sábado, 13 de diciembre de 2014

Potrerillos: triste abandono y muerte lenta de una ciudad minera: ¿Es justo?, ¿es ético?, ¿es aceptable?.

En este capítulo de nuestro Blog, pretendemos analizar  un tema relacionado con la presencia y actividad de grandes minas en nuestro país. ¿Qué ocurre cuando el mineral se agota  o baja considerablemente su ley?. ¿Qué ocurre hoy y qué debería ocurrir en el futuro?.  ¿Qué pasa con sus ciudades-campamentos abandonados?.  O mejor dicho,  ¿qué debería pasar?.

El caso del mineral de Potrerillos.

Potrerillos, ciudad minera enclavada en la precordillera de Copiapó, a casi 2.900 m de altitud. Coordenadas geográficas:  26º 26´03´´ S   y   69º 29´00´´ W.


Fig. 0.  Esta ciudad minera pertenece a  la División Salvador de  CODELCO, Chile. La   vista satelítica que aquí se ofrece,  proviene de  Google Earth. Observe Ud,  las gigantescas dimensiones de la torta de relaves, conocida como El Arenal",  (en color blanquecino, claro), situada directamente  al sur de la ciudad, fuente cierta de contaminación.  Por comodidad y proximidad a la fundición  este botadero de ripios  fue ubicado muy próximo al campamento, como fue habitual en todas las explotaciones mineras de la misma época. Al parecer, había un  total desconocimiento por parte de la población de la toxicidad de estas "arenas", aparentemente  inocuas. La pequeña ciudad, trazada en  manzanas perfectamente rectas, se halla inmediatamente al norte y noreste de la  "torta" de ripios. Como los vientos reinantes  en la zona  soplan predominantemente desde el  sur, es fácil imaginar   cómo el ambiente  debió estar  con frecuencia saturado de polvo en suspensión, polvo sucio, contaminado, por efecto directo de los procesos industriales  que  utilizaban el ácido sulfúrico. La torta de ripios y arenas aquí visible,  presenta una superficie equivalente casi al doble de la pequeña ciudad y su mina adyacente ( situada al Este de la misma).

Un problema  no resuelto en Chile.

Tocamos aquí un  problema candente, quemante, desgraciadamente muy actual en nuestro país: el destino futuro de  los grandes campamentos mineros en Chile. ¿Qué hacer con ellos cuando  terminan su vida útil y se decide su término?. ¿Simplemente  abandonarlos  y dejarlos a  su suerte, tragados por  el paso del tiempo?; ¿Trasladarlos?;  ¿Transformarlos, tal vez,  en un "Museo de la Memoria"?;   ¿Demolerlos desde sus cimientos?; ¿Regalar a sus antiguos habitadores lo  que queda  en pie, para que ellos se  lleven lo que puedan aprovechar   (calaminas, madera, latón, sanitarios, puertas y ventanas, etc.)?.

¿A cuál de estas alternativas ha recurrido hoy  la Empresa? Aparentemente, al menos  por las señales dadas hasta ahora, a la primera alternativa: abandonar la pequeña ciudad a su  triste suerte. ¿Qué podemos pensar  de esta solución?.  Este es  el tema de nuestra meditación de hoy. 

La vida y el  cierre de Potrerillos.

William Braden, compró los derechos de esta mina en el año  1913. Con anterioridad, operaba con el primitivo sistema de pirquines.  Inició sus actividades bajo el nuevo dueño entre  1918-1920.  Operó desde sus inicios con el nombre de la "Andes Copper Mining".  La mina cesó sus actividades  en el año  1959. Solo se mantuvo en operación la fundición que todavía  hoy día opera  con lo extraído del mineral del Salvador, no lejos de aquí. Está  ubicada a los casi 2.900 m de altitud,  en  la precordillera de Atacama,  IIIª Región de Chile. Al cierre, su población se dispersó, emigró a los pueblos y ciudades más cercanas   y solo ha quedado  en actividad  su fundición mantenida por un escaso personal que llega hoy  en buses a sus faenas.  Hoy puede ser visitado por extraños- como en el caso nuestro- , pero con ciertas restricciones  y con permiso especial otorgado por Gerencia. 

En este capítulo, que acompañamos de  recientes fotografías nuestras tomadas in situ,  examinamos el hecho de su desamparo desde el punto de vista de la historia  crítica, de  la eco-antropología, o si se prefiere,  de una ética de base antropológica.   

La pregunta que nos hacemos es la siguiente:

 ¿Es lícito, es legitimo,  dejar en total abandono una ciudad por parte de una empresa minera, una vez que no resulta rentable seguir produciendo el mineral?. ¿Tiene justificación  el destruir -o abandonar a su suerte que es lo mismo- -  sus instalaciones, sus viviendas, sus plazas,  sus  estadios, sus hospitales o teatros, sus escuelas  o liceos, sus iglesias o  su cementerio.?  

¿Son tan solo  campamentos de tránsito?.

¿Son simples "campamentos", esto es, "lugares de paso", como lo afirma  la Empresa  (hoy CODELCO-Chile) y, por tanto desmantelables y desarmables en cualquier momento?.  ¿ O son auténticas ciudades pequeñas que han acumulado mucha  historia humana, actividad  y vida propia  y que, por tanto, merecen sobrevivir?.  El tema  es complejo  y merece un análisis más fino. En otras palabras, ¿las familias que aquí vivieron por al menos dos y hasta tres generaciones,  ¿no tienen derecho alguno a exigir que este lugar se respete y se conserve a perpetuidad?. ¿Su opinión, ¿no cuenta para nada?. Los que aquí murieron y yacen en el camposanto de Potrerillos, ¿no merecen, acaso,  nuestro profundo  respeto y que se conserve su memoria?. Es la gran pregunta  para la cual el Estado chileno de hoy aún no tiene respuesta. Al menos, jurídica y legalmente, ninguna. El tema forma parte del debate.

Delito, hoy por hoy no; irresponsabilidad e inmoralidad, sí.

La empresa que abandona  sus campamentos (tal como ocurriera  antaño con las antiguas Oficinas Salitreras del Norte Grande) no incurre estrictamente en  delito. Porque la Ley nada establece al respecto. El tema no es, por tanto, legal, sino más bien ético, social y moral. Para nosotros, es un tema que ciertamente  atañe a la "responsabilidad social" de la Empresa. A una auténtica responsabilidad social. No a una responsabilidad social que solo contemple (como ocurre hoy) a sus obreros y empleados.  Porque  se trata aquí de   una responsabilidad  (¿o irresponsabilidad?)  frente a la sociedad toda   y, en particular, frente a la sociedad humana de la Región de Atacama donde se inserta el Mineral. El Estado de Chile entregó, para su explotación,(¡no para su destrucción in aeternum!)  un trozo virgen de su territorio patrio. Tiene por tanto pleno derecho a que este trozo de territorio  suyo quede, luego de su explotación, lo más limpio y decente que sea posible; ojalá, inmaculado. Y si la empresa construyó aquí para sus fines  de explotación una  auténtica ciudad,   que ésta preste a futuro alguna utilidad como patrimonio regional y quede - de alguna manera- al servicio de la Región y no se convierta en un horrible lastre, en un estorbo.

