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viernes, 6 de mayo de 2016

Recuerdos de antaño: un viaje de estudios de la camanchaca costera en las costas de Chile y Perú en Junio del año 1981: paisajes, personajes y experiencias.


Antecedentes.

Casi todas las fotografías que ilustran este capítulo fueron tomadas por el suscrito entre los años 1980 y 1982.  A nuestros ojos, ellas poseen un valor histórico relevante, pues  pertenecen a un período  en que se iniciaron los contactos entre investigadores peruanos y chilenos para  examinar en el terreno las posibilidades reales de captación del agua de las neblinas mojadoras o camanchacas  y los sitios de mayor potencial de nieblas costeras.  El genio que logró aglutinar los esfuerzos de peruanos y chilenos en pro de una agenda común, se llamó Christiaan Gischler, un hidrogeólogo holandés con amplia experiencia en el ambiente de desierto, que por entonces  trabajaba en las oficinas de UNESCO-R0STLAC, en Montevideo, Uruguay. Gischler es, a nuestro juicio, el gran olvidado hoy día en nuestro país,  cuando nuevamente se hacen ingentes esfuerzos por hallar nuevas fuentes de agua dulce en el planeta, amagado hoy por  un calentamiento global impredecible y al parecer, imparable.

Por eso nos ha parecido que  los intentos de aquellos años por crear una estructura supranacional, por encima de los avatares políticos contingentes  que aquejan a las naciones sudamericanas del Pacífico sur, no solo es digna del mayor elogio, sino constituye un preludio para una futura colaboración internacional renovada, más eficaz y duradera en el tiempo.
Se observará que el acento nuestro en la selección de las imágenes,  siempre estuvo puesto en aspectos climáticos (nieblas) y  en sus efectos directos en la vegetación. 

Fig. 1.  Grupo expedicionario al Perú, para analizar las experiencias  en captación de agua de la nube. La imagen fue tomada  en las alturas de Paposo  (Provincia de Antofagasta, Chile) en el mes de Mayo de  1981.  De izquierda a derecha:  Guido Soto, N.N., Carlos López Ocaña, Horacio Larrain, Christiaan Gischler, Francisco Díaz Donoso, N.N., N.N., Nazareno Carvajal, Carlos Espinosa Arancibia y  Julio Valdivia Ponce. (antigua fotografía  extractada de la obra de Christiaan Gischler: "The missing link in a production chain. Vertical obstacles to catch camanchaca", Rostlac-Unesco, Uruguay,  1991: 50). Las tres personas designadas como N.N. en esta  imagen  son investigadores peruanos del grupo de estudio, cuyos nombres lamentablemente no retuve.

Imágenes tomadas entre  1980 y 1982.

Las imágenes que acompañan a este capítulo, son  reproducciones recientes de diapositivas  de la época de los inicios de nuestra investigación. Todas son fotos nuestras, salvo que se señale especialmente lo contrario. El tema nos parece de particular interés por tratarse de los tímidos inicios de nuestras investigaciones, como miembros activos del Instituto de Geografía de la Universidad Católica, en el tema de la camanchaca costera. Las fotos provienen de antiguas diapositivas y corresponden en gran parte a la zona de El Tofo  y fueron tomadas por nosotros entre  los años 1980 y 1982.  Muestran éstas  aspectos poco conocidos de los inicios de nuestro interés por este tema, sobre los que nos proponemos profundizar aquí por respeto a la verdad histórica. Algunas de estas imágenes inéditas, corresponden  a la visita del equipo de investigadores a los  oasis de Fray Jorge, Paposo (en Chile), y a las lomas de Pacta y Lachay  situadas al sur de Lima, (Perú).

El empuje del  físico chileno Carlos Espinosa Arancibia de la Universidad del Norte (Antofagasta).
  
Por aquel entonces  (1980),  disponíamos nosotros en la Universidad Católica de muy poca información  salvo algunos artículos reveladores de la experiencia anterior del grupo de Física de la Universidad del Norte en Antofagasta, cuyo líder era el profesor de física Carlos Espinosa Arancibia, el auténtico pionero de estos estudios en el Norte de Chile.  Don Carlos Espinosa nos había facilitado generosamente, a petición nuestra,  toda la información que ellos habían acumulado por espacio de más de 20 años. Recordemos que las tímidas primeras experiencias de Espinosa datan de los años 1957-58,   en la mina Andrómeda,  en cerros  vecinos a la ciudad de Antofagasta y  a unos 1.000 m. de altitud sobre el nivelo del mar. A partir de este encuentro de  1981 con los investigadores peruanos,  una rica bibliografía  geográfica y ecológica  pasó a ser parte de nuestro acervo.

Los primeros contactos con nuestros vecinos peruanos.

Los contactos que Carlos Espinosa mantenía con investigadores peruanos, y, sobre todo, sus relaciones con organismos internacionales  interesados en la búsqueda de nuevas fuentes de agua dulce, lo habían conducido a entusiasmar a un hidrogeólogo holandés, Christiann Gischler   que en ese tiempo trabajaba como experto en las oficinas de  UNESCO/ROSTLAC, en Montevideo (Uruguay).  Gischler viajó a  Chile y conoció de cerca los experimentos y sitios de experimentación de los fisicos de la Universidad del Norte, en Antofagasta  y los recientes  experimentos en captación de agua de las nubes  por parte del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile en los cerros de El Tofo, a unos 75 km al N de la ciudad de La Serena.   Gracias a él y a su incondicional apoyo institucional, se generaron tanto  el Encuentro de Tacna  (Agosto 1979) como  el Encuentro de investigadores de la niebla  en Antofagasta y Lima, propiciados y financiados por UNESCO/ROSTLAC  (Junio  1982).


El viaje por tierra a Antofagasta.

Christiaan Gischler, a través de su oficina de UNESCO-ROSTLAC en Montevideo, financió el extenso recorrido que los científicos convocados hicieron en sectores especialmente elegidos al efecto, tanto en la costa chilena como en la costa peruana.  Sobre el recorrido efectuado por tierra  en Chile y Perú  por el grupo de siete investigadores, visitando diversos sitios de captación de niebla, versan buena parte de las  imágenes que mostramos a continuación.

Primera  observación: imágenes captadas en el bosque relicto de Fray Jorge  (coordenadas:   30° 40´ 00 ´´ S   y 71° 40´´ 00´´ W en la Provincia del Limarí). Sobre este mismo tema, véase otro capítulo nuestro de este mismo  blog titulado: "El bosque húmedo de Fray Jorge en 1982: visita de estudio", en el cual se reproducen otras fotos de la época. Apareció en la revista de divulgación científica Creces, Santiago de Chile, Vol. III, N°  5, 30-36.

Fig.  2.   El hidrogeólogo holandés Christiaan Gischler  durante el recorrido del equipo visitante  en el oasis de niebla del Parque Nacional Fray Jorge (06/06/1981). Los árboles de mayor tamaño del fondo de la fotografía son olivillos (Aextoxicon punctatum),  especie característica de la selva valdiviana.

Fig. 3.  En la cumbre, a unos 700 m de altitud sobre el nivel del mar,  la densidad de la vegetación  por efecto benéfico de la neblina costera es la máxima. En la imagen, Roberto Ulloa  saliendo del bosque.

Fig. 4.   Un fragmento relicto de la antigua vegetación de Fray Jorge, a los  550 m de altitud (20/04/1981). Durante el período colonial, se extrajo mucha  madera  de los árboles de este bosque para la construcción de iglesias y casas patronales de las haciendas de la época. Era el único lugar cercano donde poder hallar madera útil. Por esta razón, el bosque primitivo,  que debió poseer una superficie muy superior a la actual, se fue reduciendo considerablemente de tamaño, conservándose éste casi exclusivamente en la zona de las cumbres de más difícil acceso.

Fig. 5.  Olivillos y arrayanes en el bosque. Observe  Ud.  el efecto de la niebla  densa  presente en el lugar.  Gracias a esta neblina, casi omnipresente en el lugar,  se han conservado hasta hoy ejemplares de plantas  que geográficamente tienen su habitat hoy en lugares localizados mucho  más al sur, como el copihue (Lapageria rosea),  o  la enredadera  llamada  yelmo   (Griselinia scandens), que son hoy rarezas en esta latitud geográfica, remanentes, sin duda, de antiguos períodos mucho más lluviosos ("período pluvial" a fines del Pleistoceno, entre los  14.000 y 9.000 A.C., según los paleo-ecólogos).

Fig.   6. Troncos de  árboles  ya  secos,  enteramente cubiertos de líquenes.  Una prueba palmaria de la muerte lenta  de este oasis por efecto de la disminución significativa de la  pluviosidad.


