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sábado, 22 de junio de 2019

Extrañas vainas de una casi desconocida planta autóctona del Norte de Chile: la "fortuna", espinillo o "kuti huaynitu".


Una planta muy poco conocida en Chile.

Fig. 1.  Sector denominado Comiña, entre las localidades de Matilla y Pica. A los costados del camino de tierra que penetra hacia la zona de parcelas situadas más al Norte, se puede observar  gran cantidad de  especímenes de "Fortuna" o  "Retortón", que brotan  en forma natural  junto a los antiguos cercos de caña. Es ésta una planta rastrera,  tal como se puede observar en las figuras 1 y 2, pero puede erguirse hasta los  50-80 cm  o más aún,  aferrada a los cercos divisorios de las propiedades.  (Foto H. Larrain, agosto 2016).


Fig.  2.  Esta planta tiende a  llenar los espacios donde  crece y con sus abundantes espinas  dificulta el paso de personas y animales. En las actuales chacras de frutales, es rápidamente eliminada por sus dueños, por su carácter invasivo. (Foto H. Larrain,  Septiembre 2016).

La cocha de la localidad de Pica.

El viajero que llega  a bañarse a la famosa "cocha" del pueblo  de Pica, a 100 km al interior de la ciudad de Iquique (Norte de Chile), se encuentra con numerosos puestos de frutas que exhiben  la producción de la zona: limones, mangos, guayabas, naranjas, tangelos,  pomelos. También  se exhibe, en pequeños puestos,  artesanías traídas del Perú y Bolivia, especialmente prendas de vestir tejidas con pelo de llamas u ovejas y, por excepción en el caso que nos ocupa, algunas artesanías  locales.  A ellas nos referiremos aquí.

Esta "cocha" (= "mar", en lengua quechua) es un tranque que recoge las aguas calientes que brotan de un antiguo manantial  conocido como "El Resbaladero".  Sus aguas son aprovechadas desde tiempos coloniales para el regadío de numerosas chacras. Éstas, dan vida al oasis. Esta "cocha" es una de las cuatro conocidas desde antaño en Pica (Concoa, Resbaladero, Las Ánimas y  Jesús María). Casi seguramente de origen indígena algunas de ellas, los españoles  las ampliaron  considerablemente y con ellas regaron sus propiedades frutícolas, incrementando notablemente el área agrícola regada. El nombre de una de éstas: "Concoa"  es ciertamente indígena, a diferencia de las otras que delatan claramente su origen hispano. "Con" era el nombre con que era venerada  una divinidad puquina, etnia originaria que ocupó buena parte de los territorios de Arequipa, Moquegua, Tacna y Tarapacá, según los estudios del lingüista peruano  Rodolfo Cerrón Palomino. Muy probablemente, ésta sea la cocha más antigua, existente desde tiempos indígenas. Los españoles, al asentarse allí desde mediados del sigo XVI, ampliaron el sistema, abriendo nuevas galerías, pero siguiendo el  procedimiento antiguo.

 Fig. 3. La cocha  de Pica en el sector llamado "El Resbaladero". De un socavón practicado al fondo, brota la abundante vertiente de agua caliente,  de origen volcánico. (Foto H. Larrain, agosto 2017).


Fig. 4.  Vista hacia el estanque utilizado  para riego,  que acopia  y recoge las aguas  procedentes de la cocha principal  de "El Resbaladero". (Foto H.  Larrain, agosto 2017).

Fig. 5. Ornamentación reciente que caracteriza los principales frutos que se producen en el oasis de Pica. Punto de ingreso a la cocha "El Resbaladero". Mi hija María Cristina, en su visita del mes de agosto 2017. (Foto H. Larrain).

Atracción turística.

La cocha "El Resbaladero" se ha transformado hoy en una espaciosa y bien cuidada piscina municipal, muy concurrida, a la que acuden numerosos visitantes en invierno y verano, para refrescarse con sus aguas calientes, a las que la gente, además,  atribuye propiedades medicinales. Sus aguas sulfurosas y calientes, en efecto, delatan un origen evidentemente volcánico. Los nombres castellanos de estas vertientes  (El Resbaladero, Jesús María o Miraflores),  comprobarían, casi seguramente, su apertura en tiempos españoles, pero siguiendo el antiguo patrón de riego indígena.

Una extraña legumbre: el  mastuerzo o "fortuna".

Uno de los frutos de la escasa vegetación  autóctona que ha logrado sobrevivir en el lugar es el mastuerzo, espinillo o retortón (Prosopis strombulifera), que  es utilizado hoy profusamente con fines artesanales en la localidad de Pica. En dos capítulos anteriores, publicados en este mismo blog (Ver bibliografía , abajo) hemos hecho alusión a este raro representante del género Prosopis, de la familia botánica Fabaceae. "Raro", por ser casi la única especie arbustiva de su género que comprende casi únicamente especies arbóreas, estudiadas por el botánico argentino Arturo Burkart (1906-1975), y "raro" también, por la extrañísima forma que presenta su fruto, fuertemente retorcido  en espiral, a la manera de un resorte.

El kuti huaynitu  o "fortuna".


Fig. 6.   Hojas, flores  y frutos  de la especie llamada "Fortuna"  o "kuti hauynitu" en la localidad de Pica  (Foto H. Larrain,  septiembre  2016).



Fig.  7. La abeja de miel (Apis melifera)  libando sus flores  en forma de cabezuela, de un amarillo intenso.  (Foto H. Larrain, septiembre 2016).

Fig. 8.  Observe los curiosos frutos retorcidos en espiral, semejando un resorte,  característicos de esta especie de Prosopis. Su peculiar forma ha dado origen a  su nombre como "retortón"  o también "retortuño", con que se le conoce en  nuestros países vecinos.

Fig. 9.  Sus espinas pueden alcanzar los 2,2 cm. de longitud. La profusión de  espinas es algo característico de todos los representantes del género Prosopis. En  la especie Prosopis alba (algarrobo) de la zona central de Chile, éstas pueden alcanzar  hasta un máximo de 8 cm.(Foto H. Larrain, septiembre 2016).

Materia prima para artesanía popular.

En este capítulo, nos vamos a referir especialmente  a la utilización con fines artesanales, de las vainas o  frutos de esta curiosa especie de Prosopis,  presente en la zona. En nuestro país,  esta planta es muy poco conocida por lo restringido y alejado de su habitat actual. Se le ha encontrado preferentemente en el área de Pica-La Huayca, en el Tamarugal  pero también, hay referencias a su hallazgo reciente en  el humedal del río Lluta (Arica). Pertenece al género Prosopis, y los lugareños  la conocen vulgarmente en Pica con el nombre de "fortuna", mientras que los residentes aymaras locales la denominan invariablemente en su lengua como kuti huaynitu, como lo hemos podido constatar personalmente. El nombre de "fortuna" alude a la "buena suerte" que trae el poseerla y llevarla consigo.  Los nombres de "mastuerzo", "espinillo",  "retortón" o "retortuño" que aparecen en la bibliografía de esta especie, no se conocen en nuestro medio chileno  (Tarapacá).

Caracterización botánica.

Esta especie, de la familia de las Fabáceas o Mimosáceas,  recibe el nombre  botánico de Prosopis strombulifera  (Lam) Benth.  y a causa de  su pequeño tamaño, pasa casi desapercibida en el paisaje. A diferencia de todas las otras especies de Prosopis, que son árboles, esta última es de carácter arbustivo pequeño y generalmente se la encuentra achaparrada o apegada al suelo, alzándose normalmente no más de unos 50-80 cm del suelo. Muestra clara preferencia por lo suelos salinos, de suerte que se le considera  una excelente especie paras colonizar  suelos desérticos, de vegetación  escasa o nula. Sus raíces son gemíferas, es decir pueden producir  plantas nuevas a partir de la raíz,(al igual que el chañar), razón por la cual se le suele encontrar formando mantos enmarañados  (Vea Fig. 1). Es muy resistente a la sequía. La hemos visto desarrollarse en parajes  secos, como orillas o bordes de pasajes,  huertas o  senderos,  pero a poca distancia de lugares de riego actual o antiguo (Vea Figs. 1 y 2). Se la puede observar a la entrada poniente del poblado de La Huayca, junto a antiguos canchones o "chacras sin riego", donde seguramente  proliferó durante su expansión (siglo XIX  hasta los años 1940-50 aproximadamente). Es conocida en los países vecinos como "retortón", "retortuño",  o "mastuerzo", o "espinillo", nombres del todo desconocidos entre nosotros.

