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lunes, 2 de enero de 2012

La revista "Norte Grande" de la Universidad Católica de Chile conmemora aparición de su Número 50 (1974-2011).

Fig. 1 Indice del Número 1 de la revista "Norte Grande" (Marzo 1974). Nótese el esfuerzo por lograr la interdisciplinariedad, enfoque que se buscó desde el principio. Tópicos en Geografía, Antropología, Historia y Geología aparecen desde el primer Número de la Revista.

Fig. 2. Portada del Número Uno de la Revista "Norte Grande". Para esta Portada, se solicitó al arquitecto antofagastino Carlos Contreras Alvarez un dibujo especial que sirviera de telón de fondo. Representa éste el poblado-santuario de Cultane, en el altiplano de Tarapacá donde la comunidad de pastores de Lirima celebra sus festividades. La portada misma, mantenida en los primeros números de la Revista, ya afirmaba su carácter de nortina y andina.

Fig. 3. Palabras de presentación de la Revista. Firman Hugo Bodini Cruz Carrera, geógrafo y Horacio Larrain Barros, Antropólogo.

Fig. 4. Indice de artículos publicados en el Número Uno de la Revista. Obsérvese la búsqueda explicita de trabajos de índole geográfica, geológica, etnohistórica, histórica y de antropología social.

Fig. 5. Presentación del Número 50 (Diciembre 2011) de la Revista, escrita por la geógrafa del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Pilar Cereceda Troncoso. Pilar Cereceda, actualmente Directora del "Centro del Desierto de Atacama" de esta Universidad, actuó desde los inicios de la revista, cual novel geógrafa, como activísimo miembro del Departamento de Geografía de Chile y Secretaria de Actas del "Taller del Norte Grande", del mismo Instituto.


Fig. 6. Indice de artículos del Número 50 de la Revista, consagrada a estudios del desierto y semidesierto (Diciembre 2011). Tal como en el Número Uno del año 1974, en ésta se buscó deliberadamente la interdisciplinariedad, con la presentación de artículos de distintas especialidades como Geografía, Etnohistoria, Historia, Arqueología y Ciencias Naturales (Botánica). Esta postura esencialmente interdisciplinaria, es la única posible cuando se pretende comprender y profundizar en el tema del desierto como centro de actividad humana, y así lo comprendieron los Editores. Los Editores del Número Uno, en Marzo del año 1974, hace casi 38 años- ya lo habían intuido y comprendido, ante la ingente tarea de aportar variados elementos de juicio para estudiar, con base científica, las posibilidades de desarrollo de las regiones desérticas del Norte Grande de Chile..


Texto de nuestra alocución.

A continuación, presentamos el texto completo de nuestra reciente alocución con motivo del Acto oficial de lanzamiento del Número 50 de la Revista de Geografía "Norte Grande" , realizado en el Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad de Chile (Campus San Joaquín) , el día 30 de diciembre del año 2011.


Queridos colegas, alumnos y amigos todos:


Una ocasión memorable nos reúne hoy en la presentación en sociedad del número quincuagésimo de la “Revista de Geografía Norte Grande”, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Pocas son en nuestra patria las publicaciones que alcanzan este número, signo inequívoco de vigencia, vitalidad y pujanza.


Agradezco a las autoridades del Instituto la ocasión para hablar en este evento, para nosotros, los gestores de esta epopeya, lleno de añoranzas y recuerdos. El que os habla, primer Director de esta Revista, es uno de los sobrevivientes de esta gesta que fuera obra de todo un equipo humano inspirado en un mismo ideal.


En marzo del año 1974 – hace casi 38 años - el Instituto de Geografía de la UC daba inicio a su revista, la misma que hoy continúa con la entrega de su número 50. La revista quiso tomar su nombre del “Taller del Norte Grande”, creado por un grupo de geógrafos en 1971, y dirigido por el entonces director del Instituto, profesor Hugo Bodini Cruz-Carrera.


Antes de entrar en materia, me permito recordar los nombres de los grandes ausentes, autores o colaboradores de esos primeros años. Entre ellos quisiera recordar a los colegas Joaquín Sánchez, Wolfgang Weischet, Roland Paskoff, Armando de Ramón, Hans Niemeyer, María Angélica Apey y el historiador del Norte don Oscar Bermúdez. También recordamos con particular afecto a los pioneros que aún nos acompañan en las tareas y actividades del presente.


¿Cuál fue el objetivo inicial de esta revista? Lo expresábamos claramente en la editorial de la Revista Nº 1 y eran los propios del “Taller del Norte Grande” que le diera origen:

a) Recopilar, analizar y difundir materiales de estudio que sirvan para interpretar la vida de las comunidades antiguas y modernas;


b) Ofrecer a las entidades estatales una base documental seria para proyectos de desarrollo.


En forma más concreta, se señalaba entonces como objetivos específicos:


1. estudiar desde un punto de vista interdisciplinario las condiciones de habitabilidad de la Pampa del Tamarugal, procurando entender los procesos históricos y físicos detectables en el paisaje desde el arribo de los colonizadores o aún antes;

2. además, llegar a entender el rol de esta Pampa y sus asentamientos, en la compleja red de interacciones entre las aldeas de la cordillera, la Depresión Intermedia y la franja costera;

3. ofrecer a los esfuerzos por convertir a la Provincia de Tarapacá en una dinámica región geográfica, capaz de configurar un modelo propio de desarrollo regional.


En síntesis, la Revista, fruto maduro de muchos estudios, quiso ser una expresión tangible del interés sólidamente fundado para enfrentar el desarrollo de la Región con el aporte de una vigorosa Geografía secundada y apoyada por varias otras disciplinas, sobre todo por la Historia y la Antropología.


Los primeros siete números procuraron ser fieles a este mensaje: constituir un fuerte apoyo académico al conocimiento de la macro-región del Norte Grande chileno, para así cimentar su desarrollo futuro.


Los cambios profundos que a partir de 1973 se siguieron en la política nacional y, por sobre todo, la reestructuración universitaria realizada por el Régimen Militar desde fines de 1974, obligaron al Instituto de Geografía a modificar el enfoque de la Revista. Surgen a partir de entonces las universidades regionales como nuevos ejes de apoyo a los Planes de Desarrollo. Ya no serán como antaño las universidades de la capital las que señalarán los rumbos, las prioridades o las proyecciones del Desarrollo Regional. Y muy pronto, éstas crearán sus propias revistas especializadas.


