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martes, 7 de diciembre de 2010

¿Conoce Ud. a los antiguos "Exploradores" del desierto de Atacama. en el siglo XIX?. Sus logros, sus hazañas, sus fracasos?


Damos a conocer gustosamente, en esta oportunidad, un trabajo casi desconocido del historiador nortino Oscar Bermúdez Miral, aparecido en la revista "En Viaje", en el mes de Septiembre del año 1960.

Bermúdez es reconocido como el gran investigador de la historia del salitre. Pero, además, hizo varios estudios cortos, defíciles de encontrar, sobre temas relacionados con el Norte y su desierto, en particular sobre figuras de personajes que actuaron en su historia y sobre los indios changos, pobladores del litoral desértico. Publicar este material oculto en revistas antiguas de poca circulación y que no son del ámbito científico, es, pues, una tarea que sabemos será de gran utilidad para muchos investigadores y estudiantes de la Historia, Geografía y aún de la Economía del Desierto de Atacama.

Este breve artículo pero sustancioso de apenas cuatro páginas, contiene valiosa información sobre viajeros del desierto, algunos de ellos rara vez citados en las fuentes .

Bermúdez demostró un enorme interés por la geografía y la descripción de los paisajes del desierto de Atacama. Y, justamente, es en estos viajeros tempranos, los primeros "exploradores del desierto", donde uno encuentra un material descriptivo muy valioso de los escenarios de la época, no poco modificados hoy por el paso del tiempo.

Hubo ciertamente viajeros anteriores, como Johann Jakob von Tschudi, austríaco, Rodulfo Armando Philippi, alemán, o William Bollaert, inglés, quienes a mediados del siglo XIX hicieron largos trayectos atravesando sectores del desierto de Atacama, consignando en sus relatos y artículos especializados (publicados generalmente en alemán o inglés) gran cantidad de elementos valiosos para la Geografía, Antropología, lArqueologìa y Demografía del desierto.

Los "exploradores" que hoy nos presenta Bermúdez más bien recorren este desierto, no tanto con el objeto de describirlo desde un ángulo geográfico o para reunir información de valor sobre su flora y fauna y población, sino para destacar y señalar con precisión la existencia de minas, aguadas y recursos varios, de posible interés económico para el Estado chileno, en parajes muy poco conocidos con anterioridad o solo surcados en travesías de pocos meses, siguiendo las rutas conocidas de los pueblos atacameños o aymaras. El objetivo de estos "exploradores" es muy diferente y los resultados obtenidos, igualmente distintos.

El artículo dedicado a los "exploradores del desierto".

Entre los numerosos escritos dispersos de Bermúdez, entregados a periódicos o revistas de divulgación no científicas, figura el valioso artículo que aquí arriba hemos presentado a nuestros lectores. Casi totalmente desconocido, fue publicado en la revista "En Viaje", año XXVII, enúmero 323, correspondiente al Número Extraordinario publicado con motivo del Sesquicentenario de la República de Chile, en Septiembre de 1960. Es decir, hace exactamente cincuenta años. Su título: "Los exploradores del Desierto de Atacama" (pp. 45-48). Este tomo de homenaje al Sesquicentenario de la Nación Chilena trae numerosos artículos dedicados al análisis de temáticas distintas, representativas todas de la cultura nacional, escritos por distinguidos personajes de la época, constituyendo, por tanto, una pequeña joya bibliográfica. Uno de ellos, es el de nuestro amigo Oscar Bermúdez Miral. Por entonces, Bermúdez tenía ya 56 años y se encontraba ya totalmente enfocado al estudio de la historia nortina.


He aquí, in extenso, en cuatro páginas, el artículo titulado: "Los Exploradores del desierto de Atacama". (Revista "En Viaje", Año XXVII, Nº 323, Septiembre 1960):


Página 1.

Página 2
Página 3

Página 4.

Aquí abajo, mostramos al lector las portadas originales de su obra principal, en dos tomos, dedicada a la historia del salitre chileno en el Desierto de Atacama.

Portada de la edición de la obra de Oscar Bermúdez Miral , "Historia del Salitre", Tomo I, 1963.

Portada del Tomo II de la "Historia del Salitre" de Oscar Bermúdez Miral, 1984.

Obras de Bermúdez relativas al salitre.

El gran historiador del Norte don Oscar Bermúdez Miral (La Noria, 1904- Antofagasta, 1983) nos ha dejado estupendas obras sobre el Norte Chileno, especialmente sobre Tarapacá y Antofagasta. Sin lugar a dudas, Bermúdez ha sido el más alto exponente de la historia del N0rte Grande de Chile. Su obra cumbre fue dedicada a historiar la génesis y el desarrollo de la industria salitrera. El primer tomo: Historia del Salitre desde sus Orígenes hasta la Guerra del Pacífico" se publicó en 1963, en las Ediciones de la Universidad de Chile. Dedicó años de intenso trabajo a esta su pasión: dar a conocer el Norte desértico en múltiples facetas. El segundo tomo de su obra: "Historia del Salitre desde la Guerra del Pacífico hasta la Revolución de 1871" , quedó terminada a su muerte, ocurrida en 1983, pero sin editar . Fue publicada, en forma póstuma, por su hijo Rabindranath Bermúdez, en las Ediciones Pampa Desnuda en 1984, exactamente un año después de su muerte.

La rica personalidad del historiador de origen pampino.

Llama la atención cómo este notable historiador nortino que nunca estudió Historia en las aulas universitarias y fue por tanto un perfecto autodidacta, llega a dominar en forma admirable el "arte de hacer historia", manejando a la perfección las fuentes documentales y logrando la hazaña de hacer la primera gran síntesis del desarrollo y evolución de la explotación del salitre en el norte chileno, como lo ha reconocido el gran historiador Harold Blakemore. Literato y novelista primero, poeta después, amante de la teosofía, finalmente, la figura de Bermúdez alcanzó la estatura de un gigante por su capacidad de enhebrar sabiamente toda la enorme y confusa literatura, dispersa en mil documentos y archivos, sobre el salitre y las pampas salitreras.

Escritor prolífico.

Pero además de sus obras mejor conocidas, y difundidas , como la "Historia del Salitre", "Pica y su Nexos regionales," o "Antonio O´Brien y sus labores administrativas", Bermúdez nos ha entregado en artículos cortos y en revistas prácticamente desconocidas, otros estudios fruto de su curiosidad sin medida. Así, se interesó por examinar diversos temas atingentes al modo de vida pampino o indígena, las exploraciones del desierto de Atacama, o las balsas de cueros de lobos marinos y su uso en época republicana en puertos salitreros del Norte.

Nuestras primeros contactos con el historiador Bermúdez.

Poseía una tremenda curiosidad científica la que le impulsaba a profundizar sobre temas siempre ligados a la historia, la arqueología y la geografía del Norte Grande. Permítaseme traer aquí a colación algunas experiencias personales de aquellos años. Conocí a Bermúdez a mediados del año 1963 en la ciudad de Antofagasta. Había yo llegado como joven profesor a la Universidad, del Norte, fundada por los jesuítas pocos años antes. Dado mi creciente interés por la arqueología, de inmediato me vinculé con el Museo Regional y con las personas que allí laboraban por entonces: el joven y dinámico Bernardo Tolosa Cataldo y la investigadora en etnografía y folklore, la alemana Ingeborg Lindberg.

Pues bien, una de las personas que invariablemente, casi semana a semana, solía visitarnos en el Museo, era don Oscar Bermúdez, siempre curioso de saber más sobre los changos, uno de sus temas predilectos. Sabía que estábamos haciendo algunas investigaciones sobre el poblamiento chango en la franja costera, al Norte de Antofagasta. Y que nos interesaba el tema de las pictografías rupestres. En cada visita nos preguntaba con gran interés qué novedades teníamos para mostrarle, fruto de nuestros recientes descubrimientos. Todo lo quería ver y examinar con especial cuidado. Nos acompañaba un buen rato en el Museo, haciendo mil preguntas y tratando de ese modo de penetrar en el género de vida de los antiguos cazadores-recolectores costeros que le fascinaban en extremo. Era un hombre muy inquisitivo y extraordinariamente receptivo. A la vez, un hombre muy discreto y sumamente respetuoso de las opiniones ajenas.

Nuestras relaciones académicas.

