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viernes, 22 de febrero de 2008

El Equipo de Investigación: una necesidad








Una persona sola, por genial que sea, hace muy poco. Genios solitarios ha habido, pero pocos. Hacer ciencia es esencialmente un compartir, digerir y analizar lo hechos entre varios , cotejándolos a cada instante con las hipótesis planeadas inicialmente. Esto se hace mucho mejor en equipo, cuando varios investigadores, ojalá con formaciones, sesgos y aficiones distintos, enfocan una misma temática de estudio.

Durante mi ya larga vida académica universitaria (1963-2008) he tenido la fortuna
de participar activamente en diversos equipos o grupos de trabajo. Recuerdo con especial cariño el grupo de científicos del Instituto de Geografía de a Universidad Católica de Chile, liderado por Hugo Bodini que realizó estudios pioneros en geografía, geomorfología e hidrología en Tarapacá (1973-1978), de donde surgió la revista "Norte Grande", que aún perdura.

El equipo científico de "Expedición a Chile", liderado por el entomólogo Luis Peña Guzmán (1975-1978); que nos enseñó a compartir la ciencia y plasmarla en una publicación de corte ecológico, pionera en Chile que produjo 48 fascículos de la más alta calidad y 24 libritos o Manuales de Campo.

El Instituto de Estudios y Publicaciones Juan Ignacio Molina, ideado por Luis Peña, grupo que audazmente, bajo la dirección de Alberto Vial Armstrong, quiso construir la "Ecohistoria de Chile", ideal que, aunque fallido, nos dejó ricas experiencias de trabajo y discusión compartida (1978-1980).

El Grupo "Likan Kunza", nacido en la Universidad de Antofagasta, y destinado a apoyar las reivindicaciones del pueblo atacameño, antes de la dictación de la Ley Indígena del año 1993 (1984-1992).

El "Equipo de Estudios de los Ecosistemas de Niebla", (1997-2007) cuya finalidad ha sido estudiar la potencialidad y recursos (climáticos y bióticos) de los oasis de niebla del extremo norte chileno, desde un ángulo interdisciplinario.

Este mismo equipo hoy se ha robustecido y se ha transformado en el "Centro del Desierto de Atacama", creado por el Rector de la Universidad Católica Dr. Pablo Rosso R., en Septiembre del año 2007.

En una palabra, toda mi vida académica ha transcurrido en estrecho
contacto con otros científicos: antropólogos, arqueólogos, físicos, geógrafos, ecólogos, biólogos, geólogos, historiadores, etnógrafos, sociólogos o educadores, de todos los cuales no solo he aprendido mucho, sino que he recibido múltiples sugerencias e inputs de carácter científico, que han reorientado mi vida y quehacer académico y me han vuelto cada vez más interdisciplinario y menos uni-disciplinario.

De tal suerte, que si se me preguntara qué soy
exactamente como científico, hoy día, no sabría decir con certeza si soy un eco-antropólogo, un arqueólogo, un etno-eco-geógrafo, o un etno-antropólogo, o un eco-antropogeógrafo. Porque a la verdad, no lo sé. Los lindes entre las disciplinas se empiezan a esfumar cuando se enfrentan al estudio concreto del ecosistema poblado, modificado, construido y estructurado por el hombre. Si bien de origen soy arqueólogo profesional (México), mis estudios de Magister se desarrollaron en el campo de la etnohistoria y mi Doctorado en el campo de la antropología social y cultural (Estados Unidos), mientras otros estudios, anteriores o posteriores, se desarrollaron en las áreas de la Biología (Zoología) o de la Geografía (Geomorfología Biogeografía).

El moverse con cierta libertad en varios campos de la ciencia trae ventajas y desventajas. Uno aprende otros léxicos y otros lenguajes, lo que permite dialogar con otros científicos, en una misma lengua;
pero, tal vez, impide o dificulta una profunda especialización en una sola línea de trabajo.

Yo hice mi opción, y no me arrepiento de ello. Porque esta apertura a otros campos de la ciencia, diferentes de mi raiz original antropológica,
me ha permitido moverme con facilidad en Equipos interdisciplinarios y, a la vez, me ha permitido aprender a respetar otros puntos de vista, diferentes al mío propio, enriqueciéndome enormemente con ello.

