cresta [de los cerros] (Fig.19). Largos y delicados filamentos de nubes se proyectan hacia el Este sobre las márgenes del desierto. Avanzan rápidamente, pero no logran llegar lejos sobre la ardiente inmensidad, porque sus avanzadas hacia el Este sufren constantemente [los efectos de] la evaporación. En ocasiones, la cima del banco de nubes se alza bastante por encima del Cordón Costero, lo que a un hombre [procedente] de zonas temperadas le da la impresión de que una tormenta estuviera generándose en el oeste. Pero a pesar de su amenaza de lluvia y del viento, las nubes nunca logran sobrepasar las avanzadas del desierto" (p. 56).

Para los que por años hemos recorrido estas zonas de niebla, al sur de la ciudad de Iquique, en todas las estaciones del año, esta descripción nos resulta en extremo familiar. Muy pocas veces al año, en período invernal, las nieblas o camanchacas pueden precipitarse hasta la misma Pampa del Tamarugal, impulsadas por los fuertes vientos del Weste y Surweste, procedentes del Pacífico. En tales ocasiones, hemos medido velocidades de viento sobre los 10-12 m/s. Estas neblinas ocasionales, sumadas a la presencia de nieblas topográficas, sin duda contribuyen a suministrar humedad a la flora del desierto, en el Tamarugal.

Bowman un geógrafo de terreno: su capacidad de observación

Estas descripciones, tan precisas y detalladas, nos muestran a un geógrafo perspicaz, de gran experiencia en el terreno, que toma nota de todo lo que ve y que se tomó la molestia de recorrer palmo a palmo, a caballo o en mula, la costa peruana y norte chilena.

Pasará mucho tiempo (más de 40 años) antes de que otro geógrafo, el alemán Wolfgang Weischet, concienzudo escudriñador del desierto norte-chileno , nos ofrezca un cúmulo de observaciones semejantes, apoyadas en mediciones climáticas más sistemáticas, en sus prolijos trabajos sobre el clima del norte desértico chileno (Weischet, "Zur Climatologie der Nordchilenischen Wüste", Meteorologische Rundschau, 19, Heft 1, 1-7 1966; Weischet, "Las condiciones climáticas del Desierto de Atacama como desierto extremo de la Tierra", Norte Grande, Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol. 1, Nº 3-4, 1975: 363-374).

(Capítulo en elaboración; adiciones el 4/07/2008).

viernes, 23 de mayo de 2008

Isaiah Bowman: un enamorado del desierto

Nos hemos propuesto, a partir del enfoque eco- antropológico de este Blog, rescatar del olvido a investigadores del pasado que se distinguieron por su constante preocupación de relacionar paisajes geográficos y recursos, con actividades humanas, validando el escenario geográfico como morada del hombre. Uno de los grandes que tuvimos la fortuna de tener en nuestro suelo patrio, recorriendo palmo a palmo el desierto del Norte, fue el geógrafo norteamericano Isaiah Bowman (1878, Waterloo, Ontario; 1950, Baltimore). Bowman es poco conocido por los antropólogos y arqueólogos. A veces se le cita, en forma genérica y vaga, pero muy pocos colegas se han tomado el trabajo de escudriñar sus escritos, en busca de referencias y perspicaces observaciones, fruto de su contacto directo con el desierto. Fue Director de la American Geographical Society (1915-35) y tomó parte activa como investigador geógrafo en expediciones de la Universidad de Yale y la American Geographical Society a Sudamérica (años 1907, 1911 y 1913) , incluyendo la famosa dirigida por Hiram Bingham, el descubridor de Machu Picchu (1911).

Sus obras nos muestran la maestría de sus observaciones de campo, su respeto por el accionar humano, cualquiera fuera su forma, en el ambiente inhóspito del desierto peruano o norte-chileno. Y hasta hoy son un venero de informaciones de primera mano sobre la vida y actividad en el desierto. Porque nada escapa a sus ojos. Como geógrafo humano de sólida formación, describe magistralmente lo que ve y llega a enamorarse del desierto más arido del mundo. Sus observaciones rezuman afecto, acuciosidad y respeto por el hombre. Aunque no lo diga expresamente, es obvio que debió llevar un cuidadoso Diario de Campo, único modo de retener tanto detalle que nos transmite fielmente. Escribió obras de gran valor geográfico y entre ellas, destacan especialmente las dedicadas a América del Sur, área que recorrió en al menos tres grandes expericiones de largo aliento.

