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miércoles, 6 de octubre de 2010

El Salar del Huasco: hoy Parque Nacional. Expectativas y recelos.

Foto 1. David Esteban representante de las familias afectadas de la zona del Huasco, lee un documento en que se reclama contra la Declaratoria de "Parque Nacional" por parte de las autoridades del Estado, el 5/10/2010. ( del Diario "La Estrella" de Iquique, 5/10/2010). En repulsa al hecho, la comunidad aymara no realizó rito alguno a la pachamama, como lo hace siempre en todas sus actividades importantes. Hacerlo en esta ocasión habría significado aprobar y estar de acuerdo con lo realizado por el gobierno. En rechazo, se mantienen a prudente distancia, mostrando su disconformidad.

Foto 2. El corte de cinta proclamando la inauguración oficial del Parque Nacional. Detrás, familias aimaras protestan por el Acto, enarbolando un lienzo y dando a conocer len un comunicado, los poderosos motivos de su oposición al Acto. (Diario La Estrella de Iquique, 5/10/2010).

Foto 3. Los representantes del gobierno en la ceremonia. (Diario "La Estrella" de Iquique, 5/10/2010).

Foto 4. Foto tomada en Mayo del año 1982, con ocasión de nuestra visita al ermitaño del Huasco, Conrado Fuchslocher. (Foto H. Larrain).

Visitantes de Gobierno en el altiplano aimara.

El día de ayer 5 de octubre de 2010 hubo visitas de cuello y corbata en el altiplano chileno, a 3.800 m de altitud. Se hicieron presentes el Ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, la Intendenta Regional, Luz Ebensperger y el director de CONAF Eduardo Vial Ruiz Tagle en la ceremonia de la declaratoria oficial del Salar del Huasco como "Parque Nacional de Chile". Cuatro meses antes, se había publicado el anuncio en el "Diario Oficial" de Chile. Hoy se hacía realidad. Sólo para el Gobierno, no para los habitantes del Salar, como veremos.


Un cartel desplegado contra la "Declaratoria de Parque Nacional".

Mientras las autoridades realizaban ostentosamente el rito del "corte de cinta", símbolo urbano de la inauguración, pocos metros más atrás un grupo de más de 20 comuneros indígenas, dueños ancestrales de estas mismas tierras, en las que sus antepasados han vivido por centurias, reclamaban contra el Acto enarbolando un gran cartel donde se podía nítidamente leer: "No al Parque Nacional Huasco. Respeto a la propiedad ancestral".

Enhiesta y orgullosa, flameaba a su lado la bandera de la identidad indígena aymara, la característica wiphala, su bandera de lucha. Era su forma de expresar su protesta pacífica pero enérgica contra dicho Acto, considerado por ellos como atentatorio a su dignidad y a su sentido de propiedad. Las fotos tomadas del diario de hoy, "La Estrella de Iquique", y que reproducimos arriba, son elocuentes.

Carta de protesta formal de la comunidad aymara.

El representante designado por las familias indígenas aymaras de la región, David Esteban, vestido a la usanza aymara, de poncho y sombrero alón, subió al podio para expresar su encendida protesta por esta intromisión del Estado en sus tierras de bofedales y pastoreo. Leyó allí, ante la mirada atenta de llamos y alpacas, una carta dirigida al Ministro de Agricultura expresando su fuerte repulsa a esta "Declaratoria" por no reconocerse en ningún momento la propiedad ancestral sobre estas tierras y hacer caso omiso de su oposición como comunidad dueña. Representantes de varias comunidades indígenas aledañas, apoyaron a este dirigente.

Esta "Declaratoria" no siguió los canones jurídicos.

Alegó el representante en su nota dirigida al Ministro del ramo que se ha violado así flagrantemente los pactos internacionales de Viena y San José de Costa Rica y las explícitas recomendaciones de las Naciones Unidas en relación a la ingerencia externa en territorios indígenas. Las comunidades interpusieron, en consecuencia, en derecho, un "recurso de protección" en la Corte de Apelaciones de Iquique por este hecho considerado por ellos como atentatorio contra sus legítimos derechos.

¿Qué significado tiene este acto de reclamo?. ¿En qué se fundamenta?.

El Artículo Nº 6 del Convenio 169 de la Organización del Trabajo (OIT). establece perentoriamente:

"Al aplicar las disposiciones del presente Convenio, los gobiernos deberán:

a) consultar a los pueblos interesados mediante procedimientos adecuados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente".

b) establecer los medios a través de los cuales los pueblos interesados puedan participar libremente, por lo menos en la misma medida que otros sectores de la población, y a todos los niveles en la adopción de decisiones en instituciones electivas y organismos administrativos y de otra indole responsables de políticas y programas que les conciernan". (Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes", Santiago, Oficina Internacional del Trabajo, 2010, 5ª edición, pg. 29).

Este artículo exige la realización de una consulta previa mediante sistemas acordes con sus instituciones. En esta caso, sus propias organizaciones indígenas. Que este tema de la constitución de un Parque Nacional en sus territorios ancestrales les concierne directamente, es más que claro, pues puede cambiar y seguramente va a cambiar su modo de vida en variados aspectos.

¿Por qué no se realizó una auténtica "Consulta" a las comunidades afectadas?.


Tal "consulta previa" exigida por el Convenio, en realidad no se hizo. Sabemos que sólo se les citó a un par de reuniones, en las que por cierto nada se les dijo acerca de sus derechos ni menos aún, sobre aquellos que les conciernen bajo el mandato del Convenio Nº 169. "Participación", en el sentido expresado en la letra b), ciertamente no la hubo. Por el contrario, hubo reticencia y recelos en la mayoría y/o franca oposición desde el principio. A posteriori se enteraron de los derechos que emanaban para ellos del Convenio 169, derechos que la CONADI regional, por lo demás, jamás se tomó la molestia de explicarlo claramente a la comunidad, como debió hacerlo.

Por otra parte, el artículo 7 del mismo Convenio señala, en lo que respecta al desarrollo y su forma de encararlo:

"Los pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que éste afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural. Además, dichos pueblos deberán participar en la formulación, aplicación y evaluación de los planes y programas de desarrollo nacional y regional, susceptibles de afectarles directamente."

Si nos fijamos bien e interpretamos correctamente (ad litteram) los términos del Convenio Nº 169 en el artículo recién señalado, podremos constatar que nada de lo que éste exige se ha cumplido aquí en el Salar del Huasco. Absolutamente nada. Ni siquiera se notó que hubo la intención de hacerlo. Se ha procedido ahora igual como se procedió hace muchos años atrás, antes de la firma del Convenio 169 (que data sólo de agosto del 2009) con las comunidades aledañas al lago de Chungará, cuando se constituyó el Parque Nacional Lauca el año 1970.

Lamentablemente, una vez más, se volvió a considerar a las comunidades indígenas como niños imberbes, a los cuales hay que señalarles lo que deben hacer, por no tener capacidad de "discernimiento".

Estamos a años luz de actuar como un pueblo civilizado que respeta su Tratados Internacionales. El Convenio Nº 169 no es un "Convenio" cualquiera. Tiene rango constitucional y no puede ser ni siquiera "interpretado" al arbitrio del gobernante de turno.

El Estado chileno, al firmar este Instrumento legal el año 2009, después de tantos años de dilación, parece no haberse dado cuenta de las verdaderas obligaciones que dicho Convenio le imponía y de las profundas modificaciones legales que suponía su correcta ejecución.