2° Puesto de Observación: visita  del equipo internacional a la zona de El Tofo y Caleta Temblador, a  75 km al norte de la ciudad de La Serena. Coordenadas UTM:  276.054 E y 6.735.885 N.   

 
Fig. 7.  Bosque de eucaliptus   (Eucaliptus globulus)  en la cima del cordón Sarcos,  mineral de "El Tofo plantados por  los  ejecutivos mineros   hacia  los años  1958-60. El bosque se veía  lozano a pesar de  que la actividad  de dicho mineral había sido suspendida  hacía ya unos  10 años, a lo menos. Nos acompañaban en dicha ocasión  los hermanos Rivera, hijos de un poblador de la zona y mi hijo de siete años, Carlos Horacio (Foto  25/01/1980).


Fig.   8.  Masas de nubes estrato-cúmulus portadoras de humedad oceánica  (camanchaca), trasponiendo  el Cordón Sarcos.  (Foto  8/01/1981).

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Fig. 9.  Tras atravesar las cumbres del cordón Sarcos,  las nubes rasantes descienden, siguiendo la topografía  local, para  muy luego disolverse rápidamente  en su descenso, en la  llanada de La Higuera. En esta imagen, el mar se halla  hacia la derecha, lugar de origen de las nubes cargadas de humedad (Foto 30/12/1981).

Fig. 10.  El Cordón Sarcos  vista de Norte a Sur.

Fig.  11.   Estos árboles de la especie Eucaliptus  globulus fueron plantados  por la empresa que allí explotó el hierro durante un par de décadas. El cierre definitivo de la explotación y  de la ciudadela creada en los altos de los cerros, se verificó   el día 8 de diciembre del año 1974, con una solemne misa celebrada en la  capilla Santa Ana del hospital del mineral.  A partir de esa fecha, aproximadamente,  dejaron de ser regados. Si con motivo de nuestra primera visita en Febrero del año 1980 los vimos  vivos y en excelente  condición, se debe únicamente a la humedad producida por las neblinas  mojadoras  ("camanchacas")  que se condensa en su follaje y  gotea al suelo,  humedeciéndolo.  (Foto 30/12/81).

Fig. 12.  Carlos Larrain Mardorf, nuestro hijo, de edad de siete años,  en la playa de caleta Temblador. Atrás, al fondo, las nubes densas de camanchaca. Carpas de nuestro campamento montado en la playa en Mayo del año 1980, con motivo de la instalación del primer captador, tipo Grunow con Pilar Cereceda y Nazareno Carvajal. (Foto del 5/05/1980).

El paisaje en Caleta Temblador  en la época de nuestra visita.

Fig.  13. Vista  del área litoral de Chungungo y Cruz Grande desde el alto de los cerros, a 900 m. snm. Las masas nubosas portadoras de agua  inician su acercamiento a la costa. (Foto del 05/01/81 a las  17.00 hrs.)

Fig. 14.  Antiguo  oasis costero alimentado por  vertientes naturales. Luce aquí totalmente abandonado. Se observa  unas palmas  y algunos frutales (perales)  a unos 180 m. snm. (Foto 18/10/1980).
Fig. 15.  Grupo de burros pertenecientes a un cabrero de la localidad. Burros y cabras son los únicos animales que se cría hoy en la zona. 

Fig. 16.  Portezuelo de El Tofo hacia los  800 m. de altitud donde instalamos en  1981 una gran cortina captadora de agua de niebla ("atrapaniebla"). Vista desde el NW.   Arriba, el jeep rojo de Nazareno Carvajal, nuestro joven colaborador; abajo,  mi propio vehículo, una camioneta Volkswagen doble cabina. Este último se encuentra  junto al aparato altitudinal, donde se midió durante un par de años la cantidad de agua de la niebla  captada a diversas alturas sobre el suelo. (Foto 25/02/1982, hacia las 17.00 hrs.)

Fig.  17.  En el Cordón Sarcos. Se observa la tierra mojada por la destilación del agua de niebla  por condensación a partir de un arbusto seco. La presencia de colonias de líquenes  favorece ciertamente la absorción del agua de la niebla. (Escala de  20 cm).


Fig. 18.   De Weste a Este.  La masa de nubes blancas del tipo estrato-cumulus, cargadas de humedad, penetran tierra adentro, depositando y condensando a su paso  sobre rocas y vegetación. (30/12/1981).
Fig. 19.  Vista de Este a Weste, desde el valle de la higuera hacia  los, cerros del Cordón Sarcos. En primer plano, aspecto del chaparral   de arbustos bajos  y cactáceas.

Fig. 21. Portezuelo de El Tofo. por aquí penetraban las masas nubosas hasta alcanzar la cumbre. Estamos aquí hacia los 650-700 m. de altitud.  (Foto 27/10/1981).

Fig. 22.   Imagen tomada de  sur a norte.  670 m. snm. Se observa la potente  masa de nubes estrato-cúmulus que avanza incontenible, adosándose al relieve descendente del cerro.  (Foto 30/12/1981).

Fig. 23.  Ejemplares de la cactácea Trichocereus coquimbensis  cubiertas totalmente de líquenes  en los faldeos  altos de los cerros de El Tofo que miran al mar,  hacia  los 780 m. de altitud en un día soleado (17/02/1981).

Fig. 24.  flores de la misma especie. Ejemplar de cactácea en flor. (en la misma fecha).

Fig. 25. Otra especie de cactácea  en flor.

Fig. 26.  Alstroemeria sierrae, en plena floración, cerca de la playa de Chungungo, a unos  100 m .snm. (18/10/1980)

Fig. 27.   Sitio de oasis costero denominado "El Olivo".   Árbol centenario de olivo (Olea europaea L), (foto 5/10/1980).

Fig. 28.  La posición de las hojas de Eucaliptus globulus y su misma forma, contribuyen poderosamente a la condensación y posterior  descenso a tierra de las gútulas de agua, favoreciendo así el riego de los árboles.  Es este hecho, unido a la excelente altitud  del sitio (900 m. snm)  lo que ha permitido la persistencia de este bosque  en este paraje.


Fig. 29.   Durante la visita del equipo de estudio de la niebla. Don Carlos Espinosa observando  esta vertiente  o aguada, en el oasis "El Olivo"  de propiedad de doña Inés Órdenes en la zona de caleta Temblador (06/06/1981).

Fig. 30.  Antiguos perales, vivos,  plantados en antiguos andenes o terrazas de cultivo. Caleta Temblador. Propiedad de doña Inés Órdenes. Todo se ve abandonado. Nadie vive ahora aquí. Para poder regar estas eras de cultivo, debió  circular antaño, hace algunas décadas atrás, mucho más agua que hoy. (Foto 06/06/1981)

Fig. 31.   Aparato  altitudinal para captar el agua de la niebla a diversas alturas del suelo.  Nuestra vieja carpa de playa americana  donde nos cobijábamos durante la noche. (Foto 26/12/1981:  19.30 hrs.).


Fig. 32.  El mismo aparato altitudinal,  instalado por nosotros a unos  850 m. de altitud snm.,  medía de la cantidad de agua captada de la niebla, a cuatro alturas diferentes. El grupo expedicionario  a Lima, a su paso por El Tofo, contempla el aparato y escucha la explicación de su funcionalidad de labios del geógrafo chileno Nazareno  Carvajal. (Foto 6/06/1981).

Fig. 33.  Vista desde el llano reseco de La Higuera hacia el poniente (hacia el cordón Sarcos). Las masas  de nubes de origen oceánico  se precipitan en cascada hacia la llanura de La Higuera, adosándose  en su descenso notablemente al terreno.  


Fig. 34.   Sector hacia los 750 m de altitud. La niebla   que asciende  por el portezuelo empieza a cubrir lentamente el paisaje. (Foto 27/10/1981). 


Fig,. 35.   Desde lo alto del cordón Sarcos (900 m) se puede observar la llegada de la niebla costera. Abajo, Caleta Temblador y Chungungo. (Foto 05/01/1981;   hacia las  17.00 hrs.).

Fig. 21.
Fig. 36.  El camión aljibe  que conducia  agua potable al poblado de Chungungo, a través de la cuesta. El agua  para la caleta de pescadores es traida desde una distancia de  unos 25 km.

Fig.  37.  Este fue  primer tipo de  atrapanieblas instalado por Nazareno Carvajal, miembro  del Instituto de Geografía de la Universidad Católica de Chile a fines del año  1981,  en la parte alta de la cordillera de Buenos Aires, al sur de El Tofo. Construido íntegramente con ocho paneles  constituidos por miles de hilos muy finos de polietileno, siguiendo el procedimiento recomendado por el físico don Carlos Espinosa en Antofagasta,  fue éste el prototipo antecesor de las cortinas  formadas por malla raschel firmemente tensada, que fueron instaladas posteriormente  en  el Tofo, a partir del año 1982.

