miércoles, 27 de febrero de 2008

¿Arqueología sin excavación?


¿Es posible hacer arqueoplogìa sin excavar previamente?

Parece un contrasentido evidente. ¿Cómo se podría hacer "arqueología", que por definición es llegar obtener una "ciencia o conocimiento acerca de las antiguas culturas", sin necesariamente excavar?. ¿ Habría podido Schliemann saber algo de las ciudades superpuestas en Troya, sin excavar? ¿Habría podido Junius Bird en el año 1940, en Quiani (Arica), llegar a conocer algo de las primitivas culturas de pescadores de la costa, sin excavar los conchales, llegando hasta la primera ocupación del sitio, a 6 m. de profundidad?. En realidad, parece algo imposible. Porque en el correr de los milenios, se van sucediendo ocupaciones y éstas van dejando acumulados restos, desechos de cocina, basuras, y restos de construcciones que van elevando el área, de suerte que lo más antiguo necesariamente tendría que estar en lo más hondo.

Los arqueólogos de las grandes civilizaciones han sido grandes excavadores.

Pero si no excavamos, ¿qué podríamos llegar a conocer?. Los grandes arqueólogos del pasado, han sido grandes excavadores. Pensemos lo que ocurrió en Egipto, Creta, Grecia antigua o Chipre. En Egipto se han movido miles o millones de toneladas de material hasta dar con las antiguas tumbas de los faraones. Pensemos en México o Guatemala (cultura maya). Los "tells" del Oriente Medio han sido literalmente masacrados, removiendo cerros de materiales.
















En la imagen, Caleta Cáñamo, importante lugar de investigaciones arqueológicas trabajado por L. Núñez y C. Moragas en la década del 1970-1980. Hoy día, excepto un pequeño sector provisto de rejas protectoras, la mayorìa de los sitios adyacentes han quedado sepultados por una torta de ripios, y el resto se halla contaminado por emisiones de hollín de petcoke, producto utilizado por la Central Termoeléctrica de Patache. Este hollín está contaminando desde hace años todo el entorno de la caleta de pescadores de Cañamo, situada al lado de la planta, deteriorando el modo de vida y la salud de los pescadores y sus familias. Tema muy delicado que la autoridad regional aún no considera seriamente en sus planes de desarrollo costero.


(sigue el texto)

Acotemos el problema.

A nuestro entender, los problemas son otros. No es que neguemos per se al arqueólogo el derecho a excavar, bajo ciertas premisas mucho más concretas y en circunstancias y límites mucho mejor definidos que hoy. El problema que nos preocupa, a este respecto, es múltiple.

primer problema: la autorización al arqueólogo es demasiado amplia; no le axota su intervención

A) Por una parte, la experiencia nos indica que el investigador, al obtener el permiso de excavación de la Agencia estatal correspondiente, frecuentemente cree obtener con ello "patente de corso" para remover todo cuanto se le antoje y hacer trincheras, zanjas o pozos, a discreción, tantos cuantos quiera. La autorización para intervenir el sitio, no le fija con exactitud la metodología de trabajo, ni sus límites, ni la superficie a excavar, ni tampoco el tiempo de excavación. Puede ampliarse cuanto se le antoje. Al menos en Chile. Y con ello, el investigador se siente libre para intervenir impunemente el sitio. No hay controles, no hay límites, no hay tampoco - y esto es delicado- fiscalización posterior alguna. Todo queda librado al arbitrio y al buen criterio del arqueólogo. Y esto es, a nuestro entender, grave.

¿Qué ocurre si el arqueólogo se equivoca?.

Si el arqueólogo "mete las patas" y se equivoca, o destruye muy a su pesar evidencias valiosas, o utiliza métodos o técnicas poco ortodoxas o rudimentarias, a nadie parece importarle, pues no hay forma alguna de controlar sus errores. Al menos entre nosotros. Es muy raro por no decir insólito y francamente peregrino, que algún arqueólogo reconozca lealmente y abiertamente sus errores, omisiones o sus fallas. No recordamos ahora a ninguno que lo haya hecho. Simplemente todo el que se equivoca, calla. Y sólo quedan registrados en las publicaciones los éxitos y logros; jamás los fracasos. ¿Es esta una actitud ética?.

Segundo problema: la legislación chilena impide que otros investigador ratifique lo hecho por otro, en el mismo sitio.

B) Por otra parte, la legislación chilena en materia de excavaciones arqueológicas, al conceder un determinado sitio en exclusividad a un arqueólogo o equipo de arqueólogos, prácticamente no permite que otro investigador llegue al mismo sitio a excavar, para corroborar y/o modificar las conclusiones obtenidas en el primer estudio. Al no existir, de acuerdo a nuestra legislación, posibilidad alguna de cotejo o control por terceros de la información, no queda más remedio que creerle (haciendo una especie de "Acto de Fe") al primero que hizo la intervención. ¿Y si éste se equivocó, y si sus muestras de C14 estaban inficionadas, o si las conclusiones obtenidas son erradas o claramente sesgadas por las hipótesis previas planteadas por el investigador?. ¿Qué pasa si no se excavó en el lugar correcto? ¿Y si hubo destrucción de material valioso por manos inexpertas?. ¿Y si hubo manipulación de la información?. ¿Quién podría saberlo?.

Tercer problema. no existe acceso fácil a las pruebas obtenidas por el primer investigador, pues éstas quedan en sus manos. No hay forma de corroborar o rectificar lo realizado, salvo tras muchos años y luego de la muerte del primer excavador.

C) Tampoco, por desgracia, es posible, generalmente, acceder fácilmente a las pruebas físicas que cada investigador dice haber recogido del terreno, pues no pocas veces éstas quedan en el Museo donde trabaja el arqueólogo. y éstas quedan, en la práctica, bajo su propio control. Si un tercero quisiera hacerlo, no sería bien visto. Es decir, hay demasiados elementos que apuntan a la "fe" y "confianza" en la seriedad o "infalibilidad" del investigador, y muy pocos o nulos que permitan el control , el chequeo o la rectificación posterior. Y creemos que esta situación desde el ángulo científico no es sana. Mças bien me atreveria a decir que es aberrante, pues impide acceder facilmente a la verdad.

Cuarto problema: urgencia de modificaciones a la ley que rige las excavaciones arqueologicas.

D) Estas reflexiones nos hacen pensar que la legislación arqueológica chilena debe modificarse en varios aspectos; hoy día es, a nuestro juicio, ella claramente deficitaria. Y no somos los únicos que así pensamos. Un determinado sitio de excavación debería concederse sólo por un corto período de tiempo (no más de 5 años, por dar sólo una fecha). Y luego permitirse a otros que verifiquen o corrijan o enriquezcan los resultados obtenidos. Hay que evitar que los sitios se conviertan en "feudos" personales, intangibles para siempre. Más aún, si el sitio es considerado muy importante, debería exigirse que otros, con posterioridad, pudiesen dar su opinión fundada al respecto. Así, al menos, se contaría con más de una opinión.

E) Esta reflexión nos sugiere que sitios arqueológicos antiguos, de gran importancia sea por su alta cronología, sea por su tamaño y vistosidad, deban ser "revisados" por nuevos investigadores, para afinar, mejorar o modificar las conclusiones. Porque lo que nos importa, en último término, es acceder a la "verdad", esto a es, acercarnos - porque sólo eso es posible- a la máxima objetividad que esté a nuestro alcance. Y ésta solo puede obtenerse cotejando varias opiniones. Ocurre aquí como en el caso de una cirugía médica. Es mucho mejor tener varias opiniones . Y una excavación, máxime si es en área, (el caso de un cementerio o de una aldea) es una verdadera "cirugía a mayor".

Quinto problema. estado deplorable y de total abandono en que quedan lo sitios excavados.

F) Otro aspecto candente que preocupa es el "estado" en que quedan los sitios, después de excavados. La legislación nada dice al respecto. ¿Quién protege a perpetuidad un sitio excavado?. Nadie. En el mejor de los casos, queda bajo la tuición genérica de alguna entidad (que puede ser CONAF u otra estatal). Pero cuidado efectivo o protección real, cero. Ni siquiera el investigador que tuvo a cargo la investigación, hace algo por proteger "su" sitio. Veamos, si no, el estado físico en que se encuentran hoy sitios como Quereo, Tarapacá Viejo, Caserones, Tagua-Tagua, Quiani, Punta Pichalo, Punta Teatinos, Taltal, y muchos otros sitios más, excavado a partir de los años 40 del pasado siglo. Solo se ve ruinas informes , remociones o trincheras, en franca destrucción por efecto de "huaqueos" posteriores.

