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viernes, 4 de enero de 2013

Balsas de cuero de lobos marinos en la rada de Arica: visita del comerciante Samuel Haigh en 1825




Portada de la obra  de Samuel Haigh  publicada  en  1831  (foto tomada de  Internet)  de la cual analizamos un capítulo dedicado al desembarco en el puerto de Arica   en 1825.



La obra del comerciante inglés  Samuel Haigh.

Hemos ofrecido, en un capítulo anterior,  entregar el texto del relato del comerciante inglés Samuel Haigh en su visita de seis días al puerto de Arica  en el año 1825. Éste consta en su obra:  Sketches  of Buenos Ayres, Chile and Peru, (Publisher Effingham Wilson, Royal Exchange, London, 1831). Como de costumbre, añadiremos "Notas" explicativas  nuestras, de carácter eco-antropológico, para ilustrarlo y  enriquecerlo en beneficio de nuestros lectores jóvenes. De este modo, una vez más queremos cumplir con el deber imperioso que nos hemos impuesto de dar a conocer textos  poco conocidos, y rara vez comentados,  pero que consideramos de  gran relevancia cultural y antropológica. En el caso presente,  el centro de interés será aportar más informaciones para  el estudio de la cultura y evolución cultural de los changos, pescadores-recolectores de las costas del Norte de Chile, justo en la época en que su modo de vida empieza a ser fuertemente modificado por el desarrollo portuario de Arica y las nuevas exigencias del comercio internacional.

Ediciones de su obra y traducción.

Esta obra conoció una  primera edición denominada: Voyage to Peru and Chile, publicada en Londres en 1829. Tuvo tal éxito, que su autor decidió ampliarla y enriquecerla en una segunda edición que apareció  en 1831.  El texto inglés original nos ha sido por fin accesible gracias a los buenos oficios de nuestro estimado ex alumno, el antropólogo  José Müller, quien nos ha indicado gentilmente la página web donde Google  reproduce, ad litteram,  estos textos antiguos.  La traducción que nos muestra la edición hecha por Alberto Tauro, no es muy  confiable, a veces emplea frases francamente confusas y omite, de vez en cuando, datos preciosos. Lo hemos constatado hoy. Por ello, en la parte en que se hace referencia a las balsas de cuero de lobos marinos, decidí intentar mi propia traducción  (Compare con  el texto contenido en obra de  Alberto Tauro,  "Viajeros  en el Perú Republicano",  Universidad Mayor de San Marcos, Lima, Perú, 1967, párrafo dedicado a Samuel Haigh en  páginas 14-16.). 

Circunstancias de su recalada en Arica.

 A Samuel Haigh,  comerciante inglés, nacido en 1795 (?),  le tocó participar muy activamente en diversos episodios de la Guerra de la Independencia y conocer personalmente a muchos de sus héroes, a los que describe. En su último viaje, realizado  entre  1824  y 1827,  ya totalmente consolidada la independencia de Chile y Perú, puede por vez primera intentar, con fines abiertamente comerciales,  visitar  los puertos peruanos,  país, dice:  "recientemente muy interesante para muchos comerciantes tenedores de fondos públicos y mineros de la Gran Bretaña". En  este viaje pasa por Arica, ciudad que describe  en detalle.


Texto del relato del desembarco y visita de Arica (según versión usada  por Alberto Tauro,  1967):


(Dividiré el relato en sub-títulos míos, entre paréntesis cuadrados, para mejor comprensión de  su contenido).



TEXTO.

[El viaje a Arica].

"Zarpé de Valparaíso el 26 de Mayo [de 1825]  en un bergantín llegado de Londres a mi consignación  [1]  y lo dirigí a la parte de la costa peruana llamada Puertos intermedios,  [2]  que entonces ofrecía perspectivas comerciales excelentes. Teníamos dos pasajeros ingleses, los señores Andrews y Kendall, el primero agente de la Compañía de minas Peruano-Chilena, quien iba al Perú a  asegurar  las célebres minas de Guantajaya [3] . El viaje fue largo, pero dominaban las calmas que estuvimos diez y seis días en recorrer  una distancia que generalmente se hace en seis.  Nos mantuvimos cerca de la costa, áspera y estéril [4].

[Descripción de los alrededores de la ciudad].

El 10 de junio con tiempo en calma y caluroso, entramos lentamente  en la bahía de Arica [5]. La entrada no es desagradable  y la ciudad, de lejos, tiene aspecto  que de más cerca  no responde [6]: hay cuatro  iglesias y unas seiscientas casas  [7]Una tirita verde contornea  la playa más de dos millas y es el único signo de vegetación [8];  el país atrás tiene  un aspecto muy desolado y triste. Todos los cerros, son de arena e irregularmente desparramados como cuevas de topos, de color obscuro. Hay un morro en el extremo SO que es blanco [9]  y contrasta completamente con los alrededores.  Con la calma, fuimos a tierra en el bote. Aunque Arica sea el segundo puerto del Perú,  la entrada es pobrísima; las casas son bajas, construidas de barro y cubiertas del mismo material, de color oscuro, sucio [10] . Las puntas de los techos están frecuentemente ocupadas  por gallinazos silenciosos [11] , de modo que la imaginación se figura  un gran cementerio, custodiado por estas aves de rapiña que se alimentan de carroña. Las aves acuáticas son pingüinos y petreles [12]: miríadas de éstos últimos están constantemente aleteando cerca de la orilla [13] . Al desembarcar, vimos algunos infelices de aspecto miserable [14],  agobiados por achaques; algunos mestizos del país; uno o dos soldados holgazanes asoleándose en la playa con la energía apenas suficiente  para cumplir su consigna de formular las preguntas habituales."  

[Aspecto de la ciudad: sus calles, sus casas  y sus habitantes].

"Entrando en las calles, la escena de ningún modo cambia; todos los que se encuentran parecen víctimas  de alguna enfermedad y uno imagina caminar por un lugar donde la peste hace estragos. Había pocos ingleses en Arica y en este tiempo todos más o menos estaban en la categoría de inválidos, por la fiebre aguda, enfermedad reinante en la costa del  Perú [15]. Nuestra primera vista fue al gobernador; estaba fumando un cigarrillo y usaba un poncho ordinario; su casa no era mejor que las demás. Nos recibió en la sala con piso de barro duro y muy desparejo; las paredes, de un blanco sucio, adornadas con pocos cuadros de marco negro. El cielo raso de cañas atadas y bastante fuerte para resistir el peso de barro del techo [16]. Los temblores dominan mucho en el Perú y ninguna de estas casas tiene más de un piso...".

(siguen unas líneas de menor interés que describen la presencia de una dama que acompaña al gobernador y del secretario  que les hace muchas preguntas  sobre el motivo del viaje. Finalmente, el gobernador firma el pasaporte respectivo).

[Descripción de la balsa de cueros de lobos marinos.

[En este subtítulo hemos  utilizado nuestra propia traducción  del original inglés, la que difiere en algunos aspectos importantes de la que trae Alberto Tauro].

"Cuando tratamos de regresar  a bordo, observamos que las rompientes habían aumentado en forma tal, que nuestro bote no se atrevió  a acercarse a tierra y nos vimos  obligados a volver al barco en una balsa. [Esta embarcación es] una especie de globo marino  [sea-balloon] que se componía de dos  pieles de foca [16], tiesas [tight] e infladas [inflated]  como vejigas [bladders], [y es]  capaz de  mantenerse a flote  sobre la rompiente más fuerte sin  el menor peligro [17]: el largo [length]  de [cada sección] de la balsa era de nueve pies por seis de  circunferencia [circunference]  [18]. Dos de estas vejigas se adosan, una a cada lado [are laid together] [19],   y en su parte superior [top]  se fija una especie de plataforma hecha de caña [20]. El artefacto [machine] puede sostener dos a tres personas [21].
El indígena  que sirve de piloto de esta rarísima [non-descript] embarcación  va sentado al frente  y emplea un remo doble [double paddle] [22]  con el cual la impulsa hacia adelante con gran velocidad. El pasajero se sienta con las piernas cruzadas [crossed-legged]  y como el agua se encuentra casi al mismo nivel de la plataforma,  su parte inferior [his nether balk] tiene la ventaja de mantenerse fresca [cool], especialmente cuando el mar está algo agitado [23]. En cierta ocasión yo fui expulsado de una balsa junto a la playa, por una torpe maniobra de mi Caronte [o piloto],   y por poco me ahogo por el impacto de una gigantesca ola que reventó sobre nosotros [a heavy wave breaking over us], y sólo a costa de enormes esfuerzos  nos fue posible alcanzar  tierra firme, sano y salvo" [to reach the dry land in safety] [24];  página 355 del original. inglés de Haigh).



[Observaciones hechas en la playa al norte de la ciudad] .

Estuve seis días en Arica, esperando algunos informes y me divertía  paseando por las afueras reconociendo los alrededores que forman parte de la ciudad. El suelo al norte del poblado  parece rico; sin embargo, es pantanoso y los vapores que exhala se dice que producen tercianas agudas [25]. Encontré algunos enormes huesos de ballena entre el ripio; la marejada, después de una brisa, es tremenda en la costa y esos monstruos del abismo son echados frecuentemente donde hay poca agua, no pueden salir y mueren golpeados contra las roca [26].  Cerca de Arica se encuentra el sitio de la ciudad vieja, cuyos cimientos son visibles  [27].

[Arica desde el punto de vista comercial].

Arica es puerto de consumo muy limitado por ser reducida su población, pero entonces era desembarcadero de las mercaderías destinadas a Tacna, La Paz y más al interior, y ha progresado mucho en los últimos años, ciertamente no como mis lectores admitirán, según lo requería [28]. Sin embargo, Cobija se ha hecho puerto del  Alto Perú, con mucho perjuicio de Arica [29]."


Fin del texto.



Notas nuestras (entre paréntesis cuadrados en el relato de Haigh).

(1)  Si pudo Samuel Haigh contratar en Inglaterra un barco con mercaderías a su nombre, y moverse libremente en él  por  las costas del Pacífico, significa que ya disponía de un capital importante  que le permitía  actuar y comerciar  por cuenta propia  y ya  no subordinado a terceros. Ya no era un simple empleado, como lo fue en sus primeros tiempos en Londres. Había surgido y hecho ya cierta fortuna.