“Norte Grande” pasará, pues, a llamarse “Revista de Geografía del Norte Grande”, adquiriendo ahora una nueva fisonomía de carácter francamente nacional. Se pierde en parte el enfoque fuertemente interdisciplinario que inicialmente se le diera, pero se gana en profundidad académica, en un amplio contexto geográfico, con la aplicación de novísimas tecnologías de la investigación geográfica.


La Revista hoy día, sin renunciar por cierto a sus orígenes históricos, se ha constituido a nivel nacional en uno de los referentes más valiosos y prestigiados para el estudio de las más diversas problemáticas geográficas a nivel nacional. A partir del año 2009 con su Nº 42, ostenta el título de Revista ISI, (hoy Thompson Reuter), a la par de las revistas más importantes del mundo en su especialidad.


Como primer Director y Editor de esta querida Revista deseo expresar mi profunda alegría al poder estar presente en este día de gloria: la presentación del Nº Especial Nº 50 de la Revista, dedicado al estudio interdisciplinario de los ecosistemas del desierto, amplia comarca del país que abarca desde la frontera con el Perú hasta la IV Región, inclusive.


A los actuales directivos de la Revista deseamos pleno éxito en su labor e instamos a las nuevas generaciones de investigadores a buscar con ahinco las respuestas a los problemas que generan los nuevos y difíciles desafíos nacionales, mediante un estudio profundo y acucioso de las fuentes del pasado y sus respuestas, y un examen profundo de las potencialidades de nuestros ecosistemas nacionales.


Gracias, finalmente, por esta gentil invitación, por este maravilloso Acto conmemorativo y por su infinita paciencia en escucharme."


Dr. Horacio Larrain (Ph.D.)

Arqueólogo y Antropólogo Cultural.


Comentario final.


Nos asombra y a la vez nos regocija leer hoy lo que escribiéramos en nuestros años mozos sobre los objetivos de esta revista que audazmente por entonces veía la luz. Tales reflexiones eran un fruto maduro de la alianza estratégica e indisoluble entre la Historia, la Geografía, la Antropología y la Arqueología, en nuestros propios estudios universitarios. Porque hoy día todavía es tema de franca discusión la forma cómo las ciencias humanas y las ciencias de la tierra deben aliarse para dar respuesta común a los grandes desafíos que la actividad industrial humana desenfrenada y sus desechos tóxicos ha desencadenado en el planeta.


Hoy, cuando los problemas ambientales y el inmisericorde cambio climático global nos acecha, nos abruma, y nos hace palidecer, como en las películas de ciencia-ficción, parece más necesario que nunca aunar fuerzas y energías para convencer a los políticos sobre la necesidad de realizar a la brevedad, cambios profundos y radicales a nivel mundial. La reciente conferencia en Durban, Sudáfrica (diciembre 2011), sobre el Cambio Climático y sus consecuencias, nos ha dejado mucha desilusión y muy mal sabor de boca. No se observa todavía una férrea capacidad de reacción mundial al respecto. Los países mas contaminantes -los más poderosos del planeta- no toman aún conciencia de la gravedad del problema. En lugar de enfrentar valientemente el problema, adoptan la cómoda actitud de la avestruz: esconder la cabeza e ignorar el problema. Muy pronto la naturaleza les pasará la cuenta: tal vez ya se las está pasando...!


A LA VERDAD, NO SABEMOS QUÉ NOS ESPERA PARA EL FUTURO PRÓXIMO, ESTO ES PARA LOS PRÓXIMOS 20 AÑOS, SI NO SE ADOPTAN CAMBIOS RADICALES.


No quisiéramos ser "profetas de desgracias", como en la tragedia griega. Pero el panorama mundial se ve demasiado negro. Y los "intereses creados" por defender la proliferación incontenible de la contaminación por CO2 y otros elementos tóxicos, so pretexto de "desarrollo" y "progreso", demasiado fuertes. Tal vez la "ola de indignados" que incontenible hoy recorre el planeta sea una nueva forma de la "voz de Dios" (vox populi, vox Dei) que nos liberará de la catástrofe ad portas.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Una mirada espacial a la historia: el aporte científico de Patricio Advis Vitaglic, arquitecto.


Un arquitecto sui generis.

Patricio Advis fue un gran arquitecto, esto es un estudioso, un experto de la comprensión y "ordenamiento del espacio". Un ordenamiento, por cierto, al servicio del hombre y de su actividad concreta. Como arquitecto, deja una huella imborrable en su Iquique natal. Edificios y libros especializados en que estudia con diligencia el desarrollo arquitectónico de su ciudad, ahí han quedado en pie para la posteridad.
No es éste, sin embargo, el objetivo de esta nuestra semblanza. Analizaremos al arquitecto convertido en historiador y en geógrafo. Casi desaparece el arquitecto y aparece ante nuestros ojos el nuevo "cronista" de una expedición al desierto. Nuestro enfoque al analizar su aporte a la Historia y a la Antropología será el propio de un eco-antropólogo. De alguien interesado en estudiar el hombre y su actividad enraizado profundamente en su propio medio ambiente. No podría ser de otra manera. Analizaremos, pues, aquí el aporte cientifico de un hombre que busca historiar el acontecer humano en su paisaje concreto: el desierto de Atacama y sus pueblos dispersos en quebradas aisladas y distantes, aparentemente inconexas pero en realidad inteligentemente conectadas por el sistema vial incaico.



Un historiador singular, diferente.


Historiadores de la hazaña del cruce del desierto de Atacama, ha habido muchos. Barros Arana (1884-1902), Vicuña Mackenna (1868), Thayer Ojeda (1908), Amunátegui (1913), Encina (1949), De Ramón (1953), Villalobos (1954). Todos ellos, han escrito y descrito los acontecimientos desde el cómodo sillón de sus gabinetes, poblados éstos de enjambres de libros, archivos y documentos. Pocos, muy pocos son los que han sentido la necesidad de ir a cotejar la información libresca con la realidad para tratar de entender, in situ, lo ocurrido en el pasado. Porque pretender estampar y dar a la luz "lo que ocurrió tal como ocurrió en el pasado- como lo preconizara el gran historiador alemán Leopold  Ranke como algo esencial a la labor de "historiar" o hacer historia [historein]- supone conocer primero y a fondo, los paisajes descritos, los parajes recorridos, los recursos existentes empleados, los climas extremos soportados, las penurias o cansancios sufridos. Tal premisa nos parecería hoy algo absolutamente evidente, y, sin embargo, la casi totalidad de los hombres que hacen la historia - nuestra historia- no se han calzado los pesados bototos del explorador ni se han atrevido a soportar, impertérritos, las temperaturas extremas del desierto, expuestos a la intemperie de día y de noche.
Hay escasas excepciones y, precisamente, Patricio Advis es una de ellas. Aquí radica el supremo valor intrínseco de los "cronistas" de las expediciones, de aquellos integrantes que, día a día, consignan pacientemente en su diario de campo, los sucesos acaecidos, a lo mejor "al tenue resplandor de una candela" en su carpa de campaña, como ya nos lo enseñara Pedro Cieza de León, el gran cronista de la Conquista del Perú.