Y ahora, ¿qué hacer?.

Simplemente no hay otra salida que darle cumplimiento, ahora o en un futuro cercano. El gobierno dispuso de un año completo (agosto 2009 agosto 2010) para adecuar toda su legislación (Minera, DGA, de Comercio, Código de aguas, etc) a las exigencias del presente Convenio que el mismo firmó. No lo hizo, y lo que acabamos de presenciar ayer en el Salar del Huasco revela, a las claras que este nuevo Gobierno - al igual que el anterior- en nada ha cambiado sus posturas respecto al enfoque de sus relaciones con los pueblos indigenas, y sigue tratándolos como niños a los cuales se puede convencer de que el Estado sabe mucho mejor que ellos qué es bueno para ellos. Una nueva manifestación de "paternalismo" que ha prevalecido siempre en el trato con las etnias.

Ciertos hechos nos dejan entrever que estamos de vuelta a un pasado que creíamos superado.

Aunque duela señalarlo, no es mucho lo que hemos avanzado en este terreno de las relaciones con las etnias originarias respecto al trato con los indios en tiempos de las Encomiendas, durante el Coloniaje. Antaño se compraba a los caciques locales con prebendas y agasajos o con el título de "Don"; hoy se compra a algunos con regalos y promesas para poder acatar la decisión estatal ya preestablecida, o para romper la unidad del movimiento indígena que reivindica sus legítimos derechos consagrados tanto por la Constitución, como por lna legislación internacional, vinculante para nosotros.

Pero hay una diferencia substancial: hoy las comunidades y sus líderes naturales saben más y conocen mucho más acerca de sus derechos. Y están dispuestos a hacerse respetar.

Y el Convenio Nº 169 es el cuerpo legal que internacionalmente se los garantiza hoy, aunque moleste a algunos que propician un tipo de desarrollo hecho a la medida de un Gobierno de corte fuertemente neoliberal.

¿Qué salida se vislumbra hoy a este grave problema?

La única salida a este impasse es sentarse honestamente a deliberar con ellos, como comunidad, para saber qué quieren para sí los indígenas sin presiones, sin dádivas, sin migajas, sin falsas expectativas, respetando el tipo de desarrollo que ellos quieran para sí, el que, tal vez, pueda ser muy diferente del nuestro, fuertemente influenciado por el individualismo exacerbado que hoy corroe nuestro sistema democrático. Esto sería una verdadera "consulta", seria, profunda, ilustrada. No la que se hizo en el caso presente, "entre gallos y medianocche", como para sorprender a incautos.

sábado, 2 de octubre de 2010

Ritos religiosos de los indígenas Chamulas, en México en Noviembre 1968.


Me ha parecido pertinente, para que no queden en un total olvido, rescatar estas viejas páginas de mi "Diario de Campo" (Volumen 2-A), que describen circunstancias curiosas de un viaje a Chiapas, México en 1968. La expedición fue organizada por el geógrafo norteamericano John M. Ball de la Universidad de Giorgia (USA) y la joven géografa inglesa Diana Podd. John nos contrató, en calidad de intérpretes (pues el hablaba muy poco español) a la que fuera mi esposa, María Cristina Mardorf y a mí, para que les acompañáramos durante la larga travesía de investigación. Nuestro rol, como antropólogos e intérpretes, consistió en entrevistar a personas que de mutuo acuerdo elegíamos, y anotar día a día las observaciones de campo que recogíamos cuidadosamente en una grabadora. Un viejo pero poderoso Chevrolet de color celeste fue el hogar de los cuatro viajeros por esos largos meses.

Objetivo de la expedición.

El objetivo fue recopilar antecedentes de carácter geográfico y antropológico para estudiar el problema de la migración campo-ciudad desde un ángulo geográfico-antropológico. Para ello, debimos visitar un conjunto de cerca de 40 Municipios rurales en varios estados de la república mexicana. Por entonces, me encontraba terminando mis estudios de Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) de México, adscrita a la Universidad de México (UNAM).

El viaje de más de tres meses de duración se realizó en dos etapas, y nos condujo por varios municipios rurales de cinco estados de la república mexicana, permaneciendo 2-3 días en un municipio previamente determinado. Se entrevistó allí a autoridades civiles y religiosas, en especial párrocos, a periodistas locales, a connotadas personalidades conocedoras de la región y a especialistas, si los había. La idea era formarse una concepción clara de las razones que inducían a los lugareños a migrar a las ciudades más grandes.

Nuestro encuentro con la religiosidad chamula.

En una de estas visitas, en el pueblo de San Juan Chamula, en el estado de Chiapas, México, nos encontramos por entonces con una situación de alto interés antropológico desde el punto de vista de la antropología religiosa, la ritualidad y la pervivencia de antiguas creencias religiosas de origen indígena.

He aquí el viejo texto, rescatado del polvo de un viejo anaquel de biblioteca (1968, pp. 139-144):




Comentario antropológico.

En nuestro Blog hemos presentado ya varios lugares de arte rupestre en Tarapacá (Cf., entre otros, segmento titulado: "Un enigmático santuario de representaciones rupestres. Tarapacá-47"). Allí hemos tenido la ocasión de presentar imágenes visuales de lo que creemos fue un "Centro Ceremonial prehistórico", y aventuramos algunas hipótesis explicativas. Estimamos que puede ser de gran interés cotejar la realidades cúlticas observadas aquel año 1968 en Chiapas, en el sur de México, entre los indios chamulas, con lo examinado por nosotros hace sólo un par de meses, en el área de numerosos petroglifos de carácter ritual, en las proximidades del pueblo actual de Tarapacá, en la Iª Región de Chile.

Constantes antropológicas: las expresiones rituales

Sospechamos que hay ciertas constantes en la práctica de la ritualidad que se repiten en muchos lugares, aún entre culturas diferentes, y en lugares muy distantes entre sí. La inolvidable experiencia vivida por nosotros en aquella memorable ocasión, un 17 de Noviembre de 1968, esto es hace casi exactamente 42 años, ha dejado en nosotros un recuerdo imborrable hasta hoy. Gracias al antiguo texto escrito que aquí presentaremos, me es posible revivir hoy, con mucha crudeza, esos momentos de fuerte emoción religiosa, en contacto con un pueblo profundamente imbuido de un potente sentimiento religioso ancestral, situación que nos ha permitido no sólo rememorar esos instantes, sino también, enhebrar una reflexión sobre su profundo contenido mítico, místico y de hondo contenido religioso humano.

El encuentro con el Padre Leopoldo Hernández.

En esa ocasión, fue muy notoria, casi chocante, la diferente expresión de práctica religiosa. Mientras el padre Leopoldo Hernández celebraba en el altar mayor del presbiterio la Santa Misa católica en compañía de unos 15 chamulas cristianos, hombres y mujeres, y nuestro exiguo grupo expedicionario, siguiendo fielmente el ritual consagrado por la liturgia católica de acuerdo a un bien definido contexto, gran número de familias chamulas "paganas", hacían sus propios rituales, libaciones y consumían su comida ceremonial con botellas de aguardiente, refrescos y huevos. El espectáculo para nosotros fue sorprendente, por decir lo menos.

Las formas de expresión cúltica de los chamulas.