Por esta
razón, nunca me he cansado de inculcar a mis alumnos que deben abrirse lo más posible a otros campos vecinos al suyo (Arqueología, Antropologìa Social), porque hay mucho que aprender de otras perspectivas y visiones del Hombre y del Mundo Natural.

Nadie posee la sabiduría total, ni tampoco es dueño de la "lámpara de Aladino" . Todas las disciplinas se complementan y no son sino respuestas màs o menos sesgadas o incompletas a los problemas que plantea la
compleja realidad total.

Pero hay algo más: en un Equip
o, uno aprende a ser humilde, pues la visión propia es solo una más dentro del conjunto. Y la humildad debe ser el sello del verdadero científico. Porque el conocimiento es inconmensurable y la capacidad humana para abarcarlo, limitada.


El trabajar con ayudantes de campo y departir con ellos día a día y codo a codo, trae otra gran ventaja: uno aprende a oir, a escuchar, a abrirse a otras visiones. Mi experiencia me ha enseñado que oyendo y pidiendo otras opiniones, uno crece y se enriquece. La ciencia y el conocimiento se construyen grupalmente: Muchos ojos ven siempre más que dos. Y en este sentido, debo confesar que a menudo mis ayudantes me han hecho cambiar de opinión y el resultado final ha sido muy positivo.

Este Blog es prueba tangible de lo que afirmo: pues uno de mis ayudantes de campo, Luis Pérez Reyes, ha sido uno de los motores de este Blog, y sin su asistencia técnica, éste jamás habría visto la luz.

El otro aspecto de la investigación de campo de tipo antropológico, insoslayable, es contar con el apoyo de la comunidad. Si queremos trabajar en pro de una comunidad, debemos incluir, en todas las etapas del Proyecto, a sus propios miembros. Debemos hacerlos participar en todas las etapas. Es lo que estamos tratando de hacer en la caleta de Chanavaya: trabajar con ellos y para ellos. Sus ideas son frecuentemente mejores que las nuestras. Porque ellos saben, mucho mejor que nosotros, cuál es la meta última. Y no pocas veces, sus derroteros, son mejores que nuestros atajos, sus ideas, mejores que nuestros sofisticados Planes.



jueves, 21 de febrero de 2008

Las Praderas de tillandsias (Tillandsia landbecki Phil) al Sur de Iquique.

























Fotos 1, 2. 3. 4.
Foto 1 (arriba, izquierda): tipicos cojines o guirnaldas de Tillandsia landbecki. Rara vez sobrepasan los 60 o 70 cm de altura sobre el suelo.

Foto 2: flor de Tillandsia landbecki, de apenas 0.8 cm de diámetro, de coloración canela suave. Florece mayoritariamente entre los meses de septiembre y noviembre, en forma bastante irregular. Nunca hemos visto campos completos en flor, sino solo escasos y dispersos ejemplares floridos.

Foto 3 (abajo, izquierda). Lomajes próximos al Cerro Oyarbide casi totalmente cubiertos por campos de tillandsias. Son laderas que miran directamente al Surweste, al Weste o al Norweste. Nunca se les encuentra a sotavento de tales montes, por razones obvias. Aquí se las encuentra entre los 900 m de altitud y los 1.200 m.,  aproximadamente.

Foto 4: la densa niebla procedente del Weste, entrando a borbotones por pequeños portezuelos entre cerros, impulsada por los vientos alisios, bañan los campos de tillandsias. Extrañamente, la Tillandsia landbecki no comparte su hábitat con ningún otro vegetal, salvo muy escasos líquenes crustosos que se logran asentar en algunos costrones duros expuestos al Weste.

Localización geográfica y caracterización geomorfológica de los tillandsiales (Praderas de
Tillandsia landbecki, Phil).

En aquellos lugares donde el contrafuerte costero o mega-acantilado presenta la altitud y la orientación adecuada (mirando hacia el SW o al S), esta humedad se deposita, formándose allí los conocidos "oasis de niebla". La altitud constatada de estos tillandsiales oscila entre los 1.000 m.s.n.m. y los 1.250 m.s.n.m. como maximo, dependiendo de las características micro-topográficas de las serranías por donde penetra.