Imaginemos cien ciudades abandonadas.

Llevemos, ahora, para aquilatar su fuerza, este argumento nuestro ad absurdum. Este juego mental nuestro nos  ayudará  a comprender las graves dimensiones del problema.  Imaginemos que no hay un campamento-ciudad  (como en el caso presente), sino cien (100) esparcidos en toda la Región. Cien enormes minas. Imaginemos por un instante a estos cien campamentos-ciudades en total abandono y  destrucción, víctimas de un sórdido vandalismo y  brutal  pillaje.¿Qué ocurriría entonces?.  El turismo regional, de inmediato,  "pondría el grito en el cielo" por tal acto de  barbarie: ¡qué duda cabe!.  Ya que cien paisajes geográficos de su Región han quedado no solo afeados y afectados,  sino destruidos para siempre; peor aún, entregados  al vandalismo y al saqueo. Los expertos en patrimonio "pondrían, a no dudarlo,  el grito en el cielo".

Concluyendo de este argumento:

De esta hipotética consideración nuestra (el argumento llevado ad absurdum) brota   clara y evidente, una clarísima  responsabilidad de dichas Empresas mineras, ante la Región y sus habitantes, ante  el futuro de esa región. Pensar lo contrario, significaría que  el único destino probable de  esa región sería llegar a convertirse un día en una gigantesca superficie tapizada de hoyos   y  de   tortas de ripio,  rodeada  de ciudades muertas y desmanteladas.  Ahora bien:  ¿han pensado estas poderosas Empresas  en el futuro de la Región en que se han insertado?   ¿El futuro predecible  de esta región será solo  convertirse en un   basural o vertedero de ciudades desmanteladas, ingentes tortas de ripio, tranques colmatados  y campamentos abandonados?.  ¿Destrucción, desolación y muerte por doquier?.  ¿Así queremos  imaginar  el futuro de Atacama en los siglos  XXII ó XXIII?.  ¿Sería esto coincidente con  el sueño de Atacama para el mañana?. Ciertamente, no lo creemos.

Las fotos son elocuentes.

Las fotos  aquí expuestas son todas nuestras, salvo que se señale expresamente lo contrario. Disponíamos tan solo de poco más de media hora para nuestra visita la  que, en realidad, resultó  ser, muy a pesar nuestro,  " a vuelo de pájaro".  Un día completo habría sido insuficiente para  tomar nota cuidadosa de todo. Por tanto, las reflexiones y tomas fotográficas  aquí ofrecidas, son el fruto de un vistazo rápido, hecho a la carrera.

Contemplemos las fotografías y luego  reflexionemos.

Fig. 1.  El ingreso a la antigua ciudad que en su período de auge  llegó a albergar más de  7.000 personas. Una barrera  impide el paso normal al recinto. Un letrero anuncia  que estamos en  el "Ex Campamento de Potrerillos". La usina aún muestra actividad  (su chimenea humea todavía), pero la ciudad misma, (el "campamento")  está ya muerta y en  decadencia, como veremos.

Fig.  2.  Camiones de alto tonelaje  traen todavía combustible (petróleo) para la fundición  del mineral.


Fig. 3.   Desde el marco de una ventana, captamos rápidamente  esta imagen de una calle.

Fig. 4.  Casas de antiguos funcionarios, en plena decadencia. Ya nadie repara los daños en la verja. Casas amplias y cómodas, de varias habitaciones.

Fig. 4.  Aquí habitó, seguramente,   algún ingeniero de la empresa.

Fig. 5.  Esta casa pudo pertenecer a alguno de los altos jefes del Mineral. Hermosos  pinos (Pinus macrocarpa)  la rodeaban, ofreciendo sombra y grata  presencia.

Fig. 6. Una de las mansiones de mayor tamaño y belleza. Desde el interior al l pórtico de entrada.

Fig. 7. Un ejemplar del  pino macrocarpa, otrora majestuoso,  que aquí vivió por unos  50-60 años a lo menos  y yace hoy seco y  muerto, por falta de riego. Se alzaba a un costado  de la escala de ingreso a esta propiedad, tal vez  la más importante del mineral (¿era tal vez la casa del gerente general?).  Aún se yergue altivo como estampa de un pasado glorioso.

Fig. 8. Cierre perimetral  en torno a otra mansión del mineral. Hacia el costado izquierdo, tronco y ramaje de un pino ya caido por efecto de algún ventarrón.

Fig. 9.  La misma mansión vista desde su frente, esto es desde el poniente. Observe  los muros bajos, construidos de bloquetas hechas de escorias del mineral prensadas. Artificio notable que permitió acceder a un excelente material constructivo. Fue de amplio uso en este mineral.
                                             .
Fig. 10.  Una pequeña plaza, mirador espléndido hacia el poniente, esto es hacia el valle  por donde hemos ascendido. Se sitúa a pocos metros de la mansión recién descrita. La vista es espléndida.  De los numerosos pinos que  la sombreaban, solo uno,  moribundo, da aún escasas señales de vida. Los demás, son ya solo esqueletos que el viento pronto  derribará.

Fig. 12.  El único sobreviviente aquí: un Pinus macrocarpa que ha perdido su forma enhiesta y erguida, original.

 Fig. 13. Vista desde esta plazuela directamente hacia el Sur, hacia el llamado "Arenal", gigantesco cerro blanco  formado por las depositación  de escorias y ripios  a lo largo de muchos decenios. El lugar  era frecuentado como sitio preferido de juegos por los niños de los mineros, ignorantes de su alta toxicidad   (información dada en el lugar por una de nuestros acompañantes, una antigua pobladora de Potrerillos).

Fig. 14.  Una plaza de juegos para niños  de la  "alta sociedad"  minera, es decir  para hijos de  los jefes, todos norteamericanos en sus  orígenes.  A ésta, no tenían acceso los hijos de los obreros.

 Fig. 14.  Junto a una casa, aún  resiste  un árbol de molle   (Schinus molle) que se niega a morir.


Fig. 15.   Un  árbol , una variedad de aromo, rebosa de flores amarillas. Tal vez una mano amiga  le echa aún agua de tanto en tanto.

Fig. 16.   Otra vivienda.

Fig. 17.  Oficinas administrativas. El enlucido de los muros empieza ya a descascararse y caer.