Cada familia, rodeada de sus hijos, estaba sentaba delante de alguna de sus imágenes católicas preferidas en el interior del templo. Había allí alineadas, a ambos costados de la nave, central un enorme número de imágenes. Nadie miraba hacia el altar mayor (el que permanecía totalmente ignorado) , lugar donde el padre celebraba piadosamente su Misa. sino hacia los costados donde se alineaban en fila, a poco distancia una de la otra, las imágenes religiosas. Todas representaban santos católicos, con sus ropajes característicos. Las imágenes se veían sucias, empolvadas, manchadas por el cerote de las velas que ardían continuamente y por la costumbre común de tocar o besar sus vestiduras. La parte central de la nave de la iglesia estaba repleta de familias chamulas que, como se ha explicado recién, miraban respectivamente hacia su derecha o izquierda, hacia el lugar donde se alzaba su imagen predilecta, dándose respectivamente los grupos las espaldas.

De tanto en tanto, algunos se levantaban y se acercaban al santo, tocando la base de la imagen. No entendimos la razón de estos gestos, hasta que nos la explicó después, a la salida, el Padre Hernández. Ahí nos reveló, para gran sorpresa nuestra, que debajo de las vestiduras, las familias chamulas solían esconder pequeñas imágenes antiguas  (íconos o idolillos) de sus divinidades ancestrales, aún vigentes. De modo que la adoración, el incienso usando copal y el ritual que observábamos atónitos, eran dirigidos en realidad a éstas, y no a la imagen del Santo visible . O si se prefiere, tal vez a ambas.

Un solo templo para dos expresiones cúlticas muy diferentes en su forma pero idénticas en su sentido profundo.

En buenas cuentas, ese amplio y hermoso templo católico del fines del siglo XVI en San Juan Chamula albergaba, en ese momento y simultáneamente, dos cultos, dos comunidades orantes, dos religiones, dos expresiones litúrgicas muy diferentes, bajo la techumbre de un mismo recinto. Los chamulas "paganos" -como les llamaba el padre- hacían sus rituales ancestrales quemando incesantemente copal, en medio de una suave murmullo continuo de rezos y súplicas, en su lengua,  a su imágenes ocultas, mientras los pocos fieles chamulas cristianos, en profundo silencio, asistían con nosotros, a venerar el recuerdo del cruento sacrificio de Cristo que se recordaba en  la Misa católica. En la nave central, la atmósfera respiraba a humo concentrado, inescapable.

Una experiencia imborrable.

Fue una experiencia inolvidable para nosotros, la que nos ha marcado para toda la vida. Hasta hoy, al recordar nítidamente ese suceso ocurrido hasta 42 años, nos conmovemos profundamente y admiramos el profundo sentido religioso de ese pueblo. Allí imagen, rito, comida ritual, quema de copal  y oración incesante, eran una sola realidad. Todo era considerado indispensable para el encuentro con la divinidad.

Dos hechos rituales ante dos centros de veneración.

Al recordar hoy este hecho, y al recorrer a pie hace pocos meses atrás el "Centro Ceremonial" de Tarapacá 47, sitio arqqueológico situado junto al pueblo de Tarapacá, y sus numerosos bloques con figuras, nos vino inmediatamente a la memoria este suceso vivido por mí hace ya tanto tiempo. Porque aunque el escenario físico y geográfico fuera diferente y la distancia temporal  y espacial grande, el trasfondo religioso y su expresión cúltica, nos pareció semejante en no pocos aspectos, y perfectamente comparable.

Si por un milagro algún amigo mexicano visitara este Blog y leyera estas líneas, le quedaríamos  especialmente agradecidos nos informara si aún siguen realizándose en San Juan Chamula las ceremonias que acabo de describir, presenciadas por mí hace 42 años atrás. Por cierto, estamparíamos su  comentario para enriquecimiento de este capítulo. Esperamos tal colaboración.


sábado, 18 de septiembre de 2010

Eco-antropología de un Bicentenario: Chile bajo la lupa histórica en el año 2010.

"Y ese mar que tranquilo te baña, te promete futuro esplendor...".

"Majestuosa es tu blanca montaña..."

"Y tu campo de flores bordado, es la copia feliz del Edén".

"Majestuosa es tu blanca montaña..." ..."que te dio por baluarte el Señor".

"Puro, Chile, es tu cielo azulado... puras brisas te cruzan también...".


La Fiesta bicentenaria.

Hoy, 18 de septiembre de 2010, Chile recuerda sus doscientos años como nación independiente. Le hemos llamado "nuestro Bicentenario". En un día como hoy, en 1810, se reunió un grupo de patriotas en Santiago de Chile, en un Cabildo Abierto, para deliberar cómo proceder ante la prisión de Fernando VII el legítimo Rey de España y la presencia del invasor napoleónico. Surge, imprevistamente, una luz emancipatoria en el horizonte americano. Ya había precedentes. El sacrificio y destierro a la isla de Juan Fernández de los "Tres Antonios" en 1780 no habría sido en vano. Las llamas de la libertad ya inundan América entera. Cuatro naciones americanas, proclamarán durante 1810, su ansiada Independencia de la Madre Patria, España.

¿Recordar, conmemorar, celebrar o simplemente "reseñar" históricamente este acontecimiento?.

¿Debemos celebrar con fanfarria, bombos y platillos?. ¿Tirando -como se dice- "la casa por la ventana"?. Es lo que parece estamos haciendo a todo vapor en estos días de despliegue de luces, de festones, de marchas marciales y gigantescas banderas, o grandiosos edificios remodelados para la ocasión. Se quiere dejar un recuerdo imperecedero e inolvidable de esta gesta histórica visible, palpable, ostensible al mundo entero. Un retrato de un Chile potente, audaz y comprometido con el "Progreso", bajo un gobierno de nuevo cuño, renovador y en proceso "de cambio".

Opiniones encontradas.

No todos están de acuerdo. Hay voces discordantes. Hay voces que sugieren máxima cordura y moderación ante la existencia de graves situaciones que nos alertan y recuerdan que "ni somos aún una nacion desarrollada", ni tampoco, podemos plácidamente tocar el clarín cuando a nuestro alrededor abunda la miseria, la discriminación, el odio racial, o el desprecio abismal por el medio ambiente.

Se celebran los triunfos, las hazañas, las proezas; las epopeyas . Pero frente a tanto desafío actual no enfrentado, o enfrentado tímida o cobardemente, frente a tantas situaciones aflictivas que vive hoy nuestra nacionalidad, una celebración apoteósica, masiva, frenética, desenfrenada, estaría aparentemente fuera de lugar.


Qué podemos, más aún, debemos celebrar?

Se puede y debe celebrar proezas como las batallas de Chacabuco o Maipú (1817 y 1818), la primera publicaciòn de la Historia Física y Política de Chile por don Claudio Gay, (1844), La Inauguración del primer ferrocarril chileno entre Caldera y Copiapó (1851), La Inauguración del Viaducto del Malleco, puente de 102 m. de altura sobre el río del mismo nombre (1890).

O la elección de Francisco Melivilu, como el primer Diputado mapuche para el Parlamento Chileno (1924),o la muy merecida entrega del Premio Nobel a nuestra poetisa Gabriela Mistral (1945).

O el momento en que se dio derecho a voto presidencial a la mujer en nuestro país (1949), o el término de la Dictadura Militar, (1990), o el Lanzamiento de la Ley Indígena 19.253 (1993), reconociéndose los derechos inalienables de los Pueblos Indígenas. Y, por fin, -¿por qué no?- la instalación en Coquimbo del primer Parque Eólico para la producción de energía limpia en nuestro suelo patrio (2007), indicio débil pero evidente de nuestra lucha actual por nuestra plena independencia energética.