Salvo en el caso de operaciones de urgencia, propias de una arqueología de salvamento, por la exigencia de futuras construcciones in situ (caminos, edificaciones, etc.), creemos que esos sitios deben quedar protegidos de alguna manera efectiva; precisamente para que se pueda hacer algún día un nuevo estudio sea para confirmar, sea para rectificar las conclusiones obtenidas en el primer estudio. No hay arqueologo infalible. Y las nuevas técnicas que cambian con el correr del tiempo, puedan y deben ser aplicadas a sitios antiguos. Solo se salvan, de la destrucccion o intromision de terceros (huaqueros) en alguna medida, aquellos sitios que se encuentran en terrenos controlados directamente por alguna Compañía Minera, donde han quedado señalizados y de alguna manera protegidos al efecto, después del Estudio de Impacto Ambiental (EIA).

Conclusiones

a) Las excavaciones deben limitarse al área estrictamente necesaria. No se debe dar "patente de corso" al arqueólogo para intervenir impunemente los sitios;

b) Se debe siempre dejar un buen número de "testigos" importantes (es decir, áreas totalmente intocadas) para excavaciones futuras, hechas con mejor tecnología que la actual; no somos perfectos.

c) Debe pensarse en alguna forma de control o fiscalización de las excavaciones, aún cuando cuenten con el permiso respectivo. Habría que diseñar al efecto un sistema eficiente. Tarea nada fácil. Debe fiscalizarse los métodos empleados, el tiempo empleado, los resultados y la protección posterior del sitio. También el estado físico en que se ha dejado el sitio. Es decir, debe hacerse una pequeña "auditoría" del permiso inicialmente otorgado, casi "a ciegas", solo basado en la confianza que se deposita en la experiencia del excavador arqueologo.

d) Los materiales físicos obtenidos de la excavación deben quedar siempre disponibles al análisis de terceros, en lugares neutros (no controlados ) y facilmente accesibles. Debe exigirse un catálogo detallado, una copia de la libreta de campo o Bitacora y/o una Base de datos respectiva.

e) Debe tomarse conciencia de que la técnica excavatoria en nuestro país es aún muy incipiente y poco desarrollada; todavía en no pocos casos, algo rudimentaria. Hemos visto, no hace mucho tiempo, a arqueólogos profesionales utilizar la barra metálica, típica del "huaquero" del norte, para sondear posibles enterramientos. Y así, poco o nada nos diferenciamos del accionar del farmacéutico Anker Nielsen en la costa de Iquique en la década de los años 30-40 del pasado siglo.

f) Debe exigirse al arqueólogo el llevar un detallado "Diario o Bitácora de Campo" de la excavación y permitirse a otros , en circunstancias dadas, el acceso a dichos "Diarios" de los arqueólogos, cuando se desee revisar sus materiales. Estos deberían cuenta detallada de la técnica y de los métodos utilizados.

g) Debe, a juicio nuestro, anteceder a toda excavación un análisis exhaustivo de tipo geográfico,
biogeográfico, geomorfológico, biológico y pedológico del sitio y sus alrededores. Este proceso de escrutinio, previo a la excavación - cuando ésta se juzgue indispensable-, debe quedar plasmado en sets de fotografías del área antes de la intervención, y análisis de los materiales hallados en superficie, con sus coordenadas exactas. El ideal es realizar un video con audio, muy detallado y fino, de todos los sectores del sitio, que muestre al desnudo "la morada" del grupo antiguo, es decir, el hábitat y su ecosistema (flora y fauna presente) y la forma como uno imagina (antes de excavar) que actuó el grupo humano respectivo. Debería indicarse, previamente a la excavación, las posibles hipótesis que el investigador manejará y procurará controlar en terreno. Sobre este particular, nos extenderemos en un capítulo especial.

Una eco arqueologia anterior a la excavacion.

Este capítulo se referirá a lo que podríamos llamar "arqueología antes de la excavación". Aquí entregaremos los elementos que juzgamos esenciales para una "pre-intervención" del sitio. Etapa que hoy poco se considera y que normalmente se pasa por alto o sólo se ataca muy a la rapida. Creemos, por el contrario, que esta etapa es esencial, requiere de análisis previos y reflexiones de tipo conductual humano y etnológico comparativo. No puede quedar ajeno a este análisis, un estudio detallado de las fuentes de recursos actuales presentes en las cercanías del sitio en estudio y sus formas de utilización en el presente, por parte de las comunidades aledañas, sobre todo cuando estas siguen surtiendose de los mismos o parecidos recursos para la vida.

sábado, 23 de febrero de 2008

Luis E. Peña Guzmán: entomólogo, sabio educador de juventudes

POR LOS CAMINOS DE AMERICA: EN POS DE LUIS PEÑA GUZMÁN


Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.)

Universidad Arturo Prat y IECTA.


Un 27 de Septiembre de 1995 se apagó, en "el Portezuelo" de Colina, la vida de un sabio: Luis E. Peña Guzmán (1921-1995). La ciencia americana, en particular la Entomología, su disciplina favorita, le ha rendido ya sus honores. Las más prestigiadas revistas de Ciencias Naturales del mundo, han recordado su increíble vida consagrada por entero al estudio de los insectos de Chile y de América del Sur. Se ha dicho de él, con razón, que fue el “Último Naturalista Chileno”. Porque ni la botánica, ni la biogeografía, ni la paleontología o la Ornitología , le eran ajenas. Todo contribuía según él a configurar la imagen total de una realidad, de por sí única e indivisible.
Los senderos y las huellas apenas transitadas de América lo vieron una y otra vez recorriendo sus rincones más recónditos.

Se ha dicho que Lucho mucho más vivió como sabio vagabundo a bordo de su camper, que en tierra firme, en su querida Colina, lugar donde construyó su hogar científico. Porque le obsesionaba hacer expediciones. Conocer a fondo cada rincón de América, explorarlo y colectar sus extraños habitantes, era casi una necesidad para el hombre que buscaba las grandes respuestas: por qué se diferencian las especies entre sí; por qué y cómo migran los insectos; cómo logran adaptarse a situaciones extremas de aislamiento o clima. Y recorría incansable los desiertos o los páramos del Perú, del Ecuador, de la Argentina o del norte de Chile, en busca de respuestas.

Le fascinaron los Tenebriónidos, coleópteros oscuros, de aspecto muy poco llamativo, que pueblan los desiertos y que muestran una tan notable adaptación a las condiciones más extremas. No hubo rincón de Chile que no explorara; hasta llegó un día y desembarcó a colectar en la isla de Cabo de Hornos. El primero que lo hacía.

No hubo ave, insecto, araña, batracio o reptil que no colectara para los diversos Museos del mundo que le encargaban las especies más escasas o raras. Volvió a reencontrar especies que no habían sido vistas desde los lejanos días de don Claudio Gay o de don Rodulfo A. Philippi, y que se creían desaparecidas para siempre. Porque nada escapaba al ojo observador de Lucho. Podía estar horas, arrodillado, al pie de un quisco o de un matorral, observando la vida que allí se agitaba. Pasaba horas en su laboratorio de Colina cribando material orgánico recogido al pie de determinadas especies arbustivas, para atisbar especies diminutas de coleópteros u observando cómo nacían las mariposas, cuyas pupas había colectado con especial esmero.


Por eso no nos puede sorprender que sus obras entomológicas , sus "Manuales de campo" sobre mariposas o coléopteros chilenos, o sus libros especializados como “Introducción a los Insectos de Chile”, o “Las Mariposas de Chile”, contengan increíbles detalles y minucias que revelan al observador atento y afectuoso. Y por ello sus obras se han convertido en el Vademecum obligado de todo entomólogo o aficionado a las Ciencias Naturales.