Fig. 18.  La fundición aún en plena actividad. Es el único signo de  vida que muestra el mineral, ya abandonado. ¿Por cuánto tiempo aún?. No lo sabemos.

Fig. 19.  El campamento americano.

Fig. 20.  La fundición del mineral.

Fig. 22. La iglesia católica.  Ya no se escuchan sus campanas  ni  sus fieles a acuden a la misa dominical.

Fig.  23.   El  grupo de visitantes posa ante la cámara del recuerdo... ¿De cuántos matrimonios, bautizos o primeras comuniones habrá  sido testigo este hermoso  templo, hoy desierto y cerrado para siempre?. ¡Cómo desearían tener este templo en sus plazas  tantos pueblos del desierto!.


Fig. 24.   Vista hacia el costado poniente del templo.

Fig. 25.  El torreón del templo. Sus campanas ya no repiquetean para anunciar algún duelo...


Fig. 26.  Vista del costado oriente del mismo.  Impresionan las  dimensiones  de esta iglesia, con capacidad para centenares de fieles. Indicio  innegable  del tamaño de la población  a la que servía antaño.

Fig. 27. Vista general al antiguo campamento minero de Potrerillos.  Hoy solo camiones  y camionetas  se ven circular por sus calles desiertas. Los obreros, sus familias  ya no  habitan el lugar  y sus niños ya  no corretean por sus calles y plazas.

Bibliografía recomendada:  

Sobre la historia temprana de este Mineral consulte el interesante trabajo de Angela Vergara Marshall    en  la revista Historia  (Santiago), Pontificia Universidad Católica de Chile,  vol .34,  Año 2001 con el título de ""Norteamericanos en el Mineral de Potrerillos".  versión On-line ISSN 0717-7194  http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942001003400007 .


El trabajo está basado en un valioso documento de la época (1918), conservado en Montana USA.

Reflexiones eco-antropológicas.


1.  Por la calidad  de la construcción  y  el  número y diversidad de las viviendas, oficinas y edificios, parece evidente que sus constructores pensaron en una larga existencia, no en un mero campamento de tránsito, de breve duración.

2.  Todos los servicios básicos: educación, comercio, salud, vida religiosa  y  muerte,  fueron contemplados aquí. Es decir,  éste fue un lugar de vida para todos sus habitantes, no un mero "campamento" de paso.

3.  Tres generaciones de  mineros laboraron aquí.  Una de las señoras que nos acompañaban el día de la visita me decía que su abuelo y su padre  aquí trabajaron durante toda su vida. Su existencia transcurrió aquí y  sus ojos se llenaban de lágrimas  recordando el pasado  y viendo el abandono presente. Las primeras labores se iniciaron aquí el año 1919. Es decir hace casi un siglo y muy pocos años después del inicio de actividad del mineral de cobre de Chuquicamata. (IIª Región de Chile), el más grande del país.

4.  Cabe preguntarse  sobre  la legitimidad de un abandono total y definitivo por parte de la Empresa.  ¿Es justo, es ético, es moral  hacerlo?.  El argumento que se suele esgrimir de que esta Región, al igual que la de Antofagasta es  una región  "de vocación minera" y que, por tanto,  todo en ellas es transitorio, perecible,  de corto tiempo, o desarmable,  tal como puede serlo cualquier vivienda de madera, es un argumento a nuestro juicio equívoco y falaz.

5.  ¿Por qué ?.  Porque esta actividad minera  involucra la participación directa de muchas vidas humanas, familias humanas  que aquí crearon historia  patria e historia familiar. Es decir, no se trata tan solo de un problema meramente económico: "se cierra la mina por no ser ahora ya rentable". La ocupación de este espacio, por casi cien años, fue creando insensiblemente  "historia". No solo se transformó una superficie del territorio patrio, dejando hoyos y perforaciones por todas partes, sino atrajo numerosa población humana  a la que se le ofreció aquí  una  vida más digna. Y la gente llegó, de todos lados. Y se asentó aquí,  creándose lazos indelebles con este paisaje, con este lugar, con este entorno desértico. Y se creó historia familiar e historia regional. En una palabra, cambió  aquí radicalmente, en unos pocos años,  el destino futuro  de este trozo de territorio patrio.  De ser un cerro  aislado y solitario rico en mineral de cobre, ha pasado a ser un lugar histórico de primera importancia para esta Región de Atacama.

6.  Aquí hay historia, mucha historia. No sólo una historia referida a nombres de  gerentes o ingenieros que aquí laboraron; no solo historia de cifras de producción de cobre, plata  y oro; no sólo  una historia de cifras de ganancias; tampoco solo una  historia de accidentes o catástrofes; no solo historia de logros y hallazgos o invenciones. También aquí se hilvanó  una riquísima  "historia" de numerosas historias humanas. Los historiadores nos hablan mucho hoy de la importancia de las historias locales, indispensables para poder construir, con más exactitud  en el futuro, una historia general de la Región o del país.  Pues bien, aquí, en Potrerillos se creó una potente historia local de casi cien años, sobre la base de centenares de pequeñas historia de vida. Y esa historia local de Potrerillos, tejida de múltiples vidas,  no debe morir.

7. Por eso abogamos  aquí porque las grandes Compañías Mineras  apliquen, en estos casos,   un verdadero  y más amplio  concepto de "responsabilidad social de la Empresa", y lo pongan en  práctica  frente a toda la sociedad de la Región donde  trabajan; frente a a la sociedad  de Atacama de hoy  y  del mañana. Porque la Región de Atacama   tiene pleno derecho a soñar en un futuro mejor.  No un futuro lleno de hoyos y de  botaderos de basura  y ripios tóxicos. Tenemos la sensación de que no existe aún  en la clase empresarial minera una conciencia formada  al respecto. Al menos no se observa esta actitud  en sus decisiones,  en sus Informativos, Circulares  y Propaganda. ¡Ojalá nos equivoquemos!.

8. Por todo lo dicho,  adquiere pleno sentido  la preservación de estos lugares como  portadores de historia  patria  (no solo de riqueza transitoria). Por ello  la Minera "El Teniente" (en  Sewell,   VIª Región de Chile en la cordillera  de Rancagua)  ha preservado y mantenido intacto su campamento, el que es visitado por turistas y antiguos pobladores y sus familias. Hoy ese antiguo campamento es un lugar turístico de enorme importancia para su Región.  ¿Por qué?. Porque  tiene una poderosa historia.