                Fig. 38.  La otra cara de la medalla. La faz interior u oriental de los cerros de El Tofo. Vista panorámica del sector  minero, de explotación del hierro, en el llano de La Higuera.  Faenas, caminos y tortas de relave en absoluto abandono. Vista tomada de Weste a Este,  desde los altos del Cordón Sarcos.                        

                                 Fig. 39.  Frutos rojos de la plata epífita llamada en Chile  quintral (Phrigilanthus aphylus), depositados probablemente por algún ave sobre  una cactácea local. Darán origen a nuevas plantas.  

Fig. 40.  Mi hijo, Carlos Larrain Mardorf, de 9 años de edad, señalándonos una plántula de Eucaliptus globulus que ha brotado al pie de árboles grandes de la misma especie. Prueba fehaciente de la regeneración natural de este bosque, gracias al influjo benéfico de la neblina costera (26/02/1982).


Fig. 41.  Don Carlos Espinosa,  físico de la Universidad del Norte de Antofagasta, observa  una vertiente o puquio  en  el  predio abandonado de El Olivo, Playa Temblador. (6/06/1981).

Fig. 42. Una de las primeras Tablas (1982) elaboradas por Pilar Cereceda, del Instituto de Geografía de la Universidad Católica  que muestra claramente  la diferencia de captación de agua de la niebla  en dos instrumentos, uno que enfrenta al Surweste  y  el  otro  al Norte, a una altitud de 500 m. snm. Como es sabido, las masas nubosas son arrastradas por los vientos alisios que soplan siempre desde el Surweste.  

Fig. 43.  Otra Tabla que muestra la diferente captación según la altitud de instrumento sobre el nivel del mar   (1982).

Fig. 44.  Diferencia notoria de captación  según ubicación del instrumento captador del agua de niebla. (1982).

Fig.  45.   Hacia la derecha, arriba, un piño de cabras  en la zona de la Cuesta de Buenos Aires. Esta especie,  ávida devoradora de toda clase de plantas autóctonas es, en un medio semi desértico como el presente,  un serio peligro para  la conservación de la flora nativa, en especial para sus especies en peligro  (Foto. Agosto de 1981).

3°  Puesto de  Observación:  Visita al oasis de niebla de Paposo (II Región de Chile), coordenadas  25|° 01´, 00´´ S. y  70° 28´ 00´´ W).

Fig. 46.     Vegetación típica del borde costero en la zona de Paposo, a escasa altitud sobre el nivel del mar  (10-15 m.), formada por arbustos y un copioso manto de hierbas rastreras de una Nolana sp., probablemente Nolana sedifolia (8/06/1981).


Fig. 47. Ejemplar de la cactácea Copiapoa sp. presente en abundancia en la  terraza marina baja, a  pocos metros sobre el nivel del mar, en el trayecto entre Taltal y Paposo.

Fig.  48. Parada del equipo expedicionario peruano-chileno en un pequeño oasis en la quebrada de Paposo (extremo sur  de la II Región de Chile). Rústica choza de una familia de cabreros locales.  Un pequeño estanque de acumulación les permite regar  una pequeña huerta aledaña  (Foto 8/06/1981).

Referencia bibliográfica indispensable.

La historia fiel de los intentos hechos tanto por Carlos Espinosa y su grupo de Antofagasta, como  por Pilar Cereceda, Horacio Larrain y Nazareno Carvajal del equipo de la Universidad Católica en el cordón Sarcos y las alturas de El Tofo, a partir del año 1980, están relatadas con lujo de  detalles en la obra pionera  de Christiaan Gischler The missing link in a production chain. Vertical obstacles to catch camanchaca, ROSTLAC, UNESCO, Montevideo,  1991,  197 p.   Esta obra es esencial para entender los inicios y el desarrollo de las experiencias de captación de agua de niebla realizadas  en Chile a partir del año 1957/58.  La obra contiene una extensa y valiosa bibliografía de apoyo,  con referencias locales muy poco conocidas y  valoradas hoy.

4° Punto de Observación: Las Lomas peruanas de Pacta y Lachay.

Después de recorrer  los oasis de niebla de Fray Jorge,  El Tofo (Temblador), y Paposo  en el Norte de Chile, la comitiva de científicos se trasladó a Lima, desde donde visitó dos  sistemas de lomas muy representativos, uno, ubicado  al norte de la capital peruana (Lachay) y el segundo, al sur de la misma, Pacta.  De estas visitas,  rescatamos aquí algunas fotografías ilustrativas, inéditas.

Fig. 49.   En las lomas de Pacta, a 40 km al sur de Lima. Antiguas eras o andenes  de cultivo, abandonadas hace mucho tiempo cuando había suficiente agua para irrigarlas. (Foto 03/06/1981). 

Fig. 50. Area de las lomas fuertemente depredada por el sobre- pastoreo. En la imagen, el único árbol dejado en pie por los pastores serranos que estacionalmente bajaban  con sus familias y ganados para aprovechar  durante varios meses la temporada del desarrollo de la vegetación de lomas. (Mayo a Noviembre).  (Foto 03/06/1981).

Foto 51.  Miembros del equipo visitante. A la derecha, subiendo, Christiaan Gischler. Abajo, de casaca negra, Carlos Espinosa. Detrás de él Guido Silva.  El árbol aquí mostrado es la tara (Caesalpinia tinctorea), nativo de la zona. (Foto 03/06/1981).


4°  Puesto de Observación: Lomas de Lachay a  105 km al Norte de Lima.


Fig. 52.  El grupo de investigadores recorre  sectores muy depredados de las lomas. Los árboles  que se puede ver en esta imagen son ejemplares de Carica candicans  (mito)  y Caesalpinia tinctorea (tara). Observe los numerosos senderos labrados por las cabras en su  búsqueda de alimento  en la temporada de  crecimiento de las gramíneas anuales, cuando este paisaje  hoy seco se ve totalmente verde. (Foto 02/06/1981).

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Fig. 51.  Un pozo o puquial  casi  totalmente seco  hoy.  (Foto nuestra  tomada de la obra arriba citada de C. Gischler: The missing link in a production chain, 1991.  (Foto 02/0/1981).

Fig. 52.  El grupo observando la situación de un  pozo o vertiente (puquial), al pie de un peñón rocoso  (Foto 02/06/1981).

Fig. 53.   Otro puquial o vertiente  donde se  ve algo de agua, entre las rocas. Algo más abajo, se extiende un sistema de antiguas eras de cultivo, antiguamente regadas a partir de éste. (Foto 02/06/1981).

Comentario eco-antropológico.

1.   Toda la evidencia recogida apunta a la existencia de una mucho mayor cantidad de agua en tiempos antiguos, hace algunos siglos.Los restos arqueológicos de antiguas eras de cultivo, hoy enteramente secas, así lo comrpueban. O es esto prueba de un período francamente más húmedo en la costa  (con mayor cantidad y/o intensidad de las nieblas  y lloviznas), o, tal vez, un período de  temperaturas algo más bajas. O, tal vez,  a la acción  combinada de ambos factores. 

2.   La impresionante depredación de la antigua arboleda, de la que quedan hoy pocos  restos,  se debió ciertamente  a la actividad de sobrepastoreo, realizada con mucha intensidad tanto en la costa desértica del Perú como de Chile, en forma  estacional, desde tempranos  tiempos coloniales. Hay abundante información documental al respecto, máxime para el Perú. Familias de pastores serranos se trasladaban, hasta hace pocas décadas, por meses a estos lugares para hacer pastar allí  a sus numerosas majadas de animales. Éstas, consumían vorazmente todo lo verde visible en el paisaje

3.   La acción  emprendida a partir del año 1977 por el representante de UNESCO-ROSTLAC, Dr. Christiaan Gischler  al  apoyar  el esfuerzo  de investigadores peruanos y chilenos,  ha  rendido sus frutos. Hoy día (2016)  la Reserva Forestal de las Lomas de  Lachay ostenta  gran cantidad de captadores de agua de niebla en acción, y se ha reforestado centenares de hectáreas con las mismas especies  vegetales nativas de antaño. La única diferencia es que se puso atajo definitivo al acceso de las majadas de pastores y sus ganados que por siglos las devastaron.  Para ello, se llegó a acuerdo con las comunidades vecinas que antaño usufructuaron anualmente de su vegetación, destruyéndola.  