Recuerdo perfectamente su estampa delgada y frágil, su delicadeza en el trato y finura de modales, su seriedad y la forma respetuosa de interrogarnos. Era, a lo que sabíamos, un hombre muy solitario y de pocos amigos. Hicimos por entonces una buena amistad que perduró por años, hasta el punto de que, de regreso de los Estados Unidos con mi grado de Magister en Arqueología (fines de 1971) otorgado por la State University of New York, lo invité a trasladarse a Iquique, su tierra, a formar parte de un naciente "Instituto de Investigaciones Históricas y Antropológicas" que se encontraba en germen por entonces en la Sede de Iquique de la Universidad del Norte. Incluso llegó a tener nombramiento universitario para integrar nuestro equipo de Iquique en 1972.

Pero su delicado estado de salud por entonces, fue la excusa para no decidirse a acompañarnos. La idea de un cambio tan radical, lo inquietaba. y así nos lo hizo saber por carta. Nuestra idea era formar un potente equipo de investigación con sede en Iquique con las mejores personas disponibles en la Región, máxime con aquellos que ya pertenecían a la Universidad del Norte, como era el caso de Bermúdez.

Sirva hoy la presentación de este artículo suyo como un merecido reconocimiento a su valioso aporte al conocimiento de la historia del desierto de Atacama, y, a la vez un sentido homenaje a su memoria, transcurridos ya 27 años de su alejamiento. Quisiéramos, mediante este sentido testimonio, animar a las generaciones de investigadores jóvenes a seguir su ejemplo.

Pocos historiadores han demostrado tanto interés como él por la antropología y la geografía, ciencias que consideró de vital importancia para la perfecta comprensión del acontecer humano. Y por eso, con toda razón, le consideramos aquí un representante genuino de la eco-antropología, enfoque propio de este nuestro Blog.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Historiadores, etnohistoriadores y "mitoriadores": el respeto debido a las fuentes históricas.

A propósito de la gran cantidad de documentos inéditos y editados que hemos debido examinar sobre el antiguo mineral colonial de Huantajaya y su rica historia, nos aflora rápidamente una reflexión que consideramos pertinente a nuestra región. Aquí en Iquique parecen pulular los "escritores" sobre el pasado regional. Se tejen y entretejen diversos tipos y matices de algo que semeja la "historia", pero que en realidad no lo es. La gente se confunde al respecto. ¿Qué diferencia hay entre "historia", "arqueología", "etnohistoria" y "mito-historia"?. ¿Cuál es, por fin, la verdadera historia?. ¿Cómo y con qué objetivo se manejan las fuentes históricas?. Porque "de todo hay en esta viña del Señor". Especialmente en nuestra zona norte.

Aclarando los conceptos. ¿En qué se basa la historia?

La auténtica "historia" trata de reconstruir los sucesos ocurridos en una región, localidad o país, sobre la base del análisis documental, escrito o iconográfico, esforzándose por lograr un cuadro de "lo que realmente ocurrió" en una determinada época o momento y, ojalá, como quería el gran Leopold von Ranke (1795-1886): "tal y como sucedió". La materia prima del historiador, pues, son los escritos, los documentos de la época respectiva. Entendiéndose aquí por "documentos", también la fotografía, la iconografía, o la epigrafía de la misma época, incluso las lápidas funerarias.

El rol de historiador.

El historiador debe sopesar la importancia relativa de cada documento en función del análisis del contenido interno, del examen de la veracidad y acuciosidad del personaje (autor) que escribe y su capacidad de percepción de la realidad y de su sagacidad o habilidad para conseguir información fidedigna de terceros. Y, por fin, del cotejo minucioso de sus dichos con los de otros historiadores del mismo período de tiempo. La crítica interna de la obra, adquiere así enorme importancia. La dificultad mayor del historiador para la recta interpretación de los hechos, suele radicar en su desconocimiento del área geográfica y sus recursos propios, allí donde se desenvuelven los hechos, porque el historiador trabaja en su gabinete de estudio, enfrascado en sus libros y archivos, y no suele ser un hombre de terreno (un "baquiano".) Casi no existen - que sepamos- historiadores "de terreno"...

Cronistas y cronistas...

A mayor riqueza documental sobre un determinado período histórico, mayor posibilidad de acercamiento a la realidad "tal y cómo sucedieron los hechos". Un estudio basado sobre un sólo documento de época, v.gr. un Testamento de un funcionario importante del siglo XVI, puede así fàcilmente pecar de incompleto, por el sesgo propio de cada cronista o escritor, o del propio testante. Así, a modo de ejemplo, la opinión de un Cieza de León o de un Gerónimo de Bibar, como testigos presenciales de hechos, puede ser muy diferente y mucho mas valiosa que la de un Antonio de Herrera que escribe en España y muy lejos del escenario geográfico de las Américas.

¿Qué hace el arqueólogo?.

El arqueólogo es un ser de formación diferente, que hace a su vez un tipo de "historia" muy diferente. También trata de llegar a obtener un cuadro de "lo que realmente sucedió aquí". Pero obtiene sus informaciones primarias ("su materia prima") a partir de la excavación misma y/o de la prospección cuidadosa de la zona de estudio. Su rol será describir, con los elementos que tiene a la mano, las expresiones culturales de un determinado grupo humano basándose en lo que Gordon V. Childe ha llamado el "registro arqueológico", esto es, el "catastro" de rasgos del pasado aún presentes y rescatables del yacimiento excavado. Lo que linteresa primariamente al arqeuólogo es destacar y poner en relieve la "cultura" del grupo humano detectado en el yacimiento, más que los "hechos" , episodios o "sucesos" mismos, casi imposibles de visualizar a través de los escasos y mezquinos restos del pasado.

Así el arqueólogo, por desgracia, está totalmente dependiente de la cantidad y calidad de "los rasgos" presentes. A mayor antigüedad del yacimiento (pensemos en un hallazgo de los 10.000 A.C.), menor cantidad de información. Problemas de conservación impiden que todo se haya preservado intacto. Casi todo el material orgánico desaparece si el clima es húmedo o lluvioso. En ocasiones, sólo sobrevive el material lítico. El clima del área de estudio, en consecuenmcia, es aquí decisivo. Por eso los arqueólogos que trabajan en el desierto del Norte chileno obtienen muchísima más información de sus yacimientos, que los que trabajan en la Patagonia, o en la Isla Grande de Tierra del Fuego, o en los ardientes trópicos.

El apoyo de las ciencias auxiliares de la arqueología

Consciente de su desventaja, el arqueólogo recurre, como apoyo indispensable, entre otros, al análisis faunístico y botánico de los restos encontrados. O al examen de las características geográficas o geomorfológicas del contorno.Y tratará, además, de buscar apoyo documental, si se trata de estudios de arqueología histórica es decir, de un período histórico. que haya preservado documenmtación de la época. El arqueólogo necesitará siempre, imperiosamente, del apoyo de numerosas ciencias auxiliares, las que van desde la geografía y climatología, hasta la botánica, la fìsica y la química. El examen por C14 es para él decisivo a la hora de obtener dataciones precisas que le permiten aproximarse a la "coordenada cronológica", en palabras de Childe.

La etnohistoria y el etnohistoriador.

El etnohistoriador debe saber combinar sagazmente los datos obtenidos de los documentos, en relación a la vida social y cultural de un determinado grupo étnico o social con los conseguidos del examen del ecosistema (geografía) y del modo de vida de los posibles grupos sobrevivientea aún hoy, ojalá en la misma zona geográfica (etnografia). Discuten acaloradamente los expertos si la "etnohistoria" como disciplina (o sub-disciplina) se ha de considerar una ciencia que es parte de la Historia, o más bien, como opinan muchos, parte de la Antropología. Porque la esencia de la etnohistoria, a nuestro entender, es descubrir el ángulo cultural del actuar humano de cada etnia, más allá de la simple enumeración de hechos o sucesos ocurridos.

El suscrito aboga decididamente por la adscripción de la "Etnohistoria" a la "Antropología Cultural" mucho más que a la "Historia" propiamente tal. Y en muchas Universidades se forma a los etnohistoriadores en los Departamentos de Antropología, en particular en los Estados Unidos. Los máximos etnohistoriadores, al estilo de un John Murra, o Alfred Métraux, han procedido del campo de la Antropología como ciencia de origen. Evidentemente, esta nuestra declaración de principios, probablemente no será del gusto de los historiadores. No negamos , sin embargo, que pueda haber excepciones.

Por fin, vienen los "mitohistoriadores" (tambien motejados de "mitoriadores") y la "mito-historia".