(2)  Los puertos "intermedios" [situados entre Valparaíso y Callao] aquí aludidos eran, a lo que creemos, entre otros, Chilca, Islay y Pisco.

(3)  ¿Qué significa  en este contexto la frase: "asegurar las minas de Huantajaya"?. Sospechamos que se refiere   al hecho de que Mr. Andrews, está operando como mandante de algún  inversionista inglés  que ha decidido comprar y activar algunas posesiones mineras (estacas) en el antiguo mineral colonial de Huantajaya, junto a Iquique. Lo que revelaría el interés aún vigente por estas minas de plata, que tanta  riqueza habían dado a los mineros tarapaqueños de Pica y Tarapacá  entre mediados y fines del siglo XVIII.  Recordemos a este respecto que Charles Darwin, en su vista a Iquique  en Junio del año 1835, ni siquiera se da el trabajo de visitarlas, - prefiriendo ir a conocer la salitrera "La Noria" de su connacional  George Smith-   por encontrarse  éstas por entonces,  casi del todo paralizadas. De paso, señalemos como curiosidad lingüística el hecho que el original inglés apunta "Guantahaya". ( con h interpuesta en lugar de j ).

(4)   Es decir, carente absolutamente de vegetación (y por tanto "estéril"). Esto es real y efectivo excepto en aquellos escasos lugares donde existen "oasis de niebla", como producto de la camanchaca costera, de los cuales los antiguos pilotos y viajeros, salvo en el caso de los cerros altos de Cobija, prácticamente nada sabían. La potencialidad vegetacional de estos "oasis de niebla" es una realidad  que llega a conocerse en Chile sólo desde mediados del siglo XX. La única excepción es  el parque de "Fray Jorge". en la IV Región,  que fuera bien  estudiado por el botánico  Federico Philippi,  a fines del siglo XIX.

(5)  No olvidemos que en este tiempo viajan en un pequeño bergantín a vela. Los veleros serán  vistos en todos los puertos del Pacífico hasta fines del siglo XIX  y  aún en los primeros años del  siglo XX.. Muy pronto serán definitivamente suplidos por barcos a vapor. Y comenzará en el mundo, por vez primera,  la navegación altamente contaminante (!).

(6)  La frase tal cual ha sido traducida por Tauro no tiene sentido; al parecer, se ha querido señalar que  el aspecto agradable que tiene desde lejos, no se corresponde para nada con el que se observa al llegar a tierra.

(7)   600 casas de paredes de  barro y de un solo piso - como indica el autor en otra parte-  equivalen  a  una población que a lo más podría alcanzar  los  2.400 - 2.500  habitantes. Arica es ahora sólo una sombra de lo que fuera en la época del auge de la explotación de la plata en Potosí, cuando  debía  suministrar miles  de mulas y arrieros  para  mantener el tráfico  incesante de mineral que afluía a este puerto.   Valparaíso en este mismo tiempo (1825),  tiene una población cercana a los  20.000 habitantes  y ya ostenta una enorme colonia de residentes ingleses, tal como nos  lo indica Haigh  en su relación..

(8)  Esta franja  ("tirita") verde que nos indica Haigh  consistía en un inmenso totoral [ecotopo constituido particularmente por juncos [Juncus sp.] y totoras (del género Scirpus sp.], que se extendía por la playa de Chinchorro hacia  al norte de la ciudad hasta perderse de vista. Este totoral fue ya tempranamente descrito por el cronista carmelita Vásquez de Espinoza, hacia 1630, quien señala el frecuente uso que de él se hacía para  fabricar cestos y capachos, con sus largas hojas fibrosas, para proteger las cargas de botijas  y elementos delicados que se disponían, en alforjas, a ambos costados de las  mulas. Del antiguo totoral ya nada queda hoy prácticamente, salvo algunos matorrales de plantas, en especial soronas [Tessaria absynthioides]  que resisten la alta salinidad. Buena parte de la superficie antigua de este totoral ha sido edificada en las últimas 5-6 décadas. Como los terrenos aquí son muy bajos, algunas fuertes marejadas marinas  han producido, de tanto en tanto, inundaciones de consideración en el sector, con los daños consiguientes.

(9)   Desde este  Morro  "blanco" [el afamado "Morro de Arica"], se da  inicio,  en esta sección, al conjunto de contrafuertes de nuestra Cordillera de la Costa,  rumbo al Sur.  La coloración blanca se debe a la antigua existencia de depósitos de guano, producto de las deposiciones de las aves guaneras en los roqueríos y morros del litoral  durante varios milenios. Buena parte de las bases de este Morro fueron excavadas, en 1929,  para obtener ripios y rocas  para la construcción del terraplén  que hizo de "puente"  con la antigua isla  "Alacrán" , cerrando así por el  sur la bahía de Arica. A los pies del Morro,  existió una buen aguada, casi a la orilla del mar, de la que se surtían los marineros y los primitivos habitantes pescadores changos y camanchacas.  

(10) Las casas de Arica o fueron construidas parcialmente de adobes, o de una mezcla de caña y barro  en muros y techumbre  [quincha]. El adobe era empleado en las construcciones de la gente más acomodada. Los techos eran siempre planos y cubiertos de una capa de barro, pues  aquí no llueve casi nunca. La construcción en los sectores populares solo consistió  en casuchas hechas de simple quincha [muros y techos] de  cañas amarradas y barro. De este modo, estas casuchas resultaban prácticamente asísmicas en caso de fuertes temblores, muy  frecuentes en la región. La caña  o cañaveral [Phragmites communis] es una planta monocotiledónea  que se daba muy bien y en  gran abundancia en los valles de Azapa y Lluta, allí donde se podía encontrar agua en superficie o a escasa profundidad en el subsuelo (vertientes o puquios).

(11)  Estros "gallinazos"  son, casi con certeza,  nuestros "jotes de cabeza colorada"  [Cathartes  aura]. El jote de cabeza negra [Coragis atratus]  es más propio del Centro y Sur de Chile. El jote o gallinazo es un animal carroñero y no consume ni persigue jamás presas vivas. Recorre infaltablemente las playas, planeando  muy bajo, en grupos de dos o más ejemplares, en procura de desperdicios tanto marinos como humanos. Se le ha considerado,  con razón,  el "aseador por excelencia de las playas".

(12) El pingüino de Humboldt [Spheniscus humboldtii],  de origen antártico,  es el único pingüino  que siguiendo  de sur a norte la corriente fría de Humboldt, llega hasta la latitud de Arica y aún algo más al Norte  en el sur peruano [Pisco].  Ésta constituye su  área de dispersión  septentrional máxima.

(13)  Los "petreles" a que aquí se hace alusión, muy probablemente sean los guanayes (Phalacrocorax bouganvillei]  que suelen rastrear en gran número y a muy baja altura  las costa en  procura de su alimento preferido la anchoveta (Engraulis ringens].  Se les suele ver, por las tardes, en interminables bandadas en fila,  hacia la puesta del sol, rumbo al sur o al norte, según la época del año.

(14) y (15). Alusión evidente a la terrible existencia del mal endémico de la malaria o paludismo en los valles de Arica. Muchos autores, tanto visitantes extranjeros como locales  (como don Pedro de Ureta y Peralta a fines del siglo XVIII; ver etiqueta correspondiente en este mismo Blog) , hacen alusión a los estragos que causaba esta enfermedad y a las fiebres intermitentes o tercianas que provocaba. Este mal, provocado, por el zancudo Anopheles [hay cuatro especies de este mosquito] es el  transmisor del vector  Plasmodium  sp. y produce una de las enfermedades  más debilitantes. Se calcula que cada año mueren 1,2-1,4  millones de personas de esta enfermedad, máxime en el Africa. Habiéndose conocido su causa exacta, la enfermedad fue finalmente erradicada por fumigación de las aguas estancadas de los valles del norte de Chile,  gracias a la obra benéfica e infatigable del Dr. Juan Noé en  la década del 30 y 40 del pasado siglo. El hospital de Arica lleva,   en su memoria, su glorioso nombre.

(15) Estas fiebres intermitentes o "tercianas" fueron atribuidas erróneamente,  en tiempos coloniales,  a los "malos aires" [de aquí viene el nombre de "malaria"] o "miasmas" -según se decía- que emanaban de  las zonas pantanosas "Paludismo" viene del término substantivo latino "palus-udis" que significa  precisamente "pantano". Los antiguos, con plena razón, conectaban instintivamente el origen de este mal con las zonas pantanosas; no conocían aún al vector de ella el pequeño díptero (Fam. Culícidae) denominado  Anopheles sp. En la ciudad de Arica, durante nuestra estadía en los años 1971-72 nos tocó conocer a varias personas que fueron afectadas cuando jóvenes por este mal, cuyas consecuencias debieron soportar durante toda su vida. Al sobrevenirles las mentadas "fiebres tercianas",  prácticamente quedaban incapacitados por espacio de tres días para  ejercer sus funciones normales y debían guardar cama.

(16) "Pieles de foca". Es frecuente en los autores ingleses  el confundir "lobos marinos" [Otaria spp.] con "focas" [Phoca spp.].  La gran familia Pinnipedia se divide en tres grupos, entre ellos,  Otariidae (lobos marinos)  y  Phocidae (focas). En efecto, son mamíferos marinos muy semejantes entre sí  y es fácil confundirlos. Las focas viven en aguas muy heladas, en el hemisferio norte con presencia abundante de hielos. Los lobos marinos tienen un rango de distribución  mucho mayor a lo largo de las costas, y se distinguen, entre otros rasgos, de inmediato,  por presentar órganos del oído externos (orejas)  muy visibles. Las focas carecen de ellas.

(17) Es digna de ser destacada la  excelente descripción que el autor hace de la balsa de cueros de lobos marinos de esta costa sur peruana y norte chilena. La analizaremos ahora con lupa.  La primera mención histórica de estas curiosas balsas de esta costa parece debe atribuirse al cronista español Cieza de León, pero su descripción precisa y detallada, en un capítulo completo de su obra,  se debe a la pluma acertada y precisa  del cronista soldado Gerónimo de Bibar en su Crónica y Relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile, 1558. (capítulo VI. Edición 1966: 10-11). Señala Haigh  en su fina descripción que la balsa está  formada por dos  "vejigas" (bladders), cada una de ellas  hecha de dos cueros de lobo marino, cosidos admirablemente con finas espinas de cactus y tendones y untados con una mezcla como un pegamento, que  la hace hermética. La  gran maniobrabilidad náutica  de estas pequeñas embarcaciones es algo que asombró siempre a muchos de los descriptores tempranos. Alguno de ellos dice,  con plena razón, que son,  en la práctica, "insumergibles"  (Ruschemberger, 1834).