Un recordatorio necesario.

Si el insigne historiador don Diego Barros Arana hubiera recorrido personalmente miles de kilómetros de la Patagonia al sur del Rio Negro en compañía de expertos naturalistas de la época (los geógrafos de hoy) al estilo de un Philippi, (padre o hijo) y hubiese conocido de visu sus extensas praderas, su rica biogeografia y sus recursos, no hubiese jamás pronunciado aquellas frases desdeñosas sobre la valía e importancia de dichos territorios. Creyó a pie juntillas que la opinión de Darwin -basada en escasas observaciones hechas en torno a Carmen de Patagones- ya era suficiente. Increíblemente, al gran maestro le bastó el "Magister dixit" del gran biólogo inglés. Desdeñó, por consiguiente y consideró inútil cerciorarse directamente del paisaje y su rica geografía. Muy diferente fue el proceder de Guillermo Cox, el gran explorador de la Patagonia, porque supo recorrer sus sendas y caminar, comer y dormir entre  sus indios, los tehuelches. Barros Arana creyó saberlo todo en y desde el papel. Pecado capital para un historiador de su trayectoria. Y sabemos bien los chilenos la consecuencias de dicha opinión desdichada, tenida por la sociedad chilena de entonces como infalible: la pérdida irreparable de la Patagonia.

Un historiador de terreno.

Patricio Advis, arquitecto iquiqueño, nacido en 1930 en la ciudad de Iquique (hermano del conocido autor de la Cantata Santa María, Luis Advis), fue un historiador de bluejeans, sombrero de explorador, casaca gruesa y pesados bototos; un hombre de terreno a la par que un escudriñador de archivos y bibliotecas. No se contentó con el dato escueto, dado por el cronista o informante de antaño: quiso ir a verificarlo- en lo posible- al lugar mismo de los hechos. Y este afán casi frenético por conocer y visitar y escudriñar "el lugar de los hechos", y en lo posible, sentir lo que los antiguos caminantes sintieron, experimentaron y vivieron, hace de Patricio Advis un tipo de historiador absolutamente exótico, muy diferente al que nos ha habituado la Academia.

Labor de "historiar" la geografía viva del paisaje.

Porque Advis hace a la vez labor de historiador y labor de geógrafo y cartógrafo; a veces, de geomorfólogo e incluso hasta de topógrafo. El necesita revisar minuciosamente el lugar descrito, escudriñar sus recursos, su flora y fauna, observar y medir, constatar en terreno el dato escueto del informante colonial. Advis convierte el espacio en un componente esencial del relato histórico. Para él los croquis y los mapas de ruta son esenciales, no son simples adornos o "grecas" decorativas de un trabajo, como para la mayoría de los historiadores, que no suelen hacer gala en sus escritos de un mayor prolijidad o creatividad en sus planos o mapas. Advis nos enseña, en su modo de historiar, que la geografía (sea la geografía física, la humana o la geografía económica) y la cartografía son componentes tan esenciales para un auténtico historiador como el rastreo y manejo habilidoso o el cotejo sagaz e inteligente de la documentación histórica.

¿Historiador, geógrafo o geo-historiador?. ¿Cómo denominarlo?

Así, le vemos en sus escritos convertido súbitamente en una extraña simbiosis de historiador y geógrafo, comparando distancias brújula en mano y cotejando itinerarios, revisando horarios y calendarios, corrigiendo valientemente dichos tanto de cronistas como de venerables historiadores, o dibujando prolijos planos y croquis de rutas y derroteros, sin temor alguno, confiado en su excelente olfato de "especialista del espacio". Y, - lo que es algo muy importante en un investigador serio- , sin temor a contradecir, cuando es preciso, con argumentos irrefutables, a las "vacas sagradas" de la historia patria (que las hay, y muchas!). Porque en no pocas ocasiones pudo verificar, sin género de duda, patentes errores que se deslizaron en el relato de algunos preclaros historiadores del suceso. El método de Advis, de comprobar en terreno - allí donde las huellas han quedado casi intactas en el suelo desértico, después de varios siglos- los datos aportados por cronistas y viajeros , arrojó resultados inesperados.


"El desierto conmovido".

En su obra más importante de tipo histórico: El desierto conmovido. Paso de la hueste de Almagro por el Norte de Chile, (Universidad Arturo Prat, Iquique, 2008), Advis advierte las razones de su elección y muestra muy a las claras su objetivo concreto:

"En este estudio ...se enfocará la parcialidad de la travesía por los desiertos del norte de Chile. La elección geográfica responde a dos motivos simples y enlazados: el primero, es el natural interés por conocer la historia de la tierra a la cual pertenecemos, y, el segundo, es por tratarse, justamente, del episodio de toda la jornada chilena de Almagro, [a la ] que menos atención han prestado sus historiadores..." (2008: 14, subrayado nuestro).

¿De qué modo enfrenta Advis este tremendo desafío?.

El mismo nos lo explica en las páginas 14-15 de su estudio sobre el paso de Almagro a traves del desierto:

"Esta ausencia de información, nuestro interés por el tema y nuestras frustradas lecturas [al no encontrar allí las respuestas], nos fueron internando, sin darnos cuenta, en el silencio de una tierra y de un tiempo que aún guardaba el secreto de una descomunal travesía realizada hace 468 años atrás por el desierto más extremo del planeta....Para informarnos, no tuvimos [otra] alternativa que no fuera investigarlo nosotros mismos" (2008: 14; subrayado nuestro).

Y, ¿cómo decide estudiar personalmente esta travesía?. ¿Qué metodología decide usar?.

a) consultando y cotejando toda la información de las crónicas que se refieren al hecho;
b) examinando todos los antecedentes cartográficos antiguos (planos, rutas, croquis, esquicios, mapas);
c) revisando concienzudamente los antecedentes arqueológicos referentes a dicha área y discutiendo las dudas con los propios arqueólogos, sus amigos.