Tenemos aquí un grupo de personas, indudablemente bien intencionadas, que con alguna ligereza se auto-titulan "etnólogos o "antropólogos" y aún "arqueólogos", pero que sólo alcanzan, a nuestro entender, al grado de "mito-historiadores". o "mitoriadores". La expresión no es mía sino de mi buen amigo el poeta iquiqueño Guillermo Ross-Murray. Este grupo de personas es por lo general totalmente autodidacta, sin especialización académica demostrable ni en el campo de la Historia, ni tampoco en el de la Antropología , la Arqueología o la Folklorología. Su objetivo confesado, al escribir sobre Folklore regional o "Etnografía" - como ellos dicen-, es el "rescate" de "leyendas, tradiciones, historias locales o aún descripciones de lugares", y su experiencia deriva generalmente de su trayectoria como "guías de turismo" y de su marcado interés por las temáticas vinculadas a la identidad regional tarapaqueña. Interés, sin duda, muy legítimo.

Necesidad de hacer ciencia etnohistórica y antropológica.

Son ellos ciertamente personas beneméritas y honestas, que han logrado con su esfuerzo personal un alto grado de conocimiento de terreno, que han leído no poco sobre la región y su historia, y que presumen -a veces en forma algo engreida-, poseer conocimientos que nadie más posee. Admirable, es sin duda, el valor del conocimiento de terreno y la experiencia de campo; o la capacidad de conservar y transmitir tradiciones, anécdotas y episodios locales, pero sin una formacion sólida y profunda, no es posible "hacer ciencia", esto es, crear conocimiento nuevo, estructurado y de base científica, y, además, validado y reconocido por sus pares internacionales, en este caso, por otros antropólogos, etnografos, etnólogos o historiadores.

Estos "mito-historiadores" o "mitoriadores", suelen mezclar facilmente la realidad y el "mito", otorgando con frecuencia y tal vez sin darse cuenta, a este último, el valor de la realidad misma. Estrictamente hablando, están estos personajes bastante más cerca de la Literatura Popular que de la Historia o Antropologia. propiamente tales. Porque estas últimas disciplinas se rigen por estrictos cánones formativos y metodológicos, que no pueden ser eludidos "so capa de poseer un profundo conocimiento local".

Existe una disciplina científica que estudia el ethnos o etnia: la Etnología.

Mucho menos hay derecho a auto-calificarse como "etnólogo" sin serlo. La "Etnología" es aquella rama de la Antropología que es capaz de establecer relaciones de parentesco cultural entre distintas etnias y/o distintas concepciones culturales de los pueblos, estableciendo posibles préstamos culturales, influencias mutuas o relaciones interétnicas. Es, según los científicos, la más difícil y compleja de todas las disciplinas antropológicas, pues supone el conocimiento acabado de la cultura y lengua de numerosos grupos indígenas, vecinos o lejanos, cuyo acervo cultural manifiesta semejanzas. Etnólogos ha habido muy pocos en América del Sur. Paul Rivet, Martin Gusinde, Alfred Métraux, Alfred Kroeber, John Rowe, John Murra, y algunos pocos más. Auto-calificarse como "etnólogo", por las complejas implicancias cognitivas que necesariamente exige tal especialización, supone arrogancia, o si no, un total desconocimiento de su significado real (ignorantia elenchi).

Epílogo.

Como epílogo a este capítulo de nuestro Blog, quisiéramos agregar que aún en el caso del Folklore ("folclore" se suele decir hoy día, expresión escrita que no compartimos), estamos ante una auténtica ciencia, con objetivos y métodos muy precisos, que ha tenido un inmenso desarrollo en los países nórdicos y Europa en general, ciñéndose a normas y metodologías muy bien acotadas. Estrictamente hablando, verdderos folklorólogos ha habido muy pocos en Chile. Elegiremos al azar los nombres de Ramón Laval, Yolando Pino, Manuel Dannemann, Raquel Barros. "Folklorólogos", pues, deben ser considerados y llamados los científicos estudiosos del Folklore. "Folkloristas", en cambio, ha habido muchos. Margot Loyola, una de las más notables conocidas. Estos últimos, son los recopiladores y transcriptores de elementos del folklore musical popular o literario y los que lo difunden al gran público. Mérito indiscutido inherente a esta necesaria y abnegada labor de registro de la sabiduría popular.

Necesidad del conocimiento científico adquirido y refrendado en la Academia.

Por fin, queremos señalar que para ser antropólogo, etnólogo o etnohistoriador, hay que pasar por la Academia. No existe otro camino. No hay atajos posibles. Lo que necesariamente supone varios años de estudio y la confección laboriosa de una Tesina o Tesis de Grado, la que constituye un trabajo de investigación que debe conducir a conocimientos nuevos en esos campos. El tiempo de los "pioneros" ya pasó hace rato, y hoy se requiere de la especialización seria y profunda, la que afortunadamente existe y se imparte hoy en numerosas universidades del país. Para ser "mitoriador", en expresión de nuestro buen amigo el poeta Guillermo Ross-Murray, en cambio, no se necesita estudios previos, basta transitar por los caminos del Norte con los ojos bien abiertos y el oído atento...

sábado, 4 de diciembre de 2010

El Mineral de Huantajaya hoy: una bofetada al rostro del paisaje costero tarapaqueño.

Fig. 1. Sector montañoso, a 750 m de altitud situado a 3, 3 km al NW de zona minera de Huantajaya. Intocado por el hombre, salvo un par de rutas de acceso.(tomado del Google Earth). Así debió lucir el área de Huantajaya antes de la intervención minera.

Fig. 2. Así "luce" hoy el sector del cerro San Simón, con su cima a los 967 m. de altitud. Totalmente perforado y atravesado por profundas tajos abiertos en busca de vetas de plata. Destrucción absurda del paisaje realizada por maquinaria pesada entre 1988 y 1992 (tomado del Google Earth). Toda la intervención minera colonial se reducía a piques profundos y a pirquines muy superficiales. Lo que hoy vemos aquí, fruto insensato de la "tecnología moderna" , equivale a "destripar" el área en forma inmisericorde y despiadada, sin dejar rastros de ninguna clase de la antigua presencia y actividad humana. ¿A quién le importa eso hoy día?. "Total, sólo se trata de un paisaje desértico, donde no hay nada"!. Así se nos argumenta. Supina ignorancia!.

Fig. 3. Estructura sobreviviente del siglo XIX, ubicada a pocos metros del Pique colonial de "San Juan", de 340 m. de profundidad. Fue usada recientemente como depósito de muestras minerales allí arrumbadas hasta hoy (Foto H. Larrain, Agosto 2010).

Fig. 4. Gigantesco movimiento de escombros y ripios realizado en la década del noventa del pasado siglo. No se excavó en profundidad en procura de nuevas vetas: solo "se arañó" la superficie en el sector de antiguos ripios coloniales, para extraer de éstos el mineral residual, no aprovechado en la antigüedad, por falta de la tecnología adecuada. (Foto H. Larrain, 2010).

Fig. 5. Pique vertical denominado de "San Juan", de la época colonial (mediados del siglo XVIII). Tiene 340 m. de profundidad. Se comunica en el fondo con otros sistemas de túneles transversales, conformando una verdadera grilla de socavones interconectados. Hay en la zona, más de 30 piques semejantes, la mayoría de ellos de gran profundidad. La primeras labores mineras, en tiempos del Inka, se reducían a pequeños cateos o pirquines, hoy ya desaparecidos por efectos de la despiadada explotación ulterior. (Foto H. Larrain, Agosto 2010).

Fig. 6. Sitio antiguo denominado "El Hundimiento" ya señalado explícitamente por Antonio O´Brien en el siglo XVIII en su famosa Descripción de Tarapacá (1765). Corresponde al área de ocupación colonial y de la antigua población. Vista desde el Weste (esto es, desde ladera este del cerro San Agustín hacia el oriente). (Foto H. Larrain, Agosto 2010).

Fig. 7 Vista general de la zona del mineral de Huantajaya, tomada desde el Este (huella a Caleta Buena). La cumbre más alta del fondo corresponde al cerro San Agustín, de 982 m de altitud. (Foto H. Larrain, Agosto 2010).

Nuestra experiencia reciente en la zona.