4. La  interesantisima flora y fauna de esta reserva forestal costera del Perú, cuya superficie total alcanza las 5070 há,   puede  examinarse en detalle en la obra: Lachay Flora y Fauna, Ministerio del Ambiente, Servicio Nacional de Áreas Protegidas por el Estado, Miraflores, Lima,  Noviembre  2009, 111 p.

5.  Mientras en Chile se avanza a paso de tortuga  en este campo de la utilización práctica de las neblinas costeras para obtener agua potable para uso de las caletas costeras, o para reforestación, en el Perú, según se nos informa, hay ya numerosas  experiencias, muy promisorias, máxime en el rubro de la reforestación. Uno de los más interesantes ejemplos  al respecto se puede observar  hoy en las lomas de Atiquipa, costa de Arequipa (Perú).

6.  Este capítulo forma una unidad temática con uno anterior, publicado por nosotros en este mismo blog con el título de: "Nuestra primera experiencia de captación de agua de niebla: Caleta Temblador en mayo del año 1980",  ( de fecha 24 de diciembre de 2013).   Allí se recogen otras imágenes de la misma época.

7.  Las experiencias iniciadas en los años  1957-58 por el equipo dirigido  por Carlos Espinosa en los cerros de Antofagasta, sumadas a las experiencias posteriores del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile en  El Tofo (IV Región) y en Alto Patache (I|° Región)  han sido decisivas para evaluar el potencial de la nube y conocer  muy exactamente los parámetros que la rigen.   Ha llegado, por fin,  la hora de pasar a la acción. Recordemos y pongamos en práctica   la célebre frase de  Goethe que  para nosotros constituye un continuo llamado a la acción: 

"ES IST NICHT GENUG ZU WISSEN, MAN MUSS AUCH ANWENDEN; ES IST NICHT GENUG ZU WOLLEN, MAN MUSS AUCH TUN". ["No basta saber, también se debe aplicar; no basta querer, también es preciso actuar (hacer)"].





lunes, 7 de marzo de 2016

Referencias tempranas a las ruinas atacameñas de Lasana y Chiuchíu: un trabajo nuestro del año 1972.

Presentamos aquí a los estudiosos de la cultura atacameña un trabajo descriptivo nuestro sobre dos pukaras atacameños, estudio casi del todo desconocido en el mundo científico chileno, y  que fuera editado por nosotros en Iquique,  en el año 1972.

Hemos pensado que este pequeño trabajo no debe quedar o pasar desapercibido. Por eso lo reeditamos aquí en nuestro Blog  en beneficio de nuestros lectores, en especial, como un pequeño obsequio a mis ex-alumnos atacameños  de la Escuela de Pedagogía Intercultural Bilingue de la Universidad Arturo Prat de Iquique (1993-1996).

Nota introductoria: todas las imágenes aquí presentadas  nos han sido facilitadas, a pedido  nuestro, por don Osvaldo Rojas Mondaca, director del Museo de Calama.  La fotógrafa es la Srta. Jennyfer Rojas, de la misma  ciudad. Agradecemos vivamente a ambos este valioso aporte iconográfico que enriquece el trabajo.

En primer lugar, mostraremos algunas imágenes actuales  del pukará de Lasana, para luego reeditar y  comentar el artículo.  En un capítulo posterior de este blog, nos referiremos a los comentarios que en su momento (1972)  nos enviaron tres investigadores de la época: el geógrafo e historiador don Carlos Keller, don Alfredo Hoppe investigador en estética y  el sacerdote arqueólogo, Gustavo le Paige  S.J.

El pukará de Lasana hoy día.

Fig.1. El pukará  presenta lo que queda de sus muros  en su sección que mira al Este.

Fig. 2.  El pukará estaba rodeado de murallas protectoras, asentadas sobre la roca original para facilitar su defensa.

Fig. 3.  La gran destrucción observable aquí, que contrasta con las primeras descripciones de este sitio, se debe  a  la búsqueda incansable de "tesoros" por parte de  huaqueros, y  no pocas veces con finalidades museológicas  (obtención de momias para los museos europeos).  El pukará se alza a la  izquierda del cauce actual del río sobre un  peñón rocoso que cae en forma abrupta al lecho del río.  Arriba, a la derecha, árboles de pimiento (Schinus molle).

Fig. 4.  Pasillos interiores estrechos conducen a los distintos recintos.


                                                       
Fig. 5.   Vano de puerta que conserva aún el dintel  intacto en su  parte superior.


Fig. 6. Algunas habitaciones conservan todavía su alto original,. En general,  todas ellas eran muy bajas, con su techumbre confeccionada de  palos de algarrobo y  ramas.
Fig. 7.  Toda la albañilería observable aquí consiste en piedra natural, seleccionada  a propósito. No  hay, por lo general, trabajo especial de canteado.

Fig. 8.  Otra vista de un ángulo de mismo pukará. La argamasa aquí utilizada para fijar las piedras elegidas  fue simplemente  barro, tal como lo atestiguan los primeros relatos aquí estudiados.
Fig. 9.  Aspecto que ofrece la fortaleza desde el  poniente. Al pie del pukará se distinguen aún las melgas de  terrenos de cultivo antiguas.

Fig. 10.   La destrucción interior, en busca de posible "tesoros" escondidos, ha sido tan grande, que  el restaurador optó por  acumular la piedra  esparcida en el suelo en sectores específicos, formando montones (cúmulos) aquí visibles.

Fig.  11.  Sección del pukará vista desde el  Este.

Mostramos, a continuación, algunas páginas del trabajo original de 1972.

Fig. 12.  Portada de la revista  "Cuadernos de Investigaciones Históricas y Antropológicas" de la Universidad del Norte, Sede Iquique, publicado en Julio de 1972


Fig. 13.   Primera página original del artículo. Se lee hoy con dificultad su texto, bastante borrado por el paso del tiempo.

Antecedentes de este trabajo.

En julio del año  1972, esto es hace ya casi 44 años,  publicamos este breve trabajo  de corte etnohistórico, examinando y dando cuenta de referencias tempranas de viajeros  a las fortalezas o pukaras atacameños, en la cuenca del río Loa, Norte de Chile. En este trabajo, se analizan con lupa las descripciones  hechas por los viajeros más tempranos de que se tenga noticia, mucho  antes del estudio realizado por arqueólogos de formación universitaria como Ricardo  Latcham  (1938)  o Grete Mostny (1948). Se trata aquí de las descripciones de  viajeros, que por diversas circunstancias o por motivos de trabajo, visitaron el sitio y lo describieron. Vincent Bauver (1707), Aquinas Ried (1851), Samuel Valdés (1886), H. W. Nichols (1929). Estas descripciones fueron publicadas por nosotros y analizadas desde un ángulo ecológico-cultural en una pequeña e inconspicua revista, impresa pobremente a mimeógrafo, por el naciente Instituto de Investigaciones Históricas y Antropológicas de la Universidad del Norte, en su sede de la ciudad de  Iquique (Año I. Nº 1, 5 de julio 1972).

Reedición comentada del trabajo de 1972.

Como este trabajo nuestro del año 1972 ha quedado  ignorado en el ámbito arqueológico y etnohistórico nacional -dada, tal vez,  la insignificancia y escasez de la citada publicación universitaria  hecha a mimeógrafo-, nos hemos visto en la necesidad de reeditarlo aquí, darlo a conocer, comentarlo y presentar algunas opiniones que en su tiempo recibió de connotados investigadores. De otro modo, su existencia quedaría en una total penumbra. El trabajo incluye en apéndices ad hoc, el texto de las descripciones hechas por Bauver y Ried, en su idioma original de publicación (respectivamente, francés e inglés).

No se reproduce el texto íntegro del trabajo original en su formato original por  ser éste muy poco nítido y estar escrito, además,  en letras mayúsculas, lo que dificulta no poco  su lectura, pero se  incluirá, como prueba, la fotocopia de algunas de sus páginas. En el original, las notas van al pie de cada página; en esta transcripción auténtica, las notas van, numeradas, al final de trabajo para no entorpecer su lectura.

Texto del estudio.

Título: "Noticias etnohistóricas acerca de las ruinas atacameñas de Chiuchíu y Lasana, Provincia de Antofagasta".

"1. Objetivo del trabajo.