Objetos de artesanía popular.

En los párrafos que siguen, presentaremos imágenes de la planta con sus vainas (legumbres) y semillas y  los objetos de artesanía que avezados artesanos han estado elaborando con ellas, desde hace 10-15 años, a lo menos,  demostrando  habilidad y destreza, además de ingenio y arte.

Fig. 10.   Puesto de venta de artesanía popular  en las proximidades  de la cocha de Pica. Aquí se expenden variados objetos de adorno  confeccionados con semillas de algarrobo, tamarugo y  "fortuna" o mastuerzo (Foto H. Larrain Septiembre  2017). 

Fig. 11.  Una clienta curiosa observa las variadas manufacturas artesanales a la venta.  (Foto H. Larrain, Septiembre  2017).



Fig. 12. Par de pendientes o aretes confeccionados  con la vaina de "fortuna" o mastuerzo en la localidad de Pica (Foto H. Larrain, septiembre  2017).


Fig. 13.  Pectoral de adorno femenino,  igualmente  elaborado con vainas de esta especie, en la localidad de Pica (Foto H. Larrain, septiembre  2017).

Fig. 14.  Joven y habilidoso artesano que hoy trabaja junto a la cocha de Pica confeccionando artículos artesanales de comercio utilizando diversos frutos del lugar (vainas de algarrobo, tamarugo, "fortuna" y aún cuescos de mango  o limones secos). (Foto H. Larrain, septiembre  2017). 

Fig. 15.  Abigarrado muestrario de piezas artesanales de confección local utilizando frutos y semillas de  Prosopis  spp  y de otros  productos del oasis de Pica. (Foto H. Larrain, septiembre 2017).

Fig. 16.  Turistas y visitantes de la cocha de Pica  aprovechan para llevar consigo souvenirs  confeccionados in situ. (Foto H. Larrain, septiembre 2017).

 Fig. 17.  Aretes y  pectoral de adorno femenino  confeccionados con vainas secas de Prosopis strombulifera o "fortuna".  (Escala de 5 cm).  (Foto H. Larrain, septiembre 2017).

 Fig. 18.   Variedad de objetos artesanales  hechos con frutos y vainas de la zona.  (Foto H. Larrain,, septiembre 2017).

Fig. 19.  Par de aretes  o pendientes confeccionados en vaina de tamarugo (Prosopis tamarugo). 

Fig. 20. Nuestro artesano a la entrada de su pequeña tienda de artesanías locales. (Foto H. Larrain, septiembre 2019).

Fig. 21.  Celebrando  el "Día nacional del Artesano". Ingreso a la pequeña tienda  artesanal. Observe  el uso de vainas de algarrobo (Prosopis alba)  y de frutos secos de naranjas o limones, e incluso  cuescos de mango. (Foto H. Larrain, septiembre 2017).  

Semillas  de algunas de las especies de Prosopis en Chile.  

Fig.  22.  Aspecto más frecuente que presentan las vainas retorcidas de la "fortuna" o retortón, Un largo pedúnculo, color café  las sostiene enhiestas al tallo y, en su base, aparecen sus minúsculas hojas. Escala de 5 cm. 

Fig. 22. En la fila superior de la figura, se muestra cuatro diminutas semillas de la especie Prosopis strombulifera. Estas miden aproximadamente unos 4,5 - 4,8 mm de longitud y presentan un extremo algo puntiagudo. El grupo numeroso (abajo), corresponde a las semillas del tamarugo (Prosopis tamarugo).   (Foto H. Larrain).

Fig. 23.  Conjunto de semillas de la especie Prosopis strombulifera. Escala de  5 cm. (Foto H. Larrain).

Fig. 24.  Semillas de Prosopis strombulifera, ampliación.  Cada una mide entre 4,5 y 4,8 mm. (Foto H. Larrain).

Comentario eco-antropológico.

1.  Bien conocida esta especie de las regiones precordilleranas áridas y salinas de Bolivia y Argentina, en Chile  solo se reporta su presencia  tardíamente por el botánico Carlos Muñoz Pizarro, en la década del sesenta del pasado siglo.

2.  La planta ha sido muy utilizada en la farmacopea popular  de Bolivia y Argentina, como medicinal en el tratamiento de enfermedades venéreas,  diarrea,  enfermedades del hígado y vesícula. Según Burkart, gran especialista  argentino en su estudio, tales  propiedades serían más bien fruto de la imaginación, producto de su tan extraña y peculiar figura. Algunos estudios realizados en la Argentina, sin embargo, atribuyen  a la infusión de sus hojas propiedades anticancerígenas. También fue utilizado como planta tintórea por algunos grupos aborígenes argentinos, obteniéndose de la cocción de sus raíces un teñido color castaño oscuro, casi negro.

3. En  Matilla, localidad de  Tarapacá, según lo escuchamos personalmente de labios del agricultor don Percy Loayza  hacia  1998, esta planta es considerada una verdadera plaga en las plantaciones de frutales (naranjos y, limoneros) y es arrancada apenas aparece. Dado que sus raíces son gemíferas,  brota nuevamente de cualquier fragmento de raíz que hubiese  quedado en el subsuelo. Por tanto, es planta difícil de extirpar.

Bibliografía básica.                                                                     

Burkart, Arturo, 1943, Las Leguminosas argentinas, edic. Acme Agency, Buenos Aires. 

Carevic, Felipe, Alvaro Carevic, José Delatorre,  2012, "Historia natural del género Prosopis en la región de Tarapacá,  Revista Idesia, Universidad de Tarapacá, Vol. 30, Nº 3,  Arica (Chile).

Larrain, Horacio, 2009,  "Flora endémica de la Pampa del Tamarugal y oasis adyacentes: su uso en el pasado y en el presente", Blog de H. Larrain:  https://eco-antropologia.blogspot.com   del  17 enero 2009.

Larrain, Horacio, 2016, "Observaciones recientes sobre Prosopis spp.  en la región de Tarapacà: curiosidades de un neófito", Blog de H. Larrain:  https://eco-antropologia.blogspot.com, del 3 de febrero  2016. 

Muñoz Pizarro, Carlos, 1971,  "Una nueva especie de Prosopis para el Norte de Chile", Boletín  del Museo de Historia Natural, Vol. 32: 363-370, Santiago de Chile, [¿primera mención para Chile de esta especie de Prosopis?].

sábado, 1 de junio de 2019

Ser social y deber ser: incursión en el campo de las relaciones entre la Ética y Antropología.

En los últimos años, el tema de la ética en los negocios y la vida pública, ha estado muy  de moda en Chile, nuestro país. El anecdótico castigo aplicado a  dos connotados  hombres de negocios chilenos por su conducta inmoral, castigo consistente en  seguir un Curso de Ética completo en una Universidad en Santiago  y rendir el correspondiente examen,  ha puesto sobre el tapete el tema de la vigencia e importancia de la Ética  en la vida civil  y política y  particularmente en el ambiente de los negocios. 

En este contexto,  y ante  la insuficiente información existente sobre el particular,  detectable en nuestro medio, hemos querido reproducir in extenso una Conferencia nuestra, dada en el Departamento de Educación de la Universidad Arturo Prat,  en el mes de octubre de 1994 que lamentablemente  nunca vio la luz pública. Su título: ¿Qué es la Ética y qué relaciones tiene con la Antropología?¿Puede la antropología aportar algunas luces al tema de la Ética hoy día?.  

