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jueves, 28 de mayo de 2026

Las primeras excavaciones arqueológicas de que se tenga noticia en la costa de Antofagasta: año 1902. Objetivos y resultados. Presentación y discusión..

Introducción.

Presentamos hoy a nuestros lectores el texto original de la expedición francesa de los investigadores Créqui Montfort y Sénéchal de la Grange del año 1898 en la zona costera de Antofagasta . Este documento, muy poco conocido en nuestro medio, fue  traducido por nosotros del original francés ya en el año 2012, y yacía olvidado y arrinconado entre  otros   archivos en mi computador. Considerando su gran importancia histórica y antropológica, lo ofrecemos hoy, gustosos a la consideración  de  los especialistas y de los lectores asiduos de nuestro blog. ¿Què buscaban preferentemente los arqueólogos en estas excavaciones  financiadas por los Museos europeos?. ¿Qué elementos  hoy considerados de enorme importancia, eran generalmente descuidados en ese tiempo?. ¿En qué se fijaban especialmente?. ¿Y porqué?  Es lo que pretendemos demostrar en este trabajo a partir de  nuestras notas explicativas.       



"Excavaciones antiguas en la costa de Antofagasta"

 

Presentación.

 

Entregamos hoy a nuestros lectores nuestra traducción del francés,  de un  artículo publicado en el Bulletin et Mémoires de la Societé d´Anthropologie de Paris, Tome III (V Serie), 1902: 700-708, Paris.

 

Quien hace la presentación  es el médico francés Arthur  Chervin (1850-1921)  miembro de la expedición  llamada Mission Scientiphique  G. de Créqui Montfort y E. Sénéchal de la Grange, quien fuera  encargado de la sección Craniología de dicha expedición. El Dr. Chervin  fue el responsable del tomo III, titulado Anthropologie Bolivienne (Paris, Imprimerie Nationale, 1908).

 

Notemos aquí de paso que por “Antropología”  en  los países europeos (en particular en Francia y Alemania) se entendía por entonces el estudio  de las características físicas de los pueblos indígenas, lo que hoy  conocemos hoy como “Antropología Física”.  El estudio del acervo cultural de estos pueblos pertenecía a la Etnografía o a la Etnología.

 

Su especial interés para nosotros radica en  el hecho de que se trata –a lo que sospechamos- de las primeras excavaciones arqueológicas realizadas en esta región de Antofagasta, bastante  anteriores a las realizadas, en la década del 1920 por el médico alemán Otto  Aichel  en el área de Cerro Moreno, y cuyo contenido se ofrece aquí una descripción  muy precisa  y detallada.

 

[Nota. En paréntesis cuadrados, van las adiciones o comentarios nuestros].


 

Traducción nuestra del texto original.

 

 “El Señor Chervin  tiene el honor de presentar a la Sociedad numerosos objetos traídos desde Bolivia por el Señor Sénéchal de la Grange.

 

En el curso de un viaje  efectuado desde la bahía de Antofagasta hasta  el altiplano de Bolivia, el Señor Sénéchal de la Grange tuvo la ocasión de recolectar objetos de diferente naturaleza, pero todos igualmente preciosos para los antropólogos, porque los procedentes de esta región son bastante  escasos (1).

 

El Señor Chervin presenta:

 

1. Cuatro cráneos hallados por el Sr. Sénéchal de la Grange en lomajes de la ensenada de (la) Chimba frente a la isla de Guarnan  [sic! por Guamán]. Tal como pareció  al Señor de la Grange, la sepultura fue excavada en plena tierra, o mejor dicho,  en plena arena, en el acantilado que domina la bahía. No había rastro alguno de tumba [o sepulcro] (2).

Las diversos huesos que componían el esqueleto han sido hallados en la posición normal de un cuerpo extendido (3), excepto en el caso del niño, contrariamente  a  lo que suele encontrarse de ordinario en muchas sepulturas peruanas   de las orillas del  Pacífico, donde la posición en cuclillas es la regla.

 

A estos cuatro cráneos recogidos personalmente por el Señor Sénéchal de la Grange,  se agrega aquí un quinto que le ha sido obsequiado por uno de sus amigos como el cráneo del famoso Atahualpa, el último gran jefe Inca del Perú.  Este cráneo, que  está representado en la línea tercera  de la fotografía adjunta, ¿es verdaderamente el cráneo de Atahualpa?. La cosa no es imposible si se ha de creer  al documento mostrado aquí abajo que ha sido remitido al Señor Sénéchal de la Grange y que nosotros hemos traducido literalmente. Sea lo que sea, el Señor Sénéchal de la Grange se limita a entregarlo tal como lo recibió, sin otra garantía alguna de autenticidad histórica (sigue aquí nota  al pie de página con una extensa referencia a la historia  del cráneo de Atahualpa y su destino).