(18 - 20)  Según  este relato y con los datos que nos da  Haigh, tratemos de calcular las medidas aproximadas de la balsa que lo transportó a su barco  Cada balsa está conformada por  dos de estas  "vejigas"  iguales,  (semejantes  a dos cilindros)   puestas una al lado de la otra y bien amarradas. Según  Haigh, la  longitud  de cada  "vejiga" equivale a  2,74 m  (lo que vendría a ser el  largo total de la "balsa"),   siendo la  circunferencia  de cada vejiga  (pues son prácticamente redondas), 1.83 m. ¿Tomó expresamente  las medidas Haigh,  o sólo aproxima?.  Sin duda, es sólo una buena aproximación, hecha tras la atenta observación de un avezado comerciante. Ahora bien, si la "circunferencia" de una vejiga (en forma de cilindro y no de pelota redonda) )  la calcula en 1.83 m  el diámetro (o ancho) de  éstas, dividiendo por el  valor de Pi [3,1416],   llegó a medir aproximadamente 0.58 m. Al amarrar ambas vejigas, una al lado de la otra,  nos  permite calcular  el posible  ancho total de artefacto o "máquina", (como la llama Haigh)  en  unos 1,16 m. Si agregamos ahora  unos  pocos centímetros  (5-6 cm)  por las cuerdas que amarran y mantienen juntas  ambas vejigas, llegamos a un posible ancho máximo del artefacto del orden de 1,22 cm. Como cada balsa posee una  especie de plataforma formada de cañas bien amarradas entre sí, tal vez  en forma de una esterilla trenzada,  ésta pudo probablemente sobresalir unos escasos centímetros fuera de borda,  alcanzando así  la balsa  un ancho máximo de  1.30 m. - 1.34 m.  ¿Qué largo tenía la plataforma que debió sostener al piloto (que van sentado  al frente)  y al pasajero, más sus pertenencias'  Tal vez el doble, esto es aproximadamente   2.60 m  como máximo;  probablemente,  un poco  menos. En este estrecho espacio  había, a lo más, cabida para un  piloto y un par de pasajeros; o para dos personas y  algunos bultos de equipaje  (baúles o cestos, bien apretados). Los bultos seguramente iban muy bien atados a la estructura de la balsa, dada extrema la movilidad de la embarcación al surcar las olas   y/o atravesar la rompiente.

(21)  Sabemos que había balsas  de tamaños diferentes,  habiendo algunas de mayor tamaño que otras, las que permitían cargar varios sacos de salitre. Su tamaño dependía  del tamaño del animal elegido para  servir a este propósito. Como los  machos son más grandes y prominentes que las hembras en esta especie, es  muy posible  que se haya elegido machos ara la  confección de las balsas de mayor envergadura..

(22)  Tauro pone "pala" en vez de "remo". Lo que claramente desvirtúa y confunde  al lector. Se trata del remo doble"  [double paddle] , bastante largo,  que se maneja por su parte central con ambas manos, con el que se va remando, alternativamente, de uno y  otro lado, de la embarcación. El piloto va  al frente en la parte de proa, sentado  o  en cuclillas, y  casi con  los pies dentro del agua.

(23)  Tauro en su versión  señala que  es el trasero del piloto el que va comúnmente mojado. El texto no corrobora su versión.

(24)   El relato señala claramente que no era nada  fácil mantenerse firme  en el estrecho "asiento" o plataforma de la balsa. El pasajero no acostumbrado,  podía fácilmente caer al agua en uno de los tumbos, al surcar la embarcación la  cresta de las olas o las rompientes,   al  aproximarse a la playa.

(25) Vea nuestra Nota  anterior Nº  15,  referida a la presencia de la malaria o paludismo en el valle de Arica. A sus "vapores" o "miasmas", se atribuye el contagio con la malaria.

(26)  La presencia frecuente de ballenas  y cachalotes en el litoral  del sur peruano y norte chileno se suele destacar con bastante frecuencia entre los  viajeros. Estos cetáceos que hoy muy raramente vemos vararse,  debido a la excesiva caza a que son sometidos por los grandes flotas pesqueras, especialmente japonesas,  constituían, al llegar a la orilla agotados,  un verdadero "manjar de los dioses" para los antiguos camanchacas y changos. Así lo relata  gráficamente el mismo cronista sacerdote  Vásquez de Espinoza para este mismo litoral norte.  Durante días, los indígenas permanecían, allí día y noche,  alimentándose de su carne y su sangre, y extrayendo su grasa para distintos usos. Podemos imaginar sin dificultad  su aspecto y su olor,  .

(27)  No nos queda claro el sentido de esta frase. Aparentemente,  se señala que la "ciudad vieja" (esto es colonial) quedaba algo más lejos, valle adentro  (?).  Haigh dice haber visto "sus cimientos" con sus propios ojos. Tal vez, estaba arrimada estrechamente a  la porción norte del Morro, algo alejada de la costa. Posteriormente al parecer, la ciudad se fue desplazando hacia el Norte y hacia el Este, ocupando todo el fondo del valle y la zona de la desembocadura del río San José de Azapa..

(28)   Frase muy enredada. Falla evidente en la traducción. La ciudad habría progresado en número de habitantes,  pero su triste aspecto no se condecía  con tal  "progreso". Este parecería  ser el sentido correcto.

(29)  Se alude aquí  con claridad a la apertura oficial del puerto de Cobija para la república de Bolivia por orden expresa del mariscal Sucre. El coronel Francis O´Connor, marino irlandés al servicio de la causa insurgente americana y  que servía en el ejército de Bolívar,  fue el encargado de buscar, a lo largo de la costa, un puerto seguro para la naciente república que llevará el nombre del libertador Bolívar: Bolivia. Durante meses en el año 1825 recorrió O´Connor pacientemente la costa atacameña, al sur del río Loa, buscando   un lugar de buena recalada,  donde hubiese suficiente recurso de agua. Optó sin vacilaciones por Cobija. Cobija operaba de facto como puerto del Alto Perú desde antiguos tiempos coloniales, pero no había sido formalmente habilitado como tal. No había administrador ni Aduana, ni servicios de ninguna clase. Era tan solo una  humilde caleta de changos. En 1825, recién habilitada Cobija, Haigh visualiza el perjuicio enorme que la naciente Cobija podría inferir  a Arica, al desviar mucho tránsito y movimiento de mercaderías  destinadas al Alto Perú  que normalmente llegaba a  Arica,  hacia  este  nuevo puerto habilitado en la costa de Atacama. Ventaja económica  que el ojo avizor del  hábil  comerciante Haigh no podía  dejar escapar. Esta declaración sin duda prestó  gran  utilidad a  los comerciantes que le siguieron, para los cuales expresamente escribe, según se señala en  el título de la obra.

(Fin de nuestro comentario).






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martes, 1 de enero de 2013

El comerciante inglés Samuel Haigh: un testigo presencial de la actividad comercial británica en Valparaíso hacia 1825.

Consecuencias de la Independencia de las colonias americanas.

Luego de la batalla decisivas de Chacabuco (1817)   y de Maipú (1818), en Chile central,  los ejércitos  realistas son derrotados. Si bien Chile había proclamado su independencia del régimen español del monarca  Fernando VII apenas ocurrida la ocupación napoleónica en el Cabildo Abierto del 18 de  Septiembre de 1810,  esta primera  y breve "liberación" durará muy poco y pronto se verá  frustrada por la llegada de refuerzos españoles desde Lima, al mando del general Mariano Osorio. Este pone por obra la Reconquista   en el año 1813, imponiendo un régimen  de fuerza que trajo frustración a los criollos  patriotas que habían abrazado con entusiasmo la causa de la Independencia.  Inglaterra - adversaria de España- seguía con especial interés y estaba muy al tanto de los movimientos independentista en América. Varios de sus líderes  habían vivido un tiempo  o estado en Londres, como O´Higgins y Bolívar. Inglaterra y Francia  espiaban la ocasión propicia para iniciar intensos contactos y transacciones comerciales con las nuevas repúblicas americana, especialmente Argentina, Chile y Perú. Bajo el estricto régimen español, tal comercio le estaba totalmente vedado a Inglaterra, su eterno enemigo.
Es  ahora el momento preciso en que aparece en escena Samuel Haigh, encargado de llevar a Valparaíso un navío  cargado de mercaderías varias,  armas y municiones, sin duda   para los insurgentes  en la  naciente revolución.

¿Quién era  Samuel Haigh y cuál era su misión?.

Sabemos muy poco, demasiado poco tal vez, acerca  de este  personaje salvo  lo que él refiere de sí mismo en su obra:  Sketches  of Buenos Ayres, Chile and Peru, Publisher Effingham Wilson, Royal Exchange, London, 1831. Haigh realizará tres viajes a América del Sur. El primero de ellos  en 1817. En efecto  a cargo  de un fuerte cargamento de variadas mercaderías  y sobre todo armas, parte del puerto de Dover en Junio del año 1817. Llega a Valparaíso en Agosto de  1817. Tiene Haigh por entonces tan sólo 22 años ( nacido en 1795)  cuando es encargado de esa delicada misión. Haigh se desempeñaba en Londres como empleado en contabilidad. ¿Cómo y por encargo de quién emprende este viaje?. No se sabe con certeza. ¿A quién iban destinadas las armas?  Quiénes eran los mandantes?  No lo sabemos. Haigh nunca hace la menor referencia a este punto, sin duda por el sigilo que se le pidió. Casi con certeza, las armas iban destinadas para los insurgentes en Buenos Aires y Chile. Recordemos que por ese mismo tiempo, se acababa de librar la batalla de Chacabuco (12 de Febrero de 1817).  Santiago, la capital de Chile, había sido liberada  por las tropas conjuntas del general argentino José de San Martín  y  del chileno  Bernardo O´Higgins,  tras el cruce exitoso del ejército libertador por la Cordillera de los Andes.  Cuando llega Haigh a Valparaíso,  en agosto de 1817,  se prepara la batalla final, la que tendrá lugar,  poco después, en los llanos de Maipú, junto a Santiago,   el 5 de Abril de 1818. Las armas que trae el comerciante inglés, al parecer,  alcanzan a llegar a tiempo, puesto que se sabe que Haigh asistió como espectador a la batalla de Maipú. Aquí tendrá ocasión de conocer de cerca al general San Martín, cuya estampa,  personalidad  y temple describe en detalle. (Detalles sobre este esbozo de biografía en Alberto Tauro: Viajeros en el Perú republicano, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú  153 p.9.