Sus obras relativas a nuestra zona son principalmente tres: la primera: South America (1915); la segunda, The Andes of Southern Peru. Geographical Reconnaissance along the Seventy-third Meridian (1916), publicada por la American Geographical Society, y la tercera, Desert Trails of Atacama (1924) publicada por la misma Sociedad científica (Special Publications Nº 5, pp. 1-362).

En esta última, de especial interés para nuestros estudios, describe minuciosamente, y con ribetes de gracejo y simpatía sus andanzas por el Norte de Chile, desde Copiapó a Arica. Todo le interesa: desde los problemas de abastecimiento de agua y las características del clima, hasta los terremotos las inundaciones, la política contingente local, la flora y la fauna, o modos de vida y preferencias de sus habitantes. Es un geógrafo de la vieja escuela: cuando los paisajes había que recorrerlos y describirlos uno a uno, durante meses de soportar fríos e incontables fatigas, y cuando interesaba -mucho más que ahora- rescatar, percibir y analizar las opiniones de la gente sobre su propio territorio . Porque al leerlo, uno no sabe con precisión si estamos ante un historiador y fotógrafo, ante un etnógrafo o antropólogo, o ante un mineralogista o un geólogo de campo. Tanta es la amplitud de sus conocimientos y su notable capacidad de análisis.

La descripción minuciosa y el análisis certero, delatan al científico consumado.Es un geógrafo para el que el diario de campo, la capacidad de observación y el talento descriptivo eran las mejores herramientas de trabajo. Hoy día, cuando el publicar trabajos en revistas ISI, sujetas a parámetros muy estrictos, es lo único que es considerado válido para hacer ciencia, y cuando la "descripción fina" es tildada de herramienta de ropavejero, Bowman, al igual que no pocos naturalistas del pasado reciente, habría quedado fatalmente descartado. Más aún, cuando el autor se solaza en escribir en un elegante inglés, digno de un distinguido novelista de época.

Estas obras son el fruto de años de labor de campo, realizada en muchos meses de penosos viajes en mula, a caballo o en carreta. Todas muestran un interés y curiosidad muy vivos por el desierto, sus habitantes y sus recursos, así como por sus asombrosos modos de vida. Colorea todo lo que relata con su propias experiencias de viaje, que se convierten en los mejores argumentos en pro de su verosimilitud y precisión.

Tenemos pues el honor de rescatar en este Blog, dedicado a la eco-antropología, algunos fragmentos de este insigne maestro y eximio conocedor del desierto norte-chileno como tal vez nadie en su época. Nos recuerda no pocas veces a un Rodulfo Amando Philippi o a un Alejandro Bertrand, cuando nos describen con delicadeza, respeto y finura, las escenas o peripecias del desierto. Pero el ojo avizor de Bowman penetra más hondamente que el de aquellos. Profundidad y hondura que le otorga su sólida formación geográfica. Hombre y paisaje se unen en él en forma inseparable e incomparable.

Iremos avanzando, en varios capítulos y paso a paso, en este análisis eco-antropológico que nos regala el ojo geográfico de Bowman.

1. Confiesa en el Prólogo a su obra sobre Atacama su admiración por el desierto, señalando que esta es la parte de Sudamérica que más le ha atraído (it has more strongly attracted me than any other part of South America) .

2. En seguida nos asombra el gran número de fotografías que ilustran la obra, 117 en total, incluidos varios mapas y croquis. Sus excelentes fotografías, ellas solas, constituyen un valioso álbum iconográfico. Cada fotografía ilustra un aspecto significativo del paisaje desértico. Cada una es un commovedor "recuerdo del pasado". Es como si Bowman hubiera querido, concientemente, rescatar, antes de su desaparición definitiva, un rasgo, un elemento cultural moribundo del escenario geográfico, o de la actividad humana captada en cada lugar. Bowman es un geógrafo humano al que no escapan, sin embargo, los detalles y minucias relativas al clima, la flora, la minería local, la situación política del momento o los atisbos y predicciones sobre el futuro. Es decir, le atrae el paisaje"humanizado" y transformado por la presencia del hombre.

3. El tema de la sequedad del desierto y de los eventos de lluvia, le apasiona. Y nos entrega valiosas referencias sobre fechas, horario y lugares de su registro. Tanto le sorprende este tema, que dedica un capítulo especial (Capítulo III) al análisis de la lluvia en le desierto ("Rainfall of the desert").