El Texto se conserva escrito en máquina de escribir de la época, con nuestras correcciones y sugerencias del momento (Ver Figs. 1  y 2). Fieles a nuestra costumbre de dar a conocer  nuestras reflexiones o hallazgos en materia antropológica o arqueológica, lo entregamos confiadamente aquí a nuestros lectores para evitar su desaparición.

 Aunque no pretende en modo alguno ser un vademecum  filosófico o antropológico sobre el tema, creemos puede  aportar unas cuantas luces  para profundizar un tanto más en la valía de la Ética en nuestra época irreverente e iconoclasta, tan olvidadiza e irrespetuosa de los valores que han forjado las bases de nuestra civilización occidental gracias a los aportes significativos de la filosofía griega, el genio latino y los ideales del Evangelio de Jesucristo.  

El texto original nuestro ha sido transcrito ad litteram. El texto fue escrito y pronunciado por nosotros hace  ya casi 30 años, pero, a la luz de las problemáticas de hoy,  resulta de  una actualidad impresionante. Por tal motivo hemos querido reproducirlo aquí.

Fig. 1.  Primera hoja del texto de nuestra Conferencia del año 1994. El original del texto está escrito en hojas tamaño oficio  y consta de 11 páginas.


Fig. 2. Hoja  4 del texto. Correcciones al texto. La indicación "No" al costado izquierdo de la página,  señala párrafos que no fueron leídos en la conferencia  respectiva, pero que pertenecen al meollo de la exposición. Razón por la cual los incluiremos en el texto nuestro actual.

Texto de la Conferencia. (Nota: nos hemos permitido, para facilitar su lectura,  separar el extenso texto en párrafos distintos, los  que irán en paréntesis cuadrados).

1. Antecedentes.

"Se nos ha solicitado exponer nuestras ideas sobre las relaciones entre  Antropología y Ética. La Antropología es una disciplina humana (ciencia del hombre)  que trata de dar razón de las culturas humanas forjadas a través del tiempo (evolución humana). La ética es una disciplina de la filosofía  que "trata de la conducta humana desde la perspectiva valórica del bien y del mal" (Mifsud, 1988:76). Ambas disciplinas, pues, coinciden en analizar y tratar de la conducta propiamente humana. Ambas tienen algo que decir al respecto. Es lo que pretenderemos ofrecer en estas líneas.
¿Por qué este afán insistente sobre la Ética, o sobre los problemas éticos en nuestro tiempo?. ¿Qué tiene de particular nuestro tiempo y nuestra civilización que obliga a replantearse los postulados éticos fundamentales?. ¿Tiene la Ética la última palabra en esta situación o está, ella misma, sujeta  a los cambios dinámicos que protagoniza nuestro  mundo de hoy?.

[La crisis actual].

Nuestro mundo está en crisis. (Mifsud, 1988b:43). Esta  palabra, harto socorrida, viene escuchándose desde los años 1930  cuando se hablaba de "decadencia" y desestabilización de nuestra civilización a partir de la famosa obra de Oswald Spengler, "La Decadencia de Occidente"  (1929). A partir de los años 40 y coincidiendo con el período de la IIª Guerra Mundial, (1939-1945), se editó un buen número de obras de connotados pensadores que señalaban los síntomas de crisis, notorios en todos los ámbitos del quehacer humano. Numerosos fenómenos confluían en señalar cambios evidentes y transformaciones violentas, tanto en el campo científico-tecnológico como en el campo de las relaciones  y comunicaciones humanas. Las dos grandes guerras mundiales, en efecto, crearon  una situación de caos  social y cultural,  acrecentando la desigualdad  entre países ricos y países pobres, y estableciendo firmemente  grupos de poder basados en ideologías  opuestas, ,las que reclamaban para sí  los paradigmas de objetividad y  correspondencia con la realidad; esto es, se alzaban  como protagonistas de la verdad.

[Surgimiento de las nacionalidades].

 El derrumbe, a partir de 1989 de los países de ideología socialista-comunista y el término de la "Guerra Fría", ha provocado una aparente calma, solo turbada por el inicio de  las pequeñas conflagraciones  nacionalistas, numerosas y en todos los continentes, excepto América, que proclaman un nuevo derecho, no contemplado antes, a la auto-determinación política de las etnias o grupos culturales de antigua data. Estos, ya no quieren vivir bajo la férula de un Estado o Nación, creado solo por los intereses políticos, negadores del principio de la auto-determinación de los pueblos. Así surgen nuevos "pueblos", que dormían bajo el alero protector de Rusia: Yugoslavia y Checoesloquia, donde sus intereses sociales y culturales eran negados o postergados y proclaman su derecho a erigirse como "pueblos".

Todo lo aquí descrito,  más  desarrollo gigantesco alcanzado por las nuevas tecnologías en el área de la Informática, Cibernética y Robótica, hacen a este mundo que hoy nace  hacen algo bien distinto del panorama de los años 1900-1930. Todos los grandes pensadores están de acuerdo hoy en que se gesta una civilización nueva. Toda crisis provoca desajustes y reacomodaciones. El hoy indiscutido privilegio  de la técnica y tecnología, cuyas realizaciones son impresionantes,  ponen en tela de juicio el desarrollo mismo del hombre actual, mas aún el de las comunidades sociales. Y cuando nos referimos al hombre del futuro, nos preocupa el lugar que éste ocupará en dicho mundo nuevo. ¿Será un lugar de privilegio, como propio del "rey de la Creación" como le llamara la Edad Media?. ¿Será -como proponen otros-, un mero eslabón en la tríada Naturaleza-Hombre-Técnica,  en la que solo es parte de un sistema al que debe integrarse en forma armónica, como propone Max Neef en su famoso opúsculo Desarrollo a Escala Humana (1986)?.  Será, finalmente, absorbido totalmente  por la técnica, que ya parece enseñorearse de él,  hasta sus partículas más profundas, los cromosomas y genes?. 

Sin lugar a dudas, el desarrollo tecnológico, tal como lo manifiesta el auge de las comunicaciones o el de la ingeniería genética  aplicada al ser humano,  ha comenzado a violar todos los espacios que el hombre, como ser libre y auto-suficiente se había reservado a sí mismo: los espacios de su intimidad psicológica,  social y aún religiosa. 
Frente a esta situación de aparente caos, de anomia generalizada,  todos pone sus ojos en la ÉTICA, como si aquí radicara la solución.

Revisemos conceptos fundamentales para poder entendernos. En este terreno, igual que en la ciencia, necesitamos un vocabulario común, sobre el cual nos hallamos puesto previamente de acuerdo.

2. El concepto de Ética.

¿Qué es la ética?. Es definida como aquella parte de la Filosofía que analiza y estudia la conducta humana bajo el referente del bien y del mal y sólo mediante el uso de la razón natural (inteligencia). Así, un acto es "ético", cuando es considerado conforme a la razón natural, esto es,  solo así es considerado "bueno".  Cuando hablamos de ética, pues, excluimos cualquier otra base de sustentación como podría ser una Religión, la que en función de su código moral o Decálogo, establece de partida  lo "bueno" y lo "malo", según lo haya establecido el legislador (Cristo, Buda, Mahoma,  o el Amauta desconocido, creador del código moral andino).

[Diferencia entre Ética y Moral].

Según la base de sustentación, pues, diferenciamos ya, de partida, la Ética de su pariente cercano, la Moral.  Esta última, además de la razón natural, considerará "bueno o malo" lo que el Código religioso respectivo reconoce como tal. Los códigos religiosos, propios de todas la religiones elaboradas, servirán de base a la Moral. Así, podremos hablar de una moral cristiana, budista  o islámica. Es obvio que en esta conferencia, no nos referiremos a la Moral como tal, sino a la Ética. Porque la Ética nos atañe a todos; la Moral, en cambio, sólo a aquellos que comparten una determinada Religión y la acatan  en sus actos privados y públicos. (Cf. Mifsud, 1988b, passim).

(Origen del término Ética.