Pero todo esto, que probablemente habría satisfecho de sobra los requerimientos de un historiador normal, a Patricio Advis no le resulta suficiente. Lo dice paladinamente:

"Existía tambien otro antecedente que era imprescindible para nuestro propósito; nos referimos al conocimiento directo de la naturaleza y del paisaje donde ocurrieron los hechos, sin cuya referencia vivencial y científica resulta problemático , si no imposible, dimensionar sucesos como éste. Tal interés nos llevó a pesquisar y recorrer por tierra el camino cumplido por la hueste en su travesía cordillerana de Argentina a Chile, como asimismo los 1.400 kilometros de desiertos recorridos desde el valle de Copiapó hasta el puerto de Arica, siguiendo el camino inca". (Advis, 2008: 15; subrayado nuestro).

A diferencia de otros historiadores de gabinete...

Aqui yace la abismal diferencia de este historiador con otros que le antecedieron; también con algunos contemporáneos, de la misma escuela y enfoque. Advis considera imprescidible "el conocimiento directo de la naturaleza y del paisaje donde ocurrieron los hechos". Ahora bien, este es exactamente el propósito y el objetivo que se traza todo geógrafo, máxime un geógrafo humano. O, si se prefiere, el objetivo de un eco-antropólogo que busca en el paisaje circundante, en el clima reinante, en el ecosistema dominante la explicación a muchas incógnitas del texto o del relato, o a muchas conductas, a veces enigmáticas, del ser humano. En otras palabras, la "coordenada espacial" es para él tan importante como la temporal. Una sin la otra, no logra, en sus propias palabras, "dimensionar sucesos como éste".

El recorrido del Camino del inka.

Advis hace primero todo lo que debe hacer cualquier historiador serio: leer todo lo ya historiado relativo al hecho (publicado o inédito). Advis era un devorador de textos tanto históricos como geográficos. Pero esto a Advis - como hombre avezado a leer e interpretar por sí mismo el paisaje- no le basta. Y por tal razón nos habla de sus "lecturas frustradas", porque éstas no le dan las respuestas que busca. Y por eso, a manera de ejemplo, para poder entender el Camino del Inca o Khapaqñan y la expansión del Tawantinsuyo, recorre 1.400 km. en tres memorables expediciones. A través de sus "lecturas frustradas", es capaz de descubrir los tramos del Khapaqñan no historiados o sólo muy débilmente iluminados por la Historia. El decide iluminarlos con su propia luz. Con la luz de su propio caminar por el desierto bajo el sol. Y lo logra en gran medida.

Tras las señas del Camino del inka.

Nos ha tocado muy recientemente transitar por la misma senda de Advis, es decir, recorrer segmentos del Khapaqñan situados entre la desembocadura de la quebrada de Quipisca y el río Tarapacá. (noviembre-diciembre 2011). Muy pronto relataremos con vívidas imágenes y lujo de detalles, parte de este recorrido y sus increíbles hallazgos de tipo arqueológico que nos remontan, no ya a Almagro, sino a sus antecesores, los chasquis inkas o incanizados, portadores de una cerámica rojo sobre negro y tipos aribaloides tempranos.

Cuando hicimos hace poco, en dos ocasiones, este recorrido parcial - pues no lo hicimos sino en segmento cortos para verificar ciertas hipótesis nuestras- teníamos todo el tiempo en la memoria el recuerdo del explorador Advis, de pesados bototos, sombrero alón y aire displicente. El aire ambiente nos traía con el viento la sensación siempre presente de husmear presencias extrañas, salidas de la inmensidad de ultratumba, con las enhiestas figuras de Almagro o Valdivia, bebiendo en cuclillas en charcos semiputrefactos, o intentando encender un tímido fuego con ramillas de chilcas o soronas. Eso presentíamos, casi veíamos, en cada recodo del Khapaqñan de los inkas.

Nuestro sentido reconocimiento.

Esta nota tiene la humilde pretensión de hacerle un homenaje póstumo, no sólo como hijo ilustre de esta tierra iquiqueña, sino como un prolijo y esmerado estudioso del paisaje y del habitar humano de la antigüedad. Sus obras, por fortuna, nos acompañarán por siglos y nos aliviarán algún tanto de su ausencia. Unos cinco días antes de su intempestiva muerte, llamé por teléfono a su secretaria. Porque deseaba hacerle algunas consultas sobre un temprano trabajo suyo, inédito, dedicado al análisis de las chacras de los antiguos que el Teniente de Gobernador Antonio O´Brien había dibujado a mano y personalmente, en maravillosos planos a mediados del siglo XVIII (1765). Me mandó decir que lo fuera a ver en cualquier momento, que estaría feliz de recibirme. Lamentablemente, perdí la ocasión de estar con quien había yo departido infinidad de veces en su oficina, en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Arturo Prat en calle Baquedano, cuando escribía su magna obra sobre la travesía de Almagro por el desierto. Así es el destino cruel: partió antes de que yo pudiera verle por última vez.

En unas semanas más - si Dios lo quiere- presentaré en este mismo Blog un listado comentado de sus trabajos de corte histórico-antropológico y, más concretamente, un desconocido trabajo primerizo, cuando se empezaba a "rayar" por el desierto, sus sendas y sus antiguos moradores. Vaya, por ahora, este breve y sentido homenaje a un hombre singular que supo aunar, como muy pocos, la arquitectura, la historia, la arqueología y la ciencia del espacio, la geografía. Ciencias que deben ir  de la mano para poder interpretar correcta  y profundamente los asentamientos humanos del presente y del pasado.

Que Dios le tenga en gloria.




miércoles, 14 de diciembre de 2011

Fragmento de carta de Gustavo Le Paige a Hans Niemeyer (1960): Antigüedad del hombre atacameño. El problema del agua en el desierto.

Fig. 1. Este fragmento de carta, escrito de puño y letra por el jesuíta Gustavo Le Paige en el año 1960, desde su parroquia de San Pedro de Atacama, se refiere, con trazos certeros, fruto de su experiencia directa, a la gran antigüedad de la cultura atacameña. Muy superior a la que los arqueólogos de su época le asignaban. Este texto ha quedado semi oculto en las páginas de un libro especializado, dedicado al estudio de la hidrografía de Chile y fue publicado en el año 1984. (Hans Niemeyer F. y Pilar Cereceda T. , "Hidrogeografía", Volumen VIII de la Coleccción de Geografía de Chile, Instituto Geográfico Militar, 1984: 79).

Niemeyer y Cereceda decidieron darla a conocer en su obra del año 1984 por cuanto expresaba bien el notable interés del sacerdote por apoyar proyectos de regadío de interés local, para beneficio directo de las comunidades que vivían en los diferentes ayllos, dispersos en torno al Salar de Atacama y regados por los ríos Vilama y San Pedro.