9.Exactamente lo mismo ha ocurrido en el Mineral de cobre de Chuquicamata (IIª Región de Chile), cuyo centro cívico e histórico y su cementerio local han sido  conservados y mantenidos intactos por exigencia de su población minera que así lo ha querido. Este ejemplo ha sido elocuente  y, a la vez, aleccionador para nosotros. El traslado de toda la población  obrera de Chuquicamata a Calama efectuado a partir del año 2004 no significó, afortunadamente,  la destrucción total  y definitiva de la ciudad de Chuquicamata. Se cometió errores, a nuestro juicio, como la  penosa  y dolorosa sepultación del antiguo hospital, orgullo de la región, bajo  una montaña de ripios. Pero la sensatez y la consulta  hecha a especialistas  arquitectos y antropólogos, sugirió la conservación para la posteridad  de parte significativa del centro histórico del Mineral, así como de  partes representativas de la antigua población. Hoy se muestra esta sección de Chuquicamata a todos los visitantes que,  al conocerla, se pueden formar una idea cabal  y exacta de cómo operó este mineral y  cómo eran sus instalaciones.

10. Estas soluciones, inteligentes, son fruto maduro de un auténtico respeto por  la historia local, de respeto a la tradición de una determinada Región. Es lo que esperamos ocurra  también en Potrerillos, hoy a punto de sucumbir ante  los estragos del clima y del  vandalismo que ya han dejado sus huellas.  Ojalá que la empresa, dueña actual del mineral (CODELCO),  que pertenece al Estado de Chile ( y, por lo tanto,  a todos los chilenos) , entienda la importancia que posee este lugar para trazar la historia de esta IIIª Región de Chile y  convierta a esta ciudadela  en un hermoso lugar  turístico para esta Región del país. Ojalá así ocurra. Tal destino debe ser definido y acordado por el Estado de Chile y sus instituciones culturales antes de que la creciente destrucción lo haga más difícil o imposible. Para nosotros, tal proceder  sería  fruto obvio de una "responsabilidad social  empresarial" inteligente y bien entendida.

11. En el año  2012, CODELCO invirtió U.S. $155.000.000  en  mejorar las instalaciones de su fundición. ¿Ha pensado CODELCO en invertir algo siquiera  en  mejorar su  bastante deteriorada imagen ante la sociedad actual y ante  la historia?. ¿En  invertir unas migajas en  mantener  la cultura  regional y  local  en el caso histórico de Potrerillos, pensando en el futuro?.  ¿Es mucho pedir?.

12.  Copio de Wikipedia  (Internet), a la letra, en su referencia  a "Potrerillos":

 "Actualmente Potrerillos, sin tener la suerte de restauración como sucede en otros campamentos mineros tales como Sewell y el casco histórico de Chuquicamata, se encuentra a la deriva y al abandono. Esta situación hace recordar a lo que sucede con las antiguas salitreras del Norte Grande de Chile que se encuentran a merced del olvido, la propia sequedad del desierto y a la destrucción y saqueo".  

Coincidimos  plenamente  con la apreciación  del  redactor del artículo de  Wikipedia. 

              Potrerillos, Región Atacama (Chile)
Fig. 28. Excelente foto tomada de Internet (W.Griem,  1990). Perspectiva tomada de Sur a Norte desde  la gigantesca torta de ripios.

¿Por qué esta mirada nuestra es propia de  una  auténtica  eco-antropología?.

La eco-antropología,  en nuestra perspectiva,  enfoca el quehacer y actividad humanas  en su relación íntima con su ambiente natural (el oikos del hombre) .  Y esto en cualquier época de la historia: pasada, presente y futura. Porque en nuestra perspectiva ecológica,  este enfoque no solo debe mirar hacia el pasado arqueológico: también pone sus ojos en el futuro de una determinada región, pueblo, o ciudad. La arqueología -lo sabemos bien- estudia el pasado y sus culturas, a través de los restos dejados por el hombre. Mientras que   las culturas humanas del presente son analizadas por la antropología social o cultural o por la sociología,  desde perspectivas algo diferentes.

¿Mero futurizar o  más bien prever el futuro?. El dilema que enfrentamos.

Pero el impacto que  el medio  ambiente  crea en las culturas humanas, o los impactos que el hombre, depredador por excelencia del medio que habita,  opera sobre la naturaleza que le rodea, su "territorio", son estudiados a nuestro entender por la eco-antropología. Por tanto, la eco-antropología tanto  puede mirar hacia el pasado, como hacia el presente o aún hacia el futuro.Y, en este caso, el artículo que aquí presentamos se inserta en esta tercera perspectiva: una mirada crítica hacia un probable futuro próximo. ¿Qué podría pasar en este caso?. Nos preguntamos. Y creemos tener pleno derecho a ponernos en esta perspectiva, si queremos  lo mejor para esta Región de Atacama. Esto no es  "futurizar"  como una forma cómoda y entretenida  de hacer ciencia-ficción;  no,  es ponernos ante una inminente y dolorosa realidad que por desgracia ya golpea nuestras puertas. Creemos que esta actitud nuestra es propia de una responsabilidad  geográfica, de  una verdadera "ética geográfica",  disciplina que está aún por nacer, o quizá ya esté en pañales...






























martes, 9 de diciembre de 2014

Una mirada eco-antropológica a un viaje: de Diego de Almagro al antiguo mineral de Potrerillos.

Un viaje para el recuerdo:  reflexiones eco-antropológicas al pasar.


Fig. 1.  Cartel de recepción a la entrada del "Parque temático": Anuncia nuestro VIIº Encuentro de Historia local. Las fotos del recuerdo del "Pueblo Hundido" de antaño: "sangre, sudor y lágrimas...".

En busca de Diego de Almagro.

En días pasados, hemos viajado a una ignota y  casi desapercibida localidad de la IIIª Región de Chile: el pueblito de Diego de Almagro. Semioculto entre cerros  color amarillento o  gris parduzco, el pueblo -antiguamente llamado "Pueblo Hundido", por  esconderse al fondo de una antigua cuenca- nos sorprende  y embelesa. Aquí vive una laboriosa comunidad  de raigambre minera,  formada por antiguos pirquineros y cateadores de minas y sus descendientes. Su población apenas se alza sobre los  8.500 habitantes.  A pesar de su extrema pequeñez  y enorme alejamiento de las ciudades cercanas (Copiapó dista unos  165 km.; Chañaral, otros tantos), el pueblo -antigua estación de ferrocarril del "Longino" que alcanzaba hasta Iquique.-   muestra hoy una vitalidad  y  un amor por  la cultura que nos toma por sorpresa. Albergaba  esos días  a un grupo de investigadores, venidos de diversos rincones del norte chileno, a presentar sus trabajos sobre historia, arqueología,  geografía, fotografía histórica o iconografía.  ¿Aquí, en medio de un paisaje estéril  y desolado, donde ni siquiera se asoman a husmear los guanacos o zorros del desierto,  interesan vivamente la Historia, la Cultura ?.  Sí, así es, y  tal  novedad nos intriga,  nos  cautiva y nos deja en realidad boquiabiertos.

Una cita con la historia local.