4. Le intriga el conocer cómo los cateadores de minas o lo viajeros se surtían de agua y forraje en el desierto, elementos vitales para una larga travesía; no pocas de sus ilustraciones se refieren a estos tópicos, tan propios de la vida en el desierto. Entre otras cosas extrañas, le llaman mucho la atención los socavones de Pica y Matilla y los grandes montos de agua allí obtenidos el subsuelo (hasta 4 litros por segundo).

5. Se admira y a la vez se extasía narrando el género de agricultura y ganadería de subsistencia que realizan los sufridos habitantes de las quebradas, al interior de la Pampa del Tamarugal, camino a Bolivia, así como describiendo los rudos modos de trabajo en las oficinas Salitreras de la época.

6. En todas sus descripciones, campea una relación íntima y continua entre actividad humana y recursos del medio ambiente, por más escasos que fueran. Una visión decididamente ecológica está presente en todas sus páginas, aunque la palabra "ecología" ni siquiera era empleada por entonces. Y ve precisamente en la vastedad de este ambiente inhóspito, propio del desierto, la causal principal de la total separación y virtual aislamiento entre las naciones sudamericanas. (p.346-348)

7. Del clima en la zona de Iquique señala que "es solo la presencia eventual de un aguacero (downspour) el elemento que da a Iquique un minúsculo porcentaje [de pluviosidad media] a lo largo de años. Es casi como una tierra desprovista de lluvias como ninguna otra que conozcamos en la tierra hoy dia" (p. 40).

8. De un modo particular, nos interesa aquí subrayar y examinar con lupa su visión de la costa árida y su peculiar clima de nieblas, tema al que dedica no pocas páginas. y que trataremos especialmente, con citas del autor, en un próximo capítulo de este Blog. (pp. 51-55).

jueves, 1 de mayo de 2008

Junius B. Bird: un pionero de la eco-antropología

La carta que precede, me fue enviada por la asistente del recién fallecido Dr. Junius B. Bird el 14 de Junio de 1982, la Srta. Paloma Carcedo. Yo había solicitado a la viuda del Dr. Bird, Margaret Bird, me enviara algunos antecedentes sobre su esposo. Pasados ya 26 años, creo de interés publicar esta valiosa nota, que muestra a las claras el cariño del Dr. Bird y su esposa por Chile, sus paisajes y su rica arqueología. Ellos vinieron a Chile en varias ocasiones ((1932-1933; 1934-1937; 1941-1942; 1979: su último viaje al extremo sur de Chile) y se familiarizaron, como pocos, con su variada geografía y su legado arqueológico.



(Foto John Collier, Huaca Prieta (Perú), 1946; esta foto le valió el apodo de "Indiana Jones").


Nos hemos propuesto buscar antecedentes a este enfoque, entre los grandes maestros de la antropología y arqueología chilenas. Creemos que hoy se abre nuevamente una fuerte corriente de estudio del ambiente en la arqueología y antropología chilena, como una forma de reinterpretar más profundamente la cultura. Porque el análisis de la cultura de un grupo humano, sin el estudio previo y profundo de su sustrato (ambiental, ecológico, geomorfológico y geográfico) "es como una mesa con una pata coja". Le falta algo elemental. Pero no en la forma en que entre los años 1930-1935 se intentó confeccionar las grandes zonificaciones geográficas de la cultura, en distintos puntos del globo, al más puro estilo de un Alfred Kroeber. Mucho menos, como un intento nuevo de poner sobre el tapete el famoso "determinismo ambiental" que algunos atribuyen, sin suficiente fundamento, a investigadores como Ellworth Huntington, Clark Wissler, Betty Meggers, Karl Ritter, o al propio creador de la Antropogeografía, el notable geógrafo alemán Friedrich Ratzel (1844-1904).

El enfoque eco-antropológico que aquí propiciamos busca rastrear, desde las características del medio ambiente real y complejo donde se asienta el grupo cultural , todo el influjo que éste inyecta a la cultura, sin pretender concluir de ello, por supuesto, que toda la cultura resultante se deba al ambiente, o que todas las creaciones de una cultura hayan de ser explicadas sólo por el influjo del ambiente (determinismo ambiental).