Hurgaremos rápidamente en búsqueda del origen o etimología de esta voz: Ética. Porque en el étimo se suele encontrar un verdadero venero de riqueza originaria, a veces perdida u olvidada en su acepción actual. Comprenderemos mucho más su relevancia en el día de hoy, si recuperamos su sentido primigenio (Cf. Mifsud: 1988:75). Este recurso a la etimología de la Ética, nos deparará sorpresas.  
3.1.  El término griego éthos ( ἦθος ). Según el Diccionario Griego-Francés de A. Bailly (1950), uno de los clásicos en la materia, ethos ( ἦθος ) escrito con épsilon ( (E, ε)  ), significa "costumbre, uso". Lo emplean así Sófocles, Xenofonte, Tucídides o Plutarco en frases como: " es la costumbre de alguien", "la costumbre de la ciudad", o "tener la costumbre". También, "tener el hábito de...";  o, en forma adverbial, "habitualmente", o "por costumbre". En este mismo sentido de costumbre o hábito de un grupo humano, lo usan Platón en su Diálogo Fedón, o Aristóteles, en su Ética a Nicómaco en frases como: "de acuerdo a la costumbre". Este Diccionario no registra, para nada, la acepción `caracter` para esta voz.  Otro muy conocido Diccionario, el Greek-English Lexicon, de los autores Liddell y Scott (en su edición 1968), expone los mismos dos sentidos: "custum, habit" (sustantivo) o, adverbialmente, "by habit, habitually". Lo opuesto a este término es "por naturaleza". (Cf. Liddell-Scott, 1968: 480)  y cf. también Bailly, 1950: 561). 
De aquí proceden otras voces como ethikós: "habitual", o éthimos que significa "el uso, lo acostumbrado, lo habitual".  De esta voz éthosἦθος )  procederá la voz griega ethnos (θνος ),  indicando  "groupe d´hommes ayant les memes coutumes" (Bailly, 1950:561).
Así, pues, la voz Ética se relaciona íntimamente con la voz éthnos (grupo humano) dotado de costumbres). La Ética, pues, es algo inherente al grupo humano,  algo que el grupo, para sobrevivir en un espacio dado, necesita. La Ética será el conjunto de costumbres básicas, visualizadas por el grupo como necesarias e indispensables para sobrevivir como ente social. Por ser "necesarias", constituyen "valores". Aquí conecta el concepto de "Ética" con el concepto de Valor". Así, los valores de un pueblo, de una nación son elementos indispensables de su sobrevivencia grupal. Sin ellos, el grupo se disuelve, se desintegra, se des-identifica. Los valores son los que otorgan identidad y ser de pueblo o etnia. De aquí se deduce que todo pueblo, necesariamente, tiene una Ética propia,  es decir, un paradigma de lo que considera  ´bueno´ o ´malo´ para su supervivencia social (no racial). 

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(Texto muy incompleto)

Bibliografía mínima empleada.

Bailly, Anatole, 2009 (1950)Dictionnaire Grec-Francais, French and European Publishers.  

Mifsud, Tony,  1987. Moral de discernimiento, tomo IV: Una construcción ética de las utopía  cristiana, (Propuesta de moral social). CIDE, Santiago.  
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Spengler, Oswald,  2016 (1929).  Der Untergang des Abendlandes  (en español: "La Decadencia de Occidente"), Createspace IIndependent Publishing Platform  (Está hoy en Internet).

domingo, 12 de mayo de 2019

¿El primer mapa etnográfico de Chile?: el mapa de los pueblos indígenas del geógrafo Pedro Cunill Grau del año 1961. Análisis y comentarios.

Fig. 1.  Portada del  "Atlas histórico de Chile" del geógrafo chileno Pedro Cunill Grau  publicado por la editorial Zig-Zag de Santiago de Chile en  1961.

¿Qué es y  qué pretende ser un mapa etnográfico?.

Conviene que aclaremos bien este concepto antes de seguir. Un mapa o plano etnográfico busca representar en forma  gráfica (mediante el dibujo),  la presencia cultural constituida por las etnias o pueblos originarios en las diferentes regiones del territorio patrio.
"Etnografía"  es un voz compuesta artificial y proviene de dos palabras griegas: εθνος (pronunciado éthnos, que significa pueblo, o etnia y γράφειν (pronunciado graphéin) que significa escribir, dibujar, trazar. "Etnografía", por lo tanto es una descripción  en forma de escrito y/o dibujo  de los pueblos antiguos. Y lo primero que se suele escribir sobre ellos desde los tiempos del historiador griego Jenofonte, es su posición geográfica, o sea indicar dónde habitan o habitaban;  aliis verbis, mostrar su(s) territorio(s)  tribal(es). Es exactamente lo que hicieron los antiguos cosmógrafos coloniales al dibujar sus mapas.  Nos señalaron en ellos la presencia de los pueblos originarios, con bastante precisión, en  el área donde originalmente vivieron y desenvolvieron sus actividades.

Qué  dibuja y grafica un mapa etnográfico.

Así como un "mapa físico" busca mostrar mediante una representación gráfica, las características físicas  (esto es, perceptibles en el paisaje) de un área determinada,  exhibiendo la presencia de sus sistemas montañosos (=orografía), ríos y lagos (=hidrografía), sus lomajes, pampas, valles y/o desiertos (=geomorfología), un plano o mapa etnográfico  tiene por misión  entregarnos   información actualizada sobre los lugares de presencia de agrupaciones indígenas en la época que se estudia. Un mapa etnográfico, en consecuencia, omitirá deliberadamente otros muchos aspectos que puede ofrecer el estudio del territorio, concentrándose solamente  en el tema específico del área ocupada  por la presencia indígena. 

Los aborígenes en los mapas coloniales de América o Chile. 

Es conocido el hecho de que  los antiguos planos de  América elaborados en España,  Inglaterra, Francia u Holanda durante el período colonial, incluyen casi siempre, valiosas referencias al poblamiento americano, señalando  a grandes rasgos, las zonas pobladas  por indígenas. Es el caso, por ejemplo,  del antiguo Plano que ilustra la portada de este mismo Atlas de Cunill  (Fig. 1), al  señalar a la Patagonia argentina como la "Regio Patagonum", es decir, la región de los indígenas  llamados "Patagones".  Sabemos hoy que bajo este nombre genérico se designó tempranamente a los  indígenas Tehuelches (aónikenk)  y a los indios Pampas  (querandíes  y otros) del centro-sur de la república argentina.

El plano de América del  Sur de Juan de la Cruz  Cano y  Olmedilla.

Entre todos los planos coloniales que hoy existen, el caso más insigne, probablemente, para el tema que aquí tratamos, es el del Plano del cosmógrafo español Cano y Olmedilla, Éste porta este sugestivo título:

 "Mapa Geográfico de  América Meridional dispuesto y gravado por Don Juan de la Cruz Cano y Olmedilla, Pensionado de su Majestad  Individuo de la Real Academia de San Fernando y de la Sociedad Banscongada de los Amigos del País  teniendo presentes varios Mapas y noticias originales con arreglo a  observaciones astronómicas", Londres,  1775.

En este notable Plano, tal vez  el más preciso y completo  de la  época colonial, se indica la existencia y presencia de varias etnias o pueblos indígenas en los contornos del  actual territorio de Chile.
La información etnogeográfica sobre las agrupaciones indígenas que nos entrega Cano y Olmedilla representa, sin duda alguna, un valioso precedente histórico para la confección de los Planos específicos posteriores de tipo etnográfico, que cada país americano ha ido publicando a lo largo del tiempo, para dar  conocer a sus connacionales la presencia de las diversas etnias en los contornos del territorio patrio.

Los planos etnográficos en Chile republicano.