Diego de Almagro, sus amas de casa, sus estudiantes, sus  hombres de manos callosas  y cabellera gris,   escucharán en respetuoso silencio  versadas exposiciones de doctos investigadores. Los visita nada menos que el Premio Nacional de Historia  2014, el sociólogo e historiador de la pampa salitrera Sergio González Miranda para animarles a reescribir la historia regional y local,  aquella que no figura en los Manuales de Historia o de Geografía  ni menos en  las Actas oficiales del Congreso Nacional. Parece un contrasentido, un absurdo: ¿discutir sobre historia o geografía aquí, "en medio de la nada"?. Pues sí,  aquí  en este extremo norte del Chile anterior  a la Guerra del Pacífico, un grupo de soñadores decidió construir un paraíso para la cultura y la investigación. ¿Por qué?  Resulta un hondo misterio para nosotros,  afuerinos, venidos de la costa  y de la  gran ciudad. ¿Cómo y por qué  se decidió construir aquí un "templo" a la cultura y a la investigación donde apenas existen un par de escuelas y un minúsculo Liceo?,  Pues así es, ni más ni menos. Un enigma más  de los muchos que nos plantea este desierto nuestro, ávido de respuestas, mezquino de soluciones.

 
 Fig. 2.  Una colorida  feria en el pueblo. Hoy es día Sábado. No falta el simpático "viejito pascuero". Se acerca la Navidad, ¡qué duda cabe!. La gente se vuelca  a  mirar y elegir los regalos navideños.



Fig. 3.  Concurrida feria  a un costado del Parque Temático: variada  oferta  navideña. El paseo obligado de las mamás con sus hijos pequeños, al parecer, única entretención en este simpático pueblo, alejado del mundo político, el bullicio citadino,  sus afanes y sus intrigas.

El  "Parque Temático" de Diego de Almagro.

Aquí, junto al "Parque temático" de  novedosa y espléndida arquitectura en madera y latón, orgullo de la Región, obra de un dieguino de cepa, don Sergio Miranda, comienza nuestro viaje. Nos dirigimos a Potrerillos, mineral de cobre explotado  desde el año  1920 o poco antes. Hoy yace desierto y semi abandonado. Estamos en una  región esencialmente minera, donde todo nos habla de  minas, pirquines, escorias, cobre o plata; donde  los paisajes multicolores de los cerros   invitan  al fotógrafo o al artista  a buscar una nueva y genuina  inspiración. Aquí, donde el agua es un milagro escaso y la vegetación, un tesoro casi inaccesible; esquivo y receloso.  Excepto cuando tímidos aguaceros  visitan muy de tanto en tanto estas tierras sedientas,  y sus  quebradas hoy  desnudas se cubren de coloridas  flores  y raros insectos caminantes. Esto ocurre cuando el "desierto florido" los visita,  generoso y espléndido.

El álbum de fotos de nuestro viaje.

Las fotos que siguen, tomadas desde el bus que nos transporta,  son testigos de lo afirmado aquí. Subiremos paso a paso  por tortuosas vías, llenas de recovecos y curvas,  hasta casi los  3.000 m de altitud.


 Fig. 4.  El paisaje que circunda el pueblo: en múltiples tonos del café,  el pardo y el gris en amena conjunción. Los  alrededores de  Diego de Almagro lucen así: cerros, rocas, arenas  y mucho, muchísimo  sol.

 Fig.  5.  En el "Parque Temático": la novedosa arquitectura que combina elegantemente maderas y latón. Obra del arquitecto dieguino Sergio Miranda.

 Fig. 6.  Un costado del Parque: entre el verde  y el  variado color de la madera.

 Fig. 7.  Acceso al Salón de Conferencias. Madera y latón alternan  en forma hermanada. Ingeniosa conjunción de materiales salitreros de antiguo cuño.


Fig. 8.  El frontis  y  acceso (Este) del Parque.


Fig. 9.  La roca usada hábilmente como elemento decorativo.


Fig. 10.  Vivo contraste entre rocas, verde (pasto), maderas  y latón café oscuro.  Se logra luminosidad, colorido y  reposada  majestuosidad.

 Fig. 11.   El salón de conferencias con capacidad para unos  80 a 100  espectadores..

 Fig. 12. En viaje hacia  Potrerillos: pampas, cerros desnudos  y diseños labrados por el viento.

Fig. 13.  Estrías del escurrimiento superficial en laderas: rillwash paralelo  producido por lluvias ocasionales.

Fig. 14.   La evolución geológica de estos cerros  delata la actividad de procesos orogénicos  (es decir de formación de las montañas)  de variada índole y hermosa textura. 

Fig. 15. Esta foto corresponde  al lugar llamado Inca de Oro. Aquí existe hoy una planta de energía eléctrica  de paneles fotovoltaicos. Por fortuna, se ha incorporado el árbol (eucaliptus y  palmas) como  adorno en este adusto y enjuto paisaje  minero.

Fig. 16.  Una pequeña planta minera de lixiviación de minerales de cobre.

Fig. 17.  Grandes  conos de deyección  de aspecto triangular caen sobre la  planicie, como  fruto de escurrimientos  antiguos, hoy  ya  relictos.

Fig. 18.   Cerros "dibujados"  por la acción del agua, tal vez hace cientos o miles de años.

Fig. 19. El colorido amarillo-verdoso de la superficie del piso de la quebrada   delata en forma indesmentible  la presencia  antigua  de  lixiviación de minerales hecha mediante el uso del ácido sulfúrico (H2SO4).

Fig. 20. Una pequeña planta lixiviadora de cobre. Hoy ya de para. Observe  el color amarillo-verdoso, fruto del procesamiento de minerales de cobre.

Fig. 21.  Aquí casi no llueve. Muy rara vez  cae algo de agua y  generalmente muy poco...Pero el día que llegue a  llover aquí copiosamente, arrastrará estos  tierras mineralizadas y acidificadas hasta la costa misma de Chañaral. Pero como esto ocurre con suerte una vez cada   50,  80 o 100  años, a nadie parece importarle, menos a estos mineros que se instalan en el fondo de la quebrada, con el riesgo consiguiente.

Fig. 22.  El variado color de la montaña, donde ya  se observa tonos tenues de un verde claro: una de las tantas sales de cobre.
Fig. 23. Una planta de lixiviación  de cobre todavía en actividad ( pequeña minería).

Fig. 24.   Vista fugaz de la planta, al pasar en el bus.

Fig. 25. Las piscinas de lixiviación con uso de ácido sulfúrico. ¿Qué pasaría en caso de una  eventual lluvia copiosa con potente arrastre de cantos rodados y ripios desde las montaña ?.  No se observa la presencia de  defensas de ninguna clase.
Fig. 26. Disfrute  Ud.  el hermoso aspecto variopinto de los cerros:  desde el blanco sucio hasta el negro. Toda una paleta de colores dispuesta aquí por el Creador para nuestro goce estético!.