Nuevos viajes a Chile..

El segundo viaje a Chile, en un barco especialmente fletado por él con mercaderías destinadas a Valparaíso,   lo realiza en 1820-21. Haigh no nos ha dado detalles de este su segundo viaje.  El país ya  vive su  plena independencia  (con excepción del bastión español de la isla de Chiloé, el que cae en manos patriotas en 1824)   y el comercio con Europa se agiganta día a día en desmedro del español.

El tercer viaje de Haigh a Chile se realiza en el año 1825, según nos informa  La "Memoria Chilena" de la  Biblioteca Nacional  de Chile y el propio Haigh. Para esta época - continú a Haigh- O´Higgins ya ha sido depuesto y ha partido al destierro en su hacienda de Montalbán, en el sur del Perú. Por  entonces, señala que han llegado  a Chile, procedentes de Londres, "varios comisionados [ingleses] procedentes de Londres para concertar y emprender negocios de minas en grande escala y con los métodos más perfeccionados"  (en Tauro, 1967: 13; citado arriba).

Enorme número de ingleses en Valparaíso hacia 1825.

En este su tercer viaje, al llegar a Valparaíso,  se encuentra, para su sorpresa,  con muchísimos compatriotas que han venido a prospectar la posibilidad de negocios comerciales. Dice textualmente:  "...me despediré de Chile, que entonces estaba atestado de ingleses residentes, principalmente en Valparaíso; como cuatro mil de ellos habitaban aquel lugar que recuerdo haber conocido [en mi viaje anterior de 1815] con solamente dos vecinos extranjeros". (en Alberto Tauro,  1967:  14). El crecimiento demográfico ha sido vertiginoso en apenas 8 años (!).  Este dato es elocuente, pero podría sugerir dudas. No hemos  tenido acceso al original inglés para verificarlo. Sabemos que la población del puerto de Valparaíso en 1822. era de unas 16.000 personas  (Acuña y Schuster, 2012). Algo más debe haber sido  en 1825, habida cuenta de la activación del comercio inglés en esta zona del Pacífico.  En todo caso, "cuatro mil" extranjeros ingleses parecería ser,  a primera vista, un número extraordinariamente  abultado, exagerado. No lo es, sin embargo, por los informes alusivos que aportamos a continuación..

Los datos demográficos que nos  entrega la historia local.

Los estudios históricos nos confirman que  Valparaíso,  mucho más que El Callao,  será por entonces, en la costa pacífica,  el lugar  preferente donde se asiente la naciente y poderosa  colonia inglesa de  la ciudad. Muchos apellidos ingleses  que se han perpetuado en Chile,  provienen  de ancestros de este período de intenso comercio con Inglaterra. Corre "un aire esencialmente británico" por los cerros de Valparaíso, lugar  cuyo clima les  seduce y encanta. Y éste dejó su impronta en la arquitectura  local.

En una tesis muy reciente  (2012)  para optar al título de Ingeniero Comercial,  sus autores Alvaro Acuña y  Tomás Schuster  se refieren exactamente a este período de desarrollo poblacional y comercial de Valparaíso en los siguientes  términos:

cita textual:

"Valparaíso comenzaba a convertirse en el centro neurálgico de los negocios, al ser ciudad de residencia de muchos capitalistas extranjeros. Comenzó así su época de mayor esplendor, consolidándolo como principal puerto del Pacífico sur por sobre el puerto peruano del Callao hacia fines del siglo XIX. Para 1810, la población alcanzaba las 5 mil quinientas personas, que aumentaron a 16 mil en 1822, siendo 3 mil los extranjeros (Hurtado, 1966). Ninguna otra ciudad chilena experimentó un crecimiento poblacional tan considerable, ni siquiera Santiago. La influencia británica en Chile era considerable y debe esta condición al auge porteño. Ya en 1820, [a escasos dos años de la batalla de Maipú, agreguemos],  por lo menos una docena de firmas inglesas habían abierto agencias y casa comerciales en Valparaíso, desplazando al tradicional comerciante español. Cinco años más tarde, casi un centenar de buques británicos encallaban [error notorio "por estaban surtos en"] en la bahía y conformaban así la mayor flota mercantil extranjera, por sobre la estadounidense, francesa y alemana   (Tesis de los autores titulada:  "Análisis sobre la concentración demográfica de Chile en Santiago. Una perspectiva desde la teoría económica y los  procesos económicos históricos", Facultad de Economía, Universidad de Chile, Abril 2012; (Vea http://www.tesis.uchile.cl/tesis/uchile/2012/ec-acuna_c/pdfAmont/ec-acuna_c.pdf . Negritas, nuestras).                        

Próximamente, en un capítulo especial,  entregaremos,  con Notas complementarias nuestras, el texto del relato de Haigh relativo a su visita al puerto de Arica en el mismo año 1825. Al no en contar con el texto original inglés para intentar una traducción propia, recurriremos al texto que nos transmite el historiador peruano Alberto Tauro en su obra "Viajeros en el Perú republicano", Lima 1967.  En éste, nos  llama atención su certera  descripción de una balsa de cueros de lobos marinos, accionada hábilmente por un pescador indígena,  tema que vamos a comentar ex professo.









sábado, 29 de diciembre de 2012

Requiem por un visionario de la historia cultural tarapaqueña: Patricio Advis al año de su partida.

Imágenes integradas 1
Patricio Advis en su estudio rodeado de libros y documentos, medita, intrigado,  sobre el paso del conquistador  Diego de Almagro por el Despoblado de Atacama (Foto gentilmente facilitada por el arquitecto Alberto Prado  especialmente para este capítulo). 

La Partida del explorador del Tamarugal.

Hace exactamente un año (30 de diciembre 2011)  un cáncer  agresivo e irresistible  nos arrebataba de improviso al amigo, el arquitecto e historiador, Patricio Advis Vitaglic. El cigarrillo,  su  nefasto e inseparable compañero de faena,  enemigo secreto pero implacable del hombre moderno, lo llevó a la tumba. En estas páginas de mi Blog, dedicadas  en su mayor parte a  historiar y describir el Norte grande chileno, quisiera hacerle hoy un homenaje sentido, nacido desde el fondo del alma. Porque Patricio es parte imborrable de esta "historia".  Hace un año, el 31 de diciembre  2011, le dedicamos con especial afecto un capítulo del Blog intitulado:  "Una mirada espacial a la Historia: el aporte científico de Patricio Advis Vitaglic, arquitecto".

Un año exacto ha transcurrido en silencio, sin su presencia  siempre alentadora y fecunda.

Advis y la historia colonial de Tarapacá. 


En efecto, la  descripción  temprana de Tarapacá colonial en sus diversas facetas, (demográficas, religiosas, económicas)   le debe  un potente y sólido reconocimiento, mucho más que la arquitectura citadina, en la que descolló como pocos. Porque  sus numerosas obras arquitectónicas, que jalonan  orgullosas  algunas calles de nuestra ciudad de Iquique,  durarán lo que las modas: solo un breve tiempo. Y - lo apostamos-,  el ataque implacable del mazo de 25 libras y/o la retroexcavadora, darán  cuenta de ellas tal vez antes de que se cumpla un siglo. Es el triste sino de nuestra arquitectura local en manos de los "amantes del mentado  progreso".

 Su rica producción histórica  reflejada en  sus libros y artículos,  en cambio,  es imperecedera, eterna.  Ahí  quedarán enhiestos y desafiantes del tiempo, sus análisis históricos sobre Tarapacá, a los que dedicó tal vez más tiempo, energía  y pasión  que a su propio arte de vocación: la arquitectura.

Un breve recuento de su obra.

Quisiéramos brevemente bosquejar su trayectoria en el campo del "historiar" tarapaqueño. No es nuestra pretensión estudiar en profundidad su legado. Otros lo harán, tarde o temprano  y con mayores armas que las mías. Solo nos referiremos a algunos de sus trabajos,  que en su momento hicieron época.

En 1971, e influenciado tal vez por el historiador nortino Oscar Bermúdez Miral, escribe  su primer artículo histórico dedicado a las "chacras de los antiguos"  en la Pampa del Tamarugal. A través del arqueólogo  Lautaro Núñez, a lo que creemos,  conoce el "Plano de la Pampa de Yluga"  del sevillano  Antonio O´Brien y se pone a estudiarlo. Nace así su  creciente interés por las "obras" de los antiguos, reflejada en Planos y mapas  coloniales. Así surge, en 1971,  su primer  trabajo que quedó lamentablemente  inédito:  "Antiguos sembríos en el desierto de Huara (o Iluga) en  la Pampa del Tamarugal".  Este temprano trabajo influirá decisivamente en los trabajos de campo que el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica iniciarán  en la zona a partir del año 1972. 

Al final de su vida, nos brindará varios trabajos de gran fuste, en particular   su acabado estudio del paso de Diego de Almagro por el desierto tarapaqueño, al parecer su obra histórica cumbre.
La revista iquiqueña "Camanchaca"  del Taller de Estudios Regionales  (TER) ,  acogerá tempranamente varios de sus  artículos de corte histórico-cultural. Recordemos tres, a nuestro juicio  los más representativos de sus inquietudes históricas:

Su producción histórica.

Artículos:

1)  Advis, Patricio, 1989. “Alcance geográfico del nombre Valle de Tarapacá en la temprana Colonia”, Revista Camanchaca, Nº 8, Taller de Estudios Regionales (TER), Iquique.

2)  Advis, Patricio, 1990. "La Doctrina de Tarapacá en el siglo XVI (Perfil administrativo eclesiástico)". Revista Camanchaca,  Taller de Estudios Regionales (TER) ,Nº 12-13, 76-90.

3) Advis, Patricio, 1990.  "Ique-ique de los pescadores (la caleta prehispánica, 1535)",  Revista Camanchaca,  N º 11, Taller de Estudios Regionales (TER),  37- 44, (con plano de Iquique temprano).