 En el caso chileno,  como creemos poder demostrarlo en este capítulo, la tarea de confeccionar planos o mapas de carácter etnográfico fue, según nos parece,  sumamente tardía. En Chile, en efecto, pese a las investigaciones tempranas de los arqueólogos Max Uhle y Ricardo E. Latcham,  y a los esfuerzos de historiadores de los grupos mapuches como Tomás Guevara con anterioridad  al año 1920,  no se observa por lo general un especial interés de los historiadores  por  profundizar, y muchísimo menos por graficar en detalle, en planos específicos, el área de asentamiento, la actividad económica y el tipo cultural  de los diversos pueblos indígenas del país. Latcham es lapidario al referirse precisamente a este abandono:

"Nuestros historiadores del siglo pasado, propagaron un serie de errores respecto de los indios del país, los que quedaron arraigados de tal manera en la enseñanza que se creyó inútil hacer mayores investigaciones. Se suponía que de Coquimbo al sur la raza indígena había sido homogénea y de  estirpe araucana. Se imaginaba que dicho pueblo vivía  en estado de salvajismo y que sólo con la llegada de los Incas se introdujo entre ellos, los vestigios de cultura más adelantada que encontraron los españoles a su arribo. El territorio  que hoy forman las provincias septentrionales de Chile, era muy poco conocido durante  los primeros tiempos de la colonia y en todo caso, formaba parte del virreinato del Perú.  Se formó la idea de que es región  era poblada solo en la costa por reducidas tribus de pescadores y que el interior era desierto y deshabitado. Todos estos conceptos son erróneos como hemos demostrado en numerosas publicaciones y conferencias, durante los últimos treinta años, aun cuando todavía se repiten en los textos de historia".". (Latcham,  1942 [1937]: 5).

Esto escribía el arqueólogo  Ricardo E. Latcham en abril del año 1937.

Los trabajos tempranos sobre etnografía chilena.

 Los trabajos pioneros de los historiadores Diego Barros Arana (1875)  y  José Toribio Medina (1882) nos aportan, sin duda, informaciones valiosas sobre la cultura y  las costumbres de algunos grupos étnicos, pero en ningún momento intentan estos autores trazar y/o dibujar mapas de ocupación de todo el territorio, ni siquiera planos a la usanza de los historiadores coloniales (esto es, señalando su nombre tribal en el área precisa).  Nos hemos preguntado por qué. Daría la impresión, leyendo hoy sus trabajos, que  el primer afán de los gobiernos nacionales fue controlar y dominar todo el extenso territorio poblándolo rápidamente y,  si era preciso, instalando colonos extranjeros (alemanes, suizos e italianos) y/o chilenos. Daría la impresión de que con ello se buscaba minimizar e invisibilizar en lo posible la presencia indígena local, como si ésta constituyera una rémora u obstáculo insalvable al desarrollo de dichas regiones. Esta perspectiva, a lo que creemos, contagió también a  nuestros historiadores. Tal vez no habría sido ésta su  primera intención, pero el desarrollo de los hechos -en particular los tristes y cruentos episodios de la pacificación de la Araucanía- parecerían así sugerirlo. Ya lo sugiere también en alguna medida el hecho de que el libertador don Bernardo O´Higgins  en el año   1818, designe a los  pueblos originarios (mapuches) como ciudadanos pleno iure de la naciente República,  como un modo indisimulado de incorporarlos al nuevo país al que ellos, por lo demás,  no se sienten en absoluto unidos. 

Sobre este tema de la descripción y enumeración e las etnias  aborígenes de Chile,  puede el lector consultar nuestra obra "Etnogeografía" ,tomo XVI   de la colección Geografía del Chile, del Instituto Geográfico Militar, Santiago, 1987: pp. 60-68.  Allí se analiza en detalle el aporte de los historiadores y  antropólogos tempranos de los  siglos  XIX y  XX.


La confección de mapas: tarea de los geógrafos.

No deja de sorprendernos bastante el hecho de que los grandes historiadores chilenos, en su inmensa mayoría, hayan sido tan poco proclives a trazar mapas o planos de las realidades que describen tan prolijamente; casi nos atreveríamos a sostener que la  expresión cartográfica  no les interesaba  mayormente. ¿Se debió esta actitud, tal vez,  a la falta de manejo de esta excelente herramienta heurística  (¿ignoratio elenchi?)?. O,  ¿tal vez, imaginaron nuestros historiadores que sus escritos  eran per se suficientes para  entender los hechos, sin necesidad de incluir una guía didáctica gráfica?.  En sus escritos, la expresión gráfica mediante el uso de  planos resulta, por consiguiente,   muy pobre  por no decir burda, y muchas veces se halla totalmente ausente. No siguen ellos, pues, la experimentada  senda de muchos de sus antecesores  coloniales o republicanos tempranos como,  en nuestro propio país ,es  el caso de la "Histórica Relación del Reyno de Chile"  del padre  Alonso de Ovalle (1646),  o  el "Viage al desierto de Atacama" del gran explorador y  naturalista,  el sabio  alemán Rudolf Amandus Philippi  (1864). En ambas obras, los mapas, esquicios y dibujos son piezas fundamentales, insustituibles.

El aporte de los geógrafos  para la descripción más perfecta del territorio.

Serán los geógrafos de formación cartográfica, conforme a la índole propia de su especialidad científica,  quienes inicien, con gran éxito, la tarea gráfica, de carácter descriptivo  del país, con el aporte de nuevos Atlas y  Mapas especializados. Tarea exigida, por lo demás, por el sistema educacional que requería con urgencia de herramientas prácticas para la enseñanza.  Así nacerá tardíamente, con el geógrafo  Pedro Cunill,  en  1961, el primer Atlas Nacional de Geografía Histórica, tarea  que será  posteriormente continuada por otros, generalmente geógrafos y/o antropólogos,  a partir de  1975.  Tarea que hasta hoy  (2019) realizan con sin igual energía en nuestro país, las geógrafas Ana María Errázuriz Körner y Pilar Cereceda Troncoso.

El "arrinconamiento" de las comunidades indígenas del área mapuche.

Mientras los sucesivos gobiernos de Chile (máxime en el período 1851-1883) "arrinconaban" a los mapuches, pehuenches y huilliches,  en la zona situada entre los ríos Biobío y Toltén, (es decir, entre las Regiones VIII a X), concediéndoles allí minúsculas  "mercedes de tierras", como resultado de la mal llamada "Pacificación de la Araucanía",  se iniciaba simultáneamente  y con gran energía una suerte de  "re-poblamiento" del mismo territorio (considerado en gran parte vaco) con colonos en su mayoría extranjeros (alemanes, italianos y suizos). Otro tanto ocurrirá,  y más o menos por las mismas fechas, en la república argentina  en la época del dictador  Juan Manuel de Rosas y su despiadada campaña de exterminio contra los indios pampas, poyas y tehuelches. Al obligárseles  a asentarse  en un territorio determinado y a abandonar su semi-nomadismo, se les cercenó considerablemente y de manera drástica,  su derecho a ocupar y disponer de sus extensos territorios de caza, pesca  y recolección de antaño.

La colonización del  sur.

En Chile, en efecto, el escritor y político Vicente Pérez Rosales (1807-1886) recibe la comisión específica del presidente don Manuel Montt  (que gobierna el país entre 1851-1861) para contratar y traer familias de colonos alemanes -en su inmensa mayoría católicos- los que serán asentados particularmente en la zona de Villarrica- Osorno-Puerto Montt, en pleno territorio originalmente  de habitat  huilliche  y cunco. 

¿El primer mapa detallado de los pueblos originarios de Chile?. 

Dos son los mapas  del Atlas de Cunill de especial intéres para nosotros. el primero se titula: "Los aborígenes en América". El segundo:  "Los aborígenes en Chile".

"Los aborígenes en América".

Fig. 2.  Plano de la América Meridional con representación de las principales  tribus y pueblos  presentes en la época de la conquista, distribuidas  en lo que el autor denomina:"áreas culturales". El territorio correspondiente a la república de Chile queda englobado en  dos grandes áreas de América: el "área incaica" (de color amarillo)  y el  "área  del guanaco"(de color blanco), y en ellas,  se nombra aquí  a un total de  7  agrupaciones  indígenas.