 

Sea lo que sea, de estos cinco cráneos, los tres primeros pertenecen a hombres adultos, uno a una mujer y el otro a un niño.  Los tres cráneos adultos  son muy claramente  braquicéfalos, tal como lo atestiguan las fotografías adjuntas, y presentan una serie de caracteres comunes, y en forma notable,  una  gran anchura de la cara como consecuencia de la importancia del ángulo bicigomático. Uno de estos cráneos  presenta un prognatismo sumamente notorio con inserciones musculares  fuertemente marcadas; el cráneo de Atahualpa, presentando las mismas características generales que  el segundo cráneo adulto,  no posee las inserciones musculares tan marcadas como los precedentes: es claramente más fino.  Ninguno de ellos muestra señas de deformación  (craneana).

 

Los cráneos de la  mujer y del niño nada presentan de particular. Son braquicéfalos como los  demás. Se nos plantea un problema:  ¿a qué raza pertenecen estos cráneos?. Nuestros conocimientos craniométricos  relativos a las numerosas razas que poblaron estas regiones son poco numerosos. Todo lo que podemos decir es que eran, en  todo caso,  poblaciones de pescadores, privadas del hierro y  de  todo tipo de mineral, estando así  obligados a servirse del sílex puesto que no tenían  otro tipo de utensilios  a su disposición.  Actualmente, nos es difícil precisar más.  Pero el señor Sénéchal de la Grange, quien  va a regresar nuevamente a Bolivia, se pone a la disposición de la Sociedad de Antropología  y de todos los sabios que tengan  problemas para dilucidar o informaciones que recabar. Gracias a la atención  que  realiza el personal médico que  él posee en las minas de Huanchaca, podría  hacer recopilar  todos los antecedentes de interés  relativos a los  7.000 obreros de la mina, que pertenecen a todas las razas indígenas de la altiplanicie del Perú, de Bolivia, del Brasil y de la República Argentina.

 

No sabríamos, pues,  agradecer suficientemente al Señor Sénéchal de la Grange por tan generosa propuesta, que servirá en gran medida a los intereses de la ciencia (1).

 

2. En las sepulturas, el señor Sénéchal de la Grange ha encontrado maravillosas puntas de flecha hechas en sílex y en diferentes  tipos de rocas,  todas ellas finamente dentadas, de las cuales algunas  no parecen haber sido utilizadas [para la caza].

 

3. Había aún un gran número de arpones de madera para la pesca. Algunos terminaban en un sílex tallado bastante grande, en forma de lanza, mientras que otros terminaban  en un sólido anzuelo de hueso.

 

4. Dos o tres  marcos de espejo (?)  (cadres a miroir) adornados  por un diseño muy simple, conformado por líneas quebradas. El señor Sénéchal de la Grange ha hecho referencia a numerosos otros objetos que irán a enriquecer nuestras  colecciones públicas. Entre éstas, debo señalar dos momias: una de hombre y otra de mujer; las dos dicen relación a personas que perecieron de muerte violenta. La mujer trabajaba en las minas de cobre de Chuquicamata; ella presenta la cabeza aplastada por un derrumbe  ocurrido en época desconocida;  el cuerpo está momificado en forma natural. Junto a ella, se ha encontrado diferentes objetos, notablemente un saco de piel  curtida en el cual  se halló  dos o tres grandes piedras, de  20 a 25 cm de  longitud,  y seleccionadas verosímilmente por  su forma de hacha de mano, las que servían para desprender el mineral. Había allí, igualmente, un martillo de piedra bruta, muy interesante,  en forma de  pirámide. El mango está formado por una rama de árbol de un metro de largo y doblado.(à frais) en su parte media. La piedra está inserta al medio de la rama [así] doblada. Se mantiene en su lugar  mediante amarras de cuero curtido de un centímetro de longitud, dispuestas en forma de redes (réseaux).  Las dos ramas de árbol  dobladas se unen mediante  pequeños cuerdas de cuero curtido formando así un mango de 45 cm de largo.