Los tillandsiales que crecen en las estribaciones de Cerro Guanaco se extienden al Sureste de la localidad de Alto Hospicio entre las coordenadas 20º 23´ 20´´ S por el Norte, y la coordenada 20º 24´ 50´´ S, por el extremo Sur. Se encuentran en lugares de corredores geomorfológicos abiertos hacia la costa por donde penetran los vientos alisios del Surweste o francamente del Sur, arrastrando masas de nieblas estrato cumulos denominadas localmente camanchacas hacia la pampa interior, humedeciendo los lomajes expuestos a barlovento. Estos tillandsiales se hallan mayoritariamente en laderas que miran hacia el Weste y Surweste y logran ascender débilmente, como máximo, hasta los 1.250 m como en el caso de la cima de Cerro Guanaco.

Hay sectores al interior de Iquique donde estas formaciones de tillandsias logran penetrar hasta de altitud.
prácticamente los 20-25 km de la línea de costa, dependiendo de la topografía local y de la existencia de corredores expeditos para el desplazamiento de las neblinas desde la costa. Es el caso, por ejemplo, de Cerro Isla, interior de Iquique (20º 12´54´´ S y 69º 54´49´´ W.), donde las tillandsias se presentan vivas hasta los 24,5 km de la línea de costa. Siendo este lugar, al parecer, el lugar tal vez más oriental de su presencia en esta Provincia.

Para el caso de Cerro Guanaco, las formaciones de guirnaldas de Tillandsia landbecki más alejadas de la costa, se extienden hacia el Este a partir de unos cinco km. al interior de la localidad costera de Los Verdes ( 20' 25 27 N y 70 09 49 E), alcanzando los 10 km. en línea recta desde la costa. Apenas transpuesto el acantilado, de una altitud entre los 500-550 m., se alzan potentes campos dunarios que alcanzan aquí un enorme desarrollo y una notable belleza escénica. Forman sistemas complejos de dunas extendidas del tipo Seif, diferentes a los barjanes que se puede ver en otros lugares cercanos como en Alto Barranco, por ejemplo. Es interesante observar que en estas dunas activas actuales, nunca se observa Tillandsias. La razón es obvia: las tillandsias se instalaron primitivamente en lomajes de suelos más estables, de cierta rugosidad y dureza, y con presencia frecuente de costras de origen calizo, situados más al interior; jamas en arenas movedizas.

La afirmación que a veces hemos leído en textos y aún en trabajos científicos de que esta especie se asienta sobre arenas es, por tanto, claramente errónea. Lo que realmente ocurre, es que luego de asentarse las semillas arrastradas por el viento y brotar en la tierra firme, sirven las nuevas plantitas al erguirse, de paraviento a las arenas que llegan posteriormente, movidas por los fuertes vientos alisios, procedentes del océano, arenas finas que terminan por ir adosándose a las secciones Weste de las guirnaldas de tillandsias, creando así a falsa impresión de que crecen sobre las arenas. Las tillandsias, entonces, sirven en realidad de biombo al transporte aéreo de arenas finas desde la terraza marina vecina que les da origen.

Recapitulando, tenemos que existen en esta costa norte, al sur de Iquique, dos tipos de oasis de niebla: los llamados "tillandsiales", formaciones uniespecificas de Tillandsia landbecki Phil y las formaciones pluriespecificas, con hasta 40 especies vegetales diferentes, con presencia de arbustos y hierbas, incluyendo algunas cactaceas. Estas formaciones son propias de los oasis de niebla mas ricos y potentes, con mayor humedad, de los cuales hay siete u ocho en el espacio comprendido entre Pisagua y el rio Loa.

Sobre estos tillandsiales, vease el excelente libro de Raquel Pinto y Arturo Kirberg,: Tillandsia del Norte de Chile y del Extremo Sur del Peru, Edicion FlorAtacama, AMF, Imprenta A. Molina Flores, S.A, Santiago, 2005.

Estas notables formaciones costeras, prácticamente el único vegetal presente en una extensa zona junto a la costa, se ven hoy fuertemente amenazadas por los raidistas y los amantes de jeepeo, con vehículos todo terreno, los que suelen circular libremente por todas partes, ignorantes del valor singular de estos ecosistemas relictos. Para ellos, el desierto es "tierra de nadie" y carece de todo valor. intrinseco .

Hoy, cuando ya se ha establecido en nuestro desierto del Norte el famoso "Rally Dakar", con participación de centenares de vehículos todo terreno, existe el grave riesgo de que perforen, ataquen, y destruyan a su paso sin piedad estas formaciones singulares, sin que nadie se percate o trate de impedirlo. De hecho, una de sus rutas anunciadas pasa por este sector privilegiado de ecosistemas de formaciones de tillandsias. Ojalá no tengamos que ser tildados un día, en el futuro,  de "profeta de desgracias", por haber anunciado y/o prevenido acerca de este inminente peligro.