Todas estas gestas o epopeyas, de diversa índole por cierto, son dignas de celebrarse con fanfarria y juegos de luces. Pues apuntan a nuestro real progreso tanto cultural, como social y económico. Estas verdaderas epopeyas son las que nos llenan de un legítimo orgullo patrio.

Pero, ¿celebrar así el Bicentenario, en bloque, como lo estamos haciendo en este momento, sin reticencias, sin actos de mea culpa colectivos, sin distingos?. No nos parece. Porque no todo ciertamente es digno de celebración y gozo. Un mea culpa colectivo por lo mucho que aún no logramos extirpar, corregir o mejorar, se hace imperioso, impostergable. Sin embargo, esta actitud realista no parece estar en la actual agenda de gobierno.

Y, sin embargo, nada honra más que un mea culpa sincero, hecho a tiempo, sin culpar a otros, como lo ha mostrado hidalgamente la Iglesia Católica a propósito de hechos luctuosos recientes.

¿Podríamos celebrar hoy, sin ruborizarnos:

a) el quemante y doloroso problema actual existente - como materia. pendiente- con nuestro pueblo mapuche y sus legítimas reivindicaciones no escuchadas aún?;

b) la existencia todavía hoy de centenares de "campamentos" insalubres en nuestras grandes ciudades, donde viven hacinados miles de chilenos, compatriotas nuestros?. ¿Dónde quedó el repetido y pomposo slogan que habíamos acuñado: "2010 sin campamentos"?;

c) la destrucción sistemática de ecosistemas vírgenes, por un mal entendido "Progreso", mediante la tala indiscriminada y/o la destrucción de valles y cuencas completos?;

d) la marginación y el desamparo de muchas de las poblaciones aymaras, lickan antai, collas, mapuches y huilliches?.

e) la herida aún sangrante de las familias de los "detenidos desaparecidos" ,de muchos de los cuales aún hoy las Fuerzas Armadas o sus integrantes de la época no han tenido el valor de señalar su paradero final?.

f) cuando el agua ha sido vergonzosamente privatizada y declarada un "bien transable", en lugar de ser propiedad de todos los chilenos, mediante la imposición de una legislación que ha favorecido el pillaje, el negociado sucio y/o la especulación financiera o , peor aún, el despojo de los pueblos, sus legítimos dueños desde tiempos immemoriales?.

g) Cuando se ha permitido a la gran Minería y a los grandes Consorcios establecer el dónde, el cómo y el cuándo de su actividad energética, por haber el Estado chileno renunciado lamentablemente a su rol director y controlador de la economía y ecología nacional ?. Y esto lamentablemente ha sucedido porque el Estado de Chile carece de un acotado proyecto energético nacional y de un itinerario claro de ejecución del mismo. Al respecto, el caos es total. En suma, nuestro país ha demostrado con ello una carencia total de visión respecto de un futuro sustentable para la nación.

h) Cuando se ha permitido por décadas la explotación inmisericorde de los ecosistemas marinos por parte de los grandes consorcios navieros internacionales, destruyendo así la potencialidad y riqueza de nuestro "Mar Chileno"?. ¿Podríamos decir hoy, sin avergonzarnos, que el Mar sigue siendo "chileno" en estas circunstancias?.

i) Cuando mantenemos aún síntomas dolorosos y recurrentes de un evidente racismo frente a los que seguimos llamando "indios", "cholos", paisanos o "negros"?.

j) Cuando se nos niega en la práctica la capacidad de réplica o de participación real ante Proyectos Energéticos o Mineros abiertamente opuestos a una política ambiental sana, amenazándonos abierta o veladamente con el uso de la fuerza pública y Carabineros?.

k) O cuando nuestras protestas pacíficas son acalladas por la propia autoridad estatal con la mofa y el desdén, tachándonos de "activistas" y "ambientalistas" retrógrados?.

l) Al ver y constatar dolorosamente la lamentable inseguridad en las faenas mineras que ha dejado hoy al descubierto lo ocurrido en la Mina San José de Copiapó y sus 33 mineros atrapados, por la falla imperdonable de una debida fiscalización por parte del Estado?.

¿Podemos aún así celebrar?

¿Podríamos, en uso pleno de nuestras facultades mentales, "celebrar" este tipo de actitudes y conductas que están hondamente arraigadas en nuestro sistema legal, sobre todo a partir de la Dictadura Militar de 1973?. ¿Celebra acaso una familia con fanfarria, pitos flautas y mucho zapateo en casa cuando hay alli enfermos graves que claman por el silencio?. Algo asi nos sucede hoy a los que tomamos muy a pecho la gravedad de ciertos hechos, que muchos, por desgracia ni siquiera advierten a su alrededor.

Son parte de nuestra historia real.

Y, sin embargo, hay hechos que son parte doliente de nuestra historia bicentenaria, aquella que más bien quisiéramos - pero no debiéramos-, ocultar o acallar. Son estos hechos tan parte de nuestra historia real, como la tristemente denominada "Pacificación de la Araucanía" (1861-1882), o la "Guerra del Pacífico". (1879-1884) o la "Matanza de la Escuela Santa María" de Iquique, (1907). Episodios sangrantes, lacerantes, de nuestra historia patria bicentenaria.

Hechos que son motivo de dolor y de profundo auto-análisis como nación.

Los hechos reseñados mas arriba, son parte de nuestra realidad nacional y parte de nuestra historia, no lo olvidemos. Pero no son ciertamente motivo de celebración o festejo. Son más bien motivo de llanto y de dolor profundo. Sin embargo son, lamentablemente, parte significativa de nuestra historia bicentenaria, mal que nos pese. Hoy es el momento de analizar sin temor y en profundidad su legado, su significado; tanto como sus lacras y sus logros. Todo, sin ocultar nada.

Por esto, estimamos que es mucho mas logico "conmemorar" que "celebrar" en la hora presente.

Destacar, sí, nuestras proezas logradas en estos 200 años de vida independiente, como algunas de las señaladas arriba- pero con la clara y nítida conciencia de lo mucho que nos falta para ser un país realmente democrático y realmente desarrollado.

Tal seremos, cuando todos los auténticos logros de que nos ufanamos, lleguen efectivamente a todos los estamentos sociales y a todos los rincones del país.

Sólo entonces, creo, tendríamos pleno derecho a celebrar con bombos y platillos.


En la ciudad de Iquique, el 18 de Septiembre de 2010.








viernes, 3 de septiembre de 2010

Cementerio colonial de Huantajaya. Visitas efectuadas en 1993./1994.

Fig. 22. Ingreso a uno de los antiguos piques de la Mina Huantajaya en las proximidades del antiguo cementerio destruído y saqueado. (Foto H. Larrain, Mayo 1994).

Fig. 21. Perspectiva general del área del antiguo yacimiento de plata. Vista de Weste a Este. Se puede observar el intenso movimiento de tierras verificado en la última explotación. que destruyó gran cantidad de evidencias para la reconstitución del antiguo emplazamiento colonial y su iglesia. (Foto H. Larrain, Mayo 1994).

Fig. 20. Visita de Monseñor Enrique Troncoso, obispo de Iquique (a la derecha de la foto), acompañado de un funcionario del Servicio de Salud. Mayo 1994. (Foto H. Larrain, 1994).