En estos meses recientes nos ha tocado subir varias veces a visitar y estudiar el antiguo mineral de plata de Huantajaya, de data colonial, inmediato (al Norte) a la localidad de Alto Hospicio. El objetivo: reunir un cúmulo de antecedentes tanto históricos, geográficos como arqueológicos para rescatar del actual olvido este antiguo y valioso sitio para la historia y la cultura regional tarapaqueña. Y poder asi planificar un futuro digno para un yacimiento histórico de primer orden en el Norte chileno. Queremos que la ciudadanía y los estudiantes conozcan a fondo esta historia, la valoren, y la protejan para el futuro.

¿Quién conoce hoy el alto de San Simón, o el cerro de San Agustín en Huantajaya?. ¿Quién, el Chiflón del Diablo, el Pique de San Juan o el de María Mercedes?. Quién, la Mina Descubridora?.

¿Ha oido hablar Ud, acaso, de la Quebrada del Obispo?. ¿Sabe Ud, qué rasgo es denominado "El Hundimiento" desde el siglo XVIII, y por qué éste se hizo tan famoso?. Nombres todos que ilustran la larga y accidentada y muchas veces doliente, desgreñada y hoy casi olvidada historia de Huantajaya.

Hemos recorrido palmo a palmo todos los vericuetos y huellas de este vasto conjunto de hoscas serranías, escenario sin duda de mucho dolor y sufrimiento en la época en que. obligados por la mita minera, numerosos indígenas de los pueblos de Pica, Sibaya, Tarapacá, Mocha y Guaviña y otros más, debían pasar muchos meses sujetos al duro trabajo de las minas. Corría la medianía del siglo XVIII cuando los ricos mineros de Pica y Tarapacá, los De la Fuente, los Loayza y otros, explotaban enérgicamente sus estacas mineras en este yacimiento usando la fuerza de trabajo indígena y algunos esclavos negros.

Antes de describir el espantable y horroroso paisaje de masacre y destrucción observable hoy en lo que fuera el área de los cerros de San Agustín y San Simón, quiero traer a colación y examinar un valioso texto de una descripción de la misma época, datada en 1768.

Su autor es el cosmógrafo Francisco Antonio Cosme Bueno (1711-1798). Hombre de vasta erudición, se doctoró en 1750 en la Universidad de San Marcos de Lima, demostrando gran habilidad en materias farmaceúticas, desarrollando su arte médico en varios hospitales de esa época. Demostró, igualmente, especial atracción por la geografía, la economía, la climatología y la historia de los lugares, escribiendo una obra que hoy se conoce como "Geografía del Perú Virreinal", obra que permaneció inédita y sólo vio la luz en el año 1951 gracias a los desvelos de Daniel Valcárcel, su editor.

La obra contiene interesantes reflexiones geográficas y económicas sobre la "Provincia de Arica "y posee un especial interés para nosotors los habitantes de Iquique, por los datos que nos ofrece sobre la minería de la época en la localidad de Huantajaya y sobre la actividad del puerto de Iquique.

Junto con presentar aquí parte del texto de la obra, en los aspectos que aquí nos interesa destacar, nos va a servir de telón de fondo para la crítica que haremos al "moderno" sistema de prospección geológica practicado recientemente con el uso de poderosas máquinas retroexcavadoras.

Pero volvamos de nuevo al año 1768 y al relato de Cosme Bueno.

En la quebrada y pueblo de Tarapacá en dicha época, se encontraba en plena acción el teniente de Gobernador el sevillano de origen irlandés don Antonio O´Brien, encargado especialmente por el Virrey del Perú de fiscalizar y poner orden en la caótica actividad minera en la zona. Aparentemente, reinaba el más absoluto desorden en el Mineral de Huantajaya, cuyos propietarios mineros no llevaban toda la producción de plata a las Cajas Reales donde se calculaba "el quinto real" - según lo establecía la ordenanza- sino usufructuaban liberalmente de ella en beneficio propio, aprovechándose de la coyuntura de la extrema lejanía del lugar y de la falta total de control administrativo.

En otro capítulo de nuestro Blog [cf. Antonio de O ´Brien o Antonio Ö´Brien ] hemos tratado de analizar la riesgosa labor administrativa de O´Brien, que tan bien ha descrito el historiador don Oscar Bermúdez Miral en su obra "Estudios de Antonio O´Brien sobre Tarapacá; Cartografía y Labores administrativas (1763-1771), Antofagasta 1975.

El texto del geógrafo español Cosme Bueno.

Pero vayamos al texto auténtico del geógrafo colonial Cosme Bueno, fechado en 1768, época en que Huantajaya se hallaba en el máximo apogeo de su actividad minera:

"Lo más notable de esta Provincia [de Arica] son sus Minas. En los altos del Curato de Pica hay vetas de oro y de finísimo cobre, que no se trabajan por lo rígido del temperamento [clima]. Por la parte de la costa se hallan los cerros de Chanavaya y Huantajaya, a dos leguas más o menos, del mar, y otros muy ricos de metales de plata, de los cuales muchos no se trabajan por carecer de agua aquel terreno en muchas leguas. El de Huantajaya se cree que fue trabajado en tiempos antiguos. Cerca de estos tiempos, esto es ya avanzado el principio de este siglo, se empezó a trabajar de nuevo [este mineral de Huantajaya] sin método creyendo que no había vetas fijas sino bolsones de Plata, porque se encontraban a trechos unas piedras sueltas, que llaman de barra, porque se sacan de ella por fundición grandes cantidades de Plata. Pero posteriormente se ha visto que hay vetas fijas y que aquellas Papas son anuncio de veta cercana. Así se han establecido labores en forma de que se ha sacado mucha riqueza. Y a no haber la penalidad de la falta de agua, pues es preciso llevar a beneficiar los metales a distancia de muchas leguas de despoblado, estas Minas enriquecerían mucho a sus dueños y fueran utiles al Reino, porque se aumentaran mucho sus labores." (en "El Conocimiento de los Tiempos" Año 1768, editado en Daniel Valcárcel en Geografía del Perú Virreinal, Lima, 1951: 91).

Análisis de este breve pero significativo texto. Conclusiones varias:

a) Huantajaya se halla a dos leguas (aprox. 12 km.) del mar, o sea de alguna manera, su abastecimiento depende del mar;

b) El autor plantea que "se creía que este mineral había sido trabajado en tiempos antiguos", esto es, desde época indígena, anterior a la conquista. Y, de hecho esto resulta altamente probable si se considera que Martínez Begazo ya está explotando este mineral hacia 1545, apenas cinco años después de concedida su encomienda por Francisco Pizarro, cuando todavía la tierra no está conquistada ni pacificada. Lo que permite concluir que algunos de los caciques de Tarapacá - seguramente bajo alguna suerte de presión o tortura- entregó el dato o la referencia exacta de su explotación anterior, desde tiempos del Inca.

c) que su explotación se ha iniciado nuevamente "avanzado el principio del siglo presente", esto es, aproximadamente hacia 1710-1720. Lo que significa, a la vez, que estuvo bastante inactiva por un cierto período de tiempo.

d) Que se la trabaja "sin método", es decir haciendo cateos y piques aqui y alla, sin orientación exacta;

e) Que sólo ha habido preocupación por hallar las papas de plata pura, sin interesarse por las vetas y menos aún seguirlas;

f) Después se ha constatado que hay vetas fijas y que la presencia de las "papas" de plata es solo su anuncio;

g) Que recientemente, se ha establecido allí labores mineras más controladas y ordenadas;

h) Y gracias a este nuevo método, se ha sacado de allí muchas riquezas;

i) El principal problema que allí se detecta es la falta de agua, lo que obliga a llevar el mineral muy lejos para su beneficio [sabemos que esto se verificaba en el sitio Tilibilca, en la quebrada de Tarapacá dese el siglo XVI, y también, posteriormente, cerca de La Tirana, en trapiches de la Pampa del Tamarugal].

j) Que si hubiera agua disponible, se podría producir mucho más riqueza en el lugar.

Comentario al texto.

Este texto revela que Cosme Bueno, como buen "geógrafo" [cosmógrafo", decían en la época]
se sabe informar detalladamente, tal vez de boca del propio O´Brien, quien lleva ya algunos años tratando de controlar a los mineros tarapaqueños, acostumbrados a explotar el lugar escamoteando el quinto real. También nos demuestra que para su autor, Tarapacá es prácticamente conocida casi únicamente a través de su Minería, a causa de la falta endémica de agua dulce en toda la región.

Orgullo de Tarapaca colonial.