En este sentido, por lo penetrante de sus observaciones medioambientales, queremos hacer un sentido homenaje a uno de los fundadores de la moderna arqueología chilena, el arqueólogo norteamericano Junius B. Bird (1907-1982). Vemos en él, en cierto sentido, un notable precursor de la eco-antropología en nuestro país. Lo veremos aquí más en detalle al analizar textos de su estudio arqueológico en la costa norte de Chile. Por tanto, no tomaremos nuestros argumentos ni de sus extraordinarios estudios en la costa peruana (Huaca Prieta) , ni tampoco de sus notables trabajos en la zona austral de Chile (Cuevas de la Patagonia). En estos trabajos, también el enfoque geográfico es notable. Pero queremos aquí enfatizar su perspectiva y certera visión de la costa desértica del extremo norte de Chile, sus recursos y sus condiciones climáticas extremas.

Pocos han destacado el aporte de Bird en esta línea ecológico-cultural. Sus biógrafos y estudiosos en Chile han destacado en él más bien al introductor del método de la estratigrafía fina en la investigación y excavación arqueológica (como Mario Orellana) . O han visto en él al primer científico que realiza en Chile, a partir del año 1938, excavaciones de largo aliento, en superficies muy amplias, dedicando meses al trabajo lento de cernir, capa tras capa, con ayuda del harnero, los despojos y basuras del pasado, sin perder una brizna de información conservada y retenida por milenios en el registro arqueológico.

Bird nos ofrece, de partida, en su magnífica obra "Excavations in Northern Chile", publicada en 1943 en los Anthropological Papers of the American Museum of Natural History (Volume XXXVIII, Part IV), una clara perspectiva geográfico-ecológica de origen. El primer capítulo lo dice claramente. Este por algo se rotula: "Climate and Topography". Y aquí leemos:

"Como todos saben, es imposible formarse una concepción exacta de la historia humana sin un conocimiento de la geografía fisica del mundo. Mientras más de cerca uno sigue el curso del desarrollo humano, más plenamente se da uno cuenta de la importancia de estudiar detalles del asentamiento [setting]. Los historiadores, al enfrentarse con la difícil tarea de una gran cantidad de datos, dejan con demasiada frecuencia poco espacio a la interpretación de la historia en términos del ambiente.

"Los arqueólogos, por otra parte, al trabajar como ocurre generalmente, con muy escasa información, no pueden permitirse el descuidar cualquier rama del conocimiento que pueda ayudarlos a interpretar correctamente sus hallazgos. Esto es especialmente cierto cuando tratamos con áreas extensas y con poblaciones pre-agrícolas. Se podrá entender, entonces, por qué es necesario discutir con algún detalle la estructura fisica, el clima, y otros factores que influencian la vida a lo largo de la costa de Chile, especialmente en su sección norte". (Bird, 1942: 183; traducción y subrayado nuestros).

Estos párrafos de Bird nos parecen hoy constituir un verdadero "Manifiesto" eco-cultural o eco-antropológico. Por eso hemos subrayado y analizado ciertas frases, especialmente elocuentes y significativas.

¿Por qué destaca Bird la frase: "especialmente en su sección norte"?. Es interesante penetrar en esta aserción, porque contiene insospechadas resonancias. Algo vislumbra Bird en el extremo norte de Chile que a él le parece puede permitir "interpretar correctamente los hallazgos de los arqueólogos".

Las explicaciones que siguen, apuntan a dejar en evidencia su peculiar clima, ("the most barren desert in the world": el desierto màs estéril del mundo). Pero en éste, el más estéril lugar del mundo, Bird encuentra ciertos elementos que permiten la vida, y eso es lo que lo sorprende.

¿Qué aspectos señala?:

a) la extrema rareza de los eventos de lluvia. Destaca la ocurrida en 1940 que dejó huellas en el paisaje costero. Y comprende que ciertas áreas vegetadas, semiocultas el fondo de los cursos de aguas esporádicos, lo son sólo transitoriamente;

b) Rápidamente comprende que hay un efecto evidente causado por "las nubes muy bajas y neblinas" (low lying clouds and fogs"). La vida vegetal que observa en escasos lugares, no se debe a la precipitación sino a "la condensación de la humedad [atmosférica] en la superficie". Lo que encuentra confirmado por segmentos de vegetación que observa al acercarse a Antofagasta.

c) Al Norte de Taltal, reconoce la existencia de una vegetación de "lomas", donde señala que se produce una "suficiente condensación de suerte que los grandes cactus columnares se suelen ver cubiertos de líquenes, comúnmente asociados a la vegetación de regiones frías y húmedas".

d) "En algunos lugares, señala, una muy ligera cantidad de pasto [grass] crece en las cercanías de algunas cimas y como hay allí, en número suficiente, otros tipos de vida vegetal, ciertos animales pueden pastar y sobrevivir allí" [grazing animals can survive there].

e) Afirma sin dudar que "la importancia de la humedad por efecto de la condensaciòn disminuye, a medida que se incrementa la lluvia".

f) "Se puede asumir que en tiempos pleistocénicos hubo un mayor flujo de agua y más vegetación en el fondo de los valles que en la actualidad" Y que, por tanto, la posibilidad de existencia de alguna vegetación fuera de los valles, depende enteramente de las extensiones fluctuantes de la zona de la flora de lomas, tema sobre el cual no existe informaciòn".