 

 Se halló igualmente cerca de esta pieza  un pequeño cesto redondo, sin tapa, hecho en cestería de junco trenzado con mucha regularidad en forma de un pote (bol), sin diseños de color. La momia del hombre fue donada al Museo de Etnografía del Trocadero; ha sido  colocada en la sala Lorillard, vitrina  Nº  51. Esta momia fue hallada hacia el año 1880 en trincheras abiertas en las arenas  del altiplano de Bolivia  para la instalación del ferrocarril de Antofagasta a   Pulacayo. El cuerpo se encuentra perfectamente momificado;  la piel se ve levantada en algunas partes, en especial en el brazo derecho, dejando ver una musculatura  en buen estado.

 

Se trata de un hombre joven, imberbe,  de pequeña talla (de alrededor de  1,50 m de alto) y su cara es alargada. Los cabellos son de un  color café (brun) y lisos,  y están trenzados  en penachos  (touffes)  en torno a  la cabeza y  son lo bastante largos como para caer  por delante hasta el cuello y por detrás, hasta las espaldas.  Sobre la cabeza  se observa una pequeña  redecilla de hilo  de algodón blanco en forma de red (filet)  que termina en una pequeña borla o pompón formado por una veintena de  gruesos hilos de lana roja. Alrededor del cuello,  se observa un cordón de algodón del cual está suspendido un pequeño saco de ocho centímetros de alto por tres de ancho. Este saco [o bolsita] está hecho  en tejido de algodón de dos colores y el diseño  se compone de dos hiladas de  un centímetro de ancho, amarillo y rojo sucediéndose alternativamente a todo lo largo [de la pieza]. El saco está cerrado por medio de un fino cordón amarillo: es incontestablemente un saco de amuletos.  En el interior del saco [o bolsa] se hallan  dos puntas de sílex, un pequeño guijarro  aglomerado con una incrustación de cobre y cuatro granos de limonita pisilítica  (limonite pisilitique).

 

Los lóbulos de las orejas están perforados y atravesados por un pequeño trozo de madera dura, afilada en uno de sus extremos,  delgada (mince) como una aguja de tejer, y de un largo de alrededor de cuatro centímetros; diríamos [que semeja] una espina larga.

 

El cuerpo está extendido todo a su largo, acostado sobre el costado derecho, con el antebrazo plegado, con la cara dorsal de la mano apoyada sobre la mejilla en la actitud del sueño. Los pies están desnudos y desprovistos de sandalias. No hay traza alguna de tatuaje. El cuerpo está vestido solamente de un puncho (sic! por poncho) de color, tejido en forma  regular en el telar  (au métier)  que desciende hasta unos 10 cm debajo de la rodilla. El puncho (sic! por poncho),  lo sabemos, es una pieza de  tela en forma de  cubierta  perforada al medio por medio de una  abertura para dejar pasar la cabeza y   mantenerlo sobre el cuerpo.   En  la parte del cuello se observa  una especie de encaje  formado por 7 gruesos puntos de tapicería en lana roja  cuyos hijos  suben de cada lado en una misma línea, a dos centímetros de distancia. Directamente sobre la piel se halla un cinturón aplastado. Está hecho de la reunión de  una veintena de cordelillos en pelo de llamo, que probablemente servía para suspender un paño (hoy día ausente).

El pubis está guarnecido de pelos. Pero la persona  fue castrada  con la ayuda de un instrumento  sumamente  afilado, cuya corte  se ve aún hoy perfectamente nítido al nivel del pubis mientras que se ven restos de las bolsas [bolas].  La extracción del pene ha tenido lugar  con toda certeza después de la muerte; tal vez  fue  practicada por el obrero que la descubrió en la trinchera del ferrocarril, para hacerse  con él algún amuleto.

 

 Esta momia es, pues,  interesante por más de una razón.

 

El señor Sénéchal de la Grange ha hecho obsequio a la Sociedad, para su museo particular,  de los cinco cráneos que yo acabo de presentar; éstos vienen a llenar  una laguna en nuestras colecciones y debemos dirigir a nuestro generoso donante nuestros más calurosos agradecimientos.