Fig. 19. Lápida en mármol de la única tumba reconocible, situada en el actual cementerio (Nº 3) del antiguo Mineral. Corresponde a una mujer, Dolores O. de Campos, fallecida a los 51 años. Está fechada en el año 1900 y se unió sus fragmentos in situ para posibilitar su lectura. Hoy día (2010) ya no existe ni siquiera un fragmento de esta lápida en el lugar, lo que prueba el acentuado vandalismo sufrido por este camposanto abandonado. (Foto H. Larrain, Enero 1994).

Fig. 18. Un ejemplar de odre para transporte de agua, usado por los antiguos mineros de Huantajaya, el mismo mostrado en la Fig. 17. Fue remojado en agua y una vez flexible, fue rellenado con papel de periódico para darle su forma primitiva. Mide aprox. 43.0 cm. de longitud. Tenían una capacidad para unos 4 a 10 litros de líquido. Se les encuentra aún hoy en gran profusión entre las basuras, señal de que era un elemento indispensable para la vida en ese lugar, donde no existe agua potable. (Foto H. Larrain, 2008).

Fig. 17. Vista anterior del sistema de amarre de los odres de cuero animal usados para el transporte de agua al mineral de Huantajaya durante la Colonia. Se confeccionaba estos contenedores de las vejigas de llamos o, en su defecto, del cuero de las extremidades del animal. Las amarras visibles son actuales. Escala de 20 cm. (Foto H. Larrain, 2008).


Fig. 16. Sector actual llamado el "Hundimiento", así bautizado desde la época de Antonio de O´Brien que lo describe en su famosa Descripción de Tarapacá, en 1765. Se alcanza a observar una de las tres entradas a los socavones o túneles de la antigua mina. Este fue el lugar exacto donde fueron encontradas, a gran profundidad, las famosas "papas" de plata pura que tanta fama otorgaron a este mineral durante la época de la Colonia (Foto H. Larrain, Julio 2008).

Foto 15. Vista desde el cementerio violado hacia los cerros del Este. Al fondo, antigua huella de carretas por donde se accedía al mineral durante la época de Colonia desde la Pampa del Tamarugal y el pueblo de Tarapacá. En las proximidades de este último, se encontraba la azoguería o fundición de Tilibilca, cuyas ruinas aún se puede observar en el km 50, de la carretera Huara-Tarapacá. (Foto H. Larrain, Enero 1994).

Fig. 14. Fin de la huella de vehículo. Aquí se encontraba el centro del antiguo cementerio arrasado por las máquinas retroexcavadoras, durante las faenas mineras en busca de mineral de plata contenido en los antiguos desmontes, en la década del 90 del pasado siglo. Todo quedó convertido en ingentes motones de ripios mezclados con materiales culturales y restos humanos. El desprecio por la antigüedad y dignidad del lugar, resulta evidente. (Foto H. Larrain, Enero 1994).


Fig. 13. Marta Peña (al centro) y sus dos visitas de Santiago ante los montones de escombros acumulados por las máquinas retroexcavadoras. La maquinaria, en el afán de la Empresa por explotar antiguos ripios para rescatar su contenido en plata, dejó aquí al descubierto este antiquísimo cementerio colonial, antes desconocido. En su cima, alguien piadosamente dispuso sencillas cruces de recordación. (Foto H. Larrain, 1944).

Fig. 12. Macabro alineamiento intencional de cráneos humanos en el lugar. A todos les falta el maxilar inferior o mandíbula. Obviamente fueron recogidos por visitantes de entre los escombros acumulados por las máquinas, y expuestos aquí como si se tratara de un macabro trofeo. Atrás, otro cuerpo extendido, de bruces. (Foto M. Peña, 1994).

Fig. 11. Mortaja de otro cuerpo, destrozado y fuera de su lugar de origen. (Foto M. Peña, 1994).


Fig. 10. El mismo cuerpo femenino de la Figura 9, de más cerca y con diferente luz ((Foto M. Peña,
1994).

Fig. 9. El mismo cuerpo femenino español (?) de la Figura 5, desde otro ángulo. Obsérvese la almohadilla bajo su cabeza. Pudimos constatar que esta momia permaneció por meses en esta misma posición, desenterrada, hasta que desapareció misteriosamente, sin dejar rastros. (Foto M. Peña, 1994).

Foto 8. Cuerpo extendido a la usanza castellana y mutilado. Le falta la cabeza y parte del cuello. (Foto H. L arrain, 1994).

Fig. 7. Antiguas construcciones, acceso a piques y vista general hacia el Este en las proximidades de este cementerio, en la mina Huantajaya. (Foto H. Larrain, 1994).

Fig. 6. Otro cuerpo semiflectado del mismo cementerio. Probablemente se trate de un indígena. Era muy frecuente en esa época el recurso a mano de obra indígena para las faenas mineras, obtenida mediante el sistema de m´ita o turnos de trabajo, entre los pueblos de la quebrada de Tarapacá, Pica o Camiña (Foto M. Peña, 1994).

Fig. 5. Cuerpo de mujer, notablemente bien conservado y momificado, extraído de su ataúd original y puesto en el suelo por manos obreras. Bajo la mortaja exterior, se pudo observar una rica y gruesa tela roja como terciopelo, en excelente estado de conservación. El rostro está casi intacto. La mujer, de pelo gris muy largo y rostro sereno, debió ser una persona de cierta alcurnia, por su rica vestimenta Muy probablenente era una española. Toda una historia ha sido tejida y ha circulado en torno a este cuerpo. Presuntamente llevado a Iquique por un obrero, permaneció en su hogar varios semanas, hasta que la esposa, sabedora del hecho, habría exigido su retorno al mismo lugar. Pero lo cierto es que nunca más fue visto allí.

Fig. 4. Cuerpo extendido, mutilado. Atrás, una almohadilla de las que fueron usadas en los ataúdes de la época para hacer reclinar la cabeza del finado. (Foto M. Peña, 1994).


Fig. 3. Cuerpo notablemente conservado e igualmente momificado, por la salinidad del suelo. Tal vez corresponda a un esclavo y operario negro, de la época colonial. (Foto M. Peña, 1994).

Fig. 2. Cuerpo momificado, sacado brutalmente por los operarios de las máquinas en la década de los 90. Se trata de un cuerpo colonial, momificado, envuelto en su mortaja. (Foto M. Peña, 1994).

Fig. 1. Vista que presentaba el cementerio Nº 3 de Huantajaya, el más reciente y el único reconocible hoy, donde pudimos constatar enterramientos efectuados aquí entre los años 1880 y 1905, aproximadamente. Visita realizada por el autor y su esposa, Marta Peña, en Enero de 1994 con amigos de Santiago. Este cementerio, que llegó a contener unas sesenta o setenta tumbas, lamentablemente, a causa de su total abandono, ha sido lentamente saqueado por vándalos, quienes han destrozado o robado las verjas y rejas de cada una de las tumbas confeccionadas piadosamente por los mismos mineros, en pino oregón. Probablemente, hoy (2010) quede en este lugar mucho menos de lo que aquí mostramos y fotografiamos en 1994, hace 16 años (Foto Luz María Silva, 1994).

Vista macabra de una destrucción dolosa.