Como el texto de la carta de Le Paige resulta apenas legible, hemos decidido incluir aquí una transcripción del mismo:

"Cuando llegó a esta zona de San Pedro de Atacama el cazador primitivo hacia 30 a 50.000 años [atrás], se estableció al borde de una inmensa laguna de unos 140 kms de largo sobre 60 [km] de ancho. El tercer y último levantamiento de la Cordillera no hizo sino que acelerar el asecamiento [sic por desecamiento] de esta laguna. Se fueron desapareciendo [sic!] las aguas y disminuyendo la vegetación. El paso del estado de cazador recolector al de pastor y agricultor se realizó exactamente a la época [sic!] de la formación del Salar actual, dejando en la parte norte, en el delta de aluviones de los ríos de Vilama y San Pedro, una vega fértil. Eso ayudó a los Atacameños a subir a un alto grado de civilización. Organizaron un sistema de regadío que sus descendientes usan todavía después de 2.000 años.

La cumbre de esta cultura atacameña se ubica entre los siglos IIIº a VIIº de la Era Cristiana. Las tumbas nos revelan no solamente sus lindos cántaros o sus maravillosas tabletas para aspirar el rapé, pero también el tipo de agricultura de esta época. Ahora no se cultivan más varias de estas plantas, como el quínoa [sic!]. El clima ha cambiado, las aguas han disminuydo [sic!] y llegan a ser subterráneas. La sequía [borrado aquí "acequia"] ha conservado las momias, pero ha matado a los vivos: [éstos] se van. [Se] necesitaba entregarles más agua para que les sea [fuera] posible sobrevivir.Habían dos sistemas: 1º: los pozos con [empleo de] bomba motorizada, pero que habrían necesitado de cualquier manera... [¿?]; el 2º que son los canales estancos de concreto para evitar la infiltración en terreno arenoso".

(hasta aquí el texto que traen Niemeyer y Cereceda en su obra del año 1984)

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Con motivo de un estudio que se nos encargara recientemente para una puesta en valor de la Quebrada de Quipisca, dimos casualmente con este texto que complementa muy bien el pensar y sentir del arqueólogo-sacerdote en relación a la importancia de sus descubrimientos en torno al Salar de Atacama. Nos pareció pertinente re-editarlo y comentarlo, porque expresa muy bien el énfasis que el sacerdote otorgaba a su misión no sólo como evangelizador de la palabra de Cristo, sino también como activo agente de desarrollo rural, en épocas muy tempranas.

Recordemos que el sacerdote belga llegó a San Pedro de Atacama como párroco en el año 1955, cinco años antes de enviar esta carta. Y ya para entonces, se había percatado y convencido de la gran antigüedad de las evidencias encontradas por él, y que señalaban la presencia de cazadores-recolectores de muy antigua data. También, expresa la gran preocupación del sacerdote por el futuro incierto de los atacameños como resultado de la falta de agua. La carta tiene por objetivo el aportar antecedentes arqueológicos a los ingenieros de la Dirección de Riego, para apoyar decididamente la construcción de canales encementados de regadío en la zona, para evitar las grandes pérdidas de agua por evaporación, en los antiguos sistemas de canales hechos en tierra.

Recordemos aquí que Le Paige es el primer investigador que en esta zona norte plantea, con pruebas irrefutables, la presencia de un período Arcaico, en el que cazadores-recolectores nomadas recorren en busca de sus presas, los antiguos lagos someros, por entonces ya en proceso de desecación. En otros capítulos de este Blog hemos rememorado y destacado sus ideas e hipótesis con respecto a tal antiguo poblamiento que, al tenor de esta carta, audazmente pretende situar entre los 30.000 - 50.000 años atrás. La idea de encontrar en esa apartada región del desierto trazas ciertas del Paleolítico antiguo - semejante al Paleolítico europeo- le seduce enormemente y , me atrevería a decir, "le encandila" por entonces.

No olvidemos que Le Paige llega a América imbuido en las ideas antropológicas revolucionarias del también jesuita, el paleontólogo francés Pierre Teilhard de Chardin S.J. Posteriormente, matizará un tanto sus audaces asertos respecto a la cronología, pero siempre sosteniendo su enorme antigüedad. Durante el Congreso Internacional de Arqueología, organizado por el propio Le Paige en San Pedro de Atacama en Enero del año 1963, Le Paige mostrará a los asistentes, entre los que se encontraba el ingeniero y arqueólogo Hans Niemeyer, los toscos utensilios en piedra tallados por estos cazadores del Holoceno, tal como lo vemos en una de las fotos publicadas por nosotros en este mismo Blog. (con el titulo: "Enero de 1963: El Congreso Internacional de Arqueología en San Pedro de Atacama", 20 octubre de 2011).

En la carta redactada a mano y que hoy presentamos aquí , Le Paige reitera con energía a manera de síntesis de su pensamiento:

"El clima ha cambiado; las aguas han disminuido y llegan a ser subterráneas. La sequía ha conservado las momias pero ha matado a los vivos: se van. Necesitaba [sic por se necesita] entregarles más agua para que les sea posible sobrevivir". (las últimas palabras están especialmente subrayadas en el texto).

Con estas palabras que expresan bien su lacerante angustia, el sacerdote pretende incentivar a la autoridad para la pronta puesta en práctica de planes concretos de mejoramiento en los canales de riego del Salar, lo que logra plenamente gracias a su tesón y a su indomable energía.

En este Blog nos hemos propuesto rescatar la memoria y el legado cientifico y humano de Le Paige, un tanto adormilados hoy entre los arqueólogos - sus sucesores del presente - los que laboran allí mismo donde el sacerdote, durante largos 25 años, soñó con "dar a conocer San Pedro", como el mismo gustaba de decir.

Aunque sea éste solo un granito de arena, nos muestra una nueva faceta de Le Paige, tal vez la menos conocida y apreciada hoy incluso por los mismos lickan antai: la del gestor del desarrollo agrícola de San Pedro y sus ayllos.

Estamos convencidos de que llegará pronto el día en que los propios atacameños, a los cuales Le Paige se dio por completo hasta su último suspiro, reconocerán hidalgamente su gesta y sus méritos, tanto científicos como humanos y verán en él mucho más que al arqueólogo de campo, al benefactor de la zona atacameña y al gran de propulsor y defensor de su identidad y cultura.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Descripción de la región de Tarapacá en 1868: un trabajo ignorado del químico inglés William Bollaert. (Iª Parte).