 

A causa de su especial importancia, yo he creído útil  ofrecer un dibujo de cada uno de estos cráneos para nuestros lectores del Boletín. Me ha parecido que la fotografía  presentaba una gran ventaja sobre los (instrumentos) goniómetros y cefalómetros conocidos. Así, pues, he buscado una posición que fuera la misma para todos los cráneos en estudio y sobre todo un medio para hacerlos comprables entre ellos. He pensado que la fotografía señalética  (signalitique)   imaginada para  la persona viva por nuestro colega  el señor Alfonso Bertillon, podría tener su aplicación en la craniometría ya que ella presentaba todas las condiciones requeridas para lograr la mayor uniformidad posible de  posturas y reducción.  Mi amigo, el señor Alfonso Bertillon ha  tenido a bien  adaptarse a  mis indicaciones y las fotografías de la página 706 han sido realizadas en su Servicio en las condiciones señaladas en la nota adjunta. [Ver más abajo].

 

La aplicación  del método del señor Alfonso Bertillon  a la craniometría presenta, con  respecto de  los diversos  aparatos craniométricos, la ventaja  del diseño fotográfico sobre todos los dibujos hechos a mano. Pero el procedimiento del señor A. Bertillon es tan rigurosamente exacto que permite tratar la fotografía obtenida como un verdadero dibujo geométrico, así como tomar  mediciones  precisas. Es ésta una ventaja  inapreciable  que hará los más grandes servicios a los  investigadores que se dedican a  la craniometría.

 

Nota sobre la reproducción fotográfica de cráneos.

 

[Esta sección,  de interés únicamente para la historia de la craniometría, no se tradujo en esta ocasión y se omite aquí. Nada aporta desde el ángulo eco-antropológico. Se puede, sin embargo, leer en francés, en el original.



Discusión.

 

El señor Presidente pide al señor Chervin que transmita al señor Sénéchal de la Grange los agradecimientos de la Sociedad.  Expresa, igualmente,  el anhelo de obtener  referencias exactas  sobre el tipo de la sepultura de los cráneos que acaban de ser  ofrecidos.

El señor Chervin es de opinión de que los cadáveres habían sido enterrados en la arena, sin  ninguna otra  forma de sepultura (o tumba).

El señor  A. de Mortillet hace notar  que las flechas presentadas por el señor Chervin   se aproximan por su forma a aquellas que se encuentran en Europa”.

 

[Hasta aquí, nuestra traducción del texto original  francés].

_____________________________

 

Nota 1. Por recomendación  del señor M. Chervin,  los señores Sénéchal de la Grange y de Créqui-Monfort acaban de organizar una verdadera misión antropológica llevando consigo a investigadores calificados como  los señores Adrien de Mortillet, Courty, el Dr. Neveu-Lemaire y J. Guillaume.



Nuestras Notas al texto.


(1)  Para un museo francés de la época, todos los hallazgos de la expedición tenían un particular valor: la exposición al público de los componentes de una cultura indígena  local, poco documentada hasta entonces. Entre estos elementos de especialísimo interés, estaban los restos humanos, en particular los cráneos. ¿Por qué los cráneos, podríamos preguntarnos hoy?. ¿Era esto una moda, o una simple curiosidad por entonces?. Moda, no, preocupación seria, sí. Recordemos que la época se caracterizó por  un marcado interés por registrar los orígenes y variabilidad del poblamento humano, a partir del descubrimiento casual del cràneo del hombre de Neanderthal, en Alemania,  por obreros en una cantera  en el año  1856, datado en 40.000 años. Nacía así la  disciplina de la paleoantropología. Tal inquietud intelectual es comparable a la actual curiosidad humna por escrutar los orígenes de la vida en otros planetas del universo...!.


(2)  En la misma zona y frente a la isla Guamán tuvimos nosotros la suerte de encontrar, en agosto o septiembre  de 1964, un esqueleto humano igualmente extendido que ostentaba a la altura del pecho y como única ofrenda, una gran concha de ostión (Argopecten purpuratus, ),  desgastada en sus bordes. Descubrimiento  no puedo olvidar hoy por haber sido el primero encontrado por mí en ese tiempo. No había signo alguno de atisbo de tumba o sarcófago, habiendo sido excavada directamente en la arena. Referencia explícita  y detallada a  este hallazgo, estampé  en mi obra "Eco-antropologìa",  publicada por Pampa Negra Ediciones, Antofagasta, 2024, pg. 93.      


(3)  En nuestra zona costera norte, el modo de enterramiento habitual  desde los tiempos de la cultura Chinchorro era con el cuerpo total o parcialmente extendido. Los pueblos del interior (aymaras y quechuas) empleaban siempre la forma fuertemente flexada, o en cuclillas.   

 

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