Nos interesa presentar aquí, en las fotos que hemos expuesto más arriba, aunque sea doloroso, el estado en el que encontramos en nuestras tres visitas de Diciembre del año 1993 y Enero a Mayo 1994, el valioso yacimiento minero colonial de Huantajaya, a muy pocos kilómetros al Norte de la actual ciudad de Alto Hospicio, junto a Iquique. El lector nos perdonará si las vistas ofenden su sensibilidad. En este mismo estado macabro encontramos, dispersos, y diseminados por un amplia área, multitud de cráneos aislados, vestimentas, calzado, y cuerpos humanos, enteros o mutilados, que fueron sacados de su descanso eterno por máquinas retroexcavadoras durante las faenas que allí realizó una Minera en la década de los años 90 del pasado siglo. Varias decenas de cuerpos fueron así sacados de sus tumbas y dispersados o, peor aún, fragmentados o reventados por las máquinas. En nuestra primera visita, contamos horrorizados no menos de cincuenta cráneos, enteros o rotos, dispersos por el lugar.

Acto imperdonable de barbarie.

El acto de barbarie cometido por aquella Compañía Minera en aquel entonces al no detener de inmediato la faena, al aparecer tantos cuerpos y sus modestos ataúdes de madera, es algo que hoy nos resulta escandaloso e inconcebible. No tuvo, que sepamos, sanción alguna por el hecho. Nadie parece haberse percatado de su gravedad. Se violó y destrozó a mansalva, un valioso cementerio colonial, probablemente de fines del siglo XVII y XVIII, en uno de los sitios de explotación histórica más renombrados durante la época de la Colonia en el Norte del país, sin que nadie diera aviso a la autoridad pertinente.

Se violó así abiertamente la Ley de Monumentos Nacionales que es enfática al respecto y ya estaba operando cuando ocurrieron los hechos. Por otra parte, nadie hizo nada por más de 15 años, por volver a enterrar esas decenas de cuerpos de cristianos. Por el contrario, el lugar elegó a ser casi un "paseo" para turistas de Alto Hospicio, que vimos allí llegar en taxi en más de una ocasión. Comentando por entonces el hecho con amigos ingenieros, muy cercanos al rubro minero, su comentario escueto fue: "pero si eran puros esclavos chinos". Como queriendo decir: "qué importa, si sólo eran esclavos".

Se avisa a la autoridad eclesiástica.

Escandalizados y avergonzados del hecho, dimos rápidamente cuenta a la autoridad eclesiástica y civil por lo que el obispo de la diócesis de Iquique, Monseñor Enrique Troncoso visitó el lugar en nuestra compañía y trajo consigo un funcionario del Servicio de Salud correspondiente. De resultas de esta intervención nuestra, la autoridad edilicia ordenó abrir una zanja, recoger todos los cuerpos esparcidos a la redonda y enterrar todos los restos humanos visibles del antiguo cementerio. El Señor Obispo, premunido de estola ceremonial, rezó el responso correspondiente. Por cierto, los diarios locales destacaron el consabido "re-entierro de unos operarios chinos" del antiguo Mineral de Huantajaya. De "chinos", de cierto, no tenían absolutamente nada. Eran mucho más antiguos.

Copio textualmente nuestras impresiones, anotadas en mi Diario de Campo de la época, correspondientes a nuestra primera visita al Mineral de Huantajaya. Esta se realizó el día 25/11/1993:

"Salimos como de costumbre, a explorar con Marta el desierto. Éste- lo sabemos por experiencia- es una mina de sorpresas y misterios. Decidimos [desde Alto Hospicio] enrumbar hacia Caleta Buena, siguiendo vagas indicaciones que nos diera el buzo Luis Araya, conocido en Patache. Llegamos por el ascenso antiguo a la ex Base Aérea de "Los Cóndores", que fuera la fàbrica de explosivos Cardoen hasta el fatal accidente causado por una "bomba de racimo". Aquí, una figura extraña, pintada toda la cara de blanco, nos indicó la ruta hacia Huantajaya".

"Nos metimos por una huella trillada. Llevaba a una explotación de ripios (?) en la base del cerro. El campamento [minero] había sido desmantelado hacía no mucho (¿ 2-3 años?). Basuras y toda clase de desperdicios, propios de un desmonte de Oficina. Seguimos hacia dentro; huellas de intensa explotación. Huellas de enormes bulldozers y máquinas removedoras de tierras. Después, supimos por David Lazo [profesor de Física de la UNAP] y por Ruperto Berríos (de ENAMI) que era una nueva explotación de los antiguos ripios abandonados de la Mina colonial de Huantajaya, famosa por su plata. Esta se encuentra a escasos km. al NNE de "Los Cóndores", al pie de un cerro [se trata del cerro San Agustín de Huantajaya, descrito por O´Brien y después por Bollaert]. Bollaert lo pone en su dibujo de Huantajaya, hecho por Joseph Smith, su acompañante. Llegamos al fin de la huella. Era evidente que ésta no era la ruta a Caleta Buena [nuestra eventual meta]."

"De pronto, al bajarnos, varios cráneos atraen nustra atención. Cuerpos desenterrados, en desorden, aqui y allá. Obviamente, estabamos en un cementerio destruido por maquinas. ¿Quien las destruyo?. ¿De que epoca era?. ¿Por que dejaron insepultos los cadaveres, todos ellos momificados?. Marta y yo estabamos horrorizados. Eran cuerpos antiguos. Lo delataba su vestimenta, calzado. No habia ataudes [en realidad, no los vi en esa visita; despues halle algunos, muy primitivos]. Solo cuerpos extraidos en desorden. Varios niños pequeños. Casi todos momificados o semi momificados. Mujeres con su antiguo ropaje largo. Zapatos artesanales en cuero. Todos los cuerpos extendidos. Era un cementerio cristiano. Claro, si era Huantajaya, yo sabía que este Mineral había iniciado su explotacion hacia 1550 por los españoles."

"Observé varios cuerpos metidos en fardos de telas indígenas, multicolores (¿ponchos?). Sabemos que en este Mineral trabajaron, desde el inicio, indígenas aymaras. Algunos de los cuerpos deben ser los suyos. No vimos objetos religiosos [como cruces, u otros]. ¿O los robaron?. Pero todos los cadáveres tenían las manos piadosamente juntas, ante el pecho. ¿Época?. Difícil decirlo; tal vez fines de la Colonia. Hay mucho uso de cuero en lazos, bolsas grandes de cuero, cantimploras u odres de cuero de lobo marino (vejigas). De éstas había varias. Todas iguales. (Después las encontraria yo en la guanera de Palo Buque, en un basural arqueológico, de tiempos prehispánicos). Había grandes petacas de cuero, destruidas. ¿Qué hacían en un cementerio los objetos de cuero? Por ejemplo, ¿las petacas?. ¿Serían también un basural antiguo, a la par que cementerio?.

"Lo que por David Lazo y sobre todo por [Ruperto] Berríos supimos [después] era que la Compañía explotadora reciente tuvo autorización para explotar los antiguos ripios. Pero nadie contó con que en esos mismos ripios había un enorme cementerio. Se ve acumulamientos, como cerrillos, de antiguas escorias, todas entremezcladas con huesos humanos y sus vestimentas [deshechas]. ¡Horrible!. Alguna mano piadosa había depositado toscas cruces de madera en la cima de todos esos monticulos. Vimos un botadero enorme, donde alguien,. tal vez antes de llevar [el material extraído] a la molienda, iba apartando huesos, vestidos y objetos de uso humano".

" ¡Cómo no se suspendió la obra al ver que la maquinaria arrasaba un enorme cementerio?. Vimos restos de no menos de 40 cuerpos, desparramados. Se ve [todavía] que en todas partes del piso que dejan [a la vista] las máquinas, hay todavía , debajo, más entierros. Fue realmente macabro, y nos costo mucho recuperarnos. Regresamos a la carretera antigua, y de nuevo, tomamos una huella hacia el Norte, muy recorrida. Aquí está la ruta a Caleta Buena".....