Es decir, Tarapacá bien podría enorgullecerse hoy de la existencia de estas minas que fueron explotadas desde tiempos del Inca. Incluso podríamos decir que Huantajaya y su contorno constituye un ícono muy significativo para la historia regional de esta provincia hoy región. Icono tanto o más importante que las Salitreras, hoy abandonadas. Gran parte de la historia de Tarapacá se encuenta indisolublemente unida al Mineral de plata de Huantajaya. Nos preguntamos: ¿qué hemos hecho como Región para rememorar o traer a la memoria ciudadana este hito histórico?. ¿Alguna vez hemos pensado en perpetuar de alguna manera su memoria?. Hemos pensado, tal vez, en erigir un día el gran "Museo de la Plata" recordatorio para las generaciones venideras del rol jugado por Huantajaya en la historia colonial?. Nosotros ciertamente sí lo hemos pensado.

¿Qué pensamos hacer con sus tres cementerios, el colonial, el peruano y el más reciente el único que queda en pie hoy, ya desmantelado por vándalos en los últimos 25 años?. Varios centenares de cuerpos, mártires de la dura explotación minera, yacen allí, esperando la Resurrección final. ¿Alguien, alguna vez, les ha rendido testimonio de respeto y admiración por lo que lograron e hicieron en su época?. ¿Por la riqueza que acumularon para sus encomenderos o patronos, terminando ellos mismos, probablemente, en la miseria total?. ¿Sepultaremos con esos cadáveres, de una vez, toda la historia de seis o siete siglos de gloria de Huantajaya?. O los haremos desaparecer para siempre, cubriéndolos con montañas de ripios, cada vez más gigantescas?.

En el relato del cosmógrafo español Cosme Bueno, arriba comentado, queda flotando una consideración, que para él constituye como la síntesis de la importancia de esta Provincia: "lo más notable de esta Provincia son sus Minas".

Esta frase nos trae, inevitablemente, al recuerdo otra, frecuentemente esgrimida hoy como slogan por las autoridades nacionales: Tarapacá tiene una vocación minera". Ojo, pues esta tan repetida frase es notoriamente equívoca y puede interpretarse de varias maneras. Una de ellas, la más peligrosa: "Tarapacá tiene tan sólo una vocación minera..., por tanto las otras actividades económicas y/o culturales tendrán que esperar".

¿Qué queda a nuestra vista hoy del glorioso Huantajaya de antaño?

Pero vayamos a contemplar la situación que presenta hoy Huantajaya, el viejo y venerable Mineral de plata el que un día fue comparado con el cerro rico de Potosí, el máximo exponente de la minería colonial española en América.

Por favor, observe con cuidado la foto Nº 3 (arriba), correspondiente a la parte alta del cerro San Simón. hoy día. Por doquier, extracción masiva de ripios y perforación de largas y enormes zanjas con máquinas retroexcavadoras en busca de posibles vetas del mineral. De la antigua superficie no queda ni siquiera una traza. Si hubo allí rasgos culturales, o de presencia indigena, ciertamente ya no existen.

a) del antiguo poblado colonial y republicano, que llegó a albergar más de 2.000 habitantes, con sus casitas de madera y su vistosa iglesia de erguida torre, absolutamente nada. Solo antiguas fotografías color sepia, desleídas y ajadas por el paso del tiempo;

b) sus numerosos piques profundos, con nombres de santos católicos, cerca de cuarenta en total, desprovistos hoy de sus protecciones de gruesos tablones de pino oregón; piques profundos labrados a fuerza de barreta y pala, que demuestran una actividad minera muy intensa (Vea Fig.5);

c) sus extensos basurales coloniales, republicanos y de la época del salitre. Numerosos , y que se extienden por doquier, testimoniando una frenética actividad extractiva y la presencia de familias completas que pasan su vida entera en este inhóspito y desértico lugar.

d) restos de bases de estructuras de diversas épocas, lugares de molienda, de fundición y acopio de minerales.

e) Y, por sobre todo, ingentes cerros de escombros y ripios, acumulados por maquinaria pesada desde la época del 1988-1992, al parecer, fechas en que se empezó a explotar los ripios dejados en las centurias anteriores para explotar su residuos de plata. Esos cerros de ripios y escombros, arrasaron el cementerio más antiguo de data colonial, tal como lo hemos comprobado en el capítulo de nuestro Blog que lleva por nombre: "Cementerio colonial de Huantajaya: visitas efectuadas en 1993 -1994". Ahí damos las pruebas de un hecho que merece el repudio general, pero del que nadie se hizo responsable en su momento. Tampoco después, por desgracia.

f) Barrido total y extracción violenta de enormes superficies de laderas y cimas, en busca de las apetecidas trazas de las huidizas vetas argentíferas. Cientos de hectáreas removidas, desarticuladas, donde el sustrato fue sacado de cuajo por maquinaria pesada, en semanas y semanas de absurda remoción, descontrolada y casi diabólica. ¿Para qué?. Para terminar claudicando y señalando que no valía la pena tanto esfuerzo. Así nos lo han confesado ingenieros que participaron en este acto de barbarie moderna. Barbarie disfrazada de "metodos modernos" de despeje, o como se prefiere decir hoy elegantemente en el lenguaje minero de hoy, usando el sistema del "pre-stripping". ¿Qué pensar de tanto desatino?.

Nos preguntamos horrorizados: si éste ha sido el efecto de apenas unos 3 ó 4 años de faenas recientes, con empleo de maquinaria pesada, ¿qué ocurriría aquí mismo si se instaurara el sistema de "minería a tajo abierto," al estilo de Chuquicamata? ¿Quedaría alguna evidencia de la presencia antigua, inka, colonial o republicana, algún dato sobre el pasado antiguo o reciente?. No quedaría absolutamente nada. Solo gigantescas tortas de ripios -estilo Chuquicamata- que tendrían que ser apiladas en las vecindades inmediatas, para ahorrar costos, montañas de escombros creciendo sin fin, de año en año.

El paisaje geográfico vecino a Alto Hospicio y su belleza natural no interesa a la gran minería extractiva. No posee valor alguno en sí. Es sólo mercancía.

Este es el temor que a nosotros, hombres de la cultura y amantes del pasado, nos sobresalta hoy, y nos induce a reflexionar sobre el futuro incierto de este Mineral de Huantajaya, de larga y heroica historia. Tenemos que evitar a toda costa, que un día no lejano, algún capital canadiense, japonés o australiano (¿?) quiera transformar los cerros de San Simón y San Agustín en un gigantesco y dantesco hoyo, más profundo y extenso que Chuquicamata. No es ésta una visión catastrofista.

La actual tecnología de extracción "a tajo abierto", constituye una amenaza real para cualquier zona que tenga una larga historia, una rica biogeografía o una maravillosa escenografía natural. Esto puede suceder aquí en Huantajaya en cualquier momento y conviene que estemos prevenidos. "Más vale prevenir que curar". Las autoridades y la Municipalidad deben tomar cartas en un asunto que atañe al futuro de la región, su historia y su rica geografía. Hemos visto ya un par de veces rondar a varios geólogos extranjeros por los vericuetos de Huantajaya. Más aún, han bajado al fondo de sus piques y han tomado muestras del contenido de sus vetas. ¡Algo se traen entre manos!.

La increíble y gloriosa historia de Huantajaya.

La increíble aventura histórica de Huantajaya que nos muestran los documentos coloniales, conservados en Perú, Bolivia, Sevilla o Santiago de Chile, se merece algo más que un gigantesco hoyo, un millón de veces más grande que el actual "Hundimiento". Huantajaya debe sobrevivir como monumento al pasado, no sucumbir a la codicia sin mesura de empresarios extranjeros, a los cuales la historia y geografía patrias les es totalmente indiferente. Estas, para nosotros, son herencia invaluable del pasado, a la que no vamos a renunciar.

¿Es esto sólo un presentimiento nuestro o un desesperado llamado de alerta. ante lo inminente? Juzgue por Ud. mismo. La historia lo dira un dia no lejano.

Dios quiera que no tengamos que repetir llorosos, un día, la ya famosa estrofa del poeta español Rodrigo Caro (1573-1647, al contemplar las ruinas de una soterrada ciudad romana en España (¿Numancia?):

"Estos, Fabio, ¡ay dolor!
que ves ahora,
campos de soledad,
mustio collado,
fueron un día Itálica famosa"...





viernes, 26 de noviembre de 2010

Primera mención española del nombre del puerto de Iquique como " Yqueyque".