Lucho fue un científico totalmente atípico. No sólo porque fue un autodidacta, que jamás pisó las aulas universitarias, sino porque abominaba de los métodos de enseñanza teorizantes que no se incluyeran el contacto directo con la madre Naturaleza. Por eso vivió haciendo observaciones en terreno. Por eso la valía de sus aportes, más allá de las 350 publicaciones especializadas en su área de la Entomología, en las que dedicó especial énfasis al estudio de géneros que solo habitaban el desierto chileno o peruano. Lo que aprendió, lo vio en terreno o lo discutió con los centenares de especialistas: botánicos, herpetólogos, entomólogos, ornitólogos, o ecólogos, con los que pasó miles de horas, a bordo de su camper explorador, por los ásperos senderos de América. Lucho llevaba un detallada “Bitácora de Campo” y llenó muchísimas Libretas con sus apuntes y observaciones de terreno, las que constituyen hoy un valiosísimo legado a la ciencia entomológica. De esa rica cantera de observaciones, supo extraer tanto material de primera mano para sus libros o sus artículos científicos. A él debo yo mismo mi impulso actual por llevar detallados “Diarios de Campo”.

Lucho fue un maestro nato. Le encantaba enseñar y mostrar a los demás sus resultados, sus observaciones. En particular a los niños y jóvenes. Y por esa generosidad intelectual, se le acercó siempre tanta gente, especialmente jóvenes, ansiosos de saber acerca de la Naturaleza y sus más diminutos pobladores. Quiso compartir a los niños su interés por la vida natural y su protección. Y así publicó numerosos artículos en la revista infantil “Mampato”, así como el simpático librito: “Don Custodio Campos Silvestre”, donde se mostraba en imágenes, los distintos paisajes naturales presentes en nuestra patria: las plantas, sus insectos y sus aves visitantes.

Su máxima realización en materia de educación ambiental fue la Revista Expedición a Chile”, obra profusamente ilustrada, en 27 fascículos (1975-78) que relataba expediciones reales del Equipo de científicos. Cientos de jóvenes chilenos han aprendido a través de sus páginas a valorar, proteger y amar la Naturaleza. No pocos han iniciado una carrera en Ciencias, atraídos por su poderoso imán. Sus obras son buscadas ansiosamente hasta hoy. Urge, por tanto, reeditarlas.

A tres años de su partida definitiva a la Casa del Padre, Lucho nos deja un potente legado que deberíamos meditar. Sus obras, así como su vida entera, son un monumento de amor a la Naturaleza y un continuo reflexionar sobre los “porqués” que permanecen aún sin respuesta.

(Horacio Larrain B., redactado inicialmente en Septiembre de 1998, en Iquique. En recuerdo de nuestro "Maestro" y amigo, se reedita hoy, en Febrero 2008, a los 12 años y medio de su fallecimiento, con especial afecto y particular recuerdo).

Variabilidad de la neblina y formación de oasis de niebla

Dos artículos recientes sobre características del clima de la zona nubosa del desierto de Atacama.



P. Cereceda, H. Larrain, P. Osses, M. Farías, I. Egaña, 2008. “The Spatial and temporal variability of fog and its relation to fog oases in the Atacama Desert, Chile”, Atmospheric Research 87 issues 3-4 pp. 312-323, www.elsevier.com/locate/atmos

P. Cereceda, H. Larrain, P.Osses, M. Farías and I. Egaña, 2008 “The Climate of the Coast and Fog Zone in the Tarapacá Region, Atacama Desert, Chile”, Atmospheric Research Vol. 87 (2008) issues 3-4 pp. 301-313, www.elsevier.com/locate/atmos


El Centro del Desierto de Atacama (CDA) de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a través de varios de sus investigadores, nos presenta aquí un nuevo e ilustrativo estudio sobre la neblina. Éste resulta crucial para comprender cómo, dónde y por qué se forman los oasis de niebla. Se usa al efecto, como instrumento de análisis, las imágenes GOES de satélite, las que detectan y permiten cuantificar el potencial hídrico de las nubes creadoras de la niebla, denominadas estrato-cúmulus (Sc). Simultáneamente, se realiza mediciones en tierra, de los montos de agua producidos, en varios lugares predeterminados, usando colectores de niebla o fogcollectors SFC). Se corrobora este procedimiento mediante la información entregada por observadores bien entrenados, situados en tierra, tanto bajo como sobre la capa de nubes. Lo que requirió de largo y esforzado trabajo de geógrafos en terreno.

Se pudo así constatar fehacientemente que la mayor extensión espacial de las masas nubosas que entran desde el mar ocurre en invierno y durante la noche. En el sector de Alto Patache (65 km al sur de Iquique), los captadores instalados por el Equipo han entregado una media de 7.0 litros/m2/día, en cerca de 10 años de mediciones consecutivas. La colecta de agua tierra adentro, a unos 12 km en línea recta desde la playa, (Sector Cº Guatalaya), baja considerablemente a menos de 1.0 litros/m2/día. La altitud sobre el nivel del mar es, igualmente, decisiva. La mayor captación se verifica a altitudes entre los 750 m y 850 m. El grado de desarrollo y el espesor de la nube es muy importante. Las informaciones del satélite GOES permiten verificar, con bastante precisión, la altura de las nubes bajas, factor decisivo en este análisis.

Se describe , por fin, los oasis de niebla en relación a cómo la respectiva ubicación geográfica determina el crecimiento de un determinado tipo de vegetación.

Los artículos acaban de ser publicados por la revista especializada en estudios de Clima, Atmospheric Research 87 (2008) por ELSEVIER (www.elsevier.com/locate/atmos) donde Ud. podrá encontrar los textos completos de estos trabajos recientes. Son sus autores P. Cereceda, H. Larrain, P. Osses, M. Farías e Isolina Egaña. Estos trabajos contribuyen a explicar parte de los numerosos enigmas que plantea la existencia, en el desierto más árido de la Tierra (Desierto de Atacama) , de los "oasis de niebla" ("Nebeloasen" ó "Fogoases").

Ambos trabajos, mutuamente complementarios, nos permiten entender este tipo de clima, muy claramente diferente de todos los tipos climáticos hasta ahora reconocidos para el extremo Norte de Chile.

viernes, 22 de febrero de 2008

El "Diario de Campo " o Bitácora: el instrumento número 1 del científico investigador.


Introducción.

Antes de entrar en materia, nos ha parecido conveniente explicar, por medio de fotografías  reales de páginas de mis "Diarios de Campo",  qué es aconsejable hacer para  enriquecer el "Diario" y aprovechar al máximum sus enormes posibilidades de registro. Me ha motivado a dar esta explicación el constatar que no pocas de las visitas a mi Blog son de estudiantes del área de la Geografía, de la Antropología y Arqueología, cuyos comentarios favorables agradezco. Este tema tal cual ha estado en este Blog desde hace varios años,  es algo árido e insípido, si no muestra imágenes explicativas. Es lo que pretendo hacer ahora. Las dos primeras figuras corresponden al registro de observaciones hechas en el  municipio de Conkal, (Yucatán, México), bajo la dirección del geógrafo norteamericano John M. Ball en  septiembre-octubre de 1968. Inconvenientes notorios: tamaño demasiado pequeño y falta de márgenes que permitan  agregar información posterior. Este tipo de libreta pequeña es más apto para  una toma rápida de datos en terreno, los que después  (ojalá esa misma noche) pasarán al "Diario" definitivo, de mayor tamaño.  





Figs. 1  y  2. Se muestra aquí  dos páginas de uno de mis primeros "Diarios de Campo", (No 2-b . pp 69-72) , hace ya 45 años,   cuando utilizábamos solo una libreta  pequeña, (de 16 cm.  x 11 cm.) de  canto rígido. Relatan la visita al municipio mexicano de Conkal, en  el estado de  Yucatán, en 1968. Este trabajo de geografía social fue realizado  bajo la dirección del geógrafo norteamericano John M. Ball de la Universidad de Giorgia. Se observa ya el intento primerizo por ilustrar con croquis lo observado.


Fig.3.   Página completa destinada a  herborizar una planta del desierto, en este caso se trata de Tiquilia atacamensis, observada en  el cauce seco del río Quipisca (Región de Tarapacá, Chile)  a fines de diciembre del año 2012. Se usó cinta ancha, transparente (tipo scotch)   luego de haber disecado por unos 4-5 días  el ejemplar entre hojas de papel de periódico. El tamaño de la hoja de este cuaderno es de 25 cm de alto por 21 cm de ancho y posee anillado.