"Quedamos de hablar con el obispo Enrique Troncoso sobre los cuerpos insepultos de Huantajaya."


Efectivamente fuimos con posteerioridad a hablar con el señor Obispo y éste quiso venir personalmente a ver lo descubierto por nosotros, lo que hizo haciéndose acompañar de un funcionario del Servicio de Salud de Iquique (Foto Nº 20 de este segmento).

Meses más tarde, se procedió a abrir una zanja y se recogió los huesos humanos dispersos por doquier, para ser dignamente re-sepultados.

(tomado de nuestro Diario de Campo, Vol. 49, págs. 27 - 29)


viernes, 20 de agosto de 2010

Muestrario fotográfico de Gustavo Le Paige, S.J.

Fig. 11. Señoras sanpedrinas, de negro, siguen devotamente la procesión de la "Purísima", nombre con que designan a la Virgen en su Inmaculada Concepción. Precede la procesión el P. Gustavo Le Paige, S.J., el 8 de Diciembre de 1964 (Foto H. Larrain).


Fig.10. El párroco de San Pedro, Gustavo Le Paige, con el incensario, en la procesión anual de la "Purísima" por las calles de San Pedro de Atacama. (8 de diciembre 1964); (Foto H. Larrain).

Fig. 9. El P. Le Paige y su ayudante contemplando absortos las figuras representadas en los petroglifos de Alto de Labra, hacia 1956 ó 1957. Esta fotografía aparece en la publicación "Antiguas culturas atacameñas en la Cordillera Chilena", Anales de la Universidad Católica de Valparaíso, N' 4-5, 1957/58, p.107.

Fig. 8. Gustavo Le Paige estudiando los cráneos atacameños de su ya copiosa colección craniológica hacia 1957. En su obra citada en Figura anterior, 1957/58 (Foto autor desconocido).

Fig. 7. Carátula de la obra de G. Le Paige, L. Núñez y B. Bittmann escrita en 1978, precursora y germen del libro que hoy comentamos en este capítulo: "Los antiguos habitantes del Salar de Atacama. Prehistoria atacameña", obra de A. Llagostera Martínez.

Fig. 6. Fotografía de Gustavo le Paige por los años 1962-63. Corresponde, más o menos, a la época en que Le Paige organiza y convoca el Primer Congreso Internacional de Arqueologia Chilena, en San Pedro de Atacama, en Enero de 1963. Esta imagen se encuentra impresa en el libro de Mario Orellana, titulado: Historia de la Arqueologia Chilena ( 1996).

Fig. 5. Reproducción parcial de una fotografía (vea la foto Nº 6) inserta en el trabajo: "Licancabur, 1979", publicado por su autor, el General (R) del aire Eduardo Iensen Franke en 1979, y realizado por la "Corporación para el Desarrollo de la Ciencia", 0rganización privada. El breve trabajo, de 31 páginas de extensión, contiene numerosas y únicas fotografías, de gran valor patrimonial, y describe, en detalle, la expedición y ascensión a la cima del volcán Lincacabur, en el mes de Agosto de 1977. La foto fue tomada por el grupo, a un costado de la casa parroquial, acompañándoles en ese momento el párroco de San Pedro, el Padre Gustavo Le Paige , el 3 de Agosto 1977. Le Paige tenía por entonces 74 años. Dos años después de esta fotografía, le Paige deberá viajar a Santiago para tratarse de un cáncer que terminará fatalmente con su vida en mayo de 1980.

Fig. 4. Fotografía tomada por el físico chileno Gerardo Melcher, en una de sus frecuentes visitas a San Pedro de Atacama, probablemente en el año 1963 o ,probablemente, un poco antes. Se encuentra en la obra de Melcher intitulada: "El Norte de Chile su gente, desiertos y volcanes", publicada por la Editorial Universitaria, año 2004, (foto 113, frente a pág 121).

Fig. 3. Óleo de Le Paige, rememorando su vida de misionero en el ex Congo Belga, hoy Zaire. Recuerda el "Descendimiento de la Cruz" por obra de uno de sus jóvenes indígenas negros del Congo. Pintado probablemente antes del año 1951, fecha en que, por orden de sus superiores , debe abandonar definitivamente la misión del Congo y regresar a Europa. A la derecha del cuadro, Melcher insertó hábilmente una foto muy vívida de Le Paige, tomada por él mismo. Se la puede ver en la obra citada de Melcher, 2004: foto N' 110. Le Paige gustaba mucho de pintar e incluso llegó a exponer todas sus obras pictóricas en Santiago en 1975, en la famosa galería de arte de Enrico Bucci en Providencia, con enorme afluencia de público curioso.

Fig. 2. Grupo expedicionario al volcán Licancabur, liderado por el General del Aire (R) Eduardo Iensen Franke. La foto se encuentra en la página 18, y fue tomada el 4 de Agosto de 1977 frente a las murallas de adobe de la casa parroquial, a un costado de la Plaza principal de San Pedro de Atacama. (En el trabajo de Iensen titulado: Licancabur, 1977).


Fig. 1. Imagen del mismo libro de Gerardo Melcher (2004: foto 111). En la foto, de izquierda a derecha, Gustavo Le Paige S.J. , de sotana gris, las hijas de Gerardo: Ariadne y Norma Melcher, el entomólogo Luis Peña Guzmán, el biólogo norteamericano Dr. Reitböck y finalmente, Irma Ledermann de Melcher, esposa de Gerardo.

Objetivo de este muestrario fotográfico.

Nuestra idea ha sido presentar aquí todas las fotografías que nos ha sido posible reunir hasta este momento y que se encuentran dispersas en diversas publicaciones de corte geográfico, arqueológico, o turístico, y que ilustran bien las inquietudes del sacerdote y su acción tanto en el plano de la investigación, como en el plano de la acción social en beneficio de la comunidad atacameña.

Este nuevo capítulo de nuestro Blog personal, tiene por objeto, como los anteriores, aportar antecedentes de índole muy variada para commemorar, recordar y meditar, transcurridos 30 años de la muerte del sacerdote-arqueólogo, acerca de la importancia de su legado cultural..

Valía y significación del aporte arqueológico de Gustavo Le Paige.

No seremos nosotros, sino un gran arqueólogo del Norte chileno quien nos trazará aquí , de su puño y letra, su trayectoria científica y su importancia en y para el área atacameña. Se trata del arqueólogo Agustín Llagostera Martínez, biólogo y arqueólogo profesional, autor de un libro reciente sobre la cultura atacameña. La obra, publicada en el año 2004 como parte de la Biblioteca del Bicentenario de la República (Número 50), y editada magníficamente por la casa editora Pehuén, nos relata en sendas 215 páginas, plenas de excelentes dibujos del autor, fotografías, planos y croquis, los 11.000 años de evolución de la cultura atacameña, hasta ahora detectados. El libro se titula: "Los antiguos habitantes del Salar de Atacama. Prehistoria atacameña". En seis magníficosy densos capítulos, abarca este libro el examen de un desarrollo cultural ininterrumpido, que Gustavo Le Paige siempre señaló como de carácter autónomo, es decir, creado in situ, por cierto con el aporte esporádico de elementos culturales foráneos. Desarrollo que contribuyó a crear, en el seno del Desierto de Atacama, y más concretamente en torno del Salar de Atacama, una raza fuerte y valerosa, los Lickan antai o "atacameños", creadores de una propia cultura, y que sobreviven aún y se aferran al mismo ecosistema desértico que los ha visot lucar durante los ùltimos 6.000 años.de historia.