Objetivos de este capítulo del Blog:

Nos proponemos, en este breve artículo, profundizar desde un ángulo ecológico-cultural en algunos textos poco divulgados y rara vez analizados en detalle, que se refieren directamente al temprano reconocimiento de la costa de Tarapacá por parte de los españoles, al puerto de Iquique y a su denominación indígena ("Yqueyque"), así como a la temprana explotación minera de la plata en Huantajaya, junto a Iquique.

Estos textos aunque breves, nos ofrecen una primer esbozo de "descripción" geográfica de la costa norte chilena y constituyen, por tanto, un valioso aporte a la geografía y eco-antropología de la región.

Uno de estos textos pertenece al cronista español Gerónimo de Bibar en su obra: Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile, hecha por Gerónimo de Bibar, natural de Burgos". El original fue publicado en Sevilla el año 1558, y pensamos que el texto rezuma un conocimiento muy directo de los ecosistemas propios del desierto y de lo sucesos tempranos que involucraron a la costa de Tarapacá.

El segundo grupo de textos pertenece al bien conocido cronista español Pedro Cieza de León, en su obra: La Chronica del Peru, nuevamente escrita por el cronista soldado Pedro Cieza de León, vezino de Sevilla (publicada por primera vez en 1554).

Combinaremos los informes ofrecidos en ambos textos, muy próximos entre sí en su época de publicación (apenas distan 4 años de diferencia temporal). Ambos, uno sevillano y el otro burgalés, sumados y examinados con el lente eco-antropológico, ya nos ofrecen una primera aproximación geográfico-ecológica, muy elocuente, de este territorio de tan inhóspito y terrrible desierto, que hoy conocemos como el "Desierto de Atacama".

El cronista Gerónimo de Bibar

Sabemos que el joven Gerónimo de Bibar, de unos 18 años de edad, llegó a Chile varios años después de los viajes de reconocimiento y conquista de Diego de Almagro y Pedro de Valdivia, probablemente en una de las expediciones de refuerzo a este último enviadas desde el Perú , hacia el año 1547. Su crónica, que nos ofrece aquí finos detalles de tipo geográfico y cultural, es sumamente ajustada a la realidad, al igual que la de Pedro Cieza de León. Ambos son considerados por los investigadores como excelentes testigos presenciales de los hechos.

El texto de Cieza en referencia, es el siguiente:

"Toda aquella costa es ...brava y de grandes riscos. Más adelante de este promontorio cinco leguas [se trata del promontorio llamado Morro de los Diablos, a siete leguas al sur del puerto de Ilo] está un río de buen agua, no muy grande, y deste rio sueste cuarta al este, doce leguas más adelante, sale otro morro alto y hace unas barrancas. Sobre este morro está una isla y junto a ella, el puerto de Arica el cual está en veintinueve grados y un tercio [error evidente por 19 grados]. Deste puerto de Arica corre la costa al sursudueste [ es decir, al SSW] nueve leguas sale a la mar un río que se llama Pizagua. Deste río hasta el puerto de Tarapacá se corre la costa por la misma derrota y habrá del río al puerto cantidad de 25 leguas. Cerca de Tarapacá está una isla que tendrá de contorno poco más de una legua y está de la tierra firme legua y media y hace una bahía donde está el puerto en veintiún grados (cap.V, edición 1945: 46; destacado nuestro).

Y sigue el mismo cronista:

"...En los valles de Tarapacá es cierto que hay grandes minas y muy ricas y de plata muy blanca y resplandeciente. Adelante dellos, dicen los que han andado por aquellas tierras, que hay algunos desiertos hasta que se llega a los tèrminos de la Gobernación de Chile. Por toda esta costa se mata pescado y alguno bueno y los indios hacen balsas para sus pesquerias de grandes haces de avena o de cuero de lobos marinos, que hay tantos en algunas partes que es c0sa de ver los bufidos que dan cuando están muchos juntos". (Cap. LXXV, edicion 1945: 211 212).

La Descripción de la costa de Tarapacá según Bibar

Y ahora veamos qué y cómo nos relata el cronista Bibar, en su capítulo 71:

"Hecho esto [es decir, habiendo dejado instrucciones en La Serena para que fuera aceptada la jefatura de Francisco de Villagra durante su forzado viaje al Perú en busca de refuerzos], se embarcó [Pedro de Valdivia] y se hizo a la vela a dieciseis de septiembre [1547] y allegaron al puerto de Yqueyque en los términos y minas de plata del valle de Tarapacá, en los Reinos del Perú, doscientas cincuenta leguas de la Ciudad de los Reyes [Lima], víspera de la Natividad de Cristo nuestro Señor, en el añ0 ya dicho [1547]. Mandó el general a Gerónimo de Alderete que fuese en el batel [bote] del navío con doce españoles y que tuviese aviso porque no era tierra que se habían de descuidar: lo uno por ser los indios cautelosos, y lo otro, por tener noticia de la tierra estar alterada con [el reciente alzamiento de] Gonzalo Pizarro. En la tierra [se entiende en el puerto de Yqueyque] halló [Valdivia] un español y dos esclavos, al cual preguntó cómo estaba el reino del Perú..." (cap. 71; edicion 1966: 106; subrayado nuestro).

Pedro de Valdivia y Martínez Begazo.

Una carta de don Pedro de Valdivia dirigida a Hernando Pizarro [primo hermano del Marqués Pizarro], fechada en Valparaíso el 15 de agosto de 1545, nos aclara bastante bien el objetivo de esa recalada en Yqueyque por la Navidad del año 1547:

"Y viniendo por Arequipa Lucas Martínez Vegaso, vecino de ella, que, como vuestra merced sabe, ha tan bien servido a :S. M. y por hacerle de nuevo este servicio tan señalado y por haber sido servidor del Marqués, mi Señor, y serlo de vuestra merced, me favoreció con un navio quitándolo del trato de sus minas de Tarapacá, que no perdió poco, en el cual me envió diez o doce mill pesos de empleo de armas, herraje, hierro y vino para decir misa..." (en Medina, editor, Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile,1896: 89).

Este navío lo había ofrecido el rico encomendero Lucas Martinez Begazo a petición expresa del comisionado de Valdivia en Arequipa, el capitán Alonso de Monroy, quien habia ido al Perú a solicitar apoyo para la conquista de Chile ante la sublevación general de los picunches, a las órdenes de Michimalonco. Como se recordará, éstos atacaron a los españoles atrincherados, e incendiaron la naciente ciudad de Santiago un 11 de septiembre del año 1541 (publicado en Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile, tomo II, editor, José Toribio Medina, 1896: 1 - 17).

Un cotejo somero de estos notables documentos -verdaderas descripciones iniciales del área desértica), nos permite trazar la siguiente perspectiva geográfico-ecológica de Tarapacá tal cual fue percibida y descrita hacia 1545- 1547, en particular en referencia a sus posibles recursos y a las minas de plata, ya claramente en explotación por Martínez Begaso y sus servidores en el área en cuestión.

Estos primeros cronistas, de acuerdo a los textos citados, describen el paisaje geográfico y los recursos existentes en la franja costera desde el extremo sur peruano hacia la Gobernación de Chile, prestando particular atención a los siguientes caracteres, tanto geográficos como históricos:


Caracterización ecológico-cultural de la costa norte-chilena según cronistas tempranos:

Los siguientes son los rasgos geográficos e informes básicos que los primeros pilotos españoles logran recoger sobre la costa del litoral árido y que los primeros cronistas utilizan en sus relatos:


a) la costa es "brava", esto es de fuerte oleaje, dificultando el desembarco;
b) presencia de muy escasos ríos ( para el abastecimiento de agua) y calidades de estas aguas;
c) presencia de "puertos" y sus recursos (pesca) ;
d) presencia de promontorios o indicadores de recalada;
e) indicación de distancias aproximadas (en leguas);
f) existencia de grandes extensiones de desierto absoluto;
g) presencia de minas trabajadas por españoles o indios, ya desde 1545;
h) caracterización de las embarcaciones usadas por los indios de la costa;
i) estado de ánimo de los indios y posibilidad de rebelión de estos;
j) presencia de islas junto al continente;
k) denominación concreta, en la lengua vernácula, de los puertos, o sea, tal como son conocidos por los habitantes de la zona;
l) conocimiento de la situación poliíica del Perú ante sucesos ocurridos desde sublevación de Gonzalo Pizarro contra el nuevo Virrey del Perú.
m) tipos de elementos de primera necesidad para la conquista del territorio de Chile.
n) presencia de españoles a cargo de tareas específicas en el puerto de Iquique.
ñ) presencia temprana de esclavos negros en la explotación minera de Tarapacá.