Libros:

1) La iglesia colonial de San Antonio de Matilla: su origen,  su fechado , sus transformaciones,  Ediciones IECTA, Iquique, 1990.

2) La batalla de Tarapacá y sus hechos memorables, Universidad Arturo Prat, Iquique,  1989.

3) La arquitectura de Iquique durante el período salitrero, Editorial Pehuén,  Santiago de Chile,  2008.

4) El desierto commovido  Paso de la hueste de Almagro por el Norte de Chile, Ediciones Universidad Arturo Prat, Iquique. Chile, 2008.


Su legado científico.

 Tres aspectos campean, a nuestro juicio,  en la obra científica histórica de Patricio Advis, todos ellos  muy necesarios hoy para el antropólogo, geógrafo, historiador o  arqueólogo  de campo:

1)   Su afán de reunir el máximo de información previa sobre el tema de estudio. Pasaba meses y meses juntando el material. No fue amigo de improvisaciones. Hacía cualquier esfuerzo por conseguir  la obra que le  faltaba. Su bibliografía de referencia era siempre sobreabundante  y precisa.

2)  Su interés por la  geografía, geomorfología  y ecología de los paisajes que estudia le lleva a visitar y recorrer a pie grandes extensiones. Más de una vez lo hace con sus discípulos, estudiantes de arquitectura de la Universidad Arturo Prat de Iquique, su Alma Mater.  Sólo así puede  animarse el investigador a describir los paisajes de antaño. Advis es cualquier cosa menos un hombre de gabinete. Con ese conocimiento concreto de los lugares que narra,  se puede dar el lujo a veces de corregir y enmendar los dichos de ciertas "vacas sagradas" de nuestra historia. Y es lo que le recomienda a los futuros investigadores:  recorrer a pie, con los bototos calzados  y una cantimplora con agua al cinto, los tramos pedregosos del desierto. Así  conocerá de cerca el "Camino del Inca" - el Qhapaqñan- y otras antiguas huellas visibles de la presencia humana en el desierto.

3) Su anhelo por compartir conocimientos. Tenía  un profundo respeto por las opiniones científicas de los demás, mientras éstas fueran fundadas. Por ello gustaba discutir  los temas con otros especialistas, a menudo con una tacita de café en la mano y unos cigarrillos. Fuimos varias veces testigosy partícipes de ello. Era un amenísimo conversador y, a la vez, un tenaz y curioso interrogador. Así se iba él  formando una opinión propia, autorizada,  sobre su tema de estudio

Advis un geógrafo humano y un eco-antropólogo.

Si le hacemos aquí un sentido homenaje es porque estamos convencidos, leyendo con lupa  sus escritos, tejidos en un cuidado castellano, que Advis avizoró sagazmente la necesidad de aunar férreamente historia y geografía, historia y paisaje, historia y territorio, en una mirada de conjunto, donde la cartografía  (el plano, el croquis) servía como  punto de tangencia entre ambas disciplinas. Son raros los historiadores que  buscan apoyo en la geografía humana y en la geomorfología o geografía física. La mayoría de los autores antiguos, simplemente las soslaya. Hoy,  por fortuna, cunde entre los historiadores  la urgencia por incorporar la visión  geográfica del paisaje  y del territorio, al estudio de cada una de las comunidades humanas. El geógrafo alemán  Karl  Ritter (1759-1839) decía muy sabiamente:  "la Naturaleza (Natur) y la Historia (Geschiche) son términos que se hallan  perpetuamente asociados; entre éstos debe gravitar  el pensamiento del geógrafo humano", y - agregamos nosotros- también  del eco-antropólogo (Cfr. Albert Demangeon,  Problèmes de géographie humaine, Librairie Armand Colin, Paris,  1952: 27).

 Es exactamente lo que trató de plasmar en sus escritos nuestro amigo Patricio Advis  Vitaglic.


Fugaz encuentro.

Surcaste, valiente, un día
el fiero Tamarugal,
montando como tu guía,
en bello y bravo alazán.

A  la vera del camino,
hallaste a Diego, el ladino;
él susurrando te dijo,
entre ansioso y atrevido:
"Patricio, tu eres mi hijo".


En el día del  primer aniversario de su partida de este mundo, sirvan estas breves reflexiones para alivio y consuelo de sus seres queridos que lo lloran, así como para  animar a los futuros investigadores de la tierra tarapaqueña a  seguir fielmente sus pasos. 

Patricio Advis tiene aún mucho que enseñarnos.


Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.)

Centro del Desierto de Atacama
Pontificia Universidad Católica de Chile.

Iquique 30 de diciembre 2012.











jueves, 27 de diciembre de 2012

Descripción de la caleta Paposo y sus residentes changos en 1815: Valiosas observaciones de un comerciante francés.


             Portada de la obra original francesa  (2ª edición, 1824).

Fotografía tomada por nosotros en Internet a la portada de la obra del comerciante viajero francés Jullien Mellet, de la 2ª edición de esta obra  (1824). Curiosamente,  no se señala aquí su apellido, salvo por una M mayúscula, seguida de varios asteriscos, tal vez para no despertar suspicacias y recelo en las colonias españolas recientemente independizadas de la Madre Patria. Porque Mellet cita detalladamente las actuaciones de numerosos personajes de su época,  unos que le fueron francamente benévolos  y propicios, y otros que lo persiguieron o estafaron, causándole  mucho sufrimiento. En el año de la publicación de la obra, casi todos ellos  estaban aún vivos.


¿Quién era Jullien Mellet ?.

No sabemos prácticamente nada del autor, salvo lo que  él mismo nos deja entrever en su obra. Solo sabemos que era joven, originario  del departamento de Lot-en-Garonne, de la región de Marmande, que con inmensa audacia y energía se lanzó a América en un  barco que lleva armas y pertrechos militares a Buenos Aires para combatir a los corsarios ingleses. ¿Por cuenta de quién?. No lo sabemos.En su pequeño barco  van 40 marineros franceses, todos ávidos de aventuras. Se embarca en Burdeos en el año 1808. Permanece en América durante 12 largos años, y  recorre intensamente  su parte interior buscando siempre oportunidades de realizar transacciones comerciales con los productos  poco conocidos de América. Sus descripciones  aventajan en algunos aspectos a las de otros viajeros, que generalmente visitan los puertos por pocos días. Sufre infinidad de desventuras, robos y estafas a manos de españoles, las que relata  con frescura y desparpajo. Es un hombre de cierta cultura, aunque no precisamente un gran escritor como el mismo confiesa. Su afán confesado al llevar un prolijo "diario de campo" donde se anotan detalles de puertos, comarcas y ciudades, los productos de cada tierra, su clima, su gente , es ser útil a otros marineros y comerciantes que visiten estas mismas tierras. Lo dice expresamente: 

"Me he inclinado particularmente a conocer el modo de viajar por esos climas, los peligros que se corren, las distancias que separan las ciudades de las aldeas y villorrios, su diferente población, la rica producción del suelo, las artes que ahí pueden florecer y, por fin, las diversas ramas del comercio que ahí se hace". (Introducción, edición castellana 1959:11)).

Pero, a la vez, enfatiza que todo lo que dice es fruto directo de su observación personal: "la obra que entrego al público es el fruto de mis observaciones durante la estadía de doce años en la costa de tierra firme  la América meridional".

Señala que ciertamente algunos otros viajeros han podido visitar América antes que él, pero duda de la exactitud y precisión de sus relatos por la corta estadía o por no haber recorrido "el interior  de las tierras"  como el lo hizo esforzadamente por años. Si su obra- lo señala  explícitamente - no se caracteriza por un gran estilo, tiene la virtud y la  "ventaja de su exactitud y verdad [la] que garantiza como testigo ocular de todo lo que va a relatar". 

Uno de sus mayores méritos, desde el punto de vista de la antropología, es habernos  informado sobre la población de cada uno de ,los lugares que visita, lo que de por sí ya constituye una notable contribución a los estudios demográficos de América. No deja de ser interesante, además,  el interés demostrado  por Mellet por retratar del modo más fiel posible, el modo de ser, costumbres, maneras y  gracejo de las mujeres que ve a su alrededor,  de acuerdo a sus diferentes clases sociales. En esto se revela como un  auténtico sociólogo. Esta constante y fina observación de lugares, personas y ocupaciones, notoria en su Diario de Campo,  le lleva -cuando lo precisa- a interrogar a varias personas al respecto, con lo que se forma su propia opinión  y  nos garantiza su verosimilitud. Otro de sus logros es informarnos detalladamente acerca de las actividades económicas de los pobladores, lo que en el caso de los residentes changos de Paposo resulta de particular interés para nosotros. 


Época de su  viaje a las costas del Pacífico.

Estando recién llegado a Montevideo, se esparce allí la noticia del apresamiento en España del Rey Fernando VII, a manos de los invasores franceses, lo que le cuesta a él y a sus 40 compañeros, cárcel y confinamiento.  Chile, por aquellos años,  luego de la declaración de su Independencia en 1810, acababa de  sufrir los efectos de la sangrienta reconquista española llevada a cabo por el general  español Mariano Osorio  (1813). Los patriotas que habían abrazado la causa de la Independencia,  sufren graves exacciones y  encarcelamiento a manos realistas. Esta situación durará hasta las batallas de Chacabuco (1817)  y Maipú (1818), donde se sella con sangre y  definitivamente, nuestra independencia nacional. 

Nuestro objetivo:  conocer de cerca el  modo de vida de  los changos en Paposo.

 Dejando de lado sus aventuras y desventuras en Montevideo, Buenos Aires y la República Argentina,  viaja por tierra a Chile atravesando la Cordillera de los Andes por el paso de Uspallata. Después de diversas peripecias y percances, que parece solazarse en describir para amenizar su relato,  le veremos visitando Coquimbo y sus vecinas minas de cobre y plata. De aquí se dirige hacia la costa donde  visita la caleta de changos de Paposo. 

Cómo ve Mellet  a los residentes changos del Paposo.

Nos proponemos aquí, pues,  comentar, teniendo el original francés a la vista,  la descripción de lo que era esta casi desconocida caleta  "El Paposo" cuando recién iniciábamos nuestra independencia como país. El tema nos interesa sobremanera desde el punto de vista etnográfico, demográfico  y eco-antropológico, por cuanto el autor, en su visita de varios días efectuada el año 1815, hace explícita referencia al modo de vida, economía y costumbres de los pescadores recolectores changos que, en gran número,  pueblan aún esa franja litoral del desierto en nuestra frontera Norte.. 