La niebla humedeciendo al oasis de Alto Patache

Al atardecer, las masas de nubes estrato-cúmulos (Sc) penetran desde el litoral por las partes elevadas del acantilado costero, alimentando la vida vegetal y animal que se mantiene aferrada a los roqueríos. Elementos de vida que los antiguos pobladores costeros utilizaron sabiamente para obtener recursos que complementaron su economía de caza marina. Así, vegetales y animales (guanacos, zorros y roedores) se convirtieron en presas del poblador costero los que vieron así aliviados sus tristes días de invierno.

El Profesor Orlando Acosta (QEPD) en Alto Patache

En Agosto del año 2006, nuestro colega y amigo Orlando Acosta, antropólogo boliviano, nos acompañó, como tantas otras veces, al sitio de estudio de la niebla de Alto Patache. Siempre soñamos juntos en que esa agua pronto aliviaría la sed de la Caleta de Chanavaya. Desde el cielo, hoy nos acompaña y anima a luchar por este ideal.

Tipo standard de atrapanieblas











Colector o Atrapanieblas (Standard Fog Collector, or SFC) de 40 m2 de superficie de malla raschel, instalado en el oasis de Alto Patache, sur de Iquique (Chile) , en Julio 2008. Alimenta una chacra experimental agrícola y la Casa-Estación del Equipo de Estudios delOasis de Niebla, del Centro del Desierto de Atacama, de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Instituto de Geografía). Se yergue a los 800 m s.n.m. en el borde del acantilado. Puede observarse la niebla proveniente del Pacífico, a punto de llegar a la cima del cordón costero. Diez Colectores de este tipo alimentan viveros de experimentación agrícola en el sitio "Falda Verde", al N. de Chañaral, bajo la tuición de geógrafos del Instituto de Geografía de la U. C, Santiago de Chile.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Nuevo tipo climático para el Norte de Chile





















Acaba de aparecer en el Journal "Atmospheric Research", Vol. 87, (2008) 312-323 un artículo sobre el clima típico del sector húmedo costero de la zona elevada del acantilado costero, en el Desierto de Atacama (Primera Región, Chile) . Los autores (P. Cereceda, H. Larrain, P. Osses, M. Farías e I. Egaña) proponen, sobre la base de más de 30 años de experiencia en el estudio de las neblinas rasantes, un nuevo tipo climático para la costa Norte de Chile, agregando este tipo a la antigua tipología climática propuesta por Köppen. En efecto, el análisis comparativo de los diversos factores climáticos (temperatura, velocidad de vientos, humedad relativa del aire, etc.) ha obligado a refinar la tipología citada, por la gran diferencia observable entre el clima a nivel del mar (terraza marina) y el propio de los altos de la Cordillera de la Costa (650 m- 1.000 m).

Este tipo climático, cuya descripción detallada se presenta aquí, se hace especialmente visible en las zonas que han sido denominadas "oasis de niebla" (Fogoases), o "Nebeloasen" de los geógrafos alemanes. En la costa norte chilena (de Arica al sur de la Región de Antofagasta) se encuentran no menos de 10-15 de estos oasis, con diversos tipos de cubierta vegetacional, fauna y flora particular, dotadas de fuerte endemismo.

Oasis de Niebla de Alto Patache

Derecha: masas de neblina costera (camanchaca) trepando desde el océano al acantilado hacia el atardecer en meses de invierno. Las cimas más elevadas visibles en la foto se alzan hacia los 1.050 m en sector de Pabellón de Pica, sur de Iquique, (Región de Tarapacá, Chile). A la izquierda, la imagen vista desde el NE, muestra el ingreso de la neblina hacia la pampa interior. A la derecha, vista desde el NW donde se observa la masa nubosa ascendiendo desde el océano y humedeciendo las cotas altas de la Cordillera de la Costa ( 750-900 m de altitud).

jueves, 14 de diciembre de 2006

Problemas de agua potable en caletas costeras al sur de Iquique. Una solución posible.

