Todos estos elementos, analizados en su conjunto, nos permiten ya formarnos un cuadro al menos provisorio, del escenario visible a los españoles, al saltar a tierra, en el "puerto" de Yqueyque, tan tempranamente como la Navidad del año 1547.

Leyendo las crónicas con un ojo eco-cultural.

La información en su conjunto es ya impresionante. En síntesis, por esas tempranas fechas, (1545-1547) se sabe que hay una isla adyacente al continente en Tarapacá; que hay un "puerto" de desembarco que se llama en lengua indígena "Yqueyque" ; que hay españoles y esclavos negros laborando allí. Que existen ricas minas de plata a legua y media tierra adentro, donde se obtiene plata de gran pureza. Que estas minas pertenecen al encomendero Lucas Martínez Begaso que vive en Arequipa. Que éste las está trabajando en esos años tempranos; Que todo el comercio se verifica por mar, incluyendo el transporte de agua para la bebida. Que el río de Pisagua lleva agua hasta el mar; Que hay desiertos enormes, casi sin agua, hacia la Gobernación de Chile y que es muy trabajoso cruzarlos; que Valdivia tiene ya tratos con el rico encomendero Martínez Begazo, en sus minas de Tarapacá, desde el año 1545. Y que éste le ha prestado una ayuda vital para la conquista de Chile consistente en un barco fletado con herraduras, armas, mercaderías, vino de misa y elementos varios para la naciente colonia del Mapocho.

Con el dominio de todos estos antecedentes, don Pedro de Valdivia confiadamente puede recalar en Yqueyque en la Navidad del año 1547, en su viaje al Perú. De seguro, a su paso por Perú, visitó a Martínez en Arequipa, donde éste residía, y volvió a pedir su apoyo y sostén en su campaña de sometimiento de los levantiscos promaucaes.

Yqueyque y Tarapacá, quedan de este modo, indisolublemente unidos a la conquista y sujeción, por parte de las huestes de Valdivia, de los promaucaes y quechuas, mitimaes del valle del valle del Aconcagua y Santiago.

¿Por qué se le llamó a este puerto "Yqueyque" en tiempo indígenas?. ¿Cuál es el significado de este topónimo?. Y, en términos más generales, la toponimia de esta zona costera entre Arica y Antofagasta, ¿a qué lengua o lenguas indígenas habría correspondido en la realidad?, ¿a la quechua, la aymara o alguna otra diferente de éstas?. Es este un tema que esperamos abordar pronto, para desmitificar muchas afirmaciones antojadizas hechas por pseudo cientificos que sin la debida preparación linguística, antropológica o etnohistórica, han abordado en nuestra zona norte este tema, con exceso de liviandad y notable falta de seriedad académica. La misma liviandad que se hace manifiesta, ante los intentos de descifrar el significado de los topónimos "Pica", o "Mamiña", los que han recibido múltiples sentidos, a cuál más aberrante. Es mil veces preferible decir honestamente "no se sabe", que inventar significados carentes de base científica sólida.

lunes, 22 de noviembre de 2010

1980: El jesuíta Gustavo le Paige recordado por su Alma Mater, la Universidad del Norte

Composicion fotografica que acompaña el libro del físico chileno-alemán Gerardo Melcher, "El Norte de Chile, su gente, desiertos y volcanes" , Editorial Universitaria, 2004.

La figura decidida de Le Paige (derecha) al lado de su obra pictórica "El Cristo desprendido de la Cruz", óleo suyo pintado con ocasión de su "destierro" de su larga misión en el ex Congo Belga (hoy Zaire).

La Iglesia y parroquia de San Pedro de Atacama. Foto de Gerardo Melcher hacia el año 1965. Tomada del libro citado màs arriba , del mismo autor. En esta parroquia rural, en el corazón del Salar de Atacama, trabajó el sacerdote Gustavo Le Paige, S.J. por espacio de 25 años (1955-1980). Antes de las siete de la mañana, ya estaba aquí cada dia, celebrando su Misa diaria.


Contratapa de la revista "Reflejos del Norte" , publicacion de la Universidad del Norte, Antofagasta, Año 1, N' 3, Abril 1981, casi un año despues del fallecimiento del fundador del Museo Arqueologico de Sn Pedro de Atacama.
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Breve articulo que muestra la realizacion del sueño de Le Paige: la transformacion de su Museo.

Ultima página del mismo artículo, Año 1, N' 3, Abril 1981.

Carátula de la Revista "Reflejos de las Universidad del Norte", Agosto 1980, Año 1, Nº 1 dedicada al Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama y al cariñoso recuerdo de su fundador, muerto en Mayo de ese mismo año, el Padre Gustavo Le Paige, S.J.
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Página interior de este ejemplar, síntesis dedicada al recuerdo de su vida y obra.

Ultima página de esta Nota, dedicada a su obra cumbre: el Museo Arqueológico. Es interesante observarla para rememorar las etapas de exhibición museológica del Museo. Esta foto nos muestra el Museo tal cual lucía poco antes de la muerte de Le Paige, Mayo 1980. Probablemente, sea de varios meses antes, es decir de fines del año 1979.


Hemos encontrado en las calles de Iquique, en manos de vendedores de cosas viejas, dos ejemplares de una pequeña revista, titulada "Reflejos de la Universidad del Norte", editada por la Vicerrectoria de Comunicaciones y Extensión de la Universidad del Norte, en Avenida Angamos 0610, Antofagasta en el año 1980. Hemos querido conservar y comentar en este Blog este valioso material porque encierra desconocidas fotografías de la época de Le Paige, así como comentarios muy ilustrativos sobre el desarrollo y marcha de su obra maestra: el Museo Arqueológico. Y esto nos ocurre exactamente a dos días de celebrarse el natalicio del Padre, ocurrido un 24 de Noviembre de 1903. Curiosa coincidencia. Porque el próximo día 24, en San Pedro de Atacama, se realizará- como ha sido la costumbre año a año-- una romería a su tumba, donde sus antiguos conocidos y ayudantes de campo y los miembros del equipo de fútbol que lleva su nombre, lo acompañarán en un momento de profunda reflexión y recordarán su memoria.

Al presentar ahora estos documentos en esta fecha, recordaremos nuevamente la obra egregia de Le Paige tanto para la ciencia arqueológica nacional, como para su comunidad atacameña.
Treinta años han pasado desde la partida de Le Paige. Nadie imaginó que su obra, el Museo Arqueológico, al que dedicó todos sus afanes, iba no sólo a perdurar y consolidarse en el tiempo, sino más aún, se iba a convertir en un hito obligado de visita y estudio para extranjeros y chilenos, visitantes del área atacameña, Todavía más, en el mas grande centro actual de investigaciones arqueológicas existente en Chile


El material fotográfico reviste especial interés, pues conserva todavía la estampa antigua del Museo, con sus estanterías llenas de momias expuestas, justo antes de la gran remodelación que introdujo vitrinas nuevas y formas más modernas de exposición museográfica. Una de las fotos (foto Nº ) es de especial significación, pues muestra al P. Le Paige, sentado, contemplando plácidamente su obra, en el interior del Museo. La foto debe corresponder a los años 1977 ó 1978, o aún antes, poco antes de desatarse la grave enfermedad que lo condujo a Santiago. A fines del año 1979, en el mes de Noviembre, tuvimos el privilegio de entrevistarlo por última vez. Entrevista que hemos ya publicado en otro capítulo de este Blog, y para entonces,el sacerdote ya  estaba ya muy débil.  Me hablaba en un tono muy bajo y apenas podía ya caminar. La muerte lo sorprendió en Mayo del año 1980.

Con este valioso material de las dos revistas, acumulamos más documentación fotográfica y adquirimos plena conciencia de los cambios notorios que se van realizando en el Museo, su obra predilecta.

En el próximo número de diciembre de este año 2010 de la revista "Mensaje" de los jesuítas chilenos, publicaremos, en pocos días más, un trabajo de investigación sobre el legado científico del jesuíta Gustavo Le Paige, cumpliendo así un viejo anhelo personal de comemorar, de la manera más digna, los 30 años de su partida de este mundo. A la vez, hemos querido expresar nuestra profunda convicción de que todavía nos queda mucho por explorar en su rica personalidad, tanto de sacerdote y hombre de Dios, como en su veta propiamente social, perceptible en su abnegada entrega al servicio de la comunidad sanpedrina y en su vocación científica y arqueológica.