Mapa de los aborígenes en Chile.

Fig. 2.   Mapa etnográfico de Chile de Pedro Cunill, publicado por la editorial Zig-Zag en 1961. Aquí quedan representados los nombres de  16 pueblos originarios indígenas. Al parecer, se trataría del primer mapa gráfico de los pueblos originarios de Chile.

Análisis de los dos Planos del Atlas de  Pedro Cunill.

El primer Plano (Fig. 2): los Aborígenes en América. 

Nuestra tarea se concentrará ahora en el examen de sus Planos. Trataremos brevemente del primero.  Éste (Fig.  2),  nos muestra a América Central  y  Sur  a partir más o menos del Río Grande, actual frontera con los Estados Unidos.  El mapa distingue aquí  tres  "áreas culturales"Área 1de agricultura intensiva. Aquí incluye a los grupos  Nahuas,  Chibchas  e Incas. Área 2:  Área de recolectores, cazadores y pescadores (área del guanaco),Área 3:  o de agricultura de la mandioca.  Incluye el área amazónica y el área de las Antillas. 

No es nuestro objetivo discutir ahora los alcances y contenido del concepto aquí usado de "área cultural", que  poco coincide con el elaborado por el antropólogo norteamericano  Julian  Steward  apenas dos años después, en su famoso Handbook of South American Indians.  (Steward, 1963). Porque esto  daría pie a otro capítulo especial de nuestro blog. Nos contentamos, pues, por el momento con comentar que el criterio seguido por Pedro Cunill para catalogar a las etnias es exclusivamente de carácter  económico: es decir señalando el origen de su alimentación (agricultura, pesca, caza o recolección).

El  segundo  Mapa de Cunill:  los aborígenes en Chile  (Fig. 3).

Este mapa  (Fig. 3)  nos concierne directamente y le dedicaremos más espacio de análisis.  El Plano nos indica la presencia de un total de 16 grupos o pueblos indígenas a lo largo del extenso territorio de Chile. De norte a sur,  distingue distintas áreas, dotadas de diferente reticulado y colorido, siempre en tonalidades distintas del color café.  Sección 1: atacameños; sección 2: diaguitas; sección 3: picunches;  sección 4chiquillanessección 5:  araucanos; sección 6:  huillichessección 7: cuncos; sección 8: pehuenches; sección 9:  puelchessección 10:  poyas; sección 11:  tehuelches; sección 12:  patagones; sección 13:  onassección 14: chonossección 15: alacalufes; sección 16: yaghanes.  Cada "sección" corresponde aquí a una porción de territorio nacional. 

Comentarios a esta enumeración de áreas ocupadas por pueblos indígena.

1.  En estricto sentido, esta enumeración de 16 etnias indígenas  no dista mucho de la que actualmente  está en boga  entre nosotros y es reconocida por los geógrafos y antropólogos. 

2.   Lo primero que llama especialmente  la atención en ella es la total ausencia del pueblo aimara. En el extremo norte (entre la frontera con el Perú y el río  Salado) Cunill solo señala la presencia de los pueblos atacameños. ¿Sigue con esto, según sospechamos,  la antigua nomenclatura propuesta por Max Uhle  que denominaba dicha región como "chincha-atacameña"?. Si bien en el plano de América (Fig. 2) apunta la existencia de los aimaraes en territorio altoandino perú-boliviano, los ignora en el territorio perteneciente a Chile (Fig. 3). Probablemente, también, haya influido en él la enumeración de pueblos indígenas que traza don Aureliano Oyarzún, del año 1927, quien también los omite completamente.  En la época de Oyarzún, esta omisión resulta  algo más comprensible, pues eran territorios que Chile había ganado recientemente al Perú y Bolivia en la guerra del Pacífico. Pero su omisión en 1961, nos resulta por demás extraña e incomprensible.  

3.  Después de señalar  el área ocupada por los picunches  (o "gentes del norte"), Cunill anota  un extensa área de chiquillanes.  La presencia de los chiquillanes  en nuestro territorio no era constante. Si bien  recorrían con frecuencia el área central, eran pueblos mayoritariamente  nómades que tanto ocupaban el territorio trasandino vecino, en Argentina actual (área de Mendoza y San Juan),  como el nuestro, particularmente en sus sectores montañosos. Se dejaban caer furtivamente durante la época de las cosechas al valle central de Chile para robar y saquear. Así, residían en nuestro territorio solo transitoriamente.  Eran recolectores y cazadores y no practicaban la agricultura. Odiados por los agricultores del valle central, fueron fuertemente perseguidos. Que sepamos, hoy no quedan  trazas de ellos ni en Chile ni en la Argentina. Pero la forma de representación que emplea Cunill  induce a engaño, pareciendo ser pueblos residentes los que solo eran "visitantes" o, más precisamente,  merodeadores y saqueadores.

4. Se reseña en este Plano, como un pueblo particular, habitante de nuestro territorio, el de los "patagones".  No queda claro a qué grupo étnico se refiera aquí Cunill con este nombre. Porque generalmente los llamados "patagones" por los primeros viajeros españoles  no eran otros que los mismos tehuelches.¿Tal vez sugiere una  facción de esta tribu, la facción meridional?.  Persiste la duda.

5. Cunill apunta la presencia de los poyas, asignándoles un extenso territorio  continental. Se sabe, sin embargo,  que los poyas preferían  las áreas montañosas bajas del occidente argentino actual, y solo eventualmente bajaban por la zona montañosa de  Aysén llegando a  veces hasta hasta Chiloé pero, por lo general, se mantenían en las zonas aledañas al Lago General Carrera o al lago Nahuelhuapi, donde  fueron catequizados  (y parcialmente  asentados  en sus orillas) por  los misioneros jesuítas a  mediados del siglo XVIII. Además de la caza y recolección, practicaban allí una pequeña agricultura incipiente.

6. Los puelches  ("gentes del Este"), eran cazadores pampeanos de guanacos y avestruces y recolectores terrestres que irrumpían esporádicamente en los huertos mapuches  y huilliches robando y saqueando sus sementeras. Vivían en la zona cordillera argentina en los territorios de Neuquén y Río Negro, frente a Villarrica y Osorno. Poseían una lengua que les emparentaba con los tehuelches de las Patagonia y comerciaban activamente con los mapuches, con los cuales terminaron fusionándose y, al parecer,   mestizándose.

7. La asignación por parte de Cunill de extensos territorios en Chile continental tanto a tehuelches como a poyas y puelches resulta, por tanto, francamente engañosa. Porque su presencia era tan solo esporádica y  de carácter estacional, penetrando por los pasos fronterizos bajos de la cordillera, habiendo dejado allí escasos rastros de su presencia. 

8. Cunill denomina "yaghanes"  a los yámana, asumiendo la nomenclatura de Lucas Bridges quien fue el primero en llamarles "Yaghan" (cfr. Bridges, (1950 [1948]).  El sacerdote y antropólogo Martín Gusinde S.V.D. que vivió entre ellos y estudió  por años su cultura y tradiciones, prefiere el nombre de yamana con el que ellos se identificaban a sí mismos. (cfr. Gusinde,  1931-1939).

9. Por último, echamos  de menos en este recuento a la etnia de origen polinésico  Rapanui, propia de  Isla de Pascua, la que no aparece dibujada en este Mapa a pesar de que la isla se encontraba  en posesión de Chile desde el año 1888, incorporada por el capitán de navío don Policarpo Toro.

10. Finalmente,  debemos destacar que observándose la total ausencia de planos etnográficos anteriores del territorio patrio, como creemos, el trabajo del geógrafo Cunill del año 1961 representa un  paso muy valioso  en el reconocimiento, por parte de Chile, de  la presencia e influencia indígena en su territorio en un Atlas geográfico nacional.  