Fig. 27.  Otras tonalidades de colores.

Fig. 28.  Naturaleza desnuda donde  ni siquiera se observa un arbusto seco.No crece aquí ni una brizna de vegetación, tal es la falta casi absoluta de lluvias en la región.

Fig. 29.  Ripios de arrastre antiguo acumulados  en la base de la quebrada seca, por donde trepa  fatigosamente  el ferrocarril.

Fig. 30. Por fin divisamos al ferrocarril que baja, echando bocanadas de humo,   el mineral en barras desde el mineral de Potrerillos hasta el puerto de Barquito, para su posterior embarque al exterior. Éste baja un par de veces al día,  cargando unos  doce vagones.

Fig. 31.  Por fin vemos un leve y sinuoso curso de agua, que desciende por el medio de la quebrada. Muestra, sin embargo, sendas costras blancas de salinización a sus costados, prueba evidente de la fuerte mineralización de estos terrenos por obra de la minería reciente y el uso desmedido del ácido sulfúrico. Aunque aparentemente fresca y apetitosa, esta agua no es, obviamente, potable. No es recomendable ni siquiera para  lavarse la cara!.

Fig. 32.   Como mi asiento en el bus que nos transportaba  quedaba al lado derecho, esto es, mirando al Norte, todas estas fotos nuestras muestran  aspectos de interés recogidos a lo largo de la pared norte de la quebrada.


Fig. 33.  Los cambios de tonalidad de la superficie de los cerros  nos impresiona fuertemente. Este viaje a Potrerillos es una continua exposición de paisajes  a cuál más sorprendente y bello. Un pintor o un  fotógrafo, aquí podría volverse loco!.

Fig. 34.   Tras casi una hora de recorrido desde Diego, quebrada arriba, por fin divisamos una tímida mancha verde: ¡vegetación, por fin!.  Aparecen aquí las primeras plantas. No las distinguimos todavía bien...Estamos  a unos 1.800 m sobre el nivel del mar y  aparecen tímidamente las pequeñas vertientes naturales.

(Capítulo en construcción; falta  señalar  la aparición de la vegetación algo más arriba  y su descripción....)


Comentario eco-antropológico:

1.   Estamos en el desierto absoluto. Aquí, según se nos informó, cayó este año 2014 solo una pequeña lluvia, incapaz de producir una vegetación significativa.  Este sector corresponde a la parte terminal del gran "Despoblado de Atacama" del que nos hablan los Cronistas con terror al pensar en su cruce.
2. Estamos a unos 80 km  al  Sur  del lugar llamado  Finca de Chañaral, un hermoso oasis del extremo sur del desierto de Atacama, donde se sabe que los Incas tenían  recintos de control del paso de caravanas. En el lugar hay agua de buena calidad, y   arboledas de chañares  y otros arbustos. Un auténtico oasis.
3.  La insuperable belleza escénica de los cerros  que recorremos rumbo a Potrerillos  que hemos mostrado aquí, contrasta lamentablemente con  la contaminación  de los cursos de agua, por obra de la pequeña y gran minería extractiva. El arroyo de agua que hemos visto  circular por el piso de  la quebrada por varios kilómetros, se halla  mineralizado por  efecto directo de la lixiviación de los minerales de cobre, proceso que viene desarrollándose, sin control ni forma de  mitigación  alguna,  durante casi cien años  en esta región.
4. El área que potencialmente podría  de por sí constituir un recurso  turístico importante, por la variedad de los paisajes que ofrece el desierto en su colorido y forma,   se ve hoy  fuertemente alterada por  una minería en  bruto y su impacto visible en el medioambiente, cuyos efectos negativos se observan a cada paso.
5. Creemos, sin embargo, que una  sana política de  recuperación del paisaje natural  y  sus cauces de agua es aún posible para dotar a esta región de  un turismo enfocado hacia  la puesta en valor  de  la naturaleza  y sus rincones más atractivos desde el punto de vista escénico  y fotográfico.
6. En otras palabras, creemos en la posibilidad de establecer, en un futuro no lejano, una coexistencia hermanable entre una minería mucho más respetuosa del medio ambiente y un turismo regional  que sepa valorar  la diversidad cromática  de sus cerros y montañas  y su geología  y estratigrafía multisecular.  Es esto parte de una "dignificación" o -si se prefiere, de una "re-interpretación" del desierto y sus atractivos naturales.  Éstos, son tanto o más importantes que las riquezas mineralógicas en ellos presentes. Porque éstas, se agotarán un día: no lejano; aquéllas, en cambio, son perdurables en el tiempo, en cierto modo, eternas.  

martes, 18 de noviembre de 2014

El árbol "apama" un ilustre desconocido de las quebradas de Tarapacá. Usos tradicionales de esta especie en tiempos históricos.




Fig.1.   Árbol  de "Apama"  nombre con que  es conocido  por los antiguos habitantes de la quebrada de Tasma, según comunicación verbal de  Anselmo Charcas Pacha (Julio  1998, en Pica). Algunos, por deformación, le llaman "apamo". La terminación en  la letra  "a" (como en "apama")  es usual y característica de las lenguas  andinas. Nunca  un sustantivo aymara o quechua  termina en "o" o en "e". Se trata aquí de la especie  arbórea Myrica pavonis  (Morella pavonis C.DC)  y  pertenece a la familia botánica de las Myricaceae, siendo el único representante de esta familia que se encuentra en Chile. Junto al molle o pimiento del norte  chileno (Schinus molle), el sauce chileno  o de Humboldt ( Salix humboldti) y  el chañar (Gourliaea decorticans),  conforman  el grupo de especies arbóreas  propiamente tales que prosperan en las  quebradas tarapaqueñas. No existen otros árboles  nativos en este ambiente precordillerano de Tarapacá.  (Foto H. Larrain,  en visita a  la  quebrada de Suca, 15/11/2014). .


Nuestro encuentro con  este notable árbol.

En nuestras repetidas expediciones en busca de trazas visibles del "Camino del Inca" o Qhapaqñan en Tarapacá, entre 2011 y 2014,  hemos tenido la suerte de hallar varios lugares donde aún es posible observar la presencia de un árbol muy notable, sin lugar a dudas "el rey de las quebradas",  llamado por los lugareños "apama"  o   "apamo" . Ärbol muy poco conocido en gran parte debido a su extrema escasez actual en el paisaje cultural de quebradas y oasis tarapaqueños. Sospechamos que fueron la incansable  actividad de la pequeña minería practicada por pirquineros y arrieros, y la práctica agrícola local, los  grandes causantes de su paulatina e inexorable disminución.  El trabajo de Francisco Latrille   que  aquí analizamos,   vendría a constituir una clara prueba de lo aquí señalado. Abundante en su época, era un "recurso" altamente apreciado para los mineros, según este mismo autor. En algunas partes del Norte chileno se le denomina también "pacama"   o "huacane". Su diferente nominación provendría, tal vez, de la diferente lengua de origen. En este caso, sospechamos que su origen sea quechua o puquina más que aymara.