Fig. 4.  Intento por  mostrar las  diferencias entre las hojas del tamarugo (Prosopis tamarugo) y chañar (Gourliaea  decorticans). Aquí se utilizó  igualmente trozos de cinta ancha, transparente para pegar las plantas.

Fig. 5. Croquis hecho en terreno  de la zona  donde  el Camino del  Inca (o Qhapaqñan) cruza el  lecho casi seco del río de Quipisca  (Vol. 89 p. 181; Julio 2012).


Fig. 6.  Se puede pegar con un poco de goma líquida un recorte de periódico de especial interés  y hacer a su  lado,   los comentarios pertinentes, como en este caso relativo al serio problema de la extracción masiva de algas en el litoral  de Iquique.

Fig. 7.  Observe la posibilidad  que ofrece este tipo de cuaderno, anillado en su lomo, de ejecutar diseños o dibujos de un hallazgo dado y, al margen izquierdo, anotar  aspectos especiales  que se desea recalcar.En el caso presente, hallazgo de un fragmento de boca de botija española del siglo XVIII que presenta la particularidad de ostentar un sello.    La "M" inscrita en el borde designa posiblemente, a la localidad de factura, es decir,  "Matilla".  (Vol.  88: 20).


El DIARIO DE CAMPO: OBJETIVOS, METODOLOGIA Y PRÁCTICA.

¿Para qué se escribe o se lleva  un "Diario"?.

El “Diario de campo”, que algunos llaman “Bitácora” o “Field Diary” es un Cuaderno especial en que el investigador va anotando, con bastante frecuencia, o incluso día a día, cuidadosamente, todas las vicisitudes y hechos que acontecen en una expedición, visita a terreno o exploración y que valga la pena consignar para el futuro tanto de las propias investigaciones, como para posible ayuda a terceros.. El “Diario” es el producto directo de las observaciones del investigador, recogidas en terreno, pero también, el espejo de las  reflexiones, cavilaciones o hipótesis del investigador. Su máximo interés radica en que el investigador en calidad de  testigo presencial de los hechos,  toma contacto con realidades tanto antropológicas como geográficas o aún biológicas, muchas de las cuales son casuales, fortuitas y suelen ocurrir sólo una sola vez. De ahí la importancia de retener y conservar, escritas, esas experiencias para la posteridad. Este “testimonio” de situaciones, hechos o actividades humanas, puede ser el único testigo de su ocurrencia. Lo que involucra una tremenda responsabilidad por parte del investigador.
 Es probable que algunas de las situaciones o hechos no vuelvan a presentarse nuevamente. Al menos, ciertamente no de la misma manera. De ahí su importancia para el investigador de campo. Pero no sólo para él. También para el mundo científico en general, sobre todo en ciertas disciplinas como la Antropología cultural, Etnografía, Arqueología o Biología (Zoología o Botánica), donde las situaciones no tienden a repetirse y pueden, por consiguiente, ser únicas e irrepetibles.

Interés científico de los "Diarios de Campo".

 El “Diario de Campo” de un gran investigador como Rodulfo A. Philippi, Claudio Gay, Ricardo Latcham o Gustavo Le Paige, por nombrar sólo a algunos distinguidos viajeros e investigadores del Norte Grande de Chile ya desaparecidos, por la importancia de la zona de sus observaciones, pasa a constituirse, después de la muerte de los mismos, en un instrumento de enorme importancia científica y puede, por eso mismo, llegar a adquirir un alto valor científico, e incluso un alto precio de mercado con el correr del tiempo. Hace poco tiempo (1995), a la muerte del entomólogo Luis E. Peña Guzmán , se desató una verdadera tormenta entre dos de sus presuntos herederos científicos, por la posesión del “Diario”. En efecto, para un entomólogo el señalar en su Diario, los lugares y las fechas exactas de colecta de tal o cual especie rara o escasa, representa un dato valiosísimo. Máxime, si se acompañan referencias de interés geográfico, antropológico o geológico. Por ejemplo, es de sumo interés señalar, además del lugar exacto,  en qué plantas, en qué parte de la planta y a qué hora se produjo la captura de determinada especie.

 Otro tanto ocurrió con el “Diario de Campo” del arqueólogo jesuita Gustavo Le Paige S.J. en 1980. Los jesuitas, miembros de su Orden, lo reclamaron por  tratarse de una pertenencia personal del sacerdote. Los arqueólogos del Museo de San Pedro de Atacama, en cambio,  arguían con toda razón que se trataba de un documento científico, y por ende, de uso general, pero de vital importancia para el Museo. Se transó, finalmente, fotocopiando el referido Diario. Algunos  pocos "Diarios de Campo", como los del arqueólogo chileno Augusto Capdeville de Taltal tuvieron la suerte de ser parcialmente editados, con notas y comentarios científicos, por la Dra. Grete Mostny, como parte de su correspondencia. Y hasta hoy continúan suministrando rica información a los arqueólogos que han publicado  la revista "Taltalia", del Museo  arqueológico de Taltal. Los Diarios de Campo del sacerdote y etnólogo Martin Gusinde S.V.D., famoso estudioso de nuestros grupos étnicos canoeros del extremo sur, han sido vitales para la interpretación correcta de muchos de las afirmaciones del autor en su libro: Die Feuerland Indianer (sobre la vida y cultura de Los indígenas de Tierra del Fuego).

Objetivos generales del “Diario de Campo”.

La costumbre de llevar un “Diario”, ayuda al científico, investigador o explorador a:

a) retener todos los hechos que se le presentan, máxime si se trata de una exploración a lugares nuevos o inaccesibles, a los que difícilmente se podrá regresar con frecuencia. La memoria es frágil, y es preciso consignar por escrito todo, antes de que el paso de los días vaya borrando la certidumbre de los hechos y su exacta ocurrencia. La experiencia nos revela que tras un par de meses de transcurrido el hecho, cerca de la mitad de los recuerdos ya se ha borrado.

b) reflexionar sobre los acontecimientos, discutiendo hipótesis o aseveraciones previas, y planteando nuevas.

c) aportar informaciones útiles para las futuras exploraciones en el mismo lugar.

d) cotejar esas observaciones con otras, de otros científicos o investigadores.

e) revisar y corregir las propias  hipótesis gracias a los nuevos datos recabados.


Otros Objetivos específicos
.

1) Consignar con todo detalle informaciones u observaciones recogidas en terreno;
2) Recordar con claridad los hechos cuando haya que analizar, con posterioridad, los resultados de una exploración, vivencia o participación personal. Máxime cuando se trata de publicar después, los resultados obtenidos;
3) Acumular un material de observaciones in situ que permitan con posterioridad elegir los materiales que puedan ser utilizados en un trabajo científico o investigación;  
4) Comparar hechos o percepciones del momento con otros u otras ocurridas con anterioridad e igualmente reseñadas en el Diario de Campo;
5) Ampliar, o corregir percepciones u observaciones anteriores, en base a los nuevos datos que presenta.  
6) Aportar numerosos elementos para la construcción de una base de datos acerca de todo lo observado en un lugar dado o en una Región estudiada, a lo largo del tiempo; 
7) Incluir observaciones, referencias o datos aportados por otros investigadores que nos acompañan en la visita o exploración, en referencia al sitio de estudio. Estas observaciones o referencias pueden ser anotadas en el Diario de la propia mano o por otro investigador, constituyéndose así en un testimonio histórico que puede llegar a ser valioso en el futuro;  
8) Incluir en el mismo "Diario" recortes de periódicos alusivos, cartas, fotografías de objetos o situaciones, croquis o mapas del área de nuestro interés; 
9) Incorporar las propias reflexiones, percepciones, discusiones y/o cambios de opinión que el mismo investigador va experimentando a través del tiempo; 
10) Presentar o mostrar discusiones de equipo en torno a un tema de controversia;
11) Anotar nombres científicos, nombres o designaciones locales de elementos, objetos o animales, o nombres de personas o lugares que dicen relación directa con el lugar o fenómeno estudiado.

¿Por qué anotar y registrar en un “Diario de Campo”?.