(Nota final.  Para la redacción de este trabajo hemos contado con la entusiasta colaboración de la joven geógrafa Srta. Daniela Ninoska Rivera Marín, titulada en el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile,  quien nos obtuvo de la Biblioteca Nacional de Chile en Santiago, copia de los Planos de Cunill aquí reseñados. A ella, pues,  nuestra especial gratitud.)

Bibliografía usada.

Barros Arana, Diego,  1875. "Apuntes sobre la etnografía de Chile", Anales de la Universidad de Chile,  tomo XLVII, 5-12, Santiago. 

Bridges, Lucas, 1950 [1948],  Uttermost Part f the Earth, New York, E.P. Dutton and Co. Inc. London, Hodder & Stoughton, (second impression), 558 p. .

Cunill Grau, Pedro,  1961.  Atlas Histórico de Chile, Editorial  Zig-Zag, Santiago de Chile. 

Gusinde, Martin, 1931-1939. Die Feuerland Indianer, Verlag des Internationalen Zeitschrift Anthropos, Wien, 3 Bände   (Band II: die Yamana) , Mödling bei Wien. 

Larrain, Horacio,  1987. Etnogeografía. Volumen XVI de la Colección  Geografía de Chile. editado por el Instituto Geográfico Militar, Santiago de Chile,  285 p.

Latcham, Ricardo E.,  1942 [1937], "Antropogeografía prehistórica del Norte de Chile", Boletín del Museo Nacional de Historia Natural,  Tomo XX, 5-.17), Santiago de Chile.

Medina, José Toribio,  1882,  Los Aboríjenes de Chile,  Imprenta Gutemberg, Santiago de Chile.

Oyarzún, Aureliano, 1981, [1927],  Estudios  antropológicos y arqueológicos, Compilación, Introducción y  Bibliografía de Mario Orellana Rodríguez,  Editorial Universitaria,  Santiago de Chile.

Steward, Julian H., 1963a., Handbook of South American Indians, 7 Vols., Cooper Square Publishers Inc.,  New York.

Steward, Julian H.,  1963b., "South American Cultures: an interpretative Summary",  in Handbook of South American Indians (Julian H. Steward ed.), Volume 5: The comparative Ethnology  of South American Indians, Cooper Square Publishers, Inc.,  New York, pp. 669-783.

Steward, Julian H., 1963c., "The native population of South America", in  Handbook of South American Indians, (Julian H. Steward ed.), Volume 5: The comparative Ethnology of South American Indians, Cooper Square Publishers, Inc., New York, pp. 655-668.


viernes, 19 de abril de 2019

Mapa de ubicación y tipo de cultura de los pueblos originarios de Chile hacia 1540: nuestro trabajo pionero del año 1975. Comparando el ayer (1975) y el hoy (2019).


Fig. 1. Parte superior del mapa, que corresponde al habitat de los changos de la costa  norte, aimaras y atacameños o lickan antai, con los colores respectivos para cada etnia. (Regiones chilenas de Arica, Tarapacá y Antofagasta).

Un mapa etnográfico de Chile en  1975.

Prácticamente desconocido resulta hoy, en el mundo de la Historia, Geografía y Etnografía de Chile, el trabajo que elaboramos  en 1975  para la revista ilustrada "Expedición a Chile", cuya edición se inició en dicho año. Nuestro objetivo entonces fue dar a conocer, en detalle, la localización, población, actividad económica y tipo de cultura de las diferentes tribus indígenas de nuestro país.  La nueva revista, sobre la cual hemos escrito un par de capítulos anteriores en este blog,  tenía por objeto dar a conocer rincones ocultos de Chile, ricos en flora y fauna,  hacia donde se podía expedicionar acompañados de  científicos de varias disciplinas. Mostrar a la juventud un Chile bastante desconocido en múltiples facetas, constituyó entonces el gran desafío del grupo de científicos que bajo la dirección del ingeniero  y matemático Alberto Vial Armstrong se reunieron  a fines del año 1974 para discutir y definir los objetivos y alcances de la futura  revista, destinada primariamente a re-encantar a la juventud chilena y a mostrarles su país  con una "nueva lupa":  la expedición guiada por científicos.

En busca de los pueblos autóctonos.

En estas investigaciones del Chile aún oculto o poco conocido,  no podían faltar las expediciones al corazón de algunas de las etnias, habitantes primigenios del territorio patrio: los mapuches y los qawashqar, este último  nombre autóctono de los alacalufes. Descubrir  y presentar a los lectores sus modos de vida, su relación con el medioambiente  y su  cosmovisión  era, sin duda, un tema ineludible si se quería mostrar el rostro aún oculto del Chile, que tan solo los científicos ilustrados o algunos académicos conocían de cerca.  Acercar este conocimiento a toda la juventud nacional, ansiosa  de nuevos derroteros  en las circunstancias políticas difíciles que vivía el país en esas fechas, constituía  no solo un desafío, sino también  un imperativo para enriquecer y profundizar nuestro conocimiento  del propio país. 

Se muestra el modo de vida de los mapuches y qawashqar.

Se eligió para ello, como tema principal de varios fascículos de la revista, el examen del modo de vida de  dos pueblos indígenas, muy diferentes entre sí: los mapuches:  agricultores del centro-sur del país y los alacalufes o qawashqar pescadores-recolectores marinos de los canales patagónicos. Dos etnias en extremo disímiles en su desarrollo cultural, economía  y  población. Mientras los mapuches mostraban una robusta población en incremento, con centenares de miles de representantes, los qawashqar estaban al borde de la extinción,  contando apenas con apenas un par de decenas de  descendientes, que vivían en pequeñas  cabañas de madera donadas por el Estado, en la localidad de Puerto Edén, su último refugio en su tierra ancestral: los archipiélagos patagónicos.  De su antigua  actividad  marina, apenas si quedaban ya rastros, cuando el lingüista greco-francés Christos Clairis Basiliadis los visitó y  estudió su lengua ya moribunda, en su última morada, en el año  1973.  Nuestra revista tuvo el privilegio de acceder a su material fotográfico de primera mano y al relato circunstanciado del propio investigador. Privilegio en realidad, único e irrepetible,  que agradecemos en forma particular.

Como parte de  esta novedosa perspectiva de dar a conocer, además de la flora y fauna nativa, la presencia indígena,  surgió en nosotros el anhelo de  pergeñar un plano o mapa etnográfico de Chile que fuera una guía práctica  para los estudiantes del país.

Observaciones al Plano nuestro de 1975.

El  Plano que aquí analizamos presenta ciertas peculiaridades que lo diferencian bastante de su predecesor, el plano del geógrafo  Pedro Cunill Grau, editado en el Atlas Histórico de Chile del año 1961. Dejamos aquí en claro que no se trató por cierto de una investigación lingüística o socio-lingüística  de nuestro territorio. Su característica básica fue dar a conocer el área territorial en que se desenvolvieron las diferentes tribus o pueblos indígenas del territorio nacional, en la época inmediatamente anterior al contacto español. Pretendía solamente servir de apoyo a la enseñanza de la historia y geografía  en los colegios y escuelas del país.
Sus  diferencias básicas respecto a planos anteriores, como el de Cunill Grau  (1961, cfr. bibliografía) se podrían tal vez resumir en los siguientes puntos:

a)  El Plano se acompaña, por el reverso, de un  extenso texto descriptivo, dedicado a  cada etnia  o grupo indígena. En ese texto, se  muestra su ubicación, se estima el monto de su población, se señala su economía básica (agrícola, cazadora, pastoril o de recolección y pesca), su forma de aprovechamiento del medio ambiente  (su ecología), así como  sus expresiones religiosas,  su lengua propia y su forma de asentamiento en el paisaje. Más abajo, presentamos al lector el texto descriptivo que acompaña al Plano.

b) Cada etnia es señalada con un color particular.

c)  Se agregan, a un costado, imágenes representativas de su vestimenta  y ajuar.

d)  Se  indica el  área de  influencia de su lengua y cultura en el territorio nacional.

e)  Las tribus sureñas de tehuelches y onas se extienden hacia el territorio actual de la Patagonia y Tierra del Fuego de la república argentina, compartiendo territorio en ambas naciones.

f) Y, por fin, se indica en forma simbólica, mediante líneas en zigzag,  las probables zonas de contacto con pueblos y culturas vecinas situadas en las actuales repúblicas de Perú, Bolivia y Argentina.