Un artículo minero  que ha pasado desapercibido.

Copio aquí, para  satisfacción de geógrafos, antropólogos y arqueólogos,   un notable trozo escrito por un viajero gran conocedor del desierto de Atacama, don  Francisco Latrille (1845----). En este artículo, al examinar las características metalogénicas  del yacimiento de Yabricoya, el autor hace expresa  referencia a los recursos de agua y vegetación que ofrece al minero  el desierto de Atacama, particularmente  en sus quebradas.  Estimamos que este artículo de ingeniero Latrille (hijo mayor  del gran explorador y minero don Domingo Latrille, francés radicado en Chile),  dedicado fundamentalmente  al minero  y al metalurgista, nos ofrece una magnífica ocasión para encontrar pruebas de la importancia y valía que se otorgaba a ciertas plantas del desierto  por parte de los lugareños (seguramente pirquineros que el trata en sus viajes)  y, a la vez, de paso nos informa acerca de las características de la hidrografía superficial presente  a fines del siglo XIX. De esta época  tenemos muy pocas referencias científicas sobre  las características del clima reinante, en especial sobre  el recurso agua. El artículo que aquí extractamos  ha sido tomado del Boletín de la Sociedad Nacional de Minería. Revista Mensual, Nº 90:  (30 de Abril de  1896) pp.  61-76. Santiago de Chile.


Fig.2.  Esta especie ocupa siempre el fondo de las quebradas donde puede acceder al  agua subterránea cuando falta la escorrentía superficial.  En la quebrada de Tasma, en una expedición nuestra en el mes de Julio del año 1999, vimos un grupo de unos  10 a 12  robustos ejemplares de esta especie, creciendo vigorosamente a pesar de estar seco su cauce. El lugar se encuentra deshabitado desde hace unos 20 años a lo menos. (Foto 15/11/2014, tomada en el valle de Suca en las proximidades del pueblo). 

Fig. 3.  Myrica pavonis comparte aquí su habitat del lecho de quebrada con otras especies  ávidas de agua: el carrizo o cañaveral (Phragmites communis),  la  cola de caballo   (Equisetum  sp.)   y la mucho  más común y abundante  brea o sorona cuyo nombre científico es Tessaria absynthioides (Observe esta especie en el ángulo  inferior derecho de la fotografía). (Foto 15/11/2014, en el fondo de la quebrada y valle de Suca,   cerca del trazado del Qhapaqñan inca).

En palabras del ingeniero de minas Francisco Latrille:

He aquí la cita parcial del precitado texto que viene a  enriquecer enormemente nuestro conocimiento del medio geográfico existente  en las quebradas que dan a la pampa del Tamarugal. El  texto de Latrille hace amplia referencia  a las zonas  de quebradas aledañas al mineral de Yabricoya, situado a los 4.200 m de altitud,  según Riso Patrón (1924).

 "Recursos del Mineral [de Yabricoya]. 

"Yabricoya forma, pues, la zona que son los  inmediatos  contrafuertes  [que se hallan al] oeste de los Andes, siguiendo hacia el poniente la pampa del Tamarugal que con una extension de  10 a 15 leguas, la separa de las formaciones  que, por su situacion, pueden denominarse marítimas. La altura de estas últimas, como máximo, es de 2.000 metros, mientras tenemos para las cimas  del mineral alturas  que fluctúan entre los 3.500, 5.000 y  5.600 metros sobre el nivel del mar.  No obstante su elevacion y su aparente aridez, ya que es la transicion a las rejiones de la puna, presenta los recursos vitales  indispensables y cuya ausencia hace, puede decirse, la desesperacion del minero del desierto de Atacama. 

El agua, ya corriente ya estancada, existe en casi todas sus quebradas, dando algunas de ellas nacimiento a pequeños arroyos que, por insignificantes que sean, constituyen siempre un gran recurso para la agricultura. Así vive el pueblecito de Mamiña, y así se sostienen los caseríos de Nohasa, Tasma, Macaya, etc.,  cuyos habitantes en su mayor parte indíjenas aymarás se dedican en su mayor parte a la arriería, otros al cultivo de alfalfa, maíz etc. Siguiendo este itinerario podemos citar muchas otras quebradas que acaparando  las aguas lluvias en sus talwegs dan origen a  fuentes perennes algunas,  intermitentes las otras, tales son las de  Biscaya, Tacaya, Yabricoya  etc. La leña cubre las faldas de los cerros y constituye uno de los recursos más eficaces y abundantes; son arbustos cuyos troncos mas que las ramas arden con vigor. Tales son la Tola, el Pingo-pingo  la Coya, la Chuquicanqui, la Vira-vira. 

La Apama es un árbol de bastante desarrollo y ocupa el fondo de las quebradas allí donde el agua empapa más las tierras y da una semilla que produce un  jugo rojo que sirve para teñir telas y tejidos; su aplicacion se hace sin el recurso de los mordientes. Su líber o corteza se emplea  en las curtiembres por el tanino que contiene. El quino que sirve  para las techumbres; la quenua  crece en las faldas de los cerros como ser el Colungtucsa. La yareta que crece únicamente en las mas altas cimas, es decir en la zona fríjida etc. Estas son plantas esencialmente resinosas, lo cual facilita su combustion haciéndolas propias   para arder aún cuando están verdes. La yareta arde lentamente i sin desarrollo de llama, durando en este estado  5, 10  y aun 15 días consecutivos. Llegando la buena estacion todas las tierras se cubren de pastos mas o menos sustanciosos, según haya sido la copiosidad de las lluvias. 

Esto ha permitido en todo tiempo alimentado rebaños ovejunos o de llamas hasta el punto de venir con tal objeto desde los pueblos fronterizos con Bolivia. En las partes más húmedas o alrededor de alguna vertiente, brota el hicho o paja brava,  planta gramínea de un verde esmeralda y cuando seca, de un amarillo intenso; sus espigas espinudas y muy largas constituyen un buen alimento para los animales y su paja sirve para las techumbres. Existe también otra planta de la misma familia, denominada guailla, que es más acuática y sustanciosa. 

Todo esto comparado con las privaciones de otros puntos que no cuentan con estos  elementos,  que constituyen los subsidios vitales  de estas rejiones, da origen a una gran economía y es un poderoso ausiliar en los trabajos...... Existen un sinnúmero de pequeñas quebradas que corren paralelamente de  E a O a la espina de la cordillera, algunas de ellas ofrecen  el esplayamiento necesario y adecuado para el  cultivo. Las más cercanas al mineral son las  citadas  en este trabajo....".   (Francisco Latrille,  1896:  73; grafía original. Subrayado nuestro).