Dado que generalmente un investigador registra él mismo sus propias observaciones (no suele existir “diarios compartidos” por varios autores), el registro que queda es obviamente único. Por otra parte, muchas veces, sobre todo en la práctica de la Arqueología en terreno, el registro que se anota por escrito, a medida que se va tomando, el sitio arqueológico va  simultáneamente destruyéndose y desapareciendo para siempre.  Lo que no se anotó, ya no existe, ni hay modo de recuperarlo. Queda el escenario físico externo, pero desaparecen las huellas humanas: sus objetos y su exacta posición en el espacio. El arqueólogo descubre, registra y levanta las piezas obtenidas, pero, a la vez, destruye para siempre, por el hecho mismo de excavar, la evidencia misma, esto es, el respectivo yacimiento. Y no existe forma alguna de restaurarlo o recuperarlo.

Hay que tomar plena y cabal conciencia de este hecho. Por tanto, al destruir para siempre ese yacimiento o parte de él, aumenta enormemente la responsabilidad de anotar con cuidado todo lo fue encontrado, donde fue encontrado y tal como fue encontrado. Si se comete un error, éste será, desgraciadamente, irremediable. Esta es la razón primaria por la que se recomienda, en excavaciones arqueológicas delicadas (cuevas, aleros rocosos o sitios pequeños) dejar “zonas testigos”, totalmente intocadas, para que futuros investigadores puedan, con mejores técnicas y recursos, volver a registrar científicamente el sitio. Probablemente, un nuevo investigador, dotado de mejores herramientas tecnológicas, hallará muchas nuevas evidencias que escaparon a los primeros.  

 Así ha ocurrido que nuevos investigadores, años después, , lleguen a conclusiones diferentes. En Zoología y Botánica, suele igualmente ocurrir con cierta frecuencia que aparezcan especies no registradas para la zona, por efecto de situaciones climáticas circunstanciales (v.gr. Fenómeno de “El Niño”), o por migraciones ocasionales (máxime de aves). Estos hechos “únicos” obligan al investigador a ser muy preciso y detallado en sus anotaciones. Así, cada una de esas anotaciones puede constituir un testimonio inmejorable de la presencia de especies o de hechos curiosos, que son fuera de lo común. La mejor prueba de lo dicho es que cuando leemos viejos diarios de viaje, de connotados investigadores, nos asaltan continuamente dudas acerca de detalles que hubiéramos deseado hubiesen quedado consignados con mayor precisión y detalle por el viajero respectivo. Lo que, por desgracia, su autor no hizo en su momento. Tal como ocurrió cuando el viajero alemán Rodulfo A. Philippi nos narra que aprendió de sus arrieros los nombres vernáculos (atacameños) de plantas y animales de los sitios que recorría. ¡Qué distinto habría sido si nos hubiera dado las localidades exactas donde  hizo las observaciones o los nombres de los arrieros y su procedencia, o datos sobre el origen lingüístico de determinados términos o denominaciones, o nombres de topónimos en la lengua indígena!.
 Lo que en su momento lamentablemente no se consignó, simplemente se perdió para siempre. Hay que tener muy en cuenta esta afirmación para animarnos a precisar al máximo nuestras observaciones y describir y anotar ( y ojalá  dibujar) lo que atrae nuestro  interés con especial esmero.

En qué tipo de Cuaderno escribir el "Diario".

a) No da lo mismo registrar nuestras ideas o reflexiones en cualquier tipo de Cuaderno o Libreta. Siempre se ha de considerar que interesa mucho conservar el "Diario" para el futuro. Lo más indicado, de acuerdo a nuestra experiencia, sería lo siguiente. Disponer de una libreta pequeña de bolsillo, para las anotaciones más significativas a manera de una rápida ayuda-memoria en el terreno. Ahí se consignan, coordenadas, hora exacta de ocurrencia, nombres de personas, de plantas o animales u objetos que haya que recordar después en forma precisa.
b) Desde esta libreta pequeña, los datos, ya más elaborados, en una redacción más cuidada y con mayor amplitud, se trasladan prontamente, ojalá en el mismo día,  a un “Diario de Campo” definitivo. (No conviene dejar pasar varios días). La libreta, una vez llena, se puede descartar y destruir. Su valor es solo instrumental y momentáneo. El "Diario de Campo", en cambio, es un instrumento definitivo y debe conservarse con especial cuidado. El investigador no debe ser egoísta: debe prever que sus observaciones pueden y deben servir a otros investigadores que vendrán después  de él. Debe recordar siempre que, a lo mejor, él es testigo único de una situación irrepetible.
c) Es necesario elegir un tamaño adecuado para el "Diario" (la libreta, en cambio, puede ser muy pequeña). Conviene usar Cuadernos de tapa bastante gruesa, ojalá lavable, capaz de soportar su transporte frecuente en mochilas o maletines de terreno. Debe usarse un tamaño grande (tipo cuaderno universitario) para tener más espacio eventual para realizar dibujos o esquicios, o pegar recortes de diarios o fotografías. Conviene que el cuaderno sea al menos de 200 o 150 hojas, pues dura más.
d) Muy recomendable es que se use Cuadernos de matemáticas, de cuadro grande, pues la presencia de ese cuadriculado permite, eventualmente, hacer dibujos o croquis mucho más precisos. El “cuadro” mismo puede ser una buena medida para hacer dibujos a escala. Además, el cuadro de matemáticas permite escribir mayor número de líneas por página, ganándose así espacio..
e) No conviene usar Cuadernos de costura fija. Estos terminan rompiéndose. Es preferible el cuaderno que porta en su borde interno un anillado, pues este tipo de cuaderno nos permite agregar y pegar muchas cosas, como fotos, recortes etc., las que hacen "engrosar" el cuaderno, sin que se rompa.

Qué tipo de letra usar.

Conviene escribir en letra pequeña, pero perfectamente legible. Por lo tanto, se debe omitir el uso abusivo de abreviaciones propias, que no sean entendidas fácilmente por otro lector. Piénsese siempre que estos Diarios, para que puedan sean considerados un aporte a la ciencia, tienen que ser leídos con facilidad por terceras personas y no deben requerir de una dificultosa interpretación o exégesis. Algunos investigadores ponen, al inicio del "Diario", las abreviaciones comunes que usan para conocimiento de sus futuros lectores. Pero es preferible evitarlas para facilitar su lectura en el futuro..

Tipos de "Diarios"  y qué cosas registrar en el cuaderno de campo.

Hay varios tipos de Diarios:

a) el Diario íntimo, personal, que registra los estados de ánimo, las emociones o reflexiones sobre la propia vida. Es el Diario de Vida. No es éste el tipo de Diario al que nos referimos aquí.

b) El Diario estrictamente científico: en el que sólo se registran las expediciones y sus datos concretos. Donde las reflexiones personales o discusiones se limitan a un mínimo o simplemente se excluyen sistemáticamente. Muchos científicos llevan este tipo de Diarios.

c) El Diario de Campo mixto, donde se incluye tnato el registro minucioso de las visitas, expediciones o exploraciones o conversaciones como las reflexiones personales y, eventualmente, indicaciones sobre el estado de ánimo personal, anotación de problemas personales y otros. Este último tipo de diarios posee, además de su valor científico propiamente tal (fruto de las observaciones hechas), datos interesantes sobre la personalidad o peculiaridades de carácter del investigador. Lo que puede ayudar muchísimo para reconstruir la vida del científico y las dificultades personales que debió enfrentar en su tarea científica. Este tipo de "Diario" suele aportar valiosa información para, de alguna manera, reconstruir la vida del científico, y puede así llegar a constituir un buen aporte para reconstruir algún día su biografía personal. Es éste el método que nosotros mismos hemos empleado conscientemente, aún a  riesgo de reproducir, aquí o allá,  o insinuar dolorosas situaciones personales. Cuando nuestros "Diarios " sean leídos, (si es que esto algún día  llegara a ocurrir),  ya estaremos con certeza bajo tierra. Ya perteneceremos al oscuro y enigmático "más allá". 