El legado de Le Paige, en consecuencia, no se agota en modo alguno con un simple recuento y examen de su actividad arqueológica y museográfica. Esta parte representa sólo la careta externa de su personalidad, mucho más rica y atrayente. Y tan potente como éste, es el legado de humanidad y de fina sociabilidad que supo mostrarnos al acercarse tan sencilla y humildemente a los más pobres entre los pobres del mundo atacameño. De ello fuimos testigos presenciales en mas de una ocasión.

domingo, 10 de octubre de 2010

El bosque húmedo de Fray Jorge en 1982: Visita de estudio.

En las páginas ilustradas que siguen más abajo, hemos querido reproducir un antiguo artículo nuestro, publicado en la revista Creces (vol. III, Nº 5, 1982: 30-36) de Santiago. La revista, editada por entonces por el periodista taltalino Sergio Prenafetta, era una de las pioneras en la temática ecológica, buscando sensibilizar a su público culto en lo que se refiere a la conservación y protección de la naturaleza.

Por entonces también, nosotros mismos, con Pilar Cereceda Troncoso y un inquieto equipo de jóvenes geógrafos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, iniciábamos estudios de las neblinas costeras o camanchacas, en la zona costera de El Tofo, a unos 75 km al norte de la ciudad de la Serena, para descubrir, describir y analizar su potencial y sus características físicas.

Iniciábamos por dichas épocas un largo y fructífero trabajo de investigación de la zona costera de El Tofo, trabajo que remataría pocos años después (1992) en la entrega oficial de agua potable de la nube a la caleta pesquera de Chungungo. Esta gesta homérica - la primera realizada con éxito en Chile- concluyó con la instalación de más de 100 atrapanieblas, provistos de doble malla raschel, sobre fuertes postes de eucaliptus. Cada uno de ellos, tenía una superficie de captación de aproximadamente 48 m2 . Esta gigantesca instalación, que cubrió los cerros de una bizarra colección de captadores de malla negra, surtió por espacio de casi cuatro años a esta caleta, llegando ésta a doblar casi su población en dicho período. Fue la primera experiencia exitosa, en gran escala, de captación de niebla para uso humano. Experiencia inolvidable que nos llenó de gozo a los que fuimos sus entusiastas iniciadores allá por los años 1980.

Poco después de publicado este artículo, tocó al suscrito en el curso del año 1983, iniciar la replantación de especies nativas forestales en una parcela forestal de una hectárea cuadrada, a unos cinco kilómetros al norte de la zona boscosa tradicional de Fray Jorge. que aquí mostrsaos en imágenes Intentábamos comprobar que, especies autóctonas y aún alóctonas podrían sobrevivir en ese ecosistema de niebla, solamente apoyados por la camanchaca costera.

Semanas pasadas en carpa, mojados hasta los huesos, sin poder secar nuestros zapatos, calcetines y cortavientos, fueron testigos de esta odisea de vivir en un ambiente saturado de un 100% de humedad, por muchas horas al dia. Dura experiencia que vivimos en el invierno de los años 1983 y 84. En aquellos días- lo recuerdo bien y lo tengo registrado en mis diarios de campo (volúmenes 13 al 30), plantamos especies nativas de olivillos, arrayanes, boldos, peumos y plantas exóticas de eucaliptus y aromos de varias especies, para poder estudiar in situ su crecimiento y desarrollo.

El bosque higrófilo de Fray Jorge es un ecosistema vegetal relicto costero, que se sitúa entre los 30º 38´S y 30º 43´S en la zona denominada "Altos de Talinay, en el extremo sur de la IV Región de Chile. Se encuentra a los 700 m. de altitud sobre el nivel del mar y enfrenta directamente el mar de donde viene la potente masa nubosa que mantiene su humedad. Se le ha llamado también "bosque valdiviano", porque el monto de precipitación allí presente, gracias a la camanchaca, alcanza a más de 1.000 mm de agua caida, como lo demostró Jochem Kummerov en el trabajo citado más arriba, y porque varias de sus especies vegetales arbóreas se encuentran tan sólo a partir de la latitud de la ciudad de Valdivia. (39º 38´S), esto es, a nueve grados geográficos de distancia.

En el trabajo que presentamos hoy, se muestra una escena de la visita efectuada al oasis de niebla de Fray Jorge en Junio del año 1982, por un pequeño grupo de estudiosos del fenómeno de la neblina costera, en torno a la figura señera de uno de los hombres que por esos años más hizo en favor de este tipo de estudios. Se trata del hidrogeólogo holandés Christiaan Gischler, por entonces responsable de la Oficina de UNESCO en Montevideo (Uruguay) a cargo de las investigaciones sobre hidrología y aguas subterráneas.

Fue Gischler el artífice de este grupo de estudio de la niebla o potencial hídrico, quien con denodado entusiasmo aportó los fondos y logró reunir a ingenieros, agrónomos, geógrafos, botánicos, físicos y antropólogos para el estudio integral de este fenómeno. Sin su decidido apoyo, ni Carlos Espinosa, en Antofagasta, ni nosotros, en El Tofo, habríamos podido llevar a buen término nuestras investigaciones. Es por lo tanto, un deber nuestro recordar aquí, con especial afecto y aprecio, su cálido apoyo a nuestras incipientes exploraciones del fenómeno de la camanchaca. Gischler es hoy, lamentablemente, uno de los grandes héroes olvidados en esta gesta. Muy pocos lo recuerdan hoy. Por eso nuestro énfasis en su recuerdo y grata memoria.

Tan importante ha sido su contribución a este tema de las investigaciones hídricas, en la costa pacífica, que publicó en 1991 un excelente trabajo de síntesis de los esfuerzos realizados tanto en Chile como en Perú en pro de la captación de la niebla atmosfèrica, con el nombre de The missing link in a production chain, vertical obstacles to catch Camanchaca (impreso en la Oficina Regional de la UNESCO para la Ciencia y Tecnologìa para America Latina y El Caribe - ROSTLAC-, Montevideo, Uruguay, 1991, 197 páginas).

Obra que ningún estudioso de este fenómeno puede desconocer o ignorar. Uno de sus mayores méritos es haber reunido prácticamente toda la bibliografìía accesible en la época, con la contribución de todos aquellos que por esos años investigábamos este fenómeno y sus ecosistemas. No pocas fotografías de la época realzan este estudio, hasta ahora sin duda el más completo existente sobre este tema en nuestro país.

He aquí el artículo de marras, publicado en Creces, en Mayo de 1982, hace ya casi 30 años:


Páginas 1 y 2 con las Fotos 1 (arriba) y 2 (abajo). En esta última se puede observar a C. Gischler de espaldas, explicando al grupo mixto peruano-chileno reunido por él frente al punto de ingreso del área antigua forestada del oasis de Fray Jorge, en la IV región de Chile. A la derecha de Gischler, Guido Soto de la CONAF , IV Región.


Pagina 3




Este breve artículo de 7 páginas de la revista Creces, de Mayo de 1982, compendia bien nuestros primeros esfuerzos por entender y profundizar el ecosistema de niebla de este oasis. Nuestras investigaciones sobre la niebla se iniciaron sólo a partir del mes de Mayo del 1980. Por entonces, sin embargo, nuestro enfoque eco-antropológico ya es perfectamente perceptible en nuestro análisis, enfoque al que hemos querido ser fieles hasta el día de hoy.

En este enfoque, insistimos en que es del todo imposible llegar a entender en plenitud el poblamiento humano de una región, o comarca sin previamente haber profundizado en sus parámetros ambientales, conociendo lo mejor posible sus aspectos tanto fisicos como biológicos. Y el factor clima, con su influjo directo sobre el modo de vida y comportamiento humano, es algo decisivo.

Acerca de este Parque Nacional, su geografía, flora, fauna y ecología, existe un valioso estudio editado por la Universidad de La Serena, en el año 2004, intitulado: Historia Natural del Parque Nacional Bosque Fray Jorge, que engloba numerosos artículos escritos por distinguidos especialistas de varias universidades chilenas. A este excelente monografía remitimos a nuestros lectores deseosos de saber màs sobre este sorprendente oasis de niebla,
relicto de hace más de 30.000 años de evolución.

Este Parque con sus 9.959 há ha sido declarado "Parque Nacional" de Chile en 1941, y en 1977 fue declarado por UNESCO "Reserva Mundial de la Biósfera" por su riqueza florística y faunística en una zona de fuerte desertificación actual.