Hemos considerado de gran interés publicar en nuestro Blog, en traducción castellana nuestra, este trabajo publicado por William Bollaert en Inglaterra, en 1868, en el que aporta gran cantidad de información adicional y complementaria a su obra magna anterior titulada: Antiquarian, Ethnological and Other Researches in New Granada, Equador, Peru and Chile, with Observations on the Pre=Incarial, Incarial, anmd Other Monuments of Peruvian Nations (Londres, Trübner and Co, 1860).


En el año 1975, en la revista Norte Grande, del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Santiago de Chile), tuvimos la satisfacción de publicar, en traducción nuestra, una parte de esta obra, correspondiente a su Descripción de la Provincia de Tarapacá. (Norte Grande Vol. I. Nº 3-4, pp. 459-479, con sus ilustraciones respectivas).


¿Quién fue y a qué se dedicó William Bollaert en la provincia de Tarapacá?.


William Bollaert (1805-1877?) "se interesó desde temprano en las ciencias naturales, en particular la química, y a la temprana edad de 18 años aceptó un ofrecimiento para trasladarse al Perú en calidad de experto en ensayes de metales y químico, y más específicamente, para contribuir al análisis de las minas de plata de la región [ se refiere a Huantajaya, junto al puerto de Iquique]. Una vez en el Perú, se dedicó al estudio de la geografía, geología e historia natural de la región, y escribió numerosos trabajos sobre estos tópicos los que fueron leídos - y posteriormente publicados- en sesiones de varias sociedades científicas de la época. El año 1827, a petición expresa de don Ramón Castilla, realizó un reconocimiento científico de la provincia de Tarapacá, a resultas del cual escribió numerosos artículos en revistas especializadas de geología, antropología, geografía, así como en revistas de divulgación cientifica." (Larrain, 1975: 459).


Sobre este notable personaje testigo presencial del esplendor salitrero en el Iquique temprano que recién salía de su humilde condición de caleta de pescadores changos, tenemos valiosos trabajos del gran historiador del Norte Oscar Bermúdez Miral. En particular, nos interesa citar aquí su artículo: "Esbozo biográfico de William Bollaert", publicado en el Volumen I, Nº 3-4 , pp. 313-318, de la revista "Norte Grande", del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Afortunadamente, puede Ud. encontrar hoy este ensayo de Bermúdez en las páginas de Internet: www.geo.puc.cl/html/revista/PDF/RGNG_N03_N04/Art03.pdf.


El trabajo que hoy publicamos en castellano con algunas notas aclaratorias nuestras, enriquece notablemente su trabajo anterior del año 1860, bastante conocido por el público culto, agregando informaciones sobre algunas localidades y en particular algunas referencias a las explotaciones del salitre y de la plata que interesarán tanto al geógrafo y economista como al historiador y antropólogo cultural o aún al demógrafo.


Nosotros mismos, en este mismo Blog, nos hemos referido a este extraordinario científico y naturalista, que tanto ha aportado al conocimiento de esta región de Tarapacá entre los años 1827 y 1868, precisamente en las mismas décadas en que se iniciara la explotación masiva de los yacimientos de caliche en las pampas de Tarapacá, de lo que Bollaert , al igual que George Smith, serán protagonistas y testigos insignes. (Vea etiqueta "William Bollaert" en este Blog).


TRANSCRIPCIÓN AL ESPAÑOL DEL TEXTO INGLÉS DE WILLIAM BOLLAERT (1867/68). “NOTAS ADICIONALES SOBRE LA GEOGRAFIA DEL SUR DEL PERU”.


Publicadas en los Proceedings of the Royal Geographical Society of London, vol. 12, nº 2, 1867/68, pp. 126-134 con el nombre de “Additional Notes on the Geography of Southern Peru”.

(Traducción del Dr. Horacio Larrain (Ph.D.), Iquique, Enero 2010. Notas redactadas el 5.11. 2011).


TEXTO ORIGINAL.




“ NOTICIAS ADICIONALES (impreso por orden del Consejo).

Notas adicionales acerca de la Geografía del Sur del Perú”, por William Bollaert, Esq. F.R.G.S., etc.


(Traducción directa del inglés, con comentarios, reflexiones y notas del traductor).


“En el volumen XXI del Journal of the Royal Geographical Society se podrá encontrar mi primer trabajo [titulado]: “On Southern Peru, with Survey of the Province of Tarapaca”, confeccionado por mi amigo el Señor George Smith F.R.G.S. y yo en 1827, pero continuado hasta la fecha de publicación, es decir, hasta 1851. Desde entonces, yo he visitado nuevamente el Perú y explorado en forma más particular la porción sur [del país] la que ha llegado a ser una comarca comercial interesante como consecuencia de la explotación de los vastos depósitos del nitrato de soda [o sea, el salitre, Na NO3] y del descubrimiento del valioso borato de soda y cal [lime]. También he contribuido con adiciones al Mapa de la Provincia de Tarapacá hasta el año 1866.


El nitrato de soda [o salitre] es un fertilizante bien conocido, ampliamente usado en las Manualidades [Arts], como también en la elaboración de la pólvora. En 1820, muestras refinadas de nitrato fueron enviadas a Europa; y en 1830, [se envió] unas pocas toneladas. Su exportación fue creciendo desde entonces de modo que en el año pasado [1866] subió a 125.000 toneladas. El nitrato contiene importantes cantidades de yodina [iodine] y hay experiencias en curso para separar en forma económica esta valiosa substancia. La bronina también se encuentra en el nitrato.


La Provincia peruana de Tarapacá, en el Departamento de Moquegua, limita en su porción norte con el [Departamento] de Arica; al Este y Sur, con la República de Bolivia, y por el Oeste, con el Océano Pacífico. Es una región desértica y sin lluvias.


La Quebrada [ravine] de Camarones, en el Norte, a los 19º 12´ 30¨¨ Sur es considerada generalmente la frontera con Arica; pero la gente de Tarapacá afirma que su frontera corre unas pocas millas más al Norte, Por el Sur, el río Loa, [situado] a los 21º 28¨ S., es la frontera con Bolivia. Según un Informe manuscrito [Nota 1] en mi poder, que data del año 1628, las primeras pilas de piedras, en calidad de hitos de frontera, son colocadas en la desembocadura del río Loa [Nota 2].


Cuando estábamos haciendo la prospección de la Provincia [de Tarapacá] en 1827, nuestros guías nos dijeron que la montaña de Cancoso [sic, por Cancosa] aproximadamente a los 68º 15´ W. se encontraba en la frontera oriental [eastern boundary].