Esta última aseveración revela la notable perspicacia geográfica y ecológica de Bird. Porque es exactamente lo que postulamos hoy, cuando hemos examinado y estudiado muy de cerca el efecto de las lluvias y neblinas en los llamados "oasis de niebla", tema que venimos estudiando en detalle desde 1997 en la zona sur de Iquique. Es clave la frase de Bird: la vida en estas zonas de oasis depende estrechamente de la extensiòn de la vegetación por efecto de la neblina. Esto es exactamente lo que hemos querido probar en nuestros estudios de los oasis de niebla. ¿Qué habría dicho Bird si hubiera recorrido y experimentado personalmente el efecto de la niebla sobre el paisaje en los cerros en los que hoy conocemos como "oasis de niebla"?.

g) Ahora bien, de la frase de Bird se sigue otra importante conclusión, evidente : si hubo allí más vida antaño, es porque hubo mayor extensión sujeta al influjo directo de la niebla (camanchaca). Y como sabemos por nuestros estudios que hubo mucho mayor cantidad de vida vegetal y animal en estos mismos oasis en tiempos anteriores, (sin poder precisar todavía en que períodos de tiempo), a juzgar por los restos muertos de flora y fauna, se debe concluir que la extensión de estos oasis fue, antaño, ciertamente mucho mayor que la actual. Bird lo presintió, sin conocer siquiera de visu estos oasis de niebla, sin haberlos visitado nunca!. Lo que resulta sorprendente si pensamos que esto fue escrito hace exactamente 65 años, cuando nadie se preocupaba de estos ecosistemas de niebla !. Los resultados actuales de nuestras investigaciones sobre la niebla y su efecto en los oasis, en la costa sur de Iquique, no hacen sino respaldar totalmente la visión casi profética de Junius B. Bird. Lo que agiganta su figura y su visión histórico-geográfica.

h) La obra termina con un nuevo capítulo en que recapitula la relación íntima entre Clima, flora y fauna: "Climate, Flora and Fauna in the Past". Lo inicia, con una cita de Isaiah Bowman, el gran geógrafo inglés que nos ofrece magistrales descripciones del desierto de Atacama, sus habitantes y sus peculiaridades geográficas. Es obvio que Bird bebe incansablemente sus ideas, expresadas en su obra Desert Trails of Atacama (American Geographical Society, New York, 1924). A través de esta constante retroalimentación geográfica, Bird llega a percibir claramente la necesidad de buscar una respuesta a la presencia humana tomando estudiando en profundidad las condiciones geográficas y geológicas que imperaron en la zona en la última época glacial y postglacial .

Y es éste, precisamente, el camino que ha emprendido un equipo de arqueólogos y geomorfólogos franceses en el extremo sur del Perú (Quebrada Los Burros), trabajando en la costa de Tacna, en busca de evidencias paleoclimáticas que justifiquen el intenso poblamiento antiguo, en quebradas hoy casi totalmente desprovistas de vida (trabajos de Lavallée et al.).

No pasará mucho tiempo, así lo auguramos, antes de que en la costa norte chilena hayan de emprenderse, igualmente, nuevos estudios interdisciplinarios, con un mucho mayor énfasis geográfico-ecológico. Hace mucha falta. Los trabajos anteriores en nuestra zona costera son, sin duda, muy meritorios. Pero estamos convencidos de que en la materia propia del enfoque eco-cultural (coordenada ecológica propia de este Blog) todavía "hay mucha tela que cortar".Y ahí, seguramente, tal como lo presintió Bird, se comprobará un día la hipótesis de la importancia vital de los "oasis de niebla" en el más antiguo poblamiento costero, en fechas cercanas a los 8.000- 10.000 A.P.

(retocado los días 17/05/2008; el día 27/06/2008 y el 30/08/2008, con la adición de fotos y documento).