La meta de este estudio es dar a conocer y comentar desde el ángulo antropológico, varias referencias históricas antiguas, referentes a las construcciones prehispánicas situadas en Chíuchiu (ca. 22º 20´S y 68º 40´W) y Lasana (22º 17´S y 68º 39´W), localidades ambas sitas en las márgenes del río Loa, Provincia de Antofagasta. Algunas de ellas han sido citadas en la literatura arqueológica chilena; raras veces, sin embargo, han sido reproducidas in extenso. Las citas, por lo demás, no suelen ser transcripciones directas del original, sino tienen un carácter indirecto, es decir, son citas de citas. Tras diligente análisis de los originales, nos hemos percatado en ocasiones de ciertos errores de traducción y de la existencia de omisiones o aún  adiciones al texto. Este hecho involucra una ligera modificación  en el alcance antropológico de las referencias, acrecentándose, con la nueva traducción, el valor histórico de los documentos que se citan. 
Los documentos relativos a las ruinas indígenas de Chiuchíu y Lasana  se basan en descripciones de testigos presenciales, y abarcan  desde el año 1707 hasta el año 1886. los expondremos  y comentaremos  siguiendo un estricto orden cronológico, presentando al fin algunas conclusiones que brotan del análisis de los mismos. 

2. Texto de las referencias acerca de Chiuchíu y examen de las mismas. [Las notas originales del trabajo van en tono diferente].

En 1942, Régine Pernaud, bibliófila encargada del examen de la biblioteca del Sr. Jean Lebaudy, descubrió una relación inédita de un viaje realizado por el comerciante francés Vincent Bauver  (o Berbau) a las costas de Chile y Perú, en los años 1706-1707 y la dio a luz. Ha sido traducida al español y presentada por el historiador don Eugenio Pereira Salas en el Boletín de la Academia de la Historia (Nota 1).  Al cotejar minuciosamente el original francés con su traducción, pudimos observar cierta libertad de traducción y la omisión -no señalada en el texto-  de 19 líneas del original en la sección descriptiva referente a Chiuchíu. Presentaremos la traducción literal del texto francés y pondremos en el apéndice I el texto en su idioma original. de esta suerte, el lector podrá juzgar por sí mismo. Nuestro objetivo no es llevar a cabo crítica histórica sino mostrar el valor antropológico de los textos.

Las referencias etnológico-históricas del comerciante francés, hechas  en una época muy temprana, cuando las colonias españolas acababan de abrirse al comercio de los navíos franceses, bajo Felipe V, representan, a lo que sabemos, la primera descripción detallada del pukará o fortaleza indígena de Chiuchíu, cuando se encontraba en excelente estado de conservación. Aquí reside su extraordinario valor. El material  aprovechable para el antropólogo es riquísimo, y no se restringe al ámbito estrictamente arqueológico, como veremos. 

He aquí el texto (Nota 2):
  
Yo me dirigí aquel día a una aldea denominada Calama, habitada por 10 a 12 indios; el lugar es agradable, por el pasan varios arroyos bordeados por árboles, pero la tierra no está cultivada; almorcé con mis provisiones, pues los indios no me podían suministrar gran  cosa; de allí partí avanzando ocho leguas más allá, llegando a un gran poblado indígena llamado Chiuchíu, lugar cabecera de la parroquia que tiene 60 leguas de longitud....
Yo me paseé por espacio de tres días por este poblado y sus  alrededores; pasa por él un arroyo que viene de las montañas [el río Loa] en el cual no hay peces, por cuanto se congela todas las noches". [a continuación, viene el párrafo de  19 líneas, omitido en la citada traducción [de Eugenio Pereira Salas] y que introduce ciertas disquisiciones sobre el frío en las cordilleras de América. 

El texto continúa así: 

El torrente de Chiuchíu  está cubierto de patos y de otras aves  a las que no se da caza y que suelen posarse sobre el hielo por las mañanas; remontando un cuarto de legua se conserva a sus orillas una antigua población de indios, que puede tener medias legua de circuito. Las casas están enteras, son muy bajas y mal distribuidas y forman calles [sinuosas]  provistas de esquinas y recovecos, de 4 a 6 pies de anchura. Fue necesaria la presencia  de una gran población   en este poblado, que se encuentra ceñido por murallas dobles, construidas de tierra con troneras próximas las unas a las otras [aptas]  para arrojar flechas, ya que estas murallas no podían servir de defensa sino contra tal tipo de armas, las únicas conocidas por los antiguos indios.  Lo que  sorprendió más que todo el resto, fue que los muros de este poblado están [construidos] de manera tal que no hay lugar alguno que  no pueda ser dominado por otro. Aun cuando no hemos aprendido de los indios esta manera de fortificar, es un hecho que ellos  la poseían antes que nosotros. Alrededor de estas murallas dobles, existen pequeños fosos, no sé si sería para tornar más difícil el acceso a las mismas, o para hacer derivar agua del río, que va cayendo en cascadas y que, [a la distancia de] 20 toesas más arriba, tiene un nivel más elevado que el poblado, a fin de  regar sus tierras que no producen sino maíz, su única alimentación" (Pernaud, 1942: 33-34; las palabras o frases agregadas entre corchetes, son  nuestras). 

Nichols describe a su paso  por el lugar en el invierno de  1926, en su calidad de miembro de la Sección Geológica de la "Captain Marshall Field Brazilian Expedition" estas ruinas (1929:133), a las que fuera conducido por el ingeniero de minas Hermann Eggers. Su descripción, aunque sucinta, corrobora con precisión muchos de los datos aportados por Bauver en  1707,  más de dos siglos antes. He aquí su observaciones: 

"Pucara es otra aldea abandonada, que se encuentra casi adyacente a Chiuchíu. Se asienta en la pampa plana sel desierto de Atacama, en un lugar donde la conformación de la región permite algún regadío mediante las aguas del río Loa,  y hay campos regados en sus cercanías. Es mucho más extensa que Lasana y, al igual que esta última, se supone habría sido abandonada al tiempo de la conquista. Algunos de los mejores edificios han sido techados nuevamente y están en la actualidad habitados por agricultores quechuas (Nota 3).   
Se encuentra en un estado más ruinoso que Lasana. en muchos de los muros, solo se encuentran en su lugar los últimos dos o tres pies de la [obra de ] albañilería. no posee la capacidad defensiva de Lasana por cuanto se alzaba en la pampa abierta y sus sistemas defensivos no eran tan elaborados. Sus defensas consistían en dos murallas, provistas de troneras, cada una dotada de un foso profundo". (Nichols, 1929: 133; (Nota   4).    

Si comparamos ambas descripciones, la de Bauver en 1707 y la de Nicholls en 1929, podemos observar lo siguiente:

A. Se trata, con toda certeza, del mismo sitio arqueológico, si bien Bauver es más preciso para señalar su localización exacta (media legua, esto es poco más de un kilómetro al N del poblado habitado). (Nota 5). 

B. Bauver es, igualmente, más detallado y preciso que el geólogo Nichols, al indicar su superficie: "media legua de circuito"; ofrece, igualmente, más información sobre el sistema defensivo del poblado.

C. El comerciante francés es más explícito respecto a  los materiales constructivos empleados ("baties de terre") (Nota 6). 

D.  Con el interés de un geógrafo, o de un arqueólogo, Bauver se pregunta sobre  la utilización exacta de los fosos a lo largo de los muros; duda si serían para robustecer  los sistemas defensivos, o, simplemente, para su aprovechamiento como canales, ene el regadío agrícola. Observa la diferencia  de nivel del río, aguas arriba, respecto del sitio del poblado notando que era perfectamente posible conducir, por simple derivación, agua en canales hasta su emplazamiento. 

E.  En descargo de Nichols, habría que señalar primeramente que la visita de este último fue muy rápida, mientras que Bouver permaneció tres días en la aldea, esperando la visita del Gobernador que venía a su encuentro desde San Pedro de Atacama. Por otra parte, Bauver encuentra el poblado casi intacto ("les maisons en sont entières"), y, en consecuencia, era más fácil observar los detalles.

F. Bauver demuestra notable ojo clínico para captar aspectos de las costumbres de los nativos. Así, descubre la importancia vital del maíz en su alimentación y se extiende  en la explicación del modo de preparación de las "palomitas" de maíz y su harina, que tan frecuentemente se encuentran en las tumbas del área del Loa.

G. Muestra, además, el viajero, francés dotes eximias de observación del medio ambiente y, sin darse cuenta, nos brinda interesantes elementos de juicio. Así sabemos, por ejemplo, que los arroyos que el río loa formaba a la altura de Calama están flanqueados por árboles (Nota 7)   y que abundaban los patos y otras aves en sus aguas, en los aledaños de Chiuchíu. Curiosamente advierte que no se les cazaba por entonces. (Nota 8). 