Cómo se recomienda registrar lo que se quiere recordar.

a) Como se ha dicho, con buena letra, legible y clara. Usando un tipo de lápiz cuya escritura perdure en el tiempo (no conviene el lápiz grafito, el que se va borrando con el tiempo). Los lápices Bic son recomendables o el uso de tinta. Su letra no se borra. Algunos gustan de usar lápices de varios colores, (negro, rojo, verde) para destacar distinto tipo de cosas. Esto queda, obviamente, a la elección de la persona.
b) Dejando al margen izquierdo del cuaderno un amplio margen, de varios espacios (unos 8 espacios, si se trata de cuadro de matemáticas) para agregar, eventualmente, anotaciones marginales, complementarias. Este margen es muy importante, pues con posterioridad se puede agregar otros datos complementarios, como nombres científicos de especies, hora exacta del suceso, etc., que pueden ser un aporte muy valioso. A veces se agrega al margen un dato que es precisado más tarde, días o meses más tarde y que para el autor resultan importantes.
c) Acostumbrarse siempre a subrayar los nombres científicos o la terminología específica en idiomas extranjeros (aymara, quechua, inglés, francés);
d) Cuidando de ofrecer el máximo detalle posible. No omitir nada, pues se ha de tener presente que al transcurrir el tiempo, uno va olvidando muchas peculiaridades del suceso, quedando solo el recuerdo general, cada vez más borroso e impreciso. Por tanto, todo lo que se relaciona con el hecho, objeto o experiencia, debe quedar reseñado con el máximo de detalle. ¡No confiar absolutamente nada a la memoria!); la memoria no sólo es frágil, sino que a veces puede, inconscientemente,  inducir a error.
e) Usar la menor cantidad posible de abreviaciones, a no ser que se haga una explicación de las mismas, en la tapa del cuaderno, para conocimiento del futuro lector. Piense siempre que su "Diario", si pretende tener un verdadero valor científico, debe poder ser leído fácilmente por terceros, en el futuro. Si se usa abreviaciones, que éstas sean las lógicas o usuales.
f) Debe anotarse muy fielmente el hecho: tal como fue observado, sin agregar elementos interpretativos, a no ser que esto se diga expresamente,   como al decir: "pienso que este hecho se debe a....".;
g) Muy importante es indicar hora precisa de los acontecimientos: esto es válido para la aparición u observación de insectos, aves o animales, pero también para sucesos ocurridos en una fiesta, celebración, rito o baile;
h) Muy importante es consignar los nombres de las personas entrevistadas u observadas, a ser posible. Si bien en el mismo trabajo de investigación en antropología social o etnografía no es recomendable poner el nombre real de la persona (frecuentemente sólo se pone iniciales, por ejemplo: HLB), como el "Diario de Campo" es algo privado y no se da a conocer, aquí pueden y deben consignarse los nombres completos. Puede llegar a ser un dato extraordinariamente valioso de carácter antropológico o científico para la posteridad. Recordemos siempre que el científico se debe a la Humanidad entera y, en este sentido, no debe ser egoísta, pensando sólo en su satisfacción o pasatiempo personal.
i) Si se trata de aves, plantas o animales cuyo nombre científico no es conocido, se debe hacer una descripción lo más precisa posible, de modo que una referencia o recurso a libros hecha después en casa, permita hallar la perfecta identificación. Se dejará un espacio para esta referencia, el que será llenado después.
j) Al comenzar a registrar algo, se debe poner al comienzo, a la izquierda, en el amplio margen que recomendamos, la fecha exacta del hecho que se quiere consignar. Anotar la fecha de la ocurrencia, es vital. Es la primera anotación que debe hacer el científico: fecha y lugar exacto.
k) Se debe tener especial cuidado de no expresarse mal de terceras personas, colegas, o estudiantes, pues el Diario un día puede ser hecho público. Tener siempre respeto por las opiniones de  todos.

Cómo buscar referencias en el Diario de
Campo.

La idea es que el material acumulado, a lo largo de los años, en nuestro "Diario de Campo", pueda ser utilizado por el propio dueño o por terceros, en el futuro. Para ello se requiere de algún dispositivo o técnica rápida para acceder sin problemas a esta información. Para esto debemos reservar, al final de cada volumen del Diario, unas 2-3 páginas para hacer el Índice respectivo. Se consigna en el Índice solo las cosas más importantes: es decir, aquellas que para mí son de importancia. Este índice, registra los descubrimientos, hechos, objetos, elementos o acontecimientos que se considera valiosos y dignos de rescate. Y que pueden ser de interés personal, o para la ciencia en general. El Índice recoge estos datos y facilita una consulta rápida. El problema es que existen tantos Índices como volúmenes del Diario. En el caso nuestro, llevamos hoy  (en el año 2004)  ya 73 Volúmenes de Diarios escritos, habiendo comenzando a escribir los primeros Diarios en 1964. Por tanto, además de elaborar un Índice completo por cada Volumen, es preciso pensar en pasar algún día esa información, según su modalidad disciplinaria (arqueológica, botánica, zoológica, climatológica, etnográfica, geográfica, histórica, demográfica). Este es un trabajo enorme, que algún día tendría que ser hecho en forma ojalá digital, por una secretaria particular, bien entrenada. Es muy difícil que el propio científico disponga del tiempo para ir haciendo el Índice a cada Cuaderno, apenas éste esté lleno. Pero eso sería ciertamente el ideal.

La Numeración.

Los Cuadernos se rotulan y deben numerarse (puede usarse la denominación Volumen I, Volumen II,  (o Nº 1, Nº  2,  Nº 3 etc.). Cada Cuaderno constituye una unidad en sí mismo. El tamaño que actualmente usamos, desde hace unos 15 años,  posee 200 hojas, tiene anillado y mide  25 cm.  x  21.5 cm y  es de cuadro grande, de matemáticas. No conviene tener Cuadernos especiales para ciertas actividades, porque se dispersa la información. A no ser que éstas sean diametralmente distintas entre sí.

Otros aspectos de utilidad.

a) Hay elementos que conviene a veces incluir y guardar en el "Diario de Campo", como cartas, recortes de diarios u otros documentos breves. Sobre todo cuando se refieren directamente a datos complementarios con el tema tratado en el "Diario". Para ello se recomienda confeccionar una especie de “bolsillo”, pegando por sus bordes dos hojas del Cuaderno, y dejándolas abiertas por la parte superior. Por ahí se introduce el recorte o fotografía que se quiere guardar. Este sistema es muy práctico para guardar documentos de varias hojas que no pueden ser fácilmente pegados en la hoja misma del "Diario".
b)  No es aconsejable usar  cinta adhesiva transparente  para pegar fotografìas o recortes de diario, pues la experiencia nos ha enseñado que ésta, con el paso de los años,   sufre cambios de coloración o pierde su totalmente su goma de adherencia. Es mejor usar  substancias  como pegamentos líquidos,  pero en cantidad mínima  (gotas).
c) Con cierta frecuencia hemos puesto plantas (a modo de herbario)  entre las hojas del Diario, las que antes de insertarse, se dejan secar totalmente, por espacio de una semana aproximadamente, entre hojas de periódicos, y luego se pegan, simplemente utilizando cinta adhesiva ancha, transparente (del tipo de la cinta de embalaje). La experiencia nos ha indicado que si la planta está previamente disecada (bastaría una semana, o aún menos en ambientes secos), se conserva bastante bien por muchos años. No le entra la polilla, pues se tiene cuidado de que todas las partes de la planta queden protegidas por la cinta adhesiva ancha. Allí, a su lado, se ponen todos los datos de la planta hallada (nombre, lugar, fecha, etc.). Siempre que se trate de planta, los botánicos recomiendan que se ponga la planta con su flor y sus hojas bien visibles (es el ideal), lo que permite obtener después su plena identificación botánica. Registrar la presencia de plantas es importante en lugares raros, poco visitados, máxime si éstas dicen relación con presencia humana en el lugar. Siempre se ha de pensar en la importancia de registrar elementos que pudieron eventualmente servir de alimento o recurso de algún tipo a los seres humanos allí residentes.

Síntesis final y recomendación.