Entre Iquique y la desembocadura del río Loa, existen alrededor de ocho caletas de pescadores-mariscadores. La más importante es San Marcos, con una población estimada de 500 personas y una escuela grande con 60 niños y cuatro profesores. La más pequeña, Chanavaya. Algunas son muy antiguas. Otras, como Chanavaya quedaron destruídas y despobladas tras el maremoto y tsunami de mayo del año 1877, repoblándose a partir del año 1980.

Dedicadas inicialmente a la pesca artesanal y a la extracción de mariscos por buceo, hoy día se están transformando en "áreas de manejo" con crianza controlada de productos marinos como el loco, el ostión o el choro zapato, supervigiladas por biólogos e ingenieros en pesca de la Universidad Arturo Prat. La pesca y marisqueo en botes les resulta cada vez menos rentable, por la competencia desleal de la pesca efectuada por barcos-factorías de gran tonelaje, y la falta de una adecuada protección a través de la Ley Nacional de Pesca, que hoy no les favorece. Sus habitantes claman, sin ser oídos, por un Ministerio de Pesca, el que parece imprescindble en un paìs como el nuestro, dotado de una extensa y riquísima costa.

Los habitantes de las caletas, están hoy, pues, abocados a un cambio radical en su modo de vida, de por sí inestable y difícilmente sustentable. No solo se trata de lo impredecible de los eventos del fenómeno de "El Niño" que se descargan cada 5-7 años provocando enorme mortandad de especies de algas, peces, crustáceos y moluscos; son, igualmente las "marejadas" o eventuales "aguajes", que suelen arrasar con los criaderos de moluscos, rompiendo sus "linternas" de crianza, perdiéndose en pocas horas el esfuerzo de muchos meses. Tambièn es la penuria y suma escasez de agua potable, la que necesitan tanto para sus hogares como para sus actividades productivas. Dependiendo de viejos camiones aljibes de la Municipalidad de Iquique, que con suerte les abastecen con 10-12 toneladas, cada 12-15 días, de un agua de dudosa calidad, sus pobladores no tienen hoy la menor posibilidad de asegurar una calidad mìnima de vida y menos aún, de crecer y desarrollarse como pueblos costeros . La energía eléctrica la entregan hoy, por escasas horas, motores a petróleo, cuyo costo depende de las vicisitudes del mercado internacional. Es decir, ni tienen agua de buena calidad asegurada, ni energía eléctrica barata, ni una producción de especies marinas asegurada. Su vida sedentaria, pues, pende en un hilo. Este se puede cortar por un "aguaje" repentino, por "marejadas" invernales, bastante frecuentes, por efectos devastadores de "El Niño", y, por fin, por fallas mecánicas del camión aljibe que los surte.

En realidad, no puede ser más precaria su situación y exige medidas especiales para asegurar su persistencia como caleta. Visualizamos que esta sustentabilidad solo se puede conseguir mediante un acceso seguro a otra fuente de agua, en nuestro caso, el agua atmosférica proveniente de la camanchaca. Aqui viene exactamente a colación el tema de la captación de la niebla, en lugares próximos a las caletas, y en la proximidad de las puntas.

miércoles, 6 de diciembre de 2006

La eco-antropología: nuestro enfoque particular en el análisis de una cultura determinada.

Nuestra definición.

Por eco-antropología o eco-arqueología entendemos una forma bastante diferente a la tradicional de hacer arqueología o antropología en nuestro medio. Para el arqueólogo común, la excavación constituye siempre una herramienta indispensable, en la práctica, insustituible. Para el antropólogo social o cultural, las entrevistas son el vehículo normal y fundamental para acceder a la información en una comunidad. Pero estas técnicas o herramientas heurísticas, tienen sus bemoles y, en ocasiones, sus sesgos imperdonables.

Relación simbiótica entre ecología y habitat.

Cuando planteamos aquí una nueva forma de enfocar la arqueología o la antropología social, queremos poner particular énfasis en la relación íntima existente entre el escenario geográfico o habitat (que nos entrega el conocimiento geográfico), estudio del medio y su influjo e impacto en el grupo humano (ecología), y las expresiones culturales como los productos de esta interacción (cultura humana).