"Tanto la descripción de Nicholls (1929) como la de Latcham (1936a, 1936b y 1938: 87-89) y la posterior de Mostny (1948), señalan el avanzado grado de destrucción del poblado. A pesar de ello, la descripción de Latcham (1938) ofrece un sinnúmero de detalles, propios de su notable genio arqueológico. En todo caso, es evidente que entre 1707 y 1929, es decir en un lapso de 222 años, se consumó la obra de destrucción del pukará de Chiuchíu, seguramente por obra de los buscadores de tesoros.

"Poseemos, sin embargo, un breve testimonio que nos sirve en alguna medida para salvar esa distancia cronológica e intercalar un nuevo hito en el análisis de estas ruinas. En efecto, es un ingeniero de minas, Samuel Valdés, el que, al visitar la región  a poco de asentarse el dominio chileno de esa zona tras la guerra del Pacífico, nos ofrece algunas observaciones sobre los "pueblos jentiles"  del área de Chiuchíu. No nos cabe  la menor duda de que se trata de  una porción del antiguo poblado,ya descrito por Bauver en 1707. He aquí el texto:

 "Pero lo que llama  mui especialmente la atención de los viajeros, son los restos, que existen en aquellos lugares, de antiguas poblaciones indíjenas, a las cuales se da da hoi el nombre de "pueblos jentiles". Dos fueron los que tuvimos  ocasión de visitar. El primero, de pequeñas dimensiones, se haya situado sobre una colina, en medio de la pampa, a  540 m al norte de la plaza de  Chiuchíu...". (la descripción sigue, refiriéndose al pukará de Lasana, que presentaremos más arriba). (Valdés,  1886: 284-185).

A  primera vista, parecería que se tratara aquí de un sitio diferente del descrito por Bauver, Nichols y Latcham. Sin embargo, no nos parece así. creemos que la porción descrita por Valdés, es solo eso, eas decir, una pequeñísima parte del antiguo poblado, y correspondería, nos parece, al recinto fortificado que describe Latcham, situado al S. de esta población prehispánica y muy notoria por su sistema defensivo. Reproducimos el texto de Latcham:

Al extremo Sur de esta población existía un recinto fortificado al cual se debe el nombre de pucará [Latcham se refiere, pues, al sector S. del gran poblado antiguo]. Algunos  de los muros de dicha construcción   están todavía en pie. Tiene un largo de más de  veinte metros, y parece haber tenido  unas división al centro. Su anchura es más o menos ocho m. Los muros en pie tienen una altura de más de tres metros en la parte menos ruinosa, y un espesor de 40 cm. Están perforados de trecho en trecho por troneras, como pequeñas ventanillas de unos 25 cm  en cuadro. Tales troneras están situadas a la altura del pecho del hombre, e indudablemente servían para disparar flechas desde el interior. los restos de numerosas acequias en la vecindad demuestra que la llanura as los contornos del pucará fue regada y cultivada, aunque hoy está completamente seca y sin cultivo". (Latcham, 1938: 88-89).
Conforta observar la notable similitud entre la descripción del regadío en los aledaños, del pukará hecha por  Bauver y -tanto tiempo después-,  por Latcham. El argumento fundamental que nos induce a identificar como uno solo ambos sitios,  es la posición y la distancia respecto al pueblo de Chiuchíu. Según Valdés, el "pueblo gentil" está a  540 m. al Norte de la plaza del pueblo actual. Según Latcham, el poblado (en su conjunto) está a medio kilómetro al N de Chiuchíu y en una llanura situada al oriente del Loa. Es casi del todo seguro que Valdés vio solo un sector, el mejor conservado, del conjunto. Tal vez lo que el denomina "colina", no sea otra cosa más que el montón de ruinas del antiguo gran poblado. Como quiera que sea, nos parece esto una indicación de que por las fechas de la visita de Valdés, "el gran poblado" no era prácticamente perceptible para el ojo no educado arqueológicamente, y solo se veían con claridad las ruinas del recinto S. del mismo, por su mejor estado de conservación.

3. Referencias al pukará de Lasana y examen de las mismas. 

Con mucha frecuencia ha sido citado en la literatura arqueológica chilena un documento de mediados del siglo pasado, escrito por un viajero, médico escocés, y publicado en Londres en 1951. La referencia común procede de la cita que [de] él hace William Bollaert, famoso ingeniero británico de notables dotes de observación etnográfica, que recorrió la provincia de Tarapacá a partir del 1825 (Bollaert, 1860:173). Tuve la fortuna de obtener una copia del  mismo, publicada por el Chambers´s Edinburgh Journal, el 8 de marzo de 1851, y reproducido nuevamente en una  revista editada en Boston, el mismo año  (Nota  9).

No conocemos el nombre de pila de este médico escocés. Se le señala tan solo como el  Dr. Ried (Nota 10).  Sabemos que por entonces el Dr. Ried era inspector general de los hospitales militares de Bolivia y que escribe a un amigo de Ratisbona, donde  se había educado, al enviarle para el museo de la Sociedad Zoológica de dicha ciudad, una pequeña colección de momias extraídas del cementerio de Chiuchíu. (Ried,  1851a: 159). El texto, en lo que concierne a Lasana, es el siguiente:

 "Al extremo noreste de la costa (sic!) arribé a Lasana, una fortaleza de los antiguos peruanos. Se halla construida sobre una lengua de tierra  entre dos brazos de un pequeño río, y parece haber sido el último lugar de refugio a donde se replegaron los peruanos al ser perseguidos por todas partes por los es`pañoles. El estilo de edificación es exactamente similar al de las antiguas  fortalezas medievales alemanas: siendo los muros de  una albañilería rústica [coarse], con infinitas habitaciones pequeñas, orificios y sitios de escondite. Ningún cuarto mide más de ocho pies cuadrados; muchos,  apenas cinco. las puertas tienen una altura de dos pies; las ventanas son pocas  no más anchas que un puño. Toda la ciudad (en ella pudo haber vivido una cantidad de cien a ciento cincuenta familias), está construida como una casa en la cual la gran mayoría [de los pobladores] tenía que atravesar de diez  a quince habitaciones para lograr llegar al propio cuarto. Todo esto, junto con lo agreste del lugar  y las altas terrazas del río que encierran este castillo de los Incas en forma tal, que desde el nivel del desierto uno no se percata de su existencia. [Todo esto, repito] conforma un espectáculo notable. un negro anciano que ha vivido allí abajo desde hace cuarenta años, en las mismas márgenes del río, me dijo que era yo el primer hombre blanco que había  estado allí, durante todo ese tiempo. Los habitantes deben haber  muerto de hambre, por cuanto nosotros  caminábamos por encima de cráneos y huesos. Todos los orificios y rincones están repletos de ellos. La lengua de este distrito 
[se refiere a la lengua autóctona] es en la actualidad desconocida" (Ried, 1851a: 159;  id. 1851b: 83).

No se nos puede escapar la inmensa importancia de este documento. Solo lamentamos de veras que el comerciante francés Bauver no hubiera advertido la presencia . tan próxima a la aldea de Chiuchíu- de este poblado fortificado, para que nos hubiera ofrecido una exacta y sustanciosa descripción, llena de elementos antropológicos. Que sepamos, es ésta la primera descripción que existe del pucará de Lasana. De este relato, brotan  algunas observaciones:

A.   No escapa  a Ried el carácter de fortaleza del recinto amurallado. con notable precisión describe sus cuartos, y la suma estrechez de las comunicaciones internas. Es científico en sus mediciones. Con toda razón, presume se trata de un lugar de refugio para casos de ataque. Alude a la gran cantidad de huesos, visibles por todas partes. Es probable que esto  signifique el saqueo y la destrucción de silos y paredes, en busca de enterramientos, que -según Latcham y Mostny (a938; 1948)-  con frecuencia eran depositados en tales sitios. la Búsqueda de tesoros, tan practicada desde los tempranos tiempos de la conquista,   debió inducir a los españoles  a registrar cada escondite en busca de metales preciosos. 
B. La atención del médico Ried se concentra, además, en aspectos geomorfológicos del sitio, sus características arquitectónicas  y, por cierto,  los detalles biológicos, particularmente el fenómeno de la mamificación natural de los cuerpos humanos.

William Bollaert no visitó personalmente el sitio. En su referencia as lasana, se contenta con retomar expresiones vertidas por Ried, abreviando algún tanto el texto (Bollaert, 1860: 173).  También Bruhl  
(18705-1887) utiliza  las referencias anteriores, sin aumentar su aporte con observaciones personales.  