La población de la Provincia [de Tarapacá] es de 19.000 a 20.000 habitantes, y se compone de peruanos, algunos chilenos, extranjeros e indígenas [Indians] de la familia Aymará [sic, acentuado en texto], estos últimos empleados en el transporte de provisiones [a lomo de] mulas y asnos, desde el interior a las Oficinas o Establecimientos de Nitrato [Nitrate Works] y luego transportando el nitrato refinado a la costa para su embarque, regresando en seguida con carbón chileno e incluso inglés y provisiones, a las Oficinas Salitreras de las cuales hay alrededor de 100, las que dan empleo a casi toda la población.


Los principales puntos de embarque del nitrato son Iquique, Mejillones [del Norte], Pisagua, Junín, Molle [hoy Bajo Molle], Chucamata [sic por Chucumata] y Patillos. El guano es extraído de Huanillos, Pabellón [de Pica], Punta de Lobos y Puerto Inglés [Chanavaya actual].


Hay tres quebradas [ravines] que atraviesan la Provincia de Este a Oeste, o sea desde las Cordilleras [sic, en español] al mar, existiendo entre éstas grandes extensiones [tracks] de desierto.


¿Son estas quebradas un producto del labrado [efectuado] por las aguas, o han sido ellas parcialmente formadas por fisuras, [por efecto] de terremotos?. En algunas de ellas, en particular la de Pisagua, hay hendiduras muy profundas estrechas y perpendiculares conocidas como Mal Pasos [sic, en español], que no son atravesadas. [Entre éstas] la de Camarones, en el Norte, a la cual convergen las más pequeñas de Chisa [Chiza], y Liga [¿?], la de Pisagua, con agua salobre. He delineado [traced up] el cordón divisorio o Paso de Pichuta, a los 14.300 pies sobre el nivel del mar; la quebrada seca de Tiliviche forma la de Pisagua en el borde occidental de la extensa planicie o Pampa del Tamarugal. La quebrada del Loa tiene un río salino.


Hay un segundo conjunto de quebradas que vienen desde lo alto de las Cordilleras [sic, en español], con sus aguas por lo general salinas, las que fluyen a la Pampa del Tamarugal. También hay un tercer [conjunto] que incluye numerosas quebradas secas; sin embargo, cuando caen fuertes lluvias en las Cordilleras [sic, en español], una pequeña cantidad de agua es conducida a través de ellas hasta la Pampa.


La región en la cual se levantan estas quebradas se halla compuesta de gigantescas cadenas montañosas, a veces llamadas Las Cordilleras de la Costa [sic, en español], algunos de cuyos picos se elevan por sobre los 22.200 pies, y uno, el de Lirima, está probablemente por sobre los 23.000 pies por sobre el nivel del mar, con presencia de apachetas (apilamientos de piedras en las abras), desde los 13.000 pies hasta por sobre los 15.000 pies. Una [de éstas], la de Pusupucone, cercana a la cima del [monte] Lirima, según he sido informado por Mr. [John] Williamson [Nota 3], se encuentra sobre los 16.146 pies.

En el interior de las Cordilleras hay hondonadas [hollows] y planicies [plains] entre los 12.000 y 14.000 pies, cuyas partes centrales están formadas por vegas [marshes] o lagos, algunos de estos últimos poseen 3 ó 4 tipos de pequeños peces. Tales lagos no parecen tener salida [outlets], de suerte que sus aguas se mantienen en su mismo nivel por efecto de la percolación y evaporación.


Habiendo transpuesto estos pisos [abras], es decir, en el Norte, tiene lugar un descenso hacia la gran meseta [table-land] andina, y aproximadamente al Este del volcán de Isluga, se encuentra el extremo final del gran lago Aullagas (Nota 4).


Hacia el Sur y Este de las minas de cobre de Yabricoya (Nota 5) y habiendo transpuesto las Cordilleras (sic en español) de Silillica y tan alto como 15.400 pies, hay planicies de sal y salares [salt lakes] uno de ellos de una extensión de 60 millas, al oriente del cual están otras grandes cadenas montañosas, a veces llamadas Los Andes, con [las cimas] del Illimani, de 24.155 pies, y el Illampu, de 24.812 pies. En la parte alta de Huatacondo, en la provincia de Tarapacá, hay numerosos pasos altos, como el de Remedios, a los 14.450 pies.


La ciudad de Iquique fue declarada capital de la provincia en 1866. Fitzroy le señaló la latitud de 20º 12´ 30´´ S y 70º 13´ 30´´ W. (la antigua iglesia); [Nota 6]. Las más recientes observaciones hechas para la longitud de Valparaíso por Gilliss y Moesta [Nota 7], demostrarían que toda la costa del Pacifico estaría colocada 4 ´ hacia el Weste de lo que dejó estampada la admirable carta de Fitzroy. Ahora bien, si se resta 4´ de la longitud indicada por Fitzroy para Iquique, alcanzamos la longitud correcta de 70º 9´30´´ [ W].


Iquique, gracias a su nuevo ramo industrial, el nitrato de soda [salitre], habiendo sido de las más pequeñas aldeas de pescadores, posee ahora una población residente sobre 5.000 habitantes. Las calles están delineadas con casas bien construidas. Hay varios muelles, un faro, dos iglesias, hospital, teatro, club, periódico y el lugar es iluminado con gas. En verdad, todas las comodidades de la vida están a disposición en este lugar inhóspito, donde no existe ni vegetación ni agua. El artículo de mayor necesidad [el agua] es destilada del agua de mar. Algunos de los minerales [ores] de Huantajaya son amalgamados aquí mediante el uso de agua de mar.


Otro gran signo de progreso es la construcción del ferrocarril de Iquique a La Noria [Nota 8], de 33 millas de longitud [es decir, 54 km.] el cual, una vez concluído, va a disminuir la utilización y maltrato de 15.000 caballos, mulas y asnos ocupados en el transporte de combustibles y provisiones etc., hacia el interior y [viceversa] en bajar [hacia la costa] el nitrato refinado [Nota 9].


Algunas observaciones hechas en este trazado [futuro], prospectado por Mr. Pickering [Nota 10], como también en otro Proyecto a través de las Cordilleras (sic, en español) hasta llegar a Bolivia, hecho por el Sr. Reck [Nota 11], se dará una idea de la gran elevación de la comarca por sobre el nivel del mar [Nota 12]. La línea [férrea] de Iquique y [La] Noria comienza en el primer lugar [citado], en la base del cordón costero y luego sube por un largo y arenoso trayecto de 10 millas [Nota 13] hasta cerca del alto de Molle, a 1761 pies [de altura], [Nota 14].

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Notas de H. Larrain al texto


Nota 1. No sabemos a ciencia cierta qué tipo de información contenía este antiguo MS, ni tampoco quien pudo haber sido su autor.