Nuestra posición no pretende de ningún modo  ser per se contraria a toda excavación o a la práctica asidua de la entrevista. Sin duda, estas herramientas heurísticas (o de búsqueda del conocimiento) son útiles y valiosas. Pero ciertamente no son suficientes para entender en su totalidad el comportamiento humano en un escenario dado. Por la sencilla razón de que son instrumentos "sesgados" o fácilmente "sesgables". Por ejemplo, cuando realizo cualquier tipo de excavación (sea un simple  pozo de sondeo, sea una excavación en área), selecciono ab initio la superficie exacta a excavar, máxime si se trata de una rápida intervención de salvamento (salvage archaeology). Es decir, necesariamente tiendo a contentarme y a concentrarme en un retazo de información (un par de cuerpos rescatados y su contexto, una fracción del campamento, un pequeño sector del área de cultivos), desechando el resto ante la imposibilidad de excavar todo. Toda excavación, por hipótesis, presupone una casi brutal restricción del área de excavación, sobre la base de ciertos indicios presentes en superficie.

Mi propio sesgo al excavar un sitio cualquiera.

El sesgo lo da mi propio argumento pre-excavatorio: ¿qué quiero buscar?, ¿qué pretendo hallar?. En el caso del trabajo de campo antropológico, ocurre algo bastante parecido. ¿A cuántas personas se debe entrevistar? ¿A quiénes y de qué edad?; ¿a qué porcentaje de la población total?; ¿cuánto tiempo debo invertir en una observación participante?. En cualquier respuesta posible, hay ya evidentemente un fuerte sesgo inicial. Es decir, mi foco inicial o visión del problema, mi cronograma de trabajo y el plazo de entrega del producto, ya inficiona y tiñe mi metodología de análisis. Es lo que llamamos la subjetividad del investigador o sus pre-concepciones. Los plazos fatales, (impuestos generalmente para la entrega del Informe final, o del producto a la institución correspondiente) sobre todo, tienden a agudizar, perturbar y empañar el grado de concentración  y la totalidad (el universo) de mi estudio.

Esta situación es aún más grave cuando el investigador dispone de escaso tiempo para realizar su trabajo o su prospección. En Chile hoy día, varias circunstancias complican enormemente la realización de un trabajo metódico y sistemático. Por una parte, los Proyectos de investigación duran sólo un período fijo de tiempo, generalmente corto, y muy rara vez superior a 3 años. Por lo que los "resultados" tienen que aparecer necesariamente en ese lapso de tiempo.

Por otra parte, está de moda hoy día entre los arqueólogos chilenos la participación en los bien conocidos "estudios de impacto ambiental" (EIA) que todas las empresas deben realizar antes de iniciar sus obras (canales, tranques, minas, carreteras, etc.) por exigencia taxativa de la Ley de Protección Ambiental (Ley 19.300).

Falencia de la Ley Ambiental chilena: la selección de los expertos.

Esta Ley exige a las empresas la contratación de personal especializado (arqueólogos, geógrafos, biólogos, ingenieros, etc.) los que deben emitir Informes en sus especialidades y en ellos, señalar la gravedad de los posibles daños inferibles en el área de influencia del Proyecto (minero, vial, litoral, urbano), en cada rubro de análisis. Como por grave falencia y permisividad de nuestra Ley Ambiental son las propias empresas las que -extrañamente- buscan, seleccionan, utilizan y pagan a estos especialistas, se podrá concluir cuáles pueden ser las consecuencias previsibles acerca de la calidad y, sobre todo, la confiabilidad de los Informes respectivos que finalmente se emita. (" el zorro al cuidado del gallinero").

La proliferación de los estudios de impacto ambiental (EIA).

Como el actual dinamismo de la economía chilena permite emprender una enorme cantidad de trabajos que siempre presuponen una transformación del paisaje, en el área rural y/o urbana, cada vez más los especialistas en los citados campos serán atraídos o "succionados" por las Empresas para emitir sus Informes. De los Informes crudos, las mismas empresas extractarán con lupa lo que les conviene para el EIA. Muchas veces, la decisión acerca de qué se pone o qué se omite de dichos informes técnicos para la edición del Informe final, queda en manos de los abogados, personas que se supone saben redactar mejor. Esto es la práctica habitual.

Inmoralidad de la práctica actual de los EIA

Esta práctica claramente anti-científica y amoral, por desgracia, se está convirtiendo para algunos científicos en una nueva y muy rentable forma de vida, pues estos especialistas además de ser muy bien remunerados, se muestran "disponibles" ante el mercado empresarial, por lo que las empresas cuentan con listados de especialistas "afectos" o proclives a ellas. A modo de ejemplo, cada vez son menos los arqueólogos que quieren dedicarse a la docencia o a la investigación universitaria, por haber sido atraídos por el "cebo" de ciertas empresas poco escrupulosas y poco respetuosas del medio ambiente. Los ejemplos abundan y los conocemos bien en la Región.