El “Diario de Campo” si se lleva con las precauciones aquí señaladas, puede y debe constituir un poderoso elemento de información y estudio para el investigador. Pues permite reseñar con mucha precisión, toda clase de elementos, sea mediante dibujo, esquicio o mediante fotografía que se pega en el Cuaderno. Llevar un buen Diario de Terreno es el primer paso para crear un fuerte estímulo hacia la práctica de una investigación seria y cuidadosa. De hecho, todo científico que se precie de tal lleva un "Diario", el que cuida como su más preciado tesoro. Efectivamente, aquí están contenidas sus primeras observaciones, reflexiones de campo y en embrión de no pocas hipótesis o teorías que posteriormente aparecerán en sus publicaciones y trabajos. Por eso su pérdida es lamentable. Por ello se aconseja anotar, en la primera hoja, el nombre del Investigador, su dirección y teléfonos, por si el Diario llegare a perderse. Hemos tenido la oportunidad personal de recuperar, tras meses de pérdida, un “Diario” olvidado en el terreno, gracias a esta precaución. Por eso mismo, no se recomienda llevar el "Diario" a terreno, sino solo una libreta de anotaciones rápidas, para no extraviarlo, a no ser que se tomen todas las precauciones debidas. El "Diario" es parte íntima de la vida científica del investigador y por ello debe protegerse y cuidarse como el más  preciado tesoro.

Es recomendable, tras haber escrito o descrito algún episodio en el "Diario", repasar su lectura unos días después. Suele ocurrir - y nos ha ocurrido más de alguna vez- que ese breve lapso de tiempo transcurrido, refresque algún detalle de importancia que luego se anota y agrega, aunque sea al margen. Un detalle considerado poco significativo en el momento, puede volverse crucial en el momento de un estudio sistemático posterior.

El Diario de Campo en las disciplinas geográficas.

Todo lo dicho anteriormente puede ser, en alguna manera, perfectamente aplicable al campo de la Geografía. Sin excepción, todos los campos de la Geografía (desde la Climatología y Geografía Física hasta la Geografía Humana y Geografía de la Población), requieren, en buena medida, de este apoyo técnico. Sin embargo, hay aspectos específicos de esta disciplina que exigen con aún mayor fuerza el llevar una buena Bitácora o "Diario de Campo". En efecto, el geógrafo es por definición un estudioso analista del Territorio y del Ambiente donde se desarrollan hechos o sucesos, sea naturales (Geomorfología), sea de carácter antrópico (Geografía Humana, Antropología Social, Etnografía, Arqueología). El antropólogo o el etnógrafo no necesitan dibujar tan a menudo los elementos que encuentran. Puede bastar una buena fotografía. Es diferente en el caso del Geógrafo. Este necesita continuamente realizar esquicios de campo, sea referidos a la geografía física o geomorfología de los sectores visitados, sea referidos a la climatología. La Geografía se enseña haciendo uso de muchos esquicios, croquis  o dibujos, representativos de las formas del paisaje, que el estudiante entenderá mucho mejor mediante un dibujo. ¿Cómo entender, por ejemplo, los tipos de fallas geológicas o su orientación si no es mediante croquis de campo?. Esto es hasta tal punto cierto que el dibujo técnico especializado debería ser un Curso obligatorio especial para los Geógrafos en su malla curricular. En un curso de geografía, me tocó personalmente observar las anotaciones en terreno realizadas por el gran geomorfólogo francés Roland Paskoff, que describían situaciones geomorfológicas típicas y peculiares de la costa norte de Chile. Un buen esquicio o croquis, explica mucho más que miles de palabras. Sin embargo, extrañamente, muy pocos geógrafos llevan habitualmente un buen "Diario de Terreno", tal vez por lo exigente que este método es en términos de tiempo. Pero, sin duda, sus observaciones e hipótesis tendrían mucho más asidero y fuerza, si se explicitaran y graficaran en el "Diario", en estado por así decirlo embrionario, antes de ser lanzadas a la publicación. Pero dibujar  un buen esquicio requiere necesariamente de cierta pericia y competencia técnica. Por ello la conveniencia de  tener alguna experiencia previa en dibujo.

Un ejemplo heroico de Diario de Campo: la Crónica de Pedro Cieza de León.

Para cerrar estas observaciones sobre el “Diario de Campo, sus objetivos, su metodología y práctica”, quiero referirme a lo que el propio cronista español don Pedro Cieza de León relata de sí mismo, cuando acompañaba, en la conquista del Perú, a las tropas del conquistador Francisco Pizarro. Cuenta este Cronista al inicio de su Crónica sobre la Conquista, que al término de cada día, cuando los soldados se recogían en sus tiendas de campaña a dormir, él se quedaba, a la pálida luz de una candela, escribiendo sus memorias del día. Mientras sus compañeros se entregaban a un bien merecido sueño, el cronista-soldado sentía en su interior la urgencia de escribir los hechos y dichos que había observado u oído durante el día. Se daba él cuenta perfectamente de que lo que el transcribía dificultosamente, a la luz escasa de una vela, noche a noche, merecía ser conservado, por lo extraño y peregrino que esas nuevas costumbres, armas, vestimentas, tocados, voces o lenguas eran para los ojos y oídos españoles. Comprendía Cieza que su misión era recoger esas observaciones de primera mano, las que ninguno de sus compañeros soldados se interesaba por reproducir. Pero eso le significaba, como el mismo anota, que tenía que renunciar a horas de sueño al que sus compañeros se entregaban plácidamente al final de la jornada. Y cumplió religiosamente su tarea. Tal vez, ya tenía el cronista in mente, cuando escribía de noche y a hurtadillas sus experiencias del día, que esos recuerdos, anotados día a día con particular esmero, constituirían un día la base documental más preciada de su famosa Crónica. Sin duda alguna, cuando quiso escribir su Crónica definitiva, años después y ya de vuelta a España, las bases de su obra ya estaban echadas. Su tono, además, tendría el sabor propio de lo recién visto o escuchado, el aroma de lo verídico y auténtico, el perfume de lo percibido en el momento mismo de los hechos. Y este método suyo, que hoy nos parece tan moderno, y tan ajeno aparentemente a la época en que apenas algunos pocos sabían escribir, le valió ser, entre todos los Cronistas de la Conquista, uno de los más verídicos y objetivamente certeros en la visión y percepción de la realidad indígena. 

Post Scriptum.

Agrego hoy con fecha  6-02-2013, estas breves líneas,  casi nueve años después de escrito lo anterior, cuando  estoy cerrando mi  "Diario de Campo" Nº 90. He vuelto a leer todo lo anteriormente escrito por mí  en este capítulo y  debo señalar que aún hoy, a mis casi 84 años me aferro, con la pertinacia de un principiante,  a esta  gratísima práctica  y no me arrepiento en lo más mínimo de haber sido fiel a ella. Todo lo contrario.  Más aún, muchas veces he leído y vuelto a leer con fruición y gozo especial determinados pasajes de mi Diario, escritos a veces hace 40 años o más. 

A la verdad, sólo lamento hoy profundamente  no haber tenido  el coraje  (y el conocimiento acerca  de su futuro valor) de escribir páginas del "Diario" sobre aquellas veladas que sosteníamos con el P. Gustavo Le Paige en la parroquia de San Pedro de Atacama  durante las gélidas noches  de invierno de los años 1963 y 1964. Allí el tema recurrente era comentar alguna de las obras del P. Pierre Telhard de Chardin, paleontólogo jesuita , cuyo libro: Le groupe zoologique humain: Structure  et Directions Évolutrices, devorábamos juntos (Editions Albin Michel,   1956). Creo recordar que el  ejemplar de esta obra, que conservo como recuerdo imborrable,  me fue regalado por entonces por  el propio P. Le Paige. ¡Cuántas otras memorables entrevistas pude haber grabado y registrado en detalle en mi "Diario de Campo" si alguien me hubiese alertado a tiempo acerca de su extraordinaria  y decisiva importancia para el trabajo científico serio!. Cómo lamento hoy (año 2013) no haber estampado por  escrito mis impresiones  cuando tuve la gran fortuna de  escuchar, de labios del sacerdote austríaco Martín Gusinde  SVD, sus odiseas en la Isla Grande Tierra del Fuego   conviviendo con los últimos  yaganes y onas. Ese lejano recuerdo del año 1954, escuchando sus sabias conferencias  en Santiago de Chile,  fue -sospecho yo ahora- el detonante inicial de mi vocación antropológica  que  terminó por germinar,  brotar  y eclosionar con el encuentro  con el jesuíta Gustavo le Paige en la parroquia de San Pedro de Atacama (1963-1965).