¿Paposo o Papora?.  Un error bastante extraño.

Ofreceremos  aquí, con notas y comentarios nuestros,  el texto original de su descripción  de Paposo. Curiosamente,  en esta obra de 1824 el nombre de esta caleta costera  figura claramente  como "Papora". Ignoramos la razón de ser de este error, el  que no parecería ser simplemente tipográfico. El mismo error se repite un par de veces. No sabemos por qué tanto el  editor como  el traductor castellano de la edición  publicada en Santiago de Chile por la Editorial del Pacífico S. A. en  1959, no repararon en este detalle, a la vez que modificaron, sin razón aparente,  el título exacto de la obra, abreviándolo a su guisa. Extrañamente, en ninguna parte de la edición castellana se hace alusión al título exacto del original.

   En efecto,  la Obra original  lleva por título (ver carátula de la obra, supra): 

 "Viaje en la América meridional, al interior de la costa firme, y a las islas de Cuba y Jamaica, desde l808 hasta 1819, que contiene la descripción de las ciudades,  caseríos y aldeas de estas comarcas; la descripción ["pintura"] de las costumbres y usos de sus habitantes, y una apreciación  acerca de la fertilidad del suelo y la prosperidad del comercio; con  el relato de las desgracias que durante este viaje  ha experimentado  un habitante del Departamento de Lot-et-Garonne; obra útil a todos los marinos y a todos los negociantes".

Portada de la edición castellana publicada  por la Editorial del Pacífico, Santiago de Chile, 1959. Se puede observar la abreviación indebida del título de la Obra original del año 1824.


Parte del documento  que dice relación con Paposo, en traducción nuestra del francés (edición de 1824: 108-109)

"Capítulo  Vigésimo: Copiapo-Papora.

"...De Copiapó a Papora [sic! por Paposo], hay otro [camino] cuyo trayecto  es igualmente fatigoso y tan temible como el primero [de  Santiago a Copiapó]  (1). 

Papora [sic!],  aldea [bourg]  habitada por  indígenas tributarios, es gobernada por un Subdelegado y un cacique (2). La importancia de esta aldea no es algo que se deba destacar [ l´importance de ce bourg n´est pas de plus remarquables]. La pesca del congrio [conge] (3)  que los habitantes efectúan continuamente [continuellement] constituye su mayor fuente de ingresos [forme leur plus grands revenus]. No es menos cierto [sin embargo] que estos parajes son abundantes en pescados, cuya especie [típica] es de los mejores; ellos hacen de ésta [especie]  un gran comercio con Santiago y Lima, capital de Perú, donde es sumamente estimado y se vende a un precio muy elevado.A la vez, se hace  a orillas del mar que la circunda la caza de lobos marinos [la chasse de loups marins]  que existen [allí] en gran número. 

Esta caza se efectúa  por intermedio de varios hombres armados de grandes  garrotes con los cuales  aturden [atourdissent] primero a los lobos marinos. Se les da muerte, en seguida,  propinándoles  grandes golpes  sobre  el hocino [museau]  (4) .

A pesar de estas precauciones, estos  animales sabe defenderse muy bien y frecuentemente  los cazadores  son mordidos por ellos antes de ser atrapados. Una vez que les han dado muerte, cortan los dos perniles [jambons] los que hacen salar y secar para después consumirlos [qu´ils font saler  et sécher pour le manger ensuite] (5) y se sirven de su piel,  con o sin el [respectivo] pelaje, para vestirse [pour s´a  habiller]. (6).

Se encuentra, igualmente en los alrededores  [de Paposo] una especie de ciervo [cerf] , que se denomina caribou (7) cuya descripción  no es necesario hacer[aquí] por tratarse de un animal bastante conocido [para el público francés] (8).  Éste corre  extraordinariamente rápido y su cornamenta [cornes], más pequeña que las astas [bois]  del ciervo común,  es apta para hacer  hermosas obras [de artesanía]. Se le hace hervir en cal [bouiller dans le chaux] y con  ello adquieren  una blancura igual que la del marfil  [ivoire].(9).

Las uñas tostadas [l´ongle roti]  de este animal, aplicadas a las quemaduras [brülures],  las hace secar al instante. El caribou habita siempre las comarcas frías [les pays froids] (10).

La población de Papora  (sic!)  es de alrededor de 400 habitantes (11). Esta región [pays]  por ser [totalmente]  estéril en toda clase de productos, obtiene sus víveres de Copiapó. Los habitantes  viven de una manera muy frugal; se alimentan de maiz  [maïze] , de pescado [de poisson] ,  que ellos preparan de  diferentes maneras y de papas [pommes de terre]  de que disponen en abundancia [qu´ils ont à discretion]  (12).

Yo hice [aquí] una provisión bastante grande de congrio (13) y regresé a Coquimbo, lugar donde yo invertí parte de mis fondos  comprando cobre reducido a lingotes  [cuivre réduit en lingots]  y pocos días después, me embarqué  al Callao, distante 550 leguas por mar."  (páginas 109-110 del original francés).

Observación. Los paréntesis cuadrados [---] señalan una adición hecha por nosotros o muestran,  en negrita,  la palabra o frase exacta empleada en el texto francés. Los números incluídos entre paréntesis redondos    (---), son nuestras Notas  de comentario al texto.

Nuestras Notas de índole eco-antropológica.

(1)   Trayecto cubierto a lomo de mula o caballo, y acompañado probablemente por un par de sirvientes  o  baqueanos, expertos  conocedores de la ruta.

(2)  Esta "Nota" es del propio autor en su texto,  y dice: "Autoridad considerada entre ellos como la de un  Capitán el cual  sirve de intérprete al Subdelegado, al que está subordinado".  Este "cacique" , a lo que parece, es buen conocedor del  idioma atacameño o kunsa, lengua que sospechamos  era la propia de los pescadores residentes en esta porción sur  del litoral del Antofagasta. Estamos convencidos de que  en toda la costa  norte chilena los changos costeros no poseían lengua propia alguna, sino hablaban la propia de las comunidades agrícolas del interior, con las que tenían trato continuo, en este caso concreto, la del Salar de Atacama,  es decir,  el kunsa o atacameño. La presencia de un  "cacique" entre los changos nos habla, ademas,  de la mantención de una vieja estructura social de tiempos indígenas. Es incluso bastante probable -aunque le texto no lo diga- que entre ellos haya sobrevivido la organización indígena del ayllu, tal como existió entre los atacameños, sus más inmediatos vecinos.

(3)  La pesca del congrio, en sus tres especies conocidas en el norte de Chile (congrio colorado, congrio negro y congrio dorado) constituía a una de las tareas constantes de estos residentes changos. En efecto, lo capturaban  mar adentro  mediante sus balsas de cueros de lobos marinos, lo secaban y salaban, y en calidad de charqui lo comerciaban con las poblaciones agrícolas del interior y la sierra. Los españoles le denominaron, por eso mismo, como "charquecillo". Sospechamos fundadamente que no sólo el congrio en sus tres especies: Genypterus chilensis (congrio colorado), G. maculatus (congrio negro) y G. blacodes (congrio dorado) era  hecho charqui, sino también  otras especies comunes como  el tollo, la corvina y tal vez, otras más. 

(4)  El hocico del lobo marino es su lugar más delicado y vulnerable. La cacería del lobo marino daba a los indígenas varios productos sumamente apetecidos: a) su carne (máxime la de los lobeznos o  ejemplares juveniles); b) su sangre, la que bebían;  d)  su cuero, par la fabricación de la techumbre de sus chozas y sus balsas de pesca; e) su vejija, para la confección de odres para el transporte del agua   de beber, y, por fin, f) algunos de su huesos de sus extremidades  para la elaboración de  los chopes de mariscar.  Respecto a su empleo como carne fresca, sirva de referencia lo que nos refirieron algunos guaneros que trabajaban en la guanera de "La Paloma", poco al Sur de Pabellón de Pica, en los  años  1993-94. Espiaban entre dos y tres hombres  a los lobos juveniles  en el momento de su salida a las rocas de la orilla, en algún caletón vecino,  para asolearse,  y allí les asestaban un certero golpe en el hocico  con  un palo grueso.  usado como macana. Esta carne  cocida o asada, la consideraban un gran lujo. La carne de los ejemplares adultos, en cambio,  no les apetecía. (comunicación  personal  in situ del  finado Antonio Ruiz,  Juan Carlos Gutiérrez,  y Aurelio Madrid, Enero de 1994).

(5)  Después de cazar,  al modo dicho (nota Nº 4),  los ejemplares jóvenes del lobo marino, los cortaban en  lonjas delgadas y las ponían a secar, no sin antes salar convenientemente los trozos para asegurar su conservación. El secado y a veces el ahumado se realizaba a la orilla de playa, , extendiendo los trozos de  carne sobre talos de  huiros. La presencia perenne de abundante cantidad de  huiros arrojados por el oleaje de las especies Lessonia nigrescens o Macrocystis sp. (su combustible habitual),  facilitaban enormemente esta tarea.  Al cabo de algunos días,  el charqui estaba ya listo para su uso o transporte a las comunidades aledañas.Esta faena debía ser constantemente vigilada durante día  y noche  por los pescadores, para ahuyentar a los jotes (Cathartes aura) o cóndores  y/o evitar el robo de la carne por parte de los infaltables zorros. Este "charquecillo" era su apreciada  moneda de cambio para obtener de los habitantes de  las aldeas agrícolas de Atacama (Peine, Socaire, Cámar, Toconao y San Pedro de Atacama) el maíz, la oca, la quínoa y las papas con que complementaban su dieta habitual de pescado,  mariscos y algas.  La referencia de algún autor temprano de que sólo "se alimentaban de pescado", es ciertamente  errónea  y revela falta de observación atenta.  