Nuevas noticias, propias de un testigo importante, nos aporta la vista efectuada por Samuel Valdés, en su estudio Minero-Agrícola presentado al Ministerio del Interior (Valdés, 1886:  184-185). En la sección destinada al análisis  de la agricultura en el área, nos ofrece las siguientes notas sobre el pukará de Lasana:

El segundo  pueblo jentil se encuentra en medio  de la quebrada a 9 kilómetros de distancia de la boca de ésta (11) en una pequeña eminencia o falda de cerro, de forma angular, i sobre pura roca,se nota allí un hacinamiento de escombros en medio de los cuales se ve algunos restos de antiguas habitaciones. Las murallas  son bastante sólidas i trabajadas de piedra y barro; los umbrales  son todos de lajas de granito; i los techos, que ya no existen, fueron hechas de madera de algarrobo, en un tiempo mui abundante en la rejión (12). No hay calles; las habitaciones eran reducidas; i estaban separadas unas de otras, por sinuosas y angostas avenidas. Las murallas de circunvalación  se hallan provistas de gran número  de hendiduras, especies de troneras, formada cada una con cuatro piedras dispuestas en cuadro: parecen destinadas a dar aso a las flechas en caso de defensa. La disposición general de aquellas ciudades i otras circunstancias, revelan la perfecta armonía y estrecha unión  que debió existir entre sus pobladores, pudiendo decirse que todos ellos vivían bajo un mismo techo y constituyendo  casi una familia. Estas presunciones tuvimos ocasión de verlas confirmadas más tarde, al visitar algunos pueblos indíjenas.

Los cementerios de los pueblos citados  se refiere al de Chiuchíu y Lasana, han suministrado siempre  para los distintos museos de Europa y de Estados Unidos, muchos restos humanos y una multitud de objetos i tejidos diversos, propios  para los estudios de raza, de usos i de costumbres de dichos pueblos"  (Valdés, capítulo XXII, párrafo VII, 1886: 184-185).

El mapa que acompaña el libro (Valdés, s/f) señala como "pueblo jentil"   a lam margen izquierda del Loa, el lugar que corresponde al pukará de La sana. Creemos que este mapa es uno de los primeros que registra la ubicación geográfica de este sitio arqueológico.

La lectura atenta del relato de Ried, que corresponde a su visita de 1851, no deja, en modo alguno, la impresión de gran destrucción del sitio. Señala con gran precisión  medias de cuartos, vanos, ventanas y pasillos internos. Valdés, a escasos 33-34 años de distancia, señala la gran profusión de escombros entre los cuales distingue "algunas habitaciones". En ese lapso, evidentemente, aumentó el número de visitantes saqueadores. Convendría cotejar estos datos con las fechas de los primeros asentamientos mineros importantes en el área, particularmente Chuquicamata.

Valdés destaca con precisión los elementos constructivos de las murallas: piedra y barro, la disposición de los umbrales y de las troneras en los muros exteriores. Lo que más parece llamarle la atención, sin embargo,es la extraordinaria concentración humana, en una superficie tan estrecha, la falta de calle auténticas - no meros pasillos- y de adecuados sistemas de comunicación interna. Lo atribuye a una acendrada vida comunitaria, casi del tipo familiar, que habría estructurado su organización social. Constata que aún en aldeas indígenas actuales, no amuralladas,  persiste la misma organización básica.  no podría, pues, atribuirse tal sistema constructivo únicamente  a las exigencias de una vida de campamento militar transitorio, durante los momentos de apremio o asedio. Valdés con mucha razón, a nuestro juicio, ve en ellos  una expresión arquitectónica de la notable trabazón  organizativa de tales comunidades. No tengo presente trabajos antropológicos que intenten relacionar la expresión arquitectónica y urbanística, con los tipos de organización y estructura social. Aquí parecerían darse los elementos  para un análisis del tipo indicado.

4. Conclusiones.

En el presente estudio se ha querido aportar luces para un análisis profundo de la arquitectura y urbanismo de los antiguos poblados atacameños. Nos parece que tal estudio no puede hacerse sin tomar en consideración las características estructurales de la sociedad atacameña (organización y estructura social). Los informes dados a conocer aquí no son  inéditos, pero sí casi del todo desconocidos en el  ámbito sudamericano.   En todo caso, no han sido aprovechados en su vena antropológica, lo que ha sido nuestro principal objetivo. 

Nos hemos concentrado en aportar las descripciones antiguos. Hemos omitido, por eso,  los trabajos más modernos, por cierto más detallados y científicos. Remitimos al lector a los estudios de Latcham (1936a, 1936b, 1938), Rydén  (1944), Mostny (1948), Montandon (1950) y Spahni (1964). Sería tal vez útil una comprobación detallada del aprovechamiento de las fuentes por parte de estos autores modernos y el cotejo con los elementos nuevos aportados por los  relatos no conocidos por ellos.

Creemos que las descripciones y comentarios hechos, pueden contribuir a un mejor conocimiento del modo de vida de los antiguos atacameños, y señalan posibles vetas de investigación
 (urbanística, arquitectónica, reconstructiva, agrícola,  etc.) a los futuros antropólogos.

Si  cotejamos las descripciones entre  sí, la más interesante nos parece ser la de Vincent Bauver. No sólo señala  la importancias de Chiuchíu frente al pequeño caserío de Calama, sino que afirma que la ciudad arqueológica era muy grande. Para las dimensiones normales de los poblados atacameños, un circuito calculado en media legua (aproximadamente 2,3 km.) ha de considerarse de gran importancia. Tanto Nichols (1929)  y Latcham  (1938), como Mostny (1948), concuerdan en afirmar que el pukará de Chiuchíu fue evidentemente mucho más grande que el de Lasana. Y no resulta esto sorprendente, si tomamos en consideración el hecho de que en el tiempo de la visita de Bauver, Chiuchíu (la aldea actual) estaba ocupado por numerosos descendientes  de los antiguos atacameños. Hoy Chiuchíu tendrá escasamente unos 100  pobladores  o menos que practican una agricultura muy precaria en el lecho del valle, y un pastoreo más o menos transhumante de ovejunos, de escasa consideración. Este hecho nos plantea con  fuerza el problema derivado del aprovechamiento de los recursos del río Loa, mucho más intenso en el pasado que en la actualidad. Imaginemos una población aproximada de  750 habitantes, morando en el pukará de Lasana, si aceptamos los cálculos de Rydén y Montandon, curiosamente coincidentes con los del viajero Ried en 1851. De acuerdo a todas las informaciones, una población bastante superior debió vivir en el pukará de Chiuchíu (13). Si modestamente suponemos una población cercana a los 1000 habitantes para el pukará de Chiuchíu (14)  podemos imaginarnos el grado de utilización agrícola y la importancia del pastoreo de auquénidos en dicha área. Testimonio de lo cual, por otra parte, es la afirmación de Bauver y demás viajeros, respecto a los campos de cultivo totalmente estériles y abandonados en las proximidades del pukará, en plena llanura, que habrían sido regados por canales desviados del lecho del Loa. Con estas cifras en la mano, podemos comprender mejor por qué podían los indios de Atacama ser considerados, a fines del siglo XVI, capaces de ofrecer enconada resistencia a los encomenderos españoles, y ser tildados de "muy belicosos" por Lizárraga (Cfr. Lizárraga, Libro I, Capítulo 68, edición 1968:50). Su número por entonces  debió ser aún importante.
  
Si los antiguos  fueron capaces, con medios rudimentarios y casi sin el empleo del metal en las herramientas de trabajo, de explotar al máximum los estrechos sitios planos próximos al río Loa y sus afluentes, esto querría decir que la aplicación de la tecnología moderna en dichas áreas debería ser capaz de  superar ampliamente las cifras  de población  o densidad demográfica, permitiendo, máxime cuando existen en las cercanías importantes centros mineros o industriales, una explotación intensiva de los recursos naturales  y u   suministro fácil de excedentes. Desde el punto de vista ecológico, son también significativos los datos que nos aporta Bauver.  Ellos nos hablan del equilibrio que el hombre prehispánico supo mantener ( o renovar) con la naturaleza. Aunque populosas (en términos de vida en el desierto), sus aldeas sabían mantener la vegetación arbórea y renovarla con frecuencia, de acuerdo a sus necesidades básicas de combustible y materias primas constructivas o domésticas. Nada queda hoy de los árboles que, al decir de Bauver, flanqueaban los arroyuelos junto a Calama de los cuales fue también testigo Frézier (15) poco antes de llegar a Calama. 

La actividad minera en la zona destruyó rápidamente toda la riqueza forestal (consistente principalmente en molles o pimientos, algarrobos y chañares). Tan solo los pobres habitantes de Chiuchíu aún defienden, con dientes y uñas, los poquísimos molles (Schinus molle), algunus seguramente centenarios, que se yerguen a la vera  de sus desiertas calles.