Sobrevivencia de esta especie.

Tal como aquí lo viera con sus propios ojos   Latrille  hace ya 120 años, el valle de Yabricoya  hasta el día de hoy ostenta bosquetes  importantes de esta especie arbórea, de suerte que , al parecer, sería  hoy el lugar mas importante de supervivencia de esta especie en el contorno de  Tarapacá, formando pequeños bosques compactos. Tal  es la información que recientemente   nos ha sido comunicada por un  gran conocedor  del desierto, el experto guía y senderista  señor Matías Pinto de la ciudad de Iquique.(com. pers. del 22/11/2014).  Para un estudio detenido de esta rara especie de  árbol por parte de los botánicos, creemos que esta comunicación podría ser de gran importancia y significado.  También  se puede observar esta hermosa especie vegetal formando un pequeño bosque, en el poblado de Macaya, junto a la piscina natural de  aguas termales.

Bibliografía  recomendada.

Sobre  esta especie arbórea y su pertenencia a una  determinada  unidad  vegetacional de desierto, correspondiente al piso de  las quebradas, vea el artículo del botánico Federico Luebert: "Apuntes sobre la vegetación de bosque y matorral del desierto  precordillerano de Tarapacá, Chile",   Revista  Chloris chilensis, Año 7 Nº  1  (2005).  Nos sorprende, sin embargo,   la total ausencia de información sobre esta especie arbórea en la por lo demás excelente obra de Carolina Villagrán y  Victoria Castro  titulada: Ciencia Indígena  de los Andes del Norte de Chile, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2004. Al menos no figura allí como "apama" o "apamo" o  aún "pacama", nombres  como es hoy  conocido este árbol  en los pueblos precordilleranos de Tarapacá. En dicha obra,  de  un  alto valor etnográfico y cvientífico, echamos sin embargo de menos la existencia, al final de la obra, de un índice de nombres científicos que ayude a la búsqueda cuando falta o se desconoce el nombre vernáculo o local.  Tal índice nos parece fundamental en obras de esta envergadura. Ojalá que una próxima edición subsane este defecto.

Comentario  eco-antropológico.

1.  Señala muy bien  la descripción de  Latrille el habitat preciso de esta especie:  "el fondo de las quebradas allí donde el agua empapa más las tierras". Crece sin problemas entre  infinidad de piedras y cantos rodados de arrastre aluvial, material que constituye  el suelo normal de estas quebradas, como producto del acarreo fluvial   por parte de  las frecuentes avenidas o huaycos. 

2.    A juzgar por su descripción, debió ser relativamente frecuente en tiempos del minero  Latrille; hoy, en cambio, esta especie está restringida a muy pequeños y escasos bosquetes o, más bien, a ejemplares solitarios o aislados, tanto ha sido el ataque que ha sufrido por  el gran valor de sus ramas largas para confeccionar  vigas de techumbre de casas y recintos de abrigo,  postes y/o pilares, o mangos para variadas herramientas. Nosotros solo la hemos visto excepcionalmente en  Suca, en Tasma, en Quipisca y en Imagua. Nunca, en cambio,  la hemos observado en Huatacondo o Maní.  Tampoco en Tarapacá o en Pica, donde debió ser tempranamente exterminada para su uso como excelente combustible  y útil madera.

3. Por ser autóctono, por su valor ornamental, su abundoso follaje  y  su  gran  tamaño  (puede elevarse hasta unos 12-15 metros de alto) , este árbol debería ser el preferido para  exornar las plazas de nuestros pueblos precordilleranos, siempre que se les asegure un abundante recurso de agua. Es mucho más hermoso que el eucaliptus y mucho más elevado y frondoso que las diferentes especies de Acacia (aromos) que  se ven  generalmente en nuestras plazas y jardines públicos; especies foráneas poco atractivas que deberíamos desterrar de nuestro medio por su excesiva exigencia de agua y su falta total  de identidad local. La apama ofrece un denso follaje, una sombra impresionante y un bellísimo color verde muy  oscuro. Ojalá CONAF empiece a  reproducir esta especie para repartirla por plazas y jardines de la Región. Su excelente sombra sería especialmente agradecida por los pobladores locales. (Pienso en las plazas de Pica,  Matilla,  Camiña o Huatacondo).

4. De enorme interés etnográfico es la aplicación que los antiguos habitantes hacían de su corteza para  la curtiembre de cueros (corteza rica en tanino según Latrille) y las cualidades de su semilla para teñir de rojo los tejidos. Es más que probable que esta referencia descanse en una antiquísima costumbre local que Latrille recoge de labios autóctonos.  No conocemos estudios de tejidos antiguos que hagan referencia  a su utilización, en forma de extracto,  para  teñir sus telas de color rojo  vivo. Bien valdría la pena hacer experiencias en este sentido para promover su uso artesanal en las poblaciones  aledañas al Tamarugal.  Es una tarea pendiente para aquellos etnógrafos y antropólogos sociales realmente comprometidos con el desarrollo de nuestras comunidades indígenas  y no meros observadores impávidos de su cultura. 

5. Por último debemos señalar  cómo  trabajos antiguos  de corte  mineralógico o geológico pueden  aportar datos de tipo eco-cultural   entregándonos  valiosas informaciones sobre antiguas costumbres de los habitantes autóctonos. Tal cosa   fue posible, creemos porque todos los científicos de antaño tenían algo de humanistas y   naturalistas  y   sabían observar  y reconocer  el entorno geográfico-botánico de las zonas que recorrían. lo que hoy constituye casi una excepción.  

6. Así, nos sorprende gratamente el recibir información confiable sobre nombres vernáculos de plantas  nativas, rara vez escuchadas hoy  como  vira-vira (wira-wira) o chuquicanqui.  

7. Por fin,  su afirmación de que existe agua  en alguna forma, corriente o estancada,   "en casi todas las quebradas"  que dan al Tamarugal,  contrasta muy vivamente con la situación actual en la que lo contrario sería lo verdadero:  "existe agua en muy pocas quebradas".  ¿Es esta afirmación de Latrille un argumento tácito para comprobar el lento pero irreversible proceso de  desecamiento que han  experimentado las quebradas tarapaqueñas desde  la década del 80 del siglo antepasado, esto es   en los últimos  135 años? . Nos parece  lo más  probable.  Todas las quebradas han sido testigos de la desaparición o desecamiento de vertientes y aguadas  en los últimos  cien años. Lo hemos podido comprobar en el caso de  la quebrada de Quipisca y Maní, tanto  por observación directa como  por testimonio de ancianos pobladores.