Por ser el plano muy largo (1m.), hemos optado por presentarlo en dos secciones o partes que mostramos a continuación:

 Fig. 1.  Territorio propio de aimaras,  lickan antai o atacameños  y mapuches.

 Fig. 2.  Área del territorio ocupado por las diferentes tribus del extremo sur, hasta la isla de el Cabo de Hornos.


Fig 3. La simbología empleada por nosotros en el mapa etnográfico del año 1975.

Texto redactado en 1975  ( en la parte posterior del Plano).  Escaneado desde el original.







 Comparando el ayer y el hoy: observaciones finales.

Analizando nuestro plano del año 1975, correspondiente a la situación poblacional indígena en el año 1540 (fecha del arribo de Pedro de Valdivia), podemos con mucho dolor comprobar cómo varias de las antiguas tribus habitantes del país, se han extinguido por completo en el transcurso de cinco siglos y medio. Algún grupo indígena ha sido lamentablemente omitido en este Plano (aunque no en el texto), como es el caso de los tehuelches o aonikénk  que hoy sabemos llegaban hasta el área de Puerto Natales y Punta Arenas y el mismo Estrecho de Magallanes, en sus correrías por la extensa Patagonia  argentina.
Quedan hoy, en el extremo sur,  muy escasos descendientes de los qawashqar y de los yámana o yaganes quienes ya perdieron  su antigua  lengua  y sus costumbres. Idéntica o peor es la situación de los onas, antiguos cazadores de guanacos de la Tierra del Fuego. Los tehuelches subsisten aún hoy en  pequeños grupos de descendientes en la república argentina en las riberas de los ríos Santa Cruz y Río Negro. No quedan indicios de chonos, puelches, poyas  ni de los pescadores  changos de la costa norte. Tampoco de los picunches en la zona central. Los changos  que subsistieron en la zona de Paposo-Taltal (IIª Región de Chile), desaparecen totalmente  hacia la década del 20 ó 30 del pasado siglo. De la antigua presencia diaguita  (IIIª y IVª Región de Chile) solo quedan descendientes lejanos,  fuertemente mestizados y aculturados, los que solo recientemente se han  auto-reconocido como tales y se  han afiliado a la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena  Nacional   (CONADI).
En la zona montañosa de Copiapó (cerca de la frontera argentina) quedan restos muy pequeños y dispersos de los antiguos moradores  collas, quienes practican hasta hoy un pastoralismo semi-nómadico de cabras y ovejas en un medio geográfico muy depredado y escaso en alimentos.  Esta etnia no figuraba siquiera en los primeros planos etnográficos ni tampoco en el plano nuestro de 1975 que aquí comentamos, pues su existencia como grupo indígena era por entonces prácticamente ignorada y no estaba registrada oficialmente, ni siquiera en su propia región (IIIª  Región de Chile, Región de Atacama).

Los indígenas en Chile según la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI).

 La CONADI hoy reconoce la existencia de aimaras, quechuas y lickan antai o atacameños en las provincias del extremo norte. Diaguitas en la  IIIª y IVª Región;  pascuenses o Rapa nui en Isla de Pascua; mapuches  y huilliches en las regiones  VIIIª,  XIXª y Xª.  Los escasos descendientes de qawashqar, onas, y yamana (o yaganes), han perdido por completo su lengua y sus costumbres tradicionales y viven en algunos poblados sureños, como en la  Isla Navarino,  entre blancos, aunque hacen hoy valer con energía sus derechos  a sobrevivir como tales. Estimamos que fuera de sus genes (patentes en su genotipo y fenotipo) y de algunos pocos recuerdos de antaño, es muy poco o nada  lo que en ellos sobrevive hoy de su cultura antigua: se han aculturado totalmente,  y adaptado  hoy al modo de vivir de la mayoría blanca y se han mestizado fuertemente con ellos. En realidad, no tenían otra alternativa para sobrevivir.  O se adaptaban  o sucumbían.

La forzada extinción de  las tribus del extremo sur de América.

El pavoroso exterminio experimentado por estas tribus sureñas de chonos, yámanas, onas, qawashqar, poyas  o tehuelches  (o aonikenk), ha sido descrito, con negras tintas, por diferentes autores. Sucumbieron estas tribus sea a manos del ejército argentino del general Roca  (pampas y tehuelches), o  provocado por  las masacres de algunos grandes hacendados y estancieros chilenos y argentinos de la Patagonia y Tierra del Fuego (caso de tehuelches y onas), o, por fin, por los ávidos comerciantes de pieles de lobos marinos en la zona de los archipiélagos chilenos desde comienzos del siglo XIX  (chonos, qawashqar  y yaganes). Su calvario ha quedado tristemente  registrado en numerosos relatos de misioneros, viajeros, historiadores y descriptores de la Patagonia, tanto chilena como argentina.  (Cf. Thomas Falkner, S.J,  (1809); Guillermo Cox,  (1863); George Chaworth Musters (1871); Martin Gusinde, (1931-37); Lucas E. Bridges, (1950); Mateo Martinic  (1961, 1971); Horacio Larrain  (1986), Rodolfo Casamiquela,(1991) y recientemente,  Luis Alberto Borrero (2001), para no citar sino unos pocos autores de varias nacionalidades que se han referido con cierta extensión  a su habitat y cultura o  a su triste destino).

(Nota:  el presente capítulo solo ha pretendido presentar y dar a conocer a los expertos en Ciencias Sociales y al profesorado nacional la existencia de esta mapa etnográfico de nuestra autoría, diseñado hace ya casi 45 años, y no intenta, en modo alguno, recapitular o examinar  la rica bibliografía existente tanto en Chile como en Argentina sobre  el respectivo poblamiento indígena  y su destino actual).

Bibliografía básica citada.

Borrero, Luis Alberto, 2001, El poblamiento de la Patagonia. Toldos, milodontes y volcanes, Emecé Editores, Buenos Aires.

Bridges Lucas E.,  1950,  Uttermost Part of the Earth,  E. P. Dutton and Co, New York; Inc.;  London,  Hodder &  Stouton.

Bridges, Lucas E., 1952, El último Confín de la Tierra, Emecé Editores, S.A., Buenos Aires.  (traduccion de la obra precedente).

Casamiquela, Rodolfo, 1991, "Bosquejo de una etnología de la Patagonia Austral", Waxen, 3,  41-80.

Cox, Guillermo, 1863.  "Viajes a las rejiones septentrionales de la Patagonia",  Anales de la Universidad de Chile, tomo XXIII, Semestre 2º, 3-103; 151-238 y 437-509. Santiago. de Chile.

Cunill Grau, Pedro,  1961, Atlas Histórico de Chile, Publicaciones de la Liga Chileno-Alemana con ocasión del Sesquicentenario de la Independencia de Chile, 34 mapas, Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile.

Falkner, Thomas  S.J., 1809, Description of Patagonia, Two Volumes,  Longman and Co., London.

Gusinde, Martin SVD., 1931-36,  Die Feuerland Indianer, Verlag des Internationalen Zeitschrift Anthropos, 3 Bände [Band I: Die Selk`nam (1931); Band II: Die Yamana (1937);  Band III: Anthropologie der Feuerland Indianer (1930)], Mödling bei Wien.

Larrain, Horacio,  1986, Etnogeografía,  Colección "Geografía de Chile"  Tomo XVI, Instituto Geográfico Militar, Santiago de Chile, 285 p.
                                            
Martinic, Mateo, 1961, "Los Tehuelches, antiguos habitantes de nuestras estepas patagónicas", Revista Revista Geográfica Terra Australis, Nº 9, 52-59.

Musters  Chaworth, George,  1871, At home with the Patagonians,  Cambridge University Press. London.