 Por ello no ceso de agradecer hoy a mi maestro en Entomología, el sabio entomólogo chileno Luis Peña Guzmán,  (QEPD)  por haberme prácticamente "forzado" a  llevar apuntes personales de viaje, en aquella memorable expedición de Noviembre-Diciembre 1972 al Norte de Chile. Recién "expulsado" de la Universidad del  Norte  (Sede Iquique)  por expresar abiertamente mis opiniones  (Julio 1972),   hallé en estos dos meses de  viaje y en la entrañable amistad y camaradería de Lucho y sus ayudantes,  el más sabroso y exquisito solaz en momentos de zozobras económicas  y de enorme angustia familiar. ¿Cómo podría hoy olvidarlo?.

¡ Jóvenes: escriban  sus "Memorias": nunca se arrepentirán de ello!.

Por eso queremos animar aquí a los jóvenes estudiantes que hoy  nos leen, a  decidirse a poner por escrito y en forma ordenada y legible, sus "hallazgos", sus reflexiones  y sus "encuentros"; en particular sus  discusiones o conversaciones con sus profesores. También sus hipótesis de trabajo. Como también sus discusiones en equipo, sus dudas y sus sospechas. Que nunca sea  para ellos un obstáculo o una excusa el "estilo" que se ha de emplear: éste surgirá y se irá puliendo poco a poco gracias a la práctica de escribir. No olviden  que  "el escritor no nace; se hace". Y se hace, mediante una práctica continua del escribiente: paciente, metódica y asidua. La "materia" sobre la cual escribir, es simplemente todo aquello que me parece interesante de recordar o que puede un día servir a otros.  Si algún día servirá  a otros o no,  eso se sabrá después; eso lo dirá un día la Historia. Mientras tanto, hemos cumplido con nuestro deber hacia la Humanidad y,  como las hormigas,  debemos acopiar,  recoger y guardar celosamente  en nuestro "Diario"  toda la información que  nos sea posible digerir y que Dios  ha puesto a nuestro alcance.


(Dr. Horacio Larrain B. (Ph.D.),
Redactado en Iquique  el 18 de Junio del 2004. Editado el 22/02/2008 en este Blog,  y  retocado  con adición de  imágenes explicativas  el día 6 de Febrero, 2013. Pequeños detalles agregué todavía el día  07/04/2013).

El Equipo de Investigación: una necesidad








Una persona sola, por genial que sea, hace muy poco. Genios solitarios ha habido, pero pocos. Hacer ciencia es esencialmente un compartir, digerir y analizar lo hechos entre varios , cotejándolos a cada instante con las hipótesis planeadas inicialmente. Esto se hace mucho mejor en equipo, cuando varios investigadores, ojalá con formaciones, sesgos y aficiones distintos, enfocan una misma temática de estudio.

Durante mi ya larga vida académica universitaria (1963-2008) he tenido la fortuna
de participar activamente en diversos equipos o grupos de trabajo. Recuerdo con especial cariño el grupo de científicos del Instituto de Geografía de a Universidad Católica de Chile, liderado por Hugo Bodini que realizó estudios pioneros en geografía, geomorfología e hidrología en Tarapacá (1973-1978), de donde surgió la revista "Norte Grande", que aún perdura.

El equipo científico de "Expedición a Chile", liderado por el entomólogo Luis Peña Guzmán (1975-1978); que nos enseñó a compartir la ciencia y plasmarla en una publicación de corte ecológico, pionera en Chile que produjo 48 fascículos de la más alta calidad y 24 libritos o Manuales de Campo.

El Instituto de Estudios y Publicaciones Juan Ignacio Molina, ideado por Luis Peña, grupo que audazmente, bajo la dirección de Alberto Vial Armstrong, quiso construir la "Ecohistoria de Chile", ideal que, aunque fallido, nos dejó ricas experiencias de trabajo y discusión compartida (1978-1980).

El Grupo "Likan Kunza", nacido en la Universidad de Antofagasta, y destinado a apoyar las reivindicaciones del pueblo atacameño, antes de la dictación de la Ley Indígena del año 1993 (1984-1992).

El "Equipo de Estudios de los Ecosistemas de Niebla", (1997-2007) cuya finalidad ha sido estudiar la potencialidad y recursos (climáticos y bióticos) de los oasis de niebla del extremo norte chileno, desde un ángulo interdisciplinario.

Este mismo equipo hoy se ha robustecido y se ha transformado en el "Centro del Desierto de Atacama", creado por el Rector de la Universidad Católica Dr. Pablo Rosso R., en Septiembre del año 2007.

En una palabra, toda mi vida académica ha transcurrido en estrecho
contacto con otros científicos: antropólogos, arqueólogos, físicos, geógrafos, ecólogos, biólogos, geólogos, historiadores, etnógrafos, sociólogos o educadores, de todos los cuales no solo he aprendido mucho, sino que he recibido múltiples sugerencias e inputs de carácter científico, que han reorientado mi vida y quehacer académico y me han vuelto cada vez más interdisciplinario y menos uni-disciplinario.

De tal suerte, que si se me preguntara qué soy
exactamente como científico, hoy día, no sabría decir con certeza si soy un eco-antropólogo, un arqueólogo, un etno-eco-geógrafo, o un etno-antropólogo, o un eco-antropogeógrafo. Porque a la verdad, no lo sé. Los lindes entre las disciplinas se empiezan a esfumar cuando se enfrentan al estudio concreto del ecosistema poblado, modificado, construido y estructurado por el hombre. Si bien de origen soy arqueólogo profesional (México), mis estudios de Magister se desarrollaron en el campo de la etnohistoria y mi Doctorado en el campo de la antropología social y cultural (Estados Unidos), mientras otros estudios, anteriores o posteriores, se desarrollaron en las áreas de la Biología (Zoología) o de la Geografía (Geomorfología Biogeografía).

El moverse con cierta libertad en varios campos de la ciencia trae ventajas y desventajas. Uno aprende otros léxicos y otros lenguajes, lo que permite dialogar con otros científicos, en una misma lengua;
pero, tal vez, impide o dificulta una profunda especialización en una sola línea de trabajo.

Yo hice mi opción, y no me arrepiento de ello. Porque esta apertura a otros campos de la ciencia, diferentes de mi raiz original antropológica,
me ha permitido moverme con facilidad en Equipos interdisciplinarios y, a la vez, me ha permitido aprender a respetar otros puntos de vista, diferentes al mío propio, enriqueciéndome enormemente con ello.

Por esta
razón, nunca me he cansado de inculcar a mis alumnos que deben abrirse lo más posible a otros campos vecinos al suyo (Arqueología, Antropologìa Social), porque hay mucho que aprender de otras perspectivas y visiones del Hombre y del Mundo Natural.

Nadie posee la sabiduría total, ni tampoco es dueño de la "lámpara de Aladino" . Todas las disciplinas se complementan y no son sino respuestas màs o menos sesgadas o incompletas a los problemas que plantea la
compleja realidad total.

Pero hay algo más: en un Equip
o, uno aprende a ser humilde, pues la visión propia es solo una más dentro del conjunto. Y la humildad debe ser el sello del verdadero científico. Porque el conocimiento es inconmensurable y la capacidad humana para abarcarlo, limitada.


El trabajar con ayudantes de campo y departir con ellos día a día y codo a codo, trae otra gran ventaja: uno aprende a oir, a escuchar, a abrirse a otras visiones. Mi experiencia me ha enseñado que oyendo y pidiendo otras opiniones, uno crece y se enriquece. La ciencia y el conocimiento se construyen grupalmente: Muchos ojos ven siempre más que dos. Y en este sentido, debo confesar que a menudo mis ayudantes me han hecho cambiar de opinión y el resultado final ha sido muy positivo.

Este Blog es prueba tangible de lo que afirmo: pues uno de mis ayudantes de campo, Luis Pérez Reyes, ha sido uno de los motores de este Blog, y sin su asistencia técnica, éste jamás habría visto la luz.

El otro aspecto de la investigación de campo de tipo antropológico, insoslayable, es contar con el apoyo de la comunidad. Si queremos trabajar en pro de una comunidad, debemos incluir, en todas las etapas del Proyecto, a sus propios miembros. Debemos hacerlos participar en todas las etapas. Es lo que estamos tratando de hacer en la caleta de Chanavaya: trabajar con ellos y para ellos. Sus ideas son frecuentemente mejores que las nuestras. Porque ellos saben, mucho mejor que nosotros, cuál es la meta última. Y no pocas veces, sus derroteros, son mejor que nuestros atajos, sus ideas, mejor que nuestros sofisticados Planes.