(6)  Este dato es para nosotros de enorme interés. Si hemos de creer en las dotes de observación de Mellet, de que hace gala frecuentemente,  el comerciante francés vio efectivamente a los changos del Paposo vestidos con  cueros de lobos marinos ciñendo su cuerpo o sus cinturas. La cita dice expresamente: "y se sirven de su piel....para vestirse".   Más aún,  agrega cuidadosamente otro dato sugestivo: Estas pieles las usaban "con o sin el pelaje", es decir  podían usarlas del lado más blando provisto de  pelo, o del lado opuesto, con el cuero a la vista.  ¿Qué más podría pedirse a Mellet  en materia de observación?. Pero, además, esta referencia explícita nos sugiere  otra cosa  en términos de  su evidente no-aculturación:  pues aún visten al modo tradicional antiguo y  no usan  vestimenta europea de ninguna clase. De este  escueto dato pienso yo que se puede derivar aún otra consecuencia, sin forzar para nada el texto : que no estaban al servicio de los españoles y practicaban su vida semi nomádica tradicional: el mudarse caleta en caleta  dependiendo de la pesca obtenida. Si hubiesen estado de alguna manera al servicio de algún español o europeo  (v.gr. explotando alguna mina vecina o criando  cabras u ovejas),  de cierto  les habrían  obligado a "vestirse honestamente", usando algún tipo de camisa y  pantalón (los varones),   o blusa y falda ( las mujeres).  De esto podemos estar casi ciertos. Y esto revela que allí  viven aún, como diría don Pedro Lozano Machuca, "como en tiempos de la gentilidad". Y los describe así en la rada de Atacama (Cobija) hacia 1580: "Es gente muy bruta: no siembran ni cogen y susténtanse de solo pescado". (Lozano Machuca, 8 de noviembre de 1581. en Casassas,  "Una carta del Factor de Potosí: Contribución al estudio de la temprana historia colonial de los Andes Meridionales", Boletín Nº 2-3 Centro de Documentación (CEDOC), Universidad del Norte, 1972: 31-43).

(7)   Qué especie animal representa este  extraño ser aquí nombrado como caribou?. La edición  española de 1957 de la Editorial del Pacífico (Santiago de Chile)   traduce, groseramente,  como "caribón  (¿?)". El término es,  evidentemente,  inventado.  El texto francés, sin embargo, es totalmente claro: apunta: "caribou". El autor quiso referirse a nuestro gran ciervo andino o taruka o huemul tarapaqueño -porque de esta especie se trata sin la menor duda- con la denominación más cercana que pudieran entender los franceses:  el caribú, gran ciervo o reno, habitante de los bosques nórdicos del Canadá francés. Esta especie de reno canadiense (Rangifer tarandus L.)  es comestible, domesticable y  conforma numerosos ganados de propiedad de lapones y otras etnias nórdicas de Suecia, Noruega y Rusia. Los lapones de Finlandia y Noruega  crían hasta hoy numerosos tropas de renos domesticados, que  mantienen  bajo estricto control, mientras que en el extremo norte de Norteamérica (Canadá, Alaska y Groenlandia) este animal se mantiene únicamente en estado salvaje. Que sepamos, nunca fue domesticado por las tribus atapascanas o esquimales. El hábitat actual del huemul andino o taruka   está restringido sólo a la cordillera de Arica. Le hemos visto un par de veces en los alrededores de  Putre y Caquena (altiplano de Arica).  No se le conoce hoy  en estado salvaje ni en Tarapacá, ni menos mucho menos en  la Región de Antofagasta. Pero su presencia, testificada aquí por Mellet en 1815  en los cerros  costeros de Paposo donde existe una vegetación de Lomas  variada y singular provocada por las neblinas o camanchacas, nos prueba la existencia, en tiempos antiguos,  de un rango de  distribución  mucho mayor que el actual, hoy  de carácter residual o más bien, relictual.  Por la misma razón, sospechamos fundadamente que debió existir también en los oasis de niebla de la costa tarapaqueña  hace uno o dos milenios atrás, cuando dichos oasis ostentaban una  mayor superficie, y mayor variedad y vigor  vegetacional. Tal vez futuras excavaciones en los oasis de niebla, en busca de paleosuelos,   nos darán  un día la razón.  

(8)  Los franceses conocían, en efecto,  numerosos relatos de aventureros, misioneros y buscadores de oro que se adentraron audazmente en estos territorios vírgenes del Canadá y  Alaska en busca de fortuna o almas para salvar.  

(9)  La cornamenta de la taruka es mucho más pequeña y simple que la descomunal que ostenta  el caribú.  Pero fuera de este rasgo,  el parecido entre caribus y  tarukas, es evidente.

(10) En efecto, el caribú habita las zonas boscosas húmedas y heladas del Norte de Canadá, Alaska y Groenlandia.Soporta bien muy bajas temperaturas invernales. También la taruka es un residente habitual de las zonas frías situadas por sobre los 3.700 m de altitud en la vertiente occidental de los Andes sur peruanos y  ariqueños. El clima  húmedo y frío de la zona sujeta a la camanchaca costera,  especialmente sensible en la zona de los cerros que circundan  El Paposo, podía perfectamente suministrarle su alimento preferido:  consistente en líquenes, coirón o ichu (Stipa sp. o paja brava)  y otras especies de Bromeliáceas (Tillandsia spp. y otros  géneros afines) y Atriplex locales.

(11)  Este dato poblacional nos impresiona por lo potente.  Se trata, sin duda alguna no del número de indios "tributarios", sino de su  población total. 400 habitantes todos ellos changos con excepción del subdelegado español) equivalen, aproximadamente a  unas 92-94 familias ( ratio 1: 4.3), lo que constituye una población muy numerosa. Mellet se esmera en todo su obra por ofrecernos los datos demográficos más fidedignos que puede conseguir con sus interlocutores: es uno de sus objetivos confesados. La cifra, posiblemente le fue confiada por el Subdelegado español que sin duda entrevistó al efecto.  Sabemos que hubo y aún hoy hay en la zona  varias aguadas o vertientes (puquios) en el área de Paposo-Taltal. Unas, cerca de la orilla y otras, las más potentes,  a una altitud aproximada de  100-130 m snm., en quebradas adyacentes. El agua es de excelente calidad, como lo hemos podido  comprobar personalmente.  

(12)  Maíz, papas, quínoa  ají y oca, además de la siempre infaltable coca, lo obtenían por medio del trueque con las aldeas  atacameñas del interior de Antofagasta, por su charquecillo de congrio y panecillos de  luche (algas secas de la especie Ulva lactuca,  llamada lechuga o lechuguilla), 

(13) Al regresar nuevamente a Coquimbo, el comerciante francés lleva una gran provisión de charqui de congrio o "charquecillo", al haber adquirido la  plena certeza de poder venderlo con  facilidad en la ciudad, donde era muy apreciado. . Efectivamente,  como producto de este comercio,  logra llevar consigo  al Perú un buen cargamento de lingotes de cobre. Sospechamos que el objetivo principal  de su  viaje al Paposo  fue,   precisamente, para obtener allí, de los changos residentes, una buena remesa de charquecillo, producto  que en ese momento era para él su  mejor moneda de cambio.  El hábil comerciante sabía bien  qué hacer en cada lugar para lograr una buena y rápida  ventaja económica. El hecho de que logre comprar en muy pocos dìas,  una gran cantidad de kilos de charquecillo, (por desgracia, no nos indica cuántos)   es un claro indicio de que los changos, en ese tiempo, seguían dedicándose fundamentalmente a su elaboración, como ágil moneda de trueque en esos lugares. Mellet no desdeña este comercio que le resulta a la postre tan ventajoso. Así, pues, gracias al "charquecillo" hemos obtenido de  Jullien Mellet una valiosa descripción de Paposo y sus habitantes changos.  

De este puerto de Coquimbo se embarca para el Callao, puerto peruano  todavía bajo el dominio español, el que describirá después en detalle..

Corolario eco-antropológico.

De la sumatoria de datos suministrados directa o indirectamente por Mellet, se deduce bien cómo un antropólogo  cultural  puede y debe  exprimir la información, mediante el empleo de una fuerte base biológica y ecológica, para  lograr una  descripción más rica y enjundiosa de un texto relativamente parco y escueto; "une peinture", en palabras de Mellet) de las costumbres usos y economía de las antiguas etnias de pescadores recolectores costeros del desierto norte chileno y sur peruano.El tratamiento que hemos dado a las Notas" del texto  es, precisamente, el objetivo buscado: hurgar en el trasfondo eco-antropológico de los textos históricos, por más breves que éstos sean.. 













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sábado, 15 de diciembre de 2012

El corsario inglés Francis Drake saquea el puerto de Iquique: relato del capellán Francis Fletcher.

En el mes de diciembre del año 1577, el corsario inglés Francis Drake (1543-1596) al servicio de su Majestad británica Isabel  I,   "visitó"  las costas del extremo norte de  Chile. No lo hace como visita amistosa y bienvenida, pues aprovechándose de la total indefensión de estos puertos del Pacífico,  saqueó y  robó todo lo que  pudo. De la reina de Inglaterra Isabel I,  (Elizabeth I)  había recibido patente de corso, por lo cual tenía derecho a un porcentaje importante de todo el botín que se capturara durante la travesía. Con su visita,  se inaugura el lúgubre  período de  presencia de corsarios y filibusteros europeos (ingleses y holandeses)  en nuestras costas.  El daño que estas visitas causaron a los españoles, sus instalaciones  y su comercio, fue inmenso y, por cierto, totalmente inesperado. 

Al mando del Golden Hind, pequeño y ágil galeón de apenas 100 toneladas y con una dotación de unos 80 audaces marineros, dispuestos a todo,  puso en jaque por muchos meses el dominio indiscutido del mar  Pacífico por parte de los españoles.  El capellán de la expedición, Francis Fletcher,  recogió en su bitácora  de viaje, los pormenores más interesantes de esta travesía.  Nos interesa aquí poner el texto,  traducido por nosotros del idioma original, el inglés de la época,  y ofrecer una serie de  Notas alusivas al mismo. Hay razones para creer que también Drake llevó un Diario de Viaje, pero éste, por desgracia,  no ha sido encontrado.  Por lo cual el único testimonio sobreviviente de sus "hazañas"  es el "Diario" que llevó durante la travesía  su capellán anglicano Francis Fletcher. 

Después de "visitar" y asolar el puerto de Coquimbo, enfila Drake hacia el Norte, en procura de los puertos
de Arica y del Perú.