La opinión de connotados arqueólogos de la región atacameña.

Agustín Llagostera, en la obra citada, se expresa así del gran iniciador y propulsor de los "estudios atacameños":

"El Padre Gustavo Le Paige, si no fue el primer investigador de estos lares, fue el que trabajó y vivió aquí por más tiempo y, con justa razón, se autodefinió como el creador de los "estudios atacameños". La persistencia en sus trabajos, la creación del Museo Arqueológico, sus publicaciones y el acopio del patrimonio que logró obtener y registrar durante sus 25 años de actividad, lo hace acreedor del mérito que el mismo se reconoció. Reunió alrededor de 375.000 objetos, descubrió màs de 100 sitios arqueológicos y cerca de 40 pueblos en ruinas, excavó más de 3.000 sepulturas en alrededor de medio centenar de cementerios, publicó dos artículos con el título de "Antiguas Culturas atacameñas en la Cordillera Chilena", y 10 años después, organizó un congreso internacional en San Pedro de Atacama. En ese Congreso, proclamó ante el mundo que no se debe aceptar la idea que la cultura atacameña se formó por una superposiciòn de varias culturas que se habrían reunido sólo por azar en San Pedro de Atacama; tampoco presentarla como una extensión de las culturas de más al norte: ¡ la cultura atacameña había tenido un desarrollo autonomo !." (Llagostera, op. cit., 2004: 13-14).

No deja de ser curioso: la obra de Llagostera en seis capítulos, rememora gráficamente toda la lenta evolución cultural atacameña, desde los remotos tiempos de los primitivos cazadores de la puna hasta los actuales habitantes. La misma evolución que Le Paige constata y corrobora en sus obras.

Le Paige fue indudablemente profético, al afirmar en 1963, apenas 8 años de iniciados sus estudios arqueológicos en el área atacameña, lo que sigue:

"Es necesario avanzar un poco más [en la explicación del fenómemno atacameño], ir más allá de la sola descripción, preparar una Prehistoria, con sus diferentes etapas, evoluciones, adaptaciones, correlaciones. Para ello hemos encontrado un material maravilloso en San Pedro de Atacama." (En Anales de la Universidad del Norte, Antofagasta, Vol. 2, 1963: 7; destacado nuestro).

Y un poco más allá Le Paige en el mismo artículo, enfatiza y recalca la misma idea matriz:

" No hay que asombrarse que en una zona tan reducida [como el Salar de Atacama] se hayan descubierto todas las etapas del desarrollo humano, desde la cultura del guijarro, hasta el cultivo con capa de carbón de leña para calentar el terreno por su captación de la radiación solar". (Le Paige, ibid., 1963: 8; destacado nuestro).

Esto es, exactamente lo que ha hecho más de 40 años después, con indiscutida maestría, el arqueólogo Llagostera Martínez en su espléndido trabajo del año 2004. Probablemente, el propio Llagostera se sorprenderiasin duda, al releer y analizar las líneas de este texto, realmente profético, pero ya enteramente olvidado. Su autor se convirtió, sin darse cuenta, en el artífice de la profecía del precursor Le Paige.

No es el único, ciertamente. Mario Orellana Rodríguez, connotado arqueólogo y Premio Nacional de Historia 1994, fue activo visitante e investigador asiduo de la arqueología en el Salar de Atacama por años. Conoció muy de cerca, y tal vez como pocos, la personalidad y el espíritu científico de Le Paige, de quien llegó a ser amigo. Su opinión nos merece mucho respeto por tratarse de un detacado investigador del Norte grande y que, además, posee la misma especialidad: la arqueología.

Orellana dedicó en su obra: Historia de la Arqueología en Chile, (Bravo y Allende Editores, 1996) un párrafo íntegro (pp. 184-188) al examen de su legado arqueológico y nos ha dejado el siguiente bosquejo de su actividad científica en Atacama:

"Más allá de las críticas a sus métodos y teorías, no se puede dejar de reconocer que Gustavo Le Paige es el recreador de la arqueología atacameña. Luego de Ricardo Latcham quien escribió su excelente "Arqueología Atacameña" en 1938. Le Paige nos descubrió el mundo de los cazadores recolectores, le dió profundidad cronológica a estos primeros ocupantes de la Puna (más allá de que aún no se hayan verificado sus antiguas fechas), postuló una continuidad cultural para la región, dándole cohesión a su interpretaciòn personal y, sin lugar a dudas, entregó a los arqueólogos un universo de materiales culturales para ser estudiados e interpratados con nuevas técnicas y teorías". ( Orellana, 1996:188).

Y, poco antes, señalaba.

"Si quisiéramos señalar cuáles fueron sus ideas mas queridas, en su trabajo cientìíico, tendríamos que recordar, en primer lugar, que nunca separó su trabajo cientifico del social, nunca desligó el pasado atacameño del presente atacameño.Sus estudios del pasado estaban, por supuesto, al servicio de la ciencia,, pero sobre todo al servicio de la comunidad viva, de la sociedad que constituían los pueblos situados alrededor del Salar de Atacama.

Esta idea básica que relacionaba profundamente el pasado y el presente, lo llevó a defender con fuerza su concepto de cultura atacameña.....Así, su concepto de continuidad cultural y social fue para él muy importante..." (1996:186-187).

Llagostera y Orellana concuerdan en que el legado arqueológio de le Paige fue y sigue siendo de sin igual valor para el área atacameña. Más aún me atrevería yo a sostener sin miedo que si Le Paige no hubiera estado en acción durante 25 años en esa región, muy poco conoceríamos hoy dìa sobre la misma o, tal vez, muy poco más de lo que nos dejó escrito Ricardo Latcham en 1936, pues Le Paige abrió decidida y valientemente las compuertas al conocimiento y estudio de una región que era casi totalmente desconocida por entonces para la ciencia chilena, tanto la arqueológica como la geográfica y aún la biológica.

Le Paige fue el verdadero descubridor de la rica sucesión de culturas atacameñas desde el más remoto pasado de los cazadores del Holoceno hasta el presente.

Fue él quien alertó sobre la existencia de un período arcaico, [que el creyó ser un "Paleolitico"] de remotos cazadores de las cuencas andinas, cuando nadie por entonces en Chile había siquiera advertido su presencia. Fue él quien lo señaló enfáticamente, mostrando los notables ejemplares líticos de Ghatchi, Loma Negra y Tulán, en la primera Reunión de Antropología en Arica del año 1961, ante el asombro de sus colegas chilenos. Sin él, no existiría, tampoco, el tesoro de conocimientos que hoy tenemos acerca de este pueblo, uno de los más ignorados y recónditos de la antropología y etnografía de Chile merced a sus riquísimas colecciones. Y ciertamente, sin él, no existiría hoy un espléndido Museo consagrado al estudio de la cultura atacameña. Como tampoco, sostenemos, se habría convertido el pequeño pueblo de San Pedro en lo que hoy es: un repositorio indiscutido de la cultura atacameña y el mejor Centro de Estudios de la arqueología y de la antropología del Norte de Chile.

La figura señera del jesuíta Gustavo le Paige, quedará por siempre indisolublemente unida al destino del pueblo atacameño, sus remotos orígenes, su desarrollo cultural y su historia reciente.

Este es, tal vez el mayor de sus méritos, del cual nadie podrá nunca despojarle.