Nota 2. El curso del río Loa constituía el límite entre la república del Perú y la república de Bolivia. El Perú nunca pretendió tener derecho a territorios situados al sur de la desembocadura del río Loa. Antes del Tratado de 1874 con Bolivia, los límites septentrionales de Chile eran sumamente imprecisos: se consignaba por lo general como límite Norte simplemente “el desierto de Atacama”. La explotación de las covaderas de la costa en busca del guano fósil y los primeros sondeos en busca del codiciado salitre, que a partir del año 1830 comienza a ser exportado al exterior (según el mismo Bollaert, 1860), provoca el creciente interés de los respectivos gobiernos por explorar el área del desierto de Atacama y por fijar una cartografía fidedigna de esa zona casi desconocida y raramente transitada. Será el plano dibujado por Guillermo Döll, miembro de la expedición del naturalista alemán Rodolfo Amando Philippi el primero realmente digno de crédito en dicha región, por haber sido realizado recorriendo el terreno mismo, en un penoso trayecto hecho en mula. La cartografía anterior a Philippi está literalmente plagada de errores y muy poco mejora los antiguos planos coloniales tardíos, contenidos en la obra de don Vicente Cañete y Domínguez: Guía Histórica, Geográfica, Física, Política, Civil y Legal del Gobibero ye Intendencia de la Provincia del Potosí, [1791], Talleres de la Editorial Potosí , 1952.


Nota 3. Juan [John] Williamson fue un connotado comerciante inglés radicado en Iquique desde aproximadamente el año 1847, según el mismo lo declara en el prólogo a su obra: Observaciones sobre la Industria de la Provincia de Tarapacá, publicada en el puerto del Callao en el año 1860, (Tipografía de Mariano Gómez y Ca., Calle de Pescadores N’ 135). Su obra, trae gran cantidad de información sobre el estado de la minería y de las explotaciones del salitre en su momento. Junto con las obras de Bollaert, prácticamente contemporáneas, constituyen un valioso venero para el conocimiento de la vida social y actividad económica en Iquique y en los pueblos del interior, incluyendo Pica, Camiña, La Tirana y otros lugares. No deja de llamar la atención la profunda sinceridad con que aborda críticamente los problemas regionales siendo él un extranjero que con absoluta honestidad- como el mismo lo dice- quiere contribuir al progreso de esta región, a la que ha dedicado más de doce años de su vida.


Nota 4. Aullagas es la antigua denominación dada al lago que hoy conocemos como el lago Poopó, situado en la alta meseta boliviana, inmediatamente al sur del lago Titicaca con el que se comunica a través del río Desaguadero, frente a la actual Región chilena de Arica y Parinacota.


Nota 5. Yabricoya,(también escrito a veces Yarbicoya) mineral situado a 4.200 m de altitud donde existían desde antiguo explotaciones de plata, cobre, hierro y antimonio (Riso Patrón, 1924: 945).


Nota 6. Robert Fitz Roy, notable marino inglés, capitán del famoso bergantín “HMS Beagle” en el que viajara Charles Darwin, el creador de la teoría de la Evolución. Fitz Roy emprendió dos largos viajes alrededor del mundo, a través del Estrecho de Magallanes. Darwin le acompañará como científico y naturalista en su segunda expedición (1835-1836), época en que reunió los antecedentes biológicos que le permitieron afianzar su notable teoría sobre la evolución de las especies.


Nota 7. Se trata del Teniente de Marina norteamericano James M. Gillis jefe de la Expedición Astronómica a Chile entre los años 1843 y 1852. El segundo de los nombrados es Karl Wilhelm Moesta, matemático alemán, que llega a Chile en el año 1850 para hacerse cargo del recientemente creado Observatorio Astronómico Nacional, el que fuera instalado por Gillis en la cima del Cerro Santa Lucía. Fue Moesta quien decide el traslado del Observatorio desde el cerro Santa Lucía a la actual Quinta Normal, por entonces en las afueras de la ciudad capital de Chile.


Nota 8. “La Noria” fue la salitrera donde George Smith hizo su fortuna. Este gran empresario salitrero inglés, fue al inicio compañero de tareas y dibujante eximio en la obra de William Bollaert. Smith introdujo numerosas transformaciones técnicas al sistema de explotación de los caliches. Esta fue la salitrera innombrada que visitara Charles Darwin, y donde pernoctara en julio del año 1835, tras desembarcar en el puerto de Iquique. El trayecto desértico entre ambas localidades queda vívidamente descrito en las páginas de “El Viaje del Beagle”.


Nota 9. La inmensa cantidad de mulas y burros, requeridos para el transporte de las caravanas de carretas a través de la pampa y la Cordillera de la costa, exigirá un continuo recambio de animales, por la gran mortandad ocasionada por el espantoso cruce del inhóspito desierto. Esqueletos de animales muertos a lo largo de estas rutas caravaneras verá el propio Darwin en su trayecto hasta la salitrera “La Noria” en julio del año 1835. Aún hoy día, tantos años después, tales despojos animales tapizan las antiguas rutas, delatando el paso lento y agotador de hombres y animales.


Nota 10. José (Joseph) Pickering es nombrado por diversos autores que se refieren a la explotación del salitre en Tarapacá como uno de los personajes que obtuvo concesiones especiales del gobierno peruano para la construcción de ferrocarriles en el área salitrera de Tarapacá.


Nota 11. No hemos encontrado referencias concretas a este industrial avecindado en Bolivia, al parecer de origen alemán.


Nota 12. Nunca se construyó en su totalidad este trazado del ferrocarril que tenia por meta subir a Bolivia, llegándose desde Iquique tan sólo hasta la salitrera “La Noria”.


Nota 13. Una milla inglesa equivale a 1.609,04 metros lineales, esto es a 1,61 km. aproximadamente.


Nota 14. “Alto de Molle” es la estación del ferrocarril que se alzaba en el sitio denominado hoy “Alto Molle” en el extremo SW de la pampa de Alto Hospicio. actual, al pie de la estribación norte del cerro Tarapacá. Se halla segun Bollaert a 1.761 pies, esto es, a 557,7 m de altitud sobre el nivel del mar.


(Nota: próximamente, daremos a conocer la segunda parte de este artículo, con sus correspondientes notas aclaratorias).


(El texto completo en inglés de este poco conocido artículo de William Bollaert, cuya traducción y notas hemos publicado aquí, es fácilmente accesible a través de la página web de Internet: books.google.cl/books?id=6RURAQAAIAAJ..).