El texto referente a la  presencia del corsario en Iquique, en traducción  nuestra,  es el siguiente:

"Desde aquí [esto es, desde el puerto de Coquimbo],  nos dirigimos a un cierto puerto llamado Tarapaça (1), y habiendo desembarcado allí, encontramos a la orilla del mar a un español que estaba durmiendo, el cual tenía  a  su lado 13 barras de plata [13 barres of silver] (2)  que pesaron 4.000 ducados españoles (3) ; nos apoderamos de la plata (4)  y dejamos [ir] al hombre. No lejos de aquí [not far from hence],   yendo a tierra  en busca de agua (5), encontramos a un español y a un niño indígena arreando 8 llamas u ovejas del Perú, las cuales son grandes como asnos (6); cada una de estas ovejas llevaba en su lomo dos bolsas [o capachos] de cuero  [bags of leather] (7) , y cada bolsa  contenía un peso de 50 libras de plata fina (8). Así, habiendo tomado tanto las ovejas como su carga y conducídolas a los barcos, encontramos en todas las bolsas un peso total de 800 [libras] (9).

Desde aquí navegamos  a un lugar llamado Arica, y habiendo entrado al puerto hallamos allí tres pequeñas barcas [barkes](10)   las que fueron saqueadas [rifled]  y hallamos en una de ellas  57  cuñas [wedges] de plata, cada una de ellas pesó  alrededor de 20 libras (11), y cada una de estas cuñas (o barras) eran del aspecto y tamaño de una tejuela (12).  En ninguna de estas tres embarcaciones hallamos a nadie, ya que sin desconfiar de alguna presencia extraña [unstrusting no strangers],  todos habían descendido a tierra a la ciudad, la  que consistía  en alrededor de veinte casas (13), las cuales hubiéramos  saqueado si nuestro grupo hubiese sido mejor y en mayor número. Pero  nuestro General, satisfecho con el despojo de los barcos, dejó la ciudad y se hizo  nuevamente a la  mar y pusimos timón hacia Lima;  por el camino, topamos con una pequeña barca la que abordamos y hallamos en ella  una buena provisión de tela de lino (14), de la que tomamos cierta cantidad y la dejamos ir. A Lima llegamos  el 13 de febrero (15) y habiendo entrado al puerto, hallamos allí alrededor de doce barcos  a vela,  fuertemente anclados....". (página 240).

(Texto tomado directamente de la versión de Internet, inauthor&quot, Francis Fletcher & quot., Appendix V, page 240, Extracts from Hakluyt´s  Voyages, december 1577; traducción nuestra).


Nuestras Notas al texto aquí transcrito y traducido:

(1)   Después de haber saqueado el puerto de Coquimbo, Drake  (el "Draque" para  los españoles) arriba al puerto de Tarapacá. Este no  era otro que Iquique. El nombre Tarapaça, curiosamente,aparece escrito con "c" con cedilla. No sabemos la razón. En todo caso, en los documentos tempranos españoles tampoco se suele acentuar en la última "á" este nombre, conservándose así la pronunciación  indígena original como "Tarapaca", acentuándose  en la penúltima sílaba. No se le nombra aquí con su nombre indígena de  Ique-ique, ni parece esto  haberse interesado mayormente al corsario  Drake o a Fletcher  el cronista de la expedición..

(2) La presencia de estas barras de plata en el puerto de Iquique por estas fechas, muy probablemente  sugiere ya o comprueba, tal vez,   la existencia de contrabando de la plata desde las minas de Huantajaya, muy próximas, Estaban listas en la playa para ser expedidas por barco hacia  el Perú o,  tal vez,  para ser cambiadas por mercaderías y víveres (alimentos) traídas por otros barcos o faluchos, que efectuaban este contrabando. Lo legal era que toda la producción de las minas de plata en barras, fuera conducida  en recuas de mulas hasta las "Cajas Reales"  (Tesorería)  de Carangas, el único lugar donde legalmente podían ser "quintadas",  pagando así el minero el correspondiente impuesto del "quinto real" al rey de España. Pero, a causa de la inmensa distancia y la falta total de fiscalización y control,  no pocos mineros eludían este trámite y efectuaban un mercadeo directo en los puertos para hacerse de provisiones o dinero en efectivo.La falta total de provisiones en Iquique constituía  su mayor carencia.

(3)  Un ducado español comportaba el equivalente a  375 maravedíes. Pero no se acuñaba moneda  equivalente a un ducado; sólo de maravedíes y reales. El robo aquí  ejecutado por  Drake y sus marinos en Iquique le significó una ganancia de 1.500.000 maravedíes, o, lo que es lo mismo, de  44.118 reales. Una verdadera fortuna.

(4)  Esta plata pura, ya reducida a barras, a no dudarlo,  provenía de las  cercanas minas de Huantajaya, situadas " a dos leguas" del puerto,  en los cerros de la Cordillera de la Costa detrás de Iquique, donde por esas fechas la viuda del encomendero Martínez Begazo, Ana Dávalos, estaba aún labrándolas, pues eran parte de la encomienda otorgada por Francisco Pizarro en 1540 a su difunto esposo.

(5)  Casi con certeza el lugar aquí indicado, situado a poca distancia de Iquique  hacia el Norte, no puede ser otro sino Pisagua. Por varias razones: a) el rumbo que llevan  los corsarios es hacia el Norte (Arica y después, Lima);   b) porque  creemos estaba  ya establecida allí una muy incipiente colonia española (en "Pisagua Viejo");  y   c) por la posibilidad cierta de surtirse de agua  en la desembocadura de la quebrada de Tiliviche o Pisagua, objetivo central de su recalada. Durante toda la época colonial, la isla de Iquique, donde se explotaba el guano  fósil de aves marinas, se abasteció de agua dulce de buena calidad desde Pisagua, según las fuentes. Las aguadas locales -que las había en Bajo Molle-, eran muy salobres y sólo eran usadas por los indígenas locales, los camanchacas o changos.

(6)  Dato muy interesante. Porque para la fecha  (1577)  aún se hacía el transporte de minerales  a lomo de llama (Lama glama), siguiendo el modelo tradicional andino prehispánico,  y  este dato nos aporta la prueba de que todavía  por esas fechas  (1577) no se populariza el empleo de mulares para tal efecto, lo que será ya común a partir del siglo XVII.  El capellán Fletcher en su Bitácora siente la necesidad de explicar a sus lectores ingleses  a qué  animal  europeo ( en este caso , el asno) se parece este extraño camélido sudamericano, bastante poco conocido aún en Europa.

(7)  Las "bolsas" de cuero (leather bags)  son,  sin la menor duda ,los "capachos",   ampliamente utilizados en el laboreo de las minas coloniales, y eran   hechos del cuero de lobos marinos o del cuero de llamas. De estos capachos,  ya resecos  y averiados, hemos hallado  numerosos ejemplares en los botaderos de basuras coloniales en el mineral de Huantajaya, los que, restaurados,  conservamos en nuestra Colección. (Vea etiqueta  "Odres de cuero", en este mismo Blog, con fecha  03/09/2010).

(8)  Una libra de plata fina  posee hoy un peso aproximado a  los 553,6 gr. Siendo esto así,  cincuenta libras - de las que se habla en este texto- corresponderían  a  un peso de 22,68 kg. Ahora bien, si  cada llama portaba dos "capachos",un o a cada lado  y cada uno con unos  22,68 kg,,  el animal habría llevado un peso  total de carga estimado en  45,36 kg.  como máximo. Es casi seguro que este cálculo o está algo abultado,  o la libra inglesa de entonces pesaba algo menos (lo que es muy posible, pues había gran variabilidad en el peso de la libra, según la región de Europa), porque se sabe que  las llamas difícilmente transportan más de 40 kg. de peso total  en distancias largas. La carga máxima normal de una llama para cubrir distancias largas se ha estimado en unos 35-36 kg.. Cuando la carga supera  dicho peso, el animal se echa al suelo y no se levanta por más que se le dé golpes. Es la experiencia diaria de los arrieros andinos.

(9)  800 libras de plata significaban  aproximadamente  362,88 kg. de plata fina: ¡ toda una fortuna!.

(10)   Estos "barkes" deben ser considerados, a lo que creemos, como  pequeños  faluchos o lanchones de transporte para tramos costeros cortos, y de ninguna manera  grandes embarcaciones. Algo así como las afamadas  "lanchas maulinas" de fines de la Colonia en la zona centro-sur de Chile.

(11)  Veinte  libras comportan algo más de 9 kg., lo  que era el peso de cada barra [wedge] o cuña de plata fina.

(12) No nos queda muy claro qué ha de  entenderse aquí por una "tejuela" y cuál fue exactamente su forma. No parece referirse el texto  aquí a las tejuelas de barro cocido  (tejas),  hechas para formar la techumbre de las casas coloniales en Chile central o del  Perú colonial. Porque su forma delgada y combada no se aviene en  absoluto con la  propia de una "barra" de plata. ¿Se tratará aquí de una forma de "tejo" , como le usado en el juego de la "rayuela"?.

(13)  Arica por entonces, (enero de 1578) es tan solo una mísera aldea de unas 20 casas. Pero de un incipiente  comercio marítimo, a juzgar por el número de tres  embarcaciones que Drake encuentra  surtos en la bahía, al ancla.

(14)  El lino era la  tela de lujo  de la época y estaba destinado a la confección de  vestimenta para las personas pudientes.

(15)  Si al puerto de  Iquique Drake arribó a fines del mes de diciembre de 1577, quiere decir que la travesía de Iquique a Lima,  con  escaso viento de popa, duró cerca de dos meses, contando los días de recalada en los puertos citados y por él saqueados. A lo que parece, nadie alcanzó a avisar ni a los de Arica  ni a los del Callao, de la presencia del corsario inglés  y sus fechorías. Al menos no hay el menor indicio de ello en el Diario del capellán Fletcher. De hecho, no se le ofrece resistencia alguna.  Lo que probaría, tal vez,  que por entonces  no había aún cañones de defensa instalados en los puertos,  o barcos armados, o que las comunicaciones por tierra eran excesivamente lentas. Nos preguntamos: ¿ya no estaba en funciones  el camino del Inca o  Qhapaqñan por esos años?. Esta senda, por la que siguió funcionando el correo terrestre  en la Colonia temprana, a lo que se sabe,  pasaba de cierto por la ciudad de Arica.

(capítulo en construcción. Nos faltan fotografías del galeón "Golden Hind" cuya réplica se ve hoy a orillas del Támesis  en Londres, y una pintura del corsario inglés Sir Francis Drake, del que existe un excelente  cuadro de la época).