La destrucción irremisible del testimonio por obra de la excavación masiva.

Una auténtica eco-antropología o eco-arqueología se opone visceralmente a este tipo de prácticas viciadas, por que ellas propician de partida la transformación y en muchos casos, la destrucción irreparable de los ecosistemas o de los escenarios culturales respectivos. Así pues, desde una doble perspectiva este enfoque peculiar pretende modificar substancialmente las metodologías de análisis antropológico o arqueológico que signifiquen la destrucción del ecosistema o del contexto cultural. Primero, porque hace hincapié en un estudio profundo del escenario geográfico-biótico antes de iniciar cualquier intervención y, segundo, porque propugna la obtención de información sobre las culturas tratando de inferir el mínimo daño al paisaje y/o al medio ecológico circundante. Propicia, pues una "lectura" integral de la cultura o del comportamiento cultural, respectivo, desde la superficie, lo menos tocada posible, del área de interés.

Captación de agua de la niebla: breve historial en el Norte de Chile.

A partir del año 1931, los científicos en Chile se han interesado por estudiar el tema de la niebla, o camanchaca (K. Reiche, J. Kummerov). Pero sólo desde 1957 físicos de la Universidad del Norte de Antofagasta hicieron pruebas para colectar agua de las neblinas, en cerros altos cercanos a la ciudad. Su principal impulsor fue el profesor Carlos Espinosa Arancibia, profesor de física de dicha Universidad. Inicialmente se usó cilindros formados por centenares de hilos de polietileno.

Las experiencias se desarrollaron en mayor escala mediante el empleo de grandes aparatos con diseños de mayor tamaño, que el autor denominó “estructuras macrodiamante”.Estas estructuras captaban enormes cantidades de agua. Inicialmente fueron recubiertas con arpillera gruesa, elemento que tenía la desventaja de dejar evaporar buena parte del agua captada.

En 1980, un equipo de geógrafos y antropólogos de la Pontificia Universidad Católica de Chile (P. Cereceda, H. Larrain, N. Carvajal)), inició estudios en las alturas de El Tofo (IV Región), para ver la factibilidad de entregar agua potable de origen atmosférico a la comunidad de pescadores de la caleta de Chungungo. Introdujo para ello un nuevo diseño tipo "cortina", utilizando malla de polietileno. En 1992, con el apoyo de una organización medioambiental canadiense, la comunidad recibió el agua potable en sus hogares, acabándose así su dependencia del viejo camión aljibe que les surtía de agua cada 15 días.

La experiencia, tras cuatro años y medio de éxito total, fracasó por la incapacidad de la comunidad para hacerse cargo de la mantención de los casi cien aparatos atrapanieblas instalados. Éstos, en un fuerte vendaval, fueron dañados y no hubo responsabilidad compartida para su pronta reparación, Ni la Municipalidad local, ni la Junta de Vecinos asumieron la responsabilidad. Típico caso de una preparación insuficiente de la comunidad, por haber recibido todo gratis de las entidades privadas. Hoy día ha vuelto a depender de su viejo camión cisterna. Contraria ha sido la experiencia ocurrida en Falda Verde (Chañaral). Un grupo de 32 familias de pescadores, dirigidos por su líder Hugo Streeter, decidió en 1998 iniciar investigaciones en cerros próximos y durante dos años realizaron mediciones metódicas, supervisadas por investigadores del Equipo de Estudios de Ecosistemas de Niebla de la Universidad Católica.

Hoy día cuentan con 10 atrapanieblas de 40 m2 de malla raschel, y están preparando un proyecto para montar (diciembre 2006) otros seis nuevos captadores. Esta experiencia no solo ha sido muy exitosa, sino ha servido de referencia y modelo a otros proyectos actualmente en gestación.

Desde 1997 el Equipo de Estudios de Ecosistemas de Niebla, de la Universidad Católica de Chile, realiza mediciones sistemáticas de captación en las alturas de Alto Patache, a 65 km al Sur de Iquique, con el objeto de examinar el comportamiento de la nube estrato cúmulo in situ.