Creemos que los datos de las fuentes citadas, junto con las investigaciones científicas posteriores al año 1930, pueden reconstruir los elementos básicos de la arquitectura y urbanismo atacameños. Más aún, si se hacen excavaciones destinadas a acrecentar  muestro conocimiento en este terreno y a reconstruir, con fines turísticos y científicos, los poblados del pasado.

Desde el punto de vista histórico, creemos que la narración de Bauver puede modificar algunos aspectos del relato de Frézier. Frézier no estuvo en Chiuchíu  y yerra claramente cuando le asigna una población idéntica a la de Calama (8 o 10 indios). (Frézier, 1732:131). Bauver es explícito  al afirmar que Chiuchíu era un gran pueblo (un grand bourg) y se refiere, por cierto, al poblado actual.

Finalmente, los relatos estudiados nos aportan información fehaciente acerca de los destrozos y saqueos verificados con el correr del tiempo, dándonos así datos para una historia de las explotaciones arqueológicas en el Norte de Chile, uno de cuyos capítulos, el más doloroso por cierto, es el de los saqueos.


 Horacio Larraín Barros
Director del Instituto de Investigaciones Antropológicas 
Universidad del Norte, Iquique. 

(El trabajo trae dos apéndices, con las descripciones en su lengua original, los que reproducimos aquí).

Apéndice  I.

Texto de Vincent Bauver  (1707).

Je me rendis ce jour dans un village nommé Calama,  habité par 10 a 12 indiens; le lieu est três agréable, il y passe plusieurs ruisseaux bordés d´arbres, mais la terre  n´y est pas cultivé; j' y dinai avec mes provisions car les Indiens ne pouvoient pas me fournir grand chose;  J´en  partis pour aller 8 lieues plus loin, dans un gros bourg d' Indiens nommé Chiuchiu, chef lieu de la paroisse qui a 60 lieus de long...

"...Je me promenays pendant trois jours dans ce bourg et aux environs; il y passe un  torrent qui vient des montagnes  dans lequel il n´ a de poisson, parce que la glace toutes les nuits...

"Le torrent de Chiuchiu est couvert de canards et autres oiseaux qu´on ne chasse point et qui sont sur la glace au matin; en remontant un quart de lieue, on voit au bord, une ancienne ville d'  Indiens qui peut avoir demie lieu de circuit, les maisons en sont entiéres, il n´ y manque que la couverture, toutes basses, mais arrangées ce qui forme de rues en coins et recoins, de 4 a  5 piez de large;  il falloit qu' il  y eut un trés  grand  peuple  en cette ville, qui est  enceinte des doubles mourailles baties de terre avec meurtriéres proches les unes  des autres por tirer des fléches, ces murs ne pouvant servir a d'autres défenses que contre ces armes, celles connues des anciens Indiens. Ce qui me surprit plus que tout le rest, c'est que ses murs de ville sont tous de maniére qu' il n'y a pas  un seul endroit qui ne puisse etre battu par un autre; si nous n' avons pas appris des Indiens cette maniére de fortifier, il est certain qu' ils l' avoient  avant nous; il y a autour de ces doubles murailles de petits fossés, je  ne scay si c' etoit por en rendre l' approche plus difficile, ou si ce n' etoit point our saigner la riviére qui tombe per sauts  et qui á  20 toises au dessus, est bien plus  haute que la ville  afin d' arroser leur terres qui ne produisent que du mais,  dont seulement ils se nourrisssent." (1942. 33-34).

(Pernaud, ed.,  1942: 33-34).


Texto del médico Dr. Ried (1851).

 
At the   north-east end of the coast  I reached Lasana, a fortress of the old Peruvians. It is built  on a tongue of land between the two arms of a small river, and appears to have been the last place of refuge whither the Peruvians withdraw when pursued by the Spaniards. The style of building is exactly similar to that of our old german marauder fortresses -the walls being of coarse masonry, and the small rooms, holes, and hiding places  endless and indescribable.  No room is more than eight feet square, many scarcely five; doors two feet in height; windows few in number, and those not larger than one' s  fist and  with the whole town (a hundred or a hundred and fifty families perhaps may have dwelt there) built like one house, in which the greater part had to pass through from ten to fifteen rooms to get to their own appartment. 
All this, together with the wildness of the site, the high river-banks, which so cover this castle of the Incas, that from the level of the desert one is not aware of its existance-  form a remarkable spectacle. An old negro, who has lived down by the river for upwords of forty years,  told me I was the first white man who had been seen there in that time. The inhabitants must have died of hunger, for we literally stand and walk on skulls and bones. Every hole and corner is full of them. I was unable to find out the meaning of the word Lasana. The language of this district is now unknown".

(Ried, 1851a: 159).


Notas originales del texto:

 1. Año XXVII, Nº 62, 1960. 

2. La traducción es nuestra.

3. En  1929 era frecuente atribuir  todas las ruinas del norte chileno a la influencia quechua. Ahora sabemos que sus constructores fueron atacameños.

4. La traducción es nuestra.

5. Latcham (1938: 87-88) señala su ubicación: a medio kilómetro al N del actual pueblo de Chiuchíu... construido en una llanura al lado oriente del río Loa", y agrega, que  "ha ocupado un espacio  de varias hectáreas".

6.  Según Latcham, que conoce estas ruinas hacia  1935, a más tardar, "las construcciones eran de piedra en lajas, bien ajustadas y cementadas con argamasa de barro" (Latcham, 1938: 88). Queda la posibilidad, no muy plausible  mi juicio, que las murallas hayan estado enlucidas en barro, por encima de la piedra) , y mucho más minucioso en la descripción de sus angostas callejuelas de circulación interna, que forman recovecos  y un verdadero laberinto de esquinas. 

7.  Debieron ser, muy probablemente, pimientos o molles (Schinus molle) y algarrobos (Prosopis sp.) y aún chañares (Gourliaea decorticans). 

8. Este dato es interesante, por cuanto las excavaciones arqueológicas realizadas en el cementerio de Chiuchíu arrojan con frecuencia  puntad de proyectiles muy pequeñas, probablemente utilizadas en la caza de aves ribereñas o pequeños mamíferos (Cfr. Rydén, 1944). 

9. Publicada por Littel and Son. La reproducción es una copia exacta del artículo del Chamber´s Edinbourgh Journal (Ried, 1851b). 

10. No pocas veces o siempre, ha sido citado por error como Reid. El error ya se deslizó  en la cita del mismo Bollaert, en texto referente a Lasana, en el que reproduce casi textualmente, la descripción de que es autor el escocés (Cfr. Bollaert, 1860: 173).
  
11. Se refiere a la confluencia de los ríos Loa y Salado.

12. Es notable el interés de Baldés por los detalles arquitectónicos. Por vez primera, la descripción de Lasana adquiere ribetes que podríamos calificar de científicos.

13. Prescindimos en este momento del problema de si estos pukarás eran sitos  transitorios o permanentes de habitación. para nuestro propósito, da lo mismo, pues no cambian las cifras de población.

14.  Llegamos a este cálculo aceptando  la apreciación de que en Lasana había capacidad  para unas 150 familias. Esta cifra ser multiplica por cinco para obtener el total de miembros. Los autores, por otra parte,  están acordes en conceder que Chiuchíu era mucho más grande que Lasana (Cfr. Rydén, 1944; Montandon, 1950).

15. "Deux lieües avant que d´y arriver [a Calama], on passe dans un bois d´algarrovos, espèce  de Tamaris". (En español: "dos leguas antes de llegar allí [a Calama], se pasa por un bosque de algarrobos, especie de tamarindos"  (Frézier, 1732: 131).

Bibliografía usada en el texto (tomada del texto original).

Fig 14:  bibliografía pág. 1.


Fig. 15. Bibliografía  pág. 2.


Fig.16.   Texto de la referencia hecha por Gustavo le Paige sobre el pukará de Chiuchíu. Copiado a mano por nosotros de su trabajo:  "Antiguas culturas atacameñas en la cordillera chilena", Anales de la Universidad Católica de Valparaíso, N°  4-5,  1957/58.   Este texto, agregado nuestro posterior,   nos lo señaló el propio le Paige, al acusar recibo de nuestro trabajo a mediados del año 1972. Nos parece muy valioso como complemento del artículo nuestro.

Colofón.

Hemos querido presentar a nuestros lectores, amantes de las culturas indígenas americanas, este texto nuestro antiguo, redactado hace 44 años, en el que ya se insinúa  nuestra  preocupación y énfasis por la ecología  cultural,  perspectiva que hemos conservado hasta el día de hoy y perceptible en numerosos capítulos de nuestro blog.